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Tesis de Gonzalo Vial sobre Chile 1973

El documento resume un debate entre el historiador Gonzalo Vial y el historiador Cristian Gazmuri sobre las tesis historiográficas de Vial. Vial defiende su tesis de que Chile experimentó una decadencia a partir de 1891, mientras que Gazmuri argumenta que el golpe militar de 1973 fue una crisis política y no necesariamente un signo de decadencia. Gazmuri también critica la perspectiva historiográfica conservadora de Vial.

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Tesis de Gonzalo Vial sobre Chile 1973

El documento resume un debate entre el historiador Gonzalo Vial y el historiador Cristian Gazmuri sobre las tesis historiográficas de Vial. Vial defiende su tesis de que Chile experimentó una decadencia a partir de 1891, mientras que Gazmuri argumenta que el golpe militar de 1973 fue una crisis política y no necesariamente un signo de decadencia. Gazmuri también critica la perspectiva historiográfica conservadora de Vial.

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LAS TESIS HISTORIOGRAFICAS DE DON GONZALO

VIAL

Cristiiin Gazmuri

El connotado historiador don Gonzalo Vial, en un articu-


lo aparecido en el primer y unico numero de la revista Di-
mensidn histdrica de Chile, hace una cerrada defensa de la
tesis expuesta en su Historia de Chile 1891 - 1920. Vale decir
la decandencia de Chile a partir de 189 1, lo es, como todo su
libro un intento de destruir la imagen del Chile democratico.
AI adoptar esta -comprensible- actitud, reparte golpes a
diestra y siniestra, a veces usando argumentos, a veces usando
ese sarcasm0 que lo ha hecho actor destacado de varias pol&
micas ya.
Es a mi a quien mas ataca. Este hecho no tendria ninguna
relevancia acadCmica en si, per0 como todo el asunto pare-
cer ser parte de lo que don Gonzalo titula “una polemica de
sumo interCs en especial para 10s historiadores, per0 tambiCn
para sociologos, economistas, politologos y politicos” creo
que debo responder.
Tal como continua Vial “esa discusion recae sobre el 1 1
de septiembre de 1973”, y se refiere no tanto a sus conse-
cuencias -materia de un debate distinto- como a “sus
causas y na turaleza” (p. 140).
En el articulo en cuestion Vial no so10 carga contra sus
comentaristas y criticos sin0 que agrega una serie de nuevos
argumentos en favor de sus tesis, una razon mas para comen-
tarlo. Ire por orden y de antemano pido excusas, porque co-
mo me sospecho que 10s lectores de Dimensibn histbrica de
Chile y Opciones no son 10s mismos, tendrC que reproducir
algunos parrafos extensos del articulo de don Gonzalo.
Comienza Vial afirmando que el golpe militar del 1 1 /IX/73
n o fue un simple “cuartelazo” que respondiera a la ambicion
politica u de otro tip0 de 10s militares, sin0 un “pronuncia-
miento” no deseado a1 cual se vieron empujadas las FF.AA.
por las circunstancias. Allende 10s habia llamado a1 Gobierno
y la contemplacion del estado de disolucion nacional en que
se encontraba Chile 10s habria impulsado a intentar el gol-
pe Salvador. En buena medida concuerdo con don Gonzalo.
Por sus razones, y otras, creo que para la mentalidad militar
la situaci6n de Chile entonces era exasperante y que habiendo
mantenido en cuanto instituciones un leal apego a la Consti-
tucion hasta niediados de 1973, actuaron por lo que les pare-
cio un imperativo categ6rico; y, (a pesar de un august0 cuen-
to de largas planificaciones previas que anda por ahi) en con-
formidad a una decision que fue rapida y bastante improvi-
sada. En fin, creo que mucho se podra decir de las FF.AA.
chilenas y el 11 /IX/73 en el futuro, per0 no que la acci6n
respondi6 a la idea de un “cuartelazo” largamente planifica-
do. De acuerdo pues con don Gonzalo en este su primer pun-
to.
Per0 quiero agregar que el problema del “cuartelazo o pro-
nunciamiento” no quita ni pone nada a la discusion que Vial
considera central sobre las causas del 11/IX/73. Vale decir,
“si debemos ver en esa fecha clave una simple crisis del rCgi-
men politico social vigente hasta 1973, o el tt?rmino definiti-
vo del mismo, victima de una decadencia que no pudo ser
superada” (p. 140). El hecho de no ser un cuartelazo (de in-
dicar algo) apuntaria a que el episodio fue (y sigue siendo)
una crisis y (creo yo) no una decadencia, pues justamente
estas desinteresadas intervenciones militares suelen darse para
poner fin a la crisis; cuando ocurren durante las decadencias
n o so10 no intentan arreglar la situaci6n (por lo general), si-
n o que son parte del proceso mismo de desintegracion y des-
de luego muchas veces no tan desinteresadas, (“la obligacion
de reconocer un amo” de Spengler; el pretorianismo, se&n el
lenguaje de muchos, etc., etc.) Como no creo que don Gon-
zalo considere a1 Golpe en si mismo una manifestacion de de-
cadencia siguiendo su 16gica argumentativa me inclino por la
idea que -repito- de demostrar algo, lo ocurrido el 1 1 /IX/73,
era que Chile vivia una crisis y no una decadencia.
una crisis y no una decadencia.
Vamos a1 segundo punto que hace presente don Gonzalo y
aqui me verC obligado a reproducirlo m8s o menos extensa-
mente.
Dice don Gonzalo Vial: “Sentado ya que el 1 1 de Septiem-
bre no fue un “cuartelazo”, y que, a1 revCs, 10s militares
-bastante a contrapelo- se vieron forzados a asumir el po-
der, se deduce de ello a mi juicio sin discusion, que el siste-
ma politico social enfrentaba una grave emergencia.
“A mi parecer, dicho sistema arrastraba, desde fines del si-
glo pasado, una progresiva decadencia, la cual culminaria
en un colapso total y postrero -el colapso de la muerte- el
aAo 1973” (p. 145).
“Para otros ‘el incendio de la Moneda’ en septiembre de
1973 no es signo de decadencia de Chile contemporaneo, si-
no de una crisis la cual, en el largo plazo, no sabemos como
concluira. ‘Una crisis no es un estado patologico, y por lo
tanto no tiene porquC ser equivalente a la decadencia de una
sociedad’, ‘Superada’ puede conducir a un ‘auge historico’.
‘No superada’ y mas todavia una serie de crisis pueden llevar
a una decadencia”.
“Ahi esti la confusi6n. . . de Gonzalo Vial” concluye el
distinguido profesor de la Universidad Catolica Cristian Gaz-
muri, a quien pertenecen las citas anteriores”, etc. (p. 14).
Como el distinguido profesor de la Universidad Catolica
soy yo, me creo con derecho a decir algunas cosas a1 respecto.
La tesis que una crisis no es necesariamente un signo de
decadencia sino un deasfio que superado puede conducir a un
auge historic0 y no superada, y reiterada, a una decadencia,
por desgracia, no es mia. Es una de las ideas centrales que de-
sarrolla Arnold Toynbee en su “Estudio de la historia” y a la
cual lleg6 despuCs de un largo analisis de 21 civilizaciones.
Mas todavia, Toynbee piensa que las crisis superadas son el
mecanismo por excelencia de crecimiento y auge de toda so-
ciedad historica y lo que las distingue de los pueblos primi-
tivos (1).
Per0 el argument0 del “Magister dixit” est6 un poco
superado, asi que ademas voy a dar un cas0 concreto de cri-
sis-auge. La Guerra de Secesi6n en 10s Estados Unidos, sin
duda una crisis de la mayor magnitud para la U n i h , una vez
superada precipit6 el vertiginoso desarrollo capitalista de
U.S.A., basado en la libre empresa individual o en oposicion
a1 esclavismo sudista, es asi que hacia 1900 -y aun antes PO-
siblemente- USA ya era la primera economia del mundo.
Pero, seguidamente a lo ya reproducido agrega don Gonza-
lo, continuando su referencia a mi modesta persona; “ademas
la ‘Confusion de Gonzalo Vial’ se inserta en ‘una corriente de
pensamiento que debe incluirse dentro del decadentismo. . .
estrechamente ligado a una ideologia o vision de la historia
Conservadora’ s e g h Gazmuri”. . . .“Todo esto merece algu-
nas precisiones: a) Ignoro quC caracteristicas sirven para Cali-
ficar un enfoque historic0 de ‘conservador’. Sospechoso que
se trata de una simple etiqueta, sin significado cientifico al-
guno” (p. 146).
Ahora bien, confieso que la sospecha de don Gonzalo Vial
ante estas terribles acusaciones mias me causa un cierto estu-

