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El artículo analiza la construcción del concepto e imágenes del "indio charrúa" en Uruguay desde la formación del Estado Oriental a finales del siglo XIX. Muestra cómo la visión de los charrúas pasó de ser considerados "salvajes" a ser incorporados a la identidad nacional uruguaya como héroes. El análisis utiliza fuentes escritas, iconográficas y literarias para mostrar los diferentes y a veces contradictorios significados asignados a los charrúas durante este período. El objetivo es comprender cómo el concepto

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El artículo analiza la construcción del concepto e imágenes del "indio charrúa" en Uruguay desde la formación del Estado Oriental a finales del siglo XIX. Muestra cómo la visión de los charrúas pasó de ser considerados "salvajes" a ser incorporados a la identidad nacional uruguaya como héroes. El análisis utiliza fuentes escritas, iconográficas y literarias para mostrar los diferentes y a veces contradictorios significados asignados a los charrúas durante este período. El objetivo es comprender cómo el concepto

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Almanack, Guarulhos, n. 16, p. 1-38, Ago.

2017
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De “salvajes” a heroicos: la construcción de la voz y


la imagen del “indio Charrúa”
desde 1830 a los inicios del siglo XX

Andrés Azpiroz*

FHCE - Udelar - Museo Histórico Nacional


Montevideo - Uruguay

Resumen
El artículo se centra en el análisis del recorrido del concepto de “indios
charrúas”desdelacreacióndelEstadoOrientalhastalasprimerasdécadas
del siglo XX. Desde una perspectiva de la historia conceptual se analizan
los diversos significados de la voz“charrúa”a través de fuentes escritas e
iconográficas. De la lectura del artículo se advierte el proceso complejo
por el cual el concepto pasó desde una tradición negativa, asociada al
concepto de salvaje, a una valoración positiva relacionada con la incor-
poración de ese grupo de indígenas a la identidad nacional del Uruguay.
Palabras Clave
Indios charrúas; Historia Conceptual; Uruguay.

Magíster en Ciencias Humanas opción Historia Rioplatense por la Facultad


*

de Humanidades y Ciencias de la Educación. Doctorando en Historia por la


misma facultad. Docente del Departamento de Historia de la Facultad de Hu-
manidades y Ciencias de la Educación y Director del Museo Histórico Nacional.
E-mail: [email protected].

Artigos
Almanack, Guarulhos, n. 16, p. 1-38, Ago. 2017

From “savages” to heroes:


the construction of “indio Charrúa” utterance from
1830 to the early twentieth century

Andrés Azpiroz

FHCE - Udelar - Museo Histórico Nacional


Montevideo - Uruguay

Abstract
The article analysis of the concept referring to the “indios charrúas”
and the course it took progressively from the beginning of the Estado
Oriental toward the 1st decades of the 20th century. From a conceptu-
al history´s perspective, diverse meanings of the “charrúa”’s utterance
were examined closely through written and iconographic sources. By
reading the article, a very complex process is appreciated: how such
a negative concept, associated to the word “savage” was transformed
into a positive one, due to the integration of that group of “savages” to
Uruguays national identity.
Key Words
Charrúas; Conceptual History; Uruguay.

artigos
Almanack, Guarulhos, n. 16, p. 1-38, Ago. 2017

De “selvagens” a heróis:
a construção da voz e da imagem do “indio Charrúa”
de 1830 até início do século XX

Andrés Azpiroz

FHCE - Udelar - Museo Histórico Nacional


Montevideo - Uruguay

Resumo
O artigo centra-se na análise do percurso do conceito de “índios Char-
ruas” desde a criação do Estado Oriental até as primeiras décadas do
século XX. Do ponto de vista conceitual da história os vários significa-
dos da palavra “Charrúa” através de fontes escritas e iconográficas são
analisados. Da leitura do artigo, adverte o complexo processo através do
qual o conceito passou de uma tradição negativa associada com o con-
ceito de um selvagem, à avaliação positiva relacionada com a inclusão
desse grupo indígena a identidade nacional do Uruguai.
Palavras-Chave
Charrúas; História dos Conceitos; Uruguai.

artigos
Almanack, Guarulhos, n. 16, p. 1-38, Ago. 2017

En el Uruguay prevaleció hasta hace poco tiempo la imagen de un país


sin indios resultado de múltiples olas inmigratorias que habían generado,
según el sociólogo Germán Rama, una sociedad “hiperintegrada”, donde el
Estado promovió la integración a través de la educación laica, gratuita y
obligatoria, universalizó el voto y dio un marco de recepción a los inmigran-
tes1. Sin embargo, en las décadas de 1980 y 1990, como consecuencia de la
agudacrisis económicasurgieronmovimientos sociales quepusieronenduda
esos conceptos y reivindicaron el lugar de los indígenas y afrodescendientes
en la conformación demográfica del Uruguay2. Al respecto Isabel Barreto y
Leonel Cabrera han señalado que la construcción de la memoria colectiva
se realizó desde una matriz europea y como resultado la visión sobre los in-
dígenases“vagaycontradictoria”ytransitadesde“laexaltacióndelagarracharrúa
hastaelpobreconceptode‘bárbaro’,‘salvaje’yprimitivo”3.Estecambiodeimageny
autopercepción de los grupos indígenas que habitaron el territorio que ocupa
4
el Uruguay, se aprecia en los resultados del censo de 2011, cuando al incluir
lapregunta“¿Creetenerascendenciaindígena?,el5,1%delapoblaciónsemani-
festó afirmativamente4.
Teniendo en cuenta este periplo que hemos sintetizado, el siguiente tra-
bajo analiza algunos de los recorridos en la construcción del concepto y las
imágenes del “indio charrúa” desde la conformación del Estado Oriental
hasta finales del siglo XIX, cuando se configuró una idealización del pasa-
do indígena asociada al proceso de construcción de la “identidad nacional”.
Desde formas discursivas diversas, como el texto historiográfico de Francisco
Bauzá, la poesía de Juan Zorrilla de San Martín y la obra plástica de Juan

1
RAMA, Germán. La democracia en Uruguay. Una perspectiva de interpretación. Montevideo: Editorial
Arca, 1989.
2
Sobre las características del discurso de las sociedades neoindigenistas en Uruguay Cf. PORZE-
CANSKI, Teresa. Las raíces indígenas: mito y realidades, en La Gaceta Revista de la Asociación de
Profesores de Historia del Uruguay, Montevideo, nº 22, abril 2002.
3
CABRERA PÉREZ, Leonel; BARRETO, Isabel. Indios, frontera y hacendados en el sur de la
Banda Oriental. En: BEHARES, Luis; CURES, Oribe. Sociedad y cultura en el Montevideo colonial.
Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 1997, p. 260.
4
CABELLA, Wanda; NATHAN, Mathías. Iguales y diferentes .En: Colección Nuestro Tiempo, Libro
de los Bicentenarios, nº 20, p. 17 – 18. Disponible en http://www.bibliotecadelbicentenario.gub.
uy/innovaportal/file/62986/1/nuestro-tiempo-20.pdf. Acceso 22 de julio de 2016.

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Manuel Blanes, se expresaron las transformaciones en la valoración de este


grupo amerindio y su incorporación en un relato fundante de la nación.
El proceso no es lineal pues hasta buena parte del siglo XX prevale-
ció, incluso en libros de texto, una definición y una imagen de los charrúas
inmutable y asociada a su naturaleza de guerreros, “indómitos”, “valientes”
y “belicosos”. Como señala el historiador Javier Fernández Sebastián en rela-
ciónalanaturalezahistóricadelosconceptos:“Habría,pues,unamplioabanico
deusosyjuegosdellenguaje,parcialmentesolapadosycoincidentes,escierto,perotambién
parcialmente discrepantes y contradictorios”5.
El análisis centra su mirada en el concepto de “indio charrúa” y advierte
los diversos sentidos y valoraciones, a veces simultáneos y contrapuestos, que
adquirió la voz en poco más de cincuenta años. Con el objetivo de buscar
significados en diversas fuentes, junto con las definiciones lexicográficas, se
han incorporado el examen de iconografía y de fuentes literarias. El análisis 5
se detiene en algunos hitos seleccionados dentro de la periodización propues-
ta con el fin de señalar aquellos elementos que otorgan “encarnadura” al
concepto estudiado.
El artículo es tributario de los estudios de historia conceptual que han
surgido en los últimos años a partir de los trabajos del historiador Reinhart
Koselleck. Siguiendo al autor, como señala Javier Fernández Sebastián, a di-
ferenciadelaspalabraslosconceptosseríancomounasuertede“concentrados
deexperienciahistórica”y“dispositivosdeanticipacióndelasexperienciasposibles”6.Es
decirlosconceptossonhistoriapues“articulanlasexperienciasdeunasociedady
lascambiantesexpectativasdesusmiembros”7.Enesecamino,aunquelahistoria
conceptual ha centrado su trabajo en el análisis de los conceptos políticos
fundamentales, esta comunicación tiene en cuenta sus herramientas y meto-

5
FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier. El enfoque de una historia de conceptos y su aplicación. En CAETANO,
Gerardo (coordinador). Historia conceptual. Voces y conceptos de la política oriental (1750 – 1870).
Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2013. p. 17.
6
FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier (director). Diccionario político y social del mundo iberoamericano. La
era de las revoluciones, 1750- 1850, Iberconceptos I, Madrid: Fundación Carolina, Sociedad Estatal
de Conmemoraciones Culturales, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2009, pp. 25- 26.
7
FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier; CAPELLÁN DE MIGUEL, Gonzalo. Conceptos políticos,
tiempo e historia. Santander: Editorial de la Universidad de Cantabria, 2013, p. 13.

