Tema 16: LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESPACIOS Y DEL
TIEMPO. CRITERIOS PARA UNA ADECUADA DISTRIBUCIÓN Y
ORGANIZACIÓN ESPACIAL Y TEMPORAL. RITMOS Y RUTINAS
COTIDIANAS. LA EVALUACIÓN DE LOS ESPACIOS Y DEL
TIEMPO.
El sistema educativo español está regulado actualmente por dos normas básicas: la Ley Orgánica 2/2006, de 3
de mayo, de Educación (LOE) y la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad
educativa (LOMCE), que modifica la LOE, y 6 artículos y una disposición adicional de la Ley Orgánica 8/1985,
de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación (LODE).
Por tanto, en las referencias normativas que realicemos a lo largo del tema aclaremos si suponen no una
modificación de la normativa vigente hasta la aprobación de la LOMCE.
Como señala la LOMCE, en el apartado IV del Preámbulo, necesitamos propiciar las condiciones que permitan
el oportuno cambio metodológico, de forma que el alumnado sea un elemento activo en el proceso del
aprendizaje. De ello se deriva la necesidad de que se suplan una serie de requisitos mínimos del profesorado,
espacios y recursos, que deben ser asegurados para todos los alumnos de Ed. Infantil.
Comenzaremos el tema analizando la importancia de la organización espacio-temporal en la Escuela Infantil.
Seguiremos con los principales criterios a tener en cuenta y las diferentes formas organizativas en las que se
pueden concretar dichos criterios tanto en lo que se refiere al espacio como al tiempo. A continuación,
abordaremos el concepto y las funciones educativas de los ritmos y rutinas cotidianas. Y, por último, trataremos
las principales decisiones a tomar respecto a la evaluación de los espacios y del tiempo (criterios, instrumentos,
momentos y agentes).
Comenzaremos hablando de la organización de los espacios y del tiempo. La organización de aula se
encuentra enmarcada en un concepto más amplio de organización que abarca al conjunto del centro y su
entorno. Esto implica que hay que tener en cuenta, por una parte, las decisiones generales organizativas del
centro y, por otra parte, las potencialidades educativas del centro y el entorno.
Conviene destacar que la organización del espacio y del tiempo en Ed. Infantil tiene un doble finalidad, es
objeto de aprendizaje para los alumnos y es también un recurso metodológico para el profesor.
Es objeto de aprendizaje para los alumnos porque en estas edades se encuentran en un proceso de
interiorización y estructuración del espacio y del tiempo, partiendo del descubrimiento de los elementos de su
entorno más próximo.
Este tramo educativo debe contribuir a que los alumnos observen y exploren su entorno inmediato y adquieran
una progresiva autonomía. Se favorecerá la orientación en los espacios cotidianos y la utilización adecuada de
términos básicos relativos a la organización del tiempo y el espacio en relación con sus vivencias periódicas y
habituales.
La organización del espacio y del tiempo es también un recurso metodológico del profesorado, ya que las
decisiones adoptadas al respecto contribuirán a que los alumnos alcancen los objetivos educativos.
Con relación al espacio se adoptarán fundamentalmente decisiones relativas a la distribución del mobiliario y de
los recursos materiales. Con relación al tiempo principalmente habría que determinar la duración y la secuencia
de las actividades en el horario escolar.
A lo largo del tema vamos a profundizar en esta segunda apreciación referida a la organización del espacio y del
tiempo como un recurso metodológico del que se sirve el docente para desarrollar su práctica diaria, sin olvidar
que tanto en la organización del espacio como del tiempo no existen disposiciones físicas ni jornadas ideales ya
que las características de cada centro son diferentes, pero podemos afirmar que existe un acuerdo sobre unos
criterios generales que abordaremos en el siguiente apartado.
Para presentar los criterios para una adecuada distribución y organización espacial y temporal, es
necesario estructurar la información en dos grandes grupos, uno el del espacio y otro al del tiempo y en ambos
analizaremos tres elementos: los condicionantes previos, los criterios propiamente dichos y propuestas concretas
de organización.
