100% encontró este documento útil (1 voto)
233 vistas103 páginas

Escuelas Fundantes en Psicología Social

Este documento presenta una bibliografía recomendada sobre tres escuelas fundantes de la psicología social: George Mead, Kurt Lewin y Jean-Paul Sartre. Incluye biografías resumidas de Mead y Lewin, y destaca las ideas y desarrollos teóricos más importantes de Mead, como su concepción del self, el lenguaje simbólico y el conductismo social.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
233 vistas103 páginas

Escuelas Fundantes en Psicología Social

Este documento presenta una bibliografía recomendada sobre tres escuelas fundantes de la psicología social: George Mead, Kurt Lewin y Jean-Paul Sartre. Incluye biografías resumidas de Mead y Lewin, y destaca las ideas y desarrollos teóricos más importantes de Mead, como su concepción del self, el lenguaje simbólico y el conductismo social.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Tecnicatura Superior Operador en Psicología Social

Escuelas Fundantes I
1° año
2019
Bibliografía

1- FRANCO, J. Escuelas Fundantes de la Psicología Social I: Mead,


Lewin y Sartre.
2- SCHELLENBERG, J. Mead, un rebelde tranquilo. Kurt Lewin y la
teoría del campo.
SALITA, A. Introducción al pensamiento de Jean-Paul Sartre.
3- FERNANDEZ, A.M. Bion y la noción de Supuestos Básicos.
BION, W. Dinámica de Grupo
4- RIGGIO, C. La Escuela del Interaccionismo Simbólico de George
Mead.
5- FABRIS, F. Pichón-Rivière, un viajero de mil mundos: El aporte de
George H. Mead.
6- Escuelas Fundantes de la Psicología Social: Mead, Lewin y Bion.
7- MACIONIS, J.J. – PLUMMER, K. George Herbert Mead y el self
social.
8- FABRIS, F. Pichón-Rivière y la Construcción de Social: Contextos-
fuentes teóricos y filosóficos: dialéctica, G. H. Mead, K. Lewin, R.
Merton, Ch. Wright Mills, J. P. Sartre.
Escuelas fundantes de la psicología social 1

Julia Franco
GEORGE MEAD
KURT LEWIN
JEAN-PAUL SARTRE
George Mead / Julia Franco
Datos biográficos

Nació en Massachussets en 1863. Filósofo y psicólogo, nunca hizo una


división tajante entre estas dos disciplinas.
Su padre era un pastor congregacionalista. Siete años más tarde se
trasladaron a Ohio. Aquí el reverendo Hiram Mead pasó a ser profesor de oratoria
en el Seminario Teológico de Oberlin.
Fue estudiante en el Oberlin Collage y al morir su padre en 1881, la madre
empezó a enseñar, siendo más tarde presidenta de un colegio universitario en Mt.
Holyoke. Las relaciones con su hijo eran tranquilas, evitando discutir sobre
espinosos temas filosóficos. Mientras tanto George continuaba su gradual proceso
de liberación intelectual que le llevó, según dijo, veinte años para desaprender lo
que le habían enseñado en sus primeros veinte.
En Harvard se familiariza con William James. Sin embargo en este
momento la psicología y la filosofía de éste no causaron gran impacto en él.
Continúa sus estudios de filosofía en Alemania. Allí se casa en 1891, poco antes
de regresar a EE. UU. Fue en la Universidad de Michigan donde el esquema
básico de la filosofía de Mead comenzó a tomar forma. John Dewey acababa de
ser nombrado jefe del departamento quien, al igual que Mead, había
experimentado el idealismo hegeliano como una fuerza liberadora; y ambos se
dedicaban ahora a la búsqueda de una fundamentación más científica para la
filosofía. Consideraron que la obra de William James (cuyos Principios de Psicología acababan de publicarse) ofrecía
nuevas e importantes líneas para elaborar una ciencia de la mente.
En Michigan también estaba Charles Cooley, que planteaba la idea del “yo espejo”. Este se desarrolla, según él,
como reflejo de las evaluaciones de los otros, idea que Mead incorporaría en su concepción del papel asumido o “role-
taking”. Mead llevó la idea más lejos que Cooley al cuestionar los orígenes de la mente que éste aceptaba como algo dado.
Durante los tres años que estuvieron juntos en la Universidad de Michigan, Dewey, Cooley y Mead, elaboraron los
puntos básicos de su orientación común sobre la psicología social, orientación que más tarde se denominaría
interaccionismo simbólico, del que Mead sería su portavoz más autorizado.
En 1984 entra a la Universidad de Chicago como profesor de Filosofía, llegando más adelante a ser Decano de la
Facultad de Filosofía. Esta nueva escuela liderada por Dewey fue reconocida como el centro de un movimiento filosófico
que se empezó a llamar pragmatismo.
Murió a los sesenta y ocho años en Chicago, en 1931, siendo todavía profesor de filosofía allí.

Sus desarrollos

Mead dirigió su atención especialmente a la psicología social.


Un tema central en la filosofía pragmática fue la preocupación por los procesos, al considerar las ideas como parte
del devenir de la actividad. Toda la vida es actividad que se despliega de forma natural y está organizada por objetivos que
emergen y cambian en el proceso del devenir mediante el ajuste y el reajuste.
En 1896 Dewey publicó un artículo (“The Reflex Arc Concept in Psychology) que establece las ideas claves de la
escuela conocida como funcionalista en psicología. Este artículo tuvo gran influencia de Mead, y sirvió de base a gran
parte de la crítica contra el posterior movimiento conductista. Los conceptos de estímulo y respuesta fueron criticados por
Dewey, por suponer distinciones artificiales en el proceso fluido de la acción de un organismo. Los rasgos importantes no
son las partes específicas de la sensación, la atención y la acción, sino el modo en que la actividad como un todo se
organiza y se reconstituye en el ajuste progresivo del individuo. En lugar de una psicología diferencial de los distintos
procesos, proponía una concepción más unificada.
Mead sólo escribió alrededor de dos docenas de artículos importantes en toda su vida. Sus libros se publicaron
después de su muerte, y en su mayoría son recopilación de los apuntes de clase de sus alumnos. Este es el caso de
“Espíritu, Persona y Sociedad”, donde se trascribieron sus clases de psicología social.

2
La denominación de conductismo social dada por el propio Mead, merece una distinción con respecto al
conductismo de Watson (por otra parte alumno de Mead), que se hizo popular en los círculos psicológicos.
El conductismo de Watson no dejaba lugar a la mente o a conceptos mentalistas en el estudio de la conducta. La
psicología debía llegar a ser científica, y para ello era necesario que abandonara todos los conceptos que no podían
observarse desde el exterior.
Para Mead, en cambio, la mente era la preocupación principal en la investigación psicológica, y no debía detenerse
ante la dificultad de una medición objetiva. Pero estos acontecimientos mentales debían considerarse en su contexto de
comportamiento. En este sentido más amplio, puede la psicología social de Mead considerarse conductista.
“La psicología social es conductista en el sentido de que parte de una actividad observable -el proceso social
dinámico en devenir, y los actos sociales que son sus elementos integrantes- que ha de ser estudiada y analizada
científicamente. Pero no es conductista en el sentido de pasar por alto la experiencia interna del individuo, la fase
1
interior de ese proceso o actividad” .
Mead rechazó una característica que en particular se suele asociar con el conductismo: la tendencia a reducir un
fenómeno a sus unidades más simples de conducta. Por el contrario, para él la conducta de un individuo sólo puede ser
comprendida teniendo en cuenta la conducta de todo el grupo social del que forma parte, ya que es este grupo el que le
otorga sentido a los actos individuales. Su método consistía en proceder desde las fuerzas sociales más generales a los
pequeños acontecimientos de la conducta individual. Se trata de entender los actos sociales como un proceso completo, y
no como la suma de estímulos y respuestas particulares.

La evolución del lenguaje

Dijimos que a partir de Dewey (además de Mead, entre otros), se desarrolla la escuela filosófica llamada
Pragmatismo. Esta corriente sostiene que el significado de una proposición debía buscarse en sus consecuencias prácticas.
Lo importante aquí es el énfasis pragmático en el papel de la racionalidad, o sea en los efectos que ésta produce. Para
Mead, una de las características específicamente humanas es su capacidad de alterar y dirigir el curso de la evolución
mediante la actividad de sus capacidades intelectuales.
Mead concibió al organismo humano como un agente activo, no como el receptor pasivo de los estímulos del
ambiente. La percepción, por lo tanto, debe ser considerada como un proceso activo; se responde a los estímulos de
manera selectiva a medida que se los encuentra en el curso de los actos; luego se interpreta y responde a estos estímulos
en forma simbólica.
La mente y la capacidad del organismo humano para comunicarse simbólicamente deben explicarse como parte de
un proceso evolutivo.
Se propone entonces demostrar el proceso evolutivo que culmina en la capacidad lingüística del hombre. Para esto
explicó la forma más primitiva a partir de la cual se desarrolló una más avanzada. Las ideas de Darwin sobre la expresión
de las emociones le proporcionaron a Mead una base para explicar el desarrollo del lenguaje. Éste había demostrado las
asociaciones que se daban entre ciertos estados emocionales y ciertas configuraciones de expresiones corporales,
especialmente faciales. Cuando un animal muestra los dientes denota un estado interno de ira. El significado adaptativo de
esta acción es claro en los animales que emplean sus dientes para atacar, pero Darwin advirtió que esta manifestación se
observa aún en el hombre, donde ha perdido su valor original de supervivencia. Propuso la hipótesis de que la importancia
de las expresiones faciales consiste en su capacidad de revelar algo acerca del estado interno del organismo. Mead se
refiere a esos estados expresivos denominándolos “actitudes” o “gestos”, una acción que anticipa lo que vendrá,
comportamiento primitivo a partir del cual se ha desarrollado la capacidad de comunicación del hombre.
En los animales, el gesto utilizado es automático e irreflexivo. Es parte de un acto que predice otro; no intenta
comunicar su ira, simplemente la muestra en forma automática, siendo esta la primera parte del acto de atacar. Mead
demostró la función informativa del gesto en lo que denominó “conversación de gestos”.
¿Presenciaron alguna vez una pelea de perros?
¿Vieron como a la vez que gruñen con toda la dentadura en exhibición, dan vueltas uno alrededor del otro? Cada
movimiento de uno genera una reacción en el otro, cada acción es una reacción al movimiento previo de su rival. Lo
mismo ocurre entre humanos en una conversación, donde cada expresión verbal es respuesta a la expresión anterior del
otro.
Sin embargo, el lenguaje de gestos no es una comunicación. Para que lo sea debe comprender el uso de gestos
“significantes” o símbolos. El individuo debe poder interpretar el significado de su propio gesto.

1
Mead, G.: Espíritu, persona y sociedad, Buenos Aires, Paidós, 1963

2
“Los gestos se convierten en símbolos significantes cuando provocan implícitamente en el individuo que los hace
2
las mismas respuestas que provocan explícitamente -o se supone que deben provocar- en otros individuos”
La capacidad del humano de anticipar la respuesta que su gesto despierta en los demás, es lo que le posibilita pasar
de la conversación de gestos al del símbolo lingüístico significante. Del gesto significante a la expresión verbal hay sólo
un paso más: el sonido. Para comunicar debemos estar capacitados para anticipar la respuesta que nuestro acto suscitará
en otro. Esto se hace según Mead, asumiendo el rol del otro, viéndose a sí mismo desde el punto de vista de otra persona.

El desarrollo del sí mismo

Esta posibilidad del hombre de utilizar el lenguaje para comunicarse le permite a la vez desarrollar un “sí mismo”.
La mismidad sería la capacidad humana de tomarnos como objeto para nosotros mismos. Cada vez que nos vemos desde
“afuera”, como si el análisis lo dirigiéramos sobre otra persona, lo estamos haciendo gracias al lenguaje. Cuando nos
preguntamos: ¿qué es lo que aprendí? ¿cómo me fue hoy en mi trabajo? Lo que estamos haciendo es observarnos desde la
perspectiva de un evaluador externo. Debemos entonces asumir el rol de otro (cuyas pautas y criterios hemos incorporado)
y respondernos desde esos criterios, convirtiéndonos así en objetos para nosotros mismos; podemos objetivarnos.
“El sí mismo no existe inicialmente, en el momento del nacimiento, sino que surge durante el proceso de la
3
experiencia y actividad sociales”.
La constitución del sí mismo es un fenómeno ligado al desarrollo, y Mead utiliza una metáfora para graficar dos
etapas dentro de este proceso. Estas etapas son el juego y el deporte.
En el juego el niño pequeño va asumiendo diferentes roles duales, el propio y el de otra persona que cumple con el
rol complementario. ¿Jugaron alguna vez a la maestra, poli-ladrón, mamá, quiosquero, doctor…? Uno asumía un rol y el
compañero de juego el otro correspondiente. Esta actividad le da al niño la posibilidad de explorar las actitudes de los
otros hacia él, y va aprendiendo a considerarse desde un punto de vista externo. Va probando de a poco los roles
particulares de su entorno más inmediato, y de esa manera se empieza ver a sí mismo como lo ve la maestra, el
quiosquero, etc., etc.
En el deporte en cambio, lo que se incorpora es la totalidad de roles que conforman el equipo. Hay una mayor
organización en la actividad, tiene reglas y funciones, además de un objetivo común. Esto es lo más parecido a la
estructura social como conjunto, de allí la metáfora. El niño ya debe contar en esta etapa con la internalización de las
actitudes de todos los que intervienen en el deporte. Estas actitudes se organizan en una especie de unidad, y es esta
organización la que controla la respuesta del individuo. ¿Escucharon las lindezas que le grita la hinchada a algunos
futbolistas que se “cortan solos” o fallan en un pase fundamental? Bueno, a eso me refiero (o se refiere Mead en realidad),
a las expectativas de los otros sobre nosotros, la presión que ejerce el conjunto sobre el individuo cuando compromete el
resultado de todo el equipo (o de la sociedad).
Hay una definición de subjetividad que, según me dijeron, es de Pichón, pero no se decirles si está en algún
artículo, y si estuviera, en cuál.
Dice que “la subjetividad es la internalización de la cancha externa en la cancha interna, y, sobre todo, de los
lugares que allí se pueden ocupar”.
O sea que no sólo incorporamos a la organización total de roles que componen la sociedad, sino también las reglas
de juego que los organiza y jerarquiza, en un ordenamiento que percibimos y aprendemos sin cuestionamiento alguno (no
estamos en condiciones de hacerlo en este momento de “constitución de la persona”), como algo razonable y natural.
En este momento, ya incorporadas las actitudes generalizadas de la sociedad en la que vive, podemos decir que esta
persona ha incorporado al “otro generalizado”. Habiendo aprendido el funcionamiento general de roles, lo que se debe
hacer en el desempeño de éstos y lo que está proscrito, o sea asumidas las actitudes del conjunto, el individuo tiene la
experiencia del grupo social al que pertenece con sus normas, valores, y metas, y ha alcanzado el desarrollo pleno del sí
mismo. Ahora puede ser considerado un miembro activo de la sociedad.
“Es en la forma del otro generalizado que los procesos sociales influyen en el comportamiento de los individuos
implicados en ellos… porque de esta manera el proceso o comunidad sociales entra en el pensamiento del individuo
4
como un factor determinante”.
El otro generalizado entonces, es la culminación de un proceso que va de la internalización progresiva de los roles
específicos (mamá Carolina y papá Sebastián), a los roles y actitudes en general (lo que es ser madre y padre en esta
sociedad). Esta abstracción de roles y actitudes en general es lo que se denomina el otro generalizado.
2
Mead, G.: Op. Cit.
3
Mead, G.: Op. Cit.
4
Mead, G.: Op. Cit.

2
Ahora… ustedes deben estar pensando que según Mead, los que vivimos en la misma sociedad -por este mecanismo
de internalización de roles, valores y metas- debiéramos ser una especie de réplica del tipo social instituido. Si bien tal vez
seamos mucho menos creativos de lo que nos creemos, tampoco dejamos de percibir que hay enormes diferencias entre
individuos y grupos. Y esto es así por varias razones (como siempre). En principio, la sociedad no es algo homogéneo
aunque tengamos los mismos símbolos patrios, el mismo idioma, y el mismo andamiaje jurídico (normas y valores). El
conjunto social es heterogéneo, compuesto por diversidad de grupos y clases, “lugares” desde los que valores y
costumbres van mutando según intereses, necesidades y posibilidades. Pero además porque, según afirma el propio Mead,
cada sí mismo tendrá su propia individualidad, sus pautas únicas e intransferibles.
Cada uno ha experimentado el proceso social desde una perspectiva diferente, en algunos casos ligeramente
distinta, en otros francamente opuesta (la otra cara de la moneda). Y los sí mismos individuales y sus estructuras tienen
amplias diferencias y variaciones entre ellos.
Esto se explica en parte por los elementos que componen este sí mismo. Porque no se trata de algo unívoco y
estable sino plural y muchas veces contradictorio.
Los elementos que componen el sí mismo son dos: el “Yo” y el “Mí”.
Mediante la adopción de las actitudes de los otros (el otro generalizado) hemos introducido el “mí”. Y
reaccionamos a él como un “yo”.
Gracias al “yo” decimos que nunca tenemos conciencia plena de lo que somos, que nos sorprendemos con nuestra
propia acción. El “yo” en la memoria está presente como vocero de la persona en cuanto al pasado. En nuestra propia
experiencia aparece como una figura histórica, ya que no podemos asegurar que mañana actuaremos de la misma manera
que la semana pasada.
Trataré de explicarme mejor. A veces, en una charla con alguien que nos está describiendo una situación que
requiere una respuesta activa, nos aventuramos a decir rápidamente: “yo en tu lugar haría tal cosa”. Eso, además de
soberbia, es omnipotencia. En verdad no sabemos no sólo qué haríamos en su lugar, sino tampoco en nuestro mismísimo
lugar en una situación parecida. Y nada nos asegura que en distintos momentos reaccionemos de forma bien diferente
frente a situaciones similares.
Entonces, lo que uno evalúa fríamente en la situación hipotética que se nos plantea, es lo que creemos “debiéramos”
hacer. Es el resultado de las actitudes sociales internalizadas: el “mí”. Pero llegado el momento, reaccionamos no sólo
como sabemos, sino como podemos, como un “yo”. Sabemos lo que el grupo social impone y cuáles serán las
consecuencias de cualquier acto, pero ninguno sabe cuál será esa reacción.
El “yo” proporciona la sensación de libertad, de iniciativa. Tenemos conciencia de nosotros y de lo que es la
situación, pero jamás entra en la experiencia la manera exacta en que actuaremos hasta después de que tiene lugar la
acción.
Ambos componentes son parte de un todo. Están separados en el proceso pero deben funcionar juntos. El “yo”
provoca al “mí” y al mismo tiempo reacciona a él. Tomados juntos constituyen una personalidad, tal como ella aparece en
la experiencia social.
La persona es esencialmente un proceso social que se lleva a cabo con esas dos fases distinguibles. Si no tuviese
estas dos fases, no podría existir la responsabilidad conciente (“mí”), y no habría nada nuevo en la experiencia (“yo”).
Ahora tal vez estemos en condiciones de decir que para Mead, el “Yo” es una entidad reflejada. Llegamos a ser lo
que los otros significantes nos consideran. Nos vamos constituyendo a partir de lo que los otros ven en nosotros,
identificando con nuestros cuidadores, luego incorporando roles, actitudes, valores, metas… pero con la siempre
imprevisible reacción espontánea del “yo”, nuestro componente más creativo, más personal, más espontáneo.
Vale aclarar que estamos hablando de un “yo” que no hay que homologar a la instancia llamada por Freud de la
misma manera. Este “yo” es un componente de lo que en lenguaje coloquial llamaríamos personalidad, y no un mediador
entre las normativas del Superyo y los impulsos del Ello. Es otro marco teórico, otro abordaje, otras preguntas que
orientan los recorridos teóricos.

2
Kurt Lewin / Julia Franco
Datos biográficos

Kurt Lewin nace en 1890 en Prusia. Es muy poco lo que se


conoce de su infancia, familia, adolescencia. El primer dato concreto sobre
su juventud es que realiza estudios universitarios sucesivamente en
Fribourg (Alemania), Munich y Berlín. Se apasiona primero por la
química y física, después por la filosofía, y finalmente se dedica a la
preparación de una tesis en psicología.
En 1914, al estallar la primera guerra mundial, es movilizado por el
ejército y permanecerá allí hasta su finalización. En 1921 comienza su
carrera como docente en psicología en la Universidad de Berlín, y
finaliza en 1933 cuando los nazis toman el poder.
En este período hace experiencias de laboratorio sobre la medida de la
voluntad, la asociación, percepción del movimiento.
En 1933 es “invitado”, por ser judío, a abandonar Alemania en 24 hs.
con su familia, caso contrario lo esperaba un campo de concentración. Pasa
unos meses en Inglaterra y luego emigra a Estados Unidos. Es profesor en la
Universidad de Stanford, en la Universidad de Cornell y en la
Universidad de Iowa, donde también dirige un Centro de
Investigaciones. Este período termina en 1939. Su interés principal
durante esta época se da en torno a la búsqueda de una teoría de
conjunto del comportamiento individual, y paralelamente la
elaboración de modelos teóricos que le permitirían renovar la
experimentación y la exploración de los hechos psíquicos.
En 1940 toma una cátedra en la Universidad de Harvard y fundará a pedido del M.I.T. (Massachussets Institute of
Technology) un centro de investigaciones en “dinámica de grupos”. El M.I.T. era en ese momento el centro más célebre
de los [Link]. dedicado a la ciencia nuclear. Por concesión a este medio académico poblado de ingenieros afirmará
primero que la dinámica de grupos es una “ingeniería social”. Lamenta profundamente esta analogía cuando descubre que
sus alumnos han entendido que la dinámica de grupos es una ciencia de la manipulación de grupos. Esto tiene sus
consecuencias en la práctica, ya que comienzan a aparecer aficionados improvisados que, en nombre de la dinámica de
grupos, propone un conjunto de recetas garantizadas para manipular eficazmente un grupo cualquiera, y para cualquier
fin. En los últimos meses de su vida intentó desmitificar ese nombre con dudosa suerte.
Hasta 1947 su orientación es cada vez más precisa hacia la elaboración de una psicología de los grupos que sea a la
vez dinámica y getaltista, es decir, articulada y definida en relación constante al medio social en el que se forman, se
integran, gravitan o desintegran los grupos.
Muere repentinamente en 1947 a los 56 años.
Como rasgos destacables en su desempeño como profesor y científico, se suele recordar su falta de dogmatismo, su
gusto por trabajar en equipo dando lugar a todas las opiniones e iniciativas, su modo profundamente democrático de
trabajo, su puesta en duda permanente sobre el conocimiento concluido, que era tomado como hipótesis de trabajo más
que como certezas a sostener.
Su línea de investigación, hasta su muerte, giró en torno a las estructuras, los climas grupales, los liderazgos, que
permitan a un grupo humano lograr relaciones creativas, placenteras y productivas.

Contextualizando

Lewin dedicó ocho años de su vida a la exploración psicológica de los fenómenos de grupo. Y estas indagaciones
constituyen un momento decisivo en la evolución de la psicología social. Todavía hoy tenemos abordajes e
investigaciones orientados por las teorías de Lewin.
Recordemos que desde el inicio de esta disciplina -la psicología social- la preocupación que guiaba los estudios
giraba alrededor de la necesidad de controlar las masas, estos conglomerados de personas que comienzan a formarse con
el desarrollo industrial y la conformación de la clase proletaria. Las conductas sociales son interpretadas en principio

2
como fuerzas sociales innatas de instintos determinantes. Bajo esta perspectiva se debía definir cuál sería el medio social
más apto para la socialización y acceso a la madurez social de los individuos. El primer objetivo, entonces, quedaba
centrado en medir y valorar la influencia del grupo sobre el individuo.
Luego de los trabajos de Freud: “Psicología de las masas y Análisis del Yo”, Tótem y Tabú”, “El malestar en la
cultura”, la preocupación de la psicología social se inclina a investigar la caracterización del líder. A partir de 1930 es la
influencia del individuo sobre el grupo lo que se intenta descifrar y comprender.
Unos años después la preocupación sigue siendo el conocimiento de las leyes que rigen la conducta social en
cualquier contexto socio-cultural. Trabajan casi exclusivamente en laboratorio y sus búsquedas no difieren demasiado de
los primeros estudios en psicología social.
A partir de 1936 Kurt Lewin comienza a plantear otros procedimientos y nuevos objetivos. Sus trabajos servirán
para esclarecer la dinámica de fenómenos de grupo muy reducidos, de dimensiones acotadas, y en contextos de
reorientación de una acción social más eficaz y creadora.
Propondrá a los psicólogos sociales a centrar sus trabajos en el estudio de los micro-grupos, que llamará grupos
cara a cara. Según Lewin no se contaba en ese momento, desde el punto de vista científico, con técnicas ni instrumentos
mentales para la exploración de la sociedad global. Será procediendo por etapas y analizando los mecanismos de
integración y crecimiento de los pequeños grupos como se irán develando, poco a poco, las constantes de los grupos
humanos más amplios.
De alguna manera sería la reacción al conductismo. Los individuos actúan no solo como respuesta a estímulos, sino
también, en base a creencias, condiciones, actitudes y deseos de alcanzar metas.
Pide que se revise la experimentación en psicología social demostrando, a través de sus numerosas investigaciones,
que la exploración válida de los fenómenos de grupo debe operarse en el mismo campo psicológico en que ellos se
insertan. Propone que las variables con las que se investiga sean identificadas en el terreno natural de los hechos, a través
de lo que llama “investigación-acción”. Vincula permanentemente la teoría y la práctica, sintetizada en una frase que lo
refleja: “no hay nada más práctico que una buena teoría”.
El estudio de los pequeños grupos constituía una opción estratégica que permitiría en algún momento esclarecer la
psicología de los macro - fenómenos.
A partir de este vuelco en metodología y objetivos, la psicología social cobra un enorme impulso, liberada de sus
dogmatismos y sus supuestos. Las conductas sociales y los comportamientos en grupo son considerados como el dominio
o el objeto específico de la psicología social.
Por otro lado queda el estudio de los comportamientos de grupo, para lo que se requiere, según Lewin, que varios
individuos compartan las mismas emociones de grupo lo suficientemente intensas como para integrarlas y conformar la
cohesión grupal.
La dinámica de grupos se ha convertido en la psicología de los micro-grupos, es concebida como la ciencia de los
pequeños grupos, ofreciendo la posibilidad de conocer la formación, crecimiento o desintegración de esos micro -
fenómenos.
Y finalmente, otra distinción que hace Lewin para el análisis de los comportamientos es entre psico-grupo y socio-
grupo. El primero, orientado y estructurado en función de los mismos miembros, un grupo de formación. El segundo,
orientado por una tarea específica que requería su cumplimiento.

Teoría del campo

Basada en la Gestalt, se apoya en su principio según el cual el análisis de los elementos aislados de un fenómeno no
nos puede proporcionar un conocimiento adecuado de su totalidad y su funcionamiento. Ya se había demostrado que la
percepción y el hábito no se apoyaban en elementos aislados sino en estructuras. Frente a la mecánica conductista de la
fórmula estímulo - respuesta (un estímulo del medio ambiente provocará una reacción en el organismo), aquí tenemos que
una conducta está determinada por una totalidad organizada de acontecimientos, por asociaciones de estímulos tal como
son percibidas por el individuo.
Para Lewin, la explicación de la conducta individual a partir de la totalidad de los factores psicológicos que actúan
sobre una persona en un momento determinado, debe tener en cuenta sus motivaciones, aprendizajes, frustraciones, por
ser también parte de este espacio al que llama “espacio vital”. Cada persona se mueve en un campo psicológico que
contiene intereses y significaciones que pueden ser positivas o negativas. Estas “valencias” crean “vectores” que atraen o
rechazan. Como ven, su formación en ciencias duras lo lleva a explicar fenómenos psicológicos mediante fórmulas y
términos matemáticos.
Se interesó particularmente en el estudio de las motivaciones que siempre están ligadas a la percepción. Incluye
tanto a la persona que está estudiando como a su ambiente psicológico y las relaciones entre estos términos.

2
El espacio vital de una persona es su mundo psicológico o su situación actual, que incluye a la persona y su
ambiente, tanto físico como social, con el que está relacionada. No representa objetos físicos como tales, sino las
relaciones simbólicas que incluyen recuerdos, lenguaje, mitos, religión…
Un vector representa en este caso una fuerza que influye en el movimiento psicológico que hace moverse al
individuo hacia la aceptación o el rechazo. Si hay más de un vector y tienen orientaciones diferentes, el movimiento se
producirá en dirección de la fuerza resultante de este interjuego.
En síntesis, el hombre actúa en un ambiente psicológico en donde la realidad es lo que él percibe o cree. Lewin no
hablaba de causas y efectos sino de campos de fuerza. Utilizó el concepto de “tensión” para la necesidad y sostuvo que
ésta se descargaba al alcanzarse la meta o cuando aparece una meta sustituta. Cuando las fuerzas en un campo están es
desequilibrio, la acción continúa hasta lograr el equilibrio.
Una de las investigaciones que lleva a cabo con metodología experimental la realiza con grupos de niños en edad
escolar, que se prestan voluntariamente a la construcción de utilería teatral, y que ignoran la finalidad de la experiencia. Se
trata, en realidad, de verificar si el clima democrático en las actividades de grupo favorecía el buen desempeño de la tarea
y bajaba el nivel de agresión o tensión habitual en los trabajos en equipo.
Se conforman tres grupos que serán coordinados por psicólogos con diferentes modalidades: en un grupo se
generará un clima autocrático, en otro democrático y por último “laissez-faire” o permisivo. Se reúnen una vez por
semana y periódicamente van cambiando de coordinador. Todos los niños pasan por un seguimiento permanente en sus
comportamientos.
La hipótesis de la que se partió: la frustración era la generadora de la agresión.
¿Qué resultados se verificaron y qué conclusiones se extrajeron a partir de esta experiencia?
En el grupo de clima autoritario, muy frustrante, se esperaba un alto índice de agresividad. Sin embargo, lo que se
manifestó fueron dos tipos de reacciones bien distintas: en algunas reuniones no sólo no hubo ninguna agresividad sino
una total apatía; y en otras se manifestó gran carga de agresión con estallidos colectivos y destrucción del material de
trabajo. Lo curioso fue que no sólo la tensión se descargaba sobre el coordinador, sino también entre los mismos niños.
Lo que se infiere entonces es que el autoritarismo provoca: o una conducta pasiva y apática como resistencia a la
agresividad, o una acumulación de la misma que luego es descargada en forma violenta.
En el de clima democrático se esperaba bajo contenido de agresividad y así resultó, pero de ninguna manera nula.
Lo que ocurría era que se iba descargando en forma gradual, a medida que iba surgiendo, y esto permitía mantenerla en un
rango relativamente bajo. También se evaluó una mayor productividad en las actividades previstas dentro de este tipo de
liderazgo.
Dentro del espacio de clima “laissez-faire”, se esperaba un rango de agresividad media. Sin embargo se encontró la
media más elevada. Los niños esperaban la colaboración y guía del coordinador para la realización de las actividades, y se
encontraban con su virtual ausencia, lo que provocaba gran frustración que se manifestaba en reacciones de agresividad
entre los niños y hacia el coordinador.
Las conclusiones que derivan de estos resultados demostrarían que la frustración produce reacciones agresivas, pero
éstas están sujetas a las modalidades del clima grupal que a su vez depende del estilo de dirección o coordinación.
Tengamos en cuenta los datos biográficos de Lewin, su preocupación por reafirmar los valores democráticos, y el
período de entre guerras en que fue llevada a cabo. Toma rápidamente divulgación e importancia en los comienzos de la
segunda guerra mundial e intenta dar una respuesta al interrogante sobre el fenómeno nazi
EL campo social dinámico analizado en los grupos de laboratorio puede ser llevado luego al estudio de los grupos
reales o naturales. El grupo cara a cara se convierte así en el “laboratorio de choque” que puede ser reestructurado para
lograr cambios en un campo social más amplio.
El grupo es un sistema de interdependencia de varios factores (integrantes, normas, percepción del medio,
objetivos, roles, etc.), y este sistema es el que explica el funcionamiento del grupo en un determinado momento, tanto
hacia el interior del grupo como hacia el exterior. Ese sistema de fuerzas es el que lo impulsa o inhibe en la acción. De allí
su denominación de “dinámica de grupos” para este método de indagación.
Los últimos trabajos de Lewin se orientan hacia el cambio social. Considera un “estado cuasi estacionario” al
estado de equilibrio entre fuerzas opuestas e iguales en intensidad. Pero este estado manifiesta fluctuaciones dentro de
cierto rango, aunque dentro de éste la estructura se mantiene igual. Esta autorregulación del sistema sería lo que llamó
“resistencia al cambio”.
“Para Lewin, el grupo es la interdependencia, no solamente entre los individuos, sino también entre las variables
que intervienen en su funcionamiento; el grupo democrático permite una participación más activa de sus miembros en la
determinación y consecución de los objetivos, una mejor puesta en común de los recursos psicológicos de cada uno y una
resolución continua de las tensiones”5.
5
Anzieu, D.: “El grupo y el inconsciente. Lo imaginario grupal”, Madrid, Biblioteca Nueva, 1998.

2
Todo cambio representa un estrés o un esfuerzo de adaptación y por esto las personas tienden a reaccionar con
conductas defensivas ante situaciones que perciben como amenazantes. En los grupos suele ocurrir lo mismo. La
intervención sobre la resistencia al cambio deberá aumentar una de las fuerzas (la que se orienta hacia el cambio deseado),
o debilitar la contraria (la que ofrece resistencia). Esta última es la que se muestra más eficaz, debido a que presionar
contra la resistencia generaría un clima autoritario que, como ya dijimos, aumenta la tensión y la agresividad.
Una vez que ese rango de fluctuación ha sido sobrepasado, la tendencia es a un nuevo nivel configurado por el
equilibrio de fuerzas resultantes de la interacción.
Este es el método que se utilizó en una experiencia durante la segunda guerra mundial, 1943, tendiente a modificar
hábitos alimenticios de la población con el fin de disponer de cortes de carne vacuna para enviar al frente.
Consiste, esquematizándolo, en tres pasos definidos como:
Descristalización o descongelamiento
Cambio
Recristalización o nuevo congelamiento.
El primer paso consiste en ir cuestionando el estado de equilibrio mediante una discusión en grupo no dirigida. Una
vez que se consigue un punto de ruptura, un cuestionamiento al hábito instituido, se podrá incluir el cambio deseado,
operando un nuevo equilibrio para consolidar esa transformación.
Vamos a la experiencia.
Se trataba de reunir grupos de amas de casa voluntarias de la Cruz Roja para generar, a partir de allí, cambios en los
hábitos de consumo de cortes de carne vacuna; todo eso que en el ritual dominguero de buena parte de la Argentina y
aledaños ponemos en la parrilla: riñones, mollejas, corazón, chinchulines… los norteamericanos no estaban (ni están)
acostumbrados a consumir, les producen rechazo.
Se organizaron seis grupos conformados por menos de 20 personas en cada uno. A tres de ellos se los trató con el
método clásico de la exposición informativa, en donde un ama de casa experta da una charla sobre las ventajas de
consumir estos cortes, en tanto que, mientras se cumple con beneficios nutricionales, a la vez se colabora activamente
participando del esfuerzo que el país está realizando. También se ofrecen recetas para la preparación de platos con esta
materia prima que resulten apetitosos y eviten aquellos efectos que provocaban el rechazo (olor, consistencia). El nivel de
aceptación de la propuesta resultó de un 3 por ciento de las participantes que estaban dispuestas a servir esos alimentos.
En los otros tres grupos se empleó otra metodología. Se daba una breve exposición que también tocaba las dos
perspectivas: el esfuerzo de guerra que requería colaboración y la cuestión dietética. Pero luego se abría una discusión
libre que invitaba a las opiniones sobre la posibilidad de que las amas de casa implementaran estos cambios. Se dirigía a
la generalidad de posibles consumidoras, y no específicamente a las que allí estaban presentes. En este caso tuvieron la
posibilidad de poner en común las causas de la repugnancia, los prejuicios que generaban la resistencia al cambio; y
recién en este punto un experto ofrecía las recetas y procedimientos que también se habían dado en los otros grupos, pero
cuando ya había una puesta en marcha de cierto quiebre en relación al estado anterior y está motivado para incorporar la
información.
El resultado del trabajo en estos últimos tres grupos arrojó un 32 por ciento de participantes que sirvieron esos
alimentos en las semanas siguientes.
De esta y otras experiencias Lewin concluye que tomar una decisión en grupo, cuando éste se siente libre y
solidario, es más eficaz y duradera que las que se toman individualmente ya que el compromiso refuerza la acción. Es más
fácil modificar los comportamientos en pequeños grupos mediante discusiones democráticas que en forma individual, ya
que las personas tienden a conformarse a las normas del grupo.
Lewin heredó de los psicólogos gestaltistas la noción de forma como un todo organizado, pero no cayó en el
reduccionismo del equilibrio estático. Es cierto, sin embargo, que algunas críticas posteriores, a la luz de otros aires
paradigmáticos para la filosofía de las ciencias, apuntan el olvido de la perspectiva histórica e institucional, ya que su
modelo no incluía la temporalidad.
Otro de los cuestionamientos hacia esta perspectiva proviene de autores que teorizan sobre las formaciones
inconcientes grupales desde el marco teórico del psicoanálisis (Anzieu, Kaës). Puede verse una influencia de Freud en la
incorporación de lo subyacente, y se podría relacionar su concepto de espacio vital o psicológico con el de “realidad
psíquica” en tanto el entorno es la representación particular de cada sujeto según él la percibe; pero, a pesar de esto, el
sujeto queda atado a las leyes del campo presente y no toma en cuenta el análisis de las fantasías que púdicamente se
pusieron en común en las reuniones grupales. Y esto es lo que cohesionó al grupo, más que la solidaridad patriótica que se
dio como motivación.

