Metáfora o traslación
Mediante el algoritmo analógico conocido como metáfora se identifica verbalmente
algo real (R) con algo evocado o imaginario (i); se identifica, pero no se compara, pues
en ese caso sería un símil, recurso diferente y mucho más simple y primitivo. Puede
decirse, así, que una metáfora es una comparación incompleta: en vez de afirmar que
“ella es tan bonita como una rosa”, se escribe más llanamente “ella es una rosa”, lo que
ya constituye metáfora.
Cuando aparecen los dos términos (real y evocado) estamos ante una metáfora in
praesentia (Ullmann) o metáfora impura o imagen. Cuando no aparece el término
real, sino sólo el metafórico, estamos ante una metáfora pura. Se usa cuando no existe
término propio para la situación, el término propio no tiene la connotación deseada, se
quiere evitar la repetición del término propio o se desea hacer palpable lo que se designa
o dirigir la atención hacia el significante; en suma, cuando se busca novedad o, por usar
la expresión de Novalis, se pretende conceder a lo cotidiano la dignidad de lo
desconocido.
Mas pues, Montano, va mi navecilla
corriendo este gran mar con suelta vela,
hacia la infinidad buscando orilla… Fr. de Aldana, Epístola a Arias Montano
Alma ( R ) = Nave (I)
Dios ( R ) = Mar (I)
La abundancia de metáforas suele oscurecer (noema) un texto; su desarrollo en forma de
alegoría, por el contrario, ilumina una composición creando silogismos de analogía que
la transforman en un instrumento cognoscitivo. La alegoría puede ser muy simple, como
cuando Ramón Gómez de la Serna escribe en una greguería que “el esqueleto es un
ventanal al que se le han roto todos los cristales” pero en realidad está alegorizando lo
quebradiza y fugitiva que es la vida, o compleja, como puede ser Le roman de la rose o
un auto sacramental de Calderón.
Junto a este tipo de metáfora compleja o alegórica está la metáfora motivada, que se
denomina también alegoría: una balanza es alegoría de justicia: en vez de existir
relación arbitraria entre significante sensible y significado abstracto hay una relación
motivada.
La metáfora personal, muy identificada con el espíritu y las vivencias de un poeta, se
denomina símbolo. Se compone igualmente de dos elementos, el sensorial y el
intelectual, pero el símbolo se caracteriza por su permanencia fija en el seno de una
cultura. La cruz es símbolo del cristianismo, pero para los romanos era un instrumento
de ejecución de esclavos, equivalente a una horca. Así puede verse que el símbolo es
colectivizado poco a poco por una cultura y que, inversamente, puede ser
descolectivizado y personalizado con un significado diferente. Gradualmente el símbolo
adquiere significados connotativos personales en el decurso de la historia literaria que se
van añadiendo hasta la polisemia.
El símbolo adquiere desarrollo en la poesía mística española y en la poesía llamada
“simbolista” del siglo XIX, pero pueden encontrarse antecedentes prácticamente en
cualquier época, cuando un autor se obsesiona con un mito o tema determinado; por
ejemplo, Villamediana con el mito de Faetón; se puede hablar entonces de mitos
personales, sin que con ello nos referamos sólo al campo de la mitología. Estos mitos
personales pueden elaborarse y evolucionar hasta llegar a constituirse en un amplio y
complejo sistema simbólico. Ejemplos de esto pueden ser Rubén Darío, Antonio
Machado, Neruda, Aleixandre o el mismo Lorca, que utilizaba como cantera de
metáforas la superstición, la Biblia y Shakespeare hasta elaborar el que es sin duda el
sistema simbólico más complejo de la literatura española. Borges afirma que la historia
de la literatura es en el fondo la historia de unas pocas metáforas, y señala algunas: el
río que es tiempo, la vida que es sueño, los ojos que son estrellas, las mujeres que son
flores… Asimismo, observa que la poesía de las literaturas orientales prescinde de este
para nosotros imprescindible invento, como por ejemplo los haikús o haikáis, que
carecen de metáforas.