Comenzamos por la organización del espacio, exponiendo, en primer lugar, los condicionantes previos.
Antes de tomar las decisiones relativas a la organización de los espacios, es necesario tener en cuenta dos
condicionantes previos: las características arquitectónicas del centro escolar y las características de los alumnos.
El espacio del centro queda condicionado en gran medida por la arquitectura del mismo, por lo que vamos a ver
qué condiciones básicas debe cumplir dicha arquitectura.
En primer lugar, el centro debe responder a unas exigencias normativas. En este sentido, el Real Decreto
132/2010, de 12 de febrero, por el que se establecen los requisitos mínimos de los centro que importan las
enseñanzas del segundo ciclo de la educación infantil, la educación primaria y la educación secundaria
establece, en el artículo 3, unos requisitos de instalaciones comunes para todos los centros a los que se aplica la
norma y son los siguientes:
- Situarse en edificios independientes, destinados exclusivamente a uso escolar. En el caso de centros
docentes que impartan en el segundo ciclo de Ed. Infantil, tendrán, además, acceso independiente al resto de
instalaciones.
- Reunir las condiciones de seguridad, salubridad, protección frente al ruido y ahorro de energía que
señala la legislación vigente.
- Tener, en los espacios en los que se desarrolle la práctica docente ventilación e iluminación natural y
directa desde el exterior
- Disponer de las condiciones de accesibilidad y supresión de barreras exigidas por la legislación
- Disponer como mínimo de los siguientes espacios e instalaciones:
Despachos de dirección, actividades de coordinación y orientación
Espacios de administración
Sala de profesores adecuada al nº de profesores
Espacios para reuniones
Aseos y servicio higiénico-sanitarios adecuados y servicios adaptados a las personas con
discapacidad.
Espacios específicos para la atención al alumnado con NEE
Los centros que atienden al segundo ciclo de Ed. Infantil, deben contar con:
- Un mínimo de 3 unidades (salvo características sociodemográficas especiales)
- Un aula por cada unidad con una superficie de 2 m2 por alumno
- Sala polivalente de 30 m2
- Patio de juegos con mínimo 150 m2 para cada 6 unidades
Los centros que atienden a niños de 0 a 3 años, según el artículo 7 del DECRETO 18/2008, de 6 de marzo, del
Consejo de Gobierno, por el que se establecen los requisitos mínimos de los centros que imparten primer ciclo
de Ed. Infantil en el ámbito de la Común. De Madrid deberán contar con:
- Un aula por cada unidad, que tendrá como mínimo 30 m2
- Equipamiento para el descanso y la higiene en las aulas
- Un espacio para la preparación de alimentos cuando haya niños < de 1 año
- Espacio de usos múltiples que podrá utilizarse como comedor
- Un patio de juegos con un mínimo de 70 m2
- Despacho de dirección y secretaría
- Un aseo por aula
- Un aseo independiente para el personal del centro
- Un despacho de dirección y secretaría
Además de los requisitos señalados, hay otras condiciones físicas del edificio escolar a las que se refieren
ANTÚNEZ y GARÍN (2009) que deben ser tenidas en cuenta por su posible repercusión en el rendimiento
educativo, como son: la ubicación, la orientación, dimensiones del aula, calefacción y estructura (lineal,
nucleada o mixta).
El segundo condicionante de la organización espacial viene determinado por las características de los
alumnos, entre las que cabe destacar: la edad, el grado de autonomía, el nº de alumnos y la presencia de
alumnos con NEE.
Como hemos podido observar, las características de la arquitectura del centro educativo y la de los alumnos
condicionarán positiva o negativamente las posibilidades de organización del espacio, por lo que tendremos que
tenerlas en cuenta y analizarlas.