2
Debido al contexto en que teorizó y experimentó, se invisibilizó todo atravesamiento institucional y político. No
fueron estos aspectos analizados dentro de este marco teórico, como tampoco los referentes a comportamientos grupales a
nivel inconciente, tal como los desarrollos de Bion.
La ubicación de Lewin dentro de alguna orientación en psicología social ofrece algunos inconvenientes, dado que
incursionó en diversas modalidades de investigación (lo hizo tanto en laboratorios con métodos experimentales como en
grupos naturales), e inauguró un nuevo campo de intervención en psicología social: la llamada microsociología.
Investigó las relaciones de las “minorías psicológicas” en una determinada sociedad en que se impone otra
“mayoría psicológica” que está instituida como valor dominante, y que no se refiere necesariamente a mayoría numérica,
sino a la comunidad que logra imponer su discurso, sus valores, su tradición cultural (recordemos su carácter de
inmigrante en [Link].) Como ejemplo de influencia de una minoría tenemos el caso del largo y sostenido dominio de los
blancos en África a pesar de su notoria inferioridad numérica.
Este modelo en tres pasos: descristalización, cambio y recristalización, todavía sigue vigente en el ámbito de las
organizaciones, empresas, equipos de trabajo y grupos con una tarea explícita a realizar. Y no fueron pocos los elementos
que de estos desarrollos sirven de fuente teórica y metodológica en el ECRO de Pichón Rivière.
Queda formulado explícitamente que los grupos son algo más que la suma de sus integrantes. Y que los
comportamientos de estos elementos sólo son comprensibles si se los analiza dentro del todo: “el todo es más que la suma
de sus partes”.
Es lo que en mucho del material bibliográfico que van a ver se refiere al “plus grupal”; a aquello que se genera a
partir de las relaciones que se establecen entre los componentes del campo, y que no surgirían si sumáramos
individualidades. Hay una representación del grupo como totalidad que provoca motivaciones, genera fantasías, promueve
comportamientos, y esto sólo se da como resultado de la intersubjetividad.

2
Jean-Paul Sartre / Julia Franco
Analizar el hombre en su existencia concreta es el tema central en la obra de Sartre. Dicho en sus propias
palabras: “el hombre como ser en el mundo”.

Algunos datos biográficos

Este es otro de los autores que Pichón Rivière toma como base
para la construcción de su ECRO.
Es un filósofo y escritor francés enrolado en la corriente
existencialista en su versión atea.
Nació en París en 1905 y murió en 1980. Fue criado por sus
abuelos, ya que quedó huérfano de padre a los pocos meses de vida.
Su madre era católica y su abuelo calvinista, lo cual tal vez haya
preparado el terreno para su posterior ateísmo.
Interviene en la segunda guerra mundial cuando en el ’39 es
incorporado al ejército. En el ’40 es tomado prisionero de los
alemanes durante nueve meses. Parece que esta experiencia fue
determinante para su posterior compromiso con los
acontecimientos de su época. A su regreso participó en la
fundación del grupo de resistencia Socialismo y Libertad.
Adhiere al partido comunista, aunque tiene sus reservas (no
suficientemente firmes, según algunos críticos) sobre el
despotismo de Stalin.
Durante toda su vida mantuvo una militancia filosófica y un
compromiso con los acontecimientos de su época: el mayo
francés, la revolución cultural china, las luchas del Che Guevara., la guerra de Vietnam.
Conoció a Simone de Beauvoir (también escritora) cuando ambos eran estudiantes y se doctoraron en
filosofía en 1929. Nunca llegaron a casarse, pero vivieron 51 años juntos, hasta la muerte de Sartre.
Escribió tanto novelas como obras de teatro y obras filosóficas. Entre estas últimas, las más relevantes:
“El ser y la Nada”, en 1943 y “Crítica de la Razón Dialéctica” en 1960, que de alguna manera trazan el
recorrido de la evolución de su pensamiento.
En 1964 le otorgan el premio Nobel de literatura, el que rechaza por cuestiones éticas e ideológicas.
Trabajó casi obsesivamente sobre el tema de la libertad, lo que lo llevó a plantear uno de sus puntos de
partida en tanto postura filosófica: la existencia precede a la esencia. O sea que desde este “estar” primero y sin
sentido, iremos construyendo “algo” en nosotros; no hay ni plan ni destino para el hombre, por lo tanto él
mismo será el responsable de su “ser”. La “esencia” humana no es algo que preexista a cada ser humano, sino
que se construye a partir de las decisiones que tomamos en el día a día, y durante todo el proceso de nuestra
vida. De allí su afirmación de que “estamos condenados a la libertad”. No hay forma de zafar de la
responsabilidad de elegir, por acción u omisión.
Ubicado dentro del materialismo dialéctico, hace aportes importantes a distintas disciplinas humanísticas.
Tanto es así que en Francia, algunos piensan en “el siglo de Sartre”.

Sus desarrollos

Ya a partir de los ‘30 considera que el materialismo histórico es una hipótesis de trabajo fecunda, y esta
adhesión se plantea más claramente en “La crítica de la Razón Dialéctica”.

2
Hay una tensión a través de sus escritos entre la determinación, las condiciones materiales, el “sujeto en
situación”, y el concepto de libertad. Al inicio de sus escritos está más centrado en la libertad radical del sujeto.
Libertad es “lo que nosotros hacemos de lo que han hecho de nosotros”. Y ya más adelante se irá volcando al
peso que percibe en las determinaciones de lo histórico social, siguiendo los movimientos políticos de su época.
Una de las preguntas relevantes que intenta contestar es el pasaje de lo múltiple a lo “uno”. Cómo es
posible partir de la diseminación, de sujetos diferentes y plurales para llegar a los colectivos, las acciones y los
intereses unificados. Si la problemática griega era responder a cómo de lo uno emerge lo múltiple, ahora la
cuestión sería la contraria: cómo de la diferencia se arriba a la unidad.
Esta preocupación intelectual no es exclusiva de Sartre, desde los inicios de la filosofía, la sociología, la
antropología, los primeros intentos explicativos de las formaciones de masas (estudios precursores de la
psicología social, entre ellos Psicología de las Masas y Análisis del Yo, de Freud), se trata de comprender esta
integración de dos instancias arbitrariamente escindidas en los inicios de la Modernidad: individuo y sociedad.
Para Durkheim, creador de la sociología francesa a fines del siglo XIX, el grupo social, la sociedad como
conjunto (no hace diferencia entre ésta y el grupo pequeño), es algo más que la suma de sus integrantes, es una
totalidad que se impone al individuo que nace en ella. El punto de partida es el polo social, de donde surgirá el
individuo sostenido en él.
Sartre, coincidiendo con él en algunas cuestiones, no habla de totalidad (siguiendo los postulados de la
dialéctica), sino de totalización en proceso, siempre en permanente construcción y bajo la amenaza de la
desintegración.
Recordemos que los procesos dialécticos proceden mediante contradicciones, interjuego entre pares
opuestos que conforman una unidad, se van dando síntesis que son siempre provisorias, nunca definitivas, en
donde lo único que permanece es el cambio. Y estos cambios no están dados desde ninguna exterioridad, sino
desde la interioridad contradictoria de seres y fenómenos. La posibilidad de volver a la etapa anterior -aunque
nunca idéntica- siempre está presente. Por esto la estabilidad definitiva no sería más que una ilusión. Baste
como ejemplo la fragmentación y desintegración de los lazos sociales que estamos acostumbrándonos a percibir
con habitualidad, y que, para los que los años y la memoria nos permiten cierta comparación, son bien distintos
de los que experimentábamos hace no tanto tiempo.
En la cabeza de Sartre, cuando analiza las etapas y características de las formaciones grupales, sus
motivaciones y vicisitudes, la conformación de estos lazos, están presentes dos hechos históricos que orientan
sus teorizaciones: la revolución francesa y el stalinismo. La pregunta: ¿cómo es posible que una causa orientada
a la libertad del hombre se degrade al punto en que llegó con Stalin?
En la primer etapa de su obra (El ser y la nada), el foco estaba puesto en el individuo, las relaciones
consigo mismo, con los objetos y con otro humano. En la segunda etapa (Crítica de la razón dialéctica) se
vuelca a la investigación de la relación entre el hombre y los grupos, entre éstos y la historia, en el conocimiento
del campo de juego posible para el sujeto, mucho más determinado por la fuerza de los hechos de lo que veía en
un principio.
Para Sartre, como decíamos más arriba, el grupo no es algo estático sino una totalización siempre en
movimiento, con relaciones dialécticas de interioridad entre sus elementos. De esta manera, se opone a la vez a
dos concepciones diferentes: la organicista según la cual el grupo es homologado con un organismo vivo
-recordemos la denominación de “organismos públicos” con su correlato de “miembros” que lo constituyen,
organizados a partir de una ”cabeza” que lo lidera-, y la cibernética, que lo plantea según el modelo maquínico,
propio de la modernidad.
En el terreno social, la dialéctica se encuentra con la lucha por la escasez. La conformación de las
relaciones humanas se ha asentado sobre estas carencias (escasez de potencia frente a los fenómenos naturales,
alimentos, luego escasez de obreros, maquinarias, consumidores).
Imagino, sin ninguna base científica, que los primeros hombres deben haber considerado la conveniencia
de la asociación para la caza del mamut, por ejemplo, dada la envergadura de semejante bicho y los
inconvenientes para atraparlo y manipularlo. Hoy, asistimos a la búsqueda de “socios estratégicos” en el área
comercial para enfrentar mejor la competencia (escasez de consumidores); y organizaciones de trabajadores

2
desocupados (frente a la escasez de trabajo) que se unen para plantear reclamos que serían totalmente ineficaces
en el orden individual.
Esta lucha por la escasez tiene para Sartre otro elemento importante: la violencia, que no sería otra cosa
que “la escasez interiorizada”. Cada individuo es al mismo tiempo un posible sobreviviente y un sobrante para
eliminar. La lucha entonces por ganarle a la carencia es la fuente de la historia.
Postula una diferencia fundamental entre aglomeración y grupo. Este último es una construcción que
proviene de la dispersión, de la soledad acompañada por otros que no son significativos, son simples
agregaciones numéricas. Y para devenir en grupo tendrá que llevarse a cabo una transformación.
Tenemos, entonces, una primera diferenciación entre serie y grupo.
¿Qué sería la serie?
Una cola en un banco, los oyentes de un programa radial, el conjunto de consumidores de algún producto,
los espectadores de una película… todos estos conglomerados son series en el sentido de agrupamientos de
sujetos pasivos, de tipo aritmético, en donde cualquiera de ellos puede ser reemplazado por otro sin alterar al
conjunto.
Tomemos para analizar el ejemplo que él mismo da. Tenemos la cola de usuarios de un colectivo (me
refiero a un ómnibus), en donde la interacción posible, si es que existe, será intrascendente, momentánea, y no
alterará ni a los sujetos ni a la situación. Si la demanda supera a la oferta (por usar términos muy actuales),
quedarán como sobrantes aquellos que, después de determinada ubicación en la cola, deban esperar la llegada
del próximo micro debido a la escasez de vehículos de transporte.
Ese conglomerado no tiene ninguna articulación interna. Están juntos simplemente por una situación que
los reúne pero que es externa, ajena a ellos mismos. Lo que sí tienen es una necesidad, objetivo o interés en
común como dirigirse a algún lugar cuyo recorrido deben compartir.
Supongamos que, durante la espera, como suele suceder a menudo, comienzan las protestas contra la
empresa de transporte público, el Gobierno de la Ciudad, el clima que no acompaña… y algunos tal vez opten
por caminar o tomar un taxi. Pero no habrá sido modificada la situación y la impotencia y la resignación
congelarán la acción allí. Y aún cuando alguna rebelión pueda darse transformando la coyuntura, no
necesariamente se producirá un cambio en el sistema.
Para que se de la transformación necesaria para el pasaje de la serie al grupo, deben darse tres
condiciones:
1) Es importante el grado de interés en común de los sujetos que constituyen la serie.
Debe ser lo suficientemente potente como para interiorizarlo, tomar conciencia de
esta necesidad compartida, y transformar este interés en común en interés común.
Los integrantes de este conjunto registran la necesidad de la participación de los otros
para la satisfacción de sus propios objetivos. Para que esto se de no es suficiente un discurso,
sino un proceso dialéctico que se despliega en una praxis.
Comienza el conocimiento entre sí de los integrantes, con las simpatías, afinidades,
acuerdos e identificaciones, y también diferencias, antipatías y desacuerdos. Se empieza a dar
una incipiente relación y entendimiento recíproco entre todos, y ésta, entonces, sería la primera
modificación interna al agrupamiento. Cada individuo es significativo para los otros en tanto se
los necesita para el objetivo común.
2) El siguiente requisito es pasar de las comunicaciones indirectas o unidireccionales a
las comunicaciones directas o de retroalimentación (procesos de ida y vuelta). La
comunicación es el vehículo de la interacción, y en esta etapa se profundiza el
conocimiento mutuo, se va ajustando, diría Pichón Rivière, la mutua representación
interna que luego facilitará la distribución de roles, basada en las diferencias.
3) Por último, es necesario que existan otros grupos dentro de la sociedad que defienda
intereses contrarios a este grupo en gestación. Las relaciones internas a él en este
momento se transforman cualitativamente. Bien sabemos que frente a una amenaza
externa tendemos a borrar diferencias entre los posibles afectados, salimos de la
apatía con que resignadamente aceptábamos la realidad, y somos capaces de poner en

2
acción recursos creativos, mediante una praxis que recupera el sentido de la libertad
de participación en la producción del mundo en el que nos ha tocado vivir. Estoy
recordando a modo de ejemplo los hechos ya no tan recientes del 20 de diciembre de
2001. Manifestaciones y Asambleas populares surgieron espontáneamente como
acontecimiento que nos sorprendió incluso a los que lo experimentamos.
El grupo, entonces, según Sartre, nace contra la serialidad, frente al tedio e inercia de la simple
aglomeración y es un grupo “en fusión”, un conjunto homogéneo y amorfo en donde la extrañeza de los otros
desaparece por la acción común.
Se transitan momentos de solidaridad y pertenencia dentro de un proyecto común en el que todos se
sienten parte de algo mejor y más grande que cada uno individualmente. Y los otros se imponen al
comportamiento individual, regulándolo. Se niega la imposibilidad de la transformación a través de la praxis
hacia la libertad; todos son semejantes, todos comparten un objetivo que requiere de todos para que éste pueda
cumplirse. Es la “fraternidad”.
Pero como nada es dado para siempre, como el riesgo de la serialidad acecha detrás de cada objetivo
inmediato logrado, para volver consistente el ámbito de la libertad se impone tomar ciertas medidas para
sobrevivir. Se comienza a regular el compromiso de los integrantes inhibiendo lo serial de cada miembro en
orden a la totalidad alcanzada. El grupo se toma por objeto a sí mismo. Es el momento del “juramento” que
instituye la obligatoriedad de la fraternidad. Esta no es otra cosa que libertad juramentada. La unidad del grupo
es el imperativo y cada uno dará su palabra de que jamás será una amenaza para la cohesión del grupo.
Pero, al no contar con más consistencia que esta red sostenida desde la palabra dada, cualquiera de los
juramentados podría decidir dejar de ser fiel a su palabra poniendo en peligro al conjunto. El grupo reaccionará
entonces poniendo bajo sospecha a todo integrante que no se ajuste a la acción común y, llegado el caso,
liquidando al traidor. Surgen las “internas”, las “purgas”, la persecución característica de los momentos de
depuraciones y que Sartre llama etapa del “terror”.
Esta figura siniestra representa la degradación de la tensión del grupo juramentado hacia una unidad
ontológica que nunca consigue (el grupo definitivo) y que, muchas veces, acaba por proyectar en el organismo
de un dictador (los invito a que busquen sus propios ejemplos).
Fraternidad-terror son dos polos de una misma estructura. Si en la primera fase la fraternidad era algo que
tenía la libertad del acontecimiento surgido en el momento, ahora cada uno la impone al otro.
Por otra parte, si el grupo continúa vital, deberá darse una estructura formal, normas, estatuto, formas de
procedimiento de trabajo, de ingresos y expulsiones.
Se interiorizan los resultados obtenidos, se modifican las estructuras para asimilar esta interiorización
(aprendizaje diría Pichón Rivière) y se replantean o re-definen objetivos. Es la “organización”, que será
sometida permanentemente a reorganizaciones que constituirán la praxis del grupo. Esta sería la esencia misma
de la dialéctica, el eterno proceso de la transformación.
El grupo sólo puede superarse organizándose, proponiéndose tareas de distinto tipo y alcance en orden a
objetivos de mediano y largo plazo. Para llevar a cabo esta distribución de acciones y responsabilidades tendrá
que apelar a las diferencias entre sus miembros instituyendo diferentes roles. Y aquí vuelve a quebrar la
homogeneidad introduciendo las habilidades propias que cada tarea requiere, o sea, las desigualdades.
¿Cómo se puede lograr la unidad de la diversidad? Es la pregunta del millón. Según Sartre generando una
estructura que concilie el entusiasmo original, la vitalidad de los orígenes, con las necesidades, proyectos y
objetivos que debe realizar. Y todo riesgo de disolución quedará subsumido en la figura del líder que será factor
de integración.
¿Final feliz? Lamento desilusionarlos. Aquella amenaza permanente de la serialidad que parece aventada
a partir de la organización, se presenta con otro rostro. Cuando esa lograda organización funciona bien, corre el
riesgo de trabajar para sí misma, de perpetuarse en procedimientos que justifiquen su existencia, olvidando los
objetivos que le otorgaron su partida de nacimiento. Ella misma es su finalidad, ya no importa demasiado para
qué: es la “burocracia”.
Vuelven a plantearse luchas intestinas, choques entre las iniciativas individuales y las normativas cada vez
más alejadas de la racionalidad, emergencia de subgrupos que pujan por la verdad y el poder. Se repiten

2
entonces las depuraciones que reorganizan al grupo y le devuelven la potencia debilitada en los
enfrentamientos, o su rápida caída y final.
Este movimiento permanente sobre sí mismo deviene en un mayor conocimiento, en un aprendizaje que
nunca logrará la tranquilidad de lo establecido, que siempre tendrá que volver una y otra vez a estadios
anteriores pero diferentes.
Ahora podemos decir que este grupo que superó la etapa de la organización ya no es un grupo efímero,
sino un grupo de “institución”.
Todo grupo, entonces, a diferencia del organismo vivo y de la máquina - modelos sugerentes y seductores
pero inexactos para Sartre- es una totalización siempre en proceso, un continuo juego dialéctico entre la serie y
el grupo.
Cabe aclarar que, si bien estas fases que plantea Sartre tienen su secuencia lógica, no siempre respetan
este orden temporal. No necesariamente se dan todas estas etapas descriptas en la conformación de un grupo, ni
responden a un orden temporal que comienza por la fusión y termina en la institución.
Es cierto que es necesario un comienzo en donde las diferencias son negadas o por lo menos nunca
planteadas abiertamente. Seguro recuerdan alguno de los tantos grupos que han conformado en lo cotidiano, y
pueden rescatar esos primeros momentos en donde lo que necesitamos de los otros es semejanza, de lo contrario
falta el componente aglutinador imprescindible para el proyecto y la acción común. Pero más allá de estos
momentos iniciales, las demás fases pueden darse en un orden tan arbitrario como la complejidad de las
relaciones humanas. Y esto sin tener en cuenta que la aceleración de la historia es un hecho comprobable en
nuestra experiencia de vida, y por lo tanto el sujeto y los colectivos humanos de los desarrollos sartreanos se
construyeron con otras determinaciones, con otras libertades, e incluidos en hechos histórico-sociales bien
diferentes.
La necesidad de controlar y predecir acontecimientos hoy está cuestionada hasta en el corazón de las
ciencias duras, de modo que no es aconsejable hacer futurismo ni “aplicar” esquemas teóricos a la realidad
pretendiendo certezas y objetividad. Esto no quiere decir de ninguna manera renunciar al conocimiento.
Podemos intentar “comprender” desde el interior mismo de los fenómenos, sin confundir teoría con realidad.
El humano es un ser más que complejo, sujeto a tal cantidad de variables que es imposible la predicción…
hasta para un Sartre.

2
MEAD, UN REBELDE TRANQUILO

Por James A. Schellenberg

George Herbert Mead nació en 1863 en South Hadley, Massachussets, donde su padre era un pastor
congregacionalista. Siete años más tarde los Mead se trasladaron a
Oberlin, Ohio, donde el reverendo Hirkmblead pasó a ser profesor de
oratoria en el Seminario Teológico de Oberlin. No se conservan
muchos datos sobre los primeros años de George Mead en
Massachussets y Ohio, aunque se le ha descrito como un chico “cauto,
de suaves modales, amable y bastante tranquilo”. Sí sabemos que
cuando era estudiante en el Oberlin Collage experimentó un
sentimiento de liberación respecto a su anterior aprendizaje,
especialmente cuestionando las opiniones teológicas de su
adolescencia. Fue, sin embargo, una rebelión relativamente tranquila
y encubierta, no dando ocasión a escenas tormentosas con sus padres.
Al morir su padre, la madre empezó a enseñar, siendo más tarde
presidenta de un colegio universitario en Mt. Holyoke, durante diez
años. Las relaciones entre la pundonorosa y altiva madre y su
tranquilo hijo no fueron tirantes, aunque se sabe que evitaban
discutir sobre espinosos temas filosóficos. Mientras tanto George
continuaba su gradual proceso de liberación intelectual, que le llevó,
según dijo una vez, veinte años para desaprender lo que le habitan
enseñado en sus primeros veinte.
En el Oberlin College trabó una gran amistad con Henry Castle, quien continuó siendo el amigo más
íntimo de George hasta la muerte de aquél en un accidente en 1893. Una vez que finalizó sus estudios 43
del primer ciclo universitario, durante cuatro años intentó sin éxito enseñar en la escuela (fue expulsado
a los cuatro meses por problemas disciplinarios), logrando mejores resultados en un equipo topográfico
al servicio de una colonia ferroviaria. Después Henry convenció a George para que se fueran a estudiar
juntos a Harvard, donde Mead se familiarizó con William James; de hecho, vivió en la casa de James,
siendo tutor de sus hijos. En aquella época, sin embargo, la psicología y la filosofía de William James no
causaron un gran impacto en Mead. Recibió una influencia mucho mayor de Josiah Royce, quien estaba
preparando su interpretación del idealismo hegeliano. El nuevo sistema filosófico le resultó apasionante,
pues, como Mead diría más tarde, «no volvería a ser (la filosofía) la sierva de la teología, ni un texto de
lógica formal y ética puritana. Era una textura de ideas fluyendo libremente, que abría la puerta a más
amplias cuestiones sobre la naturaleza de la experiencia humana.
Después de un año en Harvard, George Mead se reunió con Henry Castle en Leipzig, Alemania, donde
prosiguió cortejando a la hermana de Henry, Helen. George y Helen Mead se casaron en 1891, justo antes
de volver a los Estados Unidos. En aquel tiempo George había estado estudiando en la Universidad de
Berlín psicofisiología. Su amigo Henry, explicaba su interés de entonces por el deseo de evitar la
controversia religiosa a su vuelta a América. “Él piensa –escribía Castle- que le seria difícil tener la
oportunidad de expresar opiniones filosóficas con cierta independencia; por otra parte, había encontrado
en la psicología fisiológica un «territorio inocuo». Sin embargo, en 1891, cuando Mead recibió una
invitación para volver a Estados Unidos y enseñar en el departamento de Filosofía de la Universidad de
Michigan, aceptó inmediatamente. Dejó sin terminar el doctorado en Berlín y se trasladó con su esposa a
una nueva casa en Ann Arbor, Michigan.
Fue en la Universidad de Michigan donde el esquema básico de la filosofía de Mead comenzó a tomar
forma. Allí el ambiente le pareció especialmente favorable. En primer lugar, John Dewey acababa de ser
nombrado jefe del departamento. Dewey, el igual que Mead, había experimentado el idealismo hegeliano
como una fuerza liberadora, y ambos se dedicaban ahora a la búsqueda de una fundamentación más
científica para la filosofía. Vieron la necesidad de una base con una mayor orientación tanto biológica
como social, y consideraron que la obra de William James (cuyos, Principios de Psicología acababan de
publicarse) ofrecía nuevas e importantes líneas para elaborar una ciencia de la mente. Pero ni Mead ni
Dewey habían formulado todavía con claridad su propia posición ante la filosofía o la psicología. En
Michigan también estaba un joven llamado Charles Cooley preparando su tesis doctoral sobre economía.
Cooley estaba muy interesado en algunas de las ideas que encontró en los escritos de Adam Smith acerca
de cómo las personas deben ponerse en la posición de los otros si quieren actuar con eficacia en la
sociedad. La importancia de esa imaginación simpatética fue expuesta por Cooley a través de la idea del
“yo espejo”. El yo se desarrolla, según Cooley, como reflejo de las evaluaciones de los otros, idea que
Mead incorporaría en su concepción del papel asumido o «role-taking». De hecho, Mead llevó la idea
más lejos que Cooley, al cuestionarse los orígenes de la mente que Cooley aceptaba como algo dado.
Durante los tres años que estuvieron juntos en la Universidad de Michigan, Dewey, Mead y Cooley
elaboraron los ingredientes básicos de su orientación común sobre la psicología social, orientación que
más tarde se denominaría interaccionismo simbólico, del que Mead sería su portavoz más autorizado, a
pesar de la mayor fama de Dewey. Pese a todo, en esa época todavía no se habían formulado ni
enunciado sus principios. George H. Mead acaba de comenzar su cartera como filósofo. Había decidido
acuñar su filosofía con fundamentos científicos, sin dar por supuesta la existencia de entidades básicas
como el alma o la mente. No tenía claro, con exactitud, adónde le llevaría esto.

Un filósofo en Chicago

Cuando William Rainer Harper estaba organizando la Universidad de Chicago pensó en fortalecer
especialmente tres departamentos: el de Clásicas, el de Semíticas y el de Filosofía. James Hayden Tufts,
filósofo y colaborador de Harper en las tareas organizativas, sugirió el nombre de John Dewey para la
jefatura del departamento de Filosofía. Cuando se le ofreció a Dewey el puesto lo aceptó y mostró el
deseo de llevar con él a un joven filósofo de la Universidad de Michigan. De este modo George Mead fue
en 1894 a la Universidad de Chicago como profesor ayudante de Filosofía.
La nueva escuela, bajo el liderazgo de Dewey, fue reconocida como el centro de un movimiento
filosófico que se empezó a llamar pragmatismo. Tufts, Dewey y Mead abogaban por un enfoque filosófico
que identificaba el significado de las ideas con sus consecuencias prácticas. Diez años después Dewey
marchó a Columbia, pero Mead permaneció en Chicago durante muchos años. Cuando murió, en 1931, a
los sesenta y ocho años, todavía era allí profesor de filosofía.
Durante los casi cuarenta años que Mead enseñó en Chicago, esta ciudad se mantuvo como el centro
del pragmatismo americano. John Dewey continuó siendo el líder intelectual del grupo aun años después
de marcharse, pero no se puede decir que fuese sólo una escuela de los discípulos de Dewey. Se 44
compartía una orientación general, pero cada uno tenía su área propia de especial interés.
Un tema central en la filosofía de esta escuela de Chicago fue la preocupación por los procesos, el
considerar las ideas como parte del devenir de la actividad. Toda la vida es actividad, actividad que se
despliega de forma natural y está organizada por objetivos que emergen y cambian en el proceso del
devenir mediante el ajuste y el reajuste. Se admite, por lo general, que esta fue la esencia de la
filosofía pragmática que se gestó en Chicago.
Aunque John Dewey se marchó de Chicago en 1904, él y George Mead conservaron una gran amistad
durante el resto de sus vidas. Mead permaneció en Chicago, llegando a ser decano de la Facultad de
Filosofía, aunque también aceptara una oferta de Columbia poco antes de morir. Mead casi siempre
reconoció el liderazgo de Dewey, y no se sabe que criticara en público ninguna de las ideas de Dewey. Las
objeciones que expresó en privado sobre los escritos de Dewey fueron mínimas; cuando en cierta
ocasión, mucho tiempo después. Se le preguntó si creía en realidad lo que Dewey decía en The Quest for
Certanty, respondió: « ¡Hasta la última palabra!» Por su parte, Dewey admitió la influencia es especial de
Mead en la psicología social; las ideas de Mead «revolucionaron mi propio pensamiento, aunque capté
con cierta lentitud todas sus implicaciones».
Generalmente se admite que Mead tuvo una influencia especial en el artículo que Dewey publicó en
1896, «The Reflex Arc Concept in Psychology». Este trabajo establece las ideas clave de la que llegaría a
ser conocida como la escuela funcionalista de psicología, sirviendo además de base a gran parte de la
crítica contra el posterior movimiento conductista. Los conceptos de estímulo y de respuesta, que por
aquel entonces la psicología incorporó de la fisiología, fueron criticados por Dewey, ya que suponían
distinciones artificiales en el proceso fluido de la acción de un organismo. Los rasgos importantes de esta
actividad en progreso no son las partes específicas de la sensación, la atención y la acción, sino el modo
en que la actividad como un todo se organiza y se reconstituye en el ajuste progresivo del individuo. En
vez de una psicología diferencial de los distintos procesos, Dewey abogaba por una concepción más
unificada. De este modo el estímulo sensorial se convierte en aquella fase de la actividad que implica
definición y coordinación, difiriendo en parte según las diferentes definiciones que recibe. A su vez, la
respuesta motora es aquello que completa la actividad coordinada, y también varía según las
definiciones y los fines que dirigen el acto. Hay que admitir estas funciones ampliadas de la acción en
progreso si se quieren interpretar adecuadamente las actividades sensorial y motora.
Mead no publicó ningún artículo importante sobre filosofía o psicología antes de comienzos de siglo, y
sólo escribió alrededor de dos docenas de artículos importantes durante el resto de su vida. Todos sus
libros se publicaron después de su muerte, resultando en su mayoría una recopilación de los apuntes de
sus alumnos.
El impacto de Mead fue mayor en la clase que mediante la letra impresa, al menos mientras vivió.
Pero sus clases tampoco eran lecciones magistrales. Apenas miraba a los estudiantes y hablaba de forma
inexpresiva, mirando el techo o a la ventana, se sentaba y daba la clase, lentamente, sobre el tema del
día.
A pesar de su estilo más bien distante en el aula, Mead causó un gran impacto en sus estudiantes
cuando exponía su filosofía, muy adecuada al talante de las ciencias sociales que surgían en América,
pionero en el espíritu, científico en el método y reformista en la aplicación. Chicago fue el centro de
aprendizaje de muchos de los científicos sociales relevantes de América en la primera mitad del siglo XX.
Las clases de George Mead ocuparon un lugar especialmente notable en la educación de muchos de ellos.
Las personas que mantuvieron contactos informales con Mead, normalmente se sintieron más
impresionados que las que lo conocieron sólo como profesor. Era un hombre apuesto, alto, de 90 kilos de
peso, que se mantuvo físicamente activo durante toda su vida. Tenía una fama muy amplia de intereses
que incluían no solo la filosofía y la ciencia social, sino además las ciencias naturales, la música, el arte y
la literatura. Se ha dicho que era capaz de citar de memoria a John Milton durante dos horas seguidas,
así como partes extensas de Shakespeare, Wordsworth y Keats. Sus múltiples aficiones le hacían un gran
conversador. Su colega, Tufts, le llamó “el conversador mis interesante que he conocido”. Los
estudiantes que lo conocieron fuera de la clase solían admirarle. Por ejemplo, un estudiante graduado
que fue a Chicago en 1900 relataba:

Asistí a las clases y seminarios de Mead. No le entendía en el aula, pero Mead mostró gran
interés por mi experimentación con animales y pasó domingos enteros en mi laboratorio
observando mis ratas y mis monos. Comencé a entenderle en su casa a partir de estas muestras de
camaradería. Era el hombre más amable y refinado que jamás conocí.

Este estudiante se convertiría más adelante en el portavoz del conductismo americano, John B. 45
Watson.

El conductismo social de Mead.

Charles Morris en el prefacio a la edición de sus apuntes de clase de Mind, Self and Society, eligió una
frase de Mead que éste había usado de modo bastante incidental. El Conductismo social es la etiqueta
que Morris aplicó para resaltar la fundamentación social y naturalista del pensamiento de Mead. Aunque
esta caracterización es, en general, adecuada, debemos distinguir con claridad el conductismo de Mead
de aquel (asociado normalmente con John B. Watson) que se hizo popular en los círculos psicológicos
durante los últimos años de Mead. El conductismo de Watson no dejaba lugar a la mente o a conceptos
mentalistas en el estudio de la conducta. Para los conductistas watsonianos, si la psicología ha de llegar
a ser científica (y debe hacerlo) es necesario que abandone todos los conceptos que no pueden
observarse desde el exterior. Aunque Watson y Mead eran amigos personales, cuando Watson trabajaba
en el laboratorio de psicología en Chicago, el conductismo de Mead estaba muy lejos del de Watson. Para
Mead la mente era la preocupación principal en la investigación psicológica, y no debía proscribirse ante
la dificultad de una medición objetiva, Pero los acontecimientos mentales había que considerarlos en su
contexto conductual. Y es en este sentido más amplio en el que la psicología social de Mead puede
considerarse como conductista. En palabras de Mead:
La psicología social es conductista en el sentido de que parte de una actividad observable -el proceso
social dinámico en devenir y los actos sociales que son sus elementos integrantes- que ha de ser
estudiada y analizada científicamente. Pero no es conductista en el sentido de pasar por alto la
experiencia interna del individuo, la fase interior de ese proceso o actividad (Mead, 1934, página 7).

