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Glorifica A Dios Al Disfrutarlo para Siempre

El documento argumenta que Dios nos creó tanto para su gloria como para nuestro gozo, y que de hecho glorificamos más a Dios cuando disfrutamos de él. Explica que Dios recibe más gloria cuando sus criaturas se deleitan en él, y que el propósito de la vida es pasar la eternidad glorificando a Dios al disfrutarlo para siempre.
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Glorifica A Dios Al Disfrutarlo para Siempre

El documento argumenta que Dios nos creó tanto para su gloria como para nuestro gozo, y que de hecho glorificamos más a Dios cuando disfrutamos de él. Explica que Dios recibe más gloria cuando sus criaturas se deleitan en él, y que el propósito de la vida es pasar la eternidad glorificando a Dios al disfrutarlo para siempre.
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GLORIFICA A DIOS AL DISFRUTARLO

PARA SIEMPRE
Nos crearon para maximizar nuestro gozo en Dios. «Un momento», interviene alguien,
«¿qué me dices de la gloria de Dios? ¿Acaso no nos creó para su gloria? Sin embargo, ¡aquí
dices que nos creó para que persigamos nuestro gozo!» ¿En qué quedamos? ¿Nos crearon
para su gloria o para nuestro gozo?
¡Ah, con toda mi alma estoy de acuerdo en que Dios nos creó para su gloria! ¡Sí, no
cabe duda! Dios es la persona más centrada en sí misma del universo. Este concepto late sin
cesar en todo lo que predico y escribo. El hedonismo cristiano está diseñado para preservar
y perseguir este fin. El propósito principal de Dios es glorificar a Dios. La Biblia lo dice en
todas partes. Es el objetivo de todo lo que hace Dios.
La meta de Dios en cada paso de la creación y de la salvación es magnificar su
gloria. Tú puedes magnificarla con un microscopio o con un telescopio. El microscopio
magnifica al hacer que las cosas pequeñas parezcan más grandes de lo que son. El
telescopio magnifica al hacer que cosas gigantes (como las estrellas), que parecen
pequeñas, se acerquen más a su tamaño real. Dios creó el universo para magnificar su
gloria como el telescopio magnifica las estrellas. Todo lo que hace en nuestra salvación se
diseñó para magnificar la gloria de su gracia de esta manera.
Consideremos, por ejemplo, algunos de los pasos de nuestra salvación: la
predestinación, la creación, la encarnación, la propiciación, la santificación y la
consumación. En cada uno de esos pasos, la Biblia dice que Dios hace estas cosas, a través
de Jesucristo, para mostrar y magnificar su gloria.

s Predestinación: «Nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de
Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa
gracia, que nos concedió en su Amado» (Efesios 1:5-6).
s Creación: «Trae a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde los confines de la tierra.
Trae a todo el que sea llamado por mi nombre, al que yo he creado para mi gloria»
(Isaías 43:6-7).
s Encarnación: «Cristo se hizo servidor de los judíos para demostrar la fidelidad de
Dios, a fin de confirmar las promesas hechas a los patriarcas, y para que los gentiles
glorifiquen a Dios por su compasión» (Romanos 15:8-9).
s Propiciación: «Dios puso [a Cristo] como propiciación por medio de la fe en su
sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su
paciencia, los pecados pasados» (Romanos 3:25, RV-60).
s Santificación: «Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada
vez más [...] llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para
gloria y alabanza de Dios» (Filipenses 1:9, 11).
s Consumación: «[Los que no obedecen al evangelio] sufrirán el castigo de la
destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el
día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todos
los que hayan creído» (2Tesalonicenses 1:9-10).
Por lo tanto, estoy de acuerdo por completo con la persona que dice: «¡Dios nos creó y nos
salvó para su gloria!».

