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Breve biografía de compositores célebres

El documento presenta breves biografías de numerosos compositores y músicos a lo largo de la historia. Muchos son conocidos por sus obras musicales, aunque algunos se destacan más por otros aspectos como su personalidad excéntrica, circunstancias poco comunes de su vida o influencia cultural más allá de su música. El documento contiene comentarios humorísticos sobre varios de los músicos y compositores.

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Breve biografía de compositores célebres

El documento presenta breves biografías de numerosos compositores y músicos a lo largo de la historia. Muchos son conocidos por sus obras musicales, aunque algunos se destacan más por otros aspectos como su personalidad excéntrica, circunstancias poco comunes de su vida o influencia cultural más allá de su música. El documento contiene comentarios humorísticos sobre varios de los músicos y compositores.

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A

Abel, Carl Friedrich (1723-1787): Virtuoso de la viola da gamba y de nuevos (y efímeros)


instrumentos de cuerda como el pentacordio, Abel murió alcoholizado, como era de
esperar en alguien que tocaba el pentacordio.

Abelard, Pierre (1079-1142): Filósofo y maestro de lógica (insólita combinación), sedujo


a Eloísa dedicándole canciones de amor. Fruto de su problemática relación (que terminó
con Abelardo castrado por Fulberto, tutor de Eloísa), nació un hijo al que llamaron
Astrolabio, inaugurando una larga tradición de hijos de famosos con nombres ridículos.

Achúcarro, Joaquín (n. 1932): Pianista español al que, de vez en cuando, le dejan tocar
música no española.

Acqua, Eva dell’ (1856-1930): Su canción Villanelle, originalmente escrita para loro y
orquesta, es hoy más interpretada por las sopranos de coloratura.

Adam, Adolphe (1803-1856): Compuso unas cuarenta óperas de verdadero mérito, pero
es más recordado por su ballet Giselle, quizás porque sus personajes no abren la boca y
ya se sabe que el francés no es una lengua muy melodiosa [véase Rousseau, Jean-
Jacques].

Adams, John Coolidge (n. 1947): Resucitó socialmente la ópera con la muy oportuna
Nixon en China. Y la volvió a matar con la pedante La muerte de Klinghoffer.

Addinsell, Richard (1904-1977): Compuso el Concierto de Varsovia, la peor obra de


Rajmáninov [véase Rajmáninov, Serguéi].

Adorno, Theodor (1903-1969): Leyendo sus libros, uno se pregunta por qué se dedicó a
la filosofía. Escuchando su música, la respuesta es evidente.

Agnesi, Maria Teresa (1720-1795): Dirigió a la emperatriz María Teresa de Austria


(aficionada al canto y a dar el cante) durante un concierto en el año 1747. El resultado
fue lamentable, porque a la emperatriz nadie podía corregirle sus errores. En cambio,
como tampoco podían pitarla o dejar de aplaudirla, el concierto fue un gran éxito de
crítica y público.

Albéniz, Isaac (1860-1909): Compositor más interpretado por los guitarristas, aunque
no escribió una sola nota para su instrumento.

Albéniz, Mateo (1755-1831): Su única obra decente, la Sonata para teclado en re mayor,
es una sonata de Haydn vestida con traje de gitana y bebiendo manzanilla.

Alberti, Domenico (1710-1746): Compositor italiano famoso por sus bajos. Todos los
pianistas los han tocado alguna vez.
Albinoni, Tomaso (1671-1751): Su obra más conocida es el Adagio en sol menor,
compuesto por Remo Giazotto en el siglo XX.

Alfonso X de Castilla (1221-1284): Compuso (o mandó componer, que para un rey es lo


mismo) las Cantigas de Santa María. En cualquier caso, se trata del compositor más
importante de la historia, ya que gracias a su afición por la música (y otras ramas del
saber) no se dedicó a maltratar a su pueblo, como hicieron todos los monarcas de su
época.

Alkan, Charles-Valentin (1813-1888): Pianista virtuoso, insuperable en su época (la


época, recordemos, de Liszt y Saint-Saëns). Para luchar contra las infracciones del
derecho de autor (inexistente en aquel entonces), Alkan componía una música tan
endiabladamente difícil que nadie más que él se atrevía a tocarla. Y así sigue siendo.

