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LIDERAZGO

Este documento describe varias técnicas de modificación de conducta, incluyendo el refuerzo positivo y negativo, modelado, y encadenamiento. Explica cómo utilizar consecuencias positivas para aumentar la frecuencia de una conducta deseada y consecuencias negativas para disminuir una conducta no deseada. También describe cómo mantener una conducta mediante el uso de refuerzo intermitente y encadenamiento de conductas.

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LIDERAZGO

Este documento describe varias técnicas de modificación de conducta, incluyendo el refuerzo positivo y negativo, modelado, y encadenamiento. Explica cómo utilizar consecuencias positivas para aumentar la frecuencia de una conducta deseada y consecuencias negativas para disminuir una conducta no deseada. También describe cómo mantener una conducta mediante el uso de refuerzo intermitente y encadenamiento de conductas.

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Técnicas de Modificación de

Conducta
MTRA. HIDALI MARTÍNEZ

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TÉCNICAS DE MODIFICACIÓN DE CONDUCTA

1. INTRODUCCIÓN
Si queremos cambiar una conducta inadecuada o enseñar algo nuevo, lo primero que
tenemos que hacer es identificarla lo más objetivamente posible. Para ello, debemos
definirla en términos específicos que requieran un mínimo de interpretación, es decir, de
forma clara, de modo que pueda ser observada (medida y registrada) por personas
diferentes sin necesidad de hacer suposiciones y/ o valoraciones subjetivas.
Podremos analizar cualquier conducta del siguiente modo:

Estímulo ⇒ Conducta ⇒ Consecuencia

Nuestra conducta depende de las consecuencias que obtengamos de ella. Utilizamos el


medio para obtener consecuencias positivas, agradables y para evitar consecuencias
negativas o desagradables. Repetiremos aquellas conductas que van seguidas de un premio
o recompensa y no repetiremos las que no proporcionan consecuencias agradables. En
consecuencia, cualquier intento de eliminar o disminuir una conducta que simultáneamente
no premie las conductas incompatibles, será un fracaso. Por ello, conocer la relación que
existe entre la conducta y sus consecuencias, tipos de consecuencias y cómo usarlas es
fundamental para garantizar una enseñanza eficaz.
Las consecuencias pueden ser positivas o negativas. Las consecuencias positivas son
aquellas que aplicadas inmediatamente después de una conducta producen un aumento en
la frecuencia de ésta. Pueden ser actividades; juegos y juguetes; atención, elogios, sonrisas,
alimentos o bebidas preferidas de cada persona; etc. (ver anexo: “Tabla de premios”). En
general cuando una persona obtiene consecuencias positivas se siente querido y aumenta
la seguridad en sí mismo.
Las consecuencias negativas son aquellas que aplicadas inmediatamente después de una
conducta concreta disminuyen o eliminan la emisión de esa conducta. Esas consecuencias
(pérdida de atención, retirada de juguetes favoritos, “no ir a la piscina —que le encanta—”,
“no ir al cine”, etc.) deben siempre aplicarse en primer lugar, y recurrir al castigo solo y
exclusivamente en situaciones imprescindibles.
Veamos un ejemplo: “Gonzalo es, según sus padres, un niño difícil. Cuando están en la
mesa dice tacos, y cuanto más se insiste en decirle que se calle, más, durante más tiempo y
más alto los dice. Sus padres deciden que cada vez que Gonzalo diga tacos le volverán la
espalda y sólo le prestarán atención cuando se calle. Gonzalo continúa diciendo tacos unos
días pero después deja de hacerlo”. (Fig. 1)

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Fig.1. Nuestra conducta depende de sus consecuencias.

