Novenas y Oraciones Devocionales
Novenas y Oraciones Devocionales
NOVENA
A
SANTA
FILOMENA
Oh
gran
Santa
Filomena,
Virgen
y
Mártir,
obradora
de
maravillas
de
nuestra
era,
le
doy
las
más
fervientes
gracias
a
Dios
por
los
dones
milagrosos
otorgados
a
Vos,
y
os
suplico
impartirme
una
porción
de
las
gracias
y
bendiciones
de
las
cuales
vos
habéis
sido
el
canal
para
tantas
almas.
Por
la
heroica
fortitud
con
la
cual
confrontasteis
la
furia
de
tiranos
y
el
disgusto
de
los
poderosos
antes
que
desviaros
de
vuestra
alianza
con
el
Rey
del
Cielo,
obtened
para
mí
pureza
de
cuerpo
y
alma,
pureza
de
corazón
y
deseo,
pureza
de
pensamiento
y
afecto.
Por
vuestra
paciencia
bajo
sufrimientos
multiplicados,
obtened
para
mí
una
aceptación
sumisa
de
todas
las
aflicciones
que
pueda
complacer
a
Dios
enviarme
y
como
vos
escapasteis
milagrosamente
ilesa
de
las
aguas
del
Tiber,
en
el
que
fuisteis
arrojada
por
orden
de
vuestro
perseguidor,
así
también
yo
pueda
pasar
a
través
de
las
aguas
de
tribulación
sin
detrimento
a
mi
alma.
Además
de
estos
favores,
obtened
para
mí,
Oh
esposa
fiel
de
Jesús,
la
necesidad
particular
que
ardientemente
os
recomiendo
en
este
momento.
Oh
Virgen
pura
y
Mártir
santa,
dígnate
dirigir
una
mirada
de
piedad
desde
el
Cielo
sobre
vuestro
devoto
siervo,
consoladme
en
aflicción,
asistidme
en
el
peligro,
sobre
todo
venid
en
mi
auxilio
a
la
hora
de
mi
muerte.
Guardad
sobre
los
intereses
de
la
Iglesia
de
Dios,
rezad
por
su
exaltación
y
prosperidad,
la
extensión
de
la
Fe,
por
el
Soberano
Pontífice,
por
el
clero,
por
la
perseverancia
del
justo,
la
conversión
de
los
pecadores,
y
el
sufragio
de
las
almas
del
Purgatorio,
especialmente
mis
seres
queridos.
Oh
gran
Santa,
cuyo
triunfo
celebramos
en
la
tierra,
interceded
por
mí,
para
que
un
día
pueda
contemplar
la
corona
de
gloria
otorgada
a
vos
en
el
Cielo
y
bendecir
a
El
quien
liberalmente
recompensa
por
toda
la
eternidad
los
sufrimientos
soportados
por
Su
amor
durante
esta
corta
vida.
Amén.
ORACIÓN
Oh
Purísima
Virgen,
gloriosa
Mártir
Santa
Filomena,
quien
Dios
en
Su
poder
eterno
parece
haber
revelado
al
mundo
en
estos
días
desastrosos
para
revivir
la
fe,
sostener
la
esperanza
e
inflamar
la
caridad
en
almas
cristianas,
contempladme
postrada
a
vuestros
pies.
Dignaos,
Oh
Virgen
llena
de
bondad
y
virtud,
recibir
mis
humildes
oraciones
y
obtener
para
mí
esa
pureza
por
la
cual
sacrificasteis
los
placeres
más
atractivos
del
mundo,
esa
fortaleza
de
alma
que
os
hizo
resistir
los
más
terribles
ataques
y
ese
ardiente
amor
por
nuestro
Señor
Jesucristo
que
los
más
temidos
tormentos
no
pudieron
extinguir
en
vos.
Así
que,
imitándoos
en
esta
vida,
pueda
algún
día
ser
coronada
con
vos
en
el
Cielo.
Amén.
¡SANTA
FILOMENA,
PATRONA
DE
LOS
HIJOS
DE
MARÍA,
ROGAD
POR
NOSOTROS!
LA
"NOVENA
DEL
ROSARIO
DE
54
DÍAS."
Rezar
3
novenas
del
Rosario,
consecutivamente;
son
tres
veces
nueve
días:
-‐
27
días
de
petición.
En
seguida,
añadir
3
novenas
del
Rosario
más,
iguales:
-‐
27
días
en
acción
de
gracias.
LA
NOVENA
DE
VEINTICUATRO
"GLORIAS"
A
Santa
Teresita
Del
Niño
Jesús
Y.
De
La
Santa
Faz,
Pidiendo
Los
Favores
Necesarios.
La
novena
que
consiste
de
veinticuatro
"Glorias"
se
puede
hacer
en
cualquier
tiempo.
Sin
embargo,
se
recomienda
en
particular
la
fecha
del
nueve
al
diecisiete
del
mes;
ya
que
en
estos
días,
el
suplicante
se
unirá
a
todos
los
demás
que
estarían
haciendo
la
misma
novena.
Después
de
cada
"Gloria
al
Padre,
etc.",
se
repite:
"Santa
Teresita
del
Niño
Jesús,
rogad
por
nosotros."
Santa
Teresita,
La
Florecita,
Del
Jardín
Celestial,
Una
Rosa
Escoged.
Enviadme
Esta
Flor
Con
Mensaje
De
Amor.
Decidle
A
Dios
Que
Imploro
Un
Favor.
Pedidlo,
Santita,
Con
Celo
Y
Fervor.
Decid
A
Jesús
Que
Si
Lo
Concede,
Le
Amare
Cada
Día
Con
Ardiente
Fervor.
Esta
oración
se
reza
agregando
5
Padrenuestros,
5
Ave
Marías,
y
5
Glorias,
por
5
días
seguidos,
antes
de
las
11:00
A.M..
El
quinto
día,
habiendo
terminado
todas
las
oraciones
indicadas,
se
añade
otro
tanto
más.
Es
decir,
se
agregan
cinco
más
de
cada
oración:
5
Padrenuestros,
5
Ave
Marías,
y
5
Glorias.
NOVENA
EFICAZ
AL
SAGRADO
CORAZÓN
DE
JESÚS
O
Jesús
mío,
habéis
dicho:
"En
verdad
os
digo,
pedid
y
recibiréis;
buscad
y
encontraréis;
llamad
y
se
os
abrirá'."
He
aquí
que
llamo,
busco
y
pido
la
gracia
de...
Padrenuestro,
Ave
María,
Gloria
al
Padre,
etc.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
en
Vos
confío.
O
Jesús
mío,
habéis
dicho:
"En
verdad
os
digo,
lo
que
se
pidiese
a
Mi
Padre
en
Mi
Nombre,
El
lo
dará
a
vosotros."
He
aquí
que
en
Vuestro
Nombre,
le
pido
al
Padre
Celestial
la
gracia
de
.
.
.
Padrenuestro,
Ave
María,
Gloria
al
Padre,
etc.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
en
Vos
confío.
O
Jesús
mío,
habéis
dicho:
"En
verdad
os
digo,
que
el
cielo
y
la
tierra
pasarán,
pero
Mis
palabras
no
pasarán
jamás."
He
aquí
que,
animado
por
Vuestras
infalibles
palabras,
ahora
pido
la
gracia
de
.
.
.
Padrenuestro,
Ave
María,
Gloria
al
Padre,
etc.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
en
Vos
confío.
O
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
solamente
una
cosa
se
Os
ha
de
ser
imposible
y
ese
consiste
en
no
tener
compasión
de
los
afligidos.
Ten
piedad
de
nosotros
miserables
pecadores
y
conceded
la
gracia
que
Os
pedimos,
mediante
el
Doloroso
e
Inmaculado
Corazón
de
María,
Vuestra
tierna
Madre,
y
nuestra
Madre
compasiva.
Rezad
"La
Salve"
y
añádase
la
siguiente
jaculatoria:
San
José,
Padre
Guardián
de
Jesús,
rogad
por
nosotros.
NOVENA
DE
SUPLICA
A
LOS
SANTOS
ÁNGELES
¡Dios
Todopoderoso
y
Eterno,
Uno
en
Tres
Personas!
Antes
de
suplicar
a
los
Santos
Ángeles,
tus
servidores
y
de
llamarlos
en
nuestro
socorro,
nos
postramos
delante
de
Ti
y
Te
adoramos,
Padre,
Hijo
y
Espíritu
Santo.
Bendito
y
alabado
seas
por
toda
la
eternidad.
Que
todos
los
Ángeles
y
los
hombres
que
has
creado
te
adoren,
te
amen
y
te
Sirvan,
Dios
Santo,
Dios
Fuerte,
Dios
Inmortal!
¡Y
Tú,
María,
Reina
de
los
ángeles,
medianera
de
todas
las
gracias,
todopoderosa
en
tu
oración,
recibe
bondadosamente
la
oración
que
les
dirigimos
a
tus
servidores,
y
hazla
llegar
hasta
el
Trono
del
Altísimo
para
que
obtengamos
gracia,
salvación
y
auxilio!
AMEN.
¡Ángeles
grandes
y
Santos,
Dios
los
envía
para
protegernos
y
ayudarnos!
Les
suplicamos,
en
el
nombre
de
Dios
Uno
en
Tres
Personas,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
de
la
Preciosa
Sangre
de
Nuestro
Señor
Jesucristo,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos,
en
el
nombre
todopoderoso
de
Jesús,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
todas
las
heridas
de
Nuestro
Señor
Jesucristo,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
todas
las
torturas
de
Nuestro
Señor
Jesucristo,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
la
Santa
Palabra
de
Dios,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
el
Corazón
de
Nuestro
Señor
Jesucristo,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
del
amor
de
Dios
por
nosotros
tan
pobres,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
de
la
fidelidad
de
Dios
para
con
nosotros
tan
pobres,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
de
la
misericordia
de
Dios
para
con
nosotros
tan
pobres,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
de
María
Reina
del
Cielo
y
de
la
tierra,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
de
María
vuestra
Reina
y
Soberana,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
en
nombre
de
María,
Madre
de
Dios
y
Madre
nuestra,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
su
propia
felicidad,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
su
propia
fidelidad,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos
por
su
fuerza
combativa
por
el
Reino
de
Dios,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Les
suplicamos,
¡cúbrannos
con
sus
escudos!
Les
suplicamos,
¡protéjannos
con
sus
espadas!
Les
suplicamos,
¡ilumínennos
con
su
luz!
Les
suplicamos,
¡abríguennos
bajo
el
manto
de
María!
Les
suplicamos,
¡enciérrennos
en
el
Corazón
de
María!
Les
suplicamos,
¡deposítennos
en
las
manos
de
María!
Les
suplicamos,
¡muéstrennos
el
camino
hacia
la
puerta
de
la
vida:
el
Corazón
abierto
de
Nuestro
Señor!
Les
suplicamos,
¡condúzcannos
seguros
hacia
la
casa
del
Padre
Celestial!
Todos
los
Coros
de
los
Espíritus
bienaventurados,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Ángeles
de
la
vida,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Ángeles
de
la
fuerza
de
la
palabra
de
Dios,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Ángeles
de
la
caridad,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
Ángeles
que
Dios
nos
atribuye
especialmente,
como
compañeros,
¡Vuelen
en
nuestro
socorro!
¡Vuelen
en
nuestro
socorro,
Les
suplicamos!
Porque
hemos
recibido
en
herencia
la
Sangre
de
Nuestro
Señor
y
Rey.
¡Vuelen
en
nuestro
socorro,
Les
suplicamos!
Porque
hemos
recibido
en
herencia
el
Corazón
de
Nuestro
Señor
y
Rey.
¡Vuelen
en
nuestro
socorro,
Les
suplicamos!
Porque
hemos
recibido
en
herencia
el
Corazón
Inmaculado
de
María
la
Virgen
Purísima
y
vuestra
Reina.
¡Vuelen
en
nuestro
socorro,
Les
suplicamos!
San
Miguel
Arcángel:
Tú
eres
el
Príncipe
de
las
milicias
celestiales,
el
vencedor
del
dragón
infernal,
has
recibido
de
Dios
la
fuerza
y
el
poder
para
aniquilar
por
medio
de
la
humildad
el
orgullo
de
los
poderes
de
las
tinieblas.
Te
suplicamos,
suscita
en
nosotros
la
auténtica
humildad
del
corazón,
la
fidelidad
inquebrantable,
para
cumplir
siempre
la
voluntad
de
Dios,
la
fortaleza
en
el
sufrimiento
y
las
necesidades,
¡ayúdanos
a
subsistir
delante
del
tribunal
de
Dios!
San
Gabriel
Arcángel:
Tu
eres
el
Ángel
de
la
Encarnación,
el
mensajero
fiel
de
Dios,
abre
nuestros
oídos
para
captar
los
más
pequeños
signos
y
llamamientos
del
Corazón
amante
de
Nuestro
Señor;
Permanece
siempre
delante
de
nuestros
ojos,
te
suplicamos,
para
que
comprendamos
correctamente
la
palabra
de
Dios
y
la
sigamos
y
obedezcamos
y
para
cumplir
aquello
que
Dios
quiere
de
nosotros.
¡Haznos
vigilantes
en
la
espera
del
Señor
para
que
no
nos
encuentre
dormidos
cuando
llegue!
San
Rafael
Arcángel:
Tú
eres
el
mensajero
del
amor
de
Dios!
Te
suplicamos,
hiere
nuestro
corazón
con
un
amor
ardiente
por
Dios
y
no
dejes
que
esta
herida
se
cierre
jamás,
para
que
permanezcamos
sobre
el
camino
del
amor
en
la
vida
diaria
y
venzamos
todos
los
obstáculos
por
la
fuerza
de
este
amor.
¡Ayudadnos
hermanos
grandes
y
santos,
servidores
como
nosotros
delante
de
Dios!.
¡Protegednos
contra
nosotros
mismos,
contra
nuestra
cobardía
y
tibieza,
contra
nuestro
egoísmo
y
nuestra
avaricia,
contra
nuestra
envidia
y
desconfianza,
contra
nuestra
suficiencia
y
comodidad,
contra
nuestro
deseo
de
ser
apreciados!
¡Desligadnos
de
los
lazos
del
pecado
y
de
toda
atadura
al
mundo!
