100% encontró este documento útil (1 voto)
367 vistas12 páginas

Schuster, Federico (Cap. 5)

Cargado por

Rafaela Diaz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
367 vistas12 páginas

Schuster, Federico (Cap. 5)

Cargado por

Rafaela Diaz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

FEDERICO L SCHUSTER

(Compilador)

FILOSOFÍA Y MÉTODOS
DE LAS CIENCIAS SOCIALES

MANANTIAL
Buenos Aires
Diseño de tapa: Estudio R

300.1 Schuster, Federico L.


SCH Filosofía y métodos de las ciencias sociales. - 1a ed. -
Buenos Aires : Manantial, 2002.
320 p. ; 23x16 cm.

ISBN987-500-071-X

I. Título. - 1. Ciencias Sociales-Filosofía. 2. Ciencias


Sociales-Métodos

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en la Argentina

© 2002, Ediciones Manantial SRL


Avda. de Mayo 1365, 6° piso,
(1085) Buenos Aires, Argentina
Tclefax: {54 11} 4383-7350/4383-6059
E-mail: info@[Link]
[Link]

ISBN: 987-500-071-X

Derechos reservados
Prohibida su reproducción total o parcial
Capítulo 5

LA VÍA HERMENÉUTICA:
LAS CIENCIAS SOCIALES ENTRE
LA EPISTEMOLOGÍA Y LA ONTOLOGÍA

JORGE LULO

EL GIRO LINGÜÍSTICO

Crisis del consenso ortodoxo y resurgimiento de viejas tradiciones

A comienzos de los años sesenta otro escenario se estaba perfilando en


la filosofía de las ciencias al compás de la crisis de la idea de racionalidad
científica. Una serie de cuestionamientos influyeron en el desarrollo poste-
rior de las ciencias sociales y desplazaron los viejos interrogantes acerca de
la "racionalidad de las construcciones científicas" por otros que expresa-
ban una preocupación por recuperar, para las ciencias sociales, la cuestión
del sentido de la realidad social.
La crisis del modelo naturalista y el recambio conceptual operado a
partir de estos años condujo a la recuperación de otras tradiciones del pen-
samiento político y social, silenciadas durante el predominio ortodoxo. El
regreso de la hermenéutica, entendida como teoría de la interpretación
aplicada fundamentalmente a los textos, junto con la renovación del estu-
dio de los pensadores clásicos y la revalorización de las metodologías cua-
litativas de investigación empírica, contribuyeron a diseñar un nuevo esce-
nario para la filosofía de las ciencias sociales y a resaltar el carácter
distintivo de estas ciencias frente a las naturales. La interpretación del
mundo «acial, criticada por los autores naturalistas, quienes la reducían a
una operación psicológica o conciencia intuitiva incapaz de ser controlada,
es recuperada no sólo como el método a aplicar en el estudio de la reali-
dad social sino como el componente principal de ese mismo mundo. Ya no
se tratará solamente de formular grandes teorías explicativas, o de efectuar
178 JORGE LULO

observaciones desde una impasible neutralidad valorativa, ahora los cien-


tíficos sociales deberán tratar con un universo simbólico que se ofrece a la
interpretación y que reclama un esfuerzo dialógico: el científico social-in-
térprete es interpelado no por una realidad "externa" sino por alguien se-
mejante a él, y lo que en definitiva interesa es lo que dice esa "realidad so-
cial" ya sea como texto, como práctica o, simplemente, como palabra
hablada.
Este nuevo enfoque o perspectiva hermenéutica de las ciencias sociales,
en realidad se alimentó de varias tradiciones de pensamiento: la filosofía
de la historia de Dilthey, la fenomenología husserliana, la hermenéutica
ontológica desarrollada por Heidegger y continuada por Gadamer, la her-
menéutica reflexiva de Paul Ricoeur, la filosofía analítica del lenguaje ordi-
nario y la sociología comprensivista de Max Weber fueron algunas de las
principales corrientes que inspiraron a los científicos sociales en su búsque-
da por encontrar un nuevo lenguaje y una nueva práctica que dieran cuen-
ta de la realidad política y social, de su especificidad entendida a partir del
significado del obrar de los agentes sociales.
Si bien es cierto que después de la crisis que afecta la hegemonía de un
modelo, en este caso el representado por lo que denominamos "consenso
ortodoxo de las ciencias sociales" inspirado en la filosofía empirista y en el
prestigio de las ciencias naturales, sobreviene un período de confusión,
desde hace aproximadamente treinta años las ciencias sociales vienen ex-
perimentando la búsqueda de un nuevo consenso orientado a establecer las
ventajas que los planteamientos hermenéuticos presentan para las ciencias
sociales. De esa búsqueda trata el presente capítulo.

