En el presente aporte analizaremos fragmentos de capítulos del Libro “Historia de la
Sensibilidad del Uruguay” de José Pedro Barran para desarrollar lo que es la sensibilidad
bárbara y civilizada; donde es que surgen estas sensibilidades, para luego inducirnos en el
siguiente capítulo donde retomamos con lo que fue el juego, como se vivió el cuerpo en dichas
épocas para luego permitirnos comparar con una entrevista realizada en el presente tiempo
contemporáneo a una persona de 95 años que vivió en plena época civilizada.
Tema que abordaremos a continuación es el de: “La historia de la sensibilidad del Uruguay”
(Breve fragmento, con las definiciones de Sensibilidad Bárbara y civilizada)
En el comienzo del siglo XIX e inicios del XX, encierra dos grandes términos a categorizar y
definir que surgen en dichos periodos; por un lado desarrollaremos lo que compone y
caracteriza la sensibilidad “bárbara” del Uruguay comenzando en sus inicios, donde su entorno
fuertemente salvaje condiciono dicha sensibilidad, continuando; con su demografía llena de
excesos y tragedias debido a epidemias que se desataron en dichos años junto a su población
predominantemente joven.
Su economía: compuesta en gran parte por la exportación de (cueros vacunos y productos
saladeriles); hasta llegar a su clímax y este sea cambiado por la llegada de la lana; su sociedad
dentro de esa economía tan marcada por la abundancia y poco valor del alimento, y su notorio
rechazo al trabajo y subordinación por parte de la mano de obra constituida por (hombres
sueltos, y peones de distintos sitios); detallando que esta economía preparaba a su mano de obra
para la guerra y los crímenes de sangre.
El clima agitado y enfermo que se vivía entorno a la Republica, de tantas revoluciones que
fueron ocasionadas en los años desde que se consolido la constitución en 1830.
El medio de control adoptado por la época, que es el “castigo al cuerpo” considerando normal la
violencia física, además de cómo esta violencia se expandía hacia la vida política y religiosa.
Y el segundo término a desarrollar es la sensibilidad “civilizada”; esta engloba sentimientos,
conductas y valores distintos a los que habían caracterizado la vida del hombre en Uruguay
hasta el 1860, imponiendo desde la gravedad al cuerpo, el puritanismo a la sexualidad, el trabajo
al excesivo ocio, ocultando aspectos como la muerte, expresando horror ante el “castigo al
cuerpo”; prefiriendo como método de control “reprimir el alma”, redescubriendo por otro lado a
la “vida privada” en su intimidad, como resumen podríamos nombrarla a esta como la época de
la vergüenza, la culpa, y la disciplina.
Proseguiremos con el Análisis del capítulo IV de José Barran Juego:
LA RISA
La “Nochebuena” en el Montevideo “bárbaro” ponía a todos “locos de contento y no se oía otra
cosa que esta cancioneta” que mezclaba la religión puritana del clero romano, con la sexualidad
revulsiva de aquel pueblo católico rebelado contra un orden eclesial que pretendía aprisionarlo:
“Esta noche es Nochebuena
Es noche de no dormir,
Porque la Virgen esta de parto
Y a las doce ha de parir.”
La Materialidad de la vida se imponía en todos los sectores sociales a la religiosidad del
espíritu.
El cuerpo no tenía limites a su expansión: “comilonas”, bailes, bromas, serenatas, juegos, y el
“ruido infernal de latas con que rompían el tímpano de todos los vecinos los muchachos que se
reunían en verdaderas legiones de diablos y que andaban por aquí y por allá, recorriendo las
calles de la ciudad hasta altas horas de la noche”, además de las comparsas de negros.
He ahí un cuadro de la “Nochebuena” de 1830 a 1860.
La risa era la manifestación suprema de ese cuerpo libre al que instituciones, amos y clases
altas, lo hemos visto, pretendían castigar y aprisionar.
El clero, dignificado por su rol, era objeto con frecuencia de risas.
Los sacerdotes de origen italiano que no dominaban el español –tan abundantes sobre todo entre
1830 y 1870-, eran casi siempre la causa involuntaria de la risa “bárbara”, de la predisposición a
la alegría, la irrespetuosidad y el desenfado que ocurrían a la menor incitación.
Después de 1875 sobre todo, los desórdenes en las iglesias casi siempre los provocaban jóvenes
liberales.
Había un día dedicado a las bromas, tanta era la importancia de la risa; el de los Santos
Inocentes.
Antes de llegar el 28 de Diciembre, todos preparaban sus burlas, a veces de un tono que hoy
escandalizaría, entre amigos y enemigos, padres e hijos, patrones y sirvientes.
