Cristología: Gestos y Palabras de Jesús
Cristología: Gestos y Palabras de Jesús
1/ Sensus Christi
Filipenses 2, 1-8: Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo Jesús.
El, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte
como hombre, se rebajó a sí mismo.
1
Rodríguez Antonio, El himno cristológico de Filipenses 2,6-11. Sentido primitivo y paulino.
FORTVNATAE, 22; 2011, pp. 239-258
2
Cristo resucitado, el que se humilla y es exaltado. Este nuevo “medio vital” exige un
comportamiento adecuado.
Cristo: El verbo mashaj (ungir, untar, consagrar) aparece unas 70 veces en el AT
hebraico. Significa simplemente ‘untar’ algún objeto, persona, con aceite (por lo general).
El sustantivo mashiaj significa “ungido”, del cual se deriva el término messiah (mesías) y
más tarde el título neotestamentario de Xristos que es el equivalente hebreo de messiah,
que también tiene el significado básico de ‘untar con aceite’. Veremos más adelante, el
título Cristo, enfatiza la unción especial de Jesús como el santo o el ungido de Dios.
Fue en Antioquia dónde comenzó a darse a los discípulos de Jesús el nombre de
cristianos (Hech 11, 26). Esta denominación proviene de uno de los nombres dado al Hijo
de Dios: Cristo, que traduce la palabra de origen hebreo Mesías, y que significa Ungido.
Del nombre de Cristo, dado en el NT a Jesús, deriva el apelativo de cristianos, dado a sus
discípulos. Cristiano significa “de Cristo”, “discípulo de Cristo” (Mt 28, 19; Jn 6, 8),
“seguidor de Cristo” (Mt 8, 22; 10, 38; 16, 24; 19, 27s; Mc 8, 34; Jn 8, 12; 10, 4; 21, 22;
persona que “vive de Cristo” (Jn 6, 53.57), “sarmiento de Cristo” (Jn 15, 4s), “imitador de
Cristo”(1 Cor 4, 16; 11, 1), y “miembro de Cristo” (1 Cor 6, 15; Ef 5, 30). Son todas
expresiones muy fuertes y que van mucho más allá de una pertenencia jurídica. Se trata de
una pertenencia vital, de algo que se asemeja a la consanguinidad natural o a la vitalidad
que adquiere un injerto que se nutre del tronco del cual recibe la savia. Es como reza la
expresión paulina de que hemos sido hechos concorporales de Cristo (Ef 3, 6).
Jn 1,18: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno (kolpos)
del Padre, él lo ha contado [mostrado, interpretado].
[b] Jn 3,31-35: Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la
tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos.
Él atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. Quien acepta su testimonio
acredita que Dios es veraz. El enviado de Dios habla de las cosas divinas, pues Dios no da
el Espíritu tasado. El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos.
3
[c] Jn 15,15: Ya no les llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace el
amo. A ustedes les he llamado amigos porque les comuniqué cuanto escuché a mi Padre.
[1] Jesús no cuenta un evento que sucedió en el pasado, sino un acontecimiento que
él vive continuamente con el Padre. Jesús es testigo de aquello que él ve en la casa del
Padre. Jesús exige la fe en su palabra, esta palabra es la de un testigo que sabe
presentemente, porque él ve y escucha (3,32) al propio Padre. Jesús se presenta como el
revelador; es decir, el enviado habla las palabras de Dios. Jesús sitúa su acto de narrar en un
presente continuo, es decir, el evento del cual él alude sigue sucediendo incluso, para el
lector del Evangelio.
[2] Qué tipo de narración alude el texto: Es una narración que nos concierne a todos
los que creemos en Jesucristo, de modo que se trata de un relato abierto en el que Dios aún
no ha cerrado su historia. De ahí, el acto de contar se refiere a un acontecimiento que se
está realizando actualmente, en un tiempo presente, como una realidad permanente.
[a] Jn 1,18: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno
(kolpos) del Padre, él lo ha mostrado.
[c] Jn 14,8-9: Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice
Jesús: ‘Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces, Felipe? El que me ha
visto a mí, ha visto al Padre’.
4
Se trata de un arte visual que permite captar el ‘ser mudo’ en estado naciente sin
imponerle un lenguaje ya acabado (maestro, dónde vives vengan y vean). El acto de ver
permite acercarnos a lo inexplicable. Es aprender a ver el mundo a través de las miradas de
Jesús, quien nos acerca a la fuente de toda visión (Dios). Un modo de pensar este acto de
ver es el arte2. En el arte, la racionalidad y la visibilidad van unidas. El artista no hace una
simple copia de lo real, ni tampoco una reproducción en imágenes de unas ideas
preconcebidas. El pintor extiende ante nosotros el mundo percibido.
El arte mismo es una interrogación no conceptual, una presentación sin concepto del
ser universal como creación, que aprehende la cosa en el signo, haciéndola visible, como
expresión productiva que no traduce pensamientos, que concibe a la vez que ejecuta. La
pintura no reproduce lo real, pero tampoco se contenta con expresar la subjetividad del
pintor, sino su estilo o manera de relacionarse con el mundo. Si la percepción es recreación
y no mera réplica pasiva del objeto, con mayor razón lo será la percepción del pintor, que
imagina lo visible bajo la forma de la obra de arte.
2
El texto que sigue está tomado de, LÓPEZ SÁENZ María del Carmen, “Merleau-Ponty o el arte de la
visibilidad”, Agora (1998), vol 17, n 2, p. 148.
5
[a] Jn 5,17-18: Jesús dijo: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’. Por
eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el
sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
[b] Jn 5,19-20: Les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que
ve hacer al Padre. Lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre
quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que éstas,
para que se asombren.
d- Trabajar en la obra del Padre: hacer las cosas del Padre. Dios no cesa de actuar y
sigue operando en bien de la humanidad. Él es el servidor de la humanidad. Y Jesús
precisa: “yo también trabajo”. De esta manera, Jesús no se queda solamente en el
plano de ‘recibir’ la vida que procede del Padre sino que él también participa de la
obra del Padre: un acto salvador del mundo que se está realizando hasta el momento
presente o hasta ahora o dicho de otro modo, una obra que todavía está haciéndose.
e- Mostrar, revelar, poner en escena al mismo Padre (quien me ve a mí, ve al Padre, Jn
14,9)
3/ Encarnarse en el mundo
de la eternidad, de la que se habla en los textos sapienciales que tratan del origen de la
Sabiduría de Dios. Cuando Jn 1, lb. 2 dice: ho Logos én pros ton Theón podemos traducir:
El Logos estaba (vuelto) hacia Dios, como indicando una relación dinámica, personal. Es la
misma idea que se ve en Jn 1, 18: «Dios Unigénito, el que está en el seno del Padre». Por
eso puede hablar Juan de que el Hijo del hombre sube «adonde estaba antes» (Jn 6, 62).
