E.
Jünger: ¿Cuál es la relación entre el mar
de símbolos Jüngeriano en su obra
literaria Abejas de Cristal y su concepción
filosófica del mundo?
Curso: El uso de la literatura en
el estudio de la filosofía: aspectos
teóricos y prácticos.
Autor: Israel Quilón Sánchez
D.N.I 46927540L
1
E. Jünger: ¿Cuál es la relación entre el mar de símbolos
Jüngeriano en su obra literaria Abejas de Cristal y su
concepción filosófica del mundo?
Índice:
1. Introducción.
2. E. Jünger: Novela y filosofía.
3. El nihilismo en E. Jünger.
4. Abejas de cristal: La relación entre figura y personaje.
5. Más allá de la novela. Consideraciones filosóficas.
6. Conclusión.
2
1. Introducción
Que los escritores toman en su fuente las aventuras y paseos vitales
no es decir nada nuevo; e incluso que para conocerlos hemos de recorrer
sus obras, es también un dicho común aunque no por ello menos cierto. La
relación entre la vida y la obra de un mismo autor es una necesidad
“genética” aunque en ocasiones sea compleja y difícil de atisbar, aunque en
ocasiones se plasme como negación simbólica de lo vivido o se esconda a
través de complejas y enredadas relaciones de las que incluso el mismo
autor puede no ser consciente. El pensamiento se abre paso a través de lo
vivido para construir un texto o una obra. Incluso las palabras toman los
acentos de los años pretéritos, así también <<La riqueza de la vida se
traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo
como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las
respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los
argumentos>>1.
E. Jünger es en este sentido un escritor particular. Sus obras están
marcadas de una profunda personalidad; desde su nacimiento en 1895
hasta su fallecimiento. A los 18 años se alistó en la legión extranjera y su
experiencia en la guerra –recordemos su travesía que recorre la primera y
segunda guerras mundiales así como una época de entreguerras de
profunda influencia -marcará su pensamiento hasta convertir al soldado en
una figura con una dimensión iniciática y una fuerte carga simbólica que la
alquimia de su literatura transformó en peripecias espirituales.
1
Nietzsche: Diez mandamientos para escribir con estilo. (fuente no segura: Internet )
3
Muy cercana a la figura del “soldado” encontramos la del
“trabajador”, una figura que encuentra su expresión en un tipo humano
muy especial representante de una voluntad de poder que se está formando
y cuya figura surge de la descomposición del mundo burgués que no es más
que una nueva determinación de la naturaleza humana, a saber; <<la
irrupción de la racionalidad científico-técnica>>2.
2. E. Jünger: novela y filosofía.
No todas las novelas son filosóficas, y los tratados filosóficos entran
en un compendio que poco tienen de poético en la mayoría de los casos. En
los últimos siglos, y a raíz de un romanticismo alemán que eleva la poesía a
un máximo valor espiritual, recuperando un valioso espacio que dos
milenios antes Platón había reservado al destierro, se da una reconversión
del estilo de la filosofía. Nunca antes habían estado tan unidos estos dos
ámbitos tan semejantes en el fondo y dispares en la forma o de otro modo,
el decir a través de una peculiar forma artística y decir a través del
concepto3. Sin ambages, no se puede decir lo mismo de la prosa y del
dialogo, que dicho brevemente es, en ocasiones y desde tiempos remotos,
hogar calmo, distendido de la filosofía. Excusa o sustrato, decorado o
utensilio.
Se puede observar en E. Jünger como su obra literaria más
novelesca- un buen ejemplo de ellas serian: Los acantilados de mármol
(1939) y abejas de cristal (1957), entre otras- no es por ello menos
2
E. Ocaña: Más allá del Nihilismo. Meditaciones sobre E. Jünger. Ed. Universidad de Murcia.
3
Diego Sánchez Meca: El Uso de la Literatura en el Estudio de la Filosofía: Aspectos Teóricos y Prácticos.
