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El Peronismo y La Clase Trabajadora

Este documento resume las reacciones de la prensa y la elite porteña ante la masiva manifestación obrera del 17 de octubre de 1945 en apoyo a Perón. La movilización sorprendió por su carácter festivo y transgresor de las normas de comportamiento obrero tradicionales. La prensa opositora no reconoció a estos "descamisados" como auténticos obreros. Sin embargo, el documento explica que la manifestación representó la irrupción de los sectores populares hasta entonces invisibilizados, y fue

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El Peronismo y La Clase Trabajadora

Este documento resume las reacciones de la prensa y la elite porteña ante la masiva manifestación obrera del 17 de octubre de 1945 en apoyo a Perón. La movilización sorprendió por su carácter festivo y transgresor de las normas de comportamiento obrero tradicionales. La prensa opositora no reconoció a estos "descamisados" como auténticos obreros. Sin embargo, el documento explica que la manifestación representó la irrupción de los sectores populares hasta entonces invisibilizados, y fue

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El peronismo y la clase trabajadora

"Al contemplar las multitudes que ocuparon las calles de Buenos Aires el 3 de Julio de 1933
para despedir los restos del ex presidente Hipólito Yrigoyen, el escritor nacionalista Federico
Ibarguren formuló un sombrío vaticinio, recogido en su libro Breviario Político:

"El entierro de Yrigoyen llevado a cabo ayer me ha sugerido las siguientes reflexiones
personales. Fue un lúgubre candombe, extraordinariamente pintoresco a los ojos del
observador. Orgía de instintos, desde la superstición inverosímil hasta el fanatismo de todo
calibre. Tropa desatada de primitivos, turba sin origen. Parecía como si el espectáculo de la
muerte para aquella comparsa fuera una fiesta dionisíaca y ancestral [...] Lo que se puede decir
con certeza, después de ver el espectáculo de la turbamulta suelta en el entierro de Yrigoyen,
es que para el país se acerca, sin duda alguna, la hora de las masas."

Cuando el 17 de Octubre de 1945 la hora de las masas finalmente llegó de la mano de otro
caudillo popular, la sorpresa primero y la condena después dominaron la actitud del mundo
político porteño. La crónica de la movilización peronista se detuvo sobre detalles que
comportaban una ruptura respecto de lo que cabía esperar de una manifestación obrera; tal
fue el caso de La Capital del 18 de Octubre:

"La mayoría del público que desfiló en las más diversas columnas por las calles lo hacían en
mangas de camisa. Viose a hombres vestidos de gauchos y a mujeres de paisanas [...]
muchachos que transformaban las avenidas y plazas en pistas de patinaje, y hombres y
mujeres vestidos estrafalariamente, portando retratos de Perón, con flores y escarapelas
prendidas en sus ropas y afiches y carteles. Hombres a caballo y jóvenes en bicicleta,
ostentando vestimentas chillonas, cantaban estribillo y prorrumpían en gritos."

Todo en esta descripción, por lo demás bastante generalizada, apuntaba a resaltar cuánto
tenía de inesperado y a la vez de transgresor la multitud del 17 de Octubre. En lugar de
marchar encolumnados, entonando los tradicionales himnos de clase y siguiendo las reglas
tácitas del decoro proletario, los hombres y mujeres que venían de los suburbios avanzaban
sobre la Plaza de Mayo en medio de una atmósfera festiva y carnavalesca. Para La Vanguardia,
el periódico del partido socialista, éstos no podían ser auténticos obreros:

"Los obreros, tal como siempre se ha definido a nuestros hombres de trabajo, aquellos que
desde hace años han sostenido y sostienen sus organizaciones gremiales y sus luchas contra el
capital; los que sienten la dignidad de las funciones que cumplen y, a tono de ellas, en sus
distintas ideologías, como ciudadanos trabajan por el mejoramiento de las condiciones sociales
y políticas del país, no estaban ahí."

Según este periódico, era inconcebible que esa clase obrera diera el espectáculo de "una
horda, de una mascarada, de una balumba, que a veces degeneraba en murga". Y terminaba
preguntándose: "¿Qué obrero argentino actúa en una manifestación en demanda de sus
derechos como lo haría en un desfile de carnaval?" Respondiendo a esta pregunta retórica de
los comunistas, por su parte, se apresuraron a decretar desde las páginas de Orientación que
"los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron ayer las calles de la ciudad no
representaban a ninguna clase de la sociedad argentina"."

