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Cristología: Gestos y Palabras de Jesús

1) Jesús es el narrador y revelador del Padre. Al estar en comunión con el Padre, Jesús puede contar y mostrar la realidad de Dios de una manera continua en el presente. 2) Al narrar y revelar al Padre, Jesús usa gestos y palabras que permiten a los demás conocer a Dios, de la misma forma que el arte hace visible lo invisible. 3) Al seguir a Jesús, los discípulos pueden participar en la relación trinitaria y conocer a Dios a través de la vida y enseñanzas de

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Cristología: Gestos y Palabras de Jesús

1) Jesús es el narrador y revelador del Padre. Al estar en comunión con el Padre, Jesús puede contar y mostrar la realidad de Dios de una manera continua en el presente. 2) Al narrar y revelar al Padre, Jesús usa gestos y palabras que permiten a los demás conocer a Dios, de la misma forma que el arte hace visible lo invisible. 3) Al seguir a Jesús, los discípulos pueden participar en la relación trinitaria y conocer a Dios a través de la vida y enseñanzas de

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1

CONOCER, AMAR Y SEGUIR A JESÚS EL CRISTO

El presente trabajo aborda la CRISTOLOGÍA a partir de los gestos y las palabras de


Jesús que revelan su relación con el Padre en comunión con el Espíritu Santo. A este
respecto, descubriremos la participación de los discípulos en esta relación trinitaria abierta
por el Hijo. Nuestro interés es de reconocer una teologalidad latente en los gestos de Jesús.
Es decir, los gestos de Jesús narran, muestran y expresan (teatralidad) la realidad misma de
Dios Padre en su relación con nosotros. En los gestos de Jesús reposan y se muestran una
lógica divina. En fin, se trata de pensar una cristología en acto (del hacer – poiein) en el
horizonte de una poética del gesto que se descubre a través de la vida, los hechos, las
palabras y las expresiones de Jesús.

1/ Sensus Christi

Filipenses 2, 1-8: Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo Jesús.
El, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte
como hombre, se rebajó a sí mismo.

Pablo inserta el himno en una exhortación a la unidad, motivada de diversas formas,


indicando lo que la fomenta y lo que la impide. La fomenta la humildad y el considerar a
los demás como superiores de uno mismo, el buscar no los intereses propios sino los de los
demás, es decir, la disponibilidad desinteresada entre los miembros de la comunidad; por el
contrario la impide la rivalidad, la vanagloria, el buscar los intereses propios (2,3-4). El v.
5, esto deben sentir, lo que es propio de los que están en Cristo Jesús. El pronombre tou'to,
esto no se refiere a lo anterior sino a lo siguiente, a en Cristo Jesús. Pablo va a proponer una
norma de actuación que corresponde a la quintaesencia del que está en Cristo.
“Sentir1” no es tanto un simple sentimiento cuanto un sentimiento dinámico que
conduce a un fin, un orientarse. Esta debe ser la orientación dinámica entre vosotros, en la
comunidad. Esta orientación debe ser la propia del que está en Cristo Jesús. Aquí ‘en’ tiene
sentido local, pero no se refiere a Cristo Jesús como ejemplo a seguir recordando su vida
pasada sino a Cristo vivo como “lugar dinámico” donde está inserto el cristiano por la fe y
el bautismo y que le obliga a un comportamiento determinado. Cristo Jesús, como
aparecerá en el himno, es el permanentemente encarnado-glorificado. Puesto que están en
Cristo, tienen que moverse en esta dinámica y consiguientemente han de comportarse con
los demás como es propio del que está en Cristo. No se trata de imitar lo que Jesús “hizo en
el pasado” sino de actuar de acuerdo con el dinamismo actual propio del que está inserto en

1
Rodríguez Antonio, El himno cristológico de Filipenses 2,6-11. Sentido primitivo y paulino.
FORTVNATAE, 22; 2011, pp. 239-258
2

Cristo resucitado, el que se humilla y es exaltado. Este nuevo “medio vital” exige un
comportamiento adecuado.
Cristo: El verbo mashaj (ungir, untar, consagrar) aparece unas 70 veces en el AT
hebraico. Significa simplemente ‘untar’ algún objeto, persona, con aceite (por lo general).
El sustantivo mashiaj significa “ungido”, del cual se deriva el término messiah (mesías) y
más tarde el título neotestamentario de Xristos que es el equivalente hebreo de messiah,
que también tiene el significado básico de ‘untar con aceite’. Veremos más adelante, el
título Cristo, enfatiza la unción especial de Jesús como el santo o el ungido de Dios.
Fue en Antioquia dónde comenzó a darse a los discípulos de Jesús el nombre de
cristianos (Hech 11, 26). Esta denominación proviene de uno de los nombres dado al Hijo
de Dios: Cristo, que traduce la palabra de origen hebreo Mesías, y que significa Ungido.
Del nombre de Cristo, dado en el NT a Jesús, deriva el apelativo de cristianos, dado a sus
discípulos. Cristiano significa “de Cristo”, “discípulo de Cristo” (Mt 28, 19; Jn 6, 8),
“seguidor de Cristo” (Mt 8, 22; 10, 38; 16, 24; 19, 27s; Mc 8, 34; Jn 8, 12; 10, 4; 21, 22;
persona que “vive de Cristo” (Jn 6, 53.57), “sarmiento de Cristo” (Jn 15, 4s), “imitador de
Cristo”(1 Cor 4, 16; 11, 1), y “miembro de Cristo” (1 Cor 6, 15; Ef 5, 30). Son todas
expresiones muy fuertes y que van mucho más allá de una pertenencia jurídica. Se trata de
una pertenencia vital, de algo que se asemeja a la consanguinidad natural o a la vitalidad
que adquiere un injerto que se nutre del tronco del cual recibe la savia. Es como reza la
expresión paulina de que hemos sido hechos concorporales de Cristo (Ef 3, 6).

2/ El Hijo Unigénito es el exégeta del Padre

EXEGÉOMAI [narrar – mostrar – interpretar]

Jn 1,18: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno (kolpos)
del Padre, él lo ha contado [mostrado, interpretado].

a- Jesús es el narrador del Padre (testigo)

[a] Jn 3, 11-12: Hablamos de lo que sabemos, atestiguamos lo que hemos visto, y


no aceptan nuestro testimonio. Si les he dicho cosas de la tierra y no creen, ¿cómo creerán
cuando les diga cosas del cielo?

[b] Jn 3,31-35: Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la
tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos.
Él atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. Quien acepta su testimonio
acredita que Dios es veraz. El enviado de Dios habla de las cosas divinas, pues Dios no da
el Espíritu tasado. El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos.
3

[c] Jn 15,15: Ya no les llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace el
amo. A ustedes les he llamado amigos porque les comuniqué cuanto escuché a mi Padre.

¿Qué es la NARRACIÓN? Es una sucesión de hechos que se producen a lo largo


de un tiempo determinado. Cuando contamos algo que nos ha sucedido (acontecimiento
del pasado), estamos haciendo una narración. Si cuentas lo que te ha sucedido, tú eres el
narrador. Si cuentas lo que te ha pasado a ti, además de ser el narrador eres un personaje de
la historia. Si cuentas lo que les ha pasado a otros, los personajes son ellos. La acción son
los hechos que se cuentan en el relato y constituye el eje de la historia (o de la trama).

En el Evangelio de Juan, aparece un ligero cambio en la comprensión del acto de


narrar. Según los textos estudiados, Jesús es el NARRADOR (revelador) del Padre. Esto es:

[1] Jesús no cuenta un evento que sucedió en el pasado, sino un acontecimiento que
él vive continuamente con el Padre. Jesús es testigo de aquello que él ve en la casa del
Padre. Jesús exige la fe en su palabra, esta palabra es la de un testigo que sabe
presentemente, porque él ve y escucha (3,32) al propio Padre. Jesús se presenta como el
revelador; es decir, el enviado habla las palabras de Dios. Jesús sitúa su acto de narrar en un
presente continuo, es decir, el evento del cual él alude sigue sucediendo incluso, para el
lector del Evangelio.

[2] Qué tipo de narración alude el texto: Es una narración que nos concierne a todos
los que creemos en Jesucristo, de modo que se trata de un relato abierto en el que Dios aún
no ha cerrado su historia. De ahí, el acto de contar se refiere a un acontecimiento que se
está realizando actualmente, en un tiempo presente, como una realidad permanente.

b- Jesús es el revelador del Padre (hace-ver, actividad visual)

[a] Jn 1,18: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno
(kolpos) del Padre, él lo ha mostrado.

[b] 3,11: Nosotros atestiguamos lo que hemos visto, y no aceptan nuestro


testimonio.
El verbo ‘eorákamen’ (hemos visto) está en el perfecto-presente (gerundio), que permite
traducir por: aquello que nosotros estamos viendo, o continuamos viendo. Jesús dice que él
revela acontecimientos celestes y no terrestres. Aquello que él devela (muestra), es el
misterio de la persona y el itinerario del Hijo del Hombre, un misterio escondido hasta el
presente en Dios.

[c] Jn 14,8-9: Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice
Jesús: ‘Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces, Felipe? El que me ha
visto a mí, ha visto al Padre’.
4

Se trata de un arte visual que permite captar el ‘ser mudo’ en estado naciente sin
imponerle un lenguaje ya acabado (maestro, dónde vives  vengan y vean). El acto de ver
permite acercarnos a lo inexplicable. Es aprender a ver el mundo a través de las miradas de
Jesús, quien nos acerca a la fuente de toda visión (Dios). Un modo de pensar este acto de
ver es el arte2. En el arte, la racionalidad y la visibilidad van unidas. El artista no hace una
simple copia de lo real, ni tampoco una reproducción en imágenes de unas ideas
preconcebidas. El pintor extiende ante nosotros el mundo percibido.

El arte mismo es una interrogación no conceptual, una presentación sin concepto del
ser universal como creación, que aprehende la cosa en el signo, haciéndola visible, como
expresión productiva que no traduce pensamientos, que concibe a la vez que ejecuta. La
pintura no reproduce lo real, pero tampoco se contenta con expresar la subjetividad del
pintor, sino su estilo o manera de relacionarse con el mundo. Si la percepción es recreación
y no mera réplica pasiva del objeto, con mayor razón lo será la percepción del pintor, que
imagina lo visible bajo la forma de la obra de arte.

La pintura no pone en el cuadro el en sí inmediato, sino un estilo que mediatiza lo


que se manifiesta dándole expresión. Se trata de una verdad que no calca las cosas, que no
es adecuación entre ellas y nuestros enunciados, una verdad que no reproduce ningún
modelo exterior, que carece de instrumentos expresivos predeterminados y que, a pesar de
todo es verdadera. La verdad del arte es alétheia, o desvelamiento de una realidad posible.

El auténtico arte no es simplemente expresión, sino que también despierta


sentimientos y nos enseña a ver de otro modo. Lo que importa es la actividad de pintar y no
su resultado, porque en aquélla (actividad de pintar) el mundo se transforma en su
visibilidad y, al mismo tiempo, resulta alterada la manera de ver del pintor y se gesta un
nuevo estilo perceptivo que sirve de pauta para el enriquecimiento de nuestra percepción
cotidiana. La expresión pictórica se convierte en un grito inarticulado semejante a la voz de
la luz.

