0% encontró este documento útil (0 votos)
55 vistas4 páginas

Archivo

Este documento discute el secreto médico, incluyendo su importancia en la relación médico-paciente, sus bases éticas y legales, y excepciones donde el secreto puede romperse por razones de salud pública u otros motivos.

Cargado por

Vic
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
55 vistas4 páginas

Archivo

Este documento discute el secreto médico, incluyendo su importancia en la relación médico-paciente, sus bases éticas y legales, y excepciones donde el secreto puede romperse por razones de salud pública u otros motivos.

Cargado por

Vic
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Modifica el artículo 127 del Código Sanitario y el artículo 22 del decreto supremo N° 161, de

Salud, que fija el Reglamento de hospitales y clínicas privadas en materia de secreto médico.

Boletín N° 4918-11

VISTOS:

Lo dispuesto en los Artículos 1°, 19°, 63° y 65° de la Constitución Política de la República;
en la ley N° 18.918 Orgánica Constitucional del Congreso Nacional y en el Reglamento de la H.
Cámara de Diputados.

CONSIDERANDO:

1 ° Que, la regla de confidencialidad o del secreto establece que se debe guardar o no revelar
información de naturaleza personal obtenida en una relación fiduciaria. Privacidad y fidelidad son,
por tanto, las dos variables de la regla, sus momentos "objetivo" (cantidad y calidad de la
información) y "subjetivo" (grado de compromiso entre las partes). La privacidad es una prerrogativa
y un derecho universal de las personas, en virtud de su intimidad o identidad, la cual debe ser
protegida. La confianza es un requisito d a relación interpersonal, que obliga a mantener una
promesa sobre el control de la información confidencial.

La regla de confidencialidad puede apoyarse alternativamente tanto con argumentos deontologistas


como utilitaristas, derivándola ya sea del principio de autonomía, ya bien del de beneficencia y
no-maleficencia, según consideraciones sobre el respeto a las personas o sobre la seguridad de las
mismos, respectivamente. Otra cuestión que se plantean consecuencialistas y deontologistas es la
de si la regla de confidencialidad constituye un deber absoluto o sólo prima facie, que nunca debe
violarse o bien que es permitido hacerlo justificadamente cuando otros deberes más fuertes están
en juego.

La tradición del secreto profesional en la relación médico-paciente se remonta al Juramento


Hipocrático: "Callaré todo cuanto vea u oiga, dentro o fuera de mi actuación profesional, que se
refiera a la intimidad humana y no deba divulgarse, convencido de que tales cosas deben
mantenerse en secreto" . Aún cuando la cláusula del Juramento está más próxima del secreto
pitagórico que del moderno principio de privacidad, los códigos deontológicos siempre han
enfatizado el secreto médico como norma de conducta indispensable para la buena relación
terapéutica. También ha sido permanente la discusión acerca del alcance del deber de
confidencialidad, cuya violación a veces se justifica por el privilegio terapéutico (derecho pero no
deber de revelar información) y otras por el cumplimiento de un deber más obligante, ya sea legal y
contemplado en los códigos (declaración ante los poderes públicos: seguridad, justicia, salud o
prevención epidemiológica) o estrictamente moral (protección del bienestar individual o social).

2° Que, el secreto médico es la obligación que tienen los médicos y odontólogos de guardar reserva
de los hechos conocidos por ellos durante el ejercicio de su profesión. Esta obligación nace de
normas legales y éticas.

El respaldo ético al secreto en la medicina es tradicional y está contenido ya en el juramento


hipocrático.

En los Códigos de ética de los colegios médicos y de dentista se señala expresamente la obligación
del secreto.

El secreto médico es un derecho objetivo del paciente que el profesional está obligado a respetar en
forma absoluta, por ser un derecho natural, no prometido ni pactado, el secreto médico comprende
también el nombre del paciente.

Lo anterior es el respaldo moral del secreto. El respaldo legal se encuentra en los Códigos, por
ejemplo:

- Código Penal. Artículo 247: "El empleador público que, habiendo por razón de su cargo los
secretos de un particular, los descubriere con perjuicio de éste, incurrirá en las penas de
reclusión menor en sus grados mínimo a medio y multa en dinero. Las mismas penas se
aplicaran a los que ejerciendo alguna de las profesionales que requiere título, revelan
secretos que por razón de ellas se las hubiere".
- Código de Procedimientos Penal: De las declaraciones de testigos. Artículos 201: "Párrafo 2°:
no están obligados a declarar aquellas personas que por su estado, profesión o función legal,
como el abogado, médico o confesor, tienen él deber de guardar el secreto que les haya
confiado, pero únicamente en lo que se refiere a dicho secreto."

