El Ente Dilucidado PDF
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Índice general
V.- El Ente dilucidado. Discurso único novísimo que muestra hay en naturaleza animales irracionales
invisibles y cuales sean
Dedicatoria (1676) de fray Antonio de Fuentelapeña a fray Martín de Torrecilla
Dedicatoria (1677) de los editores al Marqués de La Guardia
Décimas del reverendísimo padre fray Josef Arias y de don Gómez Arias y Porres
Soneto de don Manuel Arias de Porres
Licencia de fray Esteban de Cesena
Aprobación de fray Luis de Tineo
Licencia del Ordinario
Censura
Suma del privilegio
Fe de erratas
Suma de la tasa
Prólogo
Índice de las secciones, dudas y dificultades
Cuestión única en que se prueba que hay animales invisibles, y que por la mayor
parte lo sean los que se llaman duendes, trasgos o fantasmas.
Sección I. En qué se dificulta si hay animales que se produzgan de la
putrefacción
Sección II. Si pueden darse en la naturaleza animales invisibles
Sección III. Si dichos animales sean los que comúnmente llamamos
duendes, trasgos o fantasmas
Sección IV. De las causas de los duendes
Índice de las cosas notables
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Recuperar esta obra del capuchino zamorano fray Antonio de Fuentelapeña ha sido
un esfuerzo colectivo dirigido desde el Instituto de Estudios Zamoranos “Florián de
Ocampo”. El origen del proyecto, no obstante, hay que atribuirlo a Francisco Rodríguez
Pascual quien, hace cuatro años, advertía a la opinión pública de la inexistencia de una
edición rigurosa de El ente dilucidado1. Recogido el testigo, el Instituto de Estudios
Zamoranos acometió esta empresa contando con un amplio equipo de colaboradores
técnicos y científicos. Entre los primeros, Paul Silles McLaney y Maite Eguiazábal, quienes
con la colaboración de María Antonia Muriel, se han encargado de la transcripción, del
cotejo de ediciones y de la revisión lingüística. En nuestra edición el lector podrá encontrar,
además, una serie de estudios críticos sobre El ente dilucidado y su autor. El criterio seguido
ha tratado de dar una visión lo más amplia posible de esta curiosa obra. El estudio de fray
Teófilo de Gusendos, editado con permiso de la Orden Capuchina, es la más rigurosa bio-
bibliografía existente –y probablemente posible- de fray Antonio de Fuentelapeña.
Fernando Rodríguez de la Flor, de la Universidad de Salamanca, aporta un magnífico
análisis de la obra en el contexto literario del Barroco español. Desde Alcalá de Henares,
José Manuel Pedrosa ha elaborado un texto tan riguroso como ameno sobre los contenidos
folklóricos de la obra. Finalmente, Arsenio Dacosta, de la U.N.E.D., ha redactado un breve
ensayo sobre el contenido y sentido de El ente desde una perspectiva epistemológica.
El Florián de Ocampo ha tenido, además, el privilegio de contar con el asesoramiento
de Miguel Anxo Pena, comprometido capuchino con su tiempo y con la Historia. Aunque
en un principio estaba prevista su participación en este proyecto, otros compromisos le han
impedido participar en él, que no obstante ha seguido con enorme interés. A todos ellos,
reiteramos nuestro agradecimiento.
1 Lapreocupación, no obstante, es antigua. En una carta a Menéndez Pelayo, Juan Valera le instaba a
recuperar esta obra, afirmando incluso que “Una edición de El ente dilucidado se vendería” ( Carta de 29 de agosto de
1878 [Epistolario de Valera y Menéndez y Pelayo] . M. Artigas y P. Sainz, eds. Madrid: Espasa-Calpe, 1946).
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El ente dilucidado cuenta con tres ediciones previas, de 1676, de 1677 y de 1978 2. La
tercera ha resultado inútil para nuestro objetivo dado el criterio gráfico empleado, por lo
que hemos apostado por aquéllas que sin duda supervisó su autor.
El principal objetivo de la edición era hacer accesible la obra de Fuentelapeña, tanto
en un sentido editorial como de lectura. Aún así, no hemos querido desatender la
metodología apostando por los criterios propuestos por el PROLOPE (Grupo de
investigación y edición de las Obras de Lope de Vega, de la Universidad de Barcelona), que
se describen a continuación. El cotejo de las ediciones de 1676 y 1677, prácticamente
idénticas, no se ha reflejado en el aparato crítico salvo en algunas cuestiones formales como
los errores de numeración (comunes en ambas) o los materiales adicionales que varían de
una a otra (dedicatoria, fe de erratas, índice de cosas notables).
Ello ha servido, no obstante, para fijar un texto coherente, a pesar de que no
contemos con el manuscrito original de Fuentelapeña. Hemos querido conservar el
formato del texto tal y como viene en las ediciones de 1676 y 1677, incluidas tablas e
índices originales, de extrema utilidad para el lector. Se ha aligerado el texto de anotaciones
bibliográficas, llevándolas al pie, por considerar que éste era el criterio deseado por
Fuentelapeña, como las dos ediciones originales revelan. La intervención en el texto ha sido
lo más escueta posible. Las adiciones se han señalado con corchetes y, salvo alguna
corrección menor en el cuerpo del texto para facilitar su lectura, todas se han situado en
notas al pie. La edición cuenta, además, con un Index Fontium que hemos considerado
imprescindible para guiar al lector o al investigador por el aparato bibliográfico manejado
por fray Antonio3.
Como criterio general, se ha optado por modernizar la grafía en todos aquellos
casos que no implicaba una alteración fonética como: la fricativa velar sorda (dixo>dijo,
muger>mujer), la fricativa interdental sorda (cabeça>cabeza, plazer>placer), la alternancia
gráfica s /ss (tuviesse>tuviese), la alternancia i / y con valores vocálicos y semivocálicos
(reynar>reinar), la alternancia u /v con valores consonánticos y vocálicos (vno>uno,
uario>vario), la alternancia v /b (boz>voz), la alternancia qu /cu (quando>cuando), la h
etimológica (ombre>hombre, harbol>árbol), los grupos consonánticos o vocálicos cultos
ph , th , ch , ee , ll , ff , cc (antes de a, o, u), tt , pp (philosophia>filosofía, fee>fe, mill>mil,
effecto>efecto), la grafía latinizante ti + vocal (justitia>justicia), la grafía latinizante sc
(nascer>nacer), las contracciones con que (quel>que el), el uso de n y m delante de p y b
(cambiar>cambiar) y la alternancia tan bien / tambien .
Además, se han desarrollado todas las abreviaturas y se ha normalizado el uso de
mayúsculas según criterios actuales. También se ha actualizado la separación de palabras y
la puntuación aunque, dadas las particularidades de la escritura de Fuentelapeña, el
resultado no siempre ofrecerá al lector una adaptación completa.
En cuanto a las grafías conservadas, el criterio seguido ha sido el de reflejar las
posibles variantes fonéticas correspondientes al castellano de la época de Fuentelapeña. Así,
se han conservado las oscilaciones en los grupos consonánticos cultos t /ct , c /cc (antes de i,
e), n / gn , s /t , s /bs , n /nn , m /nm /mm (efeto/efecto, oscuro/obscuro), las oscilaciones vocálicas
(escrebir/escribir), la s líquida (sciencia), las contracciones con de + pronombre o adjetivo
(della, deste, dél), las formas del tipo aquesta , la a embebida o su ausencia (voy a
2 Para su descripción pormenorizada remitimos al estudio de fray Teófilo de Gusendos incluido en la
presente edición.
3 Una vez finalizada la edición hemos tenido notica de la existencia de una memoria de investigación titulada
Fray Antonio de Fuentelapeña (1628-1702) y "El Ente Dilucidado" (1676): Estado de la cuestión Historiográfica ,
defendida por Águeda VIDAU NAVARRO en 1999 en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo
bajo la dirección de Gustavo Bueno.
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4 Véase FREIXAS ALÁS, Margarita. Las autoridades en el primer diccionario de la Real Academia Española. [Tesis
doctoral bajo la dirección de José Manuel Blecua]. Universidad Autónoma de Barcelona, 2003, 17, nota 41.
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Nota preliminar
El objeto
que ayude de este índice
a comprender mejores laofrecer
obra al
delector un materialFray
Fuentelapeña. de consulta
Antonio edesarrolló
investigación
un
amplísimo aparato crítico que, no obstante, no llegó a sistematizar completamente. De
hecho, El ente presenta varias formas de citación de autoridades.
La primera, muy abundante, viene a ser una forma primitiva de aparato crítico ya
que se cita al autor, su obra y la posición de la referencia en ésta. Cierto es que
Fuentelapeña lo hace de una forma esquemática, pero en la mayor parte de los casos ofrece
información suficiente para una identificación positiva. Por lo general, y siguiendo el
criterio de edición escogido, hemos desarrollado la referencia bibliográfica en nota al pie
actualizando el nombre del autor y el título de la obra en atención a las concordancias del
presente Index. En cuanto a las referencias a capitulados y paginación hemos conservado
en nota las originales
bibliográficas que ofrece
con información fraysobre
básica Antonio. En este
los autores y lasIndex
obrasampliamos las noticias
citadas, aludiendo a su
nombre (con distintas variantes cuando resulta pertinente), a su cronología básica y, cuando
procede, con alguna nota interpretativa adicional. En cuanto a las ediciones referenciadas,
hemos escogido aquellas que pudieron estar a disposición del capuchino (en su mayoría de
los siglos XVI y XVII), sin que podamos precisar exactamente si son éstas y no otras
contemporáneas las que él utilizó.
Una segunda forma de citar empleada en El ente, es la versión abreviada de la
primera donde, generalmente, se remite a una autoridad dando sólo su nombre. En estos
casos, es corriente que Fuentelapeña sitúe al final de la lista a un autor que recoge las
opiniones de los anteriores con fórmulas como a los que sigue.. y similares. Es obvio que se
trata de autores
Fuentelapeña citadosunaconocimiento
no tuviera través de otros,
directolodeque no implica
los mismos. Estasnecesariamente que
alusiones las hemos
denominado “Referencias secundarias” y, cuando ha sido posible, las hemos relacionado
con las fuentes primarias que utiliza El ente. Por lo general, aparte de esta anotación,
hemos desarrollado las referencias en el Index con un tratamiento similar al anterior, esto
es, identificación del autor y su cronología, y posible edición de referencia. No obstante,
hay referencias secundarias que no permiten deducir una fuente primaria o una
identificación positiva y que, por lo general, parecen ser traídas de memoria por nuestro
capuchino. Dado su valor relativo y su menor impacto en la obra, hemos dado escueta
noticia de estos autores en el anexo al presente Index.
La tercera forma de citación es una variante de la anterior, a saber, fray Antonio cita
directamente algunos
extractando citas autores y obras
o fragmentos, lo que(generalmente
ha permitido clásicos o textos teológicos),
una identificación positiva enincluso
nota,
desarrollada según el criterio anterior en este Index. La única salvedad que nos hemos
permitido son las alusiones a las Sagradas Escrituras y a la Patrística, virtualmente
imposibles de determinar en una edición antigua concreta, y para las que hemos utilizado el
sistema de citación moderno que, por otro lado, es prácticamente idéntico al empleado por
Fuentelapeña.
Una cuarta forma es incluir fragmentos o citas sin ofrecer autor o fuente. En estos
casos, que suelen aludir a proverbios clásicos, citas bíblicas o fuentes jurídicas, hemos
desarrollado en nota la referencia, empleando corchetes cuadrados para distinguirlas de las
originales de Fuentelapeña.
primeraElincluye
presente Index está
la relación organizado
de autores en citados
y obras dos partes claramente diferenciadas.
por Fuentelapeña La
organizadas por
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orden alfabético en atención al apellido del autor tratando de emplear la designación más
corriente hoy en día, es decir, la que puede facilitar al lector ulteriores búsquedas
bibliográficas. Nos ha parecido interesante incluir las variantes onomásticas más
generalizadas, que habitualmente suelen ser el nombre latino y vernáculo del autor citado.
En cuanto a la cronología del mismo, siempre que ha sido posible hemos fijado las fechas
de nacimiento
secundarios quey muerte. La segunda
no han sido parte
incluidos en eldelapartado
Index incluye una
anterior porrelación simple
su menor de autores
impacto en la
obra. Finalmente, incluimos una breve lista de autores y obras que no hemos podido
identificar positivamente, bien por lo escueto de la referencia bien por nuestra incapacidad
para hacerlo.
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De este jurista, filólogo y anticuario napolitano se cita su Días geniales , obra que toma como
modelo las Noctes Atticae de Aulo Gelio y los Saturnalia de Macrobio.
Edición de referencia:
Genialum dierum. París: Claudio Micard, 1565.
Edición ALEXANDRO
de referencia: BENEDICTUS / Alessandro Benedetti (hacia 1450-1512)
Histona corpus humani sive Anatomice . Venecia: A. Oporini, 1543.
6 Sobre este autor, véanse TARN, W.W. The Greeks in Bactria and India . Oxford: 1953[1938] y GIL, Juan. La
India y el Catay. Textos de la Antigüedad clásica y del Medievo occidental. Madrid: Alianza, 1995, 177.
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AUSONIO
Fray Antonio / Decimus
cita varios Magnus
poemas Ausoniustomados
de Ausonio, (310-395)
de sus Septem Sapientum Sententiae
( Solon Atheniensis ) y Epigrammaton.
Edición de referencia:
D. Magni Ausonii.. Opera . Amsterdam: Wilhem Janssen, 1621.
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BARCELOS,
Fuentelapeña Pedro de
cita la leyenda de/laPedro
dama Afonso, conde
de pie de cabra de Barcelosque
, adaptación (1285-1354).
hacen los Haro de la
tradición melusiniana. Dicho motivo se encuentra en el Nobiliario del conde don Pedro, más
conocido como Livro de Linhagens do Conde D. Pedro, o Livro das Linhagens .
Edición de referencia:
Nobiliario de D. Pedro, Conde de Bracelos, hijo del rey D. Dionis de Portugal / ordenado y
ilustrado con notas y indices por Iuan Bautista Lavaña.. Roma: Stefano Paolini, 1640.
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BELON, Pierre / Petrus Bellonius Cenomanus (1517-1564)
Citado como Belonio, Fuentelapeña cita a este médico, naturalista y viajero francés, hace
referencia a una de sus obras menos conocidas: De aquatilibus .
Edición de referencia:
De aquatilibus libri duo. París: Carolum Stephanum, 1553.
BENEVENTO, Marco da (O.Celest.) (siglos XV-XVI)
Fuentelapeña no permite identificar con más precisión la obra a la que alude, que podría ser
la que indicamos o, bien, los comentarios de este autor a la traducción de la Geografía de
Ptolomeo (Venecia: 1507)
Edición de referencia:
Apologeticum opusculum Marco Beneuentano monaco Caelestino authore aduersus ineptias
cacostrologi anonimi subcensentis recentioribus astrophilis ac autumantis erratum esse in
determinatione aequinocti. Nápoles: Antonio de Frizis, 1521.
AunqueBERGEN,
en El ente Gerard vancomo
se le cita (siglo XVI)
Gerardo Bulcodiano, creemos que alude a este médico
holandés y su tratado de la peste.
Edición de referencia:
De pestis praeservatione libellus.. Amberes: Christophe Plantin, 1565.
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Fuentelapeña cita en una ocasión a este conocido intelectual francés, quizá a través de
Nieremberg.
Edición de referencia:
Universae naturae theatrum.. Lyon: Jacob Rousseau, 1596.
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Fuentelapeña cita a varios autores clásicos –Varrón, Platón, Dedaleo- a través de la obra de
este autor.
Edición de referencia:
Tribunal magicum quo omnia quae ad magiam spectant, accuratè tranctantur & explanantur seu
tribunanil medici: pars altera . Leyden: Johannes Elsevirium, 1958.
Referencias secundarias: Varrón, Dedaleo, Platón.
CARAMUEL LOBKOWITZ, Juan (1606-1682)
En varias ocasiones cita fray Antonio la obra principal de este científico adelantado a su
tiempo, a pesar de las enormes diferencias ontológicas entre ambos.
Edición de referencia:
Caramuelis Theologia moralis fundamentalis.. Roma: Blas Dimersini, 1656.
Referencias secundarias: Johannes Marcus Marci.
CARTIER,
Referenciado JacquesCarther
como Jacobo Cartier, Fuentelapeña
(1491-1557) tuvo que conocer la Relation de su viaje a
Canadá por compilaciones posteriores, posiblemente a través de la de Marc Lescarbot
(†1642) dado que en El ente se alude a la obra como Nova Francia relatione.
Ediciones de referencia:
Discours du voyage fait par le capitaine Jaques Cartier aux Terres-neufves de Canadas,
Norembergue, Hochelage, Labrador, & pays adjacens, dite Nouvelle France: avec particulières
moeurs, langage, & cérémonie des habitans d'icelle . Rouen: Raphaël du Petit Val, 1598.
LESCARBOT, Marc. ″ Nova Francia ″ , or the Description of that part of New France..
Londres: G. Bishop, 1609.
CASPENSE,
1650) EL / Ludovicus Caspensis / Luis de Caspe (O.F.M.Cap.) (1578-
Edición de referencia:
Cursus theologici praecipuas materias, quae in scholis tradi o legisdent, iuxta ordinem S. Thomae
Amplectensis.. Lyon: Laurent Anisson, 1666.
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Podría tratarse de cualquiera de estas dos obras de temática afín: Adversus omnes haerese s
(publicada por primera vez en Colonia en 1539) y De justa haereticorum punitione (Salamanca,
1547). Ambos trabajos fueron posteriormente publicados unitariamente en París entre 1571
y 1578.
AunqueCASTRO, Rodrigo
el texto alude a un de (1546-1627)
tal Acosta como autor de De medico politico, esta obra pertenece al
médico judeoespañol Rodrigo de Castro según informa Menéndez y Pelayo en su Historia de
los heterodoxos españoles .
Edición de referencia:
De officiis medico-policicis sive de medico politico. Hamburgo: Froben, 1614.
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M.T. Ciceronis Opuscula que in hoc volumine continentur hec sunt. Cato maior siue de senectute.
Laelius siue de amicicia. Sextus liber de republica. Paradoxa idest questiones admirabiles. Alcalá
de Henares: Arnao Guillén de Brocar, hacia 1517.
M. Tullii Ciceronis Opera omnia quae exstant.. Ginebra: Jeremie Des Planches, 1584.
M. Tulii Ciceronis Operum tomus septimus: continens epistolas ad T. Pomponium Atticum, M.
Iunium Brutum, Quinctum fratrem.. Venecia: Aldo el Joven, 1583.
COLEGIO DE CARMELITAS / Colegio de Carmelitas Descalzos de Alcalá de
Henares (siglo XVII)
Fray Antonio cita expresamente al muy reverendo padre fray Francisco Gónzalez de Santa Cruz,
penitenciario del Pontífice en su curso filosófico. Aunque no nos ha sido posible documentar a este
autor, creemos por el contexto que se trata de una de las obras editadas por los carmelitas
de Alcalá en tiempos de Fuentelapeña.
Edición de referencia:
Collegii Complutensis discalceatorum Fratrum ordinis B. Mariae de Monte Carmeli
Disputationes in tres libros Aristotelis de Anima . Lyon: Michel Liberal, 1668.
COLEGIO TRIDENTINO
Fuentelapeña alude al Colegio Tridentino en su Apiario. No nos ha sido posible identificar
positivamente ni la obra ni el autor colectivo, descartando a priori que pueda tratarse del
Apiario del príncipe Federico Cesi (Roma: Academia dei Lincei, 1625).
CONIMBRICENSES
Nombre con el que se conoce una colección de comentarios escolásticos elaborados por
los jesuitas de la Universidad de Coimbra en el siglo XVI. Fuentelapeña cita expresamente
el comentario al De coelo de Aristóteles.
Edición de referencia:
Commentarii Collegii
Coelo. Coimbra: Conimbricensis
Antonio de Mariz,Societatis
1592. Jesu in quattuor libros physicorum Aristotelis de
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Edición de referencia:
Tesoro de la lengua castellana, o española.. Madrid: Luis Sánchez, 1611.
AunqueCTESIAS DE CNIDOla(siglos
no cita expresamente obra, V-IV a.C.) que se trata de la Indica, Cosas de la India
es indudable
o Relaciones de la India –que por los tres nombres se conoce- de este médico y geógrafo
griego, que ha llegado a nuestros días a partir del epítome de Focio, patriarca de Alejandría
(siglo IX)8.
Edición de referencia:
Photioy mypiobibion e bibliotheke = Photii myriobiblon sive Bibliotheca librorum quos Photius
Patriarcha Constantinopolitanus legit & censuit.. Ginebra: Oliva Pauli Stephani, 1612.
DE REBUS TARTARI
No hemos localizado una obra con tal título, por lo que deducimos que podría tratarse de
una compilación de relatos y epístolas de los primeros misioneros y legados dominicos,
como Juan de Montecorvino u Odorico de Pordenone. Ofrecemos como referencia una
edición francesa de estos textos9, que incluye también los de algunos franciscanos, y que
pudo conocer fray Antonio de Fuentelapeña:
Relation desautres
Ascelin,& voyages en Tartarie
religieux de S. de fr. Guillaume
François de Rubruquis,
& S. Dominique, qui fr. Jean du
y furent Plan par
enuoyez Carpin, fr.
le Pape
Innocent IV & le roy S. Louys: plus un Traicté des Tartares, de leur origine, moeurs, religion,
conquestes [..]: avec un Abregé de l'histoire des Sarasins et Mahometans, de leur pays, peuples,
religion, guerres.. París: Viuda de Jean de Heuqueville, 1634.
También podría tratarse de la obra sanabrés Amaro Centeno:
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Historia de las cosas del Oriente primera y segunda parte. Contiene una descripcion general de los
Reynos de Asia con las cosas mas notables dellos. La historia de los Tartaros y su Origen y
principio.. Córdoba: Diego Galán, 1595.
DESCARTES,
Fuentelapeña Renéde(1596-1650)
alude a uno los famosos sueños que tuvo el joven Descartes a finales de
1619 (y que después analizarían Freud y Maritain), más concretamente al segundo.
Descartes narró estas experiencias en su Cogitationes privatae , escritas hacia 1620 e inéditas
hasta el siglo XIX. La descripción de los sueños de Descartes ha sido seguida generalmente
a través de su biógrafo Adrien Baillet ( La Vie de Monsieur Descartes , 1692), pero es obvio que
Fuentelapeña no pudo acceder a este material. Además, la cita incluida en El ente , alude a la
segunda parte de un volumen en folio, que debemos interpretar como una edición del
Discurso del método, donde efectivamente –al principio de la Segunda parte - alude al año 1619 y
reflexiona sobre la percepción humana, el sueño y la vigilia.
Edición de referencia:
Discours
Dioptriquedeetlalesméthode pour bien conduire
meteores.. París: MichaelsaBobin
raison yetNicolas
chercher Le
la verité
Gras,dans les sciences-Phis La
1668.
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Resolutionum moralium pars quarta: in qua selectiores casus conscientiae.. sub variis tractatibus
explicantur et praesertim material ad tribunal S. Inquisitionis spectantes . Madrid: María de
Quiñones, 1637.
EdiciónDONATO,
de referencia:Marcelo / Marcello Donati (1538-1602)
De medica historia mirabili. Libri sex. Venecia: Iuntas, 1597.
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Aunque no cita expresamente la obra, parece referirse a la Varia Historia de este autor
filoheleno. También lo cita, indirectamente, a través de una referencia a Pedro Gil y su Libro
de los animales que, en realidad se trata de una traducción de la obra de Eliano realizada por
Pierre Gilles.
Ediciones de referencia:
Aeliani
Aeliani De varia historia
de Historia libri XIIII...
Animalium París,/Jacob
libri XVII Rezé,
quos ex 1602.
integro ac veteri exemplari graeco Petrus
Gillius vertit.. Lyon: Guillaume Rouillé, 1565.
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EdiciónFONTECHA,
de referencia: Juan Alonso y de los Ruices de († entre 1598 y 1611)
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
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GRILLANDO,
Fuentelapeña cita en unaPaolo
única/ocasión
Paulus Grillandus (siglo
a este jurista XVI)y, aunque no ofrece una obra
toscano,
concreta, por el contexto pensamos que se refiere a su famoso Tractatus de hereticis et
sortilegiis.
Edición de referencia:
Tractatus de hereticis et sortilegiis omnifariam coitu eorumq[ue] penis; it¯e de questionibus [et]
tortura, ac de relaxatione carceratorum.. Lyon: Jacobo de Giunta, 1545.
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HOMERO
La obra a la que se refiere el capuchino cuando trata de los enanos y las grullas es, sin duda,
la Ilíada (3,1.9). También se cita la Odisea y, en el Prólogo de El ente , un tratado entero del
mosquito.
Edición de referencia:
Homeri quae extant Omnia, Ilias, Odyssea, Batrachomyomachia, Hymni, Poematia aliquot /
cum Latina versione.. Perpetuis.. in Iliada simul et Odysseam.. Basilea: Imprenta episcopal,
1583.
HORACIO / Quintus Horatius Flaccus (65-8 a.C.)
Aparte del verso incluido en el Prólogo de El ente (perteneciente a su famosa Ars Poetica ),
Fuentelapeña cita otra de sus epístolas.
Edición de referencia:
Epistolarum libri duo. París: Dionysius Duvaelus, 1584.
10 Para la identificación de este grabador véase: DEL RÍO PARRA, Elena. Entre historia y relato: los orígenes
de “El Animal de Hungría”, de Lope de Vega. En Hispanófila. 139 (2003), 49-60. Otra referencia al grabado de
Gilles Hendriex, tanto a partir de Fuentelapeña como por la existencia de pliegos de cordel con esa efigie en
GIL, Gonzalo. Formas de proyección y representación del conocimiento en los siglos de oro. Madrid: [el
autor], 2001 [disponible en http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/gonzaprodi1.PDF]
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JOSEFO, FLavio / Flavius Iosephus / Yosef bar Mattityahu (hacia 37-hacia 100)
Edición de referencia:
Flauii
Contra Iosephi Hebraei
Appion¯e historiographi..
apologetici.. Colonia:opera..: Antiquitatum
Eucharius Iudaicarum..,
Cervicornus, 1524. De bello Iudaico..,
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De miraculis occultis naturae, libri IIII. Item de vita cum animi et corporis incolumitate recte
instituenda, liber unus.. Amberes: Christophe Plantin, 1574.
EdiciónLUCIANO
de referencia: DE SAMOSATA (125-181 d.C.)
Saturnalia, Cronosolon.. Epistolae Saturnales, De luctu, Abdicatus, Icaromenippus seu
Hypernephelus, Toxaris sive amicitia, Alexander seu Pseudomantis, Gallus seu somnium, Timon
se Misanthropus, pro Tyrannicida declamatio, Erasmi declamatio, Lucianicae respondes, De ijs
qui merce conducti degunt, Dialogi XVIII, Hercules Gallicus, Eunuchus seu pamphilus, De
sacrificijs, Conuiuium se Lapithae, De Astrologia.. Basilea: Johan Froben, 1521.
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T. Cari Lucretii.. De rerum natura libri sex . Lyon: Sébastien Gryphius, 1540.
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Quaestiones quodlibeticae et Relectio theologica de Christi regno ac dominio: cum triplici indice..
Salamanca: Miguel Serrano de Vargas, 1588.
MIZAULD,
Astrólogo Antoinecitado
y médico francés / Antonius Mizaldusdel
como Mizaldo, (1510-1578)
que se mencionan sus Centuriae .
Edición de referencia:
Centuriae IX. memorabilivm vtilivm ac ivcvndorvm in Aphorismos Arcanorvm omnis generis
Completes perpulcre digestae.. Frankfurt: Johann Wechel, 1592.
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NEWBURGH,
La Historia Williamposiblemente
Rerum Anglicarum of / GulielmusfueNubrigensis
conocida por (siglo XII)
el capuchino a través de la
siguiente edición:
Rervm britannicarvm, id est Angliæ, Scotiæ, vicinarvmqve insvlarvm ac regionvm . Heidelberg:
Hieronymus Commelinum, 1587.
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La referencia en El ente no permite averigurar fácilmente a qué obra se refiere, aunque
posiblemente aluda a sus Disputationes sobre santo Tomás, obra de referencia para autores
escotistas tan del gusto de Fuentelapeña.
Edición de referencia:
Disputationes theologicae in primam partem Diui Thomae.. El Burgo de Osma: Diego
García, 1669.
OVIDIO / Publius Ovidius Nasoni (43 a.C.-17 d.C.)
Ediciones de referencia:
Epistole Heroides.. Venecia: Joannem Tacuinum de Tridino, 1501.
Metamorphoseos libri moralizati cum pulcherrimis fabularum principalium figuris . Lyon: Jean
Huguetan, 1518.
P. Ovidii Nasonis operum / editio nova Nicolaus heinsius dau F. reconsui tac notas addicit
[contiene: Tristia y Fasti ]. Amsterdam: Ex officina Elzeveriana, 1661.
PHAVORINUS
Existen problemas
respectivamente de identificación
como Josef Phavorinoconeeste autor ydesuhominis
In Synopsi obra, excelentia
ya que aparecen citados,
. Proponemos al
lexicógrafo Vannus, Varinus o Guarino Phavorinus (†1537), autor de un gran diccionario
de griego bajo el título de Magnum ac perutile dictionarium (Roma, 1523).
Edición de referencia:
In Faborini Camertis Lexicon.. Basilea: 1538.
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PLINIO EL VIEJO / Caius Plinius Secundus (23-79 d.C.)
Cuando el capuchino cita a Plinio en referencia a los enanos y las grullas, lo hace de la
Naturalis Historia , 7.2, 19 y 10.23. El resto de las citas de este autor pertenecen a la misma
obra.
EdiciónHistoria
de referencia:
naturalis. Roma: Conrado Sweynheym y Arnoldo Pannartz, 1473.
PORTA, Giovanni Battista della Porta / Giambattista della Porta (hacia 1538-1615)
12 Una traducción parcial del libro III de la Corografía de Mela, particularmente la descripción de la India que
aquélla incluye en: GIL, Juan. La India y el Catay. Textos de la Antigüedad clásica y del Medievo occidental. Madrid:
Alianza, 1995, 245-250.
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PORZIO,
La atribución no esSimeone
segura, (siglos XV-XVI) puede referirse al De coloribus libellus de este
pero Fuentelapeña
profesor universitario de Nápoles.
Edición de referencia:
Aristotelis, vel Theophrasti de coloribus libellus.. París: Michel de Vascosanum, 1549.
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SAN AGUSTÍN
Fray Antonio recurre en/ Agustín
numerosas de Hipona
ocasiones/ Aurelius Augustinus
a De civitate Dei y (354-430)
otras obras como su
Enchiridion , su De sancta Virginitate liber unus , o distintos sermones.
Edición de referencia:
D. Aurelii Augustini Hipponensis episcopi Operum tomi quinti pars secunda : qua reliqui X
libri De civitate Dei / nunc demum veterum codicum collatione & fide castigatissimi, atque
doctissimi viti Lodovici Vivis, eruditissimis commentarijs illustrati continentur; cum indice ..
Lyon: Michel Étienne, 1580.
D. Aurelii Augustini Episcopi De fide, spe, et charitate Enchiridion.. Colonia: Peter Horts,
1552.
Tertia pars librorum libri Aurelij Augustini quos edidit presbyter ordinatus.. [incluye el citado
De Genesi
Quinta parsadlibror¯u
litteramdiui
libriAurelij
duodecim ]. Basilea:
Augustini Johann
quos scripsitAmerbach, 1506.el citado De sancta
episcop.. [incluye
Virginitate ]. Basilea: Johann Amerbach, hacia 1506.
SAN BERNARDO
Fuentelapeña alude a alguno/de
Bernardo de Claraval
los sermones (O. Cist.)
que forman ( 1090-1153)
Sobre el Cantar de los Cantares . En
este caso remitimos a la edición sus Obras Completas (Madrid: Biblioteca de Autores
Cristianos, 1984).
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El texto alude al Comentario sobre Amós , del famoso Padre de la Iglesia, escrito en 406, y
también a su Contra Joviniano.