2. PROCEDIMIENTOS PARA LA ADQUISICIÓN O AUMENTO DE LA FRECUENCIADE LA


CONDUCTA
Cuando tratamos de inculcar o reforzar la frecuencia de un comportamiento, para no
producir efectos que no deseamos, no debemos caer en el error de aplicar consecuencias
gratificantes de forma arbitraria, sino sólo y tan sólo a aquellas conductas “buenas”,
adaptadas y cuya frecuencia queramos aumentar. Luego, cuando hayamos logrado que la
conducta que buscábamos se dé con una frecuencia suficiente, deberemos conseguir que
se siga dando —incluso en condiciones distintas a las de su adquisición—. Tendremos que
hacer que las recompensas o premios sean lo más naturales posibles, intentando acercar la
forma de administrarlas a la forma en que las recibe el niño de un modo natural.
2.1. Refuerzo positivo
Este procedimiento consiste en presentar una consecuencia positiva (una recompensa o
premio) inmediatamente después de la emisión de una conducta determinada, y esto
aumenta la probabilidad de que dicha conducta se presente en el futuro.
Se utiliza cuando queremos desarrollar una nueva habilidad, aumentar la frecuencia de
una conducta o cuando el refuerzo de esa conducta disminuye la aparición de una conducta
incompatible no deseada.
Para que este procedimiento funcione, la recompensa tiene que estar en relación con el
comportamiento, ser contingente a éste (ha de ser inmediato) y siempre ha de ir

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acompañado de la especificación de la contingencia y de refuerzo social. Así mismo deben
ser cognitiva y emocionalmente apropiados para la persona, y evitar caer en el error de
“saciar” al niño con la recompensa.

2.2. Refuerzo negativo


Consiste en la desaparición de un objeto o hecho desagradable que antecede a la
respuesta que nos interesa; como consecuencia de dicha desaparición aumenta la
frecuencia de la conducta deseada. La respuesta que buscamos es el medio que hace que
se retire dicho objeto u hecho, es decir, desaparece como consecuencia de la conducta.

2.3. Aproximaciones sucesivas


Este procedimiento consiste en reforzar diferencialmente las respuestas cada vez más
parecidas a la respuesta final deseada, y someter a extinción las que van quedando más
alejadas. Se utiliza cuando la conducta deseada no figura en el repertorio de la persona.
En la aplicación, tras definir de la manera más precisa posible la conducta final que
queremos conseguir, elegiremos una conducta que la persona ya posea y que tenga alguna
semejanza con la conducta objetivo y la reforzaremos consistentemente. Después iremos
restringiendo la amplitud de esa conducta, de modo que reforzaremos las formas cada vez
más parecidas a la conducta deseada.
Por ejemplo, queremos conseguir que Laura permanezca un minuto en la “piscina de
bolas”. Esa conducta no existe en Laura y habrá que “moldearla” mediante aproximaciones
sucesivas. Lo primero que haremos es reforzar cualquier movimiento de aproximación a la
piscina; luego, cuando se acerque a una determinada distancia (por ejemplo un metro) y no
cuando la distancia aumente. El paso siguiente consistirá en reforzarla cuando permanezca,
aunque sea de forma breve, en el borde de la piscina. A continuación, sólo cuando
permanezca sentada en el borde de la piscina con los pies dentro. Después sólo aplicaremos
reforzamiento cuando permanezca dentro, aunque sea durante breves instantes.
Paulatinamente haremos que el tiempo de permanencia sea mayor.
2.4. Modelado
Consiste en dar a la persona la oportunidad de observar en otra persona significativa
para él la conducta nueva que se desea conseguir. El observador debe copiar la conducta
que le presenta el modelo inmediatamente o tras un intervalo de tiempo muy breve.
Este procedimiento se usa en la adquisición de nuevas conductas, eliminación de
respuestas inadecuadas a través de la observación de la conducta apropiada, y como forma
de suprimir miedos o fobias.

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2.5. Encadenamiento
Consiste en recompensar a la persona tras la realización de una serie de conductas
engarzadas unas con otras, formando una cadena natural de actividades.
Por ejemplo, podemos hacer que la merienda se convierta en el último eslabón de la
conducta (por lo tanto en recompensa o premio) si primero deja las cosas del colegio en su
cuarto y después se pone las zapatillas de estar en casa y se lava las manos.
Este procedimiento puede utilizarse para que adquiera nuevas habilidades
(descomponiendo esa conducta en pasos, que se enseñarán mejor si empezamos por el
último de la cadena) o para ensamblar las conductas del niño de modo que constituyan
cadenas y conseguir así que esas conductas se mantengan de forma natural (como
procedimiento para mantener la conducta).