En cuanto a los criterios básicos para una adecuada organización y distribución espacial, hemos señalado
anteriormente que no hay una forma organizativa ideal y única para todas las situaciones. Pero existen una serie
de criterios que favorecen claramente una organización adecuada el espacio educativo y que, junto a las
características de la arquitectura del centro y los alumnos, debemos tener en cuenta antes de tomar decisiones.
Estos criterios son:
- Es importante señalar la importancia de diseñar un espacio flexible en el aula.
- Un segundo criterio fundamental es responder a una intencionalidad educativa.
A partir de los 2 principios anteriores, podemos señalar otros como son:
- Crear un ambiente estimulante y ordenado
- Crear un ambiente cálido y confortable
- Favorecer el encuentro entre los miembros del grupo, a la vez que se facilita el aislamiento y la
actividad individual.
- Otro principio se refiere a la importancia de potenciar una utilización autónoma del espacio.
- También debemos favorecer la participación de los alumnos en el diseño, utilización y evaluación de la
organización para facilitar su autonomía e iniciativa, su motivación y crear un ambiente más ajustado a sus
características.
- Atender a las necesidades e intereses de todos los niños y las particularidades de cada uno de ellos.
- Realizar un análisis global y conseguir un aprovechamiento máximo de las diferentes zonas.
- Concebir la organización de forma dinámica
- Y, para finalizar, señalar que hay que garantizar condiciones necesarias de seguridad y salubridad.
En consecuencia, es el equipo educativo el que, atendiendo a las características específicas de su centro y
siguiendo estos criterios de organización, debe decidir cuál va a ser su modelo de organización espacial. Las
propuestas de organización espacial más generalizadas en EI son los rincones y los talleres.
En referencia a los rincones, conviene resaltar que no todos los autores utilizan e interpretan de la misma
manera el término. Carmen Ibáñez Sadín (2010), define los rincones como espacios organizados dentro del aula,
que tienen que ser polivalentes, en los que los niños realizan pequeñas investigaciones, desarrollan sus
proyectos, manipulan, se relacionan con sus compañeros, desarrollan su creatividad… Las actividades que se
realizan en los rincones no tienen una duración determinada, porque cada niño actúa según sus preferencias e
intereses. Tampoco existe una única forma de trabajo con este tipo de organización.
Laguía y Vidal (2010) proponen la posibilidad de organizar, además, rincones inter-clase y rincones en el patio
(donde podemos encontrar zonas como naturaleza, arena, agua…).
En definitiva, con la organización por rincones se pretende responder a la exigencia de integrar las actividades
de aprendizaje a las necesidades básicas del niño en un intento de mejorar las condiciones que hacen posible su
participación activa en la construcción de sus conocimientos.
La labor del educador en un trabajo por rincones se puede dividir en dos fases: antes de que lleguen los
alumnos al aula (el profesor debe preparar el espacio, la temporalización y el material, y diseñar las actividades
que se realizarán en cada uno de ellos) y cuando los alumnos ya están en el aula (establecer normas básicas
sobre la utilización del material de cada rincón, orientar y ayudar a los niños en su trabajo, estimularles,
observarles…).
Hemos señalado anteriormente que las dos fórmulas organizativas más usuales en Ed. Infantil son los rincones y
los talleres, detengámonos ahora en estos últimos:
Podemos definir taller (Ibañez Sadín, 2010) como “una forma de concebir y organizar el trabajo infantil
destinada a la adquisición de técnicas y recursos mediante una serie de actividades sistematizadas y dirigidas
por la maestra”. Los talleres tienen un gran valor educativo, ya que:
- Favorecen la creatividad y la investigación
- Potencian la adquisición de hábitos, normas y actitudes de cooperación
- Facilitan la colaboración familia-centro
- Propician el conocimiento de distintas técnicas
- Permiten la interacción y comunicación entre los implicados
En los talleres pueden realizarse actividades sistematizadas, dirigidas, con una progresiva dificultad… para que
los alumnos adquieran diferentes recursos y conozcan diferentes técnicas que luego utilizarán de forma personal
y creativa y además, pueden organizarse (según las edades) gran variedad de talleres: teatro, cocina, material de
desecho, música, cerámica…
Según Paniagua y Palacios (2017) el término rincón hace referencia a las zonas diferenciadas dentro del aula en
las que se desarrollan actividades predominantemente libres, y hablan de taller para referirse a actividades
orientadas a una finalidad más concreta y fundamentalmente conducida por el adulto.
