Barranquilla, 5 de mayo de 2019
Enseñanza predicada en la Iglesia Bautista Reformada Comunidad de Gracia
Por Efrain Hernández Chica
INTRODUCCIÓN
Hoy en día es común escuchar sobre la corrupción de los políticos, en el mundo
entero se ve la polarización entre socialismo y capitalismo. Y sin duda alguna
una de las mayores acusaciones que se lanzan de un bando al otro es que son
“ladrones”.
En un contexto más cercano a la iglesia, tristemente es común escuchar entre
las personas no creyentes, hablar sobre la iglesia evangélica “esos son ladrones
que le roban a las ovejas ingenuas”.
El robo parece que es aún unos de los pocos pecados que en el mundo entero
sigue teniendo una percepción que corresponde con la moral de Dios. Y esto es
bueno. Sin embargo, lamentablemente dentro de la iglesia es uno de esos
pecados que se creen que solo están afuera: en la política, o en las sectas uy
falsas iglesias.
Siguiendo con la serie sobre los 10 mandamientos, estudiaremos Éxodo 20:15,
el 8vo mandamiento “No robarás” y daremos una mirada desde adentro, desde
la mirada de Dios a su pueblo.
Los puntos que desarrollar en la enseñanza serán:
1. ¿A qué se refiere el mandamiento?
1.1. La propiedad universal y exclusiva de Dios
1.2. La propiedad delegada al hombre
2. La raíz y la manifestación del pecado ¿De dónde
procede el robo y cómo se manifiesta?
2.1. El pecado en lo interno.
2.2. El pecado en lo externo.
3. Cómo mortificar y evitar el pecado
3.1 Las formas lícitas de tener riquezas
3.2 El ejemplo de Cristo, no estimando ser igual a Dios.
Nuestro tesoro en Cristo.
1. ¿A qué se refiere el mandamiento?
1.1. La propiedad universal y exclusiva de Dios
El propósito explícito del mandamiento es proteger la propiedad privada. Y para
comprender qué es lo que protege debemos contextualizar el mandamiento.
Recordemos el doble sentido de la Ley moral de Dios: tiene un plano vertical de
nuestra relación personal con Él, y contempla un plano horizontal que rige
nuestras relaciones con los demás hombres.
En el plano vertical, vemos que la Ley revela el carácter Santo de Dios y nuestra
incapacidad para cumplir esa ley. Por tanto, nos debe conducir, siendo ya
creyentes, a que toda motivación a observar o guardar la Ley Moral de Dios
nazca y termine en Dios: Nace soberanamente de Dios obrando en el corazón
regenerado el querer y el hacer; es observada responsablemente por el
creyente que se deleita en los mandamientos y desea hacer todo para el Señor,
para dar Gloria a Dios.
Y este mandamiento no está por fuera de esta regla.
Por eso, en este caso debemos empezar con entender cómo trata este
mandamiento con Dios directamente.
Vamos a Genesis 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Dios por ser el creador de todo lo que existe tiene el carácter autoritativo de ser
el Dueño de todo.
• Él es dueño de la creación – Salmos 24:1 De Jehová es la tierra y su
plenitud; El mundo, y los que en él habitan.
• Él es el dueño de la vida – 1 Samuel 2:6 Jehová mata, y él da vida; El hace
descender al Seol, y hace subir.
• Él es el dueño del oro y la plata – Hageo 2:8
• Lucas lo resume en el libro de los Hechos 17:24 “El Dios que hizo el
mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la
tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado
por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da
a todos vida y aliento y todas las cosas.”
Así que, podemos concluir que todas las cosas son propiedad privada de Dios;
esto quiere decir que al ser propiedad de Dios es que Él tiene autoridad y
soberanía de todo; y si es privada, no es común, es decir Él es el único y exclusivo
dueño. Job 41:11 “¿Quién me ha dado algo para que yo se lo restituya? Cuanto
existe debajo de todo el cielo es mío.”
Si el mandamiento busca por principio máximo, el proteger la propiedad
privada, cuando robamos ¿a quién le estamos robando?