UNED
4
filosófica y constituye un acomodo para retratar con una simbología clara su
visión de la modernidad. Todas tienen tintes autobiográficos, algunas-
como es el caso de las nombradas -consisten en historias cuyos
protagonistas se encuentran frente a una fuerza agresiva misteriosa que
desde afuera amenaza la estabilidad de su mundo aislado. La aparente
despreocupación de los protagonistas frente a la gravedad de su situación
deja al lector desconcertado y lo obliga a analizar la situación
intelectualmente.
Este movimiento intelectual es propia intención del autor. Si
pasamos a analizar su simbología podemos entrever posturas Jüngerianas
comunes tales como “el soldado”,” el trabajador”,” el emboscado”, donde se
asienta su ropaje filosófico y que a lo largo del trabajo analizaremos. Pero
antes de todo ello, debemos recorrer brevemente el concepto-lente a través
del cual tales figuras cobran sentido en relación con el momento histórico
Jüngeriano. Tal concepto es: el nihilismo.
3. El nihilismo en E. Jünger
El concepto de “Nihilismo” procede de la influencia Nietzscheana de la
que bebe con frecuencia Jünger. Recordemos que para Nietzsche el
nihilismo es la desvalorización de los valores que sufre la modernidad a
partir de la muerte del dios cristiano, o lo que es lo mismo, con el derrumbe
los valores judío-cristianos. Dicho en palabras de Nietzsche: <<falta el fin,
falta la respuesta a la pregunta ¿por qué? ¿Qué significa el nihilismo?: que
los valores supremos se desvalorizan>>4.
4
F. Nietzsche: El Nihilismo: escritos póstumos Pág. 64. Ed. Península.
5
Jünger se piensa inmerso en una época nihilista tal y como Nietzsche
la interpreta. Una época en la que se guarda el equilibrio entre el nihilismo
pasivo como un proceso de agotamiento, de un mortal cansancio del
hombre por la vida, un desaliento generalizado, un escepticismo de toda
verdad, de toda moral, de todo valor tradicional, ocaso y retroceso del
poder de espíritu, en fin, un falta de fuerzas que convierte “la voluntad de
vivir” en “voluntad de nada”, y un nihilismo activo como un proceso de
destrucción de valores, signo de fuerza, punto de inflexión para la futura
transvaloración de valores, por lo tanto se convierte en un paso necesario
no solo de Nietzsche sino de todo un pueblo, de toda Europa...de su
“voluntad de poder”.
Jünger, como combatiente de las guerras mundiales, ve en el caos no
solo la destrucción y decadencia sino también la capacidad de creación que
en el seno de lo informe se aposenta. <<Criatura y creador están unidos
en el hombre: hay materia, fango, fragmento, exceso, basura, sinsentido,
caos; pero en el hombre hay también un creador, un escultor, dureza de
martillo, dioses-espectadores y séptimo día- ¿entendéis esta antítesis?>> 5.
Es en este sentido afirmamos que Jünger se halla en un nihilismo
activo, o lo que él mismo interpreta; un lugar cuya superación es posible
con el paso de la línea. Esta expresión, el paso de la línea, marcaria la
finalidad o el objetivo de la obra Über die Linie (1949) donde el autor
reflexiona acerca del lugar en el que lo procesos modernos sitúan al
hombre. Ese “sobre la línea” es ese lugar preciso y su superación significa
una superación del nihilismo. Para ello, Jünger marca un contramovimiento
futuro reemplazador del nihilismo. En su desmitificación de tal concepto,
5
Cita tomada del libro de Enrique Ocaña: Más allá del nihilismo. Pág. 63. Ed. Universidad de Murcia.
6
lleva a concepciones acerca de lo caótico, lo enfermo y lo malo que ya
aparecen en Nietzsche. Allende a estas consideraciones surge un análisis
concreto que sitúa un relación especial entre el orden como expresión
reductora y controladora del nihilismo. Por otro lado, y mayor conexión con
la técnica, es inherente a él la creciente inclinación a la especialización, que
llega a niveles tan altos que la persona singular sólo difunde una idea
ramificada y la cadena de montaje le exige un exiguo movimiento.
