1.
1 Adolescencia
1.1.1 definición de adolescencia
La adolescencia, como periodo del desarrollo del ser humano abarca por lo
general el periodo comprendido de los 11 a 20 años, en el cual él sujeto alcanza la
madurez biológica y sexual; y se busca alcanzar la madurez emocional y social
a su vez la persona asume responsabilidades en la sociedad y conductas propias del grupo
que le rodea (Aberastury y Knobel, 1997)
Según la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es el periodo comprendido
entre 10 y 19 años, es una etapa compleja de la vida, marca la transición de la infancia al
estado adulto, con ella se producen cambios físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales
y sociales. Se clasifica en primera adolescencia, precoz o temprana de 10 a 14 años y la
segunda o tardía que comprende entre 15 y 19 años de edad.
En el informe “The State of the World´s Children,2011” se expresa que resulta difícil
definir a la adolescencia por diversas razones. Primero, porque las experiencias
individuales en este período son diferentes, en relación con las variaciones físicas, la
maduración emocional y cognitiva, entre otras eventualidades. A la pubertad no es posible
considerarla como la línea de demarcación entre la niñez y la adolescencia pues se
suceden cambios a diferentes edades en hembras y varones, incluso existen diferencias
individuales en el mismo sexo. El segundo factor que complica la definición de
adolescencia es la gran variación en relación con las leyes en distintas naciones
relacionadas con la minoría y la mayoría de edad, incluyendo actividades como: contraer
matrimonio y el comienzo del consumo de bebidas alcohólicas. El tercer factor se refiere
a que no se respeta lo establecido legalmente para los niños, los adolescentes y los adultos
y se permite que los primeros asuman actividades que no les corresponden.
Existen muchos puntos de vista diferentes al momento de definir la etapa de la
adolescencia, pero en algo los autores coinciden y es en que se tiene su presencia y
desarrollo ala edad de los 15-19 años de edad, trayendo consigo múltiples cambios como
lo son físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales y sociales dentro de los que mas
destacan son el crecimiento corporal(aumento de peso y talla),psíquicos(búsqueda e
identidad, necesidad de independencia, tendencia grupal),sexuales(maduración sexual)
cabe destacar que estos cambios son para ambos sexos femenino y masculino.
1.1.2 etapas de la adolescencia
Ningún esquema único de desarrollo psicosocial puede aplicarse a todo joven, pues la
adolescencia constituye un proceso altamente variable en cuanto al crecimiento y
desarrollo biológico, psicológico y social de las diversas personas. Además de las
diferencias en cuanto a la edad en que los jóvenes inician y terminan su adolescencia, las
variaciones individuales en la progresión a través de las etapas que a continuación
describiremos pueden ser sustanciales. Así también, el proceso puede ser asincrónico en
sus distintos aspectos (biológico, emocional, intelectual y social) y no ocurrir como un
continuo, sino presentar períodos frecuentes de regresión en relación con estresores.
Además, muestra diferencias y especificidades derivadas de factores como el sexo y etnia
del joven, y del ambiente en que se produce (urbano o rural, nivel socioeconómico y
educacional, tipo de cultura, etc.)
Aun teniendo en cuenta las limitaciones previas, el desarrollo psicosocial en la
adolescencia presenta en general características comunes y un patrón progresivo de 3
fases. No existe uniformidad en la terminología utilizada para designar estas etapas, sin
embargo, lo más tradicional ha sido denominarlas adolescencia temprana, media y
tardía3. Tampoco existe homogeneidad respecto a los rangos etarios que comprenderían,
sin embargo, estos serían aproximadamente los siguientes.
1. Adolescencia temprana: desde los 10 a los 13-14 años.
2. Adolescencia media: desde los 14-15 a los 16-17 años.
3. Adolescencia tardía: desde los 17-18 años en adelante.
Estas fases, que se abordarán en detalle posteriormente, se dan habitualmente de manera
más precoz en las mujeres que en los hombres debido a que ellas inician antes su
pubertad, y los cambios que involucran aumentan en complejidad a medida que los
adolescentes progresan de una a otra.
