Marix
Marix era un pequeño marcianito del planeta Marte que vagaba por las infinidades
del universo. Se encontraba muy solo porque nadie más le había acompañado en
su aventura.
Había pensado que pronto encontraría alguien con quien saltar en los anillos de
Saturno y visitar las tres lunas de Júpiter.
Se encontraba ya en las proximidades de Alfa Centauri, cuando vio una pequeña
nave parecida a la suya. Intentó enviarles un mensaje por radio, pero lo único que
obtuvo fue un mensaje ininteligible.
Así que decidió seguirles. Durante días y días estuvo siguiendo la nave a lo largo
de la galaxia recibiendo mensajes raros en su radio. Llegaron a un planeta que tenía
grandes masas de líquido rosado a su alrededor y la nave aterrizó cerca de una de
ellas.
Marix se puso rápidamente su traje espacial y corrió para salir de su nave. Se
encontró rápidamente rodeado de un montón de bichitos que hablaban un idioma
que él no entendía. Por suerte, uno de ellos trajo un aparato que cuando encendió
traducía todas las lenguas de la galaxia.
El sabio que tenía el aparato, le explicó que cuando él era joven había recorrido la
galaxia para crear un diccionario de todos los idiomas y que estaba preparando otra
expedición, pero que él ya era muy anciano para emprender tan arduo viaje, y le
preguntó si él quería seguir con su tarea.
Marix le contestó que llevaba años viajando y que quería encontrar un amigo con el
que jugar porque estaba muy aburrido. El sabio le dijo que no habría problema, y
que en cuanto encontrase a alguien retomarían la expedición.
A los pocos días el sabio volvió a buscar a Marix y le dijo que había encontrado
quien le acompañase. Marix no se lo podía creer, era la criatura más bonita del
universo. Y juntos emprendieron el viaje para recuperar todas las lenguas de la
galaxia.