III. SITUACIONES FUNDAMENTALES. EN EL PERIODO DE “EXPANSIÓN HACIA AFUERA”- Cardoso y Faletto.
La perspectiva adoptada en este ensayo requiere analizar tanto las condiciones como las posibilidades de desarrollo
y de consolidación de los estados nacionales latinoamericanos según como los grupos sociales locales lograron
establecer su participación en el proceso productivo y consiguieron definir formas de control institucional capaces de
asegurarla. En términos clásicos, esta problemática se expresaría diciendo que la creación de los estados nacionales,
y el control de las economías locales, implican que las asociaciones de intereses de las clases y grupos
económicamente orientados establezcan formas de autoridad y poder de tal modo que constituyan un "orden
legítimo"; y que en torno de éste se logre el consentimiento y la obediencia de las clases, grupos y comunidades
excluidas del núcleo hegemónico formado por la "asociación de intereses". Las precedentes consideraciones
suponen que para explicar el desarrollo se hace necesario superar la idea de que las bases materiales –el sistema
productivo- `que sirvieron de apoyo para la obtención de los fines económicos a que aspiraban los grupos y clases
que controlaban la producción, podían asegurar por sí mismas -o por los cambios que las condiciones del mercado
mundial provocaron en las bases mantenidas la transformación automática del sistema de poder, dando lugar así a
la democratización de las estructuras sociales. Se destaca así el hecho de que las formas asumidas por las relaciones
entre el sistema económico y el sistema de poder a partir del período de implantación de los estados nacionales
independientes dieron origen a posibilidades distintas de desarrollo y autonomía para los países latinoamericanos,
conforme a sus situaciones peculiares. En este sentido, a fin de comprender las situaciones presentes, de cuya
problemática partimos, se requiere el análisis, por somero que sea, de las situaciones históricas que explican cómo
las naciones americanas se vinculan al sistema mundial de poder y a la periferia de la economía internacional. En
líneas generales es posible distinguir tres formas, de relación de las áreas coloniales con las metrópolis, a partir del
modo como se constituyó el "mundo periférico" dentro del sistema colonial de producción y dominación: las
colonias de población, las colonias de explotación y las reservas territoriales prácticamente inexplotadas. Es evidente
que la forma que adquirió la incorporación del mundo colonial a los centros metropolitanos estuvo condicionada por
la base económica de producción que en cada caso se implantaba. En general, la ocupación extensiva de la región,
con la consecuente dispersión geográfica, se dio en las colonias agropecuarias; la organización de factorías estuvo
presente en las explotaciones de recursos naturales, minerales o forestales; en cuanto al virtual mantenimiento de
áreas inexplotadas, esto se da en función de los intereses estratégicos metropolitanos y de una política de reserva de
recursos para incorporaciones futuras. Con la ruptura del “pacto colonial” esto es, cuando la comercialización de los
productos coloniales dejó de hacerse a través de los puertos y aduanas ibéricas para ligarse directamente a
Inglaterra, la formación de las naciones en América Latina se hizo posible a, través de grupos sociales locales cuya
capacidad para estructurar un sistema local de control político y económico varió justamente en función del proceso
histórico de su constitución en el período colonial. En todos los casos el problema de la organización nacional
consistía: 1. En mantener bajo control local el sistema productivo exportador heredado del sistema colonial, que
constituía el vínculo principal con el exterior y la actividad económica fundamental. 2. En disponer, de un sistema de
alianzas políticas entre los varios sectores sociales y económicos de las antiguas colonias que permitiera, al grupo
que aseguraba las relaciones con el exterior, -con el mercado internacional y naturalmente con los estados
nacionales de los países centrales-, un mínimo de poder interno para que la nación pudiera adquirir estabilidad y se
constituyera como expresión política de la dominación económica del sector productivo-exportador. Como es
natural, el proceso de formación nacional pudo darse con mayores posibilidades de éxito en el caso de las colonias
que se habían organizado como base agrícola de la economía metropolitana. En efecto, tales posesiones no sólo
fueron organizadas en torno a productos "coloniales" -azúcar, café, cacao,. etc.-, indispensables para las economías
centrales, y de los cuales por razones diversas -climáticas, tecnológicas, etc.- no les era posible autoabastecerse, lo
que garantizaba a las antiguas colonias continuidad del mercado, sino también porque en ese tipo de colonias se
constituyó una élite económica y política criolla que se apoyaba en el sistema productivo local y era más o menos
idónea para manejar un aparato estatal. La formación nacional basada en las antiguas colonias "de explotación"
-como en las áreas mineras o en regiones marginales a la corriente principal del mercado colonial tuvo menores
