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Eliseo y el Milagro del Hacha Flotante

El documento resume un pasaje bíblico donde Ben-Hadad, rey de Siria, sitió Samaria y causó un gran hambre. Luego, relata un milagro donde Eliseo hace flotar un hacha que se cayó al río Jordán para ayudar a un estudiante profeta. Finalmente, menciona que Eliseo advertía al rey de Israel sobre los movimientos del ejército sirio para que pudiera evitarlos.

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Eliseo y el Milagro del Hacha Flotante

El documento resume un pasaje bíblico donde Ben-Hadad, rey de Siria, sitió Samaria y causó un gran hambre. Luego, relata un milagro donde Eliseo hace flotar un hacha que se cayó al río Jordán para ayudar a un estudiante profeta. Finalmente, menciona que Eliseo advertía al rey de Israel sobre los movimientos del ejército sirio para que pudiera evitarlos.

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2 Reyes 6

Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió


24

todo su ejército, y subió y sitió a Samaria.


Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel
25

sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta


piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de
palomas por cinco piezas de plata.

2 Reyes 6:1-25

Continuamos hoy nuestro estudio del capítulo 6 de este Segundo Libro de Reyes, que apenas
logramos comenzar en nuestro programa anterior. En realidad, solamente hicimos una
introducción. Y vimos que Eliseo fue un hombre destacado. Establecimos un contraste entre él
y Elías. Elías, por ejemplo, era extrovertido, pero Eliseo era introvertido. Mencionamos
también que el ministerio de Elías era público y recordamos lo que sucedió en el monte
Carmelo, mientras que el ministerio de Eliseo era más bien privado, como lo vimos en su
manera de tratar a Naamán, el general del ejército sirio. Elías hizo lo espectacular, al hacer
descender fuego y lluvia, pero Eliseo fue un individuo más bien, de pocas palabras. Elías trató a
príncipes. Eliseo, por su parte, trató a los hombres comunes y corrientes. Otra diferencia
radicó en que Elías no había muerto; en cambio Eliseo sí murió. Ahora, leamos el versículo 1 de
este capítulo 6 de 2 Reyes, que encabeza el relato del milagro de

El hacha

"Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: Mira, el lugar en que vivimos contigo es estrecho
para nosotros."

Y este episodio revela la popularidad de Eliseo. Eliseo enseñaba en un Seminario Teológico, es


decir, en la escuela de los profetas. Ahora, la escuela crecía en número de alumnos y
necesitaban un lugar más amplio. Y esto sin duda se debió a la presencia y a lo muy conocido
que era Eliseo. Es que, él era un gran profesor. Veamos ahora lo que hicieron y dijeron, con el
propósito de ampliar las instalaciones de la escuela. Leamos ahora el versículo 2 de este
capítulo 6 del Segundo Libro de Reyes:

"Vayamos ahora al Jordán, tomemos cada uno una viga y hagamos allí un lugar donde habitar.
Id, pues, respondió Eliseo."

En contraste con la situación actual, los estudiantes de aquel tiempo construyeron su propia
escuela y al salir a trabajar, Eliseo les estimuló a ir. Dice el versículo 3:

"Te rogamos que vengas con tus siervos, dijo uno. Iré, respondió él."

Éste fue un buen toque personal. Este detalle nos da una idea sobre el carácter humano de
Eliseo. Nos revela cuan popular era entre los alumnos. Los estudiantes generalmente no
desean la compañía de sus profesores más allá de los límites del campus. Pero, ya vemos que
aquí la relación era diferente. Y leemos en el versículo 4:
"Se fue, pues, con ellos y, cuando llegaron al Jordán, cortaron la madera."

Y entonces sucedió un "pequeño" accidente que, en otras circunstancias habría sido calificado
como un incidente trivial. Dice el versículo 5:

"Pero aconteció que mientras uno derribaba un árbol se le cayó el hacha al agua, y gritó
diciendo: ¡Ah, señor mío, era prestada!"

