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Sonetos a Orfeo de Rilke: Poesía y Existencia

Este documento presenta una selección de 13 sonetos del poema "Sonetos a Orfeo" de Rainer Maria Rilke. Cada soneto explora temas como la música, la naturaleza, la muerte y la transformación a través de imágenes poéticas y reflexivas.
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Sonetos a Orfeo de Rilke: Poesía y Existencia

Este documento presenta una selección de 13 sonetos del poema "Sonetos a Orfeo" de Rainer Maria Rilke. Cada soneto explora temas como la música, la naturaleza, la muerte y la transformación a través de imágenes poéticas y reflexivas.
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Rainer Maria Rilke

Sonetos a Orfeo
selección

MMXX
Rainer Maria Rilke

Sonetos a Órfeo
selección

MMXX
I

Un árbol se irguió entonces. iOh elevación pura!


¡Orfeo canta! iÁrbol esbelto en el oido!
Todo enmudece. Mas del total silencio
surge un principio, la señal, el cambio.

Bestias de silencio. Se arrancaron a la clara


selva liberada de nidos y guaridas;
fue manifiesto entonces que ni la astucia
ni el miedo las amasaban de ese modo,

sino el oido. Rugidos, bramidos, gritos


empequeñecieron en sus corazones. Y donde no habia
sino una cabaña apenas en donde acoger el sonido,

un refugio de deseo oscurisimo


con un umbral de temblorosas jambas,
tú les creaste un templo en el oído.
II

Posible es para un dios. Mas, dime, ¿como


podrá seguirle un hombre con la angosta lira?
Su ánimo es discorde. Y en la cruz de dos sendas de corazón
no puede el templo de Apolo ser levantado.

Cantar como tú enseñas no es anhelo


ni deseo de algo que pueda ser conseguido.
Canto es existencia. Para un dios es fácil.
Pero nosotros ¿cuándo existimos? Y él ¿cuando declina

hasta nuestro ser la tierra y las estrellas?


No tan solo porque amas eres adolescente,
ni aun siquiera cuando la voz irrumpe en su boca. Sabe

olvidar que cantas. El canto fluye.


Cantar es en verdad otro aliento,
un soplo en torno de nada. Un vuelo en Dios. Un viento.
III

Limitamos con la flor, el pámpano y el fruto,


que nos hablan un lenguaje distinto del de las estaciones.
Una revelación múltiple de lo oscuro se pronuncia
envuelta en fulgor de envidia, tal vez

de los muertos que vigorizan la tierra.


¿Y qué sabemos de su parte en ella?
Porque desde antiguo nutren a su modo
con su tuétano libre del tuétano de la arcilla.

Tan solo nos preguntamos ¿de grado lo hacen?


¿O ese fruto, obra de lentos esclavos, se abalanza
como impelido hacia nosotros, a sus dueños?

¿O ellos son los dueños, los que duermen junto a las raíces
y de su turbia sustancia nos deparan
ese hibrido de fuerza silenciosa y besos?
IV

Cambie el mundo tan rápidamente


como las nubes de figura,
que cuanto fue terminado precipita
en el seno de las edades.

Por encima del cambio y del movimiento,


más abierto y más libre,
tu preludio prosigue,
dios de la lira.

Ni las penalidades se identifican,


ni se aprende el amor,
ni aquello que en la muerte nos separa

nos es revelado.
Tan sólo el poema sobre la tierra
consagra y glorifica.
V

Siente, amigo silencioso de múltiples afueras,


cómo tu aliento aún los espacios ensancha.
En el yugo de torres tenebrosas
consiente en ser tañido. Lo que en ti languidece

será fortalecido por ese tu alimento.


En la transformación penetra y surte.
¿Cual es tu experiencia más penosa?
Si amargo te es beber, tórnate vino.

En esta noche de desmesura, hazte


conjuro en la cruz de tus sentidos,
sentido de su extraña convergencia.

Y si de lo terrestre fueras descuidado.


a la callada tierra exclama: fluyo.
A las rápidas aguas diles: soy.
VI

En lo profundo, el Padre, inextricable


de todos los linajes,
raíz, origen escondido,
que no vieron jamás.

Yelmo de combate y cuerno de montero,


sentencia de los encanecidos,
hombres en fraterna discordia,
mujeres como el laúd.

La rama oprime a la rama,


ni una sola se libera:
Oh si, una Sube... sube...

