David Hume
David Hume
Índice
Biografía
Primeras obras
Reconocimiento de su obra
Filosofía
Empirismo
Ideas e impresiones
Asociación de ideas
Relaciones de ideas y cuestiones de hecho
Problema de la causalidad
Problema de la inducción
El yo
Ética
Razón práctica: instrumentalismo y nihilismo
Emotivismo
Determinismo y libre albedrío
Problema del ser y el deber ser
Utilitarismo
Estética
Religión
Problema de los milagros
Argumento del diseñador
Teoría política
Conservadurismo
Contribuciones al pensamiento económico
Racismo
Obras
Interpretaciones
Polémica
Reconocimientos
Véase también
Notas
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos
Biografía
David Hume nació en Edimburgo (Escocia) el 26 de abril de 1711 en una familia perteneciente a la pequeña
nobleza de la frontera con Inglaterra. Fue el menor de tres hermanos. Su padre, abogado, falleció en 1714
cuando David era aún pequeño y su madre se fue entonces a vivir a Ninewells para criar a sus hijos con su
cuñado. En 1722 entró en el Colegio de Edimburgo, donde tuvo por profesores a discípulos de Newton y leyó
a los poetas latinos y a los escritores ingleses.
Su familia lo destinó a hacer la carrera de Derecho, aunque desde muy joven supo que quería dedicarse a la
Filosofía. Él mismo lo relata en su autobiografía My own life, que escribió cuatro meses antes de su muerte:
Seguí el itinerario normal de educación con éxito, y ya a muy corta edad caí preso de una
gran pasión por las letras que se ha convertido en la tendencia dominante en mi vida y en la
fuente principal de mis satisfacciones.
En la primera carta que se conserva suya, que escribió con 16 años, Hume ya habla de la posibilidad de
"investigar el espíritu humano". Así que, hastiado por los estudios de leyes, pasó un periodo de crisis en 1734
que evoca en una carta a John Arbuthnot.4 Se trataba de una «insuperable aversión hacia toda cosa salvo los
estudios de filosofía y el saber en general». Rehusando así ser abogado, marchó a Bristol para intentar ganarse
la vida con el comercio antes de viajar a Francia y permanecer allí casi tres años, residiendo primero en Reims
y luego en La Flèche (actual Sarthe) entre 1735 y 1737. Ya con 26 años acabó de redactar su Tratado de la
naturaleza humana. La lectura de John Locke y del obispo y filósofo irlandés George Berkeley y su distinción
entre razón y sentidos había despertado su crítica al concepto de causalidad, y Hume llevó aún más lejos sus
principios intentando demostrar que la razón y sus juicios son meras asociaciones habituales de diferentes
sensaciones o experiencias.
De vuelta a Londres (1737) publica sin nombre de autor los dos primeros libros de esta obra en enero de 1739,
sin despertar atención alguna. Su decepción fue muy grande y en su Autobiografía comentó de este primer
trabajo que «nació muerto a causa de la prensa».5 En realidad, le hicieron varias reseñas, si bien ninguna
alcanzó a comprender las tesis de Hume ni la amplitud de sus propósitos, tal vez por el estilo abstruso que
había adoptado.6 Sin embargo, esto sirvió para que el filósofo apercibiera la importancia de ser bien
comprendido por su público, de forma que reescribió en un estilo menos abstracto sus ideas para explicarse
con mayor claridad y extensión, abandonando el género del tratado sistemático y adoptando los más literarios
del diálogo y del ensayo (afinado este por sus contemporáneos Steele y Addison) para exponer su
pensamiento. Aplicó ese estilo y géneros también a sus otros libros, que desde entonces tuvieron como
propósito principal aclarar las ideas condensadas y anticipadas en los tres volúmenes de esta obra. Por ello
Hume rehusó que el Tratado formara parte de sus Obras completas, si bien esta renuncia no impidió que su
primer libro sea hoy una de las obras más importantes de la filosofía occidental.
Tras el fracaso del Tratado, Hume volvió con su familia a Escocia en 1739, llevando una vida frugal y
morigerada; conoció a su pariente lejano, el ilustrado y liberal juez del Tribunal Supremo de Escocia Henry
Home, lord Kames, quien llegó a ser, en palabras de David, su mejor amigo, y comenzó además una relación
epistolar con Francis Hutcheson. Publicó en 1740 un Resumen del Tratado de la naturaleza humana y luego,
en otoño, se animó a publicar también el libro III del Tratado así como un Apéndice. En ese mismo año
conoció también al famoso economista Adam Smith, en quien tanto habían de calar sus ideas. Publicó la
primera parte de sus Ensayos morales y políticos (compuesto de 15 textos) en 1741 en Edimburgo y la obra
fue un éxito, siendo objeto de una segunda edición en 1742 aumentada con 12 textos nuevos.
Ese mismo año devino preceptor de George Vanden-Bemp, III marqués de Annandale (1720-1792), cuya
salud mental se degradaba poco a poco, y en 1746 se convirtió en secretario del general James Saint-Clair
(1688-1762), pariente suyo por demás, y viajó con él y con sir Harry Erskine en una misión diplomática a
Viena y a Turín en 1748.7 A causa de este viaje se despertó en Hume un interés por la historia que todavía
tardó unos años en florecer; publicó sin embargo en ese año sus Investigaciones sobre el entendimiento
humano (más tarde bautizadas Encuesta sobre el entendimiento humano), sin suscitar apenas interés. Sin
embargo, en esta obra, inspirándose en el ocasionalismo de Malebranche, creaba una epistemología para la
cual el contenido de las leyes que rigen nuestro mundo no puede deducirse o plantearse a priori, como con
una deducción lógica o una proposición matemática; se descubre solo por la constatación a posteriori (desde la
experiencia) de ciertas correlaciones. La observación experimental de estas correlaciones permite
seguidamente precisar el contenido de estas leyes.
Volvió a Escocia en 1749; escribió sus Discursos políticos y sus Investigaciones sobre los principios de la
moral (más tarde rebautizados Encuesta sobre los principios de la moral). Este último rehacía parcialmente y
reformulaba ciertos puntos ya abordados en el Tratado de la naturaleza humana. Su reputación de filósofo
comenzaba entonces a expandirse. En 1751 volvió a Edimburgo y publicó en 1752 sus Discursos políticos,
que fueron bien acogidos. Sin embargo, en Londres sus Investigaciones sobre los principios de la moral se
recibieron con indiferencia.