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En la dedicatoria de los impresores en la segunda edición se citan dos versos del Hércules
furioso de este autor. Esta tragedia en verso titulada Hercules furens tuvo una gran difusión e
influencia en los siglos XVI y XVII, inspirando directamente el Hércules furente y Oeta de
Francisco López de Zárate. A través de una conocida sentencia incluida en El ente se
deduce la referencia a otra obra de este autor, más concretamente de sus Epistulae morales.
Cuanto tratasobre
sus tratados de losCuestiones
cometas,naturales
Fuentelapeña
. traduce un fragmento de su De cometis , una de
Ediciones de referencia:
Las epistolas de Seneca con vna summa si quier introducion de philosophia moral en romance con
tabla. Toledo: Pedro Hagenbach, 1502.
L. Annaei Senecae Philosophi Tomus secundus: in quo epistolae & quaestiones naturales..
Amsterdam: Lodewijk y Daniel Elzevier, 1658.
SILVIUS, Eneas / Enea Silvio de' Piccolomini / Pío II, papa (1405-1464)
Fuentelapeña alude a un tal Silvio que, por el contexto, podemos identificar con este papa e
historiador, al que posiblemente sigue a través de Lycosthenes.
Edición de referencia:
Aeneae Sylvii Piccolominei.. opera quae extant omnia.. / His quoque accessit Gnomologia ex
omnibus Sylvii operibus collecta (per Conradum Licosthenem. Aeneae Sylvii Pontif. vita.. per
Platynam descripta). Basilea: Heinrich Peter, 1551.
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Otro de los autores de referencia para Fuentelapeña, citando sus Disputationes metaphysicae ,
De religione , De sacramentis y Tractatus de Incarnatione .
Ediciones de referencia:
Commentariorum ac disputationum in tertiam partem Diui Thomae tomus primus [incluye el
Tractatus de Incarnatione ]. Alcalá de Henares: Pedro Madrigal, 1590.
Metaphysicarum
Juan y Andrés disputationum
Renaut, 1597 in(enquibus et universa naturalis theologia ordinate.. Salamanca:
2 vols).
Operis de Religione.. Lyon: Jacques Cardon, 1630.
Summa commentariorum ac disputationum.. [incluye De sacramentis ]. Lyon: Jacques
Cardon y Pierre Cavellat, 1630.
Referencias secundarias: san Buenaventura, san Anselmo, Damasceno, Beda, Scoto,
Gabriel Mayor, Mantuano, Ochamo, Hurtado, Avicena.
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Iardin de flores cvriosas, en qve se tratan algvnas materias de Hvmanidad, Philosophia, Theologia
y Geographia / con otras cosas curiosas y apazibles... Salamanca: Juan Bautista de
Terranova, 1570.
Edición TRULLENCH,
de referencia: Juan Gil / Ioannis Aegidii Trullench (1580-1645)
Operis moralis tomus primus siue in decem Decalogi & quinque ecclesiae praecepta absolutissima
& resolutoria exposito.. Lyon: Laurent Anisson, 1652.
En una TURPILIO
ocasión cita /fray
Sexto Turpilio
Antonio (siglo Turpilio,
a Sexto II a.C.) autor de fábulas paliatas de finales del
siglo II a. C. del que sólo conservamos fragmentos14.
13 Existe manuscrito del siglo XV en la Biblioteca Universitaria de Salamanca, que pudo consultar
Fuentelapeña. Remitimos a la reciente edición es esta obra a cargo de Carmen Parrilla: Las Çinco figuratas
paradoxas . Madrid: Universidad de Alcalá de Henares, 1998.
14 Algunos de los cuales han sido editados por L. Rychlewska en Turpilii comici fragmenta. Leipzig: B.G.
Teubner, 1971.
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15 Véase HOFMANN, Johann Jacob. Lexicon Universale, Historiam Sacram Et Profanam Omnis aevi .. Leiden:
Jacob Hackius y otros, 1698, II, voz “Johannes Vasaeus Brugensis”.
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Citado simplemente como Valerio, nos atrevemos a identificar la referencia con este
capuchino, autor de una colección de exempla que tuvo que conocer Fuentelapeña.
Edición de referencia:
Prato fiorito di varii essempi: parte seconda.. Venecia: Fioravante Prati, 1614.
Edición VIGUERIO,
de referencia:Juan (siglo XVI)
Institutiones ad Naturalem et Christianam Philosophiam, maxime vero ad scholasticam theologia
m, sacrarum literarum, universaliúmque Conciliorum authoritate.. París: Michel Sonnium,
1582.
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ZACARÍAS, Paulo / Paolo Zacchia (1584-1659)
Una única referencia sin más alusión que el nombre -Paulo Zacarías - y un escueto lib.3,
podría remitir a diversos autores, incluidos varios de la Patrística editada por Migne. A
modo de conjetura, por el contexto, sugerimos este autor y sus Cuestiones médico-legales a
través deP laPauli
siguiente obraedición
Zacchiae de referencia:
Medici Romani.. Quaestionum Medico-Legalium Tomus Prior. Lyon: Jean-
Antoine Huguetan y Marc-Antoine Ravaud, 1661.
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Anexo
Agustín
Barreda, Eugubino, Albrio, Bonfin,
Becano, Bocato, Ambrosio, Andreas Casaneo,
Caleschro, Cesalpino,Celio
Angelo Silvestro,
Caliag, Apolonio,
Cesario, Ciruel,
Clemente Alejandrino, Cuevas, Cuspiniano, Egesipo, Emilia Procopio, Estefano Roderico,
Eucterio, Eusebio Cesariense, Fernesio, Filiarco, Filón, Foresto, Fornario, Fortunio,
Francisco Georgio, Gabino, Gemma Frisio, Genebrardo, Gentil Benivenio, Gentil
Benivenio, Gerson, Guillermo Alberno, Herófilo, Hipólito Alarsilio, Irineo, Isacio,
Jenofonte, Josef, Juan Conrado, Juan Postio, Juan Zanguero, Julio Obsecuente, Justino,
Lactancio, Lipomano, Metodio, Meutafrastes, Ninfo, Origenes, Palacios, Paludano,
Paucero, Petrarca, Piceno, Próspero Tarinacio, Richardo, Roberto Guanguino, Rodolfo
Camerino, Ruiz, Ruperto, Savonarola, Saxo Gramático, Senerto Livanio, Simaco, Surio,
Teopompo, Tertuliano, Toledo, Vallesio, Vera Cruz, Verbo Medicus, Victoria, Zonaras.
Aparte
rabinos endesuanteriores, Fuentelapeña
Talmud (número alude a Platón
213), y a Arriaga y todos los
y los nominales de su escuela
(número 907).(número 192), a los
Nº 50: el padre Roxas en la Historia de los Godos . Una opción es considerar que la referencia
está equivocada y se trata de Pedro de Rojas, conde de Mora, autor de la Historia de la
imperial, nobilissima, inclyta y esclarecida ciudad de Toledo..: historiase el reynado de los godos, la perdida
de España, su Captividad por la entrada de los moros en ella, su govierno, vidas de nuestros... Arçobispos,
santos y cosas memorables.. Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1663. A pesar de la coincidencia
temática no creemos
Nº 238: como factible
lo tienen Clar. la identificación.
Bald. y Gul. Nos ha sido imposible identificar a estos autores que,
en cualquier caso, debemos considerar summistas , esto es, comentaristas de la obra de santo
Tomás de Aquino.
Nº 246: el obispo Agustín Justiniano en sus Annales Ianuenses. No hemos logrado identificar
positivamente esta referencia. Una obra de este mismo título es obra del famoso cronista
genovés Caffaro di Rustico da Caschifellone (siglo XII), pero el contexto no permite hacer
esta identificación.
Nº 250: Duris .
Nº 385: Mazuchuelo.
Nº 418: Leonardo Bertrando Loth, de la Sagrada Orden de Predicadores, en su libro Resoluciones
Teológicasexdefemore
formato las ilustres
viri. Adificultades
pesar desucedidas en de
lo prolijo Belgio tract. 15, debajo
la referencia nos hadelsido
título De quodam
imposible Belga,
localizar
esta obra.
Nº 484: Cisato, en el Tratado de la isla del Japón . Posiblemente se trate de alguna relación
jesuítica, dado que en el número 485 Fuentelapeña recoge un testimonio de san Francisco
Javier.
Nº 479: Felipe Samuth .
Nº 984: Segismundo en la Descripción de Moscovia, tomo 2, página 175 . Con reservas,
identificamos la noticia con: Russia seu Moscouia itemque Tartaria: commentario topographico atque
politico illustrate . Leyden: ex officina Elzeviriana, 1630.
Nº 1099: Pedro Lontichio Libro 4, Observat. hace también memoria .
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Nº 1160: Emilio. No hemos sido capaces de identificar a este autor al que alude
Fuentelapeña, en referencia a ciertos episodios de canibalismo bajo Guillermo de
Inglaterra16.
Nº 1161: Hisroug . Fray Antonio alude a una hambruna en Alemania en el año 849, con
episodios de canibalismo, narrada por Nauclero y por este autor que no hemos podido
identificar.
16 Una vez finalizada la edición, hemos tenido noticia de la publicación de un estudio monográfico sobre la
cuestión que podría desvelar esta incógnita. Véase: BLURTON, Heather. Cannibal Narratives: Conquest and
Identity in High Medieval England . Nueva York: 2006.
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I.- EL RELIGIOSO
Ambientación histórica
17 Publicado originalmente en Collactanea Franciscana , año 55, nº 3-4 (1985), 53-74 y 255-287.
Siglas bibliográficas: AGCap = Archivo General de la Orden (Roma); AGSE = Archivo General de
Simancas. Sección Estado; AOCap. = Analecta Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum (Roma, 1884ss); BC =
Bullarium Ordinis FF. Minorum S. Francisci Capuccinorum (Roma 1740 ss); Carrocera I = Buenaventura de
CARROCERA, La provincia de Frailes Menores Capuchinos de Castilla. Vol. I: 1575-1701 (Madrid, 1949); ED =
Erario Divino de la Sagrada Religión de los Frailes Menores Capuchinos en la provincia de Castilla. Parte tercera.
(manuscrito del Archivo Provincial de los Capuchinos de Castilla publicado por el P. Buenaventura de Ciudad
Rodrigo, Salamanca, 1909); Ente = El ente dilucidado […] por el P. Antonio de Fuentelapeña (Madrid 1678,
reedición 1978); Necrologio = Buenaventura de CARROCERA, Necrologio de los Frailes Menores Capuchinos de la
Provincia del Sagrado Corazón de Castilla (1609-1943) (Madrid, 1943); Palau = PALAU Y DUCET, Antonio.
Manual del librero hispano-americano. Segunda edición corregida y aumentada (Barcelona, 1948-1977); VA =
Viridario auténtico en que florecen siempre vivas las memorias de lo que pertenece al buen gobierno de esta Provincia de Castilla
(manuscrito del Archivo Provincial de los Capuchinos de Castilla, Madrid).
18 Baste advertir, por ahora que, en vida del autor, se ocuparon de su obra A. Dávila Heredia (1678), Dionisio
de Génova (1691), Martín de Torrecilla (1701) y las Mémoires de Trévoux (1702). Si el interés por ella no ha
disminuido hoy, subsiste un grueso déficit de exactitud en datos importantes. Por ejemplo, el Dictionnaire de
spiritualité (I, París, 1937, 711s) situaba al autor en el siglo XVIII, mientras que V. CASTAÑEDA, en un
artículo ya tópico ( El primer libro sobre aviación ¿es español? , 1915) le hacía morir en 1689, error que,
inexplicablemente, no fue corregido por el recensor del artículo en Archivo Iberoamericano. 11 (1919), 397. De la
bibliografía sobre el Padre Fuentelapeña nos ocuparemos al detalle en la segunda parte de este estudio.
48
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absolutismo y hubiera dado buenas muestras de sí en el anterior con los primeros Austrias,
se tornaría más inflexible bajo sus nietos y biznietos.
Con Felipe IV (1621-1665), además, siguió en alza la nobleza latifundista, especialmente en
el sur de la península y el afán centralizador, personificado en el conde-duque de Olivares,
que conduciría a la revuelta armada de Cataluña y a la separación de Portugal. Su sucesor
Carlos II (1675-1700),
el problema hombre psicológicamente
sucesorio, contemplaría, impotente, lasdepauperado y políticamente
intrigas internacionales en suobseso por
corte para
ganar su pobre voluntad y pingüe herencia.
En este periodo continuó también el proceso de identificación del catolicismo y la
contrarreforma con el espíritu nacional. Era una conciencia y profesión de fe tan férvida
como indiscutida, pero propensa a la intolerancia. Esa ortodoxia católica, intransigente
frente a los “errores” de la herejía, podía, sin embargo, coexistir perfectamente, en política,
con una oposición vigorosa y puramente regalista a cuanto pareciera injerencia
ultramontana en los intereses españoles. Y, en moralidad, con el libertinaje de las altas
esferas de la sociedad –baste una alusión a Felipe IV y su erotismo mórbido, no menos real
que su piedad sincera.
La Inquisición
cultivados velaba por lacon
y disconformes pureza de esa socio-religiosa
la realidad fe, pero a la vez podía sofocar
española a los El
de la época. espíritus
santo
tribunal seguía alerta contra la menor desviación heterodoxa, o que lo pareciera, tratárase
de los viejos alumbrados o del quietismo naciente.
El pueblo, por su parte, era profundamente religioso, desbordando su sentimiento en
expresiones de alto rigor intelectual y poético, como los autos sacramentales, no menos que
en formas de piedad más accesible y sensiblera, como el culto profuso a las imágenes (la
iconografía conoció entonces su edad de oro). Y no se excluyeron ciertas excrecencias
devotas más bien pueriles e, incluso, supersticiosas.
Los Regulares, observantes y fervorosos en general, desempeñaron un papel muy
importante en la vida intelectual del país, sobre todo los jesuitas, dominicos y carmelitas.
Pero la teología
necesidades de la especulativa se estereotipó
época, es decir, y creció
la lucha contra la positiva
la herejía y moral,
y la relajación. Ni más afín a los
escasearon las
místicos. De los capuchinos no puede decirse que vivieran al margen de los problemas
religioso-intelectuales de su tiempo, no obstante la dura disciplina de toda su vida –Mateo
de Anguiano la recogió en su Disciplina religiosa (Madrid, 1678)-; sus escritores tomaron
parte activa en muchas controversias del momento.
En el aspecto cultural de las artes y las ciencias se dio en España la paradoja de que,
mientras las primeras llegaban a su apogeo en la primera mitad del siglo XVII, las segundas,
y sobre todo la física, gloria de la centuria, apenas rozaron el país. Lo mismo cabe decir de
la filosofía moderna. Los saberes más “laicos” y típicos de la Europa coetánea y posterior le
fueron casi ajenos al país donde más penetró la segunda escolástica. Sobre ese trasfondo
vive y actúa nuestro protagonista.
Familia y primeros pasos en la Orden capuchina
49
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Catalina de Porras. Fueron padrinos don Gonzalo de Miesses y doña Inés de Liaño. Fueron
testigos Antonio Sanz y don Francisco de Miesses”19.
En El ente dilucidado se denominan “hermanos del autor”: el Padre José Arias, religioso de la
Orden de San Jerónimo, maestro jubilado y prior de su convento en la ciudad de Ávila; don
Gómez Arias y [de] Porres, regidor perpetuo de Medina del Campo y alcalde de su
fortaleza;
encomiendasdondeManuel Arias
Quiroga, y [de] Porres,
Yébenes caballero
y El Viso, del hábito
vicecanciller de sudereligión,
San Juan, bailío de del
gobernador las
20
Consejo de Castilla, arzobispo de Sevilla y cardenal . El Padre maestro Francisco Arias, de
los clérigos menores, lector jubilado, examinador sinodal del arzobispo de Toledo y
calificador de la Suprema, aprobó el Retrato divino, pero no se llama hermano; en 1725 fue
nombrado predicador de Su Majestad.
Nada, o casi nada, sabemos de Rafael Elías hasta su entrada en la Orden capuchina. Sin
embargo, la actividad y las obras acusan una formación esmerada, completa y universal,
tanto en él como en sus hermanos. Escriben varios de ellos en prosa y en verso,
desempeñan la cátedra y el púlpito, figuran en cuerpos consultivos y tribunales y
sobresalen, más o menos, en distintas ramas del saber. Concretamente, de su hermano
Manuel Ariaspossessión
una entera y Porres escribe
de lasel Padre
lenguasMartín de Torrecilla
latinas, francesa, “haber
italianavisto en su felizperfecta
y española; talento
comprensión de las Matemáticas, Geometría, Aritmética, Geografía y Astronomía; una
singular pericia de las Artes y Ciencias, Retórica, Lógica, Phísica y Teología Moral y
Escolástica”21. No obstante ese cúmulo de conocimientos, acreditado por otros
testimonios, consta de Manuel que no se formó en la universidad. De los demás hermanos
se ignora. Tal vez nuestro Rafael Elías frecuentara la de Salamanca, como bastantes otros
futuros capuchinos castellanos, habiendo sido móvil para instalar los noviciados en esta
ciudad y en la de Alcalá, años más tarde, la captación de alumnado universitario para la
Orden. Con todo, sus estudios allí no pudieron ser muchos. A los quince años de edad,
surgido en él la vocación religiosa franciscano-capuchina, solicitó el ingreso y fue admitido
en el convento
estudiantes salmantino,
se divierten “casapartes,
a otras perpetua de son
si no noviciado, por enseñar
luego recibidos” 22 la experiencia que los
. Era superior local el
Padre Francisco de Tecla y maestro de novicios el Padre Mateo de Alfaro. El jueves, 23 de
19 Don César Rodríguez, párroco de Santa María de los Caballeros, que nos transmite esta partida, añade: “En
el archivo parroquial no obra documento ninguno acerca de este Padre; ni tradición alguna, ni ascendiente
ninguno y aun los apellidos también han desaparecido”. El “de” del apellido materno aparece con frecuencia
transmutado en “y” entre los Arias-Porres. Véanse en el Apéndice documental los documentos 1-3.
20 Ente , páginas nuncupatorias 2-3 (1676), 69-71 (1978); cf. Carrocera, I, 403. Familia de escritores, de Gómez
Arias de Mieses es Avisos morales, urbanos y políticos . Madrid: 1658, y de Gómez Arias de Porres Resumen de la
verdadera destreza en el manejo de la espada . Salamanca: 1667. Manuel Arias de Porres fue bautizado en Alajeos el
12/XI/1638, y ocupó la sede sevillana de 1702 hasta su muerte en 1717; creado cardenal en 1713, obtuvo
licencia para ausentarse de la diócesis mientras durara su presidencia del Consejo de Castilla (cf. RITZLER,
R.; SEFRIN, P. Hierachia católica medii et recentoris aevi. V . Patavii: 1952, 222). Véase el Apéndice documental,
documentos 4-6.
21 Consulas morales y exposición de las proposiciones condenadas por.. Inocencio XII y Alejandro VII , segunda impresión.
Madrid: 1686, f. 2v; ED, 58: “Y este año [1663] se pasó el noviciado que estava en la Paciencia al convento de
Alcalá pareciendo que allí estaría mejor por la quietud y menor concurso y por la comodidad de la
Universidad para que tomasen el ábito”. Que su hermano Manuel no hiciera estudios universitarios, consta de
la investigación previa a su nombramiento para la mitra de Sevilla: en Malta estudió filosofía “y se aplicó a
teología y cánones”, llegando a poder disertar perfectamente de ambas materias. Está descrito, más bien, por
los testigos, ante notario, y en documento reservado para el nuncio, como sujeto de talento natural
extraordinario; lo mismo en su Orden que en el Estado desempeñó por ello algunos de los más altos cargos
bajo Carlos II y Felipe V (Archivo Secreto Vaticano, Processu Episc. S. Congr. Cons., 95, f. 213-217v: auto
dictado en Madrid el 9/II/1702). En este auto se describe a ambos cónyuges del matrimonio Arias-Porres
como cristianos viejos, “limpios de toda mala raza e hijodalgos notorios; que en otra manera no fuera venido
[don Manuel] por caballero de justicia en la sagrada Religión de San Juan”.
22 Carrocera I, 73.
50
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su autor así: “un Curso de Artes, en tres tomos à quarto, como se sigue: Summulas, y Logica.
Phisica, Mundo, Cielo, Meteoros, y obras de los Seis Días. Generacion, Anima y Habitos naturales .
Estos tres tomo están impresos en Madrid a costa de Mateo de la Bastida, en los años 1667,
1669 y 1671”29. Asimismo, “alcanzó el Sr. Nuncio la gracia de Notario Apostólico para el P.
Fr. Antonio de Fuentelapeña, porque los seglares no entendiesen nuestros secretos, ni
necesitásemos
nuestras cosas”.deAfiárselos
su vueltaendelloscapítulo
negociosgeneral,
que secelebrado
nos ofrecen dar testimonio
en Roma y fe de
el 28 de mayo de
1667, él y sus definidores “determinaron y mandaron” se hiciese y “conservase
perpetuamente en el Archivo” el libro titulado Viridario auténtico “en que se anoten y
pongan las memorias de lo que pertenece al buen gobierno de la Provincia: apuntamientos,
decretos, gracias, preceptos de obediencia, etc”. “El P. Provincial, luego que concluya su
oficio, registre y vea con su Secretario todo lo escrito en el tiempo de su provincialato, lo
testifique y autorice con su firma y fe del Secretario”. El decreto que encabeza el Viridario
auténtico, concluye con la primera fe notarial del Padre Fuentelapeña: “Ante mí el infra
escrito Secretario de ella y Notario apostólico, de que doy fee y verdadero testimonio. Lo
firmé en este convento de S. Antonio de Madrid a seis de junio de mil seiscientos y sesenta
y siete Fr.
verdad años”. Firmas
Antonio de de los Padres Secretario
Fuentelapeña, ProvincialProvincial
y Definidores. “EnApostólico”
y Notario testimonio 30(sign.)
. de
Cumplidos los tres años de provincialato, el Padre Manuel de Madrid reunió el capítulo
provincial el 10 de mayo de 1669. Fue elegido para sucederle el Padre Antonio de Caller
(Cagliari) y el Padre Fuentelapeña permaneció en el oficio de secretario 31. Este mismo año,
el 2 de agosto, murió el general, Padre Fortunato da Cadore, y su vicario, Buenaventura de
Recanati, convocó el capítulo en Roma para la Pascua de Pentecostés de 1671 y,
consecuentemente, el Padre Caller citó a capítulo provincial para el cinco de septiembre de
1670. Fue reelegido el Padre Caller, y designado “primer custodio para ir a Roma” el Padre
Fuentelapeña, que en ese capítulo había dejado de ser secretario y recibido el
nombramiento de custodio de Castilla la Nueva: en el régimen de ésta durante su ausencia
por motivo
acordado 32 del capítulo general, le sustituiría el Padre Félix de Bustillo, como se había
.
También, y en cumplimiento de la ordenación general, confirmada por bula apostólica, que
exigía el examen, con votos secretos, de los candidatos a órdenes mayores y al ministerio
del confesionario, fue nombrado examinador de los mismos el Padre Fuentelapeña, junto
con Basilio de Zamora y Martín de Torrecilla33.
examinador”, título éste que retendría hasta entrada la década de los 90. sobre la filosofía de Torrecilla (†
1709), enseñada en su provincia castellana hasta la época de la Ilustración, cf. BORAK, A. Martino (Alonso) de
Torrecilla . En Enciclopedia filosófica , IV, Firenze: 1967[2ª], 333 y V (reimpresión, 1979), 459; ZAMORA, G. F. de
Villalpando (1740-1797), protagonista de la introducción oficial de la filosofía moderna en la universidad
española. En Naturaleza y Gracia 22 (1975) 36; para otros datos, cf. Carrocera I (índice) y Lexicon capuccinum ,
Romae: 151, 1065.
29 TORRECILLA, Martín de. Apologema, espejo y excelencias de la seráfica religión de Menores Capuchinos, purificadas en
el crisol de la verdad de las escorias de la contradicción. Libro de la Tercera Orden, y Tratado de apologías, y Consultas
misceláneas. Madrid: 1701, 184 a.
30 VA, f. 3r. La importancia de conservar los documentos oficiales se subraya reiteradamente en algunas
disposiciones de los capítulos generales de esa década. Puede verse una descripción, muy sucinta, acerca del
Viridario castellano, en Carrocera I, XXI. Entre este diario de secretaría y el P. Fuentelapeña vio
Buenaventura de Ciudad Rodrigo una relación casual más íntima. Buen conocedor del archivo de su provincia
castellana, escribía en carta del 3.IX.1912, desde El Pardo: “Debido a las iniciativas de este Padre, tiene, sin
duda, la provincia de Castilla un libro útil y práctico llamado Viridario auténtico.. Ocho años llevaba de
Secretario cuando escribió la primera página de este libro oficial” (cf. el dossier del P. Antonio de
Fuentelapeña en el fichero Scriptores capuccini del Instituto Histórico de la Orden, Roma).
31 ED, 65.
32 Ibid. 69s; AGCap 3, p. 5.
33 Ibid. 71, apuntamiento 8. Cf. el debate Debitum pastorales (9/IX/1667) de Clemente IX, en BC I, 112 s.
52
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En los últimos meses del trienio las noticias se refieren preferentemente a la preparación
del capítulo próximo. El 12 de marzo 1675 se comisiona al definidor Félix de Bustillo para
visitar los conventos de La Guardia, Valladolid y Segovia y elegir los discretos en ellos así
como en los restantes de Castilla la Vieja. El 28 se ordena lo mismo para los de Toledo,
Cubas, Villanueva, Villarrubia y El Pardo, y en Alcalá asiste a la elección del provincial.
Finalmente se “cita para
Paciencia”. Termina el Capítulo
la crónica: “Estosque
sonsealgunos
ha de celebrar en 17
despachos... de mayo
y aunque de 1675 otros
se hicieron en la
muchos, no se pusieron aquí..., toparanse, o la noticia de ellos, en los legajos del Archivo o
en otra parte adonde ellos corresponden...Y para que conste lo firmó dicho reverendo
Padre fray Antonio de Fuentelapeña y yo el dicho Fr. Francisco de Fuentes”47.
En el capítulo de 17 de mayo de 1676 salió electo provincial el Padre Martín de Torrecilla y
el Padre Antonio de Fuentelapeña pasó a desempeñar, de nuevo, el cargo de examinador de
ordenandos y confesores. El general de la Orden, Esteban de Cesena, llegó a Madrid a
mediados de diciembre del mismo año. El 16 de febrero de 1677 se cubrió en presencia de
Carlos II como “Grande de España de primera clase” y, dos días después, ante la reina 48.
En 22 de marzo de ese año presidió, en San Antonio, el capítulo provincial, o congregación
intermedia,
ir a Roma, en
porel este
que se reeligió
orden, losalPadres
Padre Martín
Félix dedeBustillo
Torrecilla y se nombraron
y Juan de Milán 49discretos
. El lunespara
de
Pascua, 19 de abril, el general tuvo la última entrevista con Carlos II y al día siguiente
marchó a visitar las provincias capuchinas de Aragón y Cataluña. Parece que entonces
obtuvo del rey, con insinúa el Padre Torrecilla, aprobación para enviar un visitador a los
capuchinos de Sicilia, lo que ejecutó al momento, designando al Padre Antonio de
Fuentelapeña, con el título de comisario general de las tres provincias de la isla50. Había allí
desasosiego alteraciones entre los religiosos, efecto de un malestar difuso, originado por la
guerra y, más en particular, a causa del desacuerdo y oposición entre el Juez de la
Monarquía y el general Padre Cesena. De acuerdo con éste, Carlos II confió al Padre
Fuentelapeña la misión de mantener aquellas provincias “en la observancia, y en la
51
obediencia
de virrey dealSicilia
real servicio” . Estedenombramiento
en la persona debió Portocarrero,
don Luis Fernández coincidir aproximadamente con el
elevado a la púrpura
por Clemente IX y, de ordinario, residente en Roma como cardenal protector de los
intereses de España. Probablemente ambos se conocían ya en Madrid e, incluso, pudieron
viajar juntos. El Padre Fuentelapeña – nos dice- se detuvo en Roma para instar con
empeño “se le diese autoridad apostólica para validar el Capítulo que el Juez de la
Monarquía había celebrado y de lo cual S.S. se hallaba muy resentido por haberse excedido
el Juez en su jurisdicción”52. Portocarrero y el Padre Antonio ocupaban, ya en mayo, sus
puestos en la isla.
47 Ibid. f. 15v.
48 ED, 79; POBLADURA, Melchor de. Los generales de la Orden capuchina, grandes de España de primera
clase. En CF 13 (1943), 281-284.
49 ED, 80.
50 “Y asimismo después de dicho informe, su Real Majestad le ha concedido enviar Visitador Español à las
Provincias de Sicilia ( y Cerdeña) que las tiene muy contentas, pacificas, y obedientes à su General”
(TORRECILLA, Martín de. Consultas, apologías, alegatos, questiones, y varios tratados morales, y confutación de las más, y
más principales proposiones del impío heresiarca Molinos. Madrid: 1694, II, 416 a).
51 AGSE, leg. 3129, doc. de 8/XII/1678; sobre las dificultades surgidas entre la corte española y Esteban de
Cesena ofrece una información escueta Carrocera I, 208; para su documentación, cf. POBLADURA, Los
generales de la Orden capuchina, 281, nota 2, y SANTA GIUSTA, Raféale da. I Frati Minori Cappuccini in Sardegna
(1590-1946). Milano: 1958, 91-97.
52 AGSE, loco cit. Acerca de la institución siciliana denominada “Tribunal, Juez de la Monarquía”, puede verse:
Della Legazione Apostólica di Sicilia. Regionamento in difesa della Santa Sede. Torino: 1868; LO BUE, G. Su la facoltà
del Giudice dell´Apostolica Legazione sicola in rispetto alle dispense matrimoniali. Palermo: 1863, especialmente las
páginas 9-20; GIAMPALLARI, L. Diritto eclesiástico sicolo IV. Palermo: 1829, 101-119; Storia della Sicilia.
Palermo: 1978, VII, 57-69.
55
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
53 Sobre la rebelión de Mesina, cf. PETROCCI, M. La rivoluzione cittadina messinese del 1674. Roma: 1953, y
CONIGLIO, G. I vicerè spagnoli di Napoli. Napoli: 1967, 307s.
54 Hállase la documentación relativa, principalmente, en AGSE, legs. 3128-3129 y otros; nuestras citas se
toman del leg. 3128, doc. De 31.III.1679 y 8.XII.1678, y del leg. 3129, doc de 16.V.1680. En su Storia dei Frati
Minori Cappuccini della Provincia di Palermo, Palermo 1924, escribe Antonio da CASTELLAMMARE: “Era
arrivato Comisario Generale, pr tutta la Sicilia, P. Antonio da Fluente la Pegna [sic], nel mese di maggio 1677,
il quale, terminata la visita, convocò il Capitolo provinciale, che fu l´ottantesimo nono. Si tenne nel convento
di Caltanissetta, a 31 gennaio 1678. Fu confermato P. Salvatore da Castelvetrano” (p. 199). En la Tavola
cronológica dei Capitoli Provinciali de Palermo (Palermo: 1913) se asigna el número XC a este capítulo y el título
erróneo de “Min. G.” a su presidente “Antonio de Fuente”. En los Annali della Provincia di Siracusa dei Frati
Minori di S. Francesco Cappuccini, copia manuscrita, que se conserva AGCap., AB 136, leemos: “1638 Ianuarii
die 21. Nell´anno 1678 si celebró il Capitolo al luogo di Piazza con l´assistenza del M. R. P. Fr. Antonio de
Fuente La Pegna Commis. Generale di tutte e tre le province della Sicilia. Doppo d´essere trascorsi quattro
anni senza celebrarsi per l´invasioni delle armi francesi nelle città di Messina, Taormina e Agosta [..]”. Muy
probablemente fue también el Padre Fuentelapeña quien sugirió los nombres de los nuevos superiores de la
provincia de Mesina, nombrados directamente por Inocencio XI con el breve Commissae Nobis de 26 de marzo
de dicho año (este breve, no recogido en el BC ni en el regesto de Pío de Langogne, se conserva en AGCap.,
G 84, VII). El nuncio en España que intervino en estas vicisitudes, particularmente en la del exilio de los
capitulares malquistos con el regalismo, era monseñor Savo Mellini (o Millini), que ocupaba el puesto desde
1675 (cf. Hierarchia católica V, 11, 133, 286, 398).
