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Propiciación y Redención en Cristo

La propiciación se refiere a Cristo enviado por Dios para quitar Su ira contra el pecado. La redención se refiere a Cristo rescatándonos de la esclavitud al diablo, al pecado, a las tinieblas y al error mediante el pago de Su sangre en la cruz. Existen desacuerdos sobre si la redención objetiva de Cristo fue para todos o solo para los elegidos.

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Propiciación y Redención en Cristo

La propiciación se refiere a Cristo enviado por Dios para quitar Su ira contra el pecado. La redención se refiere a Cristo rescatándonos de la esclavitud al diablo, al pecado, a las tinieblas y al error mediante el pago de Su sangre en la cruz. Existen desacuerdos sobre si la redención objetiva de Cristo fue para todos o solo para los elegidos.

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PROPICIACIÓN Este vocablo procede de propicio, transliteración del adj. lat .

propitius =
favorable, benigno, bien dispuesto. Para este tema voy a resumir lo que digo en mi libro CPDTB,
Parte II, lecc. 13a, punto 2.
Entre los aspectos específicos de la obra de la redención llevada a cabo por Jesucristo en el
Calvario, ocupa el primer lugar el sacrificio*, pues era necesario para destruir el pecado que nos
ocasionó la muerte: «se ha manifestado (Cristo) para destruir el pecado por el sacrificio de sí
mismo» (He. 9:26b). Pero, además de muertos, llevábamos encima la ira de Dios contra el
pecado. Para retirarla de nosotros, Dios «envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados»
(1 Jn. 4:10).
En cuanto a la terminología bíblica, (1) el hebr. del AT tiene el vb . kafar = cubrir, y el sust.
kapporéth = cubierta. A éste corresponde el gr. hilastérion en He. 9:5; (2) en el gr. del NT,
hallamos cuatro vocablos, todos de la misma raíz: (A) el vb. hiláskomai = ser propicio (cf. Lc.
18:13). Ya no es necesario suplicarlo, pues la propiciación ya se hizo en el Calvario; (B) el adj.
hileós = propicio (cf. Mt. 16:22; He. 8:12, cita de Jer. 31:34); (C) el sust. hilastérion =
propiciatorio (cf. Ro. 3:25; He. 9:5); y (D) el sust. hilasmós = propiciación (cf. 1 Jn. 2:2; 4:10),
de mucha más fuerza que hilastérion, pues nos describe a Cristo como la propiciación
personificada y, por tanto, permanente hasta el fin de los siglos.1

REDENCIÓN Este vocablo viene del vb. lat. redímere = rescatar, redimir, comprar; y éste es
comp. del pref. re y del simple émere = comprar. Tomamos el término, una vez más, como
expresión de uno de los aspectos específicos de la obra de la Cruz, no en el sentido general que
suele darse al vocablo redención. Y, como en los demás aspectos específicos de la obra del
Calvario, resumiré lo que sobre este tema digo en CPDTB, Parte II, lecc. tercera, p. 5.
Uno de los grandes perjuicios que nos acarreó el pecado fue ponernos en esclavitud, (A) del
diablo (cf. 1 Jn. 5:19), (B) del pecado mismo (cf. Jn. 8:34; Ro. 6:16, 20; 2 P. 2:19), (C) del poder
de las tinieblas (cf. Col. 1:13), (D) del miedo a la muerte (cf. He. 2:15) y (E) de toda clase de
error (cf. Jn. 8:32).
Era, pues, necesario que alguien nos rescatase de tan variada esclavitud. Lo hizo nuestro gran
Mediador: nos rescató pagando el precio mediante el derramamiento de su sangre, pues «vino
para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mt. 20:28; Mr. 10:45). Sigo en el rescate
el mismo orden que he seguido arriba en la esclavitud: Nos rescató (a) del diablo, pues vino «a
deshacer las obras del diablo» (cf. 1 Jn. 3:8), (b) de nuestros pecados (cf. 1 P. 1:18–20), (c) del
poder de las tinieblas (cf. Col. 1:13), (d) del miedo a la muerte (cf. He. 2:15 «y librar a todos los
que por el temor de la muerte estaban durante la vida sujetos a servidumbre»), (e) del error en
todas sus formas (cf. Jn. 8:31–32: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si