Adolescencia temprana: Los procesos psíquicos de la adolescencia comienzan en general con la
pubertad y los importantes cambios corporales que trae consigo. El desarrollo psicológico de esta
etapa se caracteriza por la existencia de egocentrismo, el cual constituye una característica
normal de niños y adolescentes, que disminuye progresivamente, dando paso a un punto de vista
socio céntrico (propio de la adultez) a medida que la persona madura. Además, de acuerdo a
Elkind, va variando en su naturaleza, calidad y características desde la infancia a la adolescencia,
a medida que el desarrollo cognitivo progresa.
El egocentrismo adolescente se evidencia entre otras cosas a través de la existencia de un foco
general en sí mismo y de los fenómenos a los que Elkind llama la “audiencia imaginaria” y la
“fábula personal”. El adolescente se encuentra muy centrado en su propia conducta, cambios
corporales y apariencia física, y asume que los otros tienen perspectivas y valores idénticos(as) a
los(as) suyos(as) (Es ridículo que mi profesora espere que yo haga todas esas tareas cuando tengo
un campeonato este fin de semana). Por otra parte, siente y cree que los demás en especial sus
pares están tan preocupados de su apariencia y conducta como él mismo, y que son a la vez tan
críticos o admiradores de estas como él mismo lo es. Así, construye en su propio pensamiento
una audiencia imaginaria y reacciona ante ella. Siente que está constantemente sobre un
escenario, como actor principal, y que es centro de atención de un público constituido por todos
sus pares, sobre el cual proyecta sus autoevaluaciones tanto positivas como críticas, y también
sus preocupaciones (¿Cómo me voy a tomar el remedio en el colegio? ¡Todos se van a dar cuenta
de que tengo un problema! o ¡No puedo ir a la fiesta con esta espinilla! ¡Todo el mundo me va a
encontrar horrible!). Elegirá también entre otras cosas su vestimenta, peinado, accesorios,
lenguaje y música, y tendrá conductas específicas (incluso de riesgo), para satisfacer y/o ser
admirado por esta audiencia. La fábula personal se refiere a la creencia del adolescente de que es
un ser único. Este fenómeno se aprecia en la convicción de que sus pensamientos, sentimientos,
creencias, ideales y experiencias son muy especiales, incluso únicos(as), y que los demás son
incapaces de llegar a entenderlos(as) (Nadie se ha sentido nunca como me siento yo).
En el área del desarrollo psicológico, en esta etapa también ocurren otros fenómenos. Existe
labilidad emocional con rápidas y amplias fluctuaciones del ánimo y de la conducta (Mi hija
puede estar riéndose conmigo en un minuto y gritándome al siguiente)–, una tendencia a
magnificar la situación personal (¡Me voy a morir si no voy a ese concierto!), falta de control de
impulsos, y necesidad de gratificación inmediata y de privacidad (Mi hijo vive encerrado en su
cuarto). Además, aumenta la habilidad de expresión verbal y en el ámbito vocacional, los jóvenes
presentan metas no realistas o idealistas (ser modelo top, estrella de rock, actor o actriz de cine,
piloto de carreras, etc.).
El desarrollo cognitivo de esta etapa comprende el comienzo del surgimiento del pensamiento
abstracto o formal. La toma de decisiones empieza a involucrar habilidades más complejas, que
son esenciales para la creatividad y el rendimiento académico de un nivel superior. Estos cambios
se manifiestan frecuentemente como un soñar despierto, que no solo es normal, sino además
importante para el desarrollo de la identidad, porque le permite al adolescente representar,
explorar, resolver problemas y recrear importantes aspectos de su vida. Sin embargo, a estas
alturas este tipo de pensamiento es lábil y oscilante, tendiendo aún a predominar el pensamiento
concreto. En esta fase se produce un incremento de las demandas y expectativas académicas.
En el ámbito del desarrollo social, se inicia la movilización hacia afuera de la familia. Aumenta el
deseo de independencia del joven y disminuye su interés por las actividades familiares. El
adolescente empieza a poner a prueba la autoridad, evidencia más resistencia a los límites (¿Por
qué me quieren ir a buscar a la fiesta a las 12? ¡A todo el mundo lo dejan hasta la una!), a la
supervisión y a aceptar consejos o tolerar críticas de parte de los padres. Se muestra insolente
ocasionalmente y adquiere más conciencia de que los padres no son perfectos. Todo ello causa
cierta tensión con estos. Sin embargo, el joven continúa dependiendo de la familia como fuente
de estructura y apoyo, entre otras cosas. El grupo de pares adquiere mayor importancia y el
adolescente se hace más dependiente de las amistades como fuente de bienestar. El
involucramiento con los pares se caracteriza por el contacto principalmente con aquellos del
mismo sexo y la aparición de la necesidad de amistades exclusivas mejor(es) amigo(s), con
quienes divertirse y compartir secretos. Estas son idealizadas con frecuencia y pueden volverse
intensas, generándose fuertes sentimientos de cariño hacia determinados pares, que pueden
incluso llevar a dudas, temores, exploración y/o relaciones homosexuales. Debe destacarse que en
esta etapa existe una importante susceptibilidad a la presión de los pares.
