MARATHON
DE
RICARDO MONTI
R. Monti - Marathon 2
Personajes:
Animador
Guardaespaldas
Homero Estrella
Elena García
Tom Mix
Ana D.
Héctor Expósito
NN
Pipa
Pedro Vespucci
Hombre
Mujer
NOTA DEL AUTOR
La música que se escucha (y se baila) proviene de viejas grabaciones de
tangos y milongas, o bien algún fox-trot, de los años treinta. El aparato donde se
pasan los discos se encuentra sobre la tarima del Animador.
En la escenas 4, 9, 14, 22 y 23 se intercalan citas - en algunos casos no
textuales - de Enrique de Gandía, Manuel Moreno, Esteban Echeverría, Leopoldo
Lugones y V. Maiakovski.
R. Monti - Marathon 3
ESCENA 1
Un salón de baile suburbano. En la pista, cinco parejas bailan, con
movimientos mínimos, automáticos - como si fueran muñecos sin vida, cubiertos de
polvo y telarañas -. Sobre una tarima, frente a un micrófono, un individuo de pelo
engominado, pegado sobre el cráneo; traje oscuro de solapas resplandecientes,
rostro empolvado, ojos ocultos bajo el negro de sus pestañas, labios pintados: el
Animador. Entre las parejas deambula el Guardaespaldas, siempre alerta y vigilante,
furtivo, como un perro de presa. El zumbido de viejas grabaciones de tangos y
milongas de la década del treinta brota continuamente de los altoparlantes. El
Animador se dirige a los espectadores por el micrófono.
ANIMADOR.- ¡Pasen, damas y caballeros! ¡Acomódense donde gusten,
que hay sitio para todos! El que quiera un agujero, aquí lo espera, aquí lo espera.
¡Pasen, damas y caballeros! Agradecidos por su visita esta noche... ¿Junio de?
GUARDAESPALDAS.- 1933, señor.
ANIMADOR.- Algunos dudaban de que hoy vinieran. La noche está fría, el
dinero anda escaso, y la vida - ¿para qué negarlo? - es incierta. Pero yo presentía
que esta gente no iba a quedar desamparada. Porque sin ustedes, sin los centavos
que dejan en la puerta, ¿esta gente podría seguir? Y créanme, señores, no están
tirando su dinero. Esta maratón es de primera. Y no sólo por el tiempo que aquí se
lleva bailando... No, damas y caballeros, lo digo por la calidad de los bailarines. No
es que sean superhombres, es gente común. Entonces cuál es la diferencia, dirán
ustedes. Les contesto, confidencialmente y adelantándome a los hechos: están
desesperados. ¡Pasen, damas y caballeros! ¡Ocupen la oscuridad! ¡En este
iluminado centro verán pasar: el tiempo, el tiempo, el tiempo! ¡Protegidos por la
oscuridad, durante un par de horas la muerte no los tocará, ni la duración ni el
desgaste que consume a nuestros héroes! ¡Pasen, damas y caballeros, es bastante
por tan poco dinero!
Hace una pausa para tomar un sorbo de agua y secarse el sudor de las
manos con una toalla que hay sobre una pequeña mesa. Mientras tanto, el
Guardaespaldas reparte discretos golpecitos entre los concursantes.
GUARDAESPALDAS.- (En voz baja.) Vamos, no dormirse.
El Animador vuelve al micrófono con aire profesional.
ANIMADOR.-¡Último aviso! ¡Que nadie se quede en la vereda! Vean esta
gente, por favor. Comprueben ustedes mismos los estragos del combate. Exhaustos,
doloridos. ¿Cuánto hace que están bailando? Ya perdieron la cuenta.
R. Monti - Marathon 4
Simula escuchar una pregunta.
¿El premio? Lamento no poder satisfacer tan legítima curiosidad , porque en
esta maratón, señores, el premio es una sorpresa. ¡Sí, damas y caballeros, esta
gente no sabe por qué baila! ¡Es la fe lo que los mueve! ¡La fe los hace bailar!
Ciegos, se dirigen hacia el final, hacia la exaltación o la derrota. Señores, ¿quién
entiende a los hombres? Yo no me atrevo. Están ahí, se agitan, se mueven,
mueren... Se destrozan ferozmente. Y renacen, renacen, como insectos fugaces. Y
sin embargo ellos, luchando a muerte con la indiferencia y con la nada, construyen
sus frágiles obras, disponiéndose para la eternidad. Señores, si no fuera ridículo,
esto sería una tragedia. ¡Y sigue el baile! ¡Homero Estrella!
HOMERO.- ¿Señor?
ANIMADOR.- Por supuesto, todos ustedes conocen a nuestro ruiseñor
suburbano. ¿Cómo hace este anciano para mantenerse en pie? Tal vez los poetas
conozcan el secreto de la juventud.
HOMERO.- Gracias, señor.
ANIMADOR.- Su compañera, la señorita Elena García.
Pequeño aplauso convencional del Animador. Algunos bailarines lo imitan,
desmayadamente, siempre bajo la presión del Guardaespaldas.
Y en el otro extremo del hilo de la vida, dos tiernos jóvenes: ¡Tom Mix y Ana
D!
ANA D.- (Como en el colegio.) ¡Presentes!
Se repiten los aislados aplausos.
(Confidencial:) No sé por qué estos niños quieren mantener en secreto su
identidad. En fin, las reglas de la maratón lo permiten. Pero es difícil que a la larga...
¡Héctor Expósito!
HÉCTOR.- ¡Ausente sin aviso!
Hace unos exagerados pasos de baile. Algunas risitas. Luego, ante la
impavidez del Animador, silencio sepulcral.
ANIMADOR.- Este... gracioso es Héctor Expósito, trabajador de cuello duro,
actualmente sin empleo. Su mujer, Ema Expósito. Oiga, Expósito, un consejo, no se
canse tanto, mire que hay para rato.
HÉCTOR.- Mientras el cuerpo aguante...
ANIMADOR.- No es sólo el cuerpo, mi amigo, no es sólo el cuerpo. ¡NN!
NN.- ¡Presente, señor!
R. Monti - Marathon 5
ANIMADOR.- ¡Otra pareja de incógnito, damas y caballeros! El señor
prefiere mantener el anonimato y la señora... lo ejerce.
Risas burlonas de los bailarines.
Quiero decir, por si no me entendieron, que la señora trajina la oscuridad, la
noche, en fin, que la señora es noctámbula... ¡NN y Pipa! Confidencialmente, este
caballero ha sido hasta hace pocos días un hombre rico, dueño de no sé qué
industria. Una quiebra imprevista... Arruinado de la noche a la mañana. ¡Merece
nuestro aplauso!
Algunos aplausos tibios. NN agradece en forma lamentable.
NN.- Gracias, muchas gracias.
ANIMADOR.- ¡Y por último, el pur sang de la maratón, la noble bestia Pedro
Vespucci!
VESPUCCI.- ¡Presente, señor!
ANIMADOR.- ¡De profesión, albañil! ¡Su señora esposa, Asunción Vespucci!
¡Sí, damas y caballeros, en esta maratón hay de todo! ¡No saldrán defraudados! No
sé qué podrá pasar esta noche, porque aquí cada velada es distinta, pero si ustedes
no son demasiado exigentes, tendrán la necesaria cuota de pasión, amor, odio - tal
vez, si todo sigue su curso normal, también algún crimen -, y por qué no, una gota
de espíritu...
Se inician unos aplausos.
¡Un momento!
Pausa.
Señor NN, lo vi perfectamente, y eso va contra las reglas.
NN.- (Sonriendo confundido.) ¿Cómo, señor?
ANIMADOR.- ¿Usted me va a negar que se detuvo un momento para
rascarse disimuladamente una parte anatómica que paso por alto? Las normas son
claras: no se puede detener el movimiento. Se le descuenta una hora.
NN.- Señor, yo le juro que no...
ANIMADOR.- Dos horas. Por discutir con el animador.
Aplausos de los concursantes.
ASUNCIÓN.- Se lo tiene merecido.
ANIMADOR.- Silencio, por favor.
R. Monti - Marathon 6
GUARDAESPALDAS.- ¡Silencio!
ANIMADOR.- Pero por ser la primera vez, y como prueba de mi
generosidad, si usted se anima a decirnos qué parte anatómica se estaba rascando,
se le perdonará media hora. ¿De acuerdo, caballero?
NN.- Sí, señor...
NN se ríe y vacila. Los demás lo miran expectantes.
ANIMADOR.- Estamos esperando...
NN.- Yo, señor, me estaba rascando el...
Risitas de los bailarines.
ANIMADOR.- ¿El qué…?
NN.- El...
Murmura algo ininteligible.
ANIMADOR.- ¡Hable claro, NN!
NN.- (Rápidamente.) ¡El culo, señor!
Risas burlonas, menos del Animador. Paran las risas.
ANIMADOR.- ¿Y por qué se rascaba... eso, señor?
NN traga saliva.
NN.- Porque... se junta el sudor... y...
ANIMADOR.- (Implacable.) ¿Se junta el sudor dónde?
NN.- En el...
Vacila.
ANIMADOR.- (Falsamente condescendiente.) Está bien. ¿Así que a usted
el sudor le pica?
NN.- Sí, señor.
ANIMADOR.- No, señor.
NN.- ¿No?
ANIMADOR.- (Imperativo.) ¡A usted le pica por otra cosa!
R. Monti - Marathon 7
NN.- No sé...
Vacila. Los demás lo animan por lo bajo, febrilmente.
Será... suciedad, señor.
Algunas risas de los bailarines.
ANIMADOR.- Gracias, NN, por su valiente confesión.
Breve pausa.
Tanto que se le perdonan las dos horas porque, por supuesto, todo ha sido
una broma inocente... Un momento, diez minutos de descuento sí le corresponden,
por decir una mala palabra...
NN.- Pero si fue en broma...
ANIMADOR.- No, no, señor... Ni en broma... Podía no haberla dicho... No
sería justo que algunos tuvieran privilegios que otros no tienen... (Al público.) Así es,
señores, así pasamos el rato en esta gran familia donde todos nos queremos. Un
poco de sana diversión y otro poco de pena, a veces un poco de severidad bien
intencionada y paternal para mantener el orden, ¡y por encima de todo la Justicia! ¡Y
sigue el baile!
Toma un sorbo de agua de un vaso y se seca el sudor de las manos con la toalla.
Mientras tanto, el Guardaespaldas le pega a Héctor una trompada furtiva en el
estómago. Héctor emite un quejido, se dobla en dos y cae. Exclamación sofocada
de su mujer. Todo es rapidísimo.
APAGÓN
ESCENA 2
Una fría luz lunar envuelve el recinto. Las parejas duermen de pie, fijas en
un lugar, con un leve movimiento mecanizado, los cuerpos recostados unos en otros.
El Guardaespaldas, sentado en un taburete alto frente al micrófono, vigila la pista.
Sus ojos brillan en la semipenumbra, y a intervalos una larga pitada aviva la brasa
de su cigarrillo. El Animador ha desaparecido. Se escucha el susurro de un tango
por los altoparlantes. Repentinamente, un convulsivo sollozo.
GUARDAESPALDAS.- (Por el micrófono.) ¿Qué pasa ahí?
R. Monti - Marathon 8
Héctor sacude suavemente a su compañera.
HÉCTOR.- Nada, señor. Una pesadilla.
GUARDAESPALDAS.- Calmelá, ¿quiere?
EMA.- Está muerto...
HÉCTOR.- Tranquila, querida, despertáte.
EMA.- ¡Está muerto! ¿Pero no lo ven? ¿Nadie lo ve?
Algunos bailarines se despiertan y protestan, somnolientos. El
Guardaespaldas, intranquilo, tira el cigarrillo y se incorpora.
GUARDAESPALDAS.- Bueno, que la acabe.
Ema sigue sollozando. Héctor la zamarrea y finalmente la abofetea. Los
sollozos de Ema se cortan abruptamente. Mira a Héctor como si se despertara, pero
de inmediato se reclina en su hombro, con débiles sollozos que se apagan, y
continúa durmiendo. El Guardaespaldas vuelve a sentarse y enciende otro cigarrillo.
APAGÓN
ESCENA 3
ANIMADOR.- Señores espectadores, no puedo más que admirar su
sagacidad. Ustedes no vinieron los primeros días, en los que una manada informe
se sacudía en la pista. Con noble curiosidad esperaron el momento oportuno.
Porque es en este momento, en que el cansancio reduce el cuerpo a un manojo de
fibras entumecidas y doloridas, cuando se transparenta, sutil, la condición humana.
Veamos sino un caso... Elijo al azar...
Los bailarines eluden su mirada, en un vano intento de ocultarse. El
Guardaespaldas recorre la pista como un perro de presa. Se oye una tos.
El que tosió.
El Guardaespaldas inmediatamente lo detecta. Va hacia él, inflexible, y lo
aparta de su pareja con un empellón. Vespucci se resiste débilmente.
VESPUCCI.- Oiga, yo no... ¿Para qué?
R. Monti - Marathon 9
Asunción lo empuja, nerviosa.
ASUNCIÓN.- Pero vamos... ¡Qué hombre escrupuloso!
Trata de justificarlo ante los demás.
Siempre fue así...
Risitas de alivio.
HÉCTOR.- ¡Dale, tano!
VESPUCCI.- (Al Guardaespaldas.) Está bien, está bien, no empuje...
ANIMADOR.- (Ídem.) Déjelo, si viene de buen grado... Usted siga con la
señora...
Vespucci dirige una inquieta mirada a su mujer.
VESPUCCI.- No... ¿por qué? Si ella puede bailar sola...
Risas en el grupo. El Guardaespaldas se dirige con expresión
deliberadamente lasciva hacia la mujer.
ANIMADOR.- Pero no tenga miedo, hombre. ¡No lo van a hacen en público,
como los perros!
NN.- (Con voz aflautada.) ¡Cornuto!
El Guardaespaldas abraza estrechamente a la mujer y le pellizca el trasero.
Gritito de Asunción. Vespucci se detiene.
VESPUCCI.- ¡Eh!
Pero el Animador ya lo ha tomado de la mano y lo arrastra hacia el
micrófono.
ANIMADOR.- No haga caso.
Le suelta la mano con expresión de asco.
¿Por qué tiene la mano tan caliente... y pegajosa?
Lo examina.
Pero este hombre está empapado de sudor... Y tiene fiebre...
Volviéndose al micrófono.
Sí, señores, nuestro héroe de hoy tiene fiebre... ¡Este hombre está bailando
con treinta y nueve grados de fiebre por lo menos! ¡Merece nuestro aplauso!
R. Monti - Marathon 10
Algunos aplausos de los bailarines.
Acérquese al micrófono, Vespucci. Diga algunas palabras.
VESPUCCI.- (Con una sonrisa febril.) ¿Y qué voy a decir?
El Animador lo huele.
ANIMADOR.- ¡Y el olor, señores! ¿Quién diría que el espíritu huele así?