Juan ha hablado en lenguaje paradójico del Logos: es Dios y está con Dios, es
idéntico y distinto. El lector se encuentra de lleno con el misterio. El Logos encarnado es
quien da sentido y unidad a todo el evangelio de Juan. Todo el evangelio vive de la
comprensión de que el Logos creador está encarnado. «Puso su morada entre nosotros»,
literalmente: «puso su tienda entre nosotros» ha sido una frase buscada, investigada en el
AT para lograr decir que se repite y se supera una experiencia divina, y Dios tiene una
tienda donde su pueblo puede encontrarlo como en el Sinaí, como se dice en Núm 35, 34;
Jos 22, 19; etc. Jesús es ahora la tienda del encuentro con Dios, no una tienda inanimada,
sino una humanidad. Por eso hablará Jn 2, 21 del naós, «el santuario de su cuerpo». Hay en
este lenguaje una búsqueda llena de reverencia para con el misterio indecible.
4/ Poética de la vida
El Logos no es una creación de Dios, no es como la sabiduría judía, “la que fue engendrada
antes que los abismos” (Prov 8, 22 s.); pertenece desde siempre, al orden divino, increado.
Dios se hace presente en el Logos, y esto, antes de la constitución del mundo, en el tiempo
infinito de Dios. El logos es Dios y está junto a Dios. La misma realidad de resucitado, del
que, en la terminología juánica, está junto al Padre (13, 1; 14, 12; 16, 10: 17. 28; 20, 17), se
aplica al Jesús preexistente, que ya no es solamente anterior a Juan Bautista (1, 30) o a
Abraham (8, 58), sino a la misma creación; desde siempre “estaba junto a Dios.”
Dios queda allá en el fondo como un ser incomprensible sin el Logos. Si al prólogo de Juan
le quitásemos la figura del logos, Dios no tendría consistencia alguna. El mundo de lo
divino nos viene a decir Juan, no es solamente el de un Dios aislado en su soledad de siglos
eternos. Dios ha sido siempre él mismo y su posibilidad de establecer contacto con algo
más, que va a empezar creando.
Una relación doble une a este logos con las demás cosas que no son Dios con el mundo, al
que nosotros llamamos creado; es hacedor y revelador desconocido. Todo lo creado cae
bajo su poder, depende de él. Pero su actuar no es independiente.
Dios y el logos, a pesar de ser dos realidades distintas -dos personas-, están mutuamente
implicadas en su ser y actuar. Así como, en el relato evangélico que sigue, Jesús y el Padre
son una misma realidad, porque ambos a una están siendo-obrando la misma realidad
salvífica, así sucede también en el plano de la creación. Desde el punto de vista humano,
todo Dios está presente en el logos, como lo estará en la vida de Jesús de Nazaret, y nada
hay, fuera del logos, que pueda hablar de Dios. Por ello, si la creación puede hablar de
Dios, revelarle de alguna manera, de esa misma manera tiene que estar presente en ella el
logos. La creación manifiesta al Dios inasible, luego el logos revelador ha intervenido
necesariamente en ella.
Jn 5,21. 6,63: Jesús tomó la palabra y les dijo: ‘Como el Padre levanta a los muertos y les
da la vida – les hace vivir (zoopoiein), así el Hijo a los que quiere les da vida – les hace
vivir (zoopoiein). Es el Espíritu quien da vida – hace vida (zoopoiein).
Jn 5,26: Pues como el Padre posee vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener
vida en sí mismo.
Jn 10, 10: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
3,16.36: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea
no perezca, sino tenga vida eterna. Quien cree en el Hijo, tiene vida eterna. Quien
no cree al Hijo, no verá la vida.
5,40: Pero ustedes no quieren acudir a mí para tener vida.
6,[Link]: El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Yo soy el
pan de la vida: el que acude a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará
nunca sed. Yo soy el pan de la vida. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien
coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi
carne.
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5/ Nacidos de Dios
Jesús y el logos son una misma realidad divina. No se trata solamente de que Dios
se muestra en Jesús de Nazaret; es que Jesús de Nazaret es el mismo logos que estuvo
siempre presente junto a Dios. No se trata de una cualidad añadida al hombre Jesús, sino de
una entidad total y real: Jesús es Dios, Lo que, traducido, significa: Jesús no dejó de ser el
logos.
En Jesús aparecen los dos movimientos: Jesús es el logos preexistente que ha
llegado a ser hombre y él es el logos que viene a los suyos, se instala en medio de los
hombres y hace participantes de su mismidad divina a aquellos que se acogieron. Así, el
cristiano es el hombre existente que llega a ser hijo de Dios. El cristiano se convierte en
hijo de Dios. En este sentido, Jesús queda ya denominado como Dios unigénito (1, 18); es
el primero en la serie de hijos de Dios.
En el cristiano, se está revelando la figura más exacta de Dios, que se hizo
históricamente presente en Jesús de Nazaret. El cristiano viene a ser una especie de
continuación de la encarnación. El mundo divino, que se hizo pleno en Jesús de Nazaret,
continúa su historia mundana a lomos de los cristianos. Y los hombres podrán ver en el
cristiano la imagen viva del Dios que por amor se hizo hombre y murió en la cruz.
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Según el Prólogo de Juan, El Logos hecho carne hace posible una relación de
intimidad entre Dios y el discípulo de Jesús, en estos términos: “A todos los que lo (el
Logos hecho carne) recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su
nombre. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque han
nacido de Dios” (Jn 1,12-13). Este engendramiento funda el origen de una nueva existencia
en Cristo y manifiesta el comienzo de una relación de pertenencia recíproca entre el
discípulo y el Padre. De hecho, ¿qué puede significar este nacimiento? Según la escuela de
Juan, este nacimiento es visible de la manera siguiente:
Jn 3,3-7: Se trata de nacer del agua y del Espíritu. Estos dos elementos aparecen en
el origen de la creación: “La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar
profundo cubierto de oscuridad; y el espíritu de Dios se movía sobre el agua” (Gn 1,2). Así,
el agua y el espíritu están asociados a la formación de una vida en su estado naciente.
Estos dos elementos serán retomados de nuevo por Ezequiel como expresión de una nueva
creación: “Los lavaré con agua pura; pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu
nuevo” (Ez 36,25-26). Se trata de la ‘formación’ de una vida nacida de Dios y cuya
vitalidad está dada por la comunión con Dios.
1Jn 2,29: Todos los que hacen la justicia han nacido de Dios. Este nacimiento
recoge la tradición de la experiencia profética: vivir según el Espíritu de Dios en el cuidado
al otro.
1Jn 4,7: Todo el que ama ha nacido de Dios. Jesús pone el ‘amor’ como la
expresión cualificada de la convivencia entre los discípulos: “En esto conocerán todos que
son discípulos míos: si se aman los unos a los otros” (Jn 13,35). Esta corriente de amor
tiene tu origen en el Padre: “Dios amó tanto al mundo que envió/entregó a su Hijo único,
para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Jesús
comprendió su vida y su entrega hasta la cruz en esta misma perspectiva del amor: “Nadie
tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).
El Logos de Dios se hace carne y habita en medio de nosotros. Éste es el secreto de
la Encarnación: Dios permanece y se hace ‘vida’ en nuestro cuerpo habitándolo. De ahí, la
relación que el Padre tiene con los discípulos de Jesús se concretiza en el acto de hacer
(poética). Esta poética corporal se expresa en el acto de ‘nacer del Espíritu’, hacer la
justicia y amar a los hermanos. Estos tres actos poéticos constituyen para el discípulo el
modo de habitar e instalarse en el mundo. Se trata de habitar el mundo en la perspectiva del
Espíritu: engendrado por Dios, siendo expresión comunitaria del amor y gestores de la
justicia divina.