1
«Muy bien», dice mi amigo y pregunta, « ¿cómo puede decir que el propósito de la vida es
maximizar nuestro gozo? ¿Acaso Dios no nos creó para manifestar su propósito supremo:
glorificarse a sí mismo? ¿En qué quedamos? ¿Nos crearon para su gloria o para nuestro
gozo?»
¡He aquí estamos en el meollo del hedonismo cristiano! Si hay algo que debes
captar es esto. Lo aprendí de Jonathan Edwards, de C.S. Lewis, y lo que es más importante
aun, del apóstol Pablo.
Edwards fue el pastor y teólogo más grande que quizá produjera Estados Unidos. En
1755, escribió un libro llamado The Endfor Which God Created the World [El fin para el
cual Dios creó el mundo]. El fundamento y el propósito de ese libro contienen el siguiente
concepto perspicaz y sorprendente. Es la base más profunda del hedonismo cristiano. Lee
con detenimiento el texto de Edwards para captar su brillante resolución.
A Dios no solo se glorifica mostrando su gloria, sino a través de gozarse en ella.
Cuando los que la ven se deleitan en ella, Dios se glorifica más que si lo único que hacen es
verla. Entonces, toda el alma recibe su gloria, tanto a través del entendimiento como del
corazón. Dios creó el mundo a fin de comunicarles su gloria a sus criaturas y para que estas
la reciban; y para recibirla tanto de mente como de corazón. El que da testimonio de la idea
que tiene de la gloria de Dios no glorifica tanto a Dios como aquel que testifica también de
su deleite en ella.
Esta es la solución. ¿Te creó Dios para su gloria o para tu gozo? Respuesta: Te creó
para que pases la eternidad glorificándolo al disfrutar siempre de El. En otras palabras, no
tienes que elegir entre glorificar a Dios o disfrutar de Él. En realidad, no debes atreverte a
elegir. Si abandonas una, pierdes la otra. Edwards tiene toda la razón: «A Dios no solo se
glorifica mostrando su gloria, sino a través de gozarse en ella». Si no nos gozamos en Dios,
no lo glorificamos como debemos.
Aquí se encuentra el fundamento sólido del hedonismo cristiano: Dios recibe más
gloria .en nosotros cuando más satisfechos estamos en El. Esta es la mejor noticia del
mundo. La pasión que Dios tiene de que le glorifiquen y la pasión que yo tengo de recibir
satisfacción no se contraponen.
Tú podrías poner tu mundo patas arriba al cambiar una palabra en tu credo. Por
ejemplo, cambia y por al. El viejo catecismo de Westminster pregunta: « ¿Cuál es el fin
principal del hombre?». Y responde: «El fin principal del hombre es glorificar a Dios y
disfrutar de El para siempre». ¿Y?
¿Glorificar a Dios y disfrutar de Él son dos cosas distintas? Es evidente que los
viejos pastores que escribieron el catecismo no pensaban que estaban hablando de dos
cosas diferentes. Dijeron «fin principal», no «fines principales». En sus mentes, glorificar a
Dios y disfrutar de Él era un mismo fin, no dos.
El objetivo del hedonismo cristiano es mostrar por qué esto es así. Se propone
mostrar que glorificamos a Dios al disfrutar de Él para siempre. Esta es la esencia del
hedonismo cristiano. Dios se glorifica más en nosotros cuando estamos más satisfechos en
El.
Tal vez ahora te des cuenta de lo que me impulsa a ser tan absoluto al respecto. Si es
verdad que Dios se glorifica más en nosotros cuando estamos más satisfechos en Él, fíjate
lo que está en juego en nuestra búsqueda del gozo. ¡La gloria de Dios está en juego! Al
decir que perseguir el gozo no es esencial, digo que glorificar a Dios no es esencial. No
obstante, si glorificar a Dios es lo que en definitiva importa, perseguir la satisfacción ¡que
muestra su gloria es, en definitiva, lo que importa.

