ENSAYO SOBRE PRÁCTICA DOCENTE
Ejemplo de ensayo sobre práctica docente. Este es un ensayo expositivo que habla sobre los
problemas que existen en los procesos de aprendizaje entre maestros y alumnos
Título del ensayo: La práctica docente y sus problemas
más comunes
Tipo de ensayo: Ensayo expositivo
Largo: 473 palabras Tema: Práctica docente
La práctica educativa que forma parte de la actividad de cualquier docente debe tratarse
de un proceso dinámico y reflexivo. Esto es sumamente importante, pues tiene que existir
una interacción adecuada entre los alumnos y maestros, en la cual se tomen en cuenta todos
los eventos y acontecimientos que conforman la realidad de un país. Pensando en esto, el
presente ensayo está dedicado a analizar la práctica docente, incluyendo aquellas variables
pedagógicas que están involucradas en su papel en el salón de clases.
En primer lugar, la mayoría de centros educativos aspira a impartir una enseñanza de
calidad. En otras palabras, los alumnos deben ser capaces de adquirir las habilidades y
competencias necesarias para la vida cotidiana, facilitando su desenvolvimiento y
contribuyendo con su desarrollo. Todo esto los ayudará a tomar mejor dediciones,
resolviendo adecuadamente aquellos problemas que se presenten en su camino.
Debido a lo anterior, no cabe duda que las acciones de los docentes tienen una
repercusión directa en la formación de los niños y jóvenes. Esto quiere decir que la
evaluación de sus capacidades es un requisito para mantener un buen nivel de enseñanza.
Por un lado se encuentra su actualización, que tiene que llevarse a cabo anualmente para
evitar el uso de métodos o conocimientos desfasados. Mientras que los cuestionarios que
muchas veces deben responder los alumnos sobre su desempeño, resultan insuficientes y
solo brindan una opinión parcializada al respecto.
Formas de remediar esto están basadas en la trasformación de la práctica docente,
incorporando nuevas técnicas y plataformas pedagógicas. Por orden de importancia, es
conveniente empezar con los procesos de aprendizaje dentro de los salones. Está
demostrado que el éxito de una clase está relacionado con el tipo de actividades que se
realizan entre los profesores y los estudiantes, como los trabajos grupales que son guiados.
En este caso, por ejemplo, los alumnos involucrados han conseguido entusiasmarse más
rápido, superando el rechazo que desarrollan hacia ciertas materias.
Promover la alfabetización es otro aspecto que no debe ser dejado de lado. Esto es
especialmente relevante en los primeros años de estudio, cuando los alumnos recién están
aprendiendo las características del lenguaje y cómo emplearlo. En esta etapa, los docentes
deben priorizar la escritura y lectura, enseñando de una manera efectiva y escogiendo obras
que no resulten aburridas. Esto ayudará a que los estudiantes entiendan cómo funciona el
mundo, además de crear un mejor entorno para la comunicación con el maestro.
Finalmente, solo queda decir que la práctica docente debe estar acompañada de
reflexión y responsabilidad. Los profesores tienen que ser conscientes de que están
encargados de educar a las nuevas generaciones, y que de sus capacidades depende el
futuro de la sociedad. No pueden permitir que la resistencia al cambio interfiera con su
rendimiento en el salón de clases, y deben estar dispuestos a dejar un espacio para la
discusión.
REFERENCIAS
– Jesús María Nieto Gil. “Estrategias para mejorar la práctica docente”.
– Pedro Gallardo Vázquez. “Teorías del aprendizaje y práctica docente”.
LA PRÁCTICA DOCENTE,
ENTRAMADOS Y REPERCUSIONES
Detalles
Categoría: Artículos sobre educación
Publicado: 29 Noviembre 2014
Visto: 18080
Blanca Lilia Téllez Aréyzaga
Raymunda Leticia Trejo Hernández
Pedro Emilio Guzmán Cervantes
Escuela Normal de Coacalco
Ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional de Transformación Educativa
RESUMEN
La práctica docente es una praxis social que enfrenta situaciones, eventos y personas,
donde intervienen sentidos y significados, producto de las relaciones que en ella se dan. En
el hacer diario de la práctica docente los maestros enfrentan retos, uno de ellos en la
actualidad son las exigencias que desde las políticas educativas han asignado a los maestros
“cambiar sus propias prácticas docentes”, por ser una necesidad consecuencia de la
modernidad del siglo XXI.
México asumiendo la responsabilidad que dicta ésta modernidad, plantea una reforma
educativa en la que deposita al maestro la responsabilidad de transformar e innovar la
educación, asumiendo que la reforma educativa planteada funcione al margen de las
propias debilidades formativas, al parecer ajenas a los requerimientos que la actualidad
exige posean los docentes.