( 1 ) Estudio de la historin, Tomos I y 11.


por; en todo cas0 no parece derivar de la opinion de Michael
Oakeshott quien es considerado el pensador conservador de
mas relevancia en la actualidad. Dice Oakeshott: “No compar-
t o la creencia general que sea imposible (0si no es imposible,
tan poco prometedor que no valdria la pena intentarlo) el
deducir principios generales explicativos de lo que se cono-
ce como conducta conservadora” (2). No pretend0 can-
sar al publico de una revista acadkmica como esta con una bi-
bliografia sobre pensamiento e historiografia conservadora.
Me pregunto sin embargo, iconsidera -por ejemplo- don
Gonzalo que el enfoque historic0 que hace Edmund Burke de
la Revolucion Francesa es rabiosamente revolucionadio. . . o
sospecharh que es conservador?;~ para referirme a otro autor,
mas propiamente historiador, y que creo que Vial conoce
piamente historiador, y que creo que don Gonzalo conoce
bien, iLa historia de Francia de Jaques Bainville, podria
acaso calificarse de historiografia conservadora? iEs posible
no es cierto?. En todo cas0 muchos son 10s que consideran
a1 irlandCs y a1 franc& mencionados (asi como sus trabajos)
como conservadores. Claro que bien puede que se trate so10
de una “etiqueta sin significado cient ifico alguno”.
Con todo, en su afdn de probar que no es conservador (cu-
rioso afhn por lo demas) don Gonzalo recurre a otros argu-
mentos y hace el siguiente raciocinio: “Obviamente un con-
servador aspirarh a conservar algo; y ese algo -para poder
ser consservado- debera ser existente en la actualidad j h e s
cabria conservar lo que hoy no existe? Per0 a1 mismo tiempo
se reprocha a1 mismo que mire lo actual, lo que hoy existe,
como decadente. Si lo mira asi, no querrh conservarlo, y en-
tonces ide quC sera conservador? . . .Misterio impenetrable”.
Impenetrable serh para don Gonzalo. Primer0 veamos
un cas0 historico. Durante la I11 Republica Francesa el
sentimiento monhrquico (y conservador) en Francia fue
muy poderoso (sin mencionar el fascism0 de Action Fran-
$ais, posterior). Durante la dCcada de 1870 - 80 varias
veces 10s pretendientes Borbon y Orleans estuvieron a1
borde de reinstaurar la monarquia y si no lo hicieron fue
por su incapacidad (0 estupidez como afirma Thomson) per-
sonal. Luego con el affaire Boulanger esa misma oposici6n
conservadora a la Republica, que acusaban de corrupta, es-
tuvo de nuevo a1 borde de triunfar. Verdaderamente hasta
el final del escandalo Dreyfuss no se afirm6 la I11 Republica
Francesa, en la que como vemos habia muchisimos con-
servadores que querian la monarquia, la que obviamente

