PROCESO TERAPÉUTICO.
Tratamiento que consiste en un proceso característico, propio, en que hay una
relación interpersonal entre:
Un consultante, paciente o cliente; persona que tiene síntomas, trastornos
conductuales, enfermedades, problemas de interacción personal o que
consulta por algún problema emocional, psíquico o físico.
Y un Terapeuta; suficientemente formado en el uso de algunas técnicas y
habilidades.
Los objetivos generales de todo tratamiento son:
• Suprimir o aliviar la sintomatología.
• Corregir, reducir o compensar las perturbaciones emocionales que se expresan
a través de la sintomatología.
• Favorecer y fomentar los aspectos sanos o normales del individuo.
• Favorecer y fomentar el autoconocimiento.
Distintos factores influyen en el éxito de un proceso terapéutico, de hecho, según
Duncan, Miller y Hubbe (1998) existen 4 factores comunes a todos los enfoques de
terapia que facilitan el cambio y dan cuenta de él en distintos porcentajes:
⚫ Factores Extraterapéuticos: Se refiere al consultante y a todos los aspectos de
su ambiente, que contribuyen en un 40% al éxito terapéutico. Lo anterior
implica destacar que el consultante (con sus recursos y habilidades) es el más
potente contribuyente al resultado de la terapia.
⚫ Factores de la Relación Terapéutica: se refiere al establecimiento de una
“Alianza o Vínculo” de carácter terapéutico y se le atribuye un 30% del
resultado de la terapia. El concepto de alianza da énfasis a la colaboración
en el alcance de las metas de la terapia, el concepto de vínculo pone énfasis
en la calidad de la relación, definida por ciertas condiciones necesarias
desarrolladas especialmente por el autor Carl Rogers (Las que se detallan más
adelante).
La relación en sí misma puede representar una intervención terapéutica.
La experiencia de un ambiente confiable y seguro, facilitado por la
disponibilidad del terapeuta, su disposición a responder y su constancia, en el
cual los consultantes pueden explorar sus sentimientos pasados y presentes, y
sus interacciones, puede iniciar el cambio; así como una alianza terapéutica
débil y la ausencia de un vínculo evaluado positivamente por el consultante
puede llevar a que una terapia floral en que las esencias son bien elegidas,
fracase de todas maneras.
⚫ Expectativas, Esperanza y Factor Placebo: éstas contribuyen en un 15% a los
resultados. Una expectativa positiva en la terapia ayuda a contrarrestar la
desmoralización, moviliza esperanza y adelanta la mejoría. El elemento
principal que favorece la esperanza y expectativa positiva es una alianza
terapéutica fuerte, además de incorporar las fortalezas del consultante en el
tratamiento.
⚫ Factores del Modelo y Técnicas: éstos contribuyen en un 15% al éxito de la
terapia. Un modelo implica una manera de mirar a la persona, sus problemas,
sus cambios y el rol del terapeuta. Cualquiera sea el enfoque, se considera que
éste es de mayor utilidad si es concebido como un vehículo para potenciar los
efectos de los otros factores comunes. De este modo, si un modelo se adapta a
las creencias de la persona; capitaliza sus recursos, habilidades y fortalezas;
sus intervenciones aumentan el sentido de esperanza y autoeficacia del
consultante y permite el desarrollo de un vínculo terapéutico eficaz, dicho
modelo se convierte realmente en un aporte al éxito terapéutico.
VÍNCULO TERAPÉUTICO
Nos detendremos particularmente en este punto, por ser de gran importancia
en el desarrollo de una terapia exitosa.
El primer punto a considerar, es en qué se diferencia la relación terapéutica de
cualquier otro tipo de relación, algunas diferencias centrales son las siguientes:
1. Es un ponerse a trabajar juntos frente a un problema
particular específico, definiendo una meta, también
específicas: objetivo de cambio.
2. Es una relación en la que se reconoce el grado de experticia
del terapeuta, que es un reconocimiento social, pero por sobre
todo un reconocimiento dado por el consultante y que otorga
cierto poder al terapeuta.
3. El terapeuta requiere destrezas y habilidades relacionales
específicas, propias de la relación terapéutica (comunicación
no verbal, técnicas de comunicación verbal, lectura de señales
mínimas, etc.).
Ahora bien, existen distintos factores para favorecer la creación del vínculo
terapéutico, algunos dependientes del terapeuta y otros del consultante:
Algunos factores dependientes del consultante son:
a) Motivación.
b) Compromiso para involucrarse en el proceso.
La disposición del cliente para participar en el proceso terapéutico y trabajar
productivamente con el terapeuta hacia las metas de la terapia es esencial para el
desarrollo y la mantención de una buena alianza de trabajo.
Se sostiene también que el compromiso del cliente en el proceso de la terapia
tiene más importancia en los resultados, que los rasgos preexistentes en el cliente.
Algunos factores dependientes del terapeuta son:
a) Generar un clima de confianza y seguridad.
b) Empatía.
c) Respeto.
d) Autenticidad (congruencia).
e) Validación.
f) Disposición a responder.
g) Escuchar atento.
h) Poseer amplitud de criterio.
i) Actitud positiva, interesada, cálida.
Destacaremos algunas de estas características:
⚫ Empatía: Ponerse en el lugar del otro, sentir como el otro
manteniendo cierta “objetividad”. Es la capacidad de
comprender al otro en su significado y problemática. Se
comprende el mundo interno del paciente “como si” fuera propio,
pero sin perder nunca el carácter de ser algo distinto a lo propio,
algo que le pertenece al otro.
