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Maraña


Panorama de poesía chilena joven

© Todos los textos pertenecen a sus autores

: ----

  
© Alquimia Ediciones, 
Colección: Estados de excepción

  : Gaspar Peñaloza y Rafael Cuevas.


,   : Guido Arroyo.
: Felipe Reyes.
: Nicolás Sagredo.

Se permite la reproducción total o parcial de esta obra, siempre que no sea


con fines comerciales o de lucro, y se cite al autor y la edición respectiva.
MARAÑA
PA N O R A M A D E P O E S Í A
CHILENA JOVEN

2019
       

La idea de poesía joven es imprecisa. Por donde se la mire nos lleva a preguntas
y confusiones sobre temperamentos, geografías y experiencias. Se presta para ser
utilizada con desenvoltura por quien pretenda arrancarse con los tarros, sea en la
conservación crítica de un status quo, como pataleta contra nuevas generaciones,
o bien como punta de lanza para quien se pretende guía del futuro.
Todas son caras de la misma moneda.
Conscientes de todas las ficciones que envolvía, nos propusimos un festival
donde la “poesía joven” fuese más una interrogación que una certeza. De haber
juventud, no dejará de manifestarse en el aire siempre inédito de la reunión. De
haber trayectorias para esa juventud, cruzadas o no, se dispararán desde unas
cuantas palabras enredadas y dichas con ánimos de explosión. En otras palabras,
quien conserve el deseo de reunirse siempre será joven.
Es la forma que toma su responsabilidad: la de un tejido nunca cierto en la
trayectoria de sus hebras, pero fuerte en su vecindad. Una convivencia que no
teme confundirse y hacer de lo irregular un pulso y el principio de su camino,
en tiempos donde rige la persecución de todo aquello que subvierta la última
palabra, su oficialidad y su realidad sangrienta.
No jugar a la minoría sino al enredo: después de la junta es grato verse incapaz
de discernir dónde termina uno y dónde comienza el otro.
De allí que hacer hincapié en la poesía joven sea una responsabilidad
contingente en la nueva realidad política y cultural. Maraña es un festival que
reúne en Valparaíso a  poetas jóvenes, en convivencia y discusión, para dar
alcance a nuevas preguntas y nuevas respuestas respecto a la poesía, su trabajo
ético y estético, desde una proposición colectiva. Para facilitar estos encuentros,
Maraña abre mesas de discusión, conversaciones y lecturas, en sótanos, cerros y
calles de distintos puntos de Valparaíso.
Y aunque fue el foco de la selección interpelar los puntos precisos del panorama
chileno para conseguir como respuesta la reunión más bulliciosa y diversa posible,
la selección tiene contrapesos en pos de un segundo objetivo: el de lograr una lista
con igual cantidad de provincianos y capitalinos; la misma cantidad de mujeres y
de hombres. Nada de esto hubiera sido posible sin las sugerencias de amistades,
lectores de poesía en otros territorios que ampliaron nuestro rango de mirada.
Detrás de cada uno de los apellidos de la lista, sabemos que hay otros poetas. A
ellos también quisimos apelar esperando que nos regalen los últimos días de este
verano participando como afluencia en el festival.

5
Este libro permite amplificar el gesto de conspirar nuevas sensibilidades y
canales de comunicación. Acercarse a su única consumación posible: el lector
contemporáneo a estas poéticas. A quien se encuentra camino al trabajo, a la
escuela, a la vagancia, como a una piedra a la que patear calle arriba, con las
lecturas o discusiones del festival, y puede poner su fuerza ahí, aunque sea por
un rato.

Rafael Cuevas / Gaspar Peñaloza, organizadores.


Valparaíso, enero .

6
.    : Las antologías de poesía son entre nosotros una institución. Agrupar
autores y estéticas es un ejercicio que pone en manifiesto el deseo de figurar,
de intervenir la tradición para destruirla o rearmarla. Así ha ocurrido y seguirá
ocurriendo en Chile, paisaje anoréxico que posee un largo prontuario en esta
materia. Difícil resulta olvidar las fundacionales: Selva Lírica (, eds: Julio
Molina Núñez y Juan Agustín Araya), la Antología de poesía chilena nueva (,
eds: Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim) o De Parra a nuestros días (, ed:
Erwin Díaz); que intentaron precisamente articular un nuevo canon. También
abundan ejemplos miserables, como:  poetas chilenos (, ed: Hugo Zambelli),
donde el antologador y gestor y financista excluyó a las poetas mujeres y, no
contento aún, decidió incluirse entre autores como Nincanor Parra, Jorge Cáceres
o Gonzalo Rojas.
Resulta necesario, entonces, aclarar que este libro pretende alejarse radicalmente
de aquellas empresas de vanidad. Rehúye de los compendios canónicos clericales,
para afiliarse en la recopilación de poéticas que procuran dar cuenta de un
entorno. Maraña no es una antología, sino un panorama de escrituras que se
inscriben como jóvenes. Y aquí lo joven, como plantea la dupla organizadora,
es una interrogante, un signo dudoso que nunca termina de cristalizarse en sus
poéticas: la mayoría sólidas en su búsqueda reflexiva; otras jovencísimas en su
certeza discursiva y tesitura. Si hay que buscarle parentesco a este libro, está en
proyectos como Nueva poesía joven en Chile (, ed: Martín Mirchavegas),
Entre la lluvia y el arcoíris (, ed: Soledad Bianchi) o Antología de la nueva
poesía femenina chilena (, ed: Juan Villegas), que interrogándose por las
particularidades de la escritura joven, recopilaron por primera vez a poetas cuasi
inéditos como Gonzalo Millán, Elvira Hernández, Bárbara Délano, Raúl Zurita
o Roberto Bolaño. También se asemeja a libros como Veinticinco años de poesía
chilena (, eds: Lila y Teresa Calderón, Tomás Harris), muestra que muchos
leímos como un antídoto para anular cualquier noción unificadora y/o totalizante
de la poesía chilena; o a otras publicaciones basadas en encuentros literarios muy
similares a este –plagados de debate y deriva– como: Zonas de emergencia (,
ed: Bernardo Colipán y Jorge Velásquez) o Riesgo País  (Alquimia, ed: G.A
–sí, perdonad la patética autocita, pero la semejanza amerita).
Los poemas seleccionados fueron elegidos en base a un conjunto enviado por los
propios autores. Para evitar un montaje guiado en nomenclaturas arbitrarias que
poco nos dicen, como: orden alfabético o año de nacimiento, Maraña se agrupó

7
mediante estéticas comunicantes. La fórmula fue la siguiente: se estableció como
primer autor a Maximiliano Díaz, sencillamente porque fue el primero en enviar
sus textos. A él se le consultó con cuál de los autores poseía mayor filiación estética:
Catherina Campillay, y en base a ese pie forzado, el editorzuelo fue articulando
un recorrido de poéticas comunicantes, que van desde seductoras imágenes
de postmodernidad aterida, reinterpretaciones de lo lírico-lárico-romántico,
escrituras imantadas de apelación social, poemas-proclamas de asamblea, poemas-
proyectivos de biblioteca, parodia extrema, humor, arquitectura de lenguaje,
disolución del pema o refundación del mismo, como podemos leer en el notable
libro homónimo de Leonor Olmos, quien cierra la muestra.
Los poemas, y poetas, reunidos en Maraña, demuestran que toda escritura es
contemporánea a su lengua y que dependerá de la forma en que el texto friccione su
época la supuesta juventud –o vejez– que posea. También son prueba que la poesía
escrita en nuestro horroroso país sigue alucinando por su exploración extrema, su
estética diversa, su continua insistencia por retratar el paisaje social. Por ahora, en
la superficie de la generación que vendrá hay maraña, fricción y enredo. Y espero
que siga así, que nunca se vuelva un rótulo. Que poco a poco se vaya torciendo la
tradición canónica de la poesía chilena, tan encandilada por los poetas mayores,
aburridos y patriarcales; tan dada a hacer antologías rimbombantes y escuelas
excluyentes, tan poco cercana al diálogo, tan acostumbra a decir poesía chilena
para no decir territorio.

8
MARAÑA
PA N O R A M A D E P O E S Í A
CHILENA JOVEN

9
Maximiliano Díaz

En las plantaciones de cobre

Se tiene que esperar algunos días antes de buscar


a los trabajadores abatidos por un derrumbe en una mina.
El terreno se vuelve
inestable
y nadie quiere que se repita.

Me gustaría decir que sé


cómo hacer funcionar un cuerpo muerto.
Pero la verdad es que ni siquiera
los he visto de cerca.
Y resulta difícil saber
qué hacer con los que mueren de hambre
en el entierro prematuro de los metales preciosos.

Tal vez por la posibilidad


(aún no medible
en números)
de que hayan sido aplastados.

No digo que no sea posible:


escarbar el terreno con las mismas cucharas plásticas
que se entregan en servicios de urgencia y patios de comida.

Pero cómo obtener el resto:


piel huesos páncreas enredaderas de pelo o una humilde vértebra
(por la ilusión
del diálogo
con el cerebro
ahí contenido).

Me atrevería a decir que no hay


que pensar en sacarlos vivos,

11
pero qué podría ofrecerle yo
a la composición de un cuerpo desenterrado.
Galopado por restos de cobre y gravilla;

Sacudirlo como alfombra en el jardín


si es que las ganas de abandonar la búsqueda
no fueron tan fuertes.

Lo mejor sería ignorar mis consejos.

Si ni siquiera me acerco a ellos

ya maquillados a través del vidrio pulido


en cajones de madera.

12
Después de dormir

Gente poco humilde dice que «no hay límites


para la comprensión humana»,
incapaces de encomendarse
a las dinámicas (quizás celestiales, o pura
coincidencia) que nunca podremos desmenuzar:

en algún
lugar de Santiago
una mujer joven duerme / sueña
con plantas iluminadas por la lluvia,
abejas y caracoles.
Despierta temprano
y los encuentra en su patio.

Al mismo tiempo, a
unos kilómetros
un tipo de unos veinte
sueña con ella
despierta tarde

y arma un pequeño jardín en su balcón.

13
Los peces

Sí, ese día


nos levantamos temprano
y nos fuimos al río.
Ella recién
te había levantado el castigo
por tirar huevos
a la casa de la vecina.

Recuerdo que se ponía triste


de vernos aburridos.

Amarramos el hilo
a las ramas
y pusimos un alfiler
en la punta.

No pescamos nada.
Terminamos tirando
al agua las latas
que encontramos en la rivera.

Era la única forma de sacudir esa superficie fija.

Yéndonos
vimos un perro muerto
con una bolsa atada a la cabeza.

En el camino de vuelta me enseñaste


esa oración
que te obligaron a aprender los adventistas
a punta de varillazos sobre los dedos.
Desafinado pero serio
me dijiste:
“Hosanna Bendecir a Dios”.

