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Coccia - El Mito de La Biografía

El artículo analiza la carta de Freud a Zweig donde rechaza ser su biógrafo, afirmando que toda biografía implica mentira e hipocresía. El autor intenta reconstruir la historia de la investigación sobre la biografía, mostrando que se ha descuidado una fuente clave: los evangelios. Tras presentar evidencia retórica, filológica e histórica de la necesidad de esta opción en la teología cristiana, discute las consecuencias de que en las bases de Occidente no haya poemas mitológicos,
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Coccia - El Mito de La Biografía

El artículo analiza la carta de Freud a Zweig donde rechaza ser su biógrafo, afirmando que toda biografía implica mentira e hipocresía. El autor intenta reconstruir la historia de la investigación sobre la biografía, mostrando que se ha descuidado una fuente clave: los evangelios. Tras presentar evidencia retórica, filológica e histórica de la necesidad de esta opción en la teología cristiana, discute las consecuencias de que en las bases de Occidente no haya poemas mitológicos,
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Revista

Pléyade
NÚMERO 8 | JULIO-DICIEMBRE 2011 | ISSN: 0718-655X

DOSSIER
“Poder y soberanía: Lecturas teológico-políticas”

Ely Orrego Teología Política: El nuevo paradigma de la soberanía y el poder

ARTÍCULOS

John P. McCormick Del Catolicismo Romano al Leviatán: Sobre las disyunciones teológico-políticas
en el pensamiento weimariano de Schmitt

Nathan Van Camp Hannah Arendt and Political Theology: A Displaced Encounter

Daniel Nichanian Carl Schmitt, Saint Paul and Paradoxical Truth

Tomas Borovinsky Escatología, política y administración a partir de la obra de Alexandre Kojève:


El problema del “fin de la historia”

Emmanuel Taub Universalidad y mesianismo: Para una teología política desde el pensamiento
de Hermann Cohen

Rodrigo Karmy El ángel de la modernidad. La figura del Ángel en el pensamiento contemporáneo

Manfred Svensson Hobbes, Spinoza y Locke sobre la herejía

Emanuele Coccia El mito de la biografía, o sobre la imposibilidad de toda teología política

Fabián Ludueña Poder Pneumático. Una reconsideración del problema teológico-político

Alfonso Galindo Por una política sin teología política

Entrevistas

Miguel Vatter Pensar la política desde la Teología Política (Entrevistado por Ely Orrego)

Samuel Weber Theology, Economy and Critique (Interviewed by Diego Rossello)

Reseñas

Pablo Pavez Qué hacer con el vivir… (Qué significa volver a vivir). Lecturas y pre-textos a
propósito de “Políticas de la interrupción. Ensayos sobre Giorgio Agamben”.
Rodrigo Karmy (ed.), Ediciones Escaparate. 2011.

James Martel Miguel Vatter, ed. “Crediting God: Sovereignty and Religion in the Age of
Global Capitalism.” Fordham University Press. 2011.
REVISTA PLÉYADE 8/ ISSN: 0718-655X / JULIO-DICIEMBRE 2011 / PP. 137-152

El mito de la biografía, o sobre la


imposibilidad de toda teología
política*

Emanuele Coccia**
École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris

RESUMEN
El artículo parte analizando una carta que Sigmund Freud escribe a Arnold Zweig,
en la cual afirma que toda biografía es una forma de mentira e hipocresía. En su
intento por reconstruir la historia de la investigación erudita y filológica sobre el
género biográfico, el autor del presente texto muestra que la filología siempre ha
descuidado una fuente fundamental para conocer la historia de la biografía: los
evangelios. Después de brindar pruebas retóricas, filológicas, históricas y teológicas
de la necesidad de esta opción retórica de la teología cristiana, el autor considera
el problema de que en los cimientos de la civilización occidental no se encuentra
un poema mitológico sobre las gestas de los dioses ni una obra épica ni códigos
propiamente jurídicos, sino cuatro breves escritos biográficos. Al final, muestra cuáles
son las consecuencias destructivas de este hecho para toda forma de teología política.

Palabras clave: Biografía, teología, política, evangelios, cristianismo, derecho.

The Myth of Biography, or On the Impossibility of Political-


Theology
The text moves from the analysis of a letter of Sigmund Freud to Arnold Zweig. In
this letter, Freud says that every biography is a form of lie and hypocrisy. In order
to reconstruct the history of the erudite and philological investigation about the
biographical genre, the author shows that philology did neglect a fundamental
source for the history of biography: the gospels. After having collected rhetorical,
philological, historical and theological proofs of the necessity of this rhetorical option
of Christian Theology, the author discusses the problem of the consequences of the fact
that at the very origin of Western Civilization there is not a mythological poem nor an
* Artículo recibido el 1 de noviembre de 2011 y aprobado el 22 de diciembre de 2011. El autor
agradece a Fabián Ludueña Romandini por su ayuda generosa en la traducción del texto.
** Emanuele Coccia es maître de conférences en la École des Hautes Études en Sciences Sociales
de Paris. Antes de llegar a París ha estudiado en Macerata, Francfort y Berlín y ha enseñado
filosofía en Friburgo en Brisgovia. Entre sus publicaciones se encuentran: Filosofia de la
imaginación (Adriana Hidalgo, 2008), Angeli. Ebraismo Cristianesimo Islam (con Giorgio Agamben)
[Neripozza, 2009] y La vida sensible (Marea, 2011). E-Mail: [Link]@[Link]-
[Link]

137
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

epic work, nor a juridical code, but four short biographical writings. The conclusion
discusses the destructive consequences of this fact on the idea of political theology.

Keywords: Biography, Theology, Politics, Gospels, Christianity, Law.

I.