La búsqueda de nuevos fundamentos para la explicación social

Frente a la imagen naturalista de las ciencias sociales, correspondiente


a la de una sociedad asimilada, en términos epistemológicos, a una entidad
cuasifísica, se alzó una imagen contrapuesta que hacía hincapié en los ras-
gos diferenciadores de lo social y que pretendía analizar y entender los fe-
nómenos sociales a partir de un vocabulario conformado por conceptos y
categorías que correspondieran, de alguna manera, a esa "realidad diferen-
te". La imagen hermenéutica de las ciencias sociales destacaba el carácter
simbólico de la vida humana y el hecho de que los seres humanos, en su
vida cotidiana, se autointerpretaban, y que los contenidos de esta autoin-
terpretación eran lo que realmente debía interesar a las ciencias sociales.
A diferencia de los partidarios de la versión empirista de las ciencias so-
ciales, los representantes de la tradición hermenéutica ponían de manifies-
to que esos "rasgos diferenciadores de lo social" no se podían entender co-
mo si fuesen partes de una estructura invariante; por el contrario,
sostenían que había una diferencia ontológica entre la realidad física y la
LA VÍA HERMENÉUTICA 179

realidad social que legitimaba un abordaje "científico" distinto para esta


última. En palabras de Max Weber: "[...] mientras que podemos compren-
der la conducta de los individuos, no podemos comprender la de las célu-
las, pongamos por caso. Lo único que podemos hacer en cuanto a las célu-
las es entender su conducta en términos funcionales y formular las leyes
que la regulan [..-]".1
Si era cierto que, en última instancia, esos rasgos distintivos de lo social
se enmarcaban en un universo simbólico, entonces había que entender las
prácticas y las instituciones desde una perspectiva lingüística. El entrama-
do que conformaban las acciones de los hombres, sus relaciones entre sí y
con el mundo exterior, estaba constituido por palabras y no cabía duda al-
guna de que la significatividad de las mismas habilitaba la apertura de una
vía de acceso diferente de la propuesta por la versión empirista de las cien-
cias sociales: la captura del significado no podía provenir de la percepción
sensorial. A este escenario, prefigurado ya por la sociología comprensiva y
el historicismo alemán, es al que designamos como "giro lingüístico" y en
el que se inscribe la corriente hermenéutica de las ciencias sociales. Un es-
cenario en el cual la cuestión metodológica (la discusión sobre los métodos
más convenientes para estudiar la realidad social), como veremos más ade-
lante en la exposición de Gadamer, no puede entenderse al margen de la
cuestión ontológica. Es la propia realidad social la que reclama nuevos
fundamentos para su explicación.

El mundo social como mundo interpretado. La comprensión


preteórica de los sujetos sociales

Para los autores pertenecientes a la corriente hermenéutica de las cien-


cias sociales los actores sociales viven en el mundo social y político como
si éste fuese su "hogar". El mundo de que se trata no les es ajeno sino que
constituye una construcción simbólica, la suya propia, un mundo pictóri-
co de significados al que reconstruyen día a día en su cotidianeidad. Pero
éste es un mundo heredado: cada actor lo recibe como un conjunto de sig-
nificados y lo aprende desde un proceso de socialización. La hermenéutica
es sensible a esta historicidad del mundo social. El que interpreta, en este
caso el científico social, interpreta un pasado que se abre al presente del
intérprete de manera elocuente. Con esto queremos decir que el mundo so-
cial tiene algo que decir desde su historia. Para la corriente hermenéutica,
si el actor otorga un sentido o significado a sus actos, o a los actos del otro
o a las instituciones que lo rodean, lo hace porque en su aprendizaje ad-
quirió un hábito que lo distingue de cualquier entidad natural. No obstan-
te, debe quedar establecido que no nos referimos a un aprendizaje formal
sino más bien a un proceso de constitución del sujeto social. Vale decir, se
es sujeto social cuando se asigna significado, y esto se aprende viviendo en
180 JORGE LULO

