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Millan Puelles. Fundamentos de Filosofía. Cap 1

El capítulo primero de la obra de Millán Puelles, Fundamentos de Filosofía. Este capítulo es sobre el concepto de la filosofía. Décima edición.

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CAP{TULO PRIMERO EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA 1. La definicién nominal de la filosofia Es una observacién comiin la de que el verdadero conocimien- to de las cosas slo se logra con la experiencia de su frecuente trato, cuando hemos legado a adquirir con ellas una cierta con- naturalidad, por la que efectiva y propiamente se realiza su per- sonal asimilacién, Esto, que en general acontece en todo orden de asuntos, vale, de una manera especial, para la esfera de los ‘conocimientos cientificos, que son los mas dificiles de conseguir. Dé ah{ que la comprensién de la naturaleza y sentido de una ciencia sea mds un resultado tardio y reflexive —sobre la base de un previo cultivo de la misma—, que no una labor enteramente aptioristica y montada al Slo, pues, tras haber filosofado, y no de cualquier modo, sino de una manera insistente y tenaz, puede Hlegarse a la posesién de tuna idea auténtica, realmente vivida, de lo que es la filosofia. ‘Sin embargo, tan cierto como esto es que, sin una “idea previa” todo lo modesta que se quiera, de lo que es una determinada ac- tividad cientifica, se nos hace imposible acometerla, cualquiera que fig. ANTONIO MILLAN PUELLES sea el grado o la medida en que ello se intente !. De ahi la con- veniencia, en nuestro caso, de una inicial aprozimacién a la esencia del saber filoséfico. En general, toda definicién puede verificarse de una doble ma- nnera: como definicién nom como definicién real, segiin se atienda, respectivamente, a la palabra o nombre con que desig- amos a una cosa, 0 a la propia y formal constitucién, cya esen- cia se busca, de la cosa nombrada. La definicién nominal ofreee, acién de una palabra; en tanto que la definicion presiva de la esencia de una cosa. Conviene, pues, que antes de elucidar 1a nocién esencial de por otras voces més conocidas y de pareji nificaci6n. La definicién etimolégica es una especie de genealogia ver- bal; una cierta hermenéutica histérica de las palabras. La de la voz castellana “filosofia” no es otra que su procedencia de la latina philosophia, eco, a su vez, de la voz griega de andlogo sonido. El término griego ivcvia es un nombre abstracto, en cuya composicién interviene, junto a un término derivado de fica, en un sentido amplio, lo que en castella- tre vocablo —el de anzia—, cuyo eq) latino es el término sapientia, que traducimos por “‘sabiduria”. Bl estudio refleio sofia de Ia flosotia— idm entre ta verdadera vivencia y Ia. simple idea pre- Gant Monentey 1. Zaeaatera: Fundamentor de 194, 611 ie FL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA Filosofia es, ast, etimolégicamente, el amor 0 tendencia a la sa- biduria, Es explicable que la voz svzia aparezca en autores que no usaron el término compuesto. Pero el sentido de la palabra 2122 era muy amplio y comprensivo en sus origenes. HOMERO Ia em- pleaba para designar, en general, toda habilidad, destreza 0 téc- nica, tales como las que poseen los artesanos, los muisicos y los poetas. Hexovoro llama ovzé= a todo el que sobresale de los de- ‘més por la perfeccién y calidad de sus obras. Andlogo sentido tuvo fen sus comienzos el término aoztavis, antes de revestir la signifi- cacién peyorativa a que se hicieron, en buena parte, acreedores los intelectuales zaheridos por PLATON 2, Parece que fue HeR{ctiro quien por primera vez emple6 el término gécogns °. Hay una venerable tradicién que atribuye a PirhcoRAs la invencién del vocablo. Segiin esta tradiciSn, cuyos ms destacados promotores