La risa nivelaba, rompía todas las jerarquías y rehacía el mundo utópico de la igualdad.
EL JUEGO
En medio del ocio que la economía facilito, del igualitarismo que la estructura social ambiento,
de la plebeyez “guaranga” que una sociedad sin tradiciones fomento y de una sociedad que
coarto escasamente las pulsiones, los movimientos del cuerpo fueron desenfadados y el hombre
jugo.
Florencio Varela dijo de los criollos en 1834:
“No son del todo dados al vicio de la embriaguez, pero la pasión del juego los domina y
emplean en el muchas horas y el salario de todo su trabajo”.
Carreras de caballos y de embolsados, palo enjabonado, carreras de sortijas, juego con agua,
bailes, todo era diversión derivada de la actividad física, ejercicio del cuerpo en medio de la
risa y la competencia.
Los inmigrantes se contagiaron del ambiente y sintieron renacer en si los aspectos lúdicos que
poseían sus culturas originarias o, simplemente, imitaron a los criollos.
La política a menudo era vivida como un juego que debía ganar el más diestro en mañas.
También el trabajo rural, ya lo hemos dicho, a menudo se vivió como juego en la doma, la
recogida de potros o vacunos cimarrones, y la “fiesta” de la yerra.
El ejercicio físico al aire libre, las corridas, la destreza, la competencia en el arrojo del lazo y la
boleadora o el manejo del caballo y el cuchillo, todo contribuía a la expansión gozosa del
cuerpo y su sobrevaloración, la característica más notable del juego en la época “bárbara”.
En realidad, lo que sucedió fue que esta cultura no diferencio claramente el trabajo del juego, lo
“sagrado” de lo “profano” en el sentir “civilizado”.
En el sentir de la sensibilidad “bárbara”, el placer y trabajo no eran términos reñidos, aunque de
seguro ya comenzaron a desprenderse, pues las puritanas clases poseedoras necesitaron de su
divorcio para afianzar su dominio… y la evolución económica también.
Había, entonces, un ritmo estacional para la alegría, la risa, el desenfado del cuerpo y el juego,
que tenía dos puntos altos, uno, en los dos meses de verano pleno, enero y febrero, el más
extenso, excitante y desenfrenado; el otro, en el otoño, más breve y escanciado.
EL GOZO DEL CUERPO
El cuerpo en la época “bárbara” actuó con desenvoltura y desenfado pues estuvo escasamente
encorsetado por: la ropa, las reglas de urbanidad, las convenciones emanadas de la tradición y
las jerarquías sociales, el trabajo en locales cerrados y el pudor que siempre emana de las
morales sexualmente puritanas.
Dicho de otra manera: el cuerpo se gozaba placenteramente porque la ropa permitía
movimientos; las reglas de urbanidad eran escasas y elementales (exigían el saludo protocolar
pero permitían desperezarse y aun orinar en público, por ejemplo); las convenciones, en una
sociedad sin tradiciones y poco jerarquizada, eran débiles; el trabajo, variado, se realizaba
mayoritariamente a cielo abierto y exigía destreza precisamente física; y porque, a pesar de las
normas católicas, la sociedad admitía la libertad gestual, la risa, la carcajada, el habla fuerte
ambientada en los grandes espacios, los movimientos naturales de afirmación del vigor físico y
la identidad sexual del hombre y de la mujer.
Aquello que la sensibilidad “civilizada” condenara, que la mujer corra, que demuestre con su
cuerpo languidez y sensualidad, que el hombre se pare en jarras con las piernas abiertas y se
desperece, que ambos hablen fuerte (la “civilización” que es siempre urbanización, implica la
voz baja y el susurro), la sensibilidad “bárbara” lo admitió y hasta lo promovió pues el cuerpo
se exhibió placenteramente y se usó su plenitud y su fuerza.
Los hombres de las clases altas, creo fueron los únicos del periodo “bárbaro” a quienes la
vestimenta dificulto los movimientos del cuerpo, “los cuellos de la camisa no les dejaban
mover la cabeza” y los puños de las pecheras “les llegaban hasta las manos”.
Ellos, cuando podían, y el resto de la sociedad siempre, con el gaucho a la cabeza, usaban
prendas funcionales que facilitaban las opciones físicas y gestuales del cuerpo.
Los niños, el otro sector de la sociedad que la época “civilizada” vigilara y limitara brutalmente
en sus movimientos, vivieron su edad dorada en la época “bárbara”, pues lo lúdico era un valor
socialmente estimado y el desenfado del cuerpo era practicado incluso por los adultos.
