César Nakazaki
Martes, 21 de octubre de 2014 – LA LEY
EL DERECHO A LA DEFENSA ES INHERENTE AL SER HUMANO
¿La defensa eficaz es motivo
de impunidad?
Es una pregunta que motiva a repasar permanentemente la respuesta, porque a lo
largo de la historia, sobre todo en los casos que generan una gran impresión o
indignación social, un sector importante de la sociedad se opone y cuestiona que la
persona sometida al caso mediático o emblemático tenga defensa.
En tales circunstancias muchos sienten que el “miserable” o “indeseable”; el culpable
mediático, no debe ser defendido y sí castigado de la forma más severa o dura.
Es claro que tal sentimiento o impresión social carece de razón. El derecho a la defensa es
inherente al ser humano; la condición de delincuente y la sanción penal que corresponde
imponer, sólo es consecuencia de un proceso penal con todas las garantías.
Ya la historia demostró porque el ajusticiamiento, de cualquier tipo, jamás será justicia.
La reflexión va por tratar de encontrar la causa de tal desconfianza al rol del abogado, que
por cierto no puedo negar muchas veces es justificada.
La defensa penal no es arbitraria, esto es, el penalista no la puede plantear a libre albedrío
o voluntad; tiene dos límites: la Deontología Forense y el Derecho.
El artículo 18 del Código de Ética del Abogado reconoce la libertad de patrocinio. El
abogado tiene derecho de aceptar o rechazar una defensa sin tener que justificar la
decisión; la libertad de patrocinio le permite aceptar todo tipo de causas, incluyendo
aquellas que conozca de la culpabilidad del patrocinado. La exigencia ética no es respecto
de la persona o asunto que se defiende, sino los medios de defensa que utilice; sólo puede
utilizar medios legales que aseguren al patrocinado un proceso penal con todas las
garantías.
La libertad de patrocinio tiene tres límites: a) conciencia de la falta de capacidad para
realizar una defensa eficaz; b) el empleo de medios ilegales para el patrocinio; y c) la
existencia de conflicto de interés. Salvo consentimiento expreso de los afectados.
La defensa de una persona no afecta la independencia del abogado, pues no constituye un
aval de la persona del defendido y sus diversos intereses. Se defiende exclusivamente al
ser humano por el hecho que motiva el patrocinio.
El Derecho fija el objeto y forma de la defensa; los hechos, las pruebas, los argumentos,
los recursos que debe utilizar el abogado en desarrollo de su defensa técnica.
Dentro de estos lineamientos la defensa del abogado puede ser: a) de
inocencia; b) insuficiencia de pruebas; c) culpabilidad y discusión de tipificación y
consecuencias penales.
Ninguna de las alternativas de defensa penal que se plantea puede llevar a la impunidad,
es decir a la injusticia.
Cuando el abogado defiende a un culpable, sea por insuficiencia de prueba, confesión,
conformidad con la acusación, terminación anticipada, etc.; no daña a la sociedad, por el
contrario contribuye con ella a lograr justicia a través de la única vía que permite un Estado
de Derecho y una sociedad que aspira a ser civilizada: la determinación del delito, la
condición de delincuente y la imposición de consecuencias penales como resultado de un
debido proceso penal.
Hay que se tajante en denunciar que no todo acto que se haga a título de abogado es
abogacía; pues no basta título profesional y colegiatura para ser abogado, es necesario
ejercer la abogacía única y exclusivamente a través del Derecho.
No se puede pretender defender a toda persona a partir de una tesis de inocencia si el
caso penal no lo permite; el hacerlo en tales condiciones no constituye un acto de
abogacía, de defensa técnica; es por el contrario un acto antiético, de no abogado, e
incluso delictivo.
Cuando el caso lo exige, por ejemplo por la existencia o proyección de evidencias; el
abogado tiene el deber de proponer al patrocinado la aceptación de culpabilidad y trabajar
alguna de las alternativas, varias por cierto, que brinda el Derecho; principio de
oportunidad; acuerdo reparatorio; el proceso de terminación anticipada; la conformidad con
la acusación; la colaboración eficaz; o también dentro de un juzgamiento demostrar la
existencia de errores de tipificación, causas de justificación imperfectas, eximentes de
responsabilidad incompletas, u otro tipo de circunstancias atenuantes de la pena que
incluso pueden encontrarse en las ciencias penales auxiliares como la criminología, la
psiquiatría y psicología criminal, o la víctimología.
