Universidad San Francisco de Quito
Nombre: María José Cevallos
Código: 00206272
Curso: Cosmos
Fecha: 24/10/2018
Libro: La invención de la naturaleza
Capítulo 17: Evolución y Naturaleza (Charles Darwin y Humboldt)
El 27 de diciembre de 1831 zarpó el Beagle (un barco hidrográfico y de
investigación fleteado por el Gobierno británico) desde Portsmouth, en la costa sur de
Inglaterra, “este iba a recorrer el mundo para inspeccionar las costas y calcular las
posiciones geográficas exactas de los puertos”. A bordo del Beagle iba el naturalista
Charles Darwin, de veintidós años y el capitán, cartógrafo y meteorólogo Robert Fitzroy, de
veintiséis años. Juntos emprendieron un viaje de aproximadamente cinco años, donde
realizaron grandes descubrimientos que más tarde darían paso a la teoría evolutiva de
Darwin.
Durante su viaje a bordo del Beagle Darwin se sintió mareado la mayor parte del
tiempo, se sentía tan debilitado que llegó a dudar de su decisión así que para evitar los
mareos se encerraba en su cabina a comer galletas y permanecer en posición horizontal en
su hamaca. Su cabina era pequeña (medía tres por tres metros), tenía estanterías, armarios,
un mueble en la pared y una mesa para mediciones, y la compartía con dos miembros más
de la tripulación. Junto a su hamaca Darwin tenía los libros que, con sumo cuidado escogió
para su viaje, entre ellos habían “libros de botánica y zoología, un diccionario español-
inglés, el primer volumen de Elementos de geología de Charles Lyell y finalmente el
Personal Narrative de Alexander von Humboldt”, este constaba de siete volúmenes que
llevaron a Darwin a aventurarse en el Beagle, ya que trataba de la expedición de Humboldt
a Latinoamérica.
Darwin llevaba meses soñando con Tenerife, quería caminar entre las palmeras y
ver el volcán Teide de 3.600 metros de altura (Humboldt había ascendido tres décadas
antes). Sin embargo, debido a los brotes de cólera en Inglaterra las autoridades de Tenerife
no permitieron que los marineros bajen a tierra ya que temían que estos pudieran llevar la
enfermedad. Esto dejó a Darwin desolado, pero, mientras se alejaban de Tenerife el mar se
calmó y pudo contemplar como el cielo y las estrellas extendían su brillo sobre el mar y
dijo que debido a todo lo que leyó sobre el Teide en el Personal Narrative “era como
despedirse de un amigo”.
Su padre de Darwin deseaba que su hijo tuviera una profesión un poco más
convencional, es por esto que estudio en Cambridge para ser pastor y años antes estudió
medicina en la Universidad de Edimburgo. En cada uno de estos lugares Darwin siempre
prefirió dedicarse a otras cosas distintas a las que debía, en Edimburgo por ejemplo estudió
los invertebrados marinos y en Cambridge asistió a clases de botánica en lugar de las de
teología. Darwin leyó a Humboldt por primera vez durante su último curso en Cambridge,
eso despertó en él un ardiente entusiasmo que poco a poco lo llevó a querer adentrarse en
un viaje junto a su profesor John Stevens Henslow y otros amigos hacia las islas Canarias.
Para prepararse para aquel viaje Darwin “corría por las mañanas a los invernaderos del
jardín botánico de Cambridge para contemplar las palmeras y luego volvía a casa a estudiar
botánica, geología y español”. Lamentablemente Henslow canceló el viaje, pero, el 29 de
agosto de 1831 envió una carta a Darwin donde le mencionaba que un capitán llamado
Robert Fitzroy “estaba buscando un caballero naturalista que le acompañara en el Beagle,
un barco que iba a dar la vuelta al mundo”. Su padre le negó el permiso y la ayuda
económica para su viaje, pero fue su tío quien terminó convenciéndolo.
Durante su viaje Darwin cogía medusas y pequeños invertebrados marinos y los
discaba, conoció al resto de la tripulación que estaba conformada por marineros,
carpinteros, topógrafos, un fabricante de instrumentos, un artista y un cirujano. El Beagle
era pequeño, pero se encontraba bien equipado con latas de carnes y conservas, y también
de instrumentos de prospección. Su primera escala fue en Santiago, la mayor de las islas de
Cabo Verde, era un lugar confuso y exótico lleno de cosas que llamaban su atención, allí
Darwin recogió todo tipo de cosas para sus investigaciones y decía que toda su experiencia
“era como dar ojos a un ciego”. El libro Elementos de geología de Charles Lyell también
lo inspiró, ya que este explicaba como la Tierra se había formado por erosión y deposición,
gracias a esto se dice que Darwin “observó las plantas y animales a través de los ojos de
Humboldt y las rocas a través de los de Lyell”.
El Beagle continúo hacia Bahía, Río de Janeiro, Montevideo, las islas Malvinas,
Tierra de Fuego y Chile. En cada uno de estos lugares Darwin emprendió largas
excursiones para descubrir la flora y fauna que estos ofrecían, siempre escribía cartas a su
familia contándoles sobre sus descubrimientos y enviaba baúles llenos de fósiles, pieles de
pájaros y plantas desecadas a Henslow en Cambridge. Debido a que Darwin leyó tanto las
obras de Humboldt, empezó a adquirir su estilo literario que mezclaba escritura científica
con descripción poética, es por eso que su diario del Beagle resulta muy similar, en estilo y
contenido, a la Personal Narrative.
En 1835 el barco zarpo en Sudamérica en las Islas Galápagos, estas eran unas islas
extrañas y desérticas “en las que vivían aves y reptiles tan dóciles y poco acostumbrados a
los humanos que era fácil capturarlos, durante este viaje Darwin capturó varios ejemplares
de aves (pinzones) que fueron posteriormente analizados y lo llevaron a pensar en que las
especies podían evolucionar (transmutación de las especies), el ornitólogo británico John
Gould identificó las aves al regreso del Beagle y declaró que estas eran verdaderamente
distintas, así Darwin logró deducir que cada isla tenía sus propias especies endémicas y
formuló su teoría sobre la evolución de las especies y selección natural, la cual se oponía en
parte a lo que establecía Lamarck que Darwin consideraba “auténtica Basura”, finalmente
también se apoyó en la teoría de Malthus que establecía que las plantas y animales se
limitaban mutuamente en sus poblaciones y que existía una larga y continua disputa.
Finalmente, Darwin regresó a casa casi cinco años después de que el Beagle
zarpara, publicó su diario Voyage of the Beagle y se lo envió a Humboldt, a esto Humbolt
respondió con una larga carta en la que elogiaba al libro como excelente y admirable,
también dijo que Darwin tenía un excelente futuro por delante y establecía que la antorcha
de la ciencia estaba en manos de él y todos lo clasificaron como uno de los trabajos más
extraordinarios publicados en el campo científico.