1.
RELACIÓN JURÍDICA
Etimológicamente del participio pasivo re-laum (“conllevado”, “enlazado con”,
“referido a”), relación que equivale a comunicación entre dos seres. En este sentido, el
universo, el mundo, los hombres, nos aparecen como un conjunto de seres envueltos en
una innumerable serie de relaciones mutuas.
En el hombre, “existir” es “coexistir”, es decir, “existir con otros”. Toda la
actividad de la vida humana, estará necesariamente “referida” a otras personas o cosas.
Se puede definir la Relación Jurídica como un vínculo jurídico que existe, ya sea
entre persona y persona, o bien entre persona y cosa.
a. Relación entre Persona y Persona
Constituyen los llamados derechos personales, de crédito u obligaciones.
i. Las Obligaciones
Es el vínculo jurídico que nos constriñe en la necesidad a pagar
alguna cosa, según el Derecho de nuestra ciudad.
ii. Elementos de la Obligación
Sujeto: Uno activo (el acreedor) y el otro pasivo (el deudor).
Objeto: Es la prestación que puede consistir en dar algo, en no
hacer o en hacer.
El Vinculo: es la relación que ata a los sujetos.
b. Relación entre Persona y Cosa
Constituye los llamados Derechos Reales.
i. Derechos Reales
Son una clasificación de los Derechos Absolutos que consisten en
el poder de una persona sobre una cosa.
ii. Elementos de los Derechos Reales
Sujeto: uno activo individualmente determinado y como sujeto
pasivo toda la colectividad.
Objeto: es una cosa corporal específicamente determinada.
Según Mouchet y Zorraquin, la Relación Jurídica “es el nexo o vínculo que se
establece entre dos o más personas (sujetos de Derecho) a raíz de un acontecimiento
(hecho jurídico) al cual la norma jurídica atribuye determinadas consecuencias”.
Relación Jurídica es el vínculo que se establece entre sujetos del Derecho,
nacido de un hecho condicionante al cual la norma atribuye determinadas consecuencias
que consisten en poderes y deberes, y cuyo objeto son ciertas prestaciones garantizadas,
en su caso por la coacción, en vista de un interés social que se considera necesario
tutelar.
2. ESTRUCTURA DE LA RELACIÓN JURÍDICA
La Relación Jurídica se estructura sobre dos bases:
a. Sustrato Materia
Constituido por la relación de vida apta para la regulación jurídica.
b. Investidura Formal
Consiste en la norma jurídica que integra la relación de vida en su
supuesto de hecho, y le atribuye consecuencias jurídicas a favor de una
persona y deberes correlativos en otra.
3. ELEMENTOS DE LA RELACIÓN JURÍDICA
a. Elemento Personal
Personas jurídicas, individuales o colectivas, es decir, sujetos de Derecho
compuesto por todo ser o entidad capaz de derechos y deberes.
La posición de los sujetos en la relación jurídica será de “pretensor” o
“legitimado” (sujeto activo) y la de “obligado” (sujeto pasivo), ya se trate
de uno o varios sujetos.
b. Elemento Subjetivo
Es una correlatividad de situaciones (relaciones jurídicas “recíprocas”)
de poder y deber pertenecientes respectivamente al sujeto activo y al
pasivo.
c. Elemento Objetivo
Relación jurídica entre sujetos del Derecho, versa sobre “algo” que se les
subordina por su valor o utilidad y que constituye el objeto de la misma.
Considerando al objeto de la relación como un quehacer humano, es una
prestación (de dar, hacer o no hacer). El sujeto pasivo constituye el
contenido del “deber” y para el sujeto activo el de su “poder”.
d. Elemento Coactivo
En búsqueda de garantizar el cumplimiento de la “prestación” (objeto de
la relación jurídica), la necesidad de un elemento coactivo para obligar al
sujeto pasivo a realizarla en caso de que no lo haga espontáneamente.
e. Elemento Causal
El establecer un “poder”, un “deber” y una “coacción”, es para garantizar
un interés social, que es la causa de que la norma haya recogido las
relaciones de crédito establecidas conforme a la ley y les haya atribuido
consecuencias jurídicas sin dejarlas olvidadas en el amplio campo de las
relaciones humanas.
f. Elemento Formal
Es la norma jurídica que da la investidura jurídica a las relaciones
humanas que el legislador valora como “relevantes” para el Derecho.