fueron, en la antigiiedad, C1ceR6N * y DiéceNes Laencio®, eran Iamados “sabios” cuantos se dedi- ‘eaban al conocimiento de las cosas divinas y humanas y de los corigenes y causas de todos los hechos; pero Prrkcoras, habiendo sido interrogado acerca de su oficio, respondié que no sabia nin- ‘in arte, sino que era, wente, fil6sofo; y comparando la vida humana a las fiestas olfmpicas, a las que unos concurrian por fl negocio, otros para participar en los juegos, y los menos, en fin, por el puro placer de ver el especticulo, venia a coneluir que s6lo éstos eran los filésofos. La autenticidad de este relato, uno de los més bellos t6pi- os de nuestra cultura, ha sido discutida por Ia moderna critica *; + Con ese término fueron designados los “ —tegin Jenoronre— también lor De ciaror. phitosoph, vits. (edi. Dioov), * ‘Segiin Kiva (Allgem. Handw.. der. philos. felato procede de un escrito perdido sp)» le ANTONIO MILLAN PUELLES mas la anécdota vale en cualquier caso como emblema del noble y desinteresado affin que conduce a la biisqueda del El verbo “filosofar quien atribuye a Cre ‘ofdo que, por el placer recorrido, filosofando La EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA sabio, En rigor, la “modestia” socritica, por la que se concibe ser; Gnicamente la filosofia es natural y propiamente humana. Esta version de la filosofia como vislumbre de algo que no Iega a alcanzarse por completo —como un remoto Sabiduria— es la més honda significacién de la aludida. Trétase, ‘pues, no de la misma sabiduri del reflejo o participacién de ella, que al hor es posible conseguir. De tal suerte, por tanto, que lo que este saber tiene de “humano”, le falta de “saber”, y es asi, esencialmente, una tensién, més que una posesién o un verdadero logro ®, Nuestra lengua carece de una correspondencia sinon{mica es enguaje comin sean més bier las resonancias practicas y las acep- ciones concretas, que no los contenidos puramente tedricos de ‘esas concepciones. Por su especial tre ellas el antiguo estoicism Ja moderna corriente positivista. * En Ia docta ignorantia, de Nicouss oe Cusa, y en algunas formulas ‘el “problematicismo filosstico” y de Ia cial aspecto negative que ya en su origen muestra el flosofar. (Valgan, ppecuvamente, N. Harms y K. Tasrens como: los més desttcadot owe ANTONIO MILLAN PUELLES La huella del estoicismo se advierte en nuestra Jengua en los firos y términos que expresan una idea de la filosofia como ac- cual la sabidurfa, més que un tuye un-estilo y un tono existencial. En su virtud, es fildsofo sélo aquel que “sabe” conservar el dominio de si mismo, tanto en el éxito como en el infortunio; el que mantiene imperturbable el nimo en cualquier ocasién. “Tomar las cosas con filosofia” es luna frase que se deriva de esta actitud; 1o mismo que el empleo de nuestro término como sinénimo de “calma” y de “paci y aun de una cierta idea, no exenta de ironfa en ocasiones, de ia. La filosofia es, asi, mera sabiduria del siglo, por oposicién a la teologia de la fe, que se ampara en el dato revelado. Es verdaderamente notable la riqueza que tiene nues- tra lengua en vocablos de origen escolistico y de la més clara intencionada acepcién metafisica. Pero la misma idea del saber jiende, no es traducida siem- pre con el mismo acierto; en ocasiones se la designa denomi- nando al todo por la parte, como cuando se la hace equivalente tre abolengo en la Escuela, sélo designa una especial vi aun en este sentido no se mantiene puro en nuestro idioma, que se halla en una cierta promiscuidad con las ya mencionadas resonancias estoicas; etc. En general, no obstante, y como fruto ¥ presencia de la concepcién escoléstica, la voz “filosofia” se toma EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA fen castellano como designativa de la suprema ciencia natural