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Etapas y Cambios en la Adolescencia

El documento proporciona una definición de la adolescencia como el período entre los 10-19 años donde ocurren cambios físicos, psicológicos y sociales. Explica que la adolescencia se divide en tres etapas: temprana (10-13 años), media (14-17 años) y tardía (17 años en adelante). En cada etapa, el adolescente experimenta cambios en su desarrollo cognitivo, emocional, social y sexual a medida que transita hacia la adultez.

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Etapas y Cambios en la Adolescencia

El documento proporciona una definición de la adolescencia como el período entre los 10-19 años donde ocurren cambios físicos, psicológicos y sociales. Explica que la adolescencia se divide en tres etapas: temprana (10-13 años), media (14-17 años) y tardía (17 años en adelante). En cada etapa, el adolescente experimenta cambios en su desarrollo cognitivo, emocional, social y sexual a medida que transita hacia la adultez.

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1.

1 Adolescencia

1.1.1 definición de adolescencia


La adolescencia, como periodo del desarrollo del ser humano abarca por lo
general el periodo comprendido de los 11 a 20 años, en el cual él sujeto alcanza la
madurez biológica y sexual; y se busca alcanzar la madurez emocional y social
a su vez la persona asume responsabilidades en la sociedad y conductas propias del grupo
que le rodea (Aberastury y Knobel, 1997)

Según la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es el periodo comprendido

entre 10 y 19 años, es una etapa compleja de la vida, marca la transición de la infancia al

estado adulto, con ella se producen cambios físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales

y sociales. Se clasifica en primera adolescencia, precoz o temprana de 10 a 14 años y la

segunda o tardía que comprende entre 15 y 19 años de edad.

En el informe “The State of the World´s Children,2011” se expresa que resulta difícil

definir a la adolescencia por diversas razones. Primero, porque las experiencias

individuales en este período son diferentes, en relación con las variaciones físicas, la

maduración emocional y cognitiva, entre otras eventualidades. A la pubertad no es posible

considerarla como la línea de demarcación entre la niñez y la adolescencia pues se

suceden cambios a diferentes edades en hembras y varones, incluso existen diferencias

individuales en el mismo sexo. El segundo factor que complica la definición de

adolescencia es la gran variación en relación con las leyes en distintas naciones

relacionadas con la minoría y la mayoría de edad, incluyendo actividades como: contraer

matrimonio y el comienzo del consumo de bebidas alcohólicas. El tercer factor se refiere


a que no se respeta lo establecido legalmente para los niños, los adolescentes y los adultos

y se permite que los primeros asuman actividades que no les corresponden.

Existen muchos puntos de vista diferentes al momento de definir la etapa de la

adolescencia, pero en algo los autores coinciden y es en que se tiene su presencia y

desarrollo ala edad de los 15-19 años de edad, trayendo consigo múltiples cambios como

lo son físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales y sociales dentro de los que mas

destacan son el crecimiento corporal(aumento de peso y talla),psíquicos(búsqueda e

identidad, necesidad de independencia, tendencia grupal),sexuales(maduración sexual)

cabe destacar que estos cambios son para ambos sexos femenino y masculino.

1.1.2 etapas de la adolescencia

Ningún esquema único de desarrollo psicosocial puede aplicarse a todo joven, pues la

adolescencia constituye un proceso altamente variable en cuanto al crecimiento y

desarrollo biológico, psicológico y social de las diversas personas. Además de las

diferencias en cuanto a la edad en que los jóvenes inician y terminan su adolescencia, las

variaciones individuales en la progresión a través de las etapas que a continuación

describiremos pueden ser sustanciales. Así también, el proceso puede ser asincrónico en

sus distintos aspectos (biológico, emocional, intelectual y social) y no ocurrir como un

continuo, sino presentar períodos frecuentes de regresión en relación con estresores.

Además, muestra diferencias y especificidades derivadas de factores como el sexo y etnia

del joven, y del ambiente en que se produce (urbano o rural, nivel socioeconómico y

educacional, tipo de cultura, etc.)


Aun teniendo en cuenta las limitaciones previas, el desarrollo psicosocial en la

adolescencia presenta en general características comunes y un patrón progresivo de 3

fases. No existe uniformidad en la terminología utilizada para designar estas etapas, sin

embargo, lo más tradicional ha sido denominarlas adolescencia temprana, media y

tardía3. Tampoco existe homogeneidad respecto a los rangos etarios que comprenderían,

sin embargo, estos serían aproximadamente los siguientes.