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dologías para el análisis de un concepto vinculado a la historia social y cul-


tural del Río de la Plata. A partir de allí se propone el enfoque de la historia
conceptual como un conjunto de herramientas de análisis que permitirían
historiar el devenir de algunos conceptos que hacen a la conformación de
las identidades de esta región. El tema de la imagen, los conceptos y en par-
ticular los monumentos no ha sido ajeno a algunos estudiosos de la historia
conceptual como el propio Koselleck y Faustino Oncina8. Al mismo tiempo
la diversidad de las fuentes a consultar exigen una mirada interdisciplinaria,
consecuenciade“laomnipresenciadelosconceptosentodaslasáreasdelconocimiento
yentodaclasedeescenariossocialesypolíticos”9ademásdetratarsederepresenta-
ciones que forman parte del patrimonio y las memorias de la región, aspecto
que demanda el diálogo con diferentes ramas del conocimiento.
Influenciada por los trabajos ya mencionados, aunque no centrado en
conceptos más allá de lo político, pero vinculado a los estudios de la historia
6
conceptual, Ariadna Islas ha analizado el concepto de república a partir del
examen de algunos monumentos ubicados en la ciudad de Montevideo10.
Más allá de la historia conceptual en los últimos años la historiografía ha
avanzadoenlautilizacióndelasfuentesiconográficas,enelusodeestampas,pin-
tura,fotografía,entreotrossoportes.Enparticularenlaregióneltemadelasimá-
genesdelospueblosamerindioshasidotambiénanalizadoporlahistoriografía.
La etnohistoriadora Martha Bechis en su artículo“Rostros ranquelinos...
¿rostrosranquelinos?eldibujohistóricoenproblemas”analizalacirculacióndeal-
gunas imágenes sobre los ranqueles en diversos medios de divulgación en el
último tercio del siglo XX y da cuenta de la forma en que fueron construidas.

8
KOSELLECK, Reinhart. Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos. Barce-
lona: Paidos, 1993; ONCINA, Faustino. Koselleck y el giro icónico de la historia conceptual. Revista
Anthropos: Huellas del conocimiento, nº 223, pp. 71- 81, 2009.
9
FERNÁNDEZ SEBASTIÁN, Javier y CAPELLÁN DE MIGUEL, Gonzalo. Lenguaje, tiempo y
modernidad. Ensayos de historia conceptual. Santiago de Chile: Globo Editores, 2011, p. 12.
10
ISLAS, Ariadna. Marianne no está sola. A propósito de la iconografía y el concepto de la repú-
blica en la estatuaria en el Uruguay 1830- 1930. Ponencia presentada en el Coloquio Interna-
cional “El lenguaje político más allá de la política: hacia una historia de los conceptos sociales,
culturales y jurídicos en los mundos ibéricos, siglo XVIII- XX”, Casa de Velázquez, Madrid,
5-6 de setiembre de 2016. Agradezco a la autora el conocimiento de su trabajo.

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Rostros que alteran algunas de sus fisonomías, se cambia el sombrero y se


“inventa” a un cacique. El artículo advierte la confusión que generan esas
imágenes, las cuales incluso circularon en textos escolares11.
Regina Celestino de Almeida ha estudiado la producción de Jean Bap-
tiste Debret sobre los indios del Brasil y sus imágenes de “civilizados” y “sal-
vajes”. La autora señala que dichas imágenes ilustran los mestizajes carac-
terísticos de las sociedades de frontera, las formas de clasificar a los grupos
socialesquehabitabanesosterritoriosylasconcepcionespolítico-ideológicas
que predominaban en la América portuguesa. Al mismo tiempo las imágenes
de“Índiosemestiços,“selvagens”e“civilizados”interagiameconfundiam-senassocie-
dadesamericanasenasimagenseclassificaçõesdoautor”12.ElanálisisdeCelestinode
Almeida resulta de interés cuando contrasta las imágenes y los textos de Debret,
que dan cuenta de las confusas clasificaciones que sustentan su trabajo.
En el artículo referimos a múltiples textos, escritos e iconográficos. Me- 7
receunamenciónespecialeltrabajodeJoséJoaquínFigueira,EduardoAcevedo
DíazylosaborígenesdelUruguay.Atravésdeunrecorridosistemáticoyprofundo
de las fuentes en Montevideo y en el extranjero, Figueira rastrea la presencia
de los “aborígenes del Uruguay” en diversas obras del escritor Eduardo Ace-
vedo Díaz, y en las memorias de algunos contemporáneos con aquellos gru-
pos indígenas como el coronel Modesto Polanco o el general Antonio Díaz,
quienes dejaron vívidos relatos sobre los charrúas. Es de subrayar el esfuerzo
del autor por rastrear las peripecias del grupo de cuatro charrúas llevados
a Francia, tema que abordamos en páginas siguientes, donde Figueira da a
conocer la mayoría de las “fuentes francesas” sobre el destino de aquellos
indios. A la labor de Figueira debemos buena parte de la información sobre
los “últimos charrúas” que hoy todos conocemos13.

11
BECHIS, Martha. Rostros ranquelinos... ¿rostros ranquelinos? el dibujo histórico en problemas. Bole-
tín Tefros, Río Cuarto, volumen 1, nº 2, invierno 2004, disponible en http://tefros.equiponaya.
com.ar/revista/. Acceso 22 de julio de 2016.
12
CELESTINO DE ALMEIDA, Regina. Índios mestiços e selvagens civilizados de Debret: reflexões sobre re-
lações interétnicas e mestiçagens. Belo Horizonte: Varia Historia, vol. 25, nº 41, pp. 85 – 106, 2009.
13
FIGUEIRA, José Joaquín. Eduardo Acevedo Díaz y los aborígenes del Uruguay. 3 tomos. Montevideo:
Estado Mayor del Ejército, Departamento de Estudios Históricos, División Historia, 1977. En
particular en el segundo tomo el autor analiza el periplo de los “últimos charrúas”.

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AnnieHouotenGuaraníesycharrúasenlaliteraturauruguayadelsigloXIX:
realidad yficciónanalizaunenormecorpusdocumentalquerefierenalos char-
rúas y guaraníes y da cuenta de las distintas valoraciones que de estos grupos
hicieron escritores, viajeros, naturalistas, intelectuales y políticos durante el
siglo XIX. De la misma autora, es el libro Un cacique charrúa en Paris, que se
centra en la peripecia del grupo de charrúas llevados a aquella ciudad por
François de Curel y de las repercusiones en Europa14.
El trabajo de Houot se vale de los resultados de la paciente investigación
deJoséJoaquínFigueira, quiendurantedécadas recorrió archivos uruguayos y
extranjeros en busca de todos los registros sobre la peripecia de aquellos char-
rúas. Como ya se mencionó, Figueira fue quien tomó contacto por primera vez
con los archivos franceses y quien rastreó en la prensa periódica las imágenes
que circularon y hoy conocemos de los denominados “últimos charrúas”15.
8
Textos- imágenes de la voz “charrúas”
en los inicios del Estado Oriental
En los inicios de la vida republicana el Estado Oriental enfrentó múlti-
ples desafíos, por ejemplo la inexistencia de límites territoriales, las dificul-
tades para implantar una nueva fiscalidad, las tensiones entre tradiciones
jurídicas de “antiguo régimen” y las ideas liberales y el peso de la guerra y
los conflictos con los estados de la región. Al norte del Estado Oriental, los
estancieros y las autoridades de la frontera demandaban medidas contra las
tolderías de amerindios no reducidos. La presencia indígena para las auto-
ridades era también un peligro por el temor a alianzas con las facciones que
disputaban el poder16.

14
Cf. HOUOT, Annie. Guaraníes y charrúas en la literatura uruguaya del siglo XIX: realidad y ficción.
Montevideo: Editorial Linardi y Risso, 2007; HOUOT, Annie. Un cacique charrúa en Paris.
Montevideo: Imprenta y Editorial Costa Atlántica, 2002.
15
FIGUEIRA, José Joaquín. “El cacique charrúa Vaimaca Perú fue soldado de Artigas” en “Artigas”, Su-
plemento diario Acción, Montevideo, 18 de junio de 1964. p. 30.
16
Para una versión actualizada de los inicios del Estado Oriental Cf. FREGA, Ana (coord.). Uru-
guay. Revolución, independencia y construcción del Estado.Tomo 1- 1801- 1880. Montevideo: Planeta,
Fundación Mapfre, 2016.