En 1752 logró el trabajo de bibliotecario del Colegio de abogados de Edimburgo y se embarcó en la escritura
de una Historia de Inglaterra en seis volúmenes. El primero, consagrado a los Estuardo, fue viva y
unánimemente criticado; el segundo (1756), estudiaba el periodo posterior a la muerte de Carlos I de Inglaterra
hasta la Revolución Gloriosa de 1688; en 1759 publicó el consagrado a los Tudor. La serie concluyó en 1761
con los dos últimos volúmenes, encontrando en conjunto al principio un éxito limitado, ya que Hume había
evitado dejarse llevar por los prejuicios contemporáneos, aunque después y poco a poco se transformó en un
auténtico éxito, ganándole un prestigio solo por debajo del de Edward Gibbon antes de que surgiera la gran
figura de Thomas Macaulay. La novedad que aportaba, fuera de esa gran imparcialidad, fue ampliar el ámbito
de la historia al incluir en ella los adelantos culturales, científicos y artísticos de cada época, si bien llamó a los
poetas del XVII, conforme a los principios estéticos y morales de su época, "genios pervertidos por la
idenciencia y el mal gusto, aunque ninguno más que Dryden". Entretanto había publicado en Londres su
Historia natural de la religión (1757). Creyendo acabada su obra, se retiró entonces al campo, soñando con un
retiro apacible.
Pero de él le sacó la oferta de un puesto de secretario en la Embajada de Francia por parte del Conde de
Hertford (1763) y marchó a París. En 1767 pasó a ser el encargado de negocios. Aprovechó entonces para
frecuentar a los philosophes de la Ilustración y el salón de Madame d'Épinay (1726-1783), a quien le pareció
un hombre eminente pero soso y sin conversación, al menos con las damas.8 Abandonó estas funciones en
1766 para ser nombrado subsecretario de Estado en Londres, y volvió a Inglaterra en compañía de Jean-
Jacques Rousseau, a quien admiraba y había invitado a Inglaterra para librarle del acoso que sufría en tierras
galas, pero con quien convivió difícilmente a causa de la paranoia que aquejaba al final de su vida al genial
francés, a quien, sin embargo, le consiguió una pensión otorgada por el rey de Inglaterra; estos desencuentros
y desavenencias fueron seguidos con cierto morboso interés por toda la Europa ilustrada.
Los años siguientes los repartirá entre su Escocia natal y Londres, donde ocupó el cargo de subsecretario de
Estado para el Departamento septentrional; sin embargo, no había dejado nunca de escribir y, en 1768, se
dedicó a corregir una reedición de su Historia de Inglaterra, la obra que más fama y reconocimiento le dio en
vida. Al año siguiente volvió a Edimburgo.9
A partir de 1775 comenzó a sentir los efectos de un tumor intestinal y un año más tarde falleció a la edad de
sesenta y cinco años. Junto a él, en su lecho de muerte, se encontraba su amigo Adam Smith, quien contó
cómo Hume bromeaba imaginando qué excusa dar a Caronte cuando se lo encontrara.
Sabedor del poco tiempo que le quedaba, Hume escribió una corta noticia autobiográfica algo antes de su
deceso (My own life). En ella, esforzándose por guardar un tono objetivo, describe en especial cómo
incrementó progresivamente su patrimonio y pasó de una relativa pobreza a una cierta opulencia. Termina con
un análisis de su carácter: «Dulce, dueño de sí mismo, de un humor alegre y social, capaz de amistad pero muy
poco inclinado al odio, y harto moderado en todas mis pasiones.»11
Su autobiografía fue publicada con carácter póstumo en 1777, así como Diálogos sobre la religión natural
(1779), ya que, aunque Hume los había escrito hacia 1750, consideró que debía ocultar su trabajo a causa de
su naturaleza escéptica.
Primeras obras
En 1734, tras unos meses en Bristol, dejó el estudio autodidacta y se trasladó a La Flèche (Anjou, Francia).
Durante los cuatro años que permaneció allí, diseñó su plan de vida, como escribiría en De mi propia vida
(1776), decidiendo «hacer que una estricta frugalidad supla mi falta de fortuna, para mantener mi
independencia intacta, y para considerar todas las cosas prescindibles excepto la mejoría de mi talento para la
literatura».
En La Flèche completó el Tratado de la naturaleza humana (1739) a la edad de veintiséis años. Aunque hoy
en día se considera al Tratado el trabajo más importante de Hume y uno de los libros más relevantes de la
historia de la filosofía, el público británico le dispensó una fría acogida. El mismo Hume describió la falta de
reacción popular ante la publicación de su Tratado en 1739-1740 al escribir del libro que «nació muerto desde
la imprenta, sin ni siquiera alcanzar la distinción necesaria para levantar un murmullo entre los fanáticos. Pero,
siendo de temperamento alegre y optimista, me recuperé pronto de la decepción y proseguí con ardor mis
estudios». Entonces escribiría un resumen de un libro publicado recientemente titulado Tratado de la
naturaleza humana, donde el argumento central del libro se ilustra y explica. Sin revelar su autoría, intentó
hacer su trabajo más inteligible acortándolo, pero incluso esta labor publicitaria erró en su propósito de
despertar el interés en el Tratado.
Tras la publicación de Ensayos de moral y política en 1744 solicitó una cátedra de ética y pneumática
(psicología) en la Universidad de Edimburgo, pero fue rechazado. Durante la Rebelión Jacobita de 1745 fue
tutor del Marqués de Annandale. Fue entonces cuando comenzó su gran trabajo histórico, la Historia de
Inglaterra, obra publicada en seis volúmenes entre 1754 y 1762 que alcanzaría un éxito considerable, a
diferencia de lo que ocurrió con el Tratado.
Hume fue acusado de herejía por la Iglesia escocesa, pero sus amigos le defendieron alegando que al ser ateo
estaba fuera de la jurisdicción de la Iglesia de Escocia. A pesar de resultar absuelto y posiblemente debido a la
oposición de Thomas Reid de Aberdeen, que durante ese año criticó su metafísica desde el cristianismo, le fue
denegada la cátedra de filosofía en la Universidad de Glasgow. En 1752, como relata en De mi propia vida,
«la facultad de derecho me eligió como bibliotecario, un empleo por el que recibía escasos o nulos
emolumentos, pero que puso bajo mi mando una gran biblioteca». Esta biblioteca le proporcionó las fuentes
que le permitieron continuar con las investigaciones históricas necesarias para la escritura de su Historia de
Inglaterra.
Reconocimiento de su obra
Hume se granjeó notoriedad como ensayista e historiador. Los seis volúmenes de su Historia de Inglaterra
abarcan desde los reinos sajones hasta la Revolución Gloriosa de 1688; se vendió mucho en su época. En ella,
Hume presentaba al hombre como una criatura de costumbres, predispuesto a someterse en silencio al
gobierno establecido a menos que se enfrente a la incertidumbre. Según él, solo las diferencias religiosas
podían desviar al hombre de sus vidas cotidianas para hacerle pensar en política.