14
Cuando Mateo sea más grande
aprovecha de llevarlo
a conocer a los peces.

Quizá él multiplique las redes.

15
Catherina Campillay

sobre el futuro de las carreteras

no has visto la mañana por eso sabes


algo no aparece en radiografías
va avanzando por alguna parte
le tienes nombre pero callas

y de esos caminos quedarán


vías terrestres
ruinas de esto
vitrina de venas plastificadas

nos vamos se quedan los niños


buscan los parabrisas
tiran piedras desde las pasarelas
risas evidencia de que saben
ellos se quedan
vamos en retirada.

16
ritual contra los incendios forestales

hay ríos que desembocan en peladeros


libros ilustrados enciclopedias
acumulan polvo
otro cerro que siempre estaba en llamas
pero de este lado las fortalezas
evitan la multiplicación de pinos

a veces los ríos desembocan en peladeros


nos lavamos los pies
esperamos que la arcilla se endurezca
debajo de las uñas
entre dos lomas hay una palma
que no sabe dar miel
se quemó todo alrededor de los caminos
árboles se partieron por la mitad
el carbón no sirve para comer

con basuritas armamos torres de alta tensión


para iluminar la cima del cerro
este juego termina cuando una avenida
ya no parece la misma
y encuentras un cuaderno
donde anotabas los días entre incendios.

17
esta casa es demasiado parecida
a la siguiente

miedo a tocar otro timbre


a que el espejo de la entrada
no me enfoque
a oscuras en una casa vecina
donde cae la maldición de la estadística
un caso cada cinco millones de habitantes
algo que le pasó a la prima
de una compañera de curso

el cero coma cero uno por ciento


puede caer muy cerca

de arriba de un edificio los niños escupen


esperan que las probabilidades
les sigan el juego

alguien toca el timbre


con marcas en la piel
producto de un relámpago
del que fue sobreviviente.

18
Victoria Ramírez

Mudanza

el primer día de mudanza


las cenizas bajaron a los techos
la gente tenía la ropa ahumada
pero no había leña ardiendo
ninguna huella negra amortiguó
el silencio de los cerros

el jarrón de bronce de mi madre


combinaba con la tierra

ella reparaba una trizadura


las casas más bellas son las rotas nos dijo
las mejores ventanas dan a la humareda

dónde van las cenizas que flotan


cuando el aire espeso atraviesa
los resquicios del álbum familiar.

19
Cardinales

la última foto de mis padres juntos


parque nacional y fiebre de verano
casi selva en medio del desierto

mis piernas rojas y esquivas


intentan pose de hermana mayor

el guía describe el microclima


como un fenómeno excepcional
la temperatura es una burbuja
y el sol una criatura que adormece

en la foto ellos se esquinan


apenas se mueven con el viento
son espléndidos puntos cardinales.

20
Magnolios

la mitad de los quemados de la posta central


se han quemado a sí mismos
con bencina o con alcohol
se han fosforeado desde la ventana que da hacia Portugal
se pueden ver los magnolios
allá adentro las vendas resplandecen
como lámparas de sal

me pregunto a dónde va
la otra mitad de los quemados
si acaso comentan el origen del fuego
o esas mujeres que fueron bellas
se tocan la cara y piensan en sus maridos
y si se sientan en torno a una hoguera
abrazadas como una tribu volcánica
les sienta bien el alivio de la sobrevivencia

para ellas las llamas han suturado las costuras


y caminan como santas averiadas
con la dignidad cosida para que las reciban en el cielo

si todos pudiéramos revertirnos


volver visibles nuestras grietas
correría el agua a través de nosotros
nuestras hendiduras nos impedirían mentir

entonces si me afirman que la mitad


de los quemados de la posta central
son un porcentaje a lo bonzo
puedo mirar sus magulladuras
desear sentirlas como se supone que se sienten
sulfurarme como se supone que debo sulfurarme
sentir los magnolios y fumarme las colillas
juntar los encendedores que dejan en mi casa
como trofeos o estatuas milenarias
rendir en cada chispazo homenajes modestos

21
tener altares como ofrendas colgando de las paredes
oír con tristeza los anuncios de la radio
los pequeños incendios propagándose
besarme con chicos que echan de menos a otros chicos
todo eso un alivio tierno
porque así son todos los alivios

mirar por la ventana y ver a los magnolios


pensar que ya es época de magnolios
que hay justicia en que una flor salga de un árbol
que los árboles den flores y semillas al mismo tiempo
todo eso pensando en la sala de los quemados
en esa blancura triste como astillas de cuarzo
estalactitas en mi espina dorsal
y la mitad de los quemados por voluntad propia.

22
Catalina Ríos

 
acumularán polvo
aunque los limpies
todos los días

la cantidad dependerá
de la constancia el entusiasmo
con el que pases el paño
o el plumero
el acceso
a las esquinas lugares altos
que tú sola
no alcanzas

la cama
que tendiste en la mañana
volverá a desarmarse
cuando te acuestes
aunque no puedas
dormir más de cuatro horas
por día.

23
      
una cocina de juguete

prendía luces en los quemadores


y salía agua de la llave del lavaplatos

la comida de plástico
se guardaba en la estantería
los utensilios de plástico
se colgaban en ganchos
los platos de plástico
se apilaban en un cajón

dejaste de llenar la bomba del agua


y de cambiarle las pilas cuando notaste
que los efectos especiales
la hacían
demasiado real.

   

la infancia es un lugar resbaladizo

como la superficie del lavamanos


que acumula jabón
y pasta de dientes

tachas el verso
y vas a limpiar el baño

la hija del vecino


cumple cinco años

24
le cantan mientras lavas
la loza acumulada

platos con restos de kétchup


fideos cocinados en el microondas

tú también cumples años en verano


la fecha te punza
como la herida que te haces
al pasar la esponja
por el filo de un cuchillo.

   


para congelar porque es muy caro
comprar por partes cada vez
que quieres comer

lo quitas de la bolsa
preparas la tabla de cortar
separar sus partes y meterlas
al congelador

el filo del cuchillo logra


cortar la carne
apartar las menudencias

separas una pierna con tus manos


el crujido te recuerda
a tus propios huesos
rompiéndose.

25
Jonnathan Opazo Hernández

Un mantra

es un ronroneo
vibración de cuerdas
de un sitar en la
concha del oído

un mantra: apretar
la misma tecla hasta
que suene –escribe,
escribe, que algo queda–
el mundo se hace mundo
por efecto de repetición
y persistencia: imagen
fija de sonido claro
una vibración de luz
en el tajo del ojo: un
mantra que baja por
el tobogán del oído.

Primero

todo comienza con una vibración de aire


un grillo una mariposa un huracán o la
tormenta que abraza el asfalto con un
cocktail de truenos todo: incluso ese
poema inmortal declamado hace tanto
tiempo ya en otra lengua tuvo que ser
una vibración de aire para existir.

26
Kind of blue

no se trata
–nunca se ha
tratado– de
sonar bien o
alcanzar la
perfección
euclidiana
que ostentan
las esculturas
nunca se ha
tratado, no
–qué alivio–
de tomar bien
aquella curva
para evitar
el despeñadero:
cae: los accidentes
son bellos en el
mundo conjetural
de las palabras
tan inútiles cuando
reposan sin ánimo
de dar alguna orden
o esperar que –por ej.,
nueve rosas azules
que coronan la caída
de este día, signifique
que nueves rozas azules coronan
la caída de este día
nunca se ha tratado
–siete veces nunca–
de nada más que de
tratarse de sí mismo
o de nada: una imagen
detenida sin propósito
la foto de un tenedor

27
cruzado por un rayo
de sol o un florero
con helechos
y como los helechos
crece y un rayo de sol
lo anima por un instante
pero luego es de noche
y el azul –un cierto
tipo de azul, un frío
y profundo abrazo de
azul: un imperfecto
azul redondo que
todo lo rebasa y
nada lo rebasa:
de eso se trata
de ser una niebla
una bruma: detrás
están los cazadores
y no los vemos.

28
No hay que perder de vista

el rumor del bosque


jamás será superado
por la grabación del
rumor del bosque:
mucho más cercano
está el río de imitar
el paso del viento
entre las frondas de
los árboles que su
codificación en cintas
magnéticas o archivos
digitales: mucho más
cercano está el sonido
de una bolsa de basura
que se arrastra el
primer suspiro de la
mañana o el agotador
sonido de las olas:
el rumor del mundo
jamás será superado
por la grabación del
rumor del mundo y
sin embargo ninguno
de los dos sobrevivirá.

29
Diego Zamora Estay, de Relave.

Poesía chilena

Decimos poesía chilena para no decir territorio.


Decimos territorio para no decir pueblo o comunidad.
Decimos pueblo o comunidad para no decir fundo.
Decimos fundo para no decir esclavitud
o sequía, para evitar conversaciones en la mesa
para olvidar que la cosecha se ha perdido.

30
Documentos

Mi abuelo perdió la memoria


como yo he perdido sus recuerdos
entre películas y series extranjeras.

He inventado una historia junto a él


nuestra cercanía no existió
sólo estuvimos juntos cuando comenzó a enfermar
y debimos turnarnos para cuidar que no escapara
pero en ese entonces ya no era mi abuelo
era un cuerpo que se movía lentamente
sin entender qué hacía entre nosotros.

Mi abuelo cuidaba las parcelas de los latifundistas


como yo cuido estos documentos
estos libros, estos documentales extranjeros
que vienen a mostrar nuestra miseria.

Hemos sido cuidadores de objetos ajenos


como mi madre que cuidó a niños españoles
dejándonos por tres años
para darnos de comer.

31
DW

Toma aérea de Cabildo: los paltos con su geometría perfecta sobre los cerros del
/valle
una escena de la televisión alemana acusa la sobreproducción en la zona
el video se comparte y se generan discusiones públicas
el agua de las napas subterráneas es arrasada por la exportación internacional
los frutos de primera selección se consumen en Europa
una mujer opina sobre los beneficios de este producto para la salud
habla en otro idioma y bajo su pecho se traducen las palabras

los dueños de las empresas aseguran que aún existe agua para el consumo humano
al costado de sus plantaciones la imagen de un huerto familiar completamente
/destruido
su dueña llora en un primer plano.

Toma aérea de Cabildo: el relave y la ciudad separados por un río de piedras


detalle de los frutos sobre el árbol, una mano lo toma y lo introduce en una caja
el reporte indica que la sequía lleva diez años
el documental dura veintiocho minutos veintiséis segundos
la pantalla ilumina un rostro
el dedo detiene la información
el dedo se desliza sobre la imagen
dos punto seis millones de reproducciones.

Toma aérea de Cabildo: la belleza de estos paisajes


cada árbol separado por una distancia exacta para su regadío
hacia la costa los árboles desperdigados secan sus raíces

cómo escribir sobre esta tierra quebradiza


para qué relatar los hechos
cuando este vídeo se parece tanto a nuestra realidad
por qué intervenir si este documental parece suficiente
el escritor formula sus preguntas frente a la pantalla
con la televisión encendida
con los periódicos sobre la mesa
en un pueblo desierto.

