“AÑO DE LA UNIVERSALIZACIÓN DE LA SALUD”
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIA POLÍTICA
Escuela Profesional de Derecho
Filial Huánuco
TRABAJO ACADÉMICO:
“RELACIÓN ENTRE LA GOBERNABILIDAD Y DEMOCRACIA EN EL CONTEXTO
SOCIO POLÍTICO PERUANO”
TRABAJO ACADÉMICO:
HUAMAN ROJAS, CAMILA COD. 2015151404
PALACIOS LIZANA, MILENA MRCDS COD. 2015151632
CURSO:
POLÍTICAS PÚBLICAS Y GOBERNABILIDAD
DOCENTE:
BERTHA LUZ RAFAEL HIDALGO
CICLO
XI
HUÁNUCO – PERÚ
2020
INDICE
1. INTRODUCCIÓN
El complejo conjunto de ideas y prácticas abarcadas por las palabras
gobernabilidad y buen gobierno tiene antiguas raíces. Cómo organizarse
socialmente, cómo articular y regular las relaciones entre las personas,
cómo organizar la provisión de servicios colectivos, cómo definir los
ámbitos apropiados para lo público y lo privado y cómo establecer
controles y contrapesos para el ejercicio del poder han sido
preocupaciones de pensadores y líderes políticos a través de la historia de
la humanidad. En el Perú contemporáneo, caracterizado por la gran
complejidad de sus procesos sociales y por carencias de toda índole, estos
temas han adquirido gran importancia debido a que el buen gobierno, en
su sentido más amplio, es condición necesaria para lograr el desarrollo
económico, el bienestar social y la estabilidad política.
Los conceptos de gobernabilidad y de buen gobierno se refieren al
ejercicio eficiente, eficaz y legítimo del poder y la autoridad para el logro
de objetivos sociales y económicos. Las ideas de gobernabilidad y buen
gobierno están asociadas a la noción de eficiencia, en el sentido de
alcanzar los objetivos de gobierno en forma transparente y sin dispendio
de recursos; a la de eficacia, en el sentido de lograr estos objetivos
manteniendo la estabilidad y la credibilidad de las instituciones y el
sistema político; y a la de legitimidad, en el sentido de que la ciudadanía
reconoce el derecho de los gobernantes a ejercer el poder y la autoridad,
y se identifica con las instituciones del Estado, siempre que ellas estén
sujetas a ciertos límites establecidos de antemano y respeten las reglas
del juego.
La gobernabilidad surgió como tema de preocupación central en las
democracias occidentales hacia mediados del decenio de los setenta,
cuando se puso en evidencia la limitada capacidad de respuesta de las
instituciones políticas en Europa, Norteamérica y Japón para enfrentar las
crecientes exigencias sociales y la diversidad de intereses que era
necesario conciliar para lograr el buen gobierno. De manera más
dramática, el colapso del totalitarismo en Europa Oriental y la antigua
Unión Soviética hacia fines del decenio de los ochenta puso sobre el
tapete los temas de legitimidad, eficacia y eficiencia de los regímenes
políticos dentro de un orden internacional que experimenta profundas
transformaciones
2. CONSIDERACIONES GENERALES
1. La democracia ha sido vista generalmente como un régimen
político “en el cual el acceso a las principales posiciones
gubernamentales (con la excepción del poder judicial, fuerzas
armadas y eventualmente los bancos centrales) se determina
mediante elecciones limpias. Por elecciones limpias me refiero a
aquellas que son competitivas, libres, igualitarias, decisivas e
inclusivas, y en la cuales los que votan son los mismos que tienen
derecho a ser elegidos”. Al definir a la democracia como régimen
político, se privilegian las instituciones y el diseño institucional
que la definen como un régimen de libertad y se dejan de lado o
se subestiman dos elementos importantes que la constituyen:
Los
Actores que intervienen en su proceso de construcción y, sobre
todo, las condiciones sobre las que se construye la democracia,
obstruyéndola o impulsándola. Y cuando los actores han sido
considerados, especialmente los ciudadanos más que los
partidos y la sociedad civil, han sido asumidos en sus aspectos
normativos e institucionales, derechos civiles y derechos
políticos, dejando de lado su constitución material: los derechos
sociales. En la llamada caja de Dahl, por ejemplo, la liberalización
se desarrolla sobre la base de los derechos civiles, la
participación o inclusión se levanta sobre los derechos políticos y
de la intersección de ambas dimensiones surge la poliarquía en
sus diversos grados: Los derechos sociales están ausentes. En lo
que se refiere a las condiciones, las mejor tratadas han sido las
que se refieren a la igualdad o la desigualdad, orillando las que
se refieren al estado, a la nación, a los sistemas de estratificación
social y a la cultura política.