Por otro lado, en Über die Linie se pone también de relieve la disputa
con Leviatán- representante de las fuerzas y procesos de la época, tirano
exterior e interior-del cual el único modo de escape o de superación será
por un lado la lucha en “la tierra salvaje”, espacio donde <<el hombre no
solo puede esperar llevar la lucha sino también vencer>> 6 y por otro el
“Eros”, espacio ajeno a los tentáculos del poder7.
Algunas de estas figuras inundan irremediablemente las obras de
Jünger. Ellas encuentran normalmente expresión en personajes
determinados. Ocupémonos de ello a continuación.
4. Abejas de cristal; La relación entre figura y personaje.
6
E. Jünger: Sobre la línea. Pág. 62. Ed. Paidós.
7
No vamos a entrar en las consideraciones Heideggerianas acerca de la obra de Jünger en su obra Hacia
la pregunta del ser. Ni analizar discrepancias o concordancias que aunque son de un profundo interés, y
son tenidas en cuenta, nos alejaría del objetivo del trabajo y de su comprensión.
7
El personaje principal de la obra es un oficial de caballería llamado
Richard, como hemos comentado, la figura del “soldado” Jüngeriano es la
que principalmente experimenta la destrucción de los valores precedentes
en su lucha contra la burguesía dominante. Él ha visto el paso del tiempo y
el dominio de la técnica que bruscamente ha relegado –ya sea en nombre
del confort o del progreso- a los hombres a un estado de destrucción, de
carencia de valores. Este personaje, recuerda los tiempos en que lo
humano precedía a lo técnico, pero también recuerda como con dolor y de
forma consciente formaba parte de un proceso de decadencia, de caída.
Ahora, en su nueva situación, busca un trabajo. Aquí entra otra figura
primordial para Jünger que es la del “trabajador”- con inquisiciones
importantes que haremos más adelante-. Y el magnate Zapparoni- símbolo
de la burguesía ilustrada- que desea contratarle tras una serie de pruebas.
Zapparoni es como comentábamos un burgués moderno que
aprovecha la técnica para enriquecerse allende a cuestiones morales, así
dice el texto:
«Quería contar con hombres-vapor, de la misma manera en que había
contado con caballos-vapor. Quería unidades iguales entre sí, a las que
poder subdividir. Para llegar a ello había que suprimir al hombre, como
antes el caballo había sido suprimido».
Lo natural se sustituye por lo técnico, los hombres por
maquinas, las abejas por autómatas acristalados que Zapparoni ideó y que
sobrevuelan el jardín –lugar donde se desarrolla la conversación central de
la novela entre el protagonista y Zapparoni-. Estas abejas, son el símbolo
de la eficacia tecnológica debido a que logran recoger cien veces más néctar
8
que las demás, pero dejan las flores sin vida, las destruyen para siempre,
imágenes de un mundo técnico, que puede ser asesino de la naturaleza y,
por ende, del ser humano.
Otras de las figuras principales es la del “Eros”. En sí, constituye un ámbito
de libertar para Jünger y queda representada en la mujer del protagonista,
Theresa. Este amor trasciende de algún modo el drama y conforma un
espacio metafísico y poderoso en sí, capaz de enfrentarse con Zapparoni.
Teresa representa aquel ámbito indemne a los poderes temporales, donde
ningún Leviatán tiene posibilidad de alcance. Esta concepción del Eros es
sin duda una herencia romántica en Jünger.
5. Más allá de la literatura. Consideraciones filosóficas.
En la proposición de empleo que se le hace al protagonista, Richard
da por sentado que el ámbito de la moral no es decisivo a la hora de coger
o rechazar dicho empleo. Dice así: <<ya había comprendido lo suficiente,
buscaban a un hombre que se encargase de la ropa sucia…No voy a hablar
de moral; sería ridículo>>8. Richard había participado en el pleno siglo de
destrucción de valores, donde el nihilismo nietzscheano había tomado
cuerpo con las guerras mundiales, sobre todo con la primera. Jünger
expresa de ese modo “el topos” intelectual nihilista cuya resaca ha legado a
su protagonista. Así afirma el protagonista más abajo: <<estuve en
Asturias durante la guerra civil, y en ese tipo de conflictos nadie deja de
mancharse las manos>>9
8
E. Jünger: Abejas de cristal. Pág. 18. Ed. Alianza.
9
Ídem.
