GUÍA PARA UNA DEFENSA Y ASESORÍA
CON PERSPECTIVA DE GÉNERO
Consideraciones………………………………………………………………… 1
Guía………………………………………………………………………………….3
1. Conceptos generales……………………………………………………………3
2. Identificación del contexto para la determinación de los hechos e
interpretación de la prueba (aspecto fáctico) …………………………………4
3. Identificación del impacto diferenciado de las normas, en el
establecimiento del derecho aplicable (aspecto jurídico)………………………8
4. Elementos valorativos en el ánimo del juzgador en la emisión de la
sentencia (aspecto deliberativo del juzgador)…………………………………9
5. Ejecución de la pena o imposición de una sanción (aspecto
sancionatorio)…………………………………………………………………… 10
6. Obligaciones específicas mínimas…………………………………………11
Consideraciones
Todas las autoridades están obligadas a observar la perspectiva de género en el
desarrollo de sus actividades, con el objeto de alcanzar una igualdad sustantiva,
por lo que se trata de un criterio de aplicación transversal.1
Esta obligación cobra especial relevancia tratándose del derecho de acceso a la
justicia, al ser el mecanismo para garantizar el respeto de todos los demás
derechos de las personas; por ello, se impone a las autoridades jurisdiccionales la
obligación específica de juzgar con perspectiva de género, además de preverse la
especialización en la materia por parte de las autoridades encargadas de la
procuración de justicia.2
Al respecto, el derecho a una defensa adecuada es una parte sustantiva del
derecho de acceso a la justicia,3 y el principio de accionabilidad reconoce la
necesidad de un acompañamiento jurídico profesional a aquéllas personas que se
encuentran en una situación de desventaja para hacer efectivo su derecho de
acción ante los órganos jurisdiccionales del Estado, por tanto, este Instituto no
debe tener una actitud pasiva frente a esa obligación del juzgador, 4 sino que,
necesariamente, debe elaborar la estrategia jurídica, según cada caso, con dicha
1 En términos de lo dispuesto en los artículos 1°, 3° y 4° de la Constitución federal; 5°, inciso a), de
la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer –
CEDAW-; 8° de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer -Convención Belém do Pará-; 24 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (Convención Americana); 3° y 14 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y
Políticos (Pacto Internacional); 5°, fracciones II y IX, de la Ley General de Acceso de las Mujeres a
una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), así como 5, fracciones VI y VII, y 37, fracción II, de la Ley
General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres.
2 Artículos 17 y 94, párrafo octavo, de la Constitución federal; 7°, incisos f) y g), y 8°, inciso c), de la
Convención Belém do Pará; 8° y 25 de la Convención Americana; 2°, párrafo 3, del Pacto
Internacional; 38, fracción IV, y 47 de la LGAMVLV, así como el Protocolo para juzgar con
perspectiva de género de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
3 Artículos 17 y 20, apartado B, fracción VIII, de la Constitución federal; 8°, párrafo 2, incisos d) y
e), de la Convención Americana, y 14, párrafo 3, incisos b) y d), del Pacto Internacional.
4 Este Instituto es el órgano garante del derecho humano a una defensa adecuada a nivel federal,
en términos de lo dispuesto en los artículos 1° y 2° de la Ley Federal de Defensoría Pública.
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perspectiva, a fin de asegurarse de que las personas representadas sean
juzgadas acorde con ese principio.
Acorde con ello, en el artículo 27 de las Bases Generales de Organización y
Funcionamiento del Instituto, se establece la obligación al personal del Instituto de
prestar sus servicios con especial consideración de la perspectiva de género, la
diversidad cultural e interseccionalidad. En el caso de quienes realizan las
funciones de defensa penal y asesoría jurídica, deben señalar siempre en sus
promociones el contexto socioeconómico y cultural de las personas que
representan.
En ese contexto, la guía constituye una herramienta para que las personas
encargadas de la defensa pública y la asesoría jurídica puedan elaborar su
estrategia con perspectiva de género, sin que pretenda ser un formulario de
actuación, en tanto que cada caso debe ser valorado, precisamente, conforme a
las características particulares del mismo, y actuar en consecuencia, sin que se
pueda establecer una misma estrategia o un catálogo específico de ofrecimiento
de pruebas.
Se parte de un marco conceptual básico que permita un lenguaje común, a
manera de glosario, y se aborda los elementos a considerar en los aspectos:
fáctico: para evaluar el caso a partir del contexto de las personas representadas;
jurídico: observando el posible impacto diferenciado de las normas; valorativo del
juzgador: evitando una posible deliberación sesgada, y sancionatorio: previendo
que en el caso de condena en materia penal o de sanción administrativa, se
imponga la más adecuada. Finalmente, a manera conclusiva, se incluye una
relación enunciativa, mas no limitativa, de obligaciones específicas mínimas.