2. Una excepción notable en la historia intelectual de la
democracia es la de Alexis de Tocqueville, quien, pese a ser un
liberal, definía a la democracia, no como un régimen político,
sino como un tipo de sociedad esto es, como una sociedad en la
que existe una igualdad de condiciones sociales. A partir de este
dato estructural de la igualdad de condiciones de las sociedades
modernas se podía organizar la democracia como un régimen
político, lo que dependía de la capacidad de construir
instituciones libres. Para Tocqueville la igualdad es una
característica estructural moderna sobre la cual se puede
construir un régimen democrático (conjunto de instituciones
libres) que instaura y defiende la libertad. La igualdad, según de
Tocqueville, era igualdad de status o igualdad social, gracias a la
cual los individuos podían tener una libre circulación tanto
geográfica como social porque el establecimiento de la sociedad
moderna traía consigo la eliminación de todos los privilegios y
discriminaciones. De ese modo quedaban fuera otras
desigualdades, entre ellas la económica.
3. La gobernabilidad no es un asunto meramente técnico sino
multidimensional, esto es, integral: Técnico, político, social,
económico. Frente a la perspectiva reduccionista es necesario
desarrollar una perspectiva integrada de la gobernabilidad. Se
trata de un abordaje que enfatiza el tenor pluridimensional de la
gobernabilidad, comprendiendo no sólo los aspectos técnicos y
administrativos de la actividad de gobernar sino también la
dimensión política. No basta el supuesto perfeccionamiento que
se impone con decisiones desde arriba. La eficiencia no se agota
con la agilidad en la toma de decisiones, requiere también la
capacidad de obtener la aquiescencia a los comandos estatales,
de garantizar la observancia de los preceptos legales y hacer
valer las decisiones gubernamentales. Además de la
competencia administrativa, se trata de crear y expandir las
condiciones de gobernación del Estado. La gobernabilidad se
refiere a las condiciones sistémicas más generales bajo las cuales
se ejerce el poder en una sociedad dada, tales como las
características del régimen político (democracia o autoritarismo),
la forma de gobierno (parlamentarista o presidencialista), las
relaciones entre los poderes (mayor o menor asimetría), los
sistemas de partido (pluripartidismo o bipartidismo), el sistema
de intermediación de intereses (corporativo o pluralista), el nivel
de ciudadanización efectiva, ente otros. No hay fórmulas
mágicas para garantizar la gobernabilidad, ya que las diferentes
combinaciones.
3. GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA Y BUEN GOBIERNO EN EL PERÚ
Los problemas que enfrenta todo proyecto de gobernabilidad en el Perú
tienen raíces viejas y profundas. La conquista europea del Imperio Incaico
constituyó la fundación del Perú y fue un acontecimiento traumático que
estableció una brecha social persistente entre vencedores y vencidos. A lo
largo de tres siglos de vida colonial prevaleció un orden social, económico
e institucional derivado de aquella ruptura original. Durante los casi 180
años de vida republicana se pusieron de manifiesto las enormes
dificultades que enfrenta el Perú para constituirse en una nación
integrada social, económica, política y culturalmente.
3.1 Cambio social acelerado
En los últimos 50 años, el ritmo de los cambios empezó a acelerarse:
diversas crisis, cada una de las cuales se inició en momentos diferentes de
la historia, convergieron en una crisis múltiple de proporciones casi
cataclísmicas que se concretó durante el decenio de los ochenta y el
principio de los años noventa, y que tuvo a la violencia terrorista, a la
hiperinflación y al quiebre de las instituciones democráticas como sus
manifestaciones más perniciosas. Paralelamente, la explosión demográfica
y las migraciones masivas de las zonas rurales a las urbanas, así como la
emergencia de movimientos de afirmación regional en diversas partes del
Perú, removieron los cimientos del Estado, pues alteraron completamente
las estructuras sociales que prevalecieron durante siglos. Como resultado
de estos procesos han surgido nuevos, actores que se han incorporado a
la escena nacional, que demandan su inserción en el mercado (empleo,
ingreso, consumo), y que exigen participación en los beneficios sociales, la
educación y la política. Otros resultados han sido el fuerte
cuestionamiento de los hábitos y prácticas centralistas, y la toma de
conciencia acerca de la imposibilidad de resolver los problemas de las
diversas regiones que constituyen el Perú desde una perspectiva centrada
en Lima.