El pintor presta su cuerpo al mundo y, así, transforma el mundo en pintura. La


pintura es un acto corporal que nos lleva a la raíz de la visión. En la pintura se produce la
fusión de la percepción del artista con el objeto percibido, la corporalización de lo mundano
y, en definitiva, la conciliación entre espíritu (razón) y naturaleza que conduce a una
imagen más real que la que las cosas mudas ofrecían a nuestra mirada. El pintor hace que la
naturaleza se exprese, porque es capaz de humanizarla. El pintor no es un imitador de lo
visible, sino que lo hace visible. La pintura contribuye a estudiar el fenómeno de la visión,
la otra cara de lo invisible.

2
El texto que sigue está tomado de, LÓPEZ SÁENZ María del Carmen, “Merleau-Ponty o el arte de la
visibilidad”, Agora (1998), vol 17, n 2, p. 148.
5

c- Jesús pone en escena al Padre y hace sus obras (actor - teatralidad)

[a] Jn 5,17-18: Jesús dijo: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’. Por
eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el
sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

[b] Jn 5,19-20: Les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que
ve hacer al Padre. Lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre
quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que éstas,
para que se asombren.

Hay dos niveles de la teatralidad corporal de Jesús:

d- Trabajar en la obra del Padre: hacer las cosas del Padre. Dios no cesa de actuar y
sigue operando en bien de la humanidad. Él es el servidor de la humanidad. Y Jesús
precisa: “yo también trabajo”. De esta manera, Jesús no se queda solamente en el
plano de ‘recibir’ la vida que procede del Padre sino que él también participa de la
obra del Padre: un acto salvador del mundo que se está realizando hasta el momento
presente o hasta ahora o dicho de otro modo, una obra que todavía está haciéndose.
e- Mostrar, revelar, poner en escena al mismo Padre (quien me ve a mí, ve al Padre, Jn
14,9)

Teatralidad: es la vida misma que se expresa y se manifiesta en gestos teatrales. La


teatralidad es un instinto de expresión corporal que permite crear una atmósfera de estilo
personal. Jesús propone un teatro de la vida radicalmente nuevo. La magia del teatro nos
sitúa en el acto de la auto-transfiguración capaz de cambiar la vida, un tal acto tiene su
origen en el deseo (en tanto energía trans-expresiva) del ser humano de vivir plenamente.
Como lo expresa Nicolas Evreinoff, en su obra ‘El teatro en la vida’, “en la auto-
transfiguración del cuerpo reside el secreto de la verdadera influencia vivificante del teatro,
de su poder curativo” (p. 129).

3/ Encarnarse en el mundo

El Logos se hizo carne y puso su tienda entre nosotros (Jn 1,1-18).

Logos: Jn 1, 1: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la


Palabra era Dios. 2. Ella estaba en el principio con Dios. Juan quiere hablar aquí del
misterio de Jesús, de su preexistencia. Era, existía, y estaba traducen el mismo verbo eimí,
ser, en imperfecto, indicando intemporalidad, existencia sin límites, un continuo existir.
Esto queda avalado al afirmar que «la Palabra era Dios». Aquí, la Palabra es sujeto y tiene
artículo determinado, mientras que Dios está sin artículo, porque es el predicado que se da a
la Palabra. «En el principio era la Palabra» pareció a Juan el inicio más apropiado para
contar el misterio de Jesús. No se trata del principio de la creación, como en Gén 1, 1 sino
6

de la eternidad, de la que se habla en los textos sapienciales que tratan del origen de la
Sabiduría de Dios. Cuando Jn 1, lb. 2 dice: ho Logos én pros ton Theón podemos traducir:
El Logos estaba (vuelto) hacia Dios, como indicando una relación dinámica, personal. Es la
misma idea que se ve en Jn 1, 18: «Dios Unigénito, el que está en el seno del Padre». Por
eso puede hablar Juan de que el Hijo del hombre sube «adonde estaba antes» (Jn 6, 62).

Juan ha hablado en lenguaje paradójico del Logos: es Dios y está con Dios, es
idéntico y distinto. El lector se encuentra de lleno con el misterio. El Logos encarnado es
quien da sentido y unidad a todo el evangelio de Juan. Todo el evangelio vive de la
comprensión de que el Logos creador está encarnado. «Puso su morada entre nosotros»,
literalmente: «puso su tienda entre nosotros» ha sido una frase buscada, investigada en el
AT para lograr decir que se repite y se supera una experiencia divina, y Dios tiene una
tienda donde su pueblo puede encontrarlo como en el Sinaí, como se dice en Núm 35, 34;
Jos 22, 19; etc. Jesús es ahora la tienda del encuentro con Dios, no una tienda inanimada,
sino una humanidad. Por eso hablará Jn 2, 21 del naós, «el santuario de su cuerpo». Hay en
este lenguaje una búsqueda llena de reverencia para con el misterio indecible.

En el v. 17 se menciona a Jesucristo, es el nombre del Logos encarnado. Finalmente,


en el v. 18, el Logos encarnado: Monogenés Theós, Dios unigénito, de quien se dice que
habita en el seno del Padre. El Logos encarnado es único conocedor y revelador de la
divinidad. Queda pues toda otra revelación de Dios, incluida la del AT, relativizada y
mediatizada por la presentación de Dios que hace Jesucristo. En el Prólogo de la primera
carta de san Juan (1 Jn 1, 1-4) se retoma algunos temas del Prólogo del evangelio: Lo que
existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que
contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida (1 Jn 1, 1). Se inicia
el verso sugiriendo la eternidad del Logos, para hablarnos luego con el máximo realismo de
la encarnación. El Logos encarnado ha sido oído, visto, contemplado y tocado. Se trata
del Logos de Vida. Al iniciarse el v. 2 se presenta al Logos con nuevo nombre: La Vida se
manifestó... les anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos
manifestó (1, 2). Vida es la palabra de mayor sugerencia. Vida eterna es su mejor
concreción. La Vida se manifestó es decir de otro modo la encarnación y hablar de testigos.
Hay un testimonio de vida y un testimonio de fe. La carta entera vuelve una y otra vez
asegurando el realismo de la encarnación.

Encarnación: no es tanto la idea de “devenir-hombre”, sino de “hacerse-cuerpo”,


que pone el acento en la operación sensible, sensual y vital del cuerpo. En esta perspectiva,
el ‘cuerpo’ no es solamente una suma de sensaciones táctiles o kinestésicas (percepción del
movimiento donde intervienen las articulaciones y los músculos), sino, estas sensaciones y
movimientos encuentran sentido en un acto corporal de “yo-puedo”. Es una motricidad por
la cual yo tiendo, me extiendo hacia el mundo.
De esta manera, el sentido de la ‘encarnación’ evoca un movimiento hacia el
mundo que provoca una implicación, una intervención, una participación, una vinculación,
personal e inter-corporal sobre el suelo de este mundo. Es decir, una ‘encarnación’ en el
7

mundo implica el haber considerado seriamente la situación histórica personal. El “cogito,


(dice MMP), debe descubrirme en situación3”.
La ‘encarnación’ implica la pertenencia común al mundo con los otros. Este acto de
‘encarnarse’ con los otros en el mundo nos lleva a considerar la puesta en escena de una
‘cierta modulación de mi cuerpo como existencia-en-el-mundo4” y de los actos que reposan
sobre la “infraestructura corporal5”.
La ‘encarnación’ del Logos en el cuerpo del hombre Jesús no se limita al comienzo
del itinerario de Jesús, es la existencia toda de Jesús la que queda abarcada. Es la existencia
toda de Jesús la que queda abarcada. El proyecto divino realizado es una existencia
humana, visible, accesible, palpable. La tienda del encuentro, morada de Dios entre los
israelitas en el desierto, queda sustituida por Jesús. El lugar donde Dios habita en medio de
los hombres es un hombre de carne y hueso. Una existencia humana es ahora el resplandor
de Dios, su gloria. Ha desaparecido la distancia entre Dios y el hombre. La plenitud
personal de Dios es Jesús, una plenitud de amor incondicional, consistente. Se trata de una
vida tejida por una diversidad de episodios y de eventos, todos ellos marcados de
experiencias de encuentros con los otros en el mundo. De esta manera, la ‘encarnación’ se
refiere a una implicación y a una participación colectiva en la realización y en la ejecución
de la obra de Dios en el mundo.

4/ Poética de la vida

El Logos6 aparece esencialmente como el mediador exclusivo entre Dios y el mundo. El


Dios inasequible y escondido, del que nadie nada puede llegar a saber, se hace presente
exclusivamente a través de este Logos. Primero en la creación; después, en la encarnación,
porque este Logos llega a convertirse en hombre. Y es entonces cuando sabemos que Jesús
de Nazaret y el logos se identifican. Veamos más de cerca el ser y quehacer de este logos.

El Logos no es una creación de Dios, no es como la sabiduría judía, “la que fue engendrada
antes que los abismos” (Prov 8, 22 s.); pertenece desde siempre, al orden divino, increado.
Dios se hace presente en el Logos, y esto, antes de la constitución del mundo, en el tiempo
infinito de Dios. El logos es Dios y está junto a Dios. La misma realidad de resucitado, del
que, en la terminología juánica, está junto al Padre (13, 1; 14, 12; 16, 10: 17. 28; 20, 17), se
aplica al Jesús preexistente, que ya no es solamente anterior a Juan Bautista (1, 30) o a
Abraham (8, 58), sino a la misma creación; desde siempre “estaba junto a Dios.”

3 MMP, Phénoménologie de la perception, Paris, Gallimard, 2009, p. 13.


4 MMP, Phénoménologie de la perception, Paris, Gallimard, 2009, p. 464.
5 MMP, Phénoménologie de la perception, Paris, Gallimard, 2009, p. 494.
6
Javier Pikaza y Francisco de la Calle, Teología de los evangelios de Jesús, Ed Sígueme. Salamanca 1980
359-477
8

Dios queda allá en el fondo como un ser incomprensible sin el Logos. Si al prólogo de Juan
le quitásemos la figura del logos, Dios no tendría consistencia alguna. El mundo de lo
divino nos viene a decir Juan, no es solamente el de un Dios aislado en su soledad de siglos
eternos. Dios ha sido siempre él mismo y su posibilidad de establecer contacto con algo
más, que va a empezar creando.

Una relación doble une a este logos con las demás cosas que no son Dios con el mundo, al
que nosotros llamamos creado; es hacedor y revelador desconocido. Todo lo creado cae
bajo su poder, depende de él. Pero su actuar no es independiente.

Dios y el logos, a pesar de ser dos realidades distintas -dos personas-, están mutuamente
implicadas en su ser y actuar. Así como, en el relato evangélico que sigue, Jesús y el Padre
son una misma realidad, porque ambos a una están siendo-obrando la misma realidad
salvífica, así sucede también en el plano de la creación. Desde el punto de vista humano,
todo Dios está presente en el logos, como lo estará en la vida de Jesús de Nazaret, y nada
hay, fuera del logos, que pueda hablar de Dios. Por ello, si la creación puede hablar de
Dios, revelarle de alguna manera, de esa misma manera tiene que estar presente en ella el
logos. La creación manifiesta al Dios inasible, luego el logos revelador ha intervenido
necesariamente en ella.