En definitiva, en este tramo educativo se deben propiciar ambientes cálidos y afectuosos que proporcionen
seguridad a los niños para que estos puedan aprender.
A continuación, procedemos a realizar el mismo análisis que hemos llevado a cabo para la organización
espacial, pero referido a los criterios para una adecuada distribución y organización temporal.
Antes de profundizar en los condicionantes previos, los criterios y las propuestas organizativas, es necesario
resaltar la triple vertiente del tiempo. Así, es necesario prever tiempos para la atención a los padres (intercambio
de información, formación y orientación), el trabajo en equipo del profesorado (esencial para las tareas de
coordinación, planificación, orientación e intercambio de información), así como el trabajo con los niños.
Por su relevancia, vamos a desarrollar este último apartado de “tiempo dedicado a los niños”. Como ya hemos
señalado, analizaremos los condicionantes previos, los criterios fundamentales de organización temporal y
alguna propuesta de distribución del tiempo para Ed. Infantil.
Los condicionantes previos que hay que tener en cuenta para la organización temporal son, fundamentalmente:
la edad de los niños, las características del grupo, el momento de escolarización, la personalidad y la formación
de cada educador, la duración de la jornada, la organización general de toda la escuela y las características de
los espacios y recursos materiales y personales. Todo esto hace que no exista una distribución de jornada ideal
válida para todos los grupos de alumnos.
También existen unos condicionantes normativos señalados en el DECRETO 17/2008, de 6 de marzo, del
Consejo de Gobierno, por el que se desarrollan para la Comunidad de Madrid las enseñanzas de la Educación
Infantil:
- Horario escolar con enfoque globalizador
- Distribución horaria de las áreas debe ser proporcional al desarrollo evolutivo del niño
- En 5 años, el horario debe incluir una sesión diaria dedicada al aprendizaje de la lectura y la escritura; y
otra a la representación numérica y la iniciación al aprendizaje del cálculo.
Pero, al igual que explicábamos al tratar de la organización espacial, hay una serie de criterios básicos para
organizar y distribuir el tiempo que deben tenerse presente:
- La organización temporal debe ser flexible para respetar los diferentes ritmos y necesidades individuales
- Debe atender a las necesidades del niño, tanto biológicas como socio-afectivas
- Equilibrio del tiempo dedicado a actividades de gran grupo, pequeño grupo e individuales.
- Equilibrar tiempo para actividades de movimiento y reposo
- Combinar adecuadamente las curvas de atención y fatiga de los niños y el índice ponogénico de las
actividades.
- Estructurar el tiempo en torno a las rutinas diarias
- Es fundamental en esta etapa respetar la globalidad del niño
- Estructurar la realización de cada actividad en 4 momentos: preparación, realización, recogida de
material y evaluación e intercambio (GASSÓ, 2007)
Para finalizar este apartado sobre organización temporal, realizaremos una propuesta de organización temporal,
sin olvidar que a la hora de organizar el aspecto temporal en el aula de EI, debemos ser conscientes de la
relevancia que tal estructuración tienen en el correcto proceso de enseñanza-aprendizaje.
En general, la jornada escolar comienza poniendo el acento en la acogida personal hacia el niño, de forma que
este recibimiento sirva de motivación para integrarle en las actividades del aula.