(2) Ver: Mike Oakshott i‘‘Qu6 es ser conservador”?, Esrudios Aiblicos No 11,
invierno de 1983.
“no existia”. Ergo: se puede ser conservador sin intentar
“conservar un presente que se ve como decadente”. Poco mas
adelante veremos conceptualmente porque est0 que le resul-
ta incomprensible a Vial es posible.
Finalmente la linea argumentativa de don Gonzalo Vial to-
ma otro rumbo: “supongamos, ahora que ser conservador en
historia sea otra cosa: una aspiraci6n a ’volver atris’, una ver-
si6n del todo tiempo pasado fue mejor. Pero. . . cuanto a t r h ,
cual tiempo pasado? isi deseo ‘volver atr6s’ como tiempo pa-
sad0 a la Republica Socialista (1932); o a1 Parlamentarismo
(1891 - 1925); o a la llamada Republica Liberal (1871 -
1 891) con su guerra religiosa y con sus leyes laicas de 1883-
84, o a1 autoritarismo de Balmaceda, etc. iSoy igualmente
conservador en cualquiera de estas alternativas?. . . entonces
el termino se hace tan amplio que se vacia de contenido”
(p. 146).
Ahora bien, opino que ser conservador no es como poner
la marcha atras, ni es una simple etiqueta, es optar por deter-
minados valores e instituciones 10s que pueden existir en for-
ma de instituciones o no. iCuales valores son estos? . . .
Vamos. me parece que don Gonzalo Vial y el publico lec-
tor de esta revista 10s conocen. Sin embargo creo que no
esth demas reproducir la enumeraci6n de caracteristicas
del pensamiento conservador que hace Russll Kirk en su
conocida obra sobre la mentalidad conservadora. Es-
cribe Kirk: “Creo que hay 6 canones del pensamiento con-
servador: a) la creencia de que un designio divino rige la
sociedad y la conciencia humanas f o j a d o una eterna cadena
de derechos y deberes que liga a grandes y humildes, vivos o
muertos. . .; b) Cierta inclinaci6n hacia la proliferante varie-
dad y misterios de la vida tradicional, frente a 10s limitativos
designiosde uniformidad, igualitarismo y utilitarismo. . .; c)
La convicci6n de que la sociedad civilizada requiere 6rdenes
y clases. , .; d ) La creencia de que propiedad y libertad e s t h
inseparablemente conectadas y de que la nivelacih econ6-
mica no implica progreso econ6mico. . .; d) Fe en las normas
consuetudinarias y desconfianza hacia 10s “sofistas y calcula-
dores”. . .; f) El reconocimiento de que cambio y reforma no
son cosas identicas y de que las innnovaciones son con mucha
frecuencia devoradores incendios mhs que muestra de progre-
SO” (3).
El propio don Gonzalo en verdad nos da la pista de su idea
de lo conservador cuando afirma: “Ah no -replicaran- es
que ‘conservador’ se halla tomado en un sentido politico, por

(3) Ruse11 Kirk: La mentalidad conservadora en Inglnterra y USA, (Madrid:


Ed. Rialp, 1956), pp. 18 - 19.
cuanto el tiempo pasado a1 cual Ud. quisiera volver es el de
10s tres primeros decenios, la Reptiblica Autoritaria (1831 -
1861). Per0 resulta que este period0 no tiene que ver con 10s
conservadores politicos -el Partido Conservador- sino que,
a1 rev&, la formacion de dicha colectividad y su alianza con
10s liberales (la ‘fusion’) ponen fin a 10s decenios propiamente
autoritarios”.
Por otra parte, el argument0 mismo es una leguleyada. Lo
que sucedia era que el Partido conservador de entonces sim-
plemente no se llamaba asi, se le conocia como Pelucon. Los
pelucones eran 10s conservadores: opuestos a pipiolos (libe-
rales) O‘Higginistas, Carrerinos, etc. Opuestos a cualquier in-
tento populista (como la SOC.de la Igualdad), y que apoya-
ban’ cerradamente a 10s presidentes cuasi mondrquicos de en-
tonces. Ser conservador -repito- es comulgar con determi-
nados valores y estructuras, lldmense Tories o Pelucones. Ese
es so10 un problema de nombres.
En un tercer momento de su articulo don Gonzalo Vial
analiza las “variadas causas” que se han dado para no admi-
tir la tesis decadentista y va intentando refutarlas. En breve,
estas serian:

1) El inconsciente de algunos, todavia dominados “por la idea


optimista, dieciochesca y decimononica del ‘progreso inde-
finido’. . . A lo que Vial responde:
“Pero la historia nos habla muy distinto; nos habla de
sociedades que decayeron y murieron, etc”. Y nos cita el
cas0 de Hipona -Hippo Regius- la ciudad de San Agustin,
donde bastaron solo 10 aiios de vandalism0 (no 11) para
precipitarla en la decadencia.
Para concluir: “la decadencia y la muerte de sociedades,
sistemas y civilizaciones son, entonces hechos reales y co-
munes en la historia” y “no tenemos motivo alguno para
pensar que no puedan afectar a Chile, a su sociedad y a su
sistema politico social”, etc.
Es cierto que las decadencias son posibles, la historia lo
demuestra.
Per0 . . .eso no significa que Chile haya vivido una deca-
dencia durante el siglo XX. Su cultura, sus instituciones, su
proceso historico, muy poco tienen que ver con el cas0 de
“Hippo Regius” que era parte del Imperio Romano las cau-
sas de cuya decadencia no seria pertinente abordar aqui.