Watson y Mead compartían la determinación de tomar el contexto conductual de los sucesos, más que
una mente con existencia independiente, como punto de partida de la investigación psicológica.
Mead rechazó una característica que en particular se suele asociar con el conductismo; esto es, la
tendencia a reducir un fenómeno a sus unidades más simples de conducta. Por el contrario, Mead dijo:
«La conducta de un individuo sólo puede entenderse en base a la conducta de todo el grupo social del
que él es miembro» (Mead, 1934, pág. 6), ya que es este grupo el que suministra el contexto a los actos
individuales. El método de Mead procedía desde las fuerzas sociales más generales a los pequeños
acontecimientos de la conducta individual. De esta forma elaboró una psicología muy a tono con el
«funcionalismo» de Dewey, que rehuía el limitar la atención a las unidades elementales de la conducta.
Había que entender los actos sociales como un proceso completo y no como la suma de estímulos y
respuestas particulares. Mead expresaba así este punto:
El acto social no se explica construyéndolo a partir del estímulo más la reacción; debe ser considerado
como un todo dinámico -como algo que está sucediendo- y ninguna de sus partes puede ser entendida
por sí misma; se trata de un proceso orgánico complejo que se halla implícito en cada estímulo y
respuesta particulares (Mead, 1934, p. 7).
La concepción de actividad mental de Mead -su teoría de la «mente»- se basaba en una comprensión
de los gestos sociales. En su análisis de los gestos se inspiró, en particular, en los escritos de Charles
Darwin y Wilhelm Wundt.
El darwinismo proporcionó el marco general, donde Mead resaltaba el carácter emergente de la
mente, mediante procesos de ajuste biológico. En particular, vio en la obra de Darwin, Expression of
Emotions in Man and Animals, la base para considerar los gestos animales como el punto de partida de su
análisis del lenguaje humano. Darwin había llamado la atención sobre aquellas instancias en que las
partes iniciales de un acto de un animal provocan modificaciones en la respuesta siguiente de otro.
Darwin se interesó en estos gestos por su valor para expresar emociones interiores. Por ejemplo, en una
pelea entre perros, los actos de cada perro son estímulos que modifican las respuestas del otro. Mead
cuestionó los presupuestos de la interpretación sobre los gestos sociales de Darwin, aunque le impresionó
la significación de los actos sobre los que Darwin había llamado la atención.
Wundt, según Mead, había visto con más claridad que Darwin la significación de los gestos sociales de
los animales. El vio que no expresaban emociones internas, sino que reflejaban una realidad externa .
Eran partes de actos complejos en los que los individuos respondían a los actos de los otros. Esto le llevó
a considerar tales gestos como partes de la interacción social más que como expresiones de sentimientos
individuales. El acto social implica dos o más individuos, y sus acciones les afectan a los dos y a cada uno
de ellos a la vez. Los gestos son «aquellas frases del acto que operan el ajuste a la respuesta del otro»
(Mead, 1934, pág. 45). Wundt, dijo Mead, se dio cuenta de que los gestos podían servir de inicio a la
conciencia de sí. El seguimiento de esta línea fue la contribución más notable de Mead a la psicología
social. 46
Si enfocamos la conducta humana a partir del estudio general de los gestos animales, advertimos que
una gran cantidad de conducta no llega a realizarse hasta el final. Un acto puede iniciarse, pero el que
se complete a veces está limitado por una inhibición y un control voluntario mayores que los observados
en los animales inferiores. Los gestos que se ofrecen al iniciarse los actos, sin embargo, pueden implicar
parte del acto pleno aunque éste no se complete. El significado surge al anticipar las consecuencias y no
a partir de lo que realmente vaya a suceder más tarde. «El sentimiento de disposición para coger o leer
un libro, cavar un hoyo o tirar una piedra son la materia a partir de la cual surge el sentido del
significado del libro, del hoyo o de la piedra» (Mead, 1910, pág. 399). Estas anticipaciones de la acción
que va a seguir a continuación, cuando pasamos a los actos sociales, pueden implicar significados para
todos ellos, aunque no se completen posteriormente. Pero la anticipación es crucial en sí misma, al
permitir la creación mediante gestos (es decir, a través de partes incipientes de un acto) de aquello que
puede asociarse con el acto completo. Cuando esto se hace de forma más explícita, tenemos la base de
la autoconciencia.
Algunos gestos son importantes porque representan la misma cosa para todos los participantes en el
acto social. Son especialmente susceptibles de acortarse (posibilitando el que un simple gesto sea
portador de un significado mayor), lo que no sucede con otros actos. Esto permite que un individuo se
coloque más fácilmente en el lugar de otro y percibir la plenitud del acto que se está llevando a cabo.
Para Mead el gesto vocal era un ejemplo de especial importancia. «El gesto vocal reviste una importancia
peculiar, ya que incide sobre un individuo en la misma forma en que incide sobre otro» (Mead, 1922, pág.
160). Esos gestos pueden ser vehículo de una gran cantidad de significados compartidos en forma cada
vez más condensada, por lo que se utilizan, de modo creciente, en sus formas abreviadas simplemente
como vehículos de este significado. Se convierten en lo que Mead llamaba «símbolos significantes». Los
gestos se convierten en símbolos significantes cuando suscitan una respuesta implícita en sus creadores
que se empareja con la respuesta explícita de otros. «La conciencia del individuo, según Mead, depende,
pues, de asumir la actitud del otro hacia sus propios gestos» (Mead, 1934, página 47). Estos símbolos
significantes suponen en los seres humanos la base del lenguaje. Además, se con vierten en la sustancia
del pensamiento humano, ya que, para Mead, la mente o la inteligencia sólo resulta posible mediante
una conversación interiorizada de gestos.
El significado incluido en estos símbolos significantes es siempre social por naturaleza, ya que un
símbolo «presupone siempre, para que sea significativo, el proceso social de experiencia y conducta en
que surge» (Mead, 1934, pág. 89). Este proceso social se refiere primordialmente a los grupos humanos,
grupos que actúan conjuntamente y comparten en común los símbolos significantes para llevar a cabo
esa acción.
La individualidad, de acuerdo con Mead, surge de las mismas condiciones que son responsables del
desarrollo de la «mente», emergiendo así los símbolos significantes de los actos sociales. Una persona
(self) es cualquier individuo en cuanto objeto social para sí. El ser un objeto social para sí significa que
el individuo adquiere para sus gestos significados similares a los que tienen para aquellos que le rodean.
A partir de esta capacidad de un individuo para asumir el rol de otros individuos hacia sí se desarrolla
lo que Mead llama el «otro generalizado». El otro generalizado es el conjunto organizado de actitudes
comunes a un grupo, y que son asumidas por el individuo como contexto para su propio comportamiento.
No se trata sólo de asumir el rol de otros individuos; el individuo debe asumir además la actitud del
colectivo como un todo. Esto es esencial para desarrollar una organización consciente de la conducta,
puesto que «sólo en la medida en que incorpora las actitudes del grupo social organizado al que
pertenece... desarrolla un yo integral» (Mead, 1934, pág. 155). Desde el punto de vista de la sociedad,
las formas complejas de la organización humana acaecen sólo en virtud de la capacidad de los individuos
implicados para asumir las actitudes generalizadas de los otros.
La capacidad para organizar las actitudes de los otros no se desarrolla en seguida. Su emergencia
puede identificarse en base a dos etapas principales del desarrollo.
En la primera etapa «el yo del individuo se constituye sólo mediante una organización de actitudes
particulares de otros individuos hacia él mismo y entre sí en aquellos actos sociales específicos en los
que participa» (1934, página 158). Esta etapa recibe a veces el nombre de etapa del «juego» (play),
sugiriendo un nivel de toma y daca personal.
En contraste, es en la etapa del «juego de reglas» (game) cuando las actitudes de los otros se asimilan
en un otro generalizado coherente. En este caso «las actitudes sociales o grupales entran en el terreno
individual de la experiencia directa, y se incluyen como elementos en la estructura o constitución de su
yo (pág. 158).
Mead, para ilustrar la noción del otro generalizado y cómo funciona la segunda etapa del desarrollo
del yo, hace referencia a un equipo de béisbol. El individuo participa en el juego sólo cuando asume la 47
estructura completa de expectativas de los otros, encarnada en las reglas del juego y en los objetivos de
su equipo.

El deporte tiene una lógica, lo que hace posible esa determinada organización de la persona: es
preciso conseguir un objetivo definido, las acciones de los distintos individuos están todas
relacionadas entre sí con referencia a ese objetivo, de modo que no entren en conflicto; ... están
interrelacionadas de modo unitario, orgánico, (1934, pp. 158-59).

A partir de esta incorporación de las expectativas organizadas emerge una organización sistemática de
la personalidad. Siguiendo con la cita de Mead:

El deporte constituye, así, un ejemplo de la situación en la que surge una personalidad organizada. En
la medida en que el niño adopta la actitud del otro y permite que esa actitud del otro determine qué
cosa hará en relación a un objetivo común, en esa medida se convierte en un miembro orgánico de la
sociedad (p. 159).
El yo, una vez desarrollado en plenitud, sin embargo, no es estático. Siempre cambia en la medida en
que lo hace la experiencia del grupo al que pertenece el individuo. Pero esta no es la única base sobre la
que se efectúa el cambio de la persona, como Mead aclara en su distinción entre el «mi» (me) y el «yo»
(1) como dos fases de la persona (self). El «mi» es la organización convencional y habitual de la persona.
Se compone de las actitudes de los otros en cuanto organizadas como las para la propia conducta. Puesto
que incorporamos estas actitudes de los otros para formar nuestra propia autoconciencia, el «mi» es
además la persona como objeto del que tenemos conciencia cuando atendemos a nuestro propio
comportamiento.
Pero si la persona estuviera sólo integrada por el «mi», sería un simple agente de la sociedad. Nuestra
única función sería reflejar las expectativas de los otros. Pero existe algo más que el «mi», insistía Mead,
a pesar de que el «mi» es aquello de lo que solemos ser más conscientes cuando nos comportamos. A ese
algo más lo llamó Mead el «yo», refiriéndose a los aspectos activo e impulsivo de la persona. Lo que
hacemos cuando respondemos a nuestra imagen de la persona (el «mi»), nunca es exactamente igual a
esa imagen. Se crea algo nuevo entre la reflexión y la acción, y este algo nuevo en acción es el «yo» de
Mead. El «yo» es, pues, el aspecto innovador y creativo de la persona, que posibilita el que nuevas
formas de conducta emerjan en la acción. Las acciones no están únicamente determinadas por el
pasado, ni están totalmente definidas por planes autoconscientes que diseñamos cuando comenzamos un
acto. La parte actuante de la persona, el «yo», impulsa, por lo general, la acción hacia adelante, aunque
nunca del todo, según las rutinas pautadas por la autoconciencia reflexiva del «mi».

La mente en acción.

Nuestro tratamiento sobre el pensamiento de Mead ha resaltado el tema de la acción en progreso.


Este es el aspecto conductista de Mead, atribuyendo su significado más al devenir de la conducta social
que a las cualidades interiores de la mente. Para Mead el acto social era la unidad adecuada del análisis
psicosociológíco. Un acto, sin embargo, debe considerarse que incluye aspectos tanto internos como
externos, ya que Mead no era un conductista en el sentido de restringir la atención al comportamiento
externo.
El acto, según el análisis de Mead, posee típicamente cuatro fases que pueden identificarse como el
«impulso», la «fase perceptiva», la «manipulación» y la «consumación». El impulso pone en marcha el
acto; la fase perceptual le proporciona dirección; la fase de manipulación suministra la ejecución, y la
consumación es la experiencia final que acarrea el acto. En los seres humanos es especialmente
importante la fase manipulativa, puesto que es cuando entramos, de hecho, en contacto con la realidad.
En este punto Mead concedió un papel crucial a la mano en el desarrollo de la naturaleza
específicamente humana. Es con la mano y su maravillosa flexibilidad mediante la que aprendemos los
diferentes medios que se pueden usar para alcanzar nuestros fines. Y esta conciencia de los varios
medíos posibles amplía enormemente el carácter autorreflexivo de los seres humanos. Los animales
inferiores apenas pueden diferenciar las etapas perceptiva y consumatoria de los actos; sin embargo, los
contactos manuales del hombre, median entre los comienzos y los fines de sus actos, proporcionando una
cantidad de maneras distintas de hacer las cosas y, de este modo, invitan a que impulsos alternativos se
expresen en la realización de sus actos, cuando surgen obstáculos e impedimentos. Las manos del
hombre han tenido gran importancia para quebrar los instintos fijos (Mead, 1934, página 363).
Aunque el acto pueda ser analizado como una unidad de la conducta individual, el contenido de un
acto humano es típicamente un contenido social. Es social no sólo en el sentido de que acaece en un 48
escenario que implica a más de un individuo; es también social en el sentido más profundo de que los
juicios reflejados de los otros median entre la iniciación y la ejecución del acto. No es sólo que otra
gente esté presente a nuestro alrededor lo que hace que nuestros actos sean sociales; es mucho más
importante todavía el que la gente está presente dentro de nosotros.
Los otros están presentes en nosotros mediante la representación simbólica. El símbolo significante
que hace posible la autoconciencia y la acción reflexiva de los seres humanos, lleva aparejado además,
para la comunidad humana, los ingredientes del lenguaje. Es mediante el lenguaje como nosotros, en
cuanto humanos, somos capaces de poseer una inteligencia plenamente reflexiva. Y este lenguaje
emerge -para el hombre, en general, en su desarrollo cultural, así como para el individuo, en particular,
en su ciclo vital- a través de una conversación de gestos con otros individuos. Así, pues, es mediante el
uso de símbolos significantes, primero junto a otros y sólo después dentro de nosotros en cuanto
pensamiento, como llegamos a ser los tipos característicos de seres que somos. Esta importancia central
de la naturaleza societal y simbólica de la acción humana es la que ha originado la denominación común
de «interaccionismo simbólico» para el esquema de referencia de la psicología social, pero es además
una filosofía más general de la naturaleza humana.
La estrecha continuidad entre la mente individual y la sociedad es la que lleva a Mead a aplicar una
filosofía pragmática a la acción social similar a la de la acción individual. Se considera que los actos de
los individuos son guiados por la imaginación social, es decir, por concepciones socialmente basadas de lo
que es probable que suceda. Del mismo modo, la acción en la sociedad está guiada por una anticipación
imaginativa de lo que puede llegar a ser.
El propio Mead tomó parte activa en los círculos de reforma social de Chicago y de Illinois. Amigo
íntimo de Jane Addams, participó en los movimientos de asentamientos urbanos en general, y en la Hull
House de Chicago en particular. También participó activamente en diversos movimientos para mejorar la
educación pública y el papel de las organizaciones laborales. La reforma social le parecía un medio
natural para que una mentalidad socialmente enraizada se expresara en la acción. «Tiene que ser posible
que... », era la frase que el hijo de Mead recordaba como la más característica en el enfoque que su
padre daba a los problemas sociales (Dewey, 1931, página 312), y una vez aceptada la posibilidad se
disponía a considerar cómo podía ponerse en práctica. Esa era la expresión natural de la filosofía
pragmática de Mead, aplicada a un mundo en constante cambio, pero en el que los valores humanos
debían de ser inteligentemente estructurados y en continua reestructuración. Mead expresaba así esta
filosofía en The Philosophy of the Act:
Todos nosotros estamos, en cierto sentido, cambiando el orden social en el que estamos inmersos;
vivimos así y nosotros mismos cambiamos a medida que vivimos; siempre hay acción en el mundo
social como respuesta a cualquier reacción. Este proceso de reconstrucción continua es el proceso
del valor, y el único imperativo esencial que veo es que este esencial proceso social tiene que
seguir... y tiene que continuar no tanto porque la felicidad de todos es preferible a la felicidad
individual, sino porque siendo como somos, tenemos que continuar siendo seres sociales, y la
sociedad es tan esencial para el individuo, como el individuo lo es para la sociedad (Mead, 1938,
pp. 460-61).

Continuidad

«Pienso que», decía John Dewey de Mead, «más que en ningún otro hombre de los que conocí, su
naturaleza original y lo que adquirió y aprendió, eran una y la misma cosa... no existía división en su
filosofía entre hacer, reflexionar y sentir porque no existía esa división en él mismo» (Dewey, 1931, pp.
310-313). Esta continuidad de personalidad, y en especial, la continuidad entre pensamiento y acción,
parecía más natural en George H Mead que en la mayoría de los filósofos. Y esta continuidad dejó
también su huella en los temas clave de la filosofía de Mead, incluyendo la continuidad de la acción en el
tiempo, la continuidad entre los hechos y los valores en la acción, y la continuidad entre el individuo y la
sociedad.
La realidad, para Mead estaba siempre centrada en el presente, pero el presente incluía a la vez un
reconocimiento del pasado y una preparación para el futuro. Por lo tanto, las acciones de los hombres y
de las mujeres son las que enlazan esas categorías temporales, ancladas en un presente en devenir.
Además, en la filosofía pragmática de Mead se daba la continuidad entre los hechos y los valores. Es
arbitrario distinguir entre lo que es objetivamente real, fuera de cualquier propósito humano, y lo que
va implicado en la realización de los fines humanos. Lo primero («la realidad objetiva») no se percibe, de
hecho, a no ser que se relacione con los valores humanos para facilitar su percepción; y lo último («los
valores») requiere una realidad física de algún tipo para transmitir cualquier significado. 49
La continuidad de acción en el tiempo y la continuidad de hechos y valores fueron los temas centrales
en la filosofía de Mead. Pero la continuidad más específicamente central en la psicología social de Mead
fue la continuidad entre individuo y sociedad. Las personas requieren de una sociedad para su
emergencia y son modeladas a partir de la sustancia de la interacción social. La sociedad también
requiere, pese a que originalmente se desarrolló con anterioridad a las mentes autoconscientes en su
forma humana, de la participación consciente de los hombres y mujeres individuales.
Esta continuidad entre individuo y sociedad, junto a una postura de otorgar prioridad causal a la
sociedad, fue la que hizo al cuño psicosociológico de Mead especialmente popular entre los sociólogos.
La influencia de Mead, durante su última década en Chicago, en el departamento de Sociología -el
centro más importante por entonces, de la sociología americana- originó el que a veces se denominase al
departamento «una avanzada de G. H. Mead» (Rucker, 1969, p. 22). Hombres tales como W. 1. Thomas,
Robert Park, Ernest W. Burgess, Ellsworth Farís y Louis Wirth (todos ellos dirigentes de la sociología
americana que trabajaron durante esa época en Chicago) reconocieron en especial su gratitud hacia
Mead. Faris, por ejemplo, que fue jefe del departamento de sociología en 1925, aconsejaba a todos los
estudiantes que cursaban la especialidad de sociología, que escogieran la asignatura de psicología social
de Mead, y la mayoría de ellos lo hicieron.
La influencia de Mead poco a poco rebasó el límite de Chicago y el interaccionismo simbólico se
convirtió en el tema teórico dominante entre la mayor parte de los psicólogos sociales procedentes de la
sociología. No hay una escuela claramente definida de ortodoxos meadianos, y suele ser imposible
identificar hasta dónde llega el interaccionismo simbólico cuando se encuentra mezclado con otras
interpretaciones. Es posible, sin embargo, enumerar una variedad de líneas de estudio que se solapan y
que representan a la vez las líneas principales de la investigación psicosociológica entre la mayoría de los
sociólogos y aquellas áreas especialmente influenciadas por la gran aureola de G. H. Mead. Entre estas
áreas hay que citar la teoría de roles, la teoría del grupo de referencia, las distintas variaciones de la
teoría del yo, los estudios sobre socialización ocupacional, la teoría de la etiqueta en desviación social,
el enfoque dramatúrgico en la interacción social, y la etnometodología.
La mayor parte de las teorías del rol utilizan las expectativas del rol como concepto central. Existe un
esquema de expectativas de los otros que determinan el rol de la persona. El modo como el individuo
percibe esto determina, en gran medida, su comportamiento. Algunos teóricos del rol se centran sobre
grupos y organizaciones, estudiando cómo se desarrollan las distintas pautas de los roles. Otros se
centran en la conducta individual, estando a menudo interesados, en especial, en cómo puede resolverse
el conflicto entre las diferentes expectativas.
Muchos de los que han estudiado la influencia de los grupos sobre el individuo han resaltado, como
Mead, la importancia que tiene la interpretación que el individuo hace del grupo. Esto lleva al
reconocimiento de que los grupos que no están físicamente presentes, quizá incluso simples categorías
de personas con las que el individuo compara su situación, pueden causar un impacto importante en su
conducta. El identificar a los grupos con referencia a los cuales una persona se comporta, y el estudiar
cómo esos grupos afectan a sus actitudes y a su conducta, es el objetivo primordial de la teoría del grupo
de referencia (o, como se la llama también a menudo, la teoría de la comparación social).
La teoría del yo que sigue la tradición de George H. Mead resalta el contenido social del yo. Su tema
central de atención consiste en ver cómo los juicios reflejados de los otros se organizan en una pauta de
autoevaluación. Los estudios empíricos sobre las concepciones de uno mismo suelen incluir la
investigación de cómo dichos autoconceptos están enraizados en las relaciones con los otros
especialmente significativos.
Los estudios sobre socialización ocupacional con frecuencia aplican la teoría del yo y la teoría del
grupo de referencia a un tipo peculiar de contexto social. Everett Hughes y sus estudiantes se han
dedicado, en especial, con su enfoque a estudiar una diversidad de ocupaciones. Aquí la preocupación
central consiste en considerar al individuo inmerso en un proceso de adquirir gradualmente un nuevo
conjunto de significados para su conducta que encajen en el escenario ocupacional, y cómo él o ella
aprenden estas cosas mediante la interacción con otros.
El estudio de la desviación ha llegado a ser últimamente un área relevante de aplicación de la
perspectiva interaccionista. Se considera que la condición primordial de la desviación radica en ver cómo
la sociedad etiqueta ciertas acciones de desviadas. La otra preocupación fundamental de este enfoque
«etiquetador» para la comprensión de la conducta desviada radica en ver cómo el individuo responde a
los juicios de los otros, incluyendo a veces la autoaplicación de sus etiquetas.
El enfoque dramatúrgico de la interacción social, pone el énfasis en la imagen del mundo a modo de
un escenario. Bajo este punto de vista, los hombres y las mujeres se dedican constantemente a la
representación ante sus audiencias; el tema principal de este enfoque es ver cómo sus
«interpretaciones» se modifican y se anticipan a las reacciones de la audiencia. Erving Goffman 50
sobresale, en especial, entre los sociólogos que han aplicado este enfoque a una gran variedad de
escenarios sociales.
La etnometodología, según ha sido concebida por Harold Garfinkel y otros, es un enfoque que estudia
la acción social cotidiana desde el marco de referencia del actor. El poner, sin embargo, el énfasis en el
punto de vista del actor, no supone que todo análisis haya de limitarse al nivel de conciencia de los
actores sociales. Se trata más bien de un punto de partida para examinar aquellas rutinas base de la vida
social que se suelen ejecutar sin una gran reflexión consciente. Los etnometodólogos buscan clarificar los
significados sociales de esas acciones aun cuando los individuos implicados no sean conscientes de dichos
significados. Los etnometodólogos, al igual que Mead, ven el significado de la acción enraizado en la
interacción social en progreso.
Puesto que Mead, a diferencia de Freud, no dejó una escuela claramente definida de seguidores,
existen ciertos temas sin resolver entre los que siguen la tradición del interaccionismo simbólico. Uno de
estos temas es la naturaleza básica de los fenómenos estudiados por la psicología social. Otro tema tiene
que ver con la naturaleza de la causación social. Es decir, se trata de ver si la conducta humana se puede
considerar adecuadamente en un marco de referencia de causas antecedentes. Un tercer punto se
refiere a la posibilidad de probar las ideas del interaccionismo simbólico. ¿Resulta posible formular la
teoría del interaccionismo simbólico en hipótesis verificables en la realidad? Para darse cuenta de
algunas variedades de la psicología social contemporánea que siguen el trabajo de G. H. Mead,
examinaremos brevemente cada uno de estos tres temas.
¿Cuál es la naturaleza del fenómeno de la psicología social? El que, como dice Mead, debamos estudiar
«la conducta del individuo tal y como se da en el proceso social» (Mead, 1934, p. 6), no nos ayuda
demasiado. Afirma que deberíamos estudiar las acciones de los individuos en un contexto más amplio,
pero no da ninguna guía cabal para captar ese contexto. Algunos psicólogos sociales usan la teoría del rol
para suministrar esas guías, trabajando con las expectativas del rol como clave para entender las pautas
del proceso de interacción social. Otros ponen el énfasis en las autodefiniciones que continuamente se
reestructuran para aplicarlas a nuevas situaciones. Todavía otros, insisten en que la acción en progreso,
en su escenario social global, debe constituir el foco de atención, sin que a menudo esté muy claro como
hay que observar y conceptualizar esta acción en flujo permanente.
Hasta ahora, si la psicología social ha de ser una ciencia, nuestra cuestión básica es: ¿Qué es lo que
hay que observar? ¿Cuáles son las estructuras clave sobre las que enfocar el estudio empírico? El propio
Mead no nos ayuda mucho. Era un filósofo más que un científico, y ponía el énfasis en el proceso y no en
la estructura. ¿Cuáles son, pues, los mejores instrumentos para captar la esencia del proceso social? En
este punto no hay respuestas obvias que logren el consenso de los interaccionistas simbólicos. Algunos,
como Erving Goffman, sólo observan el flujo de conducta, anotando cuidadosamente la naturaleza del
escenario social en el que aquélla se estructura y las definiciones cambiantes que se adjudican a la
conducta. Otros, como Manford Kuhn, han prestado especial atención a las autoconcepciones libremente
relatadas. Otros, los ínteraccionistas simbólicos, en su sentido más literal, observan con cuidado las
pautas del lenguaje. Unos pocos interaccionistas diseñan experimentos de laboratorio intentando captar
algunas relaciones cruciales de la experiencia social y del autoconcepto; pero la mayoría dudan poder
captar el significado esencial del devenir de la interacción en un marco de referencia tan artificial.
Las cuestiones sobre la naturaleza de los fenómenos lleva directamente a los temas de la
interpretación causal. La ciencia, en su mayor parte, se basa en la selección de las posibles influencias
causales de los sucesos antecedentes sobre sucesos posteriores. Pero ¿es esto apropiado para la conducta
humana? ¿Hay que entender la conducta humana como determinada por causas antecedentes? Si hacemos
hincapié en el proceso interpretativo mediante el que una persona construye sus actos, puede resultar
erróneo identificar los sucesos antecedentes como causas del comportamiento. Estos sólo tienen
influencia porque se interpretan en una forma determinada, y se interpretan así a causa de los objetivos
a los que se dirige la acción. Estas consideraciones bien nos podrían llevar a cuestionar el que cualquier
modelo determinista sea adecuado para su aplicación a la conducta humana. En este punto, la tradición
del interaccionismo simbólico, en alguna medida, se escinde. Existen los indeterministas encabezados
por Herbert Blumer, quien subraya que la creación de la conducta propositiva puede implicar el uso de
sucesos antecedentes -aunque sólo deben interpretarse en el proceso de construcción de la acción. Hay
otros que inspirándose en G. H. Mead intentan utilizar las condiciones de la interacción social como
causas antecedentes de los autoconceptos o de la conducta posterior. El propio Mead es bastante
ambiguo en este tema. En algunos momentos su análisis sugiere el indeterminismo de un proceso de
reconstrucción continua de la acción, y en otros momentos, el determinismo sociológico parece ser el
tema dominante. Esto no tiene por qué ser necesariamente una inconsistencia importante. Si
consideramos que el determinismo es un asunto relativo (y no una cadena completamente cerrada de
fuerzas causales como, por ejemplo, Freud estaba deseoso de admitir), en ese caso podemos reconocer 51
ciertos tipos de sucesos antecedentes que muy probablemente irán asociados a la conducta posterior
(incluyendo los procesos internos de construcción de ese comportamiento). A estos se les podría llamar
con razón causas, sin que esto implique necesariamente que produzcan efectos al margen del proceso
interpretativo que organiza el fluido de la acción.
Nuestra dificultad de especificar lo que los interaccionistas simbólicos consideran como claves
observables y cómo conciben la causación social, debería sensibilizarnos ante la crítica más global que se
hace al interaccionismo simbólico en los círculos de la psicología social: que sus ideas no pueden
probarse en la realidad. Pero el mencionar esas críticas tal vez sea una petición de principio. ¿Es posible
formular la teoría del interaccionismo simbólico en hipótesis verificables?
Lo que George H. Mead ha dado a la psicología social es más un enfoque filosófico global que una
teoría científica. Además, su énfasis en el flujo de la interacción hace que el material para construir la
teoría científica se quede, en parte, dentro de ese flujo. ¿Dónde están los fenómenos claros,
empíricamente mensurables, que podemos utilizar para formular proposiciones verificables? No
deberíamos asumir sin más que el interaccionismo simbólico carece de esas proposiciones empíricas.
Pueden, por ejemplo, citarse los siguientes enunciados que se han comprobado (y sustentado)
empíricamente en el área de la teoría del yo:
1) Cuanto más tiempo una persona ocupa una posición social, en mayor medida los autoconceptos
estarán influidos por esas posiciones (Kuhn, 1960).
2) Los autoconceptos se corresponden mejor con los juicios percibidos de otros que con sus juicios
reales (Miyamoto y Dorribusch, 1956); (Quarantelli y Cooper, 1966).
3) Un individuo, en la medida en que no disponga de otras bases de evaluación, tenderá a tener más
expectativas de conducta basadas en sí mismo, de acuerdo con las evaluaciones que recibe de otros, y en
especial de los otros que percibe como más competentes para juzgar y/o con status social general
superior (Webster y Sobieszek, 1974).
4) La estabilidad del autoconcepto es mayor con un consenso superior entre los otros significativos
que cuando ese consenso es inferior (Backinan, Secord y Peirce, 1963).
Estas propuestas parecen reflejar predicciones clave en la teoría del interaccionismo simbólico, pero
no resultan muy sorprendentes. ¿Podríamos realmente imaginar el reverso de cualquiera de estas
predicciones? Y si descubriéramos que la punta opuesta es verdad ¿no podría igualmente asimilarse en
una perspectiva de interacción simbólica? Supongamos, por ejemplo, que encontramos que las posiciones
sociales a corto plazo tienen una mayor influencia que las posiciones a largo plazo; ¿no se podría sugerir
en este caso que una posición más reciente es más relevante y por lo tanto más apta para influir
conscientemente en la construcción de la acción autoconsciente?
La conclusión que parece desprenderse de estas consideraciones es que los presupuestos centrales de
G. H. Mead y del interaccíonismo simbólico no son susceptibles de verificación empírica. Por ejemplo,
¿cómo podemos realmente probar si el interaccíonismo simbólico es, en esencia, un producto de la
interacción social? Esto parece sensato, pero ¿existe alguna base genética para la capacidad lingüística?
¿y cómo separamos los componentes sociales de los genéticos? O ¿cómo podemos realmente probar si los
autoconceptos son necesariamente mediados por pistas lingüísticas? Esto también parece razonable, pero
¿cómo podemos probarlo? Quizá no. Tal vez el único test para el interaccionismo simbólico sea su uso
pragmático para organizar empíricamente las ideas relevantes a la conducta social. Y entre los psicólogos
sociales con formación sociológica, es muy probable que el legado de George H. Mead se valore en este
sentido pragmático.

Tomado de “Los fundadores de la psicología social”, Por James A. Schellenberg


Alianza Editorial, 1978

52
KURT LEWIN Y LA TEORÍA DEL CAMPO

Kurt Lewin nace en 1890 en Prusia. Es muy poco lo que se conoce


de su infancia, familia, adolescencia. El primer dato concreto sobre su
juventud es que realiza estudios universitarios sucesivamente en
Fribourg (Alemania), Munich y Berlín. Se apasiona primero por la
química y física, después por la filosofía, y finalmente se dedica a la
preparación de una tesis en psicología.
En 1914, al estallar la primera guerra mundial, es movilizado por el
ejército y permanecerá allí hasta su finalización. En 1921 comienza su
carrera como docente en psicología en la Universidad de Berlín, y
finaliza en 1933 cuando los nazis toman el poder.

En este período hace experiencias de laboratorio sobre la medida


de la voluntad, la asociación, percepción del movimiento.
En 1933 es “invitado”, por ser judío, a abandonar Alemania en 24
hs. con su familia, caso contrario lo esperaba un campo de
concentración. Pasa unos meses en Inglaterra y luego emigra a Estados
Unidos. Es profesor en la Universidad de Stanford, en la Universidad de
Cornell y en la Universidad de Iowa, donde también dirige un Centro
de Investigaciones. Este período termina en 1939. Su interés principal
durante esta época se da en torno a la búsqueda de una teoría de
conjunto del comportamiento individual, y paralelamente la elaboración de modelos teóricos que le
permitirían renovar la experimentación y la exploración de los hechos psíquicos.
En 1940 toma una cátedra en la Universidad de Harvard y fundará a pedido del M.I.T. (Massachussets
Institute of Technology) un centro de investigaciones en “dinámica de grupos”. El M.I.T. era en ese
momento el centro más célebre de los [Link]. dedicado a la ciencia nuclear. Por concesión a este medio
53
académico poblado de ingenieros afirmará primero que la dinámica de grupos es una “ingeniería social”.
Lamenta profundamente esta analogía cuando descubre que sus alumnos han entendido que la dinámica
de grupos es una ciencia de la manipulación de grupos. Esto tiene sus consecuencias en la práctica, ya
que comienzan a aparecer aficionados improvisados que, en nombre de la dinámica de grupos, propone
un conjunto de recetas garantizadas para manipular eficazmente un grupo cualquiera, y para cualquier
fin. En los últimos meses de su vida intentó desmitificar ese nombre con dudosa suerte.
Hasta 1947 su orientación es cada vez más precisa hacia la elaboración de una psicología de los grupos
que sea a la vez dinámica y getaltista, es decir, articulada y definida en relación constante al medio
social en el que se forman, se integran, gravitan o desintegran los grupos.
Muere repentinamente en 1947 a los 56 años.
Como rasgos destacables en su desempeño como profesor y científico, se suele recordar su falta de
dogmatismo, su gusto por trabajar en equipo dando lugar a todas las opiniones e iniciativas, su modo
profundamente democrático de trabajo, su puesta en duda permanente sobre el conocimiento concluido,
que era tomado como hipótesis de trabajo más que como certezas a sostener.
Su línea de investigación, hasta su muerte, giró en torno a las estructuras, los climas grupales, los
liderazgos, que permitan a un grupo humano lograr relaciones creativas, placenteras y productivas.