Porque este hombre, tal como lo ven, está reducido a su espíritu... ¿No me creen?
Vespucci tiene un acceso de tos.
¿Qué le pasa, Vespucci? ¿Se atragantó?
VESPUCCI.- No, señor... El aire... me hace mal...
ANIMADOR.- ¡El aire le hace mal! ¿Qué me dicen, señores? ¡El aire le hace
mal! ¿A alguno de ustedes acaso el aire le hace mal?
GUARDAESPALDAS.- No, señor, a nadie.
ANIMADOR.- No, por supuesto que no, el aire no les puede hacer mal, el
aire los mantiene vivos... Pero a este hombre el aire lo mata. (A Vespucci.) Siga
bailando, ya descansó bastante.
Vespucci va a salir.
No, acá arriba.
(A los espectadores.) En todos los pulmones el aire nutre la vida, pero en
esta mole de músculos el núcleo está podrido... Véanlo bailar a este hermoso cuerpo
granítico, envuelto en su sudor y en sus olores, sostenido sólo por la fiebre y las
imágenes fugaces que produce su cerebro... Estudiemos con noble interés humano
y científico este cuerpo... Siga bailando, por favor... Señores, no sin angustia
pregunto: ¿Adónde va este cuerpo envuelto en su niebla, en la agitación frenética y
final de sus músculos? ¡Oiga!
VESPUCCI.- ¿Qué?
ANIMADOR.- Acérquese.
Vespucci se acerca al micrófono, sin dejar de moverse en forma automática.
¿Por qué baila?
VESPUCCI.- ¿Hay que bailar, no?
ANIMADOR.- También puede irse...
R. Monti - Marathon 11
VESPUCCI.- No, pero...
ANIMADOR.- ¿Qué?
VESPUCCI.- Quiero ganar...
ANIMADOR.- ¿Por qué?
Vespucci sufre un acceso de tos, se tambalea y se aferra al micrófono. El
Guardaespaldas se acerca rápido. El Animador le hace una seña de que no es
necesario intervenir todavía.
ANIMADOR.- (En un paréntesis de la tos.) ¿Cuánto hace que no va al
hospital?
VESPUCCI.- Soy sano.
ANIMADOR.- ¿Por qué tose?
VESPUCCI.- La fatiga...
Vuelve la tos. El Animador hace otra señal al Guardaespaldas, que sube en
dos trancos a la tarima con un pañuelo en la mano. Con rudeza profesional abraza a
Vespucci por la espalda, atenaceándolo con un brazo y taponando su boca con el
pañuelo, como si fuera una mordaza. Vespucci tiene unas débiles convulsiones y
luego se calma.
ANIMADOR.- (Al público.) No se asusten, señores, esto es ciencia...
El Guardaespaldas suelta a Vespucci, que se tambalea, pálido, sonriendo
aliviado.
(Al Guardaespaldas.) Muestre el pañuelo.
El Guardaespaldas despliega el pañuelo, donde se ve una mancha de
sangre reciente. Asunción irrumpe, angustiada.
ASUNCIÓN.- No es nada... Al toser se muerde la lengua... Ya le pasó varias
veces...
Vespucci continúa bailando, ajeno a todo. Flojo, ajeno, feliz.
ANIMADOR.- (Al Guardaespaldas.) Muéstreselo a los espectadores, para
que vean que aquí no engañamos a nadie...
El Guardaespaldas baja de la tarima y recorre unas filas de espectadores
mostrando de cerca el pañuelo.
Es vida, señores, sangre... Sangre humana. Examinen sin asco ese
estandarte... Con ella estamos cosidos... Con ese frágil hilván de hilos mortales...
R. Monti - Marathon 12
Levemente nos sostiene... Y él derramará hasta la última gota... Nuestro héroe de
hoy... El hombre que baila aquí...
A Vespucci, tomándolo de un hombro.
Descanse un momento, se lo merece... (Dulcemente.) Ahora díganos... ¿Por
qué baila?
VESPUCCI.- (Ablandado, manso y dócil.) Quiero el premio.
ANIMADOR.- (Con afectada sorpresa.) ¿Qué premio? ¿Hay algún premio?
Risitas de los concursantes y de Vespucci, como si el Animador hubiera
hecho un broma.
ANIMADOR.- (Condescendiente.) Bueno, supongamos que haya un premio.
ASUNCIÓN.- Queremos nuestra casa.
Gesto de fastidio del Animador por la interrupción de la mujer. El
Guardaespaldas, siempre alerta, va hacia ella y la hace bailar.
VESPUCCI.- Sí, la casa....
ANIMADOR.- (Siempre afectado.) ¿Cómo, el premio es una casa?
VESPUCCI.- (Febril.) No, mi casa... Yo tengo una casa, mi casa...
ANIMADOR.- ¿Y para qué quiere otra?
VESPUCCI.- Yo la construí. ¿Ve?
Muestra las manos, como si estas explicaran algo.
Yo la levanté.... Ladrillo a ladrillo... Soy albañil, ¿ve?
ANIMADOR.- ¡Un aplauso para nuestro albañil!
Aplausos.
ASUNCIÓN.- (En medio de los aplausos, sin poder contenerse.) ¡La tuvimos
que hipotecar!
ANIMADOR.- (Al Guardaespaldas.) Hágala callar, ¿quiere? Siga,
Vespucci...
En adelante, el Guardaespaldas se dedica a manosear a la mujer. Vespucci
observa esta acción, alerta en medio de su fiebre.
GUARDAESPALDAS.- (A Asunción.) Bailá, ¿no sabés bailar?
R. Monti - Marathon 13
VESPUCCI.- Una casa, hijos... No es mucho, ¿no? Los hijos nunca vinieron.
Y la casa... Oiga, ¿qué hace aquel? ¿Por qué no la deja tranquila?
ANIMADOR.- (Al Guardaespaldas.) No se abuse, che, usted sólo la tiene
que hacer bailar. Y usted, Vespucci no se enoje. Ya sabe que aquí todo se hace pour
la galerie. Nada es serio. Continúe, por favor.
VESPUCCI.- Sin su casa, sin hijos, ¿un hombre qué es? Un paria, un
vagabundo, un muerto. No existe. En cambio, la casa... Todo está bien... En invierno,
en verano... Uno llega a la nochecita, la ve en lo oscuro, iluminada... El olor de las
plantas... Y piensa: todo está bien. Todo está bien.
Tiene otro acceso de tos. Pausa.
ANIMADOR.- Suficiente. Baje.
VESPUCCI.- ¿Cómo?
ANIMADOR.- Baje.
VESPUCCI.- ¿Puedo volver?
ANIMADOR.- Sí, ya terminó. Vuelva.
VESPUCCI.- Gracias.
ANIMADOR.- De nada.
Pausa. Vespucci comienza a bajar en medio del silencio los escalones de la
tarima.
ANIMADOR.- (Susurra íntimo por el micrófono.) Desciende vacilante los
escalones, y en el último se va a caer.
En el último escalón, Vespucci se desploma.
APAGÓN
ESCENA 4
MITO I
R. Monti - Marathon 14
La música cesa bruscamente. Una pálida luminosidad cubre lentamente el
lugar. En la pista, Vespucci, los restantes bailarines y el Guardaespaldas se hallan
tendidos en los lugares en que los sorprendió el apagón. Sólo el Animador
permanece erguido frente al micrófono, sonriente y misterioso.
ANIMADOR.- (Intimo, por el micrófono.) Adelante, señores, pasen al teatro
de los hechos. Rodeen con sus cuerpos la dorada pista de nuestro circo universal.
No dejen huecos libres. Que un halo de calor animal envuelva a nuestros héroes y
entibie el frío que los ha tumbado. Porque han bailado mucho, hasta quedar en sus
huesos, hasta disolver sus cuerpos en la muerte y en la memoria de los otros.
Adelante, señores. Agradecidos de estar con nosotros esta noche de agosto de mil
quinientos y...
Retrocede lentamente hasta desaparecer en la oscuridad.
VESPUCCI.- Ayuda, por favor... Un médico... Mis pulmones, agrietados... Y
las pústulas, las llagas... ¿No hay nadie en esta nave? ¿Nadie que se apiade? ¿Que
arranque de mí este cuerpo, este cuerpo, este envoltorio de dolor?
Un murmullo imperceptible se alza entre los caídos y persiste durante la
escena: “Custodi nos, Domine. Sub umbra alarum tuarum, protege nos.”
¡Dios, cómo te ansío! ¡Sé mi médico! Que termine esta travesía, este mar
salvaje. Que llegue a la tierra que me prometiste. Fue tu promesa, Señor, no lo
olvides. Vigía, ¿qué se ve?
ANIMADOR.- Nada, señor Almirante. Sólo el mar.
OTRA VOZ MASCULINA.- ¡Ah, de proa, alerta y buena guardia!
VESPUCCI.- Señor, levanta el peso de la noche aterradora. Que broten en
su luz las Islas de la Bienaventuranza.
VOCES FEMENINAS.-
Bendita sea la luz
y la Santa Vera Cruz
y el Señor de la Verdad
y la Santa Trinidad;
bendita sea el alba,
y el señor que nos la manda,
bendito sea el día
y el Señor que nos lo envía.
La letanía continúa casi imperceptible.
VOZ MASCULINA.- El señor Almirante está ya casi muerto.
VOZ MASCULINA.- Ya estaba muerto al embarcarse.
VOZ MASCULINA.- ¿Dónde arribaremos, si un cadáver nos guía?
R. Monti - Marathon 15
VESPUCCI.- Mis huesos estallan, mi piel en llamas. Médico, si no puedes
evitar tanto dolor, dale al menos un nombre.
ANIMADOR.- Sarna egipcíaca. Morbo gálico. Syphilidis, señor.
Ana D. se incorpora, sonámbula, con un alarido.
ANA D.- ¿Te acuerdas de mí, señor? ¡Yo soy la puta romana! ¿Te acuerdas
de tu noche de esplendor y fuerza? ¿Te acuerdas de los incendios y los gritos?
¡Sitiador! ¡Conquistador de Roma! ¡Ebrio de poder! ¡Recuérdame, señor!
Impregnado de sudor y negro por el humo de los incendios, con los cabellos
quemados hasta la raíz y reluciente de sangre ajena. ¡Fuiste inmenso esa noche en
Roma! ¡Con qué ferocidad mordiste la vida! ¡Yo fui ese cuerpo maltratado! ¡El que
terminó de destrozar tu soldadesca! ¡Acuérdate de mí, señor, porque tu triunfo era tu
derrota; porque sólo poseíste lo que te quitaba; porque en medio de la vida ya
estabas muerto! ¡En esta hora en que ya no existo, acuérdate de mí, señor!
Ana D. vuelve a desplomarse.
VESPUCCI.- ¿No me purificará nunca este mar? Vigía, ¿qué se ve?
ANIMADOR.- Nada, señor Almirante. Sólo el mar.
VESPUCCI.- Yo, señor de Argüeso, de Campotejar, de Jayena,
gentilhombre de cámara, caballero de Santiago, todo lo cambio por esa tierra que
tengo prometida. Que el Rey mi Señor, y Dios por el Rey, me prometieron. Todo,
todo lo doy por esa tierra que brotará por fin del mar. Mi morada, mi tierra, mi casa.
APAGÓN
ESCENA 5
Algún momento perdido. Las parejas, dispersas. Asunción, haciéndole una
seña al Guardaespaldas, levanta una mano como los niños en el colegio.
ASUNCIÓN.- Baño, señor.
GUARDAESPALDAS.- (Seco.) Tiene que esperar. Está ocupado.
Tom Mix, que está bailando solo, se despereza; el Guardaespaldas pasa a
su lado y le pega un golpecito en las costillas.
GUARDAESPALDAS.- Ojo.
R. Monti - Marathon 16
TOM MIX.- ¿Qué?
GUARDAESPALDAS.- Baile.
PIPA.- (Abstraída en un monólogo interno.) Gente grosera.
NN.- ¿Cómo, Pipa?
PIPA.- (Brusca.) No hablaba con usted.
HÉCTOR.- ¿Qué pasa, Ema?
Ema trata de quitarse un zapato sin interrumpir el baile.
EMA.- Me duelen los pies.
Héctor mira furtivamente a su alrededor.
HÉCTOR.- Nos van a descalificar.
EMA.- Yo estoy bailando, ¿no?
Se saca el otro zapato.
HÉCTOR.- (Con violencia contenida.) Ema...
EMA.- (Desafiante.) ¿Qué?
Pausa.
HÉCTOR.- Tenés las medias rotas.
Ema finge estupor. Lanza una risita histérica.
EMA.- ¿Y qué?
HÉCTOR.- Ponéte los zapatos, hacé el favor.
Ema ríe nuevamente.
EMA.- ¿Y qué si tengo las medias rotas?
HÉCTOR.- Bajá la voz.
EMA.- ¿Pero dónde te creés que estamos? ¡Oigan!
HÉCTOR.- Ema...
La mujer está ya lanzada, entre risitas histéricas.
R. Monti - Marathon 17
EMA.-¿Escucharon? ¡Tengo las medias rotas! ¡Pero qué va pensar esta
gente! ¡Una reunión tan elegante! ¡Pipa, tápese la nariz!
PIPA.- (Desde lo alto de su dignidad.) ¿Qué le pasa a esa conmigo?
NN.- (Con una risita de entusiasmo.) Tiene las medias rotas.
EMA.- Un consejo, Elena, nunca se case. Los hombres son un misterio.
Fíjese mi marido... ¡Hace meses que no vemos un centavo! ¡Vivimos de prestado, en
casa ajena, en puntas de pie, tragando el desprecio de mi hermana! Pero a él le dan
vergüenza mis medias rotas...
NN.- (Divertido.) Será un hombre muy exigente.
EMA.- Sí, muy exigente. No se conforma con cualquier cosa. Cualquier
trabajo. No. Es un hombre muy delicado.
HÉCTOR.- Bueno, basta, Ema.
EMA.- ¿O estará enfermo? (A Asunción.) Debe estar enfermo, ¿no, señora?
ASUNCIÓN.- No sé...
EMA.- A veces se pasa el día entero en la cama, inmóvil, como una piedra,
como un muerto, pálido, barbudo, con los ojos fijos en el techo, hundidos, secos...
¡No escucha, no habla, no se mueve! ¡Me da miedo! Héctor, Héctor... ¿Se murió?
No, respira... Está vivo. Pero frío como un cadáver.
HÉCTOR.- Basta, Ema, por favor.
EMA.- A veces en cambio se transforma en una cucaracha.
NN.- (Canta estúpidamente.) “La cucaracha, la cucaracha... ya no puede
caminar...”
Tom Mix empuja a Héctor.
TOM MIX.- ¡Reaccioná, payaso!
EMA.- ¡Sí, señora, una cucaracha! ¡Anda furtivamente por la casa, pegado
a las paredes! ¡Para que no lo vea mi hermana! ¡Para que no lo corra a escobazos!
¡Para que no le grite: “Rajen de acá, atorrantes. Necesito el cuarto para poner
trastos viejos”!
