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Jesús y la Vida Abundante: Fe y Comunidad

El documento describe los desafíos de la cultura posmoderna como el consumismo, relativismo moral y debilitamiento de los vínculos comunitarios. También habla sobre la crisis antropológica causada por la adoración de ídolos como el dinero y el placer. Jesús ofrece una vida abundante que consiste en conocer a Dios y a Jesucristo, lo cual es la vida eterna, en contraste con la cultura de muerte que reina hoy.
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Jesús y la Vida Abundante: Fe y Comunidad

El documento describe los desafíos de la cultura posmoderna como el consumismo, relativismo moral y debilitamiento de los vínculos comunitarios. También habla sobre la crisis antropológica causada por la adoración de ídolos como el dinero y el placer. Jesús ofrece una vida abundante que consiste en conocer a Dios y a Jesucristo, lo cual es la vida eterna, en contraste con la cultura de muerte que reina hoy.
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Jesús: vida en abundancia

Es cierto, la cultura posmoderna nos presenta muchos retos que cuestionan las grandes
verdades de fe, ponen en peligro la familia, propician el consumismo, hedonismo,
relativismo moral permisivismo; cuestionan los valores humanos, cristianos y culturales,
destruyen la identidad personal y nuestras tradiciones. Percibimos que, en el fondo de
esta transformación profunda, se evapora la concepción integral del ser humano y va
surgiendo con fuerza una sobrevaloración del individuo, por encima de la colectividad, que
debilita y rompe los vínculos comunitarios, valor que, desde los inicios, vivió la Iglesia
primitiva. En esta nueva cultura, la imagen se sobrepone al contenido, lo inmediato pasa
por alto los procesos, y se establece lo superficial, lo rápido y desechable.
Secularismo e Indiferencia Religiosa: hay muchas propuestas religiosas, sectarismo,
competencia, se introducen en nuestras vidas ideas que provienen de otras religiones que
se ofrecen en la búsqueda de salud física o espiritual (Yoga, Taichi) y que generan
confusión, que lleva a muchos católicos a vivir un cristianismo “sin Cristo”.
El modelo económico globalizado, provoca una creciente pobreza, desigualdad,
marginación, destrucción ecológica, violencia, migración, individualismo. Este modelo
neoliberal es un capataz cruel, generador de inequidades e injusticias que marcan
tristemente la vida de muchos países pobres, provocando una concentración de poder y
riqueza en pocas manos y manteniendo en la pobreza a un gran número de personas.
En el fondo hay una profunda crisis antropológica: hemos creado nuevos ídolos. (dinero,
poder, placer, tecnología). Es la adoración del antiguo becerro de oro (cfr. Ex 32,1-35).
Las cifras que arrojan cada día los mercados no son sólo números, son historias humanas
de dolor y desesperación que se viven por falta de salud, educación, viviendas dignas y
los más elementales derechos para una vida digna.
La cultura de muerte ha provocado la pérdida de valores y la falta de respeto por la
dignidad humana y la vida en todas sus expresiones, impide vivir la comunión y la
solidaridad como camino de santidad. Hemos olvidado el mandato principal de Cristo:
“amarnos los unos a los otros” y buscamos solo nuestro propio bienestar.
¿En qué consiste la vida abundante?
Ante este panorama desolador veamos cuál es la propuesta de Dios. La cultura de muerte
daña y maltrata, nos quita la vida. En cambio, Cristo viene para que tengamos vida en
abundancia (Jn 10, 10). Dios no quiere la muerte para los hombres, por eso ha dado su
propia vida para que vivamos. A pesar de que todo este círculo de muerte lo hemos
creado nosotros, Dios no nos abandona. Esto lo debemos tener muy claro, porque
nuestra misión de cristianos comprometidos es llevar a todos los hombres la Buena
Nueva de la vida y la felicidad.
Podemos decir que estamos en lucha, que todas estas realidades que nos desafían son
las Obras de las tinieblas y Cristo es la luz que viene para iluminar todo, para confrontar
nuestra existencia, para que, dejando a un lado las obras de la muerte: “robar, matar,
destruir” (Jn 10, 10a), podamos vivir como hijos de la luz, y así demos testimonio del
amor, que se hace vida, justicia y paz. Él nos trae vida verdadera, en abundancia, pero
¿qué es la vida abundante? Esta palabra "abundante" viene del latín “abundantis” y
significa que tiene algo en gran cantidad; en griego es perisson, significa: "excesivamente,
más allá de la medida, más de lo que uno esperaría".
Jesús nos promete una vida mucho mejor de la que podríamos imaginar. Jesús nace así
en las pequeñas cosas; en la pobreza, en la humildad, para no imaginar que la
abundancia es tener muchas cosas materiales, riquezas; si esta fuera la vida que Cristo
nos ofrece, Él hubiera nacido rico y en un mejor lugar, pero no, el poder, el prestigio, la
condición social o académica no son prioridad para Dios (1 Cor1, 26-28).
La abundancia que trae Jesús es la vida eterna, una vida que comienza cuando
aceptamos a Cristo, buscamos conocerle para poder amarle, queremos permanecer como
discípulos suyos, aprendiendo a vivir en comunidad desde la caridad con el prójimo.
En la Biblia reconocemos lo que es la vida en abundancia: la Vida eterna. Son palabras
del mismo Jesús: "Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti el único Dios
verdadero, y a Jesucristo, tu enviado. " (Jn 17, 3) No se hace mención de la longitud de
los días, la salud, la prosperidad. Lo único que menciona es el conocimiento de Dios,
clave para una vida verdaderamente abundante.
La vida abundante que nos ofrece Jesús es aceptar vivir en él y con él. Para eso se
encarnó: para acercarnos al Padre, para revelarnos la verdad. Aceptando a Jesús en
nuestras vidas podemos cambiar la realidad que nos sobrepasa; podemos cambiar el
individualismo por la solidaridad, el egoísmo por el amor, la mentira por la verdad.
Creer a/en Jesús, es conocerlo, servirlo y amarlo. “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo
único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.” (Jn 1, 18)
Es solamente mediante el regalo que Dios nos da en Su Hijo Jesucristo, que podremos
conocer al Dios Verdadero y heredar la vida eterna. Jesús dijo: “el que me ha visto a mí,
ha visto al Padre”. (Cfr. Jn 14,9)
Recibir a Jesús es ser luz para el mundo e iluminar todo aquello que no va con el proyecto
de Cristo; es trabajar por la paz, vivir valores, trabajar por la dignidad de la persona.
Algunas veces es ir contra-corriente y entender que sí hay esperanza de vida, que sí
podemos transformar estas tristes realidades.
*Tomado del folleto de Adviento-Navidad 2019 de la Tarea profética

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