Con experiencia y conocimiento siempre habrá una defensa penal que ofrecer a un
culpable, dentro del marco jurídico; de allí que con toda firmeza me reafirmo en la
respuesta; que la defensa eficaz jamás puede generar impunidad, sino ser un factor de
contribución a alcanzar la justicia.
Es a partir de esta convicción que se puede ejercer la libertad de patrocinio con
tranquilidad y responsabilidad; toda persona puede y debe defenderse, máxime si la
presión social o las dificultades del caso, generan peligro de indefensión.
No hay persona o causa indefendible; y si alguna circunstancia así lo hiciera pensar, por el
contrario se estaría frente a un caso donde debe agotarse todo esfuerzo en asegurar el
derecho a la defensa de un ser humano en las circunstancias más difíciles.
CESAR NAKSAKI
Hoy en un juicio en la Corte de Ayacucho planteare una interpretación constitucional de la
regla de la prueba nueva: la necesidad de prueba por falta de defensa eficaz en la
investigación preparatoria y la etapa intermedia.
En sentido estricto la prueba nueva es la que se produce, o se accede, peses a la
diligencia de parte, con posterioridad a la etapa intermedia.
Teniendo en cuenta que la prueba es un concepto jurídico; que pasa en los casita en los
que la falta de defensa eficaz por abogado incompetente o poco ético no aporta las
pruebas de defensa que el caso exige.
El defendido afirma que no es su letra la que aparece en la letra en un caso de
defraudación por abuso de papel en blanco, y el "defensor" no aporta uva pericia
grafotecnica.
El defendido sufre de trastorno bipolar en fase maníaca con síntomas psicóticos al
momento de matar varias personas en un caso de asesinato; el "defensor" no aporta una
pericia psiquiátrica.
O simplemente no contesta la acusación y ofrece prueba fuera del plazo legal.
El derecho a la defensa eficaz se garantiza a través de un abogado que realice la defensa
técnica que el caso exige; no lo que pueda o quiera hacer.
El garante del derecho a la defensa eficaz no es el patrocinado, como tampoco el paciente
respecto al derecho a la atención médica; sino el Estado; en el proceso penal el juez.
La falta de defensa eficaz constituye una nulidad procesal absoluta del proceso penal.
De allí que la flexibilización de la regla de la prueba nueva es un remedio para "curar" el
proceso de la nulidad por falta de defensa eficaz.
Máxime si la Corte Suprema ha establecido por casación flexibilización a esta regla
invocando el fin de obtención de verdad de la actividad probatoria, pero salvando la
negligencia de fiscalía, ojo, pese a que tiene la carga de la prueba y a la garantía de la
presunción de inocencia.
En uno de los casos por delito sexual fiscalía olvidó aportar el testimonio de la agraviada
en la acusación, ya existente en la investigación preparatoria, y al inicio del juicio se
corrige la negligencia probatoria aportando el testimonio como prueba nueva.
Asumiendo que la función de la prueba es la verdad; máxime si la CIDH en jurisprudencia
vinculante reconoce como derecho del ser humano la verdad en el proceso penal; la regla
es la admisión de toda prueba relevante; pertinente y útil; las exclusiones probatorias son
excepcionales; en tanto y en cuanto respondan a un fundamento superior al derecho a la
defensa, a la prueba y a la verdad; esta última no sólo es derecho de los agraviados, sino
también del acusado.
La preclusion, principio procesal, no e superior a los derechos fundamentales invocados;
máxime si en el nuevo proceso, después de la prueba nueva hay dos momentos más para
incorporarla; la prueba de oficio que puede ser a petición de parte, y la prueba en el
procedimiento de apelación de sentencia o segunda instancia.
Finalizo la reflexión recordando que un principio fundamental no sólo de la garantía de la
defensa, sino de la producción de prueba en el juicio es el contradictorio, sin este no hay
prueba de cargo.
Una manifestación de la contradicción es la producción de contra prueba, no sólo el control
y la participación en la actuación de la prueba de cargo.
No hay prueba sin contra prueba si el acusado no acepta la acusación y máxime postula
que es inocente, por ejemplo, porque mato en legítima defensa; la preclusion no es
suficiente motivo para que no se realicen en juicio actos probatorios para demostrarla.