En una carta enviada el 25 de abril del año 1936, Arnold Zweig le propone
a su amigo Sigmund Freud transformarse en su futuro biógrafo. “Tengo la
intención, desde hace algún tiempo, de redactar su biografía” le escribió
ingenuamente 1. La respuesta de Freud, luego devenida célebre, es de
una violencia que no sorprende. “Quien se hace biógrafo”, escribe Freud
rechazando con firmeza la propuesta de Zweig,
se obliga a la mentira, al secreto, a la hipocresía, a la
idealización y también a la disimulación de su misma
incomprensión, porque la verdad biográfica no se puede
lograr, y aun si uno la alcanzara, no la podría utilizar.
La verdad [biográfica] no es practicable y los hombres
no la merecen. Por lo demás, nuestro príncipe Hamlet,
¿no tenía quizás razón cuando preguntaba si alguien
podría escapar al látigo si fuera tratado según el mérito?2

En los últimos ciento cincuenta años, a partir del célebre escrito de


Nietzsche sobre Verdad y Mentira en sentido extramoral [Über Wahrheit und
Lüge im außermoralischen Sinn, 1872], la cultura europea ha expresado más
de una vez un profundo escepticismo respecto de la posibilidad que tiene
un sujeto de enunciar una verdad sobre su propia vida3. Sin embargo, sería
difícil encontrar, aun en la obra de Freud, una formulación más precisa,
más amarga y quizás más radical de esta sospecha: en estas líneas incluso
el sentido de la práctica psicoanalítica parecería estar puesto en duda. De
hecho, la imposibilidad de una verdad biográfica es declinada en todas sus
dimensiones: epistemológica, práctica y moral.
1 Arnold Zweig, Brief an Sigmund Freud, 25.4.1936, in Sigmund Freud –Arnold Zweig,
Briefwechsel (Frankfurt: Fischer, 1984), 135: «Ich trage mich die ganze Zeit schon mit dem
Gedanken, Ihre Biographie zu schreiben –wenn Sie einverstanden sind».
2 Sigmund Freud, Brief an Arnold Zweig, 31.5.1936, Ibid. 137: «Wer Biograph wird, verpflichtet
sich zur Lüge, zur Verheimlichung, Heuchelei, Schönfärberei, und selbst zur Verhehlung seines
Unverständnisses, denn die biographische Wahrheit ist nicht zu haben, und wenn man sie hätte,
wäre sie nicht zu gebrauchen. Die Wahrheit ist nicht gangbar, die Menschen verdienen sie nicht,
und übrigens[,] hat unser Prinz Hamlet nicht recht, wenn er fragt, ob jemand dem Auspeitschen
entgehen könnte, wenn er nach Verdienst behandelt würde? Sie, der so viel Schöneres und
Wichtigeres zu tun hat, der Könige einsetzen kann und die gewalttätige Torheit der Menschen
von einer hohen Warte her überschauen. Nein ich liebe Sie viel zu sehr, um solches zu gestatten».
3 Sobre este debate, hasta las discusiones metodológicas sobre la micro-historia cf. ahora el
esplendido libro de Sabina Loriga, Le petit x. De la biographie à l’histoire (Paris: Le Seuil, 2010).

138
EMANUELE COCCIA

En primer lugar, según Freud, decir algo sobre la propia vida es, ipso
facto, pronunciar una mentira. Cada vida individual no tolera el hecho de
ser desvelada y se mantiene en una esfera de secreto absoluto: la verdad
biográfica es entonces epistemológicamente inalcanzable.
Freud refuerza la imposibilidad epistemológica de la verdad biográfica
con su imposibilidad moral: aun si fuera posible alcanzarla, nadie podría
traducir este saber en acción. Aun si hubiera un conocimiento verdadero
sobre la propia existencia y la de los otros, sería mucho más cercano a un
saber de tipo matemático que a un saber práctico. El segundo corolario no es
menos radical que el primero, pues la afirmación de la imposibilidad de toda
cualificación biográfica de un saber conduce a la negación de toda forma
de ética o de política, las cuales, como testimonia una antigua tradición
platónica, no son sino una consecuencia del oráculo de Delfos4: rehusar la
biografía significa deslegitimar todo saber que no sea matemático.
La vida en sí misma parecería estar entonces excluida de toda forma
de parrhesía; al contrario, aun si se pudiese enunciar una verdad, ella nunca
podría pertenecer a la vida. Sin embargo, la furia destructora de sus líneas
no se detiene aquí. Freud agrega que incluso en el caso de que una verdad
biográfica cualquiera acabase por ejercer influencias sobre una vida, no se
trataría de efectos benéficos o virtuosos sino de una especie de maldición.
Saber algo sobre sí mismo es siempre recibir “un golpe de látigo” y, de
ningún modo, alcanzar una beatitud. El conocimiento de sí mismo, entonces,
no se correspondería con ninguna perfección moral. El uso de la verdad no
es solamente declarado imposible; es moralmente indigno.
La fuerza y el alcance de lo que se podría llamar “teorema de la
imposibilidad de la verdad biográfica” enunciado por Freud son difícilmente
subestimables. En efecto, sería ingenuo, y en parte inexacto, divisar en
él una simple confirmación de las tesis desarrolladas y practicadas en el
edificio del psicoanálisis: la violencia destructora de estas líneas no tienen
nada que ver con las intenciones, en el fundo sumamente filantrópicas,
de cualquiera forma de terapia. Por supuesto, el psicoanálisis parece ser
una consecuencia directa de la imposibilidad de una verdad biográfica
inmediata. Pero ella es también la tentativa de explicar y de superar la
fisiología de esta imposibilidad. Por supuesto, esto presupone que lo que
hace posible el desarrollo de toda la vida espiritual es la voluntad de mentira,
porque permite estructurar el mundo interior y moldearlo de manera no
isomórfica respecto de lo exterior. Sin embargo,, la práctica psicoanalítica no
solamente tiene que creer en la posibilidad de lograr algún tipo de verdad
biográfica (sobre sí mismo y sobre los otros), sino que ella, sobre todo, no

4 Cf. Pierre Courcelle, Connais-toi toi-même de Socrate à Saint Bernard (Paris: Etudes
Augustiniennes), 1974-1975; Hermann Tränkle, “Gnothi seauton. Zu Ursprung und
Deutungsgeschichte des delphischen Spruchs”, Würzburger Jahrbücher für die Altertumswissenschaft
11 (1985), 19–31.