Ema parece haberse desahogado. Pausa. Todos miran a Héctor. Este,
pálido, sin apartar los ojos de su mujer, retrocede unos pasos. Luego, con deliberada
lentitud, se desprende el cinturón y comienza a desabrocharse los pantalones.
Risitas y movimientos nerviosos del grupo ante la inesperada actitud de Héctor. El
Guardaespaldas mira interrogante al Animador, pero no halla respuesta. Sin saber
qué hacer, el Guardaespaldas se acerca a Héctor.
R. Monti - Marathon 18
GUARDAESPALDAS.- Oiga, pare la mano.
HÉCTOR.- Iba a mostrarles mis calzoncillos.
GUARDAESPALDAS.- (Vacilante.) Sí, pero no es el sitio.
HÉCTOR.- Tiene razón. Sería un penoso espectáculo. La intimidad de un
matrimonio. Las medias, los calzoncillos... La asquerosa intimidad. Ahí está todo.
Todas las marcas. ¿Quieren ver el desprecio? Ahí está el desprecio. El abandono, el
odio, la miseria cotidiana... ¡La suciedad, señores! Porque mis calzoncillos le dan
asco. Y ustedes se darán cuenta que si no puede tocar mis calzoncillos, menos...
PIPA.- (Severa.) ¡Ja! ¡Después soy yo la que los aguanta!
GUARDAESPALDAS.- ¿Y de qué se queja?
EMA.- (Justificándose ante los demás.) Tengo derecho a vivir tranquila,
¿no? ¿Qué más quiere de mí? Estoy agotada. ¿El cumplió con su obligación? No.
Es un pobre tipo, un fracaso. Entonces que no espere nada de mí.
HÉCTOR.- (En un arranque de patético histrionismo.) ¡Presten atención,
vecinos! ¿Por qué me casé con esta mujer? ¡Hoy, solamente hoy, se develará el
secreto! ¿Acaso me casé por su belleza?
Hace una pausa sarcástica, y la señala. Ema mira acosada a su alrededor.
Algunas risas.
¿Habrá sido por su inteligencia? Vecinos, siempre fue estúpida. ¿Por su
riqueza tal vez?
EMA.- (Con los dientes apretados.) Me comiste los ahorros.
HÉCTOR.- ¿Escucharon? Ahorritos de solterona, tristes pesos arrancados
al tiempo para asegurarse una amarga vejez. ¡No, vecinos! Si no me casé por su
belleza, ni por su inteligencia, ni su riqueza, ¿por qué? Les digo por qué.
Hace una pausa deliberada, para crear suspenso.
¡Para hacerle una broma!
Algunas risas de los bailarines. Ema echa una mirada en torno con lágrimas
en los ojos.
Sí, vecinos. ¡Para hacerle una broma! Cuando la conocí ya estaba resignada
a su fealdad, a su estupidez, a su miserable avaricia de solterona. Era una tentación
demasiado fuerte para mí. ¿Qué quieren? Es mi debilidad. Nunca puedo dejar pasar
una broma. Y le propuse casamiento. Toda una vida minuciosamente preparada se
le vino abajo. ¡Con qué odio aceptó! Claro, no tenía otra alternativa... Porque una
cosa es ser víctima de un destino adverso, y otra ser responsable de ese destino. Y
ella era demasiado cobarde para decir “no”.
R. Monti - Marathon 19
Breve pausa.
Ese es el secreto, vecinos, de este... ridículo matrimonio.
Silencio penoso. Héctor parece vacío, deprimido. Ema lo mira, impotente, a
través de sus lágrimas.
ASUNCIÓN.- Señor... Baño...
En silencio, Ema comienza a calzarse. Héctor se acerca a ella.
HÉCTOR.- ¿Te ayudo?
EMA.- ¡No me toques!
Héctor alza las manos.
HÉCTOR.- Está bien... ¿Qué vas a hacer?
EMA.- Me voy.
Una exclamación recorre el grupo. Se produce una gran expectativa. El
guardaespaldas redobla su vigilancia. Va y viene agitadamente entre las parejas.
ANIMADOR.- (Susurra por el micrófono.) Presten atención, señores, esto
no se da todos los días...
HÉCTOR.- Ema... yo... estaba bromeando.
ANIMADOR.- Como ven, no sólo la resistencia física es lo que cuenta...
Héctor aferra a Ema de un brazo.
EMA.- ¡Soltáme!
Héctor lo hace.
HÉCTOR.- Ema, sufrimos mucho por esto. ¿Cómo vamos a dejar así? ¿Tan
cerca de...? Pensá todo lo que podemos perder.
EMA.- Ya no me importa nada.
HÉCTOR.- ¿Pero cómo podés creer lo que dije? Estaba... bromeando. Vos
me conocés, Ema. Por favor, perdonáme.
Ema se mantiene inflexible, aunque de todos modos no deja de bailar
rudimentariamente.
ELENA.- (Feroz.) ¡No lo perdone! ¡Ema, no lo perdone! ¡No se lo merece!
¡Es un egoísta, un puerco, como todos los hombres!
R. Monti - Marathon 20
VESPUCCI.- (Con impaciencia febril.) ¿Y? ¡Vamos! ¿Qué espera?
HÉCTOR.- Ema, es una oportunidad... La última... Todo puede cambiar.
ELENA.- ¡No le crea! ¡Quiere usarla! ¡Como lo hizo siempre!
VESPUCCI.- (Exasperado.) ¡Vamos! ¡Perra! ¡Asquerosa! ¡Vamos!
Ema vacila en el borde de la pista.
HÉCTOR.- (Como un grito final, desgarrado.) ¡Ema, no me dejes!
Pausa. Repentinamente, Ema se vuelve con una risita.
EMA.- No, no vas a ser vos el que decida terminar esto. ¡Yo sé cuándo me
voy a ir! ¡Y va a ser en el momento justo! ¡Cuando más te duela!
Estallando, Vespucci hace un intento de arrojarse sobre ella.
VESPUCCI.- ¡La voy a matar!
El Guardaespaldas se interpone. Pero su intervención es innecesaria,
porque una explosión de tos detiene al albañil. Asunción corre en su ayuda, al
mismo tiempo que se dirige al Animador.
ASUNCIÓN.- ¡Ay, señor! ¡Baño! ¡Me desmayo!
ANIMADOR.- (Con fastidio, al Guardaespaldas.) ¿Quién está en el baño?
GUARDAESPALDAS.- La piba.
ANIMADOR.- Vaya a ver qué le pasa.
Pausa. Una enorme lasitud se ha apoderado de los bailarines. Parecen más
agotados, embrutecidos, encerrados en sí mismos.
PIPA.- (Prosiguiendo un monólogo interno.) Sí, estos son los matrimonios
respetables. Estos son los que me desprecian. Limpitos por fuera, pero llenos de
roña por dentro. A más de uno le conozco los calzoncillos. Yo... estoy orgullosa de
ser quien soy. (Inflexible, invencible y magnífica.) ¡Estoy orgullosa de ser quien soy!
Sobre estas palabras el Guardaespaldas entra corriendo con expresión de
alarma.
GUARDAESPALDAS.- ¡Señor!
APAGÓN
R. Monti - Marathon 21
ESCENA 6
Nocturno. Ya en la oscuridad comienzan a escucharse espaciados suspiros,
chasquidos, risitas y murmullos de los durmientes. El Guardaespaldas cabecea al
pie de la tarima. En ella, el Animador está sentado, casi inmóvil frente a una mesita,
de perfil a la pista, con un mazo de cartas en la mano. Homero está despierto,
abstraído en sus pensamientos. Una risita de Pipa llama su atención. Se acerca a
ella arrastrando con cuidado a su pareja, que se remueve y refunfuña.
HOMERO.- (Susurra.) ¿Pipa?
Pipa tiene los ojos extrañamente abiertos.
PIPA.-¿Qué?
HOMERO.- ¿De qué se ríe?
PIPA.- (Riéndose.) De las moscas. ¡Qué irrespetuosas!
Homero la observa intrigado. Luego hace sonar los dedos delante de ella.
Pipa ríe. Homero suspira, decepcionado. Pausa.
EMA.- (Bruscamente, en sueños.) ¡No! ¡No! ¡Está muerto! ¡No quiero!
HÉCTOR.- (Sin despertarse, mecánico.) Está bien, calmáte, ya pasó todo.
Pausa. El Animador se dirige a Homero, sin volver el rostro, actitud que
mantendrá durante todo el diálogo.
ANIMADOR.- Pobre mujer, siempre sueña lo mismo.
Homero lo mira con curiosidad.
HOMERO.- Sí...
ANIMADOR.- ¿Y a usted qué le pasa? ¿Está desvelado?
HOMERO.- No, señor, duermo muy poco.
ANIMADOR.- ¿Le gusta la noche?
HOMERO.- Vigilo.
Pausa. El Animador silba.
Usted me entiende, ¿no?
R. Monti - Marathon 22
ANIMADOR.- No.
HOMERO.- ¿Usted no escucha?
ANIMADOR.- ¿Qué?
HOMERO.- Los crujidos.
Pausa.
(Con una risita algo siniestra.) A la noche siempre se escuchan... Hay que
tener buen oído y prestar un poco de atención... Pero usted seguramente habrá
escuchado...
El Animador silba entre dientes. Homero se anima a insistir.
Porque usted tampoco duerme, ¿no? Muchas veces lo he visto ahí, inmóvil,
mezclando ese mazo... Perdón, señor; hace tiempo que quiero preguntarle...
ANIMADOR.- ¿Sí?
HOMERO.- ¿A qué juega?
ANIMADOR.- Invento...
VESPUCCI.- (De pronto, en sueños.) ¡Vamos, monitos, diablos, gitanos!
¡Viento a babor! ¡A tierra, gitanos! ¡Se hunde el barco!
Súbitamente abre los ojos y la boca en forma desmesurada, como si se
hubiera quedado sin aire.
Asunción... me ahogo...
Se tambalea. Asunción se despierta de golpe y trata de sostener el cuerpo
de su esposo.
ASUNCIÓN.- ¡Socorro!
APAGÓN
ESCENA 7
R. Monti - Marathon 23
Milonga.
ANIMADOR.- ¡Vamos, señores! ¡Muévanse! ¡Los quiero ver frescos como el
primer día! ¡Pecho erguido! ¡Ojos fieros! ¡El futuro es nuestro! ¡Qué les pasa? ¡Están
muertos? ¡Resuciten! ¡Enciendan esa sangre! ¡Cambio de pareja!
El Guardaespaldas hace cumplir las órdenes en la pista.
¡Cambio! ¡Cambio! ¡Cambio!
Los bailarines pasan de la inercia a un estado de excitación enfermiza.
Cuando el Animador deja de azuzarlos, el cuadro es el siguiente: NN baila con
Elena; Vespucci manosea a Ana D.; Pipa, Ema y Asunción se disputan jocosamente
al pequeño Tom Mix. Homero y Héctor han quedado sueltos, contemplando la
escena.
VESPUCCI.- (Jadeante y febril.) Te gusto, ¿eh? Soy fuerte... grande... ¿Eh,
putita?
A una seña del Animador, el Guardaespaldas libera a Tom Mix del asedio de
las mujeres.
GUARDAESPALDAS.- (Forcejeando.) Bueno, basta, mujeres.
Las mujeres van dejando a Tom Mix. Se apartan, arreglándose los vestidos
como si nada hubiese pasado. Asunción separa a su marido de Ana D., lo
tranquiliza. En el centro queda el pequeño Tom Mix, con las ropas en total desorden,
el pantalón medio desprendido. Pausa.
ANIMADOR.- Pequeño Tom Mix.
TOM MIX.- ¿Sí, señor?
ANIMADOR.- Abróchese la bragueta.
Risas de las mujeres.
TOM MIX.- (Con un guiño.) Sí, señor.
VESPUCCI.- ¡Miren qué cuerpo! (Por Asunción.) ¡Miren qué mujer! ¡Qué
pechos! ¿Cuantos hijos podría alimentar?
La mujer lo calma. Pausa.
ANIMADOR.- Pequeño Tom Mix.
TOM MIX.- ¿Señor?
ANIMADOR.- ¿Qué olor tiene, querido? Digo por las mujeres. Se le van
encima como moscas.
R. Monti - Marathon 24
TOM MIX.- (Riéndose.) Sí, algún día me van a destrozar.
Breve pausa.
¿Tengo que quedarme aquí?
ANIMADOR.- Sí.
Pausa.
(A los espectadores, por el micrófono, en tono confidencial.) Damas y
caballeros, observen esta joven incógnita. Parece tímido, a veces sumiso. Pero
fíjense cómo aprieta los labios, y los ojos... devoran. ¿Quién es? ¿Un animal
depredador? Pequeño Tom Mix.
TOM MIX.- ¿Señor?
ANIMADOR.- ¿Qué hace aquí?
TOM MIX.- Bailo, señor.
ANIMADOR.- (Duro.) Le pregunto por qué está aquí y no en otro lado.
TOM MIX.- ¿Dónde, señor?
ANIMADOR.- Hay muchos sitios para un joven de su presunta edad. El
aula, el surco, el taller...
HÉCTOR.- La cárcel.
Algunas risitas, cortadas por la gélida mirada del Animador.
TOM MIX.- (Sonriendo.) Yo no soy nadie, señor.
ANIMADOR.- (Violento.) No le pregunto quién es, sino dónde está. Dónde
está parado. ¿Entiende?
TOM MIX.- Sí, señor. No estoy parado, señor. Me estoy cayendo.
ANIMADOR.- (A los espectadores.) Es desafiante. Me gusta. ¡Joven!
TOM MIX.- ¿Señor?
ANIMADOR.- Supongo que tendrá aspiraciones normales. Labrarse un
futuro, constituir un hogar, tener hijos.
TOM MIX.- No, señor.
ANIMADOR.- ¿Y entonces qué quiere? ¿Divertirse nomás? Hijo, la vida no
es un baile interminable... Lo hemos admitido aquí con toda confianza. No le
preguntamos de dónde venía, ni siquiera la edad... A pesar de un edicto policial.
R. Monti - Marathon 25
Pero tampoco queremos olvidar nuestra función pedagógica. Además, usted no está
solo... La joven que lo acompaña... Supongo que entre ustedes hay algo más que
una simple... sociedad para el baile...
Se detiene como esperando una respuesta.
TOM MIX.- No sé quién es.
ANIMADOR.- ¿Cómo?
TOM MIX.- No sé quién es. La encontré en algún lado. No me acuerdo. Se
me pegó.
Pausa. El Animador pone cara profesional de sorpresa.
ANIMADOR.- ¡Simplemente... se le pegó!
Hace una breve pausa efectista.
¿Y usted, niña?
ANA D.- Sí.
ANIMADOR.- ¿Sí? ¿Sí qué? ¡Me desconcierta esta gente! ¡Me pone
furioso! Querida, ¿usted siempre dice sí?
ANA D.- Sí.