POR : Mercedes Herrera Guerrero. – [Link]
La defensa eficaz como presupuesto
de validez del proceso penal
El derecho fundamental a la defensa procesal está regulado por el art. 11, inciso 1 de
la Declaración Universal de Derechos Humanos; el artículo 14, inciso 3, parágrafo d) del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; el artículo 8, inciso 2, parágrafo d) de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos; y el artículo 139, inciso 14 de la
Constitución Política de 1993.
La defensa procesal no es sólo un derecho subjetivo, sino también una garantía, esto es,
una condición esencial de validez de todo proceso penal propio de un Estado de
Derecho. En este sentido, corresponde al Estado velar para que esta garantía sea real y
efectiva en todo proceso.
Ahora bien, en lo que respecta a la defensa técnica, tal como señala la doctrina
(Cafferata Nores, Jauchen) no basta la mera presencia del abogado defensor, ya que el
equilibrio de las partes exige una actividad profesional diligente y eficaz del defensor
exige una actividad profesional diligente y eficaz del defensor. Cuando no hay
una defensa eficaz, se hace preciso sustituir al abogado defensor, teniéndose por nulos
los actos procesales efectuados por el abogado negligente.
En esta línea, señala JAUCHEN: «es imprescindible que el defensor agote
pormenorizadamente una razonada refutación de las pruebas y fundamentos de cargo,
tanto desde el punto de vista de hecho como de Derecho».
La negligencia, inactividad, la ignorancia de la ley, o el descuido del defensor, no
justifica el estado de indefensión del imputado en el proceso penal. Es un deber del
Estado garantizar que la presencia del abogado defensor en el proceso no sea
únicamente una de tipo formal, éste debe asistir real, efectiva e idóneamente al
imputado en el proceso penal.
En esta línea, la sentencia del 30 de mayo de 1999, caso “Petruzzi v. Estado Peruano” la
Corte IDH reitera que en el proceso penal la persona tiene derecho a una defensa
adecuada y que por tanto constituye un estado de indefensión prohibido por el Pacto de
San José una presencia o actuación de un defensor meramente formal.
Uno de los contenidos de la defensa eficaz es la contradicción fundamentada de los
hechos, pruebas y argumentos de cargo. En este sentido, coincidimos con Cafferata
Nores[1] en cuanto puntualiza que la mera existencia del defensor suele ser insuficiente
por si sola para garantizar el principio de igualdad de armas en el proceso penal, en la
medida que sólo produce una “igualdad formal”. Más aún, el equilibrio propio de la
igualdad de armas exige una actividad profesional diligente y eficaz. A tal punto que, si
no hay defensa eficaz estamos frente a un “abandono implícito de la defensa”, se
trataría de una mera defensa formal que no pone a salvo los derechos y garantías del
imputado.
Como ha señalado[2] el Supremo Tribunal de Justicia de los Estados Unidos «existen
dos componentes a ser analizados para determinar si ha existido una defensa
efectiva: el comportamiento deficiente del abogado y el perjuicio ocasionado por la
conducta del abogado». La regla de la defensa eficaz del abogado es un estándar
objetivo de carácter razonable. De tal forma, que a fin de establecer si el resultado
perjudicial es error del abogado debe demostrarse que el resultado hubiera sido
diferente de haber sido otra la conducta del abogado. En definitiva, la garantía de
la defensa procesal exige que los actos de la defensa técnica NECESARIAMENTE
se efectúen como crítica oposición a la pretensión punitiva. La defensa que no se
realice bajo este parámetro debe considerarse nula, ya que en estricto el imputado no
habría contado con un abogado que permita el ejercicio de su derecho de defensa.
Como ejemplos se pueden mencionar el caso de un abogado que no advirtió el carácter
atípico de un hecho, por no haber manejado aspectos básicos acerca de la imputación
objetiva: un presunto fraude en la administración de persona jurídica en el que el
imputado carecía de competencias para tomar decisiones sobre la empresa en cuestión;
si el defensor en un presunto homicidio culposo no advirtió que el hecho se debió
exclusivamente a la autopuesta en peligro de la víctima y permitió que su patrocinado se
someta a la terminación anticipada; cuando el abogado no advirtió que el hecho
atribuido a su patrocinado no debe juzgarse en un proceso inmediato, sino en una
ordinario, y debido a su negligencia aquél debe afrontar un proceso distinto al
ordinariamente previsto por ley. En todos estos casos, podría válidamente solicitarse la
nulidad del proceso.