Tras el recibimiento del alumno, se realiza la asamblea, poniendo especial énfasis en la integración del niño en
el grupo grande y trabajando de manera grupal, por ejemplo: trabajos de iniciación a la escritura, bits de
inteligencia, rutinas diarias…
Posteriormente, los niños trabajarán de manera individual, adquiriendo y asimilados los contenidos
programados y previamente introducidos en la asamblea. Para finalizar, se introduce al niño de manera
progresiva en experiencias que fomentan el intercambio y la integración en pequeños grupos: por ejemplo,
juegos de dramatización de cuentos, simulaciones, realización de murales y otros trabajos que favorezcan la
cooperación, el intercambio y los hábitos de trabajo en equipo.
También se reserva parte de la jornada escolar para la realización de experiencias en gran grupo de clase: por
ejemplo las conversaciones y narraciones en torno a unidades de aprendizaje, las reflexiones y puesta en común
de los trabajos realizados por los niños…
Todas estas matizaciones en la propuesta y realización de trabajos tienen por finalidad el entrenamiento en la
responsabilidad ante la ejecución de tareas, la distribución del tiempo y el ejercicio del propio control en la
elección y realización de actividades: siendo conscientes de que estas actuaciones no son el ideal ni válidas para
cualquier grupo y circunstancias sino una opción más.
Una vez realizado el análisis de la organización del espacio y del tiempo y de los criterios fundamentales para
tomar las decisiones adecuadas sobre la misma, vamos a detenernos, tal y como establece el epígrafe del tema,
en los ritmos y rutinas cotidianas. Por tanto, a la hora de organizar cualquier actividad debemos tener
alternativas para los niños con un ritmo más rápido y con un ritmo más lento, aunque siempre será necesario el
ajuste a un ritmo grupal.
Por su parte, las rutinas, en educación, hacen referencia a todas aquellas actividades que se producen cada día
con el carácter ineludible y de forma regular, periódica y sistemática.
El establecimiento de rutinas va a servir para:
- Proporcionar seguridad y equilibrio afectivo a los niños
- Estructurar y organizar su concepto de tiempo
- Estimular su autonomía
- Desarrollar con orden las actividades
- Y, por último, señalar que las rutinas ayudan a los niños a adquirir los ritmos, favoreciendo la
construcción de sus estructuras temporales individuales
En la planificación de rutinas hay que respetar el momento psicoevolutivo del niño, de forma que contribuyan al
desarrollo de sus capacidades,
Un concepto muy próximo al de rutina y de gran potencial educativo en este nivel es el “tiempo del rito” que
también constituye a un ritmo y una repetición. Según TRUEBA (2000), este tiempo es fundamental para el
niño de la EI, quien siente un gran placer en el seguimiento de los ritos, que son esencialmente apariciones
repetidas ante un hecho determinado y unidas fuertemente a los niños por una gran carga de interés. No son
iguales a las rutinas, pues éstas aluden a repeticiones constantes “externas” pero no unidas necesariamente a un
componente “interno” afectivo. Las rutinas no son mágicas, pero los ritos sí.
Ejemplos de ritos son el “Érase una vez” de los cuentos, estos estribillos que se repiten en los mismos, que
mantienen su atención, disfrutando enormemente con la comprobación del rito advirtiendo siempre su falta y
pidiendo su realización.
Es necesario que los niños conozcan y comprendan el horario del grupo, ya que esto les ayuda a orientarse en el
tiempo y a tener puntos de referencia claros. Como se ha visto, las rutinas son muy útiles en este sentido, pero
también es conveniente que el educador:
- Converse con los niños acerca de lo que van a hacer a lo largo del día o de lo que se ha hecho
- Mantenga los períodos de tiempo en los que haya distribuido el horario, sobre todo en los primeros
meses. Cualquier cambio significativo deberá tener una importante razón de ser.
- Y se ayude mediante símbolos o gestos para que los niños perciban claramente el inicio y el final de las
distintas actividades.
El último apartado del tema se refiere a la evaluación de los espacios y del tiempo.
Evaluar es entender y valorar los procesos y los resultados de la intervención educativa, siendo su finalidad
mejorarla y adecuarla de manera continuada a las necesidades de los alumnos como recurso de atención a la
diversidad y como garantía de eficacia del proceso educativo (VVAA, 2005).