Todo esto configura lo que se puede denominar, muy esquemáticamente,
como «la nueva presencia del pobre» en el Perú. Reclamar dónde vivir,
los nuevos pobladores urbanos -emigrantes del campo han cambiado el
rostro de las ciudades costeñas, particularmente el de Lima, en donde se
concentra un tercio de la población del país. En cierta medida, su
presencia democratiza las ciudades al ampliar significativamente el
número de ciudadanos que toman conciencia de sus derechos
económicos, sociales y políticos.
Un hito importante en este proceso de cambio acelerado en la sociedad
peruana fueron las reformas llevadas a cabo desde fines de los años
sesenta por el gobierno de la Fuerza Armada que presidió.
4. GOBERNABILIDAD Y DEMOCRACIA EN LAS SOCIEDADES
COMPLEJAS.
Frente al retroceso general de los gobiernos autoritarios en América
Latina, o ante la caída de los regímenes totalitarios de Europa del Este, los
desafíos a la gobernabilidad de las democracias no provienen ya de la
existencia de sistemas políticos alternativos, sino de la necesidad de
corregir y perfeccionar las instituciones de la democracia, con el fin de
superar algunos problemas inherentes a su propio funcionamiento, y
complementar sus mecanismos de representación y agregación de
intereses, con el objeto de superar sus limitaciones "externas".
En el primer caso, se trata de desarrollar una estructura institucional que
impida caer en los déficit generados por la fragmentación del poder
(múltiples partidos en el Congreso sin un liderazgo unificador o tensiones
institucionales entre distintas ramas de los poderes republicanos), o por
un excesivo alargamiento de la fase de deliberación en el proceso de toma
de decisiones. Esta cuestión se vuelve especialmente importante en
aquellos casos de demandas que requieren de una respuesta rápida, y
cuyo trámite retardado puede generar una notoria reducción de consenso
por parte de la ciudadanía respecto al poder político. Puesto que no es
posible presentar "recetas generales", corresponderá especificar en las
distintas esferas de gobierno el equilibrio adecuado entre decisiones
rápidas, que no deberían pasar por el dilatado trámite de la consulta
múltiple para garantizar su impacto eficaz, y aquellas decisiones que
requieren de la deliberación participativa de los actores potencialmente
involucrados.
Pero también es necesario que las instituciones clásicas de la democracia
representativa sean "complementadas" con una serie de esquemas de
agregación de intereses, de mecanismos de toma de decisiones, de
acuerdos y pactos que doten al gobierno, a los grupos estratégicos y a los
propios ciudadanos, de instrumentos eficaces y legítimos de intervención
política en los problemas de la sociedad. Si bien en cualquier sociedad
compleja un sistema de partidos fuerte, competitivo, estable -es decir, el
corazón indispensable de toda democracia- es una via insoslayable de
comunicación entre el Estado y los ciudadanos, no debe creerse que la
existencia de ese sistema de partidos basta por sí solo para garantizar
niveles adecuados de gobernabilidad. Naturalmente, tampoco vale lo
contrario, es decir, gobernar privilegiando los factores reales de poder
(corporaciones, empresarios, sindicatos, etc.), a espaldas de una
ciudadanía que muestra crecientes niveles de activación, de capacidad
organizativa y eventualmente, de veto decisional. Por tal razón, es
necesario hallar una combinación entre un sistema de partidos fuertes,
representativos y con orientaciones programáticas -y no meramente
reivindicativas-, y un conjunto de acuerdos y canales de comunicación en
otros ámbitos de la vida social que trasciendan el marco específico de las
instituciones "clásicas" de la democracia.
De este modo, al pensar en las condiciones para una adecuada
"gobernabilidad democrática", es preciso entender que las instituciones
propias de la democracia representativa -partidos, división de poderes,
elecciones- constituyen una porción del problema de la gobernabilidad,
pero no bastan para garantizarla. No sólo por el hecho de que en las
sociedades complejas interactúan actores diversos en ámbitos políticos
cada vez más diferenciados, sino también porque elementos como el
manejo eficaz de la economía o la promoción del bienestar trascienden,
por fuerza, la vigencia de las instituciones democráticas en cuanto tales.