No hay nada hermanos, nada en el universo entero que no le pertenezca a Dios,
y noten que no solo nos referimos a los bienes materiales, sino incluso hasta la
propia vida. Y esto es importante porque la Ley moral de Dios es uno todo, no
se puede desconectar un mandamiento de otro.
Por eso es común que los ladrones también sean asesinos, mentirosos,
desobedientes de sus padres, adúlteros.
Así que cuando nos acercamos ante la Ley Moral de Dios debemos tener
presente que Dios le demanda al hombre el cumplimiento de toda la Ley, pues
el carácter de la Ley es que es Una sola.
Por tanto, al violentar el 8vo mandamiento, le estamos robando a Dios pues de
Él son todas las cosas, y en consecuencia estamos violentando toda la ley, ya
que el primer gran mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas.
Ahora, aunque el título de propiedad de todo es de Dios, y Él es el único y
exclusivo dueño. A Dios le plació revelarnos un atributo comunicable de Él a
través de lo que es Suyo: La bondad y misericordia de Dios que reparte como
quiere y a quien quiere.
1.2. La propiedad delegada al hombre
Volvamos a Genesis 1:28 NBLH “Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y
multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces
del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve[a] sobre
la tierra.”
El Señor siendo Dueño y Soberano de todo lo que existe comunica al hombre
Su Bondad, dándole a su domino la administración de sus bienes.
• Deut 26:9-10 “y nos ha traído a este lugar y nos ha dado esta tierra, una
tierra que mana leche y miel. Ahora, he aquí, he traído las primicias de los
frutos de la tierra que tú, oh Señor, me has dado.”
¿Qué implica ser mayordomos?
• Jose y Potifar: Ser temerosos de Dios, sabiendo que administramos los
bienes de Dios y delante de Dios – Gen 39:3- 5 “Y vio su amo que Jehová
estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en
su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo
mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y
aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que
tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición
de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.”
• Prudentes y sabios – Gen 41:33 “Por tanto, provéase ahora Faraón de un
varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.”
• Buenos administradores de los recursos – Gen 41:37-57 “ 48 Y él reunió
todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra
de Egipto, y guardó alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el
alimento del campo de sus alrededores.[…] 56 Y el hambre estaba por
toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde
había, y vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la
tierra de Egipto. 57 Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de
José, porque por toda la tierra había crecido el hambre.”
• Mateo 25:14-30
o Reconocedores que Dios da como quiere “15 A uno dio cinco
talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos.
o Temor de Dios, como quien sabe que rendirá cuentas “19 Después
de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló
cuentas con ellos.”
o Fieles en poner a producir lo que Dios nos da. Como
administradores diligentes, no negligentes “24 Pero llegando
también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía
que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges
donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu
talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.”
Pero principalmente el buen administrador o mayordomo, es alguien que,
reconociendo la Bondad de Dios, da por gracia lo que ha recibido por gracia. En
la historia de José y en la parábola de los talentos, vemos el mismo principio de
ir a dar fruto. El contexto de la siembra y la cosecha era usado en el pueblo
hebreo para la enseñanza de la prosperidad, pero también para la enseñanza
de la misericordia y la gratitud.
Deuteronomio 15:7-8
“7 Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en
alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás
tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, 8 sino abrirás a él tu
mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite.
Acá entramos en el plano horizontal de la Ley, y nos situamos dentro del
contexto del segundo gran mandamiento: amar al prójimo como a nosotros
mismos.
¿Quién de nosotros se ama tan poco que se abstiene de probar bocado solo por
castigarse a sí mismo? ¿Quién teniendo cómo comprar alimento y vestido al
tener hambre y frío no satisface su hambre ni se abriga?
En esto conocemos el amor dice 1 Juan 3:17 “en que El puso su vida por
nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17 Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad
y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?
18Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”
Así que “si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso.
Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a
quien no ha visto?” 1 Juan 4:20
No puede amar a Dios quien cierra su mano y guarda para sí lo que Dios le ha
dado. No puede amar a Dios porque ama más al dinero y su corazón está en los
bienes.
Esto nos lleva al 2 punto.
4. La raíz y la manifestación del pecado ¿De dónde
procede el robo y cómo se manifiesta?