11
[1] ENCARNACIÓN (Jn 1,25): Juan les respondió: ‘Yo bautizo con agua, pero en medio
de ustedes está uno a quien no conocen.
Jn 1, 38-39: Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: ‘¿Qué buscan?’ Ellos
le respondieron: ‘Maestro, ¿dónde vives?’ Les respondió Jesús: ‘Vengan y lo
verán’. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.
Jn 2,1-12 [Bodas de Caná]. Les dice Jesús: ‘Llenen las tinajas de agua’. Ellos lo
llenaron. ‘Saquen ahora, les dice, y lleven al mayordomo’. Ellos lo llevaron. Cuando
el mayordomo probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los
servidores, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama al novio y dice:
‘Todo sirven primero el vino nuevo… Pero tú has guardado el vino bueno hasta
ahora’.
Jn 8,3-4: Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la
ponen en medio y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante
adulterio’.
[2] PASIÓN (Jn 19, 16-18): Tomaron a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el
lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí crucificaron y con él a otros
dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
Jn 18, 4.7: Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta:
¿A quién buscan? Le contestaron: ‘A Jesús el Nazareno’. Les preguntó de nuevo:
¿A quién buscan?
Jn 19, 5: Salió Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura.
Pilato les dice: “Aquí tienen al hombre”
Jn 2,10: Todo hombre sirve primero el vino bueno.
Jn 4,29: Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.
Jn 7,46: Jamás un hombre habla como ese hombre.
Jn 7,51: ¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo
que hace?
Jn 18,29: ¿Qué acusación traen contra este hombre?
12
Jn 20,15.16-18: Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Jesús le
dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuni’ – que quiere decir:
‘Maestro’ – Dícele Jesús: ‘No me retengas’, que todavía no he subido al Padre. Pero
vete a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios
de ustedes. Fue María y dijo: ‘He visto al Señor’.
Jn 20,20: Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron
de ver al Señor. Como el Padre me envió, también yo les envío. Dicho esto, sopló y
les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’.
Jn 20, 24-29: Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos
cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él
les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el
agujero de los clavos y no meto mis manos en su costado, no creeré’. Ocho días
después, Tomás estaba con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas
cerradas y dijo: ‘La paz a ustedes’. Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y
mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino
creyente’. Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío’.
“Poéticamente habita el hombre 7”, la frase está tomada de un poema de Holderlin. Que los
poetas a veces habiten poéticamente, podríamos admitirlo. ¿Cómo, no obstante, “el
hombre”, esto quiere decir: cada hombre como hombre y constantemente ha de habitar
poéticamente? Ahora bien, si la poesía tiene presuntamente su única forma de existencia en
lo literario, ¿cómo, entonces, el habitar humano ha de estar fundado en lo poético? La
índole de los poetas es ver por encima de lo real. En vez de obrar, ellos sueñan. Lo que
hacen, es sólo imaginado. Las imágenes son simplemente cosas hechas. Pero, ¿de dónde
tenemos, nosotros hombres, noticia sobre el ser del habitar y del develar poético?
Cuando Holderlin osa decir que el habitar de los mortales es poético, entonces esto, apenas
dicho, despierta la apariencia de que el habitar ‘poético’ precisamente arrancara a los
hombres de la tierra. Pues, ciertamente, lo ‘poético’ pertenece, cuando vale como lo
imaginado poéticamente, al reino de la fantasía. El habitar poético sobrevuela
7Serrano Jorge, Traducción comentada de “poéticamente habita el hombre”, Tesina para optar al grado de
Licenciado en Filosofía.
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fantasiosamente lo real. Este temor enfrenta el poeta, al decir expresamente que el habitar
poético es el habitar ‘sobre esta tierra’. Holderlin no sólo resguarda así lo ‘poético de una
presta mala interpretación, sino que él indica, con el añadido de las palabras ‘sobre esta
tierra’, propiamente al ser del develar poético. Éste ni sobrevuela ni sobrepasa la tierra, para
abandonarla y flotar sobre ella. Recién el develar poético trae al hombre sobre la tierra, a
ella; lo trae así, al habitar.
¿Qué dice Holderlin del habitar poético del hombre? Buscamos la respuesta oyendo los
versos siguientes:
¿Puede, si puro esfuerzo la vida, un hombre alzar la mirada y decir: así quiero yo
también ser? Sí. Tanto como la amabilidad aún junto al corazón, la Pura, dure,
mídese no desdichadamente el hombre con la divinidad. ¿Es desconocido Dios?
¿Es él abiertamente presente como el cielo? Esto creo más bien. Del hombre
medida es. Pleno de mérito, mas poéticamente, habita el hombre sobre esta tierra.
Pero, más pura no es la sombra de la noche con las estrellas, si así pudiera yo
decir, que el hombre, que es llamado una imagen de la divinidad. ¿Dase sobre la
tierra una medida? Dase ninguna.
Al hombre le es permitido a la vez, a partir de él y a través de él, alzar la mirada hacia los
celestiales. El alzar la mirada recorre el arriba, hacia el cielo, y permanece, no obstante, en
el abajo, sobre la tierra. El alzar la mirada mide de un confín a otro el entre de cielo y
tierra. Este entre es otorgado en medida al habitar del hombre. Esto es, el entre de cielo y
tierra queda abierto, la Dimensión. El develar poético es presumiblemente un medir
eminente. Por eso importa atender al acto fundamental del medir. El develar poético es la
toma de medida, por la que el hombre recibe la medida para la amplitud de su ser. El ser de
lo ‘poético’, lo ve Holderlin en la toma de medida, a través de la cual se lleva a cabo la
conmensuración del ser del hombre.
El develar poético es el poder fundamental del habitar humano. Pero el hombre puede y
quiere el develar poético cada vez sólo según la medida en que su ser esté entregado en
propiedad a aquello que quiere el hombre y por ello necesita su ser. En cada caso acorde la
medida de esta entrega en propiedad es el develar poético propio o impropio.
Por ‘poetizar’ podemos entender: componer una poesía, más también, practicar e impulsar
el modo de decir de la poesía. La poesía misma, no obstante, siempre es el resultado de una
acción anterior a ella. Así, la acción nombrada sería un emprender la obra poética. Podemos
emprender algo, cuando ya, de algún modo, lo tenemos en vista. El poeta, ciertamente ve lo
real, pero en su interior lo vería transformado y con su ingenio dice bellamente lo que así
ve. Así, en la obra quedaría expreso lo que el interior del poeta expresa. Se trata de recibir
el lucir de lo que se muestra, de modo tal, que venga a re-lucir en la palabra. Si la palabra
se vuelve poética es porque vemos y oímos aquello que es, siendo de modo poético. Alude
al darse de un ver y oír en los que se ve y oye todo lo que decimos es, y al modo en que ese
darse es recibido y llevado a voz en el hombre, es decir, es develado.