32
Isidora Vicencio

Corderos nacen en la nieve

Las piezas de un rostro se clavan


en mis circunvoluciones
como espejo advenedizo.
La importancia de las cosas
radica solamente en el espacio de una orilla
golpeada con marítima violencia
bajo la bruma perturbando luces empapadas.

La persistencia del almácigo


se ve en la noche interminable
donde nada salva el frío
y los seres están hechos a la suerte de su piel.

En todo amanecer de invierno


el sol se asoma sobre el monte
corderos nacen en la nieve
mientras lloramos las mil pérdidas que vamos a tener
corderos nacen en la nieve
a pesar de las esquirlas que atraviesan mi cabeza
y el sol vuelve a salir cada mañana
y vuelve a derretir la escarcha amenazante
y cada uno sale en busca de su muerte.

33
Para el que guarda silencio a la sombra del manzano

No invoco las monedas de la lluvia


para imitar el sendero de los trenes
ni para repetir el vacío que solo se remedia
en la existencia de las aves
que salen del estómago de un muerto.
Encima del cadáver también crece la yerba
la sal de una lágrima
el metal de una sangre
también pueden crujir en un lugar
si se miran en la sombra del manzano.
El horror puede ser bello en la vitrina
porque no ha tocado un cuerpo
que no corra a esconderse en el primer olor a pólvora.
Conozco tu silencio,
te he visto caminando por un pueblo fantasma
y usábamos los mismos zapatos y los mismos trajes
teníamos el mismo sabor de los planetas en la lengua
la transparencia del cristal con que tropieza el pensamiento.
La soledad de una locura hambrienta
que tirita en el centro del bosque.

34
Casas enterradas

Antes la lluvia era tan helada,


las hojas temblaban en el suelo
como si su paso fuera el de un tirano
dispuesto a acabar con todo.
A veces la piel se despojaba de sí misma
para recibir las riquezas,
abrirse como tierra de cultivo.
Antes la lluvia desnudaba el hielo
y cada gota inundaba una ciudad.
A veces pájaros atravesaban la tierra
permaneciendo hasta sembrar sus huesos
detrás del suelo que gastaba el viejo tronco.
Antes no ardían amigos en el alba.
Las calles abismales recibían desaparecidos,
uno tras otro se juntaban en el viento
y cosían sus almas en el barro
cuando vieron que la ruta los quebraba.
Antes una y otra vez nos concibieron,
nuestros padres volvieron a mirarse
en todas las vidas posibles.
A veces lográbamos nacer.
Y llorábamos por la hermosura de las palabras,
llorábamos sobre los árboles muertos
que ocultaban el musgo que nos cubría.
Nuestro llanto era tan profundo,
se mezclaba con el río.
Entonces,
la lluvia abrazaba el tiempo.
Y nos mirábamos callados
esperando que no caiga la techumbre
en nuestras casas viejas y vacías
con muebles polvorientos y telas de araña,
pequeños calcetines en el tendedero
apuntando a la ventana que enmarcaba el mar.
Cómo quisiera estar allí, contigo
sentados en las sillas de Lenga

35
con un tazón de té, mientras la brasa mata el leño,
como un par de viejos solos que se amaron siempre,
contemplando, contemplando...
cómo el mar no cesa de moverse con el viento,
qué paciencia ha de tener que no se vuelve altivo
o qué solemnidad que no precisa orgullo.
A veces podíamos morir de hermosura
y la ciudad se saturaba de nosotros,
nuestro andar era cual muro impenetrable,
el universo temblaba en nuestro lecho.
A veces muerte reclamaba nuestra ausencia
y aun sabiéndolo mirábamos el mar enternecidos.

36
Vicente Oyarzún

Estación Adversa

Todos estos kilómetros baldíos nos sobrepasan


como esa falsa libertad
latente en el horizonte quebradizo.
Nos sobrepasa tanto espacio, tanto oxígeno,
aunque solo bajamos a estirar las piernas
un rato e intercambiar trivialidades.

Por un segundo, se aburre de nosotros,


nos deja en paz, el viento de la pampa
entre la vegetación castigada.
Son esos momentos los que sobreviven
a la edición del recuerdo
que los mezcla con un sol casi inexistente.

El movimiento en cámara lenta


de los guanacos de petróleo,
ruega por una interrupción,
y la suerte está de su lado.
La mugre y el rencor, del nuestro,
pero también el crepúsculo
que se posa en un alambre de púas.

Sobre el techo del bus apenas brilla venus


y se apaga como la brasa del cigarrillo
de los recién separados.
Aún no ha llegado su momento,
tampoco el de nosotros
ni el de nadie que quepa en este cuadro.

37
Abusar del vibrato

Mientras encuentres el sonido que necesitas


no le des un nombre a tu técnica.
Esa lección te fue útil para sobrevivir un tiempo
hasta que paró de llover sobre tu calma de zinc.
Pero de qué nos sirven esas variantes
fuera de la página y el pentagrama,
es una buena pregunta
pero nos la hemos hecho pocas veces,
o al menos no las suficientes.
Las lecciones aprendidas
con el cuerpo, parecen ser las únicas
que inhiben a esta glándula
que solo secreta veneno.
Por eso desenredas estos sonidos
con un bálsamo cargado
de energías opuestas y enemigas,
lentamente, sintiendo cada vibración.
Y aunque resulte inútil ahora
hacer un buen sumario, el momento
permanece inexacto, única escena
que vale la pena retratar de toda esa época
en la que el mundo se tambaleaba
cada dos o tres horas
hasta que pusiste una cuña de papel
bajo la mesa coja de la realidad.
Y entonces fue como si me sacaran
unos audífonos invisibles
y en lugar del ruido del ambiente
se escuchara puro viento
haciéndole el amor a todos.
Había poco o nada que interpretar allí.
No son muchas las palabras
que una persona puede llevar a cuestas,
por eso permanecimos cantando hasta las tantas
para que los nombres silbaran en nuestros oídos
algo ligeramente familiar
y el presente desnudo nos mirara un ratito.

38
El sol despierta las habitaciones

Las tablas del piso duplican el cielo raso,


repiten la operación del mar en quietud.
Cuatro metros de altura, dos ventanas:
la opacidad que no llega a un acuerdo
entre el vidrio y el ojo.

Se mueve en círculos la corriente que te salva


del sol y la humedad de este enero
que se alarga como la sombra
verde oliva de una botella sobre la mesa
o luz insípida en la que naufragan partículas de polvo.

Se disemina el polen de plátano oriental


el olor del desayuno en las cocinerías.
Crepita el aceite de maravilla al final del pasaje.
En los cajones se infestan de gorgojos
frascos de eneldo, arroz y otros carbohidratos.

Cuando cuelgas de una vista del centro


quisieras despertar de esta isla de calor
como de una larga crisis de ausencia.
Se acerca el inicio de la jornada, la pensión
vuelve a poblarse y todavía postergas
la caricia de la luz.

39
Romina Sandoval, de Larvaria.

mis manos han desaparecido en el viaje


todo lo que antes parecía mi cuerpo
es húmedo

nací vieja y partida por la mitad


me arrastro con una parte de la cintura
mi cabeza tiene voluntad propia

a mi lado caminan todos los seres de la tierra


les temo
todos les temen

son antropomorfos.

II

el larvario es una caja vacía


un punto focal imposible

el miedo debilita las formas


la humanidad es devenir insecto

temer a la luz y a la caja vacía

mis manos enfermas


no soportan el agujero de la noche

montones de seres desfilan


por debajo de las camas

un tronco desnudo manchado de flujo


la ropa quemada

40
las rodillas enfermas
el deseo depurado

el insecto es la noche.

III

me gustaría ser un jardín


con variedades de flores

con una gran fuente en el centro


con árboles llenos de savia
chorreando por los troncos

me gustaría ser poblada


de pequeñas y misteriosas faunas.

IV

¿Recuerdas cuando éramos niños y le echábamos sal a los caracoles sólo para
/verlos arder?
A nadie le importa la vida de seres tan monstruosos.
Hay que quebrarlos –me decías

le arrancaría la cabeza
tomaría sus patas
uniría su tórax
robaría sus alas
extraería su sangre
formaría un escarabajo perfecto

y lo masticaría.

41
V

La dureza y fragilidad de un hueso


–casi a punto de romperse–

los pinchazos sutiles el fragmento pequeño


una ramita parecida a los huesos de un pájaro
–casi a punto de romperse–

un colibrí orgulloso
la rotura el pedazo el fragmento

y permanece allí
–casi a punto de romperse–.

42
Mariana Camelio

estancia maría olvido


(km.  sur, isla riesco)

guardada me estuvo siempre esta orilla


náufragos los barcos de su canal angosto
un canal de cisnes troquelados
negro su cuello que siempre supe tú lo embadurnaste negro
con el carbón que a flote mantiene esta isla oscura

ese carbón el de los cisnes


yo creo quemó con rabia nuestros árboles
que ahora son blancos como pulidos por la sal
me gustaría cortar esas puntas con los dedos
probar ramas quemadas y decir
a ciencia cierta a qué sabe la madera

guardada me estuvo siempre esta orilla –me dijiste–


y aunque nunca la pronunciaste
tomé tu frase para mí:
metida en la noche de estas raíces amargas
vi cómo quemándose el forraje fue el incendio sin fin
ardían las hojas la tierra las frambuesas
por la savia se extendió un fuego negro
ardió –me contaron– la pampa de carbón

todos los árboles saben ahora que


se llaman bartolomé gonzález vázquez sucursal
pero maría olvido entonces dijeron
es el nombre que me guardaron.

43
seno otway
(playa km.  sur)

varadas en la playa tres ballenas


cantan como el metal
se adivina de las profundidades
un chirrido de columpio viejo
tela mojada contra el vidrio
en los canales se escucha
se cimbra en la noche el canto
vibra el agua –cómo despertar?

antigua caleta balleneros en 


comienzan a construir las primeras casas
pero es diciembre de  y
sobre la bahía y las playas de isla decepción
cae improvisada una lluvia de piedras–
solo eso alcanzas a leer
y la voz ya es pura chispa eléctrica

un delirio coleccionista te susurra


bajas por el estero desembocadura de carbón
mientras la boca de tus labios va cantando
que una lluvia pétrea te regaló por fin
ballenas para la repisa
rotulada «cetáceos» de tu colección

cuerdas gigantes atas a las ballenas


entiendes que su canto fue siempre un mismo relato:
ellas antes ancladas en la caleta de
la chilena sociedad ballenera decepción
te amarras esas cuerdas a los hombros
y un canto que ya no es ni el tuyo ni el metálico
te ordena que nada resta más que tirar
desembocadura estero arriba.