Contextualizando

Lewin dedicó ocho años de su vida a la exploración psicológica de los fenómenos de grupo. Y estas
indagaciones constituyen un momento decisivo en la evolución de la psicología social. Todavía hoy
tenemos abordajes e investigaciones orientados por las teorías de Lewin.
Recordemos que desde el inicio de esta disciplina -la psicología social- la preocupación que guiaba los
estudios giraba alrededor de la necesidad de controlar las masas, estos conglomerados de personas que
comienzan a formarse con el desarrollo industrial y la conformación de la clase proletaria. Las conductas
sociales son interpretadas en principio como fuerzas sociales innatas de instintos determinantes. Bajo
esta perspectiva se debía definir cuál sería el medio social más apto para la socialización y acceso a la
madurez social de los individuos. El primer objetivo, entonces, quedaba centrado en medir y valorar la
influencia del grupo sobre el individuo.
Luego de los trabajos de Freud: “Psicología de las masas y Análisis del Yo”, Tótem y Tabú”, “El
malestar en la cultura”, la preocupación de la psicología social se inclina a investigar la caracterización
del líder. A partir de 1930 es la influencia del individuo sobre el grupo lo que se intenta descifrar y
comprender.
Unos años después la preocupación sigue siendo el conocimiento de las leyes que rigen la conducta
social en cualquier contexto socio-cultural. Trabajan casi exclusivamente en laboratorio y sus búsquedas
no difieren demasiado de los primeros estudios en psicología social.
A partir de 1936 Kurt Lewin comienza a plantear otros procedimientos y nuevos objetivos. Sus trabajos
servirán para esclarecer la dinámica de fenómenos de grupo muy reducidos, de dimensiones acotadas, y
en contextos de reorientación de una acción social más eficaz y creadora.
Propondrá a los psicólogos sociales a centrar sus trabajos en el estudio de los micro-grupos, que
llamará grupos cara a cara. Según Lewin no se contaba en ese momento, desde el punto de vista
científico, con técnicas ni instrumentos mentales para la exploración de la sociedad global. Será
procediendo por etapas y analizando los mecanismos de integración y crecimiento de los pequeños
grupos como se irán develando, poco a poco, las constantes de los grupos humanos más amplios.
De alguna manera sería la reacción al conductismo. Los individuos actúan no solo como respuesta a
estímulos, sino también, en base a creencias, condiciones, actitudes y deseos de alcanzar metas.
Pide que se revise la experimentación en psicología social demostrando, a través de sus numerosas
investigaciones, que la exploración válida de los fenómenos de grupo debe operarse en el mismo campo
psicológico en que ellos se insertan. Propone que las variables con las que se investiga sean identificadas
en el terreno natural de los hechos, a través de lo que llama “investigación-acción”. Vincula
permanentemente la teoría y la práctica, sintetizada en una frase que lo refleja: “no hay nada más
práctico que una buena teoría”.
El estudio de los pequeños grupos constituía una opción estratégica que permitiría en algún momento
esclarecer la psicología de los macro - fenómenos.
A partir de este vuelco en metodología y objetivos, la psicología social cobra un enorme impulso,
liberada de sus dogmatismos y sus supuestos. Las conductas sociales y los comportamientos en grupo son
considerados como el dominio o el objeto específico de la psicología social.
Por otro lado queda el estudio de los comportamientos de grupo, para lo que se requiere, según 54
Lewin, que varios individuos compartan las mismas emociones de grupo lo suficientemente intensas como
para integrarlas y conformar la cohesión grupal.
La dinámica de grupos se ha convertido en la psicología de los micro-grupos, es concebida como la
ciencia de los pequeños grupos, ofreciendo la posibilidad de conocer la formación, crecimiento o
desintegración de esos micro - fenómenos.
Y finalmente, otra distinción que hace Lewin para el análisis de los comportamientos es entre psico-
grupo y socio-grupo. El primero, orientado y estructurado en función de los mismos miembros, un grupo
de formación. El segundo, orientado por una tarea específica que requería su cumplimiento.

Teoría del campo

Basada en la Gestalt, se apoya en su principio según el cual el análisis de los elementos aislados de un
fenómeno no nos puede proporcionar un conocimiento adecuado de su totalidad y su funcionamiento. Ya
se había demostrado que la percepción y el hábito no se apoyaban en elementos aislados sino en
estructuras. Frente a la mecánica conductista de la fórmula estímulo - respuesta (un estímulo del medio
ambiente provocará una reacción en el organismo), aquí tenemos que una conducta está determinada
por una totalidad organizada de acontecimientos, por asociaciones de estímulos tal como son percibidas
por el individuo.
Para Lewin, la explicación de la conducta individual a partir de la totalidad de los factores
psicológicos que actúan sobre una persona en un momento determinado, debe tener en cuenta sus
motivaciones, aprendizajes, frustraciones, por ser también parte de este espacio al que llama “espacio
vital”. Cada persona se mueve en un campo psicológico que contiene intereses y significaciones que
pueden ser positivas o negativas. Estas “valencias” crean “vectores” que atraen o rechazan. Como ven,
su formación en ciencias duras lo lleva a explicar fenómenos psicológicos mediante fórmulas y términos
matemáticos.
Se interesó particularmente en el estudio de las motivaciones que siempre están ligadas a la
percepción. Incluye tanto a la persona que está estudiando como a su ambiente psicológico y las
relaciones entre estos términos.
El espacio vital de una persona es su mundo psicológico o su situación actual, que incluye a la persona
y su ambiente, tanto físico como social, con el que está relacionada. No representa objetos físicos como
tales, sino las relaciones simbólicas que incluyen recuerdos, lenguaje, mitos, religión…
Un vector representa en este caso una fuerza que influye en el movimiento psicológico que hace
moverse al individuo hacia la aceptación o el rechazo. Si hay más de un vector y tienen orientaciones
diferentes, el movimiento se producirá en dirección de la fuerza resultante de este interjuego.
En síntesis, el hombre actúa en un ambiente psicológico en donde la realidad es lo que él percibe o
cree. Lewin no hablaba de causas y efectos sino de campos de fuerza. Utilizó el concepto de “tensión”
para la necesidad y sostuvo que ésta se descargaba al alcanzarse la meta o cuando aparece una meta
sustituta. Cuando las fuerzas en un campo están es desequilibrio, la acción continúa hasta lograr el
equilibrio.
Una de las investigaciones que lleva a cabo con metodología experimental la realiza con grupos de
niños en edad escolar, que se prestan voluntariamente a la construcción de utilería teatral, y que ignoran
la finalidad de la experiencia. Se trata, en realidad, de verificar si el clima democrático en las
actividades de grupo favorecía el buen desempeño de la tarea y bajaba el nivel de agresión o tensión
habitual en los trabajos en equipo.
Se conforman tres grupos que serán coordinados por psicólogos con diferentes modalidades: en un
grupo se generará un clima autocrático, en otro democrático y por último “laissez-faire” o permisivo. Se
reúnen una vez por semana y periódicamente van cambiando de coordinador. Todos los niños pasan por
un seguimiento permanente en sus comportamientos.
La hipótesis de la que se partió: la frustración era la generadora de la agresión.
¿Qué resultados se verificaron y qué conclusiones se extrajeron a partir de esta experiencia?
En el grupo de clima autoritario, muy frustrante, se esperaba un alto índice de agresividad. Sin
embargo, lo que se manifestó fueron dos tipos de reacciones bien distintas: en algunas reuniones no sólo
no hubo ninguna agresividad sino una total apatía; y en otras se manifestó gran carga de agresión con
estallidos colectivos y destrucción del material de trabajo. Lo curioso fue que no sólo la tensión se
descargaba sobre el coordinador, sino también entre los mismos niños.
Lo que se infiere entonces es que el autoritarismo provoca: o una conducta pasiva y apática como
resistencia a la agresividad, o una acumulación de la misma que luego es descargada en forma violenta.
En el de clima democrático se esperaba bajo contenido de agresividad y así resultó, pero de ninguna 55
manera nula. Lo que ocurría era que se iba descargando en forma gradual, a medida que iba surgiendo, y
esto permitía mantenerla en un rango relativamente bajo. También se evaluó una mayor productividad
en las actividades previstas dentro de este tipo de liderazgo.
Dentro del espacio de clima “laissez-faire”, se esperaba un rango de agresividad media. Sin embargo
se encontró la media más elevada. Los niños esperaban la colaboración y guía del coordinador para la
realización de las actividades, y se encontraban con su virtual ausencia, lo que provocaba gran
frustración que se manifestaba en reacciones de agresividad entre los niños y hacia el coordinador.
Las conclusiones que derivan de estos resultados demostrarían que la frustración produce reacciones
agresivas, pero éstas están sujetas a las modalidades del clima grupal que a su vez depende del estilo de
dirección o coordinación.
Tengamos en cuenta los datos biográficos de Lewin, su preocupación por reafirmar los valores
democráticos, y el período de entre guerras en que fue llevada a cabo. Toma rápidamente divulgación e
importancia en los comienzos de la segunda guerra mundial e intenta dar una respuesta al interrogante
sobre el fenómeno nazi
EL campo social dinámico analizado en los grupos de laboratorio puede ser llevado luego al estudio de
los grupos reales o naturales. El grupo cara a cara se convierte así en el “laboratorio de choque” que
puede ser reestructurado para lograr cambios en un campo social más amplio.
El grupo es un sistema de interdependencia de varios factores (integrantes, normas, percepción del
medio, objetivos, roles, etc.), y este sistema es el que explica el funcionamiento del grupo en un
determinado momento, tanto hacia el interior del grupo como hacia el exterior. Ese sistema de fuerzas
es el que lo impulsa o inhibe en la acción. De allí su denominación de “dinámica de grupos” para este
método de indagación.
Los últimos trabajos de Lewin se orientan hacia el cambio social. Considera un “estado cuasi
estacionario” al estado de equilibrio entre fuerzas opuestas e iguales en intensidad. Pero este estado
manifiesta fluctuaciones dentro de cierto rango, aunque dentro de éste la estructura se mantiene igual.
Esta autorregulación del sistema sería lo que llamó “resistencia al cambio”.
“Para Lewin, el grupo es la interdependencia, no solamente entre los individuos, sino también entre
las variables que intervienen en su funcionamiento; el grupo democrático permite una participación más
activa de sus miembros en la determinación y consecución de los objetivos, una mejor puesta en común
de los recursos psicológicos de cada uno y una resolución continua de las tensiones” .
Todo cambio representa un estrés o un esfuerzo de adaptación y por esto las personas tienden a
reaccionar con conductas defensivas ante situaciones que perciben como amenazantes. En los grupos
suele ocurrir lo mismo. La intervención sobre la resistencia al cambio deberá aumentar una de las
fuerzas (la que se orienta hacia el cambio deseado), o debilitar la contraria (la que ofrece resistencia).
Esta última es la que se muestra más eficaz, debido a que presionar contra la resistencia generaría un
clima autoritario que, como ya dijimos, aumenta la tensión y la agresividad.
Una vez que ese rango de fluctuación ha sido sobrepasado, la tendencia es a un nuevo nivel
configurado por el equilibrio de fuerzas resultantes de la interacción.
Este es el método que se utilizó en una experiencia durante la segunda guerra mundial, 1943,
tendiente a modificar hábitos alimenticios de la población con el fin de disponer de cortes de carne
vacuna para enviar al frente.
Consiste, esquematizándolo, en tres pasos definidos como:
• Descristalización o descongelamiento
• Cambio
• Recristalización o nuevo congelamiento.
El primer paso consiste en ir cuestionando el estado de equilibrio mediante una discusión en grupo no
dirigida. Una vez que se consigue un punto de ruptura, un cuestionamiento al hábito instituido, se podrá
incluir el cambio deseado, operando un nuevo equilibrio para consolidar esa transformación.
Vamos a la experiencia.
Se trataba de reunir grupos de amas de casa voluntarias de la Cruz Roja para generar, a partir de allí,
cambios en los hábitos de consumo de cortes de carne vacuna; todo eso que en el ritual dominguero de
buena parte de la Argentina y aledaños ponemos en la parrilla: riñones, mollejas, corazón, chinchulines…
los norteamericanos no estaban (ni están) acostumbrados a consumir, les producen rechazo.
Se organizaron seis grupos conformados por menos de 20 personas en cada uno. A tres de ellos se los
trató con el método clásico de la exposición informativa, en donde un ama de casa experta da una charla
sobre las ventajas de consumir estos cortes, en tanto que, mientras se cumple con beneficios
nutricionales, a la vez se colabora activamente participando del esfuerzo que el país está realizando.
También se ofrecen recetas para la preparación de platos con esta materia prima que resulten apetitosos
y eviten aquellos efectos que provocaban el rechazo (olor, consistencia). El nivel de aceptación de la 56
propuesta resultó de un 3 por ciento de las participantes que estaban dispuestas a servir esos alimentos.
En los otros tres grupos se empleó otra metodología. Se daba una breve exposición que también
tocaba las dos perspectivas: el esfuerzo de guerra que requería colaboración y la cuestión dietética. Pero
luego se abría una discusión libre que invitaba a las opiniones sobre la posibilidad de que las amas de
casa implementaran estos cambios. Se dirigía a la generalidad de posibles consumidoras, y no
específicamente a las que allí estaban presentes. En este caso tuvieron la posibilidad de poner en común
las causas de la repugnancia, los prejuicios que generaban la resistencia al cambio; y recién en este
punto un experto ofrecía las recetas y procedimientos que también se habían dado en los otros grupos,
pero cuando ya había una puesta en marcha de cierto quiebre en relación al estado anterior y está
motivado para incorporar la información.
El resultado del trabajo en estos últimos tres grupos arrojó un 32 por ciento de participantes que
sirvieron esos alimentos en las semanas siguientes.
De esta y otras experiencias Lewin concluye que tomar una decisión en grupo, cuando éste se siente
libre y solidario, es más eficaz y duradera que las que se toman individualmente ya que el compromiso
refuerza la acción. Es más fácil modificar los comportamientos en pequeños grupos mediante discusiones
democráticas que en forma individual, ya que las personas tienden a conformarse a las normas del grupo.
Lewin heredó de los psicólogos gestaltistas la noción de forma como un todo organizado, pero no cayó
en el reduccionismo del equilibrio estático. Es cierto, sin embargo, que algunas críticas posteriores, a la
luz de otros aires paradigmáticos para la filosofía de las ciencias, apuntan el olvido de la perspectiva
histórica e institucional, ya que su modelo no incluía la temporalidad.
Otro de los cuestionamientos hacia esta perspectiva proviene de autores que teorizan sobre las
formaciones inconcientes grupales desde el marco teórico del psicoanálisis (Anzieu, Kaës). Puede verse
una influencia de Freud en la incorporación de lo subyacente, y se podría relacionar su concepto de
espacio vital o psicológico con el de “realidad psíquica” en tanto el entorno es la representación
particular de cada sujeto según él la percibe; pero, a pesar de esto, el sujeto queda atado a las leyes del
campo presente y no toma en cuenta el análisis de las fantasías que púdicamente se pusieron en común
en las reuniones grupales. Y esto es lo que cohesionó al grupo, más que la solidaridad patriótica que se
dio como motivación.
Debido al contexto en que teorizó y experimentó, se invisibilizó todo atravesamiento institucional y
político. No fueron estos aspectos analizados dentro de este marco teórico, como tampoco los referentes
a comportamientos grupales a nivel inconciente, tal como los desarrollos de Bion.
La ubicación de Lewin dentro de alguna orientación en psicología social ofrece algunos
inconvenientes, dado que incursionó en diversas modalidades de investigación (lo hizo tanto en
laboratorios con métodos experimentales como en grupos naturales), e inauguró un nuevo campo de
intervención en psicología social: la llamada microsociología.
Investigó las relaciones de las “minorías psicológicas” en una determinada sociedad en que se impone
otra “mayoría psicológica” que está instituida como valor dominante, y que no se refiere necesariamente
a mayoría numérica, sino a la comunidad que logra imponer su discurso, sus valores, su tradición cultural
(recordemos su carácter de inmigrante en [Link].) Como ejemplo de influencia de una minoría tenemos
el caso del largo y sostenido dominio de los blancos en África a pesar de su notoria inferioridad
numérica.
Este modelo en tres pasos: descristalización, cambio y recristalización, todavía sigue vigente en el
ámbito de las organizaciones, empresas, equipos de trabajo y grupos con una tarea explícita a realizar. Y
no fueron pocos los elementos que de estos desarrollos sirven de fuente teórica y metodológica en el
ECRO de Pichón Rivière.
Queda formulado explícitamente que los grupos son algo más que la suma de sus integrantes. Y que
los comportamientos de estos elementos sólo son comprensibles si se los analiza dentro del todo: “el
todo es más que la suma de sus partes”.
Es lo que en mucho del material bibliográfico que van a ver se refiere al “plus grupal”; a aquello que
se genera a partir de las relaciones que se establecen entre los componentes del campo, y que no
surgirían si sumáramos individualidades. Hay una representación del grupo como totalidad que provoca
motivaciones, genera fantasías, promueve comportamientos, y esto sólo se da como resultado de la
intersubjetividad.

57
INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO DE JEAN-PAUL SARTRE
Por Abelardo Salita
1905: Nace en París el 21 de junio.
1924: Se gradúa en Filosofía. En el contexto mundial, muere Lenin, en medio
de grandes conmociones interiores en la U.R.S.S. El resto del mundo se encuentra
sumergido en medio de grandes dificultades, que no ha podido superar luego de la
primera gran guerra.
1929: Logra la titularidad de Cátedra en la Universidad de París. El mundo se
sumerge en la gran depresión. Primeros indicios de la guerra comercial que va a
desencadenar la segunda guerra mundial.
1940: Se une a la resistencia francesa. Trabaja activamente dentro de ella.
1945: Terminada la guerra, funda junto a otros destacados intelectuales la
revista "Les Temps Modernes", con la que introduce su pensamiento existencialista.
1956: Con la invasión a Hungría por parte de la U.R.S.S, rompe con esta. Sigue considerándose de
izquierda, pero radicaliza su crítica a la experiencia soviética.
1968: Se produce el mayo francés. Trabaja codo a codo junto a los estudiantes que protagonizan en
hecho social, luego junto a ellos sigue publicando un periódico "Gauche Proletarien".
1980: Muere en París el 15 de abril.

¿QUÉ ES EL HOMBRE PARA SARTRE?

Para él la existencia precede a la esencia. En el hombre no hay otra esencia que su existencia.
Formula estas ideas en debate con corrientes filosóficas teístas. Va a proponer un existencialismo ateo.
EXISTIR, para este autor esta ligado al compromiso. EX= lo que esta afuera, SISTERE= lo que sustenta.
Existe quien sale fuera de si, se abre a otros, quien rompe con el aislamiento y la dispersión básicas. 58
La primer idea que tenemos que considerar cuando analizamos el concepto de la existencia del ser
humano según Sartre, es la de proyecto. Pro-Jectum, ir hacia el estado de yecto (muerte). Existir es
tener consciente que nos dirigimos hacia la muerte.
Quien acepta esta condición humana, puede vivir sobre la base de un proyecto. Elaborar un proyecto
es vivir con autenticidad. El hombre es posibilidad* de posibilidades, elaborar un proyecto es llevar la
potencialidad al acto, desarrollar la posibilidad, lo contrario sería el transcurrir inauténtico, el no
hacerse cargo de la propia vida. Eso sería “no existir". Hacerse cargo es asumir y enfrentar lo que la
situación exija.
Romper ese aislamiento, salir de uno para ligarse a otros implica como proyecto asumir un
compromiso. Por eso quien se compromete elige y se hace responsable. ¿Por qué? Porque al elegir ejerce
la libertad, pero particularmente ejerce la libertad de legislar. Porque cuando el individuo elige para sí,
realiza un acto ético, propone una situación, es una elección para todos. Por ello el proyecto implica un
acto de responsabilidad. La libertad no sirve si no va acompañada, de la responsabilidad.
Al llevar adelante su proyecto el hombre se actualiza. Este proceso de permanente autoactualización
nos da plena existencia.

LA CONCEPCIÓN DE LO GRUPAL EN EL PENSAMIENTO DE SARTRE.

Sartre estudió exhaustivamente la revolución francesa en su obra "Crítica de la razón dialéctica" y


destinó el capítulo VI a esa investigación, producto de la cual quedó una interesante conceptualización
del concepto de grupo en la que desde lo específico de su formación filosófica aporta a la comprensión
del devenir de los grupos humanos. La primera operación teórica que realiza es definir qué no es un
grupo para, a partir de allí, preguntarse como deviene en grupo. Formula el concepto de Serie.
Va a decir que la SERIE, el no grupo, está definido centralmente por la condición no significativa del
otro. Ese que tenemos al lado nos es indiferente. Mencionamos corno ejemplos la cola en un banco, la
gente viajando en un transporte, etc. Allí no hay ninguna vivencia yo-tú. Ese otro no aparece, ni el
sujeto ante el se presenta como COMPROMETIDO en sus expectativas y necesidades. No hay una
INTENCIONALIDAD hacia el otro. Se nos presenta como indiferente, e intercambiable. Sartre dirá que la
vida en sociedad en las grandes ciudades encierra la paradoja, a causa de, la vida en serie, del ejercicio
solitario de la vida social.
Lo que caracteriza a la convivencia en serie, a diferencia de la convivencia yo-tú, es que la ligazón
entre los sujetos va a estar dada por factores ajenos, exteriores a la relación común. En la serie los
sujetos involucrados responden desde lo esperado socialmente. No se crea una intimidad, no hay
ENCUENTRO, ni espontaneidad en la relación, por lo tanto no va a haber códigos comunes y propios de
comunicación, ni capacidad de compartir un, aprendizaje en común. No hay dialéctica entre sujetos. La
causa de la "unidad" es transitoria, circunstancial, resuelta la cual cada uno vuelve a su propio mundo
(Ej: Pagar un impuesto), la serie se dispersa ya resuelta la causa, externa a la relación, que los hizo
coincidir en tiempo y espacio.
El grupo como modelo de experiencia opuesto al de la serie va a estar caracterizado por fuertes
elementos de unidad y de significatividad del otro. Se caracteriza por la interdependencia, la vigencia de
los lazos yo-tú, las causas en común y el trabajo conjunto. ¿Qué es lo que hace que bajo ciertas
circunstancias la serie se transforme en grupo? Esta es la pregunta que Sartre va a proponerse contestar;
en ese marco conceptualiza su explicación de la dialéctica de los grupos.
Considera que la serialidad, es decir la tendencia a la dispersión, a la vida aislada, es esencial al
hombre. Bajo esas circunstancias tiene que regir una razón muy poderosa que mueva a los hombres a
aglutinarse. ¿Cuál es esa razón? ¿Cómo es el proceso dialéctico que rige esa transformación? Desde una
óptica sartreana hay que plantearse que no bastará que haya necesidades comunes sino que será
necesario que surja un reconocimiento de ello que conduzca a poner las necesidades en común. Es decir
que se constituyan en objetivo común. Este poner en común las necesidades rompe con la fuerza del
factor externo como causa de unión, ya hay algo entre esos sujetos que los lleva hacia la tendencia a la
unidad. Para contestar a la razón de esa unión Sartre enuncia la noción de TENSIÓN. Dirá que en el
pasaje de la serie al grupo se instala una tensión que acompañará al mismo en todo su proceso. Esta
tensión se dará entre un interés en común y una amenaza común que saca a los sujetos de la serialidad.
Ese interés en común será la lucha contra la ESCASEZ.
Sartre considera que la naturaleza no es dialéctica. El hombre al estar en relación con la naturaleza
esta sometido a condiciones de escasez. Las condiciones de escasez impondrán rivalidades por la
apropiación de los bienes escasos. Surgirán de manera necesaria e inevitable grupos en los que los 59
individuos se aglutinen para vencer a los rivales y satisfacer sus necesidades frente a la escasez. El
peligro común son entonces los grupos antagónicos. Completa así Sartre el otro polo de su dialéctica. La
lucha contra la escasez como interés común y la amenaza de grupos rivales serán la causa de que el
individuo pase del yo al NOSOTROS (dicho en lenguaje de Buber del yo-ello, al yo-tú).
El otro en condiciones de lucha contra la escasez pasa a ser significativo. Es una relación necesaria
más allá de la simpatía o de la antipatía circunstancial que caracterizan los encuentros casuales o las
series. Esto va a producir al menos dos importantes cambios:
A) Descubrir al otro como necesario va a conducir al un ajuste en la comunicación; produce
mutua interpenetración, o con un poco de humor podríamos decir, requiere apertura y
penetración, para poder cumplir con la función anticipatoria. Poder ponerse en el lugar del
otro, para saber que espera ese otro de cada uno. Estar dispuestos a dejarse penetrar por
la realidad de ese otro.
B) Este proceso de reconocimiento recíproco requiere que el grupo se trabaje como grupo.
Esto sería una idea principalísima en el pensamiento sartreano: el grupo como el sujeto VA
SIENDO, en estado de eterno inacabamiento, a través de la vivencia los sujetos se van
comprometiendo en un hacer común, en una praxis.
Este hacerse del grupo se da cuando cada integrante pasa a ser "agente totalizador”, cuando cada uno
de ellos internaliza dentro de si a los otros. Aquello que no era una totalidad va a totalizarse a partir de
cada uno. Es decir, de las relaciones fragmentadas se sale y va adquiriendo su forma el grupo en una
síntesis interna que cada integrante hace de las relaciones con los otros. Por ello cada uno es síntesis
policéntrica de múltiples relaciones.
Estos fenómenos van a marcar un primer momento que denomina FUSIÓN. El grupo en estado de
fusión suele presentar una apariencia de homogeneidad. Esta fusión se da bajo amenaza. Eso es lo que la
explica. Esto se da así porque todo grupo se organiza y desarrolla bajo el constante riesgo de la vuelta a
la serialidad. Queda por explicar porque se agrupan los hombres si la naturaleza humana tiende
espontáneamente a la dispersión y al aislamiento. Sartre va a encontrar la razón en la necesidad de
luchar contra la escasez, inherente a la naturaleza.
Esta situación de encuentro va a ser una situación novedosa para esos hombres. Por lo tanto, va a
generar asombro e incertidumbre, con estas vivencias vendrá la necesidad de preservar esos lazos vividos
como frágiles. Es por eso que el grupo se homogeneiza: para darse fuerza y evitar la vuelta a la
serialidad ante la posibilidad del disenso, evitando así, quedar a merced de la otra amenaza externa: los
grupos rivales.
El grupo en fusión es "todo pertenencia", es una usina de colaboración y asistencia mutua. Va a
enfrentar esta tendencia a la dispersión a través de formular un juramento de fraternidad, con lo que va
a ingresar en un nuevo estadio de su dialéctica.
Este JURAMENTO los vuelve a todos hermanos, son todos hijos del grupo y de la causa que lleva. Y
dialécticamente el grupo es hijo de ese juramento. Ese es el acto creador del grupo. Con la hermandad
se juran pertenencia, fidelidad y lealtad. El objetivo es preservar la fusión inicial. Pero esta es un estado
ficcional, ilusorio. La igualdad, la fusión y la homogeneidad es un vivencia insostenible en el tiempo
porque es inevitable la aparición de diferencias entre personas. Sartre considera que el grupo busca
garantizar ese estado mediante un ejercicio sistemático del terror con lo que va a entrar en otro estadio
de su desarrollo.
Mediante el uso del TERROR los integrantes del grupo se propondrán preservar la unidad. La vivencia
es de peligro o amenaza cualquier diferencia. Se perseguirá por medio de este ejercicio a todo aquel que
por su acción, por sus ideas, busque o muestre diferenciación, o sea vivenciado como sin participar de la
acción común. Este funcionamiento juramentado va a darle al proceso grupal dos aspectos. Al primero de
ellos Sartre lo define como vital,en tanto permite consolidar, aun desde lo
Ilusorio, al grupo. Es un momento instituyente, creador. En tanto su segundo aspecto es definido por
el autor como fósil, porque impone un límite al propio desarrollo y al de los integrantes. Incrementa las
tendencias a la dispersión, en tanto no permite al
miembro mostrar su propia individualidad, su posibilidad de aporte singular es negada. Por eso en
función del Proyecto este momento necesita ser negado y superado dialécticamente. Especialmente si
pensamos que para este pensador todo grupo necesita el máximo en desarrollo del potencial en tanto se
desarrolla para luchar contra grupos adversarios. Por eso el grupo necesita organizarse.

La ORGANIZACIÓN va a apuntar directamente a que el grupo consiga de cada miembro lo que cada uno
tiene para dar. Es un momento logístico. La actividad va a estar dirigida a lograr un adecuado
reconocimiento del campo, de los recursos existentes, de la estructura, la actividad organizadora
conduce a reconocer y a valorar el carácter heterogéneo de los componentes y las diferencias que esta 60
heterogeneidad contiene mantenía encerrada la modalidad de interacción. El vivenciar estas diferencias
como elementos útiles a la estructura permitirá generar tareas y distribuirlas de acuerdo a las
capacidades, sensibilidades de cada uno. Pero hay algo particularmente importante: posibilita la
emergencia de líderes, que van a ser en este período el elemento nucleador del conjunto.
A medida que va desenvolviéndose la etapa organizativa, en la tensión con la serialidad, el grupo
encuentra una nueva encrucijada; o triunfa la grupalidad y el proyecto, deviniendo el grupo en
institución o se impone la tendencia a la serialidad, en cuyo caso hay una burocratización y finalización
de toda dialéctica.
Si ante este conflicto predomina el polo del proyecto se transforma en un grupo institución. Es la fase
de la INSTITUCIONALIZACIÓN. El propio curso de los acontecimientos se lo exige, ante la vastedad y
extensión de tareas y demandas se vuelve imposible para cada uno de sus miembros el contacto directo
con cada uno de los demás. Ya no puede operar la "sintesis policéntrica" como antes. La interacción
interpersonal ya no funciona como fuente de autoregulación de las relaciones, la conciencia de totalidad
es difusa, por eso mismo se vuelve imperiosa la necesidad de centralizar las relaciones a través de
centros de dirección con líderes formales y relaciones establecidas por medio de estatutos. Se
establecen líneas de orden y mando. Una nueva tensión con la serialidad se sobrepone en este nuevo
estadio: ésta casi predominantemente estará dada por el poder creciente de los líderes y el riesgo de
una actitud delegativa y pasiva de los miembros que asisten impotentes a esa situación. Sí de acuerdo a
la situación, finalmente se instala ese panorama, estamos ante la burocratización del grupo.
Este proceso de BUROCRATIZACIÓN constituye, ni más ni menos que la muerte del grupo como tal.
Existe formalmente, pero no tiene la vida emocional de aquello que llamamos grupo. Es el triunfo de la
tendencia a la dispersión. En esta situación el compromiso y el hacerse cargo de la propia necesidad y de
la del otro. La propia necesidad queda alienada del proyecto común. La relación con los objetivos pasa a
ser formal, En el lenguaje de otros existencialistas como Martín Buber podríamos decir que no hay
relación Yo-tú, sino Yo-Ello. Esto muestra que se preservan las normas de funcionamiento de acuerdo a
los estatutos, aunque no sean útiles a nadie; es decir que dos rasgos esenciales a las nociones de
proyecto y de grupo, están ausentes:
• La capacidad de actualización.
• El carácter significativo del otro.
De esta forma simple, no consciente y dramática el grupo vuelve, al final de su trayecto, de darse así
las cosas, al estado de serie.
BION Y LA NOCIÓN DE SUPUESTOS BÁSICOS
Ana María Fernández
Cierta especificidad grupal (La noción de supuestos básicos)

Bion realizó una primera experiencia con grupos como psiquiatra


militar inglés durante la Segunda Guerra Mundial. Estaba encargado de un
hospital de unos 400 hombres donde se volvía imposible realizar abordajes
psicoterapéuticos individuales y en el que reinaba la indisciplina y la
anarquía. Se le ocurrió ver en ello una situación psicoanalítica en la que el
“paciente” era una comunidad, considerar la actitud de los soldados como
una resistencia colectiva, adoptar la actitud de no intervención del analista
ante esta realidad y limitarse exclusivamente a las relaciones verbales. Su
objetivo fue obligar a esta colectividad a tomar conciencia de sus
dificultades, a constituir un grupo propiamente dicho y volverse capaz de
organizarse a sí misma. Promulga un reglamento: los hombres se reunirán
en grupos que tienen por objeto una actividad diferente; cada grupo es libre,
en todo momento, de abandonar su actividad y volver al cuartel a condición
de comunicarlo al vigilante jefe; la situación del conjunto se examinará
todos los días a mediodía. Tras un período de vacilaciones, debido a los
hábitos reinantes y a la duda sobre la buena fe del médico, los ensayos se 27
multiplicaron hasta el punto en que un grupo logra especializarse en la
organización del diagrama de las actividades que desarrollaban todos los días. Bion, al principio, denunciaba con
sus propios actos la ineficacia que los soldados acusaban al Ejército; se negaba a intervenir en los problemas
suscitados por los robos y abandono de obligaciones devolviendo esta situación colectiva á la colectividad. Se
inició así la formación en sucesivas etapas, de un “espíritu de cuerpo”: protestas colectivas contra los
irresponsables, búsqueda de actividades que elevaron el sentimiento de dignidad personal y rápida salida de los
recuperados. A su vez, comenzó a observarse que este espíritu se imponía a los recién llegados y actuaba su
evolución personal de manera significativa.
Después de la guerra, Bion se ocupó de la readaptación de los veteranos y antiguos prisioneros de guerra
ala vida civil, con un método de psicoterapia de grupo que se planteaba como objetivo “tratar de comprender las
tensiones que se manifiestan en el curso de las sesiones, entre sus integrantes”.
Estas primeras experiencias fueron organizando las producciones teóricas de Bion sobre lo grupal. Muy
sintéticamente, enunció que el comportamiento de un grupo se efectúa a dos niveles, el de la tarea común y el de
las emociones comunes; el primer nivel es racional y consciente: todo grupo tiene una tarea, que él mismo se da,
el éxito de la misma depende del análisis correcto de la realidad exterior, de la distribución y ordenada
coordinación de los roles en el interior del grupo, de la regulación de las acciones por medio de la búsqueda de las
causas de éxitos y fracasos y de la articulación relativamente homogénea de medios y objetivos.
Sin embargo, observaba que cuando se agrupa gente que individualmente puede comportarse de manera
razonable frente a un problema, basta con agruparlos para que se vuelvan difícilmente capaces de una conducta
racional colectiva; frente a esto Bion pensó en la predominancia de los procesos psíquicos “primarios”; llega de
esta manera a la conclusión de que la cooperación consciente entre los miembros del grupo, necesaria para el
éxito de sus actividades, requiere de una circulación emocional y fantasmática inconsciente entre ellos; la
importancia atribuida a la misma le permitió afirmar que incluso la cooperación puede ser paralizada o estimulada
por ella.
Destacó que los individuos reunidos en un grupo se combinan en forma instantánea e involuntaria para
actuar según unos estados afectivos que denominó “supuestos básicos”; estos estados afectivos son para Bion
arcaicos, pregenitales, y se los reencuentra en estado puro en la psicosis. Describió tres supuestos básicos a los
quemo el grupo sin reconocerlos se somete alternativamente; expresan algo así como fantasías grupales, del tipo
omnipotente y mágico acerca del modo de obtener sus fines, satisfacer sus deseos; caracterizados por lo irracional
de su contenido, tienen una fuerza y “realidad” que se manifiesta en la conducta del grupo; son inconscientes y
muchas veces opuestos a las opiniones conscientes y racionales de los miembros que componen el grupo. Todos
ellos son producciones grupales que tienden a evitar las frustraciones inherentes al aprendizaje por experiencia, en
tanto esto implica esfuerzo, dolor y contacto con la realidad. Los denominó supuesto básico de dependencia,
supuesto básico de ataque y fuga y supuesto básico de apareamiento.
La narrativa de un grupo bajo el supuesto básico de dependencia sustenta el argumento por el cual el
grupo está reunido para que alguien, de quien éste depende en forma absoluta, provea la satisfacción de todas sus
necesidades y deseos; implica la creencia colectiva de que ese alguien tendrá por función proveer seguridad al
grupo; es la creencia de una deidad protectora cuya bondad, potencia y sabiduría no se cuestionan.
El supuesto básico de ataque y fuga consiste en la convicción grupal de que existe un enemigo y que
es necesario atacarlo o huir de él, en tanto la única actividad defensiva frente a este objeto es su destrucción
(ataque) o evitación (huida).
Por último, cuando opera el supuesto básico de apareamiento, sus integrantes producen una creencia
colectiva e inconsciente por la cual un hecho futuro o un ser no nacido resolverá sus problemas; constituyen una
esperanza de tipo mesiánico; lo importante en este estado emocional es la idea de futuro más que la resolución en
el presente.
Para algunos autores estos aportes de Bion han resultado de gran utilidad para “ordenar” las muchas
veces oscuras situaciones emocionales de los grupos, ya que al delimitar tres grandes configuraciones
emocionales específicas, el coordinador dispone de un nuevo instrumento para la comprensión de los fenómenos
de los que participa. Se ha considerado a los supuestos básicos como reacciones grupales defensivas a las
ansiedades psicóticas, reactivadas por el dilema del individuo dentro del grupo y la regresión que este dilema le
impone. 28
Los supuestos básicos refieren a un nivel emocional primitivo que coexiste según Bion con otro nivel de
funcionamiento que es del grupo de trabajo; con este término alude a otro tipo de mentalidad y cultura grupal que
la que rige en los grupos de supuesto básico, ya que en los grupos de trabajo las actividades se realizan racional y
eficientemente; sus líderes son aquellos integrantes que pueden ofrecer al grupo las propuestas más aptas para el
desarrollo de sus tareas. Grupo de supuesto básico y grupo de trabajo coexisten, determinando un conflicto
recurrente en el grupo.
En síntesis, la actividad de un grupo de trabajo se ve frecuentemente interferida por la aparición de
factores emocionales; esta aparición puede ser en forma de dependencia, de agresión y huida, o por la formación
de un apareamiento mesiánico. Asimismo el supuesto básico predominante orienta las opiniones del grupo en un
momento dado (mentalidad grupal) y da cuenta de la cultura del grupo en esa situación; así por ejemplo la cultura
del grupo de dependencia, basada en el supuesto básico del mismo nombre, se organiza buscando un líder que
cumpla la función de proveer las necesidades del grupo.
A principio de 1948 el comité profesional de la Tavistok Clinic le solicitó que tomara a su cargo grupos
terapéuticos empleando su propia técnica; es muy sugerente la forma en que el propio Bion relata esta propuesta:

