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Descubriendo Tiburones en la Escuela

Este documento describe cómo un grupo de niños de 3 años en una escuela pública en España desarrollaron un interés repentino en los tiburones después de que uno de los niños mencionara haber visto uno. El maestro aprovechó esta oportunidad para iniciar un proyecto sobre tiburones, mostrando fotos y revistas a los niños. Los niños comenzaron a traer materiales sobre tiburones de sus casas, como libros, juegos y videos. El proyecto se convirtió en algo que los niños se apropiaron.

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Descubriendo Tiburones en la Escuela

Este documento describe cómo un grupo de niños de 3 años en una escuela pública en España desarrollaron un interés repentino en los tiburones después de que uno de los niños mencionara haber visto uno. El maestro aprovechó esta oportunidad para iniciar un proyecto sobre tiburones, mostrando fotos y revistas a los niños. Los niños comenzaron a traer materiales sobre tiburones de sus casas, como libros, juegos y videos. El proyecto se convirtió en algo que los niños se apropiaron.

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Los tiburones

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N
La escuela pública Juan Caro Romero, de Enrique Ontiveros ~
MeJilla, se inserta en un barrio de población "'
musulmana, de nivel socioeconómico bajo. ¿por qué los tiburones?
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Estos niños y niñas crecen en un entorno desfa-
vorecido, y desde nuestra escuela nos sentimos Este proyecto surge en el grupo de 3 años en el primer trimestre. Se suponía §
responsables de ofrecerles el máximo posible que estábamos saliendo del periodo de adaptación, y yo andaba con todas "'
E

de experiencias, para compensar las limitacio- mis reservas, con cuentagotas, pensando que todavía «eran demasiado
nes con las que estos niños crecen. pequeños» para todo.
E llos se encargaron de sorprenderme. Hasta entonces, habían sido muy
cortados, muy reservados para expresarse, pero Huzman, sin venir a qué,
se levantó del banco y espetó: «¡Yo he visto un tiburón!»
Founti se levantó, y muy digno, informó con su media lengua:

- ¡Los tiburones muerden!

Y varios, a coro asintieron:

- ¡Sí, muerden!

Rápidamente N umidia, con el egocentrismo propio de su edad, quiso


adquirir protagonismo:
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- ¡Mi papá me ha comprado un tiburón!!


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Pero claro, no coló:
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E - No, ¡¡que viven allil!» -dijo Jalid, e hizo como si señalase un lugar.
-¿Dónde, Jalid? - le pregunté
-Allí -dijo, ahora un poco avergonzado de no saber explicarse.

Pero Ismael salió rápido al quite:

- ¡En la playa!

Huzman volvió a informar:

-Tienen dientes.

Y la palabra «dientes» provocó el frenesí: comenzaron a hablar todos, al


mismo tiempo, entre ellos, todos se señalaban los dientes, y comentaban la
cualidad «mordedora>> del tiburón, y yo me preguntaba asombrado si ese
era el mismo grupo que no hacía mucho lloraba desconsoladamente.
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Pero hubo algo de magia en el asunto: casualmente, yo llevaba en mi
mochila una revista de submarinismo que acababa de comprar. Mientras
ellos debatían, eché un rápido vistazo y, efectivamente, había una estupenda
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foto de un tiburón blanco con su boca bien abierta. §
ro
Y les dije: «¿Quién quiere ver un tiburón?» E
Se hizo el silencio, y la incredulidad y el miedo se adueñaron del grupo
entero. Entonces enseñé la foto, les hice ver que tenía su boca abierta,
pasé la fotogarfía uno por uno, (¡¡con qué ganas y miedo al mismo tiem-
po la tocaban!!), y delante de ellos, la recorté, la pegué en una cartulina, y
escribí debajo, delante de todo el grupo T • B U R Ó :r-... No había duda:
los tiburones nos llamaban.

Comienza el trabajo

No sabía muy bien cómo empezar. ¡¡Sólo llevaban un mes en la escue-


la!! Pero algo sí tenía claro: íbamos a trabajar sobre materiales «reales».
¿Por qué enseñarles con imágenes caricaturizadas, con expresiones ama-
bles, etc., para luego, reaprenderlo to do como es en realidad? E l mundo
está ahí fuera, ¿no hay que descubrirlo tal y como es? ¿No es mejor ir
directamente a su encuentro?
32 Todos los dias, para la asamblea, llevaba revistas de submarinismo Y fue un momento difícil: pasaron dos o tres días, y nadie trajo
y veíamos fotos. Yo les explicaba la fotografía, les dejaba coger la nada. Y ya empezaba a pensar que no resultaría, y volvió la magia:
§ revista, y durante unos dias, fuimos familiarizándonos con la infor- cuando repartia el zumo, en la mochila de Fatni había una foto her-
ro
E mación sobre tiburones. Del concepto unitario de «los tiburones mosísima de una ballena, recortada de una revista. ¡El niño ni sabía
muerdem>, fueron acercándose a un mundo amplio: numerosos tipos que la madre la había puesto allí!
de tiburones, fotos de partes de su cuerpo, imágenes de barcos y sub- La saqué, entusiasmándome mucho, y (haciendo un poco de tea-
m arinistas ... tro) no paraba de felicitar a Fatni porque «había traído cosas de tibu-
rones a la escuela». E l niño rebosaba de orgullo, y los otros «hiciero n
oreja» inmediatamente: cayeron en un «frenesí de participación». En
El rincón
los días posteriores llegaron:
Organizamos un rincón de los tiburones, donde aglutinam os todo el
material que conseguiamos. • un libro sobre tiburones,
No sabía hasta qué punto iba a contar con la colaboración de los • una Enciclopedia del Mar,
padre s: nuestra población escolar es de entorno desfavorecido, y se • el DVD (¡pirata, qué le vamos a hacer!) de El espantatiburones,
no ta que muchos niños y niñas viven en precariedad. ¿Habría en las • un tiburón de juguete, que m ordia de verdad,
casas algún material tan esp ecífico? ¿Las madres y los padres se impli- • un juego de Buscando a Nemo,
carían buscando? • un vídeo de Nacional Geographic .. .
Pero les escribimos (con sus circulitos y culebritas y mi transcrip-
ción) pidiéndoles ayuda. E l asunto empezó a ser verdaderamente de ellos.

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