¡Desatad
la
venda
que
nosotros
mismos
hemos
anudado
sobre
nuestros
ojos,
para
dispensarnos
de
ver
la
miseria
que
nos
rodea,
y
poder
mirar
nuestro
propio
yo
sin
incomodarnos
y
con
conmiseración!
¡Clavad
en
nuestro
corazón
el
aguijón
de
la
santa
inquietud
de
Dios,
para
que
no
cesemos
jamás
de
buscarlo
con
pasión,
contrición
y
amor!
¡Buscad
en
nosotros
la
Sangre
de
Nuestro
Señor
que
se
derramó
por
nosotros!
¡Buscad
en
nosotros
las
lágrimas
de
vuestra
Reina
vertidas
por
nuestra
causa!
¡Buscad
en
nosotros
la
imagen
de
Dios
destrozada,
desteñida,
deteriorada,
imagen
a
la
cual
Dios
quiso
crearnos
por
amor!
¡Ayudadnos
a
reconocer
a
Dios,
a
adorarlo,
amarlo
y
servirlo!
Ayudadnos
en
la
lucha
contra
los
poderes
de
las
tinieblas
que
nos
rodean
y
nos
oprimen
solapadamente!
¡Ayudadnos
para
que
ninguno
de
nosotros
se
pierda,
y
para
que
un
día,
gozosos,
podamos
reunirnos
en
la
felicidad
eterna!
AMEN
Durante
la
novena
que
es
un
asalto
que
dura
nueve
días,
conjuramos
a
los
Santos
Ángeles
por
la
mañana
y
durante
el
día
los
invocamos
con
frecuencia
de
esta
manera:
San
Miguel,
lucha
a
nuestro
lado
con
tus
ángeles,
ayúdanos
y
ruega
por
nosotros!
San
Rafael,
lucha
a
nuestro
lado
con
tus
ángeles,
ayúdanos
y
ruega
por
nosotros!
San
Gabriel,
lucha
a
nuestro
lado
con
tus
ángeles,
ayúdanos
y
ruega
por
nosotros!
NOVENA
EN
SUFRAGIO
DE
LAS
ALMAS
DEL
PURGATORIO
(Para
rezar
en
cualquier
época
del
año
y
en
especial
del
24
de
Octubre
al
1
de
Noviembre)
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Por
la
señal
de
la
santa
cruz,
etc.
Acto
de
contrición
Pésame,
Dios
mío,
y
me
arrepiento
de
todo
corazón
de
haberos
ofendido.
Pésame
por
el
infierno
que
merecí
y
por
el
cielo
que
perdí.
Pero
mucho
más
me
pesa
porque
pecando
ofendí
a
un
Dios
tan
bueno
y
tan
grande
como
vos.
Antes
querría
haber
muerto
que
haberos
ofendido.
Y
propongo
firmemente
no
pecar
más
y
evitar
todas
las
ocasiones
próximas
de
pecado.
Amén.
Oración
al
Padre
Eterno
Padre
celestial,
Padre
amorosísimo,
que
para
salvar
las
Almas
quisiste
que
tu
Hijo
unigénito,
tomando
carne
humana
en
las
entrañas
de
una
Virgen
purísima,
se
sujetase
a
la
vida
más
pobre
y
mortificada,
y
derramase
su
Sangre
en
la
cruz
por
nuestro
amor:
Compadécete,
de
las
benditas
almas
del
Purgatorio
y
líbralas
de
sus
horrorosas
llamas.
Compadécete
también
de
la
mía,
y
líbrala
de
la
esclavitud
del
vicio.
Y
si
tu
Justicia
divina
pide
satisfacción
por
las
culpas
cometidas,
yo
te
ofrezco
todas
las
obras
buenas
que
haga
en
este
Novenario.
De
ningún
valor
son,
es
verdad;
pero
yo
las
uno
con
los
méritos
infinitos
de
tu
Hijo
divino,
con
los
dolores
de
su
Madre
santísima,
y
con
las
virtudes
heroicas
de
cuantos
justos
han
existido
en
la
tierra.
Míranos,
vivos
y
difuntos,
con
compasión,
y
haz
que
celebremos
un
día
tus
misericordias
en
el
eterno
descanso
de
la
gloria.
Amén.
ORACIÓN
FINAL
Oh
María,
Madre
de
misericordia:
acuérdate
de
los
hijos
que
tienes
en
el
purgatorio
y,
presentando
nuestros
sufragios
y
tus
méritos
a
tu
Hijo,
intercede
para
que
les
perdone
sus
deudas
y
los
saque
de
aquellas
tinieblas
a
la
admirable
luz
de
su
gloria,
donde
gocen
de
tu
vista
dulcísima
y
de
la
de
tu
Hijo
bendito.
Oh
glorioso
Patriarca
San
José,
intercede
juntamente
con
tu
Esposa
ante
tu
Hijo
por
las
almas
del
purgatorio.
Amén.
Dales,
Señor
el
descanso
eterno
y
brille
para
ellas
la
Luz
que
no
tiene
fin.
Que
descansen
en
paz.
Amén.
Que
las
almas
de
todos
los
fieles
difuntos,
por
la
misericordia
de
Dios
descansen
en
paz.
Amén.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
en
Vos
confío.
San
José,
ruega
por
nosotros.
MEDITACIÓN
DÍA
PRIMERO
Existencia
del
Purgatorio
Punto
Primero.-‐Es
un
artículo
de
fe
que
las
almas
de
los
que
mueren
con
alguna
culpa
venial,
o
sin
haber
satisfecho
plenamente
a
la
Justicia
divina
por
los
pecados
ya
perdonados,
están
detenidas
en
un
lugar
de
expiación
que
llamamos
Purgatorio.
Así
lo
enseña
la
santa
Madre
Iglesia,
columna
infalible
de
la
verdad:
así
lo
confirma
la
más
antigua
y
constante
tradición
de
todos
los
siglos;
así
lo
aseguran
unánimemente
los
santos
Padres
griegos
y
latinos,
Tertuliano,
San
Cirilo,
San
Cipriano,
San
Juan
Crisóstomo,
San
Ambrosio,
San
Agustín,
y
tantos
otros;
así
lo
han
definido
los
sagrados
Concilios
de
Roma,
de
Cartago,
de
Florencia,
de
Letrán
y
de
Trento,
dirigidos
por
el
Espíritu
Santo.
Y
aunque
la
Iglesia
no
lo
enseñase
así
¿no
lo
dice
bastante
la
razón
natural?
Supongamos
que
sale
de
este
mundo
un
alma
con
algún
pecado
venial;
¿qué
hará
Dios
de
ella?
¿La
arrojará
al
infierno,
y
siendo
su
hija
y
esposa
amadísima
la
confundirá
con
los
réprobos
y
espíritus
infernales?
Eso
repugna
a
la
Justicia
y
Bondad
divinas.
¿La
introducirá
en
el
cielo?
Eso
se
opone
igualmente
a
la
santidad
y
pureza
infinita
del
Creador;
pues
sólo
aquel
cuyas
manos
son
inocentes,
y
cuyo
corazón
está
limpio,
subirá
al
monte
del
Señor.
Nada
manchado
puede
entrar
en
aquel
reino
purísimo.
¿Qué
hará,
pues,
Dios
de
aquella
alma?
Ya
nos
lo
dice
por
Malaquías:
La
pondré
como
en
un
crisol,
esto
es,
en
un
lugar
de
penas
y
tormentos,
de
donde
no
saldrá
hasta
que
haya
plenamente
satisfecho
a
la
Justicia
divina.
¿Crees
tú
esto,
cristiano?
Creas
o
no
creas,
te
burles
o
no
te
burles
de
ello,
la
cosa
es,
y
será
así.
Negar
el
Purgatorio,
sólo
poner
en
duda
deliberadamente
su
existencia,
es
ya
pecado
grave.
¿Crees
tú
esta
verdad,
y
con
esa
indiferencia
mi-‐
ras
tan
horribles
penas?
¿Crees
en
el
Purgatorio,
y
con
tus
culpas
sigues
amontonando
leña
para
arder
en
el
más
terrible
fuego?
Medita
un
poco
sobre
lo
dicho.
Punto
Segundo.-‐Es
también
un
artículo
de
fe
que
nosotros
podemos
aliviar
a
aquellas
almas
afligidísimas.
Sí;
en
virtud
de
la
Comunión
de
los
Santos,
hay
plena
comunicación
de
bienes
espirituales
entre
los
Bienaventurados
que
triunfan
en
el
cielo,
los
cristianos
que
militamos
en
la
tierra,
y
las
almas
que
sufren
en
el
Purgatorio.
En
virtud
de
esta
comunicación
de
bienes,
podemos
con
mucha
facilidad,
y
mérito
nuestro,
bajar
al
Purgatorio
con
nuestros
sufragios,
y
a
imitación
de
Jesucristo,
después
de
su
muerte,
librar
a
aquellas
almas,
y
alegrar
al
cielo
con
un
nuevo
grado
de
gloria
accidental,
procurando
nuevos
príncipes
y
moradores
a
aquella
patria
felicísima.
!Oh
admirable
disposición
de
la
Sabiduría
divina!
¡Oh,
que
dicha
y
felicidad
la
nuestra!
Viéndose
Dios
obligado
a
castigar
a
aquellas
sus
hijas
muy
amadas,
busca
medianeros
que
intercedan
por
ellas,
a
fin
de
conciliar
así
el
rigor
de
la
Justicia
con
la
ternura
de
Misericordia
infinita.
Y
nosotros
somos
estos
dichosos
medianeros
y
corredentores;
de
nosotros
depende
la
suerte
de
aquellas
pobres
almas.
Haz,
pues,
cristiano,
con
fervor
este
santo
novenario.
No
faltes
a
él
ningún
día;
¿quién
sabe
si
abrirás
el
cielo
a
alguno
de
tus
parientes
y
amigos
ya
difuntos?
¿Y
serás
tan
duro
e
insensible
que
le
niegues
este
pequeño
sacrificio,
pudiéndoles
hacer
ese
gran
favor
a
tan
poca
costa?
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
SEGUNDO
Sobre
la
pena
de
sentido
en
general
Punto
Primero.-‐Ven,
mortal;
tú,
que
vives
como
si
después
de
esta
vida
no
te
quedase
nada
que
temer,
ni
que
esperar:
ven;
penetra
con
el
espíritu
en
aquellos
horrendos
calabozos
donde
la
Justicia
divina
acrisola
las
almas
de
los
que
mueren
con
algún
pecado
venial;
mira
si,
fuera
del
infierno,
pueden
darse
penas
mayores,
ni
aun
semejantes
a
las
que
allí
se
padecen.
Considera
todos
los
dolores
que
han
sufrido
los
enfermos
en
todos
los
hospitales
y
lugares
del
mundo;
¿igualarían
todos
ellos
a
los
dolores
que
padece
un
alma
en
el
Purgatorio?
No,
dice
San
Agustín;
pues
éstos
exceden
a
todo
cuanto
se
puede
sentir,
ver
o
imaginar
en
este
mundo.
Añadamos
a
todos
estos
males
los
suplicios
y
tormentos
que
la
crueldad
de
los
Nerones,
Dioclecianos,
Decios
y
demás
perseguidores
de
la
Iglesia
inventó
contra
los
cristianos,
¿igualarían
al
Purgatorio?
Tampoco,
dice
San
Anselmo,
pues
la
menor
pena
de
aquel
lugar
de
expiación
es
más
terrible
que
el
mayor
tormento
que
se
pueda
imaginar
en
este
mundo.
Entonces,
¿qué
penas
serán
aquéllas?
Son
tales,
dice
San
Cirilo
de
Jerusalén,
que
cualquiera
de
aquellas
almas
querría
más
ser
atormentada
hasta
el
día
del
juicio
con
cuantos
dolores
y
penas
han
padecido
los
hombres
desde
Adán
hasta
la
hora
presente,
que
no
estar
un
solo
día
en
el
Purgatorio
sufriendo
lo
que
allí
se
padece.
Pues
todos
los
tormentos
y
penas
que
se
han
sufrido
en
este
mundo,
comparados
con
los
que
sufre
un
alma
en
el
Purgatorio,
pueden
tenerse
por
consuelo
y
alivio.
Punto
Segundo
-‐
¿Y
quiénes
son
esas
Almas
tan
horriblemente
atormentadas
en
el
Purgatorio?
Este
es
un
tema
profundo
para
hacernos
reflexionar.
Son
obra
maestra
de
la
mano
del
Omnipotente,
y
vivas
imágenes
de
su
divinidad;
son
amigas,
hijas
y
esposas
del
Señor;
¡y
no
obstante,
son
severamente
purificadas!
Dios
las
amó
desde
toda
la
eternidad,
las
redimió
con
la
sangre
de
sus
venas,
ahora
las
ama
con
un
amor
infinito,
como
que
están
en
su
gracia
y
amistad
divina:
¡y
no
obstante
sufren
penas
imponderables!
El
Purgatorio.
¡Qué
claramente
nos
manifiesta
la
justicia
y
santidad
de
Dios!
¡Cuánto
horror
debe
inspirarnos
al
pecado!
Porque
si
con
tanto
rigor
trata
Dios
a
sus
almas
amadas
por
faltas
ligeras,
¿cómo
seremos
tratados
nosotros,
pecadores;
nosotros,
que
vivimos
tantas
veces
abandonados
al
arbitrio
de
las
pasiones?
Si
con
el
árbol
verde
hacen
esto,
con
el
seco
¿qué
harán?
Si
el
hijo
y
heredero
del
cielo
es
castigado
por
faltas
que
a
muchos
parecen
virtudes,
¿cómo
seremos
castigado
nosotros,
pecadores
y
enemigos
de
Dios,
por
nuestros
vicios
y
pecados
tan
horrendos
y
abominables?
Pensémoslo
bien,
y
enmendemos
nuestras
vidas.
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
TERCERO
Sobre
el
fuego
del
Purgatorio
Punto
Primero.
-‐
Considera,
amado
cristiano,
el
tormento
que
causa
a
las
almas
el
fuego
abrasador
del
Purgatorio.