55 AGSE, leg. 3129, docs. De 8 y 10/XII y 12/IV/1678.
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el acierto que V.A. logró en la elección que hizo de su persona para este fin..; viven hoy
estos Religiosos totalmente edificados”. D. Bernardo Vigil le dice adiós desde Mesina:
“Vino en estas turbaciones pasadas a gobernar estas Provincias de su Religión y
mantenerlas en observancia y obediencia al servicio real; vuelve a su Provincia de Castilla
habiendo conseguido una y otra con singular prudencia y destreza”56.
El general, Padre Esteban de Cesena, convocó a los vocales del XXXVIII capítulo general
celebrado el 27 de mayo de 1678. El Padre Antonio escribe: “Hechos los Capítulos y
puestas en quietud las Provincias, acabada la guerra, pasó a la celebración del Capítulo en
Roma”. Se detuvo en Nápoles. El virrey, marqués de los Vélez –nos dice- “le alabó mucho
sus operaciones”, escribió al embajador, “proponiéndole para General al Padre fray
Francisco de Jerez y al mismo Fuentelapeña”, y llamó a su presencia a los capitulares
españoles e italianos para exhortarlos a que “en el Capítulo General siguieran el dictamen
del Embajador en Roma”57.
Llegado a esta ciudad
de Torrecilla, mediado
provincial, septiembre,
Félix se encontró
de Bustillo y Juan con sus colegas
Francisco de castellanos Martín
Milán, custodios.
Cumplimentó al cardenal protector Nicolás Acciaioli, dando cuenta de su actuación en
Sicilia y presentando las oportunas certificaciones probatorias. Escribe también: “fue sumo
el honor con que le trataron los ministros de S.M. y, de manera especial, el Embajador, que
en todo el tiempo del Capítulo le hizo numerosos agasajos y honores y se valió de él para
diferentes asuntos concernientes al propio Marqués del Carpio”58.
Resuelta “bello modo” la cuestión de los “custodios supernumerarios”, se eligieron, por
este orden, los definidores: Bernardo de Porto Mauricio, Buenaventura de Recanati,
Ildefonso de Carlshoven, Martín de Torrecilla, Ludovico de Jully y Carlos Mª de Macerata.
El presidente, cardenal Acciaioli, leyó entonces un breve de Su Santidad por el cual se
limitaba la elección
él. Así, en delescrutinio
el quinto ministro y se
procurador generalgeneral
eligió ministro a los cinco nombres
al Padre mencionados
Bernardo en
de Porto
Mauricio y en el sexto, por procurador, al Padre Juan Bautista Sabio. El Padre
Buenaventura de Recanati permaneció como vicario general y definidor primero. Tal es la
verdadera y efectiva historia del XXXVIII capítulo general59. No faltaron, cosa frecuente en
casos similares, intromisiones ajenas que, alegando regalías, privilegios o exenciones,
propusieron o desecharon nombres, causando perturbación y discordias entre los
religiosos. Materia para grueso volumen existe en el Archivo de Simancas. Nos fijaremos,
sin pormenorizar, sólo en la conducta del Padre Antonio de Fuentelapeña.
En un informe al Consejo, el embajador, Marqués del Carpio, después de especificar sus
fracasadas maniobras, dice de los capitulares que llama “vasallos de S.M.”: “Han obrado
muy
Milánmal,
y el particularmente los Pide
Padre Barbastro”. napolitanos
se cree y,
unasobre
juntatodo,
y queel sePadre Torrecilla,
impongan fray Juan
sanciones, de
como
efectivamente se hace.
57
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Con sinceridad y franqueza nos dice, por su parte, el Padre Antonio que “asistió en el
Capítulo a cuanto fue del Embajador de S.M., mereciendo agasajos después del Capítulo” y
hace “dilatada relación de la gran satisfacción que de ello mostró el Marqués del Carpio”; al
Virrey de Nápoles escribe “habiéndole dado cuenta de lo mal que se habían logrado sus
disposiciones y las del Marqués del Carpio”; el Virrey le responde e invita a ir a Nápoles. Ya
antes del capítulo
Fuentelapeña, se quejaba
que no el parte.
seguían su Padre “Lo
Torrecilla
mismoaltestifican
Padre Caller de Francisco
el Padre los PadresdeBustillo
Jerez, ely
Padre José de Ica”. Parece, pues, seguro que en las elecciones capitulares el Padre
Fuentelapeña siguió el dictamen e inspiración del embajador, Marqués del Carpio. No
obstante, el 16 de septiembre ya conocía la orden de S.M. “para que saliese de estos
Reinos..”60. Desconocemos el tiempo que permaneció en Roma, pero en este intervalo
sabemos que visitó, acompañado del Padre Félix de Bustillo, al cardenal protector, al
general y al procurador general; consiguió carta para S.M. del embajador, del cardenal
Portocarrero, del Juez de la Monarquía, del arzobispo de Monreale y de las provincias
sicilianas. El mismo nos dice que en este tiempo el marqués del Carpio “le hizo sumos
agasajos y honores”, e incluso quiso enviarle por visitador a Nápoles; su virrey, Marqués de
los Vélez, leeninvitó
acomodado a embarcarse
las galeras en Nápoles,
que habían de pasar apues “tendría
España”. gusto en
¿Aceptó? quedevolviese
El 16 bien
septiembre,
sin indicación de lugar, comunica al Padre Francisco de Jerez la nueva de su destierro, al
que contesta el 25 de octubre desde Nápoles, pero sin indicar el lugar de destino. El 30 de
septiembre el nuncio de S.S. en Madrid, Savo Mellini, dice haber intimado la ejecución de la
orden de destierro a los Padres Martín de Torrecilla y Juan Francisco de Milán “únicos que
están en Madrid”. “Dicen -añade el nuncio- que Fr. Antonio está dentro de los confines de
España”. En realidad, no sabemos nada de sus andaduras, ni cómo, ni cuando, ni qué
medios tomó para lograr su intento61.
Con fecha 3 de noviembre de 1678 anuncia: “previniendo con mi obediencia la voluntad
del rey.. sin esperar se me notifique su real decreto, me vine a Portugal donde me quedaré
en
Unlacertificado
ciudad de anexo,
Yelves del
-Elvas- en el
notario convento
Manuel de mi padre
Fangueiro, daba San
fe y Francisco”.
testimonio de su presencia y
persona: “e ten o pello crespo e a barba crecida e farpada con algunos pellos brancos, de
boa estatura e sera segundo seu aspeto de idade de cincoenta annos, pouco mas ou
menos..”. Le acompañaba el Padre Fray Ambrosio de Pinto: “grosso de cara, barba preta,
cabello cerrado..”62. El mismo día se refrendaba este certificado en Badajoz por el escribano
Bartolomé Penzel y remitía con la carta a su Ilma., suplicando “se sirva pasarla cuanto antes
a S.M. para que se sirva dar lugar a mi razón”. El 12 de noviembre se enviaba a la junta
encargada de asuntos de capuchinos, pero el rey, el 5 de diciembre, mandaba un nuevo
memorial del Padre Fuentelapeña: las cosas no habían resultado como éste esperaba. “No
me han admitido los religiosos de Yelves..”. Por no haber en Portugal convento de su
Orden,
fiada la padece
comida,notables
por no incomodidades,
haber quien le désiendo la menor
un pan el haber
de limosna, pordelosustentarse
cual y por buscando
la grande
60 AGSE, leg. 3128, docs. de 26/VI y 8/IX/1678. El P. Francisco de Barbastro, aragonés, asistía al capítulo
como provincial electo de Cerdeña y el P. José de Ica, en cuanto custodio de Andalucía: sobre ellos y los
demás capitulares mencionados, cf. Carrocera I, 231s; sobre J. de Ica, además, el breve Exposuit Nobis de
Clemente X (28.IX.1672), confirmando su elección para provincial de Palermo (BC III, 159) y POLIZZI
GENEROSA, Gandolfo da. Necrologio dei Frati Minori Cappuccini della Provincia di Palermo. Palermo: 1968, 405;
sobre F. de Barbastro, cf. SANTA GIUSTA, op.cit., 95; sobre Francisco de Jerez, VALENCIA, Ambrosio de.
Reseña histórica de la provincia capuchina de Andalucía y varones ilustres. Sevilla: 1906, IV, 181-201 (no muy crítico).
61 AGSE, leg 3129, doc. de 30/IX/1678. La orden de destierro contra los capitulares españoles
presuntamente “desobedientes y ambiciosos” puede verse también en SANTA GIUSTA, op.cit., 96s, que la
toma del “Archivio di Stato di Cagliari, Fondo Carte Reali, tom. II, p. 70” (está fechada en El Escorial a 5 de
octubre de 1678).
62 Ibid. docs. de 3 y 7/XI/1678.
58
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
falta de salud que padece, “suplica al V.M. se sirva permitirle volver a esa Corte donde se le
oiga y reconozca su inocencia”. El 8 de diciembre dictamina la junta: “No halla motivo
para que innove en lo ejecutado. Sin dar respuesta a estos religiosos, aconseja a S.M. remita
al Marqués del Carpio el memorial de Fr. Antonio de Fuentelapeña, ordenándole dé cuenta
a S.M. de todo lo que entendiere y se le ofreciere”.
Cuanto másaplazamientos,
largas con la junta y el Consejo de Estado
tanto más se mostraban
sus cohermanos negligentes
apremiaban e irresolutos,
y exigían dando
la revocación
del destierro. En el capítulo provincial celebrado en San Antonio, 17 de diciembre de 1678,
los capitulares, por unanimidad y en nombre de la provincia, dicen en un memorial a S.M.
que “los Padres Martín de Torrecilla, Antonio de Fuentelapeña y Juan Francisco de Milán
están cumpliendo la orden V.M. en el reino de Portugal con suma incomodidad, extrema
necesidad, viviendo entre seglares apartados de la regularidad y clausura, atento a lo cual
pide y suplica a V.M. se les permita residir en un convento desta Provincia donde puedan
vivir con regularidad y debajo de un prelado”. Simultáneamente, o pocos días después, el
provincial, Padre Félix de Bustillo, expone al rey la situación presente del Padre
Fuentelapeña: “Se halla padeciendo, sobre cincuenta años de edad, continuos accidentes de
gota condetres
a causa nofuentes y, sobre todo,
haber convento de sucareciendo
“Religión, de
es todo consuelo
preciso vivir enespiritual y temporal,
un hospital pues
y a expensas
de limosna que uno u otro particular le hacía, siendo tan limitada, que apenas basta para un
muy moderado sustento de su persona y un compañero. En cuya consideración y por
hallarse indemne de cualquier calumnia.., para cuya sinceración tiene cartas e instrumentos
fidedignos.., pide y suplica a V.M. sea servido mandar a la junta se vea y concluya su causa,
y que, en el ínterim, se le señale cualquier convento.. adonde pueda asistir a los ejercicios de
la Religión y repararse de sus continuos accidentes”63.
La junta y demás organismos oficiales no se movieron gran cosa. Indicio de ello es la
lentitud en responder por escrito al rey el marqués del Carpio sobre “lo que entendiese y se
le ofreciere” respecto del memorial de diciembre de 1678, recibido por dicho marqués el 18
de enero
de los inmediato y no
procedimientos de contestado hasta“Lo
este Religioso”. el 5más
de marzo, pese
reparable quea hizo
sentirse
fue “muy
el traerinformado
orden de
los Reyes Cristianísimos para su embajador en Roma.. procurase hacerle definidor general.
Esto es lo que tengo penetrado del proceder del Padre Fuentelapeña con bastantes
fundamentos ”. El Consejo no vio los fundamentos, o no le parecieron bastantes y volvió a
pedir al marqués “individuase más los procedimientos de fray Antonio”. En 30 de abril
respondió que “no tenía, tocante a él, qué añadir a lo referido”. ¡Mal corrían los tiempos
para que el Padre Fuentelapeña pidiera a Luis XIV los votos franceses para ser elegido
definidor general, al mismo tiempo que, en Sicilia, pedía a su hermano caballeros de Malta
contra aquél, denunciaba la conspiración francesa para apoderarse de Siracusa y echaba de
la isla “a los religiosos desafectos a S.M. Católica, lo que imitaron las demás religiones”¡.
Otras voces,
Virrey no francesas,
de Nápoles y, sobre divulgaron su de
todo, el Juez nombre como posible
la Monarquía, definidor;
que escribió así elGeneral
al Padre propio
“proponiéndole, en consideración de lo mucho que había trabajado, para que le honrase
con la definición general”. El portador de la carta debía ser el propio Fr. Antonio, que
confiesa: “el cual pliego no quise dar, ni concurrir con voz pasiva”, por solicitar su quietud
y abstraerse de puestos y dignidades64.
Con decreto de 31 de marzo de 1679, Carlos II remite al Consejo un escrito del nuncio,
monseñor Mellini, en defensa de los capuchinos desterrados, “dudando, escribe, según lo
63 Ibid. leg. 3129, doc. de XII/1678.
64 Ibid. doc. de 8/XII/1678.
59
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
que se ha visto, no sea el yerro de estos Religiosos otro que el haber en el Capítulo usado
de la licencia que han juzgado les competía justamente en virtud de las Constituciones”.
Pormenoriza, después, comenzando por el Padre Fuentelapeña, “Religioso de integridad y
muy grato”; refiere su actuación en Sicilia, “repetidas veces confirmada al Cardenal
Protector por el Marqués del Carpio con grande alabanza del mismo Religioso y de todas
sus
cualoperaciones”, y concluye:
se mudó de lenguaje y, de“esta
buenobuena
que fama
era, seduró
dijohasta el Capítulo
haberse General,
hecho malo, después
de suerte quedel
el
mal parece se originó de todo aquel Capítulo, en el cual, quizá, habrá tenido por mejor no
seguir los dictámenes de la propia conveniencia que sujetarse a la voluntad ajena”65.
El 29 de junio, a consulta del Consejo de Estado, manda S.M. que la junta vea un memorial
del Padre Antonio en el que suplica “se sirva mandar se le oiga en justicia, reduciéndole
para ello a uno de los conventos de esta Provincia de Castilla”. La junta, en despacho del 23
de septiembre 1679, representa a S.M. “es de sentir se sirva mandar levantar el destierro y
permitirle que pueda venir a uno de los conventos de su Religión en las cercanías de esta
Corte, -como no entre en ella-, desde donde se le podrá oir”. El rey decide: “Confórmome
con que se le alce el destierro”.
Se publicó
fechado en en 31 deRetiro
el Buen septiembre.
a 2 de Un despacho
enero al Consejo
1680, parece indicarenque
papel sellado
el Padre de 1679 y
Fuentelapeña
estaba ya en Madrid a fines de diciembre. En el memorial, que Carlos II remite a la junta,
pide “se sirva mandar señalarle el Ministro o Ministros, que V.M. fuere servido, para que se
le oiga lo que hubiere que representar en que recibirá merced”. Pero, meses más tarde,
suplica todavía un despacho en que “S.M. se dé por servido de todas sus operaciones” y al
que la junta y el Consejo de Estado parecen contestar, el 25 de febrero de 1681, “que en
este Religioso es poca o ninguna la culpa por que ha padecido, y que será muy de la
grandeza de V.M. el mandársele decreto o despacho de V.M., honrándole y dándose por
bien servido de lo que ha obrado en todo lo que ha estado a su cargo...” 66. Oficialmente,
pues, quedaba resuelto el dilatado y molesto proceso acerca de la actuación del Padre
Fuentelapeña.
Aún no repuesto de sus achaques, ya el 16 de agosto de 1681 escribía en San Antonio de
Madrid: “Por comisión de nuestro reverendísimo Padre fray Bernardo de Porto Mauricio..
he visto atentamente un libro en tres partes, cuyo título es, Místico Cielo, compuesto por el
Padre fray Isidro de León.. verdaderamente hallo ser obra digna de la estampa y que salga a
la común luz. Juzgo serle debida la licencia que pide”. En septiembre, 13, aprueba, con
otros teólogos, la obra del Padre Martín de Torrecilla Consultas morales y exposición de las
proposiciones condenadas por Inocencio XI y Alexandro VII. El Padre Torrecilla aduce en esta obra
dos veces la autoridad de Antonio de Fuentelapeña. La primera, en pro de la licitud de una
operación quirúrgica con riesgo de la vida, y la segunda, acerca del origen, natural o
maléfico, de cierto extraño caso ocurrido en Madrid, no lejos del convento capuchino de
La Paciencia:
en su cítasedecopiosamente,
reimpresión 167767. a favor de su índole natural, El ente dilucidado, al parecer
A principios de 1688 comenzó a turbarse la paz entre los capuchinos castellanos. El Padre
Fuentelapeña decía “que la Provincia estaba inquieta y hecha una oficina de disturbios y
que él había tenido mucho que ofrecer a Dios”. No obstante, el provincial, Padre Gregorio
de Guadalupe, celebró capítulo o congregación intermedia, al decir del cronista, “con suma
65 Ibid.leg. 3128, doc de VII/1678 y de 24/III/1679.
66 Ibid. leg.
3064, doc. de 25/II/1681. Da una interpretación ligeramente diversa de estos sucesos, en lo
concerniente al P. Fuentelapeña, Carrocera I, 230-232.
67 LEÓN, Isidro de. Místico cielo, en que se gozan los bienes del alma, y vida de la verdad, 3 tomos (Madrid 1685, 1686
y 1687, respectivamente); sobre esta obra puede verse Martín de Torrecilla, Apologema , 147s; idem , Consultas
morales y exposición de las proposiciones condenadas por nuestros muy santos padres Inocencio XI y Alexandro VII, Madrid
1684, 1686, 1688, 1693 bis (cf. Palau XXIII, 368). La autoridad de Fuentelapeña se aduce, v. gr., en las pp.
425b y 414 a de la edición de 1693.
60
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
paz y unión”. Sin embargo, no faltaron descontentos que recurrieron al general, pidiendo
un visitador. El Padre Carlos de Macerata mandó, efectivamente, al Padre Miguel de Santo
Domingo que, habiendo empezado su visita, murió al llegar a Toro. Sucesor suyo fue el
Padre Basilio de Alcira, que hizo y deshizo a su antojo y, en expresión genérica del cronista,
“se excitaron nuevas inquietudes y escándalos, así fuera como dentro de la Religión”. El 6
de octubre
Padre Alcira.deResultaron
1690, se celebró en Elpor
definidores, Pardo
este capítulo
orden, losprovincial, presidido
Padres Antonio por el propio
de Fuentelapeña,
Félix de Bustillo, Agustín del Campo e Ildefonso de Alcaraz. Provincial se nombró al
primer definidor, Antonio de Fuentelapeña, “y, por haber renunciado, por sus achaques, y
admitídosele la renuncia después de algunas instancias”, fue electo, aunque no pertenecía al
cuerpo capitular, el Padre Antonio de Trujillo. El índice de los decretos expedidos por el
visitador y compuesto por su secretario, concluye así: “de todo lo dicho, como Notario
Apostólico, dio verdadero testimonio N. M. R. P. Fr. Antonio de Fuentelapeña”68.
Prescindiendo de los asuntos comunes al provincial y definidores, y otros casos muy
personales, conocemos, de este trienio, varias censuras de libros que llevan su nombre,
seguido de los títulos de “Ex Provincial y Definidor”. Así, aprueba la segunda edición,
“muy
de mayoañadida”,
del 1691. Suma deaño,
deElla mismo todasa las
30 materias
de junio,morales
la obradelOraciones
Padre Martín dedeTorrecilla,
evangelicas el 14
varios assumptos
de algunos misterios de Christo del Padre José de Sevilla. La obra del Padre Diego Pacheco,
clérigo menor, Vida de Nuestra Señora. Sermones panegyricos, lleva la “aprobación de el R. P. Fr.
Antonio de Fuente la Peña, Capuchino, Ex Provincial de Castilla y Definidor primero y
más antiguo Padre de la Provincia”. “Merece le de la Licencia que pide.. En este convento
de San Antonio de Madrid, a 3 de octubre de 1691”. Los mismos títulos alega en el libro de
Carlos de Molina, Sermones morales para las tre principales Ferias de Quaresma”, a primeros de
enero de 169369.
A partir del capítulo provincial, celebrado en San Antonio el 16 de mayo de 1692,
desaparece de la nomenclatura oficial de jerarquías y cargos el nombre de Antonio de
Fuentelapeña,
el más activo ypero indudablemente
fecundo de su vida, podemos considerar
no obstante este último
su avanzada edad y periodo (1692-1704)
continuos achaques.
Recordemos el largo e intenso apostolado del confesionario y dirección de almas, consultas,
censuras de libros, promoción del culto y devoción al Padre Eterno, y las obras ascético-
místicas que da a la imprenta. En la conferencia XXXVI de Escuela de la verdad se hace
preguntar por Lucinda: “En lo último de los riscos y principio de una de sus sendas veo un
varón anciano, rodeado de mancebos, y quisiera saber quién es ese viejo”. Y la contesta:
“Ese, Lucinda, soy yo que, habiendo cerca de sesenta años que entré en la senda estrecha
de la capucha, aun no he dado el primer paso hacia la perfección”.. “También veo -
prosigue Lucinda- en la segunda parte del monte caminar, entre los bosques, una persona
muy confortada por llevar un libro en las manos, y quisiera saber quién es”. “Esa -responde
el Padre
luego el Fuentelapeña- eres tú,comunicado,
viaje que me tienes y ese libro esadvirtiendo
el de la doctrina
que, si que yo telaacabo
no das vueltadepresto,
dar..; haz
no
61
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
lograrás el tratado segundo y tercero, que te tengo ofrecido, pues así me lo persuaden mis
muchos años, y así me lo amenazan mis achaques continuos” (subrayado en el original)70.
Testimonio último conocido de su existencia es la segunda edición de la Vida del capuchino
español.. Fr. Francisco de Pamplona, escrita por el Padre Mateo de Anguiano: en ella figura,
entre los comisionados por el ministro general Agustín de Latisana, “Fr. Antonius de
Fuente la Peña,
in Coenobio Conc. Et
S. Antonii ex Provincialis,
Paduani, sub die 16et Ianuarii,
Visitat. Generalis Provinciarum
Anno Domini 1704”71. Siciliae...Matriti
Su producción literaria será objeto de la parte segunda de nuestro estudio.
70 FUENTELAPEÑA, Antonio de. Escuela de la verdad, en que se enseña a Lucinda y, debajo de su nombre, a todas las
almas.. Madrid: 1701, n. 428-431.
71 ANGUIANO, Mateo de. Vida y virtudes del Capuchino español, el V. siervo de Dios Fr. Francisco de Pamplona..
62
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
ese motivo o pretexto conductor, aparecen múltiples digresiones, demostraciones e, incluso, algunas
innovaciones del pensamiento. Si el ideal didáctico explícito del autor es el de enseñar deleitando, lo segundo
se confía principalmente al asunto de los duendes, y lo primero al resto de la obra.
73 “El primer motivo, y lo que únicamente me movió a escribir este tratado... fue el dar a conocer a los
hombres la amorosísima providencia divina, que en todas sus obras busca siempre (después de su gloria y
honra) solo nuestra conveniencia, vida y salud” (El ente dilucidado, § 1613). Citamos los pasajes según los
números marginales o párrafos (§§). Tanto en esta obra, como en las demás del Padre Fuentelapeña,
adoptamos, para facilidad de lectura, la ortografía y puntuación modernas.
74 En el cuerpo de esta primera parte se refiere un par de veces (§§ 1729, 1772) a ese título general de la obra,
atribuible, sin embargo, más adecuadamente a sus partes segunda y tercera. El sorprendente título no
entrañaba, de seguro, ninguna actitud oracular: aludía probablemente a la tripartición material del libro, bien
porque desarrollara, aparte el tema de los duendes, el de la filosofía natural o física y el de las matemáticas,
bien porque en el tratamiento de aquélla pensara utilizar éstas, como ya hace alguna vez en El ente. Por qué no
vieran la luz la segunda y tercera parte, es un misterio. En su malogro pudo influir el viaje a Sicilia y destierro
consiguiente, acaecidos en el trienio en que apareció la primera parte, o la acogida de ésta, o su entrada en la
senectud, según su propia división de la vida humana, y dedicación a tareas más espirituales.
75 Probable alusión a los superiores de la Orden, entre ellos el Padre Martín de Torrecilla, de su misma
provincia castellana.
76 “Tantas dudas tu estudio desvanece..” , dice su hermano Manuel en el soneto dedicado a El ente. De las mismas
puede decirse, en general, lo que su autor declaró de algunas en particular: las introducía “ya por divertir a los
lectores, y ya por asentar principios (que sirvan de premisas a la resolución)” (§ 1669); y también para ayudar a entender
la materia recién tratada, aclarar dificultades y ampliar explicaciones (§ 943).
63
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
merecerse el título de universal” y, sobre todo, el de que sólo ésta entienden las personas
más necesitadas de desengañarse en la materia77.
El estilo expositivo -advierte en el prólogo- “será limado, porque no le quiero diminuto, y
parece dificultoso quede entera la inteligencia de la materia dada si anda la lima en el estilo
muy oficiosa”. Esa materia se explica, vista en primera aproximación, según el método
escolástico (tesis, sentencias,
proceder aporético pruebas,
o problemático, en elobjeciones,
que dominainstancias..)
la duda y susy,soluciones.
en el fondo, según un
64
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
En un volumen en octavo, con 10 hojas sin numerar, 438 páginas de texto a doble
columna, 1836 párrafos y finaliza con 9 folios sin numerar con el índice de las cosas
notables. En realidad, el número de páginas y párrafos es idéntico en ambas ediciones; la
discrepancia estriba en la falta, repetición o alteración en la numeración de páginas y
párrafos, corregidos algunos, como también palabras mal escritas, aunque no siempre, en la
segunda impresión;
La extensión de lapero el texto coincide.
dedicatoria ocupa las dos primeras hojas no numeradas. Lleva
sobrepuesto un escudo de armas y está dirigida “A Don Gonzalo Messia, Carrillo,
Portocarrero y Mendoza, Marqué de la Guardia...”. Las hojas siguientes contienen las
poesías de sus hermanos, aprobaciones, censuras y licencias de costumbre, idénticas a la
primera impresión. La fe de erratas es más corta; incluso figuran algunas corregidas en la
primera impresión. Cinco hojas sin numerar, después del prólogo, contienen el índice de las
secciones, dudas y dificultades.
Hacia 1873, casi al cumplirse los dos siglos de las dos primeras ediciones, se prospectó,
como veremos más adelante, la reedición de El ente dilucidado en uno de los volúmenes de la
prestigiosa Biblioteca de Autores Españoles de Ribadeneyra; la idea o sugerencia, por motivos
que desconocemos,
número no fue realizada.
4, en una curiosa Envisionarios,
Biblioteca de cambio, en nuestros ydías,
heterodoxos ha sido Segunda
marginados. incluido,serie.
con Suel
realizador, Javier Ruiz, ha querido explotar gráficamente en la cubierta y títulos el filón
teratológico de la obra del Padre Fuentelapeña. La cubierta en color, dibujada por Ricardo
Bustos, presenta, bajo un arco de facies astrológicas, el título del volumen: “EL ENTE
DILUCIDADO / Tratado / de Monstruos y Fantasmas”. A continuación el nombre del
autor: “Fray / Antonio de / Fuentelapeña”, flanqueado de una escena de aquelarre y de la
figura de un mago; como base de todo, un paisaje encantado, en el que no falta el castillo
de hadas. La cubierta posterior muestra, en el ángulo superior izquierdo de un marco
vegetal, la imagen sedente de un monje en su escritorio, a cuyos pies yace este sumario de la
obra: “Introducción / Glosa Preambu/los El Ente Dilu/cidado Discurso / unico novísimo
que / muestra
anteportadas hay en natu/raleza
enmarcadas animales
arriba y abajo irra/cionales
por viñetas invisibles
fantásticas, repiten/respectivamente
cuales sean. Dos
la
Biblioteca y el título de la cubierta. La portada, enmarcada igualmente y con fondo negro,
reza: “FRAY ANTONIO DE / FUENTELAPEÑA / EL ENTE / DILUCIDADO /
Tratado de Monstruos / y Fantasmas / Edición / de Javier Ruiz / EDITORIAL
NACIONAL / MADRID. //[1978]”.
Es un volumen en rústica de 768 páginas, en octavo (21 cm.). A la edición propiamente
dicha de El Ente , el realizador ha hecho preceder una introducción y una glosa. En la
introducción extracta y sintetiza materias y conclusiones seleccionadas, recalcando el
aspecto teratológico. La glosa, como “explicación o comento de un texto oscuro o difícil”,
poco o nada esclarece de El ente dilucidado; cuando más, debería llamarse una prolija,
laberíntica y farragosa
Padre Fuentelapeña paráfrasis
comienza ende
la la citada59,
página introducción. La reimpresión
con la dedicatoria de 1676 ydel volumen
la de del
1677 (que
erróneamente llama “Prólogo de la segunda edición”); en lo demás sigue más bien la
edición de 1676, pues conserva muchas incorrecciones enmendadas en la segunda. El texto
está dividido en 1836 párrafos, como en ambas ediciones. No se trata, aunque quiera
parecerlo, de un facsímil o impresión anastática de una de las dos ediciones precedentes; el
texto está compuesto con modernísimos caracteres tipográficos, pero se ha mantenido la
grafía antigua, que ciertamente no facilita la lectura. Así por ejemplo el signo f (s), la ç, la u
en vez de v y viceversa, la tilde sobre las vocales y la q.
Además de estas tres ediciones, El ente dilucidado ha tenido una edición parcial,
concretamente la duda VI de la subsección VI de la sección IV: “Si el hombre puede
artificiosamente volar”.“ANTONIO
Reyes, con este título: La edición, con
DEuna presentación,
FUENTE ha sido /realizada
/ LA PEÑA. por Alfonso
Si el hombre puede
65
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
359); edades del hombre (§§ 377-383); tiempo de animación del feto (§§ 384-410). Las
últimas dudas (§§ 474-542) están dedicadas al estudio de la virginidad, “no tanto -escribe-
para satisfacer a la curiosidad, cuanto para defender la inocencia.. Este es el motivo de
escribir ésta y otras cuestiones semejantes, que a no ser el fin tan honesto, por ningún caso
tocara: pues aun con todo eso las escribo no sin algún embarazo” (§ 486).
Sección
trasgos III:
“Si dichos (§§
o fantasmas?” animales invisibles
543-1550). “Esta sean los -advierte-
sección que comúnmente llamamos
es la principal, duendes,
y porque ha de
ser dilatada, y es de suyo intrincada.., me ha parecido dividirla en subsecciones”.
En la subsección I presenta varias “suposiciones”. La primera es que “los ángeles, buenos y
malos, pueden tomar cuerpo y aparecerse en forma corpórea” (§§ 543-544). Supone que
hay duendes, trasgos o fantasmas y que parece no se puede negar: por los muchos autores
que lo suponen; por las muchas personas que deponen haberlos sentido en diversas casas o
percibido sus efectos, y por otras muchas que, como testigos oculares, deponen haberlos
visto siendo niños. En Castilla les llaman trasgos, en Cataluña folletos, en Italia farfarelli, y en
las partes septentrionales, fantasmas. Siéntense en las casas, nunca hacen mal a nadie,
siéntese su ruido sin percibirse de ordinario su autor, quitan y ponen platos, juegan a los
bolos, tiran chinitas,
Esto supuesto, añadeaficiónanse a los niños
que la dificultad y especialmente
consiste en averiguar asilos caballos
dichos (§§ 545-547).
duendes sean los
animales invisibles, que probamos ser posibles naturalmente. Hace suyas las palabras de
Séneca razonando sobre los cometas: “Lo que escribimos de los cometas, Dios sabe si es
verdad.. A nosotros tan solamente nos es lícito inquirirlo, y conjeturarlo en lo que es
oculto”. Y concluye: siendo esta materia más oculta, desusada y grave, “diré sobre ella lo
que parezca más verisímil, según razón y probables conjeturas, y lo que más conduzca al
consuelo de los pusilánimes” (§§ 548-549).