De 1763 a 1765 Hume ejerció como secretario de Lord Hertford en París, donde se ganó la admiración de
Voltaire y fue agasajado por las damas de la alta sociedad. Allí trabó una amistad con Rousseau que más tarde
se estropearía. Escribió sobre su estancia en París «A menudo añoré la tosquedad de The Poker Club de
Edimburgo... para corregir y rectificar tanta exquisitez». En 1768 se estableció en Edimburgo. En 1770, el
filósofo alemán Immanuel Kant avivó el interés por los trabajos filosóficos de Hume al declarar que le habían
despertado de «sueños dogmáticos» (circa) y desde entonces gozó del reconocimiento que había perseguido
durante toda su vida.
James Boswell visitó a Hume pocas semanas antes de su muerte. Hume le dijo que sinceramente veía la vida
después de la muerte como «el capricho más irracional». Hume escribió su propio epitafio: «Nacido en 1711,
Muerto en 1776. Dejando a la posteridad que añada el resto», que está grabado conjuntamente con el año de
su fallecimiento en la «sencilla tumba romana» que dejó escrito que prefería y que está situada, como deseaba,
en la ladera este de Calton Hill, desde la que se ve su casa, en el número 1 de St David Street del New Town
de Edimburgo.
Filosofía
Aunque Hume escribió sus obras en el siglo XVIII, su trabajo sigue siendo relevante en las disputas filosóficas
de la actualidad, lo que contrasta con las aportaciones de muchos de sus contemporáneos. A continuación se
ofrece un sumario de sus trabajos filosóficos más influyentes:
Empirismo
Ideas e impresiones
«Con el término impresión me refiero a nuestras Portada del primer volumen del
percepciones, cuando oímos, o vemos, o sentimos, o Tratado de la naturaleza humana.
amamos, u odiamos, o deseamos. Y las impresiones se
distinguen de las ideas, que son impresiones menos vívidas
de las que somos conscientes cuando reflexionamos sobre alguna de las sensaciones
anteriormente mencionadas».
«Una proposición que no parece admitir muchas disputas es que todas nuestras ideas no son
nada excepto copias de nuestras impresiones, o, en otras palabras, que nos resulta imposible
pensar en nada que no hayamos sentido con anterioridad, mediante nuestros sentidos externos
o internos».
Aunque en apariencia nuestro pensamiento tenga una libertad ilimitada, en realidad toda la creatividad de la
mente se reduce a la facultad de mezclar, aumentar disminuir, o combinar los materiales que nos dan los
sentidos y la experiencia. Todas aquellas cosas que imaginamos se derivan de una experiencia previa, ya sea
interna o externa. Podemos imaginar una montaña de oro, aunque no exista en la realidad, porque, aunque no
hemos experimentado la cosa en sí, tenemos experiencia de lo que es una montaña y de lo que es el oro,
hemos combinado en nuestra mente dos ideas que conocíamos con anterioridad gracias a la experiencia
sensible. Esto constituye un aspecto importante del escepticismo de Hume, en cuanto equivale a decir que no
podemos tener la certeza de que una cosa, como Dios, el alma o el yo, exista a menos que podamos señalar la
impresión de la cual, esa idea, se deriva. A esta distinción se la llama Tenedor de Hume. De hecho, en su
Investigación sobre el conocimiento humano, postula que la idea de Dios, en cuanto a un ser perfecto
infinitamente sabio y bueno, surge de una proyección aumentada indefinidamente de nuestra propia mente y
de nuestras propias cualidades de bondad y sabiduría. Eso no significa que Hume niegue la existencia de Dios,
sino que niega que se pueda tener certeza de su existencia como también niega que se pueda tener la certeza de
su no existencia. Puesto que solo podemos tener certeza de lo que experimentamos sensiblemente, no podemos
tener certeza de la no existencia de algo.
Si se me preguntase aquí si asiento sinceramente a este argumento, que parece me tomo tanto
trabajo para inculcar en los otros, y si yo soy realmente uno de los escépticos que tienen todo por
incierto y que nuestro juicio no posee ninguna medida de verdad o falsedad en ninguna cuestión,
replicaré que este problema es enteramente superfluo y que ni yo ni ninguna otra persona
mantuvo sincera y constantemente esta opinión.13
Asociación de ideas
Existe un principio de conexión entre los distintos pensamientos o ideas, ya que cuando se presentan en la
memoria o la imaginación, unos introducen a otros siguiendo un cierto orden.
Se ha encontrado en distintos idiomas, incluso donde no cabe la posibilidad de que exista una conexión o
influjo, que las palabras que expresan las ideas más complejas son muy similares entre sí, esto prueba que las
ideas simples que comprenden las complejas están unidas por un principio universal.
Hume pensaba que había tres principios de conexión entre ideas: el de semejanza, contigüedad en el espacio y
en el tiempo y el de causa o efecto.
Todos los objetos de la razón e investigación humana pueden dividirse en dos grupos: relaciones de ideas y
cuestiones de hecho.
Dentro de las relaciones de ideas encontramos, por ejemplo, las matemáticas y toda afirmación intuitivamente
cierta (2+2=4). Las proposiciones de este tipo se pueden descubrir operando únicamente con el pensamiento,
independientemente de que existan en alguna parte del universo (el 2 no es un ente material).
En cambio, las cuestiones de hecho son proposiciones que proceden de la experiencia. Lo contrario de
cualquier cuestión de hecho no implica una contradicción lógica, por lo que siempre cabe la posibilidad de que
se dé, ya que la mente puede concebir ambas proposiciones contrarias con la misma facilidad. “Mañana no
saldrá el sol es una proposición no menos inteligible ni implica una mayor contradicción que la afirmación
Mañana saldrá el sol”.
Todos nuestros razonamientos sobre cuestiones de hecho parecen fundarse en la relación de causa y efecto.
Solo a través de esta relación podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y nuestros sentidos.
Hume pone el siguiente ejemplo: una persona que encontrase un reloj en una isla desierta llegaría a la
conclusión de que allí hubo alguien. Entre ambos hechos se supone una relación que hace que del hecho
presente se infiera otro, estableciendo entre ellos una relación de causa y efecto: hay un reloj (efecto) porque
antes hubo una persona a la que le pertenecía (causa).
A partir de aquí, para llegar a una conclusión sobre la naturaleza de las cuestiones de hecho, Hume plantea la
pregunta de cómo llegamos al conocimiento de la causa y el efecto. Y él da la siguiente respuesta: la
experiencia. “Las causas y los efectos no se pueden descubrir por la razón, sino por la experiencia”. Esto lo
justifica con el argumento de que ningún objeto revela a través de las cualidades que son captadas por los
sentidos ni sus causas ni sus efectos"14 .
Problema de la causalidad
Hume realiza un crítica a tres conceptos: causa, sustancia y Dios.15 Cuando un acontecimiento sucede tras
otro, podemos llegar a pensar que una conexión entre ambos acontecimientos hace que el segundo suceda al
primero (post hoc ergo propter hoc). Hume desafió a esta creencia en su primer libro Tratado de la naturaleza
humana y más tarde en su Investigación sobre el entendimiento humano. Se dio cuenta de que aunque
percibimos que un elemento suceda al otro, no percibimos ninguna condición necesaria y suficiente entre los
dos. Y, de acuerdo con su epistemología escéptica, solo podemos confiar en el conocimiento que adquirimos a
través de nuestras percepciones. Hume declaró que nuestra idea de causalidad consiste en poco más que la
esperanza de que ciertos acontecimientos se den tras otros que los preceden.