Si
el
fuego
de
este
mundo,
creado
para
servicio
del
hombre,
y
efecto
de
la
bondad
divina,
es
ya
el
más
terrible
de
todos
los
elementos;
si
es
ya
tal
su
virtud,
que
consume
bosques,
abrasa
edificios,
calcina
mármoles
durísimos,
hace
saltar
piedras
y
murallas,
derrite
metales
y
ocasiona
terribles
estragos,
¿qué
será
el
fuego
del
Purgatorio,
encendido
por
un
Dios
san-‐
tísimo
y
justísimo,
para
con
él
demostrar
el
odio
infinito
que
tiene
al
pecado?
Es
tal,
dice
San
Agustín,
que
el
fuego
de
este
mundo,
comparado
con
él,
no
es
más
que
pintado.
Ahora
bien;
si
tener
el
dedo
en
la
llama
de
una
vela
sería
para
nosotros
insoportable
dolor,
¿qué
tormento
será
para
aquellas
almas
sepultadas
en
un
fuego
que
es,
dicen
Santo
Tomás
y
San
Gregorio,
igual
en
todo,
menos
en
la
duración,
al
del
infierno?
Sí;
escuchémoslo
bien,
almas
tibias,
y
estremezcámonos:
Con
el
mismo
fuego
se
purifica
el
elegido
y
arde
el
condenado;
con
la
única
diferencia,
que
aquél
saldrá
cuando
haya
satisfecho
por
sus
culpas,
y
éste
arderá
allí
eternamente.
¿Y
continuamos
nosotros
en
nuestra
tibieza?
Punto
Segundo.
-‐
Consideremos
cuáles
son
las
faltas
por
las
que
Dios,
infinitamente
bueno
y
misericordioso,
castiga
a
sus
amadísimas
Esposas
con
tanto
rigor,
y
veremos
que
son
faltas
leves,
y
a
veces
un
solo
pecado
venial.
Qué
mal
tan
grave
debe
ser
éste
delante
de
Dios,
cuando
es
tan
severamente
castigado
en
el
Purgatorio!
En
efecto;
el
pecado
venial
es
leve,
si
se
lo
compara
con
el
mortal,
pero
en
sí
es
un
mal
mayor
que
la
ruina
de
todos
los
imperios
y
que
la
destrucción
del
universo:
es
un
mal
tan
espantoso,
que
excede
en
malicia
a
todas
las
desgracias
y
ca-‐
lamidades
del
mundo:
es
un
mal
tan
grande,
que
si
cometiéndolo
pudiésemos
convertir
a
todos
los
pecadores,
sacar
a
todos
los
condenados
del
infierno,
librar
a
todas
las
almas
del
Purgatorio,
aun
entonces
no
deberíamos
cometerlo,
pues
todos
estos
bienes
no
igualarían
la
malicia
del
pecado
más
leve:
porque
aquellos
son
males
de
la
criatura,
y
éste
es
un
mal
y
una
ofensa
hecha
al
mismo
Creador.
¿Podemos
oír
esto
sin
horrorizarnos
y
sin
cambiar
de
conducta?
Pero
¿qué
es
nuestra
vida,
sino
una
serie
in-‐interrumpida
de
pecados?
¡Pecados
cometidos
con
los
ojos,
con
los
oídos,
con
la
lengua,
con
las
manos,
con
todos
los
sentidos!
!Cuántas
culpas
por
la
ignorancia
crasa
y
olvido
voluntario
de
nuestras
obligaciones!
¡Cuántas
indiscreciones
por
la
distracción
de
nuestro
espíritu;
por
la
violencia
de
nuestro
genio;
por
la
temeridad
de
nuestros
juicios;
por
la
malicia
de
nuestras
sospechas!
¡Cuántas
faltas
por
no
querer
mortificarnos,
ni
sujetarnos
a
otro,
por
nuestra
ligereza
en
el
hablar!
Lloremos,
nuestra
ceguera;
y
a
la
claridad
del
fuego
espantoso
del
Purgatorio,
comprendamos
por
último
qué
gran
mal
es
cometer
un
pecado
venial.
Si,
es
un
mal
tan
grande;
¡y
nosotros,
lejos
de
llorarlo,
lo
cometemos
sin
escrúpulo
a
manera
de
juego,
pasatiempo
y
diversión!
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
CUARTO
Sobre
la
pena
de
daño
Punto
Primero.
-‐
Por
horrorosos
que
sean
los
tormentos
que
padecen
las
Animas
en
el
Purgatorio,
por
espantosas
que
sean
las
llamas
en
que
se
abrasan,
no
igualarán
jamás
la
pena
vivísima
que
sienten
al
verse
privadas
de
la
vista
clara
de
Dios.
En
efecto;
aquéllas
constituyen
la
pena
de
sentido;
ésta,
la
de
daño;
aquéllas
son
limitadas;
ésta,
infinita;
aquéllas
privan
a
las
Almas
de
un
bien
accidental,
cual
es
el
deleite;
por
ésta,
carecen
de
un
bien
esencial
a
la
bienaventuranza,
en
el
cual
consiste
la
felicidad
del
hombre,
y
es
la
posesión
beatífica
de
Dios.
Ahora
no
comprenderemos
esta
pena;
pero
ella
es
atroz,
incomprensible,
infinita.
¡Pobres
Animas!
Ustedes
conocen
a
Dios,
no
con
un
conocimiento
oscuro,
como
nosotros,
sino
con
una
luz
clara
y
perfectísima;
ven
que
es
el
centro
de
vuestra
felicidad,
que
contiene
todas
las
perfecciones
posibles,
y
en
grado
infinito;
saben
que
si
cayera
en
el
infierno
una
sola
gota
de
aquel
océano
infinito
de
delicias
que
en
sí
encierra,
bastaría
para
extinguir
aquellas
llamas
y
hacer
del
infierno
el
paraíso
más
delicioso.
Comprenden
todo
esto
perfectísimamente,
y
así
se
lanzan
ustedes
hacia
aquel
Bien
infinito
con
más
fuerza
que
una
enorme
piedra
separada
de
la
montaña
se
precipita
a
lo
profundo
del
valle;
¡y
no
obstante,
no
lo
pueden
abrazar
ni
poseer?
¡Qué
pena!
¡Qué
gran
tormento!
Punto
Segundo.
-‐
Si
tan
horrible
pena
sienten
las
Animas,
viéndose
privadas
del
hermosísimo
rostro
de
Dios,
¿cuál
debería
ser
nuestro
desconsuelo
como
pecadores,
si
vivimos
privados
de
su
gracia
y
amistad?
Las
almas
benditas
del
Purgatorio
no
poseen
aún
a
Dios,
es
verdad;
pero
están
seguras
de
poseerlo
un
día,
porque
son
amigas,
hijas
y
esposas
suyas
muy
queridas.
Pero
hay
mucho
que
saben
que
viviendo
como
viven,
no
poseerán
jamás
a
Dios.
Saben
que,
desde
el
momento
que
se
rebelaron
contra
El
perdieron
su
gracia,
y
con
ella
la
rica
herencia
de
la
gloria.
¿Cómo
dicen:
Padre
nuestro,
que
estás
en
los
cielos?
¡Cuántos
se
engañan!
Dios
ya
no
es
su
padre,
ni
su
señor
ni
su
rey.
Ojalá
no
nos
encontremos
nosotros
en
tal
situación.
Y
si
así
fuera,
deberíamos
hacer
una
buena
confesión
para
recuperar
la
amistad
divina,
y
poder
estar
en
paz,
sabiendo
que
el
Señor
será
nuestro
deleite
para
siempre.
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
QUINTO
Remordimiento
de
un
Anima
en
el
Purgatorio
Imaginemos
hoy
una
persona
que
haya
llevado
en
este
mundo
una
vida
semejante
a
la
nuestra:
que
haya
vivido
tibia,
inmortificada,
distraída
en
los
ejercicios
de
piedad
como
nosotros,
sin
tener
horror
más
que
al
pecado
mortal
y
al
infierno,
en
el
mejor
de
los
casos.
Supongamos,
no
obstante,
que
haya
tenido
la
dicha
de
hacer
una
buena
confesión,
morir
en
gracia
e
ir
al
Purgatorio.
¿Qué
pensará
en
medio
de
aquellas
penas
y
tormentos?
Seguramente
dos
pensamientos
la
afligirán
enormemente.
Primer
Pensamiento.
-‐
Pude
librarme
de
estas
penas,
y
no
quise.
¡Yo
mismo
he
encendido
estas
llamas!
¡Yo
soy
la
causa
de
estas
penas!
Dios
no
hace
más
que
ejecutar
la
sentencia
que
yo
en
el
mundo
pronuncié
contra
mí
mismo.
¡Cuántos
medios
me
proporcionó
Dios
para
evitarme
esto!
Caricias,
amenazas,
beneficios,
todo
lo
había
agotado;
gracias
singularísimas
de
inspiraciones,
buenos
ejemplos,
libros
piadosos,
padres
vigilantes,
confesores
celosos,
maestros
y
predicadores
fervorosos,
remordimientos
continuos,
todo
lo
había
empleado.
Pero,
¡qué
locura
tan
grande
la
mía!
¡Por
no
privarme
de
un
frívolo
pasatiempo,
por
ir
a
bailes,
por
divertirme
o
jugar
con
tal
compañía,
por
no
abstenerme
de
una
mirada,
de
un
vil
gusto,
de
una
vana
complacencia,
por
hablar
de
los
defectos
del
prójimo,
me
sujeté
voluntariamente
a
tantas
penas
y
tormentos!
Me
lo
decían
todos
los
años,
me
lo
predicaban
y
repetían:
¡pero
yo
no
hacía
caso!...
¡Dichoso
San
Pablo,
primer
ermitaño;
dichosas
Gertrudis,
Escolástica,
y
tantos
otros
Santos
que,
habiendo
satisfecho
a
la
Justicia
divina
en
el
mundo,
subieron
al
cielo
sin
pasar
por
el
Purgatorio!
¡Yo
podía
hacer
lo
que
ellos
hicieron,
pero
no
quise!
¡Locuras
mundanas,
conversaciones
frívolas,
pasatiempos,
vanidad,
qué
caro
me
cuestan
ahora!
Podría
fácilmente
haber
evitado
todo
eso
y
no
lo
hice.
Y
sólo
porque
no
quise.
El
Segundo
Pensamiento
que
aflige
al
alma
tibia
que
vivió
como
nosotros
vivimos,
es
este:
Yo
querría
librarme
ahora
del
Purgatorio,
y
no
puedo.
¡Si
pudiera
yo
ahora
volver
al
mundo!,
dirá
cada
una
de
aquellas
Almas,
¡con
qué
gusto
me
sepultaría
en
los
desiertos
con
los
Hilariones
y
Arsenios!
Haría
penitencias
más
espantosas
que
las
de
un
Ignacio
en
la
cueva
de
Manresa,
que
las
de
un
Simeón
Estilita
y
de
un
San
Pedro
de
Alcántara;
pasaría
noches
enteras
en
oración,
como
los
Antonios,
Basilios
y
Jerónimos;
me
arrojaría
en
estanques
helados
y
me
revolcaría
entre
espinas,
como
los
Benitos
y
los
Franciscos;
etc.
Pero,
en
realidad
no
era
necesario
nada
de
esto;
con
mucho
menos
podrían
haber
evitado
esas
llamas.
Sin
hacer
más
que
lo
que
debían
hacer
cada
día,
pero
haciéndolo
con
perfección,
evitaban
todo
esto.
Sí;
los
mismos
Sacramentos,
pero
recibidos
con
mejores
disposiciones;
las
mismas
misas,
pero
oídas
con
más
recogimiento
y
atención;
las
mismas
devociones,
pero
practicadas
con
más
fervor;
las
mismas
mortificaciones,
ayunos
y
obras
de
misericordia,
pero
hechas
con
menos
ostentación,
únicamente
por
agradar
á
Dios,
no
sólo
les
hubieran
librado
de
todas
esas
penas,
sino
también
asegurado
a
ellas
y
a
muchas
otras
almas
la
posesión
del
reino
de
los
cielos.
Pero
ahora
sus
deseos
son
inútiles:
ya
no
es
tiempo
de
merecer:
ha
llegado
para
ellas
aquella
noche
intimada
por
San
Juan,
en
la
que
nadie
puede
hacer
obra
alguna
meritoria:
ahora
es
necesario
padecer,
y
sufrir
penas
inexplicables,
y
sufrirlas
sin
mérito
alguno.
¡Y
yo
lo
he
querido!
¡Pude
fácilmente
evitar
estos
tormentos,
y
no
quise!
¡Quisiera
poder
evitarlos
ahora,
y
no
puedo!
¡Dichosos
nosotros
que
oímos
esto!
Tenemos
tiempo
todavía:
aún
no
llegó
para
nosotros
aquella
noche
tenebrosa.
¿Y
seguiremos
perdiendo
el
tiempo,
y
los
días
tan
preciosos?
¿No
tomaremos
la
seria
resolución
de
confesarnos
bien
y
de
enmendar
nuestra
vida?
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
SEXTO
Paciencia
y
resignación
de
las
benditas
Almas
del
purgatorio
Punto
Primero.
-‐Es
Verdad
que
las
almas
del
Purgatorio
padecen
imponderables
penas,
y
sin
mérito:
pero
las
padecen
con
una
paciencia
y
resignación
admirables.
Conocen
a
Dios
con
luz
perfectísima,
lo
aman
con
amor
purísimo,
y
desean
ardentísimamente
poseerlo:
pero
al
ver
sus
faltas,
bendicen
y
adoran
la
mano
justa
y
amorosa
que
las
castiga.
¡Y
con
cuánta
más
resignación
que
los
hermanos
de
José,
exclaman:
Merito
haec
patimur!
Con
mucha
razón
padecemos,
Señor;
pues
cuando
pecamos
no
temimos
tu
poder
y
tu
justicia,
frustramos
los
designios
de
tu
amor
y
de
tu
sabiduría,
despreciamos
tu
majestad
y
tu
grandeza,
y
ofendimos
tus
perfecciones
infinitas.
Justo
es
que
padezcamos.
Hombres
sin
conocimiento
de
la
verdadera
religión
fueron
agradecidos
a
sus
bienhechores;
Faraón
hizo
a
José
virrey
de
Egipto
porque
le
interpretó
un
sueño
misterioso.
