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Buscabichos

El documento presenta la historia de Julio C. Da Rosa, escritor uruguayo. Da Rosa creció en una granja con una variedad de animales y quería tener su propia mascota. A los 6 años empezó a buscar un animal pequeño para cuidar, lo que le valió el apodo de "Buscabichos". Más tarde, Da Rosa se convirtió en un escritor reconocido que escribió sobre la vida rural y los animales del campo uruguayo con gracia y sencillez. Su amor por la naturaleza y la

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El documento presenta la historia de Julio C. Da Rosa, escritor uruguayo. Da Rosa creció en una granja con una variedad de animales y quería tener su propia mascota. A los 6 años empezó a buscar un animal pequeño para cuidar, lo que le valió el apodo de "Buscabichos". Más tarde, Da Rosa se convirtió en un escritor reconocido que escribió sobre la vida rural y los animales del campo uruguayo con gracia y sencillez. Su amor por la naturaleza y la

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BUSCABICHOS; "UN NOMBRETE"

"Yo me crié entre multitudes de animales de las más variadas especies; mi padre tenía
potreros repletos de vacas, ovejas chivos, caballos. Mi madre gallinas, pavos, patos y otros
plumíferos. Aquí un par de perros barullentos, allí marranos escandalosos, a lo que se
sumaba una intensa muchedumbre de pájaros de diferentes tamaños, trinos y plumaje;
nada faltaba allí de cuanto hay de vivo en la tierra; sin embargo hasta los seis años yo no
tuve nada viviente de mi propiedad. Todo mi capital se componía de cosas y objetos
muertos, inanimados, sin más alma que la que yo le prestaba; mi mayor anhelo consistía en
ser dueño de algo vivo, de un ser al que pudiera alimentar, cuidar y proteger. Un hijo quería
yo a los seis años!, me preguntaba a mí mismo si pudiera servirme un gurisito, me
contestaba que no. Tenía que ser un animal mi hijo: chico pero no muy chico, alegre y un
poco tristón. Compañerazo tenía que ser. En busca de ese hijo irracional me largué por
aquellos mundos; de ahí me vino aquel nombrete: -Buscabichos-, un mote burlón, pero que
a mí no me molestaba".

Así comienza nuestro escritor Julio C. Da Rosa su primera experiencia en la literatura


infantil junto a "Gurises y Pájaros"; sus personajes son los animales de nuestro campo; con
gracia y sencillez cuenta sus hábitos y costumbres en relación con el hombre. Un niño tierno
y creativo albergaba en su corazón de hombre sencillo criado en el campo.

Nace en la estancia de sus abuelos paternos el 9 de febrero de 1920, hay que remontarse a
principios del siglo pasado para imaginar el lugar, donde “para hablar por teléfono había que
perder un día entero entre ida y vuelta a la comisaría”; afirmó Da Rosa en una extensa
entrevista que se le hizo dos días antes de su muerte a causa de un ataque cardíaco, el 9
de noviembre de 2001 en Montevideo. Consagrado escritor, ex hombre público y el grado
máximo dentro de la Logia Masónica, fue Julio C. Da Rosa otra de las leyendas
treintaytresinas que narra sus vivencias en los fondos de los campos que daban al arroyo
Fraile Muerto, en medio de la soledad y el silencio, ese bien que se pierde muchas veces al
llegar a la ciudad. Su padre campesino, a pesar de no culminar la escuela rural, era un gran
lector, cuando no trabajaba estaba siempre con el mate y un libro en la mano; ¿Qué podía
leer?; las cosas que le hablaban de su mundo: Acevedo Díaz, Javier de Viana, Montiel
Ballesteros; de allí que en ese hogar de ocho hijos la lectura, fue la constante, el motivo de
cambiar de casa y el desarraigo de un lugar a otro sólo para seguir estudiando. "Vivir en el
campo es duro y antihigiénico pero aclaro que nadie hubiera cambiado las maravillas de
una vida al aire libre por esas cosas del confort."

Al dejar el campo y la escuela sufre su primera pérdida del paisaje y hasta de los bichos;
Julio es el primero en irse a la ciudad, tenía entonces 13 años; cuando llega el momento
también lo hacen sus hermanos. Lo bueno del cambio fue que pudo escuchar a Gardel de
quien era gran admirador; se peinaba igual y se compraba sombreros para lucirlos tratando
de imitar su voz. Ese mismo sentimiento se repite cuando termina cuarto año de liceo y viaja
a Montevideo, recuerda su asombro al ver por primera vez la altura de los edificios. Su vida
en la capital y la universidad le fueron difíciles, pero lo vivido en su terruño lo lleva por los
caminos del recuerdo. Ya viviendo en Treinta y Tres comienza con poemas y cuentos, los
que comparte con su padre entre mate y mate. El día que lee a Morosoli; se da cuenta que
era el principio de un camino y rompe todo lo hecho: Quería escribir como Morosoli! Tendría
en ese tiempo 28 años cuando le manda al maestro, como le llamaba, alguno de sus
cuentos y una carta. La respuesta llega: "Amigo Da Rosa, no me llame más maestro porque
no nos vamos a entender" y la misma plena de elogios a sus cuentos. De ahí en adelante
su obra se afianza; veinti tantos libros publicados, una obra teatral y Buscabichos. Siempre
se mantuvo fiel a la literatura nativa y al regionalismo como lenguaje, todo lo suyo es un
sentido homenaje a la tierra que lo vio nacer y estuvo presente en su corazón.

ELBA DÍAZ

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