9
Las experiencias en la guerra es un recuerdo constante del propio
protagonista. Pero no solo de la guerra sino también de la gente que rodea
todo el asunto. Desde un capitán llamado Monterón, que encarna una clase
especial de valores que se relacionan muy bien con la racionalidad y el
orden pero que ya no pueden formar parte de este mundo; hasta Biedseil,
experto en equitación pero que al igual que Monteron, su dominio de lo
natural ha pasado a formar parte de un pasado inservible. Lastimosamente
para él, los caballos han sido sustituidos por los tanques. Lo natural por lo
técnico.
De este modo, todo lo que rodea la guerra forma parte de una
especie de aventura, de viaje iniciático al que siempre se puede recurrir en
momentos difíciles como añoranza de seguridad y de transformación.
Corresponde a la figura del “emboscado”, la marcha al bosque que no es
más que la marcha al borde de la muerte como preparación que se dualizan
en las trincheras y en un viaje interior. <<El bosque como bastión de la
vida se abre en una plenitud sobrereal cuando se ha conseguido traspasar
la línea. Aquí es donde están las riquezas del mundo>>10
Es el paso de la línea al que nos referíamos con anterioridad cuando
hablábamos acerca del nihilismo. Es, por ende, la superación del miedo a la
nada, a vivir la muerte abriéndose así un nuevo paso de sentido. Es,
finalmente, una madurez donde <<ser y poder se afirman en una nueva
libertad>>11.
Ese viaje iniciático supone una superación, un bautismo una
reconversión. Dicho con palabras de Richard:
10
Nota de Jünger recogida en E. Ocaña: Más allá del nihilismo. Pág. 178. Ed. Universidad de Murcia.
11
E. Ocaña: Más allá del nihilismo. Pág. 179. Ed. Universidad de Murcia.
10
<<Si las cosas continúan progresando de este modo ¿Qué va a
quedar para nosotros? Pues también nosotros queremos oír el silbido de las
balas y vivir esos instantes que cabe calificar con el bautismo propiamente
dicho del varón>>12
Podemos afirmar tras lo dicho que Richard fue “soldado” y también
“emboscado” aunque para calmar su dislocación espiritual deba recurrir al
recuerdo. Esa dislocación surge cuando Richard comprende que debe
adaptarse a los nuevos tiempos. Su lugar en la guerra llegó a su fin. Ahora
nace una nueva exigencia, una fe carente de sustrato, o mejor dicho, cuyo
fundamento es “la nada”. Son los contratos lo único valedero. La confianza,
el honor y la disciplina se han evaporado.
Jünger, en ese sentido, adopta una postura cercana a Spengleriana
de desencantamiento ante el mundo contemporáneo junto con la
advertencia ante el avance incontenible y abrasador del nihilismo como
movimiento mundial.
La propia obra refleja un cierto vértigo en la carencia de seguridad
que ofrece Richard. Así ocurre normalmente en Jünger cuya tendencia hacia
lo abisal, hacia el Abgrund es frecuente en sus novelas con respecto a la
relación que adoptan con el nihilismo. Aparentemente de manera
paradigmática, este nihilismo que se refleja en la figura de “El
Guardabosques” en su libro Los acantilados de Mármol, no adopta ninguna
simetría en la obra que estamos analizando, sin embargo, se hace patente
que late de fondo la inseguridad de tal creencia intelectual, de esa intuición
o percepción.