2. Se refiere luego Vial a 10s que piensan que una decadencia


no implica “un juicio de valores” sobre el sistema que de-
cae. Refuta -con raz6n creo- esta aseveracion, diciendo
“Siempre se han mezclado el trigo y la cizaiia. Mis repita-
mos, ese no es el punto. Una sociedad no decae y muere
porque en ella lo malo supere a lo bueno sino porque n o
soluciona conflictos que han paralizado su funcionamiento
politico social” (p. 147). Yo agregaria que se decae en un
prolongado tiempo cuando n o pueden solucionarse proble-
mas fundamentales que mhs que politicesociales (ni-
vel en que so10 suelen manifestarse) son culturales, c e
mo el agotamiento creativo, product0 de una o varias cri-
sis, recurrentes, insuperables. Podria, pues ser un argumen-
t o poderoso el de Vial si vieramos como consecuencia de
largo plazo de lo sucedido en este siglo, un agotamiento,
una disolucion social y cultural irrecuperable de Chile; y, si
asi fuera, tengamos la seguridad que golpe militar alguno
nos sacaria de esa decadencia.

3 ) Los que no quieren admitir la decadencia por “razones PO-


liticas”. A estos sefiores politicos les recuerda nuestro au-
tor que “el rio social sigue corriendo” y que muchas
instituciones -como las del Chile 1973- son fantasma-
les pues se encuentran “tan muertas como Tutankamon”.
Aqui, n o SC si se puede ser tan categorico, no pongo en du-
da que Tutankamon y todas las momificaciones esthn bas-
tante muertas, per0 me pregunto si la analogia entre la
momia del faraon y las instituciones de la democracia chi-
lena es adecuada. Ya veremos que muchos de esos muertos
pueden revivir y que la tendencia en la Latinoamkrica con-
temporinea parece ir por ese camino. Por otro lado se le
olvida a don Gonzalo que tambien hay politicos entre 10s
que han proclamado y proclaman la decadencia de Chile
durante el siglo XX. Este siglo en que Chile se democratizb
y la oligarquia perdi6 su control del pais (por lo menos
dentro del juego democrhtico) tambien han sido atacado
por esos perdedores. Como lo afirmk ya en otro articulo,
no es coincidencia que Encina haya sido Diputado nacio-
nalista, Albert0 Edwards Ministro del dictador Ibifiez,
Jorge Prat candidato nacionalista a la Presidencia de la Re-
publica y don Gonzalo Vial Ministro de este otro dictador.

Hace con Gonzalo aim otras consideraciones sobre aquello


que a1 parecer siempre sobrevive, incluso ‘‘a1 colapso de la
muerte” lo que no quisiera considerar una contradiccibn con
su tesis principal; en todo cas0 seria un tema de larga y bizan-
tina discusibn.
Pasa luego a otro aspect0 en su larga exposjcion: “Es li-
cito y logico, sin embargo, preguntarme por que declaro
muerto a1 regimen politico social de 1973. i N o podria hallar-
se simplemente en crisis ‘una crisis que no sabemos como
concluiri’, a1 decir de Gazmuri: Naturalmente esta es una te-
sis defendible, y sblo el tiempo dictari al respecto un fall0
definitivo, CristiAn Gazmuri no explica sus razones para sos-
tenerla; yo quiero sefialar, con brevedad, las mias para negar-
la” (p. 148).

1 ) La primera raz6n es de que en 1973 existia un conflict0


politico social tan grave que no tenia salida “pacifica ni ju-
ridica” y que dej6 como alternativas so10 la guerra civil o el
golpe militar. Raz6n sin duda plausible, tanto mas cuando es
muy probable que hacia el 1 1/IX/73 una mayoria de chilenos
viera en el golpe militar la mejor (no la unica) d e las salidas
a la situacion socio-politica. Per0 como demostre, esto no
prueba ni en una coma que toda la situacibn fuese la manifes-
tacion postrera de la decadencia irrecuperable del Chile de-
mocritico y no una crisis socio-politica de grandes propor-
ciones. A1 final me referirk a 10s factores que parecen di-
ferencias claramente crisis y decadencia.