hu- ‘mana. Por ultimo, el “positivismo” ha dejado su huella en este género de slnonimias a través de la idea peyorativa, que, respec- to primero de la metafisica y més tarde de Ia filosoffa en gene- ral, estuvo en boga en el pasado siglo. Asi, es frecuente utilizar el término “filosofia” para expresar todo lo que parece una “‘elu- ‘cubracién sin fundamento”, una “mera abstraccién” o hasta una “Jogomaquia”. Es muy curioso el uso del plural para estas acep- cciones; algo parecido a lo que acontece con el término “historia”. El “dejarse de historias” y el “todo eso son puras filosofias” ‘constituyen dos dichos tépicamente ejemplares. Independiente del positivismo, aunque a veces mezclada con 4, existe en castellano una acepciGn del término “filésofo”, que significa, en general, todo hombre abstrafdo y, por lo mismo, des- preocupado de las més inmediatas y urgentes realidades. Que no se trata siempre de una acepcién despectiva, pruébalo el hecho de que con frecuenci bio distrafdo” es objeto més bien de una benévola y complaciente hilaridad, La anécdota de TALES DE ‘MiteTo, quien por ir contemplando las estrellas se precipit6 en un pozo, es més risuefia que moralizante. 2. El problema de la definicién real del saber filosdfico Las anteriores consideraciones sobre el doble valor, etimol6- gico y sinonimico, de la palabra “filosofia” tienen una innegable utilidad para la aclaracién del respectivo concepto. Pero no bas- tan para perfilarlo integramente. Mas bien, por el contrario, es timulan y urgen la conveniencia de una definiciSn real. Esta defi- nicién es, sin embargo, uno de los mas graves y esenciales pro- blemas de la filosofia. No existe una definicién de la filosofia en la que todos los, filésofos estén de acuerdo; cada sistema —en ocasiones, cada aS ANTONIO MILLAN PUELLES pensador— propone una distinta, y, por lo menos aparentemen- te, no es posible integrarla en un concepto arméni Hasta cierto punto es comprensible estado de cosas ocasiona. La manera mi de proceder frente a nuestro problema es mente, en retroceder ante el obsticulo y “devaneo” filoséfico. Pero, en rigor, la mism teada con toda su agudeza, es un 6ptimo punto de partida para egar a una solucién satisfactoria. Es el caso que cada una de las definiciones que se han dado de la filosofia aspira a ser tenida como la tinica exclusivamente valida; de la misma manera que cada sistema filos6fico pretende fexcluir a todos los demés. El especticulo de las pugnas filosé- cas suele ser, sin embargo, contemplado de una manera harto su- en la consideracién de tales antagonismos. No existen diversas partes en contienda no persiguen un mismo cuyas diferencias especificas discrepan entre sf en la medida en que intentan monopolizar el mismo género a que pertenecen. Para correr toda la serie de las defini 1 contrario, asumir una perspect Séfico, en efecto, acusa siempre a otro de ssas (0 de ambas a la vez): falta de completa de estas dos co- falta de entera EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA profundidad. De forma que un sistema filossfico surge frente a los otros para remediar uno (0 10s dos) de los mencionados de- fectos. ‘Aqui es, precisamente, donde cobr versidad de los sistemas y de las d la realidad entera 1o que, como tal, rentes filosoffas, cada una en el modo de su respect I ene tl eatincrcatnlfeaidacd Tos sete less ficos. $i éstos se limitasen a un determinado departamento 0 sector de Ia realidad, las consideraciones que arriba se hicieron fécilmen- te se hubieran percibido. Interpretaciones tan distintas y opuestas, sistemas tan apar- tados unos de otros, como sin duda son los filosdficos, sélo pue- la realidad total y_radic la medida en que una y implican y complementan, por la filosofia. La divulgada definicién segiin Ja cual Ia filosofia es la ciencia de