En las subsecciones II-IV trata de probar la conclusión: “Dichos duendes son animales
corpóreos”. Primero, lo hace negativamente, o por exclusión: estos duendes no son ángeles
buenos (§ 551), ni demonios, como suponen muchos (§§ 552-561); tampoco son almas
separadas, ya estén
almas racionales en elacielo,
unidas en el purgatorio
sus cuerpos o enLa
(§§ 568-579). el infierno
segunda (§§ 562-567);
prueba ni, finalmente,
es positiva y a priori :
las operaciones de los duendes muestran que son vivientes y sensitivos y, por consiguiente,
que son sustancias corpóreas, vivientes, sensitivas e invisibles, a lo menos secundum quid (§§
580-590). En la subsección IV aduce como pruebas: los efectos que se experimentan en los
duendes; son corpóreos y dependen de la materia en el ser, hacerse y conservarse; son
invisibles y mortales. Además, esta opinión desvanece el asombro y el temor que causan
tales duendes, así como la facilidad con que se les puede hacer desaparecer (§§ 591-600).
En la subsección V satisface a las objeciones e instancias de los opositores. Son éstas
nueve: los duendes son demonios (§§ 601-699); son hombres (§§ 700-838); si fueran
animales, habían de comer (§§ 839-870), beber (§§ 871-886), respirar y excrementar (§§
887-908);ahabían
violencia de tener(§§
los dormidos composición de tales
931-937); morir (§§ (§§ 909-915) y sentidos (§§ 916-930); hacer
938-942).
La subsección VI está dedicada a la discusión y solución de catorce “dudas razonadas y
curiosas” sobre animales, y que, en mayor o menor grado se pueden atribuir también a los
duendes: si los brutos pueden obrar por fin (§§ 944-957); si puede darse en ellos imperfecto
juicio y discurso (§§ 958-1045), cuestión que precisa aún más: si en el sentido interno del
hombre puede haber algún discurso (§§ 1046-1055), y si en su apetito sensitivo, secundum se
e independientemente de la voluntad puede haber pecado (§§ 1056-1068). Siguen en las
dudas III-XIII las materias biológicas: si el alimento sea simpliciter necesario al viviente (§§
1069-1082); si se dan en la naturaleza manjares y bebidas que alarguen más la vida (§§ 1083-
1107); si el hombre puede pasarse sin comer más de nueve días (§§ 1108-1135), y cuál sea la
razón
sed? (§§de1155-1245);
pasarse mucho tiemponazca
de dónde sin comer(§§ 1136-1154);
el no sentir cuál
algunos sed, ni aflija
tener más, ¿elnihambre
sudor, escupiro(§§
la
67
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1246-1249); ¿en cuál de los dos tiempos extremados del estío o del invierno tiene el
estómago más calor para digerir? (§§ 1250-1266); si el calor natural del animal consuma el
húmedo radical (§§ 1267-1279); si el animal muere ab intrínseco, esto es, si la muerte le viene
de las causas que dentro de sí encierra, o si dentro de sí tiene el principio de su resolución y
corrupción (§§ 1280-1295); si puede el animal, sin tener enfermedad médica, padecer
muerte
un sueñonatural (§§ 1296-1305);
continuado muchos añosfinalmente,
y cuántossi(§§
puede un hombre dormir naturalmente con
1306-1334).
La duda XIV pregunta cómo los peces, ánades y otras aves se conservan en el agua.
Expone cuatro sentencias, que rechaza (§§ 1335-1401), y responde con once casos
atribuidos a causas ocultas, pero de las cuales da la razón de su causa. Algunos realmente
interesantes: cómo una cítara suena excitada de otra (§§ 1401-1406); cómo un enfermo
purga con la purga de otro (§§ 1407-1418); cómo el cadáver derrama sangre a vista del
matador (§§ 1419-1451). Siguen las causas de otras muchas maravillas, por ejemplo: por
qué el torpedo entorpece el brazo del pescador (§ 1452); efectos del rayo (§§ 1458-1461);
cómo el lobo enronquece al que mira (§ 1480); cómo la rémora detiene un navío (§§ 1487-
1507).
Interesante
consiste, si respuesta X: “Cómo
sea atractiva, se haya
en quién de entender
existe, o cómola se
virtud magnética”,
produzca “ (§§es1513-1522).
decir, “en qué
Y
responde: “Lo que yo siento es que dicha virtud no consista adecuadamente en atracción,
ni ésta solo en la cosa que atrae, y que llamamos imán , sino también en el hierro o cosa
atraída, y así podemos definirla: Que es un apetito innato que tienen las cosas en orden al
sitio o lugar conveniente que deben guardar entre sí en el universo, y el que para la mejor
conservación de éste pretende la naturaleza que guarden... Este apetito natural no es
cualidad secreta ni cualidad segunda distinta, sino la misma substancia” (§§ 1514, 1521)82.
Unos diez años más tarde, Newton traducía en lenguaje fisico-matemático: “Todos los
cuerpos se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de
sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia”. Pormenor curioso que
nota
imán eldespide
Padre de
Fuentelapeña: “Puedeinsensible
sí alguna cualidad también (al
decirse
modo(yque
parece no puede
el fuego despidenegarse)
calor y que la
luz”),
sin menoscabo de su virtud (§ 1522). El “fotón” ya hace mucho tiempo que es corriente en
la física y lo que en los últimos años se busca es el “gravitón”, que carece de masa.
La Sección IV (y última) se intitula: “De las causas de los duendes o trasgos” (§§ 1552-1836).
Declarada la noción de causa y sus clases, el autor divide la sección en seis subsecciones.
Subsección I: “Cuál sea la causa material de los duendes”. Responde: la materia prima, “que
fue causa material del vapor o exhalación corrompido; pues ésta (corrompida su forma)
pasa a ser causa material de los duendes (§§ 1555-1573).
Subsección II: “Cuál sea la causa formal de los duendes”. Es la forma “duendina” que,
unida a la materia prima, da el ser último y formal al compuesto del duende y le perfecciona
en el ser de tal
Subsección III:animal
“Cuál(§§sea1574-1577).
la causa eficiente de los duendes”. La causa total principal
inmediata eficiente de los duendes es Dios que, como causa primera, suple las causas
segundas y, en defecto de ellas, produce los efectos que ellas habían de producir (§§ 1578-
1600).
82 Menos lastrado de metafísica tradicional y mucho má afín por ello a la ciencia moderna , es este aserto
contra la existencia de elementos levitantes y en pro de la gravitación universal: “..digo que todas las cosas
sublunares tienen un mismo centro, que es el punto que consideramos en medio de l atierr, al cual todas
apetecen unirse y estar inmediatas, o en l amayor aproximación que pueden, y esto lo procuran, o consiguen
más o menos, mediante la gravedad mayor o menor que tienen” (§ 1750); “..lo que pasa en los cuatro
elementos que, deslocados accidentalmente, vuelven al sitio que les toca, según su gravedad, no porque sean
más leves los unos que los otros sino por ser menos graves (§ 1758). Veánse también los §§ 1747 y 1791 y, en
contra el § 1518s.
68
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Subsección IV; “Cuál sea la causa final de los duendes”. La causa final ultimada de los
duendes es Dios, porque en todas sus obras sólo se tiene por fin ultimado a sí mismo. La
causa final no ultimada del duende es la salud y vida del hombre, para librarle de la
ponzoña y corrupción de los vapores y exhalaciones de las casas (§§ 1601-1616).
Subsección V: “De la definición de los duendes”. “Duende no es otra cosa que un animal
invisible, secundum quid
En la subsección VI oelcasi invisible,
Padre trasteador”
Fuentelapeña (§§ 1617-1621).
expone y resuelve seis “dudas curiosas”,
originadas de las pasadas secciones. I: “Si los duendes pueden engendrar” (§§ 1622-1645).
II: “Si naturalmente puede engendrarse dentro del humano cuerpo algún duende” (§§ 1646-
1676). III: “De qué causas se originen los animales que se hallan en el humano cuerpo “ (§§
1677-1720). IV: “Si puede naturalmente engendrarse fuego verdadero en el cuerpo humano
o en el de otro animal, y de qué causas proceda” (§§ 1721-1742). V: “Si los duendes pueden
naturalmente elevarse en el aire y sostenerse en él” (§§ 1743-1779). Duda interesante en la
que el autor manifiesta sus conocimientos hidrostáticos y aerostáticos y sugiere aplicaciones
concretas; ¿por qué los cuerpos sólidos nadan o se hunden en el agua?; razón de que los
ahogados salgan a flote al tercer día; razón por qué las naves se sustentan en el agua..
“Sácase
también deel aquí también
fundar el modo
una ciudad de fabricar
dentro undisparar
del agua, vaso queallá
camine debajovivir
la artillería, del agua”, como
y comerciar
políticamente, etc. No obstante, declara que, aunque especulativamente tales cosas tienen
algunos visos de probable, las considera impracticables en el ejercicio.
Finalmente, el Padre Fuentelapeña aborda la famosa duda VI: “Si el hombre puede
artificiosamente volar” (§§ 1780-1836). Ante todo, declara ocuparse de la cuestión más por
su conexión con el tema precedente que por la curiosidad e interés intrínsecos del nuevo
problema. Tal nexo le parece evidente: si un cuerpo sólido puede sustentarse sobre el
líquido elemento dadas ciertas condiciones que se reducen al correcto equilibrio o
proporción entre pesos e impulsos (§§ 1781-1785), ¿cuáles deberán darse “para que un
cuerpo sólido se pueda sustentar y volar sobre el cuerpo fluido del aire, siendo más grave
que
cosas;él”?
v.g.Respuesta:
gravedad “es necesarioextensión
de cuerpo, que en el
de sólido
alas y concurran
violencia deproporcionadamente
impulso” (§ 1786). tres
No
repugna al hombre volar por ninguno de estos tres requisitos (§§ 1787-1807): le bastará
construirse el instrumento adecuado, “pues si un hombre metido en un barco... vuela por el
agua, ¿por qué, pues, no podrá hacer lo mismo metido en otro instrumento y volar por el
aire?”. Su figura o disposición se ha de sacar de la que tiene el cuerpo o corpachón de un
ave (§ 1808).
Fabríquese una barquilla en forma del corpanchón de un águila, unas alas de materia
ligerísima, añádese luego la cola proporcionada, escójase el ingenio para el movimiento y
fíjese en medio dela barquilla (§§ 1810-1812). Éntrese el hombre en dicho instrumento y
átese bien con él, y , sentado en el punto medio sobre el centro de la gravedad, con la una
mano gobierna
del cuerpo) el timón
mueva de l acola,
las ruedas con laya
del ingenio, otra
conmano y con los pieso(yyaaún
más apresuración máscon la gravedad
despacio, “con
que obrándolo con la puntualidad y perfección debida, no parece queda duda de que
consiguiera el volar” (§ 1813).
Indica los peligros que pueden ocurrir (§§ 1816-1817), por lo cual aconseja a los lectores
“tengan piedad consigo, y que contentándose con sólo lo especulativo de la duda, dejen
para los que mal se quieren la práctica de ella” (§ 1818). Personalmente, el Padre
Fuentelapeña está contra la posibilidad práctica de poder volar, al menos en su tiempo: no
encuentra ingenio artificial que, con su impulso, pueda vencer el desproporcionadísmo
peso del hombre, de las alas y del mismo ingenio motor (§§ 1819-1830). Deberán pasar aún
muchos años antes de que aparezca el motor de explosión y las fuentes de energía que
harán volar lasEstos
interplanetario. grandes aeronaves
inventos del sigloy XX
elevarse los satélites
han invalidado artificialesescéptico
el argumento al espacio
del
69
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83 Sobre la literatura teratológica en la Edad media y posthumanismo pueden verse, a título indicativo y por la
bibliografía y grabados que ofrecen: KAPPLER Claude. Monstres, démons et merveilles à la fin du Moyen Age. Paris:
1980; DELUMEAU, Jean. Le pèché et la peur. La culpabilisation en Occident (XIII e -XVIII e sipecles). Paris: 1983. En
España esa literatura dejó honda huella en los jesuitas Martín del Río y Juan Eusebio Nieremberg y en otros
autores citados por el P. Fuentelapeña. Por lo mismo, tal aspecto de la obra de éste no debió suscitar
particular admiración -excepto quizás su alarde filosófico acerca de los duendes- ni mereció ser incluida por
M. Menéndez Pelayo entre sus veinte autores nacionales más representativos de dicha literatura, no obstante
su elogio en La ciencia española. No fue el caso del libro del capuchino P. Francisco de LOS ARCOS:
Conversaciones instructivas entre el Padre fray Bertoldo, capuchino y Don Terencio, en las quales se tratan varios y muy diversos
asuntos, los quales pueden servir de recreo y de instrucción a quantos los leyeren (Pamplona: 1786), obra que fue el
hazmerreír de la ilustrada corte de Madrid, y en nada inferior, en lo teratológico, a la del P. Fuentelapeña, y
que acabó en el Indice expurgatorio por edicto del 24 de mayo de 1789. Cf. FERRER DEL RÍO, A. Historia del
reinado de Carlos III en España. Madrid: 1856, IV, 391-396; COTARELO Y MORI, E. Iriarte y su época. Madrid:
1897, 308-312.
70
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fundan y, seguidamente, expone y razona su sentir, responde a las objeciones y refuta las
sentencias contrarias.
Recepción y crítica
84 No va desacertado J. Mª. LÓPEZ PIÑERO cuando escribe de él que “a lo largo de dos decenios se dedicó
a publicar folletos insultantes contra todos los que se oponían a las doctrinas tradicionales” ( Ciencia y técnica en
la sociedad española de los siglos XVI y XVII. Barcelona: 1979, 395).
85 Cf. los autores citados en las notas 8 y 30.
86 Apologema , cit. 109b.
87 Mémoires pour l´histoire des sciences et des beaux arts, janvier 1702 , Trevoux: 1702, 184-186. Sobre la índole de
estas Mémoires, véase J. P. GRAUSEM en: Dictionnaire de Théologie Catholique . Paris: 1946, XV, 1510-1516.
88 FEIJOO, Benito Jerónimo. Teatro crítico universal , III (3ª impresión, Madrid 1732), 68; o también en el tomo
II (Colección “Clásicos Castellanos”, 53; Madrid: 1941, 7s).
71
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existen tales duendes o animales aéreos, por argumentos de repugnancia física; pero no
ataca al Padre Fuentelapeña, como sí lo hará con otros capuchinos y en otras materias89.
En la segunda mitad del siglo XIX críticos y libreros desempolvaron el bicentenario libro
del Padre Fuentelapeña, emitiendo juicios dispares. En 1872 el bibliófilo Pedro Salvá y
Mallen consignaba este parecer impertinente, absurdo y sin fundamento: “Parece imposible
el
deque un padre capuchino
las vulgaridades sea ely hasta
más necias autor dede las
estaindecencias
obra llena demáslossoeces;
absurdos
y lomás
quemonstruosos,
causa mayor
sorpresa es que el volumen vaya encabezado con las aprobaciones de dos o tres
reverendísimos y con la licencia del ordinario, el cual no encontró que contuviera el libro
“cosa alguna contra nuestra santa fe católica y buenas costumbres” 90. Pensamos que Salvá y Mallen se
limitó a una ojeada al índice de cosas notables y no llegó al prólogo, donde el Padre
Fuentelapeña advierte: “Contentareme con usar de los términos propios e inmediatos, sino
es que ya, en algunas materias que lo pidan, use de algunos rebozos por honestos, o de
algunos círculos por rebozados, queriendo en las materias menos puras quedar ante menos
entendido, que parecer sobradamente explicado; si bien los teólogos en las materias
morales de matrimonio, de lujuria y en otras no usan de diferentes términos, que de los que
explican
norma que y declaran el asunto,
reitera y observa sincurso
en el que de
porla eso
obra.se les pueda argüir de inmodestos”. Una
Diametralmente opuesto a la injusta y falsa estimación de Salvá, es el juicio emitido en 1873
por el polígrafo Adolfo Castro, quien valora positiva y laudablemente El ente dilucidado,
resaltando que su teoría de la atracción universal antecedió, en diez años, a la reiterada y
expuesta por Newton91. El literato Juan Valera, comentando el dictamen de Castro, amplía
las alabanzas al libro: “Yo diré que el P. Fuentelapeña lo adivinaba todo de tenazón, como
se dice vulgarmente. Como no hubo jamás ingenio más invencionero ni atrevido, ni
memoria más rica de erudición, ni desenvoltura científica más grande que los de este
ameno, delicioso y candoroso exprovincial de capuchinos, no es extraño que lo adivinase
todo..”. Y llega a proponer que el libro se publicase en un segundo tomo de Filósofos
92
españoles de la “Biblioteca
desapercibido el libro deldePadre
Autores Españoles”aldegenio
Fuentelapeña Ribadeneyra
crítico de. Tampoco
Marcelinopodía pasar
Menéndez
Pelayo, que escribía en 1876: “Al cabo, todos los curioso lo leen con placer y ponen sobre
las niñas de sus ojos como tesoro de recreación y mina de pasatiempos” 93. Prometió
“analizarlo en su lugar”, pero no nos consta que lo realizara.
En 1915 Vicente Castañeda y Alcover publicó un interesante artículo intitulado: El primer
libro impreso sobre aviación, ¿es español? 94. Después de una sucinta relación bio-bibliográfica
89 Eran éstos los Padres Marcos de Tronchón y Rafael de Torreblanca, defensores del lulismo, por el que
FEIJOO sentía una exasterada antipatía (cf. Cartas eruditas. Madrid: 1773, II, 158-199, carta XIII). También
fue refutado el Padre Luis de Flandes ( Cartas eruditas. Madrid: 1781, III, 33-80, carta IV).
90 SALVÁ Y MALLEN, P. Catálogo de la Biblioteca de Salvá. Valencia: 1872, II, n. 4048s. Alfonso REYES, en la
edición parcial que ya hemos citado, transcribe este párrafo de Salvá escrito “con criterio más estrecho en un
laico del siglo XIX que el de la Iglesia española en el XVII”, añade con dureza: “Cuando Salvá se queja de
encontrar en El ente “las indecencias más soeces”, sin duda olvida que se trata de una obra de ciencia, o de lo
que entonces se entendía por ciencia.. No hay una sola línea que pueda, en este libro, tacharse de mal
intencionada, y los reverendísimos tenían razón. Y el lector que se sienta excitado a las cosas sensuales ante
esta cadena rigurosa de razonamientos escolásticos, sería el más monstruoso sátiro..” ( Presentación , 13-31).
91 Discurso preliminar al volumen Obras escogidas de filósofos españoles (Biblioteca de Autores Españoles, 65).
Madrid: Ribadeneyra, 1873, pp. C-CII. Cf. CARROCERA, Buenaventura de. La provincia de Frailes Menores
Capuchinos de Castilla, vol. I: 1575-1701. Madrid: 1949, 405s.
92 VALERA, J. Obras completas. Madrid: 1942, I, 172; II, 1075-8, 1566-9; Epistolario de Valera y Menéndez Pelayo,
publicado con una introducción y notas por M. Artigas Ferrando y P. Sainz Rodríguez, (Madrid: 1930, 43).
93 MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino. La ciencia española (Edición nacional de las obras completas, 58),
Santander: 1953, 52s. Lo menciona también en: Antología de poetas líricos castellanos VII (Edición nacional, 23),
Santander: 1944, 375s; Historia de los heterodoxos españoles I (Ed. Nac., 35), Santander: 1946, 410; IV (Ed. Nac.,
38), Santander: 1947, 395; Estudios sobre el teatro de Lope de Vega V (Ed. Nac., 33), Santander: 1949, 387s.
94 En Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos . 33 (1915), 350-360.
72
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95 Cf. Archivo Ibero-americano. 11 (1919), 397; DUHEM, J. Un capucin aéronaute. Essai sur un curieux livre
publié en 1676 par Fray Antonio Fuente la Peña. En Mercure de France. 291 (1939), 565-573. En Italia se
ocupaba, durante la misma década, de algunos problemas físicos similares el jesuita Francisco Lana Terzi
(1631-1687); su solución del caso concreto de la nave aérea divergía de la del Padre Fuentelapeña. Cf.
SOMMERVOGEL, C. Bibliothèque de la Compagnie de Jesús IX, Bruxelles-Paris 1893, 1441-1445; REILLY, C.
Francesco Lana, S. J., Pioneer of Aeronautics. En The Month. 205 (1958) 89-93. Tal vez corresponda al Padre
Fuentelapeña otra prioridad, notable por su lúcida formulación, en la España de su tiempo y sobre la que no
se ha llamado la atención hasta la fecha: la de la propagación ondulatoria del sonido (§§ 1401, 1406).
96 PALAU Y DULCET, A. Manual del librero hispanoamericano. Barcelona2: 1951, V, 517. Tal vez tanto Bardón
como Palau se hayan fundado, para lanzar este absurdo infundio, en el hecho de que en el ejemplar de El ente
dilucidado de la Biblioteca Nacional de Madrid, signatura R/21932, falta la portada original, sustituida por otra
manuscrita con el texto dado por Dionisio de GÉNOVA en su Biblioteca scriptorum, segunda edición, Génova:
1691, 35 a. Tenemos noticia de no pocos ejemplares del libro, y a ninguno le falta la portada. Por lo demás,
sería estúpido y pueril arrancar las portadas cuando en las hojas preliminares del libro resulta reiteradamente
el nombre del autor.
97 Obra citada en la nota 14, 399s.
73
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típicas, una de la física y otra de la biología. Si la atracción y con ella la gravedad, en algún
pasaje se minusvalora o se sacrifica al apetito natural de todo ente físico (§§ 1518-1521), en
otros se exalta (§§ 1750, 1758), como a la fuerza geocentrípeta determinante en el cosmos
sublunar. Al problema de la generación espontánea se dedican muchos números en pro,
pero tampoco escasean los que apoyan el principio del omne vivum ex vivo (§§ 1679, 1682-
1705).
La misma característica bifronte se observa comparando los autores por él citados.
Recordamos, de entre los modernos, los nombres de R. Descartes (§ 652), M. Mersenne
(§1748, 1767), “el ingeniosísimo” Otto von Gerike, A. Kircher, etc, junto a una legión de
antiguos. Incluso se prolonga esa actitud dual en la esfera de la técnica, dando por
teóricamente posibles invenciones en definitiva impracticables, o desaconsejables por lo
peligrosas. No todo lo racional es realizable; y así su lema favorito pudiera ser el de “¡No
practicar esta especulación¡” (§§ 1767, 1817s). En ese número se cuentan expresamente las
del aeroplano y del submarino (§ 1767) y, probablemente, la del paracaídas (§ 1816), la del
niño probeta (§§ 426-429, 452s, 1693) y la del cambio de sexo (§§ 59s, 461, 471), pero no la
de la incubadora (§§ 1680-1682) ni la aun más rudimentaria del teléfono (§ 1797).
Otro aspecto su
la naturaleza, notable en elsu
majestad, autor de El
poder ente dilucidado
y fuerza”: es sudeentusiasmo
trasuntos ante “laomnipotente
los de su Creador grandeza de
(§ 100). Y es la referencia constante de la una al Otro en este escrito del Padre
Fuentelapeña lo que permite insertarlo en la corriente de la “física-teología”, muy en boga
en la Europa de su tiempo y más aún en el inmediatamente sucesivo.
II.2.- Retrato divino
Origen, finalidad y método
En esta segunda
vivencia espiritualobra el Padre
al sector de la Fuentelapeña traspasó
mística. El libro suestar
debía ya ingenio intelectual
ultimado y sucomo
en 1681, misma
se
desprende de la licencia de impresión otorgada por el general Padre Bernardo de Porto
Mauricio el 4 de septiembre, en Madrid, con motivo de la visita pastoral y celebración del
capítulo provincial. Después de las aprobaciones fechadas el 22 y 24 de febrero de 1685
respectivamente por los Padres Sebastián Velarde y Francisco de Arias, ambos de los
clérigos menores, el Consejo concedió la licencia el 28. La obra debió aparecer ya entrado
mayo, siendo de primeros de abril la fe de erratas y la tasa que fijaba en seis maravedís cada
uno de los 21 pliegos y medio.
La finalidad se trasparenta ya en la dedicatoria-oración: “Al Sumo y divino Ser increado,
Deidad soberana, Señor del universo, Rey de la gloria y Emperador de los cielos”, a quien
“consagra su Retrato
su sapientísima divinopara
mano..., el más
que indigno
os amenesclavo suyo”,
las almas a la vez queenle este
incesantemente pidedestierro,
lo retoquehasta
“de
que, libres de las prisiones de esta vida, os vayamos a alabar y gozar eternamente en la
otra”.
En el prólogo a Lucinda -la imaginaria destinataria de la obra- manifiesta el autor el porqué
del título elegido, el estilo en parte poético y el hito perseguido: “El fino amante, ausente de
la prenda amada, desmiente la ausencia con un retrato..” A ejemplo de esta invención del
amor humano, “pinté métricamente la soberana perfección a la moda que se pinta la
hermosura humana”, para que “introducidas las perfecciones divinas en los humanos
corazones, les preserven, les ilustren, les enamoren y les abrasen... Necesitamos en este
mundo de semejantes símbolos y retratos..., hasta que en la otra vida..., sin figura ni
enigmas,
cara”. en quieta y clara posesión llegues por toda una eternidad a gozar el original cara a
75
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Ediciones (1685, 1688)
En torno a esta obra han creado una grande confusión autores y repertorios bibliográficos.
Ya desde ahora, y con ejemplares a la vista, afirmamos categóricamente que el título
98
verdadero y único
En la primera es Retrato
edición, divino, y
el dibujo de laque tuvo solamente
anteportada -de undos
tal J.ediciones: 1685–yes1688
F. Leonardo .
una especie
de ventanal barroco, en cuyo interior hay un globo terrestre con esta inscripción: “Mi reyno
no es de este Mundo. S. Iuan Cap. 18”. Sobre el globo, Lucinda, de rodillas y con el
corazón en las manos, mira hacia la parte superior, donde, en el centro de un círuculo de
luz radiante, se lee en caracteres hebreos: “Yahveh”. Coros de cabecitas anélicas, formando
arco entre Lucinda y el nombre, lo aclaman: “Santo, santo, santo santo, Señor, Dios de,
Sabaot”. La parte inferior del dibujo muestra una especie de lápida o cartela con la leyenda:
“RETRATO DIVINO. Dedicale al Sumo y Divino Ser Fr. Antonio de Fuentelapeña
Capuchino”.
La portada dice literalmente: “RETRATO / DIVINO, / EN QVE / PARA
ENAMORAR
ALUSION LAS ALMAS
/ ALAS / SE PINTAN
FACCIONES HVMANAS./ LAS/DIVINAS
DIBVXOLE PERFECCIONES,
/ EL PADRE/FRAY CON
ANTONIO / de Fuentelapeña, Prouincial que / ha sido desta Prouincia de las / dos
Castillas de Menores / Capuchinos. / CONSAGRALE/ AL SVMO, Y DIVINO / SER. /
CON PRIVILEGIO. / EN MADRID Por Iuan Garzia / Infançon. Año de 1685. /
Vendese en Palacio, y en l acalle de Toledo, Antonio Ribero, Mercader de Libros”.
Es un volumen en 8º (21 cm) de 19 hojas o folios preliminares sin numerar, 511 páginas y
dos folios no numerados. Las hojas preliminares, además de la anteportada y portada,
contienen la dedicatoria, aprobaciones y licencias, sumas del privilegio y de la tasa, fe de
erratas y prefación a Lucinda. El texto ocupa las 511 páginas; los dos folios finales ofrecen
la tabla o índice.
El Retrato
1688, salía divino fue “segunda
a luz una acogido por el público
impresión con general aplauso. Tres años más tarde, en
añadida”.
El volumen, en octavo, reproduce, en las 19 hojas preliminares no numeradas, la
anteportada de la primera edición, y la portada con esta variante: Segunda Impresión
añadida. / EN MADRID: Por Melchor / Alvarez. Año de 1688. Las hojas siguientes
contienen, como en la primera edición, la dedicatoria, aprobaciones y licencias, y suma del
privilegio de impresión. La fe de erratas indica que “corresponde al que se imprimió otra
vez y a lo que nuevamente se ha añadido. Madrid y abril 1688”. La tasa precisa que ahora
tiene 23 pliegos y medio, aunque se conserve la datación del 10 de abril de 1685. Sigue la
prefación a Lucinda y la protesta del autor. En el anverso de la hoja [19], hay un índice de
las facciones humanas, y, en el reverso, otra de las perfecciones divinas. El texto ocupa 511
páginas,
“RESPUESTA como en la primera edición.
A LUCINDA, En que La se lapágina
facilita513 en cabeza
el camino de lael perfección
añadido o yapéndice:
se la da
noticia de todo él”.
Finaliza esta añadidura en la página 552.
El Padre Martín de Torrecilla, que como nosotros tuvo entre las manos ambas ediciones,
testificaba en 1701: “Hase impreso dos veces en Madrid, y en la segunda, que fue el año de
1688 se añade Un erudito y utilísimo resumen de la Teología Mística, en que describe y facilita el camino
de la perfección y da breve noticia de todo él: desde la pág. 513 hasta el fin del libro” 99. No obstante esta
autorizada clarificación, no pocos autores y repertorios bibliográficos, incluso hasta
nuestros días, desconocen una u otra de ambas ediciones, inventan otra de 1701,
98 De esta obra, rarísima, hemos visto tres ejemplares, perteneciente a la Biblioteca Nacional de Madrid,
signaturas 2/58546 y 3/5771, y el Archivo Provincial de los Capuchinos de Castilla (Madrid).
99 Apologema , cit. 109.
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
El texto,
almas en ambas
se pintan ediciones,
las divinas se abreencon
perfecciones este atítulo:
alusión Retrato divino,
la perfecciones en que
humanas 101 para enamorar a las
. Es un manual o
tratado de meditación acerca de las perfecciones divinas, como no pocos aparecidos en la
literatura espiritual del Siglo de Oro. Su materia se reparte en veinte temas encabezados por
veinte seguidillas con la paráfrasis elemental de cada una, seguida del correspondiente
discurso o meditación en tres puntos. La doctrina es sólida, válida y positiva, acorde con la
sagrada Escritura, santos Padres y autores espirituales distinguidos. Los conceptos se
amplían por extenso mediante descripciones minuciosas, metáforas y alegorías, ejemplos y
sucedidos. La ciencia teológica y ascético-mística va a un tiempo con la experiencia
práctica de largos años de dirección espiritual, además de la propia espiritualidad
intensamente vivida. Ofrecemos una breve descripción del temario y contenido, citando las
páginas entre paréntesis.
Tema I: “Atención al retrato / pues en extremo / es perfecto y del alma / es vida y centro”.
Dios merece ser atendido por lo que es en sí y en su infinita perfección, y para nosotros es
vida y centro del alma (7-9). Discurso I: De la perfección del ser divino (10-33). Dios, por esencia
e independiente de todo ser, contiene en sí excelentísimamente todas las perfecciones y
excelencias excogitables y posibles; es principio y causa primera de todas las cosas, causa
final y último fin de ellas y principio de todas sus obras, pasos o movimientos.
Tema II: “Cierre el alma los ojos / que la vista no alcanza / un ser tan grande”. Nuestro
entendimiento, totalmente desproporcionado para ver a Dios, necesita en la otra vida el
“lumen de la gloria”, y acá el hábito de la fe (34-37). Discurso II: Modo de conocer la criatura a su
Criador en esta vida (38-58). Aunque el ser divino es tan soberano que excede infinitamente a
todo
rastrearhumano discurso,
al Creador. por sabe
El alma el conocimiento
que todo lodeque
lasconoce
criaturasdey Dios,
de la naturaleza
no es como podemos
ella lo
entiende y concibe, sino muy sobre todo nuestro saber y entender, y con esta humilde
confesión, queda la voluntad amando lo que no puede comprender el entendimiento, hasta
que entra la fe desnuda y pura, que mira a Dios y con El se une el entendimiento y la
voluntad.