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GUÍA
1. Conceptos generales.
La perspectiva de género implica que el caso se observe y analice a partir de
considerar a las personas en su diversidad de contextos, necesidades y
autonomía, en oposición a una visión de un ser humano único bajo esquemas
paradigmáticos con roles específicos y estereotipados; lo que permite identificar la
necesidad de adecuación de las normas y del entorno en el que se desenvuelven
las personas, por requerirse un trato diferenciado, derivado de la existencia de una
discriminación histórica resultante en situaciones asimétricas de poder y de
contextos de desigualdad estructural basados en el sexo, el género o las
preferencias y orientaciones sexuales de las personas. Todo ello, con el fin último
de alcanzar una igualdad sustantiva.
La diversidad del ser humano se puede observar objetivamente, en el aspecto
biológico, y subjetivamente, en el social o cultural, por lo que se debe distinguir
entre el sexo, que designa características biológicas de los cuerpos y el género,
como conjunto de características, actitudes y roles social, cultural e históricamente
asignados a las personas en virtud de su sexo.
En cuanto al primer concepto, bajo el mismo criterio biológico, se debe tener
presente que el esquema de hombre y mujer excluye a las personas
intersexuales que presentan, tanto características sexuales masculinas, como
femeninas, en proporción variable.
Respecto al género, se debe observar que la interpretación normativa o de los
hechos no se acote a una falsa dicotomía de roles a partir de las expectativas
sociales, culturales y jurídicas de las personas por su sexo.
En general, la defensoría debe hacerse cargo de los posibles estereotipos que
puedan resultar relevantes para el caso, entendiendo por éstos aquellas
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características, actitudes y roles que son atribuidas a las personas en razón de
alguna de las condiciones conocidas como categorías sospechosas, en
determinada sociedad.
Se entiende por categorías sospechosas, el origen étnico o nacional, el género,
la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la
religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra
que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los
derechos y libertades de las personas.
En ese sentido, dado que el género de la representada puede multiplicarse con
otras categorías sospechosas, el análisis de los casos se debe hacer con un
enfoque de interseccionalidad, a partir del cual se puede observar que la
situación de vulnerabilidad de una persona por su género, puede tener un posible
impacto negativo combinado con otros factores que la pueden colocar en una
situación de vulnerabilidad múltiple y sistémica que la afecta de forma especial y
que, por ende, requiere una consideración particular.
2. Identificación del contexto para la determinación de los hechos e
interpretación de la prueba (aspecto fáctico).
En cada caso, se deben identificar las siguientes características de la persona
representada:
Si cuenta con antecedentes de haber sido violentada y, en su caso, de
haber denunciado ante alguna autoridad, incluyendo quejas ante los
mecanismos de derechos humanos.
Si es madre y en qué condiciones y con qué características (el número de
hijas e hijos que tiene, cuántos están a su cuidado, si es jefa de familia, si
cuenta con trabajo formal o informal);
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Si tiene a su cargo el cuidado de otras personas que no sean sus hijas e
hijos, por ejemplo, su madre, padre, etc.
Origen étnico, si es perteneciente a comunidad indígena o
afrodescendiente;
Nacionalidad;
En caso de ser extranjera, su situación migratoria dentro del país,
incluyendo el ser solicitante de la condición de refugiado.
Idioma, particularmente si es monolingüe distinto al español;
Edad;
Nivel educativo o preparación;
Condiciones de salud;
Discapacidades;
Condición socioeconómica y cultural;
Estado civil;
Preferencias sexuales, siempre y cuando sea relevante para el caso;
Religión, siempre y cuando sea relevante para el caso, y
Cualquier otra que pueda considerarse como una categoría sospechosa.
El análisis de todas estas circunstancias y factores, es lo que dará como resultado
la condición de género de la representada, condición con la que se deberán
relacionar las circunstancias y hechos del caso en específico, particularmente,
cómo y por qué se generó su vinculación con los hechos delictivos a partir de esa
condición o con los hechos materia del asunto. El concepto de condición de
género contempla todas las circunstancias concretas en que una mujer se
desenvuelve y que tienen que ver con los roles, responsabilidades, espacios y
funciones que la sociedad le asigna, muchos de ellos sin ser remunerados
siquiera.
