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Carta A Los Servidores

La carta comunica que el autor ha sido designado a una nueva misión como formador en un seminario mayor, donde ayudará a los estudiantes en su discernimiento vocacional y enseñará filosofía. Agradece a los servidores de la Basílica de Suyapa por su amistad y oraciones, y destaca que aunque ahora estará en un nuevo rol, siempre estarán unidos en el bautismo como hermanos.

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Carta A Los Servidores

La carta comunica que el autor ha sido designado a una nueva misión como formador en un seminario mayor, donde ayudará a los estudiantes en su discernimiento vocacional y enseñará filosofía. Agradece a los servidores de la Basílica de Suyapa por su amistad y oraciones, y destaca que aunque ahora estará en un nuevo rol, siempre estarán unidos en el bautismo como hermanos.

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Queridos servidores de la Basílica de Suyapa.

Es siempre una alegría dirigirme a ustedes, deseo grandemente que Dios sea la fuente de
inspiración para cada uno de ustedes.

Desearles que este momento histórico que estamos vivendo, no dejemos de vivirlo con
fe, no como certeza de creer en lo invisible sino como actitud confiada de que Dios “no
deja de acompañarnos en nuestra cañada oscura”, eso debe renovar nuestra fuerza
interior para creer que lo que ven nuestros ojos no es la verdad que rodea y define
nuestra vida.

El motivo de escribir, es para comunicarles que he sido destinado a una nueva misión,
ahora estaré integrando el consejo de formadores del Seminario Mayor, dentro de
muchas tareas sobresalen acompañar a los chicos en su discernimiento a la entrega del
Señor en el ministerio sacerdotal, también estaré de profesor, más directamente dentro
del área de filosofía. Me confío a sus oraciones, y en lo más cercano a su amistad;
amistad que se traduce en que ustedes puedan contar con mi oración, y en lo más
cercano con mi amistad. No dejo de creer que el fondo de nuestros deciones, responde a
un deseo interior, donde Dios es artífice de todo.

Esta carta no deja de provocar nostalgia, ya que el fondo de nuestro corazón no ama las
estructuras sino a las personas que permanecen en ellas, y recuerdo desde que llegué a la
Basílica el 26 de Diciembre de 2014, habían muchas cosas por hacer, pero ya había una
obra hermosa y constituida, y esa es la obra son cada uno de ustedes servidores(as).

Son el tesoro más válioso dentro de todo lo que engloba la Basílica, por ello no dejen de
hacer lo que hacen, con el amor que lo hacen, y con la dedicación con que lo hacen. Son
en realidad, el testimonio evidente de que Dios junto a la Virgen María, no deja nunca
su obra de la mano.

En ustedes agradezco a los sacerdotes con lo que compartí la tarea pastoral; P. Carlo
Magno, P. Reginaldo, P. José Antonio, Padre Cecilio y Padre Rodolfo. La tarea que ha
emprendido el Padre Carlo Magno es titánica, he aprendido muhco trabajando a su lado,
es incanzable y sobre todo dedicado a lo que la Iglesia le compete, tienen un gran
pastor. A los demás Padres, sin duda cada uno con su propia riqueza, con su propio
Don. Son tesoros en mi vida de cura principiante.

Colaboré en dos momentos diferentes, interrupidos por una estadía de estudio en


España, todos conocen estos momentos de mi vida ministerial. La Basílica no solo
evoca el inicio de mi vida ministerial, marca mi corazón en todos sus sentidos, porque
he aprendido a conocer al ser humano, como realidad donde acontece “la lucha
incesante e implacable entre la carne y el espirítu (Nikos Kazantzakis)”. De ello, yo
primero. Pero es real aquello que decía el dios de Goethe al diablo (MEFISTÓFELES),
“llénate de vergüenza, si has de confesar finalmente que un hombre bueno, en medio de
sus oscuros impulsos, no pierde nunca conciencia de cuál es la vía correcta.” Estoy
contento porque esto último acontece contantemente en el confesionario, otros de los
tesoros de la basílica.

Que nuestra distancia no evoque lejanía, estamos unidos en el bautismo que nos hizo
hijos de Dios, eso hace de nosotros hermanos.
Sé que estos momentos son dificíles para muchos de ustedes, no dejen de abrir en sus
memorias un espacio para que María de Suyapa les renueve en la esperanza.

Sin más, su hermano


Juan Antonio Hernández

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