2)La segunda raz6n de Vial es la m i s dCbil: el tiempo trans-


currido desde el 11/IX/73: “Luna ‘crisis’ que dura ya 1 1
aAos?” se pregunta Vial. j“Durante 1 1 aAos habria estado
vivo per0 invisible el sistema politico social”? continua;
para concluir: “Se puede debatir ‘ed nauseam’ si la prolonga-
cion por once aiios del actual rCgimen, dice o no algo positi-
vo a su respecto. Per0 lo que si dice indiscutiblemente, es que
el regimen anterior ya murio”. . .Muy discutible es en verdad.
Veamos: (como la letra del tango) isi 1 1 aiios en la historia
no es nada!. La EspaAa de Franco duro cuarenta; el Portugal
de Salazar m i s de treinta; el Uruguay de 10s generales i 1 1 !;
la Argentina de 10s gorilas (10s idtimos) unos 6; la Italia de
Mussolini veintidos; la Alemania nazi doce. Y cuando en la
perspectiva del largo tiempo historic0 se estudia -y se estu-
die- estos regimenes, se veri que no seiialaron la muerte, si-
no que fueron una interrupcion de procesos muchos m i s
largos. Algo parecido a lo que fue la Restauracion en Francia
y en general el mundo surgido del Congreso de Viena frente
a1 ideal liberal, democritico y nacionalista, que, estrechamen-
te ligado a1 triunfo de una economia industrial, marcaban el
verdadero rumbo de la historia europea de la Cpoca. En otras
palabras, y sin intentar hacer historia futura (peligroso jue-
go), lo que ha ocurrido en Chile despuCs de 1973 creo que es
el postrer intento de la oligarquia por mantener en Chile un
status desigual. Para implementarlo ha debido apoyar una dic-
tadura, lo que ha hecho franca y decididamente. En esta li-
nea, tambiCn se ha intentado mistificar el pasado y ponerlo
a1 servicio del presente: Asi se manejan las conciencias.
Per0 como dice el propio Vial. “el rio social sigue corriendo”
y necesariamente debe acomodarse a su curso por m i s
que encuentre obsticulos en el camino.
3 ) El tercer argumento que don Gonzalo utiliza para probar la
decadencia y muerte del Chile democritico se refiere a las
instituciones, pricticas y realidades en general que desapare-
cieron el 11/IX/73. Don Gonzalo hace una lista de estas desa-
pariciones. Aqui la reproduzco en parte: a) “Teniamos nume-
rosos partidos politicos, de larga tradicih, etc. . . .Desapare-
cieron”. b) “Teniamos infinidad de diarios y revistas y de em
emisoras d e radio de 10s mas diversos colores politicos.
. . .Todo ese desenfado en las comunicaciones desapareci6”.
c) “Teniamos una universal infiltracih politica en gremios,
sindicatos, colegios profesionales. universidades, etc. et.
. . .nada sobrevivi6 a1 1 1 de Septiembre” (pigs. 149-150).
Y , asi, varias desapariciones mas.
Frente a esta lista cabe hacer presente en primer lugar, que
muchos de 10s muertos citados gozan de buena salud, invisi-
bles o no: consulte don Gonzalo 10s resultados electorales de
Veranito de San Juan de 1984 y otros posteriores.
Y si n o hubieran sobrevivido visibles o invisibles, pueden
reaparecer. Como han reaparecido en EspaAa, Portugal, Ita-
lia, Alemania, Argentina, Uruguay, Brasil, Peru, Ecuador,
etc., etc. iNo seri este argumento de Vial m i s bien una
e x p r e s i h de “Wishful thinking”?.
Finalmente en este argumento de las desapariciones no
puedo dejar de hacer presente mi sorpresa que Don Gonzalo
no mencione u olvide las unicas que son definitivas; y que
efectivamente son un signo de decadencia, per0 no historica
sin0 moral, y no de 10s hombres que nos gobernaron durante
el Chile democritico, sino de 10s que lo han hecho durante la
dictadura: la desaparicion de varios centenares de chilenos,
quizi millares; seres humanos. Mi modesta opinion es que
esas desapariciones no ayudan a probar la decadencia de Chile
“anterior” a1 11/IX/73.
Finalmente -en varias piginas- Vial entra a revisar las
“causas de la decadencia y del colapso” de Chile en el siglo
XX tal como las concibe. En esta parte de su largo articulo
parte enumerando 10s errores que han cometido todos 10s que
las han analizado hasta hoy, (A. Valenzuela, A. van Klaveren,
F. Cumplido, I. Balbontin, M. Fernindez, T. Moulian, A.
Flisfish, I. Martinez, E. Tironi y finalmente don Mario G6n-
gora). Todas estas explicaciones le parecen a don Gonzalo
“muy insuficientes” (p. 15 1).
Luego entrega las que 61 considera las verdaderas causas. . .
para repetir las tesis del Tom0 I de su Historia de Chile, a las
que so10 agrega una serie de consideraciones, mhs que hist6-
ricas politicas, que como argumentos me parecen sesgados,
vagos, parciales, subjetivos (como la teoria de 10s “empujon-
citos”), y muchas veces usados fuera del contexto. No me re-
ferirC especialmente a estas “nuevas causas”. Creo que con
haber leido la prensa oficialista de estos ultimos 11 aflos
basta.
Frente a1 alegato de Vial solo queda hacer presente que
cualquier tip0 de razones que se den -a veces incluso erradas
como todo el discurso de que el decenso de la marginalidad
nada demuestra en favor del sistema imperante entonces- no
pueden desmentir el hecho que todo el siglo XX chileno y en
particular el period0 que fue de 1932 a 1970 exhibib: una
paz social interna sin igual en la historia de Chile. una paz in-
ternacional absoluta; una institucionalidad respetada y respe-
table, dentro y fuera de Chile; una consideracion amplia por
10s derechos humanos; un crecimiento del product0 nacional
continuado, y significativo (3 por ciento como promedio a
partir de 1932);; una legislacion laboral y una seguridad so-
cial, con defectos funcionales, per0 en definitiva solidos; una
honradez y sobriedad ejemplar en nuestros gobernantes; un
descenso espectacular del analfabetismo; un descenso acele-
rad0 de la mortalidad infantil; un aumento, tambiCn especta-
cular de las posibilidades de vida a1 nacer; un perfecciona-
miento real de nuestra democracia politica; un nivel cultura
dispar, per0 que produjo figuras de categoria mundial como
la Mistral, Neruda, Huidobro, Arrau, Matta y otros de menos
renombre, etc., etc. . . . Ciertamente este no es un panorama
de decadencia.
Por eso s610 voy a repetir 10s argumentos que diera en una
critica aparecida en Mensuje hace unos dos aAos haciendo ver
porquC a mi juicio la “tesis decadentista central” de Vial “el
quiebre de 10s consensos” hacia 1900 resulta poco valida.
Primer0 reproduzcamos otra vez esas tesis. Afirma nuestro
don Gonzalo: “creo haber demostrado como -en el cam-
bio del siglo XIX y XX- Chile perdi6 su unidad nacional; a
saber:

- “El consenso doctrinario (weltanschauung) vale decir, la


vision comun de la vida, enraizada en el catolicismo tradicio-
nal de origen hispinico”

- “El consenso politico, o sea la adhesion a1 regimen politi-

co entonces en vigor, nuestro parlamentarismo; y

- “El consenso social: la aceptacih de que dirigiera la socie-


dad una clase determinada: la clase alta o aristocracia” (. . .
iNo sabri lo que es ser conservador don Gonzalo! (4)).
En otras palabras: mientras Chile fue gobernado sin con-
trapeso por una minoria oligirquica, hub0 Cxito historico,

(4) Nota del autor del presente trabajo.


consenso, cosmovisi6n comun, convivencia nacional s6lida.
Desde que esa oligarquia perdi6 el control del pais, entramos
en una decadencia lamentable. Lamentable -sobre todo,
pienso yo- para esa minoria hasta entonces dueAa de Chile.
Creo que a las mismas afirmaciones solo cabe dar las mis-
mas respuestas y asi como don Gonzalo se autocita me voy a
permitir la misma licencia y a reproducir lo que sobre su teo-
ria del quiebre de 10s consensos (0 argument0 decadentista
esencial) escribiera en Mensaje cuando el Tom0 I de su
Historia de Chile. Afirmaba:
“El profesor Vial sostiene que durante 10s aAos que descri-
be, Chile iniciaba un period0 de ‘honda decadencia’ de la cual
n o se ha recuperado hasta el presente. Causa de esta decaden-
cia habria sido lo que llama ‘ruptura del consenso social’, fe-
n6meno que se habria dado en una triple dimensi6n: a nivel
de la cosmovisi6n (Weltanichauung o imago mundi, como la
llama Vial) a nivel del consenso politico y a nivel del consen-
so social”.
“Cronologicamente, el proceso se habria iniciado con la
ruptura de la consmovisi6n comun a todos 10s chilenos el
‘catolicismo de estilo hispanico, o sea la herencia dejada por
dos siglos y medio que dur6 la Colonia’, (5) a1 optar un sector
de nuestra sociedad, por otra vision del mundo liberal, positi-
vista y laica; diametralmente contraria a la anterior. Esta esci-
si6n habria conmovido a la sociedad chilena provocando una
trizadura irreparable de modo que ‘la unidad nacional perecio
y el pais se detuvo”’ (6).
“He aqui el primer elemento de la tesis de Vial y el que
mas objetable nos parece”.
“iConstituye la pCrdida de una cosmovisi6n comun un
motivo de decadencia para una sociedad? Resulta dudoso que
asi sea. Observernos el cas0 de la Cultura Occidental. Occi-
dente no tiene, en un sentido estricto, una cosmovisi6n co-
mun desde la Cpoca de la baja Edad Media y la Reforma y,
en todo caso, desde la Revoluci6n Francesa. A partir de 1789
y hasta 1914 son precisamente las dos cosmovisiones que
Gonzalo Vial ve chocando y destruyendo las bases de la con-
vivencia chilena, las que existieron en Francia (y toda Euro-
pa) oponiCndose, a veces con una violencia y sectarismo mas
rabioso que en Chile. Baste recordar el “affaire” Dreyfuss.
Siendo asi, la Francia moderna habria sido una naci6n en
inintermmpida decadencia desde el tin de la monarquia ab-
soluta. Toda Europa Moderna habria estado en decadencia.
MBs todavia, Occidente contemporaneo seria decadente sin
remedio, pues en la esencia del regimen democrbtico, que ca-

(5) Gonzalo Vial, Historia de Chile, Torno I, Ed. Santillana (en I1 vol.) p. 38.
( 6 ) b i d . P. 40.
racteriza el sistema politico de las naciones occidentales del
presente, esti la posibilidad -que se da- de la coexistencia
de grupos sociales con cosmovisiones distintas.
Asi, aceptar que una ruptura en una cosmovisibn comun
es un motivo de decadencia para una sociedad, significa acep-
tar la decadencia de Occidente, en relaci6n a la cual lo ocu-
rrido en Chile seria s610 un paralelismo y un reflejo. Si esta
es la tesis de Gonzalo Vial, Csta adquiere sentido. Per0 en este
cas0 cabria hacer notar que algo muy similar ya fue plantea-
do, explicitamente, por Albert0 Edwards, muy influido por
Oswald Spengler en su libro La Fronda Aristocrutica, escrito
en 1927.
Por otra parte, aceptar esta tesis significaria que la unica
forma de poner tCrmino a nuestra decadencia seria cortar
nuestros lazos culturales con Occidente.
Pero, mAs bien nos inclinamos a creer que el profesor Vial
ha exagerado la importancia que tuvo la pCrdida de una cos-
movision cat6lica tradicional. Idea que avalamos con hechos
incontrovertibles, como 10s de la Revoluci6n de 189 1 cuando
laicos y clericales se unieron en defensa de intereses concre-
tos que les eran importantes sin preocuparse mayormente
del choque entre sus respectivas “weltanschauungen”.
En cuanto a la ruptura del consenso politico (en torno a1
parlamentarismo) y social (en la forma de una ‘obediencia a
las elites’) (7) como causa de la decadencia de Chile hacia co-
mienzos del siglo XX, ciertamente que esto parece hacer sido
asi.
Con todo, en este cas0 cabria hacer tambien varias consi-
deraciones. En primer lugar LExistiria en Chile antes de 19 10
(fecha que G. Vial da para sefialar el fin del consenso social) o
1300 (idem. para el consenso politico) un verdadero “consen-
SO” en estos aspectos?
Recordemos que hacia 1907 todavia el 57% de la pobla-
ci6n de Chile era campesina y hacia 1925 todavia lo era el
5 0 % . Estos campesinos, como lo sefiala el mismo Gonzalo
Vial, tenian su propia ‘civilizacion rural’ caracterizada por el
primitivism0 (8) y una realidad social que se perpetuaba inal-
terable por generaciones (9). iHasta d6nde entregaba este
campesino su consenso frente a1 sistema politico social, si
entendemos por consenso su voluntad expresada informada y
libremente? i N o cabria calificar mhs bien este consenso de
pasivo, de una aceptacih ticita del sistema? io,segun la fra-
se atribuida a Portales, a la acci6n del “peso de la noche’?.
Por otra parte, tambiCn resulta dudoso que antes de 10s