En cuanto al desarrollo sexual, en esta fase se produce una acentuada preocupación por el cuerpo
y los cambios puberales. Las rápidas transformaciones corporales llevan al adolescente a
preocuparse en forma creciente por su imagen, a focalizarse en hallazgos físicos triviales, a
hacerse repetidamente la pregunta ¿soy normal? y a necesitar reafirmación de su normalidad.
Está inseguro respecto de su apariencia y atractivo, y compara frecuentemente su cuerpo con el
de otros jóvenes y con los estereotipos culturales (Mi hija pasa horas frente al espejo). En esta
etapa aparece pudor o inquietud de ser visto desnudo (Mi hija ya no me deja entrar a su cuarto
cuando se está vistiendo) y aumenta el interés en la anatomía y fisiología sexual, lo que incluye
dudas y ansiedades acerca de la menstruación, las poluciones nocturnas, la masturbación, el
tamaño de las mamas o el pene, entre otras cosas. La menarquia representa un hito para las
mujeres, que puede acompañarse de confusión o vergüenza si no ha existido una preparación
adecuada para enfrentarla. Por otra parte, se intensifican los impulsos de naturaleza sexual (que
se alivian frecuentemente a través de la masturbación) y aparecen las fantasías sexuales y los
sueños húmedos (poluciones nocturnas). Hombres y mujeres exploran roles de género más
diferenciados (¿Cómo se comporta una mujer/un hombre?).
Por último, respecto del desarrollo moral, en esta etapa se avanza desde el nivel preconvencional
al convencional Kohlberg. En el primero, que es propio de la infancia, existe preocupación por
las consecuencias externas, concretas para la persona. Las decisiones morales son principalmente
egocéntricas, hedonistas, basadas en el interés propio, en el temor al castigo, en la anticipación de
recompensas o en consideraciones materiales (Si me descubren fumando me van a matar o Mi
mamá me dijo que me llevaría de compras si no tengo anotaciones negativas este mes). En el
segundo nivel existe preocupación por satisfacer las expectativas sociales. El adolescente se
ajusta a las convenciones sociales y desea fuertemente mantener, apoyar y justificar el orden
social existente (He decidido no tener relaciones sexuales hasta que me case, porque ello iría
contra los valores de mi familia y de la Iglesia).
Adolescencia media: El hecho central en este período es el distanciamiento afectivo de la familia
y el acercamiento al grupo de pares. Ello implica una profunda reorientación en las relaciones
interpersonales, que tiene consecuencias no solo para el adolescente sino también para sus padres.
En cuanto al desarrollo psicológico, en esta etapa continúa aumentando el nuevo sentido de
individualidad. Sin embargo, la autoimagen es muy dependiente de la opinión de terceros. El
joven tiende al aislamiento y pasa más tiempo a solas, se incrementa el rango y la apertura de las
emociones que experimenta, y adquiere la capacidad de examinar los sentimientos de los demás y
de preocuparse por los otros. El egocentrismo es significativo, y durante décadas se le
responsabilizó de generar en los adolescentes un sentimiento de invulnerabilidad que los
predisponía a conductas de riesgo, las cuales son frecuentes en esta etapa. Se planteaba que esta
sensación de omnipotencia les deterioraba el juicio y producía una falsa sensación de poder, que
en situaciones críticas les acarreaba consecuencias negativas, pues los llevaba a tener
convicciones tales como nunca me voy a quedar embarazada a pesar de tener relaciones sexuales
no protegidas o imposible que me convierta en un adicto, aunque consumiesen drogas. Sin
embargo, la investigación reciente en neurodesarrollo ha demostrado que los adolescentes tienen
conciencia de los riesgos que corren, pero esto no los inhibe de presentar estas conductas debido
a que atraviesan por un período de incremento sustancial de la inclinación hacia la búsqueda de
recompensas o sensaciones, lo que aumenta en presencia de pares. Ello sería producto de la
maduración más temprana del sistema cerebral socioemocional que del sistema de control
cognitivo, con el resultado de que, en condiciones de excitación emocional, el primero sobrepasa
la capacidad regulatoria del segundo (todavía relativamente inmaduro). Así, en situaciones que
son particularmente cargadas emocionalmente (p. ej., en presencia de otros jóvenes o cuando
existe posibilidad de una recompensa), aumenta la probabilidad de que estas influyan en sus
conductas más que la racionalidad.