Este incidente es interesante. Revela que Dios tiene interés en los pequeños eventos de
nuestra vida. Cuando San Pablo escribió a los Filipenses les aconsejó orar por todo, o sea que
nada quedaba excluido del ámbito de la oración, frente a la cual no hay cosas insignificantes.

La pérdida del hacha podría parecernos insignificante, pero para aquel pobre estudiante fue un
gran problema. En los tiempos de Eliseo un hacha era muy importante porque había escasez
de cualquier herramienta de hierro e incluso de armas. De los tiempos de Saúl y Jonatán se nos
dijo lo siguiente, en el Primer libro de Samuel, capítulo 13, versículo 22: "Así aconteció que en
el día de la batalla ninguno de los del pueblo que estaban con Saúl y Jonatán tenía en sus
manos una espada o una lanza, excepto Saúl y Jonatán, su hijo, que sí las tenían". O sea, que
tenían 2 espadas para todo un ejército. Así que podemos comprender que la pérdida de un
hacha era muy importante para aquel joven que, por supuesto, la había pedido prestada.

Ahora, muchos comentaristas de la Biblia han destacado el descuido de aquel estudiante,


agravado por el hecho de que la herramienta utilizada era prestada. El hecho fue que Eliseo,
siendo su profesor, no le dirigió ningún reproche. Creemos que Eliseo le absolvió de todas las
acusaciones que le han lanzado. Evidentemente siempre existía el peligro de que la cabeza de
un hacha se desprendiese de su mango y sucedió con cierta frecuencia como para que Dios
incluyera la posibilidad de este accidente en la ley de Moisés. Las instrucciones se encuentran
en Deuteronomio 19:4 y 5; "4Este es el caso del homicida que podrá huir allí y salvar su vida:
aquel que hiera a su prójimo sin intención y sin haber tenido enemistad con él anteriormente;
5como el que va con su prójimo al monte a cortar leña, y al dar su mano el golpe con el hacha
para cortar algún leño, se suelta el hierro del cabo, y da contra su prójimo y este muere. Aquel
podrá huir a una de estas ciudades y salvar su vida". El estudiante implicado en este incidente
reveló ser cuidadoso, al estar cortando la madera en la dirección correcta, sin que hubiera
nadie enfrente de él, de manera que cuando la cabeza del hacha se desprendió, cayó
directamente al río. Y el hacha era prestada porque, dada su condición, nunca hubiera podido
aquel hombre afrontar la compra de un hacha. Así que podemos imaginarnos su disgusto.
Leamos a continuación el versículo 6:

"¿Dónde cayó? preguntó el varón de Dios. Él le mostró el lugar. Entonces Eliseo cortó un palo,
lo echó allí e hizo flotar el hacha."

Otro detalle a considerar es por qué Elíseo le preguntó dónde había caído el hacha.
Seguramente lo hizo para poner en evidencia que el agua estaba embarrada, turbia, y el
estudiante sabía exactamente dónde había caído pero no podía verla como para poder
recogerla. Si el agua hubiera estado clara, entonces él mismo podía haberla recuperado
extendiendo su mano. Entonces algunos podrían haber alegado que Eliseo realmente no
realizó un milagro, porque el hacha sumergida habría podido verse fácilmente.

Éste fue entonces un verdadero milagro. No fue espectacular como otros, pero fue grande en
su simplicidad. Se nos dice que Eliseo hizo flotar el hierro, lo cual fue contrario a todas las leyes
físicas que se conocen. Un trozo de hierro que estuvo en el fondo de las aguas fangosas del río
Jordán, y que se haya levantado, restaurado al dueño, repuesto en el mango, y hecho útil y
funcional nuevamente constituyó un milagro y contiene para nosotros hoy un gran mensaje
espiritual. El ser humano se parece a la cabeza de un hacha. Se ha deslizado desprendiéndose
del mango. Ha caído. Se encuentra en un estado de depravación.