Juan Carlos Torre y Elisa Pastoriza. La democratización del bienestar en Torre Juan Carlos
(director) ( 2002) NHA. Tomo 8 Los años peronistas (1943 - 1955) Sudamericana: Bs.As.
"Las patas en la fuente" - 17 de Octubre de 1945

Esta serie de afirmaciones de los distintos medios escritos partidarios de la época son
compresibles si tenemos en cuenta algunas cuestiones. En un libro publicado en 1945,
Florencio Escardó había dicho que Buenos Aires era “una ciudad de raza blanca y de habla
española”. Afirmaba que no había negros, aindiados ni mulatos. Es “mucho más blanca
(blanquísima) que Nueva York” (1945: 18).

El historiador Félix Luna diría un cuarto de siglo después, que “lo más singular del 17 de
octubre fue la violenta y desnuda presentación de una nueva realidad humana […]. La ciudad
los vio con la misma aprensión con que vería a los marcianos” (1971: 273)

Y Martínez Estrada, uno de los ensayistas más famosos del país, escribió en 1956:

“El 17 de octubre Perón volcó a las calles céntricas de Buenos Aires un sedimento social que
nadie habría reconocido. Parecía una invasión de gentes de otro país, hablando otro idioma,
vistiendo trajes exóticos, y sin embargo era parte del pueblo argentino […]. Sentimos
escalofríos viéndolos desfilar en una verdadera horda silenciosa con carteles que amenazaban
con tomarse una revancha terrible“ (2005: 55-56).

Dijimos el lunes pasado al tratar de responder a la pregunta de por qué los obreros se hicieron
peronistas que, para poder comprender su atractivo político e ideológico, necesitamos saber
cuál era la situación de la clase trabajadora previa. Nos preguntamos cómo debíamos explicar
la base de la relación entre los trabajadores y sus organizaciones, y el movimiento obrero y es
Estado peronista. Pero además, cuál era el significado de la experiencia peronista para los
mismos trabajadores. ¿Era solo una respuesta a las dificultades económicas y la explotación de
clase?

Seguimos para pensar estas cuestiones el análisis que realiza el historiador Daniel James, cuyo
aporte consiste justamente en abordar esta problemática estudiando la conformación de
la identidad peronista. Sin negar la existencia de elementos paternalistas en el discurso de
Perón, James privilegia como atractivo ideológico, contrariamente a otras visiones sobre el
origen del peronismo, la apelación a una clase social autónoma, que debía seguir
organizándose y requerir al Estado la garantía de sus derechos. Y si bien sostiene que durante
sus gobiernos la figura de Perón se identificó con el Estado, la “ciudadanía social” perduraría
en el tiempo como elemento ideológico de la clase obrera y explicaría, en parte, sus
posteriores luchas. El logro de Perón en el despliegue de sus diversas formas discursivas habría
consistido, entonces, en articular y en resignificar elementos ideológicos del pensamiento de
los trabajadores, conformándose así la ideología peronista. En palabras de Ezequiel Sirlin: “Sin
menospreciar la importancia que tuvieron las reformas sociales llevadas a cabo por Perón
desde 1943, James entiende que la fortaleza y perdurabilidad del vínculo se deben a cómo el
discurso peronista llegó a tocar las 'fibras más sensibles' de esos trabajadores, transformando
el escepticismo en optimismo, la desunión en unión, el miedo vivido solitariamente en coraje
colectivo, los estigmas raciales en motivo de orgullo fraterno y nacional, la derrota en triunfo,
la inclinación en actitudes heréticas, la humillación en dignidad”, por ello es que en su discurso,
calificativos que hasta ese momento habían sido denigratorios, como el de “cabecita negra” o
“descamisado” “negro” o “negrada”, adquieren un nuevo sentido. A esto se refiere cuando
sostiene que el poder herético que el peronismo expresaba se reflejó en el empleo del
lenguaje. El peronismo adoptó el término e invirtió su significado simbólico, transformándolo
en afirmación del valor de la clase trabajadora. Un claro ejemplo es el término “descamisado”,
que aparece en la retórica oficial asociada a la figura de Eva Perón, su protectora. Este término
había sido utilizado por los antiperonistas como calificativo de los trabajadores que apoyaban a
Perón en las elecciones de 1946. La explícita connotación de inferioridad social, y por lo tanto
política y moral, se bajaba en un criterio de status que tomaba como signo del mismo la ropa
de trabajo, y lo presentaba como insignia evidente por sí misma de la inferioridad de la clase
trabajadora. El peronismo adoptó el término, invirtió su valor simbólico, y lo transformó en
afirmación del valor de la clase trabajadora. Al asociarlo a la figura de Evita, esa inversión se
magnifica.