(7) b i d . , P. 850.
(8) b i d . , pp. 756 - 757.
(9) b i d . , p. 497.
incidentes de 1903 - 1907 el proletariado urbano y minero
hubiera prestado su consenso frente a1 sistema. Los testimo-
nios que han quedado parecen indicar todo lo contrario. Es-
taban por destruir el sistema y si no lo hacian era no por falta
d e voluntad sino de organizacion y fuerza. El propio Gonzalo
Vial reconoce que 10s grupos politicos y sindicales obreros
(anteriores a 1903) tenian por objeto “transformar la socie-
dad chilena y establecer el poder del proletariado” (1 0).
El consenso politico social existente antes de 1910 parece
haberse dado entre 10s grupos medios y el sector social alto,
frente a1 cual 10s sectores mesocriticos guardaban una actitud
de imitation e intento de asimilacion. Va a ser el cambio en
esta actitud lo que va a llevar a 10s fortalecidos grupos medios
a adoptar una posicion contraria a1 sistema, la que redundarh
en la destruction del mismo. Este carnbio, creemos, se produ-
ce entre 1910 y 1920 y se hace patente, por primera vez, en
las elecciones parlamentarias de 19 18.
En la “decadencia” que describe Gonzalo Vial habria pues
influido una ruptura del consenso politico social, per0 la for-
ma en que se dio el proceso la concebimos de manera diferen-
te.
Una ultima consideration que haremos en torno a la tesis
central del libro de Gonzalo Vial tiene relacion la naturaleza
de la “decadencia” que habia “hecho presa del pais y sus ha-
bitantes” en la Cpoca (1 1 ).
La pregunta es iQuC es lo que decae verdaderamente en-
tre 1891 y 1920? iEs el estado Nacional Chileno o es la
Republica Olighrquica que caracterizo a Chile durante el siglo
XIX y que hacia comienzos del siglo XX veia agotadas las
innegables virtudes que exhibio antes?.
No parece que hacia 1920 decayera el estado nacional
chileno; a1 contrario es por esos aAos -en un proceso que se
prolonga hasta 1932- cuando Chile parece constituirse en un
“estado nacional moderno”, el mismo que en su forma de-
mocritica subsistio hasta 1970: Este ultimo aAo nos sefiala
no la crisis del Chile del siglo XX, sino del nucvo sistema conso-
lidado despuCs de 1932, Lo que decae hacia 1920 es el Chile
aristocritico (despuCs de la Guerra del Pacific0 ‘olighrquico’
solamente) del siglo XIX, e identificar esa decadencia con un
proceso “que plantea sobre toda nuestra historia (posterior)
como una sombra gigantesca” (1 2) es sobreevaluar el feno-
meno”.
Sin embargo, mhs allh de repetirnos con Vial mutuamente
nuestros viejos argumentos creo que el problema a que apun-

(10) b i d . , p . 866.
(11) b i d . , p . 32
(12) b i d . , p. 40.
ta (crisis o decadencia en 1973) da todavia para algunas con-
sideraciones te6ricas o me todol6gicas a1 respecto que pueden
servir para aclararlo.
Ni crisis ni decadencia son conceptos univocos en hitorio-
grafia. Son usados con bastante libertad para describir pro-
ceso a veces nada parecidos; per0 tampoco parece que Sean
conceptos asimilables ya que sin estar definidos -como no
lo esti casi ningun concep to fundamental en historiografia-
estin relativamente tipificados.
El concepto crisis en historiografia deriva remotamente
del verbo griego “krinein” que significa juzgar o distinguir.
Como concepto aplicable a la historia lo vemos nacer con el
Conde de Saint Simon (13) (aunque hay algunos precur-
sores del concepto en el siglo XVIII), quien se refiri6 a “Cpo-
cas criticas” (de juicio y’cambio) en contraste en lo que lla-
mo Cpocas orginicas. Comte tom6 la idea de Saint Simon des-
de donde pas6 a la escuela sociologica y luego a la historio-
grafia.
Per0 iqu6 significa hoy por hoy el concepto crisis en his-
toriografia? .
Muchas cosas (incluso algunos autores lo confunden con
“decadencia”).
Per0 si afinamos un poco el concepto y lo dejamos en
“crisis socio politica de dimensi6n hist6rica” ( 0 macro
crisis socio politica, como es la que nos preocupa) tenemos
ya un campo que puede ser abordado a travCs de algdn ins-
trumento metodico, modelo o tipo ideal, mas o menos
configurado.
i Q U C caracteristicas concretas reuniria este modelo de
crisis?