Tema III: “De mi Dios es la cara / un puro cielo, / pues quien la goza / tiene sólo en
mirarla, / perfecta gloria”. La gloria y bienaventuranza eternas consisten en mirar y
admirar, con gozo inexplicable y por toda la eternidad, aquel divino rostro (59-62). Discurso
III: De la hermosura de Dios (62-83). Es la misma substancia de su divino ser, perfectivamente
100 Entre los autores citados en la nota 8, ignoran la edición de 1688: Dionisio de Génova, Juan de S. Antonio,
Eduardo d´Alençon, Melchor de Pobladura, el Lexicon capuccinum y L. De Aspurz, a los que añadir: Bibliothèque
sacrée, ou Dictionnaire universel historique, dogmatique, canonique, géographique et chronologique des sciences ecclésiastiques par
Richard et Giraud XI, Paris: 1824, 361 (y lo mismo las ediciones italianas: Biblioteca sacra IX, Milano: 1834,
152s.; IV, Napoli: 1845, 710); POBLADURA, Melchor de. Historia generalis Ordinis Fratrum Minorum, pars
secunda (1619-1761). Romae: 1948, vol. I, 251. Citan la edición inexistente de 1701: Bibliothèque sacrée (y la
Biblioteca Sacra ), V. Castañeda (art. cit. en la nota 24) e Ilario da MILANO en Enciclopedia Católica. Cittá del
Vaticano: 1949, I, 1554. Dan el supuesto Compendio de teología mística como obra diversa de Retrato divino: Juan
de S. Antonio (Madrid 1688), Bernardo de Bolonia (1701), Bibliothèque sacrée (y las ediciones italianas, 1701); V.
Castañeda (1688); Andrés de PALAZUELO en Vitalidada seráfica, primera serie, Madrid: 1931, 181 (1701); J.
DUHR, en Dictionnaire de spiritualité Paris: 1937, I, 711s (1701); Lexicon capuccinum (1701); PALAU Y
DULCET, Manual del librero hispanoamericano (1688); Metodio da NEMBRO, Quattrocento scrittori spirituali,
Roma: 1972, 277 (1701).
101 Nótense las diferencias entre este segundo título y el de la portada, entre ellas “perfecciones humanas” en
vez de “facciones humanas”. Martín de Torrecilla ( Apologema cit.), que conocía personalmente el libro, cita su
título como en la segunda forma. Y lo mismo hacen otros autores y bibliógrafos.
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
riqueza de Dios es El mismo, con todas sus perfecciones y atributos. Las riquezas divinas
son eternas; sombra se llaman las riquezas y bienes temporales.
Tema XII: “Si la voz nos pregona / la fortaleza, / el aliento que tiene / su poder muestra”.
Grande es el poder de Dios, pues hizo todo el mundo con un “fiat” e hiciera muchos (284-
286). Discurso XII: Del divino poder (287-306). Dios es omnipotente: hace cuanto quiere y
puede cuantomateriales.
instrumentos quiere; tiene dominio sobre sus criaturas; no ha menester de ayuda ni de
Tema XIII : “Si con la providencia / los pechos frisan, / tiene Dios bellos pechos / pues
que nos cría”. Dios conserva las criaturas todas con su providencia (307-309). Discurso XIII:
De la soberana providencia (309-335). La divina providencia es una paternal y práctica
disposición con que Dios proporciona los medios con los fines con suavidad tan eficaz y
que con eficacia tan suavísima que, sin violentar las causas, logra siempre los efectos. Más
próvido se muestra en el mundo moral, en el ser de la gracia; dejando libres las causas
racionales, consigue lo que quiere por sus contrarios.
Tema XIV: “Tiene Dios bellas manos / pues lo da todo; / en tanto extremo, / que sin
reserva alguna / se da a sí mismo” (335-338). Discurso XIV: De la perfecta liberalidad de Dios
(338-357).
encuentro aEs su elMajestad
más poderoso
con cien hechizo
brazos yentre las perfecciones
cine manos divinas:
para hacerme en veo
bien; no todaslugar,
partes
ni
tiempo, ni momento que no esté marcado de sus liberalidades. En la Eucaristía, el Señor
acabó de derramar todos los raudales de su libertad, como también de su bondad, poder y
sabiduría.
Tema XV: “Si del talle perfecto / el ser grande, / tiene el Dueño que adoro / muy largo
talle”. Un talle infinito que no pueden comprenderlo cielos ni abismos (358-360). Discurso
XV: De la infinita grandeza e inmensidad del ser de Dios (361-376). Dios llena todos los espacios,
especialmente los íntimos de nuestro corazón. En cada perfección está su inmensidad,
suma e infinita en la divina y única esencia de la Trinidad.
Tema XVI: “Dios no ha sido / mozo ni viejo, / porque en sus trece, / la eternidad sin
tiempo, / siempre
ser de Dios le tiene”.
(380-401). Y siempre
Su eternidad es elinvariable
fundamento de todosDiscurso
(377-380). XVI: De
los tiempos la eternidad del
y duraciones; es
además “una posesión total, simúltanea y perfecta de una vida sin término”.
Tema XVII: “Quien es bello sin arte / más primor goza, / y Dios ha sido / siempre
hermoso en extremo, / sin artificio” (402-404). Discurso XVII: De la divina simplicidad (404-
420). En ella se ven los atributos divinos tan proporcionados e identificados entre sí, que
convienen en un orden y en una misma esencia. Esta simplicidad hace que Dios sea todo lo
bueno y cada bondad y perfección particular.
Tema XVIII: “Si en el pie la inconstancia / se representa, / Dios nunca se muda, / pues
que constante / en un ser siempre firme, / se ve inmutable” (421-424). Discurso XVIII: De
la inmutabilidad del divino ser (424-443). Dios, plenísimo de perfecciones y simplicísima
perfección,
los tiempos.necesariamente
Más admirable ha quedeenserel inmutable,
gobierno deincluso gobernando
la naturaleza al mundo ydemudando
es la estabilidad Dios en
el gobierno espiritual de las almas.
Tema XIX: “Lo demás al silencio / dejo el decirlo / pues que inefable, / ni la voz, ni el
silencio / puede explicarle”. Ni le puede dar a entender cuanto de El se dice, ni cuanto de
El se deje de decir (444-447). Discurso XIX: De la divina inefabilidad (448-465). No hay
nombres ni renombres que puedan significar el ser inefable de Dios y declarar
perfectamente la perfección de su ser. No perdamos tiempo en buscarle nombre, alabemos
y confesemos, callando, la inefabilidad de su naturaleza.
Tema XX: “El retrato aquí cese; / con lo mismo que pinto / borro el retrato; / no logra el
que afirma, / sino el que niega” (466-470). Discurso XX: De la incomprensibilidad del divino ser
(471-490). Solo Dios puede comprender lo que tiene y a su grandeza pertenece. El
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
entendimiento humano sólo puede admirar; basta el velo de la fe para que, sin percibir el
divino ser, se le ame.
Y concluye. Visto el retrato divino -dice Lucinda- “te abrasará en deseos de gozar de esa
belleza divina. Es muy fácil de encontrar, pues en Dios vivimos, nos movemos y somos.
Escucha las voces con que amoroso te pide el corazón contrito y humillado y respóndele”.
El Padre
le da sus laúltimos
pone, después,
consejos en guardia
y se y previene
despide acerca “la
prometiendo, de las dificultades
primera vez quequeteencontrará;
vea, darte
oportunamente nuevos documentos de más alta perfección (491-511).
Como ya dijimos anteriormente, la segunda edición del Retrato divino lleva, en las páginas
513-552, un añadido o apéndice: Respuesta a Lucinda, en que se la facilita el camino de la perfección
y se la da noticia de él”. Es un auténtico compendio de teología mística, para satisfacer algunas
dudas de Lucinda y desvanecer sus vanos temores. El camino de la perfección -escribe el
Padre Fuentelapeña- “es difícil en su teórica, pero no así en su práctica, pues ésta reduce
sus preceptos a solo uno, que es el amar a Dios”. Utilizará el ejemplo o parábola de un
príncipe enamorado de una pastorcilla, para esclarecer las distintas fases de la vida
espiritual: vías, especies de oración, grados de contemplación, etc.
Dios saca también
ocasiones al alma laimperfecta
regala con de su estado
gracias, goces por medio de
y consuelos la oración
espirituales, imaginativa;
siempre en
del orden
positivo, que la alientan y la infunden fuerza y actividad para olvidar y enmendar la vida
pasada, mortificar pasiones y apetitos desordenados. Con la purgación activa del sentido y
el aumento de la luz divina, el alma, mediante los grados de meditación discursiva, goza de
soberanas ilustraciones y conocimientos elevados de los divinos atributos que despiertan,
hacen brotar y crecer las virtudes, aunque no faltan todavía defectos, vicios e incluso caídas
que desaparecerán por medio de la purificación pasiva del sentido. Con la práctica de las
virtudes y la contemplación natural o infusa, el alma, pasando paulatinamente de la
contemplación de pura fe a la de recogimiento, quietud, sueño espiritual y mística
embriaguez, goza comunicaciones sobrenaturales y grandes consolaciones, seguidas de la
terrible
naturalespurgación
y morales.delEnespíritu, que acaba
este estado, el almacon las últimas
recibe raíces
más luces, de los
ejerce hábitosmás
en grados imperfectos
heroicos
las virtudes, empiezan las ansias de Dios más encendidas. El amor se hace enteramente
fino, agudo, impaciente, seráfico y el soberano Amante la admite por esposa y la une
consigo total, actual, fruitiva y efectivamente. En adelante, el alma permanece
habitualmente unida a su Esposo, en un éxtasis continuo y sobrio del espíritu, en una
transformación mística en la que, sin perder el ser de criatura, por inefable modo goza de
las propiedades de Dios y vive una vida divina. Toda su capacidad queda tan llena y
satisfecha de la posesión del sumo bien, que sólo desea que Dios sea conocido, venerado y
amado. El resto de su vida no será otra cosa que solicitar, con caridad ardiente, la salvación
del prójimo y la honra y gloria de su Majestad.
Recepción y crítica
El agotamiento de la primera edición del Retrato divino, en apenas tres años, indica que la
obra tuvo una buena acogida. Pero no obstante los juicios laudativos y prolijos de los
censores Padres Velarde y Arias, los autores que citan el libro, se limitan a dar un resumen
demasiado genérico y anodino102.
Más atención ha merecido bajo el punto de vista literario. Todas las obras del Padre
Fuentelapeña están admirablemente escritas, dentro de la diversidad que pide el asunto y
102 Es de exceptuarse el franciscano observante Buenaventura Tellado, autor de Nuevo manojito de flores
(Salamanca 1725, muchas veces reimpreso). En el ramillete tercero o flores pertenecientes al estado religioso,
en la quinta flor: girasol o gigantea, copia algunas seguidillas del Retrato divino. Cf. QUECEDO, F. Notas bio-
bibliográficas sobre los Padres Juan Nieto y Buenaventura Tellado. En Archivo Ibero-Americano. 34 (1931), 190.
80
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
modo de tratarlo, pero sólo el Retrato divino ha sido premiado con algo más que una ojeada
más o menos complaciente. En las letras castellanas es valorado como modelo de la prosa
ascético-mística clásica. Por eso Juan Mir y Noguera utilizó ampliamente su opulencia
fraseológica, entresacando de la edición de 1688 no sólo algunas locuciones llenas de gracia
y donaire, sino que incluso antologizó las paginas 240-242 (pintura del mundo),
maravillosas,del
valorización como muchas
Padre existentes
Fuentelapeña, en en
estetoda la obra,
aspecto, y dechados
se condensa de estilo
en dos clásico.
palabras Su
jugosas:
“escritor atildado del siglo XVII”, o sea, pulcro y elegante. El no menos conocido filólogo
y literato Julio Cejador y Frauca, no escatima los elogios al Retrato divino, del que selecciona
bastantes frases literarias103. Finalmente, Buenaventura de Carrocera no duda en considerar
al Padre Fuentelapeña como el mejor prosista capuchino castellano de su tiempo104.
II.3.- Escuela de la verdad
Origen, finalidad y método
Esta tercera obra del Padre Fuentelapeña, salida de la imprenta en 1701, quizá en agosto,
guarda una estrecha relación con la precedente, como lo testifica su destinataria ideal,
Lucinda: “Digo, pues, Padre mío, que luego que recibí la respuesta de V.P. (que se halla al
fin del Retrato divino, en el folio 513) con la cual se alentó tanto mi consternación, para no
desistir del camino comenzado, y luego que conocí por la parábola de la pastorcilla (que allí
me puso V.P.) no ser dificultoso el camino de la perfección, como me lo acriminaba mi
fantasía, traté de proseguirle como antes, por medio de la mortificación de los apetitos y
pasiones, y traté de continuarle por medio de la oración afirmativa y negativa, en que V.P.
últimamente me puso, cuando al despedirme (en el folio 512) me aseguró que me daría
documentos de más alta oración y perfección cuando nos volviésemos a ver..”105.
El nuevo librodecumple
realizaciones aquella
su autor, promesa.
lo que Con yRetrato
un censor divino formaba
testigo sin duda,
ocular denomina “losencuadernos
los planesdey
Lucinda” y declara haber observado, “por espacio de más de veinte y dos años” en
contacto con el Padre Fuentelapeña, la aparición de sus ideas y su traslado al papel “desde
lo más escondido de su espíritu”106.
Pero es el propio Padre Antonio quien mejor expresa la meta intentada con su última obra.
En el prólogo declara por motivo de la misma “salir al camino y cortar enteramente el paso
a ciertos libros” que enseñan “una doctrina tan perjudicial como caprichosa”. Autores hay
“que, impacientes de puro temerarios, ponen las almas todas desde sus principios en la
oración de fe.. Otros, más detenidos (no por más prudentes, sino por más cobardes), no
permitiendo a las almas se dispongan a la contemplación, las traen siempre arrastradas en
una continuasinmeditación..
prudentísima, Otros
excluir las almas de laenteramente
oración de ladoctos y sobredoctos..,
fe, las ladean con arte
y con algún exceso las
inclinan a la meditación por menos perjudicial.. Sin ladearme a ninguna de las partes..
refutaré la doctrina que no encontrare sana, en cualesquiera libros que la encontrare.. Mi
intención sólo se extiende a quitar a las almas los tropiezos que se encuentran en dichos
103 MIR Y NOGUERA, J. Frases de los autores clásicos españoles. Madrid: 1899, y Prontuario de hispanismos y
barbarismos. Madrid: 1908 (en muchas páginas de ambas obras); CEJADOR Y FRAUCA, J. Historia de la lengua
y literatura castellana, comprendidos los autores hispano-americanos desde sus orígenes hasta la época contemporánea (época de
Felipe IV o de Lope y Calderón). Madrid: 1916, V, 271s; Fraseología castellana. Madrid: 1925, IV, 526.
104 CARROCERA, ob.cit., 406.
105 Escuela de la verdad, 9s.
106 Ibid., aprobación de la obra por el doctor Sebastián Cavero.
81
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
autores, y a enseñar a los principiantes los medios verdaderos con que debe procurarse la
cristiana perfección”.
En la exposición utiliza el método dialogado. Lucinda, la discípula ansiosa de aprender,
manifiesta su ignorancia, pregunta, expone dudas, temores y dificultades, y el maestro
responde y satisface sus deseos: precisa la cuestión, disipa las dudas y temores, declara y
razona la verdadera
santos Padres y sana ascético-místicos;
y escritores doctrina y la confirma cony lacomenta
explana autoridad
susdetextos
la sagrada Escritura,
y los aclara con
símiles, ejemplos o sucedidos reales. El estilo castizo y pureza de la frase, la riqueza
lingüística y giros elegantes, la carencia de adornos oscuros, rebuscados y más o menos
extravagantes en boga, el uso de expresiones lozanas, espontáneas, llenas de unción y
cordialidad que hablan al entendimiento, encienden la voluntad y mueven el corazón, todo
ello hace agradable y atrayente la lectura e indudablemente contribuyó en no pequeña parte
a la favorable aceptación con que fue recibida la obra, según el testimonio de los coetáneos.
La
del anteportada
marco, se leeesun
uncartelón
grabadoapaisado: de Retrato
similar al“Eratis divino.
aliqdo. Se distingue
Tenebrae nunc de él enLux
autem que,inyaDfuera
no
. S.
P.”. Debajo aparece la cuarteta: “Al mirar tu luz hermosa / trocada el alma se ve, / pues ya
es Lucinda la que / antes era tenebrosa”. La portada dice:
“ESCVUELA / DE LA VERDAD, EN / que se enseña à Lucinda, y / debaxo de su
nombre, à to-/das las Alamas, que tocadas de / la luz Divina, aspiran à / la perfección.. /
LOS MEDIOS VERDA-/deros que han de escoger, y / los engañosos que han de de-/xar,
para llegarla felizmen-/te à conseguir. / TRATADO PRIMERO DE / LA oración Mental,
reducido à / solas dos questiones, y à las du-/das analectas, que de ellas / se originan. /
COMPVSOLE / EL PADRE FRAY ANTONIO / de Fuentelapeña, Capuchino. / Y LE
DEDICA / AL ETERNO SOBERANO / Padre, primera Persona de l a / Beatísima
Trinidad. / Con en
Es un volumen Privilegio.
dozavo En Madrid:
(14,5 / Por
cm), de Lorenço
19 hojas Garçia. Año
preliminares sin 1701”.
numerar y 599 páginas
numeradas. Las hojas preliminares contienen, además de la anteportada y portada: la
dedicatoria, firmada, “al Eterno Soberano Padre”; la aprobación de los teólogos de la
Orden, Padres Gregorio de Guadalupe, Martín de Torrecilla, Bernardino de Madrid y José
de Madrid (7 de abril de 1701), seguida de la licencia dada por el provincial Padre Antonio
de la Puebla el día 9; la aprobación de Don Sebastián Cavero (20 de abril ) y la licencia del
ordinario (22 de abril); aprobación del mínimo Padre Francisco del Rincón (1 de mayo);
suma del privilegio “por diez años” (3 de mayo); suma de la tasa de seis maravedís cada uno
de los 25 pliegos (23 de julio); fe de erratas. Siguen las 599 páginas del texto.
Todos los ejemplares que hemos examinado107 concuerdan en el título: Escuela de la verdad, y
en la fecha
autores de impresión:
y bibliófilos 1701. Sin
trastruecan embargo,
el título y como
con Luz de laya sucedió
verdad Retrato en
converitatis
(o Lux divino, no pocos
latín), Escuela
de la verdad a Lucinda, Escuela de Lucinda, Escuela de la virtud, y asignan las fechas inexistentes
de 1700 o 1702108.
107 Se encuentran en la Biblioteca Nacional de Madrid, signaturas 3/41063, 3/72041, 3/76196 (este ejemplar
lleva en el lomo Escuela de la virtud ); Archivo Provincial de los Capuchinos de Castilla (Madrid); Biblioteca
Central de la Orden capuchina (Roma), signatura 37 A 73.
108 El pseudo-título más llamativo y persistente, Luz de la verdad, 1702 como fecha de impresión en Madrid,
aparece en las citadas Mémoires de Trévoux. Juan de S. Antonio da el título en latín, Lux veritatis , y no obstante el
“vidi” corroborativo, pone fecha de 1702. El título y fecha dados por las Mémoires de Trévoux, reaparece en los
siguientes autores ya recordados en las notas 8 y 30: Bernardo de Bolonia; Bibliothèque sacrée (y en las ediciones
italianas, que cambian el nombre de Lucinda en Lucindo); Andrés de Palazuelo; J. Duhr; Lexicon capuccinum; L.
De Aspurz. Vicente Castañeda pone el título en latín (como Juan de S. Antonio), con una aclaración
triplemente errónea: “ obra publicada después de su muerte, acaecida en Madrid el año 1689”, en 1706.
82
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Estructura, contenido y fuentes
El texto propiamente dicho está dividido en dos partes: de la meditación (pp. 1-266), de la
contemplación (267-599). Toda la materia se distribuye en 36 conferencias, subdivididas en
431 números
proyecto total:marginales o párrafos.
la obra habría Endela tres
de constar introducción a la primera
tratados, dedicados, parte se perfilaa la
respectivamente, el
oración mental, a la mortificación activa y pasiva, y a las virtudes morales y sobrenaturales,
con los dones del Espíritu Santo y los fenómenos místicos extraordinarios. De hecho, sólo
vio la luz el tratado primero, dividido en las dos partes que ya hemos mencionado.
Al tema de la primera parte -de la meditación- dedica 17 conferencias. En la primera, o
introducción, el diálogo se orienta a resolver esta pregunta de Lucinda a su maestro: cómo
no la ha dejado pasar a grado más alto de oración después de haberla mantenido tiempo
muy considerable, “en todo género de meditaciones”. La oración más perfecta y alta -
advierte el maestro- es la que produce en las almas efectos mejores de pureza, luz y amor,
les da alientos más fervorosos para vencer los vicios y ejercitar las virtudes. Mudar de
oración es Dios quien
Replica Lucinda lo hace:autores
que algunos los padres espirituales
y confesores no son
enseñan quemás
losque ministros deben
principiantes suyos.
comenzar la vida espiritual por la oración de fe, dejada totalmente de meditación, y refiere
varios pasajes de autores que el maestro conoce y tienen –dice- mucho parentesco con los
de Molinos que encierran, para perdición de las almas, mucha malignidad.
En las demás conferencias el maestro sostiene y prueba con prolijidad, que la opinión que
pone la oración de fe a los principiantes merece la censura de temeraria , al oponerse a la
sagrada Escritura, escritores y grandes maestros de la vida espiritual y a la razón natural (c.
II). Es, además, impracticable, pues no puede exigirse a unos principiantes rudos y distraídos
estarse algún tiempo en un acto continuo de fe (c. III). Es perjudicial : mandar a los
principiantes que hagan oración de fe sin valerse de la imaginación y discurso, es obligarles
aprueba
una pura y perniciosa
con algunos ociosidad,
casos (c. IV). Actoqueseguido
para frecuentemente en ilusión
responde y soluciona pasiva,
algunas lo que
objeciones
opuestas a su parecer (c. V).
A continuación satisface a doce dudas de Lucinda, aclarando y completando notablemente
la doctrina sobre la meditación. La primera versa acerca de los directores de conciencia o
padres espirituales: sus cualidades, defectos, peligros posibles entre ellos y sus dirigidos, etc.
(c. VI). Para “remediar las almas que cayeron en ilusión”, refiere cómo se valió y los medios
que hizo poner en práctica a un alma que a él acudió (c. VII). Los principiantes, sin
excepción, deben comenzar la vida espiritual por la meditación, aunque bien podrá el
Todopoderoso poner a un principiante en la contemplación sin que pase por la meditación
(c. VIII). Algunas almas pueden hallarse negadas para la meditación por incapacidad de
talento,
comunicarpora indisposición de la cabeza,
las almas el privilegio o por disposición
de la contemplación de Dios,maneras
de muchas el cual (c.
puede
IX). también
A los convertidos de una vida distraída y relajada, nunca se les pondrá desde luego en la
meditación, sino en ejercicios de compunción puramente sensitivos, que vienen señalados
(c. X). No hay tiempo cierto en que el alma debe dedicarse a la meditación sin pasar a la
contemplación, y así debe meditar todo el tiempo en que lo pudiere hacer (c. XI). Puede
Melchor de Pobladura, en Los Frailes Menores... da el título exacto de Escuela de la verdad pero con la fecha de
impresión de 1700, error que corrige en su Historia generalis II/1, 251s, aunque trastrocando el título: Escuela (o
Luz) de la verdad. Hilarino de Milán asigna a Escuela de la verdad la fecha de 1700. Antono Palau y Dulcet, no
obstante haber descrito correctamente la Escuela de la verdad, añade como obra distinta Lux veritatis, 1702.
Finalmente, Metodio de Nembro completa la confusión: Escuela o Luz de la verdad, que dice constar de dos
tratados publicados repectivamente en Madrid en 1700 y 1701. Error que reaparece, juntamente con el del
Compendio de la mística teología 1701, en la recentísima obra colectiva Los capuchinos en la Península Ibérica. 400 años
de historia (1578-1978), Sevilla 1985, 190.
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darse el caso en que una persona esté toda su vida en la meditación sin pasar a la
contemplación (c. XII), cómo también puede un alma, con sola la meditación, llegar a la
santidad y perfección esencial (c. XIII). El conocimiento afirmativo y negativo de Dios es
una oración que, distinguiéndose de la meditación y de la contemplación, participa de
ambas. El conocimiento afirmativo afirma del ser divino infinitas perfecciones; pero en el
conocimiento negativo
reconoce que todo el alma,
eso es aunque
muy sobre sabe que
nuestro saberDios es un mar
y entender eninmenso
modo másdeeminente,
perfecciones,
con
que, rendido el entendimiento a la incomprensibilidad de Dios, venera el alma lo que no
puede comprender, quedando casi en el conocimiento de la fe (c. XIV). Las tres más
importantes señales para pasar ya a la contemplación son: el alma ya no puede meditar con
el jugo y fruto de antes; no le da ninguna gana de poner la imaginación ni el discurso en
otras cosas particulares exteriores in interiores; gusta de estarse a solar con atención
amorosa a Dios, en paz interior, quietud y descanso (c. XV).
Recopila la teórica, según dice, de la meditación, definiéndola y declarando sus especies,
partes integrales, propiedades y grados. Como ejemplos prácticos, cita las obras de Tomás
de Villacastín, san Pedro de Alcántara y su Retrato divino (c. XVI). Finalmente, asegura que
puede un que
adquirida, alma,essin
unapresunción ni amorosa,
vista sencilla, temeridad,indistinta
procurary subir a la del
universal contemplación activa o
sumo bien, ejercitada
con las fuerzas naturales ayudadas de la fe y de los auxilios ordinarios de la divina gracia (c.
XVII).
Al principio de la segunda parte -de la contemplación-, cuyo contenido se desarrolla en las
restantes conferencias, afirma el Padre Fuentelapeña, en la introducción, que muchos no se
atreven a engolfar en el mar de la contemplación y llevan las almas siempre remando tierra
a tierra, encalladas toda la vida en el bajo fondo de la meditación, contentándose con que
estén continuamente moviendo los remos. La causa es un terror pánico a los naufragios
que han visto padecer a muchas naves en el escollo fatal de la quietud. Declara y prueba
seguidamente que el detener a las almas toda la vida en la meditación, impidiéndolas el
pasar a la contemplación
los santos activa,(c.esXVIII),
y escritores místicos temeraria, (c.
opiniónimpracticable malXIX)
fundada y contraria
y perjudicial al sentir de
(c. XX).
Satisface y disipa varias objeciones: no es ociosidad la oración de fe (c. XXI), ni tampoco
ocio vicioso la simple aprehensión (c. XXII); en el concepto universal están incluidos los
actos particulares (c. XXIII). Desvanece los temores con que algunos, haciendo con
Molinos el coco, pretenden apartar a las almas de la contemplación (c. XXIV), y muestra
que los aprovechados pueden subir a la contemplación activa por medio de la fe y de los
hábitos adquiridos de luz y amor. Con sólo las gracias justificante, preveniente y
concomitante, y con la fe, cualquiera podrá tal vez, y aun muchas veces, gozar algunos
bocados de contemplación transeúnte (c. XXV). En la contemplación está el amor más
perfecto y encendido que en la meditación (c. XXVI).
La solución de nuevas
contemplación. El almadudas de Lucinda completa
contemplativa y esclarece
puede valerse, en laalgunas
doctrinaocasiones,
práctica sobre
de la
la
meditación; por ejemplo, cuando no puede sosegar el bullicio de su imaginación y de su
discurso (c. XXVII). Pero el modo ordinario de meditar los contemplativos ha de ser por
sólo simples recuerdos de las verdades, desnudas ya de todo lo material por medio de la
oración afirmativa y negativa (c. XXVIII). Señala a la contemplación activa (c. XXIX); qué
sean la contemplación y la presencia de Dios, y cuántos sus grados y excelencias (c. XXX);
previene a Lucinda “no sea lícito a las almas desear con ansia eficaz el saber los estados
pasivos, superiores al suyo”, y bosqueja el estado pasivo o contemplación pasiva (c. XXXI),
la vida interior, activa y pasiva con la explicación de las tres vías: purgativa (c. XXXII),
iluminativa (c. XXXIII) y unitiva (c. XXXIV), coronando la doctrina mística con la
declaración
obra con un de la efectiva,
epílogo real y actual
de la doctrina de las unión del alma
conferencias con Dios (c.
antecedentes (c. XXXV).
XXXVI).Se cierra la
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Recepción y crítica
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Notario del / S. Oficio de la Inquisición y Mercader de Libros. // 10 X 7 cm., [26]-554 pp. Ha descubierto
esta censura recientemente el capuchino Padre Vincenzo Criscuolo, en la Biblioteca Nacional de Madrid (sig.
R/18901). El Padre Fuentelapeña modela su censura sobre la pauta musical de bajo y contralto: el “bajo” -
Marcos de Aviano († 1699)- enseña al alma a evitar el pecado; el “contralto” -Juan Evangelista (no Bautista)
de ´s-Hertogenbosch († 1635) -le facilita la unión con Dios.
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Gaspar Pérez de Sotomayor y Margarita de Porres. Al margen se lee: Fue arzobispo de Sevilla,
dos veces Presidente del Consejo de Castilla y Cardenal de la Iglesia Romana 111.
Avisos/morales/vrbanos y políticos;
Sagrada Re/ligión de San Juan, qveen
residente a Don Manuel
Malta/ DA/ aArias/ de Porres,
su instancia Don Cauallero de la
Gómez/ Arias
de Myesses su Padre/ Y/ dedícale al ilvstrissimo Señor Don Francisco de Velasco Arce,
Cauallero de la Orden de Santiago, y Capitán de Artillería/ de Galicia. En Madrid. Por
Domingo Garcia Morras. Año de 1658. – Forrado en perg., 4hojs. Prel. Sin numerar + 62
numeradas.
APROBACIÓN DEL M. Rev. P. Fr. Bernardino de Quiroga... CENSURA del Revmo. P.
Agustín de Castro... a 27 dias de Setiembre de 1675.
DEDICATORIA... al Señor Don Francisco de Velasco Arce... Don Gomez Arias y
Miesses.
Fol. I. CARTA DE DON GOMEZ ARIAS para Don Manuel Arias, su hijo..
Avream politicorum
eius filium myrothetiam
D. Emmanuelem Ariasa de
D. Porres
Gomezio Arias de stigmate
hospitalitio Miesses insignitum.Gratulatur
depromptam, et a ad
pauper el humilis Religiosus obsequentissimus Autoris Filius. EPIGRAMA: Delphica
Luciferi sileant oracula Phaebi..
La materia está distribuida en XLV REGLAS: Ley de Dios; verdadera política y nobleza;
devociones; motivos para amar a Dios; vida yniusta; militar en gracia de Dios; reuerencia al
sacerdocio; pobreza; humildad; envidia; prudencia; ira; cortesías; golas; igualdad;
detracciones; porfías; precedencias; quan grande prenda es el juicio; iuuentud; amistad;
singularidad; calidad de buen gusto; amar para ser amado; misterios; buen modo; iuego;
diferencia de Príncipes; pretensiones; saber muchas lenguas; cautela; espera; promptitud;
libertad; valor; ,destreza; fortaleza; enmienda de hierros; bizarría; diligencia; y inteligencia;
fortuna y pluralidad
Con LICENCIA añode1658.
prendas.
111 En carta del 15/IV/1985, adjunta a los documentos relativos a Alaejos que hemos trascrito, añade D. José
Guerra. “En el coro de esta iglesia existe una pintura grande de D. Manuel Arias de Porres, muy borrosa ya
por la acción del tiempo y, debajo, la misma inscripción que hay al margen de su partida de bautismo que ahí
pongo subrayada. En este pueblo hay dos parroquias y los libros de las dos han sido registrados; no hemos
encontrado más datos”.
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del tronco hasta florecer V.S., y por descendiente del mariscal Porres, señor desta casa y
Castronuebo..”
PRÓLOGO (cuatro hojas). “DÉCIMAS al libro intitulado Resumen de la destreza:
escríbelas D. Gómez Arias de Miesses, padre del Autor: Vuestra destreza alabada..”
EPIGRAMA LATINO (pero en castellano). “Escríbelo Fr. Antonio de Fuente la Peña,
Predicador
tan generosaCapuchino
atentas..” y Secretario de su Prouincia, hermano del Autor: Cuando de Arte
“SONETO de Don Manuel Arias de Porres, Caballero de la Sagrada Religión de S. Juan,
Vicecanciller de ella, y Comendador de Benavente, Rubielos, hermano del Autor: Buele tu
fama de vno al otro Polo..”.