Entonces Eliseo cortó un palo y lo arrojó a las aguas, que son un símbolo de la muerte, de la
perdición del ser humano, de su lejanía de Dios, sin poder disfrutar de una vida con un
propósito, de una existencia que le satisfaga. El palo nos ilustra la cruz en la que murió
Jesucristo. El Señor descendió de los cielos para ir a esa cruz, descendió y se sumergió en las
aguas de la muerte por usted y por mí. Dijo San Pedro en su primera carta 2:24; "Él mismo
llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a
los pecados, vivamos una vida de justicia."

Mediante Cristo, estimado oyente, le es posible al hombre levantarse de las aguas de la


muerte y del juicio; puede ser colocado nuevamente en el mango del hacha, es decir, en el
plan y propósito de Dios. Como dijo el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 4,
versículo 13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". El ser humano ya no necesita vivir
una vida sin objetivos, una vida inútil, teniendo una existencia vacía y sin sentido que ha
impulsado a muchas personas al suicidio, porque pensaron que no valía la pena vivir. Estimado
oyente, por supuesto que no vale la pena vivir si uno se encuentra como aquella cabeza del
hacha, sumergida en el agua y en el fango de un río. No es hasta que Cristo nos levanta por
medio de Su cruz al morir por nosotros, y nos coloca dentro de Sus planes y propósitos, que la
vida cobra sentido y merece la pena ser vivida en toda su plenitud. Hace poco, un joven me
dijo: "Mi vida no tiene sentido, es un verdadero fracaso", y le respondí: "¡Tu vida aún no ha
comenzado y tú me estás diciendo que has fracasado!" El mayor milagro, estimado oyente, no
es el de ir al cielo en un carro de fuego, como el profeta Elías, sino llegar hasta el cielo, a la
misma presencia de Dios siendo pecadores, por haber confiado en el Señor Jesucristo. Éste es
entonces el mayor de los milagros; el ser rescatado del fango y la suciedad del mundo y recibir
una nueva vida plena de significado, vivida para Dios, y la vida eterna. Y dice el versículo 7:

"Recógela, dijo Eliseo. El otro extendió la mano y la recogió."

Y continuando con la aplicación espiritual, todo lo que hay que hacer es extender la mano de la
fe, confiar en Él, y apropiarse de esa vida, porque Jesucristo murió por usted, y resucitó para
poder levantarle y rescatarle a usted de esa condición. Continuando ahora, con este capítulo 6
del Segundo Libro de Reyes llegamos a un párrafo titulado

El peligro en Dotán

La primera frase parece el titular de un periódico, que anuncia la guerra entre dos países. Se
trata de un conflicto iniciado en los tiempos Bíblicos y que se ha prolongado en la historia.
Veamos la situación, leyendo los versículos 8 al 11:

"Estaba el rey de Siria en guerra contra Israel, y en consejo con sus siervos dijo: En tal y tal
lugar estará mi campamento. Entonces el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: No pases
por tal lugar, porque los sirios van hacia allá. De manera que el rey de Israel enviaba gente a
aquel lugar que el varón de Dios le había dicho. Así lo hizo una y otra vez con el fin de cuidarse.
El corazón del rey de Siria se turbó por esto, así que llamó a sus siervos y les dijo: ¿No me
descubriréis vosotros quién de los nuestros está de parte del rey de Israel?"
El rey de Siria estaba preocupado porque todo plan que él preparaba y cada lugar a donde iba
era descubierto por el rey de Israel. Y llegó a la conclusión de que había un espía en su
campamento. Entonces reunió a sus militares e intentó descubrir al traidor. Y no le encontró
porque todos los suyos le eran leales. Dice el versículo 12:

"Uno de los siervos respondió: No, rey y señor mío; el profeta Eliseo, que está en Israel, es el
que hace saber al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu habitación más secreta."