La nueva orientación pedagógica parece apostar a la autogogía; es decir a educarse a sí
mismo, mediante el autoaprendizaje, la autoformación, la autodisciplina, la autoevaluación
y la autogestión, las normas que se establecen en las nuevas políticas educativas
internacionales parecen tener un marcado acento de adaptación a las reglas del juego, más
que de posibilidad de discutir su racionalidad o su sentido.
Transformar las prácticas no es algo que se dé por decreto, ya que como sujetos
históricos con saberes docentes producto de la formación, las resistencias para modificar
nuestro hacer se hace presente, cambiar la práctica docente implica una ruptura con la
tradición y la costumbre como alternativa, y renunciar a las pulsiones formativas; porque
reconocernos es permitirnos conocer, comprender y hacer con otros tareas que nos
permitan resignificar la propia práctica docente para seguir vigente y no permitirnos
caducar. La confrontación que se da en el hacer diario de la docencia nos brinda la
posibilidad de dialogar y acordar, afrontando la perversidad de algunas políticas educativas
que continuamente desacreditan a los docentes.
INTRODUCCIÓN
Conceptualizar el término de práctica docente no es sencillo, ya que en ella se
encuentran contradicciones porque se mueve entre la política educativa y el hacer de los
docentes en el vivir diario cara a cara con la docencia; de compartir con los alumnos
situaciones académicas, pero también familiares, económicas, políticas y sociales.
La práctica docente es una praxis social, es decir, un contacto directo con situaciones,
eventos o personas que la hace objetiva al ser intencional, porque en ella intervienen
significados, percepciones y acciones de todos aquellos implicados: alumnos, padres de
familia, docentes, directivos; además de asuntos políticos, institucionales, laborales,
administrativos, normativos, entre otros. “ La práctica docente, por su conformación, es
heterogénea e histórica y concreta los significados de que se han apropiado los profesores
durante su vida profesional” (Fregoso)
Los docentes, en su práctica como un ejercicio cotidiano, dan cuenta día a día de los
éxitos y desventuras que tienen al ejercerla y también la posibilidad para mostrar sus
capacidades de reflexionar su hacer. La práctica docente implica un sinfín de relaciones; la
primera de ellas, fundamental para ejercerla, es la del maestro con sus alumnos y, con ello,
el desprendimiento hacia otras relaciones como lo son las de sus padres, amigos, otros
compañeros maestros, directivos grupos gremiales y comunidad. Todas esas relaciones
conforman y forman al docente en el tiempo y el espacio; la tarea que la sociedad y las
políticas educativas han dado a los docentes hacen que continuamente éstos tengan que
modificar su práctica, a veces el cambio es natural, pero otras el cambio somete al docente
en conflicto cognitivo y emocional fracturando su proceso intencional de formación al no
encontrar claridad y explicación ante las nuevas formas que se dice deben ser las prácticas
de los docentes: incertidumbre al pensar que sus habilidades, capacidades y, muy de moda,
hoy sus competencias no le permitan formar al tipo de hombre que requiere la modernidad,
el mundo globalizado y la actual sociedad del conocimiento del siglo XXI.
LA PRÁCTICA DOCENTE ENTRAMADOS Y REPERCUSIONES
El trabajo del maestro se fundamenta principalmente en las relaciones, éste se moviliza
por la gestión1 compleja que se da en la vida cotidiana de todos y cada una de las personas
que se relacionan en el espacio escolar y donde la práctica educativa cobra sentido y
significado. “La profesión docente es una función compleja, de clara significación social
cuyo sentido y significado no está claramente definido en tanto hay tantos conceptos
relativos e ella como concepciones acerca de la educación podamos encontrar” (Suñer, pág.
128). Cada evento de la práctica educativa es un motivo para entender, comprender,
analizar y reflexionar, porque dependerá del lugar, espacio, tiempo, posición en la que se
encuentran cada uno de los actores para interpretar o reinterpretar el hacer de la práctica
docente en la vida cotidiana.
El espacio educativo es un lugar de conflicto en el que se juegan luchas de poder y
donde las pulsiones personales o formativas no se hacen esperar cuando las relaciones entre
los sujetos se dan. La posición de cada uno de ellos le hacen actuar desempeñando
diferentes roles según momentos y espacios, también haciendo diferencias entre unos y
otros por el vínculo afectivo o laboral en el que se encuentren y, son ahí donde las palabras
con los discursos de cada uno de los sujetos cobran sentido. “Los trabajos de Agnes Heller
sobre la vida cotidiana, con su esfuerzo por rescatar las tramas de sentidos cotidianos,
donde los sentimientos y las emociones tienen un enorme peso” (Cullen, 2007, pág.