Aquel que no reconoce que 1. Todas las cosas son de Dios; y 2. Lo que tiene
procede de Dios. Es alguien que es propenso a quebrantar este 8vo
mandamiento. Pues este cierra su corazón para no ayudar al necesitado,
demostrando la raíz de su pecado.
2.1 El pecado en lo interno
Santiago 4:1-2 “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es
de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? 2 Codiciáis,
y no tenéis;
Santiago nos muestra el diagnóstico del ladrón. Es aquel que desea tener lo que
no tiene. Su paz es perturbada y molestada por el pensamiento constante y
obsesivo por adquirir aquello que desea.
¿Y de dónde viene esta codicia y avaricia?
Marcos 7:21- 23
21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos
pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los
hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la
maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de
dentro salen, y contaminan al hombre.
El ladrón no es alguien que roba de la nada. Génesis 3:6 “6 Y vio la mujer que
el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol
codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio
también a su marido, el cual comió así como ella.
El pecado involucra todos nuestros sentidos, en la caída todo nuestro ser fue
corrupto. Generalmente el ladrón es alguien que:
- ha tenido un mal pensamiento “uy si tuviera yo ese trabajo”;
- que ha envidiado el bien del prójimo “si yo tuviera ese carro”;
- que ha tenido lascivia y ha codiciado la mujer del vecino
- Ha pensado cómo engañar o hace el mal para obtener eso que codicia
- Es un insensato que dice en su corazón “no hay Dios” (Salmos 14:1-3) y
cree que nadie le está viendo.
Así que vemos que el pecado es el resultado de un mal mayor. Una sola
raíz, “raíz de todos los males”. De un mismo árbol de maldad salen todos los
pecados.
Generalmente ningún pecado llega solo. La codicia viene acompañada de la
queja y el descontento.
Números 11:4-6 “Y el populacho que estaba entre ellos tenía un deseo
insaciable[d]; y también los hijos de Israel volvieron a llorar, y dijeron: ¿Quién
nos dará carne para comer? 5 Nos acordamos del pescado que comíamos
gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas y los
ajos; 6 pero ahora no tenemos apetito[e]. Nada hay para nuestros ojos
excepto este maná.”
El andar preguntándonos “quién nos dará de comer” es una queja que como
gotera constante perturba y es desagradable ante Dios. Números 11:1 nos
enseña que Dios arde en ira por la murmuración y la queja del pueblo.
El pensar que antes de Cristo nuestra vida era mejor, es una falta inmensa
contra la obra de Jesús en la cruz.
El pueblo le decía a Moisés Éxodo 14:11-12 “¿Acaso no había sepulcros en Egipto
para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta
manera, sacándonos[g] de Egipto? 12 ¿No es esto lo que[h] te hablamos en
Egipto, diciendo: “Déjanos, para que sirvamos a los egipcios”? Porque mejor nos
hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto. […] Éxodo 16: 2-3
“murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. 3 Y los hijos de Israel les
decían: Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto
cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta
saciarnos[a]”
Hermanos, reflexionemos un momento. Lo que vemos acá es la principal fuente
de la maldad del corazón: La Incredulidad.
¿Saben a qué le suena a Dios cuando frente al almuerzo decimos “otra vez este
plato de lentejas? es como decir “solo tenemos este mana” ¿Acaso hemos
meditado lo que es tener un plato de comida en nuestra mesa? El maná
representa el amor bondadoso del Padre Bueno, que vela por su pueblo. Si
tienes qué comer, hermanos con eso debemos estar contentos. ¿Acaso no
creemos que Dios nos puede sustentar y darnos lo que necesitamos a
diario?
El que codicia, el que se queja, el que no tiene contentamiento con lo que tiene,
implícitamente está diciendo “¿Sabes Dios? Yo no creo que tú me puedas sacar
de donde estoy, no puedes guardarme en medio del desierto y llevarme a la
tierra que me prometes. Es más, creo que esa tierra ni existe, mejor déjame
donde estoy, y yo mismo me encargo de proveerme. Dame la vida y la salud,
que yo me encargo del resto”
Desear lo que teníamos antes, nos puede llevar a pensar en pensar cosas tan
peligrosas como “ojalá nos hubiéramos muerto”. Mostrando que no creemos que
Dios es el dueño de la vida.