Aquí vemos que el profeta Eliseo había espiado incluso el dormitorio del rey de Siria y sabía
todo lo que éste decía. Por supuesto, lo sabía porque el Señor se lo había revelado. Así que el
rey de Siria decidió eliminar a Eliseo. Lo primero que hizo fue enviar espías para saber donde
se encontraba y le localizaron en Dotán, a unos 22 Km de Samaria, la capital del reino. Dotán
significa "dos pozos" y era un lugar con pasto abundante, y a donde llevaban los ganados. Allí
estaba en ese momento el centro de operaciones de Eliseo. Entonces el rey de Siria envió a sus
soldados quienes rodearon completamente el lugar. Por la mañana, el criado de Eliseo salió,
posiblemente a sacar agua de uno de esos pozos, y al mirar a su alrededor vio la ciudad de
Dotán rodeada por el ejército sirio y se alarmó. Inmediatamente regresó y le informó a Eliseo,
haciéndole una angustiosa pregunta. "¿Qué haremos? La ciudad está rodeada". Dice el
versículo 16:

"Eliseo respondió: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que
están con ellos."

Esta respuesta no parecía realista, porque los ejércitos de Siria estaban fuera, y por otra parte,
Eliseo y su siervo estaban completamente solos, y su siervo atemorizado. Así que Elías oró a
Dios, y su oración fue interesante. Leamos el versículo 17:

"Y oró Eliseo, diciendo: Te ruego, Señor, que abras sus ojos para que vea. El Señor abrió
entonces los ojos del criado, y este vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de
carros de fuego alrededor de Eliseo."

Aquí surge la pregunta: ¿Es ésta la conducta indicada y habitual de Dios al tratar a los suyos?
Por una parte oímos de cristianos que han sido especialmente protegidos por Dios en
situaciones de peligro y por otra, que no han experimentado esa protección y han resultado
víctimas de la persecución: éstos últimos han debido pensar que Dios no les estaba
protegiendo. Volvamos a Dotán, donde creemos que se encuentra la respuesta. Dotán se
encuentra mencionada en la Biblia sólo dos veces, y creemos que por una razón concreta.

Otro hombre se había aproximado a aquel lugar. Era un joven de unos 17 años de edad: el
peligro y el destino parecieron esperarle allí. En efecto, se acercaba como un animal indefenso
y confiado a una trampa. Sus hermanos habían conspirado contra él y, después de haber
discutido el asunto, el más sabio de sus hermanos recomendó venderle como esclavo. En aquel
tiempo, eso era peor que la muerte, era como vivir un verdadero infierno. Sin embargo le
estaba sucediendo a aquel joven, de 17 años, y se daba la circunstancia de que era un hombre
de Dios. ¿Dónde estaban entonces los carros de fuego? Pues, el hecho de que no estuvieran
visibles, no quiere decir que no estuvieran allí. Estaban allí. Podemos ver más evidencias de la
protección de Dios en la vida de José que en la vida de Eliseo, aunque éste haya hecho
milagros. Sin embargo, Dios nunca se le apareció a José, nunca realizó un milagro visible para
él. Así que Dios utilizó aquel aparente desastre en su vida y más tarde, cerca del final de su vida
pudo decirle a sus hermanos, como registró Génesis 50:20, "Vosotros pensasteis hacerme mal,
pero Dios lo encaminó a bien". O sea, que en la situación de José cuando estuvo en Dotán, los
carros de fuego estaban allí, sólo que fueron utilizados de otra manera. En nuestra situación
hoy, aunque un creyente parezca vulnerable y desprotegido, las dificultades nunca podrán
llegar hasta él sin pasar antes por el permiso de Dios y por la protección que rodea a los
creyentes.