4. TEORÍAS SOBRE LA RELACIÓN JURÍDICA
a. La teoría clásica o intersubjetiva
La teoría clásica o intersubjetiva fue la primera que formuló la ciencia
jurídica moderna en torno al instituto que nos ocupa. Su autor fue Friedrich Carl
von Savigny.
Según Savigny, en la realidad social asistían y se polarizaban un
sinnúmero de vinculaciones o relaciones intersubjetivas. Unos con otros, los
individuos se relacionaban incesantemente a fin de satisfacer sus propias
necesidades y de equilibrar sus propios intereses con los de los demás. De este
proceso nacía, como una manifestación de la conciencia jurídica popular, la
norma positiva.
El derecho objetivo, así formado, tenía como finalidad suprema la
convivencia social ordenada.
Para que dicha finalidad pudiera ser alcanzada, era imprescindible, sin
embargo, impedir que las vinculaciones o relaciones intersubjetivas se
convirtiesen, producto de los excesos individuales o grupales, en “obstáculos”
que entorpeciesen el desarrollo de la vida social. Se necesitaba, en
consecuencia, que el ordenamiento jurídico limitara la actuación de los sujetos
en interrelación, definiendo “espacios” fuera de los cuales dichos sujetos no
pudieran obrar con entera y absoluta libertad. Cada uno de estos espacios
constituía, según Savigny, una relación jurídica.
En efecto, para este autor, una relación jurídica no era más otra cosa que
una vinculación interindividual que, determinada por una regla de Derecho,
confería a los hombres un ámbito de dominio en el cual la voluntad de aquéllos
reinaba soberanamente. Cada relación estaba conformada por dos elementos:
uno “material”, constituido por el entramado social o económico que se
producía en la realidad; y otro “formal”, constituido por el “halo” jurídico que
revestía al primer elemento.
Ahora bien, con esta primera noción, la teoría clásica no hizo otra cosa
que confundir la relación jurídica con el derecho subjetivo. En este sentido,
quienes siguieron la idea -central- de que tal relación sólo vinculaba a sujetos,
se vieron en la necesidad de precisar el concepto que Savigny había dado sobre
la misma. Es así como la teoría clásica elaboró una segunda definición acerca
de la relación jurídica. Según esta definición, dicha relación no era sino un
vínculo entre dos o más sujetos, en cuya virtud uno de ellos tenía el derecho de
exigir al otro la realización de cierta conducta a la que este último se encontraba
obligado.
Con esta nueva noción, la relación jurídica no sólo quedó claramente
diferenciada del derecho subjetivo, en tanto que este último pasó a ser parte del
contenido de aquélla; sino que, además, se convirtió en la partícula fundamental
a partir de la cual se estructuró el derecho objetivo. De este modo, todas las
situaciones en las que era posible hallar algún grado de juridicidad terminaron
encontrando una explicación “relacional”. Y a tal punto llegó esto que de la
antigua distinción entre derechos subjetivos absolutos y relativos, se pasó a la
distinción entre relaciones jurídicas absolutas y relativas, siendo las primeras
aquellas que vinculaban a un “sujeto activo” determinado -o determinable- con
un “sujeto pasivo” universal (propiedad etcétera); y las segundas aquellas que
vinculaban a un “sujeto activo” determinado -o determinable- con un “sujeto
pasivo” también determinado -o determinable- (obligación etcétera).
Con estos antecedentes, la teoría clásica ganó la adhesión de un
importante sector doctrinal, que hasta ahora puede considerarse predominante.
b. La teoría de la interconexión
La teoría de la interconexión fue elaborada luego que la teoría clásica
fuera dada a conocer por Savigny. Quienes se encargaron de propugnarla
fueron, fundamentalmente, Andreas Von Tuhr y Heinrich Lehmann.
De acuerdo con el primero, el derecho objetivo regulaba las relaciones
humanas, asignando a
cada individuo una esfera de poder en la que su voluntad era determinante. Para
que esta esfera pudiese existir, era necesario empero que el Derecho impusiese
deberes tendientes a su protección.
Ahora bien, cuando se hablaba de relaciones jurídicas no se aludía, según
Von Tuhr, a entidades normativa y abstractamente creadas, sino más bien a
relaciones “humanas” que el ordenamiento encontraba formadas y a las cuales
únicamente les daba cierto efecto jurídico. Que esto fuera así no significaba, sin
embargo, que aquellas relaciones no pudieran establecerse entre personas y
lugares, o entre personas y cosas. En efecto, según este autor, eran verdaderas
relaciones jurídicas tanto la vinculación que existía entre la persona y su
domicilio como la que había entre el propietario y el bien sobre el que recaía su
derecho. ¿La razón? Muy simple: las s referidas vinculaciones constituían
“fenómenos” de la vida a los cuales el ordenamiento les daba efectos.