Sc quiebran todavía.
Mas ésta, descollante,
se curva en lira.
VII

A vosotros, nunca hurtados a ml tacto,


a vosotros saludo, sarcófagos antiguos,
por quienes el agua gozosa de los días romanos
como una errática canción transcurre.

o a aquellos otros, abiertos como ojos


de pastor al despertar, alegre,
llenos de silencio y zumbido por dentro
de los que un bando de grises mariposas se exhala.

A todos los que son arrancados a la duda


saludo, bocas abiertas de nuevo
que saben lo que callar significa.

¿Lo sabemos, oh amigos, o lo ignoramos acaso?


Ambas cosas configura la hora perpleja
en el rostro de los hombres.
VIII

¿Acaso es de este mundo? No, de ambos reinos


se nutre su más vasta naturaleza.
Más sabiamente plegará las ramas de los sauces
quien de los sauces supo las raíces.

Cuando busquéis el lecho no dejéis sobre la mesa


pan o leche, porque convocan a los muertos.
Él, en cambio, conjurador, confunde
bajo la suavidad de los párpados

su aparición en todo lo visible,


y el sortilegio del humus o del rombo
es en él congruente y sencillo.

Nada puede alterar su verdadera imagen;


entre las tumbas como en las alcobas,
celebre el anillo, la cántara y la ajorca.
IX

Cantar, sí. Con la misión de cantar


surge, como el mineral, del silencio de la piedra.
Su corazón, oh transitorio lagar,
destila un vino que los hombres no podrán agotar nunca.

Jamás, entre el polvo, la voz le flaquea


cuando es tocado del divino ejemplo.
Todo se hace viña, racimo todo,
maduro en su Austro sensible.

Ni la podre de los reyes en las sepulturas


desmentirá su canto,
ni la sombra que los dioses ciernen.

Él es uno de los eternos mensajeros


que más allá del umbral de los muertos
levantan la copa de gloriosos frutos.
X

Tan sólo quien hubiere levantado la lira


también en las tinieblas,
intuirá y cantará
la infinita alabanza.

Sólo quien con los muertos haya comido


la amapola de los muertos,
no perderá jamás
el más sutil sonido.

En el estanque el reflejo
a menudo se sumerge:
Aprende la imagen.

En ese doble reino


se tornarán las voces
eternas y suaves.
XI

Canta, oh corazón, los jardines que ignoras, los jardines


como en cristal vertidos, inaccesibles, claros.
Aguas y rosas de Ispahan, de Esquita
canta felices, ensálzalas, a nada comparables.

Muestra, corazón, que nunca de ellos careciste,


porque te evocan, ellos y sus frutos sazonantes.
Porque con ellos, entre sus ramas florecidas,
asomas a los aires como de rostros transidos.

Estima error que existan privaciones


para los que llegaron a la conclusión de ser.
Hilo de seda, en el tejido intervienes.

Sea cual sea la imagen a la que por dentro te sujetas


(aunque fuese un momento de vida atormentada),
siente que el entero, el glorioso tapiz es concebido.
XII

Pero a ti, Señor, ¿qué puedo ofrecerte, dime,


a ti que descubriste el oído a las criaturas?
Mi recuerdo de un día de primavera,
al anochecer, en Rusia, un caballo…

Venía de la aldea, blanco, solitario,


con la estaca pendiente de las maniotas,
a errar solo en la noche de las praderas.
Cómo golpeaban las crenchas de su crin

el cuello al compás de su arrogancia,


en el rudo galope entorpecido.
Sus arteriales fuentes de corcel, cómo manaban.

Sentía la pradera. Y de qué modo.


Cantaba y escuchaba. Tu saga entera
se encerraba en él.
Te ofrezco su imagen.
XIII

Pero a ti, Señor, ¿qué puedo ofrecerte, dime,


a ti que descubriste el oído a las criaturas?
Mi recuerdo de un día de primavera,
al anochecer, en Rusia, un caballo…

Venía de la aldea, blanco, solitario,


con la estaca pendiente de las maniotas,
a errar solo en la noche de las praderas.
Cómo golpeaban las crenchas de su crin

el cuello al compás de su arrogancia,


en el rudo galope entorpecido.
Sus arteriales fuentes de corcel, cómo manaban.

Sentía la pradera. Y de qué modo.


Cantaba y escuchaba. Tu saga entera
se encerraba en él.
Te ofrezco su imagen.
La Alegría, Ungaretti.

Muerte sin Fin, Gorostiza.

Dieciocho Poemas, Li Po.

La Guerra y el Universo, Maiakovsky.

Cementerio Marino, Valéry.

Altazor, Segundo Canto, Huidobro.

Los Cantos Tristes de la Conquista, Anónimo.

Sonetos a Orfeo, Rilke.

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