Los coartaba, es cierto, el castigo a que los sometían sus amos, padres y maestros, pero el
castigo era extremo (corporal), sin limitar interiormente sus tendencias innatas al juego y al
movimiento casi perpetuo.
En otras palabras, en los dos planos, el del castigo y el de la desobediencia, solo entraba en
juego el cuerpo, se le castigaba y se desobedecía con él, el alma no estaba implicada.
La “civilización” estaba lejos.
La “barbarie” fue el reinado de las travesuras y las “bandas” de niños y púberes.
En 1875, del número total de presos en Montevideo, un tercio eran menores de edad: vagos y
mendigos, sí, pero sobre todo “muchachos que se organizaban en bandas y entablaban guerrillas
en las que se enarbolaban trapos colorados y blancos (…) y como elementos de combate, la
piedra, el garrote, y hasta el cuchillo”.
Resultaba difícil para los maestros sujetarlos después a disciplina, pues esos niños eran
“caracteres acostumbrados a la más ilimitada soltura”.
“Ilimitada soltura” del cuerpo e irrespetuosidad para con los signos exteriores del poder político
o el prestigio social, marchaban de la mano.
Las “señoras” distinguidas que paseaban por la Plaza Constitución, la principal, eran el blanco
preferido de la “soltura” infantil y púber.
En “Nochebuena”, Carnaval y el día de San Juan, les tiraban cohetes a los pies, como lo
denuncio el “Comercio del Plata” en 1855; en otras ocasiones, desparramaban fósforos que
estallaban bajo sus vestidos, “poniéndolas en grave riesgo de incendiarse”.
La “ilimitada soltura” del cuerpo de esa “ralea” de criollos e inmigrantes de bajo origen social,
también se expresó en el teatro, pues los espectadores nunca querían dejar de ser actores y los
mismos actores, se salían del texto para crear sus propios gestos y palabras, cuanto más ruidosas
y obscenas, mejor.
A la menor contrariedad, el público silbaba, golpeaba con los bastones u otros objetos, las
tablas, pataleaba, gritaba, amenazaba a viva voz, promovía “una especie de tole tole”, como
decía “El Ferrocarril” en enero de 1870.
LA FIESTA DEL CUERPO
En el Carnaval, el cuerpo realizaba movimientos violentos, desacostumbrados, y se
descoyuntaba, es decir, violaba su orden físico cotidiano.
La “locura” es el término que con más frecuencia usan los contemporáneos para definir el
estado de la gente en Carnaval y la “locura” se entiende aquí como libertad del cuerpo y del
alma, movimientos absurdos en el primero, afloracion de todos los deseos y personalidades
escondidas en la segunda; “el desorden en el porte” y el aniñamiento “pueril” en la conducta.
Pero el verdadero clímax de la alegría física y el desborde emocional se lograban cuando el
Carnaval se transformaba en “combate”, así se le llamaba, juego en que la agresividad liberada
se convertía en diversión violenta, acercamiento físico y risa estruendosa.
El juego consistía en arrojarse cosas en el límite de la contundencia y la que mayor placer
causaba era el agua.
Habiendo analizado los fragmentos y capítulos expondremos una entrevista para luego
comparar con la información anteriormente expuesta.
Entrevista realizada el viernes 20/09/19
Transcripción de la entrevista
Entrevistador: ¿Su nombre completo lo recuerda?
María: Sí, María Aida Martínez Cirí
Entrevistador: ¿Su lugar de nacimiento?
María: Nací en el 1ro de marzo de 1924, en la florida un pueblito cerca del Departamento de
Rio Negro.
Entrevistador: ¿Nació y creció en ese lugar?
María: Sí, me crie ahí; uh, hasta los 13 o 14 años por ahí, con mi mama y mis tres hermanos
que tenia
Entrevistador: A esos Trece años de edad, ¿tiene algún recuerdo de lo que jugaban?
María: Sí sí sí, tenía mi hermano mayor, yo tendría 13 años por ahí, y después estaba la
hermana menor, la más chica, éramos tres después que falto mi Papa, jugábamos con ellos todo,
vos sabes que mi hermano tenía un petiso (caballo joven) y le ponía el recado (silla de montar) y
en el campo de mama pasaba un arroyo y había un juncal y nosotros íbamos a sacarle los
niditos a los pájaros, a caballo (entre risas), hay sí, después en la escuela, era preciosa la escuela,
tenía 90 niños, estaba ubicada en las afueras de Florida
Entrevistador: En la escuela comúnmente ¿a que jugaban?
