Mandamientos. Espiritualidad y la oración.
Los 10 mandamientos son los siguientes:
Primer Mandamiento
Amarás a Dios sobre todas las
cosas.
Este mandamiento quiere decir que Dios deberá ser tu prioridad a la hora de
amar en vida algo, estableciendo así la unión entre las personas y Dios.
Segundo Mandamiento
No tomará el nombre del Señor tu Dios en vano.
Esto quiere decir que jamás debes mencionar el nombre de Dios, si no vas a
cumplir con aquello que estas diciendo. Esto hace referencia al hecho de
jurar o prometer por Dios, por ejemplo.
Tercero
Santificarás las fiestas.
Este mandamiento adopta como significado que las fiestas cristianas deben
de celebrarse y cumplirse, como por ejemplo, la Eucaristía, o los domingos ir
a misa.
Cuarto
Honrarás a tu padre y a tu madre.
El mismo explica su cometido. Señala el respeto primordial que debes de
tener hacia tus padres.
Quinto
No matarás.
Sexto
No cometerás actos impuros.
Este mandamiento señala que jamás realizarás el acto sexual por puro
placer. Solamente se permite para la reproducción.
Séptimo
No robarás.
Octavo
No darás falso testimonio ni mentirás.
Decir mentiras es un pecado en la religión católica, y la ocultación previa de
la realidad de la misma forma.
Noveno
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
De la mima forma que no cometerás relaciones sexuales, no darás tu
consentimiento para ello, ni tendrás pensamientos o deseos hacia ello.
Décimo
No codiciarás los bienes ajenos.
Esto quiere decir que jamás querrás poseer lo que otro tiene, ni intentarás
arrebatárselo.
Los 10 Mandamientos de Dios se basan en el Antiguo y Nuevo Testamento.
En el caso del Nuevo, Jesús reconoció la validez y también instruyó a sus
discípulos para perfeccionarlos. De esta forma, demandaba una justicia
superior a la que tenían los fariseos o escribas.
Jesús lo que hizo fue resumir en la ley los dos grandes mandamientos que
nos enseñan el deber de amar al Dios y al prójimo. Y, también a aquellos
que tratan de hacer una educación hacia las personas en las dos áreas. Los
cuatro mandamientos demandan un respeto hacia su figura y hacia el
nombre de Dios.
Estos diez mandamientos del catolicismo son la base y fundamento de la
moralidad del cristianismo católico. Existen otras denominaciones que no
aceptan estos cambios de los mandamientos que se dieron a Moisés. Al
considerar que los escribió Dios mismo, son eternos y ninguna institución a
religión humana, puede hacer cambios en la ley moral de Dios, el cual refleja
su carácter inmutable.
CATESISMO DE LA Iglesia Catolica
SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
“Maestro, ¿qué he de hacer...?”
2052 “Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” Al
joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad
de reconocer a Dios como “el único Bueno”, como el Bien por excelencia y
como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: “Si quieres entrar en la vida,
guarda los mandamientos”. Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren
al amor del prójimo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no
levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre”. Finalmente, Jesús
resume estos mandamientos de una manera positiva: “Amarás a tu prójimo como
a ti mismo” (Mt 19, 16-19).
2053 A esta primera respuesta se añade una segunda: “Si quieres ser perfecto,
vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos;
luego ven, y sígueme” (Mt 19, 21). Esta res puesta no anula la primera. El
seguimiento de Jesucristo implica cumplir los mandamientos. La Ley no es
abolida (cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la persona
de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En los tres evangelios
sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al joven rico, de seguirle en la obediencia
del discípulo, y en la observancia de los preceptos, es relacionada con el
llamamiento a la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6-12. 21. 23-29). Los consejos
evangélicos son inseparables de los mandamientos.
