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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 40, primer
semestre 2014, pp. 164-168
Carolina Carman, Los orígenes del Museo Histórico Nacional. Buenos Aires, Prometeo
Libros, 2013. 237 páginas.
Desde mediados de la década de 1990 los especialistas vienen analizando, a partir
de perspectivas diferentes, la disposición de aunar voluntades para diseñar museos, erigir
monumentos o establecer espacios dispuestos especialmente a fin de recordar, exaltar,
celebrar o repudiar actuaciones individuales, procesos políticos o acontecimientos de la
historia reciente1. Pero los modos en que se fueron formulando, articulando y
materializando esas voluntades durante el siglo XIX y la primeras décadas del XX, se
encuentran todavía poco explorados, a excepción de los estudios centrados de manera
específica en los dispositivos conmemorativos organizados en el marco del centenario de
la Revolución de Mayo2.
Resultado de su Tesis de Licenciatura defendida en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos Aires en el año 2010, y de su experiencia como
investigadora del Museo Histórico Nacional (MHN), el libro de Carman es el primer
estudio empírico que reconstruye los orígenes de esta institución. El hecho de que la
autora sea investigadora “dentro y fuera” del Museo suscitó que las preguntas que
inspiraban el libro se gestaran en sus salones y depósitos, en el contacto con los archivos
1 Para un balance sobre la relevancia que adoptaron en la agenda historiográfica local de las últimas
décadas las cuestiones vinculadas a la producción y el poder de la memoria, ver Alejandro Cattaruzza, “Las
representaciones del pasado: historia y memoria” y los comentarios posteriores de Gerardo Caetano,
Alejandro Eujanian, Adrián Gorelik y Hugo Vezzetti, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera Serie, nro. 33, 2° semestre del 2010, pp. 155-192. Sobre la
producción de espacios de recuerdo y conmemoración sobre acontecimientos de la historia reciente ver los
estudios de Elisabeth Jelin.
2 Para la segunda mitad del siglo XIX, Lilia Ana Bertoni, Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas. La
construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX, Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 2001. También, Waldo Ansaldi, “Las prácticas sociales de la conmemoración en la Córdoba de
la modernización, 1880-1914”, en Sociedad, nro. 8, Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales,
Universidad de Buenos Aires, abril de 2006, pp. 95-127. Para la década de 1930, Federico Finchelstein,
Fascismo, liturgia e imaginario. El mito del General Uriburu y la Argentina nacionalista. Buenos Aires,
Fondo de Cultura Económica, 2002.
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y las colecciones, pero, a su vez, que pudieran ser contrastadas, discutidas y enriquecidas
con las herramientas teóricas y metodológicas propias de la investigación académica. Las
condiciones de producción del libro, entonces, constituyen un síntoma del estado de
desarrollo local del campo de investigación abocado a la instalación de museos históricos
y su relación con el campo historiográfico.
El surgimiento de estos intereses por parte de las nuevas generaciones de
historiadores se vincula ciertamente con la amplitud y fertilidad de la producción
historiográfica internacional, sobre todo de impronta francesa, sobre los agentes que
modelan la memoria histórica de una sociedad; además, con las particularidades de la
historiografía argentina que, en los últimos veinte años, refinó el conocimiento disponible
acerca de los itinerarios del campo historiográfico, y amplió notablemente la gama de
territorios a ser explorados a la hora de reconstruir los procesos de construcción de la
memoria: desde la propaganda política y los calendarios patrióticos hasta las políticas de
urbanización, las técnicas y la producción arquitectónica. Sin embargo, quizás respondan
también a las singularidades de esta última década, atravesada por innumerables debates
acerca de las complejas interrelaciones entre el Estado, las voluntades de los funcionarios
de gobierno, los intelectuales, los historiadores y los demás sectores de la sociedad civil
en la promoción y concreción de iniciativas culturales vinculadas a la producción
historiográfica y la enseñanza y divulgación de la historia y la memoria. Algunos de estos
problemas son justamente los ejes que estructuran el libro de Carman, cuyo objeto de
estudio se sitúa sin embargo en las últimas décadas del siglo XIX.
Concretamente la investigación se ocupa de la relación entre el MHN, el Estado y
el poder político entre el año 1889, cuando se promulgó el decreto disponiendo la
formación de una comisión encargada de “crear un museo nacional”, y 1897, cuando el
MHN se instaló en su sede actual en Parque Lezama. El capítulo 1, “La fundación del
Museo Histórico de la Capital”, explora las trayectorias de las personas nombradas por el
Intendente Municipal para organizar un museo histórico, destacando sus actuaciones en el
ámbito público y privado. Luego, centra la atención en Adolfo P. Carranza, director del
Museo desde 1890, reconstruyendo aspectos de su biografía, de sus aficiones personales
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y de las prácticas de su familia como parte de la clase dirigente, para explicar de qué
modo Carranza fue involucrándose en la organización del museo. El capítulo 2, “El
museo en marcha”, está centrado en la puesta en funcionamiento de la institución: las
estrategias a las que apeló su director para formar las primeras colecciones, armar
exhibiciones, editar catálogos y convocar al público; la respuesta de los donantes y las
tensiones entre el museo como institución pública y el gobierno municipal que debía
financiarla. El capítulo 3, “Del municipio de Buenos Aires al Estado Nacional”, analiza
las implicancias materiales y simbólicas del pasaje del museo desde el ámbito municipal
al nacional en 1891: rastrea la existencia de prácticas de donación y recolección de
objetos de interés histórico antes de la organización del museo, y muestra de qué manera
su nacionalización legitimó las aspiraciones de su director de reunir los objetos existentes
en las provincias en un “museo nacional” con sede en Buenos Aires. El capítulo 4,
“Problemáticas económicas y edilicias del MHN”, explora las dificultades que signaron
su funcionamiento durante sus primeros años a causa del escaso presupuesto destinado
por el Estado Nacional. Finalmente, los dos últimos capítulos están centrados en el
proceso de formación de colecciones. El capítulo 5 da cuenta de las donaciones más
importantes recibidas por el MHN, su lugar de procedencia, el rol desempeñado por los
coleccionistas y por donantes ocasionales, y la manera en que se imbricaban las prácticas
de donación en las complejas redes de circulación, compra y venta de objetos. El capítulo
6 indaga sobre la relación entre los objetos donados, adquiridos o solicitados por el
director y los intereses de los historiadores, otorgándole un lugar relevante a la pintura de
temas históricos.