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En los prolegómenos de la presidencia de la república de Fructuoso Ri-


vera (1830-1834), los estancieros del norte del país demandaban una acción
del nuevo estado en relación a las tolderías de “indios infieles”. Los reclamos
se vinculaban a los robos de vacunos, caballos y faenas de cueros que reali-
zaban las tribus como parte de sus actividades comerciales. En ese contexto
incluso llegaron a proponer al presidente correr con los gastos para fletar a
los indios en una embarcación con destino a la Patagonia17.
En 1831 el presidente de la república, organizó una acción de extermi-
nio contra las tolderías de indios no sometidos que habitaban al norte del río
Negro. Este episodio, conocido como de “Salsipuedes”, en alusión al lugar
de la matanza18, exterminó a buena parte de los integrantes de las tolderías
y concretó la desintegración de sus grupos, no solo a través de la muerte sino
de la prisión forzada y del cautiverio que padecieron muchos de los que caye-
ron prisioneros. En relación con el cautiverio, predominó la incorporación
9
al personal de servicio de familias acomodadas de Montevideo, así como
algunos repartos en familias del interior del país19.
Desde la colonia los charrúas estuvieron asociados al concepto de “sal-
vajes” e “indios infieles”. Esta caracterización era en alusión a no estar some-
tidos ni bajo reducción en pueblos de indios. Tal como lo señala David J. We-
ber, las poblaciones indígenas en América, ubicadas más allá de los dominios
españoles, fueron caracterizadas por las autoridades coloniales como“indios
bravos”, “bozales”, “infieles”, “gentiles salvajes” y “bárbaros”20. Los “salvajes” e
“infieles” fueron los habitantes del “desierto”, un problema para los grandes

17
HOUOT, Annie. Op. Cit., Un cacique charrúa en Paris…, p. 5.
18
En el departamento de Tacuarembó, el arroyo Salsipuedes Grande, es un afluente del río Negro.
19
Al respecto: ACOSTA Y LARA, Eduardo F. La guerra de los charrúas. Montevideo: Talleres de Loreto
Editores, 1998; PADRÓN FAVRE, Oscar. Sangre indígena en el Uruguay. Montevideo: Editorial Bar-
reiro, 1987; PI HUGARTE, Renzo. Historias de aquella “gente gandul”. Españoles y criollos vs indios
en la Banda Oriental. Montevideo: Editorial Sudamericana Uruguaya y Editorial Fin de Siglo,
2005. CABRERA, Leonel; BARRETO, Isabel. El ocaso del mundo indígena y las formas de integración
a la sociedad urbana montevideana. Revista TEFROS, Río Cuarto, Vol. 4 Nº2, Primavera de 2006.
20
WEBER, David J. Bárbaros. Los españoles y sus salvajes de la era de la ilustración. Barcelona: Edito-
rial Crítica, 2007. p.34.

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propietarios de tierras y el desvelo de la administración colonial21. Aunque


hemos presentado el asunto de manera sintética, existe una continuidad en la
forma de referir a esos grupos que se remonta a los tiempos coloniales.
En el marco del proceso de construcción estatal e inserción internacional
como país productor de materias primas, fue necesario para el gobierno al-
canzar el control de todo el territorio. Al igual que durante la colonia, los pro-
pietarios de tierras fueron uno de los sectores principales en presionar al go-
bierno para buscar “soluciones” al “problema indígena”. Luego del episodio
de Salsipuedes, el presidente Rivera escribió al Comandante de la Colonia
del Cuareim22 acerca del éxito de la campaña. En la correspondencia carac-
terizó a los charrúas como“horda salvaje”,“indómita”y“puñado de bandidos”23.
Otro funcionario, el general Julián Laguna, quien tenía campos ocupados
por tolderías de amerindios, utiliza los mismos calificativos al comunicarse
con el Jefe del Estado Mayor para informarle acerca de las medidas que se
10
llevabanadelante“paraexterminarlossalvajesqueinfestanelterritoriodelEstado”24.
La necesidad de instalar el “orden” en la campaña era anterior a la crea-
ción del Estado Oriental. Gauchos, indios, hombres sueltos y vagos eran una
amenaza a esa aspiración. Las medidas tomadas por el primer presidente
constitucional del país, apoyadas por la élite gobernante, se relacionaban al
“orden” que el nuevo estado debía implantar. El exterminio de los indígenas
era, según Rivera,“una medida necesaria al «orden público»”25. Como señala la
historiadora Ana Ribeiro:

“El orden debía avalar la existencia de un deber ser nacional; el desorden, por
lo tanto, podía poner en riesgo la reciente independencia. La voz independen-

21
Al respecto DÁVILA, Adriana; AZPIROZ, Andrés. Indios, cautivos y renegados en la frontera. Los
blandengues y la fundación de Belén 1800- 1801. Montevideo: Ediciones Cruz del Sur, 2015.
22
La Colonia del Cuareim estaba integrada por habitantes procedentes de los pueblos misioneros
luego del abandono de esos territorios por la fuerza de Rivera en 1828.
23
Fructuoso Rivera al Comandante de la Colonia del Cuareim, Bernabé Magariños. Salsipuedes,
15 de abril de 1831 en ACOSTA Y LARA, Eduardo F. Ob. Cit., 2da parte, p. 85.
24
Julián Laguna al Jefe del Estado Mayor, Paysandú, 30 de julio de 1831 en ACOSTA Y LARA,
Eduardo F. Ob. Cit , 2da parte, p. 90.
25
RIBEIRO, Ana. Orden y desorden: salud y enfermedad social en tiempos de heroísmos fundacionales.
En CAETANO, Gerardo. Ob. Cit., p. 124.

artigos
Almanack, Guarulhos, n. 16, p. 1-38, Ago. 2017

cia se articuló entonces con orden, también con el significado de bien colectivo
adquirido en el trayecto histórico que los convirtió en nación”26.

Alcanza con revisar otros documentos y advertir que se reitera la ca-


racterización de los charrúas como “horda salvaje”. En 1853 el Diccionario de
Ramón Joaquín Domínguez, la definía de la siguiente manera:

“Tribu errante, conjunto de familias nómades, sin domicilio fijo, como las de los
beduinos, las de los tártaros independientes, o las de los salvajes, que aborrecen
todo lo que tiende a civilizarlos o a restringir su apetecible independencia”27.

Fructuoso Rivera ya había comparado a los charrúas con otras tribus


de “salvajes”, como los beduinos. En efecto en una nota enviada el 25 de
agosto de 1824 al Barón de la Laguna, Rivera, usando un lugar común de
los modelos de barbarie, señala la necesidad de llevar adelante métodos de 11
reduccióndeloscharrúas,pues“noposeenmástácticaqueladelbeduino”y,por
elcontrario,tienenasufavor“supropiapequeñez,ysumovilidadextrema,sobreun
terreno conocido”28.
En 1832, François de Curel29, director del Colegio Oriental de Monte-
video, conocedor de los problemas que causaban para el estado el manteni-

26
Ibídem.
27
DOMÍNGUEZ, RAMÓN JOAQUÍN. Horda. En: Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de
la Lengua Española (1846-47). Madrid-París: Establecimiento de Mellado, 1853, 5ª edición. 2 vols,
disponible en: rae.es/ntlle
28
Fructuoso Rivera al Barón de la Laguna, 25 de agosto de 1824, en ARCHIVO GENERAL DE LA
NACIÓN, Buenos Aires. Sala VII. Colección Carlos Casavalle, N° 2309, Documentación general,
Legajo 7, 1819-1826, f. 479-180. Debo el conocimiento de esta versión a Ana Frega. Una versión
casi idéntica se encuentra en la papelería del capitán de blandengues Jorge Pacheco, depositada
en el Archivo General de la Nación en Montevideo. Aunque todavía no hemos confirmado la
autoría de la misma, seguramente haya sido escrita por algunos de los asesores de Pacheco y luego
manejado el proyecto por Fructuoso Rivera. Al mismo tiempo da cuenta del mantenimiento de
algunas visiones sobre los indígenas que venían, por lo menos, desde principios del siglo XIX.
29
François de Curel se había desempeñado como capitán del Estado Mayor agregado al Ministerio
de Defensa de Francia y como inspector del colegio Henri IV de París. Luego pasó a Buenos Aires,
ciudad que abandonó por problemas económicos, para pasar a Montevideo donde estableció junto
a su esposa, Marie Louise, el Colegio Oriental. Sobre la actuación del matrimonio Curel en el

artigos
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miento de los indios presos luego de las acciones de exterminio, presentó un