Asuero
elevó
a
Mardoqueo
a
los
primeros
empleos
de
Persia
porque
le
descubrió
una
conspiración;
hasta
los
osos
y
los
leones
y
otras
fieras
salvajes
agradecidas
defendieron
a
sus
bienhechores;
y
nosotros,
creados
a
tu
imagen,
redimidas
con
tu
Sangre,
honradas
y
exaltadas
con
tantos
dones
de
la
gracia,
ingratos
te
abandonamos
en
vida.
Sí;
purifícanos
en
este
fuego;
¡por
ásperas
que
sean
nuestras
penas,
bendeciremos
y
ensalzaremos
tu
justicia
y
misericordia
infinitas.
“Justo
eres,
Señor,
y
son
rectos
todos
tus
juicios”.
Todavía
más:
es
tanta
la
fealdad
del
pecado,
por
leve
que
sea,
que
si
Dios
abriera
a
esas
almas
las
puertas
del
cielo,
no
se
atreverían
a
entrar
en
él,
manchadas
como
están;
sino
que
suplicarían
al
Señor
las
dejara
purificarse
primero
en
aquellas
llamas.
Igual
que
una
juven
escogida
por
esposa
de
un
gran
monarca
si
el
día
de
las
bodas
apareciese
una
llaga
horrible
en
su
rostro,
no
se
atrevería
a
presentarse
en
la
Corte,
y
suplicaría
al
Rey
que
difiriese
las
bodas
hasta
que
estu-‐
viera
perfectamente
curada.
¿Oh
pecado,
por
leve
que
parezcas,
qué
tan
grave
mal
eres
que
las
mismas
almas
preferirían
los
horrores
del
Purgatorio
antes
que
entrar
en
el
cielo
con
la
menor
sombra
de
tu
mancha!
Punto
Segundo.
–
Miremos
ahora
en
nosotros
si
puede
darse
incoherencia
mayor
que
la
nuestra
...
Nos
reconocemos
merecedores
de
horribles
penas
por
parte
de
la
Justicia
divina,
debido
a
los
enormes
pecados
que
cometimos
en
la
vida
pasada,
y
debido
a
las
innumerables
faltas
en
que
al
presente
caemos
todos
los
días;
reconocemos,
además,
que
no
basta
confesarse,
ya
que
la
absolución
borra
sí
la
culpa,
pero
no
quita
toda
la
pena,
y
por
esto
sabemos
que
es
preciso
satisfacer
a
la
Justicia
divina
o
en
éste,
o
en
el
otro
mundo;
y
sin
embargo,
jamás
nos
preocupamos
por
hacer
penitencia.
Ahora
podríamos
expiar
nuestras
culpas
fácilmente,
y
con
gran
mérito
nuestro:
una
confesión
bien
hecha,
una
misa
bien
oída,
un
trabajo
sufrido
con
paciencia,
una
ligera
mortificación,
una
limosna,
una
indulgencia,
un
Vía
Crucis
hecho
con
devoción,
podría
evitarnos
espantosos
suplicios:
y
nosotros
todo
lo
descuidamos,
todo
lo
dejamos
para
la
otra
vida.
¿Acaso
Hemos
olvidado
lo
horribles
que
son
y
cuánto
tiempo
duran
aquellos
tormentos?
¿No
sabemos
que,
según
afirman
ciertos
autores,
fundados
en
revelaciones
muy
respetables,
varias
de
aquellas
almas
han
estado
siglos
enteros
en
el
Purgatorio,
y
otras
estarán
allí
hasta
el
día
del
juicio
final?
¡Qué
gran
insensatez
la
nuestra!
Las
Almas,
dice
San
Cirilo
de
Jerusalén,
querrían
mejor
sufrir
hasta
el
fin
del
mundo
todos
los
tormentos
de
esta
vida,
que
pasar
una
sola
hora
en
el
Purgatorio;
y
nosotros
queremos
más
arder
siglos
enteros
en
el
Purgatorio,
que
mortificarnos
en
esta
vida
un
solo
momento.
¡Qué
gran
absurdo!
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
SÉPTIMO
Descuido
de
los
mortales
en
aliviar
a
las
Almas
del
Purgatorio
Punto
Primero.
-‐
¡Pobres
almas!
¡Están
padeciendo
tormentos
y
penas
inexplicables:
no
pueden
merecer,
ni
esperar
alivio
sino
de
los
vivos;
y
éstos,
nosotros,
ingratos,
no
cuidamos
de
ellas!
Tienen
ellas
en
el
mundo
tantos
hermanos,
parientes
y
amigos,
y
no
hallan,
como
José,
un
Rubén
piadoso
que
las
saque
de
aquella
profunda
cisterna.
Sus
tinieblas
son
más
dolorosas
que
la
ceguedad
de
Tobías,
y
no
encuentran
un
Rafael
que
les
dé
la
vista
deseada,
para
contemplar
el
rostro
hermosísimo
de
Dios.
Se
abrasan
en
más
ardiente
sed
que
el
criado
de
Abraham,
y
no
hallan
una
solícita
Rebeca
que
se
la
alivie.
Son
infinitamente
más
desgraciadas
que
el
caminante
de
Jericó
y
el
paralítico
del
Evangelio.
Pero
no
encuentran
un
samaritano
u
otra
persona
compasiva
que
las
consuele.
¡Pobres
almas!
¡Qué
gran
tormento
es
para
ustedes
este
olvido
de
los
mortales!
¡Podrían
tan
fácilmente
aliviarlas
y
libertarlas
del
Purgatorio;
bastaría
una
misa,
una
Comunión
y
un
Vía
Crucis,
una
indulgencia
que
aplicasen;
y
nadie
se
preocupa
de
ofrecerlas
por
ustedes!
¿Y
quiénes
son
esos
ingratos?
¡Son
sus
mismos
parientes
y
amigos,
sus
mismos
hijos!.
Ellos
se
alimentan
y
recrean
con
los
bienes
o
posibilidades
que
ustedes
les
dejaron,
y
ahora,
como
desconocidos,
no
se
acuerdan
ya
de
ustedes.
¡Pobres
almas!
Con
mucha
más
razón
que
David
pueden
ustedes
decir:
si
alguien
que
no
hubiese
nunca
recibido
ningún
favor
de
mi
parte,
si
un
enemigo
me
tratara
así
por
doloroso
que
me
fuera,
podría
soportarlo
con
paciencia:
¡pero
tú,
hijo
mío,
hermano,
pariente,
amigo,
que
me
debes
tantos
beneficios;
tú,
hijo
mío,
por
quien
pasé
tantos
dolores
y
no-‐
ches
tan
malas;
tú,
esposo;
tú,
esposa
mía,
que
tantas
pruebas
recibiste
de
mi
amor,
siendo
objeto
de
mis
desvelos
y
blanco
de
mis
incesantes
favores:
que
tú
me
trates
así;
que,
descuidando
los
sufragios
que
tanto
te
encargué
me
dejes
en
este
fuego,
sin
querer
socorrerme!
¡Ésta
sí
que
es
una
ingratitud
y
crueldad
superior
a
todo
lo
que
podemos
pensar!
Punto
Segundo.-‐
¡Pobres
almas!
Pero
más
pobres
e
infelices
seremos
nosotros,
si
no
las
socorremos.
Acuérdate,
nos
gritan
los
difuntos
a
nosotros,
de
cómo
he
sido
yo
juzgado:
porque
así
mismo
lo
serás
tú:
A
mí
ayer;
a
ti
hoy.
Tú
también
serás
del
número
de
los
difuntos,
y
tal
vez
muy
pronto.
Y
por
rico
y
poderoso
que
seas,
¿qué
sacarás
de
este
mundo?
Lo
que
nosotros
sacamos,
y
nada
más:
las
obras.
Si
son
buenas,
¡qué
consuelo!
Si
malas,
¡qué
desesperación!
Como
tú
hayas
hecho
con
nosotros,
harán
contigo.
¿Lo
oyes?
Si
ahora
eres
duro
e
insensible
con
las
benditas
Almas
del
Purgatorio,
duros
e
insensibles
serán
contigo
los
mortales,
cuando
tú
hayas
dejado
de
existir.
Y
no
es
éste
el
parecer
de
un
sabio;
es
el
oráculo
de
la
Sabiduría
infinita,
que
nos
dice
en
San
Mateo:
Con
la
misma
medida
con
que
midiereis,
seréis
medidos.
Sí;
del
mismo
modo
que
nos
hu-‐
biésemos
portado
con
las
almas
de
nuestros
prójimos,
se
portarán
los
mortales
también
con
nosotros.
¡Ay
de
aquel
que
no
hubiese
practicado
misericordia,
porque
le
espera,
dice
el
apóstol
Santiago,
un
juicio
sin
misericordia.
¿Y
no
tiemblas
tú,
insensible
para
con
los
difuntos?
Si
lleno
de
indignación,
el
Juez
supremo
arroja
al
infierno
al
que
niega
la
limosna
a
un
pobre,
que
tal
vez
era
enemigo
de
Dios
por
el
pecado,
¿con
cuánta
justicia
y
rigor
condenará
al
que
niegue
a
sus
amadísimas
esposas
los
sufragios
de
los
bienes
que
les
pertenecían?
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
OCTAVO
Cómo
recompensará
el
Señor
a
los
devotos
de
las
benditas
Ánimas
Punto
Primero.-‐Supongamos
que,
movidos
por
estas
meditaciones,
hacemos
una
sincera
y
completa
confesión,
y
ganan-‐
do
la
indulgencia
plenaria
de
este
santo
novenario,
sacamos
un
alma
del
Purgatorio.
¡Qué
grande
será
nuestra
dicha!
Si
perseveramos,
¡qué
gran
retribución
recibiremos
en
el
cielo!
Si
los
reyes
de
la
tierra,
siendo
miserables
mortales,
recompensan
con
tanta
generosidad
al
que
libra
a
uno
de
sus
súbditos
de
un
gran
peligro,
o
expone
su
vida
sirviendo
generosamente
a
los
apestados,
¿cómo
será
el
premio
que
dará
el
Señor
al
que
libre
a
una
o
más
almas
de
las
llamas
del
Purgatorio?
Hagamos
esta
comparación:
Padres
y
madres,
si
un
hijo
de
ustedes
cayese
en
un
río
o
en
un
fuego,
y
alguien
lo
rescatara
y
se
los
devolviese
vivo,
¿cómo
lo
agradecerían?
Si
ustedes
fueran
ricos
y
potentados,
y
esa
persona
fuera
pobre,
¿cómo
lo
premiarían?
Ahora
bien:
¿qué
comparación
puede
haber
entre
el
cariño
del
padre
más
amoroso
con
el
amor
que
Dios
profesa
a
aquellas
almas,
que
son
sus
hijas
amadas?
¿Qué
son
todos
los
peligros
y
males
de
este
mundo,
comparados
con
las
penas
del
Purgatorio?
¿Y
qué
comparación
puede
haber
entre
el
poder
y
la
generosidad
de
un
miserable
mortal
y
el
poder
y
la
generosidad
infinitos
de
Dios,
que
promete
un
inmenso
premio
de
gloria
por
la
visita
hecha
a
un
preso,
a
un
enfermo,
o
por
un
vaso
de
agua
dado
a
un
pobre
por
su
amor?
¡Cristianos!
No
dudemos
decir
que
se
ve
como
asegurada
nuestra
salvación,
si
logramos
sacar
una
sola
alma
del
Purgatorio.
Sabiendo
esto,
¿no
haremos
lo
posible
para
lograrlo?
Punto
Segundo.
-‐
No
pensemos
que
estas
sean
sólo
unas
reflexiones
piadosas;
es
una
promesa
formal
de
Jesucristo,
Verdad
Eterna,
que
no
puede
faltar
a
su
palabra.
¿No
nos
dice
en
el
sagrado
Evangelio:
Bienaventurados
los
miseri-‐
cordiosos,
porque
ellos
alcanzarán
misericordia?
Fundado
en
estas
palabras
infalibles,
dice
San
Gregorio:
"Yo
no
sé
que
se
haya
condenado
ninguno
que
haya
usado
de
misericordia
con
el
prójimo".
Dios
quiere
mucho
a
las
almas;
todo
cuanto
se
hace
por
ellas,
lo
mira,
agradece
y
premia
como
si
a
El
mismo
se
le
hiciera;
En
verdad
os
digo
que
todo
cuanto
habéis
hecho
con
uno
de
esos
pequeños
hermanos
míos,
lo
habéis
hecho
conmigo.
Qué
dichosos
somos
los
cristianos;
si
socorremos
a
las
pobres
Ánimas
del
Purgatorio,
un
día
nos
dirá
nuestro
generosísimo
Juez:
“venid,
benditos
de
mi
Padre.
Aquellas
pobres
almas
tenían
hambre,
y
vosotros
comulgando
las
habéis
alimentado
con
el
pan
de
vida
de
mi
sacratísimo
Cuerpo;
morían
de
sed,
y
asistiendo
o
haciendo
celebrar
misas,
les
habéis
dado
a
beber
mi
Sangre
preciosísima;
estaban
desnudas,
y
con
vuestras
oraciones
y
sufragios
las
habéis
vestido
con
una
estola
de
inmortalidad;
gemían
en
la
más
triste
prisión,
y
con
vuestros
méritos
e
indulgencias
las
habéis
sacado
de
ella”.
"Y
no
es
precisamente
a
las
Ánimas
a
quienes
habéis
hecho
estos
favores;
a
Mí
me
los
habéis
hecho:
Conmigo
lo
hicisteis:
pues
todo
cuanto
hicisteis
por
ellas,
Yo
lo
miro
por
tan
propio
como
si
lo
hubieseis
hecho
por
Mí
mismo.
Por
tanto,
venid,
benditos
de
mi
Padre,
a
recibir
la
corona
de
gloria
que
os
está
preparada
en
el
cielo".
¿No
quisiéramos,
cristianos,
lograr
semejante
dicha?
Está
en
nuestras
manos.
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
MEDITACIÓN
DIA
NOVENO
Agradecimiento
de
las
benditas
Ánimas
para
con
sus
devotos
Punto
Primero.
–
Llegamos
hoy
al
día
feliz;
hoy,
con
las
Comuniones
y
sufragios
que
los
fieles
han
ofrecido
al
Señor,
no
sólo
en
ésta,
sino
en
tantas
otras
iglesias,
muchas
de
aquellas
almas,
ayer
tan
afligidas
y
desgraciadas,
han
pasado
a
ser
dichosos
habitantes
y
príncipes
felices
de
la
Corte
celestial.