14
El hombre tiene una medida. Expresamente se dice que la medida del hombre es la
divinidad. El hombre presencia lo divino al alzar la mirada. De ahí la dimensión no es un
mero mirar hacia arriba, sino mirar a lo abierto y, en esa sola mirada, recorrerlo
enteramente. Para que el hombre pueda mirar a lo abierto, también su mirada debe ser
abierta a eso abierto. La apertura de la mirada no es un mero accidente, sino que es
constituyente de la propia apertura de lo que se abre, de modo que esta apertura va
quedando determinada con la mirada del hombre. El acto de hacer abre abriendo al hombre.
8
MMP, Le visible et l’invisible, Paris, Gallimard, 1964, p. 109.
15
Lucas abre su narración respecto a “las cosas que se han verificado entre nosotros”
(Lc 1, 1) presentando al sacerdote Zacarías y a su esposa Isabel, como “justos ante Dios”
(Lc 1, 5.6). Sucedió que mientras oficiaba delante de Dios, le tocó en suerte el servicio
sacerdotal de ofrecer el incienso en el Santuario. Allí, Zacarías recibe la visita del ángel del
Señor quién le dijo: “Tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará un hijo” (Lc 1,
13). Este acontecimiento será para Zacarías un gozo y alegría y aún más, muchos se
gozarán en su nacimiento. Ante este anuncio sobrecogedor e inesperado, Zacarías reconoce
el acto poético de Dios en estos términos: “El Señor ha hecho (poiein – poética) esto por mí
cuando ha tenido a bien quitar mi oprobio entre la gente” (Lc 1, 25).
Como podemos notar, la visita de Dios trae consigo una promesa de vida que ya
está haciéndose en el deseo de los dos ancianos. La poética se sitúa en la confluencia de las
dos partes: (a) la acción de Dios: “Tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará
un hijo” (Lc 1, 13) y, (b) de la parte de Zacarías e Isabel, el empeño de acoger, encargarse
de cuidar y sostener esa vida. Zacarías reconoce el acto poético de Dios cuyo acto implica y
envuelve a su propio cuerpo: “El Señor ha hecho esto por mí” (Lc 1, 25). En el acto de Dios
se incluye la acción humana. En este caso, la poética divina toma cuerpo en el deseo
humano (“tu petición ha sido escuchada”) y este deseo es orientado hacia la realización de
la obra de Dios: “convertirá al Señor su Dios a muchos de los hijos de Israel, […] para
preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1, 16.17).
Avancemos en nuestra secuencia de la poética de la visitación. Veamos ahora la
visita del ángel a María. En este encuentro María es avisada que ha hallado gracias delante
de Dios. Concebirá un hijo y pondrá por nombre Jesús. El Espíritu Santo vendrá sobre
ella (marcada por la Trinidad). Su respuesta es: hágase (genomai – aoristo segundo de
poein – poética) en mí según tu palabra. Esta disposición del corazón sellada con el
“hágase”, se extiende ahora hacia afuera: María se dirige con prontitud a la casa de Isabel
(se quedó con ella unos tres meses). Seguidamente, María reconoce que realmente toda su
vida es una alabanza a Dios y su espíritu se alegra en Dios. Además, su alegría no se limita
16
a una temporalidad cronológica del momento, sino aquella es eterna y todas las
generaciones la llamarán dichosa, la bienaventurada porque el Poderoso ha hecho cosas
grandes en su favor.
Hay un movimiento de expansión en la secuencia del fenómeno de la visitación en
María. Primeramente, ella es visitada por el ángel. Esta visita se convierte en un encuentro.
Este encuentro crea un descubrimiento en la vida de María: hallarse agraciada delante de
Dios. Seguidamente, ella recibe el anuncio de la concepción de un hijo y la disposición de
acoger en su seno la novedad de la encarnación. En fin, ella se descubre situada delante de
un Dios en quien “no hay nada imposible”. Es decir, María sitúa su “hágase” en las
entrañas de Dios que “puede hacer”. En esta convergencia poética reconocemos la
expresión de comunión entre Dios y María: ellos son consortes y parceros9 de una obra
común.
La expansión poética de la visitación, a la que hemos aludido, toma toda su fuerza
con la acción discreta y decidida de María en su visita a su prima Isabel y, con la acción
también decidida del Todopoderoso: “[Dios] desplegó (poiein – poética) la fuerza de su
brazo y dispersó a los de corazón altanero”. La correspondencia de estas dos visitas se
encuentra en el servicio humilde al otro, donde los altaneros, los potentados y los ricos son
dispersados, derribados y despedidos. De ahí, la cultura del encuentro que deja entrever
esta poética de la visitación se teje entre la disposición de emprender el camino hacia el
servicio al otro en clave de humildad disponible, contribuyendo a colmar de bienes a los
hambrientos y acogiendo al otro con misericordia. De esta manera, la prontitud de María se
corresponde con el acto imponente de Dios de desplegar la fuerza de su brazo para
dispersar a los soberbios, derribar a los potentados y despedir a los ricos; pero al mismo
tiempo, para exaltar a los humildes, colmar a los hambrientos y acoger a su pueblo en clave
de misericordia, porque “su misericordia alcanza de generación en generación a los que le
temen” (Lc 1, 50). El acto de María de ponerse en camino hacia la casa de su prima es un
trayecto de la visita de Dios, como veremos en el cántico de Zacarías.
Adentrémonos a descubrir el movimiento dramático de la poética de la visitación.
Es decir, tener delante de nuestros ojos la trama de la visita que se teje entre Dios y el
servidor. Veamos esta trama poética en la experiencia de Zacarías. Todo comenzó con la
sorprendente visita de Dios a Zacarías en el Santuario: “Tu petición ha sido escuchada” (Lc
1, 13). Zacarías reconoce la acción misericordiosa de Dios en estos términos: “El Señor ha
hecho (poiein) esto por mí”. La poética divina toma forma con la visita de Dios a su
servidor, para quitar el oprobio que éste sufría entre la gente. Luego, “cuando se cumplió a
Isabel el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo”, los vecinos y parientes oyeron lo sucedido y se
congratularon diciendo: “El Señor le ha hecho estallar su misericordia” (Lc 1, 58). En fin,
Zacarías viendo la obra de Dios en acto y lleno del Espíritu Santo profetizó con estas
palabras: “Dios ha visitado y redimido a su pueblo, […] y es así como él manifiesta su
9
De la aféresis de aparcero, y este del latín medieval partiarius, del clásico partire ("partir"), de pars
("parte"). Compárese el catalán parcer, el inglés partiary, el italiano parziario, el portugués parceiro y
francés partenaire.
17
misericordia” (Lc 1, 68.72). A través de la obra de Dios realizada en sus propias vidas, los
ancianos Zacarías e Isabel descubren la magnificencia de la misericordia de Dios que se
revela con fuerza, como decían los vecinos: “El Señor ha hecho estallar (megaluno) su
misericordia”. Es decir, el Señor ha puesto en evidencia su misericordia. Puede entenderse
según estas otras acepciones: estallar, explotar, reventar, prorrumpir y explosionar. A partir
de esta explosión de la misericordia, Zacarías descubre, como María, “la visita de Dios” a
su pueblo. Esta visitación de Dios es para reconstruir la relación que ha sido rota entre él y
su pueblo, a causa de la infidelidad de este último. De ahí, la visita toma la trama de un
gesto de misericordia. Así, la visita de Dios a su pueblo es un acto poético de un amor
entrañable.