proyectopara“llevarconél[aParis]cuatroindioscharrúasconelobjetodepresentarlos
aS.M.elreydeFrancia,alasSociedadesCientíficasyotraspersonasdedistincióneilu-
stración”. Curel prefería llevar a los caciques Brown y Perú, y estaba a favor de
que el gobierno eligiera dos indias para integrar el grupo. Luis Lamas, jefe de
policía de Montevideo, realizó un informe favorable, manifestó su acuerdo
conelofrecimientoyseñalólaconveniencia“dequeenlugardePerú,lofueraLau-
reano[Tacuabé],porserestejovencomode20añosyunmalvadoqueconvendríaalejar
delPaís,yporelcontrarioaquélunancianopacíficoymoderadoensuscostumbres”30.
El 25 de febrero de 1833 embarcaron a Francia cuatro indios charrúas,
tresvaronesyunamujer.Elloseran“losindiosLaureano,Perú,SenaquéyMicahe-
la [Guyunusa]”. Junto con Curel iba Arthur Onslow, un pintor y dibujante
francés, ex-socio de Hipólito Bacle en su Litografía del Estado, establecida
en Buenos Aires. De unos años atrás son sus dibujos del“Traslado del cadáver
12
delGobernadorManuelDorrego”,impresoen1829,elretratodeJuanManuelde
Rosas y los primeros dibujos de la serie de litografías de“Trages y Costumbres
de la Provincia de Buenos Aires”, publicadas en 1830. En agosto de 1831 Onslow
pasó a Montevideo donde, además de desarrollar su trabajo como dibujante,
dictó clases en el Colegio Oriental dirigido por el matrimonio Curel.
¿De qué manera la iconografía representó a los indios llevados a Fran-
cia? Existen dos grabados que representan al grupo de charrúas. Veremos los
contrastes entre uno y otro.
Arthur Onslow realizó un dibujo de los indios que luego fue reproduci-
do en una litografía. La imagen acompañaba un folleto que Curel utilizó en
Francia para promocionar las visitas a su zoológico humano. La litografía se
titula“Indiens Charruas”y en ella aparece al centro la imagen del cacique Vai-
maca Perú, apoyado sobre su arco de flechas, vistiendo un quillapí de piel de
“jaguar” decorado con dibujos geométricos. Vaimaca lleva un cinturón del
que cuelgan unas boleadoras. El rostro y el porte dan cuenta de sus atributos

Colegio Oriental en Montevideo: Cf. ARAÚJO, Orestes. Historia de la escuela uruguaya. Montevideo:
El Siglo Ilustrado, 1911. p. 183 – 184.
30
Carpetas y notas varias de Francisco de Curel relativas a la conducción de un grupo de Charrúas
a Francia en ACOSTA Y LARA, Eduardo F. Ob. Cit, p. 109.

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como jefe del grupo. A su derecha están Micahela Guyunusa y Tacuabé,


ambos sentados, y a diferencia de lo que señalan muchas fuentes en relación
a su vestimenta, están ataviados con prendas ricamente ornamentadas. A la
izquierda de Vaimacá está Senaqué quien viste el mismo tipo de manto y
sostiene un mate en su mano.
En el folleto donde se reproducía la imagen se señalaba:

“El primero es un cacique temible [Perú]; el segundo [Senaqué], uno de los por
ellos denominado médico, que tiene la pretendida ciencia de la magia médi-
ca, añadiendo realmente el conocimiento de simples adecuados para curar las
heridas. El tercero es un joven y bravío guerrero [Tacuabé], reconocido por su
destreza para domar caballos salvajes; el cuarto [Guyunusa], una mujer, es la
compañera del joven guerrero”31.

13

Imagen I
Arthur Onslow, Indiens Charruas, c. 1833, litografia.

RIVET, Paul. Los últimos charrúas. Montevideo: Ediciones de la Plaza, 2003, p. 35.
31

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En el exterior Curel promovía el exotismo de sus prisioneros. Acentuaba


sus características como indios de armas y apelaba incluso a sus creencias
mágicas. Un medio de prensa francés, Le Temps, afirmaba luego de la inaugu-
ración de la “exposición” realizada el 8 de junio de 1833 los mismos concep-
tos promovidos por Curel en su folleto de propaganda32. El periodista se refe-
ría a los charrúas como “salvajes”, idea fortalecida por la escenificación que
François Curel, seguramente con la ayuda de Onslow, habían preparado:

“Lossalvajesestáncasidesnudos.Seencuentranagrupadosalrededordeunfogón
en el que asan la carne fresca que les sirve de alimento. Parecían estar algo recelo-
sos por la presencia de quince a veinte extranjeros. Sin embargo, ellos se fueron
familiarizando rápidamente, y como hablan bastante bien el español y el portu-
gués, pudieron responder a las preguntas que les hicieron algunos visitantes”33.

14

Imagen II
Bernard. Les sauvages charrúas, c. 1833, xilografía.

Ibídem, p. 37.
32

Ibídem, p. 39.
33

artigos
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A diferencia del dibujo de Onslow, la xilografía que acompañó una co-


lumna periodística de L. Gozlan sobre los charrúas en Paris en Le Musée des
Familles, representa un grupo de personas abatidas34. Ninguno de los indios
viste atuendos profusamente decorados, sino que por el contrario sus vesti-
mentas son sencillas y andrajosas. Vaimaca, lleva un cuero vacuno por único
vestido, y ostenta simplemente, un juego de boleadoras. Por el contrario, Se-
naqué, Guyunusa y Tacuabé dan una imagen de grave deterioro físico y en-
fermedad. De hecho, sabemos que Senaqué se enfermó de una“fiebre de con-
sunción”ocasionadapor“ladesesperanza,eltedio,ysobretodo[sic],lanostalgia”.Por
ese motivo, el Museo del Hombre de París decidió invertir parte de los fondos
“destinados a la adquisición de animales raros”al pago de los gastos médicos35.
Ambas imágenes hacen hincapié en el exotismo del grupo, asociándolos
a la idea de “indios salvajes” y “guerreros”, apelando a una escenificación
que fortalece esos conceptos. Las imágenes deben ser vistas en pares para
15
advertir la oposición del esplendor de los charrúas con la representación de
un cautiverio opresivo.
La exhibición tuvo eco en Montevideo. La oposición entre lo “salvaje” y
lo “civilizado” fue realizada por el coronel Antonio Díaz, fundador y director
de El Universal, quien al dar cuenta de la “exhibición” de los indios charrúas
en Paris, opuso a aquellos “salvajes” con los habitantes “de un pueblo el más
Ilustrado de la tierra” 36:

“no dejará de interesar al observador de la naturaleza el contraste que debe


ofrecer el cuadro material de su primitivo estado representado en los cuatro
Indígenas, con el estado presente del hombre social, en un punto que reúne
todos los elementos de la civilización y que va delante de todos los pueblos en
los progresos del espíritu humano. Así la morada del Indio Perú envuelto en un
Quillapí y devorando un pedazo de carne medio cruda en los campos Eliseos,
y por otra parte el Gabinete de la Academia de las Ciencias en París forman
los dos puntos extremos en la larga cadena de la historia del hombre en socie-
dad”37.

34
HOUOT, Annie. Ob. Cit., p. 24-25.
35
Ibídem, p. 43.
36
Montevideo, El Universal, 16 de octubre de 1833, p. 2. Agradezco a Ariadna Islas esta referencia.
37
Ibídem.

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Imagen III 16
James C. Prichard. Histoire naturelle de l’ homme, Tomo II, Paris, Chez J. Bailliere, 1843, p. 204.

Una imagen muy similar a la atribuida a Arthur Onslow fue publicada


en 1843 en la Histoire naturelle de l’ homme por el médico James Cowles Pri-
chard38, integrante de las academias de medicina de Londres y Francia. En
su historia natural, en la que menciona a “todas las razas”, Prichard incluye
a los charrúas dentro del grupo de la “raza pampeana”, junto a patagones,
abipones y tobas; señala que han sido exterminados de la “Banda Oriental
y Entre Ríos” y que son “más negros que los mulatos”, aspecto que, según
señala, es bien recogido en la imagen que incorpora a su texto39.
Otra representación contemporánea de los “indios charrúas” es la de
Jean Baptiste Debret, quien los representa en dos imágenes opuestas: los
charrúas civilizados y los charrúas salvajes. Debret viajó a Brasil en 1816
como integrante de la denominada“Misión Artística Francesa”incentivada por

38
PRICHARD, James Cowles. Histoire naturelle de l’homme. Tomo II. Paris: Chez J. Bailliere, 1843. p. 204.
39
Ibídem, p 205.