3. PROCEDIMIENTOS PARA MANTENER LA CONDUCTA


Cuando la conducta recién adquirida o que se daba con poca frecuencia alcanza unos
niveles aceptables y está estabilizada deberemos pasar de un programa de reforzamiento
continuo (reforzar cada vez que ocurra la conducta) a uno de reforzamiento intermitente
(reforzar de vez en cuando). Este cambio ha de hacerse lenta y gradualmente para no
provocar que la persona deje de responder a la conducta que ya se estaba estabilizando.
Los procedimientos que hacen que las conductas se mantengan por tiempo indefinido
una vez adquiridas y sin necesidad de que las reforcemos continuamente son el
reforzamiento intermitente y el encadenamiento. Estos procedimientos hacen que las
recompensas y premios sean lo más naturales posibles.

3.1. Reforzamiento intermitente


Consiste en presentar el reforzador de manera discontinua, o sea, que no se refuerzan
todas y cada una de las respuestas del sujeto, sino solamente algunas de ellas. Podemos
utilizar como criterio tanto el número de respuestas dadas (de razón o número) como el
tiempo transcurrido desde el último premio (de intervalo). El paso del reforzamiento
continuo de la conducta al intermitente debe ser gradual, para evitar que la persona deje
de responder.
Los dos tipos de reforzamiento intermitente pueden aplicarse según un criterio fijo o un
criterio variable. Tendremos así cuatro opciones de aplicación:
a) Reforzamiento intermitente de razón o número fijo de respuestas. La recompensa
se
da cuando la persona cumple con un criterio fijo establecido de antemano: cada tres
respuestas, o cada cinco, etc. Por ejemplo, cada diez sumas bien hechas una partida en el
ordenador.

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b) Reforzamiento intermitente de número variable de respuestas. La recompensa se
administra según valores que varían de una a otra en base a un promedio. Por ejemplo,
echar dinero en las tragaperras. El que juega se ve recompensado cada vez que juega un
número de veces a las máquinas.
Es recomendable utilizar este tipo de programas, especialmente los de tipo variable,
cuando se desea que la persona emita una conducta con mucha frecuencia. Produce formas
constantes de respuesta.
c) Reforzamiento intermitente de intervalo fijo de respuestas. La recompensa se
admi-nistra pasado un tiempo fijo establecido de antemano: cada minuto, o cada minuto
cuarenta y cinco segundos, etc. (P.e. exámenes cada trimestre: la conducta de estudio es
muy baja al principio y aumenta según uno se va acercando a la fecha de exámenes, pero
una vez hecho esto, la conducta de estudio disminuye o incluso desaparece durante una
temporada.)
d) Reforzamiento intermitente de intervalo variable de respuestas. La recompensa
se
administra según valores de tiempo que varían de una recompensa a otra.

4. PROCEDIMIENTOS PARA REDUCIR O ELIMINAR LA CONDUCTA

4.1. Extinción
Este procedimiento debe ser aplicado a cualquier conducta mal aprendida. Consiste en,
una vez identificado el reforzador, suprimirlo para que tal conducta desaparezca
gradualmente, es decir, en no dar la recompensa que la mantiene. La suspensión de
reforzamiento debe ser completa; no se debe administrar nunca para esa conducta (si no
estaríamos recompensando de “forma intermitente”, que como hemos visto antes es un
procedimiento para mantener la estabilidad de una conducta). Será más efectiva cuando se
preste atención positiva (se administren consecuencias positivas) a otras conductas
alternativas a las que se quiere eliminar.

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Fig. 2. La decisión de utilizar extinción.