Bousoño distingue tres tipos de símbolos: el símbolo disémico, el símbolo
monosémico y la jitanjáfora. El disémico, cuando al significado irracional se añade otro
lógico. El monosémico cuando ha desaparecido por completo el significado lógico y
perdura solamente el significado irracional, aunque las palabras que lo constituyen
tienen todavía significados conceptual por sí mismas y la jitanjáfora, que se construye
cuando se renuncia a todo tipo de significado conceptual creando expresiones nuevas.
Erich Fromm, en El lenguaje olvidado, Buenos Aires: Librería Hachette S.A, 1972,
indaga sobre el lenguaje simbólico y a la simbología de los mitos, los cuentos de hadas,
etc. “El lenguaje simbólico es el único idioma extranjero que todos debiéramos estudiar.
Su comprensión nos pone en contacto con una de las fuentes más significativas de la
sabiduría, la de los mitos, y con las capas más profundas de nuestra propia personalidad.
Más aún, nos ayuda a entender un grado de experiencias que es específicamente
humano porque es común a toda la humanidad, tanto en su tono como en su contenido”.
Para Fromm, como también para los simbolistas franceses, el lenguaje simbólico es un
lenguaje en el que el mundo exterior constituye un símbolo del mundo interior, un
símbolo que representa nuestra alma y nuestra mente. Distingue tres clases de símbolos:
el convencional, el accidental y el universal. Sólo los dos últimos expresan experiencias
internas como si fueran sensoriales, y sólo ellos poseen los elementos del lenguaje
simbólico.
1. El símbolo convencional es el más conocido porque es el que empleamos en el
lenguaje diario. Un ejemplo de este tipo de símbolo sería el lenguaje: el sonido
m-e-s-a y el objeto mesa solo guardan entre ellos una relación convencional: nos
hemos puesto de acuerdo para denominar así a ese objeto.
2. El símbolo accidental es una asociación de carácter personal, estos símbolos no
puede ser compartidos con nadie: por ejemplo, alguien que lo pasó muy mal en
una ciudad la relacionará ya siempre con un estado de ánimo depresivo. Pero no
existe una relación intrínseca entre el símbolo accidental y la realidad que
representa. Los símbolos accidentales aparecen frecuentemente en los sueños.
3. El símbolo universal es aquel en el que hay una relación intrínseca entre el
símbolo y lo que representa: el fuego, símbolo de voracidad, de cambio y
permanencia al mismo tiempo, de poder y energía, de gracia y ligereza. Cuando
usamos el fuego como símbolo, describimos con él una experiencia
caracterizada por los mismos elementos que advertimos en la experiencia
sensorial del fuego, una modalidad anímica de energía, ligereza, movimiento,
gracia, alegría…
Para Fromm el lenguaje del símbolo universal es la única lengua común que ha
producido la especie humana. Todo ser humano que comparte con el resto de la
humanidad las características esenciales del conjunto mental y corporal es capaz de
hablar y entender el lenguaje simbólico que se basa en esas propiedades comunes.
Curtius señala cinco grandes grupos de metáforas en la antigüedad clásica: las náuticas,
las de persona o parentesco, las alimentarias, las corporales y las relativas al teatro.
En el primer grupo, la escritura de una obra se identifica con una navegación: al
principio se abren las velas y al final se cierran (por semejanza con el desenrollar del
libro antiguo). El poeta épico navega en gran navío por el mar y el lírico en
barquichuelo por el río, y existen todo tipo de peligros en la navegación. Esta cantera de
metáforas se amplió, con Horacio, al ámbito de lo político, y desde entonces se habla de
“la nave del estado”.
El segundo tipo de metáforas señala el linaje, parentesco o profesión humana de una
cosa respecto a otra, indicando que es hermana, hija, padre, madre, madrastra, aya, rey,
criada de la otra. Píndaro llama hija de las nubes a la lluvia e hijo de la vid al vino.
Góngora a Cupido nieto de la espuma, y la edición de la obra es un parto. La Biblia usa
también este tipo de metáforas y llama al demonio padre de la mentira, entre otras
expresiones. De ahí se pasa a una auténtica genealogía de la moral. Los libros se suelen
considerar hijos.