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João VI40. En 1827 visitó el sur de Brasil, desde San Pablo a Río Grande del
Sur, pasando por Santa Catarina y Paraná41. A su regreso a Francia, publicó
entre1834y1839,tresvolúmenesdelitografíastituladas“VoyagePittoresqueet
HistoriqueauBrésil,ouSéjourd’unArtisteFrançaisauBrésil”.En“Charruascivilisés”,
asocia a los indios “civilizados” con “peones” de estancia y los representa en
el medio de un ámbito de trabajo rural. Los “charrúas” tienen atributos de su
cultura, pero también hay huellas del mestizaje, de las formas de asimilación
que se hacen evidentes en la vestimenta, ataviados como los criollos, a lo que
se suman las boleadoras, el lazo, las espuelas, las botas de potro, los sombre-
ros y un cuero de algún animal salvaje, utilizado como bolsa.
Como señala el investigador brasileño Anderson Ricardo Trevisan, la
representación de los charrúas conserva aspectos de la cultura indígena (las
boleadoras, el uso de pieles de animales salvajes y el color de la piel) que otor-
gan a la imagen un carácter simbólico, resultando una escena “deseable” de
17
los “salvajes”42. La publicación del álbum de J. B. Debret coincide en el Río
de la Plata con la construcción de los estados nacionales, asociado al proceso
de inserción internacional del país y los intentos por consolidar los derechos
de propiedad privada en el medio rural. En ese contexto, el charrúa civiliza-
do (como sinónimo de fuerza de trabajo rural) es la alternativa al exterminio.
Para Ariadna Islas, la voz “civilización” tiene entre sus acepciones una
que refiere a un estado evolutivo de la humanidad o a un pueblo. El término
es usado por sectores letrados –Debret forma parte de ese sector– y sobre
todo en documentos destinados a la formación de opinión43. Como señala
Islas:“Lacivilizaciónresultabaelefectodelaconversióndelaspasionesaefectos‘civiles’

40
HOLANDA,SergioBuarquede.Oprocessodeemancipação.In:___(org)Historiageraldacivilizaçãobrasileira.
Tomo II: o Brasil monárquico. Vol 1: O processo de emancipação. San Pablo: DIFEL, 1985. p. 119
41
BANDEIRA, Julio; CORREA DO LAGO, Pedro. Debret e o Brasil: obra completa,1816 – 1831.
Río de Janeiro: Capivara. p. 63.
42
TREVISAN, Anderson Ricardo. Velhas imagens, novos problemas: a redescoberta de Debret no Bra-
sil modernista (1930-1945), Tese de Doutorado em Sociologia, Programa de Posgraduación en
Sociología. Universidade de São Pablo, 2011. p. 251.
43
ISLAS, Ariadna. Morigerar las costumbres para formar la nación. El concepto civilización en el discur-
so político desde la formación de la sociedad colonial hasta la constitución de la república (1750
– 1870). En CAETANO, Gerardo. Ob. Cit. p. 95.

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enmarcadosenlaley,adjetivopuesaplicadoalalibertad,algobiernoyalgobiernoindi-
vidualdesímismo,alcomportamiento,alaconducta”44.Comohemosseñaladolos
primeros gobiernos del Estado Oriental buscaron “civilizar”, tomando entre
otras medidas las que se vinculaban al mantenimiento de la “paz social”,
donde el exterminio de los charrúas representaba la opción más “segura”, a
la concreción de la estabilidad del nuevo estado.
En oposición a los “charrúas civilizados”, hacia 1834 Debret publicó la
litografía “Chef de charrúas sauvages” donde representa a un “indio charrúa”
semidesnudo, blandiendo una lanza y montado sobre un caballo de gran
porte. Es la imagen de un guerrero y esa es la actitud en la que se encuentra
el personaje. La imagen afirma el carácter “bárbaro” acentuado con la pre-
sencia de un paisaje agreste, también “salvaje”, que se opone al contexto de
la otra imagen donde los amerindios realizan tareas rurales. Al mismo tiem-
po en este caso se acentúan los atributos propios de una cultura indígena, el
18
cacique monta sobre una piel de jaguar y a excepción de las riendas no utiliza
mayores elementos de la equitación europea.

Imagen IV
Uruguay, MHN- Casa de Lavalleja, Colección Pablo Blanco Acevedo, carpeta IX. Lámina Nº33. “Char-
ruascivilisés(Pions)”.DibujodeJBDebret.LitografíadeCMotte.LáminaNº15delálbumdeDebret.

Ibídem, p. 102.
44

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Hemos dado cuenta de cuatro imágenes realizadas por europeos, las que
circularon al menos en Francia en la década de 1830 y 1840. Los charrúas de
Curel acentuaban el carácter exótico y guerrero de los indios. La litografía
de Debret, aunque incluye elementos propios de la cultura indígena, refiere a
una imagen“deseable”de esos indios. Ambas imágenes construyen modelos
del estereotipo de salvaje y civilizado.

19

Imagen V
Uruguay, MHN- Casa de Lavalleja, Colección Pablo Blanco Acevedo, carpeta IX.
“Chef de charrúas sauvages”. Dibujo de J. B. Debret. Litografía de C. Motte.

En 1832 Bernabé Rivera, familiar del presidente de la República Fruc-


tuoso Rivera, falleció en un combate contra un grupo de “indios charrúas”
en el potrero de Yacaré-Cururú, al norte del Estado Oriental. Su muerte
causó gran repercusión en la opinión pública y en el elenco de gobierno, lo

artigos
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cual influyó para acentuar la imagen que se tenía de los charrúas. Como ho-
menaje a Bernabé y dedicado a Fructuoso Rivera, el poeta Francisco Acuña
deFigueroaescribióun“Epicedioocanciónfuneral.Alaheroicamuertedelbravo
coroneldonBernabéRivera”,transcriptoeilustradoporelpintorycalígrafoJuan
Manuel Besnes e Irigoyen en 183345.

20

Imagen VI
MHN, Casa de Fructuoso Rivera, “Epicedio a la heroica muerte del bravo coronel don Bernabé
Rivera”, Francisco Acuña de Figueroa, Juan Manuel Besnes e Irigoyen, 1833, 101 x 66 cm.

El poema de Acuña de Figueroa46 opone el carácter heroico de la cam-


paña comandada por Bernabé Rivera, la cual está asociada al progreso del
país, con la barbarie de las tribus charrúas. Al igual que las ideas que funda-
mentan el exterminio de los charrúas, Acuña de Figueroa entiende que estos
amerindios representan todo lo que el país debe abandonar para dar lugar a
una nueva etapa.

45
MHN, Casa de Fructuoso Rivera, “Epicedio a la heroica muerte del bravo coronel don Bernabé
Rivera”, Francisco Acuña de Figueroa, Juan Manuel Besnes e Irigoyen, 1833, 101 x 66 cm. Un
epicedio es una composición poética donde se llora y alaba a una persona.
46
Un análisis del trabajo de Acuña de Figueroa y Besnes e Irigoyen en CARÁMBULA DE BARREI-
RO,Margarita.AlaheroicamuertedelbravocoroneldonBernabéRivera. RevistaHistórica,Montevideo,
Tomo XVI, pp. 491 – 503, 1949.

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Hasta donde conocemos, esta ilustración de Besnes e Irigoyen al epice-


dio es la primera imagen producida en el territorio oriental sobre los indios
charrúas y su representación no tiene como objetivo la verosimilitud sino la
de representar un modelo del salvaje.
El epicedio está dividido en once escenas, donde se destacan diversos
aspectos de la vida del militar en contraposición con características negativas
de quienes lo mataron:

“Tu Bernabé, tú eras / el Numen de bondades,/ y entre dos tempestades/ el


Iris tutelar./ Los barbaros levantan / el pendón parricida / y a la Patria afligi-
da/ pretenden devorar”47.

En el poema los indios charrúas son definidos como “salvajes”, “hordas


terribles”,“cometasdemuerte”,“fieras”y“monstruos”.Peroesenlaescenaoctava
donde se señala un aspecto que, años más tarde, será el que negarán los 21
“idealizadores” de los charrúas: Besnes e Irigoyen representa el momento
posterior a la muerte de Rivera, quien yace en el suelo. En el verso, Acuña de
Figueroa introduce el tema de la antropofagia al caracterizar a los charrúas
como “caribes”:

“Ya al cadáver osados/ se acercan con fiereza. / le contemplan… y empieza /


la escena del furor:/ No, no triunféis caribes, / que aún le resta un hermano /
y en cada Ciudadano/ un suyo vengador”48

El término “caribes” apareció por primera vez en un diccionario de len-


gua española en 1786. El diccionario de Esteban Terreros y Pandos, publica-
do en Madrid, definía “caribes” como sinónimo de “cannibales”, en referencia
directa a“algunos habitadores de las Islas Antillas”49. Un diccionario de 1853 lo

47
Ibídem, escena 1.
48
Ibídem, escena 8.
49
TERREROS Y PANDO, ESTEBAN DE. Cannibales o caribes. En____ Diccionario castellano con
las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana
[...]. Tomo primero, Madrid, Viuda de Ibarra, 1786. Disponible en: rae.es/ntlle

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vinculaba al concepto de“cruel e inhumano”pues los caribes devoraban a sus


prisioneros y practicaban la poligamia50.
En 1835, durante la presidencia de Manuel Oribe, se inauguró el Ce-
menterio Central. El gobierno encargó al marmolista Louis Dunand, autor
devariostrabajosparael“Panteóndelosciudadanosmeritorios”enelcementerio
de la recoleta en Buenos Aires, el sarcófago para los restos mortales del co-
ronel Bernabé Rivera. Junto con este monumento funerario se inauguró una
lápida doble, obra del marmolista J. Noble, dedicada a los soldados Pedro
Bazán y Roque Viera, quienes murieron junto a Rivera. Los dos monumen-
tos, encargados por el gobierno de Oribe, eran un reconocimiento a los sol-
dados como“defensores de la patria”. La lápida de Rivera está grabada con una
leyenda con ideas similares a las de la canción fúnebre de Acuña de Figueroa:

“Yndigena salvaje! indómito habitador de los / desiertos! He aquí tu víctima! Eri-


zado tu cabello/ Y cubiertos tus miembros de un sudor frío, ven, y/ temblando 22
lancese de tu pecho el fúnebre alarido/ del dolor con más fuerzas que allá al
inmolarlo/ lanzaste el horrible grito de la carnicería” 51