posibilidades de éxito en el siglo XIX. En muchos casos la organización política se logró como consecuencia de las
dificultades que España debió enfrentar para el nuevo arreglo de fuerzas dominantes en el escenario mundial. En
algunos otros casos la constitución de unidades políticas se debió a la distribución de zonas de influencia entre
Inglaterra y Estados Unidos, que se servían de oligarquías locales, sin efectiva expresión económica en el mercado
mundial, para consolidar nuevas naciones. De todas maneras los límites nacionales no coincidían con las áreas
económica y socialmente "desarrolladas" de inicios del siglo XIX e integradas al mundo exterior Antes bien, el
proceso de formación nacional se dio de tal modo que, aun en el caso de colonias que poseían una economía
exportadora local más o menos sólida, ésta dependía para su funcionamiento de sectores económicamente
marginales al mercado externo. Dichos sectores, no obstante, se mantenían en relación con el mercado externo, ya
sea porque constituían la base de la economía de consumo interno - mandioca, trigo, maíz, etc.- o aseguraban
productos esenciales para el funcionamiento- de las economías exportadoras -mulas, charque, etc. o porque se
entroncaban en forma complementaria al sector exportador, como en el caso de la economía ganadera respecto a
los sectores de comercialización de carne exportable. La ruptura del pacto colonial y la formación de los estados
nacionales implica, por lo tanto, un nuevo modo de ordenación de la economía y de la sociedad local en América
Latina. A través de él, los grupos que controlaban el sector productivo-exportador de las economías locales tuvieron
que asegurar vinculaciones y definir relaciones político-económicas nuevas en un doble sentido: reorientando las
vinculaciones externas en dirección a los nuevos centros hegemónicos, y constituyendo internamente un sistema de
alianzas con oligarquías locales que no estaban directamente integradas al sistema productivo-comercializador o
financiero vuelto "hacia afuera".
CONTROL NACIONAL DEI SISTEMA PRODUCTIVO
Este proceso no se dio en forma homogénea en la historia de los países latinoamericanos ni se produjo sin
obstáculos. Sin embargo, las declaraciones de independencia fueron seguidas en todas las unidades políticas de la
región por una fase de luchas agudas entre los varios grupos locales. A través de esas luchas –que caracterizan el
período denominado "anárquico" de las historias nacionales se fueron definiendo las alianzas a que hicimos
referencia más arriba y se delinearon los mercados nacionales, así como los límites territoriales donde se afirmó la
legitimidad o la eficacia del orden establecido por los grupos hegemónicos. Con ese propósito, los grupos que
“forjaron la independencia” recuperaron sus vinculaciones con el mercado mundial y con los demás grupos locales.
Se perfila entonces una primera situación de subdesarrollo y dependencia dentro de los límites nacionales.
Prescindiendo del curso concreto de este proceso en los varios países constituidos en el siglo XIX, se podría
caracterizar esta situación y las posibilidades de éxito ínsitas en ella en función de los siguientes elementos: a] Desde
el punto de vista del conjunto del sistema capitalista mundial -cuyo centro hegemónico constituía Inglaterra-, se
relacionaba con la periferia a través de la necesidad de abastecimiento de materias primas. La dinámica de la
expansión industrial inglesa no reposaba necesariamente en la inversión de capitales productivos en la periferia, sino
en asegurar su propio abastecimiento de productos primarios. Por dicho motivo, y con relación a América Latina, el
capitalismo europeo del siglo XIX se caracterizó como un capitalismo comercial y financiero: las inversiones se
orientaban principalmente hacia los sectores que las economías locales no estaban en condiciones de desarrollar;
expresión de esta política fue el sistema de transportes. Y aun en este sector, se tradujo en el financiamiento de
empréstitos para la realización de obras locales, garantizados por el Estado, más que en inversiones directas. El
centro hegemónico controlaba fundamentalmente la comercialización de la periferia, aunque no sustituía a la clase
económica local que heredó de la colonia su base productiva. La única excepción de importancia refiérese a la
explotación minera, pero aun en este caso coexistieron los propietarios locales y los inversionistas extranjeros. b] Dé
lo que llevamos dicho se infiere que la ruptura del pacto colonial permitía el fortalecimiento los grupos productores
nacionales, puesto que el nuevo polo hegemónico no interfería y más aún, en cierto casos, hasta podía estimular la
expansión del sistema productivo local. Este fortalecimiento dependía de la capacidad de los productores locales
para organizar un sistema de alianzas con las “oligarquías locales” que hiciese factible el Estado nacional. Las
probabilidades de éxito para imponer un orden nacional, estuvieron condicionadas tanto por la “situación de
mercado” regida por el grupo que controlaba las exportaciones – monopolio de los puertos, dominio del sector
productivo fundamental, etc.-, como por la capacidad de algunos sectores de las clases dominantes de consolidar un