139
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

puede rehusar el valor práctico, moral y más bien terapéutico de la verdad.


La terapia psicoanalítica, entonces, no es solamente la tentativa de hacer de
la verdad biográfica algo alcanzable y practicable, sino también la creencia
en el poder salvífico y beatífico de la verdad.
Sería igualmente ingenuo catalogar al teorema como la enésima
denuncia del carácter ficcional del relato autobiográfico o de divisar en él
una forma de deconstrucción ante litteram: al contrario, en él se muestra
toda la falta de radicalidad del proyecto deconstruccionista. Si está claro
que lo que está en juego no puede ser una simple verdad antropológica –
porque en este caso el teorema sería, de hecho, contradictorio en sí mismo
o expresaría la banal e insípida oposición entre la conciencia de la especie
y la imposibilidad de conocer lo individual– es igualmente evidente que
negar la posibilidad de practicar una verdad biográfica significa negar la
posibilidad también de un uso ficcional de esta verdad. Pues, en realidad,
quien rechaza la posibilidad de alcanzar una verdad sobre la vida de los
hombres rechaza, al mismo tiempo, toda posibilidad de literatura. Si, como
dijo Proust, escribir una novela significa “sentir apretujarse en sí mismo
una muchedumbre de verdades sobre las pasiones, los caracteres, las
costumbres”5 este teorema implicará la destrucción de la literatura en su
generalidad. Si no hay una verdad biográfica tampoco puede haber una
verdad novelesca: ¿cómo sería posible pensar en desarrollar caracteres,
historias, si la verdad sobre los caracteres y el destino de los hombres no
fuera practicable?
En su radicalidad, estas líneas permiten sopesar toda la centralidad
del papel que la verdad biográfica (y entonces la biografía en todas
sus formas) juega en el sistema de los saberes en Occidente. Negar su
posibilidad, acabamos de verlo, significa estar obligado a delinear una
nueva antropología (porque el Homo sapiens no podría ya más utilizar el
saber y la verdad para sí mismo y para los otros), a destruir toda forma
de política, pero también de moral y de terapia y, al final, destruir toda
forma de arte mimética: los principios y las formas culturales europeas en
su totalidad estarían condenadas a la ruina.
Si negar la verdad de un relato biográfico conduce al suicidio del
espíritu objetivo, a diferencia de lo que los filólogos y los historiadores de
la literatura se obstinan en pensar, la biografía ya no podrá ser considerada
como uno de los muchos géneros literarios practicados en Occidente,
nacido más o menos azarosamente en un juego literario: ella parecería ser,
más bien, el centro escondido de todo conocimiento práctico, político y
literario de nuestra cultura. Por lo menos dentro de los límites de la cultura
europea, el Homo sapiens es sapiens solamente porque es un animal “capaz
5 Marcel Poust, Le temps retrouvé. À la recherche du temps perdu (Paris: Gallimard, 1989) t. IV,
477: «je sentais se presser en moi une foule de vérités relatives aux passions, aux caractères, aux
moeurs».

140
EMANUELE COCCIA

de biografía”. ¿Por qué, entonces, estamos acostumbrados a darle algún


puesto en las literaturas modernas? y ¿por qué la consideramos solamente
como uno de los géneros literarios? Finalmente, ¿cuál es el verdadero lugar
de la biografía en el sistema del saber en Occidente?
Contestar estas preguntas no puede ser fácil: si toda biografía es una
mentira, está claro que sobre la biografía no pueden sino circular fábulas.
Y de hecho, el saber que se ha acumulado sobre el género biográfico en
Occidente parecería ser el fruto de una extraña y curiosa mentira, aun de
una mentira muy especial a la que estamos acostumbrados a llamar mito.

II.

Es sabido que los estudios sobre la historia de la biografía en Occidente se


han desarrollado a partir de la escuela de Wilhelm Dilthey. Este nombre
no es casual: intentando demostrar que todo conocimiento tiene que
ser un Nacherleben, un vivir en un segundo tiempo lo que el otro (o los
otros) han vivido, Dilthey fue, en la Modernidad, quizás el filósofo más
comprometido con la tentativa de hacer de la biografía la máxima forma
de escritura filosófica. Fue él mismo, sin embargo, hacia el final de su vida,
el primero en admitir el fracaso de su proyecto, al negar la posibilidad
de una biografía científica y al despedirse de la idea de una philosophische
Lebensgeschichte6. El escepticismo final del filósofo no tocó a sus alumnos,
que prosiguieron el proyecto del maestro. De Georg Misch (quien escribió
una célebre y monumental historia de la autobiografía7) a Hermann
Usener8 (el renombrado filólogo de Bonn, cuñado de Dilthey y maestro
de Aby Warburg), de Ivo Bruns9, el más grande editor de los comentarios
aristotélicos, a Fritz Leo. Fue sobre todo este último, con su clásica
monografía Die griechisch-römische Biographie nach ihrer literarischen Form
publicada en 190110 quien brindó la reflexión más profunda acerca de la
génesis, la forma y la historia de la biografía en la Antigüedad11. Después de
6 Sobre la cuestión de la biografía en Dilthey cf. ahora el importante libro de Francesca
D’Alberto, Biografia e filosofia : la scrittura della vita in Wilhelm Dilthey (Milano: Franco Angeli,
2005).
7 Georg Misch, Geschichte der Autobiographie IV Bde (Leipzig: Teubner 1907 – Frankfurt am
Main: Schulte-Bulmke, 1969).
8 Sobre Usener, cf. G. Arrighetti (ed.), Aspetti di Hermann Usener, filologo della religiones (Pisa:
Giardini, 1982).
9 Ivo Bruns, Das literarische Porträt der Griechen (Berlin: W. Hertz, 1896); Ibid., Die Persönlichkeit
in der Geschichtsschreibung der Alten. Untersuchungen zur Technik der antiken Historiographie (Berlin:
W. Hertz,1898).
10 Friedrich Leo, Die griechisch-römische Biographie nach ihrer litterarischen Form (Leipzig:
Teubner, 1901).
11 Una de las tesis de Leo, la del desarrollo histórico de una doble forma de biografía, la que
describe las personalidades políticas o filosóficas que adopta un modus narrandi cronológico,

