Embajador
En su uso bíblico, un representante oficial enviado por un gobernante en una ocasión especial y
con un propósito específico. Se solía utilizar en este puesto a hombres maduros; esa es la razón
por la que las palabras griegas pre·sbéu·ō (‘actuar como embajador’, Ef 6:20; ‘ser embajador’, 2Co
5:20) y pre·sbéi·a (“cuerpo de embajadores”, Lu 14:32) están relacionadas con pre·sbý·te·ros, que
significa “hombre mayor; anciano”. (Hch 11:30; Rev 4:4.)
Una embajada es la máxima representación y autoridad de un país en el extranjero. Es una misión
permanente encabezada por un embajador que desempeña las funciones propias de un Estado en
el país de destino. El embajador y el resto del cuerpo diplomático desempeñan labores de
negociación para favorecer un clima propicio que permita fomentar las relaciones económicas,
políticas y comerciales entre ambos Estados.
Otra de las funciones de una embajada es mantener informado al Gobierno de la actualidad del
país de destino y de los acontecimiento que puedan ser de su interés. Normalmente, solo hay
única embajada por cada Estado en cada país, y se localiza en la capital. Sin embargo, no es
infrecuente encontrar casos en los que un Estado no tenga embajada en un determinado país, y
que los asuntos relacionados con ese país dependan de otra en un Estado cercano. En el caso de
España, por ejemplo, la gestión de los asuntos nacionales en Georgia es competencia de la
embajada española en Turquía, radicada en Ankara; lo mismo ocurre con el caso de Armenia, que
es competencia de la embajada en Moscú, Rusia.
Por lo tanto, las embajadas tienen un estatus superior en cuanto a la capacidad de actuación y las
labores de representación que desempeñan, mientras que los consulados se encuentran dentro
del ámbito de representatividad de la embajada y se encargan de actividades más concretas y de
relacionarse más directamente con los ciudadanos nacionales y locales.
Recibo a mucha gente a diario en la embajada por motivos de todo tipo. Como te vengo contando
en este Blog , los diplomáticos somos una especie de hombres y mujeres-orquesta que hacemos
casi de todo - a veces sin el casi - y siempre con el objetivo común de servir al estado y a los
ciudadanos. Sin embargo y dentro de esta definición tan amplia, en esas conversaciones sigo
comprobando que a la mayoría de la gente le suena "lo de las embajadas" pero en realidad,
muchos de ellos siguen sin saber exactamente qué hace y que papel tenemos en nuestro
entramado institucional.
Pues bien, siguiendo la línea explicativa de este Manual Fácil sobre la Carrera Diplomática que es
este Blog, voy a dedicar las próximas entradas de este Blog a tratar de explicarte qué es una
embajada y, sobre todo, qué hace para intentar mejorar la vida de todos, incluida la tuya si una día
llegas a necesitarnos.
Dejando a un lado la grandilocuencia de las grandes definiciones, doy por hecho que si has llegado
a esta web, ya tienes cierta conciencia de nuestra existencia y puedes estar bastante al tanto de lo
qué es una embajada y cuáles son sus funciones. Seguro que tienes en mente las grandes
recepciones , los viajes y visitas oficiales o quizá la expedición de un pasaporte aquel día que lo
perdiste en algún lugar perdido y que tuviste que pedir uno de urgencia para no perder el vuelo de
vuelta.
Todo eso es cierto pero también hay más, bastante más. Te hablaba antes del carácter polifacético
de los diplomáticos y es que, en el día a día de una embajada, además de las anteriores
terminamos haciendo muchas cosas que van desde la organización de los Viajes de Estado a los
rescates arriesgados pasando por todo tipo de gestiones como negociar visitas, remitir informes,
alertar de oportunidades de negocio para nuestras empresas o sacar a gente de un apuro, todo
ello en aras de los intereses de España.
Más que ríos, yo diría que podrían ser mares de tinta los que podrían correr para incluir todo lo
que se hace en una embajada; sin embargo y por aquello de sintetizar y ponértelo más fácil, me
voy a permitir resumirlo en cinco funciones clásicas:
1. Representar
2. Negociar
3. Proteger
4. Informar
5. Fomentar
En las próximas entradas, voy a tratar de explicarte en qué consiste cada una de ellas más allá de
lo que te puedes suponer fácilmente a ver si entre los dos conseguimos que al final tengas una
idea un poco más clara sobre lo que hace – y lo que no hace – una embajada.
¿Cómo puede un cristiano ser un embajador de Cristo?
En su pasaje sobre la reconciliación en 2 Corintios 5, Pablo dice que los cristianos son embajadores
de Cristo (2 Corintios 5: 20). Un embajador es un enviado oficial que representa a un soberano
extranjero y proporciona un vínculo entre su país de acogida y el país que representa. Los
embajadores trabajan para construir relaciones y desarrollar políticas que favorezcan tanto al
anfitrión como al país de origen del embajador. Un embajador es designado por el liderazgo de
aquellos a quienes él representa y se le da autoridad para hablar en su nombre.
Un embajador debe ser muy cuidadoso. Vive en un país, pero es responsable ante otro. Debe
representar el mensaje de un líder que no está presente directamente. También debe encarnar el
carácter de su país de origen, siguiendo las leyes y costumbres que no son necesariamente
conocidas ni bienvenidas en la nación anfitriona. Debe hacer esto todo el tiempo respetando las
leyes y costumbres de ese anfitrión.
En 2 Corintios 5, en lugar de una nación, Pablo es un embajador del Reino de Dios. A diferencia de
los embajadores políticos modernos, Pablo no se originó de la "nación" que él representa. Tenía
que ser adoptado a través del sacrificio de Cristo, y luego tuvo que experimentar un cambio de
perspectiva. Ya no era ciudadano del mundo y ya no veía las cosas como ciudadano del mundo. Él
veía las cosas desde la perspectiva de un ciudadano del Reino de Dios: era una nueva creación (2
Corintios 5:17).
El trabajo de Pablo como embajador fue difundir el mensaje de su gobernante a su nación
anfitriona. Ese mensaje fue reconciliación. Dios quería reconciliarse personalmente con las
personas con las que Pablo vivía. En cierto modo, Pablo estaba pidiendo a sus anfitriones que
cometieran traición contra el reino del mundo y se comprometieran con la ciudadanía del Reino
de Dios.
Luego podrían seguir los pasos de Pablo convirtiéndose en embajadores de Cristo en sus propias
vidas, así como nosotros también. Comienza con un cambio en la ciudadanía. Si queremos
representar a Jesús en el mundo, primero debemos pertenecer al Reino de Dios en lugar del reino
de nosotros mismos. Debemos vivir según los estándares de nuestro nuevo Rey, aunque estemos
temporalmente alejados de Él (2 Corintios 5: 6-9). Lo más importante, debemos aceptar que esta
tierra no es nuestro hogar, sino que nos espera "una casa eterna en el cielo" (2 Corintios 5: 1),
incluso si somos encarcelados y abusados por nuestro país anfitrión (Efesios 6:20). Finalmente, los
embajadores deben difundir su mensaje: que todos sean bienvenidos a tener tal relación con Dios.
Ser un embajador de Cristo es el cumplimiento de la increíblemente importante perspectiva del
reino. Seguir a Cristo significa abandonar el reino de uno mismo y el reino del mundo, y jurar
lealtad al Reino de Dios. Significa que nuestro hogar es el cielo, no la tierra. Nuestra
responsabilidad es contarles a los demás las buenas nuevas para que también puedan unirse al
Reino de Dios.