También en el ámbito psicológico, en la adolescencia media persiste la tendencia a la
impulsividad (otro factor relevante en las conductas de riesgo), siendo las aspiraciones
vocacionales de los jóvenes menos idealistas ya.
El desarrollo cognitivo en esta etapa se caracteriza por un incremento de las habilidades de
pensamiento abstracto y razonamiento (¡Al fin entiendo álgebra!), y de la creatividad. El
adolescente ya no acepta la norma, sino hasta conocer el principio que la rige. La posibilidad de
razonar sobre su propia persona y los demás lo lleva a ser crítico con sus padres y con la sociedad
en general. Cabe destacar, que el pensamiento puede revertir al nivel concreto en situaciones de
estrés (Es difícil creer que esa adolescente a la que le acabamos de diagnosticar diabetes tenga
promedio 6,7 en el colegio. ¡No parece entender nada de lo que le decimos!). Por otra parte,
aumentan significativamente las demandas y expectativas académicas. Se espera que durante este
período el joven obtenga logros académicos y se prepare para el futuro.
Respecto del desarrollo social, en esta fase el involucramiento del adolescente en la subcultura de
pares es intenso (alcanza su máximo). No existe otra etapa en la que el grupo de pares sea más
poderoso e influyente. El joven adopta la vestimenta, la conducta y los códigos y valores de su
grupo de pares (Mi hija siente que tiene que hacer exactamente lo mismo que sus amigas), en un
intento de separarse más de la familia y encontrar su propia identidad. La presión de los pares
puede influir tanto en forma positiva motivándolo a destacar en lo académico, deportivo, a
postergar el inicio de relaciones sexuales, etc., como negativa, favoreciendo por ejemplo que se
involucre en conductas de riesgo. Las amistades y los grupos pasan a ser de ambos sexos, y
frecuentemente se establecen relaciones de pareja. Las parejas desempeñan un rol
progresivamente mayor a medida que avanza la adolescencia, sin embargo, las relaciones de
amistad siguen siendo extremadamente importantes, ofreciendo compañía, un contexto para la
apertura íntima y la satisfacción de otras necesidades.
A la vez, durante la adolescencia media el joven lucha para emanciparse de su familia. Muestra
un franco menor interés por sus padres, volcando su motivación y tiempo libre principalmente
hacia sus pares y a actividades fuera del hogar (Pasa todo el tiempo con los amigos. ¡No lo vemos
nunca!) o a estar solo. Es esperable que en esta etapa el adolescente desafíe los valores y la
autoridad de los padres (¡Es mi vida! ¡Puedo ir adonde yo quiera y con quien quiera!), y ponga a
prueba sus límites. Esta es una parte necesaria del proceso de crecer, pues para alcanzar la
madurez, debe separar su propia identidad de aquella de su familia y avanzar en el desarrollo de
su autonomía. El joven necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de trazar su propio camino
en la vida y que no necesita de las opiniones ni las directrices de sus padres. Busca activamente
juicios y valores propios, sin aceptar ya automáticamente los de ellos. Magnifica los errores y
contradicciones de estos para facilitar su proceso de desapego, llegando a descalificarlos con
frecuencia. Como consecuencia de todo lo anterior y de la reacción de los padres a estos cambios,
los conflictos padres-hijo alcanzan su máximo en este período.
Adolescencia tardía
Esta es la última etapa del camino del joven hacia el logro de su identidad y autonomía. Para la
mayor parte de los adolescentes es un período de mayor tranquilidad y aumento en la integración
de la personalidad. Si todo ha avanzado suficientemente bien en las fases previas, incluyendo la
presencia de una familia y un grupo de pares apoyadores, el joven estará en una buena vía para
manejar las tareas de la adultez.