2
El hedonismo cristiano no es un juego. Todo el universo gira a su alrededor.
Esto implica de manera absoluta que perseguir el placer en Dios es nuestro llamado
más alto. Es esencial para toda virtud y reverencia. Ya sea que pienses en tu vida en forma
vertical, en relación con Dios, o en forma horizontal, en relación con los hombres, la
búsqueda del placer en Dios es crucial, no opcional. Enseguida veremos que el amor
genuino hacia la gente y la adoración genuina a Dios dependen de la búsqueda del gozo.
Antes de ver estas cosas en la Biblia, C.S. Lewis me atrapó sin que yo lo anduviera
buscando. Me encontraba de pie en la librería Vroman que está en la Avenida Colorado en
Pasadena, California, el otoño de 1968. Tomé un delgado ejemplar azul del libro de Lewis
The Weight of Glory [El peso de la gloria]. La primera página cambió mi vida.
Si quedara en la mayoría de las mentes humanas la idea de que es algo malo el
deseo de nuestro propio bien y la esperanza ansiosa de su disfrute, propusiera que esta idea
proviene de Kant y de los estoicos, y de ninguna manera debe considerarse como parte de
la fe cristiana. Por el contrario, las tan claras promesas de premios y la naturaleza tan
espectacular de las recompensas prometidas en los Evangelios, parecieran decirnos que
nuestro Señor no cree que nuestros deseos sean demasiado fuertes, sino demasiado débiles.
Somos criaturas desganadas, que pasamos el tiempo jugando con la sexualidad, con las
bebidas y con la ambición, cuando lo que se nos ofrece es un gozo infinito. Somos como
aquel niño del barrio pobre que en su ignorancia quiere seguir jugando con sus pasteles de
lodo, pues es incapaz de imaginarse lo que significan unas vacaciones en la playa. O sea,
somos demasiado fáciles de complacer.
Jamás en mi vida había escuchado a alguien decir que el problema del mundo no era
la intensidad de nuestra búsqueda de la felicidad, sino la debilidad de la misma. Todo mi ser
decía a gritos: ¡Sí, eso «Allí estaba en blanco y negro, y a mi mente le resultaba
convincente por completo: El gran problema de los seres humanos es que somos demasiado
fáciles de complacer. Estamos muy lejos de buscar el placer con la determinación y la
pasión que deberíamos. Y así, nos conformamos con saciar nuestro apetito con pasteles de
lodo en lugar de obtener el deleite infinito.
Lewis dijo: «Somos demasiado fáciles de complacer». Casi todos los mandamientos
de Cristo están motivados por «las tan claras promesas de premios». «La naturaleza tan
espectacular de las recompensas prometidas en los Evangelios, parecieran decirnos que
nuestro Señor no cree que nuestros deseos sean demasiado fuertes, sino demasiado
débiles».
Así es. Sin embargo, ¿qué tiene que ver esto con la alabanza y la gloria de Dios? El
hedonismo cristiano no solo dice que debemos perseguir el gozo que promete Jesús, sino
que a Dios mismo lo glorificamos en esta búsqueda. Lewis me ayudó a ver esto también.
Hubo otra página explosiva, esta vez en su libro Reflections on the Psalms
[Reflexiones sobre los Salmos]. ¡Aquí muestra que la verdadera naturaleza de la alabanza
es la consumación del gozo en lo que admiramos.
Aunque parezca mentira, pasé por alto el hecho más evidente sobre la alabanza, ya
sea a Dios o a cualquier otra cosa nunca me había dado cuenta de que todo lo que se
disfruta fluye de forma espontánea en alabanza los enamorados alaban a la dama que aman,
los lectores a su poeta favorito, los que disfrutan del aire libre en el campo. Todo mi
problema en cuanto a la alabanza a Dios dependía de la absurda negación que sentía hacia
lo que es de sumo valor, a lo que nos encanta hacer, a lo que en verdad no podemos dejar de
hacer, hacia todo lo que valoramos. Pienso que nos deleitamos en alabar todo lo que
disfrutamos porque la alabanza no solo expresa el placer, sino que lo completa.

3
De esta manera, Lewis me ayudó a juntar todas las piezas. Buscar el gozo en Dios y alabar
a Dios no son actos separados. «La alabanza no solo expresa el placer, sino que lo
completa». La adoración no se agrega al gozo y el gozo no es una consecuencia de la
adoración. La adoración es la valoración de Dios. Y cuando esta valoración es intensa, es
gozo en Dios. Por lo tanto, la esencia de la adoración es el deleite en Dios que muestra el
valor que Él tiene para satisfacernos por completo.
El apóstol Pablo dio el cierre final a mi cuadro del hedonismo cristiano con su
testimonio en Filipenses 1. Aquí tenemos la declaración bíblica más clara de que Dios se
glorifica más en nosotros mientras más satisfechos estemos en El. Desde la prisión en
Roma escribe:
Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con
toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por
vida o por muerte. Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. (Filipenses 1:20-
21, LBLA)