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En esto hay mucho que decir. Dios sabe si hay Dulcinea o no en
el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y éstas no son de
las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo.
Cervantes, El Quijote.
En el sentir de la mayor parte de los analistas de todo tipo que se han acercado a los
depósitos de la cultura barroca hispana, el conocimiento acerca del modo en que ésta
estructura y categorializa su ontología –es decir: la pregunta por el ser–, adopta una polaridad
rígida, un sistema de dos extremos, destinados un día a reabsorberse en uno: lo natural, de
un lado; lo sobrenatural, de otro. Mundos112 ciertamente estancos, pero con pasajes y
travesías que los suponen en contacto, determinados, como lo están, uno (el natural) por el
otro (el sobrenatural).
pensamiento Como auténtico
de la Contrarreforma nos ofrecesímbolo de este
–en sus claves tránsito entree impresivas–
hiperretorizadas esferas, el
, de un lado la naturalización de lo divino en Cristo, y, de otro, la divinización de la
naturaleza humana en el caso de la Virgen María.
El mundo natural, creado desde lo sobrenatural por un misterioso designio de
origen providencialista (del cual en la época no se duda), es explorado desde las categorías
aristotélicas tradicionales; mientras, la descripción y alcance de lo sobrenatural es ceñido
por una teología neoescolástica que lo apresa en categorías tomistas. Más allá de estos
dispositivos, existe, claro está, la conciencia de que ambos mundos o universos son
explorados subsidiariamente por otras formaciones de saber y disciplinas o
encuadramientos epistémicos, con mayor o menor incidencia en el ámbito hispánico del
pensamiento y lalaconstrucción
espacio natural, teórica enprogresivamente
physis , está cayendo el Barroco. Así,enexiste
poderla de
conciencia de que
las ciencias el
de la
experimentación en la cultura del empirismo, la cual ha recortado peligrosamente la
autoridad dogmática de los axiomas aristotélicos, y que abiertamente está comprometida en
la destitución de estos como fuente de comprensión de los fenómenos naturales. Por su
parte, y como consecuencia de esta nueva ciencia de la naturaleza, un poderoso vector de
instrumentaciones aplicadas o mecánicas se encarga de hacer progresar el conocimiento del
mundo, contribuyendo con esto también a que se acelere la derrota de las primitivas
imágenes simplificadas del mismo. En lo que al sobrenatural se refiere –al espacio
propiamente metafísico–, éste se hace el objeto preferente de un conocimiento
desregularizado, místico, espiritualista, sublime y delirante –y, finalmente, también mágico y
112 Para una noción de “mundo” en el Barroco, véase BEUGNOT, Benedict. La notion du monde au XVIIe
siècle. En Littératures classiques. 22 (1994), 89-102.
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En este cuadro, a grandes rasgos trazado, habrá que situar la obra magna y
comprometida con su tiempo de fray Antonio de Fuentelapeña 114; un tratado que, pese al
aspecto abstraído, ahistórico, completamente marginal y extraordinario, “curioso” y hasta
extravagante e “inquietante”115, que hoy puede presentar a nuestros ojos, supone, en
cambio, una inserción teórica que refuerza y prolonga el espacio ontológico barroco de
signo contrarreformista, y ello más allá de lo que podría haber sido el final de régimen para
su propio paradigma cognitivo116. Fortaleciendo esa “segunda escolástica” o “aristotelismo
117
barroco”
se da por o, más propiamente,
liquidada “filosofía
antes de mediados delibérica” , que,
siglo XVII, quizádilucidado es,
el Ente demasiado alapresuradamente
cabo, una pieza
central en la cosmovisión de la gran ofensiva católica, y un ejemplo mayor del modo en
cómo operó, a todo lo largo del XVII hispano, una ciencia cristiana , que además tenía la
voluntad de aproximarse al universo mítico, poético, creativo y artístico118, contenido todo
en la capacidad del ingenio para descubrir las misteriosas correspondencias secretas, y que
se hacía explícito en el programa desorbitante de muchos de los tratados de época, como la
obra de Ardevines Isla, Fábrica universal y admirable de la composición del mundo mayor, a donde se
trata desde Dios, hasta nada, y del menor 119 . Una philosophia perennis o “ciencia” aquella que se dio
por objeto el reconocimiento en la naturaleza de la huella potente de Dios, esta más
expresa, si cabe, en la excepción y en la anomalía que en la ley y el orden de lo natural. Para
lo cual los
alienta ingenios
en lo meridionales
asistemático se dirigenmientras
y prodigioso, a dar cuenta del “mysterium
las inteligencias tremendum”
científicas allende que
los
Pirineos buscan la ley, la regularidad y el orden de lo natural, haciendo verdad con ello el
conocido aserto pascaliano: “vérité en deçà des Pyrénées, erreur au-delà”.
Para ciertos analistas se trataría ahora, después de siglos de menosprecio, de
reconstruir el espacio tomista y el modo en que las bases epistemológicas de este tomismo
vertebran por dentro las grandes obras imaginativas hispanas del período, por descontado
113 Paralas relaciones que en el mundo de la Colonia hispana del Barroco se producen entre fenómenos
místicos, teología y ciencia, véase TREBULSE, Elías. Ciencia y religión en el siglo XVII . México: El Colegio de
México, 1974, y para la implantación de la demonología en la misma Colonia, CERVANTES, Fernando. El
diablo en el Nuevo Mundo: el impacto del diabolismo a través de la colonización de Hispanoamérica . Barcelona, 1994, y
RUBIAL, Antonio. “Tierra de prodigios”. Lo maravilloso cristiano en la Nueva España de los siglos XVI y
XVII. En AAVV. La Iglesia Católica en México. Actas del XVII Coloquio de Antropología e Historia Regionales .
Zamora: Colegio de Michoacán, 1997.
114 El Ente dilucidado: discurso único novísimo que muestra que ay en naturaleza animales irracionales invisibles y quales sean .
Madrid, Imprenta Real, 1676.
115 Así lo califica DEL RÍO PARRA, Elena. Una era de monstruos: representaciones de lo deforme en el Siglo de Oro
español . Pamplona, Madrid, Frankfurt, 2003, 40.
116 Estamos, pues, en total desacuerdo con observaciones como las que puede hacer el editor de un
fragmento del Ente dilucidado, al calificar este libro como producto “del irracionalismo más grotesco”
(ESTRUCH, Joan. Literatura fantástica y de terror española del siglo XVII . Barcelona: Fontamara, 1982, 111).
117 Últimas denominaciones para el escolasticismo hispano que han sido defendidas por GRACIA, Jorge.
Filosofía hispánica. Concepto, origen y foco historiográfico. Pamplona: Eunsa, 1998.
118 Véase sobre ello MARITAIN, Jacques, Arte y Escolástica . Buenos Aires: Club de Lectores, 1981.
119 ARDEVINES ISLA, Salvador. Fábrica universal y admirable de la composición del mundo mayor, a donde se trata
desde Dios, hasta nada, y del menor . Madrid: Diego Flamenco, 1621. Este tratado aborda la cuestión de la
invisibilidad de los duendes, y se convierte en una fuente explícitamente mencionada en El ente dilucidado.
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barroco”, que eludiendo el preguntarse por la verdad natural de este mismo cuerpo, se
interna por las posibilidades fantásticas, aberrantes y paranormales que puede adoptar, y
ello lo hace en consonancia con su época y su momento particularmente hispano127.
El tratado de Fuentelapeña muestra que, a la altura del decenio de 1670, la máquina
del pensamiento metafísico hispano era todavía, y después de todo el proceso de su
desprestigio
en estructurascrítico, un poderoso
mitopoéticas instrumentoprodigiosas
y en capacidades lógico-significativo queespeculativo,
del ingenio apoyado fuertemente
apuntaba
como objeto último a “entender” el mundo y poder prever en él novedades e irrupciones
de fenómenos impensados o para los que secularmente no había explicación. Y no sólo
respecto a la esfera sublunar (lo que es el mundo del acontecimiento físico), sino también
que tal pensamiento podía venir a legislar todavía sobre un ser de lo metafísico, a lo que
ahora añadiremos lo propio en el trabajo de Fuentelapeña; éste mantenía la pretensión
misma de organizar un pensamiento de lo natural invisible . Vale decir: una topología del
fantasma, un saber de lo espectral, un conocimiento específico de aquello que no se puede
conocer porque no se puede ver: lo invisible. Allí, en ese invisible, reside de antiguo un
pandemonium de figuras y esferas, en fin, a la que debemos denominar con propiedad, y
128
ateniéndonos al espíritu de
toda clase de fenómenos los lenguajessededan
para-naturales época, mundoesta
cita yelesfera preternatural
que queda; explícitamente
mundo donde
consignada como el objeto de la inquisición de Antonio de Fuentelapeña.
Visto desde esta perspectiva, el Ente dilucidado es un postrer esfuerzo de la episteme
contrarreformista, del racionalismo escolástico (lógico–especulativo) por controlar “los
mundos” en los que el hombre ha sido (y desde los que ha sido) arrojado; un intento más
de dotar de significación coherente, no solamente lo que se ve, sino también aquello que no
es visible (justamente, en este caso, el espectro, el duende), definiéndolo como designio al
cabo también divino, en una suerte de práctica Anatomía de todo lo visible e invisible 129 .
Podríamos calificar este tratado maravilloso como un postrer esfuerzo iluminista,
paradójicamente surgido de aquellas fuerzas de una episteme vencida que por los años 70, 80
del Seiscientos
cartesiana se debatían
impuesta en una acrisis
precisamente terminaldel
comienzos desbordada por la naturaleza
XVII al proceso de la deriva
cultural occidental 130
.
Un esfuerzo crepuscular este, ciertamente, que enseguida se vio relegado, hundiéndose en
127 Véase MAZZIO, Carla; HILLMAN, David (eds.). The Body in Parts. Fantasies of Corporality in Early Modern
Europe . Londres: Routledge, 1997.
128 Digamos del tratado de Fuentelapeña el que se adelanta doscientos años a la boga de las ciencias ocultas,
que precisamente buscarán, ya en el siglo XIX, fundamentar y racionalizar la presencia de lo invisible.
Fuentelapeña es, pues, el antecedente exacto de un Camille Flammarion que, en 1865, publica su Des forces
naturelles inconnues , y que da paso a la emergencia de un saber sobre los fluidos, la criptozoologia, el animismo,
la ectoplasmia…, fenómenos todos esbozados por el capuchino zamorano. Para la ubicación del texto de
Flammarion en la larga duración, véase FUENTES, Patrick. Camille Flammarion et les forces naturelles
inconnues. En Vincen, Benedicte et Blondel, Claude (ed.), Des savants face à l´occulte. 1870–1940. París: Éditions
de la Découverte, 2002, 105-123. Finalmente, la fotografía en sus comienzos ofrece un correlato instrumental
para la captación de fenómenos de invisibilidad, véase CHÉRAUX héraux, Claude et alt . Le troisíème oeil. La
photographie et l´occulte . París: Gallimard, 2004. La historia, naturalmente, se remonta hasta el descubrimiento
jesuítico de la linterna mágica y ha sido analizada por HECHT, Jeff. The History of Projecting Phantoms,
Ghosts and Apparitions. En New Magic Lantern Journal , 3/1 (1984), 2-6. Pero tal linterna mágica conoce en
realidad dos usos, uno casi metafísico en manos de los jesuitas, otro, empero, desacredita el mundo fantasmal,
pues como dice uno de los primeros tratadistas de tal instrumento: “La lanterne magique est une machine
d´optique que l´on nomme Magique, sans doute à cause de ses effets prodigieux et des spectres, monstres
affreux qu´elle fait voir, et que les persones qui n´en savent pas le secret, attribüent à la magie…”
(VALLEMONT, Pierre. La Physique Occulte . París: A. Moetgens, 1693, citado por CHÉRAUX et alt , Le
troisíème oeil , 63).
129 Como designaría, tiempo adelante, a su obra TORRES VILLARROEL: Anatomía de todo lo visble y lo
invisible . Salamanca: Antonio Villarroel, 1738.
130 Crisis, en efecto, de los ochenta del Seiscientos donde hace eclosión pública el racionalismo preilustrado, y
que convierte la obra de Fuentelapeña en un testimonio terminal de un pensamiento periclitado. Sobre tal
crisis véase HAZARD, Paul. La crisis de la conciencia europea (1680-1715). Madrid: Alianza, 1988[1935].
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
el silencio de casi tres siglos, hasta que una colección de “raros” y “curiosos” lo sacara a la
luz hace ahora exactamente veintiocho años131, y ello como prólogo a esta otra emergencia
–más cualificada en lo crítico y filológico–, que del mismo se hace aquí. Se trata entonces
de un tratado racionalizador y logicista (o, mejor silogista ) que, al cabo, ha errado
clamorosamente su objeto (no sólo invisible, sino a la postre inexistente), y que en su
propio desarrollo
experimental, se adentra endirecta
no observación un espacio liminar
alguna. sobre el que
Sin embargo, en sunopropio
se aplica ninguna ciencia
desenvolvimiento,
la realidad es que el texto crea un tercer estado de la especulación y el pensamiento,
instalándose en la fisura que existe entre las dos concepciones del mundo refractarias una a
la otra: la magia (y la religión) y la ciencia. A lo que debemos añadir también el contingente
de noticias proveniente de la baja cultura popular, y que forma un corpus que reclama ser
procesado en su índice de verdad.
En todo caso, esta pretensión que anima el tratado de venir a dilucidar “lo ente”,
desde unas bases tomistas es, al cabo, irrelevante para lo que ha sido con posterioridad la
historia misma del pensamiento gnoseológico occidental, que para nada ha tenido en
cuenta este episodio desviado de su historia. Así, el esfuerzo racionalizador de
Fuentelapeña
conocimiento ha en pasado a formar
cualquiera de susparte, en el
campos, mejor
sino de los casos,
del archivo mismonodeyalasdeincongruencias,
la tradición de
errores y demasías de este mismo pensamiento, que por aquellos años vivía en el país sus
peores momentos. Pero de un archivo al fin y al cabo se trata, y ello a pesar de que lo pueda
ser de la inviabilidad, que ciertamente la producción barroca hispana del período abasteció
en aquellos años, llegando a ampliarlo decisivamente. Si bien entonces no reivindicable para
una tradición de conocimiento moderno y científico, este tratado se eleva en todo caso a la
categoría de una invención poética, en donde la pregunta por el ser asume una condición
“churrigueresca” y exaltada, convirtiéndose a la postre tal discurso extremado en una suerte
de joya conceptuosa y principio generador de metaforizaciones diversas a las que es el
momento tal vez de devolverles toda su potencia de brillo y fascinación, pues, de modo
cierto, todo ellodel presenta
ficcionalización mismo132,algo
que de una peculiar
se opondría concepción
tercamente todavíadelpormundo,
largos de
añosuna
al
conocimiento exacto y literarista de ese mismo mundo. Quiero decir que, de modo
explícito, la obra de Fuentelapeña responde a una cosmovisión cerradamente peninsular,
hispana, vigilada de cerca por el aparato de censura inquisitorial (al que eventualmente sirve
de provisorio de argumentos y al que exorciza ya desde el propio prólogo, haciendo
protesta de ortodoxia). Obra enteramente situada bajo los esquemas de conocimiento y de
exposición escolásticos, que se halla por tanto enfrentada al cartesianismo y a todas las
derivas del pensamiento científico moderno133. En suma, que pertenece a una “España
mental”134, que a menudo y sobre todo en el Siglo de Oro ha dado prueba abundante de
estos raros partos del ingenio.
Podemos
propia episteme aventurar
y régimen con respecto autotitulado
de conocimiento “lectura” del Ente
a una nueva“posmoderno” 135 , el que nuestra
, fundado ya sobre
131 RUIZ, Javier (ed.). Fray Antonio de Fuentelapeña, El ente dilucidado. Tratado de monstruos y fantasmas . Madrid:
Editora Nacional, 1978.
132 Sobre este concepto GARCÍA GIBERT, Javier. El ficcionalismo barroco en Baltasar Gracián. En M.
Grande y R. Pinilla (eds.). Gracián: Barroco y modernidad . Madrid: Universidad Pontificia de Comillas, 2004.
133 Este es el tipo de conceptualización general del problema que he ensayado en mis libros: La península
metafísica. Arte, literatura y pensamiento en la España de la Contrarreforma (Madrid: Biblioteca Nueva, 1999) y Barroco.
Representación e ideología en el mundo hispánico. Madrid: Cátedra, 2002.
134 Como la que define para estas cuestiones LISÓN TOLOSANA, Carmelo. La España mental I. Demonios y
exorcismos en los Siglos de oro. Madrid: Akal, 1990.
135 Un enfoque “posmoderno” del Tratado ve en él, entre otras cosas, la víctima propiciatoria de las estrategias
ilustradas que en el XVIII estaban entrenadas en condenar toda una literatura como irracional y supersticiosa,
haciéndose obvio, sin embargo, que se trataba para el iluminismo racionalista de una operación destinada a
legitimarse como discurso crítico (el Teatro crítico feijoniano), que desaloja de la escena pública todo cuanto se
93
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
una ciencia paradójica como la física cuántica, regresa en cierto modo a este tipo de
documentos genealógicos que, en términos calderonianos, evidencian que si bien el mundo
es susceptible de convertirse en sueño, es verdad también que el sueño puede convertirse
en mundo136, y atestiguar por esta vía los misterios insondables del universo en cuanto
creado137
En el seno del pensamiento escolástico hispano, el desgaste sufrido por los dos
saberes teoréticos y especulativos acerca de las principales polaridades rígidas
(natural/sobrenatural) que habían articulado toda la estructura del pensamiento –o
filosofía– barroca hispana, aconseja a Fuentelapeña el acometer una tarea por entero nueva,
a la cual, sin ambages, califica como una suerte de alumbramiento (“dilucidación”) de las
bases de un mundo desconocido y difícil, sino imposible de experimentar (y por lo tanto,
añadimos nosotros, imposible de ser conceptualizado por la ciencia y sus instrumentos:
materia,
silogismospues, exclusiva
y juegos de un los
del lenguaje, pensamiento como el bajo
cuales se organizan tomista entrenadodeenunaaporías,
la perspectiva retórica
preformativa entrenada en mover las pasiones). El objetivo final es el descubrir un vacío
epistémico; y, constituyéndose en una suerte de amfibia philosophia novantiqua , venir a cerrar
desde la ortodoxia aristotélico-tomista un peligroso hiato que por entonces empezaba a
ensancharse y a dejarse notar entre los dos reinos bien teorizados de la naturaleza, por un
lado, y de la sobrenaturalidad por otro. Entre lo secular y lo sagrado; entre la física y la
metafísica, se instala, ciertamente, el reino propio de lo duende y de lo fantasmal. Reino
este de la parafísica (estaríamos tentados de decir que también de la patafísica ), o,
propiamente dicho, mundo preternatural . Todo ello como manifestación al cabo del gran
continente de lo desconocido, lo oculto, sobre el cual la imperiosa necesidad de sacarlo a la
luz se convierteen en
denodadamente unauna empresa
teología propia del pensamiento
del discernimiento de espíritus barroco que trabajay
y la estratificación
jerarquía de órbitas cosmológicas y escalas de seres, como bien es visible en la potente obra
de sor Juan Inés de la Cruz. Esfera entonces de lo oculto que era, por otra parte, el objeto
también de muchos de los tratados de demonología, como se pone en evidencia en
Francisco Torreblanca cuya demonología lleva en el subtítulo la acuñación “magia de la
intervención Oculta o Escondida”138. En efecto, se trata del desarrollo que en el seno del
paradigma escolástico de conocimiento del mundo reciben lo que se denominan las
“propiedades secretas” y las “virtudes ocultas”, de cuya causa nada puede saberse , y a las
cuales sólo se las conoce por sus efectos. De este modo, ciertas maravillas se ponían al
abrigo de la ciencia materialista, como dictaminaba tempranamente Pedro Mexía:
le opone, con la intención última de alzarse como conductor exclusivo de la opinión. Véanse a estos
propósitos las consideraciones de CHARTIER, Roger. Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII .
Barcelona: Gedisa, 1995.
136 Pues, en efecto, aquí se acuna y se forja la idea de la naturaleza como “teatro”, como disposición ilusoria, o
lugar donde lo invisible se muestra en cuanto que visible. Para afinar y precisar este concepto de mundi theatro
elaborado por dos tradiciones distintas cuales son la reformada y nórdica y la católica meridional, véase
BLAIR, Ann. The Theatre of Nature: Jean Bodin and Renaissance Science . Princenton University Press, 1997, y, en el
mismo sentido, también CAVAILLÉ, Jean-Pierre. Descartes. La fable du monde . París: Vrin, 1991.
137 De esta manera la “espectografía” se constituye en una exploración del lado de sombra y en abierto
combate con la racionalidad occidental. Véase sobre ello, DIÉGUEZ, El mito racional de Occidente , 1997, y
AGAMBEN, Giorgio. La palabra y el fantasma . Valencia: Pretextos, 2000, y para las consecuencias de ello en el
plano de la estética de la posmodernidad, ROMERO, Pedro G. El fantasma y el esqueleto. Vitoria: Diputación
Foral de Álava, 2000.
138 TORREBLANCA Y VILLALPANDO, Francisco. Demonología o de la magia natural, demoniaca, ilícita y lícita de
la intervención Oculta o Escondida y de la invocación de los demonios. Maguncia: Theowald Schonwetceri, 1623.
94
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Pero ay otras propiedades y virtudes en las cosas que se llaman ocultas y maravillosas ,
porque no se sabe de dónde les vengan ni entienden la causa ni razón139.
En efecto,
átomos, objetos
porque materiales
escapan que hasta
con mucho a laahora
visiónse humana,
habían clasificado entre tan
se presentaban los
claramente a los ojos del observador que hasta cuando personas totalmente
inexpertas miraban cosas que nunca habían visto se quejaban al principio de que no
veían nada, pero luego gritaban que percibían objetos maravillosos con sus ojos141.
95
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143 Véase el ambiente “mágico” del que se rodea este monarca en REY BUENO, Mar. El hechizado. Medicina,
alquimia y superstición en la Corte de Carlos II . Zaragoza: Corona Borealis, 1998.
144 Que, en efecto, se abrirá en la década de los ochenta. Cf. PÉREZ MAGALLÓN, Jesús. Construyendo la
modernidad: la cultura española en el Tiempo de los novatores (1675–1725). Madrid: CSIC, 2002.
145 Para el análisis de las especulaciones a que había llegado esta escatología, véase MARTÍNEZ ARANCÓN,
Ana. Geografía de la eternidad . Madrid: Tecnos, 1987. El afianzamiento de lo sobrenatural en el XVIII hispano
es también una peculiaridad de este universo cultural, explorado ahora por CANTERLA, Cinta. El cielo y el
infierno en el imaginario español del siglo XVIII. En Cuadernos Dieciochistas , 5 (2004), 75–95.
146 Que ha sido explorada por Horacio CAPEL, en un libro homónimo, La física sagrada (Barcelona: Del
Serbal, 1985).
147 Utilizo aquí categorías que ha puesto en circulación Pilar ALONSO PALOMAR ( De un universo encantado a
un universo reencantado. Valladolid: Grammalea., 1994).
96
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
ostenta una gran presencia cultural, y al que debemos separar del resto de las categorías de
vida fantástica conocidas: el duende148.
Desde el mundo hispánico, prisionero de las antiguas conceptualizaciones y, en
general, obstinadamente, precopernicano, la iniciativa en el conocimiento simple y desnudo
del mundo se había definitivamente reprimido además por un esfuerzo punitivo
encomendado a ciertos
ortodoxias seculares. cuerposbalance
Cualquier entrenados en pueda
que se sujetarestablecer
la sociedad
en aeste
suscampo
fidelidades
resultay
desolador. Fuera de algunas contadas personalidades, en toda la amplitud del Imperio no se
había creado –de nuevo hablamos de esos años de 1670– ningún centro, instituto, o
movimiento de pensamiento que promoviera el desarrollo experimental y científico de las
ciencias que se ocupan de la estructura y composición de la naturaleza. Con la universidad
enteramente capturada en la apretada malla aristotélica, las academias hispanas no
ofrecieron ni propiciaron el giro científico que, en cambio, sí protagonizaron instituciones
que fueron centrales para el desarrollo del pensamiento moderno, como la Real Society de
Londres o los círculos cartesianos de París. Ni la física, ni la astronomía, ni la botánica o
mineralogía, ni la misma medicina habría comenzado todavía por entonces, a la altura de
los años eninexcusables
principios los que eny España escribe
las nuevas Fuentelapeña,
metodologías su desarrollo
que para bajo una
ello proponía los nuevos
ciencia
racional teorizada 50 años atrás por Bacon y, en ese momento, ya en pleno desarrollo
práctico merced a las aplicaciones de científicos epocales como Newton149.
Con una física insolvente para conocer la estructura material del mundo natural y
con una teología deseosa de objetivar lo ultraterreno (y dogmática además para con
cualesquiera desviación), las posibilidades de progresar en la estructura del conocimiento
150
quedaban
sino en elenteramente confiadas
propio lenguaje, en sual ingenio y ladeargucia, y
capacidad fabular onoinventar,
podían quedar depositadas
deduciéndolos, los
principios de un nuevo mundo, conexo al natural (mundo natural que, entretanto, se había
convertido en el único reino digno de ser explorado por las disciplinas científicas), lo que,
al cabo, significa reservarse todo un amplio espacio de conocimiento y de especulación
filosófica, que es justamente la tarea que emprende el capuchino. En más breves palabras,
se trata de la aplicación casuística, el método escolástico, para penetrar en la realidad del
mundo (y del ultramundo). Casuística, la de Fuentelapeña, que, en efecto, puede ser
definida como el arte de aplicar las leyes generales de una disciplina a un hecho real o
supuesto. De ahí sale toda la arquitectura narratológica que despliega el autor del Ente , con
el objeto de que a través de su análisis o disección quede en evidencia la propia “necesidad”
151
de la existencia de un mundo preternatural .
148 Una teoría inaugural del duende en el espacio de la cultura aurisecular se encontrará en CARO BAROJA,
Julio. Los duendes en la literatura clásica española. En Algunos mitos españoles . Madrid: Ediciones del Centro,
1974, 145–181.
149 Véase el estado general que presentan en el Imperio hispánico estos saberes en LÓPEZ PIÑERO, José
María. Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII . Barcelona: Labor, 1979.
150 Ingenio, capacidad inventiva y fantástica y capacidad de crear conceptos o relaciones analógicas entre
realidades ajenas, cuyas bases para el mundo hispánico de la edad de oro han sido sentadas por Emilio
HIDALGO-SERNA ( El pensamiento ingenioso en Baltasar Gracián . Barcelona: Antrophos, 1993) y Mercedes
BLANCO ( Les Rhétoriques de la Pointe. Baltasar Gracián et le Conceptisme en Europe . París: Librarie Honoré
Champion,
151 Sobre la 1992).
casuística del XVII, véase FERNÁNDEZ CANO, Antonio. La casuística: un ensayo histórico-
metodológico en busca de los fundamentos del estudio de caso. En Arbor CLXXI, 675 (2002), 489-511.
97
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152 Algo que, propiamente, constituye por otra parte una línea perdida en el despliegue de la Ilustración, y que
tiene en figuras como Crebillon los cultores de este mundo preternatural habitado por hadas, duendes y silfos.
Véase ahora el prólogo de Carmen RAMÍREZ (en Crebillon, Le Sylph, en Oeuvres Completes . I. París: Classiques
Garnier, 1999). Sobre el hada y su fortuna en las letras románticas hispanas, véase R. DE LA FLOR, La pipa
de Gustavo Adolfo Bécquer y la poética de la desmaterialización femenina. En El Gnomo. 2 (1993), 27–40.
153 Para analizar de qué manera del magma demonológico–preternatural se origina al cabo el género de la
literatura fantástica, pero aplicado al caso francés: CLOSSON, Marianne. L´imaginaire démoniaque en France.
1550–1650. Genèse de la littérature fantastique . Ginebra: Droz, 2000.
154 Cf. CLERY, Edmund. The Rise of Supernatural Fiction 1762–1800. Cambridge: Cambridge University Press,
1998.
155 En efecto, la aparición espectral, la visibilidad de lo sobrenatural se incrementa paulatinamente a lo largo
del siglo, y es teorizada tempranamente en él. Por ejemplo, a través de la obra de Pierre Le Loyer ( Discours et
histories des spectres, visions et apparitions des espirits, anges, demons, et ames, se monstrans visibles aux hommes . París: N.
Buon, 1605). Más cercano todavía al texto de Fuentelapeña se encuentra el tratado de GROSIUS, Henningus.
Magica de spectris et apparitionibus spiritum . Lyon: Franciscus Hackium, 1656.
156 Molinos y su filosofía son los enemigos identificados del pensamiento capuchino y en general
franciscanista, y contra esta disidencia se alzó en su día el provincial y amigo de Fuentelapeña, Martín de
TORRECILLA ( Consultas, apologías, alegatos, questiones y varios tratados morales, y confutación de las más y más
principales proposiciones del impío heresiarca Molinos . Madrid: Mateo de Llanos, 1694). Para la importancia de ese
quietismo en las década finales del siglo XVII, véase KOLAKOWSKI, Leszek. Cristianos sin Iglesia. La
conciencia religiosa y el vínculo confesional en el siglo XVII . Madrid: Taurus, 1982.
98
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años, el capuchino amplía los límites de lo real con el deseo también de quitarle fuerza a los
argumentos puramente teofánicos e interiorizadores que comenzaban ya a estar por
entonces proscritos por el pensamiento científico-moderno, y que en el caso concreto de lo
demonológico habían generando ya una suerte de espectacular “retórica de lo satánico”157.
Se trata, en cierto modo, como veremos, de restarle peso a una sobresaturada dimensión
sobrenatural,
más propiamentepara pasar
de losus fenómenos numinosos
preternatural. En efecto, alellado de la prueba
tratado naturaleza
a loo, largo
en estedecaso,
los
parágrafos 552 al 561 que los duendes no son demonios, sino que, muy al contrartio, son
“vivientes y sensitivos” ( & 580). Puede decirse que al descargar de muchos de sus efectos el
universo solipsista del sicologismo y del mentalismo sobrenaturalista, el mundo, lo real-real
cobraba una mayor potencia de existencia. El Ente dilucidado se sitúa así como la obra
maestra de una concepción verista del mundo, opuesta, por tanto, a las consideraciones
nihilificadoras que en otros sectores del catolicismo hispano se estaban imponiendo. Para
Fuentelapeña, en efecto, la vida no es sueño, sino que es el despliegue imponente de unas
formas que atestiguan la fuerza creativa y poética de una divinidad inventora.
El duende no cabe duda, es criatura terricular, creación en el mundo sublunar, y no
158
emisario
aserción de ni matiz
conector de espacios
iluminista, de radicalllega
el capuchino diferencia
a decir: ontológica
“En buena .filosofía
En lo queno sees debe
una
159
recurrir a milagro sin necesidad” . Fuentelapeña abre su exploración, pues, en un territorio
poco transitado y, en cierto modo, se diría que da intencionadamente la espalda, no sólo a
lo demonológico, específicamente160, sino, incluso, a un sobresaturado espacio
angeleológico, que produce en esos años obras contundentes como la de Sánchez, Las siete
alas del serafín (1679) Jesús y Rocaberti, Tratado de los ángeles (1683), Salduendo, Los siete ángeles
del Apocalipsis (1695); Serrano, Feliz memoria de los Siete príncipes de los Ángeles (1699) o que, un
poco antes, había generado cosmogonías celestes como la de Blasco Lanuza (1652)161. Se
diría que hay en Fuentelapeña una intención de escapar al ámbito formalizado de la visión
de los seres ultraterranos desarrollada por los clérigos (que piensan siempre en categorías
sobrenaturales),
la paradoxografíay clásica
ello para disolverse
. Lo en la línea
cual finalmente no folklórica e, incluso,
es sino imponer una entrar
últimaen el campo
visión de
clerical,
más amplía ahora, sobre un mundo desregularizado al que se coloniza por el poderoso
instrumento de una lógica escolástica que pone orden en una materia no procesada según
parámetros logicistas y dialécticos.