En realidad no tenía elementos para saber lo que el Comité entendía con esto [se refiere a su
propia técnica], pero era evidente que para ellos yo había trabajado anteriormente con grupos terapéuticos.
En verdad, sólo había experimentado tratando de persuadir a grupos de pacientes que la tarea del grupo
fuera el estudio de sus tensiones; y supuse que el Comité deseaba que hiciera esto de nuevo. Era
desconcertante que el Comité pareciera creer que los pacientes pudiesen ser curados en tales grupos. Ello
me hizo pensar desde un principio que su idea acerca de lo que había sucedido en aquellos grupos en los
que yo era uno de los integrantes, era muy diferente de la mía. De hecho, la única cura de que podía hablar
con certeza estaba en relación con un síntoma propio, comparativamente sin importancia: la creencia de que
los grupos debían tomar mis esfuerzos con simpatía. Sin embargo, consentí y, en consecuencia, después de
las formalidades debidas me encontré sentado en una sala con ocho o nueve personas -a veces más, otras
menos- algunas veces pacientes, otras no. Con frecuencia, cuando los miembros del grupo no eran pacientes
me encontré perplejo.
Bion sostenía que cuando un individuo en grupo tiene la creencia de que el grupo existe como algo
diferente a la suma de los individuos, esto es producto de un estado regresivo de tal integrante; alimenta tales
fantasías porque su regresión implica una amenaza de pérdida de su particularidad individual, esto le dificulta ver
al grupo como un agregado de individuos. Un agregado de individuos, esto es el grupo para Bion.
Esta aseveración parecería ser contradictoria con sus nociones, de mentalidad grupal y cultura grupal.
Tal enunciación no se le escapará a Pontalis, quien apoyándose en el planteo bioniano sostendrá que el grupo es
una ficción, una fantasía. Es realmente interesante esta aparente contradicción bioniana porque como dirá el autor
citado, “nadie, psicosociólogo o no, puede considerar ‘científica’ la definición de un grupo como el de un
agregado de individuos. Es muy cierto que un grupo puede ser objeto de observación o de análisis”. La
originalidad de Bion para este autor sería entonces la de aferrarse a los dos extremos de la cadena, ya que si en el
campo sociológico el grupo es una realidad específica, cuando funciona como tal en el campo de la psiquis
individual -modalidad y creencia que toda la psicosociología tiende a fortificar- opera efectivamente como
fantasía. Subraya este autor que desde Bion pueden distinguirse grupos reales y grupos como fantasía;
Recapitulando, Bion “descubre” que la cooperación consciente entre los miembros del grupo, necesaria
para el éxito en sus tareas, requiere de la circulación fantasmática inconsciente entre ellos, hasta tal punto que la
cooperación puede ser regulada o paralizada por dicha circulación fantasmática inconsciente. Los individuos
reunidos en grupo se combinan en forma instantánea e involuntaria para actuar de acuerdo a los supuestos
básicos.
Produce aquí un planteo original: los supuestos básicos, verdaderos organizadores grupales, es decir,
reguladores implícitos de los comportamientos grupales que permiten pensar en la existencia de un sistema de
legalidades implícito en el desorden de los hechos empíricos grupales; estos organizadores fantasmáticos regulan
el accionar de los individuos en el grupo; de todos modos para Bion los tres supuestos básicos emergen como
formaciones secundarias, de una escena primitiva más antigua. Los supuestos básicos serán nudos fantasmáticos
colectivos en el grupo en un momento dado, así se referirá Didier Anzieu a ellos. 29
La teoría de los supuestos básicos puntualizó, por primera vez dentro del campo psicoanalítico
operadores organizacionales no individuales; aquí tal vez radique su mayor importancia, en tanto, como señala
Bauleo, “consiguió producir un instrumento para entender lo que sucede al grupo como grupo”. En este sentido,
pueden considerarse los supuestos básicos como esquemas subyacentes que organizan -en el sentido que se habla
de organizadores en embriología- el comportamiento de un grupo orientando por ejemplo la elección sobre tal tipo
de líder.

Ana María Fernández: “El Campo Grupal: notas para una genealogía”. Ed. Nueva Visión, 1989.
Págs. 101-106
DINÁMICA DE GRUPO
wilfred r. bion
Utilizando su experiencia psicoanalítica, Freud17 intentó iluminar
algunos de los puntos oscuros que Le Bon, Mc Dougall y otros
investigadores pusieron de manifiesto en sus estudios del grupo humano.
Yo me propongo discutir los aportes que el psicoanálisis, en su
evolución posterior, ofrece acerca de los mismos problemas,
particularmente en aquellos aspectos vinculados con la obra de Melanie
Klein. El trabajo de esta autora muestra que al comienzo mismo de la
vida el individuo establece contacto con el pecho materno, y a través de
una rápida extensión del primitivo grado de conciencia, con el grupo
familiar; Melanie Klein enseña además que la naturaleza de este
contacto pone de manifiesto cualidades peculiares, que tienen profunda
significación tanto para el desarrollo del individuo como para
comprender mejor los mecanismos ya demostrados por el genio intuitivo
de Freud.
Espero mostrar que el adulto, en su contacto con las
complejidades de la vida de grupo, recurre, en forma que podría ser una
regresión masiva, a mecanismos que M. Klein describió como típicos de 30
las fases más tempranas de la vida mental. El adulto debe establecer
contacto con la vida emocional del grupo en que vive; esta tarea puede parecerle tan formidable como le parece al
niño la relación con el pecho, y su regresión revela el fracaso en satisfacer las exigencias de esta tarea. Una parte
esencial de su regresión consiste en la creencia de que un grupo existe como algo distinto de un agregado de
individuos y también son partes de su regresión las características que el individuo atribuye al supuesto grupo.
Alimenta la fantasía de que el grupo existe por el hecho de que la regresión implica para el individuo una pérdida
de su “particularidad individual”, que no se diferencia de una despersonalización, y, por tanto, le impide observar
que el grupo es un agregado de individuos. De esto se deduce que si el observador estima que hay un grupo, los
individuos que lo componen deben haber experimentado esta regresión. Recíprocamente, cuando los individuos
que componen un “grupo” (usando esta palabra para designar un agregado de individuos en el mismo estado de
regresión) por una razón u otra se sienten amenazados por la toma de conciencia de su particularidad como
individuos, el grupo cae en el estado emocional conocido como pánico. Esto no quiere decir que el grupo se
desintegre, y más adelante podrá comprobarse que no estoy de acuerdo con la idea de que el grupo pierda su
cohesión a causa del pánico.
En esta sección resumiré ciertas teorías a las que he llegado aplicando en los grupos las intuiciones logradas
en la práctica del psicoanálisis actual. Estas teorías difieren de muchas otras, tanto por sus méritos como por sus
defectos, y por haber visto la luz en las situaciones de tensión emocional que intentan describir. Introduzco
algunos conceptos nuevos para el psicoanálisis, en parte porque me ocupo de un asunto diferente, en parte porque
deseo comprobar si el hecho de comenzar libre del compromiso que representan las teorías previas, nos puede
conducir a que mi punto de vista sobre grupos y el punto de vista del psicoanálisis sobre el individuo sean
comparables. Juzgaremos de este modo si ambos son complementarios o divergentes.
Hay momentos en que pienso que el grupo tiene una actitud hacia mí, y que puedo verbalizar en qué
consiste dicha actitud; hay momentos en que otro de los miembros actúa como si también pensara que el grupo
tuviera una actitud hacia él, y creo que puedo deducir cuál es su creencia; en otros momentos pienso que el grupo
tiene una actitud con respecto a un individuo y que yo puedo decir en qué consiste. Estas ocasiones ofrecen la

17
Especialmente en Tótem y Tabú (1913) y Psicología de las Masas y Análisis del Yo (1921)
materia prima de las interpretaciones, pero la interpretación en sí misma es un intento de traducir en un lenguaje
preciso lo que supongo que es la actitud del grupo hacia mí o hacia algún otro miembro, y la actitud del individuo
hacia el grupo. Solamente aprovecho algunas de esas ocasiones; juzgo que el momento está maduro para una
interpretación cuando ésta parece ser evidente y sin embargo pasa inadvertida.
Los grupos en que intenté desempeñar este rol atraviesan una serie de complejos episodios emocionales que
permiten deducir, en relación con la dinámica grupal, teorías que me resultan útiles tanto para aclarar lo que
sucede como para descubrir los núcleos de futuras evoluciones. Lo que sigue es un resumen de esta teoría.

EL GRUPO DE TRABAJO

En cualquier grupo pueden encontrarse rasgos que revelan una actividad mental. Aunque sea en forma casual,
todo grupo se reúne para “hacer” algo: cada miembro coopera en dicha actividad de acuerdo con sus capacidades
individuales. Esta cooperación es voluntaria y depende del grado de habilidad sofisticada que el individuo posea.
Sólo pueden participar en tal actividad los individuos que tienen años de entrenamiento y una capacidad para la
experiencia que les ha permitido evolucionar mentalmente. Dado que esta actividad va aparejada a una tarea, se
halla ligada a la realidad, sus métodos son racionales y, en consecuencia, aunque sea en forma embrionaria,
científicos. Sus características son similares a las que Freud atribuyó al yo. A este aspecto de la actividad mental
en un grupo lo llamo Grupo de Trabajo. Este término comprende sólo una actividad mental de una naturaleza
particular y no a la gente que se entrega a ella.
Puede comprobarse que cuando los pacientes se reúnen en una sesión de terapia de grupo, siempre se
dedica parte de la actividad mental a plantear problemas para cuya solución los individuos buscan ayuda. He aquí
un ejemplo de un episodio acaecido en un grupo:
Seis pacientes y yo estamos sentados en rueda en una pequeña habitación. La señorita A sugiere que sería
una buena idea que los miembros del grupo se pusieran de acuerdo para llamarse por sus nombres de pila. Se 31
advierte una sensación de alivio porque ha surgido un tema de conversación; se intercambian miradas, y una breve
llamarada de animación se hace momentáneamente visible. El señor B admite que se trata de una buena idea; el
señor C dice que ello “haría las cosas más amigables”. La señorita A es alentada a divulgar su nombre, pero se lo
impide la señorita D que dice que no le gusta su nombre de pila, preferiría que no fuese conocido. El señor E
propone el uso de seudónimo; la señorita F se observa las uñas. Pocos minutos después de la propuesta de la
señorita A, la discusión ha languidecido, y en su lugar aparecen miradas furtivas, que en su mayoría se dirigen a
mí. El señor B se levanta para decir que de alguna manera debemos llamarnos. El humor del grupo es ahora un
compuesto de creciente ansiedad y frustración. Mucho antes de que me mencionen, se ve que mi nombre se ha
transformado en un motivo de preocupación. Abandonado a sus propios recursos, el grupo amenaza hundirse en la
apatía y el silencio.
A fin de lograr mis propósitos presentes pondré en evidencia aquellos aspectos del episodio que me sirven
para ilustrar el uso que hago del término grupo de trabajo. Podría hacer lo mismo dentro del grupo, pero ello
dependerá de mi apreciación del significado que el episodio tiene dentro del contexto de su vida mental, hasta
donde se ha manifestado en ese momento.
Primero, es evidente que si siete personas han de mantener una conversación, la discusión se vería facilitada
si los miembros se llamaran por sus nombres. En la medida en que la discusión ha surgido de la comprensión de
este hecho, es un producto de la actividad del grupo de trabajo. Pero el grupo ha ido más allá de la mera propuesta
de dar un paso que resultaría útil en cualquier grupo, con prescindencia de su objeto. Al proponerse el uso de los
nombres de pila se hizo referencia a que esto facilitaría la amistad. Creo adecuado decir que dentro del grupo del
que me ocupo, la amistad se considera de importancia fundamental para las necesidades terapéuticas. En el
momento en que el ejemplo fue tomado resultaría también exacto decir que tanto la objeción de la señorita D
como la solución propuesta por el señor E, pueden ser consideradas como dictadas por necesidades terapéuticas; y
de hecho señalo que las sugestiones se ajustaban a la teoría aún no formulada explícitamente, de que nuestras
enfermedades se curarían si el grupo pudiera ser conducido de manera que sólo experimentara emociones
agradables. Se verá que la demostración de la función del trabajo de grupo debe incluir: el proceso de desarrollo
del pensamiento que se intenta traducir en acción; la teoría, en este caso la necesidad de amistad, en la cual se
basa; la creencia en que el cambio de medio es en sí suficiente para curarse sin que se produzca un cambio
correspondiente en el individuo; y, por último, una demostración de la clase de hechos que se consideran como
“reales”. En el ejemplo que acabo de dar sucedió que luego pude demostrar que la función del grupo de trabajo,
aunque no la llamé así, basada en la idea de que la curación podía lograrse en un grupo que sólo experimentara
sentimientos agradables, no parecía haber producido la anhelada cura; y de hecho se veía obstruida por la
dificultad de traducirla a la acción, aparentemente simple, de asignar nombres.
Antes de pasar a la discusión de la naturaleza de las obstrucciones que sufre la actividad del grupo de
trabajo, quisiera mencionar una dificultad en la exposición de mis teorías, que creo ya se habrá puesto de
manifiesto. Describir un episodio del grupo, tal como el que he señalado, e intentar luego deducir de él algunas
teorías, sólo representa para mí el decir que tengo la teoría de que sucedió tal y tal cosa y que puedo decirlo de
nuevo, sólo que en diferente lenguaje. El único modo de que el lector pueda librarse del dilema, sería recordar el
caso de algún comité u otro tipo de reunión en el que haya participado, y considerar hasta qué punto encuentra allí
elementos que puedan apuntalar la existencia de lo que he llamado función del grupo de trabajo, sin olvidar la
estructura administrativa real, director y demás componentes, como material que debe ser incluido en tal revisión.

LOS SUPUESTOS BÁSICOS

Las interpretaciones hechas en términos de la actividad del grupo de trabajo dejan mucho sin expresar. La
sugestión sobre el uso de seudónimos ¿ha sido motivada sólo con el propósito de encarar las demandas de la
realidad? Las miradas furtivas, la preocupación por la forma correcta de dirigirse al analista, que se hizo
manifiesta en seguida, no pueden ser interpretadas provechosamente como relacionadas con la función del grupo
de trabajo.
La actividad del grupo se ve obstruida, diversificada, y en ocasiones asistida por algunas otras actividades
mentales que tienen en común el atributo de poderosas tendencias emocionales. Estas actividades, que a primera
vista parecen caóticas, adquieren cierto grado de cohesión si admitimos que surgen de supuestos básicos comunes 32
a la totalidad del grupo. En el ejemplo que he dado, era fácil reconocer que un supuesto común a todo el grupo
consistía en que sus miembros estaban reunidos para recibir de mí cierta clase de tratamiento. Pero la
investigación de esta idea como parte de la función del grupo de trabajo, mostró que existían ideas investidas de
realidad por la fuerza de la emoción ligada a ellas que no conformaban siquiera las esperanzas algo ingenuas que
alimentaban conscientemente los miembros menos sofisticados. Por otra parte, aun los individuos sofisticados
(uno de los miembros, por ejemplo, era un diplomado en ciencias) mostraron con su comportamiento que
compartían estas ideas.
El primer supuesto consiste en que el grupo se reúne a fin de lograr el sostén de un líder de quien depende
para nutrirse material y espiritualmente y para obtener protección. Así establecido, mi primer supuesto básico
podría ser considerado como una repetición de lo que he señalado anteriormente: que el grupo supone “que sus
miembros se han reunido para recibir de mí alguna forma de tratamiento”, con la sola diferencia de estar
expresado en términos metafóricos. Pero lo esencial es que el supuesto básico sólo puede entenderse si las
palabras que he usado se toman en un sentido literal y no metafórico.
He aquí una descripción de un grupo terapéutico en que actúa el supuesto básico de dependencia, como lo
he llamado.
Estaban presentes tres mujeres y dos hombres. En una ocasión anterior el grupo había mostrado señales de
orientar la función del grupo de trabajo hacia la cura de las deficiencias de sus miembros; se podía suponer que
esta vez los miembros habían reaccionado con desesperación, colocando toda su confianza en mí para sortear sus
dificultades, mientras se conformaban con plantear problemas individuales, a los que yo debía darles solución.
Una mujer había traído chocolate, y tímidamente invitó a otra mujer, su vecina de la derecha, para que lo
compartiera. Un hombre estaba comiendo un sandwich. Un graduado en filosofía, que en sesiones anteriores
había expresado ante el grupo su falta de fe en Dios, y en toda religión, estaba sentado en silencio, como lo hacía
frecuentemente, hasta que una de las mujeres, con un dejo de aspereza en la voz, señaló que él no había hecho
preguntas. El aludido contestó: “Yo no necesito hablar porque sé que lo único que debo hacer es asistir a las
sesiones durante un tiempo bastante largo y todas mis interrogaciones serán respondidas sin que deba hacer nada”.
Dije entonces que me había transformado en una especie de deidad del grupo; que las preguntas se me
dirigían como si fuera alguien que podía saber las. respuestas sin necesidad de apelar al trabajo, que el comer era
parte de una maniobra del grupo para alimentar una creencia que sus miembros deseaban conservar acerca de mí,
y que la respuesta del filósofo indicaba una negación de la eficacia de la oración, pero por otra parte parecía
desmentir sus afirmaciones anteriores donde había expuesto su descreimiento. Cuando comencé mi interpretación
no sólo estaba convencido de la verdad que ella encerraba, sino que estaba seguro de que podría convencer a los
otros al enfrentarlos con el conjunto del material, que puedo exponer sólo en parte dentro de este relato escrito.
Cuando hube terminado de hablar sentí que había cometido algún error; me rodeaban miradas desconcertadas. La
evidencia había desaparecido. Después de un tiempo, el hombre que había terminado su sandwich y guardado en
el bolsillo el papel cuidadosamente doblado, miró en derredor con las cejas levemente levantadas, interrogante.
Una mujer me miró con expresión tensa; otra, con las manos recogidas observaba el piso en forma meditativa.
Comenzó a robustecerse en mí la convicción de que había sido culpable de blasfemia dentro de un grupo de
verdaderos creyentes. El segundo de los hombres, con los codos sobre el respaldo de la silla, jugaba con los
dedos. La mujer que estaba comiendo tragó con rapidez el resto de su chocolate. Interpreté ahora que me había
transformado en una persona muy mala al arrojar dudas sobre la deidad del grupo, pero que esto había traído
como consecuencia un aumento de la ansiedad y la culpa en la medida en que el grupo había fracasado en
desligarse del acto impío.
En este relato he hecho hincapié en mis propias reacciones por una razón que más adelante espero se haga
patente. Puede afirmarse con justicia que las interpretaciones cuyas mayores evidencias se apoyan no en los
hechos observados en el grupo, sino en las reacciones subjetivas del analista, tienen mayor posibilidad de
encontrar su explicación en la psicopatología del analista que en la dinámica del grupo. Se trata de una crítica
justa, una crítica que tendrá que ser confrontada a través de muchos años de trabajo cuidadoso realizado por más
de un analista, pero por esta misma razón la dejaré a un lado y pasaré a plantear un argumento que sostendré a
través de este capítulo.
En el tratamiento de grupo muchas interpretaciones, y entre ellas las más importantes, se basan en la fuerza
de las propias reacciones emocionales del analista. Creo que estas reacciones dependen de que el analista es 33
dentro del grupo el recipiente de lo que Melanie Klein llamó identificación proyectiva, siendo este mecanismo
muy importante en los grupos. Ahora bien, la experiencia de la contratransferencia, de acuerdo con mi criterio,
tiene una cualidad muy distinta que capacitaría al analista para distinguir cuándo es objeto de una identificación
proyectiva y cuándo no lo es. El analista siente que lo están manejando para que desempeñe un papel, aunque sea
difícil de reconocer, en la fantasía de alguien, o lo sentiría si no fuese por algo que sólo puedo llamar una pérdida
temporaria de “insight”, una sensación de experimentar poderosos sentimientos, y al mismo tiempo una creencia
de que su existencia está adecuadamente justificada por la situación objetiva, sin recurrir a la explicación
recóndita de su génesis.
Desde el punto de vista del analista, la experiencia está constituida por dos fases estrechamente
relacionadas: en la primera existe un sentimiento de que, sea lo que fuere lo que uno ha hecho, por cierto no ha
ofrecido una interpretación correcta; en la segunda surge el sentimiento de ser una clase especial de persona
dentro de una singular situación emocional. Creo que la primera condición del analista en el grupo consiste en la
habilidad para sacudirse ese entorpecedor sentimiento de realidad que es concomitante a este estado. Si puede
lograrlo, estará en posición adecuada para dar lo que creo que es la interpretación correcta y, en consecuencia,
para ver sus conexiones con la interpretación previa, de cuya validez lo hicieron dudar.
Debo volver a considerar el segundo supuesto básico. Igual que el primero, éste también se relaciona con el
propósito del grupo. Mi atención fue reclamada en un principio por una sesión durante la cual la conversación fue
monopolizada por un hombre y una mujer, que aparentemente ignoraban al resto del grupo. Las miradas que
ocasionalmente se intercambiaban los otros miembros parecían sugerir la opinión, no tomada muy seriamente en
consideración, de que la relación era amorosa, aunque apenas podría decirse que el contenido manifiesto de dicha
conversación fuera muy distinto de los otros intercambios dentro del grupo. Sin embargo, quedé impresionado por
el hecho de que ciertos individuos, que generalmente eran sensibles a cualquier manifestación que los excluyera
de la actividad supuestamente terapéutica, que en este momento consistía en hablar y obtener una “interpretación'
mía o de algún otro miembro del grupo, no parecieron dar importancia al hecho de dejar la escena enteramente a
disposición de dicha pareja. Más adelante se hizo evidente que el sexo de la pareja no tenía influencia en la
suposición de que se estaba produciendo un proceso de emparejamiento. Estas sesiones se dieron en una
atmósfera de esperanza y expectación peculiares que las diferenciaba mucho de aquellas reuniones ordinarias
donde el tiempo transcurría entre el aburrimiento y la frustración. No debe suponerse que los elementos sobre los
que haga recaer la atención, bajo el título de grupo de emparejamiento, se manifiestan en forma exclusiva o aun
predominante. En verdad existen pruebas numerosas de estados mentales del tipo que nos es familiar en
psicoanálisis; resultaría realmente extraordinario si, para tomar un ejemplo, uno no viera en los individuos
evidencia de reacción ante una situación de grupo que pudiera aproximarse a una representación de la escena
original. Pero, en mi opinión, si permitimos que nuestra atención se vea absorbida por tales reacciones, cualquier
observación de lo que es específico del grupo se vería obstaculizada; pienso, además, que una concentración de tal
naturaleza puede conducir, en el peor de los casos, a una falsificación del psicoanálisis antes que a una
exploración de las posibilidades terapéuticas de un grupo. Por lo tanto, el lector debe suponer que en esta
situación, como en otras, habrá siempre una gran cantidad de material familiar al psicoanálisis, pero que todavía
espera su evaluación en la situación de grupo. Propongo que por el momento se ignore este material, y me
dedicaré ahora a una consideración de la atmósfera de expectación llena de promesas que he mencionado como
una característica del grupo de emparejamiento. Con frecuencia esto encuentra expresión verbal en ideas que
apoyan la opinión de que el matrimonio pondrá fin a las incapacidades del neurótico; que cuando la terapia de
grupo se haya extendido suficientemente, revolucionará la sociedad; que la próxima estación: primavera, verano,
otoño o invierno, cualquiera sea el caso, será más agradable; que se debería desarrollar una nueva clase de
comunidad -un grupo mejorado-, y otras ideas por el estilo. Esas expresiones tienden a dirigir la atención a un
acontecimiento supuestamente futuro, pero para el analista el problema a resolver no reside en un acontecimiento
futuro, sino en el presente inmediato- el sentimiento de esperanza en sí mismo. Este sentimiento es característico
del grupo de emparejamiento y debe tomarse como una evidencia de que el grupo de emparejamiento existe, aun
cuando aparentemente no haya otra prueba. Es, a la vez, un precursor de la sexualidad y una parte de ésta. Las
ideas optimistas que hallan su expresión verbal son racionalizaciones que intentan lograr un desplazamiento en el
tiempo y un compromiso con los sentimientos de culpa; gozar de dicho sentimiento se justifica porque apela a un
resultado que se supone como moralmente libre de toda objeción. Así, los sentimientos ligados al grupo de 34
emparejamiento son el polo opuesto a los sentimientos de odio, destrucción y desesperación. Para que estos
sentimientos de esperanza se sostengan es esencial que el “líder” del grupo, a diferencia del líder del grupo de
dependencia y del grupo de ataque-fuga, no haya nacido. Será una persona o una idea la que salvará al grupo -de
hecho lo librará de los sentimientos de odio, destrucción y desesperación que surjan en el propio grupo o en otro-,
pero a fin de lograr esto, es obvio que la esperanza mesiánica no debe verse realizada. La esperanza sólo persiste
cuando permanece como esperanza. La dificultad está en que, debido a la racionalización que el grupo hace de su
naciente sexualidad, de la premonición del sexo que se impone como esperanza, haya en el grupo de trabajo una
tendencia a dejarse influenciar por el sentido de producir un Mesías, sea éste una persona, una idea o una utopía.
En la medida en que lo logra, la esperanza se desvanece; pues es evidente que ya entonces no hay nada que
esperar, y, dado que la destrucción, el odio y la desesperación no se han visto radicalmente influidos, su presencia
se hace sentir nuevamente. Esto, a la vez, aumenta el debilitamiento de la esperanza. Si, con fines de discusión,
aceptamos la idea de que el grupo debiera ser manejado de manera que se mantenga la esperanza, sería necesario
que aquellos que tengan un interés propio en tal tarea (tanto en función de su capacidad como de miembros de un
grupo especializado de trabajo -tal como lo describiré en breve- o en función de individuos), procuren que las
esperanzas mesiánicas no se materialicen. Por supuesto, existe el peligro de que tales grupos especializados de
trabajo puedan pecar por un exceso de celo, y en consecuencia, interfieran con la función espontánea, creativa, del
grupo de trabajo, o bien que se anticipen a sí mismos y se aboquen a la dolorosa necesidad de destruir al Mesías y
recrear luego la esperanza mesiánica. El problema que debe enfrentarse dentro del grupo terapéutico consiste en
capacitar al grupo para que esté conscientemente alerta a los sentimientos de esperanza y sus conexiones, y al
mismo tiempo los tolere.
El tercer supuesto básico es que el grupo se ha reunido para luchar por algo o para huir de algo. Está
preparado para hacer cualquiera de las dos cosas indiferentemente. A este estado mental yo lo llamo grupo de
ataque-fuga; dentro de un grupo en tal estado se aceptará a aquel líder capaz de obtener del grupo qué aproveche
la oportunidad para escapar o para agredir. Si hace demandas que no se ajusten a esto, es ignorado. En un grupo
terapéutico el analista es el líder del grupo de trabajo. El apoyo emocional que él puede brindar está sujeto a
fluctuaciones en relación con el supuesto básico activo y con la medida en que sus actividades se ajusten a lo que
se requiere de un líder en esos diversos estados mentales. En el grupo de ataque-fuga el analista encuentra que sus
intentos para aclarar lo que está sucediendo se ven obstaculizados por la facilidad con que aquellas propuestas que
expresan odio a toda dificultad psicológica, o bien los medios por los cuales ésta puede ser evadida, obtienen
apoyo emocional. Debería señalar que dentro de este contexto, la propuesta para usar nombres de pila que
mencioné en el primer ejemplo pudo muy bien haber sido interpretada como una expresión del deseo de huida
dentro de un grupo de ataque-fuga, aunque, por razones ligadas con la etapa de evolución que el grupo había
alcanzado, yo la interpreté en términos de la función del grupo de trabajo.

CARACTERÍSTICAS COMUNES A TODOS LOS GRUPOS DE SUPUESTO BÁSICO

Participar en una actividad de supuesto básico no requiere entrenamiento, experiencia ni madurez mental. Es
instantáneo, inevitable e instintivo; no he sentido la necesidad de explicar los fenómenos que he observado en el
grupo 1 para postular la existencia de un instinto gregario. En contraste con la función del grupo de trabajo, la
actividad de, supuesto básico no demanda del individuo una capacidad para cooperar, sino que depende del grado
en que los individuos posean aquello que he llamado valencia, término que tomé de la física para expresar la
capacidad que poseen los individuos para combinarse entre sí instantánea e involuntariamente y compartir y
actuar de acuerdo con el supuesto básico. La función del grupo de trabajo está siempre en relación con un
supuesto básico, y sólo con uno. Aunque la función del grupo de trabajo pueda permanecer inalterable, el
supuesto básico concomitante implícito en sus actividades puede cambiar frecuentemente. Pueden producirse dos
o tres cambios en una hora, o bien el mismo supuesto básico puede predominar durante meses. Para explicar el
destino de los supuestos básicos que no están en actividad he postulado la existencia de un sistema protomental
dentro del cual la actividad física y mental está indiferenciada, y permanece fuera del campo que ordinariamente
se considera adecuado para las investigaciones psicológicas. Debe tenerse presente que el hecho de que un campo
sea adecuado para la investigación psicológica depende de otros factores además de la naturaleza del campo a
investigar. Uno de ellos es la fuerza que posea la técnica de investigación psicológica. El reconocimiento del 35
campo de la medicina psicosomática demuestra la dificultad con que tropieza el intento de determinación de la
línea que separa los fenómenos psicológicos de los físicos. Por lo tanto, propongo dejar indeterminados los límites
que separan el supuesto básico activo de aquellos que he dejado relegados al hipotético sistema protomental.
Muchas técnicas son de uso diario para la investigación de la función del grupo de trabajo. Considero que el
psicoanálisis, o ciertas extensiones de la técnica que derivan directamente de aquél, son esenciales. Pero dado que
las funciones del grupo de trabajo están siempre ligadas con los fenómenos de supuesto básico, es evidente que
las técnicas que ignoren a estos últimos darán una impresión equivocada de las primeras.
Las emociones asociadas con el supuesto básico pueden ser descritas con los términos usuales: ansiedad,
temor, odio, amor y otros similares. Pero las emociones comunes a cualquiera de los supuestos básicos se
influencian entre sí en forma sutil como si constituyeran una combinación peculiar del supuesto básico en
actividad. Es decir, que la ansiedad dentro de un grupo dependiente tiene una cualidad diferente de la Ansiedad
que se manifiesta en el grupo de emparejamiento, y lo mismo ocurre con otros sentimientos.
Todos los supuestos básicos incluyen la existencia de un líder, aunque, como lo he dicho, en el grupo
apareado el líder sea no-existente, es decir, no haya nacido. Este líder no necesita identificarse con ningún
individuo del grupo; no necesita en absoluto ser una persona, sino que puede estar identificado también con una
idea o un objeto inanimado. En el grupo dependiente el lugar del líder puede ser ocupado por la historia del grupo.
Un grupo que se queja por su falta de habilidad para recordar lo que había sucedido en ocasiones previas, se
estabiliza al hacer un registro de sus reuniones. Este registro se transforma así en una “biblia” a la cual se apela si,
por ejemplo, el individuo que ha sido investido por el grupo para desempeñar el liderazgo demuestra ser material
refractario para ajustarse á las características propias del líder dependiente. El grupo recurre al dictado de una
“biblia” cuando se siente amenazado por una idea cuya aprobación significaría evolución por parte de los
individuos que constituyen el grupo. Tales ideas engendran fuerza emocional y excitan una oposición también
emocional, por su asociación con características adecuadas al líder del grupo de ataque-fuga. Cuando un grupo de
dependencia o de ataque-fuga está en actividad, se origina una lucha para suprimir la idea nueva, ya que se
considera que la aparición de una idea nueva amenaza el statu quo. En una situación de guerra, la idea nueva -ya
se trate de un tanque o de un nuevo método para selección de oficiales- se considera como una novelería, opuesta,
por lo tanto, a la biblia militar. Dentro de un grupo dependiente la idea nueva se ve como una amenaza al líder de
dependencia, sea este líder una “biblia” o una persona. El fenómeno resulta verdadero aun dentro del grupo de
emparejamiento, pues, como he dicho antes, la idea o persona nueva, al ser equiparada con el genio no-existente o
Mesías, no debe nacer si es que ha de llenar la función que demanda este grupo.

FORMAS ABERRANTES DEL CAMBIO DE UN SUPUESTO BÁSICO A OTRO

El cambio en la mentalidad del grupo no necesita obedecer a desplazamientos de un supuesto básico a otro y
puede tomar ciertas formas aberrantes que dependen del supuesto básico que esté en actividad cuando la tensión
aumenta. Estas formas aberrantes envuelven siempre a un grupo externo. Si el grupo dependiente está en
actividad y es amenazado por la presión que ejerce el líder del grupo de emparejamiento -quizás en la forma de
una idea que está teñida con esperanza mesiánica-, cuando métodos tales como el recurrir a una biblia resultan
inadecuados, se conjura la amenaza provocando la influencia de otro grupo. Si está en actividad el grupo de
ataque-fuga se tiende a absorber a otro grupo. Si el grupo de emparejamiento está en actividad, la tendencia es
hacia la escisión. Esta última reacción puede parecer extraña, a menos que se recuerde que en el grupo apareado la
esperanza mesiánica, ya se trate de una persona o una idea, debe permanecer en el plano de lo irrealizable. El
núcleo de la cuestión reside en que una idea nueva amenaza reclamar evolución, y los grupos de supuesto básico
están incapacitados para tolerar dicha evolución. Más adelante presentaré las razones de este fenómeno.