sistema político de dominio. En este sentido la organización de una administración y de un ejército nacional, no local
o caudillesco, fue decisiva para estructurar el aparato estatal y permitir la transformación de un poder de facto en
una dominación de jure, proceso que. alcanzaron, en épocas diversas, con mayor o menor similitud, Portales en
Chile, Rosas en Argentina y la Regencia en Brasil, para citar sólo algunos ejemplos. El mayor o menor éxito de las
economías nacionales en esta situación dependía, desde el punto de vista económico de: 1] la disponibilidad de un
producto primario capaz de asegurar, transformar y desarrollar el sector exportador heredado de la colonia; 2]
abundante oferta de mano de obra; y 3] disponibilidad de tierras apropiables. De estos elementos, los dos últimos
constituyen los factores productivos esenciales para la formación directa de capitales, puesto que la acción de los
empresarios sobre ellos les permitía capitalizar independientemente de "las decisiones de ahorro". Es fácil
comprender, en estas circunstancias, que el problema de la expansión de la economía exportadora era a nivel local
menos económico que político. E efecto, asegurar la apropiación de la tierra y el dominio de la mano de obra -por
medio de la esclavitud de la inmigración o, en las antiguas colonias más densamente pobladas, oponiendo
obstáculos a la integración de la mayoría de los antiguos colonos al sistema de propiedad-, constituían los problemas
básicos para los grupos locales dominantes. A fin de lograr el éxito en esta tarea -era fundamental pactar con los
grupos de propietarios marginales al sistema exportador, de tal modo que asegurasen el orden en los latifundios
improductivos, o de escasa productividad que constituían sus dominios. Así, no sólo se hacía factible el control
político nacional que el grupo exportador, dada la precaria administración disponible, no habría tenido medios
técnicos para ejercer de otra manera, sino que al mismo tiempo se impedía el acceso a la propiedad a los colonos
pobres, a los inmigrantes o a los "libertos" en las áreas esclavistas, etcétera. De este modo queda puesta de
manifiesto la relación entre el grupo "moderno", constituido por los sectores de la economía exportadora, y el grupo
“tradicional”. Si es cierto que los primeros constituían el sistema nacional en torno a sus intereses, no lo es menos
que de sus propios objetivos surgía una alianza con los segundos. Sin embargo, las diferencias entre ambos grupos
no desaparecen con esta alianza las oligarquías locales lucharon muchas veces contra la hegemonía de los grupos
exportadores para asegurarse una mejor participación en la distribución de la renta.13 Sin embargo, el perfil de la
estructura nacional de dominación sólo se comprende cuando se concibe a los grupos de exportadores -plantadores,
mineros, comerciantes y banqueros-, ejerciendo un papel vital entre la economía central y los "tradicionales"
sectores agropecuarios. Ese sistema quedaría puesto de manifiesto a través de las funciones del aparato estatal,
donde se hace evidente el pacto, entre los grupos dominantes de cuño modernizador y los grupos dominantes de
cariz tradicional, con lo que se evidencia la ambigüedad de las instituciones políticas nacionales. Estas obedecerán
siempre a una doble inspiración, la de los grupos "modernizadores", a que da el propio sistema económico
exportador y la de los intereses oligárquicos regionales; estos últimos suelen oponerse a que el paternalismo
dominante se transforme en un burocratismo más eficaz. En el plano político, la historia de los países
latinoamericanos también encierra contradicciones entre ambos sectores dominantes. Estas contradicciones se
acentúan en la medida en que, ya entrado el siglo xx, el éxito del modelo exportador de integración a la economía,
mundial permitió que en algunos países se sumasen a la economía nacional nuevos sectores, como el urbano-
industrial, el comercial urbano y el de servicios. Desde entonces, las clases medias empezaron a propiciar reformas
en el orden político, actitud que permitía la eclosión de las .divergencias entre los grupos dominantes.14 En términos
generales, la situación descrita implica condiciones bien definidas de integración del sistema político y el sistema
económico, cuyos principales rasgos son los siguientes: a] El control del proceso productivo se da en el ámbito de la
nación periférica en un doble sentido: i] como los estímulos del mercado internacional dependen de las “políticas
nacionales” en cuanto a los productos de exportación, las decisiones de inversión "pasan" por un momento de
deliberaciones internas de las que resulta la expansión o la retracción de la producción; ii] ello significa que el capital
encuentra su punto de Partida y su punto final en el sistema económico interno.15 Esa segunda condición de
control, relacionada con la primera (política de inversiones) es fundamental para obtener una relativa autonomía de
decisiones de producción, porque representa la posibilidad de existencia real de grupos empresariales locales. b] Sin
embargo, la comercialización de los productos de exportación depende de condiciones (precios, cuotas, etc.)