2054 Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu
operante ya en su letra. Predicó la “justicia que sobrepasa la de los escribas y
fariseos” (Mt 5, 20), así como la de los paganos (cf Mt 5, 46-47). Desarrolló
todas las exigencias de los mandamientos: “Habéis oído que se dijo a los
antepasados: No matarás [...]. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice
contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).
2055 Cuando le hacen la pregunta: “¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?”
(Mt 22, 36), Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El
segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (Mt 22, 37-40; cf Dt 6,
5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único
mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:
«En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos
los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su
plenitud» (Rm 13, 9-10).
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La espiritualidad y la oración.
La Palabra ESPIRITUALIDAD, refiere, en el sentido cristiano, a la vida
guiada por el Espíritu Santo, y está vinculada a momentos diversos de la historia
de la salvación, a la historia de la Iglesia o de los diversos estados de vida
cristiana, o también a los muchos maestros o escuelas que han seguido a Cristo
en la vivencia de particulares carismas. ESPIRITUALIDAD, del sustantivo
“espíritu”, se opone a la “carne”, pero no al CUERPO, y es para San Pablo todo lo
ordenado y guiado por el espíritu de Dios. Cuando hablamos acá de espiritualidad
nos referimos preferentemente a la CALIDAD DE VIDA DE UNA PERSONA O DE
UN GRUPO QUE VIVE UN IDEAL RELIGIOSO.
Procurar una vida espiritual supone por tanto llenar la vida entera con la
presencia de Cristo, dejarnos conducir por su Espíritu, tener como vocación la
santidad, y ser en la parcela del mundo en la que Dios nos ha sembrado Luz y sal
y levadura y evangelio.
Es esa invitación de Jesús a los suyos: “Estar en el mundo sin ser del
mundo” la que resume el modo de hablar del Maestro sobre la vida espiritual. Para
llevar una vida espiritual no hay que dejar la familia, renunciar a nuestro trabajo, o
retirarnos de las actividades sociales o políticas, o dejar de interesarnos por la
literatura, el arte o la música, y tampoco exige la práctica de formas ascéticas
severas o de largas horas de oración. (Sólo algunos en la Iglesia buscan a Cristo
de esta manera, en una vocación particular). La vida espiritual es una vida en la
que somos transformados totalmente por el Espíritu del amor. Aparentemente todo
sigue igual, pero realmente todo cambia a partir de ese momento.
Y es aquí entonces donde aparece la ORACIÓN. Espiritualidad o vida
espiritual y oración están íntimamente vinculadas, no pueden estar una sin la otra,
son parte de una misma realidad. Para algunos, quizá para muchos, cuando se
habla de ORACIÓN, vienen a la mente imágenes incompatibles con una vida de
familia o de trabajo, una vida en medio del mundo. Pero esto no es así, y de hecho
podemos afirmar sin temor a equivocarnos que TODO ES ORACIÓN, si añadimos
la frase paulina “para los que aman a Dios”. Quiere esto decir que cultivar la
constante presencia de Dios en nuestra vida es una manera de orar y así
desarrollar en nosotros una intensa vida espiritual. Un carmelita francés, el Hno
Lorenzo de la Resurrección, afirmaba: Dios es un hábito del corazón, Dios está
dentro de ti, Dios siempre te sorprende, y tenía la certeza de que “donde sea que
esté, Dios también está allí”. En fin, cada uno debe encontrar la oración más
personal, la que más se adecua a su modo de ser y a sus circunstancias únicas e
irrepetibles, pero ha de procurarse siempre que esa oración brote del corazón, de
lo más hondo de la persona; es la certeza de su autenticidad.
Permítanme añadir algo más. Espiritualidad o vida espiritual y oración están
a su vez vinculadas con dos condiciones: el SILENCIO y la SOLEDAD. Vuelvo a lo
que decía en el párrafo anterior: esto no significa que debamos aislarnos de los
demás, o que en medio del agobio y el ruido de nuestra vida cotidiana no
podamos encontrar a Dios o vivir cerca de Él. Es importante crear un oasis en
medio de nuestra vida para nosotros y para Dios. Importante encontrar momentos
y lugares para callar y escuchar, para experimentar la conversión, para liberarnos
de las cargas inútiles, para no ser víctimas de la sociedad o de nuestro falso yo.