[1] Vid. Cafferata Nores, José. Proceso Penal y Derechos Humanos. Centro de Estudios
Legales y Sociales, Editores del Puerto, Buenos Aires, 2000, p 118.
[2] Weatherford v. Bursey 429 US 545 (1977)
El derecho de defensa
EL DERECHO DE DEFENSA
(Publicada en la Revista Jurídica de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la
Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. Tomo I. Julio 2012)
Freddy Hernández Rengifo[1]
I. MARCO NORMATIVO.
El artículo 139°, inciso 14, de la Constitución Política del Perú de 1993, establece el principio de
que toda persona no puede ser privada del derecho de defensa en ningún estado del proceso,
esto incluye también el proceso por faltas.
El artículo 11°, inciso 1, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, señala que
toda persona acusada de un delito se le asegure todas las garantías necesarias para su
defensa.
El artículo 14°, inciso 3, numeral d) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
indica que toda persona tiene derecho a hallarse presente en un proceso, a defenderse y
hacer asistida por un defensor de su elección, y si no tuviera defensor, el derecho que se le
nombre un defensor de oficio.
El Artículo 8°, inciso 2, numeral d) y e) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
establece, que durante el proceso toda persona tiene derecho, en plena igualdad, al derecho
del inculpado de ser asistido por un defensor de su elección o el derecho irrenunciable de ser
asistido por un defensor proporcionado por el Estado.
Asimismo, el artículo 8°, inciso 2, numeral f) de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, señala, el derecho que tiene la defensa de interrogar a los peritos sobre la pericia
realizada.
II. EL DERECHO DE DEFENSA.
La Constitución en su articulo 139, inciso 14, reconoce el derecho de defensa; en virtud de
dicho derecho se garantiza que los justiciables, en la protección de sus derechos y
obligaciones, cualquiera sea su naturaleza (civil, mercantil, penal, laboral, etc.), no queden en
estado de indefensión[2].
El derecho de defensa consiste en la obligación de ser oído, asistido por un abogado de la
elección del acusado o demandado, o en su defecto a contar con uno de oficio. Este derecho
comprende la oportunidad de alegar y probar procesalmente los derechos o intereses, sin que
pueda permitirse la resolución judicial inaudita parte, salvo que se trate de una
incomparecencia voluntaria, expresa o tacita, o por una negligencia que es imputable a la parte.
La intervención del abogado no constituye una simple formalidad. Su ausencia en juicio implica
una infracción grave que conlleva a la nulidad e ineficacia de los actos procesales actuados sin
su presencia[3].
El derecho de defensa protege el derecho a no quedar en estado de indefensión en
cualquier etapa del proceso judicial o del procedimiento administrativo sancionador. Este
estado de indefensión no solo es evidente cuando, pese a atribuirse la comisión de un acto u
omisión antijurídico, se le sanciona a un justiciable o a un particular sin permitirle ser oído o
formular sus descargos, con las debidas garantías, sino también a lo largo de todas etapas del
proceso y frente a cualquier tipo de articulaciones que se pueden promover[4].
El derecho de defensa implica a su vez varios derechos, tales como: que el acusado cuente
con un abogado defensor, que este pueda comunicarse libremente con su defendido sin
interferencia ni censura y en forma confidencial (pudiendo ser vigilado visualmente por un
funcionario que no escuchara la conversación), que sea informado de las razones de la
detención, que sea informado oportunamente de la naturaleza de la acusación iniciada en su
contra, que tenga acceso al expediente, archivos y documentos o las diligencias del proceso,
que se disponga del tiempo y medios necesarios para preparar la defensa, que cuente con in
interprete o traductor si el inculpado no conoce el idioma del Tribunal, entre otros. Un ejemplo
de violación de este derecho fue visto por la Corte Interamericana en el caso Suarez
Rosero[5].
El Tribunal Constitucional ha señalado, en la sentencia STC 06648-2006-HC/TC, fundamento
4, que la Constitución en su artículo 139 inciso 14 reconoce el derecho a la defensa; en virtud
de dicho derecho se garantiza que los justiciables, en la protección de sus derechos y
obligaciones, cualquiera sea su naturaleza (civil, mercantil, penal laboral, etc.) no queden en
estado de indefensión. El contenido esencial del derecho de defensa queda afectado cuando,
en el seno de un proceso judicial cualquiera de las partes resulta impedida, por actos concretos
de los órganos judiciales, de ejercer los medios necesarios, suficientes y eficaces para
defender sus derechos e intereses legítimos.