La creación tiene esencialmente un papel de revelación; su existencia dimana de la única


existencia anterior a ella misma, la de Dios y del logos. La vida de los seres no puede
entenderse aislada de la acción del logos: “Lo hecho tenía vida en él” (1, 4). Y esta misma
vida de los seres viene a convertirse en luz para los hombres (1, 4 b). No es la vida del
logos, sino la de las criaturas, aquella que debía de haber funcionado coma faro iluminador
del hombre, quién, a través de ellas, debía haber llegado hasta Dios.

Jn 5,21. 6,63: Jesús tomó la palabra y les dijo: ‘Como el Padre levanta a los muertos y les
da la vida – les hace vivir (zoopoiein), así el Hijo a los que quiere les da vida – les hace
vivir (zoopoiein). Es el Espíritu quien da vida – hace vida (zoopoiein).
Jn 5,26: Pues como el Padre posee vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener
vida en sí mismo.
Jn 10, 10: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
3,16.36: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea
no perezca, sino tenga vida eterna. Quien cree en el Hijo, tiene vida eterna. Quien
no cree al Hijo, no verá la vida.
5,40: Pero ustedes no quieren acudir a mí para tener vida.
6,[Link]: El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Yo soy el
pan de la vida: el que acude a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará
nunca sed. Yo soy el pan de la vida. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien
coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi
carne.
9

14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí.


20,31: Estas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios,
y para que creyendo tengan vida por medio de él.
Jn 11, 25: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y
quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees?
Cuando hablamos de la ‘poética trinitaria’ (poiein = hacer) nos referimos al acto
divino de generar y crear continuamente vidas en el mundo. La ‘vida’ significa la
posibilidad de existir delante de Dios. Es un don que Dios ofrece al mundo por su ‘Logos’
(14,6). Se trata de la relación viva, existencial y fluida de la comunión del hombre con
Dios.
Jesús es la vida, porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla (Jn
5,26). Por ser la vida plena es la verdad total, la plena realidad del hombre y de Dios. Su
vida y su muerte muestran a la humanidad el itinerario que la pueda llevar a la máxima
realización. Un camino que se sigue con las obras del amor, y no con palabras solas.
Cristo debe llegar a ser «vida nuestra» (Col 3,4). Como lo fue para San Pablo: «Vivo
yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2, 20). Como lo ha sido para cuantos
creyeron y trataron de seguir sus pasos, de respirar con su aliento. Cristo, vida nuestra. La
vida, la que Jesús poseía en plenitud y que él ofrece a quienes estén dispuestos a recibirla:
el Espíritu de amor que nos hace capaces de llegar a ser hijos viviendo como hermanos.

5/ Nacidos de Dios

Jesús y el logos son una misma realidad divina. No se trata solamente de que Dios
se muestra en Jesús de Nazaret; es que Jesús de Nazaret es el mismo logos que estuvo
siempre presente junto a Dios. No se trata de una cualidad añadida al hombre Jesús, sino de
una entidad total y real: Jesús es Dios, Lo que, traducido, significa: Jesús no dejó de ser el
logos.
En Jesús aparecen los dos movimientos: Jesús es el logos preexistente que ha
llegado a ser hombre y él es el logos que viene a los suyos, se instala en medio de los
hombres y hace participantes de su mismidad divina a aquellos que se acogieron. Así, el
cristiano es el hombre existente que llega a ser hijo de Dios. El cristiano se convierte en
hijo de Dios. En este sentido, Jesús queda ya denominado como Dios unigénito (1, 18); es
el primero en la serie de hijos de Dios.
En el cristiano, se está revelando la figura más exacta de Dios, que se hizo
históricamente presente en Jesús de Nazaret. El cristiano viene a ser una especie de
continuación de la encarnación. El mundo divino, que se hizo pleno en Jesús de Nazaret,
continúa su historia mundana a lomos de los cristianos. Y los hombres podrán ver en el
cristiano la imagen viva del Dios que por amor se hizo hombre y murió en la cruz.
10

Según el Prólogo de Juan, El Logos hecho carne hace posible una relación de
intimidad entre Dios y el discípulo de Jesús, en estos términos: “A todos los que lo (el
Logos hecho carne) recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su
nombre. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque han
nacido de Dios” (Jn 1,12-13). Este engendramiento funda el origen de una nueva existencia
en Cristo y manifiesta el comienzo de una relación de pertenencia recíproca entre el
discípulo y el Padre. De hecho, ¿qué puede significar este nacimiento? Según la escuela de
Juan, este nacimiento es visible de la manera siguiente:
Jn 3,3-7: Se trata de nacer del agua y del Espíritu. Estos dos elementos aparecen en
el origen de la creación: “La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar
profundo cubierto de oscuridad; y el espíritu de Dios se movía sobre el agua” (Gn 1,2). Así,
el agua y el espíritu están asociados a la formación de una vida en su estado naciente.
Estos dos elementos serán retomados de nuevo por Ezequiel como expresión de una nueva
creación: “Los lavaré con agua pura; pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu
nuevo” (Ez 36,25-26). Se trata de la ‘formación’ de una vida nacida de Dios y cuya
vitalidad está dada por la comunión con Dios.
1Jn 2,29: Todos los que hacen la justicia han nacido de Dios. Este nacimiento
recoge la tradición de la experiencia profética: vivir según el Espíritu de Dios en el cuidado
al otro.
1Jn 4,7: Todo el que ama ha nacido de Dios. Jesús pone el ‘amor’ como la
expresión cualificada de la convivencia entre los discípulos: “En esto conocerán todos que
son discípulos míos: si se aman los unos a los otros” (Jn 13,35). Esta corriente de amor
tiene tu origen en el Padre: “Dios amó tanto al mundo que envió/entregó a su Hijo único,
para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Jesús
comprendió su vida y su entrega hasta la cruz en esta misma perspectiva del amor: “Nadie
tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).
El Logos de Dios se hace carne y habita en medio de nosotros. Éste es el secreto de
la Encarnación: Dios permanece y se hace ‘vida’ en nuestro cuerpo habitándolo. De ahí, la
relación que el Padre tiene con los discípulos de Jesús se concretiza en el acto de hacer
(poética). Esta poética corporal se expresa en el acto de ‘nacer del Espíritu’, hacer la
justicia y amar a los hermanos. Estos tres actos poéticos constituyen para el discípulo el
modo de habitar e instalarse en el mundo. Se trata de habitar el mundo en la perspectiva del
Espíritu: engendrado por Dios, siendo expresión comunitaria del amor y gestores de la
justicia divina.
11

6/ El Viviente está en medio de nosotros

[1] ENCARNACIÓN (Jn 1,25): Juan les respondió: ‘Yo bautizo con agua, pero en medio
de ustedes está uno a quien no conocen.

Jn 1,14: Y el Logos se hizo carne y puso su tienda entre nosotros y hemos


contemplado su gloria.
Jn 1, 33: Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dice:
‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que
bautiza con Espíritu Santo’.
Jn 1,35-37: Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus
discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el cordero de Dios’. Los
dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

Jn 1, 38-39: Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: ‘¿Qué buscan?’ Ellos
le respondieron: ‘Maestro, ¿dónde vives?’ Les respondió Jesús: ‘Vengan y lo
verán’. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.
Jn 2,1-12 [Bodas de Caná]. Les dice Jesús: ‘Llenen las tinajas de agua’. Ellos lo
llenaron. ‘Saquen ahora, les dice, y lleven al mayordomo’. Ellos lo llevaron. Cuando
el mayordomo probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los
servidores, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama al novio y dice:
‘Todo sirven primero el vino nuevo… Pero tú has guardado el vino bueno hasta
ahora’.
Jn 8,3-4: Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la
ponen en medio y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante
adulterio’.

[2] PASIÓN (Jn 19, 16-18): Tomaron a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el
lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí crucificaron y con él a otros
dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Jn 18, 4.7: Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta:
¿A quién buscan? Le contestaron: ‘A Jesús el Nazareno’. Les preguntó de nuevo:
¿A quién buscan?
Jn 19, 5: Salió Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura.
Pilato les dice: “Aquí tienen al hombre”
Jn 2,10: Todo hombre sirve primero el vino bueno.
Jn 4,29: Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.
Jn 7,46: Jamás un hombre habla como ese hombre.
Jn 7,51: ¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo
que hace?
Jn 18,29: ¿Qué acusación traen contra este hombre?
12

[3] RESURRECCIÓN (Jn 20,19): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana,


estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los
discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con ustedes’.

Jn 20,15.16-18: Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Jesús le
dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuni’ – que quiere decir:
‘Maestro’ – Dícele Jesús: ‘No me retengas’, que todavía no he subido al Padre. Pero
vete a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios
de ustedes. Fue María y dijo: ‘He visto al Señor’.

Jn 20,20: Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron
de ver al Señor. Como el Padre me envió, también yo les envío. Dicho esto, sopló y
les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’.

Jn 20, 24-29: Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos
cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él
les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el
agujero de los clavos y no meto mis manos en su costado, no creeré’. Ocho días
después, Tomás estaba con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas
cerradas y dijo: ‘La paz a ustedes’. Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y
mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino
creyente’. Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío’.

7/ El acto poético de Jesús: habitar el mundo en poeta

“Poéticamente habita el hombre 7”, la frase está tomada de un poema de Holderlin. Que los
poetas a veces habiten poéticamente, podríamos admitirlo. ¿Cómo, no obstante, “el
hombre”, esto quiere decir: cada hombre como hombre y constantemente ha de habitar
poéticamente? Ahora bien, si la poesía tiene presuntamente su única forma de existencia en
lo literario, ¿cómo, entonces, el habitar humano ha de estar fundado en lo poético? La
índole de los poetas es ver por encima de lo real. En vez de obrar, ellos sueñan. Lo que
hacen, es sólo imaginado. Las imágenes son simplemente cosas hechas. Pero, ¿de dónde
tenemos, nosotros hombres, noticia sobre el ser del habitar y del develar poético?
Cuando Holderlin osa decir que el habitar de los mortales es poético, entonces esto, apenas
dicho, despierta la apariencia de que el habitar ‘poético’ precisamente arrancara a los
hombres de la tierra. Pues, ciertamente, lo ‘poético’ pertenece, cuando vale como lo
imaginado poéticamente, al reino de la fantasía. El habitar poético sobrevuela

7Serrano Jorge, Traducción comentada de “poéticamente habita el hombre”, Tesina para optar al grado de
Licenciado en Filosofía.
13

fantasiosamente lo real. Este temor enfrenta el poeta, al decir expresamente que el habitar
poético es el habitar ‘sobre esta tierra’. Holderlin no sólo resguarda así lo ‘poético de una
presta mala interpretación, sino que él indica, con el añadido de las palabras ‘sobre esta
tierra’, propiamente al ser del develar poético. Éste ni sobrevuela ni sobrepasa la tierra, para
abandonarla y flotar sobre ella. Recién el develar poético trae al hombre sobre la tierra, a
ella; lo trae así, al habitar.
¿Qué dice Holderlin del habitar poético del hombre? Buscamos la respuesta oyendo los
versos siguientes:
¿Puede, si puro esfuerzo la vida, un hombre alzar la mirada y decir: así quiero yo
también ser? Sí. Tanto como la amabilidad aún junto al corazón, la Pura, dure,
mídese no desdichadamente el hombre con la divinidad. ¿Es desconocido Dios?
¿Es él abiertamente presente como el cielo? Esto creo más bien. Del hombre
medida es. Pleno de mérito, mas poéticamente, habita el hombre sobre esta tierra.
Pero, más pura no es la sombra de la noche con las estrellas, si así pudiera yo
decir, que el hombre, que es llamado una imagen de la divinidad. ¿Dase sobre la
tierra una medida? Dase ninguna.