«No tenemos otra noción de causa y efecto, excepto que ciertos objetos siempre han
coincidido, y que en sus apariciones pasadas se han mostrado inseparables. No podemos
penetrar en la razón de la conjunción. Sólo observamos la cosa en sí misma, y siempre se da
que la constante conjunción de los objetos adquiere la unión en la imaginación»16
En realidad no podemos decir que un acontecimiento causó al otro. Todo lo que sabemos con seguridad es que
un acontecimiento está correlacionado con el otro. Para describir esto, acuñó el término conjunción constante,
que consiste en que cuando vemos cómo un acontecimiento siempre causa otro lo que en realidad estamos
viendo es que un acontecimiento ha estado siempre en conjunción constante con el otro (costumbre). En
consecuencia, no tenemos ninguna razón para creer que el primero causó al segundo, o que continuarán
apareciendo siempre en conjunción constante en el futuro.17 La razón por la que presentamos este
comportamiento no es que la causa-efecto sea el comportamiento de la naturaleza, sino los hábitos de la
psicología humana.18 Una vez que nos damos cuenta de que "A debe producir B" equivale simplemente a
"Debido a su conjunción constante, estamos psicológicamente seguros de que B seguirá a A", entonces nos
queda una noción de necesidad muy débil.19
A esto se añade el hecho de que Hume, al observar que solo somos capaces de tener constancia de las
características concretas de lo que hay en nosotros y a nuestro alrededor en un momento determinado,
considera que no existen sustancias sino propiedades que luego atribuimos a hipotéticos sustratos que reposan
esas cualidades. Mientras Locke acepta sustancias individuales y Berkeley solo las espirituales, Hume niega
cualquier tipo.20 "La idea de una substancia [...] no es más que una colección de ideas simples que están
unidas por la imaginación y poseen un nombre particular asignado a ellas, por el que somos capaces de
recordar para nosotros mismos o los otros esta colección."21 Esto constituye su "bundle theory", o teoría del
haz, según la cual los objetos solo lo son en tanto que conjuntos de propiedades concretas e individuales.22
Hume podría considerarse como fenomenista.20
Esta concepción le quita toda la fuerza a la causación, y otros humeanos posteriores, como Bertrand Russell,
han desechado la misma noción de causación aduciendo que es un tipo de superstición. Además, esta críticas
también fueron expuestas anteriormente por Malebranche y Algazael. Pero esto desafía al sentido común,
creando el problema de la causación —¿Qué justifica nuestra confianza en la existencia de una conexión
causal y de qué clase de conexión podemos saber?—, un problema para el que no se ha encontrado solución.
Hume sostuvo que tanto nosotros como otros animales tenemos una tendencia instintiva a creer en la causación
debido al desarrollo de hábitos de nuestro sistema nervioso, una creencia que no podemos eliminar, pero que
no podemos probar mediante ningún argumento, deductivo o inductivo.
Problema de la inducción
En Investigación sobre el entendimiento humano (EHU), §4.1.20-27, §4.2.28-33,23 Hume articuló su tesis de
que todo el razonamiento humano pertenece a dos clases, Relaciones de ideas y Hechos. Mientras que las
primeras involucran conceptos abstractos como las matemáticas y están gobernadas por las certezas
deductivas, los segundos comportan la experiencia empírica donde todos los razonamientos son inductivos.
Dado que de acuerdo con Hume no podemos conocer nada de la naturaleza con anterioridad a la
experimentación, incluso un hombre racional sin experiencia «no podría haber inferido de la transparencia y la
fluidez del agua que sofocaría su sed, o a partir de la luz y el calor del fuego que le consumiría» (EHU, 4.1.6).
Así que todo lo que podemos decir, pensar o predecir de la naturaleza debe venir de la experiencia previa, lo
que lleva a la necesidad de la inducción.
La inferencia o razonamiento inductivo presupone que se puede confiar en los actos pasados como regla a
partir de la cual se puede predecir el futuro. Por ejemplo, si en el pasado ha llovido el 60 % del tiempo cuando
se dan unas condiciones atmosféricas determinadas, entonces en el futuro probablemente lloverá un 60 % del
tiempo si se dan las mismas condiciones. Pero aún queda el problema de cómo justificar tal inferencia,
conocida como el principio de inducción. Hume sugirió dos posibles justificaciones, que sin embargo
rechazó:
Este principio de uniformidad no es evidente por sí mismo. El notable filósofo del siglo XX Bertrand Russell
confirmó y elaboró el análisis de Hume del problema en su trabajo Los problemas de la filosofía, capítulo 6.24
A pesar de la crítica de Hume a la inducción, sostuvo que era superior a la deducción en el reino del
pensamiento empírico. Tal y como declara:
«esta operación de la mente, por la que podemos inferir los efectos de las causas y viceversa,
es esencial para la subsistencia de todas las criaturas humanas, es probable que pueda
confiarse más en ella que en las falacias de la deducción de nuestra razón, que es lenta en sus
operaciones; no aparece en los primeros años de la infancia; y como mucho es, en cualquier
edad y periodo de la vida humana, extremadamente proclive al error». (EHU, 5.2.22)
Hume concluye que todas las conclusiones inductivas se basan en "instinto" y "costumbre", no en la razón,
que Hume le da un papel mucho menos importante que muchos filósofos habían postulado.25
El yo
Hume sostiene que toda idea viene de una impresión sensible, pero al igual que la sustancia, no tenemos
ninguna impresión del yo en sí.26 Él declara en su Tratado de la naturaleza humana:
«Por mi parte, cuando penetro más íntimamente en lo que llamo "yo mismo", siempre tropiezo
con una u otra percepción particular, de frío o de calor, de luz o de sombra, de dolor o de placer.
