ACCIONES PROFETICAS
La etimología de la palabra "profeta" (pro-phemí-tes) ya nos remite a la palabra. Palabra
que Dios dirige a su pueblo a través de la persona elegida, que se convierte así en porta-
voz,
el que lleva la palabra del Señor.
En ocasiones se trata de una palabra de denuncia y condena: Yahveh toma la palabra para
acusar a su pueblo por las injusticias que está cometiendo y por apartarse de Él: Escuchad,
montes, el pleito del Señor. Pues el Señor tiene pleito con su pueblo, se querella contra
Israel.
«Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme». (Mi 6) Siempre se
trata de una palabra pública.
Y junto a ello, la invitación a la conversión, a volver al Señor y sus mandatos: Esto dice el
Señor: «Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto... Convertíos al
Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en
piedad...» (Jl 2).
Otras veces la palabra de los profetas es de anuncio de tiempos futuros y mesiánicos: En
aquel día... pastarán el lobo y el cordero... Nadie hará daño en todo mi monte santo... (Is
11).
Os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra... Os purificaré de todas vuestras
inmundicias e idolatrías... (Ez 36).
Muestra de ello es que Jesús profetizo la negación de Pedro:
«Señor Jesús, pero ¿a dónde vas?»
Jesús: «Voy a donde tú, por ahora, no puedes seguirme. Pero después me seguirás»
Pedro: «¿Y por qué no ahora? Te he seguido siempre, desde que me dijiste: "Sígueme". He
dejado todo sin añoranzas Marcharte ahora sin tu pobre Simón, dejándome privado de ti, mi
Todo, después de que yo he dejado mi poco bien de antes, no es ni razonable ni bonito por
tu parte. ¿Vas a la muerte? Bien, pues yo también voy. Iremos juntos al otro mundo. Pero
antes te habré defendido. Estoy preparado para dar la vida por ti»
Jesús: «¿Tú darás tu vida por mí? ¿Ahora? Ahora, no. En verdad, en verdad te lo digo:
antes de que cante el gallo me negarás tres veces. Estamos todavía en la primera vigilia.
Luego vendrá la segunda... y luego la tercera. Antes del galicinio, renegarás de tu Señor tres
veces»
Pedro: «¡Imposible, Maestro! Creo en todo lo que dices, pero no en esto; estoy seguro de
mí.»
Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también
estabas con Jesús el galileo.
Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con
Jesús el nazareno.
Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.
Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente
también tú eres de ellos, porque aún tu manera de hablar te descubre.
Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el
gallo.
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el
gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
HISTORIA DE LA PASIÓN.
Según la religión cristiana, la pasión de Cristo, también llamada la pasión de Jesús, se
refiere a la agonía y sufrimiento que Jesús de Nazaret padeció desde su oración en el huerto
de Getsemaní (justo antes de ser capturado) hasta su muerte en la cruz.
La palabra pasión, desde el punto de vista etimológico, proviene del término latino passio,
el cual a su vez deriva de pati, que quiere decir 'aguantar', 'sufrir' o 'padecer'.
En tal sentido, la pasión de Cristo remite a los sufrimientos que Jesús, centro de la fe
cristiana, tuvo que padecer tras ser condenado a muerte por parte de las autoridades, que
interpretaron su mensaje religioso como una amenaza para el status quo.
En el cristianismo, la pasión y muerte de Jesús de Nazaret se interpreta como vehículo de
salvación ya que conduce a la resurrección de Jesús. A su vez, la resurrección confirma a
Jesús como hijo de Dios y anima la fe de los cristianos en la vida eterna.
La pasión de Cristo también es interpretada como expresión de la coherencia de Jesús con
su mensaje. Pero muy especialmente, es interpretada como un signo del amor de Jesús por
sus hermanos en Dios, ya que Jesús se entrega voluntariamente a sus captores, salvando la
vida de quienes lo acompañaban e irradiando su amor a todos los creyentes.
Desde el punto de vista teológico, la pasión y muerte de Jesús, entendida como el sacrificio
por excelencia por el que todos los pecados son perdonados, invalida y suprime el concepto
de sacrificio tradicional.
Por lo tanto, para el creyente cristiano, el sacrificio se circunscribe al ámbito simbólico y
espiritual como expresión del amor a Dios y a los hermanos, ya que no existe sacrificio
mayor que el de Jesús. Un ejemplo de sacrificio simbólico sería privarse de alguna comida
para brindarla a un necesitado.
Fuentes literarias de la pasión de Cristo
Los hechos de la pasión de Cristo que son referencia obligada para los cristianos, se relatan
en los evangelios canónicos de Mateo (capítulos 26 y 27), Marcos (14 y 15), Lucas (22 y
23) y Juan (18 y 19), disponibles en el Nuevo Testamento de la Biblia.
Adicionalmente, las artes y las expresiones de piedad popular se han visto alimentadas por
otras fuentes, consideradas apócrifas, como las Actas de Pilato, ciertas revelaciones y otros
documentos.
La pasión de Cristo en la liturgia
En cada celebración litúrgica se dedican unos minutos a conmemorar la pasión de Jesús
para luego recordar su resurrección. Aún así, en el calendario litúrgico existe una fecha
específica para el recuerdo de este acontecimiento.
La conmemoración anual dedicada estrictamente a la pasión de Cristo recibe el nombre de
Viernes Santo. Tiene lugar en la Semana Santa y es una de las solemnidades del llamado
Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado de Gloria).
La pasión de Cristo es una de las conmemoraciones fundamentales de la religión cristiana
en todas sus denominaciones. Cada una, sin embargo, la conmemora de manera diferente.