Al hombre le es permitido a la vez, a partir de él y a través de él, alzar la mirada hacia los
celestiales. El alzar la mirada recorre el arriba, hacia el cielo, y permanece, no obstante, en
el abajo, sobre la tierra. El alzar la mirada mide de un confín a otro el entre de cielo y
tierra. Este entre es otorgado en medida al habitar del hombre. Esto es, el entre de cielo y
tierra queda abierto, la Dimensión. El develar poético es presumiblemente un medir
eminente. Por eso importa atender al acto fundamental del medir. El develar poético es la
toma de medida, por la que el hombre recibe la medida para la amplitud de su ser. El ser de
lo ‘poético’, lo ve Holderlin en la toma de medida, a través de la cual se lleva a cabo la
conmensuración del ser del hombre.
El develar poético es el poder fundamental del habitar humano. Pero el hombre puede y
quiere el develar poético cada vez sólo según la medida en que su ser esté entregado en
propiedad a aquello que quiere el hombre y por ello necesita su ser. En cada caso acorde la
medida de esta entrega en propiedad es el develar poético propio o impropio.
Por ‘poetizar’ podemos entender: componer una poesía, más también, practicar e impulsar
el modo de decir de la poesía. La poesía misma, no obstante, siempre es el resultado de una
acción anterior a ella. Así, la acción nombrada sería un emprender la obra poética. Podemos
emprender algo, cuando ya, de algún modo, lo tenemos en vista. El poeta, ciertamente ve lo
real, pero en su interior lo vería transformado y con su ingenio dice bellamente lo que así
ve. Así, en la obra quedaría expreso lo que el interior del poeta expresa. Se trata de recibir
el lucir de lo que se muestra, de modo tal, que venga a re-lucir en la palabra. Si la palabra
se vuelve poética es porque vemos y oímos aquello que es, siendo de modo poético. Alude
al darse de un ver y oír en los que se ve y oye todo lo que decimos es, y al modo en que ese
darse es recibido y llevado a voz en el hombre, es decir, es develado.
14

El hombre tiene una medida. Expresamente se dice que la medida del hombre es la
divinidad. El hombre presencia lo divino al alzar la mirada. De ahí la dimensión no es un
mero mirar hacia arriba, sino mirar a lo abierto y, en esa sola mirada, recorrerlo
enteramente. Para que el hombre pueda mirar a lo abierto, también su mirada debe ser
abierta a eso abierto. La apertura de la mirada no es un mero accidente, sino que es
constituyente de la propia apertura de lo que se abre, de modo que esta apertura va
quedando determinada con la mirada del hombre. El acto de hacer abre abriendo al hombre.

1- Desplazamiento: al encuentro del otro

El acto de desplazarse que evoca estas acepciones: atravesar, pasar, franquear,


caminar, cruzar, extenderse. Indica también, salto, tránsito, pasaje, vado.
[Ponerse en ruta]. El evento de ‘enjamber’ (desplazamiento) es el acto de ponerse
en ruta al encuentro del otro. Se trata de un acto original del cuerpo que se pone en posición
erguida para atravesar el espacio en un momento dado.
[Posesión del espacio]. Es el momento particular de la posesión corporal del
espacio, en tanto que este cuerpo vive y se hace gesto. Es el drama corporal que implica su
permanencia en el mundo.
[Localización temporal del cuerpo]. Por ejemplo, dice MMP, se puede observar
cuando un hombre se pone en marcha. Así, al momento mismo cuando sus dos pies tocan el
suelo podemos reconocer una localización temporal del cuerpo que hace que el hombre
atraviese el espacio. Todos los otros miembros del cuerpo participan de este acto, de
manera que, el cuerpo en su unidad indivisible es el que se desplaza inaugurando en curso
de este desplazamiento una nueva temporalidad corporal.
[Condición de posibilidad de la emergencia de algo]. Este cuerpo en
desplazamiento constituye la condición de posibilidad de la emergencia de cualquier cosa.
Esta emergencia o aparición de la cosa, nos lleva a reconocer una suerte de propagación, de
invasión (empiétement) o de transito (enjambement) del cuerpo con el mundo prefigurando
así el pasaje de la individualidad corpórea al reconocimiento de una inter-corporeidad
relacional en el mundo.
[Es un acto de reciprocidad]. Este acto de inter-corporeidad propiciado por el
evento personal de “enjamber”, de desplazarse en dirección y al encuentro del otro,
propone un acto de reciprocidad basada en la correspondencia de “los unos por los otros y
no solamente el uno por el otro8”.

8
MMP, Le visible et l’invisible, Paris, Gallimard, 1964, p. 109.
15

Se trata de la capacidad y la exigencia del trascendimiento. Para encontrarme con el


otro necesito dejarle ser otro y, por tanto, renunciar a cualquier forma de objetivación que
lo privaría de su condición de otro, de sujeto.
La fenomenología del encuentro termina mostrando así que el encuentro no es un
acontecimiento categorial añadido a la existencia de los sujetos que se encuentran. Los
sujetos existen desde el encuentro -«desde un diálogo existimos» (Hölderlin)-, y en él se
hace presente un más allá que actúa en los interlocutores y los muestra participando de una
presencia que está, no al final de los encuentros humanos, sino en su raíz como quien los
posibilita y los hace ser permanentemente.

2- Visitación de Dios: convergencia poética de la visitación

Lucas abre su narración respecto a “las cosas que se han verificado entre nosotros”
(Lc 1, 1) presentando al sacerdote Zacarías y a su esposa Isabel, como “justos ante Dios”
(Lc 1, 5.6). Sucedió que mientras oficiaba delante de Dios, le tocó en suerte el servicio
sacerdotal de ofrecer el incienso en el Santuario. Allí, Zacarías recibe la visita del ángel del
Señor quién le dijo: “Tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará un hijo” (Lc 1,
13). Este acontecimiento será para Zacarías un gozo y alegría y aún más, muchos se
gozarán en su nacimiento. Ante este anuncio sobrecogedor e inesperado, Zacarías reconoce
el acto poético de Dios en estos términos: “El Señor ha hecho (poiein – poética) esto por mí
cuando ha tenido a bien quitar mi oprobio entre la gente” (Lc 1, 25).
Como podemos notar, la visita de Dios trae consigo una promesa de vida que ya
está haciéndose en el deseo de los dos ancianos. La poética se sitúa en la confluencia de las
dos partes: (a) la acción de Dios: “Tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará
un hijo” (Lc 1, 13) y, (b) de la parte de Zacarías e Isabel, el empeño de acoger, encargarse
de cuidar y sostener esa vida. Zacarías reconoce el acto poético de Dios cuyo acto implica y
envuelve a su propio cuerpo: “El Señor ha hecho esto por mí” (Lc 1, 25). En el acto de Dios
se incluye la acción humana. En este caso, la poética divina toma cuerpo en el deseo
humano (“tu petición ha sido escuchada”) y este deseo es orientado hacia la realización de
la obra de Dios: “convertirá al Señor su Dios a muchos de los hijos de Israel, […] para
preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1, 16.17).
Avancemos en nuestra secuencia de la poética de la visitación. Veamos ahora la
visita del ángel a María. En este encuentro María es avisada que ha hallado gracias delante
de Dios. Concebirá un hijo y pondrá por nombre Jesús. El Espíritu Santo vendrá sobre
ella (marcada por la Trinidad). Su respuesta es: hágase (genomai – aoristo segundo de
poein – poética) en mí según tu palabra. Esta disposición del corazón sellada con el
“hágase”, se extiende ahora hacia afuera: María se dirige con prontitud a la casa de Isabel
(se quedó con ella unos tres meses). Seguidamente, María reconoce que realmente toda su
vida es una alabanza a Dios y su espíritu se alegra en Dios. Además, su alegría no se limita
16

a una temporalidad cronológica del momento, sino aquella es eterna y todas las
generaciones la llamarán dichosa, la bienaventurada porque el Poderoso ha hecho cosas
grandes en su favor.
Hay un movimiento de expansión en la secuencia del fenómeno de la visitación en
María. Primeramente, ella es visitada por el ángel. Esta visita se convierte en un encuentro.
Este encuentro crea un descubrimiento en la vida de María: hallarse agraciada delante de
Dios. Seguidamente, ella recibe el anuncio de la concepción de un hijo y la disposición de
acoger en su seno la novedad de la encarnación. En fin, ella se descubre situada delante de
un Dios en quien “no hay nada imposible”. Es decir, María sitúa su “hágase” en las
entrañas de Dios que “puede hacer”. En esta convergencia poética reconocemos la
expresión de comunión entre Dios y María: ellos son consortes y parceros9 de una obra
común.
La expansión poética de la visitación, a la que hemos aludido, toma toda su fuerza
con la acción discreta y decidida de María en su visita a su prima Isabel y, con la acción
también decidida del Todopoderoso: “[Dios] desplegó (poiein – poética) la fuerza de su
brazo y dispersó a los de corazón altanero”. La correspondencia de estas dos visitas se
encuentra en el servicio humilde al otro, donde los altaneros, los potentados y los ricos son
dispersados, derribados y despedidos. De ahí, la cultura del encuentro que deja entrever
esta poética de la visitación se teje entre la disposición de emprender el camino hacia el
servicio al otro en clave de humildad disponible, contribuyendo a colmar de bienes a los
hambrientos y acogiendo al otro con misericordia. De esta manera, la prontitud de María se
corresponde con el acto imponente de Dios de desplegar la fuerza de su brazo para
dispersar a los soberbios, derribar a los potentados y despedir a los ricos; pero al mismo
tiempo, para exaltar a los humildes, colmar a los hambrientos y acoger a su pueblo en clave
de misericordia, porque “su misericordia alcanza de generación en generación a los que le
temen” (Lc 1, 50). El acto de María de ponerse en camino hacia la casa de su prima es un
trayecto de la visita de Dios, como veremos en el cántico de Zacarías.
Adentrémonos a descubrir el movimiento dramático de la poética de la visitación.
Es decir, tener delante de nuestros ojos la trama de la visita que se teje entre Dios y el
servidor. Veamos esta trama poética en la experiencia de Zacarías. Todo comenzó con la
sorprendente visita de Dios a Zacarías en el Santuario: “Tu petición ha sido escuchada” (Lc
1, 13). Zacarías reconoce la acción misericordiosa de Dios en estos términos: “El Señor ha
hecho (poiein) esto por mí”. La poética divina toma forma con la visita de Dios a su
servidor, para quitar el oprobio que éste sufría entre la gente. Luego, “cuando se cumplió a
Isabel el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo”, los vecinos y parientes oyeron lo sucedido y se
congratularon diciendo: “El Señor le ha hecho estallar su misericordia” (Lc 1, 58). En fin,
Zacarías viendo la obra de Dios en acto y lleno del Espíritu Santo profetizó con estas
palabras: “Dios ha visitado y redimido a su pueblo, […] y es así como él manifiesta su
9
De la aféresis de aparcero, y este del latín medieval partiarius, del clásico partire ("partir"), de pars
("parte"). Compárese el catalán parcer, el inglés partiary, el italiano parziario, el portugués parceiro y
francés partenaire.
17