Ya
ven
cara
a
cara
la
Hermosura
y
Majestad
infinita;
ya
poseen
a
Dios,
que
contiene
en
sí
cuanto
hay
de
amable,
de
grande,
delicioso
y
perfecto.
Su
entendimiento
ya
no
puede
experimentar
ni
más
alegría,
ni
más
suavidad,
ni
más
dicha.
Si
pudiésemos
entrar
hoy
en
aquella
dichosa
patria
y
contemplar
el
paso
de
aquellos
Bienaventurados!
¡Qué
alegría,
qué
abrazos
se
dan
tan
afectuosos!
¡Qué
cánticos
entonan
en
acción
de
gracias
al
Dios
de
las
misericordias
y
a
los
generosos
cristianos
que
las
han
sacado
del
Purgatorio!
¡Cómo
dan
por
bien
empleadas
las
penas
que
en
este
mundo
padecieron!
¡Con
qué
alegría
está
diciendo
cada
una
de
ellas:
Dichosas
confesiones
y
comuniones;
dichosas
las
misas
que
oía,
las
limosnas,
oraciones,
penitencias
y
obras
buenas
que
yo
practicaba;
dichosas
las
burlas
y
escarnios
que
yo
sufría
por
ser
practicante!
!Y
con
qué
generosidad
pagas,
Señor,
hasta
los
sacrificios
más
pequeños
e
insignificantes
que
hice
por
tu
amor!
¿No
quisiéramos
nosotros
tener
nosotros
la
misma
suerte?
Entonces
luchemos
contra
las
pasiones;
que
sin
luchar
no
se
alcanza
la
victoria;
sin
pena,
no
hay
felicidad.
Punto
Segundo.-‐
!Y
qué
dicha,
cristiano,
la
tuya,
si
has
logrado
librar
del
Purgatorio
a
alguna
de
aquellas
almas!
El
cielo
debe
a
tus
sufragios
el
nuevo
regocijo
y
la
nueva
gloria
accidental
que
ahora
experimenta.
Y
aquellas
almas
dichosas
te
deben
la
libertad,
y
con
ella
la
posesión
de
una
felicidad
infinita.
¿Cómo
no
suplicarán
fervorosamente
a
Dios
por
ti?
¿Cómo
no
van
a
socorrerte
en
cualquier
necesidad
que
te
encuentres?
¿Qué
empeño
pondrán
en
conseguirte
las
gracias
necesarias
para
vencer
las
tentaciones,
adquirir
las
virtudes
y
triunfar
de
los
vicios?
Y
si
alguna
vez
te
vieres
en
peligro
de
pecar
y
de
caer
en
el
infierno,
¡con
cuánto
celo
esas
almas
dirán
al
Señor:
¿Vas
a
permitir,
oh
Dios,
que
se
pierda
eternamente
un
cristiano
que
me
ha
librado
a
mí
de
tan
horribles
penas?
¿No
prometiste
que
alcanzarían
misericordia
los
que
la
tuvieran
con
el
prójimo?
¿Consentirías
ahora
que
cayese
en
el
in-‐
fierno
aquel
que
con
sufragios
me
abrió
las
puertas
del
cielo?
¡Dichoso
cristiano,
cuántos
envidian
tu
dicha!
Persevera,
y
tienes
segura
la
palma
de
la
gloria.
Medita
un
poco
lo
dicho;
encomienda
a
Dios
las
Animas
de
tu
mayor
obligación,
y
pide,
por
la
intercesión
de
María
Santísima,
la
gracia
que
deseas
conseguir
en
esta
novena.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
NOVENA
BREVE
DE
SAN
BENITO
PARA
PEDIR
UNA
GRACIA
Rezar
durante
nueve
días
consecutivos
la
siguiente
oración:
OH
San
Benito,
mi
protector
bondadoso
y
de
cuantos
van
a
ti
en
sus
apuros.
Intercede
por
mí
a
Dios
para
que
alivie
mis
sufrimientos
y
dificultades
que
ahora
me
agobian
(pídase
aquí
la
gracia
que
se
desea
obtener)
Te
lo
pido
con
toda
confianza.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria
NOVENA
AL
SANTÍSIMO
SACRAMENTO
Bendito
y
alabado
sea
el
Santísimo
Sacramento
del
Altar,
y
la
Inmaculada
Concepción
de
María
Santísima,
Madre
de
Dios
y
Señora
nuestra,
concebida
sin
pecado
original
en
el
primer
instante
de
su
ser.
Amén.
Acto
de
contrición.
Dulcísimo
Jesús
Sacramentado,
en
quien
creo,
en
quien
espero,
a
quien
adoro
y
amo
sobre
todas
las
cosas;
penetrado
del
más
vivo
dolor
de
haberos
ofendido,
recurro
a
vuestros
pies
y
presencia
santísima,
conociendo
que
he
pecado
delante
del
cielo
y
contra
Vos,
y
por
ser
quien
sois,
Bondad
infinita,
me
pesa
una
y
mil
veces
de
haberos
ofendido.
Recibid,
Señor,
la
contrición
de
mis
pecados,
y
aumentadla
y
perfeccionadla
para
que
sea
firme
el
propósito
que
hago
de
nunca
más
volver
a
ofenderos,
y
de
confesarme
debidamente.
Y
en
reconocimiento
de
la
misericordia
que
espero
me
habéis
de
conceder,
admíteme
a
vuestra
gracia,
quiero
dedicarme
a
vuestro
servicio
en
el
Santísimo
Sacramento,
en
donde
os
alabaré
y
bendeciré
toda
mi
vida.
Amén.
Rezar
la
oración
del
día
que
corresponda.
DÍA
PRIMERO
Soberano
y
eterno
Dios,
en
cuya
presencia
están
llenos
de
respeto
los
más
altos
serafines;
y
maravillados
de
vuestra
infinita
grandeza
no
hacen
más
que
repetir:
Santo,
Santo,
Santo;
que
habéis
querido
encerrar
en
la
Sagrada
Eucaristía
todas
vuestras
perfecciones:
dignaos
recibir
en
señal
de
mi
agradecimiento
todas
las
alabanzas
que
os
dieron
y
dan
todos
los
espíritus
bienaventurados
desde
su
creación,
y
todos
los
santos
desde
que
entraron
en
vuestra
gloria,
y
las
que
os
dan
y
darán
todas
las
criaturas
desde
el
principio
del
mundo
por
toda
la
eternidad;
os
pido
humildemente
alumbréis
mi
alma
con
una
fe
muy
viva,
para
que
conociendo
vuestras
finezas
en
el
Santísimo
Sacramento,
sepa
tributaros
continuas
acciones
de
gracias
y
la
más
profunda
adoración.
Amén.
DÍA
SEGUNDO
Soberano
Señor
y
Rey
eterno,
que,
estando
en
el
cielo
a
la
diestra
del
Padre
con
universal
imperio
y
señorío
sobre
todos
los
Santos,
y
Espíritus
bienaventurados,
cantándoos
perpetuas
alabanzas,
y
reconociéndoos
por
verdadero
Rey
y
Señor,
quisisteis
humillaros
en
el
Santísimo
Sacramento
del
altar,
encubriendo
toda
vuestra
grandeza
bajo
el
velo
de
los
accidentes,
os
suplico
con
la
mayor
humildad
vengáis
a
mi
alma,
como
poderoso
Rey,
destruyáis
todos
mis
enemigos
que
son
mis
vicios,
e
imprimáis
firmemente
en
ella
vuestras
divinas
leyes,
y
prometo
seros
fiel,
obedeceros
y
adoraros
en
espíritu
y
verdad
por
toda
mi
vida.
Amén.
DÍA
TERCERO
Dulcísimo
Señor
y
vigilante
Pastor
de
mi
alma,
que
no
contento
con
haberme
buscado
y
llevado
sobre
vuestros
hombros
como
oveja
perdida,
quisisteis
quedaros
en
el
Santísimo
Sacramento
para
daros
en
pasto
a
las
fieles
ovejas
y
que
comiesen
la
misma
carne,
y
bebiesen
la
preciosa
sangre
de
vuestro
sagrado
cuerpo,
cumpliendo
de
esta
manera
y
con
excelencia
los
oficios
de
verdadero
Pastor,
haced
que
arrepentido
ya
de
haberos
hecho
trabajar
en
buscarme,
por
haberme
huido
de
Vos
tantas
veces,
de
aquí
en
adelante
me
deje
guiar
y
gobernar
por
vuestra
gracia,
y
apacentada
mi
alma
con
tan
divino
manjar,
jamás
vuelva
a
caer
en
las
garras
de
la
fiera
pésima
de
la
culpa.
Amén.
DÍA
CUARTO
Amabilísimo
Señor
y
Jesús
mío,
que
quisisteis
dar
a
conocer
vuestra
misericordia
llamándoos
Médico
y
para
que
sanásemos
de
todas
las
enfermedades
de
nuestra
alma
os
dignasteis
dejar
en
la
Iglesia
la
preciosa
medicina
de
vuestra
propia
carne
y
sangre:
compadeceos
Médico
divino
de
todos
mis
males.
Mirad
Señor,
que
hace
muchos
años
que
los
padezco;
pero
si
vos
queréis,
podéis
en
este
instante
mismo
limpiarme
de
toda
mi
lepra:
oigo
interiormente
aquel
piadoso
quiero
con
que
sanasteis
al
leproso;
y
si
sanó
también
la
enferma
del
flujo
de
sangre
tocando
la
orilla
de
vuestro
vestido,
sane
yo
de
todas
mis
dolencias
tocando
y
recibiendo
dignamente
vuestra
misma
carne,
y
logre
así
la
salud
para
siempre.
Amén.
DÍA
QUINTO
Sapientísimo
Señor
y
Maestro
de
mi
alma,
que
después
de
haber
hablado
tantas
veces
y
de
tantas
maneras
a
vuestro
antiguo
pueblo
por
medio
de
los
profetas
quisisteis
hablar
y
enseñar
por
Vos
mismo
a
los
hijos
de
la
Iglesia,
estableciendo
vuestra
perpetua
cátedra
en
el
Santísimo
Sacramento,
a
donde
como
a
verdadero
monte
de
Dios
y
casa
de
Jacob
convidáis
a
todos
para
que
os
oigan,
comunicando
los
tesoros
de
sabiduría
y
ciencia
que
en
Vos
se
encierran;
apiadaos,
o
dulcísimo
Maestro
mío,
de
mi
rudeza
e
ignorancia,
y
dignaos
comunicar
a
mi
entendimiento
luz
para
que
aprenda
a
cumplir
vuestros
mandamientos,
enseñándome
al
mismo
tiempo
a
conoceros
y
a
conocerme,
para
que
en
todos
sepa
ejecutar
siempre
vuestra
divina
voluntad.
Amén.
DÍA
SEXTO
Omnipotente
Señor
y
Padre
amabilísimo,
que
siendo
dueño
universal
de
todo
lo
criado
tenéis
tanto
amor
a
los
hombres,
que
los
adoptáis
por
hijos,
y
queréis
que
lo
sean
y
se
llamen
así,
preparándoles
en
la
mesa
divina
el
pan
del
cielo
para
su
alimento:
despertando
mi
alma
del
olvido
en
que
ha
vivido,
me
presento
a
vuestra
soberana
presencia,
y
cual
si
fuese
aquel
pródigo
del
Evangelio
recurro
a
Vos
confiado
en
que
sois
mi
Padre,
aunque
he
perdido
tantas
veces
la
preciosa
cualidad
de
hijo
vuestro.
¡Oh
si
pudiera
dar
una
voz
de
verdadero
dolor
de
mis
pecados,
que
penetrando
los
cielos
se
oyera
por
todas
partes
que
he
pecado
contra
mi
buen
padre!
Humildemente
os
pido
me
perdonéis,
y
me
recibáis
en
vuestra
gracia,
admitiéndome
al
convite
de
vuestro
divino
Sacramento,
para
permanecer
en
ella
hasta
el
fin
de
mi
vida.
Amén.
DÍA
SÉPTIMO
Benignísimo
Señor
y
huésped
divino
de
mi
alma,
que
siendo
los
cielos
corto
espacio
para
vuestra
grandeza
gustáis
de
hospedaros
en
la
pobre
casa
de
mi
corazón,
y
para
facilitarme
tanta
dicha
habéis
querido
quedaros
en
el
Santísimo
Sacramento,
dignaos,
Señor,
que
así
como
enriquecisteis
a
la
Reina
de
los
ángeles
María
Santísima
con
innumerables
gracias
y
dones,
porque
la
escogisteis
para
morada
vuestra,
a
proporción
derraméis
sobre
mí
las
riquezas
de
vuestras
misericordias
para
que,
siendo
yo
templo
vuestro,
pueda
recibiros
dignamente,
y
conservar
siempre
en
mí
la
santidad
que
necesito.
Amén.
DÍA
OCTAVO
Dios
y
Señor
enamorado
de
las
almas,
ya
que
tanto
nos
aseguráis
que
tenéis
todas
las
delicias
en
estar
con
los
hombres,
y
en
señal
de
tanta
fineza
dijisteis
a
los
Apóstoles
después
de
haberles
dado
la
Comunión:
"Ya
no
os
llamaré
siervos,
sino
amigos
míos";
y
lo
mismo
decís
en
este
Sacramento
a
todos
los
cristianos
que
os
reciben
dignamente.
Por
esta
amistad,
Señor,
os
pido
que
excitéis
en
mi
corazón
los
más
vivos
afectos
de
amor
y
de
ternura
para
que
no
ame
otra
cosa
sino
a
Vos,
ni
piense
en
otra
cosa
mas
que
en
visitaros
y
adoraros,
regalándome
siempre
con
el
trato
de
tan
buen
Amigo,
hasta
que
goce
de
vuestra
clara
vista
en
la
gloria.
Amén.
DÍA
NOVENO
Dulcísimo
Jesús
sacramentado,
que
habéis
querido
en
la
Sagrada
Eucaristía
señalaros
con
los
títulos
de
mayor
consuelo
para
nosotros,
queriendo
también
que
en
este
misterio
os
reconozcamos
por
Esposo
fiel
y
amante
de
nuestras
almas;
haced
Señor,
que
yo
corresponda
a
tanta
fineza,
y
que
me
prepare
con
las
vestiduras
nupciales
para
asistir
dignamente
a
tan
santo
desposorio,
y
poderlo
celebrar
después
eternamente
en
la
gloria.