1 ) Ser una Cpoca de definicio’n entre dos situaciones estables.


2)Ser una Cpoca en que lo tradicional ( 0 el status) aparece
cuestionado. Lo que no significa que est6 destinado a de-
saparecer.
3 ) Ser una Cpoca hist6ricamente breve -de trinsito a veces-,
pero, repito, hist6ricamente breve, lo que puede significar
varios decenios o mas.
Observese el cas0 de la Guerra de 10s Treinta AAos (1 6 18 -
1648) en que la crisis se prolonga hasta que la situaci6n re-
ligioso-politica, se define y estabiliza.
4 ) Ser una Cpoca de oposici6n entre fuerzas sociales que aspi-
ran a una hegemonia, unas en defensa del status (sistema)
otras atachndolo (en otras palabras es la crisis la que se
caracteriza justamente por una falta notoria y aparente de
consenso), a modo de ejemplo vemos lo que dice Hilaire

(1 3 ) Ver: Introduccibn a 10s trabajos cientlficos del siglo XIX.


Belloc a1 respecto: “una crisis es, por su naturaleza masiva,
una presion; ella implica equilibrio inestable. En el ajuste
de una crisis, en la recuperacion de condiciones inmutables
esti la resolucion de la presion. La presion es provocada
por el equilibrio inestable entre las partes constitutivas (de
un sistema social) y las circunstancias de cualquier indole
que actuan sobre aquellas” ( 1 4).
5 ) Finalmente podemos decir que un hipotCtico tip0 ideal de
macro crisis politico social, generalmente conlleva un cier-
t o grado de violencia (fisica normalmente per0 tambiCn de
otros ripos). Las crisis no son Cpocas pacificas. Crisis son
las revoluciones, las guerras civiles y externas, 10s despotis-
mos de facto o seudo legales, incluso las restauraciones por
la fuerza pueden ser consideradas crisis politico sociales.

Que es decadencia en cambio. Tampoco el concept0 es pre-


ciso. Si abandonamos la idea moral y literaria de decadencia
(15), segun Jack Greenleaf (citando a Wyndham Lewis) una
decadencia hist6rica es un “fen6meno de suprema y esencial
descomposicion, es un cancer generalizado que est5 afectando
a naciones enteras”. TambiCn cita Greenleaf a Lord Balfour:
“cuando a lo largo de u n antiguo y todavia poderoso estado,
se prolonga un profundo desaliento, cuando la reaccion ante
las calamidades recurrentes (la crisis no superada de Toyn-
bee (1 6)) se vuelve mas dCbil, y el barco aguanta con menos
vigor cada ola sucesiva; cuando la enseiianza languidece, el
espiritu de empresa se relaja y la energia decae; entonces,
precis0 yo, esti presente cierto proceso de degeneracion so-
cial que forzosamente debemos reconocer y que, luego de
un analisis satisfactorio, puede adecuadamente designarse
como “decadencia” (1 7). Spengler habla de “racionalismo
critic0 que lleva a1 culto de la ciencia, la utilidad y la proflie-
dad’:; la proliferation de grandes urbes; la importancia cre-
ciente de la miquina, el poder en aumento de las fuerzas eco-
nomicas, el predominio del dinero. Si esto ultimo es decaden-
cia Chile habria decaido durante el siglo XX, per0 -como lo
dig0 mas atris- en cuanto apCndice cultural de Occidente, y
ciertamente no por un quiebre de consensos como la piensa
don Gonzalo. Esta es la unica relacion posible que observo
entre lo que ha sido el siglo XX chileno y el fen6meno de
la decadencia.

(14) Hilaire Belloc, La crisis de nuestra civilizacibn, (Buenos Aires: Ed. Latinoa-
mericana, 1961). p. 14.
(15) Ver: Jack Greenlaeaf “Algunas relaciones entre la idea de decadencia y pen-
samiento conservador en la Europa moderna”,Alfernotivas N O Especial, VI/
84, p. 7.
(16) Nota del autor de este trabajo.
(17) A.J. Balfour,Decadencia citado por Greenleaf, Op. Cit, p. 16.
Por otra parte tenemos que decadencia parece ser: 1) un
proceso que afecta a 10s actores de la historia universal: cul-
turas (Spengler); civilizaciones (Toynbee) Super-sistemas
(Sorokin), etc. 2) Es (como decia Weber) un desencanto que
afecta la fuerza vital, la actividad de ese gran sistema; esto,
reflejado en la degeneracion de las formas culturales, materia-
lismo, economicismo y desintegracion social. 3) Un proceso
largo: (Spengler Cree que Occidente comenzo a decaer con
Napoleon y el proceso durari hasta el aAo 2.200) (1 8).
Tampoco decadencia es trinsito entre dos situaciones sis-
tematicas estables; es trhnsito si, per0 hacia la desintegracion
del sistema social de que se trate.
Finalmente cabe anotar la opinion de Pierre Chaunu, para
quien la decadencia es fruto de un colapso demogrhfico lo
cual obviamente, no es cas0 del Chile del siglo XX (1 9).
Bueno ya esto esti bastante largo. En definitiva: no me
parece que s e g h 10s conceptos (0 tipos ideales) mas acepta-
dos de crisis y decadencia se pueda afirmar que el Chile del
siglo XX -cifras y realidades a la vista- haya vivido una con-
tinua decadencia a partir de 1891. Si ha vivido -yo diria-
dos grandes crisis sociopoliticas la de 1925-32 y la de
1973-?.

(18) Ver tablas morfol6gicas del Torno I de La decudenciu de Occidente.


(19) Ver Pierre Chaunu, Hisroire et Decadence, (Paris, Perrin, 1981).

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