141
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

esas investigaciones, los eruditos –sobre todo Arnaldo Momigliano12– han


corregido los datos históricos falsos y propuesto un nuevo ordenamiento
de estos últimos, pero no se han apartado de los principios propuestos
por la escuela de Dilthey y tampoco han podido conseguir la profundidad
de su análisis. Leo afirma que la biografía debe su nacimiento al nuevo
“interés para la individualidad humana como objeto digno de observación,
de estudio, de representación”13. Él fue, sobre todo, el primero en notar la
influencia de las reflexiones morales de Aristóteles y de su escuela en la
manera de concebir la vida individual. Según Aristóteles, “el êthos se genera
del ethos, la moralidad [Sittlichkeit] de la costumbre y la acción moral”14. “En
un sentido aristotélico”, entonces,
el bios no puede ser representado por medio de la
enumeración de las cualidades, pero uno tiene que
presentar las acciones del hombre, para que pueda surgir
de ellas su carácter y esencia. […] La tarea del escritor no
era solamente la de narrar una vida, sino también la de dar
una imagen de la personalidad en la narración de la vida.15
Según Leo, es esta atención a la personalidad, mucho más que a los
acontecimientos, lo que define la novedad de la narración biográfica
plutarquea y lo que la separa de un simple relato de la historia. Y debido a
eso, por el hecho de que “la narración de las praxeis sirve en el bios solamente
y otra (difundida sobre todo en la tradición peripatética y de la gramática alejandrina) que se
concentra sobre las personalidades literarias, con una caracterización sistemática de los rasgos
psicológicos individuales ha sido varias veces criticada. Cf. por ejemplo Arnaldo Momigliano,
“Marcel Mauss e il problema della persona nella biografia greca”, en Ottavo contributo alla storia
degli studi classici e del mondo antico (Roma: Edizione di storia e letteratura, 1987), 179-90, 182. Sin
embargo ningún otro filólogo (y tampoco Momigliano en su célebre monografía) ha alcanzado
una comprensión tan sutil, rica y refinada del espíritu de la antigua biografía, más allá de sus
confines retóricos. A pesar de todos los logros posteriores de la ciencia filológica, la obra maestra
de F. Leo sigue estando todavía insuperada.
12 Arnaldo Momigliano, The Development of Greek Biography. Four Lectures (Cambridge,
Mass.: Cambridge University Press, 1971); Ibid., “L’idea di biografia nel pensiero greco”,
in Quaderni urbinati di cultura classica, 27 (1978): 7-27; Id., Storia e biografia nel pensiero antico,
(Roma-Bari: Laterza, 1983); A. Momigliano, “Ancient Biography and the Study of Religion
in the Roman Empire“, in Ottavo contributo, 239-259; Albrecht Dihle, Studien zur griechischen
Biographie, (Göttingen: Vandenhoeck u. Ruprecht, 1970); Ibid., Die Entstehung der historischen
Biographie (Heidelberg: Winter, 1987); Michael Erler – Stefan Schorn, Die griechische Biographie in
hellenistischer Zeit (Berlin: De Gruyter, 2007); Widu Wolfgang Ehlers, ed., La Biographie antique.
Entretiens sur l’antiquité classique (Vandoeuvres-Genève: Fondation Hard, 1998), 44; Italo Gallo,
La biografia greca: profilo storico e breve antologia di testi (Salerno: Rubbettino, 2005).
13 Leo, Die griechisch-römische Biographie, 316.
14 Ibid., 188. El modelo plutarqueo es, según Leo, la expresión máxima de la influencia
aristotélica. Cf. p. 190: «Die Biographie, deren Methode und Wesen man so aus der aristotelischen
Ethik reconstruiren könnte, liegt rein in der plutarchischen Form der Biographie vor. Physis und
paideia sind in die Einleitung verwiesen; von der Zeit an, wo di hexis des über diese berichtet,
um so allmählich sein Bild erscheinen und sich in der Erzählung von seinen Thaten abrunden
zu lassen. Die Folgerung ist gegeben, dass wir in Plutarchs bioi den direkten Abkömmling der
alten peripatetischen Biographie besitzen».
15 Ibid., 189.

142
EMANUELE COCCIA

[…] en la medida en que es útil para la ilustración del êthos”16, el estilo de la


crónica desarrollada año por año es sustituida por una narración más libre,
en la tentativa de obtener la forma de vida de un individuo [eidos tou biou].
Al introducir las vidas ejemplares de Alejandro y de César, Plutarco advierte
y ruega “a los lectores, que si no referimos todas las hazañas [me panta mede
kath’hekaston], ni tampoco nos detenemos con demasiada prolijidad en cada
una de las más celebradas, sino que cortamos y suprimimos una gran parte,
no por esto nos censuren y reprendan”. “No escribimos historias, sino vidas
[oute gar historias gràphomen alla bious]” y añade,

ni es en las acciones más ruidosas en las que se manifiestan


la virtud o el vicio, sino que muchas veces el hecho de un
momento, un dicho agudo y una niñería sirven más para
pintar un carácter que batallas en las que mueren millares
de hombres, numerosos ejércitos y se producen sitios
de ciudades. Por tanto, así como los pintores se sirven
para el retrato de las semejanzas del rostro y de aquellas
facciones en las que más se manifiesta la índole y el
carácter, cuidándose poco de todo lo demás, de la misma
manera debe a nosotros concedérsenos el que atendamos
más a los indicios del ánimo, y que por medio de ellos
dibujemos la vida de cada uno [eidopoien ton ekaston bion],
dejando a otros los hechos de gran boato y los combates17.