ANIMADOR.- Y supongo que usted tampoco sabe quién es él. Se le pegó.
ANA D.- Sí.
ANIMADOR.- (Con creciente “indignación”.) Se pegaron. Simplemente se
pegaron, uno al otro, en la calle, como animales, o como insectos. Por cierta...
sustancia adhesiva que segregan los cuerpos.
Breve pausa.
¡Joven!
Tom Mix golpea tacos, a la manera militar.)
TOM MIX.- ¡Se-ñor!
ANIMADOR.- ¡Usted no es absolutamente libre!
TOM MIX.- (Con un golpe de tacos.) ¡No, señor!
El Animador hace una una señal al Guardaespaldas.
ANIMADOR.- Existe la naturaleza...
R. Monti - Marathon 26
TOM MIX.- (Con un golpe de tacos.) ¡Sí, se...!
El Guardaespaldas le toma vertiginosamente un brazo y se lo dobla a la
espalda, mientras sonríe a los espectadores como si todo fuese una broma. Leve
quejido del muchacho.
ANIMADOR.- (Como si nada sucediera.) Vea, la naturaleza es, ¿cómo
decirlo?, fatalista y sentimental. No le interesa más que reproducirse, siguiendo un
orden misterio. Y usted, querido, ¿no piensa siquiera mantener el orden biológico?
Pausa.
ANIMADOR.- Conteste, por favor.
El Guardaespaldas retuerce despiadadamente el brazo del joven.
PIPA.- ¡Suelteló!
TOM MIX.- (Venciendo su dolor.) Mejor que... no cuente conmigo..., señor.
El Guardaespaldas lo suelta. Pausa. Vespucci se señala a sí mismo y a su
mujer..
VESPUCCI.- Cuerpos sanos, fuertes. Miren qué manos... ¿Cuántos hijos
podrían alimentar...? Miren esta mujer: qué caderas... ¿Es justo, digo?
Su mujer lo hace callar; él sigue farfullando. El Animador se ha quedado
contemplando, absorto, el rostro del pequeño Tom Mix, como si fuera un problema a
desentrañar. Pausa.
ANIMADOR.- Muy bien, pequeño Tom Mix, principios son principios. Tengo
criterios amplios. Pero le advierto, hay ciertos límites que no se pueden traspasar.
Una cosa es ser un joven irresponsable, y otra... En fin, sigue el baile.
Se da vuelta, como dando por terminado el asunto.
TOM MIX.- Yo no soy nadie, señor. Yo...
Se ríe. Breve pausa.
Ni siquiera estoy aquí. ¿Ve? Me estoy yendo.
ANIMADOR.- ¿Tampoco quiere el premio?
TOM MIX.- ¿Qué premio?
ANIMADOR.- (Rápidamente.) No puedo decírselo.
Breve pausa.
R. Monti - Marathon 27
TOM MIX.- No quiero nada.
ANIMADOR.- (A los espectadores, íntimo.) Créanme, damas y caballeros, si
este joven conociera el premio, no estaría aquí. No porque sea un premio menor, no,
sino porque el mayor de los premios sería para él insignificante. Muy bien, pequeño
Tom Mix, su minuto de gracia terminó. ¿Tiene algo que agregar?
Pausa.
TOM MIX.- No, señor, nada.
ANIMADOR.- Entonces sigue el baile.
APAGÓN
ESCENA 8
MITO II
La música se extingue. En el centro de la pista un haz de luz envuelve al
pequeño Tom Mix.
TOM MIX.- Esta oscuridad. Este ruido sordo, acompasado. Y mi cuerpo
entumecido, con un cansancio de siglos. Caminando, entre la muchedumbre
harapienta, vencida. ¿Hacia dónde? Sin mirar atrás. Cautivos. Con la espada
suspendida sobre nuestras cabezas. Ciegos de terror y hambre. A la matanza. Y en
mi mente entonces, en medio de la noche, un breve, intenso relámpago. Un
recuerdo de la luz perdida.
ANIMADOR.- ¡Año de gracia de mil ochocientos y...!
TOM MIX.- ¡Sudamericanos!
Silencio súbito. El pequeño Tom Mix continúa con voz vibrante.
Ante las recientes turbaciones de nuestra América, algunos extranjeros han
acusado a los descontentos, fundándose en la admirable sabiduría y suavidad de las
leyes hispánicas. ¿Pero acaso es sabiduría y suavidad haber condenado a millones
de habitantes a vegetar en la pobreza y sujetarlos al gobierno militar y despótico de
los virreyes, que tienen en sus manos la vida, propiedades y honor de los vecinos?
¿Es sabiduría y suavidad haber condenado a los indios a la condición de tributarios
de la corona española, y arrebatar a esta infeliz raza el fruto de su trabajo, regado
R. Monti - Marathon 28
con su sangre en las minas? Los dueños de las minas, o los que han de gozar de
ellas sin trabajarlas, aman muy bien su vida. Y los negros esclavos son una
propiedad de sus amos: ha costado dinero el adquirirlos. Sólo los indios son unos
seres indiferentes que deben despreciar la muerte en provecho ajeno.
Pausa.
VOZ FEMENINA.- (Canta.)
Cielo, cielito que sí,
cielo lejano y celeste,
si es que no puedo ser libre,
mejor me libre la muerte.
TOM MIX.- Sudamericanos, no es este territorio doliente y humillado,
impregnado por el sufrimiento de generaciones, el que iluminó el relámpago de mi
sueño. Es otra tierra que esta, ya endurecida de dolor y estéril. Porque detrás de
este mar de iniquidad, América aún se alza, callada en su resplandor, infinita. En sus
playas nos aguardan, riendo, niños inmortales. Es esa la tierra de mi sueño, la que
Dios nos guarda en custodia, su promesa.
Cae como bajo una descarga de fusilería.
VOZ FEMENINA.- (Canta.)
Cielo, cielito que sí,
cielo lejano y celeste,
si es que no puedo ser libre,
mejor me libre la muerte.
APAGÓN
ESCENA 9
Nocturno. Luces y música atenuadas. Las parejas duermen. Las voces de
sus sueños se van sumando unas a otras, coralmente, de modo vertiginoso, hasta
conformar un único, breve clamor.
HÉCTOR.- Cruzamos la frontera. La tierra pedregosa, parda. La luz suave.
Acuosa y brillante. Nos vamos acercando a la ciudad.
PIPA.- Moscas, gordas como dedos, verdosas. Queridas mías. Hijitas.
TOM MIX.- Arena, arena. Y charcos de agua limpia, brotando de la arena.
R. Monti - Marathon 29
ELENA.- Agua. Agua, por favor. Me queman los labios.
HOMERO.- Palabras. Necesito palabras.
PIPA.- Me bajan por las piernas. Me hacen cosquillas.
ANA D.- Corro por el campo. Descalza. Corro por el agua.
EMA.- El galpón está oscuro, polvoriento. Olor a maderas podridas.
Crujidos. Ratas. El va aparecer. Me da miedo.
ELENA.- Agua.
NN.- Un agujero oscuro. ¡Pum!, en la cabeza.
HÉCTOR.- La ciudad antigua, deshabitada. Muros de piedra pulida.
Ancestrales.
PIPA.- Moscas en mis cabellos como corona de esmeraldas.
TOM MIX.- Y niños, niños. Desnudos. Riendo. Saltan sobre los charcos.
Arrojan puñados de arena al viento.
ASUNCIÓN.- Tengo los pechos llenos de leche. Él se prende. Me vacía.
¡Este hombre!
EMA.- Primero, una luz tenue en el fondo. En el fondo del galpón. Miedo.
Abrazarlo.
PIPA.- Moscas en mis agujeros. Pululan. Se enciman. Me llenan.
ELENA.- Agua. Tanta sed. Me estoy secando.
ANA D.- Corro por el viento.
HÉCTOR.- Y en cada piedra un dibujo antiguo. Colores que brotan de la
piedra.
PIPA.- Moscas a mi alrededor como una nube de incienso. ¡Salta el gato
dorado! ¡Las espanta! ¡Se vuelan! ¡Hijitas, vuelvan! ¡Queridas!
NN.- ¡Pum!, en la cabeza.
ELENA.- ¡Agua! ¡Me quemo! ¡Me seco!
HOMERO.- ¡Palabras! ¡Palabras!
VESPUCCI.- ¡Se hunde el barco!
TOM MIX.- ¡Y saltan! ¡Y ríen! ¡Y gritan! ¡Libres! ¡Libres!
R. Monti - Marathon 30
EMA.- En el fondo del galpón. Fosforescente. Envuelto en su mortaja
blanca. ¡Me sonríe! ¡Me tiende sus manitos! ¡Pero está muerto! ¡Dios mío, está
muerto!
APAGÓN
ESCENA 10
Luz. Animación: es de día.
ANIMADOR.- (Dirigiéndose a los espectadores.) Sin los sueños, la vida
sería insoportable. Pero sin el poeta, también los sueños serían insoportables. Y en
nuestra maratón, señores, espejo de la vida, no podía faltar el poeta. El hombre que
algún día tal vez cantará - ¿por qué no? - esta gesta valerosa y anónima. Por
supuesto, ya saben a quién me refiero. ¡Al intérprete de los humildes, el insigne don
Homero Estrella!
Aplaude junto al micrófono. Los bailarines también aplauden.
Suba, Homero. Háganos el honor.
Homero finge modestia. Elena, exaltada, aplaude y lo tironea hacia el palco.
Lo ayuda, innecesariamente, a subir los peldaños y se abalanza sobre el micrófono.
ELENA.- (Por el micrófono.) Parece mentira, pero en realidad es tímido
como un niño.
Lo llama con gestos.
ANIMADOR.- Lástima no tener laurel para coronarlo...
ELENA.- Cierto, qué lástima.
ANIMADOR.- Pero aquí, nuestro ayudante... ha reparado el olvido... Y a
falta de laureles...
Toma un pañuelo con las puntas anudadas, que le alcanza el
Guardaespaldas. Lo alza sobre la cabeza de Homero, guiñándole un ojo a los
espectadores.
¡Gloria artistae!
Elena se une a la coronación.
R. Monti - Marathon 31
ELENA.- ¡Por la poesía!
HOMERO.- Gracias, acepto este humilde...
ANIMADOR.- ¡Venerado maestro!
HOMERO.- ¿Señor?
ANIMADOR.- Nos debe una confidencia.
HOMERO.- A sus órdenes, señor. Siempre que no haya empeñado mi
palabra, ni perjudique a un amigo, ni manche el honor de una dama.
PIPA.- (Admirativamente.) ¡Me meo!
ELENA.- ¡Sh!
ANIMADOR.- Por supuesto, por supuesto... No queremos curiosear en
secretos de alcoba, ni malquistarlo con su compañera...
HOMERO.- Pero no, mi amigo, no habría cuidado. La señorita Elena es
sólo... (Ambiguo.) una amiga, un consuelo de mi vejez, un...
ELENA.- En realidad, para que no haya ningún malentendido, ni nadie
piense lo que no corresponde, quiero dejar bien sentado que nuestra relación se
basa exclusivamente en la admiración mutua. Realizo una meritoria labor cultural.
Ejerzo mi apostolado como bibliotecaria de la Sociedad de Fomento Almafuerte. Fue
allí donde nos conocimos, e iniciamos una amistad que nunca salió del margen de la
poesía.
HOMERO.- Elena ha gastado noches enteras en dactilografiar mis
inmerecidos poemas.
ELENA.- Que son interminables, por otra parte. Pero no sólo eso. Pronto
comprendí que Pirín... Ay, perdón, Homero tenía grandes lagunas culturales. Me
propuse reconstruir a este hombre. Le hice un plan de lecturas sistemáticas. Desde
entonces, su poesía ha mejorado notablemente. Además, no pocas veces, al pasar
sus poemas, he pulido alguna imagen, algún descuido.... Bien dicen que detrás de
todo hombre hay una gran mujer.
El Animador la aparta del micrófono.
ANIMADOR.- Pero en realidad, maestro, mi pregunta iba dirigida a que,
considerando sus años, su mérito, su fama... En fin, su presencia aquí es un
misterio...
HOMERO.- Sí, en efecto. Pero hay que decir que nuestra presencia en
general es un misterio, ¿no cree? Fíjese, van a ser casi setenta años que respiro
este aire y miro esta luz y todavía no lo comprendo.
R. Monti - Marathon 32
EMA.- (Inmiscuyéndose en el micrófono.) No sé si entienden...
ANIMADOR.- (Apartándola.) Sí, sí... Lo que no me explico, Homero, es qué
lo impulsó a participar...
HOMERO.- No fue la codicia, señor.
ELENA.- Aunque es bastante tacaño.
HOMERO.- Es una broma de Elena.
ELENA.- No, no, es tacaño; es bastante tacaño. Nadie sabe que tiene una
cuenta bancaria...
HOMERO.- Elena exagera, por supuesto. Cuando nací, mis padres eran
casi viejos. Tenían detrás toda una vida laboriosa. Y me dejaron algunas cosas,
pocas... Su memoria, que venero; la casa grande y vieja en que nací y donde vivo; y
el fruto en metálico del esfuerzo de toda su vida... Un escaso capitalito que con
muchas penurias y cuidados me permitió dedicar mi vida a la inspiración...
ANIMADOR.- Y supongo que pagarle a la señorita para que le dactilografíe
sus poemas.
Carcajada sarcástica de Elena.
HOMERO.- (Casi sobresaltado.) Disculpe, señor, pero eso hubiera sido, con
perdón de las damas presentes, como pagarle a una prostituta. Aclaro, por supuesto,
que no menosprecio a esas desdichadas flores nocturnas... Me complazco de la
amistad de muchas de ellas, con las que numerosas noches, dicho sea con todo
respeto, hemos rendido culto a Venus... Pero, aclaro, nunca por dinero.
Todos miran malévolamente a Pipa.
PIPA.- (Agria.) Lo que es conmigo, viejito, yo te hubiera sacado las ganas
de garronear.
ANIMADOR.- Entonces, Homero, ¿el motivo de su participación?
ELENA.- En realidad, todo fue idea mía. Tengo una meta en la vida, y es
publicar la obra completa de Homero Estrella.
Homero hace disimulados cuernitos hacia el suelo.
Como comprenderá, esta empresa necesita fondos. Y estoy dispuesta a
cualquier sacrificio para lograrlos.
PIPA.- ¿Cualquier sacrificio, querida?
Risas de los bailarines.
R. Monti - Marathon 33
ELENA.- Hay gente que goza manchando las causas más puras. Gente
sucia....
PIPA.- ¡Obras completas! Lo que quiere es forrarse de guita, haciéndose la
viuda.
ELENA.- ¡Callesé! ¡Guaranga! ¡Prostituta!
PIPA.- ¡Solterona!
El Guardaespaldas interviene.
GUARDAESPALDAS.- Tranquila, Pipa...
PIPA.- ¡Que no me busquen!
Sigue refunfuñando.
ANIMADOR.- ¿De modo, maestro, que ha sido el arte que lo condujo hasta
aquí?