En todo caso, eso no es todo, pues podemos entender como un objetivo
subsidiario del principal que se da Fuentelapeña: el de socavar el espacio demonológico, a
base de predicar para algunos de sus fenómenos un carácter sorprendentemente benéfico,
positivo y regulador dentro del mundo del hombre 162. Las cargas trágicas de la cultura
157 Sobre la misma, véase MAGGI, Armando. Satan´s Rhetoric: A study of Renaissance Demonology . Chicago
University Press, 2001. La presencia del diablo dentro de las representaciones de masas, convertidas en
proverbiales topoi de la construcción teatral han sido analizadas por GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Luis. The
Physical and Rhetorical Spectacle of the Devil in the Spanish Golden Age comedia . Londres: Queen Mary and Westfield
College, 1998.
158 Y aquí hay que apuntar la diferencia entre “trasgo” y “duende” que explora Covarrubias en su Tesoro, dado
que para este el trasgo es “el espíritu malo que toma alguna figura o humana o la de algún bruto, como es el
cabrón”.
159 El ente dilucidado, 1496.
160 De modo que la obra de Fuentelapeña no entraría, al menos voluntariamente, en el espacio conceptual
acuñado por François DELPECH para su objeto: la infrademonología (En torno al Diablo cojuelo:
demonología y folklore. En Tausiet, María; Amelang, James (eds.). El diablo en la Edad Moderna . Madrid:
Marcial Pons, 99-131.
161 Sobre toda esta angeleología y su presencia exacerbada en el mundo colonial, véase MÚJICA PINILLA,
Ramón. Ángeles
162 De este modo, apócrifos en la América virreinal. Lima: F.C.E., 1996.
y a través de este particular tratado, podemos con todo negar o matizar para el espacio de
lo invisible y mágico el título programático del capítulo de Jules MICHELET, “triunfa Satanás en el siglo
99
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XVII” ( La bruja . Barcelona: Labor, 1984, 249-257), e, igualmente, someter a cautela o a matiz la observación
de CARO BAROJA: “no cabe duda de que en el siglo XVII hubo una verdadera obsesión por la presencia
física del Demonio en el mundo” ( Magia y brujería , 96). También se producen intentos –como el que alienta en
el Ente – por, diríamos, “desdemonizar” el mundo.
163 Ello coincide con una “caída” del senequismo, expresamente combatido por el pensamiento preiluminista.
Véase, por ejemplo, METTRIE, Julien Offray de la. Discurso sobre la felicidad . Buenos Aires: El Cuenco de
Plata, 2005.
164 Véase, por ejemplo, REY BUENO, El hechizado, 1998.
165 Al que puede leerse en la edición de Blanca Periñán (VÉLEZ DE GUEVARA, Luis. El diablo Cojuelo.
Barcelona: Crítica, 1999), y sobre cuya construcción pactada entre lo teológico y lo folklórico debe verse a
DELPECH (En torno al Diablo cojuelo, 99-131).
166 Modos de acción en el mundo que se alejan de la reglamentación tomista sobre el asunto, y que han sido
revisados por TONQUEDEC, Joseph de. Some aspects of Satan´s activity in this world. En Etudes
carmelitaines. 27 (1998), 38–44.
167 Sobre las que debe verse ÁLVAREZ BARRIENTOS, Joaquín. Apariencia y realidad en la comedia de
magia dieciochesca. En F.J. Blasco et alt. La comedia de magia y de santos. Madrid: Ediciones Júcar, 1992.
168 Sobre la superstición, véase CHAMPAGNE, Ferdinand. Homo catholicus, homo supertitiosus: el discurso
antisupersticioso en la España de los siglos XV al XVIII. Buenos Aires: Universidad, 2002.
169 Término cuya primera utilización en castellano es de Nebrija, y que el Diccionario de Autoridades define como
“demonio casero, que de ordinario inquieta las casas particularmente de noche”, pues, en efecto, “trasgo”
parece provenir de “trasgreer” (“hacer travesuras”).
170 Como dice CIRUELO, Pedro. Reprovación de las supersticiones y hechicerías . Salamanca: Pedro de Castro, 1538,
114.
100
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
no comparte espacio con lo súcubo o lo íncubo, eminente servidor del diablo, tampoco lo
hace con el “energúmeno”, o cuerpo que encarna el mal y lo transporta haciéndose objeto
de una posesión irracional y furiosa171. Lo invisible comienza a quedar liberado así de lo
absolutamente maléfico, y se presenta como un reino rescatado, o, por mejor decir, un
mundo salvado de la posesión demoníaca que fue el gran tema epocal y la obsesión mayor
de los barrocos:
lo visible la de
a través de que un principio
172
la posesión . Ello,negativo invisible
sin duda anuncia(elyademonio)
un ciertopudiera encarnar
ocaso de Satán, en
un
173
crepúsculo posbarroco de su presencia estructural en la cultura .
El duende, travieso habitante del aire, confirma aquí una proyección que se
extenderá en el tiempo hacia delante174. Tornándose teóricamente en un ser ancilar y
aniñado, cuyo estatuto está próximo ontológicamente al del “daimón familiar” del
neoplatonismo175, ingresa así en una constelación favorable, constituyendo en ella lo que
Vico denominaba un “universali fantastici”. Este ente refuerza una cierta vena humorística
y grotesca por la que ciertas visiones del propio diablo también comienzan a deslizarse,
apuntando de este modo a una actitud de burla y risa para con todo este espacio (sobre y
preternatural) que será en cierto modo la actitud propia de la Ilustración 176, prenunciado de
algún modo
duendes, por la observación
los espiritados, de Torres
y sus relaciones, Villarroel:
historias “Lasmebrujas,
y chistes, lasme
arrullan, hechiceras,
entretienenlosy
177
me sacan al semblante una burlona risa” . Todo ello adquiriere un perfil y una autonomía
propia que el tiempo irá confirmando frente a otros más inquietantes usufructuarios del
171 Sobre estos íncubos y súcubos, véase KONING, Frederick. Íncubos y súcubos. El diablo y el sexo. Barcelona:
Plaza y Janés, 1977.
172 OESTERREICH, T.K. Posesión: demonical and other among primitive races in Antiquity, the Middle Ages and Modern
Times . Nueva York: University Books, 1966; MAIR, Louis. Witchcraft, Spirit Posesión and Heresy. En
Folklore. 91 (1980), 228-238, y, últimamente, FIORE, Edith. La posesión . Madrid: Edaf, 1988. En el espacio
hispano abordó la cuestión Gaspar NAVARRO en 1631 ( Tribunal de la superstición ladina . M.J. Zamora Clavo
(ed.). Zaragoza: Larrumbe, en prensa). Véase ahora la edición de este tratado de María Jesús Zamora Calvo.
El tema en su conjunto ha sido revisado por APARICIO MAYDEU, Javier. Notas sobre magia y herejía en el
José de las mujeres . Calderón tienta al demonio. En Nueva Revista de Filología Hispánica. XLII/2 (1994), 587-596.
173 Véase BARBANO, Ferdinand (ed.). L´Autunno del diavolo. Milán: Bompiani, 1990. La posesión o
encarnación en otros cuerpos de principios anímicos extraños sigue en la cultura hispana del “siglo
pitagórico” una deriva que hace entrar este gran tema demonológico en la órbita particular del género satírico
y costumbrista. Como sucede abiertamente en el texto de Antonio ENRÍQUEZ ( El siglo pitagórico y vida de don
Gregorio Guadaña . T. De Santos (ed.). Madrid: Cátedra, 1991).
174 Y cuyas ramificaciones y derivas en el pasado, obviamente, aquí no exploramos, pero que el lector podrá
encontrar en esta misma edición en el texto de J.M. Pedrosa. Para una emergencia “benéfica” de los duendes
en el libro emblema de la cultura barroca española, véase LAYNA RANZ, Francisco. De tesoros, duendes y
moriscos. A propósito del Quijote. En AAVV. Dejar hablar a los textos. Homenaje a Francisco Márquez Villanueva .
Sevilla: Universidad, 2005, 1125-1137.
175 La presencia de estos daimones crece en el espacio teológico con la construcción teórica del Ángel de la
Guarda, uno de cuyos más sólidos tratados aparece en Zaragoza en 1637, obra de Franciso BLASCO
LANUZA ( Beneficios del glorioso Ángel de nuestra guarda y efectos del govierno de Dios invisible. Zaragoza: Diego
Dorner, 1637).
176 Sobre risa e Ilustración véanse las consideraciones de SÁNCHEZ BLANCO, Francisco. Europa y el
pensamiento español del siglo XVIII . Madrid: Alianza, 1992. El “humorismo infernal” conoce textos significativos,
a parte de los propiamente quevedescos, y tiene una larga y significativa genealogía explorada en su momento
por Julio CARO BAROJA (Infierno y humorismo. En Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. 22 (1966),
26-40) y Máxime CHEVALIER (¿Diablo o pobre diablo? Sobre una representación tradicional del demonio
en el Siglo de Oro. En Cuento tradicional, cultura, literatura. Siglos XVI–XIX . Salamanca: Universidad, 1999, 81-
86). En definitiva, el “duende” y el fantasma se deslizan hacia un territorio burlesco, como evidencia el
manuscrito de la plena Ilustración titulado “El duende de las Trinitarias Descalzas con las bodas de
Camacho”, sacado a la luz recientemente por Aurora EGIDO (Aldonza en el convento y Cervantes
resucitado (de los desafíos teresianos a “El duende delas Trinitarias, 1784). En AAVV. El Quijote en colecciones
aragonesas . Zaragoza: Universidad, 2005).
177 TORRES VILLARROEL, Diego de. Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras . Madrid: Castalia, 1972,
105–106.
101
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
178 No podemos dudar que aquí se pone en pie también una operación de un cierto desvirtuamiento de la
esfera de la mágica que empieza su carrera de desprestigio científico y popular que culminará en la obra de
Feijoo. Véase CARO BAROJA, Infierno y humorismo, 26-40.
179 La existencia del duende y la proliferación de los mismos invade lo real social y llega a intervenir en los
procesos de venta y alquiler de casas, como se constata en una observación costumbrista en los preliminares
del Ente : “Los jurisconsultos están fijos en esto, de donde se ha experimentado que las casas que padecen
estos inconvenientes [habitados por trasgos] se desalquilan jurídicamente siempre a favor de los inquilinos
(Aprobación. En El ente dilucidado ). Y, como, mas tarde, queda reafirmado en el tratado: “Porque estando en
concepto de que los dichos [duendes] son animales, y no diablos o cosas de la otra vida no se desacreditarán
tanto las casas que los tienen, pues sin comparación causará mayor descrédito a la casa el concebir que anda
en ella un demonio, o una cosa de la otra vida, que el concebir anda en ella un animalejo, que aunque invisible
no hace daño ( El ente dilucidado, 598). Esta dimensión “económica” de lo duende, la ratificará, a la distancia de
los años Torres y Villarroel, cuando en su Anatomía , y refiriéndose al episodio de los duendes de la casa de la
Condesa de Arcos, oculta la localización de la casa escribiendo: “No nombro la casa por que no pierda el
dueño sus alquileres” (TORRES VILLARROEL, Anatomía de todo lo visble y lo invisible , 1738, 203–204).
180 FELDHAY, Richard. Knowledge and Salvation in Jesuit Culture. En Science in Context. 1 (1987), 195-213.
En particular, sobre el jesuita Kircher y la integración ciencia religión que realiza, véase GORMAN, Michael.
Between the Demonic and the Miraculous: Athanasius Kircher and the Baroque Culture of Machines.
[Disponible en http://www.standford.edu/group/shl/Eyes/machines]. De modo más general puede
consultarse O´MALLEY, Joseph (ed). The Jesuits: Cultures, Sciences and the Arts. 1540–1773. Toronto:
University, 1999.
181 Ello en todos los planos y disciplinas del saber, donde desarrollan su actividad, como ejemplifica la famosa
gramática de Agustín Zamora.
182 Madrid, 1701. Véase también con este mismo tono apologético su Regla de la Orden Tercera elucidada
(Madrid: Mateo de la Bastida, 1672). Esta actividad de los escritores para mantener el prestigio intelectual de
los capuchinos cuaja en una nota de 1706 donde se constata que “es no poco ponderable que a más de
sesenta años que de esta sola Provincia de Castilla [de la que fue provincial Fuentelapeña] jamás han faltado
dos o tres que estén escribiendo e imprimiendo” ( Epítome historial de la conquista espiritual del imperio Abyssinio en
Etiopía la Alta por los misioneros capuchinos . Madrid, 1706. Citado por GUSENDOS, Teófilo. Antonio de
102
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Fuentelapeña, un curioso escritor capuchino del siglo XVII. En Collectánea Franciscana , 55/3-4 (1985), 61). En
todo caso, la obra de Fuentelapeña, lo mismo que el resto de sus tratados, constituyen un testimonio más del
intento capuchino –y, en general, franciscano– para la fundación de una escuela filosófica nutrida por la
teología del “Doctor Seráfico”, san Buenaventura, algo que precisamente por aquellos mismos años del
Setecientos se resumía en la publicación de tratados como el del Cursus Philosophici ad mentem Sancti Bonaventurae
Seraphici Doctoris (Lyon, 1677), de Barbieri da Castelvetro. Sobre este importante capuchino coetáneo de
Fuentelapeña, véase MAGGIOLI, Andrea; MARANESI, Pietro (eds). Bartolomeo Barbieri da castelvetro. Un
cappucino alla scuola di San Bonaventura . Roma: Istituto Storico dei Cappuccini, 1998.
183 La anécdota de que los propios capuchinos hubieran reaccionado, tratando de destruir los ejemplares del
Ente dilucidado, bien podría resultar falsa o exagerada. La única referencia de la misma se encuentra en Palau
(entrada 95.362), pero se ofrece sin mencionar fuente o evidencia de su realidad.
184 Se equivocaba, entonces, el bibliófilo Salvá, cuando sitúa a Fuentelapeña a contracorriente o en oposición
a las estrategias discursivas de su propia Orden: “Parece imposible –escribe Salvá– el que un padre capuchino
sea el autor de esta obra llena de los absurdos más monstruosos, de las vulgaridades más necias, y hasta de las
indecencias más soeces” (SALVÁ Y MALLÉN, Pedro. Catálogo de la biblioteca de Salvá . Barcelona: Suñol, 1963,
85).
185 Nutriéndose evidentemente de fuentes neoplatónicas que previamente habían desarrollado al existencia de
estos “daimones” (véase WALKER, Dan. Spiritual and Demonic Magic from Ficino to Campanella . Londres:
University, 1958), pero sin que en ello se lleguen a cumplir las propias cualidades de estos seres teóricos, cuya
principal característica, que Fuentelapeña no utiliza, es la de que rompen las categorías ontológicas y
cosmológicas, desplazándose de un modo vertical y llegando a conectar, entonces, lo alto con lo bajo.
186 Para la crítica de Feijoo a Fuentelapeña, véase FEIJOO, Benito Jerónimo. Duendes y espíritus familiares.
En Teatro crítico Universal . Madrid, 1729, III, disc. 4º.
187 Algún otro capuchino incursionó también en el dominio de lo espectral y fantasmático, pero desprovisto
del aparataje de la ciencia tomista, que sí tenía Fuentelapeña, y, muy avanzados ya los tiempos de una nueva
ilustración, incurrió en el descrédito y en la burla, ello en el seno de la sociedad carlotercista hispana. Como el
padre Francisco de los Arcos, en sus Conversaciones instructivas entre el Padre fray Bertoldo, capuchino, y don Terencio,
en las cuales se tratan varios y muy diversos asuntos, los quales pueden servir de recreo y de instrucción a quantos leyeren.
(Pamplona, 1786).
188 GRACIÁN, Baltasar. El Criticón . Santos Alonso (ed.). Madrid: Cátedra, 1993, 721.
189 Se sitúa así en un área fronteriza y periférica donde encuentra un campo de actuación que ha sido evaluado
a otros propósitos por TIRYAKIAN, Eduard (ed). On the Margin of the Visible. Sociology the Esoteric and the
Occult . Nueva York: John Wiley and Soons, 1974.
103
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
un tratado sobre sueños190, afianzando así sobre las bases de nuevos territorios
especulativos la posición doctrinal de una Orden, con todo muy singular y desde luego con
gran presencia en estos finales del siglo XVII.
Llevado por el afán de fortificar la supuesta capacidad divina para generar mundos
incomprensibles y someter al hombre a un proceso de admiración por su trabajo, que
comenzaba a pensarse como
moderna, Fuentelapeña uniformemente
orienta su tratado enmecanizado por explícita
esta dirección las leyes la
de de:
la teoría
“dar afísica
los
ingenios motivos nuevos de admirar el inescrutable poder divino en el nuevo género de
criaturas que, sacadas a la luz de lo oscuro de su invisibilidad, hacen brillar y campear más
la Soberana mano”191. “Soberana mano” que, al decir del predicador Vieira, actúa bajo
“altos e incompreensíveis razôes”, manifestando en todo momento, frente a los
representantes de la razón cartesiana, “quâo profundo e o abismo dos seus juízos” 192, y
justificando también la centralidad del prodigio en el plan divino, según un aserto que
leemos en el prólogo: “En fin nada sale a la luz monstruosa, que no sea una luz de aquella
altísima Providencia”193 Se trata pues de una ampliación del marco mismo de lo real
existente. La reapertura de un archivo, en buena medida ya clausurado desde los tiempos en
194
que Paracelso
consciente lo efectos
de los había ensanchado de modo
sobre la atención espectacular
pública que puede, yfascina al capuchino,
debe tener cualquier
195
suplemento que pueda ser añadido al corpus de lo que existe , y de los méritos específicos
que en la España del XVII arrastra el culto de la “novedad ingeniosa”. Los animales
fabulosos, objeto de registro sobre todo en el Renacimiento, experimentan un crecimiento
exponencial al percibir un Fuentelapeña que lo más admirable de lo físico es, propiamente
pensado, el alcanzar la invisibilidad la calidad “duendina”, por excelencia que hace a este
ente el más singular y extraño entre los seres. De reducción en reducción, en el Ente se
aboga no tanto por una física de lo nimio, de lo microscópico, sino más bien una poética de
lo diminuto y una estética de la desmaterialización del mundo, de ahí también los
numerosos pasajes del Ente dedicados a los prodigios naturales de lo pequeño, recordando
los tratados clásicos
transparentes sobrelumínicos
sin fisfenos las moscas, los ácaros,
y que el atomismo
se revelan y, finalmente,
como “animales que no los cuerpos
inmutan la
potencia visiva” (sección II). Animales estos, según Fuentelapeña, no totalmente invisibles
sino “invisibles secundum quid”: es decir, invisibles sólo para el hombre.
Que el resultado más aparente de su esfuerzo mayor –aquél que acomete con El ente
dilucidado – no haya podido al cabo inscribirse como una referencia de esa cultura universal,
responde menos a la entidad de la misma obra, que al hecho cierto de que fue enteramente
arrastrada por la decadencia general y la derrota universal de una hermenéutica incapaz de
acompasarse a las exigencias de un progreso fundado en la estructura de la realidad
material, y no ya en las entelequias y bizarrías de los lenguajes conceptuosos y enteramente
simbólicos196. A éstos, sin embargo, confía Fuentelapeña toda la capacidad inquisitiva de su
190 El tratado de fray Nanclares de Roca bajo seudónimo, se conserva en Biblioteca Pública de Zamora.
191 El ente dilucidado, prólogo.
192 Sermâo de San Antonio aos peixes . Cit. por JORGE, Carlos. A razâo da naturaleza e a naturaleza da razâo. En
Diana (Évora), 1-2 (2001), 108.
193 El ente dilucidado, prólogo.
194 PARACELSO. Libro de las ninfas . Barcelona: Edaf, 1991. La editio princeps es de 1566 y su subtítulo Et de
caeteris spiritibus .
195 Empero, el gusto por la polémica y la confrontación crítica ya se había instalado en estas fechas tempranas
en el seno de la sociedad intelectual hispana en camino de su momento novator . Fuentelapeña recibe en breve
una explícita desautorización de sus teorías de manos de un extravagante autor como es Andrés DÁVILA Y
HEREDIA en Responde D. Andrés Dávila Y Heredia al libro del Ente dilucidado (Valencia: Villagrassa, 1678).
Noticias sobre este polemista contra Fuentelapeña en LÓPEZ PIÑERO, Ciencia y técnica en la sociedad española ,
395.
196 Para estudiar los excesos de los lenguajes conceptistas que incrementan su apuesta a fines del siglo XVII,
véase mi estudio dedicado al fenómeno y planteado a través de la obra de hagiografía simbólica de Pueyo y
104
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Extravagantes vasallos
Abadía, un agustino que sitúa también su producción intelectual en el último tercio del siglo XVII: R. DE LA
FLOR, La península metafísica , 1999.
197 Y, por tanto, referido al mundo premoderno y a una episteme arcaica, según el conocido análisis practicado
por FOUCAULT ( Las palabras y las cosas . México: Siglo XXI, 1968), que se abre precisamente con una
reflexión sobre El Quijote.
198 El ente dilucidado, prólogo.
199 Véase HUTCHISON, Kenneth. What Happened to Occult Qualities in the Scientific Revolution?. En Isis ,
73 (1982), 233–253.
200 Han vuelto recientemente a la cuestión Fernando PÉREZ HERRANZ y José Miguel SANTACREU
SOLAR (La cuestión de España a las puertas del siglo XXI. En Anales de Historia Contemporánea . 16 (2000),
173–197.
201 DEL RÍO, Martín. Disquisitionum Magicarum . Lovaina: Gerardi Rivii, 1599. Hay traducción parcial en
edición
202 DELde J. Moya ( La magia demoniaca . Madrid: Hiperión, 1991).
RÍO, RÍO, Disquisitionum Magicarum , 441.
203 ALVA Y ASTORGA, Pedro. Naturae prodigium. Gratiae portentum . Madrid: Julián de Paredes, 1651.
105
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cultura escrita, y, cuando éstos fallan, de las manifestaciones folclóricas o transmitidas por
informaciones y documentos, reconstruidos en su existencia por el ejercicio mental de
suponerlos existentes, desplazando toda la arquitectura teológica que había servido con
anterioridad para formar la idea de un sobrenatural, ahora puesta en servicio de la idea de
los seres invisibles, los “extravagantes vasallos” creados también por aquel dios, infatigable
en la producción
favor del asombro
de estructuras y demitopoéticas,
persuasivas endatum
la maravilla. El científico,
historias la prueba,
recibidas cede aquídea
cuyo examen
veracidad no se realiza, resultando carentes entonces de evidentia , muestra sólo de lo posible
especulativo, “opinione probabili”, como se le denomina en el Ente a este arazonamiento
por hipótesis. Guiado por la intención de provocar el muy barroco assombro, el capuchino
descubre el mundo preternatural, en cuanto reservorio infinito de argumentos en pro de un
misterioso proceder divino.
Para aproximar conceptualmente su objeto –la invisibilidad de una parte importante
de lo existente, y la evidencia paralela de que lo anómalo sobreabunda en el reino material–,
Fuentelapeña tiene que fortificar la idea barroca de excepción y ampararse bajo el concepto
de suspensión y puesta en paréntesis de todas las reglas por las que se conduce el mundo,
tal y comole lo
tradicional experimentan
provee de comúnpreciosa
de una información los seres
sobrehumanos.
un mundoAquí
otro,laconstituido
paradoxografía
en la
perspectiva desviada de una primera naturaleza serena y sometida a leyes. Resulta también
evidente que tiene que dotar a su intuición de una maquinaria discursiva y logicista
suficientemente entrenada, y para la cual la referencia metafísica sea central, pues, al cabo,
se trata también de enfrentarse a los juegos de demostración cartesianos de fenómenos
asombrosos, que se estaba poniendo en boga en toda Europa, y que actúan también
sacando lo invisible a la luz pública, esta vez con la intención de “naturalizar” lo existente
sin recurrir a una explicación de tipo sobrenatural o religiosa 204. O, por decirlo de otro
modo, la exhibición científica hace recaer el asombro en la naturaleza indagadora del ser
humano, mientras la preternaturalidad teológica muestra los “milagros divinos y el secreto y
audacia
boga endela sus operaciones
España mistagógicas.
de los siglos Ello Me
XVI y XVII. conecta cona un
refiero los género quecontenidos
prodigios se mantendrá en
en las
relaciones de sucesos, que proveen a aquellos de un marco legitimador y de un viso de
verdad y realidad, y de los que Fuentelapeña hará generoso uso205.
Las leyes de la naturaleza que los “filósofos exteriores” e incrédulos estaban
descubriendo allende los Pirineos, no tienen importancia (es más, su suspensión es todavía
más maravillosa), porque el mundo vive, sobre todo, dirá el capuchino, de la
excepcionalidad; vale decir de la capacidad divina por ese continuo burlar o amplificar
aquello que el hombre cree asentado definitivamente y válido en toda época y lugar. El
tratado de Fuentelapeña desarrolla pues esta teoría de una naturaleza profundamente
anómala y relativista e insólita que no se respeta a sí misma, que se deforma y enmascara
haciendo imposible
debemos pensar, descubrir
imantó el designio
el trabajo verdadero
epeculativo que naturalistas
de muchos la forma. Cuestión esta que,
no experimentales,
206
como Rivilla Bonet que produce, en 1695, sus Desvíos de la naturaleza . Naturaleza entonces
que, velándose tan desconcertadamente, templa aún más el ánimo escéptico de los
pirronistas cristianos, de aquellos que apuestan por una incognoscibilidad final del Todo 207.
204 Cf. GALISON, Peter. Descarte´s Comparisons: From the Invisible to the Visible. En Isis . 75 (1984), 311-
326. Es esta una dimensión de la ciencia barroca materialista que, pese a todo, se nutre también de
valoraciones herméticas y mágicas, como ha demostrado Herbert KNECHT (Le functionnement de la
science baroque: le rationel et le merveilleux. En Baroque. 12 (1987), 53-70.
205 Véase REDONDO, Augustin. Los prodigios en las relaciones de sucesos de los siglos XVI y XVII. En
AAVV. Les relacions du sucesos en Espagne (1500-1750). París: La Sorbonne, 1996, 287-303.
206 RIVILLA Y BONET, José. Desvíos de la naturaleza. O tratado de el origen de los monstruos. Lima:
Imprenta Real, 1695.
207 Véase sobre este tema del escepticismo hispano, R. DE LA FLOR, Prólogo, en Barroco.
106
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moda explorar precisamente a fines del siglo XVII y que alcanza su monumento en la obra de Pierre
VALLEMONT ( La Physique Occulte . París: A. Moetgens, 1693. Se trata de la versión mítica de un “encuentro
con la sombra” (JUNG, Ernst. Encuentro con la sombra . Barcelona: Kairós, 1993).
107
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108
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maravilla221, y que aquí, en Fuentelapeña, acaba por ser un dominio genésico, pues, en
efecto, para el teórico lo duende se engendra “de la corrupción de los vapores gruesos” ( &
592). Ello ha hecho especialmente famoso a Fuentelapeña, pues sus especulaciones abarcan
y circunscriben en todo momento el dominio sobre lo duende del vuelo y la capacidad de
surcar el medio más transparente e inmaterial222, intuyendo aquí una serie de complejidades
de
airela223.física
Algo,deenlatodo
penetración
caso, quedeenloslacuerpos
forma dey latransvectio
propagación de losdesonidos
(o modos a través
operar en del
el medio
aéreo) había sido largamente teorizado en los tratados de demonología, donde se trazaba la
vinculación entre el diablo y la capacidad de un desplazamiento aéreo.
Con estas presuposiciones, Fuentelapeña penetra en el universo encantado de lo
invisible, donde la acumulación de aporías pronto le conducirá a perder el camino seguro
para acabar extraviado, buscando y teorizando la excepción y comportándose como un
“peregrino barroco” cuyos pasos son conducidos por el azar y el deslumbrante brillo de sus
“visiones” caóticas, que se organizan bajo principios estructurales acumulativos y
enciclopédicos, en los que destella todavía la luz del ingenio inextinguible capaz de fabular
mundos, y de ampliar indefinidamente, en detrimento del propio campo de saber racional,
una “maravillosa y divina fábrica del Universo”.
ETIENVRE, Jean Pierre. Les quatre éléments dans les littératures d´Espagne (XVI-XVII siècles ). París:
221 Véase
Presses Universitaires París-Sorbonne, 2004.
222 La subsección VI de su tratado: “Si el hombre puede artificialmente volar” ha merecido los honores de
una edición exenta que pone de relevancia esta paradójica intuición de la técnica por venir en el seno de un
saber puramente especulativo, y en un imperio por entonces en proceso de severa demodernización técnica,
donde las novedades de este orden no eran normalmente procesadas por los discursos, ni acogidas como
parte del debate del progreso material de las civilizaciones.
223 Algo en lo que ya había recalado Caesarius Heisterbachensis, en su Illustrium Miraculorum et Historiarum
Mirabilium (Amberes, 1605). Propiamente, la calidad del cuerpo preternatural del duende lo constituye como
formado de aire, pero no ya del aire caliginoso (caliente y oscuro) del que están hechos los demonios, sino de
un aire “grueso” y corrompido.
109
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
El ente dilucidado es una obra de crisis, en muchos sentidos. Sobre todo, porque se
trata de uno de los últimos intentos sistemáticos que emprendieron los intelectuales que se
resistían a entrar sostenido
voluntariosamente en la modernidad de apuntalar
sobre los pilares de la fe,suante
mundo mágicodesestabilizadores
los avances y sobrenatural,
de la razón y de la ciencia que se dibujaban ya en el horizonte. Un intento de reforzarlo,
paradójicamente, con los instrumentos de la razón, o de lo que se pretendía que era la
razón, si por tal puede entenderse –pues se trataba, en realidad, de una especie de
imaginada razón tomista de raíz medieval– la acumulación de “ pruebas ” y de más “ pruebas ”
como aquellas con las que Fuentelapeña aspiraba a probar justamente los fenómenos más
improbables que pueda haber. El ente dilucidado es, por ello, un inventario, casi un testamento,
con algo también de responso, de un mundo que se estaba yendo. Y acaso, también, un
ejercicio de preparación y de mentalización frente a ese otro mundo que se iba ya viendo
venir. Lo ambicioso de su arquitectura, lo obsesivamente detallado de su análisis, lo
apasionado
recursos, pory respuestas
reivindicativo de sus argumentos,
previamente ensayadas depodrían muy
quien se bien pasar
aprestaba a darpor
unaarmas,
batallapor
de
cuyo final no se sentía del todo seguro.
Intentar caracterizar en páginas breves una obra tan extensa y tan heterogénea sería
incurrir en impossibilia tan atrevidos como los que presuntuosamente quiso dejar resueltos y
probados Fuentelapeña. Intentar siquiera –aunque sea éste un empeño mucho más concreto–
trazar un elenco de los tópicos y de los motivos folclóricos, y un análisis de cómo enlazan
con el densísimo aparato de fuentes librescas, de scriptorium –declaradas o implícitas– del
fraile capuchino, seguiría siendo un empeño muy por encima de nuestras fuerzas actuales.
El ente dilucidado, ahora que conoce por fin una edición digna de las ambiciones que en la
obra puso Fuentelapeña, dará mucho que hablar y que escribir en los próximos tiempos, y
serán muchos
conformar, los con
ahora, análisis y estudios
ajustarnos a un que
guiónemanen
mucho de él. Nosotros
menos ambiciosonos
quetendremos que
el de la propia
obra, y con acercarnos, y muy de pasada, a alguna de sus claves, con la esperanza de que
ello sirva para, por lo menos, obtener alguna idea representativa o extrapolable al conjunto.
Comencemos por una cuestión de lo más significativo. Los duendes son, como
todo el mundo sabe, personajes instalados sobre todo en el imaginario popular, en los
márgenes de la cultura oficial y de la religión institucional. No muestran el currículum
legítimamente abultado del demonio, ni las funciones ejemplarizantes –a veces plenamente
aprovechables para los usos religiosos ortodoxos– que se podía dar a los fantasmas o a las
ánimas en pena. Los duendes son criaturas más variables, más fugaces, menos previsibles.