En cuanto a las terceras, metáforas gastronómicas, la Biblia es el principal manadero, ya
desde el episodio de la fruta prohibida; está también el hambre y sed de justicia y el
agua de la vida eterna y el pan cuerpo y la sangre vino de Cristo y la santa cena.
Las imágenes corporales se aplican al espíritu: los ojos y oídos del espíritu, por ejemplo.
En cuanto al teatro, la consideración del hombre como juguete, muñeco o títere de los
dioses o Dios es muy antigua. Platón habla de la tragedia o comedia de la vida en el
Filebo. San Pablo dice que los apóstoles fueron destinados al circo romano del mundo.
San Clemente concibe el cosmos como un escenario. El Somnium Scipionis también.
Calderón afirma en La vida es sueño, III:
El dosel de la jura, reducido
a segunda intención, a horror segundo
teatro funesto es, donde importuna
representa tragedias la Fortuna.
Es más, Calderón desarrolla alegóricamente la metáfora haciéndola objeto de obras
enteras por medio del subgénero dramático auto sacramental.
Existen muchos tipos de metáforas. Los principales son los siguientes:
1. Metáfora simple o imagen:
R es i: Tus dientes son perlas
2. Metáfora aposición:
R, i: Tus dientes, perlas de tu boca
3. Metáfora de complemento preposicional del nombre:
R de i: Dientes de perla
I de R: Perlas de dientes
4. Metáfora pura:
I [R ]: Las perlas de tu boca
Se utiliza en la poesía culteranista y en periodos muy cortesanos de la literatura.
5. Metáfora negativa:
No I, R: No es el infierno, es la calle (Lorca)
No R, I: No es la calle, es el infierno
Es una de las aportaciones técnicas del surrealismo
6. Metáfora impresionista o descriptiva:
R, i, i, i, i…: Ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines (Rubén Darío).
7. Metáfora continuada o superpuesta:
R es [I1; I1 es I2; I2 es I3; I3 es] I4: Las mariposas pueblan tu boca [Los dientes
son perlas; las perlas son pétalos de margarita: los pétalos de margarita son alas
de mariposa]
Es una de las aportaciones técnicas del surrealismo.
8. Imagen visionaria. Según Bousoño, consiste en la identificación de R con I a
través no de una base común objetiva, sino subjetiva y emotiva:
El niño que enterramos esta mañana lloraba tanto que hubo necesidad de
llamar a los perros para que callase (F. García Lorca)
9. Metagoge: Variedad de metáfora en que se atribuyen cualidades o propiedades
de vida a cosas inanimadas: reírse el campo. Suele confundirse con la
antropomorfización de la realidad o prosopopeya. Véase metagoge.
10. Metáfora lexicalizada:
Es aquella de la que el hablante no es consciente, porque ha llegado a perder con
el uso su referente imaginario: hoja de papel, por ejemplo.
11. Metáforas literaturizadas:
El abuso por parte de los poetas de la metáfora lleva a una acumulación de
metáforas puras tópicas que pueden hacer de la poesía algo ininteligible para el
profano, como ocurrió con la acumulación de kenningar por los bardos
islandeses y en el culteranismo español. Algunas metáforas literarias tópicas
desde la Edad Media son, por ejemplo, cítara de pluma/ave, el cristal/arroyo o la
hidropesía/hinchazón espiritual o las citadas anteriormente por Curtius.
12. Alegoría o metáfora compleja, cuando exige una explanación extensa que
implica un denso sistema de metáforas de forma no lineal, como en el caso de la
imagen visionaria. Por ejemplo: Ningún hombre es una isla, John Donne.
13. Metáfora sinestésica. En su forma simple confunde dos sensaciones de dos
entre los cinco sentidos corporales: áspero ruido, dulce azul, etc… En su forma
compleja, mezcla una idea, un sentimiento o un objeto concreto con una
impresión sensitiva que le es poco común: “Sobre la tierra amarga”, Machado.