un mundo heredado, con capas de significado que hunden sus raíces en la


historia cultural. Por supuesto que esto no nos tiene que hacer pensar que
no existe la "creatividad". Siempre es posible otorgar significados nuevos
o descubrir un sentido donde antes no se lo advertía. Pero lo determinante
es que esta creación o descubrimiento de sentido (por ahora no nos pro-
nunciaremos sobre la difícil discusión sobre la objetividad o la subjetividad
de los "sentidos") es posible por lo que los sociólogos denominan la socia-
lización primaria. Ya desde niños, en el seno de nuestra familia, aprende-
mos el sentido a partir de la labor de reconocimiento ya hecha por nues-
tros antecesores. Sin esta memoria no habría hermenéutica posible.
Ahora bien, la formulación de una teoría social de base hermenéutica
aparece como una tarea derivada ya que son los actores o agentes sociales
los que realizan una primera interpretación de su mundo. Para Alfred
Schütz y los autores inspirados en la sociología fenomenología, es en la
cotidianeidad, vivida a partir del sentido que los actores adjudican a la
realidad cultural que los rodea, en donde se formulan verdaderas pre-teo-
rías inspiradas en el sentido común que constituyen el piso sobre el cual se
asentará el edificio de la ciencia social. Ésta es la tesis de la ciencia social
como construcción de segundo grado. ¿Qué nos dice esta tesis? Pues bien,
que la teoría social es posible como estilización del pensamiento social que
construye y reconstruye incesantemente su propio mundo. 2 Nuevamente
tenemos aquí un punto clave para la versión hermenéutica de las ciencias
sociales: la continuidad del saber científico social con las prácticas sociales
de ese mundo al cual la ciencia toma como objeto. La ciencia social se nos
presenta así como interpretación de un mundo que ya se autointerpretó a
partir de sus sentidos, sus normas y sus valores.

La polémica "explicación vs. comprensión"

La discusión sobre el estatuto epistemológico de las ciencias sociales


suscitó varias polémicas entre los filósofos y los investigadores sociales. La
continuidad metodológica de las ciencias fue defendida por los positivistas,
quienes aducían que la explicación de tipo causal era la misión de todo sa-
ber que se precie de científico. A favor de esta postura jugó el hecho, sin
duda indiscutible, del progreso evidenciado por las ciencias naturales y su
correspondiente aplicación como tecnología. La incorporación del conoci-
miento científico al campo productivo obró como un factor de prestigio -
la ciencia explicaba [...] pero también transformaba el mundo- . Explicar
era dar razones de por qué los fenómenos ocurrían y esas razones, en últi-
ma instancia, provenían de leyes científicas o de hipótesis a partir de las
cuales se infería el enunciado que describía el fenómeno a explicar. Las
ciencias sociales debían para estos autores dejar atrás cualquier reclamo de
especificidad pues el camino crítico a recorrer -la cuestión del método
LA VÍA HERMENÉUTICA 181