todos los seres por sus cau- a5 tltimas, y que se adquiere por la luz natural de fuera de ser discutible en algiin punto o matiz accidents con amplitud, en su primera parte, la fundamental coincidencia genética de todos los sistemas y todas las definiciones de la filo- sofia. Como ya etimolégicamente se observ6, la filosoffa es biisque- da de la sabiduria. Amar a ésta es, como decia PLATO, algo in- termedio entre poseerla y no poseerla. De este saber que se in- tenta puede hablarse, por tanto, en dos sentidos. En un sentido ANTONIO MILLAN PUELLES taciones y logros sucesivos, va adentrindose y cumpliéndose en Ja misma filosofia. La filosofia es una ipacién humana de la “sat ideal". El fondo comiin en el que coinciden todas las de ¥ todos los sistemas de la filosofia es el objeto mismo de la sabi- duria. La diversidad de las definiciones y de los sistemas afecta, ues, no ala nocién ultima de ésta, sino tan s6lo a las que inten- tan esquematizar el contenido de los resultados —forzosamente parciales— de su bisqueda. Mas como quiera que la filosoffa es una participacién de la sabidurfa, puede y debe ser definida de la misma manera en que se define su meta y prototipo ideal, con la esencial restriccién de ‘que se trata de algo humano e in fieri. Esta restriccién permite comprender toda la diversidad de sus logros y deficiencias. La dificultad que al principio plantedbamos es perfectamente retor- ible. Definir es poner limites a una cosa, delimitarla, circunscri- bitla. La inexistencia de una definicién de la filosofia, unida a su mismo reverso —a saber, la pluralidad de las definiciones del sa- ber filoséfico—, demuestra justamente que tenemos que habérnos- Jas con un objeto que de algiin modo escapa a toda definicin. La trascendencia de la filosofia a todas sus definiciones no debe ser entendida como una absol idad de definirla o de saber lo que es, sino como la imaposibilidad de conocerla de otro modo que no sea por referencia a la meta ideal, nunca alcanza- da, que constituye la sabiduria. Dicho de otra manera: la imposi- bilidad de que se trata es la de circunscribir ta filosofia a sus parciales realizaciones. Y en este mismo sentido también hay que afiadir que te satisfecha con sus result los. va contra laa lo definido mediante dos elementos: uno co- nero. y especie. El “hombre”, por ejemplo, se aa EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA Definir la filosofia por sus realizaciones parciales es colocar el todo bajo la parte. Definirla por cualquier otra cosa que no sea Ja misma referencia a la sabiduria es desconocer su cardcter de conocimiento humano supremo *, i, una sabiduria participada, sapientia huma- la definicién que antes se consigné anteponia- mos la palabra “ciencia” a todas las dems de la formula, no se pretendia colocar el saber filoséfico nominadas particulares, sino al sabiduria, ciencia suprema y ultima, se nos presenta como privativa del hombre, en tanto q T6TELES— no buscar una ciencia a la que puede aspirar” #, Y el mismo filésofo sostiene que, “a pesar de no ser més que hombres, no debemos limitarnos, como algunos pretenden, a los conocimien- tos y sentimientos exclusivamente humanos, ni reducirnos, porque seamos mortales, a una condicién mortal; es menester, por el con- trario, que, en lo que depende de nosotros, superemos los limites de nuestra condicin mortal y nos esforcemos por vivir conforme a Jo mejor que en nosotros existe”, Puede darse, por tanto, esta definicién de la filosofia: sabi- duria humana, En ella lo que habria de hm ANTONIO MILLAN PUELLES corresponderia a la diferencia especifica se encuentra reemplazado ‘Por una limitacién y restriccién del concepto de la sabidurfa. Este ada, aminorada. La del hombre, cuyo entendimiento es progre- sivo, constituye una sabiduria a la que afecta