En otra obra maestra de la biografía antigua, también Suetonio admite


la necesidad de abandonar el orden estrictamente cronológico [per tempora]
del relato para concentrarse sobre la species, la forma, y dibujar con más
precisión las costumbres y el rostro del individuo18. En cierto sentido, la
biografía nace de esta obsesión y de esta urgencia de comprender una vida
no como catálogo infinito de erga y de praxeis sino como una forma de vida,
como tropos biou o biou diagogé.

III.
16 Ibid., 147.
17 Cf. también la introducción a la biografía de Nicias: “Por lo tanto, los hechos de Nicias,
referidos por Tucídides y Filisto, ya que no es posible pasarlos del todo en silencio, especialmente
los que dan a conocer la conducta y disposición de este hombre ilustre, escondidas entre sus
muchas y grandes adversidades, los tocaré ligeramente y en sólo lo preciso; pero los que, por lo
común, no son conocidos, a causa de haber sido separadamente notados por diferentes autores,
o bien por haberse de tomar de presentallas y decretos antiguos, éstos los recogeré con esmero,
no para tejer una historia inútil, sino tal que presente bien la índole y las costumbres”.
18 Svetonius, August. 9: “Proposita vitae eius velut suma parte singillatim neque per tempora
sed per species exequar qua distinctius demonstrari cognoscique possit»; Caesar 44: «talia agentem
atque meditantem mors praevenit. De qua prius quam dicam ea quae ad formam et habitum et
cultum et mores nec minus quam ad civilia et bellica eius studia pertineant, non alienum erit
summatim exponere”.

143
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

Esta reconstrucción tan erudita y tan limpia de la historia de la biografía tiene


un solo defecto: que reposa sobre un fárrago de mentiras. Es falsa porque
es incompleta, los filólogos han curiosa o trágicamente olvidado algo.
No se trata de un elemento marginal o secundario: los textos en cuestión,
perfectamente contemporáneos de Plutarco19 son, cuantitativamente y
cualitativamente, hasta ahora las biografías más leídas y más imitadas en
Occidente y, por mucho entonces, las más importantes. Y si la reconstrucción
de los filólogos es mentirosa, se trata de una mentira muy tendenciosa:
esta fuente misteriosamente descuidada no es un oscuro texto que acaba
de ser arrancado de las cavernas del pasado. Se trata, por el contrario, de
textos que todos en Occidente, durante siglos, han conocido y leído desde
la más tierna edad. Y si en su valor literario estas obras no pueden ser
mínimamente comparadas a las obras maestras de Plutarco y Suetonio, se
trata sin embargo de los textos hasta ahora más copiados y más editados en
la historia codicológica y bibliográfica del Occidente. Su éxito en cuanto a
difusión, traducción, comentario, estudio e imitación20 fue extraordinario,
ampliamente mayor que cualquier otro caso en el mundo antiguo, medieval
y moderno (y desde un punto de vista meramente cuantitativo sigue siendo
así también en nuestra época). Se trata además de los primeros textos en
la historia del Occidente en ser traducidos a todas las lenguas habladas en
el mundo antiguo y medieval. En cierto sentido, se trata, si se quiere, del
primer caso de literatura globalizada de masas. Y son textos que ocupan un
puesto tan particular como importante en la cultura occidental. Se trata de
los evangelios.
“Quien se hace biógrafo”, decía Freud, “se obliga a la mentira, al
secreto, a la hipocresía, a la idealización y también a la disimulación de
su misma incomprensión”. El teorema de Freud encuentra una inesperada
confirmación en la tentativa de reconstrucción filológica del desarrollo del
género biográfico en el mundo antiguo. En efecto, la reconstrucción que
la filología clásica desde hace más de un siglo entrega como “la verdad
biográfica del Occidente” no es solamente falsa y mentirosa sino también
hipócrita y víctima de la idealización que, desde el Renacimiento, se hizo
de los presuntos orígenes griegos de “nuestra” civilización. En el gesto de
escribir la biografía de sí mismo o, más precisamente, en la tentativa de
19 Para una primera orientación sobre las distintas propuestas de datación, cf. la obra de Udo
Schnelle, Einleitung in das Neue Testament (Göttingen, Vandenhoeck u. Ruprecht, 2011).
20 Se trata también de una de las formas literarias de la antigüedad que puede jactarse de ser la
más imitada: por cierto es el texto biográfico más practicado en la Antigüedad: en período entre
50 y 400 d. C. hay cerca de 50 obras « evangélicas » de formatos distintos, capaces también de
enfocarse solamente sobre la niñez o, como en Suetonio, de despedirse del orden cronológico
e intentar extraer la especie, la forma de vida. Cf. Hubert Cancik, “Die Gattung Evangelium.
Das Evangelium des Markus im Rahmen der antiken Historiographie“, en Markus-Philologie.
Historische, literargeschichtliche und stilistische Untersuchungen zum zweiten Evangelium (Tübingen:
Mohr, 1984), 85-113.