Los datos enlistados sirven para identificar los posibles estereotipos sociales o
culturales que la han afectado. Su vinculación es propia para el análisis
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correspondiente de interseccionalidad, el cual no debe limitarse a hacer valer la
suma de situaciones de vulnerabilidad de la representada, sino que debe
efectuarse de manera concatenada, a efecto de que se observe la cadena de
actos y hechos que la han afectado, con un impacto multiplicador, mayor a la sola
suma de condiciones.
En la obtención de la información, así como en las actuaciones propias de
autoridades administrativas o jurisdiccionales, se debe pugnar por el respeto al
principio de no revictimización, evitando, en lo posible, interrogatorios repetitivos
sobre la narración de hechos en los que se le haya afectado o cualquier otro acto
que le pueda generar un sentido de culpa y responsabilidad por la violencia de la
que haya sido objeto, como el contradecir su dicho o ponerlo en duda por
estereotipos o ideas machistas de quien entrevista, por ejemplo, preguntar por qué
una mujer camina sola por la calle, por qué ingirió bebidas alcohólicas, por qué
dejó a sus hijos al cuidado de alguien más, inferir de algún modo que la mujer
“provocó” o “se hizo merecedora” de la situación en la que está o de la situación
que vivió.
Asimismo, se debe valorar la necesidad de solicitar u ofrecer estudios
antropológicos, psicológicos u otro tipo de pruebas con perspectiva de género,
que permitan evidenciar las condiciones de vida, así como la cosmovisión de las
representadas.
Toda esta información es particularmente relevante en la argumentación respecto
del elemento volitivo en la comisión del ilícito, así como las probables causas de
justificación, tanto en la solicitud como en la valoración de pruebas, puesto que se
puede determinar, por ejemplo, que la representada se encontraba en una relación
asimétrica de poder, a partir de que un sujeto válidamente ejercía imperio sobre
ella, impidiéndole la toma de decisiones propias y conscientes, ya sea por
necesidades afectivas, diferencia de edad, razones culturales o dependencia
económica, entre otras.
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Es decir, se debe efectuar una interpretación de los hechos acorde con la
cosmovisión de la representada y atendiendo a su contexto, evidenciando las
asimetrías de poder y diferencias estructurales que se encuentren presentes,
evitando a toda costa las distorsiones propias de estereotipos, mediante la
identificación de éstos.
De igual forma, en los demás asuntos diversos a la materia penal, esta valoración
permitirá definir la vía jurídica idónea, los derechos transgredidos y las peticiones
correspondientes a la autoridad jurisdiccional para la reparación del daño y, en
general, hacer valer de forma adecuada los derechos de las personas a las que se
les brinda el servicio, en cada caso.
Sin perjuicio de lo anterior y de manera especial, cuando se trate de niñas, niños y
adolescentes se debe observar el interés superior de la niñez, por lo que es
necesario destacar si la representada es madre adolescente y en qué condiciones,
para, en su caso, hacer valer lo correspondiente ante la autoridad jurisdiccional,
atendiendo a ese interés.
Inclusive, se debe evaluar la necesidad de solicitar el dictado de medidas u
órdenes de protección5, considerando, en su caso, a la opinión de la
representada, el tipo de conflicto y gravedad del mismo –independientemente del
proceso al que se encuentre sujeta-, los posibles daños a terceras personas, así
como cualquier elemento que determine el éxito de la medida.
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Las definidas en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en la
Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, Ley General de Víctimas, y en el
Código Nacional de Procedimientos Penales.
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3. Identificación del impacto diferenciado de las normas, en el
establecimiento del derecho aplicable (aspecto jurídico).
Se debe anticipar posibles interpretaciones y aplicaciones de las disposiciones
jurídicas bajo roles estereotipados sobre la conducta esperada de las personas
representadas. Del mismo modo, debemos considerar la existencia de ciertas
normas jurídicas, que perpetúan roles estereotipados de género y, por lo tanto,
sean en sí mismas, discriminatorias. Por ello, la argumentación jurídica, en estos
casos, implica cuestionar la supuesta neutralidad de las normas, identificar el
marco normativo adecuado para que se resuelva de la forma más apegada al
derecho a la igualdad, revisar la legitimidad de un trato diferenciado y esgrimir las
razones por las que es necesario aplicar determinada norma a ciertos hechos.
En ese sentido, se debe cuestionar:
Cuál es la concepción de sujeto que subyace al marco normativo aplicable.
Si la expectativa de comportamiento sería diversa si se tratara de un
hombre u otra persona con un rol estereotípicamente distinto, generando un
impacto diferenciado injustificado.
Si la aplicación de la norma en el caso resulta desproporcional, dadas las
características particulares de la representada.
Si la norma en sí misma, es discriminatoria en razón del género.