Los indios charrúas en la palabra y el papel


En 1853, el Sargento Mayor de Caballería, Pedro Pablo Bermúdez pu-
blicó su obra teatral en verso “El Charrua”52. La presentación en el Teatro
Solís de Montevideo en 1858, por parte de la compañía de teatro española de
Matilde Duclós53, generó una encendida polémica recopilada por la prensa

50
[GASPAR Y ROIG]. Caribes. En___ Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig. Diccionario enciclo-
pédico de la lengua española, con todas las vozes, frases, refranes y locuciones usadas en España
y las Américas Españolas, Tomo I, Madrid, Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, editores, 1853.
Disponible en: rae.es/ntlle
51
Cementerio Central de Montevideo, Panteón y sarcófago Bernabé Rivera.
52
BERMÚDEZ, Pedro P.“El Charrúa”. Drama histórico en verso. Montevideo: Imprenta de El Orden, 1853.
53
La actriz y empresaria de compañías de zarzuela, Matilde Duclós arribó a Montevideo alrededor
de 1856. En 1857 presentó la obra La locura de amor, sobre la vida de Juana I de Castilla. Cf.
FORNARO, Marita; SALOM, Marta; CARREÑO, Graciela y otros. Presencia e influencia española
en elTeatro Solís de Montevideo (1856 – 1930): zarzuelas, sainetes, cupleteras y tangos. Cuadernos de
Música Iberoamericana, s/d, vol. 13, 2007. pp. 7-8.

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acerca de la identidad y el lugar de los “charrúas” en la “historia nacional”.


La obra de Bermúdez ha sido ya analizada por Annie Houot54.
Pedro Pablo Bermúdez (1816- 1860), hijo de un oficial de las fuerzas de
José Artigas, inició la carrera de armas en 1832 cuando se integró al batallón
de infantería de línea donde alcanzó el grado de subteniente. Al año siguiente,
pasó a la Fiscalía Militar hasta 1834 que pidió su pasaje a la caballería, revis-
tando en el Regimiento Nº4. En 1836, luego de la batalla de Carpintería que
significó una derrota para las fuerzas de Fructuoso Rivera, Bermúdez fue pro-
movido y distinguido como“benemérito de la patria”. En 1837 alcanzó el grado
de Sargento Mayor. Cuando la dimisión de Manuel Oribe en 1838, Bermú-
dez, al igual que otros militares, fue dado de baja del ejército. En ese momen-
to decidió emigrar a Buenos Aires, lugar en el que permaneció hasta 184255.
En esos años escribió su primer borrador de El Charrúa, el cual surgió “en
unaconversacióndesobremesayporunrasgodeamorpropio”.Bermúdez“orientalydes- 23
terrado”, decidió escribir un drama histórico sobre los charrúas, pues:“Puestas
misideasenmovimiento,recorrieronaprisanuestraviejahistoria”y“Enellavilevantarse
la raza belicosa dueña de los campos […]”56.
Bermúdez regresó al Estado Oriental en 1842 como integrante del Ejér-
cito Unido de Vanguardia de la Confederación Argentina bajo la jefatura
de Manuel Oribe. A partir de la instalación del denominado Gobierno del
Cerrito, durante la Guerra Grande, Bermúdez residió allí57. Luego de la ba-
talla de Monte Caseros (1852) se incorporó a la Comandancia General de
la 2da sección para pasar a la Guardia Nacional y a la Comandancia militar

54
Para un análisis de El Charrúa, Cf. HOUOT, Annie. Guaraníes y charrúas en la literatura uruguaya
del siglo XIX: realidad y ficción. Montevideo: Editorial Linardi y Risso, 2007. pp. 287 y ss.
55
FERNÁNDEZ SALDAÑA, José María. Ob. Cit., p. 179-181.
56
BERMÚDEZ, Pedro P. Ob. Cit., p. II.
57
Se conoce como Guerra contra Rosas o Guerra Grande al conflicto bélico que se extendió entre
1838 y hasta 1852 cuando la derrota de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Monte Caseros.
Se trató de un conflicto de carácter regional e internacional que involucró a las potencias euro-
peas como Francia e Inglaterra. A partir de 1843 en el Estado Oriental, dos gobiernos se auto
denominaron como legítimos, por un lado el de la defensa bajo la conducción de Joaquín Suárez
y por otro el instalado en las afueras de Montevideo, en el Cerrito, presidido por Manuel Oribe.
Mientras los partidarios de Oribe recibieron el apoyo de los federales de Rosas, el gobierno de
Montevideo fue respaldado por los unitarios y por las fuerzas extranjeras.

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posteriormente. En ese momento reescribió El Charrúa, ya que su borrador


original se había traspapelado. Durante la presidencia de Gabriel Antonio
Pereira (1856 – 1860) prestó servicio como edecán hasta 1859 cuando se hizo
cargo, hasta su muerte en 1860, de la Jefatura Política de Montevideo.
Aunque el caso de Bermúdez no es el de un intelectual, la lectura de su
obra advierte de una cierta formación libresca acumulada, sobre todo vincu-
lada a la lectura de diversos cronistas de América e historias del continente
que circulaban en el siglo XIX. Como señala el historiador Juan Antonio
Oddone, el drama histórico de Bermúdez, como representante de la produc-
ciónversificadadelos“poetasdelsentimientopatrio”,promovióunaveneración
del pasado apelando a los elementos primarios“con la finalidad de erigirlos en
estandarte de la regeneración nacional”58.
En la edición original de 1853 se acompaña la primera página con la
opinión del poeta Francisco Acuña de Figueroa. En verso y brevemente, el 24
poeta felicita la obra de Bermúdez:

“Apruebo como Censor,


Y aplaudo como Oriental,
Al Charrúa, y a su autor;
Y ambos logren prez, y honor.
En el teatro nacional”59.

Sin embargo, El Charrúa se distancia de las palabras de Acuña de Figue-


roa en el epicedio. En su “drama histórico”, que acompaña de una serie de
notas y evidencias documentales, Bermúdez asume una defensa de esta tri-
bu60, la cual se desarrolla en el marco de los debates sobre el americanismo y
la identidad, consecuencia de las intervenciones europeas durante la Guerra
Grande61. El drama se ambienta en el siglo XVI en un espacio que para el

58
ODDONE, Juan Antonio. La historiografía uruguaya en el siglo XIX. Apuntes para su estudio. Revista
Histórica de la Universidad, Montevideo, segunda época, nº 1, 1959. p. 6.
59
BERMÚDEZ, Pedro P. Ob. Cit., p. 1.
60
“Yo canto al ínclito esfuerzo/ De la jigantezca raza, / Que hiciera trescientos años / Pie firme,
frente a la España,/ Llevando diversa suerte / A diferentes batallas/” Bermúdez, Pedro P. Loc. Cit.
61
WASSERMAN, Fabio. Entre Clío y la Polis. Conocimiento histórico y representaciones del pasado
en el Río de la Plata (1830-1860). Buenos Aires: Editorial Teseo, 2008. p. 125.

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autor ya es habitado por ese grupo indígena, territorio que está unido, desde
ese momento, a la “patria”.
La historia narrada por Bermúdez tiene su origen en la crónica de
Martín del Barco Centenera publicada en 160262. Sin embargo, Bermúdez
hace algunas adaptaciones con el objetivo de acentuar el protagonismo de
los charrúas. En el drama se narra el suicidio de una pareja de charrúas,
Abayubá y Lirompeya (sic), frente al temor de ser separados por su captor, el
capitán español Carvallo.
Como ya señalamos, el drama histórico de Bermúdez va acompañado
de notas aclaratorias. Se destacan dos precisiones realizadas por el autor so-
bre aspectos que hacían a la “mala prensa” de los indios charrúas: sus cultos
mágicos y sus prácticas antropofágicas.
En relación a las prácticas mágicas, aunque el autor reconoce sus cultos
religiosos, la argumentación asume la idea del “buen salvaje” y reclama, al 25
final, una mirada de “justicia” como ha ocurrido con otras tribus indígenas
del norte de América63.
Sobre la antropofagia, la aclaración se vincula a la necesidad del autor
de despejar la idea de que los charrúas la practicaron con Juan Díaz de Solís.
Bermúdez no cuestiona que el encuentro de las tropas haya sido con char-
rúas, su objetivo es aclarar el episodio de la muerte. Su principal argumento se
vincula al origen de la versión la cual surge años después de la muerte del ex-
plorador. Bermúdez cuestiona los detalles de esa versión pues le parece poco
probable que, quienes habían logrado escapar, corrieran el peligro de perma-
necer espiando para saber el futuro de sus compañeros. Por todo eso señala:

“Fuera posible que unos cuantos años de intervalo hubiesen cambiado total-
mente sus instintos? Aceptaremos un hecho aislado y dudoso de barbarie, no
creído por [Félix de] Azara y negado por [Alcides] d’Orvigni cuando en con-
traste resaltan muchos y auténticos de una humanidad comprobada”64.