HOMERO.- Puede decirse que sí... Aunque, en realidad, todo es un
capricho de Elena... Yo, a mi edad, no tengo ambiciones desmedidas... Pero, ¿qué
quiere?, nunca pude negarme a los ruegos de una dama. Salvo el yugo matrimonial
no he escondido nunca el bulto. En fin, mientras me quede en el cuerpo una gota del
jugo de la vida... Pero en lo demás, siempre fui humilde. Sólo una vez tuve en mi
vida una gran ambición...
ANIMADOR.- Diga nomás.
HOMERO.- Publicar un poema en el suplemento dominical de “La Nación”.
Puedo morir tranquilo. Ese sueño se ha cumplido.
ANIMADOR.- ¡Un aplauso para don Homero Estrella, publicado en “La
Nación”!
Algunos aplausos desmayados de los bailarines. Con mano temblorosa,
Homero saca un papel del bolsillo y se lo tiende al Animador. Este lo examina
brevemente y se lo alcanza al Guardaespaldas, que recorre la fila de espectadores,
mostrándolo.
HOMERO.- (Simultáneamente con las acciones anteriores.) ¿Ve? Hay
muchas maneras de realizar un sueño. Durante años estuve enviando las pobres
obras de mi ingenio. Sin ningún resultado. Pero entonces pensé: ¿Acaso no soy un
poeta? ¿Mi única realidad no es el sueño? Pues vamos a darle una mano a la
realidad. Con astucia e inocencia. ¿Se acuerda?: “Cándidos como palomas, astutos
como serpientes”. Entonces, señor, elegí mi poema más consagrado, me agencié
una tijera, engrudo, y domingo a domingo fui recortando del suplemento cada una de
las palabras que necesitaba... Y no crea que fue fácil, de todos modos. Cuando todo
estuvo listo, una palabra aún faltaba. Una palabra, una palabra, que perseguí
durante meses, años... Una tortura, un suplicio... Una palabra me separaba de la
R. Monti - Marathon 34
fama, la inmortalidad. Llegué a odiarla, a desesperarme, me hubiera suicidado por
esa palabra... Pero era inútil; allí estaba, un espacio en blanco en el poema.
Humillándome. ¿Qué hacer? ¿Trampa? No, no, uno tiene que ser coherente con su
invención. Esa es la primera ley poética. ¿Cambiarla? Dios sabe que hubiera sido
una derrota de la poesía. Y sin embargo, estuve a punto... Iba a hacerlo, cuando
apareció. Apareció esa palabra amada, odiada, de la que pendía el hilo de mi vida. Y
publiqué mi poema en “La Nación”. Salvado. Podía morir tranquilo.
Pausa.
ANIMADOR.- Gracias, insigne maestro. Así ha pasado una brisa de espíritu
por nuestra rante maratón. Y después del espíritu, bienvenida sea la carne. Pipa,
anímese y suba a nuestro histórico tablado.
Risas de los bailarines, que animan a Pipa.
PIPA.- (Amarga y estridente.) No, señor. Paso. Yo no tengo historia. Yo acá
sólo pongo el cuerpo.
APAGÓN
ESCENA 11
Al alba. La mayor parte de los bailarines dormitan; otros acaban de
despertarse o están desvelados. El Animador se lava las manos en una palangana
que el Guardaespaldas sostiene frente a él desde abajo de la tarima. Es una larga
escena en silencio. Súbitamente, el Animador clava la mirada en un punto, hacia la
entrada. El Guardaespaldas lo imita. Una mujer acaba de entrar al salón: elegante,
bella, frágil; su vestido de gala largo deja al descubierto sus perfectos hombros
morenos. La mujer se acerca lánguida, lentamente, arrastrando su vestido y su
estola de piel blanca. Lleva un cigarrillo sin encender entre sus dedos enguantados.
Ante la mirada atónita del Guardaespaldas y de los bailarines despiertos, la mujer
avanza como una vaga aparición hasta el centro de la pista. Mira en silencio a su
alrededor. Por fin, el Guardaespaldas reacciona y se acerca a ella, obsecuente.
GUARDAESPALDAS.- ¿Un asiento, señora?
Luego de una pausa, sin mirarlo.
MUJER.- Fuego.
El Guardaespaldas busca torpemente en sus bolsillos. La mirada del
Animador se dirige nuevamente hacia la entrada. El Guardaespaldas saca una caja
R. Monti - Marathon 35
de fósforos y enciende uno. Lo sostiene frente a la mujer, pero esta permanece
impasible. El Guardaespaldas mira hacia la entrada. Un hombre avanza lentamente,
blando, vacilante, vestido de smoking y con una chalina blanca colgando de su
cuello. Se acerca a la mujer.
HOMBRE.- Ma soeur, almita, vamos, on nous attends.
Silencio. Ella no responde. Mira fijamente a las parejas, como si tratara de
diferenciar un sueño de la realidad.
MUJER.- Mon frère... ¿qué están haciendo?
Él mira a su alrededor, vacilante.
HOMBRE.- Creo que... bailan.
MUJER.- ¿Bailan? ¿En el infierno... bailan?
Ríe lentamente. Luego cierra los ojos, vacila. El hombre le da su apoyo.
HOMBRE.- Vamos, querida, on nous attends.
La mujer tiene la cabeza reclinada en el hombro de su hermano.
MUJER.- ¿Por qué... bailan?
HOMBRE.- No sé, hermanita. Es tarde.
MUJER.- Mon frère, esta gente... bailando en la madrugada... No sé por
qué...
Ríe en forma corta y agria.
Es siniestro.
HOMBRE.- No todas las cosas tienen su explicación, ma soeur.
MUJER.- No, no... Quiero una explicación. Necesito una explicación.
HOMBRE.- Et voilá...
Canturreando y girando lentamente en una danza vacilante y fantasmal, se
dirige hacia la tarima.
“London bridge is falling down,
falling down, falling down...
London bridge is falling down,
my fair Lady...”
Habla en voz baja con el Animador. Mientras tanto, Pipa se acerca con
expresión hipnótica a la mujer. La señala.
R. Monti - Marathon 36
PIPA.- Señora, una mosca. Tiene una mosca dentro de la oreja.
El hermano vuelve canturreando junto a la hermana.
HOMBRE.- Ma soeur, seguirán bailando hasta... algo... J’en sais pas... Es
algo así como... una competencia... No sé por qué... Parece que hay un premio...
MUJER.- Quiero bailar.
HOMBRE.- Almita, estamos agotados... Toda la noche...
MUJER.- Quiero bailar. Hay un premio, ¿no? Quiero ese premio.
HOMBRE.- Tu vestido. Se va a arruinar en este piso.
MUJER.- Recogeré mi vestido, como una lavandera.
HOMBRE.- Ma soeur, je t’en prie, nos llaman, ¿oís las bocinas? Nos van a
dejar aquí. Ni siquiera sabemos dónde estamos.
MUJER.- No importa. De todos modos, vamos a estar mucho tiempo en
este lugar.
El hombre ríe suavemente y canturrea.
HOMBRE.- “London bridge is falling down...” (Al Animador.) Oyó, monsieur,
nos quedamos... Mi hermana es obcecada. Será imposible convencerla de lo
contrario.
ANIMADOR.- Me temo, señor, que en este punto, una incorporación... Salvo
informalmente, claro está.
El Hombre mira interrogativamente a su hermana.
MUJER.- Quiero bailar... formalmente.
El vuelve a reír suavemente.
HOMBRE.- Ya escuchó.
ANIMADOR.- Sí, sí, pero comprendamé... Esta gente hace ya mucho
tiempo que está bailando... Demasiada ventaja a favor de ustedes...
MUJER.- (Riendo.) Si apenas nos tenemos en pie.
HOMBRE.- Bien, supongo que si hay que pagar... algo así como una...
inscripción. No hay ningún inconveniente... “London bridge is falling down...”
Canturreando y bailando vacilante se dirige hacia la tarima. Saca su billetera
y disimuladamente ofrece unos billetes al Animador. Este se los guarda rápidamente
R. Monti - Marathon 37
y con una profesional expresión de asombro se dirige por el micrófono, íntimo, a los
bailarines.
ANIMADOR.- Señores... despiértense... Un imprevisto...
El Guardaespaldas palmotea y reparte golpes y empujones.
GUARDAESPALDAS.- ¡Despertarse! ¡Vamos! ¡Despertarse!
ANIMADOR.- (En el mismo tono que antes.) Señores, perdón... Algo que no
estaba en nuestros cálculos... Entre gallos y medianoche... Estas distinguidas
personas piden... Señores, amigos, el secreto del premio me impide revelar la oferta
del caballero... Pero en mi cara leerán que se trata de algo verdaderamente
excepcional.
Señala con un dedo su propia, histriónica, expresión.
Pero en fin, son ustedes quienes deben... La decisión está en sus manos...
Las palabras del Animador resuenan como un sarcasmo ante el estupor
entumecido del grupo de bailarines, que adquieren cada vez más el aspecto de una
manada exhausta, que el Guardaespaldas se divierte en atropellar y manejar a
empellones, con voces de arreo. Repentinamente, como una res cortándose de la
tropilla, Pipa echa a correr en torno a la pareja.
PIPA.- ¡Señora...! ¡Señora...! ¡Una mosca dentro de la oreja!
APAGÓN
ESCENA 12
MITO III
En la oscuridad, como continuación de la escena anterior, se escucha un
correr atropellado, interjecciones y silbidos de arreo. Una luz grisácea deja ver que
ahora son todos los bailarines los que giran como ganado en torno a la pareja
nueva, que danza lentamente. En la tarima, el Animador juega su solitario y silba
entre dientes. Cada tanto echa una mirada a la pista.
MUJER.- Mon frère, una pesadilla... ¿Por qué no paran estas bestias? Me
marean.
R. Monti - Marathon 38
HOMBRE.- Le dije, almita, que no era un espectáculo para usted. Pero no
tema. No es difícil detenerlos. Se los sigue a caballo. Y después, con una hoja de
acero en la punta de una caña... Un golpe seco y filoso en el garrón... Y quedan
desjarretados, tendidos en el campo. Después, el degüello. Y se les saca el cuero, lo
más valioso, el asta, el sebo... y con la carne, si cabe, charque, tasajo...
MUJER.- Levantan tierra.
HOMBRE.- Si, mucha tierra en el aire. Leguas de tierra. ¡A la buena de
Dios! ¡Polvo y cielo! Tanto ganado libre, tanta tierra al viento, me da vértigo. “Horror
vacui.” Hermana, a esta llanura infinita, baguala, hay que domarla como un potro.
Montarla, clavarle la espuela en los ijares. Alambrarla.
MUJER.- Sus negocios no los entiendo. A mí déjeme en mi mundo
doméstico: mis tapices de Italia, mi porcelana inglesa, nuestra cama francesa de
caoba labrada...
HOMBRE.- Hermana, un sueño. La tierra estaba quieta. Toda América: una
mole inmóvil, gruesa y grasienta. Una inmensa mujer grávida. Y sin cesar paría:
ovejas, vacas, caballos... Hermana, un sueño. La tierra sangraba. América toda: un
matadero. Reses tendidas sobre el lodo, una comparsa de negras achuradoras y en
el medio el carnicero, chiripá y camisa y rostro embadurnados, cuchillo en mano.
Arriba las gaviotas revoloteaban sobre el olor a carne y excrementos y abajo el
matambrero desollaba la res. La izaban a la cinta transportadora. Le quitaban las
vísceras, la cabeza y el rabo. La separaban en mitades, con un serrucho eléctrico. Y
la sepultaban en nichos, en enormes cavidades de hielo. Y así esa triste carne
terminaba por fin su duro tránsito.
Breve pausa.
(Solemne, haciendo el saludo romano.) ¡Gloria al frigorífico!
APAGÓN
ESCENA 13
ANIMADOR.- (Desperezándose frente al micrófono.) Bueno, hijitos, vamos
a bajar las luces. Les deseo un buen descanso.
Un clima de extraña inquietud flota entre los bailarines. Se advierte en sus
miradas alertas y febriles, en una vaga tensión, como si algo hubiera de sobrevenir,
particularmente del exterior.
R. Monti - Marathon 39
EMA.- Señor...
ANIMADOR.- ¿Sí?
EMA.- No... es que en realidad todavía no tengo sueño... Pero si los
demás...
ASUNCIÓN.- Yo tampoco tengo sueño.
NN.- Se podrían dejar las luces prendidas un rato más.
Mira a Pipa, en busca de su aprobación.
Bah, si les parece bien.
PIPA.- (Seca.) Sí.
Los demás también asienten.
TOM MIX.- (Al Animador.) Oiga, señor, ¿por qué estuvimos solos hoy?
El Animador se ríe y se frota las manos.
ANIMADOR.- No sé. El frío acobarda a la gente.
GUARDAESPALDAS.- (Imitando al Animador.) ¿Saben cuántos grados
hace afuera? Dos bajo cero. ¡Qué nochecita, eh! Suerte de ustedes que están acá,
calentitos, bien alimentados, en movimiento. Imagínense esa pobre gente ahí afuera.
Como para ser descalificado, ¿eh? Si yo fuera ustedes ni dormiría por cuidar mi
puesto... ¡Dos grados bajo cero!
PIPA.- Alguien se estará helando afuera.
HÉCTOR.- Y usted se queja, Pipa. Mire si tuviera que andar trotando por
esas calles...
PIPA.- Yo no me quejo.
VESPUCCI.- Yo tengo calor.
ASUNCIÓN.- (Con exagerado entusiasmo.) ¡Eh, qué vivo! ¡Con semejante
cuerpo! ¡Como para tener frío!
VESPUCCI.- (Simple.) A veces también tengo frío.
ASUNCIÓN.- ¡Porque siempre anda desabrigado! ¡Qué hombre! A veces lo
veo en pleno invierno con una camisita y se me pone la piel de gallina. “Ponéte
algo”, le digo. “No tengo frío”, me dice.
ANA D.- (Riéndose.) En el campo, a la mañana íbamos caminando a la
escuela. Dos kilómetros. Las zapatillas se nos mojaban con la escarcha y se nos
R. Monti - Marathon 40
congelaban. Entonces nos sacábamos las zapatillas y las escondíamos en el pasto.
Nos íbamos descalzos.
Pausa.
ANIMADOR.- Bueno, vamos a bajar la luz.
EMA.- No, un rato más, por favor.
ANIMADOR.- (Riéndose.) ¿Qué les pasa hoy? ¿Tienen miedo?
ASUNCIÓN.- Señor, ¿podríamos... tirarnos en el suelo... un ratito?
ANIMADOR.- (Dulcemente.) No, no puede ser.
ASUNCIÓN.- ¿Por qué? Si nadie nos ve.
ANIMADOR.- No, imposible. No sería moral.
HÉCTOR.- (Riéndose, burlón.) ¿Moral?