A partir de ello, se debe:
Identificar e invocar las normas y precedentes aplicables, nacionales e
internacionales, incluyendo soft law, que garanticen de mejor manera el
derecho a la igualdad de la representada.
Proponer la interpretación jurídica que contrarreste una norma
discriminatoria por objeto o por resultado, dado el contexto de la
representada.
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Buscar, en su caso, la deconstrucción de un paradigma, concepto o
institución jurídica, con la pretensión de obtener una resolución que ataque
las asimetrías estructurales.
De ser necesario, solicitar la aplicación de un trato diferenciado en favor de
la representada, a partir de un ejercicio de ponderación.
4. Elementos valorativos en el ánimo del juzgador en la emisión de la
sentencia (aspecto deliberativo del juzgador).
Se debe prever que la interpretación de los hechos por el juzgador no se efectúe
bajo la influencia de estereotipos de forma inconsciente, razón por la cual es
necesaria la identificación de los mismos en el caso, ya sean de carácter moral,
ideológico o religioso que pueden sesgar la decisión en contra de la representada;
por ejemplo, “la buena madre” vs. “la mala madre”.
Para ello, se deben identificar los valores subjetivos y patrones culturales
interiorizados en la sociedad que podrían entran en juego y pudieran influir en la
decisión judicial, buscando más bien generar empatía en el juzgador con la
situación vulnerable de la representada, que refleja sus condiciones reales, en
oposición a un “deber ser” en condiciones ideales o bajo parámetros
estereotipados.
Por ejemplo, de ser el caso, se debe hacer evidente la separación o irrelevancia
de un comportamiento sexual determinado o una conducta fuera de la expectativa
social a partir de su género, con la acreditación de los elementos del delito
correspondiente.
Es decir, la detección y develación de estereotipos presentes en la consumación
de los hechos no es suficiente, sino que se deben prever los que pudieran influir
en el ánimo del juzgador, de manera implícita, al llevar a cabo su proceso
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deliberativo, para que éste se efectúe sin elementos que impliquen una previa
conceptualización de los roles sociales de la representada por su género y demás
situaciones que pudieran colocarla en vulnerabilidad.
5. Ejecución de la pena o imposición de una sanción (aspecto
sancionatorio).
La perspectiva de género también resulta aplicable en la imposición de la pena o
de sanciones administrativas, incluyendo las de carácter migratorio, por lo que se
debe buscar la aplicación de medidas alternativas a la detención, la imposición de
sentencias proporcionales o el otorgamiento de beneficios de preliberación, así
como las correspondientes de carácter migratorio.
Para ello, se debe cuestionar si la privación de la libertad, la determinación
migratoria correspondiente o la imposición de la sanción que se pretende, es la
mejor respuesta para las circunstancias del caso y cuáles son los daños
colaterales de ello, a fin de identificar y proponer una medida alternativa que
satisfaga de mejor manera los fines de la pena, como proceso de reinserción
social, o de la sanción, sin perjudicar el interés superior de la niñez o los derechos
de las mujeres, de manera que se individualice adecuadamente la pena o sanción
en función de las circunstancias particulares.
El interés superior de la niñez cobra especial relevancia en este punto, por lo que
se debe hacer valer, en su caso, si la representada tiene hijas o hijos, quién se
encarga de los mismos, las condiciones de atención necesarias, entre otros
aspectos, para que se adopte la decisión más congruente con ese principio,
considerando, incluso, si la representada se encuentra embarazada.
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En asuntos de carácter migratorio, particularmente y en todo momento, se debe
procurar el respeto al derecho a la unión familiar o, en su caso, a la reunificación
familiar, atendiendo al interés superior de la niñez.
6. Obligaciones específicas mínimas.
En términos generales, considerando lo antes expuesto, las personas que llevan a
cabo la defensa penal o la asesoría jurídica, en estos asuntos, tienen las
siguientes obligaciones específicas mínimas:
- Analizar los hechos considerando el contexto y situación particular de la
representada;
- Identificar los estereotipos o ideas machistas que giren en torno al caso;
- Efectuar un análisis de convencionalidad del asunto;
- Cuestionar la supuesta neutralidad de las normas aplicables;
- Solicitar las medidas u órdenes de protección que correspondan;
- En su caso, orientar a la víctima a la Comisión Ejecutiva de Atención a
Víctimas (CEAV);
- En su caso, canalizarla a un Centro de Justicia;
- Realizar las visitas penitenciarias que sean necesarias para verificar las
condiciones en las que se encuentran la representada, y
- Analizar e invocar, cuando proceda, la aplicación de las Reglas de las
Naciones Unidas para el tratamiento de las reclusas y medidas no
privativas de la libertad para las mujeres delincuentes (Reglas de Bangkok).
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