¡Ay hermanos! esto no es una historia pasada. En medio de las iglesias cristianas
la depresión abunda, y con ella la ansiedad, que nos dice la Biblia que es fruto
de la incredulidad.
Dice John Piper comentando Hebreos 3:12 “Cuando Hebreos dice, “Mirad,
hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad,”
incluye el significado: “Mirad, que no haya en ninguno de nosotros corazón
AFANADO de incredulidad. La ansiedad es una de las condiciones malas del
corazón que nacen de la incredulidad. Demasiada ansiedad, viene de poca fe.”
En el campo de la ansiedad, la queja, la avaricia y el descontento se siembran, y
nacen pensamientos que el enemigo quiere sembrar, como “Si yo tuviera un
mejor trabajo, si yo tuviera esto o aquello.” Y luego te siembra la desesperanza del
descontento, “pero no puedo tenerlo, tú no vales nada, no tienes nada, no sirves para
nada.” Luego te siembra más incredulidad “No hay perdón para ti, eres un codicioso
que desea lo de los demás, y si no tienes eso entonces no puedes proveer para tu
casa, y si no provees para tu casa eres un incrédulo” y te da el veredicto fatal “Ojalá
estuvieras en otro lado, antes de ser cristiano te iba mejor, tus negocios eran mejores.
Ojalá te murieras y dejarías de sufrir”
Hermano si has pensado alguna vez así, corre a Cristo, CORRE A CRISTO. Mira a
Cristo como el pueblo miró en Éxodo a aquella serpiente que levantó Moisés
para sanarlos; valora lo infinito de la obra de Cristo que se levantó en aquella
Cruz para perdonarte. Hay perdón en Cristo Jesús para ti, y hay sustento
suficiente para llevarte hasta la vida Eterna.
Debes creer que sí hay perdón para todos tus pecados, incluidos los de robo. Y
no es justificación, pero ten presente que todos y cada uno de nosotros,
también somos ladrones. Acá no hay ni uno solo bueno y justo. Todos a una sola
hemos cometido pecado contra Dios.
La tentación de la codicia se encuentra en el corazón de todos, aun en la gente
más piadosa, porque, aunque somos regenerados, aún queda el viejo hombre
y el cuerpo de pecado en nosotros, contra el que debemos luchar a diario.
¿contra qué propia o explícitamente debemos luchar referente al robo?
2.1 El pecado en lo externo, ¿qué prohíbe el mandamiento?
Miremos algunos de los tipos de robo que el mandamiento nos dice que no
debemos cometer: Acá tomo prestado del libro los 10 mandamientos de
Thomas Watson
Los tipos de robo:
1. El robar de Dios.
Se le roba a Dios propiamente cuando le quitamos el tiempo a la oración, la
devoción, la congregación. Aunque nosotros no guardamos el día de reposo,
sí conservamos el principio de dedicarle a Dios un día para adoración.
Robar a Dios, no es robarle los diezmos hoy en día. No es el tema de la
enseñanza, pero sí podemos traer el principio de darle a Dios nuestras
ofrendas con base a la 1 carta a los Corintios que nos enseña nuestro deber
de dar conforme hemos sido prosperados.
Robamos a Dios con el dinero cuando le hacemos promesas que luego
incumplimos, le robamos y le mentimos. Como vemos en Hechos de los
Apóstoles con Ananías y Safira. Eclesiastés 5:4-6 “4 Cuando a Dios haces
promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los
insensatos. Cumple lo que prometes.”
2. El robar de los demás
Como vimos en el primer punto, la propiedad privada incluye mucho más
que vienes materiales, y por tanto el robo va acompañado de otros pecados.
Por ejemplo, la vida es propiedad de Dios, y cada hombre es mayordomo de
su vida, el asesinar es robar la vida.
Por eso el aborto es un pecado tan atroz, porque es una madre y un padre
voluntariamente atentando contra su propiedad, pues sus hijos son un don
que Dios les ha dado. Son mayordomos infieles que entierran el don y que
serán castigados en el día final.
