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Disciplina Eclesiástica Bíblica

Este documento argumenta que la práctica bíblica de la disciplina eclesiástica es una marca de una iglesia saludable. Explica que Dios espera que la iglesia ejerza juicio sobre sus miembros para corregir el pecado y excluir a aquellos que no se arrepienten. También sugiere que las iglesias deberían hacer más difícil la inclusión de nuevos miembros para asegurar su compromiso, y más fácil la exclusión de aquellos que viven en pecado.

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Disciplina Eclesiástica Bíblica

Este documento argumenta que la práctica bíblica de la disciplina eclesiástica es una marca de una iglesia saludable. Explica que Dios espera que la iglesia ejerza juicio sobre sus miembros para corregir el pecado y excluir a aquellos que no se arrepienten. También sugiere que las iglesias deberían hacer más difícil la inclusión de nuevos miembros para asegurar su compromiso, y más fácil la exclusión de aquellos que viven en pecado.

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Disciplina Bíblica Eclesiástica

La séptima marca de una iglesia saludable es la práctica regular de la disciplina


eclesiástica. Una práctica bíblica de la disciplina eclesiástica da significado al hecho de
ser miembro de una iglesia. Aunque esto ha sido comúnmente practicado por las iglesias
desde los tiempos de Cristo, hoy en día y en las últimas generaciones, se ha disipado de
forma regular tal práctica en la vida de la iglesia evangélica.

Dios Exige Santidad

Como humanos fuimos creados originalmente para llevar el imagen de Dios, y así ser
testigos del caráter de Dios a Su creación (Gén. 1:27). De manera que no es sorpresa
que a través de todo el Antiguo Testamento, a medida que Dios formaba un pueblo para
sí mismo, los instruía a que fueran santos, para que su carácter fuera reflejo cercano de
Él mismo (Lev. 19:2; Prov. 24:1,25). Esta fue la base para corregir y aún excluir
algunos de la comunidad en el Antiguo Testamento (por ej. Núm.15:30-31), y esta es la
base para que la iglesia del Nuevo Testamento sea formada en este principio (II Cor.
6:14-7:1, 13:2; I Tim. 6:3-5; II Tim. 3:1-5).

El Acto de Juzgar

Sin embargo esta idea parece ser muy negativa en las mentes de las personas hoy en día.
Después de todo ¿no es cierto que nuestro Señor Jesús prohibió el juzgar en Mateo 7:1?
Ciertamente, Jesús prohibió el juzgar en un sentido en Mateo 7:1; pero en el mismo
evangelio, Jesús claramente nos llamó a reprender a otros por causa de su pecado, y aún
a hacerlo públicamente (Mat. 18:15-17; Luc. 17:3). De manera que lo que sea que Jesús
quiso decir al mencionar que está prohibido el juzgar en Mat. 7:1, ciertamente no se
aplica a todo aquello que se circunscribe bajo el término “juzgar.”

Dios mismo es un Juez. Él estuvo en el Jardín del Edén, y nosotros permanecemos bajo
su justo juicio en tanto perma-nezcamos en nuestros pecados. En el Antiguo
Testamento, Dios juzga tanto a las naciones como a los individuos, y en el Nuevo
Testamento como cristianos estamos advertidos que nuestras obras serán sometidas a
juicio (I Co. 3). Dios disciplina a sus hijos en amor, y con ira. Él condena a los impíos
(Heb. 12). Por supuesto, en el día del juicio final, Dios se revelará como el Supremo
Juez (Ap. 20). En todos estos aspectos de juicio, Dios nunca se equivoca, siempre es
justo (Jos. 7; Mat. 23; Luc.2; Hech. 5; Rom. 9).

Dios Espera que la Iglesia Ejercite Juicio

Para muchos hoy en día es una sorpresa aprender que Dios permite también que otros
emitan juicio. Al gobierno se le ha otorgado la responsabilidad de juzgar (Ro. 13).
También se nos ha dicho que debemos de examinarnos a nosotros mismos (I Co. 11:28;
Heb. 4; II Pe. 1:5). Además está dicho que podemos juzgarnos unos a otros en la iglesia
(aunque no en la base final sobre la cual Dios juzga). Las palabras de Jesús en Mateo
18, las de Pablo en I Corintios 5-6 y otros muchos pasajes, claramente enseñan que la
iglesia está para ejercer juicio en ella misma, y ese juicio es con propósitos redentores y
no de venganza (Ro. 12:19). En el caso del hombre que cometió adulterio en el libro de
los Corintios, y el de los falsos maestros en Efesios, Pablo comunica que ellos deben de
ser excluidos de la iglesia y entregados a Satanás de forma que ellos puedan aprender
mejor de manera que sus almas puedan ser salvas (I Co. 5; I Tim. 1).

No debe de sorprendernos que debemos ser instruidos en el ejercicio de juzgar. Después


de todo, si no podemos decir como no debe vivir un cristiano, ¿Cómo podemos decir
como debe vivir él o ella? Una de mis preocupaciones acerca de muchos programas de
discipulado de las iglesias es que ellas están vertiendo agua en baldes rotos, toda la
atención está dada en lo que se está vertiendo sin mayor interés de como está siendo
recibido y mantenido.