El derecho de defensa es esencial en todo ordenamiento jurídico. Mediante le se protege una
parte medular del debido proceso. Las partes en juicio deben estar en la posibilidad jurídica y
fáctica de ser debidamente citadas, oídas y vencidas mediante prueba evidente y eficiente. El
derecho de defensa garantiza que ello sea así[6].
Muy ligado con el ejercicio pleno del derecho de defensa, esta el acto procesal de notificación
de las distintas resoluciones judiciales. Solo conociendo los fundamentos y sentido de una
resolución se podrá realizar una adecuada defensa.
El derecho de defensa tiene vigencia plena a los largo de todo el proceso, tal derecho de
defensa se proyecta a todas las etapas y articulaciones que pudiera comprender el proceso,
como el uso de los recursos impugnativos[7].
El derecho a la defensa contradictoria, comprende el derecho de intervenir en el proceso
aunque se vea afectada la situación de la persona, y que integra el derecho a hacer
alegaciones, presidido por el principio de igualdad de las partes, y que tiene relación directa
con el derecho a usar los medios de prueba que resulten pertinentes[8].
III. CONTENIDO CONSTITUCIONALMENTE PROTEGIDO DEL DERECHO DE DEFENSA.
La garantía del contenido esencial de los derechos constitucionales, se puede formular de
modo general, que todo derecho constitucional o fundamental cuenta con un contenido jurídico
constitucional, el cual es jurídicamente determinable y exigible al poder político y a los
particulares, y el Tribunal Constitucional peruano siguiendo los criterios hermenéuticos del
Tribunal Constitucional Español, el mismo que encuentra su formulación y asentimiento en el
ordenamiento constitucional alemán, ha determinado el contenido constitucional protegido de
algunos derechos constitucionales[9].
Existen dos caminos, seguido por el Tribunal Constitucional Español en su sentencia STC
11/1981; por un lado, trata de acudir a la naturaleza jurídica o el modo de concebir o configurar
cada derecho, constituyendo el contenido esencial de un derecho subjetivo aquellas facultades
o posibilidades de actuación necesaria para que el derecho sea reconocible como pertinente al
tipo descrito y sin las cuales deja de pertenecer a ese tipo y tiene que pasar a quedar
comprendido en otro, desnaturalizándose por decirlo así; y el otro, consiste en buscar los
intereses jurídicamente protegidos como núcleo y medula de los derechos subjetivos, Se puede
entonces hablar de una esencialidad del contenido del derecho para hacer referencia aquella
parte del contenido del derecho que es absolutamente necesaria para que los intereses
jurídicamente protegibles que dan vida al derecho, resulten real, concreta y efectivamente
protegidos[10].
El ejercicio del derecho de defensa, de especial relevancia en el proceso penal, tiene una doble
dimensión: Una material, referida al derecho del imputado de ejercer su propia defensa desde
el mismo instante en que toma conocimiento de que se le atribuye la comisión de determinado
hecho delictivo; y otra formal, que supone el derecho a una defensa técnica; esto es el
asesoramiento y patrocinio de un abogado defensor durante todo el tiempo que dure el
proceso. Ambas dimensiones del derecho de defensa forman parte del contenido
constitucionalmente protegido del derecho en referencia. En ambos casos, se garantiza el
derecho de no ser postrado a un estado de indefensión[11].
El principio del derecho a ser oído, elevado al rango de derecho fundamental en el articulo 103,
de la ley Fundamental, es una consecuencia del concepto del estado de Derecho para el
territorio donde se desarrolla el proceso judicial. La función de los tribunales, de dictar en
derecho una sentencia definitiva en un caso concreto, no se puede llevar a cabo por regla
general sin oír al inculpado. Esto es por consiguiente presupuesto para una decisión correcta.
Adicionalmente, la dignidad de la persona exige que no se disponga de su derecho, de oficio,
sin consideración alguna; la persona no debe ser solo objeto de la decisión judicial, sino que
debe poder pronunciarse antes de una decisión qe afecte sus derechos, para poder influir en el
proceso[12].