12
E. Jünger: El estallido. Pág. 448.
11
La transvaloración de la modernidad se deja oír en palabras del
protagonista <<De la noche se había convertido en un delito lo que antes
era un deber>>.13 La decadencia no solo había abierto una brecha en el
ámbito de las relaciones interpersonales sino que había dado un nuevo
destino a la técnica. <<Tuvimos que prescindir de los caballos. Ahora
íbamos con tanques…>>14. El estrepitoso desarrollo de la técnica que
resultaría amenazante si cayese en manos del Burgués heredero de la
tradición ilustrada pues entendería éste que la técnica es <<un órgano que
tiende a la realización plena de lo racional y lo virtuoso>> 15.
Un burgués, opina Jünger, es incapaz de emplear la técnica como
medio de poder ordenado a su propio existir. Ha de crearse una figura
nueva, un nuevo paso de la heroicidad del “soldado” a la de una fuerza
global que adviene irremediablemente. Es la figura de: “El trabajador”.
En abejas de cristal Zapparoni es el máximo exponente de la técnica
moderna pero en sus manos los aparatos constituyen juguetes, dedicados al
confort. “El trabajador” por el contrario ve a la técnica como un medio,
como un instrumento que ha dejado tras de sí una estela de símbolos
destruidos. Es un nuevo lenguaje omnicomprensivo que permite romper las
barreras de una gramática que arrastra tras de sí ídolos huecos.
Jünger afirma: <<Si se ve como centro del proceso destructor y
movilizador del proceso técnico la figura del trabajador, la cual se sirve del
hombre activo y pasivo como de un médium, entonces cambia el pronóstico
que cabe hacer a ese proceso>>16.
13
E. Jünger: Abejas de cristal. Pág. 63. Ed. Alianza.
14
Ídem. Pag76
15
E. Jünger: El trabajador. Pág. 153. Ed. Tusquets.
16
Idem. Pág. 159.
12
Y cabe decir que es un proceso con un destino determinado. Conduce
a unos órdenes unívocos y necesarios y su evolución será clausurada
dependiendo de las demandas particulares a las que se somete la figura del
“trabajador”. Esta es una figura mítica, es el titán que destrona a los
antiguos dioses, el producto de la descomposición del mundo burgués. Así
es normal que Richard, nuestro protagonista opinase <<que Zapparoni se
colocara por encima de un oficial de Caballería y le hiciera reflexiones
morales, era tan absurdo como que un tiburón tuviera que compadecer
ante un tribunal a causa de sus dientes>>17.
Sin embargo, en esta lucha por el poder, mediante el instrumento de
la técnica el tirano busca disolver todo lo humano. Jünger dice así: <<Pero
Zapparoni quería hacer realidad el autómata…Seres humanos artificiales de
18
tamaño natural, figuras semejantes al hombre>> o aquello otro de:
<<Zapparoni solo había adoptado la casta de obreros asexuados,
llevándolo a la perfección. >>19.
Este proceso de devaluación de los valores supremos ha alcanzado,
de algún modo, caracteres de "perfección" en la actualidad. El agente
inmediato de este fenómeno radica en el desencuentro del hombre consigo
mismo y con su potencia divina. La obra de Jünger, en este sentido, da
cuenta del afán por radicar el fundamento del hombre.
Richard, como protagonista, acude a Zapparoni a buscar trabajo.
Pero entendemos que no se corresponde a la figura del “trabajador” tal y
como Jünger la persigue.
17
E. Jünger: Abejas de Cristal. Pág 95. Ed. Alianza.
18
Ídem. Pág. 66
19
Ídem. Pag129
13
Expuesta por Jünger someramente en su obra homónima de 1932, el
trabajador es un resultado consecuente con los procesos modernos. Es una
idea que surge más allá de lo económico, de lo social y de lo político.