Sin embargo, la ley obliga a romper el secreto en diversas situaciones:

- Frente a muerte sospechosa, violenta o provocada

- Lesiones corporales

- Al inscribirse un nacimiento

- Al certificado una defunción

- Al denunciar las enfermedades infectocontagiosas

- Al calificar la invalidez en accidentes del trabajo, etc.

Partiendo de la base de que el profesional esta actuando con la mayor solvencia moral, ética y
responsabilidad, habrá un secreto absoluto que se podrá para siempre, cuando su divulgación
pueda dañar a un paciente pero no a la sociedad.

Habrá secreto relativo en los casos en que por interés superior de la justicia y de la sociedad, deban
ser revelados secretos conocidos durante el ejercicio de la profesión.

El secreto médico va a depender en última instancia de la conciencia del profesional. Esto es


necesario poseer la más alta solvencia en el orden moral. No hacer las cosas por temor a la Ley,
sino hacerlas o no hacerlas según el dictado consiente de la formación moral y lo profesional. En
este sentido se valora la ética.

No obstante, las normas actuales sobre secreto médico impiden que, en la práctica, los facultativos
puedan alertar a terceros sobre el peligro que representa la condición de salud de determinadas
personas.

3° Que, la relación médico-paciente se establece sobre una base de mutua confianza. Tiene como
fundamento el respeto al paciente por parte del médico, y se orienta primariamente a recuperar o
mantener la salud del enfermo. Parte de ese respeto lo constituye la obligación de guardar silencio
acerca de aquellas cosas que el paciente comunica al médico sobre su peculiar situación de
debilidad.

El médico debe guardar secreto de todo lo que el enfermo le relate, por la misma naturaleza de las
cosas que se le confían, por la finalidad específica con la que esas cosas se le revelan, y por su
compromiso tácito muchas veces, pero que el enfermo conoce de silenciar aquello que vea, oiga o
entienda en el ejercicio de su profesión. Se trata, por tanto, de un secreto profesional que es a la
vez natural por la naturaleza misma de lo que el enfermo confía al médico, promisorio se
sobrentiende siempre que el médico se ha comprometido, por el hecho de ser médico, a no revelar
nunca lo que le diga el enfermo y comisorio, ya que el paciente revela una serie de hechos con un
fin concreto, con la condición implícita de que nunca serán revelados a otros. Este comportamiento
es un valor tradicional de la profesión médica, que testifican todos los códigos y declaraciones de
carácter ético profesional en la historia de la Medicina.

Ahora bien, la salud personal que persigue la relación médico enfermo es, en principio, un bien
estrictamente privado, aunque pueda tener repercusiones en otros ámbitos (laboral, familiar, social,
etc.). Las confidencias que el paciente haga al médico, por tanto, sólo deberán ser usadas por éste
con vistas a la salud del enfermo.

El enfermo es la persona a quien primero debe informar el médico de todo lo referente a su estado
de salud. Es más, el enfermo puede tener acceso a su historia clínica, con la lógica excepción de
algunas enfermedades mentales y algunas situaciones límite peculiares). Sus familiares o
representantes legales no tienen derecho, en principio, a saber lo que concierne a la salud del
enfermo, aunque se presume generalmente que el enfermo no quiere ocultarles nada de su estado;
por ello, si no hay indicación en contrario por parte del enfermo, puede darse a los familiares la
información pertinente. Pero si el enfermo no quiere que sus familiares conozcan nada de su salud,
siempre que esto no sea un daño para ellos (que se trate de una enfermedad contagiosa que puede
afectar a la familia, por ejemplo), debe respetarse su deseo.

Ante la pregunta de personas extrañas prensa, público, conocidos o amigos sobre el estado del
paciente, el médico debe remitirles al paciente mismo o, en todo caso, a sus familiares, que
juzgarán si es oportuno informar o callar. Por otra parte, es una falta de delicadeza, y manifestación
de oficiosidad e indiscreción por parte del personal médico de un hospital, preguntar a los médicos
que atienden al enfermo por su estado de salud. El médico, amigo del enfermo pero que no le
atiende, si desea saber algo sobre la enfermedad de su amigo, debe acudir al enfermo mismo o a
sus familiares.

La obligación del secreto afecta, en primer lugar, a los médicos que se relacionen profesionalmente
con el enfermo, ya sea en la consulta o en exploraciones complementarias, atenciones de un
especialista, etc.; también a todo el personal paramédico (enfermeras, estudiantes de medicina y
enfermería, auxiliares de clínica, laboratorio, etc.); y a todos los no médicos que de algún modo
participen en la atención del enfermo (personal no médico de un hospital, como el del servicio de
limpieza, secretaría y oficinas, relaciones públicas, etc.).