científico- era el mismo que el de Las ciencias naturales. A esta tesis se la


denominó monismo metodológico.
Frente a esta postura se alzaron voces que reclamaban para las ciencias
sociales -fundamentalmente la historia- otro abordaje epistemológico. Pa-
ra estos investigadores que dieron vida a la tradición alemana de las geis-
teswissenschaften, Droysen, Dilthey, Max Weber y Coüingwood entre
otros, el mundo histórico-social se entiende si se comprende su significado.
Consideraban que había una discontinuidad entre las ciencias naturales y
las sociales y, por tal motivo, sostenían que "explicar" -erkláren- no era
el objetivo de las ciencias sociales sino más bien "comprender -verstehen-,
Nacía así una polémica entre los defensores de cada metodología, discu-
sión que en cierto modo marcó el desarrollo de la ciencia social durante
gran parte del siglo XX.
La crítica del empirismo a la comprensión se potenciaba por el carácter
psicologista que ésta había asumido. En realidad, los defensores de la com-
prensión se habían "autocomprendido" desde una perspectiva que implica-
ba resonancias psicológicas. La comprensión era entendida como empatia,
una suerte de recreación en la mente del investigador de los pensamientos,
creencias, sentimientos y motivos de su objeto de estudio. Claro que este ti-
po de conocimiento no ofrecía sobradas garantías para los empiristas pues
estos sólo confiaban en la percepción sensorial, en el carácter público, y
por ende en su controlabilidad. La pregunta que se formulaban los empiris-
tas era ¿cómo podemos estar seguros de lo que ocurre en la mente de otra
persona? Y por cierto que los partidarios de la comprensión no daban una
respuesta segura. La puesta en foco de la intencionalidad, de los motivos y
los fines del actor social, del sentido que la comunidad da a sus institucio-
nes y rituales, reforzaba el convencimiento psicologista de estos autores
pero no otorgaba credenciales seguras para su aceptación por parte de la
comunidad científica. Los comprensivistas tenían dificultades cuando en-
frentaban el reclamo de objetividad, característica irrenunciable de todo
conocimiento científico.
Pero habrá otra manera de entender la comprensión. Con el desarrollo
de la filosofía del lenguaje analítica y con el aporte de la hermenéutica, he-
redera de aquel viejo arte de la interpretación de textos, se hizo posible
captar la dimensión intencional como dimensión semántica. Ahora se po-
día hacer frente al positivismo desde la idea de lenguaje, y entonces toda
intencionalidad y comprensión refería al componente lingüístico presente
en las acciones humanas. Si aceptamos la tesis dé la hermenéutica que dice
que "el ser que puede ser comprendido es lenguaje", no habrá ningún mis-
terio encerrado en la comprensión ni será necesario entonces recurrir a la
"genialidad" del intérprete, ya que los significados se nos ofrecen al igual
que las palabras en un diálogo. La semántica y no la psicología sería la lla-
ve que permitiría a los defensores de la comprensión alcanzar un nuevo
182 JORGtLULO

entendimiento de la objetividad. Incluso autores como Gadamer y Ricoeur,


ios principales exponentes del pensamiento hermenéutico que luego anali-
zaremos, afirmarán que la comprensión no es en sí un método sino el polo
no metódico que junto con la explicación está presente en toda construc-
ción teórica social. Una manera de evitar la polémica entre explicación y
comprensión para algunos filósofos será establecer una distinción de nive-
les entre ambas: mientras que la explicación es un recurso de la ciencia, la
comprensión es una posibilidad siempre presente en la praxis, es, en defi-
nitiva, un rasgo ontológico o la forma de existir de los hombres en socie-
dad.
La polémica entre explicar y comprender fue perdiendo intensidad jus-
tamente a partir de planteamientos integradores como los del mismo Ri-
cceur o Giddens, quienes rechazaron el dualismo epistemológico, derivado
del dualismo fundamental entre las cosas de la naturaleza y los asuntos
humanos, e intentaron modificar la relación de exclusión por una de inte-
gración. También hay continuidad entre lo natural y lo social; no siempre
la intencionalidad o la significatividad del obrar humano nos permite en-
tender por qué sucedieron los acontecimientos. La crítica a la inmediatez
de la conciencia, inaugurada por Marx y Freud, junto con la reivindica-
ción de la materialidad de los procesos sociales, actuaron como fuerzas
equilibrantes del "idealismo hermenéutico" que creía que se podía acceder
al significado de los fenómenos sociales, prestando atención exclusivamen-
te a las motivaciones de los actores sociales. No obstante, quedó en pie
también la idea de una discontinuidad entre lo natural y lo social fundada
en el irrecusable carácter simbólico de toda praxis. El mayor o menor én-
fasis puesto en la continuidad o discontinuidad entre ambos mundos mar-
cará los distintos tipos de ciencia social hermenéutica que veremos.