Richard corresponde más con la estampa del desarraigo social producido
por el cambio súbito y la esclavización. Una incomprensión de lo
momentáneo que se refleja con claridad en el siguiente párrafo:
<< ¿Qué significaba ese estrepito de paso sobre la tierra de tortugas
de acero y serpientes de hierro mientras que, con la velocidad del
pensamiento, triángulos, flechas y cohetes se ordenaban en el cielo para
componer figuras cambiantes? Eran modelos siempre nuevos los que se
exhibían, pero en ese silencio y ese júbilo había también algo de la
malignidad ancestral del hombre que es mendaz y tramposo. En el desfile
de fantasmas, pasaban, invisibles, Tubalcaín y Lamek. >>20
Richard comprende lo mitológico del asunto pero está atrapado en un
nihilismo destructor pero incapaz de entender lo que acontece, incapaz de
crear y de vencer. <<Individualista, con inclinaciones al derrotismo>> 21-
afirma de él un Jefe de Estado durante su campaña en Asturias.
¿Qué significa realmente la figura del “trabajador”? Ciertamente, es
una nueva fuerza, una alternativa a lo burgués, una nueva relación con lo
elemental, una nueva “voluntad de poder”. Nos acerca hacia una nueva
libertad que poco tiene que ver con la libertad que los ilustrados
pregonaban. Es una ruptura con lo anterior aunque recuperando lo
originario uniendo así poesis y tecné.
20
Ídem. Pag77
21
Ídem. Pág 82
14
El burgués humaniza la técnica, haciendo de esta algo mediocre. Sus
mismos ideales son ya mediocres-tales como el confort y el bienestar-. Está
acomodado en la molicie y sopor, y por ello, crea hombres domesticados.
Zapparoni es por lo tanto un tecnócrata, y su supresión de la
naturaleza por lo mecánico empieza con la construcción de “abejas de
cristal” que como terriblemente económicas corresponde a una concepción
económica de la civilización. Pero no podemos olvidar que también
Zapparoni es un artista y sus obras se encontraban al límite de
redimensionar el concepto incluso de lo humano. Y en este sentido no para
de despertar profunda admiración para Richard que como encantado por los
hechizos de un mago había perdido la capacidad de distinguir lo natural de
lo artificial.
Por ello, creemos que Richard ante esto no reacciona, nada hace. No
representa la lucha sino la aceptación aunque el camino pueda pensarse
abonado. Jünger lo expresara casualmente de manera clarividente en su
obra “El trabajador” -con 25 años de antelación- con las siguientes
palabras: <<Lo único que en tal situación nos resulta digno de atención, es
la preparación de una unidad nueva de lugar, el tiempo y personaje, la
preparación de una unidad dramática, cuya aparición cabe vislumbrar
detrás de las ruinas de la cultura y bajo la máscara mortal de la
civilización>>22
Pero aunque eso sea cierto, Richard si encuentra un resguardo a los
tentáculos del Leviatán. Este es en el Eros, un fondo dispensador de
abundancia y fertilidad. El Eros abre un nuevo mundo que nada tiene que
22
E. Jünger: El trabajador. Pág. 94. Ed. Tusquets
15
ver con las voluntades y los juegos de poder. Esté nuevo y recóndito paraje
se aleja de las concepciones instrumentales de las relaciones humanas para
dotarlas de unos valores abiertos al reconocimiento. Se desobjetiva así el
otro, el que nos mira, el que nos desea y al que apreciamos. En esta unidad
cósmica se encuentra nuestro protagonista cuando cita afirma aquello de:
<<Había mucho de ilusión en la tecnología. Pero guarde fielmente las
palabras que me dijo Theresa, conserve la sonrisa que las acompañaba. Era
una sonrisa más intensa que la de cualquier autómata, un rayo de
realidad>>23
Y de una manera más extensa queda reflejado en el pasaje siguiente:
<<La ayuda llega a menudo de donde menos se lo espera, de los débiles, y
eso mismo me ocurrió a mi cuando conocí a Theresa, cuando me alié con
ella. Mi derrotismo floreció de golpe, lo inundo todo y me llevo a apartarme
del juego de las luchas por el poder. Se me antojaron inútiles y carentes de
contenido, esfuerzos dilapidados, tiempo perdido. Quise extirparlas de mi
memoria. Comprendí sin ninguna duda que una única persona, captada en
profundidad y prodigándose desde ella misma, nos da más y no nos
proporciona mayor riqueza que las que pudieran conquistar jamás Cesar o
Alejandro. Allí esta nuestro reino, la mejor de las monarquías, la mejor de
las repúblicas. Allí esta nuestro jardín, nuestra felicidad. >>24
Desde este jardín, que nada tiene que ver con el jardín de Zapparoni
ni con sus juegos de poder, sino que se trata de un lugar tranquilo y sin
dolor donde el Eros como el Leteo da de beber a Richard el agua del olvido
23
E. Jünger: Abejas de Cristal. Pág 203. Ed. Alianza.
24
Ídem. Pág 84
16
para hacerle olvidar lo ilusorio de la técnica, su angustia, malestar y
asombro de aquello que contemplo en aquel jardín recóndito de Zapparoni.
6. Conclusión
No tantas veces se puede observar la vida del autor tan claramente en
sus obras literarias. La disposición de figuras que ofrece, reflejan un
pensamiento complejo y lleno de interrelaciones también complejas de
delimitar. Al igual que ocurre en Nietzsche, Jünger es uno de esos autores
en los que su estilo constituye un obstáculo a la sistematización clara, pero,
como contrapartida, atrae el gusto del lector.
Su intrincada red cubierta de figuras metafóricas, que ofrecen una visión
de la realidad de su tiempo, llenan de matices un mundo que como algunos
autores comentan hace visible lo que se nos torna invisible. No es fácil,
desde la actividad vital una substracción del mundo tal y como Jünger la
hace. Y mucho menos una capacidad indiscutible para plasmar la filosofía en
obras literarias que a primera vista parecen inocentes pero que esconden un
mundo transversal y enriquecedor.
Pero desde mi opinión tales figuras también suponen un escape, un
aislamiento y una esperanza. En plenas guerras mundiales y el dolor que se
supone inherente a la lucha, la muerte y la destrucción, Jünger crea una
filosofía asentada en valores vitales procedentes del vitalismo Nietzscheano
y una esperanza procedente del romanticismo alemán, a saber, el diario del
17
soldado en la guerra y el tratado filosófico de un intelectual que hacen
finalmente posible esa vinculación de la filosofía con la obra literaria.
Dicho metafóricamente, las figuras como constelación constituyen una
transformación del dolor en una figura astrológica con sentido. E. Ocaña lo
expresa perfectamente en la siguiente declaración:
<<Las figuras constituyen el sujeto práctico de un nuevo mundo
cuya tarea unificadora se manifiesta como dolor: Si Dios ya no asiste al ser
que sufre para dotar de sentido y significado a sus dolores, las nuevas
figuras desempeñan ese papel. En las figuras cristalizan profundas
corrientes de dolor y sufrimiento y llegan a convertirse en formas o
“Gestalten” dotadoras de sentido>>25
O desde otro punto de vista; entender un proceso histórico como un
viaje que va desde lo que acontece de una manera mostrenca y concreta
hasta una interpretación figurativa cuyo proyecto metafísico no es más que
una superación personal del dolor y una visión de esperanza desde una
filosofía del mañana que pretende finalizar mas allá de la línea.
7. Bibliografía
E. Jünger: Abejas de Cristal. Ed. Alianza (1995).
E. Jünger: El trabajador. Ed. Tusquets (1990).
E. Ocaña: Más allá del nihilismo. Ed. Universidad de Murcia
(1993).
25
E. Ocaña: Más allá del nihilismo. Pág. 262. Ed. Universidad de Murcia.
18
José Luis Molinuevo: La estética de lo originario en Jünger. Ed.
Tecnos (1994).
E. Jünger: Sobre la línea y M. Heidegger: Hacia la pregunta del
ser. Ed. Paidos (1994).
E. Jünger: Sobre los acantilados de mármol. Ed. Destino.
Diego Sánchez Meca: El Uso de la Literatura en el Estudio de la
Filosofía: Aspectos Teóricos y Prácticos. UNED.
19