necesatiamente el ccaricter de hi frente a la inmutable sabiduria divina, que se levanta por encima del tiempo. Conviene reparar en el carécter “formal” de esta definicién de la flosofia. No es posible forjar un concepto que, de una ma- ido y Ia direceién’ propia definiciones historicas da- , en cuanto tales, irreduc- tibles a una doctrina comin. Es un empefio vano el de conciliar Jas doctrinas de las miiltiples corrientes filosdficas, y tal empefio, ‘més que profundidad, revela una superficial comprensién de las sf recaban, cada cual a su modo. Contra esta forma de definir 1a flosoffa suele oponerse el re- paro d trata de algo sumamente vago, incapaz, por tan- que es propiamente Ia filosofia y lo que son, estantes saberes humanos. Esta objecién cobra 2 a partir de la época moderna, cuando las “cien- fan independizéndose del gran tronco comin ae EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA de Ia filosofia antigua y medieval. Cada una de estas ciencias no es también un “saber”? Y si ello es asi y la filosofia es, sim- plemente, sabidurfa humana, ze6mo se explica, por ejemplo, que nadie considere en ta actualidad a la quimica como una disciplina’ filosstica? Sin embargo, estas mismas preguntas ellas parece desprenderse no supuestos de que parten. Al que se han independizado det ¢s frecuente olvidar el hecho mismo de esa esc se en un “saber de totalidad”, intimamente conexo ido, es por lo que los varios saberes particulares, ya co- los antiguos, conservaban un sentido filosdfico. Lo s6fico” primordialmente con- jodo secundario saber— son Pero ocutre, ademds, que la filosofia sélo es entendida como sabiduria humana si de veras se advierte que, por set propia- mente saber, es un saber del ser. La sabiduria de que aqui habla- ‘mos no se contenta con meros fenémenos ni puras posibilidades, sino que pretende conocer Jo que realmente es; tende conocerlo con certeza y de un modo Jos puros fenémenos; 2%, que sea realmente escaso el nimero de los conocimientos que 1a integran, ya que, por una parte, lo esencial siempre es minimo, y por otra, sélo el mismo Ser puc- de tener un conocimiento adecuado y perfecto de lo que real- mente es. De esta manera, si se la compara con la sabiduria divina, se ‘os presenta s6lo como una sombra 0 reflejo de ella; mas si se age ANTONIO MILLAN PUELLES Ja confronta con lo que otras ciencias dicen constituir, fécilmente se advierte su eminencia, pues, aunque pobre en la cantidad, es, respecto de ellas, cualitativamente mas apetecible *, 3. El origen del filosofar No cabe duda de que el filosofar es imposible cuando las mis apremiantes necesidades comprometen al hombre, de una mane- ra prictica, en los concretos menesteres de la vida. Para que la actividad filosdfica tenga lugar se requiere una minima dosis de . El puro teorizar supone una y, en tanto que es una especie d mmpatible no slo con las i de todo quehacer pra preocupaciones que de hecho, un paréntesis en se realiza, tanto en la historia de la humanidad como en la sin- gular existencia de los individuos, cuando se dan las circunstancias necesarias para que el hombre pueda recogerse en la consideracién especulativa de las, Pero esto signi icamente que el ocio y sus supuestos naturales son una imprescindible condicién de la actividad filo- s6fica. Cudl sea el origen y la causa propia que, de una manera eficiente, se halla en la base de esta actividad, es, sin embargo, una ccuestiGn distinta. Con relacién a ella puede hablarse, en princi pulso radical o raiz de todo impulso humano hacia ati. EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA misma de lo que hace el origen del filosofar, pero se toca una dimensién humana sin la cual ese origen careceria completamente de sentido.) humana. Con esta tafisicos” del Esta, raleza al sat efectivamente, © perfeccionamient Jo que perfecciona y or el saber, en efecto, el entendimiento, que es de suyo inde- terminado y vacio, se puebla con dato cuya perfecta com- tomista—, entiende el 2. ‘methaphys. Arist, Lib. 1, . 