144
EMANUELE COCCIA

trazar la historia de su propia relación con la biografía, Occidente parecería


querer disimular su propia incomprensión: los datos que hemos citado
sobre los evangelios están desde hace siglos a disposición de todo erudito,
hasta llegar a las investigaciones más recientes dentro de los estudios
bíblicos21 que han recordado una vez más, de una manera incontrovertible,
el carácter biográfico de los relatos evangélicos. Y a pesar de esto, el mundo
occidental siempre olvidó que, en los cimientos de su civilización, no se
halla un poema mitológico cualquiera sobre las gestas de los dioses ni
una obra épica (la Odisea de Homero como pensaba Vico) ni tampoco se
hallan códigos propiamente jurídicos. Hay, por el contrario, cuatro breves
biografías, cuatro relatos biográficos de una misma persona, un individuo
bastante humilde, que parecería haber vivido tan solo una treintena de
años, que ha sido reconocido como el Dios encarnado y que no ha dejado
ninguna traza escrita fuera de estas cuatro biografías.
La civilización europea ha estado y sigue obsesionada desde hace
2000 años con la biografía y con el mito de la biografía. Nuestra cultura –se
podría decir sin ninguna exageración– es la civilización que nació de cuatro
biografías míticas, la civilización que hizo de la biografía un mito o, mejor
dicho, la forma suprema del mito, el discurso sagrado par excellence.

IV.

Hay muchísimas evidencias, de orden retórico, literario, cultural y sobre


todo teológico, sobre la naturaleza biográfica de los textos evangélicos que
no solamente son sino que tampoco pueden ser sino biografías. Desde un
punto de vista puramente formal tienen, en efecto, todos los elementos
retóricos que caracterizan a la biografía antigua: la proximidad pero también
la distancia con el género historiográfico22. Como en Plutarco –que, como
hemos visto, lo nota en el principio de la vida de Alejandro– existe también
en los evangelios el esfuerzo de extraer y reproducir una forma de vida sin
limitarse a redactar una crónica de los acontecimientos. Para los evangelios
entonces vale lo que Wilamowitz había observado a propósito de Plutarco:
que la idea del bios, en el mundo antiguo, “no era un Lebenslauf, un curriculum

21 Charles H. Talbert, What is a Gospel? The Genre of the Canonical Gospels (Philadelphia: Fortress
Press, 1977); Ibídem., Biographies of Philosophers and Rulers as Instruments of Religious Propaganda
in Mediterranean Antiquity, in ANRW II, 16.2, 1978, 1619-1651; Detlev Dormeyer, Evangelium als
literarische und theologische Gattung (Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgessellschaft, 1989); y
sobre todo la obra maestra de Richard A. Burridge, What Are The Gospels? A Comparison with
Graeco-Roman Biography (Grand Rapids, Michican: William B. Eerdmans Publishing Company,
2004).
22 Se puede pensar en las palabras de Cornelius Nepote : Pelopidas 16,1,16 : vereor … ne non
vitam eius enarrem sed historiam videar scribere.

145
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

vitae, ni tampoco lo que a alguien le ocurre, sino cómo alguien vive”23. En


los evangelios existen los apophtegmata, las formas gnómicas, que permiten
acercarlos al género literario de las chriae, los ejemplos [paradeigmata] que
los emparienta con las obras morales o parenéticas, pero también se hallan
elementos encomiásticos que son propios de la tradición de la laudatio
(piénsese en el Agricola de Tácito). En ellos se pueden encontrar también,
como en el género de l’exitus illustrium virorum, una atención particular
dirigida a la muerte, y a su fenomenología. Se registra también una relación
esencial con las anécdotas, todo lo cual era, por ejemplo, muy típico en el
bios de los filósofos y de los sabios24.
Sobre todo, ellos han sido compuestos exactamente en la misma época
en la que ha tenido lugar la más grande revolución de la biografía antigua:
si se toman en cuenta los evangelios apócrifos, se puede decir que el género
evangélico contiene obras perfectamente contemporáneas a Plutarco y
a Suetonio. Como se puede ver, hay muchos elementos y es solamente el
prejuicio de la separación del mundo greco-latino respecto del universo
cristiano lo que ha producido este extraño olvido que siempre ha permitido
a los historiadores pasar de Plutarco a las hagiografías olvidando el origen
de todo ello25.
La cuestión, sin embargo, no es meramente filológica y retórica (ni
podría serlo), sino también cultural y teológica. En el contexto del judaísmo
del Segundo Templo, el género biográfico vivió un renacimiento efímero
exactamente al mismo tiempo en que los evangelios fueron escritos, y
feneció probablemente a causa de la competencia con esta nueva religión
gemela. Un ejemplo de esta atención por la biografía se puede encontrar en
Filón de Alejandría que no solamente escribió biografías, sino que intentó
demostrar que la biografía es uno de los estilos retóricos de la Torah. En su
De praemiis et poenis, por ejemplo, Filón escribe que

los oráculos del profeta Moisés son de tres géneros


[ideai]: uno pertenece a la creación, el otro es histórico, y
23 Ulrich von Wilamowitz, Plutarch als Biograph, in Reden un Vorträgen. 2. Band (Berlin:
Weidmann, 1926), 264 : «Der Bios eines Menschen ist durchaus nicht sein Lebenslauf, nicht was er
erlebt, sondern wie er lebt ». Dicho esto, sería interesante escribir un día sobre la sola, extraña y
absurda forma de biografía que las Academias consideran científica, la sola forma en la que la
verdad biográfica es alcanzable y realizable según las instituciones modernas.
24 Cf. Richard A. Burridge, What Are The Gospels?
25 Hay otro elemento, más interesante todavía: se trata de uno de los raros casos de biografía
múltiple para un mismo personaje (normalmente la biografía en la Antigüedad era siempre
múltiple pero en el sentido de que eran múltiples los personajes). Desde siempre, este elemento
ha sido problemático (piénsese en Agustín) y los teólogos han intentado comprender las
relaciones recíprocas y las causas de las diferencias y de las proximidades de los tres evangelios
El problema no es solamente teológico sino también filológico. Cf. los importantes estudios
de Helmut Merkel, Die Widersprüche zwischen den Evangelien: Ihre polemische und apologetische
Behandlung in der Alten Kirche bis zu Augustin (Tübingen: Mohr Siebeck, 1971) y Die Pluralität der
Evangelien als theologisches und exegetisches Problem in der alten Kirche (Bern: Peter Lang 1978).