Allegri, Gregorio (1582-1652): El manuscrito de su celestial Miserere fue secreto de


estado del Vaticano durante siglos. Hasta que Mozart sacó de oído la partitura durante
una visita a la Capilla Sixtina. Para cubrir otros sabotajes, el Vaticano prohibió desde
entonces la entrada a niños prodigio y mujeres con pantalón corto.

Amalia de Sajonia (1794-1870): Compuso sus óperas bajo pseudónimo para


salvaguardar el honor de su noble familia. Como si entre vivir de las rentas y componer
música, lo segundo fuese lo más vergonzoso.

Anchieta, Juan de (1462-1523): La mayoría de los compositores españoles de su


generación están hoy fuera del repertorio. Pero la canción Con amores la mi madre, de
Anchieta, es un habitual de los coros de aficionados [véase Orff, Carl]. No se sabe qué
es peor: si Málaga o Malagón.

Andersen, Joachim (1847-1909): Flautista virtuoso, su carrera terminó cuando se


lesionó la lengua. Cualquier excusa es buena para no tocar la flauta.

Anderson, Leroy (1908-1975): Virtuoso de la máquina de escribir, como demuestra su


obra La máquina de escribir, para ídem y orquesta.

Anderson, Marian (1897-1993): Primera persona de color que actuó en el Metropolitan


de Nueva York. Hasta entonces los cantantes eran todos transparentes.

Ángeles, Victoria de los (1923-2005): Gran dama de la ópera y el recital. Pudo ser una
diva, pero prefirió ser una buena música.

Angelis, Elio de (1958-1986): Pianista aficionado y piloto de Fórmula 1. Es,


probablemente, el pianista más rápido de la historia.

Antonio José (1902-1936): Pensó que no necesitaría su apellido para triunfar. Y ahora
es el segundo Antonio José más famoso del mundo de la música, después de un niño
que participó en Eurojunior.
Arcadelt, Jacques (1504-1568): Maestro del coro de la Capilla Sixtina, trabajó durante
años con niños que cantaban y aun así mantuvo la cordura para componer hermosas
obras.

Arenski, Antón (1861-1906): Un glaciar de la Antártida lleva su nombre. Y su importancia


en la historia de la música es exactamente esa: la de un pedazo de hielo en un continente
helado.

Argerich, Martha (n. 1941): La única virtuosa que puede tomarse un café mientras toca
el Concierto para piano nº 3 de Rajmáninov.

Armstrong, Louis (1901-1971): Cantante de voz aterciopelada con la que se duerme


cada noche el pequeño hombre lobo.

Arnold, Malcolm (1921-2006): Cualquier compositor sacrificaría toda su obra para


escribir algo tan popular como la música para la película El puente sobre el río Kwai.
Arnold lo hizo.

Arrau, Claudio (1903-1991): Pianista. Claude Arrieu con bigote.

Arrieu, Claude (1903-1990): Compositora. Claudio Arrau con peluca.

Arriaga, Juan Crisóstomo de (1806-1826): Conocido como «el Mozart español».


Mientras que el Mozart francés [véase Devienne, François], el Mozart sueco [véase
Kraus, Joseph Martin] y, por supuesto, el verdadero Mozart eran estrictamente
contemporáneos, este Mozart español nació tres o cuatro generaciones más tarde. Y es
que, en España, las novedades musicales llegan siempre con retraso [véase Halffter,
Cristóbal].

Auber, Daniel-François (1782-1871): Su ópera La muda de Portici, durante su estreno


en Bruselas, en 1830, desató una serie de protestas que desembocaron en la
independencia de Bélgica. Es de suponer que los cantantes cantaron con el culo, porque
la ópera no es tan mala como para eso.

Auric, Georges (1899-1983): Único compositor de su generación que se dedicó


principalmente al cine (destacando su importancia en las películas de Jean Cocteau) lo
cual le dio amplia popularidad en vida y un total anonimato en nuestros días.

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