1, leet. 1. ah ANTONIO MILLAN PUELLES encuentra, de una manera radical, en el hombre, o, si se quiere, que el hombre es radicalmente fildsofo. Cabe, por tanto, pregun- tarse ahora: zqué es preciso, de hecho, para que también lo sca mal? Tal es el tema de la mocién o impulso mo ella sea posible. Nos asombramos al darnos cuenta de algo de que no podemos dar cuenta. Conviene distinguir en la parad6jica estructura de la, admi- EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA do muy dificil su andlisis. Hay en la leetual y otro sentimental. Lo maravilloso, seduce nuestro int turba a la inteligencia. La adi no es tanto un admi 1 asombro viene a por primera operaci6n it rancia, arse inmersa en una especie de suelo, del que tinicamente la presencia de lo mist En ocasiones, la propia admiracion se detiene en su fase sentimental y parece cohi- Lo que acontece es que este réconocimiento no es plenamente efi- ceaz, porque se encuentra ahogado por una densa capa de sentimien- to admirativo. Sélo tiene vigencia cientifica la admiracién cuyo matiz intelectual logra imponerse, haciendo del reconocimiento de nuestra ignorancia un impulso que excite el natural deseo humano de saber. En la base de la teotfa platénico-aristotélica de ‘como principio del saber se halla la préctica de critica. La admiracién, como la ironfa que inspira a tantos logos platénicos, nos hace caer en la cuenta de nuestra propit norancia. S6cRATES hace admirarse a sus contempordneos de del saber cientifico. 5 la filosofia més que de iva. Sino tiene eficacia para mover aspiracién de la sabiduria, carece del definitivo valor intelectual. En todo caso, la admiracién es s6lo el principio de la actividad filoséfica. Esta no se limita a seiialar portentos ni a formular ae ANTONIO MILLAN PUELLES preguntas, sino que intenta explicar aq Jo que se nos vuelva problemdtico sea nues- idad, en una de sus mt precisamente como subjé atencién intelectual, favorecen, sin duda, la meditacién de los te- ‘mas antropol6gicos, aunque a través de ellos puedan alcanzar tuna virtualidad filos6fica mis amplia. La consideracién del tema la del fenémeno, profundamente humano, de la fa. Tan extremoso es, no obstante, circunscribir el campo de la admiracién a los solos problemas de la subjetividad humana, como entender que aquélla debe recaer tinicamente sobre los demés se- res. Y, por otra parte, es conveniente observar que la simple “vivencia”, por intensa que 5 situaciones que hemos con- siderado excepcionales 0 jas a los efectos de la admi- racién, no es filosofia, ni, siquiera, tampoco, admiracién que nos conduzca a ésta, mas que en el caso de que el factor intelectual, presente siempre en el verdadero asombro, tenga la suficiente Iu- cidez. y no esté perturbado por el predominio de los factores emo- ionales. La filosoffa no es una sensiblerfa ilustrada, ni la admi- seaitens EL CONCEPTO DE LA FILOSOFtA estado afectivo (mucho menos, una simple viven- burdo, de fingir repugnan¢ dencias. Y es muy n la auténtica vocacién por superficial complacen- luna actividad perfectamente el hombre préctico. Esta Por tanto, para jeciOn afecta especialmente a la parte como, por ejemplo, 1a psicologia y la diatas conexiones con lo que, en un sentid mético, se conviene en lamar “la realidad”, otra, en sustancia, que la de ta vida de n ‘eretas e inapelables urgencias, no slo quedaria fuera de Ia con- ‘sideracién més tipicamente filos6fica, sino que tampoco recibiria rningin provecho de ella. Hay ciertamente un punto de razin en todas estas conside- aciones. Ante todo, es verdad que la filosofia no se dirige a esa