EL GRUPO ESPECIALIZADO DE TRABAJO

Existen algunos grupos especializados de trabajo, sobre los que Freud, ha llamado la atención, aunque no les
diera tal nombre, cuya tarea es especialmente proclive a estimular la actividad de un determinado supuesto básico.
El Ejército y la Iglesia son señalados como dos grupos típicos de esta naturaleza. Una iglesia tiende a verse
interferida por fenómenos de grupo de dependencia, y un ejército muestra una propensión similar por los 36
fenómenos del grupo ataque-fuga. Pero debe también considerarse la posibilidad de que esos grupos reciban un
impulso que parta del grupo principal del que forman parte, cuyo propósito específico consista en neutralizar al
grupo de dependencia y al grupo ataque-fuga respectivamente, y de esa manera impedir que la función de grupo
de trabajo, del grupo principal, se vea obstaculizada por aquéllos. Si adoptamos la última hipótesis, el hecho de
que la actividad del grupo de dependencia o del grupo de ataque-fuga deje de manifestarse dentro de los grupos
especializados de trabajo o que por el contrario crezca hasta alcanzar un poder fuera de lo común, debe verse
como un fracaso del grupo especializado de trabajo. En cualquiera de los casos mencionados, el resultado es el
mismo: el grupo principal tiene que hacerse cargo de las funciones propias del grupo especializado de trabajo, y
además desempeñar sus propias funciones. Si el grupo especializado de trabajo no enfrenta, o no puede hacerlo,
los fenómenos del supuesto básico que son de su incumbencia, las funciones de grupo de trabajo del grupo
principal estarán viciadas por la presión que ejercen dichos supuestos básicos. Si la función del grupo de trabajo
consiste esencialmente en transformar los pensamientos y sentimientos en una conducta que se ajuste a la
realidad, esta función está mal adaptada para dar expresión a los supuestos básicos. Estos se tornan peligrosos en
la medida que se intente traducirlos en acción. En verdad, el grupo especializado de trabajo tiende a reconocer
este hecho, lo que se ve a través de los esfuerzos que realiza para llevar adelante el proceso inverso, es decir,
traducir la acción en términos de la mentalidad propia del supuesto básico - un procedimiento mucho menos
arriesgado. Así, cuando una realización de notables características, fruto de la función del grupo de trabajo, es
presentada ante una iglesia, ésta inducirá al grupo a dar gracias a su deidad y no a su capacidad para realizar una
difícil tarea en el plano de la realidad, non nobis, Domine. Desde el punto de vista de facilitar el funcionamiento
del grupo de trabajo, la Iglesia, próspera y triunfante, debe combinar el robustecimiento de la creencia religiosa
con la insistencia de que ésta no se lleve a la acción. Si la lucha cumple exitosamente su objetivo, se favorecerá la
creencia de que todo se puede lograr por la fuerza, cuidando que ésta nunca se use. En ambos casos se demuestra
que la mentalidad de supuesto básico no se presta para la acción, dado que la acción requiere la función del grupo
de trabajo para mantener el contacto con la realidad. Dentro del pequeño grupo terapéutico cuando el grupo de
dependencia está en actividad, existe la tendencia a producir un subgrupo que toma sobre sí la función de
interpretar ante el grupo al líder del grupo dependiente, representado generalmente por el analista. Dentro del
grupo de ataque-fuga existe un subgrupo que desempeña una función similar. Si el analista resulta material reacio,
está expuesto a evocar aquellas reacciones que anteriormente he descrito como asociadas con la amenaza que
representa una nueva idea.
He dicho que la aristocracia puede ser el grupo de trabajo especializado, que llena, para el grupo de
emparejamiento, funciones similares a las de la Iglesia o el Ejército con relación a los grupos de dependencia y de
ataque-fuga, respectivamente.
La función que desempeña este subgrupo consiste en ofrecer una salida para sentimientos centrados en
ideas de raza y nacimiento, es decir, para la esperanza mesiánica que, como he sugerido anteriormente, es
precursora del deseo sexual, sin que provoque nunca el temor de que tales sentimientos originen un hecho que
exija una evolución posterior. La aristocracia debe inspirar esperanza mesiánica, pero, al mismo tiempo, confianza
en que, si el líder del grupo de emparejamiento se materializa, nacerá en un palacio, pero será semejante a
nosotros -probablemente el término actual más adecuado para expresar la cualidad deseada, dentro del lenguaje
convencional, sea el de “democrático”-. En el grupo terapéutico el subgrupo “aristocrático” contribuye
generalmente a que el grupo comprenda que la idea nueva es en realidad una idea con la cual ya están
completamente familiarizados.

SUPUESTOS BÁSICOS, TIEMPO Y DESARROLLO

Al hablar de la mentalidad del supuesto básico deberemos mencionar dos características sobre las que llamaré
la atención. El tiempo no tiene que ver con ella; es una dimensión de la función mental no reconocida; por tanto,
todas las actividades que reclaman conciencia del tiempo son captadas imperfectamente y tienden a provocar
sentimientos de persecución. Las interpretaciones de la actividad en el nivel de los supuestos básicos revelan una
relación distorsionada con el tiempo. La segunda característica consiste en la ausencia de todo proceso de
evolución como parte de la mentalidad del supuesto básico; los estímulos para el desarrollo reciben una respuesta 37
hostil. Podrá comprobarse que éste es un asunto de importancia en cualquier grupo cuyo propósito sea promover
por medio del estudio del grupo un desarrollo terapéutico del “insight”. La hostilidad así engendrada tiende a
determinar que la reacción ante la aparición de la persona o idea mesiánica tome una forma aberrante, y no que
evolucione cíclicamente de un supuesto básico a otro. Porque, si un grupo desea impedir el desarrollo, la manera
más simple de lograrlo es abandonarse a la mentalidad del supuesto básico, y acercarse así al tipo de vida mental
que no requiere capacidad de desarrollo. La mayor compensación que se puede obtener por tal cambio parece
consistir en el aumento de un placentero sentimiento de vitalidad.
Podemos apreciar la defensa que la escisión representa contra la amenazadora idea del desarrollo en la
dinámica de los grupos cismáticos, que ostensiblemente se oponen, pero que en realidad procuran el mismo fin.
Un grupo se adhiere al grupo dependiente, con frecuencia en la forma de “biblia” grupal. Este grupo populariza
las ideas establecidas al despojarlas de cualquier elemento que requiera esfuerzos penosos, y de esta manera se
asegura la adhesión numerosa de los que se oponen al sufrimiento que significa la evolución. El pensamiento se
estabiliza así en un nivel que es trivial y dogmático. El grupo recíproco, que aparentemente apoya la idea nueva,
se hace tan exigente en sus demandas, que cesa de renovarse. Así, ambos grupos evitan el choque doloroso entre
lo primitivo y lo sofisticado, que constituye la esencia del conflicto evolutivo. Los cismáticos superficiales, pero
numerosos, se oponen así a los cismáticos profundos, pero desdeñables des de el punto de vista numérico. El
resultado recuerda el temor, a veces expresado, de que eventualmente la sociedad se reproduzca abundantemente a
través de sus miembros menos cultivados, mientras la gente “mejor” permanece obstinadamente estéril.

RELACIÓN ENTRE UN SUPUESTO BÁSICO Y OTRO

Podemos retomar ahora los tres grupos de supuesto básico y el grupo de trabajo para comprobar si no pueden
resolverse en algo más fundamental. Aun concediendo que el postulado de los supuestos básicos contribuye a dar
forma y significado al complejo y caótico estado emocional que el grupo descubre ante el participante dado a la
investigación, no existe una explicación razonable de por qué deben existir tales supuestos. Es evidente que
ninguno de los tres supuestos básicos alivia el temor del grupo y sus emociones; de otra manera no se produciría
ningún cambio de un supuesto básico a otro, y no se formarían los correspondientes grupos especializados de
trabajo que ya he descrito. Cada uno de los tres supuestos incluye la idea de un líder. El grupo ataque-fuga
muestra un total desconocimiento de la comprensión como técnica. Todos sus miembros se oponen al desarrollo,
que en sí depende de la comprensión. El grupo de trabajo, por el contrario, reconoce ambas necesidades:
comprensión y desarrollo. Si consideramos los grupos especializados de trabajo, los tres se ocupan de asuntos que
parecen residir fuera del ámbito del supuesto básico con el que se relacionan fundamentalmente. Así, el grupo
especializado de trabajo que funciona de acuerdo con el supuesto básico de dependencia, no está exento de
preocupaciones ligadas con ideas mesiánicas que parecerían corresponder con más propiedad al grupo de
emparejamiento. En este caso los esfuerzos parecen estar dedicados a un Mesías nacido como hijo ilegítimo en un
lecho de juncos o en un pesebre, uno de cuyos padres es del más elevado rango (la hija de un Faraón o la Deidad
misma) y otro más humilde. En el grupo de emparejamiento el subgrupo aristocrático permite padres de elevado
rango, y cuna palaciega, pero el niño es notable sólo por identificarse con el resto de nosotros. Al analizar los
hechos, parece que lo difícil es combinar amor sexual, padres de igual nivel, un niño como nosotros, la esperanza
mesiánica -que yo considero como componente esencial del amor sexual-, y una compulsión hacia el desarrollo
que reclama en sí la capacidad de comprensión. El grupo ataque-fuga expresa un sentimiento de incapacidad para
la comprensión y el amor sin el cual, por otra parte, la comprensión no puede existir. Pero el líder del grupo
ataque-fuga vuelve a poner a la vista uno de los componentes temidos, una aproximación al padre temido o al
niño.
Por otra parte, los tres grupos de supuesto básico parecen ser, a la vez, agregados de individuos que
comparten entre sí las características de uno de los personajes de la situación edípica, que son dependientes de
cualquiera de los supuestos básicos que esté en actividad. Este paralelo con los personajes de la situación edípica
está, sin embargo, marcado por divergencias importantes. La relación parece darse entre el individuo y el grupo.
Pero el grupo es sentido como un individuo fragmentado, dentro del cual hay otro escondido, en reserva.
El individuo oculto es el líder, y aunque esto parece contradecir la afirmación constantemente reiterada de 38
que el analista es el líder, la contradicción se resuelve si recordamos que en el grupo terapéutico el analista es el
líder del grupo de trabajo, y que si bien se supone que él es quien desempeña el liderazgo, aparentemente se lo
percibe como líder sólo en raras ocasiones. De acuerdo con mi experiencia, muy frecuentemente se me dice que
no tomo parte en el grupo o que nunca doy una oportunidad para que el grupo conozca mis opiniones, aunque
probablemente yo hable más que ningún otro. Lo esencial aquí, como siempre en un grupo, consiste en el
sentimiento que acompaña a la idea expresada, y vuelvo a subrayar el hecho de que, si bien se supone que soy el
líder del grupo, no se me percibe como tal.
He indicado ya que dentro del plano emocional, en aquellas situaciones donde los supuestos básicos son
dominantes, se pueden percibir en el material las figuras edípicas tal como sucede en un psicoanálisis. Pero ellas
incluyen un componente, poco tenido en cuenta, del mito de Edipo: la esfinge. En la medida en que se me
considera el líder en la función de grupo de trabajo, y el reconocimiento de este hecho raramente falta, tanto yo
como la función del grupo con la cual me identifico, somos investidos de sentimientos que serían completamente
apropiados en relación con la enigmática e inquisitiva esfinge de la que emana el desastre. Algunas veces, cuando
mis intervenciones han provocado mayor ansiedad que la usual, se emplean ciertos términos que casi no requieren
interpretación para que el grupo capte la similitud. No conozco ninguna otra experiencia que demuestre más
claramente el terror que suscita una actitud inquisitiva que la experiencia grupal. Esta ansiedad no sólo se dirige
hacia el que interroga, sino también hacia el objeto de la interrogación y, según sospecho, es secundaria con
relación al último. Pues el grupo, al ser en sí mismo el objeto de la interrogación, origina temores de una
naturaleza extremadamente primitiva. Mi impresión es que el grupo se aproxima estrechamente, en las mentes de
los individuos que lo componen, a fantasías muy primitivas con respecto al contenido del cuerpo materno. El
intento de realizar una investigación racional de la dinámica del grupo, se ve, en consecuencia, perturbado por
temores y por mecanismos que surgen a fin de enfrentarlo y que son característicos de la posición
esquizoparanoide. La investigación no puede ser llevada acabo sin estimular y activar estos niveles.

RESUMEN
Antes de considerar los puntos de vista del psicoanálisis con relación al grupo, pienso que es necesario
resumir las teorías que he expuesto hasta aquí. Debe recordarse que en forma deliberada intenté, en la medida en
que ello es posible para un psicoanalista que admite que se ha propuesto investigar el grupo por medio de
intuiciones desarrolladas psicoanalíticamente, dejar a un lado todas las teorías psicoanalíticas dé grupo
precedentes, a fin de lograr una perspectiva desprejuiciada. Como resultado, he llegado a una teoría de grupo que
pone en evidencia que las funciones del grupo de trabajo se dan junto a un comportamiento, con frecuencia
fuertemente teñido con elementos emocionales, que sugería que los grupos reaccionaban emocionalmente a uno
de los tres supuestos básicos. La idea de que tales supuestos básicos surgen en forma involuntaria, automática e
inevitable, ha parecido útil para iluminar la conducta del grupo. Sin embargo, existen muchos elementos que
sugieren que estos aparentes “supuestos básicos” no pueden ser considerados como estados mentales bien
diferenciados. Con esto no pretendo sostener que sean explicaciones “básicas” que aclaren todo el
comportamiento del grupo -lo que sería en verdad un disparate-, sino que, aun cuando sea posible diferenciar con
razonable certeza un estado de los otros dos, cada uno de ellos participa de una cualidad que pareciera ser en
cierto sentido el dual o la recíproca de uno de los otros dos, o quizás, simplemente, otro aspecto de lo que había
sido considerado como un supuesto básico distinto. La esperanza mesiánica del grupo de emparejamiento, por ej.,
guarda cierta similitud con la deidad del grupo dependiente. Puede que esto sea difícil de ver, dado que el tono
emocional es muy diferente. Como he dicho, dentro de cada grupo de supuesto básico encontramos ansiedad,
temor, odio, amor. Es probable que se produzca una modificación de los sentimientos al combinarse con el
respectivo grupo de supuesto básico, pues el “cemento”, por así decir, que los liga unos con otros está constituido
por culpa y depresión, en el grupo dependiente; por esperanza mesiánica, en el grupo de emparejamiento; y por
disgusto y odio, en el grupo de ataque-fuga. De cualquier manera, la consecuencia es que el contenido mental
implícito en la discusión puede aparecer como un resultado engañosamente distinto dentro de los tres grupos. En
ocasiones es posible apreciar que el genio nonato del grupo de emparejamiento es muy similar al dios del grupo
dependiente; en verdad, en aquellas ocasiones en que el grupo dependiente apela a la autoridad de un líder del 39
“pasado” se aproxima muy estrechamente al grupo apareado, que apela a un líder “futuro”. En ambos el líder no
existe; sólo existe una diferencia de tiempo y una diferencia en la emoción.
Insisto sobre estos puntos para mostrar que la hipótesis de los supuestos básicos que he formulado no puede
ser considerada como una fórmula rígida.

Wilfred Bion: “Experiencias en grupos”. Ed. Paidós. 1963. Págs. 115-134


LA ESCUELA DEL INTERACCIONISMO
SIMBÓLICO DE GEORGE MEAD
Cristina Riggio
El tema que hoy nos convoca tiene que ver con una corriente que se instaló, se fundó, se
desarrolló en Estados Unidos, que se llamó la corriente interaccional simbólica. Esta
corriente interaccional simbólica tiene como referente más destacado a George Mead.
Vamos a entrar en uno de los autores que son importantes en esto de la historia de la
psicología social, y digo historia porque previo a las producciones que dieron lugar al ECRO
del doctor Enrique Pichón-Rivière, hubieron otras corrientes que se preocuparon por esta
articulación entre el individuo y la sociedad, y que también tuvieron su ingerencia como
marco teórico, como marco de conocimiento en Pichón-Rivière.

Esta concepción que vamos a abordar hoy en el marco de esta convergencia, la cual uds.
ya vieron algunas cuestiones, vieron antropología y también vieron otro de los elementos,
yo diría cimientos, de la teoría de Pichón que es la dialéctica. Y que son esos elementos que
van a confluir en esa convergencia, y esta actitud abierta a la hora de pensar el
comportamiento del hombre, que era su preocupación como médico psiquiatra y
psicoanalista, tratar de comprender las múltiples causas en las que el hombre da lugar en la
interacción con otros. De allí es que no sólo se va a quedar con los aportes de psicoanálisis,
sino que va a tener esta actitud abierta de escuchar otras corrientes, de tomar de otros
sectores. En realidad, esto que hizo él, lo atravesó en su propia construcción, es la propuesta
que hace a los que se forman como psicólogos sociales. Cuando yo insisto en esta actitud
abierta que tuvo Pichón, digamos, dice lo que hizo. Despliega y desarrolla conceptualmente
en el ECRO, lo que él atravesó y esta actitud de apertura es justamente la que propone a la
gente que se forma en la psicología social.

Entonces, en el marco de estas otras fuentes en las que se nutrió, aparece una escuela la
“Escuela Interaccional Simbólica” que nace en EEUU y que tiene como referente más
importante a George Mead. De él justamente vamos a hablar en el día de hoy. Los
desarrollos teóricos de este autor que datan de fines del siglo XIX y comienzos del XX, son
muy importantes y los van a encontrar, si tienen la oportunidad de leer en un libro de
Bergman y Luckman que siguen esta misma corriente “La construcción social de la
subjetividad”. Lo que quiero decirles es que, si bien esta producción data lejos en el tiempo,
previa a las producciones de Pichón-Rivière, sin embrago reaparecen en esta producción
de Bergman y Luckman, que me parecen lo sustancial de esta escuela interaccional
simbólica. Voy a tratar de ubicar primero, dar algunos datos sobre George Mead. Nació a
mediados del siglo XIX en EEUU, en Massachussets. Su formación incluye estudios de
filosofía, teología y psicofisiología. Los estudios de teología tenían relación por la familia que
provenía ya que su padre era pastor. Y esto tuvo que ver con la inclinación a lo teológico.
Estudió en Ohio y en Harvard, y luego en Europa donde siguió perfeccionando sus estudios.
Allí descubre a Hegel. Y lo impactó mucho el planteo de Hegel en esto del movimiento. Que,
si bien en su propia producción no aparece dicho de esta manera, lo que sí dice en sus
producciones es que la realidad está sujeta a cambios. Por lo tanto, algo de esa influencia
hegeliana aparece en esta construcción que él va a realizar. Lo otro que destaca después
de encontrarse con todo el marco filosófico y conceptual de Hegel es que él afirma que
después de Hegel se vuelve a separar la filosofía de la teología. En Europa -en Alemania-
conoce a Helen, con la que se casa y después vuelve a EEUU.

Cuando vuelve comienza su actividad como profesor en su mismo lugar de nacimiento,


Massachussets. Y al mismo tiempo recibe la influencia de William James. W. James, era un
psicólogo y va a hablar de un yo social. Este concepto de yo social le va a resonar muchísimo
a Mead. En este yo social que habla James, hace hincapié que la organización del yo tiene
que ver siempre con un otro. Y que ese otro, a cada uno de nosotros como sujetos humanos,
nos da una significación. Es muy interesante esta aproximación de James, que comienza a
conectar la producción de cada sujeto con el otro, más sustancialmente.
En este retorno a EEUU se va a encontrar con dos colegas con los que van a hacer este
camino que dará lugar a la fundación de la escuela interaccional simbólica. Mead se va a
encontrar con J. Dewey y Cooley. Con ellos dos va a trabajar el tema de la conducta del
individuo y su relación con la sociedad, o con lo social. A partir de esas reflexiones hechas
por Mead, junto con Dewey y Cooley, podemos decir que se rompe con la dicotomía, con la
ruptura y disociación que hasta ese momento se daba entre sujeto y sociedad. Hasta ese
momento había como dos campos que no tenían nada que ver. Una cosa era estudiar al
sujeto, como sujeto aislado, lo que le acontecía era campo de la psicología. Y el otro campo
que tenía que ver con la sociedad le correspondía a la sociología. De allí se caía en los
psicologismos y los sociologismos, sin terminar de entender que ambos elementos tienen
puntos de confluencia, de articulación. De más está decir que se dilematizó mucho si en
realidad lo primero es la sociedad y como tal deviene el sujeto. Y otros que decían lo más
importante es el sujeto que producen las construcciones sociales. Esto era un verdadero
dilema. A través de estas reflexiones de G. Mead que comienza a integrar esta cuestión de
conducta individual relacionada con el encuentro y la interacción con otros, por eso
interaccional. Esa interacción que permite la construcción de nuestra conducta y a la vez
permite que nuestra conducta incida sobre lo social. Aquí aparece, en esta articulación la
posibilidad de romper con esa dicotomía.

Mead, lo que dice es que la interacción del sujeto con los otros, es lo que permite la
construcción de la conducta, que va a tener ciertas características, en cada sujeto de manera
diferente. Esa conducta de cada uno va a incidir en la interacción con los otros y ahí es
donde integra al individuo y la sociedad. Hasta entonces aparecía como realidades
diferentes que no podían tener ningún punto de confluencia.

Dewey y Mead hicieron sus primeras investigaciones en Massachussets. Después se


trasladaron a Chicago. Mead se va a quedar hasta el final de sus días trabajando en la
universidad, concretamente en el departamento de filosofía, investigando estos aspectos de
la conducta individual de los sujetos en relación a la sociedad. Mientras que Dewey va a ir
a Columbia y va a centrarse en otro tipo de investigación que relaciona la psicología con la
educación. Es decir, se centró más en la investigación que articula lo psicológico con lo
pedagógico. Se corrió de estas primeras investigaciones mientras que Mead se quedó más
en el terreno de la psicología. El tercero, Cooley es importante en este trío de autores,
porque Cooley definió claramente, acuñó el concepto de lo que es un grupo primario de un
grupo secundario. Es decir, a quien le debemos esta diferenciación de un grupo primario de
uno secundario es a Cooley. El define claramente a ambos. El grupo primario, como lo indica
la palabra, es el primero con el cual nosotros interactuamos y es la familia. Y el concepto de
grupo secundario, son aquellas otras instancias en interacción con otros que están más allá
del grupo familiar. Son los que salen del ámbito familiar. Léase grupo de la escuela, grupo
de trabajo, club, grupos políticos. Todos los otros grupos en los que uno se va insertando en
la interacción social, van constituyendo el grupo secundario. El otro concepto es su concepto
de un yo espejo. Es otro concepto importante de Cooley. Cuando él dice yo espejo se refiere
a que nosotros construimos un yo que es reflejo de las significaciones y las evaluaciones de
los otros con respecto a uno. El yo espejo es un reflejo de las evaluaciones y de las
significaciones que otros me fueron poniendo. Y además destaca muchísimo la importancia
del grupo primario en esta construcción, donde el dice que el hombre que viene con pasiones
muy primitivas, logra controlarlas en el marco de la familia con una única finalidad, tener el
reconocimiento, el afecto y la aceptación de la familia. Es decir él dice todos los humanos
vienen con pasiones primitivas que aprende a controlar dentro del marco de la familia, que
destaca como muy importante, a los efectos de tener el reconocimiento, el afecto, la armonía
dentro de ese grupo. Y porque además esto tiene que ver con la construcción del yo espejo.
Si no abandona esa estructura de pasiones primitivas, su yo espejo va a ser un reflejo de
mucho rechazo, y a qué ser humano le interesa el rechazo. A nadie. Estos aportes que
brinda Cooley del yo espejo y la importancia de la familia, van a tener mucha repercusión en
los desarrollos de Mead.

Mead va a tener una producción muy rica en cuanto a esta construcción sobre la conducta
en su interacción con los otros. Hay un libro que se llama “Espíritu, persona y sociedad”,
muy chiquito donde está reflejado toda la corriente de la escuela interaccional. Una de las
primeras afirmaciones de Mead es la mente es una construcción social. Esto es muy
importante. Y dice que para comprender la mente hay que comprender los procesos sociales
que el sujeto en cuestión ha atravesado. Siempre dice, que hay que tener en cuenta la
relación que hay entre grupo social y sujeto. Grupo social y sujeto que forma parte de ese
grupo social. Y por lo tanto reafirma una y otra vez que el ambiente no es tan ajeno,
independiente a la estructura social. No, tiene que ver con esta articulación. De esta
articulación que se da, la mente recibe toda la influencia de ese grupo y a su vez la mente
desde sus características y particularidades que son diferentes en cada sujeto, va a
influenciar a ese grupo social del cual forma parte. Hay una ida y vuelta. Él se define como
un conductista social. Por qué conductista. Porque toda esta escuela daba explicaciones
acerca de la mente, el comportamiento era a partir de lo que se veía. Como todo conductista.
Los conductistas en cuanto a línea teórica dentro de la psicología, hicieron su formulación a
partir de lo que se veía. Todas sus investigaciones eran, qué le pasa a la conducta si le
pongo un estímulo, cómo va a responder, pero siempre sobre lo observable. Venían con
toda la influencia del positivismo que decía que es científico todo lo que es comprobable. Si
tiene que ser comprobable, tiene que ser algo que se vea. En función de no querer caer en
una posición más filosófica, esta psicología se inclinó más al terreno del positivismo.
Entonces se hablaba de una psicología de lo observable. Entonces esta línea que es la
conductista, es la que en esta época tiene mucha influencia en la psicología en vigencia en
Estados Unidos, aclaro. No va a ser la que va a desplegarse en Europa. En Europa va a
haber un señor que va a decir que hay cosas que no se ven, pero que tienen una eficacia…
que se llamó Freud.
Pero como los Estados Unidos siempre fueron muy pragmáticos, muy conductistas y siguen
siéndolo, ellos están mucho en lo fenoménico, en lo que se ve. Esto no lo han abandonado
hasta el día de hoy. Siguen siéndolo a pesar de las distintas corrientes, pero siempre se
trabaja mucho con el aquí y ahora. Se trabaja mucho. Hay muchas corrientes en Estados
Unidos, pero hay una tendencia fuerte a la cosa pragmática y a la cosa del presente. Esto
se ve mucho en las películas, donde aparece esta cosa del shock, recuerde qué pasó,
aparece la escena en la película, se murió mi hermano. Entonces hace la catarsis y se
terminó. Ya se curó. Esta es la línea. No digo que sea mejor ni peor, es la línea de ellos.
Entonces Mead estaba atravesado por este enfoque conductista, pero se define a sí mismo
como un conductista social, porque a diferencia del conductismo, no quiero entrar en detalle,
pero, el conductismo de la época que venía de Watson, el creador, habla del hombre, un
estímulo y su respuesta y de la conducta reforzada. Ante el estímulo reforzado se produce
determinada conducta. Es decir, primero lo experimentaron con las ratitas, después lo
hicieron con los humanos. Entonces esta línea parece ser que dice que, si a un sujeto se le
pone un estímulo una y otra vez, como a las ratitas, le pongo la campanita una y otra vez, y
adelante tiene queso, después va a escuchar la campanita y va a ir porque adelante tiene
queso.
Ahora el hombre es un sujeto que responde a los estímulos y de acuerdo al estímulo será la
respuesta. Esto es muy condicionado y muy digitalizado. De hecho, esta línea nunca se
abandonó. Hay una película, “El huevo de la serpiente”, que la recomiendo para analizar,
me viene siempre porque es una película que tiene distintos ingredientes que sirven para
distintas cosas dentro de la psicología social, esto tiene que ver con esto. Los nazis hicieron
esto. Antes de la llegada de Hitler al poder, ponían a prueba a las personas y además se
ofrecían, (porque la necesidad era grande) para poder hacer experimentos. Y se ve en
filmaciones las cosas que hacían. El estímulo, el estímulo hasta lograr la respuesta que se
quería. Bien conductista. O sea, no se agotó ahí y hasta el día de hoy con la cosa de
estimular, estimular, a través de los medios masivos, por ejemplo, entonces uno repite,
repite. Esa es la intención, que seamos repetidores. Por lo tanto, Watson que habla de esto,
en realidad lo que aparece acá que el hombre siempre va a responder de la misma manera,
de acuerdo a este planteo.

Lo que Mead dice, en una avanzada, es que, ante el estímulo, cada sujeto a partir de cómo
fue configurando su mente en función de la relación con el grupo, en consonancia con esto
va a tener cierta respuesta. Este es el avance, la cuestión de la singularidad del sujeto. Es
decir, no lo masifica. Cada sujeto de acuerdo a la construcción de su mente en relación con
los otros va a tener una respuesta. No se puede decir que todos van a tener la misma
respuesta. Esto es un avance muy importante en esto de poder comprender el
comportamiento humano de una manera más abierta, no tan rígida y acotada como se
planteaba dentro del conductismo tradicional. Y esto es un elemento también muy
importante que aporta Mead. Aporta además en este encuentro que da lugar a la
organización de la mente, mente ligado a procesos sociales donde el sujeto se encuentra
con otros, dice él ¿cómo se ve la mente, ¿dónde se ve la mente? Se ve en este encuentro
y es importante observarla a través de la comunicación que se va instalando entre él y los
otros.
O sea que aparece este otro ingrediente el de la comunicación. Son todos datos que son
rescatados por el propio Pichón, el encuentro con el otro, la comunicación, las distintas
respuestas de acuerdo al proceso que vivió cada uno. Son datos importantes de Mead.
Pensemos que son desarrollos de fines de siglo XIX principios del XX. Es como muy valioso
el aporte de este autor. Insiste, cómo se visualiza la mente, a través de la comunicación, y
pone el acento en que los sujetos en cuestión comparten códigos. Códigos que tienen que
ver con el lenguaje como punto máximo de esos códigos. El lenguaje sería como el nivel
más alto del encuentro comunicacional, pero tiene todo un proceso. La comunicación no
nace con la palabra. Nace con algo pre-verbal, que también va a destacar. ¿Cómo es esto
que se instala la cuestión de la comunicación? El describe una serie de elementos.
¿Cuáles son esos conceptos que él despliega como centrales de su teorización? Son
concepto de GESTOS, GESTO SIGNIFICANTE, ROLES, EL ESPACIO SOCIAL, PERSONA
O SELF, LAS DOS FASES DE LA PERSONA EL MI Y EL YO, EL OTRO GENERALIZADO
Y EL ACTO SOCIAL.

Estos elementos forman como el eje de toda la teorización de la escuela interaccional


simbólica de este autor. Vamos a ir desglosando cada uno de estos elementos conceptuales
para entender qué se está hablando allí.

Lo que subrayo es que acá aparece el concepto de roles, el acto social, el espacio social,
aparecen estos elementos que justamente por eso le prestó atención Pichón-Rivière, en un
momento de la historia argentina, donde en realidad en la coyuntura en que se encontraba
Pichón no estaba muy desplegado en el terreno donde él estaba trabajando y en lo que era
su formación, esta cuestión de mirar psicoanalíticamente, esta cosa de centrarse en lo intra,
en lo de adentro, y no en lo Inter. Por eso es importante poder destacar esta atención que
Pichón fue dando a estos otros autores, algunos habían hecho sus desarrollos en EEUU y
otros lo van a hacer en Europa. Pero lo cierto del caso, otros son contemporáneos a Pichón
y lo hacen en forma simultánea, y esto se va a descubrir mucho después. Se van a descubrir
las producciones en la Argentina allá por la década del 60, 70. Y más aún en la década del
80. Cosas que supuestamente habían surgido en Inglaterra por ejemplo algunas
producciones del tema familia, que ya habían sido trabajadas por Pichón en Argentina. Pero
digo que es de destacar estos aportes, porque nadie prestaba demasiada atención a lo
grupal. Es más, era denigrante. De hecho, esta denigración no sólo se marcó acá, sino que
también en toda la corriente psicoanalítica inglesa. Bion hizo un solo libro sobre grupos,
“Experiencias en grupo”, y después se tuvo que correr porque la asociación psicoanalítica
le dijo cómo va a estar trabajando con grupos.

Lo que pasa es que esto tiene que ver con momentos, y con concepciones del hombre, y de
pronto, la presencia del psicoanálisis que fue un vuelco impresionante en cuanto a la mirada
del hombre del punto de vista psicológico, llevó a que muchos se alinearan detrás de estos
aportes riquísimos de Freud, y nadie se atrevía, entre comillas, a plantear algo más
importante que esta cuestión que tenía que ver con lo intrapsíquico. Había que meterse en
esto que era la novedad y profundizar sobre estos aspectos. Por eso se desmerecía todo lo
que tuviera que ver con lo relacional - grupal. De hecho, a Pichón-Rivière se lo expulsó de
la asociación psicoanalítica, aunque después se reparó, pero se lo expulsó porque comenzó
a trabajar con una democratización del psicoanálisis y aplicando técnicas grupales. Y
además abriéndose a estas otras cosas que venían de otros enfoques diferentes. Porque
Mead no tiene nada de psicoanalítico, pero de pronto dice cosas importantes respecto al
hombre y su relación con la sociedad. Que de hecho el mismo Freud no dejó de lado al
hombre y su relación con los otros. La formulación edípica tiene que ver con otros. Pero
muchas veces (en toda disciplina) cuando se posicionan en una línea ortodoxa el riesgo es
olvidarse la esencia y entonces, algunos analistas ortodoxos se olvidan que Freud a veces
atendía en el patio. Pero bueno son detalles.

Vamos a ver cada uno de estos elementos conceptuales, cómo se van desplegando cada
uno de ellos. Vamos a tomar el gesto. Cuando comienza a interesarse por el gesto lo tomó
de Darwin. Retoma los planteos de Darwin. Plantea que en los gestos aparecían expresados
las emociones. A partir de esta afirmación de Darwin, Mead la retoma y va a estar muy
atento a este tema de los gestos, como primer canal de encuentro de cada uno de nosotros
con el otro. En este sentido el pasaje del gesto al gesto social o gesto significante se remite
a un significado, se da todo un proceso. El gesto expresa emociones intensas. ¿En el inicio
de la vida cuál es el gesto que por excelencia un bebé tiene? El llanto. Entonces el llanto del
bebé da cuenta de una emoción intensa, una descarga motriz que da cuenta de una tensión,
una situación de malestar. Da cuenta de una emoción que el bebé por sí mismo no puede
decodificar. Sólo a partir del encuentro con ese otro en interacción, ese gesto, que en
principio no tiene sentido para el bebé más que una descarga, ligada a una emoción básica,
fuerte, va a ir adquiriendo otro sentido, que da lugar al gesto significante. Y este lugar del
gesto significante se construye porque el otro de afuera se va a encargar de significarlo,
interpretarlo, de darle un sentido, darle una significación. Llanto ligado a hambre y malestar.
Este gesto que es una mera descarga, pasa a ser gesto significante. Y de dónde surge esta
primera construcción que es pre-verbal, pero que habla de un código entre el bebé y ese
otro. Se empieza a instalar una comunicación, en ese código común, pre-verbal, pero se
instala como fenómeno comunicacional. Este gesto significante que remite a un significado
es el primer nivel de organización de la mente, dice Mead.