El derecho de defensa permite la intervención del abogado a favor del imputado, y cuyos
servicios también se prestan para aquellos que han sido citados en calidad de testigos,
recibiendo estos, el asesoramiento legal pertinente, garantizándose así en todas las diligencias
policiales y procesales[13].
La interdicción constitucional de la indefensión se proyecta sobre todo el proceso y
especialmente sobre su fase central o nuclear: La de la defensa, por las partes, de sus
respectivas posiciones a través de los medios que considere conveniente a su derecho. De
esta suerte se produce una indefensión constitucionalmente vetada, cuando, por un motivo
legalmente no previsto o, aun cuando este legalmente previsto, sea irrazonable o
desproporcionado, se prive a las partes de la posibilidad de hacer valer sus derechos o se situé
a una de ellas en posición prevalente sobre la contraria[14].
IV. LA DEFENSA PROCESAL.
El derecho de defensa constituye un derecho fundamental de naturaleza procesal que
conforma a su vez, el ámbito del debido proceso, y sin el cual no podría reconocerse la
garantía de este ultimo. Por ello, en tanto derecho fundamental, se proyecta como principio de
interdicción para afrontar cualquier indefensión y como principio de contradicción de los actos
procesales que pudiera repercutir en la situación jurídica de laguna de las partes, sea en un
proceso o procedimiento, o en el caso de un tercero con interés[15].
El Derecho de defensa garantiza, entre otras cosas, que una persona sometida a una
investigación, sea de orden jurisdiccional o administrativa, y donde se encuentre en discusión
derechos e intereses suyos, tenga la oportunidad de contradecir y argumentar en defensa de
tales derechos e intereses. Se conculca, por tanto cuando los titulares de derechos e intereses
legítimos se ven imposibilitados de ejercer los medios legales suficientes para su defensa[16].
La defensa procesal no solamente es un derecho subjetivo que busca proteger a la persona
humana si no también una garantía procesal constitucional en donde el estado tiene la
exigencia de procurar que sea real y efectiva en el proceso penal.
Así mismo el contenido de garantía de la defensa procesal tiene un aspecto positivo y otro
negativo; el primero consiste en las facultades procesales que tiene el imputado en el proceso y
el segundo consiste en la prohibición de la indefensión.
La indefensión es la violación de la garantía de la de defensa procesal restringiendo al
imputado de participar activamente en el proceso penal impidiéndole sin justificación legal que
este pueda ejercer su derecho de defensa personalmente y a través de un abogado defensor
que realice la defensa técnica con un estándar mínimo de actuación.
En el curso de un proceso, el núcleo de la tutela judicial se condensa en el derecho a no sufrir
indefensión. La interdicción genérica de la indefensión quiere decir que forma parte del
contenido del derecho a tener la oportunidad de defender las propias posiciones en todo
proceso judicial que afecte a derechos o intereses propios, y en la interpretación del Tribunal
Constitucional, supone también un mandato al legislador y al interprete, mandato consistente
en promover la defensión, en la medida de lo posible, mediante la correspondiente
contradicción. Tal cosa implica establecer el emplazamiento personal a todos cuantos, como
demandados o coadyuvantes, puedan ver sus derechos o intereses afectados en un proceso,
siempre que ello resulte factible[17].
La defensa del abogado o defensa técnica cumple como finalidad promover la garantía de
todos los derechos que tiene el procesado buscando que se respeten los principios de igualdad
y de contradicción, controla la legalidad del procedimiento, el control de la producción de
pruebas de cargo y otros controles.
El Tribunal Constitucional define a la defensa técnica en la STC 1323-2002-HC/TC del 9 de
julio del 2002, fundamento 2, como el asesoramiento y patrocinio por un abogado mientras dure
el caso penal.
Cuando el procesado no ejerce su derecho de nombrar un abogado el juez tiene el deber de
designarle uno de oficio el mismo que asume la función y responsabilidad del abogado de
confianza.
El artículo 484, inciso 1 del Nuevo Código Procesal Penal, señala que la audiencia se instalará
con la presencia del imputado y su defensor y si el imputado no tiene abogado se le nombrara
uno de oficio.
La defensa de oficio tiene como fundamento defender los derechos fundamentales de la
persona que son afectados con la persecución penal por lo que si el imputado no cuenta con
un defensor se vulnera manifiestamente el derecho a la defensa.