Una Vida Cristiana que experimenta en su propia vida la visita entrañable de Dios,
podrá a su vez ir al encuentro del hermano portando vida. De otro modo, cualquier salida al
encuentro de la vida, por más aprisa que fuera, será un esfuerzo voluntarista que, al no estar
habitado por Santo hacedor de la misericordia, acabará en meros programas de buenas
intenciones. De ahí, una cultura del encuentro al estilo de la Buena Noticia de Jesucristo
lleva la marca de una promesa de “salir aprisa al encuentro del otro portando vida para
compartir entre todos la vida de Dios y entretejiendo relaciones nacidas de los gestos de
misericordia”.
3- Tacto
Se trata de una habilidad para saber interpretar los pensamientos, los sentimientos,
los deseos interiores y el lenguaje corporal. Es capaz de leer la vida interior del otro.
El tacto implica sensibilidad, una percepción consciente y estética. Hablamos del
tacto como si instantáneamente se supiera qué hacer, una facilidad y gracia improvisadora
en el trato con los demás.
La persona que muestra tacto parece tener la habilidad de actuar con rapidez, con
seguridad, con confianza y de forma adecuada en circunstancias complejas y delicadas. Una
persona con tacto debe ser fuerte, porque el tacto impone que se sea franco, directo y
candoroso cuando la situación lo requiera. El tacto es siempre sincero y confiado, nunca
falso o engañoso.
El tacto consiste en una serie compleja de cualidades, habilidades y competencia.
En primer lugar, una persona que tiene tacto posee la habilidad de saber interpretar los
pensamientos, las interpretaciones, los sentimientos y los deseos interiores a través de
claves indirectas como son los gestos, el comportamiento, la expresión y el lenguaje
corporal. El tacto supone la posibilidad de ver inmediatamente a través de los motivos la
relación causa-efecto.
Una persona con tacto es como si fuera capaz de leer la vida interior de la otra
persona. Una persona con tacto sabe casi automáticamente en qué momento intervenir en
18
una situación, y a qué distancia hay que mantenerse en circunstancias concretas. Una
persona que posee tacto parece saber qué es lo que hay que hacer.
Tener TACTO es saber ser solícito, sensible, perceptivo, consciente, prudente,
juicioso, sagaz, perspicaz, cortés, considerado, precavido y cuidadoso.
Tener TACTO impulsa a actuar solícitamente con los otros. El cuerpo con tacto
respeta la dignidad y la subjetividad de la otra persona. Es receptivo y sensible a la vida
intelectual y emocional de los otros.
El TACTO es la práctica de orientarse hacia los demás y la comprensión sutil de
captar las necesidades del otro… El Tacto es tocar a alguien y tocar a una persona puede
ser más significativo que mil palabras. Tener tacto es una solicitud, una capacidad reflexiva
de salir al encuentro del otro, abriéndonos con cariño y amor para acogerlo en su verdad. Es
reconocer y comprender con “simpatía” la experiencia de la otra persona como una
experiencia humana posible.
4- Unción
Unción: En el curso de la comida, “María, pues, tomó una libra de un perfume muy
caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos,
mientras la casa se llenaba del olor del perfume” (Jn 12,3). ¿Qué es lo que en realidad hace
María con este gesto de la unción?
La unción del cuerpo. Para comprender esta unción, supone comprender también
el sentido de la Encarnación tal como nos presenta el cuarto evangelio. Según Juan, “El
Logos se hizo carne y puso su tienda (skène) entre nosotros” (Jn 1,14). Su acto de
acampamiento en medio de nosotros, está en continuidad con la tienda portátil de los
israelitas donde se guardaba las Tablas de la Ley. Según el libro del Éxodo, la tienda
constituía la morada visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo en marcha a
través del desierto. Esta misma realidad de la tienda del encuentro y de la presencia de Dios
del Antiguo Testamento, es retomada en el evangelio de Juan para referirse a la presencia
de Jesús en medio de nosotros. Es decir, el cuerpo del hombre Jesús es la morada visible y
definitiva de la presencia de Dios en medio de nosotros.
De ahí que la unción en Betania alude a la tienda del encuentro, el lugar de la
presencia de Dios. Además, el libro del Éxodo indica el acto de la consagración de la tienda
(lugar del encuentro). Según el Éxodo (Ex 30,1.6-7.21.25-29) hay un mandato divino y
perpetuo de la unción de la tienda del encuentro. Así, este acto de consagración de la tienda
es la referencia original de la unción de Jesús hecha por María. Esto es, en la unción de
María del cuerpo de Jesús aparece un acto de reconocimiento de la presencia fiel de Dios,
aquel que ha prometido fijar definitivamente su morada en medio de su pueblo. El sentido
profundo de este acto de ungir el cuerpo de Jesús por María, manifiesta la realidad íntima
del Ungido: aquel que muestra y actualiza la presencia de Dios en medio de nosotros.
19
María viene a descubrir aquello que Juan Bautista había señalado como el
desconocido que habita en medio de nosotros. Sin embargo, es éste Jesús el elegido, el
cordero de Dios, sobre quien reposa (habita) el Espíritu Santo. Jesús es la ‘tienda’ (skène),
la morada de la presencia de Dios en medio de nosotros. Él es el santo de los santos. De ahí
que en el acto de tocar el cuerpo de Jesús que María está haciendo, ella participa del
movimiento expresivo de la santidad de Jesús, el santo de los santos. María ‘toca’ el santo
de los santos, y al tocarlo, ella señala como Juan Bautista, que en Jesús Dios se revela
plenamente (‘Éste es el cordero, el ungido de Dios’).
La casa se llena del aroma del perfume. Mientras María unge los pies de Jesús y
va secando con sus cabellos; ‘la casa se llenaba del olor del perfume (12,3). Detengámonos
a percibir el fenómeno del perfume. La atmósfera que envuelve el aroma nos permite
reconocer una experiencia sinestésica (sinestesia). Es decir, la fragancia percibida por los
cuerpos implicados y envueltos a una misma sensación, engloba a todos los otros registros
sensoriales del cuerpo. La palabra sinestesia es un término compuesto que proviene del
griego ‘aisthesis’ que significa ‘percepción’ y ‘syn’ que se refiere a la ‘unidad’ o al
‘conjunto’. De ahí, el término evoca la «percepción del conjunto». En esta percepción del
conjunto, la estimulación de un sentido es percibida a través de otra modalidad sensorial
añadida. Por ejemplo, una nota musical, una melodía, una palabra, activa una sensación que
corresponde a otras modalidades sensoriales (el gusto, el color, el olfato). En el caso del
perfume, su aroma, la cosa sentante, comunica su secreto a través de todas las modalidades
sensoriales del cuerpo. La fuerza del perfume es hacer que el cuerpo todo entero se
constituya en una unidad sensorial, haciendo participar así a todos los convidados del acto
sentante del perfume como un todo sensible.