15), los significados que cada uno de los docentes posea respecto a la práctica docente no
se hacen esperar ya que determina el tipo de acciones que realiza en el actuar regulado por
lo que cada profesor cree, sabe y supone.
Conocer y comprender desde las creencias y actuaciones de cada una de las personas
que conforman una institución educativa, es atender a la dimensión institucional para
entretejer verdades y develar los sentidos y significados que les mueven para actuar con ella
o en ella; ya que, el actuar de cada una de las personas en una institución es siempre
intencional, sea esta laboral o personal. Las conductas en el actuar de éstas, en ocasiones, se
repiten entre los grupos que integran a la institución; otras tantas el actuar entre grupos
difiere de tal manera que dificultan los procesos o dinámicas que se establecen desde las
figuras de poder o incluso desde la política educativa, de ahí la necesidad de referirlos
cuando se habla de la práctica educativa, ya que son las relaciones las que posibilitarán o no
los programas educativos, los proyectos institucionales e incluso el éxito o fracaso de una
reforma educativa.
La realidad docente de una institución educativa depende de la percepción que haga
cada uno de los involucrados en ella, de los saberes e intereses que les trastoque y la
participación que tengan, buena o mala, dependerá del lugar y situación que viva en ella., la
realidad para algunos será perversa, mientras que para otros será considerada justa. En
ocasiones esas diferencias entre grupos generan en las instituciones conflictos que provocan
crisis y con ello perturbación, inestabilidad, conmoción, dejando al descubierto situaciones
producto a veces de luchas desleales que sin duda y de cualquier forma obligan a hacerse
cambios. La crisis que se vive es una condición para el cambio.
Cambiar desde ésta mirada pareciera ser un evento natural y obligado cuando las
relaciones se dan entre los sujetos, sin embargo, considero necesario repensar el hacer de la
práctica docente, donde el cambio es una condición necesaria y obligada para
transformarnos, no sólo por los eventos comunes que surgen en las relaciones de la vida
cotidiana, sino porque existen propósitos claros hacia un bien común, propiciando
intervenciones e ideas nuevas para que nuestro actuar sea innovador a favor del bien de una
sociedad renovada, ya que, como bien expresaba Heidegger en las huellas de Nietzsche, “lo
mismo no es igual”.
El cambio es una ruptura con la tradición, con la costumbre. Ser docente vigente reta o
provoca desafiar la propia formación, vivir el duelo movilizándose, no permitirse caducar
ante las nuevas propuestas curriculares, reflexionar nuestras pulsiones formativas para
incorporar las innovaciones, debatirse y competir entre lo que sé es, producto de la
formación y lo que se exige; el escenario está claro, representar el papel requiere voluntad,
actitud, decisión y esfuerzo.
La práctica docente está inmersa en un continuo cambio por el entramado de
situaciones de la vida cotidiana que se presentan por medio de las relaciones y donde el
diálogo es una posibilidad para enfrentar las crisis. Es con el diálogo donde las personas
aclaramos situaciones, malos entendidos, desencuentros; también dialogando construimos,
acordamos, entramos en razón, “por medio del diálogo, los maestros irán recuperando los
dos grandes elementos que sirven de punto de partida para el trabajo: su experiencia y su
saber pedagógico” (Fierro, 2006, pág. 27)
La dimensión personal del docente permite reconocer al sujeto como un ser conformado
por su historia, marcado por el transitar de su vida en sociedad, elemento que sirve para
comprender las razones que le han llevado al ejercicio de la docencia y lo que inspira su
hacer en ella. Las inspiraciones que le invitan al maestro a tomar posición frente a las
relaciones y sucesos de la vida cotidiana de una institución educativa es colectiva y, en ella
se comparten saberes docentes, normas, tradiciones, costumbres, reglas y valores.Se puede
pensar como el Marqués de Lampedusa “que todo cambie para que todo siga igual”, pero
en ocasiones las reformas acaban fracasando si no hay un verdadero cambio en las escuelas,
empezando por el profesorado: y en ello tiene un valor primordial el hecho de que se le
haya tenido en cuenta y se sienta como colectivo profesional, y como individuo partícipe
activo de la propia reforma y lo que ella signifique”. (Molina, 2010, pág. 137); el
profesorado como agente fundamental de cualquier reforma educativa tiene el derecho de
hacerse escuchar, para que asuma el cambio como suyo, “en palabras de Hargreaves, la
idea de la voz de los profesores se refiere, en un sentido político, al derecho de hablar y a
estar representado…. Y en ocasiones ni se siente representado ni partícipes activos de las
reformas que se anuncian” (Molina, 2010, pág. 133)
Cada uno de los involucrados en el entramado de la práctica educativa posee una
personalidad singular para ejercer la docencia, sin embargo, ser diferentes no es sinónimo
de indiferencia porque las repercusiones podrían ser lamentables para la educación de
cualquier país cuando “ el auge de las sociedades del conocimiento exige que se anuden
nuevos vínculos entre el conocimiento y el desarrollo, ya que el conocimiento es tanto un
instrumento para satisfacer las necesidades económicas como un componente pleno de
desarrollo” (UNESCO, 2005)
La experiencia que pueda poseer cualquier docente, producto del ejercicio de la
práctica, es, sin duda, un valor agregado al saber pedagógico ya que, es en el ejercicio
donde el docente tiene la oportunidad de convertirse en experto. El saber pedagógico no
sólo son los conocimientos teórico conceptuales, sino también incluye el saber hacer, así
como saber por qué se hace.