La base de sustento de esta minuciosa reconstrucción es el Fondo Adolfo Pedro
Carranza perteneciente al Archivo Histórico del MHN, hasta el momento inexplorado de
manera sistemática: se trata de un conjunto de fuentes primarias integrado por
documentos públicos vinculados a la administración del MHN (libros de notas,
donaciones, registros, memorias, catálogos) y documentación privada producida por su
director (diario personal, manuscritos y correspondencia de diverso tipo).
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Los orígenes del Museo Histórico Nacional recupera, entonces, la historia de las
estrategias desplegadas por algunos integrantes de la alta sociedad porteña en su afán de
sumar apoyos políticos y recursos económicos para instalar un museo que les proveería
de cierto grado de reconocimiento social. Carman muestra de qué manera, como miembro
de esa élite letrada y descendiente del patriciado porteño con actuación en el proceso
independentista, Carranza se involucró personalmente en la búsqueda de esos consensos.
En este sentido, el libro dialoga con un estudio anterior que, desde perspectivas teóricas y
metodológicas similares, demostró cómo, décadas después, otros hombres de la élite
legitimaron sus lazos de pertenencia con los ascendientes hispanos y las tradiciones
coloniales mediante la instalación del Museo Histórico y Colonial de la Provincia de
Buenos Aires3. El libro dialoga también con otras líneas de investigación que, desde la
Historia de la Ciencia y la Historia del Arte, hace años se vienen ocupando de las
prácticas de los coleccionistas, la organización de museos y espacios expositivos. Al
retomar estas contribuciones, Carman se permite analizar el surgimiento y desarrollo del
MHN en perspectiva comparada con otras instituciones de la época, detectar problemas
comunes y, al mismo tiempo, explorar las particularidades vinculadas a las prácticas
específicas de la historia como saber disciplinar. Por otro lado, discute con las
interpretaciones que asocian la organización del MHN a los dispositivos promovidos por
las elites en el marco de un Estado lanzado a la construcción de un programa nacionalista.
En la introducción Carman plantea lo problemático de estas argumentaciones dado que,
en la década de 1880, el Estado era una entidad compleja, que incluía ámbitos ya
consolidados y otros en proceso de construcción. La detallada reconstrucción que ofrecen
los capítulos corrobora estos argumentos, y sostiene la hipótesis principal: que el aparato
del Estado aportó recursos materiales, políticos y simbólicos en la formación del MHN,
pero que fue un puñado de voluntades surgidas del ámbito privado las que lo llevaron
adelante. El MHN se desarrolló, entonces, en una laxa frontera entre los ámbitos público
y privado, y su relación con el aparto del Estado estuvo atravesada por diversas tensiones
(p. 21). Para enfatizar este aspecto, en la conclusión la autora afirma que el MHN no fue
una iniciativa estatal (p. 222). Sin embargo, al plantearlo de modo tan enfático, pareciera
resultar que, a pesar de los enunciados, cuesta analizar un Estado en proceso formativo.
3 María Elida Blasco, Un museo para la colonia. El Museo Histórico y Colonial de Luján, 1918-1930,
Rosario, Prohistoria, 2011.
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Dicho de otro modo: cabría preguntarse si podría haber sido una iniciativa estatal, cuando
el mayor mecanismo para la construcción identitaria estaba vinculado a la
implementación de la Ley de Educación Común, sancionada en 1884 -apenas cinco años
antes de la creación del MHN-, y aún faltaba una década para la implementación del
Servicio Militar Obligatorio. En este punto, quizás, el problema central radique en lo
ambicioso del objetivo de Carman -explorar la relación entre el MHN, el Estado y el
poder político la Argentina de fines del siglo XIX-, dado que un análisis de esta índole
excedería la exploración empírica del caso.
En síntesis, el libro es altamente meritorio y su riqueza es doble. Por un lado,
constituye una de las primeras investigaciones empíricas de referencia dentro del
incipiente campo de estudios local en el que se inscribe, y por lo tanto deja abierto un
interesante territorio a ser explorado en el futuro. Por otro lado, interpela a áreas de
investigación mucho más amplias, ocupadas tanto del funcionamiento del Estado y las
élites como de las prácticas y mecanismos mediante los cuales se fueron constituyendo
acciones e iniciativas culturales. En este sentido, las fronteras imprecisas entre lo público
y lo privado, y la primacía de las iniciativas particulares que, según Carman, marcaron la
historia de la formación del MHN, estarían invitando a pensar, entre otras cosas, si se
trata de características vinculadas sólo a la instalación de museos o si, en cambio, se trata
de prácticas generalizadas que afectaron –o afectan- al conjunto de acciones vinculadas a
la promoción de la cultura desde el Estado.
María Elida Blasco
CONICET / Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”