146
EMANUELE COCCIA

el tercero es la legislación [nomothetikê]. […] Y el género


histórico consiste en el relato de las vidas virtuosas y
de las vidas viciosas [anagraphê bion esti spoudaiôn kai
ponêrôn], con las puniciones y los premios que han
sancionado las unas y las otras en todas las generaciones26.

Y en su vida De vita Mosis, una de las obras biográficas más interesantes


de la Antigüedad (también descuidada por los filólogos clásicos), Filón
alaba a Moisés por su capacidad de hacer hablar a la ley lenguajes distintos,
un idioma propiamente jurídico del mandato y de la interdicción y uno más
narrativo que se expresa en la parte histórica de la Torah, que comprende
“la creación del mundo, y las biografías [to genealogikon]”27. Filón es el autor
de otras dos biografías, el De Josepho [Bios politikou hoper esti peri Iôsêph] y el
De Abrahamo [Bios sophou tou kata didaskailan teleiôthentos hê nomôn agraphôn
(to prôton) ho esti peri Abraam]. En este último texto, Filón desarrolla una
teoría de la biografía, explicando que el género biográfico en la Torah
permite examinar “los arquetipos de la ley”, o sea “quienes, entre los
hombres, tenían una vida irreprochable y perfecta”. La ley no hace otra cosa
que trasmitir las virtudes de los hombres irreprochables para iluminar y
“estimular a los lectores a conducir la misma vida”. Ellas han sido incluidas
“para demostrar que los mandatos divinos no están en desacuerdo con la
naturaleza” y para mostrar que no es difícil obedecer a la ley, dado que han
habido hombres que han sido capaces de encarnar la ley antes de que la ley
fuese algo escrito.28
Según Filón, la Torah, la ley, es el relato biográfico de “estos hombres”
que, él añade, “son las leyes vivientes, en efecto, las leyes dotadas de razón
[hoi gar empsuchoi kai logikoi nomoi]”29. En este sentido, continúa Filón, “las
leyes establecidas, no son sino que los comentarios de la vida de los antiguos,
la arqueología de sus obras y de las palabras que han usado [hypomnêmata
einai biou tôn palaion, archaiologountas erga kai logous hois echrêsanto]”30. Las
leyes son comentarios [hypomnêmata] de la vida de hombres antiguos: si
toda norma tiene que existir como vida antes de transformarse en letra
y mandato, la ley en sí misma tiene que ser una biografía. Si toda ley en
la tradición judía es un midrash, una deuterôsis, en este caso (exactamente
como en la lógica que está en juego en los evangelios) es una deuterôsis,
26 Filón de Alejandría, De praemiis et poenis, § 1-2 (Paris: Édition du Cerf, 1961), 42.
27 Filón de Alejandría, De vita Mosis (Paris: Édition du Cerf, 1967), 211-213.
28 Filón de Alejandría, De abrahamo § 3-6, (Paris: Édition du Cerf, 1966), 23-5.
29 Ibid., 25. Cf. también Filón de Alejandría, De decalogo (Paris: Les éditions du Cerf, 1965), 38;
donde Filón habla de «los hombres sabios, quienes han fundado nuestro pueblo y que las Santas
Escrituras designan como leyes no escritas». Se trata, como es sabido, de un tema de origen
platónico (Pol. 292 sq.). Cf. además De migratione abrahamo, § 130, (Paris: Les éditions du Cerf,
1965), 176: “las palabras del Dios son las acciones del sabio” [tous tou theou logous praxeis einai tou
sophou]
30 Ibid.

147
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

un midrash de una vida individual31. Haciendo de la biografía uno de los


estilos de la ley, Filón anticipa la dualidad que marcará todo el Talmud y la
experiencia jurídica judía, la de la cohabitación entre Halakhah y Haggadah,
entre mandato y anécdota32.
El cristianismo resolverá esta oposición: abolirá la dualidad de ley y
vida o de mandato y anécdota, porque el Mesías que viene para cumplir
la ley en sí mismo, y para hacer de su vida la Torah, no deja tras de sí otra
cosa que su vida misma33. Hay entonces una especie de necesidad teológica
de que el evangelio sea una biografía: un Dios que dice de sí mismo “yo
soy la vida, la verdad y el camino” (Juan 14, 6) tiene que manifestarse en
forma biográfica. Si el camino es su vida, entonces la verdad no puede ser
otra cosa que el relato de esta vida. El cristianismo opera una verdadera y
propia revolución “mediática” enunciada con la máxima precisión por la
Epístola a los Hebreos: Dios no se manifiesta más “por medio de los profetas”,
sino que habla “por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha
hecho heredero de todas las cosas” (1, 1-2). La “palabra de Dios” que es el
mandato supremo, la Ley par excellence mediante la cual se ha producido
el mundo, no es una voz humana sino que es una vida singular. El acto de
recoger esta palabra [condere legem] que ha sido una vida individual con un
carácter específico, una serie de hazañas peculiares, una serie de costumbres
adquiridas en el tiempo, y todo lo que caracteriza el curso de una vida, no
puede darse sino bajo la forma de una biografía.
Cristo concilia en su cuerpo mismo ley y vida. Y a esta conciliación de
ontología y jurisprudencia corresponde la conciliación retórica de los dos
estilos de la ley que ahora se reducen a una serie de anécdotas, de aggadoth
sobre la vida de la ley. La ley se ha hecho biografía, un conjunto de anécdotas
sobre un hombre que, por los demás, pasa su tiempo contando anécdotas,
mashalot. Todo evangelio –es decir cada uno de los relatos biográficos más
importantes de Occidente– es entonces la rigurosa tentativa de demostrar
que la ley ya existió como vida y que se puede escribir solamente como
biografía de este hombre. Y la demostración es conducida en un nivel
teológico y también retórico: la ley puede decirse pero tiene que contar una
vida.
La “opción biográfica” no ha sido y no podía ser una elección arbitraria de
los evangelistas: la nueva ley del mesianismo cristiano, el nuevo pacto [kaine
diathêkê] tenía que ser un pacto biográfico. Sin embargo, las consecuencias
de esta opción, y el nuevo rostro de una ley que según los cristianos funda
toda otra norma, toda otra forma de derecho terrestre, no son pocas. En
primer lugar, la ley tiene ahora un nombre (el de evangelion, buena noticia,
31 Guy Stroumsa, La fin du sacrifice (Paris: Odile Jacob, 2005)
32 Chaim Nachman Bialik, “Halacha und Aggada”, Der Jude 4 (1919-20): 61-72
33 Para un profundísimo análisis de las consecuencias metafísicas de esta identificación cf.
Fabián Ludueña Romandini, La comunidad de los espectros. I Antropotecnia (Buenos Aires: Miño y
Davila 2010).