C uando se utiliza éste método al principio se produce un aumento momentáneo de la


conducta que precisamente se quiere eliminar. Hay que esperar a que pase este aumento
inicial de frecuencia para observar la disminución gradual típica de la extinción.
Por ejemplo, cuando llega una visita Alfonso hace “tonterías” y sus padres le dicen:
“Estate quieto”, “Es que no paras ni un momento”, “Deja de hacer tonterías”, etc.,
proporcionándole recompensas de atención que hacen que la conducta de “hacer tonterías”
aumente. Bastará con suprimir la atención que los padres prestan a ese comportamiento (y
por el contrario prestarle atención a conductas contrarias positivas) para que Alfonso
reduzca de forma gradual el comportamiento indeseable.

4.2. Reforzamiento de conductas incompatibles


Es un método complementario de cualquier intento de eliminar una conducta
problemática. Se basa en la administración de recompensas de forma continua a aquellas
conductas que son incompatibles con la que se quiere suprimir y en no aplicar ningún tipo
de consecuencia a la conducta que se quiere eliminar (ignorarla). El aumento de la conducta
alternativa incompatible conlleva una disminución de la conducta indeseable. Por ejemplo,

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y siguiendo el ejemplo anterior, hacer caso a Alfonso en el momento en que esté distraído
jugando, o haya esperado a que no haya nadie hablando para tomar la palabra.
4.3. Aislamiento o tiempo fuera

Fig. 3. La decisión para utilizar tiempo fuera.

Es un procedimiento que puede ser de gran utilidad cuando no podemos retirar el


reforzador que mantiene la conducta. Lo que se hace es sacar a la persona de la situación

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en la que se encuentre cuando realiza la conducta que deseamos suprimir. Puede hacerse
dejándole en su cuarto y llevándose de la habitación todo el material, juguetes, etc.,
poniendo al niño de cara a la pared, en “el rincón de los aburridos” o llevándole a un cuarto
especial. La primera vez que se aplique se dejará claro que hasta que no cese la conducta
no se dejara de “aislarle”.
Antes de aplicar el aislamiento conviene dar una señal o aviso para intentar que sólo la
aclaración verbal tenga poder de controlar la conducta problemática que deseamos
eliminar.
Por ejemplo, si el niño tira arena a sus amigos, la madre dice ¡eso no se hace! o ¡no se
tira arena! y le sienta un rato a su lado. Durante ese tiempo no se le dirige la palabra al niño,
ni se le echa la bronca durante y después del periodo de aislamiento. Luego se da opción a
seguir jugando.
El tiempo de aislamiento será aproximadamente de un minuto por cada año de edad,
siendo útil hasta los 15 años. Demasiado tiempo da opción a buscar otras actividades, y
debemos asegurarnos que no obtiene recompensas. Si en una semana el procedimiento de
aislamiento no da resultado será mejor cambiar de procedimiento.

4.4. Control de estímulos


Si un estímulo está siempre presente cuando se refuerza una respuesta (y ausente
cuando no se refuerza) la conducta en cuestión se emite con mayor probabilidad ante dicho
estímulo que en cualquier otra situación. Aunque en un principio sean neutrales, como
consecuencia del hecho de estar presentes siempre que una conducta es reforzada,
adquieren determinado control sobre ella. Entonces alterando los antecedentes que
controlan las condiciones, podemos eliminar la conducta. La conducta problema puede ser
cambiada asociando estímulos (antecedentes) con recompensas no deseadas.
Por ejemplo, si un niño charla continuamente con el compañero que tiene a su lado, el
profesor generalmente cambia al niño de sitio. Cambiando el sitio, el profesor cambia el
contexto estimular (en este caso la proximidad) en el que la charla (que se quiere evitar)
tiene lugar.
El procedimiento de cambio de estímulos tiene, sin embargo, un corto efecto a la hora
de reducir conductas no deseadas.

4.5. Costo de respuesta o castigo negativo


C onsiste en quitar, como consecuencia de la conducta, algo que gusta (algún reforzador
disponible). Se llama también castigo negativo porque se suprime algo que gusta, pero no
hace uso de estimulación aversiva.