impuestas en el mercado internacional por quienes lo controlan a partir de las economías centrales. c] La viabilidad
de la integración económica de las economías locales -al mercado mundial como economías dependientes, pero en
desarrollo, se relaciona estrechamente con la capacidad del grupo productor criollo para reorientar sus vínculos
políticos y económicos en el plano externo y en el plano interno. i] En el plano externo las condiciones de
negociación son determinadas por el sector financiero y comercial de las economías centrales y sus agentes locales,
lo que supone la reorientación del aparato comercializador de las economías locales de tal modo que liquiden los
“intereses coloniales” en beneficio de los nuevos núcleos dinámicos del capitalismo que emerge, con la consiguiente
alteración de las alianzas políticas internacionales. ii] En el plano interno se establece básicamente el “orden
nacional” y se crea un Estado a través de luchas y alianzas con las oligarquías excluidas del sector exportador, o que
desempeñaban en él un papel secundario. Se forma así una alianza entre lo que sociológicamente se podría llamar la
"plantación" o la hacienda moderna, con su expresión urbana y sus grupos comerciales y financieros, y la “hacienda”
tradicional. Fueron ésas las dos formas básicas de la estructura social, que durante el período comprendido entre el
fin de la "anarquía" (1850) y la crisis del modelo de crecimiento hacia afuera (1930), constituyen los pilares de la
organización social y política de los países incorporados al mercado mundial a través del control nacional de las
mercancías de explotación.
LAS ECONOMÍAS DE ENCLAVE
Los grupos económicos locales no siempre pudieron mantener su control o su predominio sobre el sector
productivo. En efecto, en determinadas circunstancias, la economía de los países latinoamericanos también se
incorporó al mercado mundial a través de la producción obtenida -por núcleos de actividades primarias controlados
en forma directa desde fuera. Esa situación se produjo en condiciones distintas, y con efectos sociales y económicos
diversos según el grado de diferenciación y de expansión lograda inicialmente por las economías nacionales. Parece
que el caso más general de formación de enclaves en las economías latinoamericanas expresa un proceso en el cual
los sectores económicos controlados nacionalmente, por su incapacidad para reaccionar y competir en la producción
de mercancías que exigían condiciones técnicas, sistemas de comercialización y capitales de gran importancia fueron
paulatinamente desplazados. En un polo opuesto, sin embargo, se dieron situaciones en las cuales el proceso de
formación de enclaves estuvo directamente en función de la expansión de las economías centrales; así ocurrió en
países donde los grupos económicos locales sólo habían conseguido organizar una producción incorporada apenas
marginalmente al mercado mundial, como fue el caso de las naciones continentales del Caribe. En los dos casos, sin
embargo, el desarrollo económico basado en enclaves pasa a expresar el dinamismo de las economías centrales y el
carácter que el capitalismo asume en ellas con independencia de la iniciativa de los grupos locales. También en
ambos casos, aunque en distinta forma, los enclaves productores llegaron a ordenar el sistema económico nacional y
a imprimirle características comunes. En efecto, a partir del momento en que el sistema productor local ya no puede
crecer independientemente de la incorporación de técnicas y capitales externos,16 o de su subordinación a sistemas
internacionales de comercialización, el dinamismo de los productores locales comienza a carecer de significación en
el desarrollo de la economía nacional. En esas condiciones, los productores locales pierden en gran parte la
posibilidad de organizar dentro de sus fronteras un sistema autónomo de autoridad y de distribución de recursos.