El significado del giro hermenéutico de las ciencias sociales

Hasta ahora hemos utilizado el término "hermenéutica" con un signifi-


cado demasiado abarcador. A veces suele empleárselo en la filosofía de las
ciencias sociales como un término que se aplica tanto a la sociología com-
prensivista, como a la etnometodología o a algunos enfoques relacionados
con la filosofía analítica del "segundo" Wittgenstein. Sin embargo, el ori-
gen histórico de la hermenéutica se encuentra en la interpretación de las
manifestaciones textuales. La interpretación de los textos bíblicos, de las
leyes y de la jurisprudencia, así como la de los textos de ía antigüedad clá-
sica fueron el campo inicial de estudio al que se abocó la hermenéutica en-
tendida como "arte de la interpretación textual", que tuvo sus comienzos
durante los albores de la modernidad. Posteriormente, en el siglo XX, au-
tores como Gadamer, Apel, Habermas, y Ricoeur, entre otros, darán forma
a un pensamiento que implicará nuevas bases de sustentación y nuevas
LA VÍA HERMENÉUTICA 183

contribuciones al debate filosófico y metodológico en torno de las ciencias


sociales. Incluso autores provenientes de tradiciones de pensamiento dife-
rentes verán en la hermenéutica la posibilidad para una renovación de la
epistemología. Tal es el caso de Richard Rorty, quien contrapone explíci-
tamente la hermenéutica con la epistemología. Rorty, cuyos orígenes inte-
lectuales se sitúan en la confluencia de la filosofía analítica y el pragmatis-
mo norteamericano, afirma que "[..."I la idea de que la epistemología, o
alguna disciplina que la suceda adecuadamente, es necesaria para la cultu-
ra confunde dos papeles que puede desempeñar el filósofo. El primero es el
del intermediario socrático entre varios discursos [....] el segundo papel es
el de supervisor cultural, que conoce el terreno común de todos y cada uno
-el rey- filósofo platónico que sabe lo que están haciendo realmente todos
los demás tanto si lo saben ellos como si no, pues tiene conocimiento del
contexto último [...] dentro del que se están haciendo. El primer papel es el
adecuado para la hermenéutica, el segundo para la epistemología".3 En es-
ta diferencia, entre el discurso "normal" de la epistemología y el "anor-
mal" de la hermenéutica, también desempeña un papel relevante el lengua-
je, ya que al primero corresponderán demostraciones y explicaciones
mientras que el segundo hará uso de la persuasión, esto es, de la retórica.
Ese rol de intermediario entre los discursos que Rorty asignaba al filó-
sofo hermenéutico responde en cierto modo a la imagen que la hermenéu-
tica edificó para sí misma. La autocomprensión de la hermenéutica como
arte de la interpretación de textos, junto con la consideración del lenguaje
no como medio de comunicación sino como "materia prima del mundo
social" será lo que dará inicio al llamado "giro lingüístico" de las ciencias
sociales. Para la hermenéutica es el lenguaje el que hace posible que hable-
mos de intencionalidad y no a la inversa, pues éste es el horizonte último
de la inteligibilidad de los procesos históricos y sociales.
¿Cuál ha sido el significado de este giro lingüístico para las ciencias so-
ciales? En primer lugar, el de una reformulación de las bases conceptuales
del saber de las ciencias sociales. Hay una reeducación de la mirada del
científico social que debe desplazarse desde la manifestación visible del fe-
nómeno social -el "hecho social" de los positivistas- a su manifestación
como "objeto textual", para después dirigirse a los procesos de construc-
ción de tales objetos, procesos en los cuales el lenguaje desempeña un pa-
pel vital. Coincidentemente con este proceso, la ciencia social gana en re-
flexividad, lo que equivale a una mayor conciencia de su participación y
contribución al saber que se genera en el ámbito del mundo de la vida (al
respecto, es ilustrativo de este proceso el concepto de "doble hermenéuti-
ca" desarrollado por Anthony Giddens). La ciencia social misma se con-
vierte en una institución más entre las instituciones sociales y validará su
emergencia en ese espacio, no sólo aportando "conocimiento verdadero"
sobre los fenómenos que estudia sino dándose la misión de operar como
184 JORGE LULO