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Por ejemplo, para reducir la conducta indeseada de mantener un coche aparcado
durante mucho tiempo en una zona muy congestionada, aumenta el precio del
aparcamiento por cada hora adicional.

Fig. 4. La decisión para utilizar costo de respuesta.

4.6. Práctica positiva


Este método consiste en hacer que la persona practique, durante periodos de tiempo
determinados, conductas físicamente incompatibles con la conducta inapropiada. No se
mejora, sino que se ejecuta el comportamiento adecuado. Este procedimiento tiene efectos
rápidos y de paso enseña conductas aceptables a los niños.
Por ejemplo, Pedro entra dando un portazo: “Sal y cierra despacio”.
Es importante que utilicemos siempre una clave verbal previa (una advertencia del tipo
“no” en tono claro y firme) que pueda servirnos posteriormente para ser usada como forma
de control sin necesidad de recurrir continuamente a la práctica positiva.

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4.7. Saciedad
Con este procedimiento conseguimos suprimir una conducta basándonos en la
utilización del propio reforzador que la mantiene porque aumentando de forma
considerable la administración de reforzamiento hacemos que el reforzador pierda su valor
como tal. De hecho, el exigir la realización continuada de una actividad en principio
agradable puede convertirla en aversiva. Cuando se decida utilizar este procedimiento ha
de tenerse claro que la conducta problemática que se quiere eliminar la usamos como
recompensa —y sólo como tal— de otras actividades. Al igual que un reforzador que se
presenta con mucha frecuencia y en grandes cantidades produce saciedad, cansa y pierde
su eficacia en el mantenimiento de la conducta, si consideramos la conducta problemática
como una posible recompensa y la usamos sistemáticamente como tal, conseguiremos que
el niño se canse de ella, es decir, deje de realizar la conducta problemática.
Por ejemplo, un niño que sólo quiere comer patatas fritas. Q ue sólo coma eso para
desayunar, comer, merendar y cenar.

4.8. Castigo
Consiste en aplicar una consecuencia punitiva a una conducta. El castigo debe ser usado
sólo y exclusivamente cuando otros procedimientos no hayan funcionado o cuando la propia
vida del niño esté en peligro y ello pueda evitarse recurriendo al castigo. Tal es el caso de
las conductas de autoagresión.
El castigo es efectivo porque reduce o elimina rápidamente la conducta indeseable. Sin
embargo, existen muchas razones para evitarlo: sólo funciona cuando está presente la
persona que castiga, puede provocar agresividad hacia otros (personas o cosas) y no se
puede establecer una relación adecuada entre castigador y castigado puesto que este
último tiende a escapar del primero, etcétera.
Para que sea efectivo han de cumplirse al menos los siguientes requisitos: ha de aplicarse
inmediatamente después de la conducta problemática; debe ir precedido de una señal (un
tono verbal, un gesto, etc.) que más adelante pueda impedir por sí sola la aparición de la
conducta indeseada; ha de aplicarse de forma continua para la conducta que se pretende
eliminar (da mejores resultados con conductas que ocurren muy a menudo); debe reducir
efectivamente la conducta indeseado (si utilizamos un azote, estamos utilizando un azote,
no unas caricias). Siempre deben premiarse las conductas alternativas capaces de sustituir
a la conducta problemática que estamos castigando.
C uando se decida aplicar el castigo como procedimiento de reducción o eliminación de
conductas, ha de emplearse con absoluta calma y retirando otros posibles reforzadores que
existiesen en el momento de aplicar el castigo.

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5. BIBLIOGRAFÍA
IZQ UIERDO , A. (1988): Empleo de métodos y técnicas en terapia de conducta, Promolibro.
KO ZLO FF, M.A. (1980): El aprendizaje y la conducta en la infancia. Problemas y tratamiento,
Fontanella.
MARTO S, J. (1984): Los padres también educan: guía práctica, APN A.
RIBES, E. (1972): Técnicas de modificación de conducta. Su aplicación al retraso en el
desarrollo, Trillas, Mejico.

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