1. Adolescencia temprana: desde los 10 a los 13-14 años.

2. Adolescencia media: desde los 14-15 a los 16-17 años.

3. Adolescencia tardía: desde los 17-18 años en adelante.

Estas fases, que se abordarán en detalle posteriormente, se dan habitualmente de manera

más precoz en las mujeres que en los hombres debido a que ellas inician antes su

pubertad, y los cambios que involucran aumentan en complejidad a medida que los

adolescentes progresan de una a otra.

Adolescencia temprana: Los procesos psíquicos de la adolescencia comienzan en general con la

pubertad y los importantes cambios corporales que trae consigo. El desarrollo psicológico de esta

etapa se caracteriza por la existencia de egocentrismo, el cual constituye una característica

normal de niños y adolescentes, que disminuye progresivamente, dando paso a un punto de vista

socio céntrico (propio de la adultez) a medida que la persona madura. Además, de acuerdo a

Elkind, va variando en su naturaleza, calidad y características desde la infancia a la adolescencia,

a medida que el desarrollo cognitivo progresa.


El egocentrismo adolescente se evidencia entre otras cosas a través de la existencia de un foco

general en sí mismo y de los fenómenos a los que Elkind llama la “audiencia imaginaria” y la

“fábula personal”. El adolescente se encuentra muy centrado en su propia conducta, cambios

corporales y apariencia física, y asume que los otros tienen perspectivas y valores idénticos(as) a

los(as) suyos(as) (Es ridículo que mi profesora espere que yo haga todas esas tareas cuando tengo

un campeonato este fin de semana). Por otra parte, siente y cree que los demás en especial sus

pares están tan preocupados de su apariencia y conducta como él mismo, y que son a la vez tan

críticos o admiradores de estas como él mismo lo es. Así, construye en su propio pensamiento

una audiencia imaginaria y reacciona ante ella. Siente que está constantemente sobre un

escenario, como actor principal, y que es centro de atención de un público constituido por todos

sus pares, sobre el cual proyecta sus autoevaluaciones tanto positivas como críticas, y también

sus preocupaciones (¿Cómo me voy a tomar el remedio en el colegio? ¡Todos se van a dar cuenta

de que tengo un problema! o ¡No puedo ir a la fiesta con esta espinilla! ¡Todo el mundo me va a

encontrar horrible!). Elegirá también entre otras cosas su vestimenta, peinado, accesorios,

lenguaje y música, y tendrá conductas específicas (incluso de riesgo), para satisfacer y/o ser

admirado por esta audiencia. La fábula personal se refiere a la creencia del adolescente de que es

un ser único. Este fenómeno se aprecia en la convicción de que sus pensamientos, sentimientos,

creencias, ideales y experiencias son muy especiales, incluso únicos(as), y que los demás son

incapaces de llegar a entenderlos(as) (Nadie se ha sentido nunca como me siento yo).

En el área del desarrollo psicológico, en esta etapa también ocurren otros fenómenos. Existe

labilidad emocional con rápidas y amplias fluctuaciones del ánimo y de la conducta (Mi hija

puede estar riéndose conmigo en un minuto y gritándome al siguiente)–, una tendencia a

magnificar la situación personal (¡Me voy a morir si no voy a ese concierto!), falta de control de
impulsos, y necesidad de gratificación inmediata y de privacidad (Mi hijo vive encerrado en su

cuarto). Además, aumenta la habilidad de expresión verbal y en el ámbito vocacional, los jóvenes

presentan metas no realistas o idealistas (ser modelo top, estrella de rock, actor o actriz de cine,

piloto de carreras, etc.).

El desarrollo cognitivo de esta etapa comprende el comienzo del surgimiento del pensamiento

abstracto o formal. La toma de decisiones empieza a involucrar habilidades más complejas, que

son esenciales para la creatividad y el rendimiento académico de un nivel superior. Estos cambios

se manifiestan frecuentemente como un soñar despierto, que no solo es normal, sino además

importante para el desarrollo de la identidad, porque le permite al adolescente representar,

explorar, resolver problemas y recrear importantes aspectos de su vida. Sin embargo, a estas

alturas este tipo de pensamiento es lábil y oscilante, tendiendo aún a predominar el pensamiento

concreto. En esta fase se produce un incremento de las demandas y expectativas académicas.