44
sótano de la casa principal
(km.  sur, isla riesco)

hay zorros que viven debajo de esta casa


su asentamiento siempre ha sido radial y concéntrico
todo túnel me lo aprendí de memoria
el ejercicio de dibujar la isla boca abajo
hizo aparecer en el papel un trazado perfecto
de crujires soterrados nocturnos

allí aparecieron también


manchas de musgo que esconden quemaduras
zorros que duermen en esas manchas tibias
sueños de árboles corteza fotosensible
que imprime caras cuyos nombres
y genealogía no recuerdo

en el verano vimos pájaros de muchas especies


pero todos de un gris ceniciento
la laguna a medio congelar tiene unos surcos azules y otros verdes
nada entiendo yo de crujires pero con la lluvia
en cada uno de esos huecos
crecerían líquenes amarillos:
durante todos los tiempos en los barcos
se han visto fuegos en la punta de los mástiles
durante la tempestad se les ha considerado siempre
un signo de protección.

45
Daniel Viscarra

El camino de las cuncunas (aparición del Yūrei de Hokusai)

Si todos los caminos conducen al Tao


y en el Tao confluyen, como uno solo,
uno y todos los caminos por haber,
no hay camino que los pies de un hombre
como yo no hayan descubierto y enmalezado
con signos o rastrojos que también
repliquen lo uno y lo otro:
las nubes invierten el cordón montañoso,
los escarabajos figuran en la sombra del hueso.
Fue en uno de ellos, te digo, donde me aclaré,
e hicimos el amor sobreestimulados
por la fragancia de las plantas a la luz.
Descubrimos una disciplina encarnada
en las azaleas como en todas las flores
habidas y por haber sobre la faz:
acepta las diferencias, decía, pero además
enséñate a concluir que el planchado
es general en el mundo;
la gracia –una transmutación ubicua,
omnímoda a todas las cosas y seres
que moldean el arrastre del tiempo.
A pesar de que ahora floto, estoy hecho
de monóxido de carbono y he conocido
lo que hay de efectivo más allá de la gravedad,
aún recuerdo el día en que descubrimos
para qué sirve el hambre.
De repente pienso que alguna vez
recorrí el mismo camino de tierra
que llevo millones de veces pisando
tú, yo y un millón de gente,
que corren o se van bamboleándose
ebrios de un divino y juvenil mareo.

46
Pero solo una vez, recuerdo, el camino
que ahora vuelvo a andar –la monotonía
del color embalando las cosas,
ese camino,
estuvo lleno de muerte y sinceridad.
Era una cifra innúmera de cuncunas
sembradas por doquier,
en casi cualquier parte donde los ojos
se opusieran y succionaran la imagen:
un camino de cadáveres de cuncunas
aplastadas, partidas en dos o tres,
detenidas en el tiempoespacio
con una pose indolente, de guerra, derrota;
negras, amarillas y anaranjadas,
como si reflejaran los azotes de un fuego
que no muere. Entonces comprendí
que el amor se me facultaba y estaba en mí
la elección de pisar con el corazón
a pisar con mi calzado,
cuidándome de no incurrir en bajar o subir
los niveles de esa hermosa destrucción,
que atribuí a un manotazo de luz.
Subyugué mis ojos a la tierra cubierta, caminé
y no me tomó mucho tiempo desarrollar
la habilidad de anteceder la ubicación exacta
de cada próxima cuncuna. Algunas seguían
llevando la vida como un batido
sin forma, infinitamente fusionado dentro de sí.
Supe que todos los caminos eran ése
y que yo mismo estaba viendo mis interiores
–también llenos de caminos y cuncunas.
Era Yo, como era Todo.
Por cada cuncuna muerta,
yo había dejado una imagen,
había intentado hundir alguna parte de mí
en el cuesco líquido de la perfección
imperfectamente. Estaba muerto y troceado
en cada cuncuna y cada cuncuna

47
representaba una forma distinta de mirar,
una manera inequívoca del fracaso,
una maloclusión particular de la boca.
Si mi holograma se pudiera abrir y descarnar
ahora, de hecho, saldrían a destajo
cuncunas y no carne.

48
Espejismo
(carta de amor de Tsuyoshi Okudaira a Fusako Shigenobu. )

Fusako,
rama de toronjil:

este año
celebramos el brote indiferente de yuyales y cardales
sobre pilas de terrones negros y sulfúreos,
tejidos necróticos,
piezas de aluminio
y maleza
donde lo vivo y lo muerto
avivaron la misma llama
–porque en ellos
el sol dictó crear su resistero
(exprimió los cerros, llenó de algas las calles),
y promedió la forma en que sus ondas de calor
franquean
la valvulación (chiflón) de nuestros ojos:
la eyección de la imagen,
blanca y concisa,
de una pirca de nubes
trazada en el cielo de El Líbano, Tokio o Talagante.
El guanaco de insidia que la salta
nos mira y nos escupe cuajos de musgo
que contienen la réplica de tu voz
desaparecida,
devuelta por las olas, víctima,
gritando –horrísonamente–
el asilo del mundo:
asidero de lo tuyo.

Como una bazuca sobre los hombros, me dices,


agarraría un zorzal
y le hundiría las narices para olerlo,
a ver si acaso encuentro la pólvora que te mató,
una voz que sea rastro de la tuya,

49
como el fuego es rastro de vida
en la persecución de la ceniza.
En medio de todo,
buscaría
ver el color rojo
abrirse como un sauce de sangre en el pecho de la loica
que concurre estas regiones
donde todavía reinan
la maquia y el matorral
la franquicia de la muerte.
Amaría lo sucio, lo infeccioso y lo profano de vivir;
cada una de las toxinas,
el detritus lotificado en tu estómago
que nos dicta que la mitad de la casa
deberá derrumbarse.
La herrumbre y el polvo,
teñidos de sangre,
vivirán a cómo todo se convierte en tumor.
Y el amor, por otro lado,
destapará los poros de cerumen
–el color se filtrará: tu cuerpo y el mío
oliendo a aguarrás después de abrir la boca,
se encontrarán en los osarios,
en la dispersión del azufre,
y en la fórmula del mar convertido en polvo.
Y no será esta la primera ni la última vez.

50
Analaura Núñez

Cuadro de una cazuela

La pechuga pelada sobresale del plato hondo con bordes azules. Su carne rosada
permite ver los restos de sangre que no alcanzaron a cocinarse. El poroto verde,
suave y brillante, flota por sobre el arroz blanco esparcido por todas partes. El
orégano se hunde. Bolitas de pimienta chocan con las papas hervidas y cortadas
en cubos. Se deshacen blandas ahogándose en el caldo dorado, como montes de
arena azotados por olas saladas. Las zanahorias finas descansan sobre la pechuga,
la tiñen mientras sudan sus jugos rojos, se resbalan lento y flotan. Las ramas de
tomillo intentan incrustarse en el pedazo colorín de zapallo, rompiendo su carne
alguna vez tan dura y ahora tan frágil. Al contacto con la cuchara las hilachas del
zapallo ceden y no dejan de absorber agua y gotear hasta convertirse en un puré
dulce colmado de partes más blandas y otras más duras. El vapor empaña los
vidrios de la cocina que dejan entrever las gotas inmisericordes de la lluvia.
Afuera los perros se pelean la cabeza de una gallina embarrada.

51
Cuadro de una tortuga Galápago comiendo una sandía

la revista del baño


de National Geographic reza
que las tortugas de Galápago viven
aproximadamente cien años y que son herbívoras

mi fruta favorita es la sandía


desde el verano pasado que no pruebo ninguna

sueño todos los días con la carne arenosa deshaciéndose en el paladar


en la foto el reptil mastica una con sus fauces gigantes
el final del reportaje informa que la tortuga come-sandías
ha muerto
no demoro en tirar la cadena
me miro al espejo estirando el pellejo arrugado del cuello
arranco la hoja de la revista donde está la tortuga
la meto en mi boca
la saliva deshace la hoja
la tortuga muere dos veces.

52
        
tres puñados diminutos de té
los flores azules de porcelana y el fondo blanco
hacen que la casa desentone

las hojas secas de bergamota


se resisten a caer
en el orificio minúsculo de las flores
se desperdigan por la mesita
tan limpia tan brillante
las recoges con la punta del dedo
untado con azúcar
sólo podré servirte dos tazas de té
verte botar la leche en el plato esperar a
que termines el trabajo temprano para
escucharte decir
frente a una nueva taza de té
que sobre nuestro amor
has cambiado de parecer

53
         
mis mejillas son hojas dentadas la mitad de mi boca el dolor que causan las
/piñas
en el suelo hay
cadáveres de baratas bocarriba colillas aplastadas
La enfermedad se abre en mi entrepierna como una enredadera
dejando salir el hedor del calzón sin lavar

adentro hace frío raíces de zanahoria sobresalen de la maceta del balcón


un puñado de almendras a medio roer sobre la mesa
/saliva seca
el cuerpo maloliente de los pescados amargos que
/dejaste sin pelar
añoro el calor atravesando las hojas
el deseo de ser un abeto
hervir en leche para deslizarse por las gargantas flemáticas
−las sábanas arremolinan las almohadas sin funda
los contornos del escritorio se colman de ropa limpia
la silla en el medio de la habitación
retumba hace señas de que ya es tiempo
imagino mis pies desnudos bailando en vaivén
la cuerda trenza tierna
la silla ya no se mueve
las raíces de las zanahorias llegan al piso
las almendras poroso cráter
los pescados desparraman su carne confundiendo
las escamas con el plato de greda
la cuerda estruendo mudo

tomo la ropa limpia la doblo salgo nuevamente de la casa


mis pies de pronto parecen más pesados.

54
Silvana González

   


la fibra transparente se destapa entre la corteza
para dejar asomar dos alas traposas
débiles que pueden levantar un cuerpo grave
graves para levantar un cuerpo débil.

Y estas alas atraviesan


con un delineado frontal el espacio de una pieza
la costra dura permite que sobresalgan puntas finas
par de alas.

Y estas alas cosquillean


unas aletas nasales desprevenidas
enterradas en un sueño, desprovistas de sentido.

Porque uno se da cuenta de lo feliz que era en un bus.


Porque uno se acuerda del asiento, del sol y de la hora
del compañero, de las ganas y la ventana.
Pero no las fechas ni las caras,
ni los bichos que por dentro se colaran.

Ardiente espera este bicho con sus alas


de meterse en una fosa pronto, pronto
apenas se apague la luz, molestar en la pantalla
y buscar el calor tibio de una palma
hacer nido fino, invisible
contener la respiración y amordazar la piel.

Hay un néctar que expele el bicho


y así de un chupón se lleva la sangre.
Se lava con ella, la comparte
deja un monte rojo,
el monte rojo entre la piel negra.

