Este monólogo interior refleja los sueños y las frustraciones de un personaje que intenta
superar el miedo que le provoca el hecho de estar en la cárcel acusado de homicidio.
El personaje en ningún momento se rebela contra la situación que atraviesa hasta el punto
que acepta como algo natural la injusticia.
Este conformismo se debe a que es su espíritu el que está realmente prisionero. “Me quedo
así quieto”. Estoy esperando”. “No tengo que pensar”.
Su rechazo a pensar “ es cuestión de no pensar en nada” muestra claramente que la única
solución para la injusticia que padece está en huir de la realidad, pero nunca en criticarla
para cambiarla.
Muy significativa de esta manera de ser es la ilusión del personaje sobre la libertad que
todavía conserva, a pesar de que está encerrado en una celda. Si cualquier persona en esa
situación cree que goza de libertad quizá se deba a que no conoce la verdadera libertad.
“Puedes hacer un dibujo distinto aunque siempre hayas dibujado mal”.
E n este texto se aprecia cómo se puede conseguir este sometimiento de la personalidad, vive
su encierro como una liberación. La variación de la voz del protagonista, que alterna la
segunda persona (“Tú no la mataste”) con la primera (“Yo no la maté”) denota que se empeña
en distanciarse de los miedos que lo agobian, de manera que en el empleo de la segunda
persona hay una intención en analizar los hechos como si le pasaran a otro.
Las frases breves: “ Tú no la mataste”. ” Estaba muerta”. “ Yo la maté” indican la profusión de
pensamientos y obsesiones que se acumulan en poco tiempo en nuestro cerebro y la rapidez
con que se suceden.
El efecto que consiguen las repeticiones ( No pensar . No pensar. No pienses. No pienses en
nada) es mostrar cómo la reflexión del hombre depende en primer lugar de sus pasiones, de
modo que sólo la necesidad de comunicarse con otro hace que la razón dé forma al discurso.
El paralelismo: “Es cuestión de no pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer otro
dibujo” permite que un sentimiento , de angustia en este caso, se vuelva más intenso al
mostrarlo a través de un grupo de ideas relacionadas y ordenadas.
El empleo enfático de los pronombres personales: “Tú no la mataste. (...) Yo la maté. (...). Tú
no la mataste. (...) Yo no fui”; “y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada”; “el dibujo que
tú quieras hacer” sirve para destacar aún más una idea, refleja aquí lo difícil que le resulta al
protagonista aceptar sus propias razones, como si él mismo se diera cuenta de que está
intentando engañarse.
Finalmente, la paradoja: “Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo la maté”. Con este recurso, se
exteriorizan las contradicciones que el miedo hace surgir en la mente del personaje,
contradicciones tan vivas que lo impulsan incluso a cargar con una culpa ajena.