ANIMADOR.- (Sin prestarle atención.) Por otro lado, no les convendría. Si
alguien se tira, ¿quién me asegura que se pueda levantar? Además, perderían
incentivos. Para los que no ganen, descansar será el premio consuelo.
HÉCTOR.- (Burlón.) Cansarse para descansar. ¿Así que ese era todo el
secreto?
GUARDAESPALDAS.- (Al Animador.) ¿Bajamos la luz, señor?
Voces de protesta de los bailarines.
ANIMADOR.- (Riendo.) Homero, recíteles un poema suyo, a ver si se
duermen.
HOMERO.- ¿Tan aburridos son, señor?
ANIMADOR.- (Riendo.) No he dicho eso. (Levemente irónico.) Sólo me
refería a que en una noche como esta, en que la mañana es lejana e incierta, y el
rebaño anda disperso... la voz inmortal del poeta... Metalé nomás.
HOMERO.- (Ceremonioso.) Muy bien. Si todos están de acuerdo...
Voces aprobatorias de los bailarines.
“La boda”.
ELENA.- (Fastidiada.) ¡Ay, pero ese lo conoce todo el mundo!
HOMERO.- No sabía que le disgustara.
R. Monti - Marathon 41
ELENA.- No es que me disguste. Es demasiado conocido.
HOMERO.- Bueno... No sé... Es el que recuerdo entero...
ELENA.- (Sugiere.) “Rosa de fuego.”
PIPA.- ¡No! ¡No! ¡”La boda”! ¿Qué sabe esa de poesía?
Entre los bailarines se alzan voces en favor de “La boda”.
HOMERO.- Elena, el público exige...
ELENA.- (Brusca.) Recite lo que quiera.
HOMERO.- A pedido...
Aplausos y exclamaciones aprobatorias. Homero hace una breve pausa y
comienza a recitar solemnemente.
Era una blanca paloma,
la flor más linda del barrio.
A su paso iban brotando
requiebros, palabras hondas.
Ella nunca respondía
a la viril devoción.
Ni el deseo ni el amor
su corazón encendían.
Pero un día un forastero,
un varón de dura estampa,
le capturó el alma intacta
con sólo decir: “Te quiero.”
Y le pidió que en secreto
juntara todas sus horas
y preparara su boda
para el año venidero.
Transida de amor quedó
cuando se fue el caballero.
Sin tardanza, con esmero,
su blanco ajuar preparó.
Todo ese año vivió
con la sonrisa en los labios,
pero al llegar casi el plazo
la enfermedad la postró.
En su lecho de dolor
a su madre consolaba.
R. Monti - Marathon 42
Ella esperaba con calma
al que abrió su corazón.
Y llegó ese triste viernes
y el varón apareció.
A los ojos la miró
le tendió sus manos fuertes.
Ella apenas sonrió, inerte,
“Este es mi brazo, aquí estoy”.
Y sin temor se entregó
al abrazo de la muerte.
Larga pausa. Pipa se echa a llorar desconsoladamente.
PIPA.-¿Por qué es tan triste la vida?
Héctor se separa un paso de Ema y abre los brazos en toda su extensión.
HÉCTOR.- (Solemnemente burlón.) ¡Ven, amada, a mis brazos!
Todos miran con malicia. Pero sorpresivamente, Ema, con un seco y
convulsivo sollozo, se acurruca en el pecho de Héctor. Este, sorprendido y
angustiado, queda con los brazos en cruz. Luego los cierra lentamente en torno a
ella.
HOMBRE.- ¿Es suficiente, almita? ¿Vamos?
MUJER.- (Riéndose.) No, mon frère, hasta el final.
APAGÓN
ESCENA 14
Luz plena. Música estridente.
ANIMADOR.- ¡Pasen, señores, pasen! Nuestra maratón progresa
indefinidamente. ¿Marzo del…?
GUARDAESPALDAS.- ¡Treinta y dos, señor!
ANIMADOR.- Nadie cede. Pero la crisis se acerca. ¡Son cuerpos! ¡Pasen,
señores! ¡Mañana ya es tarde! ¡No vacilen demasiado!
R. Monti - Marathon 43
APAGÓN
ESCENA 15
Un momento perdido, alguna tarde. El Animador fuma en la tarima, ausente.
Brusco sobresalto de Pipa.
PIPA.- ¡Pero me cacho en...! ¡Se me paró el reloj! ¿Qué hora es?
NN la mira parpadeando, asustado.
NN.- N-no sé, Pipa...
PIPA.- ¿Quién tiene hora?
Breve pausa. Nadie responde.
¡Elefantes! ¿Nadie tiene hora aquí?
ANIMADOR.- (Por el micrófono.) Las seis y cuarto, Pipa.
PIPA.- (A NN, dura.) Oiga, me debe las cinco.
NN.- ¿Qué cinco?
PIPA.- Horas, querido.
NN.- (Suavemente.) No se han cumplido, Pipa.
PIPA.- ¿Cómo no se han cumplido? ¡Son las seis pasadas!
NN.- Claro, el pago es a las ocho...
PIPA.- No, no. No me entiende. Las otras...
NN.- (Pálido.) ¿Qué otras?
PIPA.- (Furiosa.) ¡Las cinco... las cinco de antes de éstas que terminan a las
siete!
NN comienza a desesperarse.
R. Monti - Marathon 44
NN.- A las ocho, Pipa.
PIPA.- No, no. No hablo de éstas. ¡Las que me debe!
NN.- (Tratando de concluir el asunto.) Pipa, estoy al día con usted. No le
debo nada.
Pipa se aleja de él, vehemente, pero sigue bailando.
PIPA.- ¿Me recibí de otaria, yo? ¿Estoy acá por diversión? ¿Porque me
gusta el baile? Hicimos un trato claro, ¿sí o no? ¡Conteste!
NN está mudo de rabia.
¡Tanto cada cinco horas o fracción! Todo lo que usted gane, o crea que gane
o pierda conmigo, todo ese asunto del premio, son cosas suyas. ¿Usted quiere
usarme así, en vez de asá? Muy bien, no me meto en sus negocios. Yo lo que cobro
es el tiempo, horizontal o vertical, el tiempo de servicio. ¿A usted mi tiempo le sirve?
¿Cree que puede llegar a algo? Perfecto. ¡Pero las cuentas claras! ¡Lo único que
falta es que me explote! ¡Como a los infelices de su fábrica! ¡No, señor! ¡Mi cuerpo
es sagrado! Si usted quiere disfrutar... yo, piernas abiertas, ahí tiene el agujero, todo
muy lindo, señor: ¡Pero pague!
NN, muy alterado, estalla al fin con voz aguda, balbuceando de ira.
NN.- ¡Usted... usted se... aprovecha! ¡Se aprovecha de mi necesidad!
PIPA.- ¡No me diga! ¿No me voy a aprovechar de la mía, no?
Mira a su alrededor satisfecha, buscando la aprobación de los demás.
¡No me voy a aprovechar de mi necesidad! (A NN.) Las mujeres no tenemos
esa necesidad, querido. Se la imponen los hombres.
NN.- (Ofuscado, pateando el suelo.) ¡No, no, no! ¡Ustedes...!
¡Chupasangres!
PIPA.- ¡No le permito!
NN.- ¡Se aprovechan del hombre caído! ¡Todos! ¡Usureros! ¡Esperan que
uno tenga un tropiezo! ¡Una pequeña deuda! ¡Una montaña! ¡La ruina! ¿Qué
quieren? ¿Eh? ¿Que me pegue un tiro en la cabeza? (Feroz, exaltado por haber
encontrado las palabras.) ¿Eso quieren? ¿Que me pegue un tiro en la cabeza?
PIPA.- Por mí, haga lo que quiera. Si quiere pegarse un tiro... ¡Pero no a
costa mía!
NN.- (Exasperado, impotente.) ¡Chupasangre! ¡Chupasangre!
ANIMADOR.- Bueno, basta, NN. Cálmese. ¡Y usted, Pipa! Mire este
hombre, una piltrafa. Un poco de piedad, caramba.
R. Monti - Marathon 45
PIPA.- No me haga reír. ¿Piedad de quién? ¿De este... bicho? Lo conozco
muy bien, señor. Es un cliente antiguo. Y si quebró es por su culpa. Porque es un
estúpido.
NN.- ¡No es mi culpa! ¡No, señor! ¡Yo... quedé sentido por la muerte de mi
hermano!
PIPA.- Que era el que llevaba todo adelante.
NN.- ¡No es cierto! ¡Yo era el que llevaba todo adelante! El ponía la alegría,
la picardía. ¡Era la comparsa! Pero el burro de trabajo era yo. El... tenía la parte
financiera... Enredaba a medio mundo. Sabía... mantener el equilibrio. Con él todo
era... divertido. Nos tenían miedo. ¡Y él siempre se reía! Me necesitaba. ¡Nos
entendíamos con la mirada! Y yo... lo quería... tanto...
PIPA.- Mucho sentimiento, pero a la viuda la dejó sin un centavo.
NN.- (Como si hubiera recibido un golpe.) ¿Quién se lo dijo?
PIPA.- ¿Quién me lo va a decir? Vos, querido.
NN.- ¡No estaban casados! ¡No tenía ningún derecho! ¡Era concubinato!
PIPA.- ¿Y los dos hijos tampoco tenían ningún derecho?
NN.- ¡Era concubinato! A él... le gustaban las mujeres... ¡Era un picaflor!
PIPA.- (Patética.) ¡Ni un mango partido por la mitad! ¡Ni siquiera la casa! ¡La
pobre mujer... con dos chicos, en la calle!
NN.- ¡No había ningún papel! ¡No había nada! ¡Era una extraña! ¿Por qué le
iba a regalar...? ¿A mí me regalan algo? El decía siempre: “Con sentimientos no se
hace la plata”. Nadie perdona la vida a nadie, ¿por qué yo...? Además, yo... ¡El se
murió! ¡Me dejó todo el fardo a mí! ¡Hubiera sido él el generoso!
Se interrumpe bruscamente. Pausa larga.
Señor, me siento mal. Quiero ir al baño.
ANIMADOR.- No.
NN.- Quiero... salir de aquí... Tengo el revólver preparado. Pum. En la
cabeza. En el baño.
Se ríe.
No voy a esperar hasta el final. ¿Querían un charco de sangre? Pum, en la
cabeza.
Se ríe.
R. Monti - Marathon 46
ANIMADOR.- (Suave, susurra por el micrófono.) El premio, NN.
NN.- Un agujero oscuro, un poco de sangre. La cabeza vacía. ¿El premio?
Sí... Es cuestión de tiempo. Encontrar el equilibrio. Tapar el agujero.
PIPA.- Muy bien, querido. Pero a mí lo que me importa es este agujero. Me
debés cuatro pesos.
NN.- (Débilmente.) Yo... a usted... no le debo nada.
PIPA.- ¿Esa es su última palabra?
NN.- Sí.
PIPA.- Entonces, acá se acaba todo.
Amaga irse.
¿Dónde está la salida?
Se dirige hacia un costado con paso vacilante. Pausa.
NN.- ¡Pipa!
Ella se vuelve lentamente.
PIPA.- ¿Qué quiere?
NN saca su billetera con mano temblorosa.
NN.- Siga.
APAGÓN
ESCENA 16
MITO IV
Un cono de luz ilumina a NN. Detrás de NN, en la penumbra, los bailarines
forman una confusa hilera. NN canta y baila un foxtrot sonámbulo, con voz y
R. Monti - Marathon 47
movimientos desarticulados. Los bailarines reproducen la melodía y los pasos con
voces asordinadas y gestos de marionetas desmayadas. Music-hall fantasmal.
NN.- (Canta.)
Creanmé, soy un buen hombre,
un honesto buen burgués.
Tuve sanas intenciones,
sólo obré de buena fe.
Un día soñé que la tierra,
ay América,
estaba de acero cubierta,
ay América.
Chimeneas y petróleo,
ríos de electricidad,
y montañas de altos hornos
contra un gris cielo industrial.
Un sueño de máquinas era,
ay América.
Un sueño de máquinas era,
ay América.
Ay, ¿por qué tan tristemente
ese sueño fracasó?
¿Me esquivó tal vez la suerte
o es que todo fue un error?
Un día soñé que la tierra,
ay América,
estaba de acero cubierta,
ay América.
Ya no queda ni memoria
de ese mundo que inventé.
Terminó la breve historia
de este honesto buen burgués.
Un sueño de máquinas era,
ay América.
Un sueño de máquinas era,
ay América.
APAGÓN
R. Monti - Marathon 48
ESCENA 17
Ema en la tarima, frente al micrófono, desencajada. El Animador a su lado.
En la pista, los bailarines bailan, indiferentes, embotados. El Guardaespaldas retiene
a Héctor.
EMA.- Señor, él vuelve y vuelve de la oscuridad. Mi hijito, señor. Me tiende
sus manitos blancas. Y me mira con sus ojos oscuros, mudos. ¡El estuvo conmigo!
No es un sueño. Vivía... en un hueco, entre mis brazos... Latía...
HÉCTOR.- Basta, Ema...
EMA.- Yo lo tuve... Era tibio. Creamé, señor.
ANIMADOR.- Sí, Ema.
EMA.- Dos meses, nada más. Fue la única alegría que tuve en esta vida...
¡Y duró... nada más que dos meses! ¡Mi hijito, señor! Tan tibio... en mis brazos... tan
confiado. ¡No pude! ¡No pude retenerlo! Se escurría... como aire... Su vida, señor, se
escurría, como si nunca... Lloraba, señor, como si me dijera: ¡No me dejes, no me
sueltes, no dejes que me pase esto... tan extraño...! Sufría, señor... ¡Y yo me hubiera
arrancado con las uñas hasta el último pedazo de mi vida para dárselo...!
HÉCTOR.- ¡Ema...!
EMA.- ¡No es justo, señor! ¡No es justo! ¡Dos meses! ¿Y tengo que cargar
con... todo lo demás? ¿Con esa basura? ¡No, señor! Si es cierto que hay otra cosa...
Si es cierto que después de la muerte... Si alguien me va a juzgar: cuando me llame,
señor, le voy a escupir en la cara y le voy a decir: ¿Con qué derecho? ¡Viví nada
más que dos meses! ¡No soy responsable del resto! ¡No soy culpable! ¡Nadie tiene
derecho a acusarme de nada! ¡Soy inocente! ¡Inocente! ¡Inocente!
ANIMADOR.- Gracias, Ema Expósito, por este delicado y emotivo
momento. Una prueba más de que aquí no ahorramos esfuerzos. Alguien que
acompañe a la señora hasta la pista. ¡Y sigue el baile, señores, sigue el baile!
APAGÓN
ESCENA 18
R. Monti - Marathon 49
Nocturno. El embrutecimiento ha llegado hasta un grado casi irreal.
ELENA.- Usted me da asco.
HOMERO.- Elena, amiga mía, no le entendí...
ELENA.- ¡Usted-me-da-asco! ¿Cómo quiere que se lo diga?
HOMERO.- Elena... creo que llegó al límite de sus fuerzas y...