55
Cuando es de día surge la rabia
entre no poder recordar un sueño
y no poder recordar una cara
y una picadura que acompaña.

Todo el día una picadura acompaña


esperando cuando quien ama la observa
y arde, como arde el bicho sediento
como arde el recuerdo de un viaje en bus sin horario
no importa donde termina el bus su horario.

El asiento, la luz, la ventana


como un grano brilloso de saliva apaciguara.
Un dolor que se abra por detrás de los ojos
perdiéndose en el viaje nuevamente sin llegar
cuando en el pasado no se llegaba tampoco.

A tiempo no llegaba justo el recuerdo


de una tarde que tres veranos ya borraran.
A tiempo justo cuando un ala se despega
un ojillo calcula la distancia.
La piel es grano y la sábana mampara
la piel es cuna de las imágenes que faltan
un pinchazo hace recordar.

56
Nicolás Meneses, de Manejo Integral de Residuos.

     


a la velocidad del hombre
en un mundo que va
a la velocidad del consumo.
Ningún fabricante chino
nos aguantaría
cien unidades de trabajo.
Cansado
me recuesto en una banca de la plaza.
Al rato
siento hormiguitas
recorrer
la planta de mis pies.
Espero unos minutos
y me levanto
de un salto retomo el camino
por la vereda.
Un cigarro prendido
cae de la ventana
de una camioneta
y como acto reflejo
lo apago con la punta
de mi zapatilla.

57
   
que no habrá camiones disponibles
para la recolección de los desperdicios.
Aseguran que han sido bloqueados
inmovilizados como plantas.
Añaden que son gritos sanitarios
áreas verdes de Til Til
Rinconada en Maipú
Santa Marta
Quilicura
Lo Espejo
y Lonquén.

     


que pillamos en las rondas.
Hay veces que los dejan apartados
pero casi siempre nosotros nos damos
la paja de hacerlo.
El Torombolo nos paga con chirlitos
pero igual nos alcanza pa unas chelas
que tomamos mientras suena la radio
y nuestras voces se mueven como moscas
bajo el techo de zinc.

58
    
por ir muy atrasados
la gente con las bolsas en la mano
nos grita
nos saca la madre.
Nosotros de vuelta
para defendernos
tiramos un beso
¿y si nos desbarrancamos en
la cuesta hacia un eriazo
por desbocar ese gesto?
¿y si el olor a caucho quemado
fueran nuestras tripas después
de tantos años resolanos?
¿y si tuviéramos que reclamarle
a la tierra
en vez
de la Inspección
del Trabajo?
¿y si ese gesto
en vez de agarrotar las piernas
fuera a suavizar
su enojo?

59
Guillermo Mondaca


emergencia
casas bajas x
campamentos
planificados
en Dictadura
sacrificar
peones
mataron
al Carlos en la disco
(un colombiano
una sombra)

balazos
murales tres noches
de bengalas en el cielo

todos los días


 del mes.

60
  
pasa por mi corazón
como el agua fría
sobre los moretones

dos adolescentes se golpean


mientras hacen el amor.

 
trabajo por la mañana/en la tarde
cuido a los niños
veo tele
fumo yerba en la ventana
como culeo
a veces
fome
a veces
no en general
trabajo por la mañana/en la tarde cuido a los niños
por debajo de la puerta

la luz se hace cada vez


menos un
azul plomizo la espalda suda frío.

61

atravesado inmovilidad sin fuerza
penumbra por la que la culebra escala
mano adentro de pronto de la ropa brota sin posarse
helada cara del cuchillo lo que no
fueron las manos del enigma puestas para cubrir
sus ojos sino hambre de claridad Contorno atravesado sin fuerza
penumbra por la que la culebra escala punta de una
lengua una líquida lanza halla su espacio
agua nado de llama infinita queja y riesgo
crecen en su lisura
deseoso de recibir al darse contorno atravesado inmovilidad
sin fuerza punta de una desecha cuchilla en las ramas
matorrales maullidos huachos por los techos
comienzo de septiembre los gatos follan y mean
marcan maúllan
desentierran por partes
un cuerpo en las afueras
las pastillas
se agotan los ligamentos del atleta
cortados a velocidad
riesgo

de caída

para nadar es preciso extenderse sobre el vientre.

62
Diego Armijo

naturaleza vía
a tres patas
pendular
mea superficies transparentes
sin llegar al confort Confort interior

mancha negra pegajosa queda


cociendo el suelo al objeto

mientras a dos patas


manos monedas y billetes
me compran todo lo otro
pensando la culpa
al llegar a ese
primer ladrillo blando
de esta torre
en medio de argentina avenida
brilla oscura y barsa
en representación del poder
del dinero

limpia
y quedan
sucios papeles caramelo

busca otros que lo manden lejos


de cariño ya no entiende
subraya postes palos paraderos
y nunca otros feriantes.

63
último día de feria
tras lonas el bocinar
descorridas tras las rejas
calle taco
autos camionetas una micro
rodeados/cruce peatones
vecinos despidiendo
bolsas blancas plásticas
intención pañuelos
aplausos llamados por megáfono
detenido el comerciar
este su último día de feria
y continuar.

poesía fotocopia
se comenta igual la lectura po
en el ofrecer
no importan destintes
la custión es leer
ya pa prueba
pa diversión
en caso de antena cabe en el óxido
pero asegurados títulos son
los mismos lados todos
poesía no vende
porque no vende

64
Valentina Sarmiento

Por tomar la dos diez

estos son los días más cortos del año


en cada taxi al que no me subo, cigarro encendido
con fósforos de motel que no se guardan
para emergencias como terremotos y esas cosas
porque no tendremos apagones, nunca más
olvídate de los cortes de agua en diez comunas
privilegiados los que ven la cordillera desde su ventana
tan monárquico esto de sentarse en el segundo piso
ver la feria, nos distrae una marca de bala en la pandereta
y colgamos un telón
el último sorbo en lata nos hace vomitar
en el destierro te pones retornable
deja pararme con la pierna dormida
y sentir la fauna por extremidad
gozar del viento cálido
por todo San José de la Estrella
son quince cuadras
que ayudan a secar la sangre en el colchón
para que al otro día parezca yodo
pero nos miramos y nada
amanecemos jugosos y perseguidos
en un departamento prestado
Providencia no se calza nuestras chalas
ni compra parche curitas
vamos rugiendo camino a noviembre
desaparecer el papel de regalo
defendemos los neones de la botillería más cercana
subiendo el volumen a ese lamento borincano
buscas tu corona entre los embragues
que aún se aprietan en mi muslo
no hay por dónde, aquí es justo cuando hablamos de la Pampa
que me enfrió de nuevo el té de Matico
y con eso empapó los libros de contrabando soviético

65
en las maletas de mis tíos rojos
los puentes cobijan niños que envejecen
de tanto amor acumulado
se nos van cayendo las propagandas
el discurso avinagrado se inicia
sabemos cómo no terminarlo, ver a estos niños
pujándolos a que se duerman y la canción
se retira sin que la pausemos
la corona, cierto, no la encuentras
y me abrazas por la nuca
la vida se te enreda en mis trenzas
en tu ombligo yace algún recuerdo
de esas maniobras antideslizamiento que practicamos
en cada micro que bajase por Santa Rosa o Vicuña
dar la vuelta por la manzana fundida en una batucada
que a las semanas serían balazos
primero nos embadurnamos en ron
había que desarmar la bicicleta para poder estar juntos
para conseguir cuatro condones
nos gastamos lo que no tenemos
prendemos el asado con una molotov
y la familia no entiende
que los vecinos no devuelven las pelotas
tenemos que virar hasta donde sea un aterrizaje
lo único que se interponga
toda la lencería que terminó rajada
dentro de un bus sin cobertura telefónica
la ausencia de espinas en mi piel
tómale despacio, ráscame poderoso y pa callado
te cuento, hay unas cabañas vacías
de letra y sazón, démosle rama en rama mientras todavía se pueda
llega un hervor y reposamos, tonificados con merquén
las sombras del embalse dicen la hora, todavía nos sale vapor
punza el pecho desde Montepatria Sotaquí Ovalle Punitaqui
cómeme todo el chumbeque, digo
y me haces caso, siempre palomito lindo
pero no puedo evitar los alerones
ni secar tu insomnio lagrimeado

66
quién puede callar ocho mil kilómetros
te atreves a destilarme en cada trago de mezcal
la tarde entera a dos cuadras del Zócalo
buscando formas de soportar
las ganas de volver a Insurgentes o Revolución
raspar hasta el desangramiento
virutillarnos, todo lo que nos queda
y tú crees que yo estoy tranquila, compañero
siempre termino hablando de lo mismo
si hasta la feria desde el segundo piso
ahora se me aparece al borde de la expropiación
la falta de estrategia, exceso de mártires
encierro al ratón en el closet como ritual
para frenar la quebradera de vasos
con daiquiri y restos de nosotros
bravos como lluvia en el 
un mentolado es suficiente, ahumado el infortunio
mientras más carmín en los labios, mejor
combatir la costumbre de la palidez
pero no se trata de eso, no
yo no sé patear penales, toda la noche
te has tirado para el mismo lado
en reducir esquinas y ofrecer oreja
zumbido de mosca entra
como piropo cuando el pronóstico del clima nos falla
dar los treinta pasos, cuando vuelvas compañero
podrías mirarme con más cumbia y menos tango
resistente a tus ocho mil kilómetros
si pudiéramos subir de nuevo al taxi
ése que no estuvo arreglado
trata de no decir nada antes de patear el penal
así podríamos virutillar con ganas
la madera la otra semana se pringa
borde interno y al ángulo
te sigues tirando para el otro lado
y el tierral se levanta en todo nuestro patio
celebramos porque es necesario
nos dan lo mismo ya los vecinos

67
hemos perdido algo más que pelotas
aquí vamos en victoria de lengua y fuego, chorreando verano
córrele palomo, todas las crucifixiones por las plazas
después de dos días juntos, después de tres meses
reciclando vasos plásticos para no olvidar que todo se devuelve
ahora sube la temperatura casi tanto como en el Dandy del Sur
yo me corro hasta las cortinas y me dices nena, un beso
las parabólicas no paran
las tejas se derriten por la noche
te aviso que huele a incendio forestal
pero después de todo
sólo queremos hacer durar las arrugas de la sábana
se encienden solas y no hay culpa en vernos así
tan flemáticos, tan jóvenes y zarpados.

68
Ximena Díaz

      


globo usurpador de la frescura

La piel se despliega en telas de felpa.