Así que su objetivo es que Cristo sea «exaltado» o «magnificado» o «glorificado» en su


cuerpo. Desea que esto suceda ya sea que viva o muera. En la vida o en la muerte, su
misión es magnificar a Cristo: mostrar que Cristo es magnífico, glorificar a Cristo,
demostrar que El es grande. Esto queda claro en el versículo 20: «Cristo será exaltado en
mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte». La pregunta es: ¿Cómo esperaba que sucediera
esto? Pablo nos muestra la respuesta en el versículo 21: «Pues para mí el vivir es Cristo y el
morir es ganancia». Fíjate cómo las palabras «vivir» y «morir» en el versículo 21 se
corresponden con las palabras «vida» y «muerte» en el versículo 20. Y la conexión entre los
dos versículos está en que el 21 muestra la base de exaltar a Cristo ya sea al vivir o al morir.

Versículo 20 Versículo 21
Cristo será exaltado.... porque para mí
ya sea por vida....... el vivir es Cristo
o por muerte....... y el morir es ganancia

Considera primero el par, «muerte» (versículo 20) y «morir» (versículo 21): Cristo puede
ser exaltado en mi cuerpo a través de mi muerte porque para mí el morir es ganancia.
Medítalo. Cristo será magnificado en mi muerte si para mí el morir es ganancia. ¿Ves el
significado de esta declaración en cuanto a la manera en que se magnifica a Cristo? El
Señor es magnificado en la muerte de Pablo si este experimenta la muerte como ganancia.
¿Por qué? Porque Cristo mismo es la ganancia. El versículo 23 lo aclara: «[Mi]
deseo [es] partir [o sea, morir] y estar con Cristo, que es muchísimo mejor». Eso es lo que
representa la muerte para los cristianos: llevarnos a una mayor intimidad con Cristo.
Partimos y estamos con Cristo, y eso es ganancia. Y cuando se experimenta la muerte de
esta manera, según Pablo, Cristo es exaltando en nuestro cuerpo. Al experimentar a Cristo
como ganancia en nuestra muerte, lo magnificamos. Es la esencia de la adoración en la hora
de la muerte.
Si deseas glorificar a Cristo en tu muerte, debes experimentar la muerte como
ganancia. Esto quiere decir que Cristo debe ser tu premio, tu tesoro, tu gozo. Debe
representar una satisfacción tan profunda que cuando la muerte nos quita todo lo que
amamos pero nos da más de Cristo, la consideramos ganancia. Cuando estás satisfecho con
Cristo al morir, El se glorifica en tu muerte.

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Lo mismo sucede con la vida. Magnificamos a Cristo en la vida, según Pablo, al
experimentarlo como nuestro tesoro más preciado. Eso es lo que quiere decir en el
versículo 21 cuando dice: «Pues para mí el vivir es Cristo». Lo sabemos porque en
Filipenses 3:8 Pablo dice: «Todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de
conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de
ganar a Cristo».
Por lo tanto, lo que Pablo quiere señalar es que la vida y la muerte, para un
cristiano, son actos de adoración: exaltan y magnifican a Cristo, revelan y expresan su
grandeza, cuando provienen de una experiencia interior de atesorar a Cristo como ganancia.
Cuando valoramos a Cristo por encima de cualquier otra cosa en la vida, El es glorificado
en la muerte. Y es más glorificado en la vida cuando estamos más satisfechos en El incluso
antes de morir.
El común denominador entre vivir y morir es que Cristo es el tesoro más preciado
que abrazamos ya sea que vivamos o que muramos. Cuando valoramos a Cristo, Él es
glorificado. Se magnifica como un glorioso tesoro cuando se convierte en nuestro placer sin
igual. Por tanto, si deseamos alabarle y magnificarle, no deberíamos atrevernos a ser
indiferentes en cuanto a valorarlo y encontrar placer en Él. Si el honor de Cristo es nuestra
pasión, nuestro deber es la búsqueda del placer en Él.

***

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