factor de autoesclarecimiento para los miembros de la sociedad a la cual


ella dirige su mirada. Agnes Heller, en De la hermenéutica en las ciencias
sociales a la hermenéutica de las ciencias sociales,4 dirá que este factor de
esclarecimiento se destila del carácter moral de las ciencias sociales. Que
las ciencias sociales cumplan una función moral equivale a decir que inte-
ractúan con los miembros de la sociedad, que son capaces de influir en el
comportamiento de los agentes sociales. Pero, ¿cómo se da esta influencia
del saber de las ciencias sociales en los miembros de la sociedad? ¿Acaso la
gente espera de los científicos sociales que puedan decir algo importante
para su vida? La respuesta de la hermenéutica supondrá el siguiente razo-
namiento: s¿Ja sociedad se constituye a partir de su autointepretación, des-
de sus creencias, entonces la interpretación que realizan los científicos so-
ciales -una interpretación técnica, más depurada- contribuirá sin duda a
sostener, afianzar o bien modificar esa misma comprensión. La ciencia so-
cial perderá así la inocencia que los positivistas, al amparo de la neutrali-
dad valorativa, otorgaban a sus observaciones.

GADAMER: LA HERMENÉUTICA COMO CONVERSACIÓN

El principio supremo de toda hermenéutica filosó-


fica es, y así me la imagino (y por eso es una filosofía
hermenéutica),, que nunca podemos decir completa-
mente lo que en realidad hemos querido decir".
HANS-GEORG GADAMER
El giro hermenéutico

Heidegger y la "autocomprensión" de la comprensión. El círculo


hermenéutico

Hans-Georg Gadamer, filósofo alemán nacido en 1900 y discípulo de


Martín Heidegger, en su obra principal, Verdad y método^ publicada en
1960, expuso una teoría filosófica sobre la comprensión que tuvo un po-
deroso influjo en el ambiente de las ciencias sociales. Las tesis de Gadamer
influyeron en varios autores vinculados directa o indirectamente a las cien-
cias sociales, tales como Jürgen Habermas, Anthony Giddens, Charles
Taylor, Paul Ricceur, Richard Bernstein y WilHam Outhwaite entre otros,
y convergieron con otras tradiciones de la teoría social como las ejemplifi-
cadas en la sociología de Weber, la sociología fenomenológica de Alfred
Schütz, el interaccionismo simbólico y los desarrollos de Peter Winch ins-
pirados en la filosofía del último Wittgenstein.
Gadamer, quien recupera la concepción hermenéutica tradicional, con-
sidera que el proceso de entendimiento (de un texto, de lo que nos dice
LA VÍA HERMENÉUTICA 185

una persona, de una conducta significativa o forma de vida, de una obra


de arte, etc.) debe concebirse en forma holística, esto es, no como una sim-
ple sumatoria de partes sino como totalidad a partir de la cual cada una de
éstas cobra su sentido. Para él este proceso no se reduce a una técnica o
metodología que se pueda aprender ya que la comprensión se emparenta
con la idea de "encuentro existencial", con la confrontación con alguien
radicalmente diferente de nosotros.
Para conocer apropiadamente la idea de hermenéutica de Gadamer te-
nemos que entender que él no nos ofrece, en primer lugar, una metodolo-
gía general de la interpretación sino que su intención es mostrarnos lo que
hay de común en las formas del entendimiento. A Gadamer le interesa se-
ñalar aquellos aspectos por los cuales la comprensión es una forma de ser
que nos caracteriza como humanos y no una forma de conocer entre otras.
Estamos así ante una concepción ontológica de la comprensión, previa a
cualquier discusión epistemológica.
El que había planteado esto con anterioridad fue Heidegger, quien en
Ser y tiempo se preguntaba sobre cómo debíamos comprender la "com-
prensión". Esta pregunta fundamental planteaba la cuestión de cuál era la
estructura o la condición de posibilidad de la comprensión, sobre qué sue-
lo ésta se asentaba. Para Heidegger era necesario resolver previamente es-
ta cuestión para después abocarse a la discusión de cuál era el mejor méto-
do que debía adoptarse en las ciencias humanas. ¿En dónde había que
situar la comprensión? En la vida misma. No había ningún proceso psico-
lógico misterioso detrás de la comprensión pues ésta caracterizaba inte-
gralmente la conducta humana. La estructura de la comprensión era circu-
lar: el que quería comprender algo, por ejemplo un texto, realizaba una
proyección sobre el todo, arrojaba un sentido global y luego confirmaba,
avanzando en su lectura, que ese sentido de la totalidad del texto era el
adecuado. Había un juego de ida y vuelta entre las partes y el todo, sin
primacía absoluta de ninguna de ellas, que posibilitaba que el intérprete
entendiera. Siempre se lee desde determinadas expectativas, y esto es algo
que fácilmente reconocemos cuando abordamos, por ejemplo, una novela.
Siempre aventuramos -proyectamos- un significado pero siempre debemos
revisarlo porque el texto no se deja imponer porque sí un significado, hay
algo en el texto (para Heidegger se trata de "la cosa del texto") que resiste
la arbitrariedad del intérprete. Por ejemplo, si comenzamos la lectura de
una novela policial ya desde el comienzo tendremos ciertas expectativas
sobre lo que va a ocurrir, presuponemos un enigma y, mientras vamos
avanzando con cada capítulo, anticipamos lo que vendrá,. Puede ocurrir, y
esto es bastante normal, que nos equivoquemos, que la lectura no siempre
confirme nuestras presunciones, y entonces, en función del desajuste entre
nuestro primer sentido arrojado y lo que efectivamente ocurrió ("la cosa
del texto"), debemos reproyectar un nuevo sentido más adecuado. Sobre
186 JORGE LULO