Nunca puedo captar un "yo mismo" sin encontrar siempre una percepción, y nunca puedo
observar nada más que la percepción.»27
Los filósofos empiristas como Hume y Berkeley, aplicaron la teoría del haz, "bundle theory" al concepto de
identidad, y por consiguiente, a la identidad personal. Al contrario de la demostración de Descartes de la
independencia del yo (pienso, luego existo), esta teoría sostiene la mente es un conjunto de percepciones sin
unidad o cualidad cohesiva. El yo no es más que un conjunto de experiencias vinculadas por las relaciones de
causalidad y semejanza.28 Curiosamente, Gauthama Buda había llegado a conclusiones similares varios siglos
antes.29 El yo es el resultado de nuestro hábito natural de atribuir la existencia unificada a cualquier colección
de partes asociadas. Esta creencia es natural, pero no hay un soporte lógico para ello.30
«Un hombre es un conjunto o colección de diferentes percepciones que se suceden con una
rapidez inconcebible y están en un flujo y movimiento perpetuos; la identidad que atribuimos a la
mente [...] del hombre es ficticia.»31
Esta visión fue transmitida por intérpretes positivistas, que vieron a Hume como sugiriendo que términos como
"sí mismo", "persona" o "mente" se referían a colecciones de "contenidos sensoriales".32 Como lo expresa el
William James:33
«Sin embargo, en su más amplio sentido, el yo de un hombre es la suma total de todo lo que
puede llamar suyo, no solo su cuerpo y sus poderes psíquicos, sino su ropa y su casa, su mujer e
hijos, sus antepasados y amigos, su reputación y obras, sus tierras y caballos, y su yate, y su
cuenta bancaria. (...) En primer lugar su cuerpo, sus amigos luego y, finalmente, sus disposiciones
espirituales, deben ser los objetos de supremo interés para toda mente humana.»
Derek Parfit ha presentado una versión moderna de la teoría en su obra Razones y personas. La negación bien
argumentada de un yo sustancial precipitó una crisis filosófica de la que Immanuel Kant intentó rescatar la
filosofía occidental a través de la distinción entre el yo empírico y el yo trascendental.28 34
Al contrario de lo que muchos han supuesto, Hume no respalda la teoría del haz ni tampoco sostiene que la
mente es solo una serie de experiencias. Su posición básica, como escéptico moderado es que la esencia de la
mente es desconocida y no tenemos ninguna razón empíricamente justificable para creer en la existencia de un
sujeto persistente, o una mente ontológicamente distinta a una serie de experiencias.35
Ética
La mayoría de las personas consideran algunas conductas más razonables que otras. Por ejemplo, comer papel
de aluminio parece irracional. Pero Hume negó que la razón tuviera un papel importante cara a motivar o
desalentar la conducta. Según él, la razón no es más que una calculadora de conceptos y experiencia. Lo que
en definitiva importa es como nos sentimos respecto a la conducta. Su trabajo se asocia con la doctrina del
instrumentalismo, que dice que una acción es razonable si y solo sí sirve para alcanzar los propios deseos, sean
los que sean. La razón puede participar solamente informando acerca de las acciones que serán más útiles para
alcanzar las metas y deseos, pero nunca dirá qué metas y deseos se deben tener. Así que si alguien quiere
ingerir papel de aluminio la razón dirá dónde encontrarlo, y no hay nada irracional en el hecho de comerlo o
en querer hacerlo (a menos que se tenga un deseo más fuerte de conservar la salud). Hoy en día, sin embargo,
se aduce que Hume fue un paso más allá adentrándose en el nihilismo, pues dijo que no había nada irracional
en frustrar los propios deseos y metas. Tal conducta sería anormal, pero no sería contraria a la razón.
La moral excita las pasiones y produce o previene
acciones. La razón misma es totalmente impotente en este
particular. Las reglas de la moralidad, por lo tanto, no son
conclusiones de nuestra razón.36
Emotivismo
La moral excita las pasiones y produce o previene acciones. La razón misma es totalmente
impotente en este particular. Las reglas de la moralidad, por lo tanto, no son conclusiones de
nuestra razón.
Tratado de la naturaleza humana37
Por tanto, Hume niega la existencia de una "razón práctica" y la posibilidad de una fundamentación racional
de la ética. El objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es susceptible de ese acuerdo o
desacuerdo entre las ideas sobre las que se basan lo verdadero y lo falso. Si la razón no puede ser la fuente del
juicio de valor, habrá que buscarlo en el sentimiento, que surge espontáneo en nosotros ante acciones
susceptibles de lo que consideramos valoración moral. El análisis de este sentimiento revela que es una forma
de placer o de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro de austero moralismo o de mortificación
del alma o del cuerpo, porque el fin de la moral es la felicidad y el gozo de vivir del mayor número de hombres
posible.
La razón es y sólo puede ser la esclava de las pasiones y no puede pretender otro oficio más que
servirlas y obedecerlas.
Tratado de la naturaleza humana, De las pasiones, De la Moral
Igualmente duro se muestra Hume ante el problema religioso. Al eliminar la razón de su trono, Hume negó el
papel de Dios como fuente de moralidad. Menoscaba la pretensión de las pruebas de la existencia de Dios, y
niega su existencia apelando al problema del mal en el mundo.30 La religión tiene su origen en el sentimiento
de miedo de la gente y en la ignorancia de las causas de los eventos terribles de la naturaleza. En su libro
Historia natural de la religión, defiende una evolución a partir del politeísmo, hasta llegar a la idea abstracta de
la divinidad propia de las religiones monoteístas.
Determinismo y libre albedrío
Muchos han advertido el conflicto aparente entre el libre albedrío y el determinismo. Si las acciones que se
realizan estaban predeterminadas desde hace miles de millones de años, entonces ¿cómo es que podemos
decidir? Pero Hume advirtió otro conflicto, al ver el problema desde la perspectiva contraria: el libre albedrío
es incompatible con el indeterminismo. Si las acciones realizadas no están determinadas por acontecimientos
anteriores entonces las acciones son completamente aleatorias. Además, y de más importancia para la filosofía
humana, no están determinadas por el carácter o la personalidad –los deseos, las preferencias, los valores,
etc.–; pero, ¿cómo podría ser alguien responsable de una acción que no es consecuencia de su carácter, sino
que ocurre de forma aleatoria? El libre albedrío parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el
agente y la acción no estarían conectados. Así que, mientras que el libre albedrío parece contradecir al
determinismo, al mismo tiempo necesita del determinismo. La concepción de Hume de la conducta humana
tiene causas, y por lo tanto al hacer a las personas responsables por sus acciones se debería intentar
recompensarlas o castigarlas de tal forma que intentaran hacer lo que es moralmente deseable e intentaran
evitar hacer lo que es moralmente indeseable.
Hume se percató de que muchos escritores hablaban sobre lo que debería ser partiendo de la base de lo que es;
pero hay una gran diferencia entre las proposiciones descriptivas (lo que es) y las prescriptivas (lo que debe
ser) (véase libro III, parte I, sección I del Tratado de la naturaleza humana). Hume pide a los escritores que se
pongan en guardia ante estos cambios sin aportar explicaciones acerca de cómo se supone que las
proposiciones prescriptivas deben de seguirse de las declarativas. La cuestión de ¿con qué exactitud se puede
derivar el 'deber' del 'ser'? ha llegado a ser una de las cuestiones centrales de la teoría ética, y a Hume se le
adjudica normalmente la opinión de que tal derivación es imposible (otros interpretan que Hume no dijo que
una aserción fáctica no puede devenir en una aserción ética, sino que no podía hacerse sin prestar atención a
los sentimientos humanos). Hume es probablemente uno de los primeros escritores que realizó una distinción
entre lo normativo (lo que debería ser) y lo positivo (lo que es). G. E. Moore defendió una posición similar con
su argumento de la pregunta abierta, en un intento de refutar cualquier identificación entre las propiedades
morales y las naturales, la llamada falacia naturalista.