ELENA.- ¡Usted me da asco!
HOMERO.- Elena, esto es... una mancha para nuestra amistad...
ELENA.- (Totalmente histérica.) ¡Usted me da asco! ¡Usted me da asco!
APAGÓN
ESCENA 19
Sólo el Animador iluminado. Música vertiginosa.
ANIMADOR.- Señores, curioso es nuestro mundo y nuestra década,
sublime. Todo se inventa. La penicilina, sin ir más lejos - no para usted, Vespucci, lo
siento -. En fin, formas de no morir, y las mejores formas de hacerlo. En España, por
ejemplo. Y en Berlín, un pequeño canciller. Y en este rincón sur del universo, un
australopithecus. Un fantasma recorre el mundo desde Wall Street. Y en el treinta y
tres, en Buenos Aires - la ciudad sin esperanza, dice Le Corbusier-, una ola de
suicidios... Le Roi du Tango triunfa en París, y después, en Medellín, sufre su más
seria derrota. Mussolini en Abisinia, el obelisco. Joliot-Curie, el pibe Cabeza. Y
Guernica. Y una cruz dentada, flameando en negros estandartes, cubre el cielo. Y en
Berlín, ¡ein kleiner Kanzler!
APAGÓN
ESCENA 20
R. Monti - Marathon 50
MITO V
Como continuación directa de la escena anterior, se ilumina la pista, donde
los bailarines han formado un círculo cerrado.
TODOS.- (Mordiendo las últimas palabras del Animador.) ¡Heil!
Se desploman como fulminados. En el centro emerge el Guardaespaldas,
esgrimiendo un revólver. En la tarima, el Animador juega su solitario y silba la
música de la escena anterior.
GUARDAESPALDAS.- (Moviéndose entre los cuerpos, con exaltación
sonámbula.) La victoria es el orden. Esta tierra está podrida, llagada. Hay que
cauterizarla a fondo. América bellaquea, hay que sofrenarla. La quietud es mi sueño,
un vasto cementerio. Este territorio que hace cuatro siglos nuestra estirpe ha
conquistado, ¿hemos de entregarlo a esa plebe ultramarina, y a sus cómplices
mulatos y mestizos, a esa ralea mayoritaria, triste chusma de las ciudades? No es
cuestión de que el derecho esté de nuestra parte, sino únicamente la victoria. Al
vencedor no se le pedirán explicaciones. La ejecución tiene que ser brutal y sin
miramientos. Todos los que han meditado sobre el orden de este mundo saben que
sólo se cimienta en el éxito de los que mejor utilizan su fuerza.
APAGÓN
ESCENA 21
HOMBRE.- (En la oscuridad.)
“London bridge is falling down,
falling down, falling down.
London bridge is falling down,
my fair Lady...”
Ronroneo de un tango por los altoparlantes. Agotamiento final. Larga pausa.
Sólo la voz de Vespucci, monótona, enloquecedora.
VESPUCCI.- Nadie quiere largar, ¿eh? Muerden, y hasta que matan o
mueren... Cuervos, esperan la carroña... Dan vueltas encima del débil, del enfermo...
¿Qué miran, eh? ¿Qué están esperando? Que caiga, ¿no? Que me muera. No, no
les voy a dar el gusto. Aunque me quede sin sangre, sin aire. Voy a bailar sin sangre.
R. Monti - Marathon 51
Se ríe bajito.
Como un fantasma.
EMA.- (Estallando.) ¡Háganlo callar! ¡Por Dios! ¡Me vuelve loca!
ASUNCIÓN.- ¡Métase en sus cosas, señora! Quieto, Pedro, hay que ahorrar
el aliento...
HOMBRE.- Ma soeur, salgamos de aquí.
MUJER.- Imposible, mon frére.
HOMBRE.- Mais pourquoi?
MUJER.- (Con una risita.) Porque estamos atrapados. ¿No ves nuestros
cuerpos allí, frente a nosotros. Están bailando. ¿Dónde iríamos sin nuestros
cuerpos?
Breve pausa.
VESPUCCI.- Moscas de letrina... Nada las espanta... Pueden estarse
muriendo que siguen, siguen... No miran a un costado, no miran atrás... Al que cae,
al necesitado, al que sufre... No, qué les importa... Revuelven, roban, matan,
siguen...
NN se dirige hacia él con paso vacilante. Lo enfrenta.
NN.- ¿Cómo se atreve? Usted que está acá... pudriendo el aire. ¡Quitándole
espacio a los vivos! ¡Un muerto!
Le pega una bofetada. Hay un revuelo entre los bailarines.
¡Un tísico! ¡Un muerto!
VESPUCCI.- ¡Piojos! ¡Piojos!
Exasperado, escupe al azar. Alarido de Pipa. Brusco silencio.
PIPA.- (Paralizada por el terror.) ¡Me escupió! ¡El tuberculoso... me escupió!
Trata de limpiarse. Vuelve a gritar.
VESPUCCI.- ¡Piojera!
Escupe al azar a su alrededor.
¡Tumba!
Griterío y confusión. Todos procuran ponerse a salvo.
R. Monti - Marathon 52
ELENA.- ¿Homero, qué le pasa? ¡Suélteme! ¡Socorro, me mata!
Silencio. Todos miran hacia Homero. El viejo está desencajado, rígido,
pálido, con los ojos clavados en el vacío; sus manos oprimen los brazos de Elena,
que grita enloquecida. Repentinamente, Homero se derrumba, arrastrando casi a la
mujer, que por fin consigue zafarse. Hay unos segundos de inmovilidad, mientras
Homero se sacude levemente en el suelo. Todos están paralizados; han dejado de
bailar. Héctor corre hacia Homero.
HÉCTOR.- Tranquilo, viejo. ¿Está bien?
HOMERO.- Necesito... palabras...
ANIMADOR.- ¿Qué pasa ahí?
HÉCTOR.- No sé.
HOMERO.- ¡Confesión!
Se ríe.
Denme... palabras...
HÉCTOR.- Quieto, viejito.
Homero trata de incorporarse.
HOMERO.- Un poema nuevo...
Y llegó ese triste viernes
y el Señor apareció.
A los ojos lo miró,
le tendió sus manos fuertes.
El apenas sonrió, inerte,
“Este es mi brazo, aquí estoy”.
Y sin temor se entregó
al abrazo de la muerte.
Muere. Silencio.
ANIMADOR.- Señor Expósito, ¿puede decirnos, por favor, qué pasa ahí?
HÉCTOR.- Creo que...
Pausa.
ANIMADOR.- ¿Sí?
HÉCTOR.- Creo... que está muerto.
VESPUCCI.- Uno menos.
R. Monti - Marathon 53
Pausa.
ANIMADOR.- (A Héctor.) ¿No está seguro?
HÉCTOR.- No.
El Animador hace una señal al Guardaespaldas. Este va junto a Homero. Su
veredicto es rápido, profesional.
GUARDAESPALDAS.- Está muerto.
Nervioso movimiento general. Casi todos se acercan al cadáver. Elena
estalla en sollozos, como una descarga de tensión.
PIPA.- ¡Dijo el poema de siempre! ¡Y él creyó que era nuevo! (Indignada
hasta las lágrimas.) ¡No hay... justicia!
ELENA.- (Entre sollozos.) La memoria últimamente le fallaba... No sabía
otro.
ANIMADOR.- Señores, este hombre ha alcanzado ya su premio.
HÉCTOR.- (Violento.) ¿Este era el premio?
ANIMADOR.- Por supuesto que no. Es una metáfora. Quiero decir que este
hombre dio de sí todo lo que podía dar, no cejó... (Al Guardaespaldas.) Llame una
ambulancia. Y nos legó lo mejor de sí, los últimos instantes de su valiosa existencia.
Y ese es su premio: lo que en nosotros queda de él, en nuestra eterna memoria.
¡Este hombre vive! ¡Vive en sus obras! ¡Vive en nosotros! ¡No ha muerto!
PIPA.- ¡Es cierto! ¿Quién no se acuerda de su poema? “Y llegó ese triste
viernes...”
VESPUCCI.- ¿Viernes? ¿Por qué viernes? Podría ser jueves o miércoles.
NN.- ¿Hoy es viernes?
PIPA.- Callesé, estúpido. Era viernes y punto. Ese triste viernes, me
acuerdo perfecto, y un varón...
ASUNCIÓN.- Un señor.
ANA D.- El Señor.
PIPA.- ¡Un varón! ¡Era un varón! ¿Me quieren volver loca? ¡Ya está! ¡Se me
fue de la cabeza! ¡Ahí tienen! ¿Cómo seguía? ¿Eh? ¿Cómo seguía?
Breve silencio tenso.
EMA.- ¡Elena tiene que acordarse!
R. Monti - Marathon 54
ELENA.- Yo...
VESPUCCI.- La muerte lo abrazaba.
NN.- Lo abrazó.
EMA.- Sonrió.
ASUNCIÓN.- Había algo de las manos.
PIPA.- ¡Ay, Dios mío!
ANIMADOR.- Señores, les ruego... Debemos mantener la calma. Estamos
confusos, perplejos. La muerte ha caído a traición, salvajemente, sobre uno de
nosotros... Pero debemos cerrar filas... Ahora precisamente. Somos una pequeña
comunidad. Por lo tanto debemos responder organizadamente a este desafío. Hay
que dar algunos pasos concretos... Elena, ¿usted se va a hacer cargo?
ELENA.- ¿Qué? No, no... Yo... Imagínese, soy una mujer soltera... Para mí
sería un compromiso... Además, tengo que irme...
Se mira las manos, como si se sintiera vacía.
Yo... me parece que traía algo... Una cartera... y un saquito...
ANIMADOR.- Sí, en el vestuario.
ELENA.- Ah, gracias.
Sale.
ANIMADOR.- Por favor, si son tan amables... No creo que sea un
espectáculo... Bajo la tarima van a encontrar una sábana.
Va Héctor. Cuando vuelve con la sábana, Vespucci se la saca.
VESPUCCI.- Déjeme a mí...
Asunción interviene.
ASUNCIÓN.- No, dame...
VESPUCCI.- (Furioso, le arranca la sábana y balbucea.) No... Quiero ser
yo...
Se arrodilla y cubre lentamente, casi amorosamente, el cadáver con la
sábana.
ANIMADOR.- Ahora, si son tan amables... Un par de voluntarios... ¿Lo
ponen al lado de la tarima?
R. Monti - Marathon 55
Vespucci y Héctor se disponen a realizar el trabajo. Asunción, angustiada,
trata de apartar a su marido.
ASUNCIÓN.- ¡Te va a hacer mal!
Vespucci, desesperado, la golpea y la aparta de un empujón. Llevan el
cadáver a un costado de la tarima. Vuelve Elena, con un saquito sobre los hombros
y una cartera.
ELENA.- Bueno, ya no tengo nada que hacer aquí... ¿Me puedo despedir?
ANIMADOR.- Sí, por supuesto.
ELENA.- Bueno, adiós, ¿eh? Es una lástima que tanto esfuerzo... Bah,
siempre pasa lo mismo... Estoy tan cansada...
Les va dando la mano.
ASUNCIÓN.- Mi más sentido pésame.
ELENA.- No es nada. Gracias. Perdonen la molestia, ¿eh?
ALGUNOS.- Adiós.
ELENA.- ¿Por dónde es la salida?
GUARDAESPALDAS.- Por acá. Venga, yo la voy a acompañar.
ELENA.- No, no, está bien... Ya me oriento... Lo que pasa es que estoy algo
mareada.
Vacila en el borde de la pista, como si fuera a desmayarse. Pausa.
(Con angustia.) ¿Puedo descansar aquí un poquito antes de irme?
Elena se queda y participa en todas las situaciones siguientes.
ANIMADOR.- ¿Qué es el hombre, señores? La memoria de sí mismo. Un
hombre muerto es una memoria para siempre sellada a la curiosidad general. Un
hombre muerto es un fugaz espectáculo. Demos, entonces, una última mirada a esta
memoria que ya no nos pertenece; y entreguemos ese frío disfraz de lo intangible al
universo que le corresponde. Por razones de fuerza mayor, esta pareja queda
descalificada. Los que sobreviven, que sigan bailando.
Comienzan a bailar. A poco se advierte que Tom Mix no lo hace. Permanece
inmóvil, ensimismado. Frente a él, sin comprender, Ana D. lo mira, simplemente a la
espera, obediente. El Guardaespaldas consulta algo en voz baja con el Animador.
ANIMADOR.- (Suavemente.) ¿Qué le pasa, hijo? ¿Por qué no baila? Se
está quedando atrás...
R. Monti - Marathon 56
El Guardaespaldas se acerca a Tom Mix. Le palmea la espalda.
GUARDAESPALDAS.- Vamos, muchacho, hay que bailar...
ANIMADOR.- Pequeño Tom Mix, yo comprendo sus sentimientos, pero me
veo obligado a decirle que le está corriendo tiempo de descuento.
GUARDAESPALDAS.- No seas otario, ¿qué ganás con emperrarte? Mirá,
todos bailan, y vos...
ANIMADOR.- Oiga, Tom Mix... Lo lamento mucho, pero le doy un minuto de
plazo para que revea su actitud, y es demasiado. En caso contrario, mi amigo, su
pareja quedará descalificada.
El Guardaespaldas lo empuja.
GUARDAESPALDAS.- Movéte, perejil...
Inesperadamente, Héctor va hacia el tocadiscos, quita el disco y lo rompe.
Velozmente, el Guardaespaldas se vuelve hacia él, apuntándole con un revólver.
Héctor alza los brazos. Hay algunas corridas y gritos de mujeres.
ANIMADOR.- (Al Guardaespaldas.) ¡Quieto!
Pausa tensa.
(Con suavidad.) Señor Expósito, ¿por qué hizo eso?
HÉCTOR.- (Con las manos en alto.) Señor... se le puede escapar un tiro.
ANIMADOR.- (Con una risita condescendiente.) Está bien. Baje el arma.
El Guardaespaldas así lo hace, pero no guarda el revólver.
ANIMADOR.- ¿Se siente mejor, señor Expósito?
HÉCTOR.- Sí.
ANIMADOR.- ¿Puede explicarse, ahora?
HÉCTOR.- Sí, señor... Es una pavada. Ese pibe... Quiero saber qué le pasa,
nada más.
ANIMADOR.- Bueno, no era necesario llegar hasta ese extremo.
Pregúntele.
HÉCTOR.- ¿Puedo?
ANIMADOR.- Por supuesto.
Breve pausa.
R. Monti - Marathon 57
HÉCTOR.- (A Tom Mix.) Hijito...
Pausa.
TOM MIX.- ¿Qué estoy haciendo aquí... bailando... en esta tierra enemiga?
¿Qué estoy haciendo... en este lugar? Perdido entre todos... y todos perdidos...