5. UNA AGENDA INSTITUCIONAL PARA LA GOBERNABILIDAD
DEMOCRÁTICA
a) La garantía del orden público.
La gobernabilidad supone una reconocida capacidad del gobierno para
mantener o restaurar rápidamente el orden público, hacer cumplir la ley y
hacer acatar las políticas gubernamentales. Sin embargo, la proliferación
de delitos comunes y la vinculación entre las dependencias del Estado y el
crimen organizado, en particular ligado al narcotráfico, han generado
durante los últimos años en las sociedades latinoamericanas una creciente
inseguridad ciudadana. En tal sentido, las exigencias de una
gobernabilidad democrática nos obligan a buscar un equilibrio entre
eficacia gubernamental y control ciudadano. Así, es preciso dotar al
gobierno de herramientas ágiles y eficientes para combatir el delito, pero
también es necesario desarrollar mecanismos institucionales, entre los
que se destacan la conformación de un Poder Judicial ágil e
independiente, para impedir que la acción de los servicios de seguridad y
las flíerzas del orden se desnaturalice por los cauces de la conducta
arbitraria y la impunidad.
b) La redefinición del esquema de relaciones entre Estado, mercado y
sociedad civil.
El mantenimiento de adecuadas condiciones de gobernabilidad depende
en alto grado de la capacidad del gobierno para llevar adelante una
gestión eficaz de la economía y una satisfactoria promoción del bienestar
social. La experiencia histórica indica que la democracia funciona mejor
cuando hay un aumento gradual, pero relativamente constante, del
bienestar económico de la sociedad. En consecuencia, el control de
variables macroeconómicas, la promoción del desarrollo y la distribución
del ingreso, considerando cuidadosamente los efectos del crecimiento
sobre el agotamiento de los recursos y la contaminación ambiental, han
de tener la más alta prioridad en las agendas de las democracias.
Desde esta perspectiva, dos desafíos cruciales parecen presentarse para la
gobernabilidad democrática: la lucha contra la pobreza y la vinculación
con una ciudadanía cada vez más diferenciada en sus demandas y
aspiraciones. En particular, y de manera más urgente, se hace evidente la
necesidad de políticas sociales más activas, destinadas a contrarrestar los
efectos negativos de la crisis de los años ochenta, y de los ajustes y
sobreajustes posteriores. Como es sabido, estos ajustes se han traducido
en desocupación y subocupación, deterioro de los servicios sociales, y
degradación general en las condiciones de educación, salud, vivienda,
trabajo y cultura, entre otros aspectos.
En tal sentido, se hace necesario fortalecer al Estado a fin de que pueda
contar con los recursos necesarios para asumir una eficaz "gerencia
pública del desarrollo social"; una gerencia capaz de diseñar y poner en
práctica políticas sociales que alcancen a los sectores tradicionalmente
postergados y a aquellos que han sido marginados por los procesos de
ajuste. Lo anterior implica la rearticulación orgánica entre las políticas
económicas y las sociales, la mayor participación de las comunidades
asistidas por los programas sociales, la descentralización de las políticas,
así como la incorporación de las organizaciones no gubernamentales para
su más eficiente ejecución, y la formación sistemática de gerentes
sociales.26
c) Fortalecimiento de las instituciones del liderazgo político.
El flujo eficaz y legitimado de las decisiones políticas, en las sociedades
democráticas modernas, requiere del equilibrio y el fortalecimiento de las
instituciones de liderazgo, tanto en el nivel del Poder Legislativo como del
Poder Ejecutivo. Si el Congreso tiene que desempeñar un papel de
gobierno efectivo, distinto del papel crítico y de oposición, habría de ser
capaz de formular metas generales, determinar prioridades e iniciar
programas, con base en mayorías estables y consistentes. Por su parte, un
Poder Ejecutivo con capacidad operativa es esencial para una conducción
efectiva de la política externa, el control de la burocracia y el
establecimiento de metas generales y de política. El Poder Ejecutivo tiene
la responsabilidad de asegurar la acción nacional en situaciones críticas de
política económica y externa. No puede asumir esa responsabilidad si está
amarrado por una cadena de restricciones y prohibiciones legislativas de
escaso significado. Las restricciones legislativas sobre el Poder Ejecutivo
deberían ser juzgadas siempre bajo la siguiente pregunta: ¿si el presidente
no ejerce ese poder, quién lo hará? Si el Congreso puede ejercer
eficazmente esas responsabilidades, puede haber buenas razones para
restringir el poder del Ejecutivo. Pero debe cuidarse que cada restricción
al poder presidencial no se traduzca en un aumento abusivo del poder de
las dependencias burocráticas o de los grupos de interés privado.