Utilitarismo
David Hume identifica dos sentimientos humanos naturales donde cree que se sustenta la raíz de la ética: La
bondad y la compasión. Aprobamos actos bondadosos a los que llamamos "virtudes", qué son útiles o
agradables para la persona y los demás.38 Hume tuvo en cuenta la utilidad de la filosofía para borrar
obstáculos como la ignorancia, superstición e intolerancia.39
Hume, junto con los demás miembros de la ilustración escocesa, fue probablemente el primero en proponer
que la razón de los principios morales puede buscarse en la utilidad que tratan de promover. El papel de Hume,
sin embargo, no debe sobreestimarse; fue Francis Hutcheson el que acuñó el lema del utilitarismo: «la mayor
felicidad para el mayor número». Pero fue tras leer el Tratado de Hume cuando Jeremy Bentham sintió por
primera vez la fuerza del sistema utilitario. Sin embargo, el proto-utilitarismo de Hume es peculiar. No cree que
la adición de unidades de utilidad proporcione la forma de llegar a la verdad moral. Al contrario, Hume era un
sentimentalista moral y, como tal, pensaba que los principios morales no podían justificarse intelectualmente.
Algunos principios simplemente nos parecen mejores que otros; y la razón de por qué los principios utilitarios
nos parecen mejores es porque favorecen nuestros intereses y los de nuestros coetáneos, con los que
simpatizamos. Los seres humanos están fuertemente predispuestos a aprobar normas que promuevan la utilidad
pública de la sociedad. Hume usó esta idea para explicar cómo evaluamos un amplio abanico de fenómenos,
desde las instituciones sociales y políticas gubernamentales a los rasgos de la personalidad.
Estética
Las ideas de Hume sobre la estética y la teoría del arte se extienden a través de sus obras40 41 , pero están
particularmente conectadas con sus escritos éticos y también con los ensayos Of the Standard of Taste y Of the
Standard of Taste. Sus puntos de vista están enraizados en el trabajo de Joseph Addison y Francis
Hutcheson.42 En el Tratado escribió sobre la conexión entre la belleza y la deformidad y el vicio y la
virtud,43 y sus escritos posteriores sobre este tema continúan trazando paralelos de belleza y deformidad en el
arte, con la conducta y el carácter.44
Así, la belleza de todos los objetos visibles produce un placer muy semejante, aunque se deriva a
veces de la mera especie y apariencia de los objetos y a veces de la simpatía e idea de su utilidad.
Tratado de la naturaleza humana
En Of the Standard of Taste, Hume argumenta que no se pueden establecer reglas sobre lo que es un objeto de
buen gusto. Sin embargo, un crítico confiable del gusto puede ser reconocido como objetivo, sensible y sin
prejuicios, y con una amplia experiencia.45 En Of Tragedy aborda la pregunta de por qué los humanos
disfrutan de un drama trágico . Hume estaba preocupado por la forma en que los espectadores encuentran
placer en el dolor y la ansiedad representados en una tragedia. Argumentó que esto se debía a que el
espectador es consciente de que está presenciando una actuación dramática. Es un placer darse cuenta de que
los terribles eventos que se muestran son en realidad ficción.46 Además, Hume estableció reglas para educar a
las personas en el gusto y la conducta correcta, y sus escritos en esta área han sido muy influyentes en la
estética inglesa y anglosajona.47 Sus opiniones tuvieron un impacto en la estética posterior, sobre todo en la
Crítica del juicio de Kant.48
Religión
La Enciclopedia de Filosofía de Stanford afirma que Hume "escribió con fuerza e incisiva sobre casi todas las
cuestiones centrales de la filosofía de la religión". Sus "diversos escritos sobre problemas de religión se
encuentran entre las contribuciones más importantes e influyentes en este tema". Sus escritos en este campo
cubren la filosofía, psicología, historia y antropología del pensamiento religioso.49 Todos estos aspectos
fueron discutidos en la disertación de Hume de 1757, Historia natural de la religión. Aquí argumentó que las
religiones monoteístas del judaísmo, el cristianismo y el islam derivan de religiones politeístas anteriores.
Hume coincide con los deístas en fundar la religión en el hombre y no en la revelación. Pero, a diferencia de
aquellos, no será en la razón, sino en los sentimientos donde será el origen de la religiosidad.50 También
sugirió que toda creencia religiosa "se traza, al final, el temor a lo desconocido".51
Hume criticó el concepto de los milagros, no diciendo que sean imposibles, sino argumentando que nunca es
razonable pensar que han ocurrido. Hume declara que tal carga de la prueba es extremadamente alta y ofrece
razones específicas para pensar que esta carga nunca se ha dado.52
Para Hume, el único apoyo de la religión más allá del estricto fideísmo son los milagros, dando argumentos a
partir de la concepción de milagro como una violación de las leyes de la naturaleza. Su definición exacta de
milagro se puede encontrar en su Investigación sobre el entendimiento humano, donde dice que los milagros
son violaciones de las leyes naturales y por tanto son muy improbables. Se ha criticado esta idea mediante el
contraargumento de que tal dictado asume el carácter de los milagros y las leyes de la naturaleza antes de
examinar los milagros, lo que es una sutil forma de dar por sentada la conclusión. También puntualizaron que
este razonamiento apela a la inferencia inductiva,
problemática en la filosofía humana, pues nadie ha
observado todos los acontecimientos de la naturaleza ni
examinado todos los posibles milagros (por ejemplo, los
que no han sucedido todavía).
Uno de los argumentos más antiguos y utilizados para demostrar la existencia de Dios es el argumento
teleológico: que todo el orden y el propósito es un indicio de su origen divino. Hume hizo la crítica clásica a
este argumento en Diálogos sobre religión y en Investigación sobre el entendimiento humano y, aunque el
asunto está lejos de estar resuelto, muchos creen que Hume refutó el argumento con éxito. Su argumentación
se sostiene en que:49
1. Para que el argumento sea cierto, debe ser verdadero que el orden y el propósito se observen
cuando resulten de un diseño. Pero se puede observar el orden con frecuencia en procesos
carentes de planificación como la cristalización. El diseño solo es causante de una minúscula
parte de nuestra experiencia.
2. Además, el argumento del diseñador se basa en una analogía incompleta: dada nuestra
experiencia con los objetos, podemos reconocer los diseñados por el hombre, comparando
por ejemplo un montón de piedra con una pared. Pero para reconocer un universo diseñado
necesitamos conocer una variedad de universos diferentes. Como solo podemos conocer uno,
la analogía no puede aplicarse.