De allí que estos gestos significantes, adquieren un sentido social. ¿Y qué permiten?
Permiten a todo sujeto ir haciendo un ejercicio paulatino, cada vez más complejo de
anticipación. Es decir, cuando el bebé llora, él dice acá tengo un malestar. ¿Qué viene
después? ¿Qué va a esperar? La satisfacción. Entonces él tiene un malestar y anticipa lo
que viene del otro y lo que le va a provocar a él. Esto es la anticipación del gesto significante.
Lloro y viene el otro. Desde esta estructura más primaria, más simple aparece una primera
organización de anticipación. El bebé comienza a medida que se va instalando ese
encuentro con el otro y va transformando ese gesto en gesto social, aparece la posibilidad
de anticipar qué va a venir después, qué va a generar eso que se dio en mí. Esto tiene que
ver con lo que, corriéndonos muchísimo, desde el psicoanálisis se llama proceso alucinatorio
del bebé. Esto se ve en los bebés cuando el bebé chupetea. Al principio no aceptan el
chupete, pero después sí lo aceptan. Y mientras que están esperando, ellos tienen un
malestar le ponen el chupete y se calman un ratito. ¡Qué está haciendo?. Está esperando.
Se está imaginando toda la escena. Se está anticipando. En esa anticipación está armando
toda la secuencia. Pero no es el único gesto. Este es el primero. Si después cuando es más
grande aparece cualquier gesto y puede anticiparse. Convengamos que los gestos tienen
que ver con un espacio social, habrá gestos que en determinados lugares no aparecen.
Aparece en determinado espacio y en determinado momento y en función de algo. Si de
pronto viene alguien y revolea una silla, ¡qué hacen? Se rajan. Ya saben la que se viene.
Tira la silla tengo que correrme porque si no… Esto es el escenario de la anticipación. Si
tocan el timbre en la escuela y el chico está un poco lejos de la puerta, correr porque si no
llega tarde.
Cada uno de esos elementos que tiene que ver con lo pre-verbal, con el gesto, y con el gesto
significante, remite a esta significación y a la paulatina organización de un código común de
intercambio, que primero aparece el gesto, lo pre-verbal. Y en esto además de este código
que tiene que ver con el cuerpo, este código después va a ser enriquecido por el lenguaje,
por la palabra. Es otra vuelta más en la interacción con los otros. Da cuenta de otro nivel de
coparticipación de códigos. Si yo de pronto en vez de hablar en castellano hablara en turco,
¿uds. entenderían algo? No. En este sentido es importante que en lo discursivo, los símbolos
que allí se inscriben en uno, coincidan con los que aparecen en el lugar social en el que uno
despliega su interacción.

Todo este despliegue de gestos significativos se da en lo que se denomina espacio social.


Mead diferencia en el espacio social, uno que denomina compartido y otro espacio social
singular. Qué quiere decir esto. Que, en esta cuestión del encuentro con los otros, esto
implica que dos o más personas están encontradas en un lugar común por eso es
compartido que permite la interacción y el compartir un código común. Ahora si bien estos
espacios compartidos pueden ser, ¿el primero cuál es? La familia, después el grupo de la
escuela, el grupo de trabajo. En todos los casos estamos hablando de espacios compartidos,
pero al mismo tiempo existe en cada uno de ellos, el espacio singular, el mío, el de cada
uno. Tiene que ver con lo que decía Mead, un conductista social, que, si bien todos pueden
estar en ese espacio compartiendo, no todos interpretan las cosas de igual manera. A cada
uno le va a resonar de una manera diferente. Y esto tiene que ver con el espacio singular.
Él lo señala en relación con la familia, y dice mucha gente se confunde y cree que, porque
están todos compartiendo el mismo espacio dentro de la familia, todos van a tener la misma
resonancia en función de lo que se está intercambiando. Y esto no es así. Cada uno va a
tener una resonancia, una interpretación de eso que tiene que ver con los intercambios,
diferente. De hecho, la forma de instrumentar los gestos significativos, es diferente. No hay
dos personas que, si bien tienen en común que conocen el significado del gesto, cada uno
le va a dar el toque personal, particular. Y eso tiene que ver con nuestra singularidad. A
través de esta insistencia de gesto significante como un eslabón importantísimo en la
construcción de la mente, el sujeto va construyendo internamente todo lo que tenga que ver
con la cultura que forma parte. Va incorporando las pautas de la cultura que forma parte.
Entonces en un primer momento parecía, tomando puntualmente el gesto, una señal de
algo, tenía un significado completo. Una señal se transforma en un significado completo,
que depende en la cultura que estemos.

Por ejemplo, el gesto de soltarse el pelo en Méjico, tiene un sentido. Guerra más o menos
es lo que significa. Y eso responde a usos y costumbres del lugar puntual. He tenido
personas que han estado en Méjico y de pronto una mujer al soltarse el pelo… era un acto
de provocación. Los hombres la empezaron a rodear.

En la medida que el gesto se va instalando, dice Mead, se va construyendo cada vez más
fielmente, el acto completo adentro de uno. Cuando más se va definiendo el gesto
significante, más se va puliendo en el intercambio con los otros, más se puede anticipar el
acto completo, es decir uno puede interiorizar más, el acto completo. Esto sigue un proceso
de maduración y encuentro de todos los sujetos humanos. En la medida que el sujeto va
incorporando los códigos que devienen del gesto significativo y del lenguaje, Mead dice que
el sujeto pasa a ser persona. Se va transformando en una persona. Uno no es persona uno
va haciéndose persona, y eso tiene que ver con ese proceso de socialización, de interacción
con otros. Y que tiene que ver con esta inscripción, adentro de códigos de intercambio, tanto
pre-verbal como verbal. Esto es lo que va permitiendo el avance a ser persona. Este proceso
con lo cual hace que uno vaya transformándose en persona, vaya incorporando los códigos,
dice que se da en forma lúdica. Nosotros no lo hacemos tan planificadito. Se da en forma
lúdica, a medida que uno se va encontrando con los otros. Y aparece el concepto de prójimos
significativos. Los prójimos significativos son aquellos que permiten que uno vaya haciendo
esta construcción. ¿Quiénes son los prójimos significativos para Mead? Son los que forman
parte de la familia, pero también son aquellos que están en su grupo de juego. Prójimos
significativos. En la interacción social de esos prójimos significativos, la familia y los amigos,
uno va incorporando esos códigos y va conformando este lugar de persona. El lugar de
persona que, por definición de Mead, son aquellos que se han apropiado de los significados
sociales, que los integra a sí mismo. Y por otro lado esta construcción tiene que ver con el
otro sentido de la palabra persona. La palabra persona deriva de otra acepción, persona-
máscara; persona-personaje. Esto inherente a la etimología que viene del teatro griego,
persona-máscara. El concepto persona está ligado a personaje, como expresión dentro del
teatro y tienen que ver con los roles. Los roles, rollo del teatro griego, tiene que ver con los
papeles, las máscaras, entonces se expresaban en el antiguo teatro griego, estos
personajes se jugaban poniéndose máscaras por delante, de acuerdo al rol que se jugaba
en las escenificaciones. Por lo tanto, el otro sentido del concepto persona con esta cuestión
de las máscaras y los roles. Qué quiero decir con esto. La otra cuestión ligada a este
concepto de Mead, justamente, uno en la relación dentro de la familia y con los compañeros
de juego comienza a incorporar en este proceso de interacción, va incorporando distintos
roles, jugando distintos roles. Esta construcción como persona implica la construcción de
distintos roles. Roles que juega el otro, roles que juega uno. Y en esta cuestión de roles que
juegan uno y otro, es la posibilidad de poder ponerse en el rol del otro. Esto lo hacen mucho
los chicos. No solamente juegan un rol, sino que luego se ponen en el lugar del otro. Este
ejercicio lúdico es todo un ejercicio de distintos papeles, de distintos lugares, que dan cuenta
de esta construcción que tiene que ver con las personas.

El concepto de persona y el concepto de rol están articulados mutuamente. La incorporación


de roles y de códigos son verdaderos controles sociales. ¿Por qué? Porque justamente
empieza en forma lúdica con los compañeros de juegos, también son formas de control
social, porque el concepto de rol tiene que ver con lo que se espera de mí, tiene que ver con
lugares, con funciones. Entonces cada sujeto a través de la estructura de roles que asume
o que adjudica está claramente dando cuenta de funciones, espacios, jerarquías que esto
implica. En la estructura de la configuración de personas que somos, con los roles
incorporados, aparecen dos espacios, dos momentos.

En un primer momento uno construye el MI. Esta primera fase tiene que ver con el momento
de mayor dependencia de nosotros con esos otros significativos. Es la situación que tiene
que ver con las distintas etapas evolutivas, previas a nuestra maduración e independencia.
El MI tiene que ver con esa etapa de mucha dependencia de los adultos donde uno va
incorporando los roles, los códigos que vienen de ese adulto. Y eso me permite adquirir la
noción del MÍ. Por definición el MI en Mead es la instancia de incorporación de pautas
sociales, normas, roles y modelos de ser. En esta etapa justamente, uno va -en los juegos-
va incorporando en los distintos personajes, el mapa social. Este MI que tiene que ver con
estas construcciones, va a ser seguido por otra instancia u otra fase en nuestra construcción
de persona, que tiene que ver con la construcción del YO. El YO se caracteriza por ser una
instancia creativa, transformadora, libre. Es decir, el MI repite y el YO recrea. Socialmente
hablando el MI no es que deja de estar. La sociedad monitorea a esta otra parte de la
persona, que es el YO, monitorea y controla estos ejercicios de autonomía de transformación
que tiene el sujeto. Esto lo subraya bastante Mead, para dejar tranquila a la sociedad que
formaba parte aclaró que este YO estaba, pero estaba el otro que se encarga de controlar.
Y de hecho esta parte de lugar de persona que tiene que ver con pautas incorporadas, con
los modelos que se espera de nosotros, ubicándonos en una sociedad como la
estadounidense a principios de siglo XX en plena etapa de desarrollo industrial, modernidad,
etc., obviamente el hombre tenía un lugar porque era el que permitía la producción, pero
también es cierto que se le pautaba hasta donde podía. Producir, transformar estaba
pautadito. Además, esto le permite un lugar social, un lugar de reconocimiento sin conflicto.
En la medida en que uno como sujeto asume esta red de roles, las incorpora, las integra con
las pautas y normas de la sociedad que forma parte y va incorporando todos los significados
de gesto significativos tanto los pre-verbales como los verbales, en la medida que todos
estos elementos se integran al sujeto, lo que posibilita es que uno tenga adentro al otro, pero
en un sentido amplio. Por eso Mead va a hablar de la presencia de otro generalizado.
Cuando dice la presencia de otro generalizado, es ese otro con el cual interactué y me
permitió construir un código pre-verbal y verbal, me ha permitido ir construyendo roles y
funciones, me ha permitido incorporar pautas y normas del mapa social. Cuando uno
adquiere todo esto, se dice que uno ha inscripto a otro generalizado con los distintos
elementos que ese otro compone. Este será, dice Mead, el punto de apoyo de todo sujeto,
en la relación con los otros. Y puede dar cuenta de sí mismo. Cuando dice sí mismo, es
tener conciencia de sí y de las cosas que lo pautan, lo normatizan, las funciones, los lugares.
Esto es conciencia de sí mismo. También dice que esta construcción tiene variaciones, y
estas variaciones, esto tiene que ver con la influencia de la dialéctica hegeliana, dice tiene
variaciones porque no es algo que queda cristalizado, sino que a medida que va
transcurriendo la historia de vida, y se pasa por los distintos ciclos vitales, se produce una
transformación. No es de una vez y para siempre. Esto lo aclara en función de esta
construcción de persona, que no tiene estas características de una vez y para siempre.
Todo el tiempo respondemos al MI y al YO, a veces más a veces menos, dependiendo del
grado de presión social. A veces, si el MI es un moderador, un controlador del YO, así lo
dice Mead, cuánto de MI tengo y cuánto de YO tengo. Esto depende de cómo ha sido la red
interaccional. A veces digamos la preponderancia del MI es muy fuerte y por lo tanto
tenemos más sujetos que responden a las pautas del mapa social, que sujetos que están
en la línea de ser creativos, más libres y más autónomos. Entonces en la persona o self
puede haber más de uno que de otro. No quiere decir que todos tengamos el mismo mapeo
o la misma construcción. Lo que dice Mead que esta construcción puede variar en función
de la realidad social que nos toca vivir y en función de los ciclos vitales. Uno tiene ciclos
vitales que son, tienen que ver con los distintos momentos evolutivos que se caracterizan
por determinadas características, y que después en un momento determinado hacen crisis
para dar lugar a un nuevo ciclo diferente. Ejemplo la niñez tiene un proceso que se corta con
la pubertad. Ahí hay una crisis. Hay un salto que produce un impacto. Ahí se tiene que dar
una transformación, de hecho, se modifica la forma de comunicación, se modifica el cuerpo,
se modifican los roles que se demandan. No es lo mismo en una sociedad los roles que se
demandan a un niño que a un adolescente. No es lo mismo lo que se demanda a una
persona adulta que a un adolescente. Y así sucesivamente. Por eso dice que este lugar de
persona va a sufrir modificaciones en función de la realidad que atraviesa y de los momentos
evolutivos y los ciclos vitales.

Cada ciclo vital sufre modificaciones. De todas maneras, si bien sufre modificaciones,
subraya que toda esta construcción de lo que él llama mente, tiene que ver con esta
interiorización de la sociedad. El subraya que esto de la mente tiene que ver con la
interiorización de las pautas sociales, del proceso social. Inclusive hay una expresión
interesante. Dice en esto de la articulación del hombre con el mundo: esta mente no puede
estar en ningún momento separada del cuerpo porque constituye una unidad. Y esa unidad
se va a conectar con el afuera, con la sociedad, del cual va a ir tomando todos esos
elementos que van a dar cuenta de esa construcción de persona. Por qué es importante
esta unidad mente cuerpo, porque tiene que ver con lo que decía recién. En el momento
evolutivo del ciclo vital se va a producir una transformación. Tiene que ver con las
transformaciones que el cuerpo tiene en cada momento del ciclo vital. Lo que también
subraya es que el hombre debe responder, en esta construcción social e individual, pero
siempre tiene que ser en una relación donde pueda responder a las pautas. De que su
producción como sujeto en relación con el medio tenga que respetar normas, responder a
las expectativas, que pueda lograr lo que decía Cooley, el reconocimiento, estatus, armonía
y aceptación social. Por eso se dice que el YO que hablaba Mead, es un YO que se acerca
mucho al YO alienado de Sartre, porque el YO alienado de Sartre es un YO que viene
sujetado a lo que la sociedad quiere de uno, y no en el lugar de protagonismo que
encontramos en Pichón y que también encontramos en el propio Sartre cuando dice ser para
la libertad, ser para la cosa o ser para la libertad. En este sentido este ser alienado que se
asocia con este YO que es un YO, que si bien el dice… el YO y el MI, sí momentito pero hay
ciertas pautas que responder de tu MI, sino trae conflicto en el mapa social. En este sentido
este YO tiene mucho que ver con el otro, todo el tiempo. YO en la mirada del otro. En este
sentido se acerca a este YO alienado del cual habla Sartre, cuando habla de la
preponderancia de la mirada del otro. Dice una frase “estamos condenados a la alienación.
A ser quien soy por los otros” Esto dice Sartre. Y esto es interesante. Hay un juego que
aparece en otro autor contemporáneo, en un libro llamado Nudos, que habla justamente del
impacto de los otros en esta posibilidad de construir el propio self, el propio yo.
Esta cuestión de la alienación se plantea como un aspecto crítico en la escuela interaccional
simbólica. Porque hay tanta predominancia de la mirada de los otros calificando el proceder,
esto desde la posición sartreana sería ser como los otros quieren. Ser atado a lo que la
sociedad demanda. Ser cosificados. Ser repetidores. Ser enajenados. Lo que va a decir
como alternativa salir del circuito de la mala fe. El circuito de la mala fe sería creerme que
soy como una cosa y no hacerme responsable de mi libertad. Eso dice Sartre. Entonces hay
que sincerarse con uno mismo y tomar conciencia. Si uno toma conciencia que es libre
puede llegar a construir el ser para la libertad, el ser para el proyecto. Es un planteo
totalmente diferente. Esta es una construcción hecha por otro pensador, post guerra donde
la esencia del hombre pasa por su existencia. Él es uno de los pilares del existencialismo.
Por supuesto Sartre se opone muchísimo al planteo pragmático de Mead, que uno en esta
interacción simbólica con los otros, uno pueda hacerse persona en tanto y en cuanto este
YO no deje de responder a ciertas pautas que gratifiquen el deseo del otro. Él no habla de
deseo. Responda a las expectativas sociales que el sistema está proponiendo. Por eso esa
escuela se ha logrado fortalecer muchísimo. Porque responde al sistema. Sos en la medida
que respondes a las pautas sociales. Aunque te respetamos que tenes cambios porque vas
creciendo. Entonces las cosas cambian, pero no tanto. Desde este lugar aparece esta
jerarquización de la escuela interaccional simbólica y que tiene un sucesor muy importante
en esto de la construcción social de la subjetividad en este proceso que se llama la
socialización, que es toda la corriente interaccional más moderna de Berger y Luckman, que
justamente pone el acento en el proceso de socialización que nosotros tenemos en este
encuentro con los otros.

Los gestos lingüísticos que tiene que ver con los gestos más evolucionados en este proceso
de interacción simbólica, son muy importantes para la escuela de Mead, porque dice que,
en estos gestos lingüísticos, uno puede, en la medida que lo tiene incorporado, puede
elaborar y puede evocar al receptor, al emisor y al mensaje, al texto que entre ambos circuló.
Esto es lo que permite como estructura el gesto lingüístico. Poder evocar y elaborar al
emisor, el que dijo lo que dijo, el canal por donde fue, y al receptor cuál fue la respuesta.
Dice que todo este circuito es sumamente importante en esta construcción del encuentro del
sujeto con los otros. Es como una estructura importante porque además con esta evocación,
uno también evoca el rol de uno, el rol del otro, qué se espera de cada uno. Con lo cual
aparece claramente esta normatización de la interacción humana.

Lo último que nos queda es cómo se da el desarrollo del acto social. En relación a cómo se
va desplegando, cómo nos vamos apropiando de este acto social, tiene distintos momentos.
Fíjense que todo esto que estoy yo explicando, es muy descriptivo y descripción de lo que
se ve. Por eso es conductista. Entiendan dónde se ve. Todo el tiempo él describe lo que se
ve. Ni más ni menos. Él explica cómo se da el acto social, cuáles son los distintos pasos del
acto social. Lo primero dice Mead, es el impulso. Lo segundo la fase perceptual. La tercera
es la fase manipulativa y la cuarta la fase de la consumación. Esto es algo que nos sucede
cada día en nuestra vida cotidiana.

El acto social implica primero un impulso. Hay como algo que estimula que lleva a poner en
marcha un determinado acto. El sujeto tiene un elemento motivante, para decirlo desde
algún lugar, que pone en marcha su acción. Puede ser cualquier elemento que puede
motivar. Desde hambre hasta querer abrir la puerta para ver qué hay del otro lado. Pongo el
primer movimiento que es el del impulso. Me pongo en marcha. El segundo es el de la fase
perceptual. Si quiero comprarme un pantalón tengo que fijar la atención en qué negocio.
Entonces miro acá, miro allá, miro allá hasta que elijo uno. Esto es fijar la direccionalidad.
Esto es darle una direccionalidad a partir del registro perceptual. Si tengo sed, también, y
estoy en la cocina, lo que hago es dirigir, en el plano perceptual, voy a direccionar hacia la
canilla y un vaso, por ejemplo. La fase perceptual se caracteriza por un registro perceptual,
y una direccionalidad que pongo para esa acción que quiero llevar adelante. La tercera fase
de todo acto social es la que se llama manipulativa. Entonces la manipulativa tiene que ver
con el contacto directo con aquello que generó la acción. Si es la sed es el placer de tomar
agua, si es el pantalón el ponérmelo y ver cómo me queda. Esta es la fase manipulativa
donde uno se pone en contacto directo y siente lo que siente. La manipulación tiene que ver
con apropiarte de la situación. Después lo que queda es me probé el pantalón, pero es muy
caro, no lo voy a llevar. Tomé el agua y viene otro y me dice cómo te tomaste el agua no
ves que está contaminada. Sería lo que queda como resultado final. Que puede ser de
insatisfacción o satisfacción. Y luego viene la fase final que es la de la consumación. Los
resultados de esa acción. Qué me queda después de todo ese acto. Que varía. Varía según
la situación puntual de cada uno. De cada uno de nuestros actos. Algunos pueden terminar
muy lindos y otros pueden terminar más o menos y otros pueden terminar mal. Pero lo cierto
es que ningún acto social deja de tener estos cuatro pasos que habla Mead.
En realidad uno lleva adelante todo este acto social, porque aprendió pautas, normas,
funciones, que tienen que ver con ese proceso de socialización. Después uno puede ser un
poco más suelto. Generar ciertos movimientos que transgreden el mapa social, entonces
avanza en una dirección en busca de manipular, maniobrar sobre la realidad, y después
quiere resultados. Que después la realidad, coyuntura social, en que se encuentre va a ser
qué bien bárbaro o va a ser mal, eso depende de cada situación.

Las consecuencias involucran siempre con qué dejaste, qué lograste en ese proceso,
porque siempre cuando uno lleva adelante un acto tiene un resultado final, obviamente
cambió algo de lo que originariamente era. Es decir, tuvo un efecto ese acto. Puede ser que
se integre a lo anterior o sea una cualidad totalmente diferente a lo anterior. Pero siempre
tiene una consecuencia. Pueden ser que se alejan de lo anterior mucho o no. O te enriquece
o no te sirvió demasiado. Nada pasa inadvertido en los fenómenos sociales que vivimos
nosotros. Algunos pueden ser más destacables. Pero los actos sociales todos tienen este
circuito. Esto viene muy ensamblado. En realidad, Mead es muy minucioso y quiso hacer
todo un desglose de estas etapas. Pero esto viene, dicho dialécticamente muy concatenado.
No tiene posibilidad de ser separado. Uno viene a colación del otro. Vienen hiladitos del otro.
Cuando se despliega, cuando comienza a desarrollarse el acto social, se desarrolla, no lo
podés parar.
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Scanned by CamScanner
Mead, Lewin y Bion

Vamos a hablar de varios autores en esta clase y en la siguiente. Una vez encontraron a Pichon en el
comedor de su casa. En la mesa había un montón de libros. Pichon estaba alrededor de la mesa,
leyendo de uno a otro lado, y le dicen “¿Qué ésta haciendo, Pichon?” “Estoy coordinando una reunión
del grupo operativo”. “¿Con fantasmas?” “Y, más o menos, porque ahí está Klein, ahí está Freud, ahí
está Bion, ahí está Mead, ahí está Sartre”. Él estaba trabajando sobre un tema, viendo lo que decía
Freud, lo que le contestaba Bion, lo que decía Lewin, de manera de poder hacer con los autores lo
mismo que hacía en sus grupos operativos, con las personas con las que trabajaba: ver los distintos
puntos de vista, ponerlos en diálogo para ir construyendo entre todos un esquema conceptual al cual
podemos referirnos para operar los psicólogos sociales.
Es una combinación, no una mezcla: en física no es lo mismo. En la mezcla las dos partes
subsisten yuxtapuestas y es como el Cambalache, la Biblia y el calefón y el sable sin remaches, todo
ahí mezclado. En la combinación, no: tomo una parte de hidrógeno, dos partes de oxígeno y consigo
agua, pero están combinados, ya no están más cómo ni hidrógeno y oxígeno. Freud, si viera la
construcción de Pichon, diría "yo no dije exactamente eso", George Mead y Sartre dirían "caramba,
este argentino me ha hecho un lío”. No hizo un lío, hizo una combinación: ninguno de los elementos
permanece igual a sí mismo, todos están siendo repensados desde el puerto de Buenos Aires, adonde
llegan containers de Europa, Estados Unidos y Asia, adonde se descargan esos materiales y -si los
porteñas somos inteligentes- los revisamos un poco, porque tanto puede entrar algo muy útil para
nosotros, como puede entrar caca. (Una vez llegó un container lleno de caca, en pañales con caca
francesa que venía de Francia). Hay que revisar: es lo que hacía Pichon. Llegaba a la librería Fausto y
preguntaba “¿qué es lo que hay de nuevo de mis temas?” y empezaba a mirar a los índices. “Acá hay
algo que necesito, acá hay algo que necesito”... y se iba, y pagaba como podía. No se tragaba todo,
no creía en todo lo que leía, pero buscaba cosas que le sirvieran para trabajar acá, con su gente, sus
pacientes, sus alumnos, para lo que se necesita en la Argentina; no reproducir los sistemas europeos o
norteamericanos tal cual lo hacen allá, porque están preparados para que funcionen allá. Él los
revisaba, los desestructuraba y tomaba los elementos que le hacían falta para usarlos acá.
Alumna: Los adaptaba al contexto.
Alejandro: Porque pensaba que el hombre era un hombre en situación, y que no se entendía sin
su contexto. Vamos a trabajar con un norteamericano, George Mead; un alemán, Kurt Lewin; un
inglés, Bion y un francés, Sartre. Además de un austriaco que ustedes conocen, Freud, y Klein, que es
austriaca.
George Mead nació en 1863 y murió en 1931. Nació en South Hadley, Massachussets, Estados
Unidos. Era hijo de un pastor y una profesora universitaria, pero también teóloga. A los veinte años
pasó de la teología a la filosofía. En su ambiente natal se hablaba de teología y de religión: era una
casa de pastor y su señora, de manera que el clima en el que se formó era teológico. A los veinte años
pasó de la teología a la filosofía, y dijo que le tomó veinte años desaprender lo aprendido. Mead, en
lugar de referir todo a la Biblia, tenía que referirlo a la realidad observable, por lo cual tuvo que
cambiar su punto de vista. Eso no quiere decir que no se pueda ser filósofo o científico teniendo fe;
quiere decir que si uno es teólogo, investiga desde el punto de vista de la fe, y que el filósofo
investiga desde el punto de vista de las causas de las cosas, y el científico de la observación y la
experimentación.
En Harvard, donde estudió, lo influyó el pensamiento de Josiah Royce, idealista hegeliano, que
lo abrió a la comprensión de los procesos. Hegel, pensador idealista. Idealismo, brevemente, implica
poner el acento en las ideas y no en las realidades directas, concretas y materiales.
El idealista está simbolizado por Platón, que en un fresco de Rafael en Roma señala para arriba.
La idea del hombre, de verdad, de justicia, de divinidad... La contrapartida de Platón, idealista, es
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
2

Aristóteles, cuyo dedo señalaba a la gente. Esto en lo que importa: la plantas, los animales, los
hombres, las sociedades, esto es lo que se puede comprobar. Platón dice no, que esas son
degradaciones, encarnaciones degradadas de las ideas, que existen en si mismas.
Hegel está en la línea platónica idealista. Una vez que empieza a desarrollar como las ideas se
van produciendo a sí mismas, baja a la realidad solamente para comprobar cómo el espíritu se
encarnó en algún tipo de realidad material y vuelve al proceso de las ideas. Este proceso, según él, va
desarrollándose como tesis, antítesis y síntesis: una idea que se expone, una idea que se contrapone,
y una idea que se compone, la combinación de las otras dos ideas contrapuestas. Él aplica esas ideas a
la realidad y cree ver, en la realidad de la historia, que en los pueblos se van encarnando la ideas que
se contraponen hasta llegar a la idea masiva del ser humano, que es el Estado, y el Estado Alemán de
su tiempo. Con lo cual, a través de las ideas, quiere demostrar es qué Deutsche uber alles, Alemania
sobre todos. Es un pensamiento que termina siempre en el autoritarismo, porque si lo que importa son
las ideas y no las realidades... yo desarrollo mis ideas y los demás van a tener que aguantarse mis
conclusiones.
Bastó que otro pensador, Nietszche, diga que en este desarrollo de las ideas el hombre superior
no tiene que ceñirse a la moral del rebaño, del hombre inferior, e imponer su idea; si es necesario,
mata por su idea, crea su propia moral para que, bajando de la filosofía idealista a una moral del
hombre superior, al llegar a la política esto se convierte en Hitler. Es decir, Deutsche uber alles pero
en la práctica y a través de una guerra con 20 millones de muertos en Rusia, 6 millones de judíos
muertos, 5 millones de gitanos muerto y no se cuántos millones de discapacitados y enfermos
mentales asesinados. El pensamiento idealista suele terminar en autoritarismo, y el realista a veces
también, porque a veces en nombre de la realidad se han quemado herejes que decían cosas que iban
contra lo real, que es lo revelado, por lo real y científico que en la Unión Soviética era la teoría del
partido, o contra el mercado capitalista, que el lugar de quemarlos en la hoguera se deja morir de
hambre a los que pierden en la lucha de la oferta y la demanda. Se puede matar gente de cualquier
teoría, pero el idealismo dispone especialmente al autoritarismo.
Mead, sin embargo, se fascinó con la descripción del proceso tesis-antítesis, síntesis. Descubre
los procesos, de cómo la realidad procede incluyendo lo anterior en síntesis sucesivas. Eso a él le sirve
porque le permite pasar de lo teológico a lo filosófico, pues estudió psicofisiología en Berlín para
alejarse de la controversia teológica. Él decía que con su mama no discutía del tema filosofía y
teología, conservaban la paz en casa y mantenía un silencio respetuoso, pero en la universidad tuvo
problemas por este tipo de cosas y se dedicó a un terreno, la psicofisiología, donde tenía que entrar
más bien en el campo científico, alejado de esas controversias filosófico-teológica que le habían
traído uno cuántos disgustos. Volvió a Estados Unidos y enseñó el la universidad de Michigan, junto a
John Dewey, también influido por Hegel, con quien buscaban fundamentos científicos biológicos y
sociales de su filosofía. Decir, antítesis, síntesis: ellos querían bajar la realidad de laboratorio
trabajando por un lado con tejidos fisiológicos y por otro con fenómenos psíquicos y sociales,
mostrando estos procesos en la ciencia. Querían encarnar las ideas en un desarrollo científico.
Mead está estudiando en Norteamérica de nuevo, y lo empieza a influir el pensamiento de
William James, que es pragmatista: la práctica es lo que determina el conocimiento. Yo conozco por
la práctica; conozco si es efectivo o no efectivo lo que hago. Estamos en lo contrario del idealismo. Es
la manera de pensar norteamericana, práctica y eficientista. Charles Cooley, un economista seguidor
de Adam Smith, (uno de los padres de liberalismo, la teoría económica que dice que la manera natural
de proceder de la economía es dejara que en los individuos buscan sus propios intereses egoístas, y
una mano invisible los va combinando de tal manera que todos son felices). El Estado no tiene que
meterse, a lo sumo tiene que estar como un referí que cuida que se cumplan las leyes de juego, pero
debe dejar que los ricos negocien entre sí y lo actores resultantes de ese comercio queden excluidos,
y al ser castigados por la mano invisible de la oferta y la demanda salen fuera del mercado y ganan los
que saben y pierden los que no saben.
El capitalismo toma una forma que después se llama neoliberal, que es mucho más violenta
porque ya no hay reglas de juego. Su primera experiencia se hizo con Pinochet: con dictaduras, sin
democracia, sin derechos, sin ley. Los liberales clásicos, por lo menos, querían que hubiera una regla
de juego; que no regulara la economía pero que por lo menos impidiera las masacres y lo crímenes.
Charles Cooley, decíamos, era seguidor de Adam Smith, de quien tomó ideas como la
imaginación simpatética (pathos es sentimiento, pasión) por la que el yo se desarrolla como reflejo de
las evaluaciones de los otros. Mamá dice “qué lindo el nene”, y me llega un reflejo. Papá dice "muy
debilucho, tiene que ponerse más fuerte" y me llegan los reflejos: yo soy alguien muy lindo pero
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
3

debilucho que tiene que ponerse más fuerte. Con todos esos reflejos yo voy a construyendo mi visión,
por simpatía con lo que me va llegando de los otros: soy alguien que puede seducir con su belleza pero
no puede ganar por la fuerza, por lo tanto tengo que defenderme, y voy ubicándome en un grupo por
roles asumidos de acuerdo a las adjudicaciones que me han hecho.
Esto lo ha estudiado Pichon, que cruza a Mead con Freud y dice que en la transferencia
asumimos y adjudicamos roles desde nuestro inconsciente. Llamaban a esta escuela interacciónismo
simbólico, con fuerte influencia del pragmatismo, porque es en los resultados de las acciones donde
vemos que pasa con estos roles adjudicados y asumidos. Ahí ya estamos bastante lejos del idealismo,
porque estamos verificando en la práctica lo que pensamos. Dewey y Mead fueron parte de esta
corriente en la universidad de Chicago. Relacionaban el significado de las ideas (pensar) con la
práctica (hacer). Como el pensar/sentir/hacer de Pichon. Dentro de la corriente, él se especializa en
la psicología social, y acá llegamos a lo nuestro, a cómo se muestra este tema del rol, de las
adjudicaciones, de las funciones, en la sociedad.
Estudia los procesos sociales cruzados con los procesos individuales. Escribió entre otros libros
"La filosofía del presente" y el clásico "Espíritu, persona y sociedad". Según Mead la vida es actividad,
práctica, que se desarrolla en procesos (Hegel) en busca de objetivos. Ob (lanzado) y yectum
(adelante).
Discute con el conductismo de Watson. El conductismo estudia la conducta. Dice "yo soy
científico, yo no voy a hablar de cosas que no puedo comprobar como el espíritu, la mente, la
integridad psíquica. Yo lo que veo son conductas. Veo a alguien que cierra el puño y pega una
trompada, otro que se defiende, pero no veo ni el odio ni el amor ni el espíritu ni la mente, veo
trompadas y conductas agresivas, o conductas amorosas, y estudio nada más que la secuencia de la
conducta". Mi trompada provoca que vos contestes con otra trompada, y este proceso que se da entre
dos conductas es interacción". Watson se ciñe a eso, y a todo lo otro -mente, interior psíquico- lo deja
porque para él no es científico. Mead discute con el conductismo de Watson, que sólo acepta como
científico estudiar estímulos y respuestas. Estímulo-respuesta. Miro al ser humano como un todo
dinámico procesual, con fuerzas que interactúan a través de procesos que van dando síntesis
sucesivas. Coincide con Watson en que el contexto condiciona. Cuando nos peleamos, vos sos mi
contexto: algo me dijiste, que yo te pegué. Ante mi golpe me contestaste con otro golpe, y el
contexto me condicionó. El yo no es solitario: es contextual, hombre en situación. Pero dice que la
conducta de un individuo sólo puede entenderse en base a la de todo el grupo social del cual es el
miembro. Nos peleamos porque sabemos que después de dos o tres trompadas ella va a decir "vamos,
no seas bruto" y me va a agarrar del brazo. Mi conducta se explica dentro de este grupo humano que
no deja que nos lastimemos mucho. No se entiende nuestra pelea sino dentro de una sociedad en la
que se sanciona ose impidan las conductas agresivas. Dice que el acto social no es sólo una línea
estímulo-respuesta. Esto no explica nuestra pelea, o la realidad. Debe ser entendida como un todo
dinámico, y ninguna de sus partes pueden ser entendidas por sí misma. En el lugar de ser lineal es
circular, porque uno influye en otro, el otro en éste, y éste en ese, y todo se entiende como una
totalidad de fuerzas en juego. Salimos de la línea estímulo-respuesta y entramos en una totalidad
social dinámica.
Al observar los gestos sociales usó los estudios de Charles Darwin. “Usar” en el buen sentido de
la palabra, como Pichon, que veía a los índices y buscaba lo que le servía para su pensamiento y su
práctica. Darwin estudia la conducta de los animales: cómo funciona un grupo de monos, una manada
de ciervos, cómo ante el grito del siervo vigía todos los otros emprenden la carrera.
Alumna: ¿Dice que el hombre desciende del mono?
Alejandro: Dice que dentro de la evolución de las especies hay una que es la de los primates,
que va evolucionando y por un lado salen los simios y por el otro los antropoides, que van siendo
hombres primitivos iban desarrollándose en distintas ramas a partir de la rama común de los primates.
El mono está en una rama paralela.
Dice que la mente humana, el espíritu, es un emergente de eso proceso. Estudió los gestos
sociales, el lenguaje como parte de las interacciones... Se especializó en psicología social: las
interacciones en las que la conducta de uno condiciona la de la otra, permitiendo prever bloque va a
hacer y anticipando lo que puede llegar a ser mañana. La conducta no es solamente estímulo-
respuesta: en este todo simbólico yo preveo lo que me puede hacer el otro y a veces me anticipo. Hay
unas filmaciones de en las peleas de Nicolino Locche en que la mano que para la trompada sale a
primero que esa trompada. Si este me va a tirar la izquierda, tenso. Antes de que llegara la trompada
él estaba parándola: anticipaba la conducta del otro. Era un boxeador que pegaba poco, pero volvía
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
4

loco al adversario porque le paraba todos los golpes. Lo desconcertaba porque preveía. Esto el niño lo
aprende en el play, palabra inglesa que significa juego. Juego de jugar, de expresarse, de moverse.
Juego libre. Después, con el game, que es el juego reglado: ahí se acuerda entre los participantes que
hay que jugar con reglas, y se preparan para las reglas sociales. Este proceso conforma el me, la
persona como resultado de lo social. “Yo” como parte de la sociedad, distinto del yo, o sujeto. Y el
self la persona como creadora y modificadora del medio social. Como me tengo una conducta
producida por el medio; como self tengo una conducta creativa y modificadora del medio. Esto Pichon
lo retoma: el hombre producido y productor, la conducta producida y la conducta creativa. De ahí
nace el concepto de imaginación social: así como yo preveo la conducta del otro, puedo tener una
imaginación de lo que no existe y podría ser. Poder todos juntos pensar cómo sería la sociedad
mañana. Dice Mead "todos nosotros estamos cambiando el orden social en el que estamos inmersos".
Lo cambiamos continuamente porque nuestra mama nos educó a sí, y yo algo le introduzco de
variación, a veces hago lo contrario, añado otras... éste es el proceso de transformación de los
organizadores sociales y culturales.
Desde su pensamiento dialéctico (Hegel, decir, antítesis y tesis) promovía a la unidad entre el
pensar, el sentir y el hacer. Proponía centrarse en el presente, que está cargado de pasado y de
futuro. Como decía Kunta Kinte, el de "Raíces" las aldeas están habitadas por tres clases de
habitantes: los que están, que los ves; los que estuvieron, que no los ves pero están influyendo y los
que vendrán, que también están haciendo fuerza desde el futuro y desde nuestros sueños. Pichon
quedó muy cargado con esta concepción de que estamos cargados de pasado (psicoanálisis) pero
también cargados de futuro (proyectos).
Desarrolló la idea de las interacciones, escenificación de guiones en los que cada actor tiene un
rol. Esto lo reencuentra Pichon en el psicoanálisis, donde también significamos sin darnos cuenta cosas
que pasaron en el escenario de nuestra infancia, y que, inconscientemente, como si fuera el tablado
de un teatro, la representamos asumiendo y adjudicando roles. En un grupo, por ejemplo, le
atribuimos a uno que me trata como me trataba ni papá, y lo sentimos el en nuestros sentimientos. Es
como un teatro. Coherente con su pensamiento, tuvo mucha participación social, a pesar de que era
un hombre más bien retraído y hablada mirando hacia lo lejos, monótono y aburrido. Pero era un
hombre que participaba socialmente, políticamente... pensaba que el hombre era un ser social, y que
era coherente su pensar con su hacer.