Algo de ese significado social herético del que nos habla el autor, se mostró patente en la
movilización de la clase trabajadora del 17 de octubre. Las formas que asumió sugieren un
significado social más amplio que el solo reclamo por su líder depuesto. Como vimos en las
expresiones de la época con que comenzamos esta clase, esta manifestación de indiscutible
contenido político representó una subversión simbólica de los códigos de conducta, que se
relacionó también con el sitio donde se expresaba, esto es, con la jerarquía espacial. El
comportamiento de los obreros que se desplazaban desde los suburbios atravesando las zonas
más ricas, donde vivía la “gente decente” y el hecho de que culminara en la Plaza de Mayo,
que se encuentra justo enfrente de la Casa de Gobierno, fue por sí solo significativo. Incluso la
fotografía que ustedes ven más arriba, que muestra a los obreros arremangados y sentados en
los bordes de las fuentes de la plaza, con los pies en el agua, tiene un simbolismo que es fácil
de apreciar si se tiene en cuenta la reacción de la gente al verlos llegar, pero también la
incomodidad de los obreros cuando visitaban el sector céntrico en los años anteriores al
peronismo. Ese espíritu de irreverencia y esa redistribución del espacio público, característico
del 17 de octubre y de la campaña electoral siguiente, se manifiestan contra la autoridad
simbólica y las pretensiones de la élite argentina, pero también representan, a su vez, una
recuperación del orgullo y la autoestima de la clase trabajadora que, como dice James, aparece
sintetizada en la respuesta del obrero portuario: “con Perón todos éramos machos”.

Por último, no quiero dejar de hacer hincapié en los límites que para James presenta el legado
social peronista. Tengan en cuenta al analizar el período en toda su complejidad, que gran
parte de los esfuerzos del Estado peronista desde 1946 hasta 1955 pueden ser vistos como
intento por institucionalizar y controlar este desafío “herético” y por absorberlo en el seno del
Estado. Para James, considera bajo esta luz, “el peronismo fue en cierto sentido un
experimento social de desmovilización pasiva”. Veremos que dicen otros autores al respecto.
Pero si hay algo en lo que podemos estar de acuerdo, es que el propio Perón se refirió con
frecuencia a los peligros de las “masas desorganizadas” y en su situación ideal, los sindicatos
debían actuar en gran medida como instrumentos del Estado para movilizar y controlar a los
trabajadores a fin de que se conduzcan pacíficamente, aspecto cooptativo que queda reflejado
en la expresión: “De casa al trabajo y del trabajo a casa”.

Ahora sí, punto final. Lxs dejo con las lecturas para que puedan ampliar este pequeño análisis.
También les dejo a continuación, para aquellxs que les interese, el link al texto prometido:

Torre, Juan Carlos (2002) Introducción a los años peronistas  en Torre Juan Carlos (director)
NHA. Tomo 8. Los años peronistas (1943 - 1955). (recuerden que no son de lectura obligatoria).

También les dejo para este fin de semana complicado por la pandemia, una película que,
además de su valor como tal y de la historia que narra, puede ayudarlxs a graficar el contexto.
Por favor, quédense en sus casas disfrutando del cine y cuídandonos entre todxs:

- Juan y Eva  de Paula de Luque: Transcurre desde enero de 1944, cuando la pareja se conoce
en el festival de beneficencia por los damnificados del terremoto de San Juan, hasta el
emblemático 17 de octubre de 1945, luego de la liberación de Perón. Tanto el inicio como el
cierre de su historia no son casuales. Ese amor parece estar signado a parecerse a esos dos
acontecimientos que dejaron su huella, tal como ellos. De los escombros y la desunión, hasta el
alzamiento popular más contundente.  Dividida en tres secuencias: el amor, el odio y la
revolución, la película desarrolla en forma pareja cada una las distintas instancias que
atravesaron los personajes, dejando en claro el peso de un contexto. [Reseña extraída de la
página web El espectador imaginario (fragmento)]

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