3. Incluso si el argumento fuera perfectamente válido, no podría establecer un teísmo robusto;
pues se puede llegar fácilmente a la conclusión de que la configuración del universo es el
resultado de un agente o agentes no inteligentes cuyos métodos solo tienen una remota
similitud con el diseño humano.
4. Si un mundo natural ordenado necesita de un diseñador, entonces la mente de Dios (que es
ordenada) también necesita un diseñador. Entonces, este diseñador necesita de otro
diseñador, y así ad infinitum. Se podría responder apelando a una inexplicable mente divina
auto-ordenada; pero entonces ¿por qué no contentarse con un inexplicable mundo auto-
ordenado?
5. A menudo, cuando se trata del propósito, cuando parece que el objeto X tiene la característica
C para poder lograr la recompensa O, se puede explicar mejor mediante un filtrado: es decir, el
objeto X no existiría si no tuviese la característica C, y la recompensa O solo es una
proyección de las metas humanas en la naturaleza. Esta explicación de la teleología anticipó
la idea de selección natural.
6. El mundo es muy defectuoso e imperfecto, careciendo de diseño o de propósito hacia
nosotros, como por ejemplo la existencia de plagas, enfermedades y catástrofes naturales (ver
Argumento del mal diseño).
Teoría política
Es difícil clasificar las afiliaciones políticas de Hume. Sus escritos contienen elementos que son, en términos
modernos, conservadores y liberales, aunque estos términos son anacrónicos.54 Una de las principales
preocupaciones de la filosofía política de Hume es la importancia del estado de derecho. También enfatiza a lo
largo de sus ensayos políticos la importancia de la moderación en la política: espíritu público y respeto a la
comunidad.55 Sostuvo un gobierno mixto entre monarquía y republicanismo para implementar la justicia y
asegurar libertades como la de prensa.56
Conservadurismo
En el transcurso de sus argumentaciones políticas, Hume desarrolló muchas ideas que gozan de prevalencia en
la economía, principalmente acerca de la propiedad intelectual, la inflación y el comercio exterior.
Para Hume la propiedad privada no es un derecho natural, pero se justifica debido a la existencia de bienes
limitados. Si todos los bienes fueran ilimitados y estuvieran disponibles, entonces la propiedad privada no
tendría sentido. Hume creía en la distribución desigual de la propiedad, dado que la igualdad perfecta destruiría
las ideas de industria y el ahorro, lo que llevaría al empobrecimiento.
Hume se cuenta entre los primeros que desarrollaron la teoría llamada mecanismo de flujo especie-dinero, una
idea que contrasta con el mercantilismo. Expuesto de una forma simplificada, en un sistema de patrón oro,
cuando un país tiene una balanza comercial positiva (es exportador neto), incrementa sus flujos entrantes de
oro. Esto resulta en una inflación de su nivel general de precios, que en último término erosionará la ventaja
competitiva del país y reducirá sus exportaciones. De este modo, el patrón oro permitiría restaurar
automáticamente el equilibrio en la balanza de pagos de un país.
Hume también propuso una teoría de la inflación beneficiosa. Creía que incrementar el suministro de dinero
avivaría la producción a corto plazo. Este fenómeno estaría ocasionado por un margen entre el incremento del
suministro de dinero y los precios. El resultado es que los precios no se elevarían a corto plazo y puede que no
lo hicieran nunca. Esta teoría se desarrolló más tarde por John Maynard Keynes.
Racismo
David Hume (1711–1776) escribió esta controvertida nota al pie de página que aparece en el original del
ensayo De los caracteres nacionales:
Me inclino por sospechar que los negros son por naturaleza inferiores a los blancos. Apenas ha
habido nunca una nación civilizada de ese color de piel, y ni siquiera un individuo eminente en la
acción o en la especulación. No existen entre ellos fabricantes ingeniosos, y no cultivan las artes
ni las ciencias. Por otra parte, los más rudos y bárbaros de los blancos, como los antiguos
germanos o los tártaros actuales, tienen sin embargo algo eminente: su valentía, su forma de
gobierno o algún otro particular. Una diferencia tan uniforme y constante no podría darse a la vez
en tantos países y épocas si la naturaleza no hubiese establecido una diferencia original entre estas
estirpes humanas. Por no mencionar nuestras colonias, hay esclavos negros dispersos por toda
Europa, de los que ninguno ha mostrado jamás ningún signo de ingenio, mientras que, entre
nosotros, gente baja, sin ninguna educación, llega a distinguirse en todas las profesiones. En
Jamaica se habla de un negro que es un hombre de talento. Pero es probable que se le admire por
logros menores, como a un loro que llega a pronunciar algunas palabras inteligibles.58
Debe tenerse en cuenta que esta forma de racismo era habitual en la cultura europea de la época de Hume.
Podría haber sido un 'hijo de su época' en ese aspecto, o incluso, por la forma especulativa en que esta nota
está escrita, podría haber aplicado un ejemplo de una de sus propias reflexiones sobre la causalidad, tratada
más arriba: una "conjunción constante" entre las personas de otras razas que conocía y los logros de las
mismas.[cita requerida]
En contra de las tesis de Hume se manifestaron, entre otros, James Ramsay y James Beattie, tanto en el Essay
on the Nature and Immutability of Truth (Ensayo sobre la naturaleza y la inmutabilidad de la verdad, 1770)
como en el posterior Elements of Moral Science (1790-1793), en el que argumentaba con el ejemplo de Dido
Elizabeth Belle para afirmar la capacidad intelectual de los negros y combatía la institución de la esclavitud.59
Obras
Se puede dividir la vida de Hume en tres periodos.60 Aunque este
género de división puede parecer algo arbitrario, es un medio
mnemotécnico útil y pertinente si se apoya sobre su producción
literaria y la vida misma que la provoca:
Hume esperó a ver si el Tratado alcanzaba el éxito, y de ser así lo completaría con libros
dedicados a la política y a la crítica. Sin embargo, no lo logró, así que nunca lo completaría.
En ocasiones atribuido a Adam Smith, en la actualidad se cree que fue un intento de Hume
de popularizar su Tratado.
Contiene revisiones de los puntos principales del Tratado, Libro 1, con la adición de material
sobre el libre albedrío, milagros, y el argumento del diseñador.
Otra revisión de temas tratados en el Tratado con un enfoque más didáctico. Hume lo
consideró el mejor de sus trabajos filosóficos, tanto por sus ideas filosóficas como por su
estilo literario
Se puede considerar como una colección de libros en lugar de como un único trabajo. Es un
trabajo monumental que comprende «desde la invasión de Julio César a la revolución de
1688». Esta obra le aportó a Hume casi toda la fama que se granjearía en vida, editándose
más de un centenar de veces. Muchos la consideran "la" historia de Inglaterra hasta la
publicación de la Historia de Inglaterra de Thomas Macaulay.