Recordemos en el libro de Job, capítulo 1, versículo 10, que Satanás le dijo a Dios en cuanto a
Job, "¿No le ha rodeado de tu protección, a él y a su casa y a todo lo que tiene? El trabajo de
sus manos has bendecido y por eso, sus bienes has aumentado sobre la tierra". Estimado
oyente, Dios está con usted; Dios está a favor suyo. Si usted se encuentra en un apuro, en una
dificultad, Dios ha permitido que viva esa situación. No sabemos por qué. Pero, Él permite que
ciertas experiencias dolorosas lleguen en su vida para un fin determinado. El apóstol Pablo nos
dijo en su carta a los Romanos, capítulo 8, versículo 28: "Y sabemos, además, que a los que
aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son
llamados". De modo que en el incidente de Eliseo en Dotán, el siervo de Eliseo vio que había
suficiente protección a su alrededor. Leamos ahora, en el versículo 18, como

Los soldados sirios fueron cegados

"Cuando los sirios descendían hacia él, oró Eliseo al Señor, y dijo: Te ruego que hieras con
ceguera a esta gente. Y el Señor los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo."

Eliseo hizo una cosa bastante extraña aquí. Pidió que Dios hiriera al ejército de los sirios con
ceguera, y Dios hizo exactamente eso. Luego Eliseo los guió a Samaria y les dijo que les estaba
guiando a donde estaba él mismo. Cuando llegaron a Samaria, los entregó al rey de Samaria. El
rey quiso matarlos, pero Eliseo dijo: "No los mates. . . Sírveles pan y agua; que coman y beban,
y que vuelvan s sus señores". Leamos ahora el versículo 23 de este capítulo 6 del Segundo
Libro de Reyes:

"Entonces se les preparó una gran comida. Cuando hubieron comido y bebido, los despidió, y
ellos volvieron a su señor. Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel."

Ahora, tanto el poder como la misericordia del Dios de Israel, representados por Eliseo, deben
haber impactado al rey de Siria, quien abandonó su guerra contra Israel. Sin embargo, en una
fecha posterior, el rey de Siria sitió a la ciudad de Samaria, como veremos en el próximo
episodio. Leamos los versículos 24 y 25, que nos relatan la ocasión en que

Ben-Adad, rey de Siria, sitió a Samaria

"Después de esto aconteció que Ben-adad, rey de Siria, reunió todo su ejército, subió y sitió a
Samaria. A consecuencia de aquel sitio, hubo una gran hambruna en Samaria; tan duro era,
que la cabeza de un asno se vendía por ochenta monedas de plata, y la cuarta parte de un litro
de estiércol de palomas por cinco monedas de plata."

El hambre llegó a ser tan severa que, como vemos, incluso la cabeza de un asno, que tiene muy
poca carne y solo podría ser cocida para ser aprovechada como un caldo, alcanzó precios
exorbitantes. Aquella sí que era realmente una situación de inflación.

En este programa hemos visto en el primer episodio, como Dios oyó la oración del profeta
Eliseo en el milagro del hacha que flotó, y ya vimos allí la aplicación espiritual, al comparar el
hierro sumergido en el fango del río con la situación del ser humano alejado de Dios, y al ver
cuál debiera ser la respuesta de todos aquellos cuya vida se parece a la de aquel trozo de
hierro perdido e inutilizado. En el segundo milagro, pudimos ver cómo se hizo visible la
protección de Dios alrededor de los suyos, cómo Dios controla nuestra vida, nos afecten o no
las dificultades o peligros que nos rodean. La conclusión es que Dios oye, está atento al clamor
de las personas. Cuando el Señor Jesucristo estaba en la tierra, ni el ruido de pisadas ni el
tumulto de la multitud ahogaron el grito del ciego Bartimeo, cuando clamó al Señor para
recibir la vista. En otra ocasión, una mujer frágil y debilitada por su enfermedad y abriéndose
paso entre la multitud se le acercó lo suficiente a Jesús, como para tocarlo. Y Él, aunque estaba
oprimido por la multitud, dijo: "¿Quién ha tocado mis vestidos?" Es decir, que Él permanece
alerta ante nuestras necesidades, tanto materiales como espirituales. Estimado oyente, le
rogamos que recuerde siempre que, aunque invisible, Él permanece muy cerca de cada uno de
nosotros. Le recordamos las palabras del Salmo 34, versículo 6, en el que David, expresando la
realidad de su propia experiencia dijo: "Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas
sus angustias."

