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Impacto de la pobreza en salud mental

El ensayo aborda la interrelación entre la salud mental y los determinantes sociales, destacando que factores como la pobreza, desigualdad y exclusión social afectan el bienestar mental de las personas. Se evidencia que en México, un alto porcentaje de la población enfrenta trastornos mentales sin recibir tratamiento adecuado, debido a la falta de recursos y atención en salud mental. Se concluye que es esencial modificar los determinantes sociales y aumentar el presupuesto destinado a la salud mental para mejorar la calidad de vida de la población.
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Impacto de la pobreza en salud mental

El ensayo aborda la interrelación entre la salud mental y los determinantes sociales, destacando que factores como la pobreza, desigualdad y exclusión social afectan el bienestar mental de las personas. Se evidencia que en México, un alto porcentaje de la población enfrenta trastornos mentales sin recibir tratamiento adecuado, debido a la falta de recursos y atención en salud mental. Se concluye que es esencial modificar los determinantes sociales y aumentar el presupuesto destinado a la salud mental para mejorar la calidad de vida de la población.
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Maritere Hernández Sámano 5/09/2020

UAM-Xochimilco Dr. Alejandro Lloret

DETERMINANTES SOCIALES DE LA
SALUD MENTAL
El propósito de este ensayo es hablar sobre la relación que hay entre la salud mental y una
serie de factores sociales que influyen en nuestras decisiones y acciones para alcanzar un
estado de salud mental óptimo y si esto es posible en la sociedad en la que vivimos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es uno de los
pilares centrales que debe poseer una persona considerada sana, no solamente incluye la
ausencia de afecciones o enfermedades, o sea, la salud física ni la salud mental pueden
existir solas (1), todas estas áreas o condiciones dependen una de la otra.

La salud mental es más que la mera ausencia de trastornos mentales, se refiere a un estado
de bienestar que permite a los individuos realizar sus habilidades, afrontar el estrés normal de
la vida, trabajar de manera productiva y fructífera, y hacer una contribución significativa a sus
comunidades (2). Esta definición nos habla a cerca de un equilibrio que debe existir entre
nuestro propio ser y el medio ambiente, sin embargo, este concepto puede estar alejado de la
realidad de muchas personas en el mundo, empezando con el país de origen o residencia,
cultura, género y estado socioeconómico, entre otros determinantes sociales.

Los determinantes sociales de la salud son aquellas circunstancias que determinan el estado
de salud de la población, por ejemplo, las condiciones en que las personas nacen, crecen,
viven, estudian, trabajan se reproducen, envejecen y mueren.(3) Los principales factores
sociales a considerar que inciden en salud mental son la pobreza, desigualdad y exclusión
social, así como debemos considerar el ambiente en que se desarrolla una persona, sus
hábitos, familias y comunidades(3) (Fig. 1), por todo eso considero a la salud mental como un
fenómeno complejo que está determinado no solo por un mal funcionamiento neurofisiológico,
sino que está determinada por múltiples factores de tipo social y ambiental.(3)

Considerando los datos epidemiológicos que nos dicta la OMS, es importante realizar un
contraste entre las personas con trastornos mentales en países desarrollados y en países en
desarrollo, países considerados “primer mundo” que cuentan con sistemas de atención a la
salud bien establecidos, tienen entre el 44% y el 70% de personas con trastornos mentales
que aún no reciben tratamiento, mientras que en países en desarrollo llegan a cifras arriba del
90% (2), y realmente estos datos son alarmantes ya que aún existe ciertas desigualdades de
poder social, económico y político en estos países, la falta de oportunidades y recursos
relacionados a un sistema de salud pobre en organización y de presupuesto para prevención,
no ha otorgado una atención adecuada a estos pacientes, y la raíz de ello si lo vemos como
un problema que puede corregirse desde la atención primaria, es que a muchos médicos se
les olvida que cuando un paciente llega a consulta debe tratarse a la persona como un todo,
el estudio de las comorbilidades también incluye la salud mental, adicciones, violencia, tipo de
vivienda, hábitos, etc. (4)

La salud mental de cada persona se ve afectada por factores y experiencias individuales, la


interacción con la sociedad y los valores culturales, se ve influenciada por experiencias de la
vida diaria, con la familia, la escuela, en las calles y el trabajo (1). Sin embargo, es necesario
mencionar que aunque es verdad que uno como individuo tiene la libertad de escoger sus
propias decisiones para realizar sus proyectos de vida, el Estado y la misma sociedad son los
encargados de darle las herramientas y oportunidades a esas personas de realizar cualquier
proyecto, y considerando esto, podemos afirmar que existen desigualdades en salud injustas
entre los grupos sociales ya definidos por su estrato económico, demográfico o geográfico, y
si no hay acceso a una salud digna, no habrá ese estado de completo bienestar, sería
imposible.