María: En los recreos a la rayuela, a saltar una cuerda que le metíamos más altura, a la mancha,
después la maestra venia y nos llevaba un bolso con galletas, porque era todo el día, y entonces
repartía (entre risas)
Entrevistador: A la rayuela ¿Cómo se jugaba?
María: A la Rayuela común; se tiraba, se hacía en el suelo un redondel con cuadritos, con una
chapa o piedrita, ibas tirando con la punta del pie, y tenías que ir llegando al medio
Entrevistador: ¿Cuál de esos juegos le llamaba más la atención?
María: Pah yo que se mira, eran todos tan divertidos y se pasaba tan bien que no sabría decirte,
era una niñez tan sana
Entrevistador: ¿Hubo algún juego prohibido que haya conocido, jugado o escuchado?
María: No no, nada de eso, ni gente que sea mala, lindísimo (exclamo), nosotras íbamos a la
escuela solas, y andábamos a veces haciendo mandados en las noches, y todo muy bien
Entrevistador: No considera su época como ¿hostil o violenta?
María: No no nada de eso, en las calles había mucho respeto por la gente mayor, eran personas
muy serias
María Aida Martínez Cirí - 95 años
Comenzando con las comparaciones; destacaremos como coincidencia cuando a modo
de anécdota nuestros abuelos nos contaban “antes podías dejar todo abierto que no
pasaba nada, podías salir de noche sin que sucediera nada” y estando en plena época
civilizada era lo comúnmente sabido, utilizando el siguiente fragmento de la entrevista
remarcaremos este pensamiento;
Entrevistador: ¿Hubo algún juego prohibido que haya conocido, jugado o escuchado?
María: No no, nada de eso, ni gente que sea mala, lindísimo (exclamo), nosotras íbamos a la
escuela solas, y andábamos a veces haciendo mandados en las noches, y todo muy bien
Entrevistador: No considera su época como ¿hostil o violenta?
María: No no nada de eso, en las calles había mucho respeto por la gente mayor, eran personas
muy serias
Salta a la vista el pensamiento de las personas adultas muy distinto a lo que fue en la
época bárbara que predominaban los jóvenes a la vejez.
De estos juegos que se han ido mencionando en los distintos capítulos hay algunos que
categorizamos como culturales de nuestro país ya sea por reiteración del mismo o por
una práctica tradicional, entre ellos la rayuela, carreras a caballo, carreras de
ensortijados y juegos que incluyan el arrojamiento de agua, el porqué de la
categorización es debido a que algunos de estos juegos fueron los inicios de lo que fue
llamada la época Bárbara, aunque no eran considerados directamente juegos, sino que
eran una práctica lúdica cultural comúnmente realizada en dichos años, el mayor
representante de la época bárbara es el gaucho como símbolo de ocio e independencia.
Cuando consideramos si estos juegos repercutieron en una construcción cultural
uruguaya, llegamos al punto en que gran parte de nuestra imagen cultural se la debemos
a los caballos no solo por sus juegos de carreras y de sortijas, sino porque ha sido una
tradición montar a caballo desde los inicios de la época bárbara, queremos destacar
además que “la patria se hizo a caballo” en el Uruguay, reflejando un claro rasgo
cultural en ellos; otro juego que hemos podido observar que se ha ido repitiendo con el
paso de las décadas son los de arrojamiento del agua, llegando a tener un día específico
para una guerra de “bombitas” entre vecinos y amigos, aunque esta tradición al tiempo
contemporáneo está perdiendo toda euforia que hubiera existido en el pasado, debido a
que ya no les atrae tanto la lúdica del agua, los niños y jóvenes están sumergidos en una
ola de tecnología que dificulta o hace imposible la transmisión de conocimiento en
cuanto a prácticas tradicionales tanto como sus juegos de las décadas pasadas.
En nuestra opinión los juegos si reflejan la idiosincrasia nacional, ya que se trata de
señalar algunas características comunes y compartidas por un gran número de
integrantes de una comunidad para así marcarlas como culturales y tradicionales del
entorno en que se encuentran.
Como conclusión de este aporte, destacamos la importancia que tiene la historia de
nuestro país, ya que nos permite indagar sobre los inicios del país y sus prácticas
lúdicas, sociales, económicas y culturales, para así analizarlas, compararlas y encontrar
coincidencias entre la cultura anterior y la cultura contemporánea, permitiéndonos el
conocimiento sobre lo que alguna vez fue nuestro país, lo que va siendo y lo que será a
futuro.
TRABAJO REALIZADO POR:
German Verón
Paolo Guevara
Lucia Moreno