En el ámbito del desarrollo social, se inicia la movilización hacia afuera de la familia. Aumenta el

deseo de independencia del joven y disminuye su interés por las actividades familiares. El

adolescente empieza a poner a prueba la autoridad, evidencia más resistencia a los límites (¿Por

qué me quieren ir a buscar a la fiesta a las 12? ¡A todo el mundo lo dejan hasta la una!), a la

supervisión y a aceptar consejos o tolerar críticas de parte de los padres. Se muestra insolente

ocasionalmente y adquiere más conciencia de que los padres no son perfectos. Todo ello causa

cierta tensión con estos. Sin embargo, el joven continúa dependiendo de la familia como fuente

de estructura y apoyo, entre otras cosas. El grupo de pares adquiere mayor importancia y el

adolescente se hace más dependiente de las amistades como fuente de bienestar. El

involucramiento con los pares se caracteriza por el contacto principalmente con aquellos del

mismo sexo y la aparición de la necesidad de amistades exclusivas mejor(es) amigo(s), con


quienes divertirse y compartir secretos. Estas son idealizadas con frecuencia y pueden volverse

intensas, generándose fuertes sentimientos de cariño hacia determinados pares, que pueden

incluso llevar a dudas, temores, exploración y/o relaciones homosexuales. Debe destacarse que en

esta etapa existe una importante susceptibilidad a la presión de los pares.

En cuanto al desarrollo sexual, en esta fase se produce una acentuada preocupación por el cuerpo

y los cambios puberales. Las rápidas transformaciones corporales llevan al adolescente a

preocuparse en forma creciente por su imagen, a focalizarse en hallazgos físicos triviales, a

hacerse repetidamente la pregunta ¿soy normal? y a necesitar reafirmación de su normalidad.

Está inseguro respecto de su apariencia y atractivo, y compara frecuentemente su cuerpo con el

de otros jóvenes y con los estereotipos culturales (Mi hija pasa horas frente al espejo). En esta

etapa aparece pudor o inquietud de ser visto desnudo (Mi hija ya no me deja entrar a su cuarto

cuando se está vistiendo) y aumenta el interés en la anatomía y fisiología sexual, lo que incluye

dudas y ansiedades acerca de la menstruación, las poluciones nocturnas, la masturbación, el

tamaño de las mamas o el pene, entre otras cosas. La menarquia representa un hito para las

mujeres, que puede acompañarse de confusión o vergüenza si no ha existido una preparación

adecuada para enfrentarla. Por otra parte, se intensifican los impulsos de naturaleza sexual (que

se alivian frecuentemente a través de la masturbación) y aparecen las fantasías sexuales y los

sueños húmedos (poluciones nocturnas). Hombres y mujeres exploran roles de género más

diferenciados (¿Cómo se comporta una mujer/un hombre?).

Por último, respecto del desarrollo moral, en esta etapa se avanza desde el nivel preconvencional

al convencional Kohlberg. En el primero, que es propio de la infancia, existe preocupación por

las consecuencias externas, concretas para la persona. Las decisiones morales son principalmente

egocéntricas, hedonistas, basadas en el interés propio, en el temor al castigo, en la anticipación de


recompensas o en consideraciones materiales (Si me descubren fumando me van a matar o Mi

mamá me dijo que me llevaría de compras si no tengo anotaciones negativas este mes). En el

segundo nivel existe preocupación por satisfacer las expectativas sociales. El adolescente se

ajusta a las convenciones sociales y desea fuertemente mantener, apoyar y justificar el orden

social existente (He decidido no tener relaciones sexuales hasta que me case, porque ello iría

contra los valores de mi familia y de la Iglesia).

Adolescencia media: El hecho central en este período es el distanciamiento afectivo de la familia

y el acercamiento al grupo de pares. Ello implica una profunda reorientación en las relaciones

interpersonales, que tiene consecuencias no solo para el adolescente sino también para sus padres.

En cuanto al desarrollo psicológico, en esta etapa continúa aumentando el nuevo sentido de

individualidad. Sin embargo, la autoimagen es muy dependiente de la opinión de terceros. El

joven tiende al aislamiento y pasa más tiempo a solas, se incrementa el rango y la apertura de las

emociones que experimenta, y adquiere la capacidad de examinar los sentimientos de los demás y

de preocuparse por los otros. El egocentrismo es significativo, y durante décadas se le

responsabilizó de generar en los adolescentes un sentimiento de invulnerabilidad que los

predisponía a conductas de riesgo, las cuales son frecuentes en esta etapa. Se planteaba que esta

sensación de omnipotencia les deterioraba el juicio y producía una falsa sensación de poder, que

en situaciones críticas les acarreaba consecuencias negativas, pues los llevaba a tener