Desigualdad

Población Bajo nivel de


indígena y rural educación

Determinantes
Población Violencia y
migrante sociales de abuso
salud mental

Malas
condiciones de
Desempleo
higiene y
vivienda

Problemas
financieros

Figura 1. Determinantes sociales que afectan la salud mental, OMS. (2)


Hablar de los trastornos mentales significa hablar de la pobreza: ambos están encerrados en
un círculo vicioso (Fig.2) (2). La pobreza se define como la condición caracterizada por una
privación severa de necesidades humanas básicas, incluyendo alimentos, agua potable,
instalaciones sanitarias, salud, vivienda, educación e información, según la Organización de
las Naciones Unidas. Esta población está más susceptible a tener un bajo nivel de educación,
problemas financieros, desempleo, condiciones inadecuadas de higiene y/o vivienda,
pertenecer a la población indígena y rural, vivir violencia, trauma y abusos, así como
enfrentarse constantemente a un nivel de desigualdad. En México se estima que el 41.9% de
su población vive en situación de pobreza (5), y uno de cada cuatro mexicanos entre 18 y 65
años ha padecido un trastorno mental, que sólo uno de cada cinco ha recibido tratamiento (6);
estos datos convierten a casi la mitad de la población en vulnerable a padecer un trastorno
mental, si en el país comienzan a ampliar la cobertura de sus servicios de salud que permita
llevar la prevención a las comunidades más aisladas se podría paulatinamente romper este
círculo vicioso, pero sigue habiendo problemas de equidad en el acceso a este derecho por
discriminación o violación a los derechos humanos.

Pobreza Trastornos
mentales
- Suicidio, alcohol,
depresión, abuso
de sustancias,
problemas de
desarrollo y
conducta en niños
y estrés
postraumático.

Figura 2. El círculo vicioso de la pobreza y los trastornos mentales (2)

El presupuesto total que se asigna a la salud en México, sólo el 2% va destinado a la salud


mental y, de ese porcentaje, el 80% se emplea para la función de los hospitales psiquiátricos,
hospitales se ubican en las grandes ciudades, que se encuentran fuera del alcance para la
población rural o indígena, y en los centros de salud, sólo el 30% cuenta con protocolos de
evaluación y tratamiento para trastornos mentales, sin duda, se requiere un presupuesto
mayor dirigido a esta área, de utilizar ese recurso para crear más centros de atención mental
en zonas alejadas o bien, que los servicios de atención primaria cuenten con un amplio
número de profesionales encargados en tratar estos trastornos y también contar con
campañas que incrementen la participación de la población en su propia comunidad, tanto de
niños como adultos.

En México y en el mundo se está experimentando una transición epidemiológica, va


disminuyendo la carga de enfermedades infectocontagiosas y van en aumento los
padecimientos crónico-degenerativos, y un ejemplo claro es el envejecimiento de la población
y el incremento de enfermedades crónicas-degenerativas, incluyendo los trastornos mentales,
por lo que se debe de realizar un plan de acción para poder cubrir con cada una de las
necesidades a las que se van a tener que enfrentar el país.

Es importante reconocer cada uno de estos determinantes sociales en los individuos para
conocer las personas que están en riesgo de padecer cierto grupo de enfermedades,
incluyendo los trastornos mentales y así poder evitar que la calidad de vida disminuya. Quizás
el problema no es la transición epidemiológica que está teniendo la población en general, sino
que aún no logramos cambiar los determinantes sociales de la salud a los que ellos se
enfrentan, ya que estos determinantes son responsabilidad como colectivo y también del
Estado, y si no se logra modificar, habrá más muertes innecesarias, costos más elevados a
los servicios de salud por material y medicamentos, etc.