En términos de Merleau-Ponty, el perfume “comunica a todo [el] cuerpo una misma
manera de ser y ésta [lo] envuelve todo. [El perfume] es recibido en mi cuerpo, y resulta
difícil de limitar mi experiencia a un solo registro sensorial: él desborda espontáneamente
hacia todos los otros sentidos”. En el caso de María, ella extiende a través de su cuerpo su
experiencia personal y ésta la comunica a los invitados de la cena. En el acto de tocar el
cuerpo de Jesús, al ungir con el perfume y secarlo con su cabello, descubrimos una nueva
expresión del reconocimiento de la presencia de Dios en medio de nosotros. Veamos cómo
aparece esta peculiar manera de reconocer la presencia actuante de Dios a través del cuerpo
y del gesto de María.
i/ María descubre en Jesús el ungido del Padre. María lleva consigo la tradición
joánica de la experiencia de Dios, al reconocer a Jesús el “Hijo de Dios que debe venir al
mundo” (Jn 11,27) y “Aquel que es la Resurrección y la Vida” (Jn 11,25). Además, María
vive la experiencia de aquello que Jesús dirá más tarde a Felipe: “Aquel quien me ve, ve al
Padre” (Jn 14,9). Como hemos podido notar, María ha visto con sus propios ojos la acción
vivificadora de Jesús en el acto del retorno a la vida de su hermano Lázaro. María ha
podido descubrir que, efectivamente, “como el Padre levanta a los muertos y les hace vivir
(zoopoiein), así el Hijo a los que quiere – sus amigos – les hace vivir (zoopoiein)” (Jn
5,21).
20
5- Empeño
El verbo ‘empeñarse’ (s’engager10) quiere decir ‘dar en prenda’. El término ‘gage’
(prenda) proviene del latín vas (vadis, vadere [quo vadis: ¿a dónde vas?]). El verbo vado
(ir) significa: yo me avanzo hacia alguien, el sustantivo ‘alguien’ aparece aquí como la
garantía de mi deuda.
Se trata del movimiento hacia alguien y este acto corporal de acercarme al otro
constituye por él mismo la garantía de mi deuda. De ahí proviene el término jurídico
‘vasimodium’ que indica el gesto de estar vinculado o religado garantizando así que el
acusado se presentará al tribunal o simplemente evoca el ‘proceso jurídico’.
En el siglo XII aparece en el sentido jurídico del depósito que un deudor paga a un
acreedor como garantía de su deuda. Así, ‘engager’ en esta época significa ‘hipotecar’
algo. A este respecto, hipotecar es realizar un acto por el cual el hombre queda obligado a
sí mismo (auto-vinculación interior). De manera que el término ‘engagement’ (empeñarse)
es desde el origen un acto de adhesión (attachement), una acción por la cual el hombre se
vincula él mismo.
10
KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, pp. 16-17.
21
Más tarde, este sentido estrictamente jurídico del ‘engagement’ pasa a designar una
vinculación de sí mismo, de manera que el compromiso (engagement) contraído no
signifique ya necesariamente que el comprometido ofrezca una garantía material, sino es
suficiente que él dé su palabra. Por su palabra, el hombre empeña su honor o su fe; y él
pierde el honor y la estima de los otros, si llega a faltar a su palabra y si no es fiel a su
promesa.
Empeñarse, el acto por el cual yo me estoy ligado (me estoy implicado) dice
respecto al comienzo de una acción o a la invitación a actuar por los cuales el hombre se
obliga a sí mismo o le incitamos al otro a hacer algo.
Para Jean-Paul Sartre13, el hombre se empeña por sus actos en el mundo en vista a
un fin. Por nuestra condición corporal nos empeñamos en una acción particular. Estando
necesariamente empeñados, vivimos a cada momento orientado hacia el futuro. Estamos
empeñados por lograr la totalidad del ser que queremos realizar por este empeño. Así
nuestro proyecto último es también nuestro proyecto inicial. Ser un hombre, dice Sartre, es
empeñarse en la vida, dibujar su figura, y nada más.
11 KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, p. 27.
12 KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, p. 29.
13 KEMP Peter, Théorie de l’engagement, Pathétique de l’engagement (vol 1), Paris, Seuil, 1973, pp. 31-32.
22
6- Proximidad
Próximo: evoca todo acto de cercanía, tacto y sensibilidad que permite una acogida
positiva al otro.
Jesús crea contacto (Jn 4, 7-10): 7Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús
le dice: «Dame de beber.» 8Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida.
Le dice la mujer samaritana: 9«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una
mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) 10Jesús le
respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le
habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva».
Jesús toca el cuerpo del otro (Jn 9,4-7): 9Tenemos que trabajar en las obras del
que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
5
Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.» 6Dicho esto, escupió en tierra, hizo
14
MMP, Phénoménologie de la perception, p. 97, cf. 240-241, 343-344.
15
MMP, Sens et Non-sens, p. 125 ; cf. p. 140.
23
barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego 7y le dijo: «Vete, lávate en la
piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo.
Jesús se deja tocar por una mujer (Jn 12,1-3): 1Seis días antes de la Pascua, Jesús
se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.
2
Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
3
Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies
de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.
Jesús crea comunión (Jn 11,51-52): Como era Sumo Sacerdote aquel año,
profetizó que Jesús iba a morir por la nación - 52y no sólo por la nación, sino también para
reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
Jesús lava los pies de sus discípulos (Jn 13, 1-5): 1Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado
a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2Durante la cena, cuando ya
el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de
entregarle, 3sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de
Dios y a Dios volvía, 4se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se
la ciñó. 5Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a
secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
El discípulo participa de la comunión que Jesús vive con el Padre (Jn 17, 21-
24.26): Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean
uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22Yo les he dado la gloria
que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: 23yo en ellos y tú en mí, para
que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has
amado a ellos como me has amado a mí. 24Padre, los que tú me has dado, quiero que donde
yo esté estén también conmigo. 26Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando
a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»
todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acaban
de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las
palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?».
Fases de encuentro con el otro (Malcolm Muggeridge observa en Algo bello para
Dios): ‘Al acompañar a la Madre Teresa en sus diversas actividades durante la filmación de
las mismas, lo mismo en el Hogar de los Moribundos que con los leprosos o con los niños
abandonados, me di cuenta de que nosotros atravesábamos por tres fases: la primera era la
de un horror mezclado con piedad; la segunda, la de la compasión pura y simple; y la
tercera, algo que iba mucho más allá que la compasión, algo que nunca habíamos
experimentado antes: un profundo sentimiento de que estos hombres y mujeres
moribundos, estos leprosos con muñones en vez de manos, estos niños abandonados, no
eran unos desgraciados, repulsivos o abandonados, sino más bien unos seres queridos y
amables. Como podrían serlo unos viejos amigos, unos hermanos y hermanas. (Tomado de
LEWIS Hedwing, En casa con Dios, Bilbao, Mensajero, [1991] 1996, p. 233).
7- Polinización
Polen (polinización): se refiere al polen adosado al cuerpo de una abeja cuyo pasaje
de una flor a otra permite indirectamente la germinación.
que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.» 19Le dice la mujer:
«Señor, veo que eres un profeta.
(3) La mujer va en busca de la gente: 28La mujer, dejando su cántaro,
corrió a la ciudad y dijo a la gente: 29«Venid a ver a un hombre que me ha
dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» 30Salieron de la ciudad e
iban donde él.