El gesto inaugura la escena de apertura.
La invitación corre la cortina.
La mano cae con ímpetu.
En los bolsillos dos mil años de cara y machacan
derramando rojo.
Mano grúa de vidrios.
La mañana será aunque le siga la noche
será haga lo que haga
un bicho de papel
al sol pregunta qué es
rozar con una pluma
la bomba flameante que nuba
la piel que está por desprenderse
si pudiera el gesto replicar
la punta
de la luz?

son los días al gobierno del calor


un sonido blanco abriéndose

correr tras las ruedas y solo aplastas caminos


vallas de contención de qué

tell me
¿hago bien en leer las cartas donde

ese bebé de la muerte me mira


aunque duerme en la cuna del domingo?

qué lindo todo me han dado


llaman al día sol

69
tell me doctor
¿hago bien en leer las cartas de ese amarillo inventado por Van Gogh?

ese bebé mira aunque duerme en la cuna del domingo


viste de negro este cumpleaños de la luz
rasga mis ojos cuando gozan
de los pastos verdes que al asomar
en el despunte de las fibras
claman por más
casi tan pobres como quien ahora
celestes, siempre
atentos, casi
arroja el pero,

primavera exige a la paleta


luna llena
viajan ruidos
una vibra hace brotar
máquina o marejada
manejadas por la ausencia?

huella de luz
imborrable
testimonio de dos
echa raíces hace crecer
la luz
no es solo un haz
y la sombra
para luego abocarse
enceguece
capturar esa fuerza
exterior bajo los rayos
deja al descubierto una marcha
invisible a los ojos.

70
Felipe Rodríguez, de Estela de cóndores fosforescentes.

II
(Abrazados al Ferrari rojo)

Entre las arengas e himnos de los electrodomésticos


nos abrimos paso, cruzamos el barrio hecho de carbohidratos
en el que por tantos años nos vimos sin salida.
Luego atravesamos el centro
sitio en el que las articulaciones exigen mercancías.
El retail sudor.
Los semáforos sangre.
Los pastores redención.
Las bocas mc combos.
Los bolsillos manos.
Los oídos bocinas.
Los paraderos tiempo.
Los ojos… los ojos como salchichas gigantes se abalanzan unos contra otros
estallando en dinero y plástico fundido,
era ese el epicentro de la universalización.
No había duda.
Pero nosotros ambos,
como Odiseo al mástil
estábamos definitivamente atados al Ferrari rojo.
Ahora vamos bordeando una costa financiera
en donde las palmeras son holográficas
las olas son de jugo en polvo
y Google se alza como la única bestia del tamaño del mundo.

71
VIII
(Tontos nostálgicos)

Se me repiten polifonías paisajes emocionales.


Fiestas patrias en Dubái, Maternidad en Disney Word,
funerales múltiples en Hawái
inviernos grosos en Senegal.
Se me repiten tal como si fuesen los recuerdos
de un chiguagua lleno de glamour.
Al borde del colapso nervioso tras extraviarse
en las dependencias del Costanera center (The end chiguagua).
Se me repiten mientras hacemos gala
de la oscuridad de nuestras gafas
y la libertad del descapotable rojo.
Drogados hasta razón de frivolidad y sin sentido
ignorando completamente el lenguaje social de las señales de ruta
PUES.
Estábamos convencidos de habernos hecho
de un escape sólo para nosotros.

X
(El mundo entero como un lugar extraño)

Suena como croquetas la realidad detrás del Ferrari


Suena y pierde fundamento luego de sentir el viento que producimos al
desplazarnos.
Bloqueador solar para el sol desde ahora,
Que nosotros los del flamante descapotable rojo
Vamos haciendo unos trucos que brillan
con una potencia que ni en prosa podrían
describirse en toda su insolencia.

72
Camila Almendra

 – el color que no me deja dormir.

I
En cada insomnio,
muerden y besan mis sueños con indolencia.
La condena de nueve horas.
Sonrisa de taladro,
lustrabotas.
Más sueño que deudas.

Caí verdosa pa’ los chanchos que dejaron el puro cuesco.


Las pepitas se las comieron las ovejas,
repartida entre malandras de pacotilla.
Háganme cauceo para sus cólicos.

Dr. psiquiatra, yo no le pagaré la cuenta. Palabra de Gloria Trevi.

No me gobernarán.

73
JumperProleta.

Voy a derrocar a esta izquierda muy viril


con el dildo de la revolución feminista.
Voy a hacer que el patriarcado de tu cama caiga
para que me veas gritar y no como una dama.

Ocuparé tus puestos importantes con mis plumas.


Me reiré mucho con la insolencia de la amoralidad
y la indecencia.
Que me digan algo camaradas
Ay! porque mi puño está en alto,
pero también listo para boxear
al que se me pare enfrente.

Por muchos años, compañero, me dejaste planchando,


cocinándote para alimentarte guerrillero,
cuando el único rifle que veía
era con el que me violabas a tu fuerza de esposo
y sostenedor del hogar.

Por muchos años me gritaste puta en la calle


cuando ensalzabas a los obreros,
mientras tenías una obrera a la que le pagabas por mamada.
Tú eras el explotador,
el amo,
el señor feudal.

Por muchos años, me dijiste que era débil,


a callar en las asambleas,
mirabas con vergüenza ajena mis opiniones
y ellas mismas me miraban con cara de disgusto.

Mi nombre lleva el fuego de la barricada,


el disparo a sangre fría,
las ratas en mi sexo.
  .
  .

74
Acampo fuera del espacio que excluyeron
a este corazón rojo.
Mis manos guardan el cloro de mis abuelas nanas.
No miento y diré que soy una.

Guardo resuelta las horas en que te vea reír,


que la mente ya no divague en las esperanzas,
seamos más,
invencibles y gigantes.
Juntas todas.

Mi nombre es:
Esperanza
Lucero
Martina
Martuca
Luisa
Emita
Margot
Juana
Violeta

hasta la Victoria.

75
Emiliana Pereira

O.

Estoy piel a piel conmigo, trato de tantear las partes e imagino la


historia de una chica que toca su cuerpo, acaricia sus piernas, juega dedo a
dedo con su pezón. Estoy piel a piel conmigo hasta que pronto, en medio de
la noche, la chica que toca su cuerpo adquiere un nombre, un olor, un rostro.
imagen sucia,
ha sido contaminada
por una y cada una de esas caras
de esas historias

y odio
porque ya no es la imagen en sí, sino la idea de alguien en un día concreto, con
un beso concreto, con un tacto concreto.
y dejas de ver el gesto como gesto,
la respiración como respiración
y es la respiración tuya con la respiración de alguien.

Pienso en volver (o no) a masturbarme. Y no puedo porque hay una


bomba de gente en mi cabeza
y no quiero masturbarme pensando en alguien, quiero masturbarme pensando
en algo.
Tiro atrás el cubrecama, las frazadas, la sábana y espero que llegue
el frío, levanto la polera del pijama hasta el cuello para ver si logro sentir
rápidamente alguna brisa, muevo los dedos de los pies

y algo cala,

en ese tirón imagino que de un árbol se ha zafado una rama que cae de
lo alto sobre otra rama,
y se me eriza la piel porque lindo,
los colores, el sonido,
el destello sobre el mutismo,
esa comunicación como si llegase de la nada

76
y es el árbol que avisa que de él se ha zafado una rama, la acusa,
nos cuenta,
y brotan en mi cabeza millones de hojas color ocre,
amarillo, crujiente, todo quebrajoso y justo
llega a la imagen un brazo
al que pronto le daré un cuello, un torso, un gesto,
y vendrá de reglón el nombre, el día, la hora, el momento, el dolor
y veré nuevamente cómo se aleja de mí esa imagen,
veré nuevamente la imposibilidad de apoyar mi cara en la mano que
parte en ese brazo
y esa sensación vendrá
repetidas veces con repetidos nombres
y en cada nombre me detendré para dejarme en claro, que cada uno fue
distinto al otro, peor que el otro,
y desearé de nuevo no desear ese deseo
lo alojaré en ese espacio pequeño como el de las capillas, donde hay
hostia, vela y vino, saldré y martillaré tablones en las puertas de la capilla, en las
ventanas de la capilla, cerraré el jardín, cruzaré la plaza, la ciudad y los cerros
y cuando el tiempo haya pasado, cuando ya tenga construida una
pequeña casa,
cuando haya hecho fuego y haya matado unas cuantas vacas,
cuando haya tallado una cuchara y confeccionado una flecha,
cuando esté sentada al lado de un arroyo escuchando el trinar de un
mirlo
me diré que puedo observar las cosas
sin vaciarme en ellas.

Después de tanto hacer,


podré sentarme a escuchar el viento, a escuchar las hojas,
hasta que de un árbol se zafe una rama que cae de lo alto sobre otra
rama.
Se secará el río, se destruirá cuchara y flecha, revivirá la vaca, se apagará
el fuego, caerá la casa y volverá ciudad, plaza y jardín,
los clavos saltarán de los tablones, la capilla se desatará de toda amarra
y en el pequeño espacio con vino, vela y hostia, estará el brazo al que pronto le
daré un cuello, un torso, un gesto,
le daré un nombre
y después vendrán todos los nombres.

77
Dounkan Fuentes

()
I

Atrapado en la Vietnam.
Atrapado atrapado atrapado en la Vietnam.
Atrapado busca luz desde costa en Selva Fría.
En directo desde el cono sur para todo el samsara
entre neblina es mi canto quien busca al rayo
          
donde
si alguna vez me salvé
/fue por puro amor a los cables
donde pretenciosas cuelgan las zapatillas

entre aluvión sureño la electrocución es nuestra salvación es el rayo que rompe


el vacío.
entre aluvión sureño la electrocución es nuestra salvación es el rayo que rompe
el vacío.

Tengo los pies en futawilli y mi corazón lo lleva una niña en Fukushima 
años del humo del mundo entero en el cordón del Kaulle
niña Fukushima, tu cuerpo es el desastre nuclear del noroeste
te responden a gritos los volcanes del sur.

II.

Lejos, en la ciudad que llevo dentro


juego con luz de neón.
Mira: es la misma pequeña vibrante mancha viva.
Son luciérnagas y duendes del nuevo tiempo universal
ilumina el instante
pequeña Nagasaki/ destellos en selva fría
hay luz dentro hay luz fuera y
de la garganta no baja la bomba atómica
hay música al otro lado del mar

78
hay luces al otro lado del mar
hay ángeles de cara triste emborrachándose entre las calles
al otro lado del mar
donde nunca desembarcaste, Normandía
quién me librará de la ciudad que llevo dentro
y del karma de vivir al sur.

()
la vida nos sonríe aún en este momento

el impacto recuerdo volcanes y bombas desde un océano sí.


Se acaba la noche donde el mundo estalló mil veces-mil veces haciendo vibrar
las lunas del gran árbol
(como si alguien hablara del fin del sin-tiempo.
Por las noches veo Invasiones luces neo/
-mitológicas
Invasiones luces neo-mitológicas despierto. Los cables redireccionándose el cielo
cruzado hasta nuestros techos
–no dejará verte la corona de ese absoluto la narración de nuestra epopeya–
Quiero ver quiero ver la sangre en la ciudad sin miedo, puedo yo, comandar
el ejército del horror a modo de una venganza que me invento contra el mío
mismo que saluda
los infiernos internacionales del mundo moderno cuando llegan a la puerta mi
casa
a la almohada habitada de sueños y lágrimas, inundando los aires como un dios
hecho polvo

– miramos un segundo la tierra girar a la inversa


y sabemos, que en la ruina de este mundo vendrá el nuestro el regreso
al cielo que una mañana llegaremos y quemaremos como un sol
el interminable logaritmo de la noche.