Amén.
ORACIONES
PARA
CONCLUIR
CADA
DÍA
Rezar
seis
padrenuestros,
seis
avemarías
y
seis
glorias
al
Santísimo.
Terminar
con
las
siguientes
oraciones:
Afectos.
Vos
sois
mi
Dios,
y
os
confesaré
siempre
en
este
Santísimo
Sacramento.
Vos
sois
mi
Dios,
y
os
exaltare.
Os
confesaré
siempre,
porque
os
habéis
dignado
oír
mis
súplicas
en
este
lugar
de
propiciación.
Glorificaré
vuestro
santo
nombre
eternamente,
porque
así
manifestáis
sobre
mí
vuestra
misericordia.
Vos
solo
sois
Dios,
y
no
hay
otro
fuera
de
Vos.
Vos
solo
Santo,
sólo
Señor,
y
sólo
Altísimo.
Vos
esplendor
del
Padre
y
figura
de
su
sustancia.
Iluminad
mi
entendimiento
y
abrasad
mi
corazón
con
vuestro
divino
amor.
Hacer
aquí
la
petición
que
se
desea
alcanzar
con
la
novena.
ORACIÓN.
Dulcísimo
Jesús
Sacramentado,
que
obligado
de
vuestra
infinita
caridad
quisisteis
enriquecer
a
la
Iglesia
con
el
preciosísimo
tesoro
de
vuestro
Cuerpo
y
Sangre
para
ser
en
la
Eucaristía
Rey
que
nos
gobierne,
Pastor
que
nos
dirija,
Médico
que
nos
ame,
Huésped
que
nos
enriquezca,
Amigo
que
nos
consuele,
y
Esposo
que
nos
haga
felices
para
siempre;
haced,
Señor,
que
yo
logre
en
este
Sacramento
tan
singulares
misericordias,
y
que
reconociendo
en
él
vuestra
real
presencia,
acuda
a
adoraros
frecuentemente
en
espíritu
de
verdad
para
desagraviaros
del
olvido
que
padecéis
en
las
Iglesias,
y
para
recompensar
las
injurias
que
recibís
de
los
infieles
y
herejes,
y
de
los
malos
cristianos
con
sus
comuniones
sacrílegas.
Y
ya
que
son
tan
pobres
mis
afectos,
yo
os
ofrezco
todas
las
adoraciones
que
os
tributan
los
bienaventurados,
y
las
alabanzas
que
os
dio
en
la
tierra,
y
os
está
dando
en
el
cielo
la
Reina
de
los
ángeles
María
Santísima.
Recibidme,
Señor,
por
perpetuo
esclavo
vuestro,
y
haced
que
lo
acredite
en
la
reverencia
con
que
os
adore,
y
en
el
cielo
con
que
promueva
vuestras
alabanzas,
pidiéndoos
que
socorráis
las
necesidades
en
que
se
halla
la
santa
Iglesia,
y
que
miréis
con
perpetua
misericordia
a
este
vuestro
católico
pueblo.
Destruid
las
herejías,
convertid
a
los
pecadores
y
perfeccionad
a
los
justos.
Abrid,
Señor,
vuestra
mano
generosísima,
y
compadecido
de
mis
necesidades
espirituales
y
temporales,
dadme
el
remedio
que
en
todo
necesito,
que,
santificado
con
vuestra
gracia,
os
alabe
por
todos
los
siglos
en
la
gloria.
Amén.
¡Oh
sacrificio
y
hostia
saludable
Que
las
puertas
del
cielo
nos
franqueas!
La
lucha
nos
oprime
formidable;
Todo
nuestro
favor
y
esfuerzo
seas.
V.
Les
disteis,
Señor,
el
Pan
del
cielo.
R.
Que
encierra
en
sí
todo
deleite.
ORACIÓN
FINAL.
O
Dios,
que
nos
dejaste
la
memoria
de
tu
Pasión
en
este
admirable
Sacramento;
concédenos
que
de
tal
suerte
veneremos
los
sagrados
misterios
de
tu
cuerpo
y
sangre,
que
experimentemos
continuamente
en
nosotros
el
fruto
de
tu
redención.
Que
vives
y
reinas
con
Dios
Padre
en
unidad
del
Espíritu
Santo,
Dios
por
todos
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
OCTAVARIO
BREVE
AL
SANTÍSIMO
SACRAMENTO
ACTO
DE
CONTRICIÓN
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Señor
mío
Jesucristo,
que
por
el
amor
que
tenéis
a
los
hombres
estáis
de
noche
y
de
día
en
este
Sacramento,
todo
lleno
de
piedad
y
de
amor,
esperando,
llamando
y
recibiendo
a
todos
los
que
vienen
a
visitaros:
yo
creo
que
estáis
presente
en
el
Augusto
Misterio
del
altar,
os
adoro
desde
el
abismo
de
mi
nada
y
os
doy
gracias
por
todas
las
mercedes
que
me
habéis
hecho,
especialmente
por
haberme
dado
en
este
Sacramento
vuestro
cuerpo,
vuestra
sangre,
vuestra
alma
y
vuestra
dignidad,
por
haberme
concedido
como
abogada
a
vuestra
Santísima
Madre
la
Virgen
María,
y
por
haberme
llamado
a
visitaros
en
este
lugar
santo.
Adoro
vuestro
amantísimo
Corazón,
y
deseo
adorarle
con
tres
fines:
el
primero,
en
agradecimiento
de
esta
tan
preciosa
dádiva;
el
segundo,
para
desagraviaros
de
todas
las
injurias
que
habéis
recibido
de
vuestros
enemigos
en
este
Sacramento,
y
el
tercero,
porque
deseo
en
esta
visita
adoraros
en
todos
los
lugares
de
la
tierra,
donde
estáis
sacramentado
con
menos
culto
y
más
olvido.
¡Jesús
mío!,
os
amo
con
todo
mi
corazón;
pésame
de
haber
tantas
veces
ofendido
en
lo
pasado
a
vuestra
infinita
Bondad;
propongo,
ayudado
de
vuestra
gracia,
enmendarme
en
lo
venidero;
y
ahora,
miserable
como
soy,
me
consagro
todo
a
Vos;
os
doy
y
entrego
toda
mi
voluntad,
mis
afectos
mis
deseos
y
todo
cuanto
me
pertenece.
De
hoy
en
adelante
haced,
Señor,
de
mí
y
de
mis
cosas
todo
lo
que
os
agrade.
Lo
que
yo
quiero
y
os
pido
es
vuestro
Santo
Amor,
la
perfecta
obediencia
a
vuestra
santísima
voluntad
y
la
Perseverancia
final.
Os
encomiendo
las
almas
del
Purgatorio,
especialmente
las
más
devotas
del
Santísimo
Sacramento
y
de
María
Inmaculada,
y
os
ruego
también
por
todos
los
pobres
pecadores.
En
fin,
amado
Salvador
mío,
uno
todos
mis
afectos
y
deseos
con
los
de
vuestro
amorosísimo
Corazón,
y
así
unidos
los
ofrezco
a
Vuestro
Eterno
Padre
y
le
pido
en
vuestro
nombre
que
por
vuestro
amor
los
acepte
y
los
mire
benignamente.
Amén.
Rezar
seis
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias
y
la
comunión
espiritual.
COMUNIÓN
ESPIRITUAL
Oh
Jesús
mío,
creo
que
estáis
en
el
Santísimo
Sacramento;
os
amo
sobre
todas
las
cosas
y
deseo
recibiros
dentro
de
mi
alma.
Ya
que
ahora
no
puedo
hacerlo
sacramentalmente
venid
a
lo
menos
espiritualmente
a
mi
corazón.
Como
si
ya
hubieseis
venido,
os
abrazo
y
me
uno
todo
a
Vos;
no
permitáis
jamás
que
vuelva
a
abandonaros.
-‐
De
la
desgracia
de
recibir
indignamente
vuestro
Cuerpo
y
Sangre,
líbranos,
Señor.
-‐
De
la
concupiscencia
de
la
carne,
líbranos,
Señor.
-‐
De
la
concupiscencia
de
los
ojos,
líbranos
Señor.
-‐
De
la
soberbia
de
la
vida,
líbranos,
Señor.
-‐
De
toda
ocasión
de
ofenderos,
líbranos,
Señor.
-‐
Jesús,
oídnos.
-‐
Jesús,
escuchadnos.
V.
Les
habéis
dado
un
pan
venido
del
cielo.
R.
Un
pan
que
encierra
toda
dulzura.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda:
DÍA
PRIMERO
¡Oh
Dios,
que
en
el
admirable
Sacramento
nos
dejasteis
una
memoria
de
vuestra
Pasión!,
os
rogamos,
Señor,
nos
concedáis
que
de
tal
manera
veneremos
los
misterios
de
vuestro
Cuerpo
y
Sangre
que
perennemente
sintamos
en
nosotros
el
fruto
de
vuestra
redención:
Vos
que
vivís
y
reináis
con
Dios
Padre,
en
unión
del
Espíritu
Santo.
Dios
por
todos
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Alabado
y
bendito
sea
para
siempre
y
a
cada
instante
cl
Divino
Santísimo
Sacramento
del
Altar.
DÍA
SEGUNDO
Dulcísimo
Jesús
Sacramentado,
ya
que
todo
lo
puedes,
remedia
mi
impotencia.
Sin
Ti,
ni
tan
siquiera
puedo
pronunciar
tu
dulcísimo
Nombre.
Ya
que
os
dignáis
aceptar
mis
humildes
adoraciones,
haced
que
cada
día
sean
menos
indignas
de
Vos.
Os
lo
pido,
Señor,
por
mediación
de
la
Santísima
Virgen
María,
vuestra
dulcísima
Madre
y
Madre
mía
también,
y
de
mi
Padre
el
Patriarca
San
José
y
de
San
Pascual
Bailón,
nuestros
Patronos
y
Protectores
de
nuestra
obra
de
adoración.
¡Oh
buen
Jesús,
que
vives
y
reinas
por
los
siglos
de
los
siglos!
Amén.
DÍA
TERCERO
Soberano
Señor
Sacramentado,
yo
creo
en
Ti,
espero
en
Ti,
te
amo
con
todo
mi
corazón.
La
memoria
de
mis
pecados
oprime
mi
alma
con
un
vivo
dolor.
Concédeme
el
perdón
y
la
paz
de
una
reconciliación
perpetua.
La
vista
de
las
virtudes
que
me
faltan
y
que
sinceramente
debo
adquirir,
juntamente
con
mi
debilidad
e
impotencia,
me
llenan
de
angustiosa
ansiedad.
Concédeme,
Señor,
la
victoria
sobre
mí
mismo
y
las
virtudes
que
necesito,
para
que
mi
adoración
sea
pura,
perfecta
y
santa.
Os
lo
pido
por
mediación
del
Sagrado
Corazón
de
María,
mi
Madre,
y
por
tu
Sagrado
Corazón,
dulcísimo
Jesús,
que
vives
y
reinas
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
DÍA
CUARTO
Virgen
Santísima,
pon
en
mis
labios
y
en
mi
corazón
el
Magnificat
de
tu
eterna
gratitud
a
Nuestro
Señor
Jesús,
tu
Hijo
Santísimo.
Alabado
sea
tu
santo
Nombre.
¡Oh
María,
Madre
de
la
Eucaristía!,
adoctríname
en
el
amor
de
Jesús
Sacramentado;
introdúceme
en
el
Sagrado
Corazón
Eucarístico
para
que
en
Él
y
por
Él
dé
gracias
sin
fin
al
Eterno
Pa
dre,
que
con
el
Verbo
Encarnado
y
el
Espíritu
Santo
vive
y
reina
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
DÍA
QUINTO
¡Oh
radiante
Sol
de
la
Eucaristía!
Con
perfección
infinitamente
mayor
que
el
sol
de
la
tierra,
Tú
iluminas,
enciendes
y
fecundas
el
mundo
sobrenatural
de
nuestras
almas.
Tú
conviertes
nuestro
ser
terreno
en
otro
ser
celestial
y
divino.
Vuelve
a
nosotros
como
vencedor
de
las
densas
sombras
de
la
falsa
humildad,
del
temor
servil
con
que
la
herejía
quiso
apartar
de
Ti
a
las
almas.
Despierta
en
tu
pueblo
la
antigua
vida
eucarística,
vida
de
luz
y
de
amor,
de
sacrificio
y
de
alegría,
principio
y
continuación
de
la
eterna
vida,
que
es
adorarte,
servirte
y
amarte
en
tus
tabernáculos
para
continuar
nuestra
vida
de
adoración
en
los
cielos.
Amén.
DÍA
SEXTO
¡Oh
Soberano
Señor
Sacramentado!
Por
un
deber
y
un
estímulo
de
mi
conciencia,
deseo
con
toda
mi
alma
reparar
el
mal
de
mis
pecados
e
ingratitudes
cometidos
contra
Vos.
Por
un
deber
de
caridad
con
mis
prójimos,
deseo
reparar
todas
sus
ofensas,
desagraviar
vuestro
Divino
Corazón,
consolaros
y
atraer
vuestro
Divino
Corazón,
consolaros
y
atraer
vuestro
perdón
sobre
mí
y
sobre
mis
hermanos,
sobre
todos
los
hombres.
A
ello
me
mueve
el
amor
que
os
profeso
sobre
todas
las
cosas,
con
todo
el
afecto
de
mi
corazón,
porque
quiero
veros
triunfante,
bendecido
y
alabado
de
todos
los
corazones.
Uno
mis
deseos
a
vuestra
reparación
infinita
en
el
Santísimo
Sacramento,
mis
pensamientos
y
mis
obras,
y
sobre
todas
ellas,
tu
adoración
perpetua,
Real
y
Universal.
Las
uno
a
mi
Madre
Reparadora
y
por
su
Mediación
os
pido,
con
humildad
y
confianza,
el
espíritu
de
la
verdadera
Reparación;
a
Ti,
oh
dulce
Jesús
mío,
que,
con
el
Padre
y
el
Espíritu
Santo,
vives
y
reinas
por
todos
los
siglos.