realidad as{ delimitada de una manera puramente pragmética. Me- jor dicho, no se refiere a ella, en ningin caso, de una forma prag- matica a su vez, Y es también necesario aiiadir —desde el punto de vista de los hechos— que, como quiera que el filosofar es una actividad esencialmente especulativa, no s6lo no se afana con esa Lesh i ANTONIO MILLAN PUELLES realidad, sino que positivamente hace que nos desentendamos 0 despreocupemos de ella, Esta siltima ién se presta, sin embargo, a un cierto equivoco, Es posible, en efecto, aprovecharla para asignar a la filosofia un sentido evasivo o de descanso con relacién 4 los em pelos y dificultades de la vida ordinaria. Mas todo ello, que efec- tivamente puede darse y hasta ser la raz6n ocasional del ejercicio de la actividad filos6fica, no es, sin embargo, su sentido esen~ cial. Por de pronto, es claro que lo mismo también puede obtener- tun modo més fécil e inmediato, recurriendo a otras formas de Henar el ocio; y aun cuando se admitiera que la filosofia es la més intensa, no se puede afirmar que esto constituya su sen- tido inmediato y directo, sino, a lo sumo, algo que realmente le acompaiia o sigue. En cualquier caso, es clara la Ja vida puramente pragmitica. Pero esto, en rigor, no es una verdadera acusacién, Lo seria, realmente, si el supremo valor fue- se la utilidad, Tal es, por cierto, el oculto prejuicio en que se basan quienes as{ pretenden descalificar la filosofia. Es induda- ble que la utilidad constituye una especie 0 forma de valor. Mas no ¢5 la tinica, ni a més eminente; sino, precisamente, la més baja y precaria. Lo que es util —y en tanto que lo es— zo posee un valor absoluto; vale solamente en la medida en que sirve para algo, y este servicio lo subordina a aquello. mis- ‘mo que mediante él se obtiene. Lo util se comporta como. un medio, y es, pues, naturalmente inferior a su fin. De ahi que no sea apetecido por s{ mismo, sino —en tanto que itil— por sus resultados. El hecho, en suma, de que algo no sea util no significa, sin més, que no tenga valor; puede ocurrir que valga por s{ mismo. Solamente en el caso de que, no valiendo por s{ mismo, tampoco sirva para ningin fin, la acusacién de inutilidad seré expresiva Se cuenta que Ansxiconas sefalaba al cielo al asegurar que se pre ‘ccupaba por su patria, de la filosoffa para EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA de una real descalificacién. E inversamente: no realza a los seres més perfectos, sino que, al contratio, los deprime, el considerarlos tiles. En este sentido puede y debe decitse, por ejemplo, que Ja utilidad no debe ser atribuida a Dios, pues su ser no es un medio para ningtin ente, sino que todo ente se ordena al Ser Supremo como a su sltimo losofia no es propiamente des- ida porque de ella se diga que no es stil para la vida préc- Harfa falta también, para menospreciarla con derec! por s{ misma no ue la filosofia es justamente el saber mas apetecible por ‘mo. ARISTOTELES consideraba a la me cia libre” ( zheubipn gue el hombre, no por 4: de la vida préctica, para las cuales es realmente tun saber que es en s{ mismo la causa de su a ies; la que més se hace por sf misma, ya que, en la que menos tiene que ver con ningun provecho di- ferente del que, de una manera inmediata, lleva consigo su rea- =i Es importante, sin emba lidad préctica no es una abso como toda bisqueda o tendencia, tiene naturalmente un objetivo © fin. Cosa muy distinta acontece en el caso de la Sabiduria, Esta ya no es una tendencia, sino la misma plena posesin de aquello a lo que en definitiva esté ordenado el saber filoséfico. Al referirnos ahora a la finalidad de la filosoffa, lo hacemos desde un punto de vista intrinseco y esencial. Cabe también ha- bblar de otras “finalidades” de la actividad filoséfica, pero en un Sentido accidental