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Freud: Sueños y Teoría de la Personalidad

Freud desarrolló la teoría del psicoanálisis y la personalidad humana. Propuso que la personalidad se compone del Yo, Ello y Superyo, y pasa por etapas de desarrollo sexual como la oral, anal y fálica. La interpretación de los sueños fue fundamental para Freud, ya que creía que reflejaban deseos inconscientes. El psicoanálisis involucra la libre asociación y la transferencia hacia el analista.
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Freud: Sueños y Teoría de la Personalidad

Freud desarrolló la teoría del psicoanálisis y la personalidad humana. Propuso que la personalidad se compone del Yo, Ello y Superyo, y pasa por etapas de desarrollo sexual como la oral, anal y fálica. La interpretación de los sueños fue fundamental para Freud, ya que creía que reflejaban deseos inconscientes. El psicoanálisis involucra la libre asociación y la transferencia hacia el analista.
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TIPOLOGIA DE FREUD

La evolución de la metodología empleada por Freud en su consulta fue uno


de los pilares en que se asentó la técnica del Psicoanálisis. El otro lo
constituye la interpretación de los sueños, tal como se expone en su libro
de 1900. Freud empezó a interpretar los sueños de sus pacientes porque
pensaba que éstos reflejaban, sin las restricciones del mundo real, las ideas
inconscientes. La interpretación de los sueños le sirvió además para poder
llevar a cabo su autoanálisis. Por las mañanas anotaba lo que recordaba de
sus propios sueños y posteriormente lo analizaba. Esto evitaba el mayor
problema del autoanálisis, es decir, interpretar las ideas a la vez que se
producen. Los sueños contenían para Freud una simbología que variaba en
gran medida de unos individuos a otros. No obstante, hay algunos símbolos
que él consideraba prácticamente universales. Por ejemplo, los objetos
alargados suelen representar el pene, mientras que los objetos cerrados
representan los genitales femeninos.

A lo largo de su carrera, Freud desarrolló una teoría de la personalidad que


tuvo varios planteamientos distintos. En un principio su teoría de la
personalidad surgió de su teoría de la histeria. De hecho, inicialmente,
Freud consideraba que todas las pacientes histéricas habían sufrido algún
trauma infantil, de naturaleza sexual. Por lo general, el hecho traumático
consistía en los abusos sexuales por parte de algún miembro de su familia.
Más tarde consideró que la histeria era el resultado de la aplicación
de mecanismos de defensa consistentes en reprimir ciertas expresiones en
el incosciente para que no pudiesen dañar al paciente con su desagradable
recuerdo. En 1895, Freud expresó que la histeria se basaba en el
mecanismo de la seducción, idea que abandonó cuando decidió que los
abusos sexuales infantiles no eran reales sino imaginarios, lo que dio lugar
a su teoría del Complejo de Edipo. Al parecer, cuando pretendió
generalizar su teoría sexual a toda la humanidad, consideró demasiado
aventurado suponer que todos los padres habían abusado realmente de sus
hijos.
El desarrollo de la personalidad según Freud iba unido al desarrollo de la
sexualidad. Freud defendió la idea de que los niños mantienen una
importante actividad sexual desde el nacimiento. De este modo, en
el desarrollo de la sexualidad, diferenció 5 etapas:

1. Etapa oral: En esta etapa el bebé centra la atención del placer en la


boca. El placer está unido a la alimentación y a la figura materna, que
es quien la proporciona.
2. Etapa sádico – anal: Abarca desde el año y medio hasta los tres
años aproximadamente. En esta etapa los niños obtienen el placer a
través de la expulsión y retención de heces. El sadismo asociado a
esta etapa proviene de la idea que los niños utilizan sus heces como
un arma frente a los adultos, particularmente, los padres. El niño
descubre que puede irritar fácilmente a sus padres si usa
adecuadamente sus propias heces, de ahí el aspecto sádico de la etapa.
3. Etapa fálica: En ella, el niño descubre los órganos genitales como
productores de placer. Se da cuenta de que las niñas no tiene pene y
esto le produce la preocupación de que él también pueda perderlo. A
esta inquietud se le conoce como miedo a la castración. Las niñas, por
su parte, descubren que ellas carecen del órgano que poseen los niños.
Empiezan entonces a sentir que su cuerpo está incompleto, y odiar a
sus madres por haberlas traído al mundo en tal estado. Es lo que se
conoce como envidia de pene.
4. Complejo de Edipo: En esta etapa, los niños desarrollan un deseo
sexual orientado hacia la figura materna. Este deseo se acompaña de
odio hacia el padre, a quien se tiene por un rival en la lucha por
obtener el cariño de la madre. En las niñas, la situación es todavía más
complicada. De hecho, no todas las niñas llegan a desarrollar el
llamado Complejo de Electra y a algunas de ellas, la envidia de pene
les lleva a adoptar una personalidad masculina.
5. Etapa genital: Es la que se alcanza en la adolescencia por parte de la
mayoría de las personas, los niños y las niñas reconocen la
imposibilidad de acceder sexualmente a sus progenitores y desvían
sus intereses a otros miembros de la comunidad.
Además, según Freud, la personalidad del adulto se compone de tres
instancias psíquicas:
1. El Yo: Está compuesto por partes conscientes e inconscientes. El
mundo real ejerce un fuerte control sobre él, que trata de mantener el
equilibrio entre la realidad y el deseo.
2. El Ello: Es la más antigua de las instancias psíquicas. Cuando nace
el niño, es la única que existe. Se rige por el principio del placer
exclusivamente, y no se preocupa siquiera de la supervivencia del
individuo.
3. El Superyo: Se forma a partir de la interiorización de la figura
paterna. Constituye por tanto un sistema de control que va
interiorizando todas las formas sociales y todas las restricciones que
se aplican en la búsqueda del placer. Es el origen del sentimiento de
culpa cuando se transgreden las normas.

La vida adulta constituye una constante pugna entre estas tres instancias
para mantener el equilibrio psíquico.

Al final de su carrera, Freud consideró que a la búsqueda del placer había


que añadir en el ser humano otro tipo de impulso que sería el impulso
autodestructivo: el Thanatos. Su funcionamiento sería parecido al
del deseo sexual (eros), pero su signo, exactamente, el contrario. Si
el eros es un impulso de vida, el thanatos es un impulso de muerte. Una
energía similar a la que subyace al deseo sexual llevaría a las personas a un
deseo de autodestrucción.
El psicoanálisis se convirtió en un acercamiento metapsicológico al ser
humano. Freud abandonó enseguida su idea de desarrollar simplemente una
teoría de las neurosis, y abordó la empresa, mucho más ambiciosa, de
desarrollar la teoría de la personalidad reseñada. Para conseguir este
objetivo, Freud se basó fundamentalmente en los resultados de su
autoanálisis y en los del análisis de sus pacientes. A éstos les pedía, cada
vez con menos restricciones, que hablaran sencillamente sobre lo primero
que se les ocurriese. Completaba el análisis con la interpretación de los
sueños, que debía hacerse en el contexto del psicoanálisis. Freud solía
utilizar los sueños de sus pacientes, para que éstos asociaran libremente a
partir de cada uno de sus elementos. Por ejemplo, si un sueño transcurría en
la cocina de la casa de los padres de una paciente, Freud le pedía a ésta que
dijese todo lo que le sugería la casa, sus padres y la cocina. Las
consecuencias que obtenían se extraían, tanto del contenido del sueño como
de las asociaciones que producía.
Freud consideraba el Psicoanálisis como un procedimiento útil para
cualquier persona, e imprescindible para los psicoanalistas. Para ejercerlo
era necesario estar psicoanalizado, impidiendo así que se proyectasen los
propios conflictos en el análisis de los pacientes. Durante el psicoanálisis se
producía una transferencia hacia el analista de algunos de los componentes
de la vida psíquica del paciente. En la transferencia positiva, el analista
asumía la autoridad del superyo y tenía la oportunidad de remediar los
errores cometidos durante la formación del superyo por la interiorización
de las ideas paternas. En este proceso, el psicoanalista podía convertirse en
un objeto de deseo para sus pacientes. El mayor problema durante el
análisis era la resistencia del yo a abordar los cambios producidos, lo que
podía dar lugar a una transferencia negativa.
Según Freud, el Psicoanálisis podía ser útil en la curación de las Neurosis,
pero no en las Psicosis. Esto se debía a que consideraba que los psicóticos
habían perdido toda relación con el principio de realidad. Por tanto, no
podían incorporar a su personalidad los beneficios ocurridos durante el
análisis.
 

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