Para evitar que el secreto tenga que ser compartido por muchas personas, es conveniente que el
nombre del enfermo no llegue a quienes no tienen que conocerlo necesariamente. Así, las muestras
que llegan al laboratorio pueden estar rotuladas con un simple número, o los documentos en que
figure su nombre no deben contener, en lo posible, datos de su historia clínica. A la hora de cobrar
la consulta médica no es necesario que figure en la factura el departamento al que ha acudido, o las
pruebas diagnósticas se le han realizado, cuando pueda bastar una descripción genérica. En estos
detalles pequeños de discreción y delicadeza se refleja la calidad deontológica de un buen
profesional.

Estas precauciones con los datos que el enfermo confía deben extenderse a su elaboración
informática, a su transmisión telefónica, a las grabaciones magnetofónicas o de vídeo, a los
estudios para trabajos científicos, a la custodia de las historias clínicas a las que no debe tener
acceso cualquier persona, y a todo lo que se haga con los datos del enfermo. Debe buscarse
siempre el bien del paciente en todo lo que se haga. El secreto debe ser tanto más celosamente
guardado cuantos más graves problemas pueda suponer para el enfermo la revelación de su
intimidad (enfermos de SIDA, diagnóstico prenatal del sexo de un hijo de padres favorables al
aborto, drogadictos, exámenes de salud previos al contrato de trabajo, homosexualidad, infecciones
de transmisión sexual y otras).

El secreto médico puede ser derogado sólo cuando está en juego un bien mayor, como pueda ser
la salud de otras personas (enfermedades infecciosas, por ejemplo), u otros bienes sociales de
superior categoría (procesos legales con inculpación de inocentes, etc.). En estos casos, y
solamente en éstos, el médico puede revelar lo estrictamente preciso para atender a esa finalidad
prevalente, para evitar males mayores; pero deberá callar todas las otras confidencias del paciente.
En muchas ocasiones bastará denunciar genéricamente los casos de enfermedad, sin revelar el
nombre de los enfermos.

En suma, la confidencia del paciente deja al médico en una situación privilegiada y su información
debe ser custodiada celosamente en cualquier circunstancia, pero ello no constituye un derecho
absoluto y, en este sentido, merece especial atención regular los matices que se presentan en
relación a este tema.
POR TANTO,

Los diputados que suscriben vienen en someter a vuestra consideración el siguiente,

PROYECTO DE LEY

MODIFICA EL ARTÍCULO 127° DEL CÓDIGO SANITARIO Y EL ARTÍCULO


22° DEL DECRETO SUPREMO N° 161 DEL MINISTERIO DE SALUD QUE FIJA
EL REGLAMENTO DE HOSPITALES Y CLINICAS PRIVADAS EN MATERIA
DE SECRETO MEDICO

Artículo 1°: Modifiquese el artículo 127° del CÓDIGO SANITARIO y reemplácese el actual texto de la
norma por el siguiente:

Art. 127. Los productos farmacéuticos sólo podrán expenderse al público con receta médica, salvo
aquellos que determine el reglamento.

Las recetas médicas y análisis o exámenes de laboratorios clínicos y servicios relacionados con la
salud son reservados. Sólo podrá revelarse su contenido o darse copia de ellos con el
consentimiento expreso del paciente, otorgado por escrito. Quien divulgare su contenido
indebidamente, o infringiere las disposiciones del inciso siguiente, será castigado en la forma y con
las sanciones establecidas en el Libro Décimo. Sin embargo, con discreción, exclusivamente y ante
quien tenga que hacerlo y en sus justos y restringidos límites, el médico revelará el secreto cuando
venga determinado por imperativo legal o cuando con su silencio se diera lugar a un perjuicio al
propio paciente u otras personas, o un peligro colectivo.

Lo dispuesto en este artículo no obsta para que las farmacias puedan dar a conocer, para fines
estadísticos, las ventas de productos farmacéuticos de cualquier naturaleza, incluyendo la
denominación y cantidad de ellos. En ningún caso la información que proporcionen las farmacias
consignará el nombre de los pacientes destinatarios de las recetas, ni el de los médicos que las
expidieron, ni datos que sirvan para identificarlos.

Articulo 2°: Modifiquese el inciso primero del artículo 22° del decreto supremo N° 161 DECRETO
SUPREMO N° 161 DEL MINISTERIO DE SALUD QUE FIJA EL REGLAMENTO DE HOSPITALES Y
CLINICAS PRIVADAS, y reemplácese el texto de la norma aludida por el siguiente:

Art.22. Toda la información bioestadística o clínica que afecte a personas internadas o atendidas en
el establecimiento tendrá carácter reservado y estará sujeta a las disposiciones contenidas en el
artículo 127° del Código Sanitario y a las demás disposiciones relativas al secreto profesional.

También podría gustarte