62
Nos referimos al poema épico “La Argentina y conquista del Río de la Plata”, publicado por el
sacerdote Martín del Barco Centenera a principios del siglo XVII.
63
BERMÚDEZ, Pedro P. Ob. Cit., p. 115
64
Ibídem, p. 114.

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¿Pero cuál fue la recepción que tuvo El Charrúa? En 1853, su publicación


parece no haber generado ninguna polémica. Los apoyos y críticas tomaron
estado público en 1858 cuando el drama histórico fue presentado en elTeatro
Solís de Montevideo por una compañía española. En el diario “La Nación”,
“Unos Orientales”felicitó la obra de Bermúdez. En respuesta, Francisco Xavier
de Acha polemizó con el autor de la nota anónima, no solo criticando su pre-
tendida calidad literaria, sino sobre todo tachando la vindicación de Bermú-
dez hacia los charrúas asociada a una crítica al legado español. Como señala
Fabio Wasserman, la inclusión de los charrúas en la memoria colectiva traía
aparejadosalgunosinconvenientes:“Esque[loscharrúas]nosólohabíansobrevi-
vidoalosesfuerzoshechosporlosespañolesparasometerlos,sinoquetambiénhabíancom-
batidocon–ycontra-losejércitosrepublicanoshastaquefueronexterminadosen1831”65.

Los “indios charrúas” de bronce


26
Los intentos más exitosos de la incorporación positiva de los indios char-
rúas, asociados a conceptos como el de “valentía” e “independencia”, fueron
en la década de 1880 cuando se concretaba en el Uruguay el proceso de
consolidación de la identidad nacional. En 1879 el historiador colorado y ca-
tólicoFranciscoBauzápublicólaHistoriadeladominaciónespañolaenelUruguay.
LaobradeBauzá,consideradacomo“fundadoradelrelatodelosorígenes”66,ensu
esfuerzo por demostrar el carácter prefigurado de la nación, incorporó la no-
ción de“indios uruguayos”, entre los que incluyó a los charrúas. En la primera
parte del tomo uno, Bauzá realiza una descripción en la que expresa la exis-
tencia, a la llegada del español, de los charrúas como una sociedad organiza-
da cuyo predominio se extendió en el actual territorio del Estado uruguayo.
Los indios charrúas son presentados como un pueblo“salvaje”cuyas con-
diciones morales son una mezcla de “bondad natural” y “valentía heroica”:

WASSERMAN, Fabio. Ob. Cit., p. 128.


65

DEVOTO, Fernando. La construcción del relato de los orígenes en Argentina, Brasil y Uruguay: las histo-
66

rias nacionales de Varnhagen, Mitre y Bauzá. En MYERS, Jorge. Historia de los intelectuales
en América Latina. Buenos Aires: Katz, 2008. p. 278.

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“La lucha por la existencia emprendida todos los días contra la naturaleza y sus
semejantes, y frecuentemente contra ambos a la vez, les había dado la concien-
cia de su valor, sin ninguno de los agregados con que la vanidad suele afear ese
don tan precioso en el hombre. No eran crueles con los vencidos, ni brutales
con la mujer, ni autoritarios con los niños […]”67

A lo largo de la obra se advierte el peso de las crónicas y relatos de via-


jeros europeos, a partir de las cuales el autor ilustra las características de la
población nativa a la llegada de los españoles. La visión de los charrúas es
inmutable, para Bauzá sólo se vincularon con la población hispanocriolla a
travésdelaviolenciaydesdesiempre“constituidosencuerpodenación”68.Bauzá
hace uruguayos a los charrúas, “su nación”, como señala Carlos Zubillaga,
eraunanticipodeésta:“laindependenciadelUruguay[estaba]delargotiempoatrás
preparadaporlaposicióntopográficadelterritorioyporlastendenciasdesushabitantes”69.
Al mismo tiempo, el pintor Juan Manuel Blanes realizó algunas obras 27
centradas en la temática indígena las cuales reflejan este cambio de valoración
que venimos advirtiendo. Blanes fue miembro fundador de la Sociedad Cien-
ciasyArtesdesde1876.Aunquenotomóposicionespúblicasenlasdiscusiones
de la intelectualidad, estuvo interesado en diversos temas, como lo demues-
tra esta correspondencia que mantuvo con su hermano Mauricio en 1881:

“[...] en el Ateneo, todo es lengua suelta... Esos atenienses son enemigos de la


historia nacional, y no saben que Zapicán y Abayubá no conocieron el vené-
reo, ni la sífilis, ni fueron traidores, y aunque no tuvieron noticia de los Papas
ni los romanos, tenían sus leyes [...]”70

67
BAUZÁ, Francisco. Historia de la Dominación española en el Uruguay. Tomo I, Montevideo: Ministerio
de Instrucción Pública y Previsión Social, 1965. p. 207
68
BAUZÁ, Francisco. La Independencia del Uruguay. Enciclopedia Uruguaya, “Independencia, anexi-
ón, integración” Juan C. Gómez- Francisco Bauzá. Nº 16 Montevideo, octubre de 1968, p. 143.
69
ZUBILLAGA, Carlos. Historia e historiadores en el Uruguay del siglo XX. Montevideo: Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación, 2002. p. 48.
70
Citado en PELUFFO LINARI, Gabriel. Historia de la pintura uruguaya. Tomo 1. El imaginario
nacional - regional (1830 - 1930). Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 1999. p. 20.

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Esa preocupación por la temática indígena se refleja en su obra La cau-


tiva, de 188071. Allí aparece representado uno de los temas principales de
la pintura y la literatura del siglo XIX en el Río de la Plata: el rapto de las
mujeres por las parcialidades indígenas. En un primer plano, una cautiva
mira al cielo en un sentimiento de abatimiento mientras, a su lado, un indio
la observa. La imagen demuestra el lugar de la cautiva entre los indios, el
contraste entre los dos mundos, destacados por la iluminación que recibe el
cuerpo de la mujer. En un segundo plano, Blanes representa la horda salvaje,
con la llegada de los indios a la toldería a su regreso del malón.
Además en esos años trabajó en El ángel de los charrúas72 basado en un
poema titulado de igual forma cuyo autor es el poeta católico Juan Zorrilla
de San Martín. En la imagen una mujer indígena, sin alas, y despojada de
toda alusión violenta, representa al “ángel” de los charrúas. Se trata de una
representación apacible que se distancia de las actitudes de guerra más refe-
28
ridas por la iconografía.
El poema de Zorrilla resalta los valores de los charrúas, “raza vencida”
que se “extinguió”, “sin dar un paso hacia atrás”:

“¡Cadenas! ¡Pobres charrúas!


¡Ay de la raza vencida!
¡Cayó una raza inocente!
Sin dar un paso hacia atrás
Dobló la bronceada frente.
¡Cayó una raza inocente!
Para no alzarse jamás.”73

71
Juan Manuel Blanes, “La cautiva”, óleo sobre tela, 102 x 77,5 cm, 1880, Montevideo, Museo
Municipal J. M. Blanes. Agradezco la referencia al Lic. Ernesto Beretta García.
72
Juan Manuel Blanes, “El ángel de los charrúas”, óleo sobre tela, 100 X 80 cm, 1880-1883,
Montevideo, Palacio Estévez. Agradezco la referencia a Ernesto Beretta García.
73
MUSEO DE ARTE PRECOLOMBINO E INDÍGENA (MAPI), Imaginarios prehispánicos en el Arte
Uruguayo: 1870-1970. Montevideo, MAPI, 2006. p. 78

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Imagen VII
29
Juan Manuel Blanes, “El ángel de los charrúas”, óleo sobre tela, 100 X 80 cm,
1880-1883, Montevideo, Palacio Estévez.

En el momento en que Blanes produjo su obra artística ya no existían


comunidades indígenas viviendo en tolderías, ¿entonces el ángel es el alma de
los charrúas? ¿Lo que permanece es un espíritu vencido pero sobreviviente
inocentemente?
Como señala el historiador uruguayo Carlos Zubillaga“La concepción del
tempranodiseñonacional,buscólosrasgosdeidentidadenelpasadoindígenayenla
continuidaddeunavocaciónsoberana,queatravesóelperíodocolonialylasluchaspor
la independencia”. En este sentido, tanto la obra de Francisco Bauzá como la
producción literaria de Juan Zorrilla de San Martín fueron gestoras de esta
opinión y, aunque no existía una “comunidad historiográfica”, sus relatos
configuraron la tesis nacionalista74.
En 1888 Juan Zorrilla de San Martín publicó Tabaré, poema que generó
un fuerte impacto a nivel de la opinión pública. En la obra, el autor narra el

74
ZUBILLAGA, Carlos. Ob. Cit., p. 48- 49.

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idilio entre el indio Tabaré, personaje principal de la historia e integrante de


una tribu charrúa, y Blanca, una mujer española. El poema está dividido en
diez cantos y se ambienta en el contexto del ocaso de la etnia charrúa.
EnTabaré aparecen viejos temas sobre los vínculos entre amerindios e his-
panocriollos. Tabaré (un mestizo) y Blanca (una española) encarnan los con-
flictos y tensiones entre la sociedad criolla y el mundo indígena. En el desenlace
del poema muere Tabaré, como metáfora de la desaparición de su “raza”75.