En el ámbito del desarrollo psicológico, en esta etapa la identidad se encuentra más firme en sus
diversos aspectos. La autoimagen ya no está definida por los pares, sino que depende del propio
adolescente. Los intereses son más estables y existe conciencia de los límites y las limitaciones
personales. Se adquiere aptitud para tomar decisiones en forma independiente y para establecer
límites, y se desarrolla habilidad de planificación futura. Existe gran interés en hacer planes para
el futuro, la búsqueda de la vocación definitiva apremia más y las metas vocacionales se vuelven
realistas. Idealmente el joven realizará una elección educacional y/o laboral que concilie sus
intereses, capacidades y oportunidades. Avanza en el camino hacia la independencia financiera,
la que logrará más temprano o más tarde, dependiendo de su realidad. Aumenta el control de
impulsos, se puede postergar ya la gratificación y aparece la capacidad de comprometerse.
En cuanto al desarrollo cognitivo, en la adolescencia tardía existe un pensamiento abstracto
firmemente establecido. Si las experiencias educativas han sido adecuadas, se alcanza el
pensamiento hipotético-deductivo propio del adulto. Aumenta la habilidad para predecir
consecuencias y la capacidad de resolución de problemas (He estado informándome y
conversando del tema, y me parece que puedo enfrentarlo de 3 maneras. Puedo...o.…o.., pero
creo que la última es la mejor porque...).
El desarrollo social en esta etapa se caracteriza por una disminución de la influencia del grupo de
pares, cuyos valores se hacen menos importantes a medida que el adolescente se siente más
cómodo con sus propios principios e identidad. Las amistades se hacen menos y más selectivas.
Por otra parte, el joven se reacerca a la familia, aumentado gradualmente la intimidad con sus
padres si ha existido una relación positiva con ellos durante los años previos. Ya ha alcanzado un
grado suficiente de autonomía, se ha convertido en una entidad separada de su familia, y ahora
puede apreciar los valores y la experiencia de sus padres, y buscar (o permitirles) su ayuda, pero
en un estilo de interacción que es más horizontal. La relación padres-hijo alcanza nuevas
dimensiones, que acrecientan el desarrollo personal y familiar, cuando el clima es de verdadero
respeto y valoración de las diferencias.
Respecto del desarrollo sexual, en la adolescencia tardía se produce la aceptación de los cambios
corporales y la imagen corporal. El joven ha completado ya su crecimiento y desarrollo puberal,
los que no le preocupan a menos que exista alguna anormalidad. Acepta también su identidad
sexual, con frecuencia inicia relaciones sexuales y aumenta su inclinación hacia relaciones de
pareja más íntimas y estables, las que comprenden menos experimentación y explotación, estando
más basadas en intereses y valores similares, en compartir, y en la comprensión, disfrute y
cuidado mutuo.
Por último, desde la perspectiva del desarrollo moral, en esta etapa la mayoría de los adolescentes
funciona en el nivel convencional, alcanzando solo algunos el posconvencional. En este último y
avanzado nivel, existe eminentemente preocupación por principios morales que la persona ha
escogido por sí misma. El acercamiento a los problemas morales ya no se basa en necesidades
egoístas o en la conformidad con los otros o con la estructura social, sino que depende de
principios autónomos, universales, que conservan su validez incluso más allá de las leyes
existentes (Si bien estoy súper comprometida con mi religión, no comparto algunas de sus
enseñanzas, porque yo veo que la realidad es distinta)
Para finalizar, debe destacarse que el desarrollo no llega a su fin con el término de la
adolescencia y que el adulto joven que emerge de este proceso no es un «producto acabado. El
desarrollo es un proceso que tiende a continuar a lo largo de toda la vida, por lo que, si bien los
cambios futuros pueden no ser tan rápidos y tumultuosos, los adultos jóvenes se verán
enfrentados a otras tareas del desarrollo tales como la adquisición de la capacidad para establecer
relaciones íntimas estables, cuyo logro dependerá en gran parte de la resolución saludable del
proceso adolescente.
VERÓNICA GAETE (1 DE ABRIL DE 2015) DESARROLLO PSICOSOCIAL DEL
ADOLESCENTE, REVISTA CHILENA DE PEDIATRÍA, VOL.86 N°6