También menos poderosas, más menudas, y, por tanto, menos inquietantes. Con los
duendes nunca que
antaño. Puede supieron muy bien qué
el considerarlos un hacer los teólogos,
inquietante los filósofos,
hilo suelto su naturalistas
dentro delos de
casi perfecto
110
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Porque assi como en la tierra se crian varios animales por causa de alguna
putrefaccion, lo qual no parece puede negarse, assi tambien puede suceder en el
hombre, que de tal manera se corrompan en el cuerpo los humores, y el alimento,
que se crien semejantes animales, a los que con dichas disposiciones se criarán en la
tierra, o en las lagunas (p. 8).
En definitiva, que hay seres perfectamente capaces de nacer de los tumores y de los
humores de los cuerpos de los hombres, igual que pueden nacer de los vahos, vapores y
pestilencias
ser de clases de
muydesvanes,
diversas,sótanos,
entre lasbasureros
que puedey hallarse,
aguas estancadas.
a no dudar,Ylaque esosduendes.
de los seres pueden
No muchas líneas le llevó al frío, racional y sensato Padre Fray Benito Jerónimo
Feijoo, unas cuantas décadas después –muy poco tiempo en términos de cronología,
mucho en términos de mentalidad–, desmontar la cuidadísima pero tambaleante
construcción argumental de Fuentelapeña y, con él, la de todos sus antecesores. La
refutación, rápida y limpia, del fraile benedictino, se inicia, en tono bien categórico,
metiendo el dedo en la llaga de la dificultad –el no saber qué hacer con– que tenía el
clasificar tales seres: justo lo que había querido dejar resuelto y probado Fuentelapeña:
Pues bien, lo que nos interesa a nosotros destacar, más allá de la bien articulada
crítica de Feijoo a Fuentelapeña, es que sobre los duendes se contaban muchísimas, casi
infinitas historias, en la España de aquella y de muchas más épocas. Todas perturbadoras,
algunas terribles, muchas cómicas. No pocas en primera persona, porque no era extraño
que cualquiera declarara haber tenido encuentros o tratos personales con ellos. En realidad,
no debía haber pueblo en España que no tuviera una o varias casas enduendadas, y hasta
ciudades como Madrid parecían hervir –de acuerdo con toda especie de testimonios– en
224 FEIJOO, Fray Benito Jerónimo. Duendes y espíritus familiares. En Teatro crítico universal. (A. Millares Carló, ed).
Madrid: Espasa-Calpe, 1973, 7-25, 8.
111
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
De la más perfecta sustancia del mundo los ángeles fueron producidos por
la natura, a semejanza de un queso en el que se producen gusanos, pero al crearse
reciben de Dios que los bendice la voluntad, el intelecto y la memoria.
112
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Como bien anuncia Ginzburg, fue Francesco Redi, en sus Esperienze intorno alla
generazione
la primera)degl'insetti de 1668demostró
quien primero (la edición que cita Ginzburg
–adelantándose vio la luz
a las teorías veinte años (1780)
de Spallanzani despuésy de
de
Pasteur (1860)– que “en las sustancias orgánicas no expuestas al contacto con el aire no se
producía putrefacción, ni, en consecuencia, generación espontánea ”. Pero lo cierto es que, antes
de Redi, la teoría de la generación espontánea constituía un incontestable artículo de fe
científica , asumido, desarrollado y argumentado por naturalistas y por teólogos de toda
condición –entre ellos por Fuentelapeña–, aunque en formulaciones ni tan atrevidas ni tan
excéntricas como las del molinero Menocchio.
Por cierto, que el propio Ginzburg se ha hecho eco, no sin cierto asombro, de que
en un mito indio que ya figura en los Vedas , el origen del cosmos se explica con la
coagulación
los creadores.–similar a laCalmuchis,
Según los de la leche–
ende las aguas de
el principio dellos
martiempos
primordial, batidas
las aguas por
del mar
se cubrieron con un estrato espeso, como el que se forma sobre la leche, del que
surgieron plantas, animales, hombres y dioses226.
Muchos más mitos asiáticos de este tipo –a mitad de camino entre el sacro escrito
sacerdotal y la tradición folclórica– podría haber traído a colación el historiador italiano, si
hubiera explorado no mucho más. Pero tampoco era preciso remontarse hasta tan lejos ni
hasta tan antiguo. En la misma Europa que, en la época de Menocchio y de Fuentelapeña,
se asomaba balbuceante a la modernidad, podían encontrarse relatos de cariz similar,
aunque, por lo general, no específicamente relacionados con los duendes. Acerca de
algunos
tratados animales –sobre todo
pseudonaturalistas de las
como en serpientes
los corrillosy de
sabandijas–
la gente– se solía
que afirmar
nacían –tanto
de ese en Por
modo. los
ejemplo, en la Vida del escudero Marcos de Obregón (1618), de Vicente Espinel, se habla en
estos términos de un escenario muy inquietante de Milán:
225 Tomo todos estos textos y datos de Carlo GINZBURG: El queso y los gusanos: el cosmos según molinero del siglo
XVI. Barcelona: Muchnik, 1981, 100-102 y 230.
226 GINZBURG, El queso y los gusanos, 101-102.
113
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Hízose lumbre, pusiéronse las mesas, y, sin tratar entonces de otra cosa,
satisficieron todos la hambre, más con muchos géneros de pescados que con
carnes, porque no sirvió otra que la de muchos pájaros, que se crían en aquellas
partes, de tan estraña manera que, por ser rara y peregrina, me obliga a que aquí la
cuente: "Híncanse unos palos en la orilla de la mar y entre los escollos donde las
aguas llegan, en
se convierte losdura
cuales palos,y de
piedra, lo allí
queaqueda
poco tiempo,
fuera deltodo
aguaaquello quey cubre
se pudre el agua
se corrompe,
de cuya corrupción se engendra un pequeño pajarillo que, volando a la tierra, se
hace grande, y tan sabroso de comer que es uno de los mejores manjares que se
usan; y donde hay más abundancia dellos es en las provincias de Ibernia y de
Irlanda, el cual pájaro se llama barnaclas229.
227 ESPINEL, Vicente.Vida del escudero Marcos de Obregón. (Mª S. Carrasco Urgoiti, ed). Madrid: Castalia, 1972, II,
120.
228 KALZAKORTA, Javier. Sesenta y tres creencias populares recogidas por Jean Elissalde (1883-1961). En
Etniker Bizkaia . 12 (2003), 225-253, núm. 5.
229 CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de. Los trabajos de Persiles y Segismunda . (F. Sevilla Arroyo y A. Rey Hazas,
114
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absolutamente común, una de las voces parlantes de –nada menos– Los hermanos Karamázov
de Dostoievski:
En tan pocas líneas –con afán tan burocráticamente reduccionista y con tan escaso
aliento literario, hay que admitir– se hallan concentradas varias de las cualidades y requisitos
que Fuentelapeña exigía del material sobre el que escribía, y también de su propia labor
comentarística: era preciso, primero, que la materia narrativa fuese lo más sorprendente,
231 DOSTOIEVSKI, Fiodor M. Los hermanos Karamázov . (N. Ujánova, ed). Madrid: Cátedra, 2000, 236.
115
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admirable, asombrosa, que se pudiera; segundo, debía estar respaldada por una o por
muchas (mejor por muchas) autoridades previas; y, tercero, había de permitirle a él, gracias
a los comentarios más por extenso que hubiesen hecho otros, correr enseguida en busca de
algún otro caso de monstruosidad todavía más curiosa y espantable. La historia de una
condesa que había parido 366 hijos de una sola vez, que había atraído –cómo no– la
atención de todos
tan de sobra los comentaristas
conocida que le permitíadea élprodigios quedetalles
obviar los en el mundo habían sido,
más novelescos y que era
–sospechosos
siempre de contaminación vulgar–, cumplía a la perfección los tres requisitos. Allí estaba,
pues, presente, aunque reducida a escuálida ficha de biblioteca, desprovista de todo drama y
de toda poesía, en El ente dilucidado.
El caso maravilloso de la condesa que andaba por el mundo cargada con trescientos
y pico de hijos era, desde luego, archiconocido. Si Fuentelapeña hubiera tenido
pretensiones de auténtico literato, en vez de ser un vocacional aspirante a científico, podría
haberle sacado muchísimo más jugo. De hecho, muchos más exegetas y refundidores,
aparte de los que citó el fraile capuchino, habían vertido ya ríos de opinión, de invención,
pero también de lírica y de teatro, sobre las inconmensurables desventuras de la pobre
mujer. Por ejemplo, Juan de Timoneda, en un Romance de vna muger que pario trezientos y setenta
hijos (alguno más de los que había parido la condesa a la que se refirió Fuentelapeña), impreso
dentro de su Rosa gentil (1573), había construido una versión poética muy interesante –aunque
de tampoco muchos vuelos poéticos– que no ahorraba, al final, detalles sobre sus propias e
ilustres fuentes librescas:
116
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No fue sólo Timoneda: también Antonio de Torquemada (en su Jardín de flores curiosas ),
Juan de Pineda (en los Diálogos familiares de la agricultura cristiana ) o Lope de Vega (en Los Porceles
de Murcia ) elaboraron sus propias versiones y glosas de la impactante historia233. Y hasta alguna
copla de disparates aludió también, de forma elíptica, pero inconfundible, a ella:
117
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
y un maestre de Santiago
en ombros de dos paganos,
y en chapines valençianos
los condes de Carrión.
Y fue muy buena ynbención 234.
234 El poema de donde ha sido tomado esta estrofa se halla editado por Maxime CHEVALIER y robert
JAMMES en: Supplément aux Coplas de disparates . En Mélanges offerts à Marcel Bataillon par les hispanistes français .
Burdeos: Féret & Fils, 1962 [ Bulletin Hispanique LXIV bis ], 358-393. Sus fuentes son los Ms. 996 y 1581 de la
Biblioteca del Palacio Real de Madrid y un pliego valenciano de 1597, conservado en la Biblioteca Universitaria de
Pisa, sobre el que se puede ver RODRÍGUEZ-MOÑINO, Antonio. Diccionario de pliegos sueltos poéticos (siglo XVI).
Madrid: Castalia: 1970, núm. 1134, y GARCÍA DE ENTERRÍA, María Cruz. Pliegos poéticos españoles de la Biblioteca
Universitaria de Pisa . Madrid: Joyas Bibliográficas, 1974, núm. VIII.
235 UTHER, Hans-Jörg. The types of International Folktales. A Classification and Bibliography, Based on the System of
Antti Aarne and Stith Thompson. Helsinki: Suomalainen Tiedeakatemia-Academia Scientiarum Fennica, 2004,
núm 762.
118
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
Entre las versiones folclóricas españolas que han sido catalogadas por Julio Camarena
y por Maxime Chevalier hay un puñado –no muy amplio– de testimonios asturianos,
castellanos y catalanes236. El más sintético y concentrado es éste, del pueblo de Alaraz, en la
provincia de Salamanca:
de trigo Hubo una señora un poco brujilla que se enfadó con otra y le tiró un puñado
y le dijo:
─ Tantos hijos tengas como granos te han dado.
Y se cumplió en parte»237.
Una vez, una pobre mendiga que estaba embarazada llamó a la puerta de una
reina para pedir limosna. La reina se la entregó, pero le dijo que hacía mal en traer
niños al mundo si no los podía mantener. La pobre mendiga rompió a llorar, y
respondió a la reina, que también estaba en estado, que una mujer no debía jamás
recriminar a otra Yel laquemaldijo,
trance de serlo. quisiesedeseándole
ser madre,que
y mucho menostantas
alumbrase si ellacriaturas
tambiéncomo
estabadías
en
tenía el año, y que de grandes fuesen todos unos perdidos.
La maldición de la mendiga asustó a la reina, quien, trastornada y temerosa de
que sucediese lo que la mendiga había deseado, huyó a una isla en mitad del mar
donde no vivía ninguna otra persona. Y allí tuvo tantas hijas como días tenía el año.
Las niñas poblaron toda la isla, que quedó habitada sólo por mujeres, y de grandes se
convirtieron en unes perdidas. Ningún hombre podía ir hasta allí, porque ellas se le
echaban encima y le quitaban la vida. Se pasaban todo el día en la playa vigilando y
oteando para ver si veían pasar algún barco. Y cuando descubrían uno, se tiraban al
agua y, nadando como fieras lo empujaban hasta que lo atrapaban, secuestraban a
tantos marineros
hacían morir. como podían,
Si encontraban y ya
alguna no les
mujer, dejaban ni un momento hasta que les
la mataban.
Los marineros rehuían pasar frente a las costas de aquella isla, por muy
valientes y bravos que fueran, porque bien sabían que era imposible dominar la furia
desenfrenada de las princesas que, como posesas, ya no les soltaban hasta que morían.
Es seguro que todas aquellas princesas deben estar ya muertas, porque de todo
aquello han pasado ya muchos años. Pero, por lo que pudiera pasar, los viejos
marineros todavía rehuyen acercarse allá como el demonio se aparta de la cruz 238.
Una vez más, la tradición folclórica a la que Fuentelapeña hizo todos los esfuerzos que
pudo para no atender de forma directa –aunque jamás pudiese desenredarse de sus hilos– se
nos muestra
vitalidad, concomo el suelo fértil
más frescura, con másde donde
poesía nació y sobre
que en ningúnel otro
que perduraron, con mayor
ámbito, las fábulas que
Fuentelapeña y sus colegas de gremio erudito redujeron a escuetos y desustanciados apuntes
de pseudohistoria natural.
236 CAMARENA, Julio; CHEVALIER, Maxime. Católogo tipológico del cuento folklórico español. Cuentos religiosos .
Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2003, núm. 762.
237 Prácticas y creencias supersticiosas en la provincia de Salamanca . (J. F. Blanco, coord). Salamanca: Diputación
119
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No es fácil, para un lector del siglo XXI –ni siquiera para un lector sumamente
imaginativo del siglo XXI– entender cómo es posible que, durante muchísimos siglos, uno
de los temas de discusión favoritos de naturalistas, de físicos, de filósofos ─es decir, de
quienes entonces representaba a la clase de los científicos ─, fuera la de si los lobos son capaces
de dejar roncas o mudas a las personas a las que miran. Fray Antonio de Fuentelapeña
dedicó nueve extensas y farragosas “pruebas” de El ente dilucidado (pp. 351-354), llenas de
muy enrevesadas disquisiciones pseudomédicas, pseudofísicas, pseudofilosóficas, a
demostrar que no, que no es la mirada del lobo la que deja roncas ni mudas a las personas.
Para elPor
vista”. escrupuloso
una razónfraile
que a capuchino,
él le parecíaera
tanimposible
clara comoque “esso
la luz proceda
del día: portalfuerça
porque de lao
ronquera,
tal mutismo, habían de estar causados por los mucho más concretos , consistentes y, por tanto,
eficientes humores que salen por los ojos, y no por el –a todas luces etéreo e inocuo– simple
mirar de la fiera:
Refutaba Fuentelapeña, de este modo tan vigoroso y tan argumentado (leer las nueve
“pruebas” que va desgranando constituye toda una experiencia intelectual) la explicación,
mucho más elemental y poco matizada, con la que, en 1540, la Silva de varia lección (II:39) de
Pedro Mexía había despachado apresuradamente la cuestión:
Dizen de los ojos del lobo, que si vee al hombre primero que sea visto dél,
lo enronquece;
ojos, que si mirala de
hiena, que agora
propósito a un diximos,
animal, loque tiene particular
adormesce y tulle, propiedad
que no se en los
puede
mover; el basilisco, que tiene ponzoña solamente en los ojos, que mata con su
vista239.
La línea que separa a Fuentelapeña de Mexía quedaba, así, muy claramente definida
─al menos para el primero─. El fraile capuchino tenía pretensiones de científico, de activo
sistematizador, intérprete, analista de datos y ponente de respuestas; y Mexía ─al menos en lo
que se refería a esta cuestión─, de simple compilador, de servil transmisor de noticias cuya
fuente eran otros, puede que incluso la siempre sospechosa vox populi : ”dizen de los ojos del
lobo…”.
239 MEXÍA, Pedro. Silva de varia lección . (A. Castro, ed). Madrid: Cátedra, 1989, I, 803.
120
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240 LIDA DE MALKIEL, María Rosa. El cuento popular y otros ensayos . Buenos Aires: Losada, 1976, 28.
241 BROWNE, Thomas. Sobre errores vulgares o Pseudodoxia Epidemica . (D. Waissbein, ed). Madrid: Siruela, 2005, 189-
190.
242 Véanse las muy nutridas y documentadas notas de D. Waissbein en BROWNE, Sobre errores vulgares , 337.
121
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inspira el simple mirar de las fieras, además de a la prueba inversa, pero nunca inoportuna,
de los dignos mártires cristianos a quienes no fueron capaces de mantener en silencio los
ojos terribles de los lobos (¡sí, de los lobos!) que los engulleron.
Si no hiciésemos ningún intento de salir del círculo vicioso de la bibliografía de
tratados y enciclopedias naturalistas , de misceláneas y polianteas que vieron la luz desde la
antigüedad clásicay hasta
opiniones, citas el siglolatinas
autoridades XVIII,reflejan
podríamos pensar
sólo una que todo
discusión este reguero
erudita, de
escolástica,
abstraídamente intelectual. Que en ella se ponía ─exclusiva y excluyentemente─ en juego
una elitista filosofía de la naturaleza, una tradición de pensamiento con ambiciones de
científico que sólo podía desarrollarse sobre la mesa de los escritorios, junto a los anaqueles
de los libros, en los tratados de los pocos ingenios de la época que tenían formación y
medios suficientes para leer y escribir aquellos latines y para adentrarse por los meandros
de tan arduas cuestiones.
Pero si volvemos nuestros ojos hacia el folclore, hacia los saberes y tradiciones del
pueblo, que han actuado siempre, en toda época y lugar, como una especie de sustrato, y
también de superestrato cultural, no nos será difícil cerciorarnos de que tanta cita en latín,
tomada siempre en préstamo
formas aparentemente de de
disímiles manuales que sobre
dar vueltas se plagiaban los unos
los mismos a los otros,
conceptos y las ymismas
tantas
autoridades, no son más que una parte ─y además muy periférica y muy poco central─ de la
cuestión. Que la discusión en torno a ésta tenía como escenario principal no los gabinetes
eruditos ni las trastiendas de librería, sino la cocina rústica, las veladas compartidas por
abuelos, padres e hijos, el corrillo de vecinos, la plaza pública. Y que, mientras Mexía,
Browne y Fuentelapeña (y toda su adusta galería de modelos y fuentes) no dejan de ser hoy
antiguallas de algún modo estrafalarias, pasto de unos cuantos lectores aficionados a
desenterrar los cadáveres más exquisitos del museo de espectros literarios del pasado, la
voz del pueblo sigue evocando, viva, lozana y bien templada, aún hoy, con asombro y
estremecimiento, la mirada paralizadora del lobo o de las fieras que la ecología de cada
lugar depara.
Una demostración categórica es la que nos ofrecen estas palabras, registradas en el año
2000 de labios de un joven del pueblo de Manzanares, en la provincia de Ciudad Real:
[I] El lobo antes de verlo te entra… así… escalofríos. Antes de verlo, ¿eh?.
Del momento que lo ves… Yo a mí me pasó, de ir así por un monte y entrame así
escalofríos, como ponese la lana de la cabeza derecha, y luego víaslo y adiós,
dábasle cuatro voces y marchaba.
122
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[III] Era un gaiteiro que fuera a tocar a un pueblo, ya desque oscurecíu, que
cenaran ya eso, diz él:
─Bueno, pues ahora… marcho.
─¿Cómo vas a marchar, hombre? ¿Cómo vas a marchar ahora pa casa?
Quedas aquí, ya duermes aquí…
─No, no, marcho, porque después pola mañana aborrezme más ir pa casa.
Voy ahora más tranquilo.
─Pero si andan los lobos mucho por ahí por esos montes, y tienes que
atravesar ese faéu … ¡quédate aquí, valte más!
─¡No, no, voy, voy!
Bueno, amarchóu,
emprincipiaran y enseguida,
ponésele los namásp’arriba,
pelos de punta, metesep’arriba,
en el yamonte, ¡coño!,
que dijiera él: que
─¡Cago en la madre que parió al demonio! ¿Qué demonios anda por ahí?, si
you nun veo a naide y andan poniéndoseme los pelos de punta.
Ya enseguida viera así de noche… ─que yá como cuando a un gato un perro
lo ves de noche, que parez que tien unas linternas [en los ojos] ─, diz él:
─¡Me caso con dios!, ¡los lobos!
Ya enseguida, hala, que ya se punsiera uno delante ya outro detrás, ya a
escarbar, ya l’outro que alzaba la pata ya a mexar, ya él doblóuse a garrar… llevaba
la gaita al hombro ya doblóuse a garrar una piedra pa tirar, ya sonóu el roncón de la
gaita ¡rrrruuuuuummmm!, ya entonces el !!obu, ¡coño!, al sentir aquello que pegara
un brinco p’atrás…
Ya diz él:
─¡Ah, coño!, ¿queréis gaita? ¡Esperái, esperái!
Punso la gaita al hombro ya emprincipióu a tocar… ¡me caso con dios!, creo
que los lobos que perdían el culo de vista. Contaban contapinos así d’esos, ya
decían que era…, vamos, que eran cosas que era verdá244.
244 Los dos primeros textos fueron recogidos en los pueblos asturianos de El Puerto (concejo de Somiedo) y de
Sama (concejo de Grao) en encuestas realizadas por Jesús Suárez López y José Manuel Pedrosa. El tercero fue
recogido por Jesús Suárez López en Clavillas (Somiedo). Este último fue publicado en SUÁREZ LÓPEZ, Jesús.
Realidad y ficción en el cuento folklórico: la perspectiva del narrador. En El cuento folclórico en la literatura y en la
tradición oral. (R. Beltrán y M. Haro, eds). Valencia: Universitat, 2006. 298. Agradezco la amable cesión de los
textos a Jesús Suárez López.
123
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Ya en el Poema de Gilgamesh , la primera gran obra literaria de la historia de la humanidad ─puro
folclore puesto por escrito en lengua acadia en la Babilonia de antes del 1.500 a.C. ─ se
documenta la creencia en monstruos terribles ─más aún que el lobo─ que causaban parálisis a
fuerza de puro terror.
Humbaba,Parasuproteger
grito es el bosque desu los
el Espanto, Cedros,
boca Enlil colocó
es de Fuego, allí alaHumbaba.
su aliento, Este
misma Muerte.
En seiscientos kilómetros a la redonda oye todos los sonidos del Bosque, ¿Quién
podrá entonces penetrar en él hasta dentro? Para proteger los Cedros, para aterrorizar
a la gente, Enlil lo colocó allí. ¡Quien entre en su bosque quedará paralizado245!
Sí, son muy malos los coyotes, feos. Mi papá, cuando era joven, así, que recién
que se había casado con mi mamá, criaron muchos puercos, ¡pero muchos!, y
guajolotes, gallinas y todo, ¿no? Entonces mi abuelito les dio un pedazo, según que…;
mi abuelita, mi abuelito, ¿no?, que le dijo:
─ Vete allá a hacer tu casita allá.
cuartitos,‘Tons
así, demipalmita
papá, ypus no Ytenía
todo. hizoasí
un todavía paraloshacer
corral para todo,sunomás
puercos, gallineropara
paraunos
sus
guajolotes, las gallinas y todo. No, pues si todas las noches venía el coyote y se llevaba;
que si no se llevaba un guajolote, se llevaba un puerco; si no se llevaba el puerco, se
llevaba… Luego tuvo puerquitos una puerca; dice mi mamá: noche con noche se
venía y se llevaba un puerquito. Bueno, porque…, y una vez dicen que dijo. Y ya otra
vez que ‘taba un árbol; entons’ mi papá se acostó así abajo del árbol, que llevó su
escopeta y todo. Y le dijo:
─ Ahora sí, el coyote va a venir, y el guajolote está arriba del árbol. Yo no más
oigo cuando se espanta el guajolote, dice, luego le tiro al coyote.
Y que dijo mi mamá:
─No te vaya a agarrar el sueño.
─No, dice, no me agarra el sueño.
No, dice que al rato, dice que empieza el guajolote a espantarse:
─¡Hip, hip, hip!
Que dijo mi papá:
─Este es el coyote, éste es el coyote.
Mi papá en una que dice que iba a agarrar el…; pero pues ¡cuándo se movió
mi papá! ¡No se movió! Dice que le echó el vaho el coyote. Se voló el guajolote; hasta
donde estaba el coyote fue a dar el guajolote, se lo llevó, y mi papá quedó paralizado.
245 La epopeya de Gilgamesh, el gran hombre que no quería morir . (J. Bottéro, ed; P. López Barja de Quiroga, trad). Madrid:
Akal, 1998, 148.
124
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Y dice que él abría la boca para ver si decía “¡ah, ah!”. Se quedó paralizado mi papá y
ni movió las manos, ni los pies, ni nada, nada. Dice que se quedó… Dice:
─Es horrible, dice, porque tú quieres gritar, quieres mover las manos, y las
manos las tienes así: [Aure pone los brazos rígidos]. Yo, con mi escopeta aquí, dice,
así, porque dije:
─ Tiene
que venga, yo leque entrar, el guajolote está allá arriba, tiene que entrar; cuando lo vea
disparo.
Pues así quedó con la escopeta.
─ Y ‘taba yo despierto, no estaba yo dormido.
─Igual que la puerca, así dice mi mamá. Dice mi mamá, dice: pues vete
acostarte allí para que me mates al coyote.
─Sí, dice, horita vas a ver.
La puerca, los puerquitos, allí vino, se llevó dos puerquitos. Se fue, y mi papá
ni…
Es feo el coyote, ése es la que yo le tenía miedo; si no me tocó, pero no me
tocó más de lo que yo pensaba.
─¡Ay,¡ay,
a mi mamá: no!,
no!yo de mi parte, le digo a mi mamá, es muy feo, feo, feo. Le decía yo
─No, hija, dice, antes no te paralizó. [Si] te paraliza, sólo Dios [sabe] qué hace
contigo246.
246 RODRÍGUEZ VALLE, Nieves. Cinco relatos sobre el coyote. En Revista de Literaturas Populares. III:1 (2003),
17-29, 21-22.
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Por lo qual respondo à la duda de el lobo, que es imposible, que con la vista
enronquezca al que mira, porque la vista, es passion, y recepcion, y no accion; y assi no
puede ejercer ninguna jurisdicion sobre el objeto que ve, antes bien este exerce sobre
el que mira alguna jurisdicion, y puede inmutarle, pues embiándole especies de si, tal
vez, si son apacibles, le alegran; si son horribles, le estremecen, y si son fuertes, le
ofenden los ojos.
Y conozcamos ahora las palabras ─mucho más vivas, claras, directas, convincentes,
incluso mucho más juiciosas ─ con que una campesina vasca de hoy mismo intenta dar su
propia explicación –es decir, la explicación de los suyos , del pueblo– sobre la mudez que deja
como poso el miedo:
Asomémonos,
indígenas ahora, al
bolivianos de explicar modo
cómo ─tan trae
el miedo transparente, tan poético─ que tienen los
consigo la mudez:
Hace mucho tiempo, en un pueblo que estaba sobre una montaña. El clima
era cálido y a veces nublado, hacía mal tiempo. Allí vivían dos señores que poseían
muchas tierras y dinero. Ellos acostumbraban a tener personas a su servicio. Ellos eran
como cinco personas que también vivían allí. Un día, al atardecer, un campesino tenía
la misión de traer agua para el día siguiente. Por la noche debía ir a la cascada. Una
muchacha quiso seguir al hombre. Ella también de servicios en la casona, y la señora,
dueña de esta casa muy buena, quiso impedir esto, pero la desobediente no quería salir
una sola y acompañó a éste.
247 La informante fue Ciriaca Urrutia, labradora de 80 años de Murguía (Vizcaya). El testimonio me fue
facilitado por una nieta suya en Derio (Vizcaya) en julio de 1999.
248 MIHARA, Yukihisa. Narrativas tradicionales del Dpto. de La Paz, Bolivia . Hirakata, Osaka, Japón: Seminario de Y.
Mihara de la Universidad de Kansai Gaidai, 326.
126
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8/16/2019 El Ente Dilucidado
El contraste entre la voz profesoral y acartonada de Fuentelapeña y la espontánea voz
del pueblo, madre reprobada, fuente no reconocida por él ni por tantos otros pseudoeruditos
que durante siglos anduvieron enredados en disquisiciones escolásticas que aspiraban a
demostrar lo indemostrable, arroja un veredicto demoledor: es el pueblo el que se ha sabido
explicar siempre
y también, desdemejor,
luego,con
conmás
másclaridad,
poesía. con
Es elmás energía,
pueblo con más
ignorado capacidad
(pero de convicción,
no ignorante) el que
acabó ganando la partida a los letrados que vivían, en gran medida pero sin reconocerlo, a
costa del imaginario, de las creencias, de los símbolos del común. Prueba irrefutable: la voz del
pueblo es la que sigue hoy viva y persistente, cálida y fecunda, asombrada y estremecida,
quedándose muda o ronca ante los ojos terribles de la fiera. Mientras que los lobos y las gentes
esquematizadas de los escritos densos y severos de Fuentelapeña y de los eruditos de su
gremio han quedado relegados a la mortecina penumbra de los museos de antigüedades, y no
precisamente a las vitrinas ni a los estantes más visibles.
La voz del pueblo no sólo ha seguido exultantemente viva hasta hoy: ha continuado
inspirando, además de a los letrados aspirantes a científicos que fueron Fuentelapeña y sus
colegas, a escritores
de Maryinmensos,
Frankenstein como
W. Shelley, revelan
en cuyo las palabras
trasfondo siempre
se aprecia el escalofriantes del inmortal
temblor inmemorial de la
comunidad entera:
La voz del pueblo es la que inspiró también al celebérrimo Rudyard Kipling, cuya
serpiente Kaa ─inquietante protagonista de El libro de las tierras vírgenes ─ era capaz de paralizar y
de dejar mudas a sus víctimas con sólo su magnética mirada, según sintieron en sus propias
250
carnes hasta el forzudo
La voz Baloo
del pueblo es lay el
queastuto
dictóMowli
a la gran. narradora cubana Lydia Cabrera las mágicas
palabras de un viejo cuento de negros, desbordante de fantasía, que ella reelaboró para que
siempre se supiera que, si hay en el mundo personas mudas, eso es porque existe también el
miedo al tigre 251.
La voz del pueblo es la que, en última instancia, y tras muchas peripecias y vericuetos
orales y escritos, inspiró a cineastas como Robert Siodmark, director de The Spiral Staircase ( La
escalera de caracol , 1945), que es una originalísima exploración, en clave de intriga, acerca del
mutismo: una película protagonizada por una joven sin voz que vive en una mansión en la que
trabaja como cuidadora de una anciana enferma. Se quedó muda por causa del miedo que
sintió al ver a sus padres morir abrasados en un incendio. Al final de la película recobra la voz
por
lugarcausa,
en el una vez ymás,
pueblo, ─en del miedo.y Pero
el último ahora
decisivo del que─le elinspiran
momento los asesinatos
acoso asesino del que que tienen
ella misma
está a punto de ser víctima.
No es mi intención dar la impresión, al final de esta introducción a la obra de
Fuentelapeña, de que deseo rebajar –ni mucho menos denigrar– los méritos de su obra. En
realidad, Fuentelapeña, igual que Browne y que los demás seudonaturalistas del siglo XVII,
tuvieron muy mala suerte: se empeñaron en ser científicos en una época en que eso era todavía
imposible, en que los primeros pasos de las ciencias experimentales y positivas ─que se habían
puesto a gatear con el humanismo renacentista─ eran todavía sumamente precarios e
inestables. Hasta el siglo XVIII no empezó a verse claro que la batalla cada vez más reñida
249 SHELLEY, Mary W. Frankenstein o el moderno Prometeo. (I. Burdiel, ed). Madrid: Cátedra, 1996, 341.
250 KIPLING, Rudyard. El libro de las tierras vírgenes . (R. D. Perés, trad). Madrid: Alianza, reed. 2002, 66-67.
251 CABRERA, Lydia. Cuentos negros de Cuba . Barcelona: Icaria, 1997, 186.
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Vanitas vanitatis