De acuerdo con el segundo, la relación jurídica no era sino aquella
vinculación de la vida social que el Derecho consideraba “relevante” y que, por
este motivo, devenía en objeto de regulación positiva. Ahora bien, tal relación
consistía, en algunos casos, en una reglamentación en virtud de la cual un sujeto
quedaba obligado a efectuar cierto comportamiento en favor de alguien distinto;
y en otros, en una permisión en virtud de la cual un individuo quedaba facultado
para efectuar cierto comportamiento sobre un bien. Lo primero ocurría, por
ejemplo, en la obligación, desde que el deudor tenía que ejecutar una prestación
a favor del acreedor. Lo segundo ocurría, por ejemplo, en la propiedad, desde
que el propietario podía disponer libremente de la cosa. En este sentido, podía
concluirse que la relación jurídica no era sino la vinculación ordenada por el
Derecho hacia -otras- personas o hacia cosas
c. La teoría normativa
La teoría normativa constituyó el tercer intento que la doctrina realizó en
su propósito de definir a la relación jurídica. Quienes la propugnaron fueron
Francesco Bernardino Cicala, Domenico Barbero, Hans Kelsen y Hans
Nawiasky.
Según Cicala, a partir de la elaboración de las teorías anteriores, era
comúnmente aceptado que la relación jurídica constituía un vínculo entre el
individuo y el mundo exterior (conformado por los sujetos y las cosas). Del
mismo modo, era comúnmente aceptado que el derecho subjetivo constituía el
pilar sobre el cual se sostenía dicha relación. Ahora bien, se preguntaba este
autor si es que con estas teorías era posible explicar la relación existente entre un
sujeto de derechos y los derechos subjetivos de los cuales era titular. A ello
respondía de modo negativo, reconociendo que la única forma de superar el
obstáculo presentado era considerar a la relación jurídica como vínculo
gnoseológico entre el sujeto de derechos y el creador de los derechos subjetivos
que le correspondían a aquél.
En consecuencia, de acuerdo con Cicala, de relación jurídica sólo se
podía hablar para señalar a una entidad de consistencia puramente ideal, cuya
función consistía, no en vincular al sujeto de derechos con el exterior, sino en
vincular al mismo con el ordenamiento jurídico; cosa que por lo demás se
producía cada vez que aquél, voluntaria o involuntariamente, “entraba” en uno
de los supuestos previstos por el referido ordenamiento como hechos
determinantes de efectos -jurídicos-.
De acuerdo con Barbero, la definición más difundida de la relación
jurídica era aquella que la concebía como vínculo o nexo entre dos o más
sujetos, uno de los cuales estaba investido de un poder sobre el otro o contra el
otro. Semejante concepción no podía, sin embargo, ser aceptada, debido a que
los individuos, dentro del ordenamiento jurídico, no estaban el uno sobre el otro,
ni podían, cual animales, lanzarse el uno contra el otro. A su entender, los
individuos debían estar el uno con el otro, en colaboración recíproca y todos sub
iure. En tal sentido, para este autor la relación jurídica no era otra cosa que la
vinculación existente entre -cada uno de- los individuos y el ordenamiento
jurídico. Las relaciones que aquéllos establecían entre sí no eran más que
simples “relaciones de hecho”.
Según Nawiasky, las normas de derecho objetivo prescribían a los
sujetos a los que se dirigían determinado comportamiento externo bajo sanción
“coactiva”. En este sentido, los destinatarios de tales normas, por el solo hecho
de serlo, se veían inmersos en una situación de necesidad (o de deber). Ahora
bien, era indudable, para este autor, que al imponer la norma cierto deber, de
algún modo revelaba la existencia de una vinculación, esto es, de una relación.
Tal vinculación, por otro lado, tenía efectos jurídicos. En consecuencia, la
relación jurídica de la que la doctrina tradicional hablaba era, en realidad, la que
vinculaba al sujeto gravado con el deber y al autor de la norma que lo imponía
(esto es, al Estado o a quien hiciera sus veces).