La empatía sólo sirve terapéuticamente si produce resonancia
emocional en el terapeuta, pero manteniendo su identidad.
Además el consultante debe percibir la empatía, por lo que el
terapeuta debe ser capaz de comunicar fragmentos de la vida
interna del otro, que hagan sentir al paciente que es comprendido
y apoyado.
El desafío radica en que las características de personalidad de
algunos consultantes o del terapeuta que disminuyen la
capacidad empática de éste.
⚫ Interés positivo: El terapeuta es capaz de tener una actitud en
la que considera que el otro es valioso sólo por existir y que el
desarrollo de sus potencialidades se dará siempre, en presencia
de las condiciones adecuadas (se presume una naturaleza
“buena”).
⚫ Calidez, ser acogedor: Implica crear una atmósfera de
confianza, que permita a la persona que consulta sentirse
cómodo, seguro y protegido.
⚫ Poseer amplitud de criterio: Se requiere apertura, tolerancia y
desarrollo personal por parte del terapeuta, para abordar
situaciones muy diversas.
⚫ Congruencia: Se refiere a las cualidades de sinceridad,
transparencia y autenticidad personal. Éstas son cualidades
fundamentales en el terapeuta, sin las cuales no es posible una
comprensión empática. Implica ser lo que se es, que no exista
discrepancia entre lo que se dice, hace o siente y, en este sentido,
ser transparente. Para lograr esto se requiere que el terapeuta
tenga acceso a sus propios problemas, procesos característicos y
sentimientos. Implica darse cuenta qué pasa con uno, saber por
qué pasó y comunicarlo adecuadamente.
Tal como señala Rogers: “La terapia es una relación que reta al
terapeuta a ser tan sensible como sea capaz, la persona que es
en ese momento. Sabiendo que esta autenticidad transparente,
junto con el amor y la comprensión empática abrigadas por ella,
es la que puede ayudar al consultante”. Por tanto, el logro de un
vínculo positivo en terapia está mucho más cercano a la
congruencia que a no mostrar lo propio. El límite entre lo
congruente y lo adecuado debe aprenderse y ejercitarse.
Estas características son fundamentales. Al respecto, Thomas Gordon señala en
su libro “Padres eficaz y Técnicamente preparados”: “Cuando una persona es capaz
de sentir y comunicar aceptación genuina de otra persona, posee la capacidad de
ser un poderoso agente de ayuda para esa persona. Su aceptación del otro, tal como
es, es un factor importante para fomentar una relación en la que la otra persona
puede crecer, desarrollarse, hacer cambios constructivos, aprender a resolver
problemas, ir hacia la salud psicológica, volverse más productiva y creativa y
actualizar su potencial al máximo. Es una de esas paradojas sencillas, pero hermosas
que la vida tiene: cuando una persona siente que es verdaderamente aceptada por
otra, tal como es, entonces se siente libre de tomar esa aceptación como punto de
partida y empezar a pensar cómo quiere cambiar, cómo quiere crecer, cómo puede
ser diferente, en definitiva, cómo podría llegar a ser más lo que es capaz de ser.
La aceptación es como la tierra fértil, que permite que una pequeña semilla
llegue a convertirse en la hermosa flor que está latente en ella. La tierra sólo ayuda
a la semilla a florecer; libera la capacidad de la semilla para crecer, porque (en
realidad) la capacidad está dentro de la semilla”
Y acerca del rol del terapeuta señala: “Aquellos (terapeutas) que son más
efectivos son los que hacen sentir a la gente que viene a verlos en busca de ayuda,
que son verdaderamente aceptados. Es por eso que con frecuencia se oye decir que
en la terapia, el consultante se sintió totalmente libre del juicio del terapeuta. Informan
que sintieron libertad para decirle incluso lo peor de ellos mismos, sintieron que su
terapeuta los aceptaría sin que importara lo que dijeran o sintieran. Tal aceptación
es uno de los elementos mas importantes para el crecimiento y para el cambio que se
verifica en las personas a través del terapeuta y de la terapia”.
“... De todos los efectos de la aceptación, ninguno es tan importante como el
sentimiento interior (...) de sentirse amado, pues el aceptar a otro tal como es, es
verdaderamente un acto de amor; sentirse aceptado es sentirse amado. Y en
psicología apenas hemos empezado a darnos cuenta del tremendo poder que tiene
el sentirse amado; puede ayudar al crecimiento de la mente y el cuerpo, y es
probablemente la fuerza terapéutica más efectiva que conocemos para reparar tanto
el daño psicológico, como el físico”.
Por otra parte, el mismo autor señala que la no aceptación hace que las
personas frecuentemente se encierren en sí mismas y se sitúen a la defensiva; produce
incomodidad y hace que sientan temor a hablar o dirigir sus miradas hacia sí mismas.
En el contexto terapéutico, y con el fin de poner en práctica lo descrito
anteriormente, mediante una comunicación efectiva, es esencial que el terapeuta esté
atento al lenguaje que utiliza en todo momento, en sus dos aspectos:
⚫ Lenguaje Verbal: Utilización de un lenguaje que se acomode al consultante,
reflejo de palabras claves usadas por la persona, identificación de verbos que
reflejan mayor uso de un determinado canal sensorial (auditivo, visual o
kinestésico), contenidos de acogida y reconocimiento, etc.
⚫ Lenguaje No Verbal: Incluye la postura física, el acompañamiento de la
gestualidad del consultante, uso de silencios, contacto visual, calidad vocal,
ritmo, tono y volumen de la voz, etc.