Henri Nouwen dijo: “La soledad es el horno de la trasformación”. El cristiano ha de
ser capaz de construir su propio desierto, al que podamos acudir guiados por el
Espíritu, y en donde nos dejemos configurar por Cristo, según su propia imagen.
Silencio y soledad no están opuestos a la COMUNIDAD, todo lo contrario. La
soledad es esencial para la vida en comunidad, porque no sabe estar con los otros
quien no sabe estar solo. Y el poder de la palabra, del mensaje, se descubre
únicamente desde el silencio; es del silencio de donde brota la Palabra.
Como ves, hablar de espiritualidad es hablar de un camino de crecimiento y
trasformación interior. El ser humano siempre está en proceso, no está nunca
acabado. Esto vale en el sentido biológico o psicológico, pero sobre todo es
fundamental en el camino espiritual. El cristiano ha de procurar siempre
adentrarse en el misterio de Cristo, cultivar la amistad con Dios, y aprovechar los
recursos que le ofrece la iglesia para, guiado por el Espíritu, descubrir el rostro de
su Señor Resucitado en medio de la historia humana. De ahí la insistencia con
que nuestros pastores nos convocan a cultivar una espiritualidad, a ahondar en
nuestro conocimiento de Cristo, a tener una vida de oración; a menudo
constatamos que muchos hermanos nuestros en la fe no aprovechan la riqueza
enorme de la tradición espiritual católica, mientras andan buscando
desesperadamente en otras tradiciones un poco de agua que calme su sed
interior.
Me atrevo a dejarte unas PROPUESTAS para que pienses y tomes
decisiones importantes para tu vida cristiana. Léelas detenidamente y saca de
ellas propósitos firmes para tu desarrollo espiritual.
1- La vida cristiana es un camino que nos conduce a la plena comunión
con Dios; es crecimiento interior, identidad con Cristo. No te
conformes con lo mínimo, no aceptes la mediocridad en tu vida
espiritual.
2- Descubre el Valor de la Sagrada Escritura. La lectura cotidiana y
meditada de la Palabra de Dios es alimento necesario para poder
adentrarse en los caminos del Espíritu.
3- Recibe a María en tu vida, como madre, como hermana, y como
maestra también de tu vida espiritual. El rezo del Rosario puede
convertirse en la llave que abra tu vida interior a la experiencia
contemplativa.
4- Acércate a los Santos también, a esa pléyade de testigos que a lo
largo de los siglos han vivido la fe en las más disímiles
circunstancias; ellos pueden hacerte descubrir la belleza del camino
que sigues, la alegría que nace del encuentro con el evangelio, el
sentido de una vida dedicada a Cristo.
5- Procura, cada día, un momento de soledad y de silencio, ya sea en
tu propio hogar, o en un lugar donde consigas recogerte por un rato,
mientras agradeces a Dios la luz de cada jornada, luz interior digo,
confianza.
6- Ama tu comunidad cristiana, gózate de tu pertenencia a la Iglesia,
ora por los que en ella trabajan por el Evangelio. La Eucaristía es el
centro de una vida que quiere ser guiada por el Espíritu, en ella
encuentra alimento tu deseo de santidad.
7- Santa Teresa de Jesús escribió acertadamente en el Libro de su
Vida: “A mi parecer no es otra cosa oración sino tratar de amistad,
estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”. Los
protagonistas de esta historia son dos: Dios, que se da a sí mismo, y
el ser humano, que le responde. Llamada y respuesta de AMOR. La
invitación de nuestros obispos a cultivar la ESPIRITUALIDAD no es
una tarea más: es otra llamada de Dios a la VIDA