Amén.
DÍA
SÉPTIMO
Señor
mío
Jesucristo,
que,
derramando
sobre
los
hombres
las
riquezas
de
vuestro
amor,
instituisteis
el
Sacramento
de
la
Eucaristía,
os
suplicamos
nos
concedáis
que
podamos
amar
siempre
vuestro
Corazón
amantísimo
y
hacer
un
uso
digno
y
fructuoso
de
este
Augusto
Sacramento.
Vos
que
vivís
y
reináis
con
el
Padre
en
la
unidad
del
Espíritu
Santo,
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
DÍA
OCTAVO
¡Oh
Cristo
Jesús!
Yo
os
reconozco
por
Rey
universal.
Todo
lo
que
ha
sido
hecho,
ha
sido
creado
por
Vos.
Ejerced
sobre
mí
todos
vuestras
derechos.
Yo
renuevo
mis
promesas
del
bautismo,
renunciando
a
Satanás,
a
sus
pompas
y
a
sus
obras,
y
prometo
vivir
como
buen
cristiano.
Y
de
un
modo
particular,
yo
me
obligo
a
hacer
triunfar,
según
mis
fuerzas,
los
derechos
de
Dios
y
de
vuestra
Iglesia.
Divino
Corazón
de
Jesús,
yo
os
ofrezco
mis
pobres
oraciones
para
alcanzar
que
todos
los
corazones
reconozcan
vuestra
Realeza
Sagrada,
y
que
así
el
Reino
de
vuestra
paz
se
establezca
en
todo
el
universo.
Así
sea.
NOVENA
AL
PADRE
CELESTIAL
PIDIENDO
POR
EL
NOMBRE
DE
SU
HIJO
JESÚS
¡Oh
Dios
Omnipotente
y
bondadoso!;
vednos
postrados
a
vuestros
pies
para
imploraros
misericordia
y
perdón
por
nuestros
muchos
pecados.
¿Quiénes
somos
nosotros
para
aparecer
ante
Vos
y
mucho
menos
para
pediros
gracias?
Acordaos,
sin
embargo
que
dijisteis:
"Pedid
y
se
os
dará;
buscad
y
hallaréis;
llamad
y
se
os
abrirá";
y
en
otra
parte:
"Pedid
por
el
nombre
de
Jesús
y
todo
se
os
concederá."
Llenos
de
fe
y
confianza
en
vuestras
palabras,
os
suplicamos
nos
concedáis
la
gracia....
Por
este
mismo
nombre
os
pedimos
perdón
de
nuestras
culpas,
gracia
para
vencernos,
generosidad
en
vuestro
servicio,
constancia
en
el
bien
obrar
y
llegaros
a
amar
en
la
tierra
cuanto
es
posible
a
una
miserable
criatura.
Concedednos,
os
lo
suplicamos
de
nuevo,
la
gracia
que
solicitamos
en
esta
novena.
V.
¡Oh
Padre
celestial!
R.
Escuchad
nuestras
súplicas
por
el
nombre
de
vuestro
Hijo
Jesús.
(repetir
5
veces).
ORACIÓN
¡Oh
Dios
que
quisisteis
glorificar
el
nombre
de
vuestro
Hijo,
prometiendo
conceder
cualquiera
cosa
que
por
El
se
os
pidiera!
Acordaos
de
vuestra
promesa,
ya
que
en
ella
tenemos
puesta
toda
nuestra
confianza,
y
concedednos
el
favor
que
solicitamos.
Ciertos
estamos
de
alcanzarlo,
porque
creemos
firmemente
que
antes
pasarán
los
cielos
y
la
tierra
que
deje
de
cumplirse
la
menor
de
vuestras
palabras.
Gracias
sean
dadas
ya
desde
ahora
a
Dios
Padre,
a
Dios
Hijo
y
a
Dios
Espíritu
Santo,
porque
nos
han
socorrido.
Amén.
NOVENA
AL
ESPÍRITU
SANTO
Por
la
señal,
etc.
Señor
mío
Jesucristo,
Dios
y
hombre
verdadero,
me
pesa
de
todo
corazón
de
haber
pecado,
porque
he
merecido
el
infierno
y
perdido
el
cielo,
y
sobre
todo,
porque
te
ofendí
a
Ti,
que
eres
bondad
infinita,
a
quien
amo
sobre
todas
las
cosas.
Propongo
firmemente,
con
tu
gracia,
enmendarme
y
alejarme
de
las
ocasiones
de
pecar,
confesarme
y
cumplir
la
penitencia.
Confío
en
que
me
perdonarás
por
tu
infinita
misericordia.
Amén.
ORACIONES
PARA
EMPEZAR
TODOS
LOS
DÍAS
¡Dios
mío!
Dios
de
amor
y
de
verdad.
Autor
de
la
santificación
de
nuestras
almas,
postrado
humildemente
ante
vuestra
soberana
Majestad,
detesto
en
la
amargura
de
mi
corazón
todos
mis
pecados,
como
ofensas
hechas
a
Vos,
digno
de
ser
amado
sobre
todas
las
cesas.
¡Oh
bondad
infinita!
¡Quién
jamás
os
hubiera
ofendido!
Perdonadme,
Señor,
Dios
de
gracia
y
de
misericordia,
perdonadme
mis
continuas
infidelidades;
el
no
haber
tenido
valor
para
ejecutar
cosa
alguna
buena,
después
que
tantas
veces
vuestra
misericordia
y
gracia
me
han
solicitado,
reprendido,
amenazado
e
inspirado
amorosamente.
Me
pesa,
me
arrepiento
de
la
ingrata
correspondencia
e
indigna
ceguedad
con
que
he
resistido
incesantemente
a
vuestros
dulces
y
divinos
llamamientos.
Mas
propongo
firmemente
con
vuestro
auxilio
de
no
ser
ya
rebelde
a
Vos,
de
seguir
en
adelante
vuestras
tiernas
inspiraciones
con
suma
docilidad.
A
este
fin,
alumbrad,
oh
fuente
de
luz,
mi
entendimiento,
fortaleced
mi
voluntad,
purificad
mi
corazón,
arreglad
todos
mis
pensamientos,
deseos
y
afectos,
y
hacedme
digno
de
gustar
los
frutos
bienaventurados
que
vuestros
dones
producen
en
las
almas
que
os
poseen.
Concededme
las
gracias
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
han
de
ser
para
mayor
gloria
vuestra,
y
para
que
yo
os
vea,
ame
y
alabe
sin
fin
en
vuestra
gloria.
Amén.
INVOCACIÓN
AL
ESPÍRITU
SANTO
Ven
a
nuestras
almas
¡
Oh
Espíritu
SANTO!
y
del
cielo
envía
de
tu
luz
un
rayo.
Ven,
padre
de
pobres,
ven,
de
dones
franco,
ven,
de
corazones
lucido
reparo.
Ven,
consolador,
dulce
y
soberano,
huésped
de
las
almas,
suave
regalo.
En
los
contratiempos
descanso
al
trabajo,
templanza
en
lo
ardiente
consuelo
en
el
llanto.
Santísima
luz
de
todo
cristiano,
lo
intimo
del
pecho,
llena
de
amor
casto.
En
el
hombre
nada
se
halla
sin
tu
amparo,
y
nada
haber
puede
sin
Ti,
puro
y
santo.
Con
tus
aguas
puras
lava
lo
manchado,
riega
lo
que
es
seco
pon
lo
enfermo
sano.
Al
corazón
duro
doblegue
tu
mano,
y
ablande
las
almas
que
manchó
el
pecado.
Vuelve
al
buen
camino
al
extraviado,
y
al
helado
Enciende
en
tu
fuego
santo.
Concede
a
tus
fieles
en
Ti
confiados
de
tus
altos
dones
sacro
setenario.
Aumento
en
virtudes
haz
que
merezcamos,
del
eterno
gozo
el
feliz
descanso.
Amén.
A
continuación
rezar
la
oración
del
día
que
corresponda:
ORACIONES
FINALES
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
(excepto
el
último
día)
HIMNO
AL
ESPÍRITU
SANTO
¡Ven,
oh
Criador
Espíritu!
nuestras
almas
visitad,
los
pechos,
que
Vos
criasteis,
llene
gracia
Celestial.
Pues
sois
Paráclito
Espíritu,
Don
del
Padre
celestial,
fuente
viva,
sacro
fuego,
unción
santa,
espiritual.
En
tus
dones
setiforrnes,
tu
promesa
paternal,
dedo
eterno
de
Dios
Padre
nuestras
lenguas
inflamad.
Ilustrad
nuestros
sentidos,
el
corazón
inflamad,
nuestros
cuerpos,
que
son
flacos,
con
vuestra
virtud
armad.
Apartad
los
enemigos,
danos
la
divina
paz
y
siendo
Vos
nuestra
guía
huyamos
toda
maldad.
Par
Vos
al
Padre
y
al
Hijo,
en
esta
vida
mortal
conozcamos,
y
creamos
siempre
tu
Divinidad.
A
Dios
PADRE
sea
gloria,
al
HIJO
gloria
inmortal
y
al
Espíritu
PARÁCLITO
por
toda
la
Eternidad.
Amén.
ORACIÓN
¡Oh
Espíritu
Santo!
Divinísimo
consolador
de
mi
alma,
fuego,
luz
y
celestial
ardor
de
los
corazones
humanos,
si
es
para
gloria
de
vuestra
Majestad
que
yo
consiga
lo
que
deseo
y
pido
en
este
día,
dignáos
concedérmelo
benignamente;
y
sino
dirigid
mi
petición,
dándome
las
gracias
que
ha
de
ser
para
vuestra
mayor
gloria
y
bien
de
la
salvación
de
mi
alma.
Amén.
Ahora
cada
uno
se
recogerá
interiormente
y
pedirá
la
gracia
que
más
necesite.
Hecha
la
petición,
se
concluirá
todos
los
días
con
antífona,
verso,
respuesta
y
oración
siguientes:
ANTÍFONA
No
os
dejaré
huérfanos,
aleluya;
voy
y
vengo
a
vosotros,
aleluya;
y
se
alegrará
vuestro
corazón,
aleluya,
aleluya.
V.
Enviad,
Señor,
vuestro
Santo
Espirito,
y
serán
creados.
R.
Y
renovaréis
la
faz
de
la
tierra.
ORACIÓN
Oh
Dios,
que
habéis
instruido
los
corazones
de
los
fieles
con
la
ilustración
del
Espíritu
Santo,
dadnos
el
sentir
rectamente
con
este
mismo
Espíritu,
y
gozar
siempre
de
su
consolación.
Por
Jesucristo
Señor
nuestro,
tu
Hijo,
que
vive
contigo
y
reina
en
la
unidad
del
mismo
Espíritu
Santo,
Dios
por
todos
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
DÍA
PRIMERO
¡Oh
Espíritu
Santo!
Fuente
viva
de
divinas
aguas
que,
en
la
creación
del
mundo,
santificasteis
las
inmensas
que
rodeaban
el
mundo
y
las
aguas
del
Jordán
en
el
bautismo
de
Jesucristo,
Señor
nuestro;
yo
os
suplico
que
seáis
en
mi
espíritu,
tan
árido
y
seco,
la
Sagrada
fuente
de
aguas
vivas,
que
jamás
se
agote
y
salte
hasta
la
vida
eterna;
y
la
gracia
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Que
haciendo
sombra
con
vuestra
virtud
altísima
a
la
purísima
Virgen
María,
y
llenándola
al
mismo
tiempo
de
gracia,
obrasteis
de
un
modo
inefable
y
omnipotente
la
obra
infinita
de
la
Encarnación
del
Verbo
eterno,
en
el
seno
virginal
de
vuestra
celestial
Esposa:
haced
sombra
a
mi
alma
y
concededme
la
gracia
necesaria
para
que
yo
sea
digno
de
recibir
al
mismo
Verbo
divino
hecho
hombre
y
sacramentado
por
mi
amor,
y
también
la
especial
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra,
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Celestial
paloma
que,
abriendo
de
par
en
par
los
cielos,
bajasteis
sobre
Jesús
ya
bautizado
en
el
Jordán,
simbolizando:
que
desde
cl
momento
en
que
tomó
la
naturaleza
humana,
habitaba
en
él
la
plenitud
de
la
Divinidad;
bajad
sobre
la
mía
pobre
y
miserable
y
llenadla
del
don
de
sabiduría
de
consejo,
de
entendimiento
y
fortaleza,
de
ciencia,
piedad
y
temor
de
Dios;
y
dadme
la
gracia
que
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Nube
lúcida
que
haciendo
en
el
Tabor
sombra
a
Jesús
transfigurado
y
glorioso,
ilustrasteis
aquel
Santo
monte,
y
amparasteis
en
su
excesivo
temor
a
los
Apóstoles,
comunicándoles
después
de
la
Ascensión
de
su
Divino
Maestro
mucha
luz,
fervor
y
gracia;
ilustrad,
proteged
y
fecundad
mi
alma
para
que
yo
sea
digno
discípulo
de
Jesús,
y
dadme
la
gracia
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Suave
viento
que
llenó
el
Cenáculo
y
dio
fuerza
y
valor
a
los
corazones
de
cuantos
os
esperaban,
orando
fervorosamente
unidos
con
una
alma
y
un
corazón:
ocupad
¡oh
Espíritu
de
vida
y
amor!
toda
la
casa
de
mi
pequeño
espíritu,
mí
memoria,
entendimiento
y
voluntad:
y
dadme
la
gracia
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
Oh
Espíritu
Santo!