• Al prójimo se le roba el buen nombre, la honra, los méritos. Por
ejemplo, con el plagio estamos robando a los autores.
Hay un pecado horrible que ocurre dentro del círculo reformado. Resulta
que algunos han interpretado la reforma como una mera reforma
académica, y en su codicia por ser reconocidos como eruditos, roban los
sermones y enseñanzas de otros hermanos. Eso es un robo terrible
hermanos. Debemos ser esforzados por darle al Pueblo palabra de Dios.
Sí podemos citar, claro, y de hecho lo hacemos, de esa forma honramos
a otros autores y hermanos. Pero copiar al pie de la letra otras
enseñanzas y sermones es un pecado similar al de siervo infiel.
• Se roba al estado, la ciudad y las autoridades. Cuando se soborna a un
agente de tránsito. Cuando se evaden impuestos, cuando se lleva doble
contabilidad. Cuando se hacen conexiones fraudulentas de servicios
públicos.
• Se les roba a las empresas. Cuando no pagamos iva, cuando
compramos contrabando, cuando propiciamos la ilegalidad.
• Se les roba a los jefes. Cuando no usamos el tiempo para lo que nos
están pagando. Una vez conocí de la historia de un hermano que se
quedó sin trabajo y cuando le preguntaron qué había pasado, dijo “para
la Gloria de Dios” a lo que el Pastor le respondió “Amén hermano, pero
cuénteme ¿qué sucedió?” y este hermano le dijo “Pues pastor me echaron
por estar predicando en la oficina”. Este hermano estaba tomando su
tiempo laboral para predicar el Evangelio. Hermanos esto parece
piadoso, pero si a ud lo contratan para pagarle 8 horas trabajadas, trabaje
sus 8 horas, y en el almuerzo, en los descansos y tiempos libres, predique.
Pero eso no es para la gloria, sino para deshonra del nombre de Dios.
El lapicerito que se coge, la impresión de la tarea de los niños, las hojas
blancas que se lleva para la casa. Esos pequeños asaltos que le hacen a
sus jefes es robo.
• Se les roba a los padres. Hijos que a hurtadillas tomas las moneditas y
el menudo que anda por ahí en la casa. Que esculcan las billeteras y
carteras de sus padres. Jóvenes eso es robar. Es muy feo que los padres
tengan que vivir escondiendo las cosas de sus hijos.
• Se les roba a los necesitados El que presta con interés de usura y se
aprovecha del que tiene necesidad. Si los contratan para trabajar no les
pagan los justo y les da menor pago. Eso es robar.
• Y tenemos al peor de todos los robos. A los lobos que esquilan a las
ovejas. Ladrones que predican el Evangelio para su propio provecho y
beneficio como dice 1 Pedro 5:2. “Apacentad la grey de Dios que está
entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no
por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto”
No por ganancia deshonesta dice el Apóstol. El robar es el querer obtener de
forma deshonesta algo que puede ser lícito tener.
Esto implica que sí hay formas honestas de obtener bienes y riquezas.
2. Cómo mortificar y evitar el pecado
2.1. Las formas lícitas de tener riquezas
No está mal desear prosperar hermanos. Todo lo contrario, ¡qué bendición por
aquellos hermanos que son prosperados en todo, así como prospera su alma!,
es la oración del Ap Juan para su amigo Gayo. 3 Juan 1:2
La primera forma en que podemos mortificar el pecado del robo es trabajar
honestamente por lo de cada uno. Dice el Pastor Sugel Michelen “es con el
sudor de tu frente, no con el sudor de el de al frente” No es el socialismo la forma de
atacar el hurto.
1 Tesalonicenses 4:11-12 “11 Procurad tener tranquilidad, ocupándoos en
vuestros negocios y trabajando con vuestras manos de la manera que os
hemos mandado, 12 a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de
afuera y no tengáis necesidad de nada”
2 Tes 3:6-12 “6 Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente y
no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7 Vosotros mismos sabéis
de qué manera debéis imitarnos, pues nosotros no anduvimos
desordenadamente entre vosotros 8 ni comimos de balde el pan de nadie. Al
contrario, trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a
ninguno de vosotros; 9 no porque no tuviéramos derecho, sino por daros
nosotros mismos un ejemplo que podéis imitar. 10 Y cuando estábamos con
vosotros os ordenábamos esto: que si alguno no quiere trabajar, tampoco
coma. 11 Ahora oímos que algunos de entre vosotros andan
desordenadamente, no trabajando en nada, sino entrometiéndose en lo
ajeno. 12 A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo que,
trabajando sosegadamente, coman su propio pan.”
