Elkin Federico Diaz Mojica
Paradigmas de la Literatura Colombiana
Alba Lucía Ángel o la paz de la libertad
Al ver la figura de Alba Lucía Ángel caminar por los campos y hablar de metafísica no
puedo imaginar que sea la misma escritora de Estaba la pájara pinta sentada en el
verde limón. Esta novela, como toda buena obra, y quizás buena vida, trata sobre una
identidad que se dispone a descubrirse. Si bien la obra tiene como eje transversal el
tema de la violencia en Colombia, la autora, por medio de la niñez, adolescencia y
adultez de estos personajes les brinda los diferentes espacios para redescubrirse.
Algo que al principio me pareció un error y posteriormente un delicioso acierto fue la
aleatoriedad de las voces, pues en “ La cuidad y los perros”, obra en la que se baso
para la estructura de la suya, había un seguimiento secuencial y plenamente
reconocible de la voz de cada personaje; en su obra no, muta los personajes de su
historia y el esfuerzo, asi como la ejecución de la propuesta me parece más exigente,
pero mejor lograda que la de Vargas Llosa.
Otro tópico que me llamo la atención es el tratamiento del cuerpo en la violencia. En
las zonas rurales, los personajes tienen contacto directo con la naturaleza y en la
escena de la niñez, en donde las protagonistas se muestran más vulnerables,
bañándose juntas en el rio vemos esa inocencia y desinhibización, pero luego, al llegar
la violencia bipartidista a las zonas rurales, las libertades se vuelven a cohibir y la
comunicación, es decir el manejo de un discurso no son parte de esta forma de
violencia en donde se matan por puras nociones y no se sabe quien mata a quien y de
qué manera, es decir no se tiene tampoco una noción del espacio.
Posteriormente, cuando la protagonista pasa a la ciudad, conoce a sus amigos y
compañeros, quienes al estar en en entorno estudiantil, manejan un discurso y una
posición ante la realidad que anteriormente Ana no concia. La juventud de los años 60
´s , estuvo inmersa en varios procesos sociales y nuestra protagonista, como muchos,
hemos querido ser parte de estos, pero la suerte de sus amigos no es ignorada por ella
ni por el lector, ni siquiera la de su amiga Valeria, quien al morir es manoseada por un
policía.
Hago este recuento histórico porque he evitado la novela social, porque aunque no
deja de ser interesante, me parece que ha tenido el mismo carácter beligerante de
nuestro país. Al leer esta novela la relacionaba con la obra “Al pueblo nunca le toca”,
del escritor Álvaro Salom Becerra, pero en la novela de Alba Lucia no hay personajes
caricaturizados, solo hay personajes encontrándose a sí mismos en medio de la
violencia.
En este punto recojo dos frases que me han ayudado mucho para mi proceso creativo,
La primera es de Manuel Mejía Vallejo “uno puede hacer cualquier cosa desde que sea
inteligente” y la otra es de un maestro de Mario Ribero, reconocido director de
televisión que estudió en Rusia “lo más importante es que los personajes es su
condición humana”.
Cabe decir que la autora cumple estas dos cualidades con creces, pues, aunque, a
primera vista, el orden de esta novela es caótico, uno puede notar que esta alteridad
corresponde a la idea de que las voces que sufren la violencia son tan parecidas que no
importe quien hable todos las padecemos, y además tiene una segunda intención de
impactar al lector e inclusive de atiborrarlo, generando el mismo efecto que ella tenía
cuando, en su habitación, pegaba los recortes noticiosos.
La estructura de esta obra no pasa solamente por su composición narrativa, sino que la
distribución de sus textos tiene también un carácter performativo.
En el segundo consejo, del maestro de Rybero, podemos ver como la obra no cae en
discursos y, en vez de esto, muestra un fenómeno común (la violencia) que es vivido
por diferentes humanidades, que corresponden a sus naturalezas.
El carácter de la autora y el ritmo trepidante de la protagonista por la historia me
hicieron pensar una premisa, que al igual que cuando comemos un plato nos deja un
sabor en la boca, un libro nos deja con una sensación que nos cala en los huesos, y en
este caso, por lo menos personalmente, del autor: solo en la libertad hay paz.
Enmarco estas percepciones, que parecieran superfluas, porque en esta parte de la
clase de Narrativas de la violencia, me parece que las autoras vuelven sobre el
conflicto armado no para recalcarlo, sino que la usan porque es una búsqueda de la
identidad de sus protagonistas y porque, quieren mostrar de qué manera la violencia
también es una forma de comunicación de la sociedad colombiana.
En el caso de “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”, el tópico de la
identidad parece mostrarse a través del manejo del discurso oficial; sin embargo, la
autora, consciente de este hecho, contrasta diferentes voces frente a los mismos
sucesos de la violencia en el país.
A mi aportación personal de escritor, me llevo la pregunta ¿Qué busca mi personaje?
En este caso Ana busca saber quien es ella en medio de tanta violencia y los sucesos
que les ocurren a sus compañeros.
Otro aspecto que me parece fundamental en la obra es saber el valor que se subvierte
en esta, en este caso la “verdad” es lo que se pone en tela de juicio: ¿Quién la maneja?
¿quién tiene la verdad sobre esta? ¿quién puede decirnos quien somos?
Dado que la verdad es el tema de la obra, semánticamente la disposición del libro es
de contaste, por ello su estilo caótico y la importancia de la oralidad en los discursos de
los personajes.
Alba Lucia Ángel es una escritora libre, que se maneja al margen de la oficialidad. De
ahí el carácter diáfano de su escritura, de no manejarse por pretensiones de poder,
sino por su interés de mostrar.
A veces escuchar la voz propia es lo más difícil, asi como decir la verdad. Alba Lucia
difícilmente alcanzará la resonancia de los escritores del Boom, a los que no tiene nada
que envidiar y mucho menos alcanzará la voz de la oficialidad, quizás porque es
incomoda, desde su manera de escribir hasta su vida hermética, pero da un aire de
persona tranquila, una persona que dijo su propia verdad.
Lo que más nos preocupa como artistas muchas veces es la aceptación mas que ser
honestos con nuestro arte, en este sentido ha sido pertinente la salvación que la
academia le ha brindado a esta gran novela. Me pareció una obra difícil y me hizo
reflexionar sobre sila dificultad y la aceptación social (dadas sus constantes ediciones
recortando el texto) son barreras dispuestas a ser franqueadas por unos pocos
lectores, ver la dictadura de las mariposas amarillas o a Mario Mendoza decir lo mismo
en todas las conferencias y en todos los libros ¿habrá valido la pena?
Acaso esa es la enseñanza más importante que me dejo esta obra: buscar la alteridad.