convicciones tales como nunca me voy a quedar embarazada a pesar de tener relaciones sexuales

no protegidas o imposible que me convierta en un adicto, aunque consumiesen drogas. Sin

embargo, la investigación reciente en neurodesarrollo ha demostrado que los adolescentes tienen

conciencia de los riesgos que corren, pero esto no los inhibe de presentar estas conductas debido

a que atraviesan por un período de incremento sustancial de la inclinación hacia la búsqueda de


recompensas o sensaciones, lo que aumenta en presencia de pares. Ello sería producto de la

maduración más temprana del sistema cerebral socioemocional que del sistema de control

cognitivo, con el resultado de que, en condiciones de excitación emocional, el primero sobrepasa

la capacidad regulatoria del segundo (todavía relativamente inmaduro). Así, en situaciones que

son particularmente cargadas emocionalmente (p. ej., en presencia de otros jóvenes o cuando

existe posibilidad de una recompensa), aumenta la probabilidad de que estas influyan en sus

conductas más que la racionalidad.

También en el ámbito psicológico, en la adolescencia media persiste la tendencia a la

impulsividad (otro factor relevante en las conductas de riesgo), siendo las aspiraciones

vocacionales de los jóvenes menos idealistas ya.

El desarrollo cognitivo en esta etapa se caracteriza por un incremento de las habilidades de

pensamiento abstracto y razonamiento (¡Al fin entiendo álgebra!), y de la creatividad. El

adolescente ya no acepta la norma, sino hasta conocer el principio que la rige. La posibilidad de

razonar sobre su propia persona y los demás lo lleva a ser crítico con sus padres y con la sociedad

en general. Cabe destacar, que el pensamiento puede revertir al nivel concreto en situaciones de

estrés (Es difícil creer que esa adolescente a la que le acabamos de diagnosticar diabetes tenga

promedio 6,7 en el colegio. ¡No parece entender nada de lo que le decimos!). Por otra parte,

aumentan significativamente las demandas y expectativas académicas. Se espera que durante este

período el joven obtenga logros académicos y se prepare para el futuro.

Respecto del desarrollo social, en esta fase el involucramiento del adolescente en la subcultura de

pares es intenso (alcanza su máximo). No existe otra etapa en la que el grupo de pares sea más

poderoso e influyente. El joven adopta la vestimenta, la conducta y los códigos y valores de su

grupo de pares (Mi hija siente que tiene que hacer exactamente lo mismo que sus amigas), en un
intento de separarse más de la familia y encontrar su propia identidad. La presión de los pares

puede influir tanto en forma positiva motivándolo a destacar en lo académico, deportivo, a

postergar el inicio de relaciones sexuales, etc., como negativa, favoreciendo por ejemplo que se

involucre en conductas de riesgo. Las amistades y los grupos pasan a ser de ambos sexos, y

frecuentemente se establecen relaciones de pareja. Las parejas desempeñan un rol

progresivamente mayor a medida que avanza la adolescencia, sin embargo, las relaciones de

amistad siguen siendo extremadamente importantes, ofreciendo compañía, un contexto para la

apertura íntima y la satisfacción de otras necesidades.

A la vez, durante la adolescencia media el joven lucha para emanciparse de su familia. Muestra

un franco menor interés por sus padres, volcando su motivación y tiempo libre principalmente

hacia sus pares y a actividades fuera del hogar (Pasa todo el tiempo con los amigos. ¡No lo vemos

nunca!) o a estar solo. Es esperable que en esta etapa el adolescente desafíe los valores y la

autoridad de los padres (¡Es mi vida! ¡Puedo ir adonde yo quiera y con quien quiera!), y ponga a

prueba sus límites. Esta es una parte necesaria del proceso de crecer, pues para alcanzar la

madurez, debe separar su propia identidad de aquella de su familia y avanzar en el desarrollo de

su autonomía. El joven necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de trazar su propio camino

en la vida y que no necesita de las opiniones ni las directrices de sus padres. Busca activamente

juicios y valores propios, sin aceptar ya automáticamente los de ellos. Magnifica los errores y

contradicciones de estos para facilitar su proceso de desapego, llegando a descalificarlos con

frecuencia. Como consecuencia de todo lo anterior y de la reacción de los padres a estos cambios,

los conflictos padres-hijo alcanzan su máximo en este período.