Como ya vimos, tal situación se produjo en forma más aguda cuando en el sistema capitalista mundial se
reorientaron las formas de relación entre la periferia y el centro. Entonces el control financiero y comercial -que
hasta fines del siglo XIX caracterizaba al capitalismo europeo fue sustituido por formas de acción económica que
orientaban las inversiones hacia el Control de los sectores de producción del mundo periférico considerados
importantes, real o potencialmente, para las economías centrales. También en esta fase, la relativa autonomía del
nuevo centro hegemónico mundial -la economía norteamericana- con respecto a muchos productos primarios y su
empuje inversionista, limitaron la expansión de las economías latinoamericanas ligadas al comercio mundial por
intermedio del mercado norteamericano más de lo que había ocurrido con las economías vinculadas al sistema
importador europeo. Económicamente, la incorporación al mercado mundial del sistema exportador de estos países
a través del impulso dinámico de enclaves externos supuso, en la economía local, la formación de un "sector
moderno”, que era una especie de prolongación tecnológica y financiera de las economías centrales. En la medida en
que las economías locales tendieron a organizarse en torno a este tipo de sistema productivo, presentaron. en grado
elevado características que hacían compatible un relativo éxito del sistema exportador con una gran especialización
de la economía y fuertes salidas de excedentes. En estos casos, el éxito del crecimiento hacia afuera no siempre
logró crear un mercado, interno, pues llevó a la concentración de ingresos en el sector de enclave. En estas
situaciones de enclave, cabe distinguir dos subtipos: el enclave minero y las plantaciones. La diferencia entre ellos,
radica en que las técnicas y las condiciones de producción de ambos tienen consecuencias distintas por lo que a la
utilización de mano de obra se refiere, a la productividad alcanzada y al grado de concentración de capital requerido.
Así como en el enclave tipo plantación se emplea mucha mano de obra y puede darse poca concentración de capital,
en los enclaves mineros es reducido el nivel de ocupación y elevada la concentración de capital, aunque, en ambos
casos, el enclave presenta cierta tendencia a un bajo nivel de distribución del ingreso desde el punto de vista de la
economía nacional. En el enclave minero, hay expansión de la producción, pero existe una tendencia favorable a
pagar salarios diferenciados en beneficio del sector obrero especializado, sin afectar al sector de la economía
orientada hacia el mercado interno. En el enclave agrícola, en cambio, la expansión y la modernización de la
economía lleva a ocupar las tierras disponibles -afectando la economía de subsistencia y hasta la producción para el
mercado interno- sin que existan presiones acentuadas en demanda de un elevamiento de los salarios, pues en este
caso se necesitará más mano de obra no calificada, la que siempre suele ser abundante. De ahí que las
consecuencias políticas y sociales de las dos situaciones estén condicionadas de manera diferente. Desde el punto de
vista del sistema social y político, el desarrollo a través del enclave económico tiene consecuencias distintas de las
que se daban en el modelo de desarrollo basado en el control nacional del sistema productor. Las alianzas entre los
grupos y clases que lo hicieron posible expresan asimismo las características que este tipo de desarrollo acentúa en
la estructura local de dominación y, en sus vinculaciones con el exterior. En: este sentido es preciso distinguir
inicialmente las dos situaciones polares en que se dio el proceso de enclave de las economías latinoamericanas que
siguieron este modelo: por un lado, la existencia previa de un grupo exportador nacional que perdió el control del
sector y, se incorporó al mercado mundial a través del enclave; por el otro, el caso en que prácticamente el
desarrollo de la producción para la exportación en gran escala fue resultado directo de la formación de enclaves. En
esta última situación, los enclaves coexisten con sectores económicos locales de reducida gravitación en el mercado,
controlados por oligarquías "tradicionales", que carecían de importancia como productores capitalistas. En ambos
casos, los problemas que se presentaban desde el punto de vista nacional eran como en la situación antes descrita,
el de la definición de las bases y condiciones de continuidad en la estructura local de dominación y el de la
determinación de los límites de participación de los grupos que la constituían en el sistema productivo de nuevo tipo
que representaban los enclaves. De igual modo, también en cualquiera de los dos casos, las alianzas políticas
requeridas tenían doble vinculación con el sector externo, representado por las compañías inversoras; con el sector