(4) Jesús se quedó con ellos y los samaritanos creyeron
personalmente en él. 40Cuando llegaron donde él los samaritanos, le
rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41Y fueron
muchos más los que creyeron por sus palabras, 42y decían a la mujer:
«Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y
sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»
8- Rizoma
Rizoma: evoca el tallo horizontal y subterráneo con varias yemas emitiendo raíces de sus
nudos y crecen indefinidamente.
respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo
verás.»
a- Discípulo amado
(1) Jn 1,40: 40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a
Juan y habían seguido a Jesús [implícito: el otro discípulo, es un anónimo, más adelante se
le reconocerá por su relación con el Maestro]
(2) Jn 13, 21-25: 21Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró:
«En verdad, en verdad les digo que uno de ustedes me entregará.» 22Los discípulos se
miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. 23Uno de sus discípulos, el que Jesús
amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. 24Simón Pedro le hace una seña y le dice:
«Pregúntale de quién está hablando.» 25El, recostándose sobre el pecho (kolpos) de
Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?»
(3) Jn 18,15-16: 15Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era
conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote,
16
mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro
discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
(4) Jn 19,25-27: 25Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de
su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26Jesús, viendo a su
madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí
tienes a tu hijo.» 27Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde
aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
(5) Jn 20, 3-10: 3Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron
al sepulcro. 4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por
delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5Se inclinó
y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6Llega también Simón
Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y
el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado
en un lugar aparte. 8Entonces entró también el otro discípulo, el que
había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9pues hasta
entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía
resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos, entonces, volvieron a
casa.
27
b- Nicodemo
(1) Jn 3, 1-4: 1Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
2
Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como
maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.»
3
Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver
el Reino de Dios.» 4Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede
acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?».
(2) Jn 7,45.50-52: 45Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los
fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le han traído?» 50Les dice Nicodemo, que
era uno de ellos [fariseos], el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso
nuestra ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’
52
Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de
Galilea no sale ningún profeta.»
(3) Jn 19, 38-40: 38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de
Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización
para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y
retiraron su cuerpo. 39Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente
había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien
libras. 40Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los
aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.
Jn 1,1-2: Al principio ya existía el Logos (la palabra, el verbo) y el Logos se dirigía a Dios
(estaba orientado hacia Dios) y el Logos era Dios. Éste al principio se dirigía a Dios.
Jn 13,1: Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este
mundo al Padre, después de haber amado a los suyos del mundo, los amó hasta el
extremo.
b- Ni ni sino
[1] Jn 1, 12-13: A los que lo (Logos) recibieron los hizo capaces de ser hijos de Dios: a los
que creen en él, los que no han nacido de la sangre,
ni del deseo de la carne,
ni del deseo del varón,
sino de Dios.
[2] Jn 4, 21.23: Jesús a la samaritana: ‘Créeme, mujer, llega la hora en que
ni en este monte
ni en Jerusalén se dará culto al Padre,
[sino] en espíritu y en verdad.
28
[3] Jn 9, 1-3: Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos le preguntaron:
‘Maestro’, ¿quién pecó para que naciera ciego?, ¿él o sus padres? Contestó Jesús:
- ni él pecó
- ni sus padres
- [sino] para que se revele en él la acción de Dios
Jn 8,39-41: Los judíos dijeron a Jesús: ‘Nuestro padre es Abrahán’. Replicó Jesús:
‘Si fueran hijos de Abrahán, harían las obras de Abrahán. Ahora bien, intentan matarme, a
mí que les he dicho la verdad que le escuché a Dios. Eso no lo hacía Abrahán. Ustedes
hacen las obras de su padre.
[1] Jn 1,18: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno (kolpos)
del Padre, él lo ha contado.
[2] Jn 13, 23-25: Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de
Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando ». El,
recostándose sobre el pecho (kolpos) de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?».
29
[3] Jn 20,8: Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al
sepulcro; vio y creyó.
Los pobres de espíritu. ¿Por qué razón supone que los pobres se encuentran en una
situación privilegiada respecto al reino de Dios? Alude a aquella persona capaz de vivir la
pobreza espiritual, es decir, la que logra ser desprendida, generosa, confiada, en otras
palabras, la persona que vive una desnudez espiritual frente a Dios, sin máscaras. Cabe
pensar que la pobreza de que habla Jesús es ante todo una apertura a Dios, una actitud
espiritual. Para alcanzar esta pobreza espiritual, la pobreza material no es necesariamente,
pero sí bastante normalmente un camino privilegiado. Así, pues, el que es declarado
dichoso por Jesús no sería el pobre en cuanto tal, sino el pobre que pone su confianza en
Dios, el que se abre a él con la confianza de la fe.
La palabra hebrea anawim que suele traducirse por pobres puede designar muy bien una
actitud de alma más que una situación económica o sociológica. En este sentido la
comprende Mateo y lo aclara diciendo pobres de espíritu o los que eligen ser pobres. Pues
bien, la bienaventuranza de los mansos o no violentos no hace más que expresar de otra
manera esa misma actitud fundamental de alma. El determinativo "de espíritu" nos indica
que no se trata de la pobreza en sentido de indigencia, sino de una disposición espiritual. La
palabra hebrea anawin evoca la imagen de "encorvado": los que se han encorvado o se
encorvan. Es la actitud del débil que no es capaz de resistir y defenderse, y se ve obligado a
ceder ante los poderosos.
Nuestra palabra castellana "pobre" viene del latín pauper que designa al que tiene poco en
el aspecto cuantitativo; nos situamos entonces en el punto de vista económico. En hebreo,
el pobre es considerado sobre todo como un ser humillado, rebajado, un hombre que no
consigue hacer respetar sus derechos. Los anawin ruah, los "pobres en espíritu" son
personas que se encorvan interiormente, que no resisten, que no se rebelan, personas que
poseen la ruah anawah, el espíritu de pobreza, una actitud espiritual hecha a la vez de
humildad, de paciencia y de mansedumbre.
30
Los afligidos (los que lloran): La palabra griega penthos designa una pena muy intensa.
En este sentido de gran aflicción, provocada por graves calamidades, es como utilizan los
profetas frecuentemente este término. En Is 61,2 el término expresa el dolor muy vivo, casi
desesperado, ante la inmensa pérdida que se ha sufrido. La bienaventuranza de los afligidos
tiene probablemente un sentido ético y religioso. Se refiere especialmente a las personas
que viven una gran aflicción humana con una actitud de confianza en Dios. La aflicción
proviene del hecho de que, en nuestras sociedades, Dios y Jesucristo son los grandes
"ausentes». También puede decirse: los que se afligen de que nuestro mundo parezca tan
poco abierto a los valores espirituales, a los valores del Reino.
Los que tienen hambre y sed de justicia: Jesús prosigue su enseñanza sobre la justicia
que hay que practicar: define la manera debida de cumplir unas acciones que tienen que ver
con las relaciones de los hombres con Dios: dar limosna, orar, ayunar (6,2-18). La
31
expresión utilizada en 6,1: "hacer (poiein) su justicia» debe relacionarse con otras dos
utilizadas en el final del SM: "hacer (poiein) la voluntad de mi Padre» (7,21) Y "hacer
(poiein) estas palabras mías» (7,24). Por tanto, practicar la justicia es conformarse con la
voluntad del Padre tal como la enseña Jesús. Y la justicia que hay que practicar cubre tanto
las relaciones con Dios como las relaciones con los demás. La expresión "hambre y sed de
justicia» significa el deseo ardiente y la búsqueda activa de vivir según la voluntad de Dios.