misericordia” (Lc 1, 68.72). A través de la obra de Dios realizada en sus propias vidas, los
ancianos Zacarías e Isabel descubren la magnificencia de la misericordia de Dios que se
revela con fuerza, como decían los vecinos: “El Señor ha hecho estallar (megaluno) su
misericordia”. Es decir, el Señor ha puesto en evidencia su misericordia. Puede entenderse
según estas otras acepciones: estallar, explotar, reventar, prorrumpir y explosionar. A partir
de esta explosión de la misericordia, Zacarías descubre, como María, “la visita de Dios” a
su pueblo. Esta visitación de Dios es para reconstruir la relación que ha sido rota entre él y
su pueblo, a causa de la infidelidad de este último. De ahí, la visita toma la trama de un
gesto de misericordia. Así, la visita de Dios a su pueblo es un acto poético de un amor
entrañable.
Una Vida Cristiana que experimenta en su propia vida la visita entrañable de Dios,
podrá a su vez ir al encuentro del hermano portando vida. De otro modo, cualquier salida al
encuentro de la vida, por más aprisa que fuera, será un esfuerzo voluntarista que, al no estar
habitado por Santo hacedor de la misericordia, acabará en meros programas de buenas
intenciones. De ahí, una cultura del encuentro al estilo de la Buena Noticia de Jesucristo
lleva la marca de una promesa de “salir aprisa al encuentro del otro portando vida para
compartir entre todos la vida de Dios y entretejiendo relaciones nacidas de los gestos de
misericordia”.

3- Tacto

Se trata de una habilidad para saber interpretar los pensamientos, los sentimientos,
los deseos interiores y el lenguaje corporal. Es capaz de leer la vida interior del otro.
El tacto implica sensibilidad, una percepción consciente y estética. Hablamos del
tacto como si instantáneamente se supiera qué hacer, una facilidad y gracia improvisadora
en el trato con los demás.
La persona que muestra tacto parece tener la habilidad de actuar con rapidez, con
seguridad, con confianza y de forma adecuada en circunstancias complejas y delicadas. Una
persona con tacto debe ser fuerte, porque el tacto impone que se sea franco, directo y
candoroso cuando la situación lo requiera. El tacto es siempre sincero y confiado, nunca
falso o engañoso.
El tacto consiste en una serie compleja de cualidades, habilidades y competencia.
En primer lugar, una persona que tiene tacto posee la habilidad de saber interpretar los
pensamientos, las interpretaciones, los sentimientos y los deseos interiores a través de
claves indirectas como son los gestos, el comportamiento, la expresión y el lenguaje
corporal. El tacto supone la posibilidad de ver inmediatamente a través de los motivos la
relación causa-efecto.
Una persona con tacto es como si fuera capaz de leer la vida interior de la otra
persona. Una persona con tacto sabe casi automáticamente en qué momento intervenir en
18

una situación, y a qué distancia hay que mantenerse en circunstancias concretas. Una
persona que posee tacto parece saber qué es lo que hay que hacer.
Tener TACTO es saber ser solícito, sensible, perceptivo, consciente, prudente,
juicioso, sagaz, perspicaz, cortés, considerado, precavido y cuidadoso.
Tener TACTO impulsa a actuar solícitamente con los otros. El cuerpo con tacto
respeta la dignidad y la subjetividad de la otra persona. Es receptivo y sensible a la vida
intelectual y emocional de los otros.
El TACTO es la práctica de orientarse hacia los demás y la comprensión sutil de
captar las necesidades del otro… El Tacto es tocar a alguien y tocar a una persona puede
ser más significativo que mil palabras. Tener tacto es una solicitud, una capacidad reflexiva
de salir al encuentro del otro, abriéndonos con cariño y amor para acogerlo en su verdad. Es
reconocer y comprender con “simpatía” la experiencia de la otra persona como una
experiencia humana posible.

4- Unción

Unción: En el curso de la comida, “María, pues, tomó una libra de un perfume muy
caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos,
mientras la casa se llenaba del olor del perfume” (Jn 12,3). ¿Qué es lo que en realidad hace
María con este gesto de la unción?
La unción del cuerpo. Para comprender esta unción, supone comprender también
el sentido de la Encarnación tal como nos presenta el cuarto evangelio. Según Juan, “El
Logos se hizo carne y puso su tienda (skène) entre nosotros” (Jn 1,14). Su acto de
acampamiento en medio de nosotros, está en continuidad con la tienda portátil de los
israelitas donde se guardaba las Tablas de la Ley. Según el libro del Éxodo, la tienda
constituía la morada visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo en marcha a
través del desierto. Esta misma realidad de la tienda del encuentro y de la presencia de Dios
del Antiguo Testamento, es retomada en el evangelio de Juan para referirse a la presencia
de Jesús en medio de nosotros. Es decir, el cuerpo del hombre Jesús es la morada visible y
definitiva de la presencia de Dios en medio de nosotros.
De ahí que la unción en Betania alude a la tienda del encuentro, el lugar de la
presencia de Dios. Además, el libro del Éxodo indica el acto de la consagración de la tienda
(lugar del encuentro). Según el Éxodo (Ex 30,1.6-7.21.25-29) hay un mandato divino y
perpetuo de la unción de la tienda del encuentro. Así, este acto de consagración de la tienda
es la referencia original de la unción de Jesús hecha por María. Esto es, en la unción de
María del cuerpo de Jesús aparece un acto de reconocimiento de la presencia fiel de Dios,
aquel que ha prometido fijar definitivamente su morada en medio de su pueblo. El sentido
profundo de este acto de ungir el cuerpo de Jesús por María, manifiesta la realidad íntima
del Ungido: aquel que muestra y actualiza la presencia de Dios en medio de nosotros.
19

María viene a descubrir aquello que Juan Bautista había señalado como el
desconocido que habita en medio de nosotros. Sin embargo, es éste Jesús el elegido, el
cordero de Dios, sobre quien reposa (habita) el Espíritu Santo. Jesús es la ‘tienda’ (skène),
la morada de la presencia de Dios en medio de nosotros. Él es el santo de los santos. De ahí
que en el acto de tocar el cuerpo de Jesús que María está haciendo, ella participa del
movimiento expresivo de la santidad de Jesús, el santo de los santos. María ‘toca’ el santo
de los santos, y al tocarlo, ella señala como Juan Bautista, que en Jesús Dios se revela
plenamente (‘Éste es el cordero, el ungido de Dios’).
La casa se llena del aroma del perfume. Mientras María unge los pies de Jesús y
va secando con sus cabellos; ‘la casa se llenaba del olor del perfume (12,3). Detengámonos
a percibir el fenómeno del perfume. La atmósfera que envuelve el aroma nos permite
reconocer una experiencia sinestésica (sinestesia). Es decir, la fragancia percibida por los
cuerpos implicados y envueltos a una misma sensación, engloba a todos los otros registros
sensoriales del cuerpo. La palabra sinestesia es un término compuesto que proviene del
griego ‘aisthesis’ que significa ‘percepción’ y ‘syn’ que se refiere a la ‘unidad’ o al
‘conjunto’. De ahí, el término evoca la «percepción del conjunto». En esta percepción del
conjunto, la estimulación de un sentido es percibida a través de otra modalidad sensorial
añadida. Por ejemplo, una nota musical, una melodía, una palabra, activa una sensación que
corresponde a otras modalidades sensoriales (el gusto, el color, el olfato). En el caso del
perfume, su aroma, la cosa sentante, comunica su secreto a través de todas las modalidades
sensoriales del cuerpo. La fuerza del perfume es hacer que el cuerpo todo entero se
constituya en una unidad sensorial, haciendo participar así a todos los convidados del acto
sentante del perfume como un todo sensible.
En términos de Merleau-Ponty, el perfume “comunica a todo [el] cuerpo una misma
manera de ser y ésta [lo] envuelve todo. [El perfume] es recibido en mi cuerpo, y resulta
difícil de limitar mi experiencia a un solo registro sensorial: él desborda espontáneamente
hacia todos los otros sentidos”. En el caso de María, ella extiende a través de su cuerpo su
experiencia personal y ésta la comunica a los invitados de la cena. En el acto de tocar el
cuerpo de Jesús, al ungir con el perfume y secarlo con su cabello, descubrimos una nueva
expresión del reconocimiento de la presencia de Dios en medio de nosotros. Veamos cómo
aparece esta peculiar manera de reconocer la presencia actuante de Dios a través del cuerpo
y del gesto de María.
i/ María descubre en Jesús el ungido del Padre. María lleva consigo la tradición
joánica de la experiencia de Dios, al reconocer a Jesús el “Hijo de Dios que debe venir al
mundo” (Jn 11,27) y “Aquel que es la Resurrección y la Vida” (Jn 11,25). Además, María
vive la experiencia de aquello que Jesús dirá más tarde a Felipe: “Aquel quien me ve, ve al
Padre” (Jn 14,9). Como hemos podido notar, María ha visto con sus propios ojos la acción
vivificadora de Jesús en el acto del retorno a la vida de su hermano Lázaro. María ha
podido descubrir que, efectivamente, “como el Padre levanta a los muertos y les hace vivir
(zoopoiein), así el Hijo a los que quiere – sus amigos – les hace vivir (zoopoiein)” (Jn
5,21).
20

ii/ A través de su gesto, María adora y descubre al Padre en el Ungido. María


hace memoria de su experiencia de vida al exteriorizar con su gesto de ungir el cuerpo de
Jesús. Pero es aquí cuando aparece la novedad poética del acto de María. En el momento en
que ella exterioriza a través de su gesto el acto por el cual se revela que Jesús es la
expresión del Padre, esta misma realidad emerge y se muestra en el gesto de María. Un tal
gesto toma forma en su cuerpo, al estado naciente (in statu nascendi), desde aquel momento
que ella se levanta y se pone en marcha en dirección a Jesús, el Viviente. El acto de María
no solamente afecta a Jesús, que le descubre su relación con el Padre (el Ungido), sino que
también afecta a María, porque se descubre participante de la obra vivificadora de Dios.
iii/ Todos participan de un éxtasis original. Los participantes de esta unción se
sostienen juntos experimentando cada uno a su manera el aroma que penetra sus cuerpos y
los envuelve a todos. Este acto de ‘sostenerse juntos’ constituye lo que Merleau-Ponty
llama un “éxtasis original”, de manera que, “el otro y mi cuerpo nacen juntos del éxtasis
original”. Dicho de otra manera, a través del gesto de María de ungir el cuerpo de Jesús,
todos los convidados de la cena participan de este acto, no como meros espectadores de la
unción, sino compartiendo de una misma experiencia, una reciprocidad e inmanencia a tal
punto que entre los cuerpos emerge “una relación de envolvimiento (abrazamiento). [Es
decir], entre ellos ya no existen fronteras, sino una superficie de contacto”.

5- Empeño
El verbo ‘empeñarse’ (s’engager10) quiere decir ‘dar en prenda’. El término ‘gage’
(prenda) proviene del latín vas (vadis, vadere [quo vadis: ¿a dónde vas?]). El verbo vado
(ir) significa: yo me avanzo hacia alguien, el sustantivo ‘alguien’ aparece aquí como la
garantía de mi deuda.