La segunda forma para mortificar este pecado es con el contentamiento:
1 Timoteo 6:8-10 “8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos
con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y
en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción
y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual
codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos
dolores.
En el pueblo de Dios unos tienen más que otros, pero los que tienen mucho son
prosperados para ser generosos con los que tienen poco, para apoyar la obra
de la predicación y propagación del Evangelio. De modo que como dice 2
Corintios 8:15 “el que recogió mucho, no tuvo demasiado; y el que recogió poco,
no tuvo escasez.”
En la Iglesia vemos un equilibrio y un balance, no en la cantidad de posesiones,
sino en la sensatez de los creyentes, que deben saber vivir con poco o con
mucho.
Los creyentes viven en contentamiento. El creyente es alguien que puede
decir como Pablo en la carta a los Filipenses 4:12 “Sé vivir en pobreza, y sé vivir
en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar
saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.
Y la tercera forma de mortificar el pecado, es el principio del cristianismo: la
generosidad.
Y si alguno ha robado, que no robe más y viva conforme a esta enseñanza, como
nos dice Efesios 4:28 “28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo
con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que
padece necesidad.”
Para cumplir con esto debemos tener nuestro corazón y mirada en el lugar y la
persona correcta, lo que nos conduce a la última parte de la enseñanza. La
enseñanza de Cristo.
2.2. El ejemplo de Cristo, no estimando ser igual a Dios.
Nuestro tesoro en Cristo.
Mateo 6: 19-21
“19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y
donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos, tesoros en el cielo, donde ni la
polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque
donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Mateo 6: 24-31
“24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al
otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las
riquezas. 25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de
comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No
es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves
del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre
celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién
de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y
por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo
crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su
gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es,
y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a
vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles
buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá
su afán. Basta a cada día su propio mal.”
Debemos descansar en que Dios es quien nos sustenta, dice un dicho común
“Dios proveerá” y aunque está muy descontextualizado, nos sirve para la
enseñanza de hoy para realmente poner nuestra confianza en que Dios ya
proveyó. Dios se proveyó para sí y en favor y beneficio de Su pueblo, un cordero
para darnos junto con Él todas las cosas. Génesis 22:8
Dios nos dio la mayor muestra de generosidad y misericordia. Nosotros
estábamos necesitados, éramos extranjeros y andábamos muertos. Nosotros
estamos moribundos a pie del camino, y Él como el buen samaritano se acercó
a nosotros, lavó nuestras heridas, limpió nuestro pecado, nos vistió de su
justicia, nos sació la sed con su agua de vida, no sació el hambre con su pan
eterno; nos dio una morada en los lugares celestiales, una casa, un lugar en la
mesa, nos hizo coherederos de Sus más altas riquezas en los lugares celestiales
con Cristo Jesús.
Hoy ya no somos más extraños, somos hijos de Dios.
Hermanos pongamos nuestros ojos en donde realmente está nuestro tesoro.
En Cristo Jesús y el Padre. Y no codiciaremos nada de este mundo, sino que
anhelaremos hacer su buena voluntad, y andar en sus caminos. No querremos
satisfacernos a nuestras pasiones, sino que nos deleitaremos en sus
mandamientos llevando Gloria a Su Nombre.
Él no escatimó ni a su unigénito hijo. Y con Él nos da todo lo que necesitamos.
Romanos 8:32 “32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó
por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el
que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que
además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.35
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que
es en Cristo Jesús Señor nuestro
¿Hemos pecado en el 8vo mandamiento? Cristo nos perdona. ¿Quién nos acusa?
¿Qué nos puede separar del amor de Dios? Ni la riqueza ni la pobreza
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