Lewin, totalmente distinto a Mead, era expresivo, gritón, no tenía sentido del tiempo y llegaba
tarde a todos los grupos porque se había quedado discutiendo en el grupo anterior. Se entusiasmada,
se apasionaba, se quedaba en el café charlando con sus alumnos y llegaba tarde. Era un lío de hombre
y vivió entre 1890 y 1945. Se cruzó con Mead pero no se conocieron. Él estaba trabajando en un
laboratorio de psicología de, de donde salió a la psicología de la Gestalt, la forma.
La Gestalt ahora es sólo una corriente psicológica, pero en aquella época era una corriente de
todo tipo: estudios de la percepción, de la educación, de la psicología, de la sociología. La teoría de la
Gestalt dice que la estructura forma parte de un sistema. La estructura es la relación, la organización
entre las partes; la estructura es inasequible y no se puede agarrar una carretilla y llevarse la
estructura.
La estructura es el conjunto de relaciones. Una idea abstracta pero muy real. Se pelean con los
conductistas porque piensan que se arma una estructura, un todo dinámico, nada se explica sin la
interacción entre las otras partes. El conductismo era dominante en aquellas épocas. Los gestaltistas
explicaban la conducta no desde los elementos, estímulos y respuestas, sino desde la estructura.
Mientras otros gestaltistas estudiaban la percepción, en la que una melodía se identifica como un todo
por su estructura, aunque esté en clave de sol o de fa... (A ver, digan algo: si vos con esa vocecita
cantás el himno y él, con su voz de bajo, canta lo mismo, lo que hay de común entre los dos que es la
melodía. La melodía es una estructura musical; en la misma estructura con otras vibraciones
distintas). Esa es la Gestalt, lo que organiza un conjunto de cualquier tipo de elementos. Ellos
estudian la percepción como una Gestalt. Con los ojos no vemos esto que vemos: vemos puntos que, si
nos dejaran el ojo fijo, veríamos nada más que un punto. Pero como nuestros ojos se mueven, se
realiza una construcción del cerebro en base a muchas mirada, como una computadora en una
tomografía computada, que organiza distintos ángulos de percepción.
Lewin estudia las motivaciones de la conducta y la psicología aplicadas a cosas concretas como
el trabajo agrícola e industrial. Todas esas ideas de estructuras al servicio del cómo organizo este
trabajo, cómo se organizan las partes económicas y técnicas, de trabajo material, de trabajo
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
5

administrativo, y cómo entre todos forman una Gestalt que permite que se produzca el efecto de este
trabajo.
Enseñaba en un grupo de participación libre. Esto que afirmaba de los elementos de un sistema
lo practicaba también en sus clases. No era como yo estoy haciendo ahora, que estoy explicándoles un
autor y que ustedes escuchan: era más parecido a un grupo operativo en el cual él tiraba una idea, le
contestaban, él retrucaba, y se armaba una Gestalt entre todos, algo así como un esquema
conceptual. Grupos de participación libre que se reunían en el instituto de psicología y en el café
cercano.
Estudiaban en grupo fenómenos cotidianos, cosas de todos los días; el hablaba de cosas que
pasaban constantemente, como por ejemplo el efecto sidernic: venía el mozo y preguntaba “usted
que pidió”, “un tostado, una cerveza, un café con una media luna...” “Usted es tanto, usted tanto,
usted tanto...” y retenía en la cabeza la estructura de cada compra, de manera de poder cobrarles.
Una vez que les cobraba y se iba a buscar otros pedidos, lo que llamaban y le decían: “mozo, yo me
tomé otra cosa”, la Gestalt se había desarmado y se había eliminado. Él ya había cobrado; en cambio,
mientras no cobrara, tenía la Gestalt presente. Fíjense qué fenómenos están de la vida diaria
estudiaba, por el que los sistemas se mantienen en tensión hasta que se cumple la meta. Ahora, si
estuviera junto a un juez, que le hace recordar “a ver ¿que pidió?”, por ahí, ante una nueva meta que
es declarar en el juicio, se vuelve a construir la Gestalt, pero de momento se pierde.
En el libro “Dinámica de la personalidad”, Lewin contrapone el método de Aristóteles, deducir la
esencia de múltiples fenotipos (múltiples entidades aparentes, muchas apariencias de las que sea con
la esencia) al método de Galileo, que a veces con un solo experimento -como el de la torre de Pisa y
la ley de gravedad- podía deducir cómo funcionaba la ley de gravedad; es otra manera de investigar.
Este experimento descubría el genotipo, aquello que generaba que el péndulo se moviera de esa
manera: la ley de gravedad. Esto después lo usa Pichon en su teoría de la enfermedad única:
genotípico en lo que viene desde nuestro tipo genético, y fenotipo en lo que después de nueve meses
de embarazos aparece en el equipo natal del neonato.
Lewin también propone experimentos psicológicos para deducir leyes válidas para todos.
Experimentos donde se pone a la gente en situaciones especiales para ver qué pasa con la conducta
humana en esas situaciones.
Por ejemplo, arma tres grupos con sus coordinadores. Va a uno y le dice: “cuando todos hablan
al mismo tiempo, vos decís „usted habla, y usted se calla... eso está afuera de tema, hablen del tema
de hoy‟, bajando línea autoritariamente”. A otro coordinador le dice "lavate las manos. Vos
abandonalos a sus propias decisiones. No te metas". Al tercero le dice: "vos tratá de ser un
coordinador democrático que hace que todos se escuchen, que todos participan, si alguien habla
mucho, poder escuchar...”, tratar de crear una circulación de la palabra. Al final los primeros, de
alguna manera, trabajan. Los segundos se dispersan, hablan de cualquier cosa, pierden el tiempo... El
tercero es el grupo que cualitativamente rinde más, porque todos sienten que su producción es
cualitativamente mejor. En el primero y en el segundo hay mucho costo. Lewin busca leyes válidas
para todos: de tres grupos -uno liderado de manera autocrática, otro de manera abandónica (laissez
faire) y otro de manera democrática-deduce como constante e que el más productivo es el
democrático porque tiene más calidad de trabajo. El autocrático es el segundo, que tiene más
cantidad de trabajo. El peor es el abandónico, porque la gente se siente dejada de lado.
Para explicar la conducta grupal utilizó la topología (de topos, lugar) la representación espacial
de la dinámica, campo de fuerzas grupal. El analizaba al grupo como un campo de fuerzas. Había
fuerzas que empujaban para el objetivo, fuerzas que empujaban en contra, fuerzas que chocaban
entre sí o se reforzaban. Las estudiaba a la manera de la dinámica. Representaba al campo grupal
como un óvalo. Definía al campo, totalidad de hechos, comprobables, verificables y observables que
están y se conciben como mutuamente dependientes. Este es independiente de éste porque lo
refuerza, éste depende de este otro porque lo frena... Los elementos se atraen (valencia positiva) o
se rechazan (valencia negativa). En los grupos están los que chocan entre sí o los que se coadyuvan
porque tienen valencias afines. Las tensiones en el campo grupal determinan la dinámica: este grupo
es un grupo en el que dos chocan, dos se ayudan y dos van en direcciones contrapuestas.
Representaba gráficamente este momento del proceso grupal.
El campo es un sistema en tensión, como ese mozo que mantiene su sistema en tención mientras
no cobra. Esa tensión se descarga en el acto de cobrar y de ahí baja. Como en el placer sexual: la
tensión con las caricias, las aproximaciones y los sentimientos va subiendo, llega a una meseta que es
el máximo de placer, donde se produce la descarga y una meseta de satisfacción y tranquilidad. Así se
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
6

produce en cualquier campo de fuerzas, donde sube la tensión, se descarga y baja. El campo es un
sistema en tensión en el que las conductas tienden a un aumento, a una zona de alta valencia
positiva. Nacen de cada miembro del grupo, pero también del contexto grupal. Hay preocupaciones,
tensiones que dificultan la tarea desde afuera: mi familia, mi lugar de trabajo, mi país, el miedo a un
asalto, al lo que va a pasar mañana. Todo eso influye como valencia negativa en mi marcha hacia un
proyecto como el de recibirme de psicólogo social.
Alumna: ¿Por qué va tanto a la física para explicar hechos sociales?
Alejandro: Como psicólogo social podría decir que es porque las ciencias positivas estaban muy
prestigiadas entonces, y uno se identifica con lo más prestigioso y obtiene más aprobación de los
otros. Los filósofos estaban muy desprestigiados. A veces los científicos le dicen a los de las ciencias
sociales "no nos sigan a cualquier lado, porque nosotros hacemos modelos explicativos que a veces son
promisorio y ustedes ponen todas las ciencias sociales detrás nuestro. Un día vamos a ir al baño y
usted nos van a seguir, y no vamos allá para hacer algo maravilloso".
Alumno: Era la época de la explosión de la física.
Alejandro: Está muy prestigiado todo eso en la dinámica que está usando de un. Freud también.
Además de la utilidad que puede tener para entender sea. Si todos hablan en términos económicos yo
también voy a dar un ejemplo económico para que me puedan entender más fácilmente.
Alumno: Eso qué decís es como cuando pones polvo metálico, positivo y negativo, se atraen y se
rechazan, se hace un campo neutral.
Alejandro: En lo grande y en lo chico, la sociedad y el grupo, se encuentra la misma estructura
de lo positivo y negativo. Cuando los individuos alcanzan la meta, la atención se relaja. De lo
contrario el campo se desestructura, se rompe, se taran valencias positivas y negativas y se parte el
grupo en dos; se acabó el campo grupal y se armaron dos campos grupales, uno para allí y otros para
allá. La tensión se da cuando el individuo es atraído por dos valencias positivas y tiene que elegir
entre acercarse a algo positivo o escapar de algo negativo. Tengo adentro dos fuerzas: si estoy atraído
por dos valencias positivas, se puede dar la disyuntiva. Una y dos me andan queriendo/ y no sé con
cual quedarme/ una me ofrece dinero / y la otra promete amarme.
Los movimientos de cada elemento afectan a todo el campo. A lo mejor se sienten tentados a ir
detrás mío, o a lo mejor yo escapó de algo y todos corren aunque no sé para porqué corren, por algo
correrán... Lewin llamó a esta investigación "teoría del campo" y psicología vectorial, por los
vectores. (Cada vez que le preguntó a un matemático que es por vector, a medida que me lo va
explicando me voy olvidando). La aplicó a estudiar el efecto de tareas inacabadas. Cuando aún no lo
interrumpen, está el mozo por cobrar y lo llaman, tiene que mantener la estructura armada para ir a
hacer lo que le piden y cumplir la tarea, es un tironeo... Eso a la ama de casa le pasa mucho. La
experiencia de multiplicidad inabarcable dice un autor muy posterior, hace que yo no sepa para donde
en por qué tengo inacabado el tema de la comida, del cambiado del nene, el teléfono que encima
suena con el timbre, al mismo tiempo. Estudia todas estas cosas de la vida cotidiana.
Cuando se interrumpe una actividad y se inicia otra, parte de la atención irresuelta de la
primera se transfiere a la segunda, y cambiás al bebé con la nerviosidad del teléfono y el timbre, y le
decís "mocoso de porquería", y la liga el pibe. Esto tiene un valor sustitutivo: la descarga con el chico
sustituye lo que tenía que haberme enojado con el que vino a cobrarme algo.
Alumno: Lo que dijo era una definición de estrés.
Alejandro: Claro. Las tareas interrumpidas y recomenzadas continuamente lo que provocan es
eso. Una especie de depresión que se manifiesta a través de cansancio, postración, falta de ganas y
olfativo, producto de excesivas atenciones inacabadas. Son como resortes en nuestros músculos que
no se han terminado de descargar, y todo el cuerpo cargado de resortes haciendo fuerza. Estoy
simplemente agotándome, una tensión inútil.
Cuando Hitler persigue a los judíos, Lewin emigra de Alemania a Estados Unidos. Investiga
problemas como el cambio de hábitos alimentarios durante la guerra y el prejuicio y la discriminación.
Su madre muere en un campo de exterminio nazi. Hasta ahí se le mete el contexto al pobre Lewin en
la vida. Los hábitos alimenticios, durante la guerra tenían que comer vísceras, porque los cortes
mejores, el roast beef, iban a frente, y a la gente no le gustaba. Juntaban grupos de señoras y les
preguntaba "¿Qué dirían sus vecinas si les propusieran comer estos cortes?" “Dirían que es una
chanchada, una porquería, que hace mal”... Después de decir lo que ellas pensaban, él preguntaba
qué le contestarían, y les daba clases sobre el valor proteico de eso e iba educando, pero jugando con
el campo de fuerzas.
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
7

En su última época Lewin investigó el cambio social, idea que Pichon incluye en su definición de
psicología social. Producto de fuerzas propia e inducidas, ambiental, sobre las que la psicología debía
operar para pasar de la autocracia (el la había sufrido en carne propia, con su madre muriendo en un
campo de exterminio) a la democracia, y entonces era violentamente democrático, quería que todos
fueran democráticos, a los gritos. Decía que la experiencia en el entrenamiento para el liderazgo, el
cambio de hábitos alimentarios, los prejuicios, todo parece indicar que es más sencillo cambiar a los
individuos integrados en un grupo que cambiar a cualquiera de ellos por separado. Creo los grupos T,
coordinados por un animador no directivo, centrados en el presente y el futuro, sin tener mucho en
cuenta la perspectiva histórica. Aquí y ahora, porque todo el pasado está en el aquí y ahora, y el aquí
y ahora está cargado de futuro. Sin hablar mucho de que a vos de chico te pasó tal cosa... Vivía
absolutamente en el presente, apasionadamente, en forma distinta a Mead. Dos estructuras mentales
distintas.

Ahora vamos a ver a un inglés. Vimos a un yanqui distante y seco, teórico y práctico; a una
alemán impulsivo y tormentoso, y ahora vamos a ver a un inglés. Wilfred Bion. Publicó su obra entre
1943 y 1952: era mucho más moderno. Psicoanalista de la escuela kleiniana. Comandante de tanques
condecorado en la primera guerra mundial, miembro del instituto Tavistock de relaciones humanas de
Londres, psiquiatra del ejército a cargo del ala de entrenamiento del hospital psiquiátrico de
Northfields, con 100 pacientes.
Les cuento el experimento de Northfields. Habiendo estudiado algo de Freud y de Klein les va a
resultar más simple de entender. Problema: apatía y moral baja, que para los militares significa falta
de ganas, decaimiento y depresión de los soldados internados. Salas sucias y problemas
administrativos. Hipótesis (afirmación sometida a verificación): eran problemas neuróticos a girado en
términos administrativos; no es un problema simplemente de técnica de limpieza y administración,
sino que hay algo neurótico que está produciendo salas sucias, peleas, depresiones. Pronóstico: la
disciplina se restablecería si los soldados volvieran a unirse contra un enemigo común. Es un
pronóstico en base a lo que es un enemigo y una guerra, a la psicología militar que necesita un
enemigo. Le decían a un general norteamericano "nosotros lo que queremos es ser amigos de EE. UU.".
"¡Pero yo lo que quiero es un enemigo!" y, lamentablemente, ya lo encontraron. Estos no habían
encontrado su enemigo y por eso estaban tan mal. El enemigo común (hipótesis) podría ser la neurosis
como forma de incapacidad de toda la comunidad. La neurosis nos está haciendo mal a todos, es el
enemigo. La duración del experimento es de seis semanas, en las cuales cada hombre debería
incorporarse a un grupo dedicado a trabajos manuales, escritura de mapas, cosas guerra o de
limpieza. Se pasaba revista diaria y se evaluaba el trabajo de toda la organización.
Cada grupo tenía que revisar constantemente cómo andaba en su objetivo. Pronostico: la
neurosis podía superarse si se la veía como un problema de todo el grupo que podía ser resuelto por la
tarea común de este grupo. Era mucho mejor que este grupo se fijara en la neurosis como enemigo de
todo el grupo y no de cada uno. Resultados: a lo largo de seis semanas, mayor autocrítica en la
organización, mayor responsabilidad en la iniciativa de cada uno, salas limpias, mayor contacto con la
realidad, mejores relaciones, trabajo operativo más eficaz. Todo eso está contabilizado en las
anotaciones de Bion sobre el experimento de Northfields. A partir de esa práctica piensan qué es lo
que funcionó en el interior de estos internados. Empieza a sacar conclusiones teóricas publicadas en
1943. Van a parecer poca cosa, pero eran importantes entonces.
Primero: la conducta de un miembro del grupo influye en la de los otros miembros y es influida
por estos, como en los campos de Lewin. Toda psicología es psicología de grupos.
Segundo: el funcionamiento racional de este grupo es afectado por las emociones y sentimientos
irracionales de sus miembros, no sólo por las ideas lógicas y racionales (por las emociones, las cosas
que sucedan, por más disparatadas que parezcan, influyen en el grupo). El grupo que reconoce y
encara esta realidad de las emociones y libera su potencial total. Si se niega a ver sus emociones, no
libera su potencial de solución.
Tercero: los problemas organizativos y administrativos son al mismo tiempo problemas
personales e interpersonales, expresados en términos organizativos. En lugar de pelearme, no limpio
nada: es una traslación de problema.
El grupo se desarrolla cuando aprende por experiencia a tomar mayor contacto con la realidad.
Cuando hay una experiencia de que en la sala más limpia la pasan mejor, se produce un cambio en las
interacciones y en la manera de pensar y sentir de cada uno. A partir de cada uno arma una teoría de
la conducta grupal.
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
8

Lewin empieza a trabajar con grupos terapéuticos en la clínica Tavistock y aplica esto al grupo
de personas comunes que llegan a la clínica a buscar ayuda psicológica. Que hacía: interpretaba,
porque es un psicoanalista que trabaja con militares y acompasa la manera de ser del militar,
reconoce su forma de pensar y de sentir, sus códigos, y aplica su teoría a un campo concreto.
Interpretaba como psicoanalista no la conducta de cada individuo sino la de todo el grupo "me parece
que el este momento el grupo está como asustado, queriendo escapar de un peligro". Y no les indicaba
lo que tenían que hacer: el el sabrá cuál es el peligro, si está asustado o no... Los integrantes sentían
que no estaban recibiendo lo que necesitaban. Divagaban, no se comportaban como se esperaba, se
aburrían, desvalorizaban lo que interpretaba. Se ponían nerviosos. Hipótesis: las fuertes emociones
anulaban toda tarea racional y positiva. Estaban tan necesitados de una ayuda personal inmediata,
que no podían funcionar en sus facultades. Se bloqueaban. Él intervenía, pero no era la intervención
que ellos querían, que les dijera "vos mañana a la mañana, desde que te despertás vas a decir hoy me
va a ir bien todo el día" y vos te vas contento porque tenés una receta. Le dejaba al grupo pensar.
Alumno: Parece un psicólogo social.
Alumno Es la dinámica que se usa para los grupos de adicción.
Alejandro: De Bion y de los psicólogos del pasado sacan provecho todo los que trabajan en estas
cosas. Investigación: comparando lo que pasaba en los diversos grupos empieza a investigar sobre eso.
Empezó a encontrar pautas de conducta que se repetían. Les voy a dar los títulos de esas pautas, y la
próxima vez las repasamos. Las pautas comunes que encontró que se daban en todos los grupos eran
tres, tres formas que se producían:
Primera, supuesto básico de dependencia. Supuesto básico, algo sostenido pero no
conscientemente. El grupo se comporta como si su supuesto básico fuera que se reúnen para ser
sostenidos por un líder de quien dependen para su nutrición, material o espiritual y protección, sin
necesidad de esfuerzo por parte de ellos. “Se supone que acá tenemos que recibir ayuda de este señor
que sabe mucho”. Indicadores, frases como: sólo escuchándolo, yo aprendo”. Oposición a todo el
trabajo individual; total, sólo basta escucharlo, porque él sabe. “Qué claro que ese, como me
entiende lo que yo pienso”. Hostilidad y denigración si el líder se niega a dar todo lo que se le pide.
“A mí no me quiere, me tiene aparte”. Sustitución por otro líder, a veces con división del grupo.
Negativa a todo criterio de realidad o esfuerzo. Al final el grupo se pudre.
Supuesto básico de pareja mesiánica. El grupo se comporta como si tuviera la esperanza de
que, al juntarse alguien con alguien, una pareja, fuera a surgir una solución a todos sus problemas;
algo así como el Mesías. Para el futuro, no es como la dependencia, que es un ya tenemos acá al que
nos da todo. No es hoy, sino que va a venir. Puede ser Perón-Evita, Menem, Kirchner... no tiene que
ver con la persona en quien pone en eso, tiene que ver con la fantasía del que pone toda esa
esperanza. Indicadores: frases como "estamos en buenas manos", "todo se va a arreglar", escuchar el
silencio a dos que hablan (mejor que hablen ellos que saben), bromas sexuales aunque la expectativas
no sea sexual. Referencias a ideas o inventos que revolucionarán todo. No hay que molestarse más por
nada porque todo va a venir fácil. Negativa a aceptarlo, porque no es lo que soñábamos. Negativa a
hacer cosas concretas en el presente, porque hay que esperar aquello.
El mismo grupo puede estar en un momento en supuesto básico de dependencia, y en otro
momento el supuesto de pareja mesiánica esperando todo del futuro, y en otro momento puede estar
en el tercer supuesto que es el supuesto básico de ataque y fuga. El grupo se comporta como si
supusieran que acá lo principal es escapar del peligro, como si su tarea principal fuera escapar o
luchar contra algo que lo ataca. “No me hables ahora de teoría, porque lo importante es que no nos
jodan”. Lo que importa es juntarse para escapar de, o para luchar contra... Están con nosotros o
contra nosotros. Ellos encarnan todo lo malo... Al líder no se le acepta tarea que tenga que ver con
construir nada: sólo nos lleva a la lucha, al ataque, eso es lo que esperamos de él. Cualquier señala
miento de algo bueno en los otros se siente como traición. Si somos radicales o peronistas, no nos
vengan a decir que el otro puede tener algo bueno. Todo es traición. A veces se pelea con el de al
lado confundiéndolo con el enemigo.
Un mismo grupo puede pasar por los tres. La alternativa que buscaba Bion era el grupo de
trabajo, que es cuando el grupo se comporta como si todos supusieran la verdad: que lo que tienen
que hacer es la tarea específica para la cual se vincularon. A diferencia del grupo de los supuestos
básicos, que supone irracionalmente que su tarea es el de aprender, esperar soluciones de otros o
escapar de un peligro, cuando un grupo se constituye en el grupo de trabajo los sentimientos de sus
integrantes se encauzan en el cauce de la tarea hacia el objetivo grupal racional. Es cuando nos
ponemos a hacer lo que tenemos que hacer, y si no estamos metidos en una fantasía. Esta situación
Escuelas Fundantes de la Psicología / Social MEAD, LEWIN Y BION
9

dura mientras los integrantes puedan conducirse por su yo consciente, mientras no se desbordan sus
emociones. A diferencia del grupo de supuesto básico, en el grupo de trabajo cada uno sabe que la
tarea del grupo no puede hacerse sino a costa del esfuerzo. “Si yo no me esfuerzo, el me va a ayudar,
o van a traer la solución, o hay que escapar…” pero acá no, acá hay que laburar. En el grupo de
supuesto básico todos creen conocer naturalmente la realidad, en el de trabajo reconocen que las
emociones pueden ocultar la realidad y hace falta trabajo para aprender cómo son las cosas, como se
trabaja en grupo, conociendo a cada compañero cómo es y no sólo como me gusta o disgusta. En el
grupo de supuesto básico la gente se lleva bien o mal por sus valencias reales, impulsos positivos o
negativos; en el del grupo de trabajo aprendemos a cooperar entre diferentes, aunque tengamos
valencias distintas porque podemos trabajar juntos.
Terminamos esta maratón. Van a tener que trabajar mucho el grupo operativo, van a tener que
leer los apuntes y la próxima vez pregunten si tienen alguna duda. Y perdonen la duración de la clase.
George Herbert Mead y el self social
John J. Macionis Ken Plummer
Nuestra comprensión de la socialización es en gran medida el resultado del trabajo de George
Herbert Mead (1863-1931), a quien presentamos en la sección Perfil. Mead llamó a su teoría
conductismo social, recordando el conductismo del psicólogo John B. Watson que describimos
anteriormente. Ambos reconocieron el poder del entorno social a la hora de explicar la conducta
humana. Pero mientras que Watson se centró en la conducta hacia el exterior, Mead destacó el
pensamiento interior, que él afirmaba era el rasgo que definía a las personas.

El self
El concepto central de Mead es el self, la capacidad humana para la reflexión y ponerse en el
lugar de los demás. La genialidad de Mead está en ver que el self es inseparable de la sociedad,
y está estrechamente ligado con la comunicación. Esta relación se explica en una serie de pasos.
En primer lugar, afirmaba Mead, el self surge de la experiencia social. El self no forma parte del
cuerpo, y no nacemos con él. Esto es lo que nos diferencia como seres humanos. Mead
rechazaba las ideas simples acerca de los instintos o impulsos biológicos, y argumentaba que el
self se desarrolla únicamente mediante la experiencia social. En ausencia de interacción social,
como vimos en los casos de los niños aislados, el cuerpo puede desarrollarse, pero no el self.

En segundo lugar, explicaba Mead, la experiencia social implica comunicación e intercambio de


símbolos. Al utilizar las palabras, al hacer un gesto con la mano o al esbozar una sonrisa, las
personas crean significados, algo que sólo los humanos pueden hacer. Podemos emplear un
sistema de premios y castigos para entrenar a un perro, pero este no atribuirá significados a
estas acciones. Los seres humanos, por el contrario, toman conciencia de las acciones
deduciendo las intenciones subyacentes de las personas. En resumen, un perro responde a lo
que haces; un ser humano responde a lo que tienes en mente cuando lo haces. Siguiendo con el
ejemplo del perro, podemos entrenarlo para que vaya a casa y vuelva con un paraguas si el día
amenaza lluvia. Pero el perro no atribuirá significado al acto, no verá la intención que hay detrás
de la orden. De modo que, si el perro no puede encontrar el paraguas, será incapaz de una
respuesta humana: buscar en su lugar un impermeable. En tercer lugar, afirma Mead, para
comprender la intención, debes imaginar la situación desde el punto de vista de la otra persona.
Nuestra capacidad simbólica nos permite imaginarnos y ponernos en los zapatos de otras
personas. Esta capacidad nos permite anticiparnos a la manera en que los otros nos responderán
incluso antes de que actuemos. La interacción social implica, entonces, vernos a nosotros
mismos como los otros nos ven (un proceso que Mead llamó tomar el rol del otro). El self, de
esta manera, es siempre reflexivo: implica una reflexión sobre nuestros actos a partir de la idea
que nos hacemos acerca de cómo nos ven los demás.

El self a través del espejo de los otros


En la vida social, los demás representan el espejo en el cual nos percibimos a nosotros mismos.
Charles Horton Cooley (1864-1929), uno de los colegas de Mead, utilizó la expresión looking-
glass-self, que algunos han traducido como self-especular, para denominar a la imagen que las
personas tienen de sí mismas basada en cómo creen que los demás las perciben. Que pensemos
que somos listos o torpes, respetables o despreciables, depende en gran medida de lo que nos
imaginamos que otros piensan de nosotros. Esto ayuda a entender el descubrimiento de Carol
Gilligan (1982) de que las mujeres jóvenes pierden la confianza en sí mismas cuando alcanzan la
mayoría de edad en una sociedad que no las invita a cultivar una mayor confianza en sí mismas.
El «yo» y el «mi»
Nuestra capacidad para vernos a nosotros mismos a través de los demás implica que el self tiene
dos componentes. En primer lugar, el self es sujeto cuando iniciamos la acción social. Los seres
humanos son activos, tienen capacidad de actuar espontáneamente y por iniciativa propia. No
son seres reactivos, que se limitan a responder automáticamente a estímulos externos. A este
elemento del self Mead lo llamó el «yo». Pero, por otra parte, el self es también objeto porque,
mirándonos a través de los otros, nos formamos una imagen de nosotros mismos. Mead llamó
a este elemento objetivo del self el «mi». La interacción social es un diálogo continuo entre el
«yo» y el «mi»: el «yo» emprende la acción, pero no lo hace de cualquier manera, sino tomando
en cuenta o anticipándose a la reacción de las otras personas, lo que es tarea del «mi». Nuestras
acciones son espontáneas, pero siempre están guiadas por la manera en pensamos que los
demás van a responder. Mead subrayó que el pensamiento en sí mismo constituye una
experiencia social. Nuestros pensamientos son en parte creativos (lo que corresponde al «yo»),
pero en el pensamiento también nos convertimos en objetos de nosotros mismos (que
corresponde al «mi») cuando nos imaginamos cómo reaccionarían los otros a nuestras ideas. En
la Tabla 7.1 se desarrollan algunos de estos contrastes.

Desarrollo del self


Según Mead, adquirir un self significa aprender a ponerse en la situación del otro. Como Freud,
Mead consideró que la infancia era una etapa crucial para esta tarea, pero como ya hemos dicho,
no pensaba que el desarrollo del self estuviera supeditado a factores estrictamente biológicos.
Para Mead, lo que explica y permite la evolución de la personalidad o self es la experiencia social.
Los bebés responden a los otros únicamente en términos de imitación. Imitan el
comportamiento sin comprender las intenciones que hay detrás. Según Mead, incapaces de
utilizar los símbolos, los bebés no tienen self. Los niños primero aprenden a utilizar el lenguaje
y otros símbolos en la forma de juegos, especialmente juegos de rol. En una primera fase, los
niños juegan a representar los papeles de las personas que son importantes en sus vidas: los
otros significativos, que llamaba Mead. Cuando los niños juegan a «mamás y papás», por
ejemplo, están aprendiendo a ver el mundo desde la perspectiva de sus padres. Poco a poco, los
niños aprenden a jugar juegos más complejos, que implican ponerse en lugar de otras varias
personas. Este aprendizaje es el que permite, por ejemplo, superar la fase del juego de tirar y
devolver la pelota, para llegar a jugar al fútbol, donde uno ya debe tener en cuenta las posiciones
y ser capaz de anticipar las reacciones del resto de jugadores. A la edad de siete u ocho años, los
niños ya tienen la experiencia social suficiente como para participar en juegos de equipo, que
exige asumir el papel de todos los que están interactuando en esa situación concreta. En la
Figura 7.1 se muestra la progresión desde la simple imitación de la conducta de otros jugadores
al juego en equipo. Pero nos queda comentar la última etapa de desarrollo del self. En los juegos
de equipo, el niño es capaz de ponerse en la situación de las otras personas que están jugando
con él. Pero en la última etapa del desarrollo, uno ya es capaz de verse a sí mismo desde la
perspectiva de otras muchas personas, conocidas y desconocidas, y en una variedad de
situaciones. En otras palabras, en esta última etapa empezamos a reconocer las normas y
valores que son válidos para el resto de las personas y a incorporarlos en nuestro self. Mead
acuñó el término otro generalizado para referirse a las normas y los valores culturales
ampliamente aceptados que utilizamos como referencia para evaluarnos a nosotros mismos.
Pero tampoco la aparición del self supone el final de la socialización. Muy al contrario: Mead
pensaba que el proceso de socialización continúa a lo largo de la vida, en la medida en que los
individuos van desenvolviéndose socialmente y acumulando nuevas experiencias. El self puede
cambiar, por ejemplo, tras un divorcio, a consecuencia de una enfermedad grave, o debido a un
cambio en la posición económica. Pero, según Mead, siempre es posible tener algún control
sobre estos cambios y sobre la imagen que tenemos de nosotros mismos, dado que nunca
respondemos a estos cambios de modo irreflexivo o automático. Siendo capaces de interactuar
con nosotros mismos y vernos desde una cierta distancia, siempre podemos ir evaluando
nuestras acciones y orientando nuestros actos.

Comentario crítico
El trabajo de Mead es importante porque es un excelente punto de partida para reflexionar
sobre la naturaleza de la experiencia social. Mead logró demostrar que la interacción simbólica
es una pieza fundamental tanto para el desarrollo del self, como para el funcionamiento de la
sociedad. Algunos autores han criticado a Mead porque en su obra parece que desatiende
completamente los aspectos biológicos de la conducta a favor de los puramente sociales, al
contrario que Freud, que tomaba en cuenta las pulsiones o instintos sexuales o de otro tipo. Esta
crítica es injusta, ya que Mead también consideró los procesos corporales y los «impulsos». Los
conceptos de Mead del «yo» y del «mi» a menudo se confunden con los conceptos de Freud del
id y el superego. Pero para Freud la raíz del id estaba en el organismo biológico, mientras que
Mead veía el «yo» como un elemento impulsivo y el «mi» como reglamentario. Tanto el
concepto de Freud del superego como el concepto de Mead del «mi» reflejan el poder de la
sociedad para dar forma a la personalidad. Pero mientras que, en Freud, el superego y el id están
enredados en un combate continuo, Mead sostenía que el «yo» y el «mi» trabajan estrecha y
cooperativamente en el desarrollo de la personalidad (Meltzer, 1978).
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner
Scanned with CamScanner

También podría gustarte