La defensa procesal constituye un derecho fundamental que no se puede renunciar en ninguna
etapa del proceso por más que este manifieste al Juez que no necesita un abogado.
La defensa es un derecho inalienable de la persona porque es una manifestación de su
libertad, así mismo constituye una cuestión de orden público por que la sociedad tiene el
interés que solo se sancione penalmente al culpable y no al inocente.
El Tribunal Constitucional en la STC 1941-2002-AA/TC, refiriéndose a los alcances del derecho
de defensa a establecido que “el estado de indefensión opere en el momento en que, al
atribuírsela la comisión de una acto u omisión antijurídicos, se le sanciona sin permitir ser oído
o formular sus descargos, con las debidas garantías, situación que puede extenderse a lo largo
de todas las etapas del proceso y frente a cualquier tipo de articulaciones que se pueda
promover”.
En el caso estadounidense, tanto doctrinaria como jurisprudencial, la dimensión procesal del
debido proceso, relacionado con el derecho de defensa comprendería, entre otros, el derecho
de contradecir o defendernos de una alegación (pretensión) exigida en contra de nuestros
propios derechos, derecho de ofrecer, y actuar pruebas que sean pertinentes para acreditar las
diferentes posiciones o pretensiones de las partes[18].
V. EL DERECHO DE DEFENSA EFICAZ.
El derecho de defensa eficaz forma parte del contenido constitucionalmente protegido del
derecho de defensa, una defensa manifiestamente ineficaz, en lugar de defender los derechos
del imputado, los vulnera, no tiene sentido, es como si no hubiera tenido una defensa.
La Corte Interamericana de Derecho Humanos (Corte IDH), interpretando los artículos 8 y 25
de la Convención Americana sobre derechos humanos, en el caso 11.298, de Reinaldo
Figueroa Planchart Vs. República Bolivariana de Venezuela, de fecha 13 de abril de 2000,
fundamento 87, reconoce que el debido proceso no puede estar limitada ni restringida a la fase
final de un proceso penal.
La Corte IDH, ante una solicitud de los Estados unidos mexicanos, el 1 de octubre de 1999,
emitió la opinión consultiva OC-16/99, fundamentos 117 y 118, establece la defensa de los
intereses del justiciable en forma efectiva.
En la sentencia del 30 de mayo de 1999, caso Castillo Petruzzi y otros Vs. Estado Peruano”,
fundamento 141, la Corte IDH reitera que en el proceso penal la persona tiene derecho a una
defensa adecuada y que por lo tanto, constituye un estado de indefensión prohibido por el
pacto de San José de Costa Rica llamada también Convención Americana sobre Derechos
Humanos, una presencia o actuación de un defensor meramente formal[19].
En la sentencia del 2 de julio del 2004, la Corte IDH en el caso “Herrera Ulloa Vs Costa Rica”,
fundamento 147, insiste en que en el proceso penal las garantías judiciales son condiciones
que deben cumplirse para “asegurar la defensa adecuada”.
En la sentencia 06079-2008-HC/TC de fecha 6 de noviembre del 2009, fundamento 13, caso
Humberto Abanto Verastegui, en el voto dirimente del Magistrado Etto Cruz se hace mención a
la defensa procesal eficaz.
La Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución Política del Perú, establece que las
normas relativas a los derechos y libertades que la constitución reconoce, entre ellos el
derecho de defensa, se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de Derecho
Humanos y con los tratados y acuerdos internaciones sobre la misma materia ratificadas por el
Perú.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos es un tratado internacional ratificado por
el Perú, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es un órgano jurisdiccional
internacional que interpreta la Convención americana sobre derechos humanos y su
interpretación vincula a los órganos jurisdiccionales de nuestra patria y por lo tanto también
vincula a los jueces nacionales, cualquiera sea su jerarquía.
No basta que la defensa sea necesaria y obligatoria para que la garantía constitucional de la
dimensión formal del derecho de defensa (defensa técnica) cumpla su finalidad en un proceso
penal; la defensa tiene que ser efectiva, lo que significa desarrollar una oposición, o respuesta,
o antítesis, o contradicción, a la acción penal o a la pretensión punitiva[20].
La negligencia, inactividad, la ignorancia en la ley, o el descuido del defensor, no justifica el
estado de indefensión del imputado en el proceso penal[21].