C. El sitio de Samaria.

1. (2 Reyes 6:24-29) La terrible hambruna en la sitiada ciudad de Samaria.

Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a
Samaria. Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza
de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de
palomas por cinco piezas de plata. Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y
dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del
granero, o del lagar? Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu
hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El
día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo.

a. Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a
Samaria: Aunque la bondad de Eliseo y del Rey de Israel cambió los corazones de las bandas
armadas de Siria, no cambió al corazón del rey de Siria. Él lanzó un ataque a gran escala contra
su vecino del sur.

i. Él uso el método común de ataque a las ciudades amuralladas de aquella época: sitió a
Samaria. Un sitio tenía la intención de rodear a una ciudad, evitar cualquier negocio e
intercambio de entrar o dejar a la ciudad, y finalmente dejar que la población muera de
hambre hasta que se rinda.

b. Hubo gran hambre en Samaria: La estrategia de sitio privó exitosamente de comida a


Samaria. El hambre era tan mala que la cabeza de un asno o el estiércol de palomas se
volvieron tan caros que solo un rico podía comprarlos.
i. Wiseman dice que estiércol de palomas es mejor traducido comoalgarrobas, y que cinco
piezas de plata era más de la ganancia de un mes para un trabajador.

ii. Sin embargo, Poole escribe: “El estiércol del ave, aunque estaría más caliente de lo normal,
podría en otros aspectos ser más apta como alimento que otras cosas, pues es hecha de los
mejores y más puros granos, y mantiene algo de humedad.”

iii. “Cuando Ánibal sitió Casilinum, un ratón era vendido por doscientos peniques. Budines
hechos con tripas de perros eran deseosamente comprados en el sitio de Scodra.” (Trapp)

c. Da acá tu hijo, y comámoslo hoy: Esto muestra lo terrible que era la hambruna. Las madres
estaban tan hambrientas que se comían a sus propios hijos.

i. Deuteronomio 28 contiene una extendida sección donde Dios advierte a Israel sobre las
maldiciones que le sobrevendrían si rechazan el pacto que Él hizo con ellos. Parte de ese
capítulo describe los horrores cumplidos en ese capítulo:Pondrá sitio a todas tus ciudades,
hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra; sitiará,
pues, todas tus ciudades y toda la tierra que Jehová tu Dios te hubiere dado. Y comerás el fruto
de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el
apuro con que te angustiará tu enemigo. Deuteronomio 28:52-53)

ii. Estos terrores vinieron sobre Israel porque había desobedecido, rechazado a Dios, y
abandonado el pacto que había hecho con ellos.

Si Dios no salva, nadie puede (2 Reyes 6:24-


27)
 Walter Cuadra  10:29:00  Sermones

“Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria.
Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía
por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de
plata. Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo:
Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar?”.
2 Reyes 6:24-27
INTRODUCCIÓN
En este pasaje vemos como Ben-adad, rey de los sirios había sitiado Samaria y esto había
provocado una terrible hambre en la ciudad: Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió
todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel
sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab
de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. Un día de estos mientras el rey de Israel pasaba por las
calles de la ciudad del muro el grito y le dijo: Salva, rey señor mío, y este rey le responde una gran
verdad: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? Esto es una gran verdad, porque la salvación
de nuestra alma no depende de nuestro esfuerzo o de alguien más, sino proviene de Dios. Si no es Dios
nadie puede salvarnos.

Si Dios no salva, nadie puede

                         I.         EL HOMBRE ES INCAPAZ DE SALVARSE A SÍ


MISMO.