Se trata del movimiento hacia alguien y este acto corporal de acercarme al otro
constituye por él mismo la garantía de mi deuda. De ahí proviene el término jurídico
‘vasimodium’ que indica el gesto de estar vinculado o religado garantizando así que el
acusado se presentará al tribunal o simplemente evoca el ‘proceso jurídico’.

En el siglo XII aparece en el sentido jurídico del depósito que un deudor paga a un
acreedor como garantía de su deuda. Así, ‘engager’ en esta época significa ‘hipotecar’
algo. A este respecto, hipotecar es realizar un acto por el cual el hombre queda obligado a
sí mismo (auto-vinculación interior). De manera que el término ‘engagement’ (empeñarse)
es desde el origen un acto de adhesión (attachement), una acción por la cual el hombre se
vincula él mismo.

10
KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, pp. 16-17.
21

Más tarde, este sentido estrictamente jurídico del ‘engagement’ pasa a designar una
vinculación de sí mismo, de manera que el compromiso (engagement) contraído no
signifique ya necesariamente que el comprometido ofrezca una garantía material, sino es
suficiente que él dé su palabra. Por su palabra, el hombre empeña su honor o su fe; y él
pierde el honor y la estima de los otros, si llega a faltar a su palabra y si no es fiel a su
promesa.

De ahí aparece el verbo intransitivo ‘empeñarse’ (s’engager) que frecuentemente es


sinónimo de ‘obligarse’. El acto de empeñarse deviene una puesta en juego de sí mismo: yo
estoy ligado a mí mismo por el avenir. De ahí el verbo ‘prometer’ (gager): hacer una
apuesta.

Empeñarse, el acto por el cual yo me estoy ligado (me estoy implicado) dice
respecto al comienzo de una acción o a la invitación a actuar por los cuales el hombre se
obliga a sí mismo o le incitamos al otro a hacer algo.

Así, nos empeñamos a hacer algo (decidimos, prometemos), nos empeñamos en


algo (nos embarcamos en una acción, en una dirección), nos empeñamos por una persona o
por una causa (luchamos por ellos), nos empeñamos sobre algo (nos ponemos a discutir
sobre un tema)

Según Emmanuel Mounier11, el acto de ‘empeñarse’ es ante todo existencial. Así, la


‘persona’ reconoce su encarnación por su empeño. El acto de empeñarse es esencialmente
aquello que revela la encarnación, es decir, la existencia del hombre a la vez como cuerpo y
como espíritu.

Para Paul-Louis Landsberg12 el acto de empeño personal hace nacer un


conocimiento de la historia aportándonos un saber de la historicidad que vivimos. Así,
profundamente ‘empeñado’, no conocemos solamente el movimiento histórico en el cual
hemos entrado en tanto actor, sino sentimos también aquello que quieren los otros, gracias a
nuestra confrontación con los otros.

Para Jean-Paul Sartre13, el hombre se empeña por sus actos en el mundo en vista a
un fin. Por nuestra condición corporal nos empeñamos en una acción particular. Estando
necesariamente empeñados, vivimos a cada momento orientado hacia el futuro. Estamos
empeñados por lograr la totalidad del ser que queremos realizar por este empeño. Así
nuestro proyecto último es también nuestro proyecto inicial. Ser un hombre, dice Sartre, es
empeñarse en la vida, dibujar su figura, y nada más.

11 KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, p. 27.
12 KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, p. 29.
13 KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, pp. 31-32.
22

Para Maurice Merleau-Ponty, estar empeñado es tener un cuerpo, percibir el


mundo, abrirse al mundo y a su avenir: “Tener un cuerpo para un ser viviente es adherir a
un medio definido (ambiente), confundirse (unirse) con ciertos proyectos y desde ahí
empeñarse continuamente14”. Para el autor, el acto de ‘empeñarse’ tiene un sentido
existencial y político. Esta existencia es un “movimiento por el cual el hombre está en el
mundo, se empeña en una situación física y social15”.

6- Proximidad

Próximo: evoca todo acto de cercanía, tacto y sensibilidad que permite una acogida
positiva al otro.
Jesús crea contacto (Jn 4, 7-10): 7Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús
le dice: «Dame de beber.» 8Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida.
Le dice la mujer samaritana: 9«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una
mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) 10Jesús le
respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le
habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva».

La ronda de la comunión (Jn 6,1-6.8-13): Después de esto, se fue Jesús a la otra


ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, 2y mucha gente le seguía porque veían las
señales que realizaba en los enfermos. 3Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de
sus discípulos. 4Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. 5Al levantar Jesús los ojos
y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para
que coman éstos?» 6Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. 8Le dice
uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: 9«Aquí hay un muchacho que
tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» 10Dijo Jesús:
«Hagan que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los
hombres en número de unos 5 000. 11Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar
gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que
quisieron. 12Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los trozos sobrantes para
que nada se pierda.» 13Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los
cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

Jesús toca el cuerpo del otro (Jn 9,4-7): 9Tenemos que trabajar en las obras del
que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
5
Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.» 6Dicho esto, escupió en tierra, hizo

14
MMP, Phénoménologie de la perception, p. 97, cf. 240-241, 343-344.

15
MMP, Sens et Non-sens, p. 125 ; cf. p. 140.
23

barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego 7y le dijo: «Vete, lávate en la
piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo.

Jesús se deja tocar por una mujer (Jn 12,1-3): 1Seis días antes de la Pascua, Jesús
se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.
2
Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
3
Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies
de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.

Jesús crea comunión (Jn 11,51-52): Como era Sumo Sacerdote aquel año,
profetizó que Jesús iba a morir por la nación - 52y no sólo por la nación, sino también para
reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Su elevación en la cruz y a la derecha del Padre es para la comunión (Jn 12,32):


Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Jesús lava los pies de sus discípulos (Jn 13, 1-5): 1Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado
a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2Durante la cena, cuando ya
el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de
entregarle, 3sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de
Dios y a Dios volvía, 4se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se
la ciñó. 5Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a
secárselos con la toalla con que estaba ceñido.

El discípulo participa de la comunión que Jesús vive con el Padre (Jn 17, 21-
24.26): Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean
uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22Yo les he dado la gloria
que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: 23yo en ellos y tú en mí, para
que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has
amado a ellos como me has amado a mí. 24Padre, los que tú me has dado, quiero que donde
yo esté estén también conmigo. 26Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando
a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»

El reino de Dios se encarna y se expresa en el cuerpo (Lc 4,14-22). Jesús volvió a


Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba
enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y,
según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la
lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el
pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para
anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los
cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de
gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga
24

todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acaban
de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las
palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?».

Proximidad de Dios en el cuerpo (Lc 7,16-23). El temor se apoderó de todos, y


glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios
ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la
región circunvecina. Sus discípulos llevaron a Juan todas estas noticias. Entonces él,
llamando a dos de ellos, los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos
esperar a otro?». Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha
enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?». En aquel
momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista
a muchos ciegos. Y les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: Los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos
resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva.

Fases de encuentro con el otro (Malcolm Muggeridge observa en Algo bello para
Dios): ‘Al acompañar a la Madre Teresa en sus diversas actividades durante la filmación de
las mismas, lo mismo en el Hogar de los Moribundos que con los leprosos o con los niños
abandonados, me di cuenta de que nosotros atravesábamos por tres fases: la primera era la
de un horror mezclado con piedad; la segunda, la de la compasión pura y simple; y la
tercera, algo que iba mucho más allá que la compasión, algo que nunca habíamos
experimentado antes: un profundo sentimiento de que estos hombres y mujeres
moribundos, estos leprosos con muñones en vez de manos, estos niños abandonados, no
eran unos desgraciados, repulsivos o abandonados, sino más bien unos seres queridos y
amables. Como podrían serlo unos viejos amigos, unos hermanos y hermanas. (Tomado de
LEWIS Hedwing, En casa con Dios, Bilbao, Mensajero, [1991] 1996, p. 233).

7- Polinización

Polen (polinización): se refiere al polen adosado al cuerpo de una abeja cuyo pasaje
de una flor a otra permite indirectamente la germinación.

[*] La samaritana (Jn 4, 1-42)


(1) Jesús con la samaritana: 5Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca
de la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se
había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
7
Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber».
(2) Jesús toca la profundidad de la vida (dejar los ídolos): 16Jesús le dice: «Vete,
llama a tu marido y vuelve acá.» 17Respondió la mujer: «No tengo marido.» Jesús le
dice: «Bien has dicho que no tienes marido, 18porque has tenido cinco maridos y el
25

que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.» 19Le dice la mujer:
«Señor, veo que eres un profeta.
(3) La mujer va en busca de la gente: 28La mujer, dejando su cántaro,
corrió a la ciudad y dijo a la gente: 29«Venid a ver a un hombre que me ha
dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» 30Salieron de la ciudad e
iban donde él.
(4) Jesús se quedó con ellos y los samaritanos creyeron
personalmente en él. 40Cuando llegaron donde él los samaritanos, le
rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41Y fueron
muchos más los que creyeron por sus palabras, 42y decían a la mujer:
«Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y
sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

8- Rizoma

Rizoma: evoca el tallo horizontal y subterráneo con varias yemas emitiendo raíces de sus
nudos y crecen indefinidamente.

[1] La formación de los primeros discípulos (Jn 1,35-51)

Juan Bautista  dos de sus discípulos:


35
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 36Fijándose
en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» 37Los dos discípulos le oyeron
hablar así y siguieron a Jesús.

Los dos discípulos (Andrés y el otro) siguen a Jesús


38
Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscan?» Ellos le respondieron:
«Rabbí - que quiere decir, “Maestro” - ¿dónde vives?». 39Les respondió: «Vengan y lo
verán.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos
las cuatro de la tarde.

Andrés  se encuentra con su hermano Simón y le lleva junto a Jesús


40
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían
seguido a Jesús. 41Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo. 42Y le llevó donde Jesús. Jesús,
fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que
quiere decir, “Piedra”.

Jesús se encuentra con Felipe  sígueme


43
Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice:
«Sígueme.» 44Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.

Felipe se encuentra con Natanael y lo lleva junto a Jesús


45
Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y
también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.» 46Le
26

respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo
verás.»

Jesús se encuentra con Natanael verás cosas mayores


47
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en
quien no hay engaño.». 48Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» 49Le respondió
Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» 50Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» 51Y
le añadió: «En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios
subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

[2] El discípulo amado y Nicodemo

a- Discípulo amado

(1) Jn 1,40: 40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a
Juan y habían seguido a Jesús [implícito: el otro discípulo, es un anónimo, más adelante se
le reconocerá por su relación con el Maestro]
(2) Jn 13, 21-25: 21Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró:
«En verdad, en verdad les digo que uno de ustedes me entregará.» 22Los discípulos se
miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. 23Uno de sus discípulos, el que Jesús
amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. 24Simón Pedro le hace una seña y le dice:
«Pregúntale de quién está hablando.» 25El, recostándose sobre el pecho (kolpos) de
Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?»
(3) Jn 18,15-16: 15Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era
conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote,
16
mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro
discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
(4) Jn 19,25-27: 25Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de
su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26Jesús, viendo a su
madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí
tienes a tu hijo.» 27Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde
aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
(5) Jn 20, 3-10: 3Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron
al sepulcro. 4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por
delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5Se inclinó
y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6Llega también Simón
Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y
el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado
en un lugar aparte. 8Entonces entró también el otro discípulo, el que
había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9pues hasta
entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía
resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos, entonces, volvieron a
casa.
27

b- Nicodemo

(1) Jn 3, 1-4: 1Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
2
Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como
maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.»
3
Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver
el Reino de Dios.» 4Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede
acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?».
(2) Jn 7,45.50-52: 45Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los
fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le han traído?» 50Les dice Nicodemo, que
era uno de ellos [fariseos], el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso
nuestra ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’
52
Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de
Galilea no sale ningún profeta.»
(3) Jn 19, 38-40: 38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de
Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización
para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y
retiraron su cuerpo. 39Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente
había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien
libras. 40Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los
aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.