Adolescencia tardía

Esta es la última etapa del camino del joven hacia el logro de su identidad y autonomía. Para la

mayor parte de los adolescentes es un período de mayor tranquilidad y aumento en la integración

de la personalidad. Si todo ha avanzado suficientemente bien en las fases previas, incluyendo la

presencia de una familia y un grupo de pares apoyadores, el joven estará en una buena vía para

manejar las tareas de la adultez.

En el ámbito del desarrollo psicológico, en esta etapa la identidad se encuentra más firme en sus

diversos aspectos. La autoimagen ya no está definida por los pares, sino que depende del propio

adolescente. Los intereses son más estables y existe conciencia de los límites y las limitaciones

personales. Se adquiere aptitud para tomar decisiones en forma independiente y para establecer

límites, y se desarrolla habilidad de planificación futura. Existe gran interés en hacer planes para

el futuro, la búsqueda de la vocación definitiva apremia más y las metas vocacionales se vuelven

realistas. Idealmente el joven realizará una elección educacional y/o laboral que concilie sus

intereses, capacidades y oportunidades. Avanza en el camino hacia la independencia financiera,

la que logrará más temprano o más tarde, dependiendo de su realidad. Aumenta el control de

impulsos, se puede postergar ya la gratificación y aparece la capacidad de comprometerse.

En cuanto al desarrollo cognitivo, en la adolescencia tardía existe un pensamiento abstracto

firmemente establecido. Si las experiencias educativas han sido adecuadas, se alcanza el

pensamiento hipotético-deductivo propio del adulto. Aumenta la habilidad para predecir

consecuencias y la capacidad de resolución de problemas (He estado informándome y

conversando del tema, y me parece que puedo enfrentarlo de 3 maneras. Puedo...o.…o.., pero

creo que la última es la mejor porque...).


El desarrollo social en esta etapa se caracteriza por una disminución de la influencia del grupo de

pares, cuyos valores se hacen menos importantes a medida que el adolescente se siente más

cómodo con sus propios principios e identidad. Las amistades se hacen menos y más selectivas.

Por otra parte, el joven se reacerca a la familia, aumentado gradualmente la intimidad con sus

padres si ha existido una relación positiva con ellos durante los años previos. Ya ha alcanzado un

grado suficiente de autonomía, se ha convertido en una entidad separada de su familia, y ahora

puede apreciar los valores y la experiencia de sus padres, y buscar (o permitirles) su ayuda, pero

en un estilo de interacción que es más horizontal. La relación padres-hijo alcanza nuevas

dimensiones, que acrecientan el desarrollo personal y familiar, cuando el clima es de verdadero

respeto y valoración de las diferencias.

Respecto del desarrollo sexual, en la adolescencia tardía se produce la aceptación de los cambios

corporales y la imagen corporal. El joven ha completado ya su crecimiento y desarrollo puberal,

los que no le preocupan a menos que exista alguna anormalidad. Acepta también su identidad

sexual, con frecuencia inicia relaciones sexuales y aumenta su inclinación hacia relaciones de

pareja más íntimas y estables, las que comprenden menos experimentación y explotación, estando

más basadas en intereses y valores similares, en compartir, y en la comprensión, disfrute y

cuidado mutuo.

Por último, desde la perspectiva del desarrollo moral, en esta etapa la mayoría de los adolescentes

funciona en el nivel convencional, alcanzando solo algunos el posconvencional. En este último y

avanzado nivel, existe eminentemente preocupación por principios morales que la persona ha

escogido por sí misma. El acercamiento a los problemas morales ya no se basa en necesidades

egoístas o en la conformidad con los otros o con la estructura social, sino que depende de
principios autónomos, universales, que conservan su validez incluso más allá de las leyes

existentes (Si bien estoy súper comprometida con mi religión, no comparto algunas de sus

enseñanzas, porque yo veo que la realidad es distinta)

Para finalizar, debe destacarse que el desarrollo no llega a su fin con el término de la

adolescencia y que el adulto joven que emerge de este proceso no es un «producto acabado. El

desarrollo es un proceso que tiende a continuar a lo largo de toda la vida, por lo que, si bien los

cambios futuros pueden no ser tan rápidos y tumultuosos, los adultos jóvenes se verán

enfrentados a otras tareas del desarrollo tales como la adquisición de la capacidad para establecer

relaciones íntimas estables, cuyo logro dependerá en gran parte de la resolución saludable del

proceso adolescente.

VERÓNICA GAETE (1 DE ABRIL DE 2015) DESARROLLO PSICOSOCIAL DEL

ADOLESCENTE, REVISTA CHILENA DE PEDIATRÍA, VOL.86 N°6

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