Finalmente, de acuerdo con Kelsen, la idea de que la relación jurídica era
una “relación social” que los hombres creaban y que el Derecho simplemente
reconocía, era totalmente insostenible, ya que se basaba en una visión
iusnaturalista del fenómeno jurídico. Para este autor, antes de la norma jurídica
no existía Derecho alguno. En tal sentido, solamente podía hablarse de relación
jurídica cuando, en el contexto del derecho objetivo, se divisaba, no una relación
entre sujetos, sino más bien una relación entre “hechos” (supuesto y
consecuencia) prevista por alguna norma jurídica.
d. La teoría de la homogeneidad
La teoría de la homogeneidad fue creada por Luigi Bagolini,
constituyendo, una vez producida la primera “crisis” de la relación jurídica, el
primer intento por redefinir su estructura y de este modo situarla nuevamente en
el lugar que hasta entonces había venido ocupando.
Según Bagolini, la relación jurídica no podía vincular dos elementos
heterogéneos como eran, de un lado, el deber jurídico; y, del otro, el derecho
subjetivo. En su opinión, la vinculación en la que toda relación se resolvía debía
tener como términos a dos entidades entre sí homogéneas. Consideró, por ello,
que únicamente se podía hablar de relación jurídica cuando existía un “nexo”
entre dos o más derechos subjetivos, pertenecientes a dos o más personas.
Para sostener esta construcción teórica, Bagolini intentó demostrar que
cada vez que un derecho subjetivo y un deber jurídico se vinculaban de manera
“correlativa”, existían otro derecho y otro deber colocados de forma inversa
respecto de los primeros. Así, en la obligación, por ejemplo, además del
derecho del acreedor de “recibir” la prestación y del deber del deudor de
ejecutarla, existía un derecho del deudor a liberarse y un deber del acreedor de
cooperar para que el deudor recupere la libertad que había perdido al asumir
dicha relación.
Según este autor, únicamente los derechos subjetivos “inversamente”
colocados podían ser parte de una relación jurídica. Los deberes jurídicos a ellos
vinculados eran simples mecanismos de conexión de tales derechos. En este
sentido, y en el contexto del ejemplo propuesto, el derecho de recibir la
prestación y el derecho de liberarse de la deuda eran los únicos términos que
podían quedar vinculados por la obligación.
Ahora bien, que la relación jurídica constituía un vínculo entre dos -o
más- derechos subjetivos no podía, de acuerdo con Bagolini, ser objetado en
base al argumento de que el deudor no tenía derecho alguno a lograr su
liberación -en tanto que un tercero podía, incluso contra la voluntad de aquél,
liberarlo mediante el cumplimiento de la prestación, lo que significaba admitir
que tal derecho era susceptible de ser “actuado” (forzadamente) por personas
distintas a su titular-.
Así es, de la circunstancia de que un tercero pudiese liberar al deudor aun
contradiciendo la concreta voluntad de éste, no se podía deducir la inexistencia
de un derecho subjetivo a la liberación; en tanto que lo único que realmente
importaba, a efectos de la configuración de tal derecho, era la voluntad
presupuesta por la norma que lo consagraba y no la voluntad (psicológica) del
deudor específico. En este sentido, toda liberación del deudor era “voluntaria”,
desde que la norma que concedía la posibilidad de alcanzarla presuponía una
voluntad objetiva dirigida a la consecución de la desaparición de la necesidad
que afectaba al deudor. Por lo tanto, el concepto de derecho subjetivo no se veía
-en este caso- afectado ni siquiera cuando los terceros, aun en contra del querer
del deudor, cumplían la prestación y “ejercían” de este modo el derecho que
aquél tenía a su liberación.
e. La teoría de la complejidad
La teoría de la complejidad constituyó el segundo intento realizado por la
doctrina con el fin de reformular el concepto de relación jurídica y lograr, de
esta manera, que la misma vuelva a ser considerada como elemento central del
Derecho. El autor de esta teoría fue Fernando López de Zavalía.
Según López de Zavalía, la relación jurídica no era sino un conjunto de
conexiones unificadas en torno a un núcleo fundamental, que a su vez se
traducía en una conexión entre un individuo, considerado como fin; y un ente
exterior a él, considerado como medio.
Ahora bien, esta relación, que vinculaba a un individuo (i) con otros
individuos y (ii) con cosas, estaba conformada por dos lados: el interno y el
externo. El primero difería según se tratara de relaciones personales o reales. El
segundo, en cambio, se mantenía siempre constante.