9- La lógica de Jesús y del discípulo


a- El Logos orientado hacia el Padre

Jn 1,1-2: Al principio ya existía el Logos (la palabra, el verbo) y el Logos se dirigía a Dios
(estaba orientado hacia Dios) y el Logos era Dios. Éste al principio se dirigía a Dios.

Jn 13,1: Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este
mundo al Padre, después de haber amado a los suyos del mundo, los amó hasta el
extremo.

b- Ni ni sino
[1] Jn 1, 12-13: A los que lo (Logos) recibieron los hizo capaces de ser hijos de Dios: a los
que creen en él, los que no han nacido de la sangre,
ni del deseo de la carne,
ni del deseo del varón,
sino de Dios.
[2] Jn 4, 21.23: Jesús a la samaritana: ‘Créeme, mujer, llega la hora en que
ni en este monte
ni en Jerusalén se dará culto al Padre,
[sino] en espíritu y en verdad.
28

[3] Jn 9, 1-3: Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos le preguntaron:
‘Maestro’, ¿quién pecó para que naciera ciego?, ¿él o sus padres? Contestó Jesús:
- ni él pecó
- ni sus padres
- [sino] para que se revele en él la acción de Dios

c- Sensus Christi (tener los mismos criterios de Jesús)

Jn 8,15-17: Ustedes juzgan según criterios humanos, yo no juzgo a nadie. Y si


juzgase, mi juicio sería válido, porque no juzgo yo solo, sino con el Padre que me envió. Y
en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.

Jn 8,39-41: Los judíos dijeron a Jesús: ‘Nuestro padre es Abrahán’. Replicó Jesús:
‘Si fueran hijos de Abrahán, harían las obras de Abrahán. Ahora bien, intentan matarme, a
mí que les he dicho la verdad que le escuché a Dios. Eso no lo hacía Abrahán. Ustedes
hacen las obras de su padre.

Jn 8,41-42: Los judíos respondieron: ‘Nosotros no somos hijos bastardos; tenemos


un solo padre, que es Dios’. Le replicó Jesús: ‘si fuera Dios el padre de ustedes, me
amarían, porque yo vine de parte de Dios y aquí estoy. No vine por mi cuenta, sino que él
me envió.
Jn 8,43-45: ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no son capaces de escuchar
mi Palabra. El padre de ustedes es el diablo y quieren cumplir los deseos de su padre. Éste
era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él;
cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la
mentira. Pero a mí, como les digo la verdad, no me creen.

1Jn 2,15-17: No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al


mundo, el amor del Padre no está en él. Cuanto hay en el mundo - la codicia sensual, la
codicia de lo que se ve, el jactarse de la buena vida -, no procede del Padre, sino del mundo.
El mundo pasa con sus codicias; pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para
siempre.

d- Kolpos: conocimiento interno

[1] Jn 1,18: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno (kolpos)
del Padre, él lo ha contado.
[2] Jn 13, 23-25: Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de
Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando ». El,
recostándose sobre el pecho (kolpos) de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?».
29

[3] Jn 20,8: Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al
sepulcro; vio y creyó.

8/ Una propuesta de felicidad: las Bienaventuranzas

Horizonte de las Bienaventuranzas: Bienaventurados los pobres de espíritu porque de


ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5, 1)

Las bienaventuranzas presentan una visión de proyecto. Su forma enunciativa y su


expresión del verbo en tercera persona del plural, permite comprender que ellas no están
dirigidas a un grupo exclusivo de personas sino a “todos”. Entonces, todo cristiano que lea,
escuche o reflexione este texto debe convencerse de que está dirigido a él. Que Jesús le
llama feliz, pero al mismo tiempo le pide trabajar para hacer posible y visible el reino de los
cielos y que éste llegue a su plenitud a través de actitudes de fraternidad y hermandad
(Acosta, 2007).

Los pobres de espíritu. ¿Por qué razón supone que los pobres se encuentran en una
situación privilegiada respecto al reino de Dios? Alude a aquella persona capaz de vivir la
pobreza espiritual, es decir, la que logra ser desprendida, generosa, confiada, en otras
palabras, la persona que vive una desnudez espiritual frente a Dios, sin máscaras. Cabe
pensar que la pobreza de que habla Jesús es ante todo una apertura a Dios, una actitud
espiritual. Para alcanzar esta pobreza espiritual, la pobreza material no es necesariamente,
pero sí bastante normalmente un camino privilegiado. Así, pues, el que es declarado
dichoso por Jesús no sería el pobre en cuanto tal, sino el pobre que pone su confianza en
Dios, el que se abre a él con la confianza de la fe.

La palabra hebrea anawim que suele traducirse por pobres puede designar muy bien una
actitud de alma más que una situación económica o sociológica. En este sentido la
comprende Mateo y lo aclara diciendo pobres de espíritu o los que eligen ser pobres. Pues
bien, la bienaventuranza de los mansos o no violentos no hace más que expresar de otra
manera esa misma actitud fundamental de alma. El determinativo "de espíritu" nos indica
que no se trata de la pobreza en sentido de indigencia, sino de una disposición espiritual. La
palabra hebrea anawin evoca la imagen de "encorvado": los que se han encorvado o se
encorvan. Es la actitud del débil que no es capaz de resistir y defenderse, y se ve obligado a
ceder ante los poderosos.

Nuestra palabra castellana "pobre" viene del latín pauper que designa al que tiene poco en
el aspecto cuantitativo; nos situamos entonces en el punto de vista económico. En hebreo,
el pobre es considerado sobre todo como un ser humillado, rebajado, un hombre que no
consigue hacer respetar sus derechos. Los anawin ruah, los "pobres en espíritu" son
personas que se encorvan interiormente, que no resisten, que no se rebelan, personas que
poseen la ruah anawah, el espíritu de pobreza, una actitud espiritual hecha a la vez de
humildad, de paciencia y de mansedumbre.
30

1. Los mansos (los no violentos) heredarán la tierra


1 LOS QUE PADECEN 2. Los afligidos (los que lloran) serán consolados
3. Los que tienen hambre y sed de justicia serán
saciados

Importa retener la mención de los gestos de Jesús: de mirar, de subir a la montaña y de


tomar su posición de sentado. Además, se mencionan tres acciones vinculadas a la palabra
que se mantienen a lo largo del discurso: abrir la boca, enseñar y hablar. Entre los
evangelios, sólo en Mt 5,2 aparece la expresión “abrir la boca” como introducción a un
discurso. Esta locución da solemnidad al inicio del SM y a toda la enseñanza de Jesús.
Hasta ahora sólo se han puesto en su boca algunas palabras pronunciadas en circunstancias
especiales (3,15; 4,[Link].19), pero en este momento sale del silencio y comunica a todo
el pueblo la riqueza de su sabiduría, expresando por medio de sus palabras el tesoro de
Vida que anida en su corazón y evidenciando que ―de lo que abunda el corazón habla la
boca (Mt 12,34). En efecto, enseñando, Jesús pone al descubierto su mismo corazón y
revela que Él es ― el hombre bueno por antonomasia que del buen tesoro de su corazón
saca cosas buenas (Cf. Mt 12,35).

Los mansos (los no violentos): La bienaventuranza de los «humildes» tiene esencialmente


el mismo significado que la de los «pobres en el espíritu». Esta bienaventuranza está
inspirada directamente en el Sal 37,11: «los humildes heredarán la tierra» (los mismos
términos en Mt 5 y en Sal 37,11 griego). En el salmo 37 los humildes son los que «cuentan
con el Señor» (v. 3), los que «descansan en el Sheol y esperan en él, sin perder la paz ante
el que prospera con la intriga» (v. 7). En el salterio griego encontramos este mismo
significado de ausencia de cólera, de paciencia y sobre todo de confianza en el Señor. El
humilde es aquel que no se irrita ante las contradicciones de la vida y sabe tener paciencia
en la espera de verse colmado. El humilde no intenta violentar a Dios, arrancarle lo que él
desea (compárese con el "pagano» de Mt 6,7-8: en su oración, intenta presionar a Dios y
obtener de él lo que quiere, más bien que disponerse a acoger los dones del Padre, que
conoce sus verdaderas necesidades). El humilde acepta el tiempo de Dios y la manera de
obrar de Dios. Por tanto, no es una persona débil; al contrario, es un creyente que tiene una
gran fuerza de alma.

Los afligidos (los que lloran): La palabra griega penthos designa una pena muy intensa.
En este sentido de gran aflicción, provocada por graves calamidades, es como utilizan los
profetas frecuentemente este término. En Is 61,2 el término expresa el dolor muy vivo, casi
desesperado, ante la inmensa pérdida que se ha sufrido. La bienaventuranza de los afligidos
tiene probablemente un sentido ético y religioso. Se refiere especialmente a las personas
que viven una gran aflicción humana con una actitud de confianza en Dios. La aflicción
proviene del hecho de que, en nuestras sociedades, Dios y Jesucristo son los grandes
"ausentes». También puede decirse: los que se afligen de que nuestro mundo parezca tan
poco abierto a los valores espirituales, a los valores del Reino.

Los que tienen hambre y sed de justicia: Jesús prosigue su enseñanza sobre la justicia
que hay que practicar: define la manera debida de cumplir unas acciones que tienen que ver
con las relaciones de los hombres con Dios: dar limosna, orar, ayunar (6,2-18). La
31

expresión utilizada en 6,1: "hacer (poiein) su justicia» debe relacionarse con otras dos
utilizadas en el final del SM: "hacer (poiein) la voluntad de mi Padre» (7,21) Y "hacer
(poiein) estas palabras mías» (7,24). Por tanto, practicar la justicia es conformarse con la
voluntad del Padre tal como la enseña Jesús. Y la justicia que hay que practicar cubre tanto
las relaciones con Dios como las relaciones con los demás. La expresión "hambre y sed de
justicia» significa el deseo ardiente y la búsqueda activa de vivir según la voluntad de Dios.
«Tener hambre y sed de justicia» quiere decir aspirar a una vida perfectamente de acuerdo
con lo que el Padre quiere que seamos (= ser verdaderos hijos suyos; por consiguiente,
imitarle). La justicia de Dios está hecha de gratuidad y misericordia.