Escrita en abril, poco antes de morir, esta autobiografía fue realizada con la intención de
incluirla en una nueva edición de Ensayos y tratados de muchos asuntos.
Publicada póstumamente por su sobrino, también llamado David Hume. Es una discusión
entre tres personajes de ficción que esgrimen argumentos para probar la existencia de Dios,
tratando con detenimiento el argumento del diseño. A pesar de una cierta controversia, la
mayor parte de los estudiosos de Hume están de acuerdo en que la postura de Philo, el más
escéptico de los tres, es la más cercana a la del propio Hume.
Interpretaciones
Al tener dudas considerables acerca de si Hume estaba expresando únicamente sus opiniones superficiales en
lugar de expresar su personalidad completa, Alfred Edward Taylor (1927) dudó sobre si Hume era en efecto
un gran filósofo o sólo un hombre extraordinariamente lúcido.
Alfred Jules Ayer (1936) al introducir su exposición clásica del positivismo lógico, declaró que «los puntos de
vista expuestos en este tratado son el resultado del empirismo de Berkeley y Hume».
Tanto Bertrand Russell (1946) como Leszek Kołakowski (1968), vieron a Hume como un positivista que
sostenía la opinión de que el conocimiento proviene solo de la experiencia, de las impresiones de los sentidos y
(más tarde) del sense datum y que el conocimiento obtenido de otra forma era un sinsentido. Albert Einstein
(1915) declaró que el positivismo de Hume le inspiró al formular su teoría especial de la relatividad.
Anderson (1966), al discutir los primeros principios de Hume, que dicen que todos los gobiernos y toda la
autoridad de las mayorías sobre las minorías están fundamentados en el derecho al poder y el derecho de la
propiedad concluyó que Hume fue un materialista.
Karl Popper (1970) puntualizó que dado el idealismo humeano le resultaba una refutación estricta del realismo
del sentido común, y que aunque sentía racionalmente que el realismo del sentido común es un error, admitía
que en la práctica era incapaz de dejar de creer en él durante más de una hora, Hume era un realista del sentido
común.
Edmund Husserl (1970), asoció la fenomenología con Hume cuando mostró que ciertas percepciones están
relacionadas o asociadas con otras percepciones que se proyectan en un mundo putativo fuera de la mente.
Barry Stroud (1977) consideró a Hume un naturalista, al decir que veía todos los aspectos de la vida humana
explicables naturalistamente. Situó al hombre en el mundo de la naturaleza, interpretable por tanto según la
ciencia, en conflicto con la idea tradicional que considera al hombre un sujeto racional disociado de la
naturaleza.
Flew (1896) dirigió su atención al escepticismo moral y lógico de Hume y le denominó escéptico pirroniano.
Hume fue denominado el "profeta de la revolución de Ludwig Wittgenstein" por Philipson (1989), al referirse
a su consideración de que la matemática y la lógica son sistemas cerrados, tautologías que no tienen relación
con el mundo de la experiencia.
Al tratar a Hume de neo-helenista, Phenelum (1993) le consideró continuador de las tradiciones estoica,
epicúrea y escéptica, pues Hume tenía en común con estas corrientes su creencia de que debemos entender
nuestra propia naturaleza antes de tratar cualquier otro asunto.
Norton (1993) aseguró que Hume fue "el primer filósofo postescéptico de la era moderna". Hume desafió la
certeza de los cartesianos y otros racionalistas, que trataban de refutar el escepticismo, y además emprendió la
tarea de articular una nueva ciencia de la naturaleza humana que proporcionase unos fundamentos estables
para el resto de ciencias, incluidas la moral y la política.
Fogelin (1993) concluyó que Hume fue un "perspectivista radical", similar a Protágoras. Se refirió a las
palabras de Hume en las que declaraba que sus escritos exhibían «una propensión que nos inclina a a lo
positivo y cierto en puntos particulares, de acuerdo a la luz bajo la que los examinamos en cada instante
particular» (T 1.4.7, 273).
Hume se refería a sí mismo como «escéptico mitigado» (IEH, 162, la cursiva es suya).
Polémica
En 2020, consecuencia del movimiento Black Lives Matter, la Universidad de Edimburgo cambió el nombre
de la hasta entonces llamada “Torre David Hume” en vista de la revisión que hizo en 1753 a su ensayo Of
National Characters, consistente en añadir las frases «Tiendo a sospechar que los negros son naturalmente
inferiores a los blancos» y «casi nunca hubo una nación civilizada de esa complexión, ni siquiera un individuo
eminente», así como, en una serie de cartas, insistir a un conocido que comprara esclavos en Granada.61 62
La institución expresó en un comunicado: «es importante que los campus, los planes de estudio y las
comunidades reflejen la diversidad histórica y contemporánea de la universidad y se comprometan con su
legado institucional en todo el mundo», y agregó que la decisión se tomó debido a la dificultad «de pedir a los
estudiantes que utilicen un edificio que lleva el nombre del filósofo del siglo XVIII cuyos comentarios sobre
cuestiones raciales, aunque no eran infrecuentes en ese momento, hoy provocan angustia».63
Reconocimientos
El cráter lunar Hume lleva este nombre en su memoria.
Véase también
Ateísmo en la Ilustración
Notas
(https://ebooks.adelaide.edu.au/h/hume/davi
1. El filósofo escocés era muy amigo de d/h92my/)
Ramsay y ambos habían sido miembros
6. Véase por ejemplo Philippe. Folliot, en
fundadores de The Select Society, un
Philotra http://philotra.pagesperso-
distinguido club intelectual de Edimburgo
del que también formaban parte el arquitecto orange.fr/hume_article_anglais.htm
John Adam y el pionero de la economía 7. Edith, Haden-Guest (1970). «St. Clair, Hon.
política Adam Smith. Hume apoyó el James (1688-1762), of Sinclair, Fife and
rechazo de Ramsay del idealismo en la Balblair, Sutherland.t» (https://www.historyof
pintura en favor de una representación más parliamentonline.org/volume/1715-1754/me
natural, como se observa en este retrato. mber/st-clair-hon-james-1688-1762). The
http://creatividades.rba.es/pdfs/mx/Grandes- History of Parliament: the House of
Pensadores-MX.pdf Commons 1715-1754,. Consultado el 6 de
2. 26 de abril es la fecha de su nacimiento julio de 2020.
según el calendario juliano y 7 de mayo 8. Memoires et correspondance de Madame
según el calendario gregoriano. d'Épinay, París, 1818, vol. III, p. 284.
3. Montes, Juan Andrés Mercado. 9. P. Folliot, "L’affaire Hume – Rousseau", en
«Philosophica: Enciclopedia filosófica on Philotra http://philotra.pagesperso-
line — Voz: David Hume» (http://www.philos orange.fr/affaire_hume_rousseau.htm
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4. David Hume: A Letter to a Physician en hume+de+los+prejuicios&hl=es&sa=X&ved
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