79
Pablo Suazo-Arancibia

Pequeña derrota 

I
el amor libre no existe
no es lo mío
ni lo tuyo

imposible no desconfiar
oponerse
ser suspicaz

de su aparición
de su despliegue

personificado

en la banalidad discursiva
que empareja
lo privado y lo público.

II
el amor libre aparece como aval
y como adjetivo
de un producto
inalcanzable.

IV
adviérteme amor
alto en sodio
alto en calorías
alto en azucares
amor

80
elaborado en líneas
que también procesan
trazas de soya
alcohol
moralina
cocaína
suero.

V
amor libre
como los megas
en redes sociales
de tu compañía telefónica
amor
siempre conectado

amor ilimitado.

VIII
pulcro
limpio
brillante
jugoso
rojo;
un tomate
de tantos en oferta
en el pasillo de verduras.

VIII
amor fresco
a granel
hasta agotar stock

para deportistas
de alto rendimiento

81
que regulas
el metabolismo
gastrointestinal

complejo que ayudas


contra el cansancio
del día a día

amor que blanqueas la sonrisa


y controlas
la placa bacteriana
reduces
el mal aliento
el ardor
los molestos síntomas
de la gripe y el resfrío
el dolor muscular
el cabello quebradizo
la piel reseca
la migraña
–esta desgarradura–

amor con fecha de vencimiento


no perecible
de duración indefinida:

–el pop que escuchara al abrir


asegura un envase hermético–

X
«no te aferres
a un imposible».

82
Apunte 

I
hijo
miro tus fotografías

y suspiro

¿qué estados de consciencia


describiste mientras estabas
entre la vida y la muerte?

II
Eres un faro
que enseña
durante cada segundo que se aleja
que se puede enseñar mucho
sabiendo muy poco

IV
hijo
siente este susurro
este suspiro
mientras duermes

la vida va

de aquí para allá


levantando las manos

de aquí pa
pa’ llá
este ritmo
tienes que gozar.

83
Samuel Espíndola

Vemos el mundo a través de un vidrio impregnado de polvo, un lente polarizado


por cenizas: las memorias grabadas son idénticas a las memorias vividas, todas
sacadas de entre las ruinas.
Ésta podría ser mi madre, jardineando –y ése, tirando piedras en el
charco, mi padre.

–un baile de viejos felices, un relimpio de acequias

–un palacio se derrumba, la imagen se va a negro, un nombre


es olvidado

La memoria es el escombro de la mirada. Debemos partir de las ruinas, de los


restos hechos viento y ceniza, si queremos vivir de nuevo y de nuevo olvidar

–una familia quizás la misma, quizás meses después, juega


en la nieve
–un joven semidesnudo le mete hielo en los pantalones al otro,
corren cerro arriba y salen de cuadro.

Varios hombres llevan en brazos maniquís de mujeres, los entran a una casa
amoblada al parecer especialmente para ellas. Las acomodan en sillones mullidos
y sillas de mimbre con chales. Visitan un parque con reproducciones en miniatura
de ciudades de todo el país, sonríen a la cámara.
–palos de fósforo, lagunas, palafitos, una miniatura del siglo.

El hedor de las cenizas te recuerda trazas de sabores adheridos al papel a medida


que se entibian las puntas de los dedos comienzas a temer que éstas se enciendan
y volver a encontrar tu imagen contenida en un florero no entiendes cómo

84
frente a ti los cables han resistido tantas repeticiones de las mismas escenas
finales alternativos que traía el  finalmente alguno resulta insoportable y los
filamentos estallan la pantalla refleja ahora tu contorno de espaldas a esa luz que
te enfrenta.

–intentas cambiar el canal con trazas de estática que quedan


en el aire el vidrio del televisor es duro piensas como para patearlo molerlo y
transpirarlo hacer con él cuchillos o miniaturizarse a uno mismo algo de lo que
volvía a transmitir quedó en el cobre de los cables la luz ya no viaja pero en la
pared se posan sombras del documental sobre jirafas que estaba viendo antes pero
no son blancas como las jirafas del Bosco sino como los pájaros que también él
pintaba

–hechos de incendios y cristal.

En la ciudad sólo quedaban once habitantes y todos eran viejos, habían persistido
allí en sus caserones sepultados en la tierra blanca como sus cabellos, dejando que
la piel se les llenara de surcos. Un día vino un joven con una cámara y grabó sus
caras, de cerca, muy cerca, sobre todo los párpados que dejaban ver por debajo
el movimiento de sus ojos buscando manchas en el suelo o en las paredes, que
mostraban en todas partes sus entrañas de adobe entre las costras de yeso. Fabio
grabó a una de las ancianas cantando, y pensó que sería la música perfecta para el
video, pero al final escogió sólo algunas palabras sueltas que recitó entre intervalos
de tos y el sonido ronco y amable de su respiración.

–al atardecer se reunieron todos en una de las casas que ya nadie


ocupaba, allí en el medio de una habitación enorme con un techo altísimo, había
una cama desecha y, flotando encima, un camisón blanco sobre el cual los viejos
vieron sus caras proyectadas, borrosas, mezclándose la humedad de la imagen con
la áspera textura de esa tela

–se escuchó un grito: horas antes en algún lugar de esa casa


alguien había escondido un cordero.

85
Álvaro Gaete

Entre las posibilidades de una excavación está la piscina. A tener en cuenta:


debido al descampado es poco probable que vuelva a crecer vida. Sin embargo,
por la humedad que produce a su alrededor, estarán creciendo hongos y otras
formas unicelulares.
El agua humedece el jardín por acción del viento. Propicia insectos y
viscosidades, tambalean cercanos a los bordes. Es importante retirar los restos de
hojas o demás residuos que pueda haber tanto en la superficie de la piscina como
en el cesto de la bomba.

Al situar la piscina en la azotea se puede prescindir del pigmento con que se tiñen
aquellas enterradas al nivel de jardín; como su distancia con el cielo es menor, se
desliga del artificio, con el reflejo que se proyecta. En su defecto, reemplazar con
azulejos.

Las piscinas que se ubican en azoteas proponen una posibilidad de vida privada
que solo ellas pueden dar. Un panorama de la ciudad que no se repite ni se
corresponde.

En esta parte del mundo el Feng Shui suma nuevos adherentes, cada día. Lo
que es negativo según el Feng Shui. Concepto que en nuestro vocablo significa
“viento y agua”, respectivamente.
La sombra cuando logra su proyección corrige y segrega: al poner los muebles
frente a la luminaria, adosados al muro, desde el vértice del primero hasta la
pared, una silueta indica el espacio útil.
La lámpara no cambiará de posición en términos de “viento y agua”. Se puede
decir que la tensión es la altura de la cascada, la corriente, el volumen que cae, y
la potencia, el impacto que recibe el lecho del río. Al mover la lámpara, no solo se
cambia el torrente, también la posición del sol al que reemplaza.

Por esto son los muebles los que cambian de sitio.

86
*

Si antes hubo un parque, el espacio se suspende. Delimitar con cintas de


balizamiento. Se retiran bancas o el metal torcido que haya quedado –pudieron
haber sido centros de entretenimiento y ejercicio–. La estructura de estos juegos,
su esqueleto, está hecho para no ser desarmado. Si bien hay algunos con cuerdas
y elementos de plástico que resaltan como la novedad, son los primeros en
destruirse o deformarse.
Se puede creer que la relación metal-concreto (las bancas y juegos, más los
bordes del gramado y postes) es poco atractiva, pero aun así llegan niños. No es
por el color, la pintura se desprende al cabo de algunos meses debido a la fricción.
Es la forma la que llama al uso.

El proyecto que se ubica en los puntos de mayor afluencia conoce donde se


sitúa, de ahí su valor y su provecho. Cuando la ciudad baja su ritmo, el sonido
de las ruedas a la distancia es un cúmulo, una masa de aire que da contra muros
interiores. Sonido semejante al oleaje, pero más agudo. Imperceptible en la
costumbre.

(de Plan regulador


regulador)

87
Hendidura

a Emilia

Un plato que cae al lodo


forma parte del paisaje
Eso, hasta que alguien
se corta con uno de los pedazos
y hace la apreciación que un plato
no debería estar en el lodo
ni mucho menos se debió haber cortado

Si el plato hubiese sido absorbido por el bosque


estaríamos hablando de que la persona
en cuestión se cortó con un trozo de bosque
Una sección, un par de árboles
arbustos, animales en movimiento
por difícil que suene que un bosque entero
haga una hendidura pequeña

Pero como las condiciones nunca son las esperadas


el plato continúa en el paisaje
mientras la persona cojea
buscando con qué limpiarse la herida
y el bosque inspira hondo
como ocultando sus hojas.

88
Leonor Olmos, de ;pema (Kokoro, ).

 poemas o  muertos de hambre o  muertos de amor / o una sed interminable o


los segundos nos suceden / o camino descalza por el hielo / o el cielo se agusana,
o la sangre como estructura como tejido se rompe para no volver /
o lo ajeno se disuelve en un charquito, o lo ajeno sucede en el musgo, en las
baldosas – o la circulación se corta por el hilo + delgado / o el amor se corta por
el hilo + delgado
o es asunto de la nieve, de la boca, del poema que se rompe entre los dientes / este
poema que iba por mí / o este poema a punto de arrastrarme / o la pupila herida
/ o la pupila encendiendo la maleza / o los ríos atravesando la habitación sobre
este charquito que corre / que empapa la sangre / mi cuerpo / todo gesto inútil
: limpiar el espacio:
limpiar los tejidos blandos de mi corazón:

la circulación se corta,  cuerpos cansados se mecen / la vida interrumpe a la vida


/ o los nudos sobre
mi sangre / o  poemas o una sed interminable / o lo ajeno es poema y
no vida.