Escarbando... escarbando en la tierra con las uñas... Escarbando un agujero para
acostarnos adentro y descansar... Por fin, descansar... En esta tierra ajena... ¿Qué
estoy haciendo aquí? ¿Afuera de mí? Si hay otro lugar. Todas las noches, en mis
sueños... Una playa infinita... Hay niños... Inmortales... Corren desnudos sobre el
agua y ríen... Hermosos, libres... La vida es eso...
Pausa.
EMA.- (Estallando en sollozos.) Ahí está mi hijo... Viene de allí... Todas las
noches, viene... ¡Y yo tengo miedo!
Pausa.
ANIMADOR.- ¿Satisfecho, señor Expósito? ¿Qué consiguió? Paralizar al
rebaño... Cuando nuestro propósito aquí es todo lo contrario. Mantener el
movimiento.
HÉCTOR.- Pero a usted...
ANIMADOR.- ¿Qué?
HÉCTOR.- Lo que él dijo...
ANIMADOR.- No me conmueve. Todos los hombres han soñado con la
inmortalidad. Señor Expósito, esta es nuestra realidad, no es perfecta, pero ha
costado un enorme esfuerzo construirla. Mantengamos el movimiento.
HÉCTOR.- ¿Mantener esta realidad? ¿Por qué?
ANIMADOR.- ¿Conoce otra?
HÉCTOR.- No.
ANIMADOR.- ¿Entonces?
HÉCTOR.- Pero es posible, ¿no?
ANIMADOR.- ¿Y cuál sería la diferencia?
HÉCTOR.- Habría... justicia.
ANIMADOR.- Señor Expósito, mire a su alrededor... ¿Usted cree que a
estos seres desesperados les importa la justicia? ¿Estos seres voraces,
hambrientos, asediados por la muerte? ¿Estos animales en fuga? ¿Justicia, en
R. Monti - Marathon 58
medio del pánico? Si pudiéramos quitar la muerte del corazón de los hombres - pero
entonces ya no serían lo que son -, sí, en ese caso sería fácil imaginar la justicia...
HÉCTOR.- ¿Para usted no hay hombres justos?
ANIMADOR.- Sí, las víctimas. Podemos decir que las víctimas son más
justas que los verdugos. Alguien dijo que es preferible sufrir la injusticia que
cometerla. En fin, usted ve, si el único modo de ser justos es sufrir la injusticia, la
justicia es sólo una forma de la pasividad.
HÉCTOR.- (Tercamente.) No, la justicia es posible.
ANIMADOR.- Tiene el don de ser obcecado.
HÉCTOR.- ¿Y qué otra cosa nos queda, señor? Tal vez la justicia no sea
más que una forma de la obcecación.
ANIMADOR.- Tal vez... Pero esto se ha vuelto demasiado discursivo, y la
gente vino a ver un espectáculo. Señores, a los hechos. ¿Seguimos bailando?
HÉCTOR.- ¿Señor?
ANIMADOR.- ¿Sí?
Breve pausa.
HÉCTOR.- ¿Cuál es el premio?
Breve pausa.
ANIMADOR.- (Suavemente.) Señor Expósito, hay reglas del juego. Usted
las aceptó. Con su presencia misma las está aceptando en este momento.
HÉCTOR.- Todas las reglas pueden modificarse.
ANIMADOR.- No dentro de este juego.
HÉCTOR.- ¿Quién lo establece?
ANIMADOR.- Yo. Entienda, señor, que mientras usted esté aquí, yo soy el
que dicta las reglas. Y si usted no las acepta, corre el riesgo de ser descalificado. En
ese caso sí, señor, vamos a ser iguales, porque yo no voy a tener ningún poder
sobre usted, pero usted tampoco va a tener nada que ver conmigo ni con esto, ni
recibirá desde luego ningún premio. Yo soy nadie y soy todo. Yo, en cierta forma, no
existo; estoy, por decirlo así, dentro de usted. Lo poseo porque usted me posee. Es
su propio deseo el que me da poder. De este lado soy todo para usted, del otro un
vago sueño. Esos son los términos de nuestra alianza.
Pausa.
HÉCTOR.- Sólo quiero saber: ¿existe algún premio?
R. Monti - Marathon 59
ANIMADOR.- Señor Vespucci, ¿por qué baila?
VESPUCCI.- Quiero... levantar la hipoteca de mi casa.
ANIMADOR.- ¿Señor NN?
NN.- Quiero... salvarme de la quiebra.
ANIMADOR.- (A Héctor.) Ya ve, el premio existe.
HÉCTOR.- ¡Quiero saber si existe un premio real!
ANIMADOR.- ¡Señor Expósito, acepte la convención!
HÉCTOR.- ¡Ese hombre está muerto! ¿Es una convención?
ANIMADOR.- ¡Eso no me incumbe!
HÉCTOR.- ¿Quiere decir... que todo esto puede ser un engaño, una
fantasmagoría?
ANIMADOR.- Decida por usted.
Breve pausa.
Los que deseen permanecer en nuestra maratón, que continúen bailando.
Los que no: quedan descalificados.
Pausa tensa. Repentinamente se suceden de modo vertiginoso los
siguientes hechos: el pequeño Tom Mix se lanza sobre el Guardaespaldas y le quita
el revólver de un manotazo. En medio de gritos confusos, Vespucci corre hacia uno
de los bordes de la pista, vacila un instante, y como si no supiera qué hacer con el
arma, se apunta a la cabeza. Asunción grita, corre hacia él, intenta quitarle el
revólver; hay un forcejeo y suena un disparo. El Guardaespaldas cae de rodillas.
VESPUCCI.- ¡Quiero morir! ¡Quiero morirme!
GUARDAESPALDAS.- ¡Yo no tengo nada que ver con él! ¡Cumplía
órdenes! ¡Es mi trabajo! ¡Un sueldo! ¡Tengo familia! ¡Hijos! ¡Yo no sabía nada! Por
favor, créanme... Soy... completamente inocente...
Pero nadie presta atención al Guardaespaldas, que lloriquea de rodillas.
Todos, en tropel, se precipitan hacia la tarima, a los gritos de “¡Ladrón! ¡Estafador!”,
etc. El Animador apenas tiene tiempo de exclamar:
ANIMADOR.- ¡Manga de locos! ¡Esto es un espectáculo, una convención,
un juego!
Todos suben a la tarima, en la mayor confusión. Rodean al Animador, lo
golpean, lo escupen, lo zamarrean, lo bajan a empujones. Le quitan el saco, lo
R. Monti - Marathon 60
despintan. Todo es muy rápido y confuso. El Animador trata de huir, pero cae en un
borde de la pista. Su aspecto es lamentable: despeinado, el maquillaje corrido, sin
camisa - llevaba sólo pechera y puños -, una camiseta agujereada, sin un zapato -
una media que ya no está en condiciones de uso -. Al caer el Animador, tiene
encima al Guardaespaldas, que nuevamente empuña el revólver.
GUARDAESPALDAS.- (Exaltado.) ¡Hay que matarlo! ¡Como un perro!
Salvajemente aferra al Animador del pelo y apoya el revólver en su sien. Al
ver esto, el grupo que viene detrás se paraliza. Suena un “clic”. El Guardaespaldas
mira el revólver.
¿Se descargó?
El Animador queda hecho un ovillo en el suelo, en medio de convulsiones:
es imposible descifrar si ríe o llora. Silencio.
ANIMADOR.- Asesinos... Manga de locos... Soy un ser humano...
Se sienta en el suelo, quejándose y llorando. Los demás lo miran en
silencio, estupefactos.
Quieren sangre, ¿eh? ¿Destrozarme? ¿A patadas, como a un perro... un
perro rabioso?
Lloriquea.
Me rompieron el saco... El único que tengo... Cobardes... Un hombre
indefenso... Péguenme un tiro, mejor... No me martiricen... ¿Qué soy yo? ¿Qué se
creen que soy? ¿Se creen que me hago millonario con ustedes? ¡Infelices! ¿Cuánto
piensan que vale que estén aquí destrozándose para que se rían de ustedes!
¡Menos que chimpancés en el zoológico, estúpidos! ¡Centavos, eso es lo que valen,
centavos roñosos, que apenas me alcanzan para pagar un pieza mugrienta en una
pensión barata!
Lloriquea.
Y encima me rompen el saco... ¡Péguenme un tiro, mejor! ¡Yo, agradecido!
Se queja de dolor.
¡Qué porquería! Ladrón, sí... ¡Cómo si tuvieran algo para que yo les robe...!
Ladrón de miserias... Eso sí: tengo una fortuna de miserias... ¿Quieren saber qué es
mi vida? ¿Quién está más solo, enfermo, quebrado...?
Se ríe.
¡El premio! Sí, señores... Cómo no, con todo gusto... Puedo decirles cuál es
el premio...
Vespucci se precipita sobre él y le pega una feroz patada.
R. Monti - Marathon 61
VESPUCCI.- ¡Cállese!
Héctor forcejea con Vespucci.
HÉCTOR.- ¡Basta!
VESPUCCI.- ¡Lo que quiere es quedarse con todo! ¡Hambriento!
Mientras tanto, NN abofetea al Animador.
NN.- ¡El premio! ¿Dónde está el premio?
Tom Mix lo aparta.
TOM MIX.- ¡Déjelo...! ¡Déjelo hablar!
NN lo enfrenta, furioso.
NN.- ¡Acá no hay nada que saber! ¡Acá estamos para ganar! ¡Cada uno
sabe lo que tiene que saber! ¡Lo que gana y lo que pierde! ¡No estoy acá echando
los bofes para que un mocoso me diga lo que tengo que saber!
TOM MIX.- (Tartamudeando, furioso.) ¡Usted... cobarde! ¡Tripa gorda!
PIPA.- ¡Nene, un poco de respeto por los mayores!
TOM MIX.- ¡Cuerpos manoseados! ¡Carne podrida!
Se eleva un muro de protestas contra Tom Mix. El Guardaespaldas lo
prepotea.
GUARDAESPALDAS.- Tranquilo, querido, ¿eh?
TOM MIX.- (Violentísimo.) ¡Sáqueme las manos de encima, tacho de
basura!
GUARDAESPALDAS.- Vamos por las buenas, ¿eh?, vamos por las
buenas.
Tom Mix lo escupe. El Guardaespaldas levanta fríamente el revólver y le
apunta a la cabeza, con el brazo muy extendido.
TOM MIX.- ¡Tirá! ¡Tirá, hijo de puta!
Un instante de silencio. Inesperadamente comienza a sonar la música: el
hombre ha puesto un disco.
HOMBRE.- Por favor, s’il vous plaît... El tiempo pasa. Y mi hermana tiene
jaqueca. Terminemos con esto, ¿eh? Ma soeur...
R. Monti - Marathon 62
Empiezan a bailar. Vespucci también empieza a moverse automáticamente.
VESPUCCI.- (Delira.) ¿Qué es un hombre sin una casa, sin mujer, sin
hijos...? Si pierdo mi casa, ¿dónde meto este cuerpo, eh? No soy un vagabundo...
Soy un hombre...
NN.- ¿Baila, Pipa?
PIPA.- (Riendo.) Yo nunca digo no. Me debe cinco horas...
NN suspira resignado.
NN.-¿Ya?
Saca la billetera. Le paga.
ELENA.- Bueno, ya es hora...
En contradicción con lo que sugieren sus palabras, Elena se queda
rondando la pista. Mientras tanto, el Guardaespaldas ha continuado apuntando a
Tom Mix con el brazo extendido. Ambos se miran tensos, inmóviles. Héctor, su mujer
y Ana D. los miran a su vez, paralizados. El Animador, en el suelo, trata de
arreglarse la ropa.
ANIMADOR.- Una mano, por favor.
Breve pausa. La situación anterior continúa estática. Por fin:
GUARDAESPALDAS.- Pum.
Se ríe. Guarda el revólver y va en ayuda del Animador.
¿Se siente bien, señor?
Lo acompaña hasta la tarima, obsecuente. Le limpia la ropa, etc. Pausa.
Tom Mix parece haberse derrumbado en su interior. Se ríe convulsivamente, entre
sus lágrimas. En un impulso, se dirige hacia la salida. Ana D. lo sigue. Antes de salir,
Tom Mix se detiene y se vuelve hacia Héctor. Breve pausa. Ambos se miran.
TOM MIX.- Héctor... ¿usted se queda?
Héctor mira a Ema.
HÉCTOR.- ¿Ema...?
Héctor y Tom Mix miran a Ema. Ella los mira como si estuviera saliendo de
un sueño. Imperceptible y automáticamente, comienza a bailar.
EMA.- ¿Yo...?
Pausa.
R. Monti - Marathon 63
Hay tantas cosas... que nunca tuve... Yo siempre... serví a los demás.
¡Quiero tener sirvientas! Yo... nunca salí de esta ciudad inmunda... ¡Quiero ver el
mar! ¡Las islas! ¡Quiero... saber cómo acarician las pieles finas! ¡Quiero conocer
California, Bengala...!
Breve pausa.
No, yo me quedo.
Baila. Héctor, sin dejar de mirar a Tom Mix, comienza a moverse.
HÉCTOR.- (A Tom Mix.) Ya ve...
TOM MIX.- Adiós.
HÉCTOR.- Oiga, ¿por qué se va?
TOM MIX.- Porque me muero... de pena. Y usted, ¿por qué se queda?
HÉCTOR.- (Riéndose.) Estaré enamorado del sufrimiento... Quién le dice
que yo... no ame a esta desventurada mujer.
Tom Mix comienza a irse.
¡Pequeño Tom Mix! No nos juzgue tan mal... Su sueño, tal vez algún día...
Tom Mix se encuentra ya cerca de la puerta.
TOM MIX.- (Riéndose.) ¡Si llega ese día, avíseme! ¡Y si estoy muerto,
resucíteme! Aunque más no sea: porque lo he soñado tantas veces...
Sale, seguido por Ana D.
ANIMADOR.- (Nuevamente al micrófono.) Damas y caballeros, veo con
regocijo que sigue el baile. Nuestra maratón ha sufrido una pequeña crisis. Pronto
será olvidada. Una crisis de crecimiento, apenas. Un incidente en todo cuerpo vivo.
Claro, algunos han quedado en el camino. ¿Pero cuándo, en qué circunstancias, no
queda siempre alguien en el camino...? Lo importante es que todo siga. Mantener el
movimiento general. Continuar el espectáculo.
Cambiando de tono, a los espectadores.
Adelante, señores, contemplen a nuestros héroes. ¿Cuánto hace que están
bailando? Ya perdieron la cuenta... Ciegos, se dirigen hacia el final, hacia la
exaltación o la derrota. Señores, ¿quién entiende a los hombres? Se agitan, se
mueven, mueren... Se destrozan ferozmente... Y renacen, renacen, como insectos
fugaces. Y sin embargo ellos, luchando a muerte con la indiferencia y con la nada,
construyen sus frágiles obras, disponiéndose para la eternidad. Señores, si no fuera
ridículo, esto sería una tragedia. ¡Y sigue el baile, damas y caballeros, sigue el baile!
R. Monti - Marathon 64
La música crece.
APAGÓN