Asimismo, es necesario instalar el debate democrático en el
procedimiento administrativo, para impedir el monopolio de la destreza
en la administración pública, y para restaurar algunas funciones del
Parlamento, dándole nueva capacidad y, por lo tanto, la posibilidad de
debatir en un mismo nivel con los funcionarios gubernamentales.
Una reforma general de la administración pública, y especialmente de su
sistema de decisión y operación regional y local, constituye un tema
central de la agenda de gobernabilidad de las democracias modernas.
d) Revigorización de los partidos políticos.
Los partidos políticos son indispensables para asegurar el debate abierto
sobre alternativas significativas, coadyuvar a la integración de intereses
dispersos y desarrollar líderes políticos. Pero para continuar realizando
estas funciones, los partidos tendrían que adaptarse a las cambiantes
necesidades e intereses de un electorado más educado, más exigente y,
en general, más sofisticado, que está menos dispuesto a comprometerse
ciega e irrevocablemente con un partido específico y sus candidatos.
Para cumplir adecuadamente con sus funciones un partido político debe,
por un lado, reflejar los intereses y necesidades de grandes fuerzas
sociales y de grupos de interés de la sociedad y, por otro, ser en alguna
medida independiente de los intereses particulares y tener capacidad de
agregarlos y sintetizarlos en compromisos más amplios, proponiendo
cursos de acción concretos respecto de los diversos problemas sociales.
Los cambios en la estructura del partido, membresía, liderazgo y
actividades, habrían de estar orientados hacia el incremento de su
habilidad para realizar estas dos conflictivas pero indispensables
funciones. En particular, en el marco de un ambiente altamente complejo
y cargado de información, los partidos han de servir de ayuda para
percibir el mundo, interpretar los acontecimientos, seleccionar y filtrar la
información y simplificar alternativas.
e) Refuncionalización de los mecanismos de representación.
Es sabido que no existe un sistema electoral "óptimo", y que la
combinación entre principios de representación (mayoritario y
proporcional) e instrumentos de configuración del sistema (diseño de las
circunscripciones, umbrales de representación y fórmulas específicas de
asignación de escaños) impactan de manera diferencial en la
configuración del sistema de partidos y la conformación del gobierno.27 Si
bien la elección de un sistema por sobre otro ha de ser evaluada en el
contexto concreto de la relación entre Estado y sociedad, desde la óptica
de este trabajo creemos conveniente destacar la necesidad de conformar
opciones partidarias sólidas, que eviten la dispersión electoral, y mayorías
legislativas consistentes, que superen los peligros de una excesiva
fragmentación.
6. CONCLUSIONES
Gobernabilidad y democracia son dos ámbitos que no necesariamente
concurren; de hecho, las reflexiones sobre una y otra tienen trayectorias
que sólo en ciertos casos han coincidido, revelando así las tensiones que
rodean su relación.
No obstante, pensar en la gobernabilidad al margen de lá democracia,
estimula el germen del autoritarismo en aras, en el mejor de los casos, del
gobierno eficiente pero sin legitimidad ciudadana. De la misma manera,
postular la democracia sin considerar la gobernabilidad puede derivar en
situaciones de inestabilidad política. Por estas razones, es pertinente la
reflexión simultánea en torno a la gobernabilidad democrática y a la
democracia gobernable. Con ello se alude a dos niveles fundamentales de
la política: los procesos democráticos para la conformación de gobiernos
legítimos y el ejercicio gubernamental eficiente con vocación de servicio
ciudadano.
7. REFERENCIA BIBLIOGRAFICA
Bobbio, Norberto, "Democracia e ingobernabilidad", en Liberalismo
y Democracia, FCE (1985), México, 1991.
El Futuro de la Democracia, FCE (1984), México, 1986.
La Teoría de las Formas de Gobierno en la Historia del Pensamiento
Político, FCE (1976), México, 1989.