interno en la medida en que algún grupo, por sí solo o aliado con otros lograba constituir un sistema de poder y
dominación lo bastante fuerte y estable para pactar con el sector externo las condiciones en las cuales se aceptaría
nacionalmente la explotación económica de los enclaves. En la determinación de esas condiciones, las posibilidades
de autonomía relativa de los sectores internos frente a los sectores externos difieren en las dos variantes típicas de
formación de los enclaves a las que se hizo referencia más arriba. La existencia previa de una economía exportadora
local de importancia permitía a los grupos dirigentes nacionales una táctica de repliegue hacia algunos sectores
productivos y una política más agresiva en las concesiones (impuestos, reinversión obligatoria de las ganancias, etc.),
todo esto en medida históricamente variable según las condiciones del mercado y el grado de cohesión política
interna logrado por las clases dominantes locales. En el otro caso, la debilidad de las "oligarquías tradicionales" las
dejaba más desamparadas frente a los “sectores externos” transformándolas muchas veces en grupos
patrimonialmente ligados a la economía de enclave en la medida en que la propia dirección de la administración
nacional pasaba a depender de la renta generada por el sector económico controlado externamente. Cuando los
grupos dominantes nacionales pudieron mantener, por lo menos en parte, el control del proceso productivo, y
dentro del propio sistema establecieron formas de alianza o enfrentamiento con los sectores externos, el desarrollo
histórico asumió características en las cuales los condicionantes de la primera situación aquí descrita -desarrollo
hacia afuera con control nacional del sistema productivo-, tuvieron expresiones distintas. Los grupos comerciales y
financieros nacionales en este caso, parecen asumir un papel más acentuado en cuanto sirviesen de enlace con el
sector externo, ya que los agropecuarios y mineros habrían perdido significación en la medida en que su acción
económica se limitaba a satisfacer la demanda del mercado interno. Por otra parte, con frecuencia fue posible
orientar la actividad de los sectores de las clases dominantes hacia el ejercicio de funciones más políticas y
administrativas que económicas, pues el sistema de alianzas de los grupos y clases a que ya se hizo referencia
fortaleció a menudo las funciones reguladoras del Estado, creándose así una importante burocracia mantenida
gracias a los impuestos cobrados al sector enclave. En los casos de mayor éxito del modelo de exportación hacia
afuera a través de enclaves, alrededor de la burocracia pública se fue formando una clase media de tipo burocrático
que, junto con las oportunidades de empleo creadas por los sectores importador y financiero, constituía el germen
de las clases medias "tradicionales" -esto es, no surgidas de la expansión del sector industrial, moderno- en aquellos
países latinoamericanos que se desarrollaron según este tipo de patrones. En los países que carecieron de una clase
productora con posibilidades o capacidades que le permitieran redefinir su posición en la estructura productiva
requerida por los enclaves, los grupos dominantes locales, como hemos visto, se limitaron a un papel secundario en
el sistema productivo. En ese caso, los trazos descritos más arriba se diluyen de tal modo que el perfil de la
estructura social aparece constituido sólo por una masa de asalariados -menor o mayor según sean las economías
mineras o agrarias- y por una reducida oligarquía que logra controlar el aparato burocrático y militar, junto a un
sistema de latifundio improductivo, a su vez controlado indirectamente por la misma oligarquía y directamente por
"caciques" locales. Puede decirse, en síntesis, que en las economías internas al mercado mundial a través de
enclaves, abstracción hecha de la permanencia de grupos económicos nacionales de cierto relieve, los sistemas
económico y político se interrelacionan de la siguiente manera: a] la producción es una prolongación directa de la
economía central en un doble sentido: puesto que el control de las decisiones de inversión depende directamente
del exterior, y porque los beneficios generados por el capital (impuestos y salarios) apenas "pasan" en su flujo de
circulación por la nación dependiente, yendo a incrementar la masa de capital disponible para inversiones de la
economía central.
b] no existen realmente conexiones con la economía local -con el sector de subsistencia o con el sector agrícola
vinculado al mercado interno-, pero sí con la sociedad dependiente, a través de canales como el sistema de poder,
porque ella define las condiciones de la concesión.
c] desde el punto de vista del mercado mundial, las relaciones económicas se establecen en el ámbito de los
mercados centrales.