impropio, Sin embargo, aun desde el punto \dvertir que la carencia de fina 1 ANTONIO MILLAN PUELLES ‘0. De la misma manera que en esa concepcién, muy generalizada, la filosofia tiene el derecho y el ‘objetivo. Esta manera de entender las cosas tiene una pretendida base ‘en la consideracién puramente superficial de la historia de la filo- sofia, y si se intenta justficar de una manera teérica, se ve en i forzada a incurrir en la contradiccién de apli- losofia” a una serie de cosas que no habrian y constante las miltiples los6fica. La pluralidad de fines -amente al plano accidental lidad siltima del saber filos6- a, Ia Verdad real, el mismo propio ser, que por na Ja verdad, neces EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA ‘cid humana; maximamente, de la filosofia. Pero no la indigen- ‘tro set, precisamente en tanto que ser, es potencial ¢ incomple- ‘to, constitutivamente pobre, pues nuestro entendimiento, por el ‘cual diferimos de los animales, no es una entidad que se baste ‘a si propia, sino que necesita de los dems seres para llenar su interna vaciedad. El conocimiento es, en rigor, una necesidad ‘humana; la necesidad que el hombre tiene de satu i por el hecho mismo de que 1 entendimiento humano no se limita a los fenémenos ni tam- "poco a un sector determinado de entes, sino que, por principio, tante su inutilidad para | necesidad humana. En la teoria platénica del Eros hay a su modo, de Penia, es un ente precario, a medias, indigente. Como hijo de Poros, sin embargo, es rico en expedientes y recursos para perfeccionar y completar su ser. Andlogamente, el hombre es un ‘ser precario; pero dispone de una capacidad de perfeccionamien- to, que remedia, a su modo, esa constitutiva imperfeccién. En tal sentido, pues, cabe decir que Ia filosoffa es el méximo arbitrio natural de que el hombre dispone para remediar su deficiencia en- titativa. Desde un punto de vista no esencial, puede también hablar- se de las “‘consecuencias” que el filosofar, como por una cierta esonancia, produce en nuestra vida. No son lo que define, de gee ANTONIO MILLAN PUELLES luna manera intrinseca y oseen una importante sig cexistencia humana, El ocuparse con los temas que afectan a las ultimidades de Ia existencia representa, de suyo, aunque sélo ‘meramente formal, trascender “sentido” de la filosofia; pero icacién en la economfa total de la forna sobre si. La forma mas frecuente de filosofar, Ia que en rigor no falta a ningin hombre, es la que consiste en preguntarse Por el sentido total de todo eso que hacemos y deshacemos en la faena de nuestra vida. Nuestro ser necesita aclararse el valor y io operar. ¥ al recogerse en la meditacién de estos temas, trasciende la dispersién de su diario vivir en el plano sensible y material y se libera, siquiera sea por un momento, det eso de nuestro cuerpo sobre la tierra. Mientras se filosofa, la tensiin del espititu se alza eminente- ‘mente sobre el estado de propensidn vegetativa y de an ‘due en ocasiones afecta a nuestro ser. Claro es que el ocio filosé- latitud completa de la vida humana, Pero jamés el ocio de to filosético venga infrahuma- jombre a una corresponde. leva nuestro ser hasta hacerle par. ticipe de la naturaleza Pero es indudable que mientras el hombre filosofa, su espititu, de ordinario vuelto a los sentides, se alza hacia Ias cosas trascendentes y se libera, a su modo, de la servidumbre de lo sensible 23, epne thfinel sentido de la concepceién platénica de ta flosotia. como vaya. (paritiescin) EL CONCEPTO DE LA FILOSOFIA nm + Suknez: ES: Filosofia fundamental. tox de Filosof MOLLER: Introduccion a la Filosofia; Pron Soc. Jesu Fac Pui. His: Philosophiae Scolasticae Summa; F. Pos. Ter]. KOsEL: Phil i OCKNER: Hegel-Le- L. Scurz: Thomas. ee

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