. lat. latín
BCPDTB Curso Práctico de Teología Bíblica, Francisco Lacueva, CLIE, Terrassa 1998.
. vb. verbo
. vb. verbo
1 Francisco Lacueva, Diccionario Teológico Ilustrado (Tarrasa, Barcelona: Clie, 2001), 489.
. latvb. verbo
. lat. latín
BCPDTB Curso Práctico de Teología Bíblica, Francisco Lacueva, CLIE, Terrassa 1998.
vosotros permanecéis en la palabra, la mía, verdaderamente discípulos míos sois, y conoceréis la
verdad, y la verdad os libertará» lit.).
La «compra» llevada a cabo para nuestra redención se expresa en el gr. del NT mediante dos
verbos: (1) agorádsein = comprar en el ágora = mercado (cf. 1 Co. 6:20; 7:23; 2 P. 2:1 y Ap.
5:9) y (2) exagorádsein = comprar en el ágora y sacar de ella al esclavo comprado (cf. Gá. 3:13;
4:5). Notemos esta diferencia: Todos hemos sido comprados (redimidos), porque por todos fue
pagado el precio, pero no todos son libertados (salvados), porque no todos prefieren la libertad
(cf. 2 P. 2:1). Pero el precio se expresa específicamente por medio de los vocablos, todos de la
misma raíz: el vb. lutróo (cf. Lc. 24:21; Tit. 2:14; 1 P. 1:18), y los sust. lútron (cf. Mt. [Link] Mr.
10:45), lútrosis (cf. Lc. 1:68; 2:38; He. 9:12) y lutrotés (cf. Hch. 7:35).
REDENCIÓN, EXTENSIÓN DE LA Se entiende por extensión de la redención el ámbito de
los seres humanos que fueron objeto de la redención llevada a cabo en el Calvario. Este ámbito
es más o menos amplio según la opinión que se sustente sobre la elección y la predestinación. En
pocas palabras, depende de cómo se conteste a la pregunta siguiente: «¿Por quiénes murió Cristo,
sólo por los elegidos o por todos los hombres?» A esta pregunta responden los calvinistas supra-
y sublapsarios diciendo que Cristo murió sólo por los elegidos (cf. Elección, 1) y 2). En cambio,
los calvinistas infralapsarios y los arminianos (cf. Elección, 3) y 4) responden que Cristo murió
por todos los hombres, con base en numerosos textos bíblicos (p. ej., Jn. 3:16; 1 Ti. 2:4–6).
Según la teología catolicorromana, es una verdad de fe que Cristo murió por todos los
hombres. Según el C. de Trento, el Padre celestial envió a su Hijo Cristo Jesús «para remidir a
los judíos que estaban bajo la Ley como para que las naciones que no seguían la justicia
alcanzaran la justicia y todos recibieran la adopción de hijos de Dios». A pesar del valor
universal de la redención operada por Cristo, los frutos de ésta no se aplican a todos los hombres.
La apropiación de los frutos de la redención a cada hombre –lo que suele llamarse la redención
subjetiva –tiene lugar cuando el individuo se asocia a la muerte y resurrección de Cristo
mediante la fe y los sacramentos.
En principio, estoy convencido de que la solución del problema consiste en plantear
debidamente la cuestión: En la cruz del Calvario, ¿efectuó Cristo la salvación de todos los
hombres, de algunos o de ninguno? Decididamente, respondo: Cristo no efectuó en el Calvario la
salvación de nadie, sino que proveyó salvación para todo aquel que cree. Y, si hemos de aceptar
la Palabra de Dios, hemos de aceptar también que el ser humano cree en el evangelio o lo
rechaza libremente (cf. Predestinación, 3), así como Cristo, 4), Cristo, Extensión de la redención
objetiva de).2

. vb. verbo
2 Francisco Lacueva, Diccionario Teológico Ilustrado (Tarrasa, Barcelona: Clie, 2001), 506–507.

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