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Un Cruzamiento Kafka

Este resumen describe un animal singular heredado por el narrador que es mitad gato y mitad cordero. El animal tiene características de ambos, como la cabeza y uñas de gato y el tamaño y figura de cordero. A veces se comporta como un gato acurrucándose al sol o trepando tejas, y otras veces corre como loco por el prado como un cordero. El narrador lo alimenta con leche y los niños del vecindario vienen los domingos para verlo y hacer preguntas sobre su naturale

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Un Cruzamiento Kafka

Este resumen describe un animal singular heredado por el narrador que es mitad gato y mitad cordero. El animal tiene características de ambos, como la cabeza y uñas de gato y el tamaño y figura de cordero. A veces se comporta como un gato acurrucándose al sol o trepando tejas, y otras veces corre como loco por el prado como un cordero. El narrador lo alimenta con leche y los niños del vecindario vienen los domingos para verlo y hacer preguntas sobre su naturale

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UN CRUZAMIENTO

Franz Kafka
Traducción de Alejandro Ruíz Guiñazú

Tengo un animal singular, mitad gatito, mitad cordero.


Lo heredé con una de las propiedades de mi padre. Sin
embargo, sólo se desarrolló en mi tiempo, pues antes
tenía más de cordero que de gatito. Ahora participa de
ambas naturalezas por igual. Del gato, la cabeza y las
uñas; del cordero, el tamaño y la figura; de ambos los
ojos, salvajes y encendidos; el pelo suave y bien
asentado; los movimientos, ora saltarines, ora
lánguidos. Al sol sobre el antepecho de la ventana, se
hace una bola y ronronea. En el prado corre como
enloquecido y apenas es posible alcanzarlo. Huye de
los gatos y pretende atacar a los corderos. En noches
de luna son las tejas su camino predilecto. No puede
maullar y le repugnan las ratas. Es capaz de pasar
horas enteras al acecho en el gallinero, pero hasta
ahora no ha aprovechado jamás la ocasión de matar.

Lo alimento con leche dulce; es lo que le sienta


mejor. La bebe sorbiéndola a largos tragos por entre
sus dientes feroces. Naturalmente, es todo un
espectáculo para los niños. El domingo por la mañana
es hora de visitas. Pongo el animalito sobre mis
rodillas y los niños de todo el vecindario se paran a
mi alrededor.

Entonces son formuladas las preguntas más


maravillosas, esas que ningún ser humano puede
contestar: por qué hay sólo un animal como ése, por
qué lo tengo precisamente yo, si antes que él existió
ya otro animal así, y cómo será una vez muerto, si se
siente muy solo, por qué no tiene cría, cómo se llama
etcétera.

No me tomo el trabajo de contestar, y me contento con


mostrar, sin más explicaciones, aquello que poseo. A
veces los niños vienen con gatos y una vez hasta
trajeron dos corderos. Pero, contrariamente a sus
esperanzas, no se produjeron escenas de
reconocimiento. Los animales se miraban tranquilamente
con ojos de animales y consideraron sin duda,
recíprocamente , su existencia como un hecho divino.

Sobre mis rodillas, este animal no conoce ni e miedo


ni deseos de perseguir a nadie. Acurrucado contra mí
es como se siente mejor. Está apegado a la familia que
lo crió. Esto no puede ser considerado, por cierto,
como una muestra de fidelidad extraordinaria, sino
como el recto instinto de un animal que en la tierra
tiene innumerables parientes políticos, pero quizá ni
un solo consanguíneo, párale cual, por lo mismo,
resulta sagrada la protección que ha hallado entre
nosotros.

A veces me hace reír cuando me olfatea, se desliza por


entre mis piernas y no hay manera de apartarlo de mí.
No contento con ser gato y cordero, quiere ser casi
perro. Sucedió una vez que, como puede ocurrirle a
cualquiera, no hallaba solución para mis problemas de
negocios y para todo lo relacionado con ellos, y
pensaba abandonarlo todo; en tal estado de ánimo me
hundí en la hamaca, con el animal sobre las rodillas,
y al mirar hacia abajo advertí casualmente que los
larguísimos pelos de su barba goteaban lágrimas ¿Eran
mías? ¿Eran suyas? ¿Tenía también aquel gato co alma
de cordero ambición humana? No he heredado gran cosa
de mi padre, pero esta herencia es digna de mostrarse.

Tiene ambas inquietudes en sí, la del gato y la del


cordero, por distintas que sean una y otra. Por eso la
piel le es estrecha. A veces salta sobre el asiento, a
mi lado, se apoya con las patas delanteras de mi
hombro y pone el hocico junto a mi oído. Es como si me
dijese algo y entonces se inclina hacia delante y me
mira a la cara para observar la impresión que la
comunicación me ha hecho. Y para ser complaciente con
él, hago como si hubiese comprendido algo y asiento
con la cabeza. Entonces salta al suelo y empieza a
bailotear a mi alrededor.

Tal vez el cuchillo del carnicero fuese una liberación


para este animal, pero como lo he recibido en herencia
debo negárselo. Por eso tendrá que esperar a que el
aliento le falte de por sí, a pesar de que, a veces,
me mire con ojos humanamente comprensivos, que incitan
a obrar comprensivamente.

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