La Puerta de Enfrente Cerrada y la de Atrás Abierta

Un escritor en el campo del Igle-crecimiento recientemente ha resumido su consejo


acerca de cómo hacer crecer a una iglesia de la manera siguiente: “Abre la puerta de
enfrente y cierra la de atrás.” Lo que él quiere decir es que debemos trabajar para hacer
la iglesia más accesible a las personas y hacer un mejor trabajo de seguimiento.
Considero que ambos objetivos son buenos. Sin embargo la mayoría de pastores hoy en
día aspiran a tener iglesias con las puertas abiertas al frente y las de atrás cerradas. En
lugar de esto, deberíamos intentar seguir el patrón bíblico que nos lleva a la siguiente
estrategia: “Cierra la puerta de enfrente y abre la de atrás.” En otras palabras, hay que
hacer más difícil, por un lado, la inclusión y, por el otro lado, más fácil la exclusión.
Tales acciones ayudarán a la iglesia a recuperar su propósito divino, y el atractivo que la
distinga del mundo.

Llevando Nuevos Miembros a la Iglesia

Esta disciplina debe ser reflejada primeramente en la manera en que aceptamos a los
nuevos miembros. Nos preguntamos ¿si esos llamados miembros deben ser de nuestro
conocimiento que están viviendo vidas que glorifican a Cristo? ¿Entendemos la seriedad
del compromiso que estamos haciendo con ellos y ellos con nosotros? Si somos más
cuidadosos acerca de cómo reconocemos y recibimos a los nuevos miembros,
tendremos menos ocasión para practicar la disciplina correctiva de la iglesia en un
futuro.

Ejercitando la Disciplina con Responsabilidad

Por supuesto debe reconocerse que cualquier tipo de disciplina eclesiástica puede ser
hecha inadecuadamente. En el Nuevo Testamento hemos sido enseñados a no juzgar a
otros, basándonos en las motivaciones que nosotros les imputemos a ellos (Mat. 7:1), o
juzgarnos unos a otros acerca de asuntos que no son esenciales (Ro. 14-15). Este tema
produce tensión a los pastores en cuanto a su aplicación, pero debemos recordar que la
vida cristiana no es fácil en su totalidad y puede dar lugar a caer en abuso. Pero nuestras
dificultades no deben ser usadas como excusa para dejar de lado aquellas cosas que
debemos poner en práctica. Cada iglesia local tiene la responsabilidad de juzgar la vida
y enseñanza que están desempeñando sus líderes, y aún de sus miembros,
particularmente cuando dicho comportamiento llega a comprometer el testimonio de la
iglesia, para la expansión del evangelio (Hech.17; 1 Cor. 5; 1 Tim. 3; Santgo. 3:1; 2 Pe.
3; 2 Jn.).

Cinco Razones de por qué la Disciplina Correctiva


La bíblica disciplina eclesiástica es simplemente obediencia a Dios, y una simple
confesión de que necesitamos su ayuda. A continuación doy cinco razones positivas
para que haya tal disciplina en la iglesia: su propósito es positivo (1) para el individuo
disciplinado, (2) para otros cristianos cuando ven el peligro del pecado, (3) para la salud
de iglesia como un todo, y (4) para el testimonio corporativo de la iglesia. Sobre todo,
(5) porque nuestra santidad es para reflejar la Santidad de Dios. El ser miembro de una
iglesia debe tener un gran significado, no para nuestro orgullo, pero para la gloria del
Nombre de Dios. La bíblica disciplina eclesiástica es otra marca de una iglesia
saludable.

Preguntas para Reflexionar

1. Lea Juan 5:27-30. ¿A quién ha entregado el Padre autoridad para juzgar? Ahora
lea Mateo 18:15-17. ¿A quién ha delegado Jesús la autoridad de juzgar en este
mundo? ¿Ha sido la iglesia fiel administrando esta responsabilidad que Dios nos
ha dado?
2. Lea 1 Corintios 5:1-2. ¿Cuál es la acción que Pablo enseña que debe tomarse en
cuanto al miembro que está en pecado en la iglesia de Corinto? Ahora lea los
versículos 3-5. ¿Bajo qué autoridad (en el nombre de quién) debería la iglesia de
actuar? ¿Cuál es la última esperanza en tal acción? ¿Cree que Pablo enseñó
acerca de la disciplina eclesiástica como una forma cruel y sin corazón de actuar,
o como una manera amorosa que beneficiaría la alma de esa persona?
3. Un escritor ha dicho que los cristianos deberíamos “Abrir la puerta de enfrente
de la iglesia y cerrar la puerta de atrás.” ¿Cuál es el significado de esta
declaración? El autor dice que en vez de esto deberíamos “Cerrar la puerta de
enfrente y abrir la de atrás.” ¿Cuál de estas dos declaraciones cree usted que es
más bíblica? ¿Cuál idea cree usted que ayuda más a tener una membresía bíblica
y saludable?
4. Lea Romanos 14:1-4. ¿Cuáles son algunas formas en que la disciplina de la
iglesia podría caer en un abuso? Tómese un tiempo para meditar acerca de cómo
su iglesia puede cumplir el mandato del Señor, según Mateo 18:15-17, de
manera cuidadosa y fiel, y a la vez guardarse de abusar de él.

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