En efecto, el lado interno en las relaciones personales estaba constituido
por un vínculo jurídico entre un sujeto activo y un sujeto pasivo. De ellos, el
primero tenía un derecho, mientras que el segundo tenía un deber. Este lado no
era, sin embargo, simple, en tanto que estaba conformado, a su vez, por otros
dos vínculos: el del débito (Schuld) y el de la responsabilidad (Haftung). De los
dos, el primero -esto es, el vínculo del débito- era de carácter intersubjetivo, ya
que contenía, por un lado, el derecho a exigir una prestación; y, por el otro, el
deber de ejecutarla. El segundo -o sea, el vínculo de responsabilidad- era en
cambio de carácter subjetivo-objetivo, ya que contenía, por un lado, un derecho
a “ejecutar” el patrimonio del deudor; y, por el otro, un estado de sujeción
patrimonial.
Por su parte, el lado interno en las relaciones reales estaba constituido, en
algunos casos, por un vínculo entre un sujeto y una cosa; y, en otros, por un
vínculo entre dos sujetos que se agregaba a un vínculo subjetivo-objetivo (el de
la responsabilidad). Lo primero ocurría por ejemplo en el caso de la propiedad,
en tanto que aquí el derecho se ejercía directamente sobre una cosa. Lo segundo
ocurría por ejemplo en el caso del derecho real in facendo, ya que aquí el titular
del mismo veía satisfecho su interés con la actuación de un sujeto pasivo. En
este caso, sin embargo, había que tener en cuenta que la actuación de dicho
sujeto se hacía a título de “cumplimiento de una carga”, mientras que la
actuación del sujeto pasivo en las relaciones personales se hacía a título de
“cumplimiento de un deber.
En cuanto al lado externo, que tenía una configuración unívoca, López
de Zavalía sostenía que estaba conformado por un conjunto de vínculos que
conectaban al sujeto activo de los vínculos internos con una pluralidad
indeterminada de sujetos, los mismos que estaban sometidos al deber jurídico
general de no transgredir los vínculos internos de toda relación jurídica. El lado
externo constituía una consecuencia lógica y necesaria del lado interno, ya que
el ordenamiento no podía instaurar determinado enlace -interno- y, a la vez,
autorizar a todos a no respetarlo.
5. CLASES DE RELACIONES JURÍDICAS
a. Por su Estructura
i. Simples: solo existe un vínculo entre el sujeto activo y el sujeto
pasivo, compuesto por un solo “poder” y una sola “obligación”
ii. Complejas: existe una pluralidad de vínculos, ya en su forma más
sencilla de relación recíproca. O en las que aparecen varias
personas.
b. Por su Contenido, Finalidad y Principios Organizadores
i. Relaciones jurídicas de naturaleza pública u organizadoras del
Estado y de las relaciones entre éste y los particulares.
ii. Relaciones jurídicas privadas, entre los particulares o entre éstos
y los órganos del Estado cuando actúan sin autoridad. Entre estas
se encuentran:
De Estado, que se derivan del distinto puesto de la
persona en la sociedad civil (soltero, casado, divorciado,
menor de edad).
Familiares.
De cooperación social.
De tráfico, que se refieren a las creadas por los “negocios
jurídicos” en el ámbito patrimonial.
c. Por el Punto de Vista de las Voluntades
i. Convencionales: cuando el hecho que la produce se origina por el
acuerdo de la voluntad de las partes que participan en ella.
ii. Extraconvencionales: cuando no existe acuerdo de voluntades.
Conformadas por las voluntades que pertenecen al Derecho
Público y las que pertenecen al Derecho Privado.
INTRODUCCION
Este informe recoge aspectos básicos de las Relaciones Jurídicas desde algunos
conceptos, pasando por su estructura, elementos que la integran, teorías (sin fijar
una posición de defensa de ninguna) y clasificación.
CONCLUSION
Una vez realizada esta investigación se puede apreciar que a pesar de existir
una “teoría dominante” acerca de lo que son las Relaciones Jurídicas, también
existen otras 4 Teorías igual de validas que debemos estudiar y discutir mas a
fondo, dominante incluida, para tomar posición favorable acerca de alguna de
ellas, aunque subjetivamente hasta ahora me identifico mas con la Teoría de
Interconexión de Von Tuhr y Lehmann. También podríamos, a partir de ese
estudio-discusión, crear nuestra propia.
REPÚBLICA BOLIVARIANA DEL PODER POPULAR DE VENEZUELA
MISIÓN SUCRE
FACULTAD DE DERECHO
NÚCLEO EL TIGRE – EDO. ANZOÁTEGUI
CATEDRA INICIACION AL DERECHO
Realizado por:
Daniel Castillo
C.I: 13.258.359
El Tigre, Enero de 2011