30

Imagen VIII
Juan Luis Blanes, Abayubá, bronce, 38 x 65 x 138 cm, 1887.
Nicanor Blanes, Zapican, bronce, 38 x 128 x 63,5 cm, 1880 - MHN CAI 2832.

El poder de lo simbólico se expresó de forma efectiva a través de la escul-


tura. Nicanor Blanes realizó en 1880 el yeso del cacique Zapicán, su herma-
no Juan Luis, culminó en 1887 el del cacique Abayubá. Los yesos fueron años
más tarde utilizados para las versiones en bronce, las cuales se encuentran
en el hall de entrada de la Casa de Rivera, perteneciente al Museo Históri-
co Nacional en Montevideo. Se trata de la representación de dos guerreros,

ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan. Tabaré. Buenos Aires: Editorial Kapelusz, 1965. p. 205.
75

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sinónimo de la resistencia hasta el final, cuando ambos fueron exterminados


por las tropas de Juan de Garay en el combate de San Salvador en 1574.
El cacique Zapicán está en actitud de acecho, su brazo izquierdo está
sobre su pecho mientras sostiene en su mano un juego de boleadoras de pie-
dra. Lleva por vestimenta la piel de un animal que lo cubre hasta sus tobillos.
Abayubá está en una actitud similar a la de Zapicán, en su mano derecha
empuña una maza y en la izquierda una correa que sostiene un carcaj con
el arco y las flechas. Está semidesnudo, alhajado con un tocado de plumas y
cubierto con una pequeña falda.
Un último ejemplo permite advertir el cambio en la valoración del indí-
gena asociado a la construcción de la identidad nacional. Durante la década
de 1880, Juan Manuel Blanes trabajó en su obra titulada “Alegoría de Améri-
ca Republicana”. La “América Republicana” es representada por un indio a
caballo, montado en pelo, que sostiene en sus mano derecha unas cadenas 31
rotas como imagen de la independencia y el abandono del “yugo” español.
La actitud es de combate, aspecto fortalecido por las flechas que empuña en
su mano izquierda. La imagen del indio se concreta junto a la de la indepen-
dencia y la república. En el “Resurgimiento de la Patria” de 1898, Blanes pinta
una escena en la bahía de Montevideo donde en primer plano una república
femenina envuelta en el pabellón nacional está acompañada de un indio que
la observa desde el suelo. Ella está sentada sobre una piedra donde se ha
colocado una piel de jaguar. El indio está ataviado con la misma piel, obser-
vando. En un segundo plano aparece la fortaleza de Montevideo y un barco
entrando a la bahía.
Al igual que la mayoría de las imágenes que hemos señalado, la obra de
Blanes resalta los aspectos“guerreros”de las tribus charrúas, pero a diferencia
de Onslow y Debret, ese carácter tiene ahora una lectura positiva, pues es si-
nónimo de su temple “heroico” e “indomable” frente al yugo de la conquista.

Palabras finales
El proceso no fue unívoco. La valoración positiva o negativa de los “in-
dios charrúas”fue permeando las representaciones textuales y plásticas en el
contexto de la afirmación del Estado Oriental y la formulación de una iden-
tidad nacional. Aunque el proceso no fue lineal, la idea del charrúa asociado

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al concepto de “salvaje”, acepción común a principios del siglo XIX, fue


releída por algunos a sus finales como sinónimo de libertad e independencia.
Así lo señalaba el diplomático francés conde de Saint Foix, cuando escribía:
“Eranenfinunanaciónguerreraquepreferíalamuertealapérdidadelalibertad”76.Esa
caracterización de los “indios charrúas” llegó a convertirse en un ejemplo de
“moral cívica”. En 1903 Enrique Antuña, en la primera lección de su texto
de moral cívica, incluyó a los “indios charrúas” al referirse a la “abnegación
por la patria”, es decir a la capacidad del sacrificio personal por el bienestar
de la nación. Los indios charrúas, presentados como los “dueños primitivos”
del territorio que ocupa el Uruguay, se habían“abnegado por la patria”ya que
“prefirieronserexterminadosasometersealaleydesusconquistadores,fueranéstoslos
europeososusdescendienteslosorientales”77.Encontrasteconestaideapersistían
los significados negativos sobre el pasado indígena. Un texto escolar de am-
plísima difusión en la primera mitad del siglo XX, cuyo autor era Eduardo
32
Gilberto Perret Vuagnoux, más conocido como HD, incorporaba a su vez
una lectura confesional sobre el pasado que consideraba la ausencia de los
“indios charrúas” como una “bendición”:

“[Los charrúas] Como todos los demás indios de América, eran paganos, es
decir que no conocían al verdadero Dios. Ignoraban nuestra santa religión, y
vivían casi como animales. Eran pues, muy desgraciados. Hay todavía en la
tierra muchos pueblos que son salvajes como lo eran los primeros habitantes de
nuestro país. Niños, debéis agradecer mucho a Dios y amarle con todo vuestro
corazón, por haberos hecho nacer civilizados y cristianos.”78

Al componente identitario se sumaba la insistencia en la excepcionalidad


del Uruguay en relación a otros países de América. En el contexto del cente-
nario de la independencia, como señalaron Cecilia Ponte y Susana Antola:

76
SAINT FOIX. La Republique Orientale de L’Uruguay. Historie, Geographie, Moeurs et coutumes
commerce et navigation, agricultura par Le Comte de Saint Foix (ministre Plenipotetiaire). Pa-
ris: Libraire Lépold Cerf, 1892.
77
ANTUÑA,Enrique.TemasdemoralcívicailustradosconejemplostomadosdelaHistoriaNacional.Mon-
tevideo: Tipografía Nacional de la Escuela de Artes y Oficios, 1903. pp. 10-11.
78
HD [Hermano Damasceno]. Curso de Historia Patria, libro primero (curso elemental). Montevideo:
A. Barreiro y Ramos Editor, Librería Nacional, 1903. p. 3.

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“[…] para convocar la emoción se expresó con contundencia en la creación de


una iconografía de la nación, a través de imágenes pictóricas que congelaron
la historia patria a la manera de un drama en varios actos, cada uno de ellos
condensando en una imagen verosímil y pedagógica, de gran fuerza expresiva
y amplia difusión, que se impuso en el imaginario colectivo”79.

En 1925 al editarse el Libro del Centenario, se dejaba en claro, en su


introducción, la “singularidad” del Uruguay, habitado “por la raza blanca,
en su totalidad de origen europeo”. En las primeras páginas los autores cele-
brabanquehacía“[…]casiunacenturiaquedólatierrauruguayaenposesiónabsoluta
delarazaeuropeaysusdescendientes”,“hombreslaboriosos”quehabitabantodo
el territorio. Esa imagen simbólica de un país homogéneo desde el punto de
vista étnico rechazaba también a los “etíopes”:

“Puebla el Uruguay la raza blanca, en su totalidad de origen europeo. La raza


indígena que habitaba esta región de América cuando el descubrimiento y la 33
conquista, ya no existe, siendo el único país del continente que no cuenta en
toda la extensión de su territorio tribus de indios, ni en estado salvaje, ni en
estado de domesticidad. Mezclada su sangre con la de la raza conquistadora,
tiende a perder los leves vestigios ancestrales que aún conserva, por el cruza-
miento y trasfusión continuada de la raza europea. La pequeña proporción de
raza etiópica introducida al país por los conquistadores españoles, procedente
del continente africano, a fin de establecer la esclavitud en estas tierras, dismi-
nuye visiblemente hasta el punto de constituir un porcentaje insignificante en
la totalidad de la población. Por otra parte, sus características originales han
sufrido, por el clima, circunstancias de medio ambiente, y por mezcla de la
sangre europea, modificaciones fundamentales”80

En el Novecientos, aunque la historiografía incorporó a los “indios char-


rúas” en la identidad nacional, al mismo tiempo se apreció de forma positiva
la excepcionalidad del Uruguay, como único país de América sin presencia
de indígenas, una república “civilizada” y similar a cualquiera de Europa.

79
PONTE, Cecilia y ÁNTOLA, Susana.“La nación en bronce, mármol y hormigón armado”en CAETANO,
Gerardo (dir.) Los uruguayos del Centenario. Nación, ciudadanía, religión y educación (1910- 1930),
Montevideo: Taurus, 2000, p. 220.
80
LÓPEZ CAMPAÑA, Perfecto. El Libro del Centenario. Montevideo: Agencia de Publicidad
Capurro, 1925, p. 43.

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Como ha señalado el historiador Gerardo Caetano “el modelo ciudadano ‘hi-


perintegrador”del Uruguay moderno mostró dos caras contrastantes, por un
lado el disciplinamiento, el deseo de la homogeneidad racial, y por otro lado
el humanismo y cosmopolitismo representados por el batllismo,“integración
generosaperoconelcostodelasanciónaladiferenciaparecíanserasílosdospoloscontra-
dictorios de esa síntesis compleja y polémica”81.

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Recebido: 02/08/2016 - Aprovado: 15/02/2017

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