1. Los misericordiosos porque alcanzarán


2 Los actores del Reino misericordia
2. Los limpios de corazón porque verán a Dios
3. Los que procuran la paz porque serán llamados
hijos de Dios

Dichosos los misericordiosos: En el Antiguo Testamento la misericordia encierra dos


aspectos esenciales: el perdón divino de las faltas y la beneficencia activa de Dios con las
personas necesitadas. En hebreo hay un mismo término para designar las entrañas y la
misericordia; viene de rehem, el útero, el seno materno. Ser misericordioso es dejar que «se
conmuevan las entrañas» ante una situación de desgracia o de miseria. De ahí, la
«misericordiosos», evoca el acto de tener un «corazón» atento a las «miserias». Se trata de
un estado interior que se traduce en un obrar. Los misericordiosos son los que
efectivamente abren su corazón a los demás y alivian la desgracia ajena. Dos maneras de
practicar esta bienaventuranza:
- Socorrer todo tipo de miserias: El pasaje más claro es el texto célebre del juicio
final, propio de Mt (25,31-46): «Tuve hambre...». En este texto no figura la palabra
«misericordia», pero los seis ejemplos de desgracia que se presentan corresponden a las
«obras de misericordia» predicadas por el judaísmo. Mt 25, amplia el concepto de la
bienaventuranza de la misericordia abrazando todos los servicios que uno está llamado a
hacer al prójimo necesitado.
- Perdonar: El perdón es la obra de misericordia por excelencia. La parábola del
criado inmisericorde (18,23-35), propia de Mt, ilustra e ilumina lo que es nuestra
bienaventuranza. Ante la desgracia y las súplicas de su criado, el rey «lleno de compasión»
(tocado en sus entrañas, v. 27), le perdona la suma fabulosa de diez mil talentos. Ante una
idéntica desgracia y la misma súplica de uno de sus compañeros, este criado perdonado
exige sin piedad el pago inmediato de la pequeña suma de cien denarios. De ahí el reproche
del rey: «¿No debías también tú tener misericordia de tu compañero como yo tuve
misericordia contigo?» (v. 33). Esta parábola ofrece una luz sobre la misericordia
evangélica. El perdón concedido a los otros se deriva del perdón recibido de Dios. La
experiencia de haber sido perdonados por Dios nos hace normalmente aptos para que
nosotros perdonemos a los que nos han ofendido (el «como yo tuve misericordia de ti» de
18,33 es tanto causativo como comparativo).
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Dichosos los limpios de corazón: El tema de la pureza de corazón se encuentra en los


salmos y en los profetas. Allí ya no se insiste tanto en la pureza ritual como en los libros
más antiguos de la Biblia. La pureza que se busca es de orden moral. La formulación de
esta bienaventuranza proviene del Sal 24,4-6, que contiene la expresión «limpio de
corazón" y la alusión a «ver a Dios". El limpio de corazón del Sal 24 designa a la persona
que está ante Dios con toda integridad y rectitud. La bienaventuranza de Mt 5,8 indica que
la verdadera impureza procede del interior (del corazón), no de las faltas contra las reglas
de pureza ritual (15,18-20); el mal reside en la intención de la acción, no en el gesto
exterior que se hace (5,28). El mal -y por tanto el bien- viene de dentro, no de fuera.

En Mt 23,25-28, se dibuja a los escribas y fariseos como el anti-tipo de la bienaventuranza


de los corazones limpios; se les llama «hipócritas" porque en ellos no se corresponde lo de
dentro con lo de fuera; parecen buenos, pero no lo son. Del mismo modo, en el capítulo 6
del Sermón de la Montaña se dice de los «hipócritas" que realizan actos religiosos (limosna,
oración, ayuno) para que los vean los hombres, no para agradar a Dios (6,1-6.16-18); su
motivación es falsa y por eso su corazón es impuro. La bienaventuranza de los «limpios de
corazón" designa a las personas que están interiormente exentas de malicia y de
perversidad, buscan el bien, son rectas y leales con Dios y con el prójimo. A diferencia de
los hipócritas, los limpios de corazón son aquellos cuyo obrar exterior corresponde a su ser
más profundo. Son personas que viven de acuerdo con lo que piensan, con lo que dicen y
con lo que hacen. Un término contemporáneo podría ser el de «autenticidad", comprendida
como «sinceridad", en la búsqueda de verdad y de rectitud en las relaciones con Dios y con
los demás.

Dichosos los hacedores de la paz: La traducción literal del término griego (eirenopoioí) es
«hacedores de paz". Por tanto, esta bienaventuranza no se refiere a las personas que tienen
un temperamento pacífico, sino a las que se comprometen activamente en la construcción
de la paz. La expresión “hacer la paz” aparece una vez en el Antiguo Testamento (Prov
10,10 griego y muy frecuente en los escritos rabínicos, donde quiere decir: trabajar por
reconciliar a las personas en conflicto. Al contrario, en el Antiguo Testamento se utiliza
mucho la palabra “paz” (shálom). La paz que se busca y se desea no es sólo la estabilidad
política, sino el desarrollo integral de las personas y de las colectividades. De ahí, la palabra
shálom evoca la era mesiánica (Is 54,10). Dos significados:
- La reconciliación: Los constructores de la paz son las personas “que trabajan
activamente por establecer o restablecer la paz donde los hombres están divididos entre sí”.
La bienaventuranza de la paz se repite bajo la forma de invitación a reconciliarse con el
hermano antes de llevar la ofrenda al altar (5,23-24), aunque uno no sea responsable de la
ruptura.
- La justicia humana: Los constructores de la paz son también las personas que
trabajan por establecer las condiciones favorables para que todos y cada uno puedan
desarrollarse en la línea de su humanidad. Aquí, la "paz» coincide con la "justicia» humana
integral: permitir a los individuos y a los pueblos el acceso a todo aquello a lo que tienen
derecho para desarrollarse en todas las dimensiones de su humanidad. La paz que hay que
establecer es no solamente una ausencia de divisiones y de guerras, sino una situación de
justicia, un mundo en el que cada uno disfruta de las condiciones favorables para crecer
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humana y espiritualmente. La interpretación más profunda es sin duda el amor a los


enemigos.

1. Los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el


Reino de los Cielos
3 2. Cuando les injurien y les persigan y digan con mentira toda clase
Dimensión pascual: de mal contra ustedes por mi causa
3. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los
los perseguidos
cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas
anteriores a ustedes.

El Logos de Dios, creador omnipotente que lleva en sus manos la existencia de los hombres, ha
venido sobre el mundo y los hombres de este mundo no le han recibido (Jn 1,5.11). Ese Logos
expulsado, que mantiene su actitud de amor en el exilio y desde el mismo exilio ofrece salvación a
los que quieran acogerle (Jn 1,12-13), constituye el misterio original de nuestra historia. Ese Logos
es Jesús, el perseguido (Jn 15,20).

Pensaban los sabios que el Dios grande debería mostrarse de manera impositiva, poderosa,
desgarrando los tejidos de opresión externa, acallando para siempre a los malvados y ofreciendo a
los justos su venganza. Pues bien, en contra de eso, el verdadero Dios nos ha ofrecido la vida desde
su propio cautiverio: se ha dejado perseguir, no ha perseguido; se ha dejado rechazar, no ha
rechazado; de esa forma se ha hecho carne sobre el mundo (Jn 1,14), como expulsado entre los
expulsados; crucificado con los crucificados. Sólo de esa forma su palabra salvadora puede resonar
y ha resonado victoriosa, como anuncio de reino y esperanza para todos los pequeños y humillados
de la tierra.

Desde Jesús y con él se ha superado la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente) y anuncia así
la buena nueva de Dios para los hombres. Es la buena nueva de un Dios que ya no funda su poder
en la violencia, un Dios que no castiga a los culpables, que no persigue a publicanos-prostitutas, no
utiliza ningún tipo de chivo expiatorio para mantenerse con poder sobre la tierra. Eso le permite
anunciar la buena nueva de los hombres: pueden vivir en unidad, sin oponerse unos a otros, pueden
perdonar a los contrarios, no responder al mal con otro mal, ofrecer la otra mejilla a los violentos…
Eso significa que es posible vivir sin perseguirse: hay una forma de unidad que no se logra a través
de la opresión frente a un tercero (chivo expiatorio), es unidad de puro amor, de gratuidad que
rompe la violencia. Jesús y sus discípulos empiezan ya a fundar el reino: un mundo de perdón y
gracia en que los hombres puedan vincularse sólo por amor. Por eso, Jesús, el perseguido de la
Cruz, no ha respondido a los romanos y judíos con sus viejas armas de violencia; les responde con
un gesto de paz resucitada, en aquel mismo lugar donde le habían conducido hasta la muerte. Ese es
el misterio de la pascua, este es el comienzo de la Iglesia.

a- Perseguidos por la justicia: Son los hombres que en la línea de los viejos profetas de Israel (Mt
5,12) han buscado ante todo el reino de Dios y su justicia. Son aquellos que padecen daño porque
buscan la presencia de Dios sobre la tierra: los que ayudan a los pobres, los que intentan perdonar a
los que no son perdonados, acoger a los perdidos, animar a los que están desanimados. Esta es la
justicia de Jesús, ésta es la causa de la persecución de sus discípulos. Ciertamente les persigue la
‘justicia organizada’ de este mundo; pero ellos, marginados y oprimidos, son los justos verdaderos,
porque quieren suscitar sobre la tierra un nuevo nacimiento, una humanidad basada en el amor hacia
los pobres. Regalan de manera creadora lo que tienen, ofreciendo gratuidad, protección y ayuda
muy concreta allí donde los hombres están oprimidos y sin derechos.
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b- Perseguidos por causa del Hijo del Hombre: Hijo de Hombre es ahora el salvador que,
superando las figuras bestiales y opresoras de la historia, ofrece ya un camino de nueva humanidad
(Dan 7, 13-14); es el mismo Jesús que, conforme a Mt 25, 31-46, se identifica con los hambrientos
y sedientos, exilados y desnudos, enfermos y cautivos de la tierra. Lógicamente serán perseguidos
por causa del Hijo de Hombre todos los pequeños y de un modo especial los que se afanan por
ofrecer a los demás una ayuda liberadora.

c- Perseguidos por mi causa: Son todos los que están unidos a la causa de Jesús, son los que
extienden entre riesgos su evangelio. Jesús se identifica con todos los perdidos de la historia; de esa
forma los que no tenían voz encuentran su voz ahora, los que estaban en la parte oscura de la tierra
reciben la gran luz (Mt 4,16): la misma palabra de Dios se ha convertido en su palabra; en ellos se
ha encarnado, por todos ellos habla. Este es el lenguaje de la cruz universal: Dios hace suyo el
sufrimiento de la tierra y desde abajo, desde el mismo reverso y el subsuelo de los hombres, ofrece
su perdón a los perseguidores. En este fondo emerge la comunidad creyente.

Bibliografía:
1. Biblia de Jerusalén.
2. Documento Vaticano II
3. Marcel Dumais, El sermón de la montaña, Navarra, Verbo Divino, 1998, pp. 22-25.
4. Jacques Dupont, El mensaje de las bienaventuranzas, Navarra, Verbo Divino, 1990.
5. Pikaza Xavier, Persecución religiosa. Esquema teológico. Communio 87, 2, pp. 103-113
5. Salvador Villota Herrero, Las bienaventuranzas: corazón del Evangelio de Jesús, Facultad de Teología S.
Vicente Ferrer, Valencia, Ponencia del 28 noviembre 2012, pp. 1-9.

Material preparado por Ricardo Jacquet sj


Formación en Teología Dogmática

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