la base del concepto de "proyecto", la comprensión se entenderá a sí mis-


ma como aquel "poder-ser" peculiar que distingue al hombre frente a los
demás seres. La Verstehen ya no es en primer lugar, como en el historicis-
mo del siglo pasado, asunto de la psicología o el nombre de una singular
metodología, sino la designación de una forma del ser. A esta estructura
de la comprensión, prefigurada por las reglas de la antigua retórica, Hei-
degger y los autores hermenéuticos le dieron el nombre de "círculo herme-
néutico". Un círculo que no es vicioso porque brinda la posibilidad de co-
nocer, un círculo que está inscripto en la vida misma, en nuestra forma de
relacionarnos con el mundo.
Como "comprender" es elaborar proyectos correctos y adecuados a las
cosas, tenemos que tener en claro que siempre corremos el riesgo de que
exista un choque entre el texto y nosotros. ¿Cuándo ocurre esto? Cuando
no le encontramos sentido, cuando no nos dice nada. Esta experiencia del
choque con un texto (en realidad con cualquier manifestación de sentido)
es la experiencia hermenéutica fundamental, por la cual cobramos con-
ciencia de la alteridad del texto. Chocamos con la opinión de otro y no es-
tamos exentos del malentendido. ¿Cómo alcanzamos entonces la correcta
comprensión? Pues bien, en principio estando abiertos al texto, siendo ca-
paces de dejarnos decir algo por él. El que quiere comprender un texto tie-
ne que ser consciente de sus propias opiniones previas, no para eliminarlas
pues veremos que esto es imposible, sino para ejercer un control de esas
anticipaciones tal que permita la receptividad del mensa)e del texto. Esas
opiniones previas, que están enraizadas en la biografía del intérprete, son
las que como pre-juicio convalidan el carácter histórico de toda compren-
sión. La comprensión no se da fuera del tiempo pues es continua media-
ción de pasado y presente abierta a futuras comprensiones.5 En definitiva,
la estructura de la comprensión, que adquiere la figura de un círculo her-
menéutico, lo que nos dice es que toda comprensión es situada, se hace
desde una determinada perspectiva (la del intérprete) que comporta tanto
un límite (esas anticipaciones u opiniones previas) como la posibilidad
misma de que se ilumine el sentido del texto (en el continuo reproyectar
del intérprete).
Apoyado en el análisis heideggeriano, Gadamer dirá en Verdad y méto-
do que la hermenéutica, entendida a partir de esta idea de circularidad, no
es primariamente una reflexión sobre las ciencias sociales sino una explici-
tación del suelo sobre el cual se edifican estas ciencias.

También podría gustarte