II

un poema se despierta y no es noche / un poema se despierta y no alcanza a


colgarse del aire y no alcanza sino a un cuerpo;
luego todo es + fácil,
acurrucarse en la hierba húmeda, golpear las manos hasta ver nacer pequeñas
gotas de sangre / en las paredes las manchas tienen vida, el sol tiene vida / hay
crisis – escenas con mujeres en la nieve, ahogadas con ofrendas, inútilmente
cayendo desde lo alto /
poemas cayendo desde lo alto / enlaces que conectan europa del este con una
terminal abandonada en un galpón de este país tercermundista – made in china /

89
made in taiwán made in mi corazón abriéndose /
a pedacitos los recuerdos – confluyen – en mis ojos
----- loguear un avatar – la flor del loto electrónica / en las manos el poema
fluorescente mientras lloro / llorar y caer es lo mismo / soñar y caer es lo mismo
/ loguear un cuerpo vacío, una sonda vacía, lanzada al espacio en busca de los
suyos, un limbo sobre el espacio, un poema sobre el limbo – el avatar caminando
sobre la hierba – las luces se apagan sobre los campos /
un cuerpo despierta: un cuerpo despierta sobre una acera, una mañana de sol,
las conexiones demoran, las conexiones demoran en un cuerpo abandonado y
sucio / las raíces consuelan ese cuerpo, lo toman, lo adormecen, la flor electrónica
emerge, un ojo máquina mira.

III

ya en serio, este poema no acaba antes de ti o de mi – no acaba y no incluye salida


de emergencia / las hojas rasgan la piel / o rajan la piel / en una escena dirigida,
una toma colapsada por unos dedos adormecidos : no soy yo lanzándome al
vacío, sino ascendiendo / sino en el momento exacto en que el cuerpo se divide
: se fragmenta : se ilumina detalladamente : se atomiza detalladamente, ese nudo
sobre el cuello
ilumina – hunde / toda superficie, todo el viento / todo paisaje celeste / todo
humus – tejido, y el poema no acaba aquí / - y el poema continúa su actividad
desoladora, y la piel es rajada, escindida / - éste era un sueño feliz : una parábola,
yo bajando desde las montañas y mi piel colgando sobre mis dedos : el playlist
continúa,
el amor persiste incluso – / pista nº / de los cambios de voltaje y sus efectos en
nuestros cuerpos, de los cambios de voltaje y sus efectos / sobre las flores.

90
   

Maximiliano Díaz Troncoso (Rancagua, ).

Catherina Campillay Covarrubias (Viña del Mar, ). Egresada de Teoría e


Historia del Arte. Obtuvo una Mención Honrosa en el Premio Roberto Bolaño,
género poesía (). Ha publicado los fanzines objetos descontinuados y horario
de visitas (Amistad,  y ). Ha sido becaria de la Fundación Pablo Neruda
() y del Fondo del Libro y la Lectura ().

Victoria Ramírez Mansilla (Santiago, ). Publicó la plaquette Alud (Amistad,


), y realizó el cortometraje documental Todos los ríos dan a la mar, enfocado
en la artista Cecilia Vicuña. Ha obtenido el Premio Roberto Bolaño, género
poesía (), y el primer lugar de los Juegos Literarios Gabriela Mistral ().
Fue becaria del Fondo del Libro y la Lectura ().

Catalina Ríos Muñoz (Santiago, ). Licenciada en Lengua y Literatura


Hispánicas. Poemas suyos aparecieron en la antología Halo [ poetas chilenos
nacidos en los noventa] (J. C. Sáez Editor, ) y publicó el fanzine las aguas
(Nudo de Globo, ). Fue becaria de la Fundación Pablo Neruda () y
participó de la primera residencia artística del Festival Internacional de Poesía de
Rosario ().

Jonnathan Opazo Hernández (San Javier, ). Es autor de los libros Junkopia
(Bifurcaciones, ) y Cangrejos (Gramaje, ). Escribe para el sitio web Culto,
de La Tercera.

Diego Zamora Estay (Valle de La Ligua, ). Estudiante de pedagogía en


Lengua Castellana y Comunicación (). Participó en diversos talleres
literarios, entre ellos: Moda & Pueblo, Al pulso de la letra y La Sebastiana. Obtuvo
el tercer lugar en el Concurso de Poesía Joven Pablo Neruda () y mención
honrosa en Valparaíso en  palabras (). Publicó el libro: Música Hardcore y el
texto colectivo: Letras que sanan. Relatos autobiográficos de jóvenes viviendo con 
(). Actualmente realiza talleres de escritura y es activista en la  Red Oss.

92
Isidora Vicencio (Puerto Cisnes, ). Licenciada en Bioquímica ().
Poemas suyos aparecen en las antologías: Contramarea (, Summa, Lima) y
Escritores en el Zaguán. Tomo III (, La Tregua). Publicó la plaquette: Primeras
Casas (, Caletita, Monterrey) y el poemario: Casas enterradas (, ).

Vicente Oyarzún Cartagena (Punta Arenas, ). Becario de la Fundación


Pablo Neruda (). Fue incluido en la antología SCL: La Nueva Extremadura
(Alquimia, ). Publicó la plaquette: El neón de la mañana (Hojas Rudas, )
y el libro: Estación Adversa (Das Kapital, ).

Romina Sandoval Rojas (San Bernardo, ). Comunicadora Audiovisual y


Fotógrafa. Fue finalista de los Juegos Poéticos y Florales de Viña del Mar () y
Mención Honrosa en los Juegos Literarios Gabriela Mistral (). Participó en
talleres literarios con: Raúl Zurita, Héctor Hernández y Germán Carrasco; y en
los eventos: A Cielo Abierto () y LEA. Publicó el poemario: Larvaria (Moda
y pueblo, ).

Mariana Camelio Vezzani (Punta Arenas, ). Licenciada en Letras y profesora


de Lengua y Literatura. Fue becaria de la Fundación Pablo Neruda (). Poemas
suyos aparecieron en la antología Liberoamericanas:  poetas contemporáneas
(). Trabajó como asistente editorial de Ronald Kay (-).

Daniel Viscarra (Talagante, ). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica.


Actualmente estudiante de Pedagogía en Lenguaje (UCh). Obtuvo una Mención
Honrosa en el Premio Roberto Bolaño, género poesía (), y fue becario del
Fondo del Libro y la Lectura (). Organiza el colectivo Poesía y Periferia.

Analaura Núñez (Santiago, ). Licenciada en Literatura y profesora de Lenguaje


(). En el año  viajó a Dartmouth, Massachusetts, para especializar sus
investigaciones literarias sobre trauma, memoria e identidad. Fue becaria de la
Fundación Pablo Neruda () y ha participado en algunas antologías poéticas
como Parias, poetas y borrachos (, Agua Maldita). Publicó la plaquette: El
Sonido de las Liebres (, Ex Nudo De Globo).

Silvana González Vásquez (Limache, ). Licenciada en Artes (). Profesor


ayudante de la asignatura Expresión Gráfica (). Participó por primera vez
en un taller de poesía el año  (Concreto Azul). Actualmente desarrolla su
proyecto de tesis.

93
Nicolás Meneses (Buin, ). Ha publicado: Camarote (Balmaceda Arte
Joven, ), Panaderos (Hueders, ), Reencarnación (Jámpster ebooks, ) y
Manejo Integral de Residuos (Overol, ). Becario de la Fundación Pablo Neruda
() y del Fondo del Libro y la Lectura (, ). Obtuvo el Premio Roberto
Bolaño en genero cuento ().

Guillermo Mondaca Fibla (, Coquimbo). Estudió literatura. Hoy en Valpo,


mañana quién sabe. Trabaja en un libro titulado: Contacto y Contagio.

Diego Armijo Otárola (Viña del Mar, ). Contador nivel técnico de liceo
público y casi profesor de Historia. Feriante en Parque Caupolicán de Gómez
Carreño, y a veces en ferias del libro. Viviendo –siempre– en Glorias Navales,
donde no se ve el mar.

Valentina Sarmiento (Puente Alto, ). Estudiante de Filosofía (UCh). Ha


participado en diversos talleres, entre ellos: Gustavo Barrera, Gladys González y
Carlos Cardani. Poemas suyos han aparecido en fanzines y antologías.

Ximena Díaz (Valparaíso, ). Licenciada en Arte y Diplomada en Escritura


Creativa. Es grabadora y bailarina.

Felipe Rodríguez Cerda (Chillán, ). Se inició en la escritura como letrista


de bandas punks. Obtuvo el premio Oscar Castro (). Publicó la plaquette:
¡Agarrate Aguirre! Fragmentos de una ópera powerviolence (edición de autor,
), y el libro: Estela de Cóndores Fosforescentes (edición de autor, ). Reside
actualmente en la ciudad del Valdivia, donde cursa estudios de antropología y
urbanismo.

Camila Almendra Flores Rivera (Valdivia, ). Profesora de Lenguaje y


Comunicación y Master en Literatura Hispanoamericana Contemporánea
().Encargada Comunal del Programa de Género, Sexualidad y Afectividad
en las comunidades escolares públicas de Paillaco. Obtuvo el primer lugar en el
concurso de poesía de la carrera Pedagogía en Lenguaje y Comunicación ().
Ha colaborado en diversas revistas, entre ellas: El Frente, Clepsidra, Amaranto,
CERES, y en el Colectivo Río Negro. Poemas suyos aparecieron en la antología:
Silvestres y eléctricas (Helecho Cartonero). Publicó la plaquette: El viaje de la
heroína (Alto Horno).

94
Emiliana Pereira Zalazar (Santiago, ). Publicó: Nada es hombre nada es tierra
(Overol, ).

Dounkan Fuentes (Osorno, ). Joven, sur.

Pablo Suazo-Arancibia (Viña del Mar, ). Desde su infancia demuestra interés
por las letras componiendo payas para las fiestas patrias del Colegio Rubén Castro
y al mismo tiempo fue seleccionado de fútbol, donde obtuvo notable desempeño
como aguatero en el cuadrangular nacional Soprole. Una dolencia en el talón de
alquiles (mal de hanglund) lo llevó a la natación, donde logró el mejor tiempo
de su categoría en cincuenta metros estilo crol. Su obra explora mediante el verso
libre una cotidianidad que favorece la eficacia del lenguaje por sobre su función
especulativa o alegórica. Actualmente reside en Cerro Cordillera y trabaja como
transportista.

Samuel Espíndola Hernández (Santiago, ). Licenciado en Literatura y


Magister en Teoría e Historia del Arte. Fue becario de la Fundación Pablo
Neruda (). Obtuvo el Premio Roberto Bolaño en poesía (). Realizó junto
a Mariana Camelio la instalación Juego de las decapitaciones (). Publicó la
plaquette Historial de las coníferas (Velando Bestias, ).

Álvaro Gaete Escanilla (Lo Espejo, ). Estudiante de Pedagogía en Castellano


( / Ex pedagógico). Obtuvo una Mención Honrosa en el Premio Roberto
Bolaño, genero poesía (). Fue becario de la Fundación Pablo Neruda ().
Actualmente colabora en los medios Jámpster y Tatami.

Leonor Olmos (Coquimbo, ). Ha editado de forma artesanal dos plaquettes:


Extractos y /. Sus textos han aparecido en diversos medios, entre ellos: Kokoro,
Jámpster, Transtierros y LaZine. Publicó el libro: ;pema (Kokoro, ). Mantiene
el blog: loscuadernosblancos.

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OT/40752
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