La defensa eficaz exige que al imputado se le garantice en el proceso penal, entre otros, los
siguientes derechos:
1. Derecho a ser asistido por un defensor de confianza o de oficio.
2. Derecho a un defensor con los conocimientos jurídicos y experiencia que exige el caso.
3. Derecho a presentar los argumentos que forman parte de la defensa técnica.
El Comité de Derecho Humanos ha reconocido que el derecho de todo acusado a disponer de
los medios adecuados para la preparación de su defensa debe incluir el acceso a los
documentos y demás pruebas que el acusado necesite para preparar su defensa[22].
Para la Comisión Interamericana, el derecho del acusado a una defensa adecuada es violada
no solo por la negación del derecho a la asistencia jurídica o por trabas u obstáculos impuestos
a la actuación del abogado defensor, sino también por el incumplimiento de parte de este de
sus deberes profesionales. En un informe, la Comisión califico la actuación de los abogados
defensores de “inservible y mas bien contraproducente”, subrayando entre otros defectos el
reconocimiento implícito de los cargos imputados a los acusados y el no haberlos entrevistado
antes del inicio del proceso. La doctrina de la Comisión no señala claramente las circunstancias
que permiten responsabilizar al Estado por las deficiencias en la actuación de los
defensores[23].
Asimismo, los Jueces, de conformidad con la Cuarta Disposición Final y Transitoria, están
obligados a que los derechos que la Constitución reconoce, se interpreten de conformidad con
la Declaración Universal de Derecho Humanos, Tratados y Acuerdos Internacionales sobre las
mismas materias ratificados por el Perú, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al
resolver los casos en que los Estados vulneran derechos Humanos, interpretan la Convención
Americana sobre derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica, que es un tratado
ratificado por el Perú, en donde está reconocido el derecho de defensa.
El Tribunal Constitucional considera que el debido proceso esta concebido como el
cumplimiento de todas las garantías, requisitos y normas de orden publico que deben
observarse en las instancias procesales de todos los procedimientos, incluidos los
administrativos, a fin de que las personas estén en condiciones de defender adecuadamente
sus derechos ante cualquier acto del Estado que pueda afectarlos[24].
El Tribunal Constitucional, en su sentencia recaída en el expediente Nº 1941-2002-AA/TC.
Refiriéndose a los alcances del derecho de defensa, ha establecido que “el estado de
indefensión opera en el momento en que, al atribuírsela la comisión de un acto u omisión
antijurídicos, se le sanciona sin permitirle ser oído o formular sus descargos, con las debidas
garantías, situación que puede extenderse a los largo de todas las etapas del proceso y frente
a cualquier tipo de articulaciones que se puedan promover”[25].
La vulneración al derecho de una defensa procesal eficaz afecta directamente al debido
proceso sustancial.
VI. CONCLUSIONES.
1. El derecho a la defensa es un derecho fundamental regulado en el artículo 139°, inciso
14, de la Constitución Política del Perú de 1993, el artículo 11°, inciso 1, de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, el artículo 14°, inciso 3, numeral d) del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Artículo 8°, inciso 2, numeral d), e) y f) de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos. La defensa procesal es un derecho
subjetivo que busca proteger a la persona humana y, además es una garantía procesal
constitucional.
2. El derecho de defensa consiste en la obligación de conocer los cargos, ser oído,
asistido por un abogado particular o de oficio, alegar y presentar los medios probatorios que
defiendan su posición, presentar impugnaciones y tener la posibilidad de defenderse durante
todo el proceso.
3. El ejercicio del derecho de defensa en el proceso penal, tiene una doble dimensión:
Una material, que consiste en que el imputado ejerce su propia defensa desde el momento que
toma conocimiento de los cargos hasta el tremino del proceso; y otra formal, que es la defensa
técnica; que consiste en el asesoramiento de un profesional en derecho durante todo el
proceso.
4. El Derecho de defensa garantiza, que una persona sometida a un proceso sea de
orden jurisdiccional, administrativa o corporativa, tenga la oportunidad de defenderse y
contradecir los argumentos de los cargos, debiendo existir un estricto cumplimiento al debido
proceso.
5. El derecho de defensa eficaz, forma parte del contenido constitucionalmente protegido
del derecho de defensa, una defensa manifiestamente ineficaz, por la mala preparación del
abogado, el desinterés, o por la colusión del mismo, vulnera el contenido constitucionalmente
protegido.
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