En el 2001, la Organización Mundial de la Salud estableció el Programa Mundial de Acción en


Salud Mental, que tiene como estrategias mejorar la salud mental de las poblaciones;
aumentar consciencia e información de estas enfermedades, reducir el estigma y
discriminación social, reformular políticas de los servicios de salud y fortalecer la capacidad de
países pobres para investigar en salud pública. Considero que México aún no ha avanzado a
pasos agigantados en salud mental, sigue habiendo una sobre estimación de lo que es un
trastorno mental, en atención primaria a la salud se toma más en cuenta la salud física y se
olvidan de evaluar otros aspectos esenciales para diagnosticar, o cuando es diagnosticado
algún trastorno mental, nos olvidamos que esto implica un tratamiento de costo elevado,
múltiples terapias a las que asistir y no se diga hospitalizaciones en donde aún sigue
existiendo violencia por parte del personal de salud, según un estudio del 2000 (2), la
enfermedad de Alzheimer y esquizofrenia son más costosas que el cáncer y la apoplejía, los
altos costos de los trastornos mentales comparados con otras condiciones crónicas ha
demostrado y he llegado a concluir que: tener salud mental o tratarla es sin duda, un
privilegio.

Como se ha discutido anteriormente, el acceso a la salud debe ser para todos, la promoción
de salud es un proceso que debe facilitar las herramientas a la sociedad para ganar un control
sobre su salud y mejorar la calidad de vida. Las terapias cognitivo-conductual deberían ser
accesibles en las escuelas para intervenir en la conducta, rendimiento escolar, autoestima y
desarrollo de habilidades de los niños y también debería estar accesible en los empleos, para
evitar el ausentismo laboral por depresión o ansiedad. Deberían lanzarse campañas
semestralmente para evaluar los factores psicosociales que influyen en la conducta de las
personas, evaluar sus niveles de estrés, su relación con la familia, toxicomanías o síntomas
que nos conducen a un trastorno de la mente, así también considero necesario que haya
actualizaciones médicas sobre cómo diagnosticar y tratar un trastorno mental.

Actualmente el mundo se encuentra en crisis, desde diciembre del 2019 se ha propagado un


virus que nos ha mantenido a todos en confinamiento, esto ha generado angustia, miedo y
estrés en las personas por miedo a contagiarse, a perder su empleo o negocio, a perder algún
familiar o por la simple incertidumbre de no saber qué pasará, cuándo terminará y cómo
afectará nuestras decisiones del futuro y como se pausarán nuestros proyectos de vida. Sin
duda, muchos la hemos vivido de maneras distintas y por supuesto que esto depende mucho
del ambiente que nos rodea, de nuestras necesidades, el acceso a servicios básicos y a la
prevención o peor aún, muchos servicios de urgencias sólo van destinados a enfermos por
COVID-19, y disminuye el trato con pacientes de otras enfermedades como los trastornos
mentales. Sin duda durante y después de esta crisis, las personas tendrán un desequilibrio en
salud, si lo vemos desde la definición que nos marca la OMS, y esto generará más gastos en
la salud de México y espero esto sirva para incrementar el presupuesto destinado a la salud
mental.

Como conclusión, considero totalmente innecesario manejar una definición universal para la
salud mental, de acuerdo con Vaillant, lo que consideramos saludable muchas veces depende
de la geografía, cultura y momento histórico (1). En nuestra sociedad debemos cambiar o
ampliar más esta definición de acuerdo al contexto en el que vive una persona, lo ideal sería
que las desigualdades e injusticias sociales se redujeran, pero es un proceso que llevará
años, por otro lado, también creo conveniente que nuestro sistema de salud comience a darle
más importancia a los trastornos mentales, comenzar a quitar los estigmas empezando con
uno mismo, reconocer que no debe existir el miedo de perder ese “desequilibrio del estado de
bienestar”.

Si hipotéticamente pensamos que la salud sea de acceso para todos mexicanos,


independientemente de sus determinantes sociales, quizás todos tengan acceso a recibir un
diagnóstico y a ser tratado de manera oportuna, sin embargo, tarde o temprano estos
pacientes volverán al entorno que los hizo caer en la/s enfermedad/es que padecen y
volverán como antes, pienso que muchas veces el problema tal cual es la falta de acceso a
una vida digna, no podemos hablar de que el objetivo sea alcanzar un estado de bienestar
óptimo para considerarse sano, creo que lo que más debería preocuparnos como
profesionales de la salud es la crisis económica que estamos atravesando, la pobreza, el
acceso a los servicios públicos y a recibir una educación adecuada.

BIBLIOGRAFÍA:
- Promoción de la salud mental (1)
- OMS SALUD MENTAL (2)
- Prom salud y determ (3)
- Atención primaria (4)
- Coneval (5)
- Programa de acción específico: salud mental (6)

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