El docente visto como un sujeto social que piensa, siente y decide nos obliga a
reconocer que puede comprometerse con la propuesta o contraponerse a ella con acciones
que pueden provocan resistencias, rechazo o aceptación de las nuevas formas planteadas en
planes y programas, por lo que lo más difícil para que la actual reforma educativa de
formación de docentes sea operada conforme a los ideales de sus diseñadores, es lograr que
los formadores de docentes de las Escuelas Normales quieran y generen una actitud de
cambio.
El asunto entonces que debiera ocuparnos es ¿cómo lograr que los formadores de
docentes quieran y generen cambios en sus prácticas? Los docentes “son actores que tienen
un rol central que jugar y, ese rol, depende de mayor o menor grado en que se sientan,
ejerzan y sean reconocidos como profesionales de la educación” Avalos 1999 citado
en (Aguerrondo, 2002, pág. 98), reconocimiento que en algunos documentos de la propia
política educativa no se han dejado escuchar, un ejemplo de ello es la alianza por la calidad
de la educación “más que reforma representa un acuerdo de intereses con todas sus
negativas implicaciones, así como la pérdida de las conquistas laborales de los maestros
que serán víctimas de una enfermiza y excluyente política evaluadora” (Delfino, 2011, pág.
192). Para querer cambiar las propias prácticas es necesario reconocer las historias
formativas de cada uno de los docentes, conocer las formas en las que se han insertado las
diversas reformas educativas para la formación de docentes en México, pero sobre todo
confiar que los docentes, como profesión de Estado que somos , siempre nos hemos
asumido a los intereses que nos han dictado las propias políticas educativas, pero que no
somos los únicos culpables de los resultados obtenidos en evaluaciones de orden
internacional, ¡mira a los maestros y sus condiciones laborales y profesionales!,
condiciones que el propio sistema ha legitimado y desprestigiado cuando así conviene a sus
intereses.
CONCLUSIONES
Los docentes en su práctica docente, dan cuenta de éxitos y desventuras.
El cambio somete al docente en conflicto cognitivo y emocional fracturando su proceso
intencional de formación.
El espacio educativo es un lugar de conflicto en el que se juegan luchas de poder y
donde las pulsiones personales o formativas no se hacen esperar cuando las relaciones entre
los sujetos se dan ya que el actuar está regulado por lo que cada profesor cree, sabe y
supone.
El tipo de relaciones que se dan en las prácticas docentes posibilitan o no programas
educativos, proyectos institucionales e incluso el éxito o fracaso de una reforma educativa.
El cambio es una condición necesaria y obligada para transformarnos, rompiendo con la
tradición y la costumbre sí de mejorar la práctica docente se trata.
El diálogo entre las prácticas docentes, es un potencializador para rescatar las
experiencias y los saberes pedagógicos, que les convierte en expertos.
Para lograr que los formadores de docentes quieran y generen cambios verdaderos, es
conveniente que sean reconocidos valorando sus saberes docentes y evitando ser blanco
para los medios de comunicación que se encargan de satanizar la labor.
Ser docente vigente reta o provoca desafiar la propia formación, porque para ello se
requiere voluntad, actitud, decisión y esfuerzo para movilizarnos, comprometernos y
cambiar mejorando la práctica docente.
La historia de la educación en México con sus políticas educativas, ha legitimado y
desprestigiado la práctica de los docentes cuando así a convenido a sus intereses.
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Notas
1. Entiéndase gestión como los procesos de decisión, negociación y acción comprometida
que se da en las instituciones educativas como lo son las Escuelas, por parte de las personas
que en ella intervienen.