Actualmente se otorga gran importancia a la evaluación, insistiendo en la necesidad de entenderla como un
proceso que permita tomar todo tipo de decisiones que sirvan para asegurar la mayor eficacia posible. También
se ha hecho hincapié en que la evaluación se dirija no sólo al proceso de aprendizaje de los alumnos, sino
también al proceso de enseñanza de los profesores. Es decir, habrá que evaluar el proceso de enseñanza-
aprendizaje en su doble vertiente.
La ORDEN 680/2009, de 19 de febrero, por la que se regulan para la Comunidad de Madrid la evaluación en la
EI y los documentos de aplicación señala que, en el segundo ciclo de la EI, la evaluación del aprendizaje de los
alumnos será global, continua y formativa. Los maestros que impartan la Etapa de EI evaluarán, además de los
procesos de aprendizaje, su propia práctica educativa.
Por todo esto, habrá que evaluar, entre otros aspectos, la distribución y organización espacial y temporal, ya que
son factores que influyen en el proceso de enseñanza-aprendizaje y pueden potenciar o entorpecer la calidad del
mismo. En este caso, la evaluación es relativa al proceso de enseñanza.
La evaluación deberá ser sistemática y estar bien planificada. Para ello habrá que contestar a las cuestiones qué,
cómo, cuándo y quién.
Como técnica utilizaremos la observación directa y sistemática y como instrumento una lista de control en la
que incluiremos indicadores relativos tanto a la organización espacial como a la temporal, por ejemplo:
- Relativos al espacio (poner algunos ejemplos):
La organización espacial ha facilitado la utilización autónoma por parte del niño
Se aprovecha todo el espacio del aula
El ambiente resulta acogedor y estimulante
Se han separado los rincones que requieren mayor actividad de los más tranquilos
- Relativos al tiempo (poner algunos ejemplos):
Se han previsto momentos para la actividad individual, en pequeños grupos y en grupo clase.
La duración de las actividad es flexible para que las puedan realizar los niños con diferentes ritmos
En la distribución de actividades se han tenido en cuenta las curvas de atención y fatigo
Se han establecido rutinas que favorezcan el desarrollo de hábitos
Dado que la evaluación tiene que ser continua, realizaremos una evaluación inicial (al comienzo del proceso
para determinar la situación de la que partimos), una evaluación procesual (para detectar dificultades e
introducir las modificaciones que sean necesarias) y una evaluación final (que nos permita comprobar si nuestra
organización ha facilitado el logro de los objetivos planteados).
La evaluación la llevará a cabo el tutor contando con la opinión de otros docentes y de los propios alumnos.
Tal y como recogen PANIAGUA y PALACIOS (2017) una cuestión clave es la evaluación de la actividad libre
de los niños dentro de la fórmula organizativa del espacio a través de los rincones, ya que más que registrar qué
rincones el niño elige y con qué frecuencia de uso, hay que contar con indicadores pertinentes y fáciles de
observar sobre las capacidades que potencia por lo que se hace necesaria una evaluación periódica de los
aspectos trabajados con el alumnado asegurando así una continuidad en el proceso de enseñanza aprendizaje de
una forma sistemática (de ahí la importancia de poseer una fórmula organizativa horaria flexible que nos
permita estar abiertos a posibles imprevistos y a las necesidades de nuestro alumnado).
Como conclusión del tema podemos señalar que para favorecer el desarrollo físico, afectivo social e intelectual
del alumno, como docentes debemos ofrecerle una adecuada distribución y organización tanto del espacio que
va a utilizar como del tiempo que permanece escolarizado en el centro, teniendo en cuenta en todo momento su
ritmo de aprendizaje y centrando nuestra atención en la adquisición de rutinas cotidianas, sin descuidar la
necesidad de que esta variable, como otras muchas del proceso de enseñanza-aprendizaje, debe ser evaluada con
un carácter global, continuo y formativo.