148
EMANUELE COCCIA

anuncio) que bien podría figurar como el titular de un periódico: el código


jurídico del Occidente cristiano greco-latino –y el primer código jurídico de
nuestra civilización– parece coincidir con una extraña forma de periodismo
superior, que impone la tarea de narrar la vida de un hombre. Enunciar
la ley suprema ha significado en Europa, durante siglos, narrar anécdotas
sobre Dios, con cierto respeto quizás, pero sin mudar de estilo. Y por el
contrario, narrar anécdotas, rumores sobre alguien, significa hacer algo
de lo más cercano al derecho, aunque se trate de un derecho confundido
con la mitología. La teología –el “habla sobre Dios”–  es en primer lugar
la ciencia de las anécdotas sobre la divinidad. Y si el discurso sobre Dios
es su biografía, toda biografía no podrá sino ser en cierta medida también
mitografía y, quizás, por ello mismo, ya mentirosa.
Si no podemos dejar de hablar todo el tiempo de la vida de otros
hombres, de expandir gossips, rumores, es también porque estamos
acostumbrados a hablar de Dios, del más alto y más noble de los objetos de
habla –id quod maius cogitari nequit– bajo la forma de un rumor biográfico.
En este sentido, el derecho occidental ha sido mucho más estrambótico de
lo que uno se imagina. Su oráculo, a diferencia del de Delfos, cuenta todo el
tiempo habladurías.

V.

“Quien se hace biógrafo se obliga a la mentira, al secreto, a la hipocresía,


a la idealización y también a la disimulación de su misma incomprensión,
porque la verdad biográfica no se puede lograr, y aun si uno la alcanzara,
no la podría utilizar”. Negar el valor de verdad de un relato biográfico no
significa solamente poner en duda la posibilidad del psicoanálisis, de la
política, de la literatura. Significa denunciar como mentira, idealización y
disimulación la que ha sido, por siglos, la forma suprema de la ley y del
derecho. Y significa, sobre todo, realizar una crítica mucho más sutil de
la que han hecho la izquierda hegeliana y después Nietzsche respecto de
los textos fundadores del cristianismo o, para decirlo mejor, de la primera
y suprema forma de teología. No se tratará de denunciar en Dios una
proyección alienante de cualidades “humanas, demasiado humanas”, y ni
siquiera de proclamar la muerte de Dios. Se trata de bloquear el mecanismo
retórico y teológico fundamental del mesianismo cristiano, la primera forma
de revelación del Dios, su biografía sagrada.
Siempre se ha presentado a la encarnación –que es la causa y la cifra
de la “reducción biográfica” de la teología cristiana– como una elección
de amor, de donación total e integral, de vaciamiento y kenosis del Dios en
favor de los hombres. Sin embargo, hay cierta perversidad en la decisión de

149
EL MITO DE LA BIOGRAFÍA

un dios de hacerse hombre. No solamente, en el sentido más banal y muchas


veces repetido, de que toda inclinación y amor por lo que está por debajo
de uno es una forma de perversión. Obligarse a devenir hombre significa
obligarse a morir, además de a nacer. Y morir significa, de hecho, excluir
del conocimiento directo de su persona a todos los hombres que no le son
contemporáneos. Significa, además, no solamente condenar a los antiguos
a la ignorancia, sino sobre todo a los modernos, los que nacerán más tarde,
a poder saber algo de la existencia, de la vida, de la encarnación solamente
por medio de una biografía. La encarnación es lo que ha obligado a Europa
a hablar de Dios exclusivamente mediante un estilo biográfico: la venida de
Cristo –y el mesianismo– lleva a los miembros de la humanidad a “obligarse
a hacerse biógrafos de Dios”. Es decir, ella ha obligado a Europa y al Mundo
entero “a la mentira, al secreto, a la hipocresía”, cada vez que se intentó
dictar ley. Encarnándose, Dios ha obligado a la humanidad a contar mentiras
sobre sí misma, ha constreñido a los hombres a ser hipócritas sobre lo que
hay de más alto e importante, ha destinado a la Tierra a un eterno carnaval
de la disimulación.
Hay una sutil maldad en la elección divina de encarnarse: porque
gracias a esta decisión el derecho de Occidente se transformó en un fárrago
de rumores y la política de los hombres, en una comedia de equívocos. Pues
“todos los conceptos sobresalientes de la moderna teoría del Estado son
conceptos teológicos secularizados”34. Y la teología, en Occidente, siempre
ha sido la forma suprema de la biografía.

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