Lo cierto es que el hombre debe reconocer la necesidad que tiene de salvarse de la condenación
eterna y lo incapaz que es de salvarse a si mismo. La misma Biblia nos enseña que desde que el hombre
nace, aun desde el mismo vientre de su madre se revela en contra de Dios: “Se apartaron los impíos
desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron”, (Salmo 58:3). Y su naturaleza
es contraria a la voluntad de Dios a tal punto que el hombre es visto espiritualmente como una podrida
llaga: “¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo
corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón
y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite”, (Isaías 1:5-6). Con estas duras
palabras se describe la condición pecadora del hombre y esto lo destituye de la gloria de Dios: “Por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, (Romanos 3:23). Por ello, el hombre en
su estado de pecador es incapaz de salvarse a si mismo, aun cuando se esfuerce por hacerlo.

                       II.         NINGÚN MÉTODO HUMANO PUEDE SALVAR


AL HOMBRE.
El hombre en su desesperación a tratado de salvarse a sí mismo a través de realizar buenas obras
o pertenecer a una religión, pero ninguno de estos métodos puede ayudarle. Por un lado, la religión no
puede salvar a nadie, ni el cumplir mandamientos o tradiciones. De hecho, Israel es un buen ejemplo de
como ellos trataron de vivir por la ley, pero fracasaron: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de
Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también
Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas
bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”, (Deuteronomio 32:1-2). La condición
que Israel tenia para ser bendecidos de parte de Dios y ser así su pueblo era guardar su ley, pero estos
fracasaron y no pudieron lograrlo. La ley en si era buena y perfecta, el problema fue la incapacidad del
hombre para sujetarse a ella, ya que cualquiera que incumpliera cualquiera de los mandamientos,
quebranta toda la ley: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace
culpable de todos”, (Santiago 2:10). Por nuestra naturaleza pecaminosa e imperfecta es imposible que
guardemos todos los mandamientos, y en este sentido nadie puede salvarse por medio de guardar una
religión.

Muchas personas creen que pueden salvarse haciendo buenas obras, pero lo cierto es que nadie
es lo suficientemente bueno como para salvarse. La siguiente historia nos ilustra esto: “Al salir él para
seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno,
¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno,
sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso
testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro,
todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te
falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme,
tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”,
(Marcos 10:17-22). Si nos damos cuenta este hombre creía que era muy bueno ya que desde niño había
obedecido los mandamientos, pero Jesús le mostro que no era así, había uno que no cumplía, el no
codiciar el dinero y amar más las Riquezas que ha Dios. No estaba dispuesto a renunciar a sus riquezas
para seguir a Cristo. Así, aunque hagamos mil obras buenas, un pecado es mas que suficiente para
condenarnos, de allí que Isaías dice: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras
justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos
llevaron como viento”, (Isaías 64:6). Por tanto, queda demostrado que el hombre no puede salvarse, ni a
través de guardar una religión, ni haciendo buenas obras ni mucho menos a través de otro hombre, sea
este obispo, cardenal, papa, apóstol, gurú, monje o iluminado, como bien lo dijo el rey de Israel en los
versículos que leímos al principio: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo?

                     III.         SOLAMENTE CRISTO PUEDE SALVARNOS.


“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que
podamos ser salvos”.
Hechos 4:12

La Biblia enseña que solamente en Cristo Jesús se encuentra la salvación: Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Solamente Cristo tiene la autoridad para perdonar pecados y es a través de la fe que el hombre que se
arrepiente de sus pecados puede llegar a ser salvo: “sabiendo que el hombre no es justificado por las
obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser
justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será
justificado”, (Gálatas 2:16).

CONCLUSIÓN.
Aquel rey de Israel de esta historia dijo una gran verdad: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te
puedo salvar yo? Lo cierto es que el hombre no puede salvarse ni guardando una religión, ni haciendo
buenas obras, ni mucho menos a través de un hombre, solamente Cristo por medio de la fe puede salvar a
aquellos que se arrepienten de sus pecados.

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