«Tener hambre y sed de justicia» quiere decir aspirar a una vida perfectamente de acuerdo
con lo que el Padre quiere que seamos (= ser verdaderos hijos suyos; por consiguiente,
imitarle). La justicia de Dios está hecha de gratuidad y misericordia.
Dichosos los hacedores de la paz: La traducción literal del término griego (eirenopoioí) es
«hacedores de paz". Por tanto, esta bienaventuranza no se refiere a las personas que tienen
un temperamento pacífico, sino a las que se comprometen activamente en la construcción
de la paz. La expresión “hacer la paz” aparece una vez en el Antiguo Testamento (Prov
10,10 griego y muy frecuente en los escritos rabínicos, donde quiere decir: trabajar por
reconciliar a las personas en conflicto. Al contrario, en el Antiguo Testamento se utiliza
mucho la palabra “paz” (shálom). La paz que se busca y se desea no es sólo la estabilidad
política, sino el desarrollo integral de las personas y de las colectividades. De ahí, la palabra
shálom evoca la era mesiánica (Is 54,10). Dos significados:
- La reconciliación: Los constructores de la paz son las personas “que trabajan
activamente por establecer o restablecer la paz donde los hombres están divididos entre sí”.
La bienaventuranza de la paz se repite bajo la forma de invitación a reconciliarse con el
hermano antes de llevar la ofrenda al altar (5,23-24), aunque uno no sea responsable de la
ruptura.
- La justicia humana: Los constructores de la paz son también las personas que
trabajan por establecer las condiciones favorables para que todos y cada uno puedan
desarrollarse en la línea de su humanidad. Aquí, la "paz» coincide con la "justicia» humana
integral: permitir a los individuos y a los pueblos el acceso a todo aquello a lo que tienen
derecho para desarrollarse en todas las dimensiones de su humanidad. La paz que hay que
establecer es no solamente una ausencia de divisiones y de guerras, sino una situación de
justicia, un mundo en el que cada uno disfruta de las condiciones favorables para crecer
33
El Logos de Dios, creador omnipotente que lleva en sus manos la existencia de los hombres, ha
venido sobre el mundo y los hombres de este mundo no le han recibido (Jn 1,5.11). Ese Logos
expulsado, que mantiene su actitud de amor en el exilio y desde el mismo exilio ofrece salvación a
los que quieran acogerle (Jn 1,12-13), constituye el misterio original de nuestra historia. Ese Logos
es Jesús, el perseguido (Jn 15,20).
Pensaban los sabios que el Dios grande debería mostrarse de manera impositiva, poderosa,
desgarrando los tejidos de opresión externa, acallando para siempre a los malvados y ofreciendo a
los justos su venganza. Pues bien, en contra de eso, el verdadero Dios nos ha ofrecido la vida desde
su propio cautiverio: se ha dejado perseguir, no ha perseguido; se ha dejado rechazar, no ha
rechazado; de esa forma se ha hecho carne sobre el mundo (Jn 1,14), como expulsado entre los
expulsados; crucificado con los crucificados. Sólo de esa forma su palabra salvadora puede resonar
y ha resonado victoriosa, como anuncio de reino y esperanza para todos los pequeños y humillados
de la tierra.
Desde Jesús y con él se ha superado la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente) y anuncia así
la buena nueva de Dios para los hombres. Es la buena nueva de un Dios que ya no funda su poder
en la violencia, un Dios que no castiga a los culpables, que no persigue a publicanos-prostitutas, no
utiliza ningún tipo de chivo expiatorio para mantenerse con poder sobre la tierra. Eso le permite
anunciar la buena nueva de los hombres: pueden vivir en unidad, sin oponerse unos a otros, pueden
perdonar a los contrarios, no responder al mal con otro mal, ofrecer la otra mejilla a los violentos…
Eso significa que es posible vivir sin perseguirse: hay una forma de unidad que no se logra a través
de la opresión frente a un tercero (chivo expiatorio), es unidad de puro amor, de gratuidad que
rompe la violencia. Jesús y sus discípulos empiezan ya a fundar el reino: un mundo de perdón y
gracia en que los hombres puedan vincularse sólo por amor. Por eso, Jesús, el perseguido de la
Cruz, no ha respondido a los romanos y judíos con sus viejas armas de violencia; les responde con
un gesto de paz resucitada, en aquel mismo lugar donde le habían conducido hasta la muerte. Ese es
el misterio de la pascua, este es el comienzo de la Iglesia.
a- Perseguidos por la justicia: Son los hombres que en la línea de los viejos profetas de Israel (Mt
5,12) han buscado ante todo el reino de Dios y su justicia. Son aquellos que padecen daño porque
buscan la presencia de Dios sobre la tierra: los que ayudan a los pobres, los que intentan perdonar a
los que no son perdonados, acoger a los perdidos, animar a los que están desanimados. Esta es la
justicia de Jesús, ésta es la causa de la persecución de sus discípulos. Ciertamente les persigue la
‘justicia organizada’ de este mundo; pero ellos, marginados y oprimidos, son los justos verdaderos,
porque quieren suscitar sobre la tierra un nuevo nacimiento, una humanidad basada en el amor hacia
los pobres. Regalan de manera creadora lo que tienen, ofreciendo gratuidad, protección y ayuda
muy concreta allí donde los hombres están oprimidos y sin derechos.
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b- Perseguidos por causa del Hijo del Hombre: Hijo de Hombre es ahora el salvador que,
superando las figuras bestiales y opresoras de la historia, ofrece ya un camino de nueva humanidad
(Dan 7, 13-14); es el mismo Jesús que, conforme a Mt 25, 31-46, se identifica con los hambrientos
y sedientos, exilados y desnudos, enfermos y cautivos de la tierra. Lógicamente serán perseguidos
por causa del Hijo de Hombre todos los pequeños y de un modo especial los que se afanan por
ofrecer a los demás una ayuda liberadora.
c- Perseguidos por mi causa: Son todos los que están unidos a la causa de Jesús, son los que
extienden entre riesgos su evangelio. Jesús se identifica con todos los perdidos de la historia; de esa
forma los que no tenían voz encuentran su voz ahora, los que estaban en la parte oscura de la tierra
reciben la gran luz (Mt 4,16): la misma palabra de Dios se ha convertido en su palabra; en ellos se
ha encarnado, por todos ellos habla. Este es el lenguaje de la cruz universal: Dios hace suyo el
sufrimiento de la tierra y desde abajo, desde el mismo reverso y el subsuelo de los hombres, ofrece
su perdón a los perseguidores. En este fondo emerge la comunidad creyente.
Bibliografía:
1. Biblia de Jerusalén.
2. Documento Vaticano II
3. Marcel Dumais, El sermón de la montaña, Navarra, Verbo Divino, 1998, pp. 22-25.
4. Jacques Dupont, El mensaje de las bienaventuranzas, Navarra, Verbo Divino, 1990.
5. Pikaza Xavier, Persecución religiosa. Esquema teológico. Communio 87, 2, pp. 103-113
5. Salvador Villota Herrero, Las bienaventuranzas: corazón del Evangelio de Jesús, Facultad de Teología S.
Vicente Ferrer, Valencia, Ponencia del 28 noviembre 2012, pp. 1-9.