Luz
clarísima
que
ilustró
el
entendimiento
de
los
santos
Apóstoles,
comunicándoles,
como
Sol
divino,
toda
la
luz
que
necesitaban
para
su
perfección
y
para
la
conversión
del
mundo:
llenad
¡oh
luz
beatísima!
todos
los
senos
tenebrosos
de
mi
interior,
para
que
os
conozca
y
dé
a
conocer
a
todo
el
mundo;
y
la
gracia
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Sagrado
fuego
que
apareciendo
visible
sobre
los
Apóstoles
el
día
de
Pentecostés,
inflamasteis
divinamente
sus
corazones
para
que,
abrasados
en
vuestro
amor,
encendiesen
después
a
todo
el
mundo
en
las
mismas
sagradas
llamas:
encended
en
vuestros
santísimos
ardores
mi
corazón
helado,
para
que,
abrasado
mi
espíritu
en
ellos,
encienda
en
vuestro
divino
amor
a
cuantos
tratare;
y
dadme
la
gracia
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Llama
ardiente
de
caridad
que
con
el
fuego
de
vuestro
amor
inflamando
el
corazón
de
los
santos
Apóstoles
y
de
todos
los
hombres
Apostólicos,
les
comunicasteis
el
don
de
lenguas
para
la
conversión
del
mundo;
inflamad
sagrado
fuego
de
amor
a
mi
corazón
y
mi
lengua
para
que
siempre
hable
gobernado
por
vuestro
Espíritu,
y
fervoroso
en
la
caridad,
inflame
a
todos
para
que
observen
fielmente
vuestros
divinos
mandamientos;
y
dadme
la
gracia
que
pido
en
esta
Novena,
si
es
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
tres
veces
el
Padre
nuestro
y
el
Ave
María
en
honor
de
la
Santísima
TRINIDAD,
y
terminar
con
la
oraciones
finales
para
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
Comenzar
con
la
oraciones
preparatorias
para
todos
los
días.
¡Oh
Espíritu
Santo!
Caridad
esencial
que,
difundida
en
los
corazones
humanos,
los
divinizáis
comunicándoles
todas
las
divinas
gracias
que
se
incluyen
en
nuestros
siete
dones,
y
comprenden
cuanto
necesita
la
vida
espiritual,
propia
de
cada
uno,
y
la
que
deseáis
se
comunique
a
todos
los
hombres:
difundidlos,
¡oh
Caridad
santísima!
en
mi
corazón
tan
pobre
de
vuestros
siete
dones,
y
que
con
ellos
publique
vuestras
grandezas.
¡Oh
Dios
misericordioso!
Vos,
que
antiguamente
llenasteis
en
este
dichoso
día
los
pechos
apostólicos
de
vuestra
gracia,
llenad
los
nuestros
de
vuestros
divinos
carismas,
concedednos
tranquilos
tiempos,
confirmad
las
gracias
que
os
hemos
pedido
en
esta
Novena,
si
son
para
mayor
gloria
vuestra
y
bien
de
nuestras
almas.
Amén.
Después
de
esta
oración,
en
lugar
de
la
antífona,
verso,
respuesta
y
oración
de
todos
los
días,
se
dirán
las
siguientes:
ANTÍFONA
PARA
EL
DÍA
NOVENO
Hoy
se
completaron
los
días
de
Pentecostés,
aleluya;
hoy
se
reproducen
los
felices
gozos,
cuando
el
Espíritu
Consolador
bajó
sobre
sus
Apóstoles,
aleluya;
hoy,
rayando
el
resplandor
del
divino
fuego,
reposó
el
Espíritu
Santo
en
forma
de
lenguas
sobre
ellos,
aleluya;
hoy
les
hace
fecundos
en
palabras,
les
inflama
de
su
amor
y
les
llena
de'
sus
innumerables
carismas,
aleluya,
aleluya.
V.
Fueron
todos
llenos
del
Espíritu
Santo,
aleluya.
R.
Y
comenzaron
a
hablar
en
varias
lenguas,
aleluya.
ORACIÓN
Oh
Dios,
que
habéis
instruido
en
este
día
los
Corazones
de
los
fieles
con
la
ilustración
del
Espíritu
Santo,
dadme
el
sentir
rectamente
con
este
mismo
Espíritu,
y
gozar
siempre
de
su
consolación.
Por
Jesucristo
Señor
nuestro,
tu
Hijo,
que
vive
contigo
y
reina
en
la
unidad
del
mismo
Espíritu
Santo,
Dios
por
todos
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
NOVENA
DE
NUESTRA
SEÑORA
LA
VIRGEN
DEL
CARMEN
Por
la
señal...
Acto
de
contrición.
Dios
mío
y
Señor
mío,
postrado
delante
de
vuestra
Majestad
Soberana,
con
todo
mi
ser,
con
toda
mi
alma
y
todo
mi
corazón
te
adoro,
confieso,
bendigo,
alabo
y
glorifico.
A
ti
te
reconozco
por
mi
Dios
y
mi
Señor;
en
Ti
creo,
en
Ti
espero
y
en
Ti
confío
me
has
de
perdonar
mis
culpas,
y
dar
tu
gracia
y
perseverancia
en
ella,
y
la
gloria
que
tienes
ofrecida
a
los
que
perseveran
en
tu
amor.
A
Ti
amo
sobre
todas
las
cosas.
A
Ti
confieso
mi
suma
ingratitud
y
todas
mis
culpas
y
pecados,
de
todo
lo
cual
me
arrepiento
y
te
pido
me
concedas
benignamente
el
perdón.
Pésame,
Dios
mío,
de
haberos
ofendido,
por
ser
Vos
quien
sois.
Propongo
firmemente,
ayudado
con
vuestra
divina
gracia,
nunca
más
pecar,
apartarme
de
las
ocasiones
de
ofenderos,
confesarme,
satisfacer
por
mis
culpas
y
procurar
en
todo
serviros
y
agradaros.
Perdóname,
Señor,
para
que
con
alma
limpia
y
pura
alabe
a
la
santísima
Virgen,
Madre
vuestra
y
Señora
mía,
y
alcance
por
su
poderosa
intercesión
la
gracia
especial
que
en
este
Novena
pido,
si
ha
de
ser
para
mayor
honra
y
gloria
vuestra,
y
provecho
de
mi
alma.
Amén.
ORACIÓN
PREPARATORIA
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Oh
Virgen
María,
Madre
de
Dios
y
Madre
también
de
los
pecadores,
y
especial
Protectora
de
los
que
visten
tu
sagrado
Escapulario;
por
lo
que
su
divina
Majestad
te
engrandeció,
escogiéndote
para
verdadera
Madre
suya,
te
suplico
me
alcances
de
tu
querido
Hijo
el
perdón
de
mis
pecados,
la
enmienda
de
mi
vida,
la
salvación
de
mi
alma,
el
remedio
de
mis
necesidades,
el
consuelo
de
mis
aflicciones
y
la
gracia
especial
que
pido
en
esta
Novena,
si
conviene
para
su
mayor
honra
y
gloria,
y
bien
de
mi
alma:
que
yo,
Señora,
para
conseguirlo
me
valgo
de
vuestra
intercesión
poderosa,
y
quisiera
tener
el
espíritu
de
todos
los
ángeles,
santos
y
justos
a
fin
de
poder
alabarte
dignamente;
y
uniendo
mis
voces
con
sus
afectos,
te
saludo
una
y
mil
veces,
diciendo:
(rezar
tres
avemarías)
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda.
DÍA
PRIMERO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
fuiste
figurada
en
aquella
nubecilla
que
el
gran
Profeta
de
Dios,
Elías,
vio
levantarse
del
Mar,
y
con
su
lluvia
fecundó
copiosamente
la
tierra,
significando
la
purísima
fecundidad
con
que
diste
al
mundo
a
tu
querido
Hijo
Jesús,
para
remedio
universal
de
nuestras
almas:
te
ruego,
Señora,
me
alcances
de
su
majestad
copiosas
lluvias
de
auxilios,
para
que
mi
alma
lleve
abundantes
frutos
de
virtudes
y
buenas
obras,
a
fin
de
que
sirviéndole
con
perfección
en
esta,
vida,
merezca
gozarle
en
la
eterna.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
SEGUNDO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
por
tu
singular
amor
a
los
Carmelitas
los
favoreciste
con
tu
familiar
trato
y
dulces
coloquios,
alumbrándolos
con
las
luces
de
tu
enseñanza
y
ejemplo
de
que
dichosamente
gozaron.
Te
ruego,
Señora,
me
asistas
con
especial
protección,
alcanzándome
de
tu
bendito
Hijo
Jesús
luz
para
conocer
su
infinita
bondad
y
amarle
con
toda
mi
alma;
para
conocer
mis
culpas
y
llorarlas
para
saber
como
debo
comportarme
a
fin
de
servirle
con
toda
perfección;
y
para
que
mi
trato
y
conversación
sean
siempre
para
su
mayor
honra
y
gloria
y
edificación
de
mis
prójimos.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
TERCERO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
te
dignaste
admitir
con
singular
amor
el
obsequio
filial
de
los
Carmelitas,
que
entre
todos
los
mortales
fueron
los
primeros
que
en
tu
honor
edificaron
un
templo
en
el
Monte
Carmelo,
donde
concurrían
fervorosos
a
darte
culto
y
alabanza.
Te
ruego,
Señora,
me
alcances
sea
mi
alma
templo
vivo
de
la
Majestad
de
Dios,
adornado
de
todas
las
virtudes,
donde
El
habite
siempre
amado,
adorado
y
alabado
por
mi,
sin
que
jamás
le
ocupen
los
afectos
desordenados
de
lo
temporal
y
terreno.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
CUARTO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
para
mostrar
tu
especialísimo
amor
a
los
Carmelitas
les
honraste
con
el
dulce
nombre
de
hijos
y
hermanos
tuyos,
alentando
con
tan
singular
favor
su
confianza,
para
buscar
en
ti,
como
en
amorosa
Madre,
el
remedio,
el
consuelo
y
el
amparo
en
todas
sus
necesidades
y
aflicciones,
moviéndoles
a
la
imitación
de
tus
excelsas
virtudes.
Te
ruego,
Señora,
me
mires,
como
amorosa
Madre
y
me
alcances
la
gracia
de
imitarte,
de
modo
que
dignamente
pueda
yo
ser
llamado
también
hijo
tuyo,
y
que
mi
nombre
sea
inscrito
en
el
libro
de
la
predestinación
de
los
hijos
de
Dios
y
hermanos
de
mi
Señor
Jesucristo.
Así
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
QUINTO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
para
defender
a
los
Carmelitas,
tus
hijos,
cuando
se
intentaba
extinguir
la
sagrada
Religión
del
Carmen,
mostrando
siempre
el
amor
y
singular
predilección
con
que
los
amparas,
mandaste
al
Sumo
Pontífice,
Honorio
III,
los
recibiese
benignamente
y
confirmase
su
instituto,
dándole
por
señal
de
que
esta
era
tu
voluntad
y
la
de
tu
divino
Hijo,
la
repentina
muerte
de
dos
que
especialmente
la
contradecían.
Te
ruego,
Señora,
me
defiendas
de
todos
mis
enemigos
de
alma
y
cuerpo,
para
que
con
quietud
y
paz
viva
siempre
en
el
santo
servicio
de
Dios
y
tuyo.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
SEXTO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
para
señalar
a
los
Carmelitas
por
especiales
hijos
tuyos,
los
enriqueciste
con
la
singular
prenda
del
santo
escapulario,
vinculando
en
él
tantas
gracias
y
favores
para
con
los
que
devotamente
lo
visten
y
cumpliendo
con
sus
obligaciones,
procuran
vivir
de
manera
que
imitando
tus
virtudes,
muestran
que
son
tus
hijos.
Te
ruego,
Señora,
me
alcances
la
gracia
de
vivir
siempre
como
verdadero
cristiano
y
cofrade
amante
del
santo
escapulario,
a
fin
de
que
merezca
lograr
los
frutos
de
esta
hermosa
devoción.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
SÉPTIMO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
en
tu
santo
Escapulario
diste
a
los
que
devotamente
lo
visten,
un
firmísimo
escudo
para
defenderse
de
todos
los
peligros
de
este
mundo
y
de
las
asechanzas
del
demonio,
acreditando
esta
verdad
con
tantos
y
tan
singulares
milagros.
Te
ruego,
Señora,
que
seas
mi
defensa
poderosa
en
esta
vida
mortal,
para
que
en
todas
las
tribulaciones
y
peligros
encuentre
la
seguridad,
y
en
las
tentaciones
salga
con
victoria,
logrando
siempre
tu
especial
asistencia
para
conseguirlo.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
OCTAVO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
ejerces
tu
especial
protección
en
la
hora
de
la
muerte
para
con
los
que
devotamente
visten
tu
santo
escapulario,
a
fin
de
que
logren
por
medio
de
la
verdadera
penitencia
salir
de
esta
vida
en
gracia
de
Dios
y
librarse
de
las
penas
del
infierno.
Te
ruego,
Señora,
me
asistas,
ampares
y
consueles
en
la
hora
de
mi
muerte,
y
me
alcances
verdadera
penitencia,
perfecta
contrición
de
todos
mis
pecados,
encendido
amor
de
Dios
y
ardiente
deseo
de
verle
y
gozarle,
para
que
mi
alma
no
se
pierda
ni
condene,
sino
que
vaya
segura
a
la
felicidad
eterna
de
la
gloria.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
DÍA
NOVENO
Comenzar
con
el
acto
de
contrición
y
la
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh!
Virgen
del
Carmen,
María
Santísima,
que
extendiendo
tu
amor
hacia
los
Carmelitas,
aún
después
de
la
muerte,
como
piadosísima
Madre
de
los
que
visten
tu
santo
escapulario
consuelas
sus
almas,
cuando
están
en
el
Purgatorio,
y
con
tus
ruegos
consigues
salgan
cuanto
antes
de
aquellas
penas,
para
ir
a
gozar
de
Dios,
nuestro
Señor,
en
la
gloria.
Te
ruego,
Señora,
me
alcances
de
su
divina
Majestad
cumpla
yo
con
las
obligaciones
de
cristiano
y
la
devoción
del
santo
escapulario,
de
modo
que
logre
este
singularísimo
favor.
Así,
Señora,
te
lo
suplico
humildemente,
diciendo:
Dios
te
Salve,
Reina
y
Madre
de
misericordia,
etc.
Pedir
la
gracia
particular
que
se
desee
conseguir
en
esta
Novena.
Terminar
con
la
oración
final.
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Virgen
santísima
del
Carmen;
yo
deseo
que
todos
sin
excepción
se
cobijen
bajo
la
sombra
protectora
de
tu
santo
Escapulario,
que
todos
estén
unidos
a
Ti,
Madre
mía,
por
los
estrechos
y
amorosos
lazos
de
esta
tu
querida
Insignia.
¡Oh
hermosura
del
Carmelo!
Míranos
postrados
reverentes
ante
tu
sagrada
imagen,
y
concédenos
benigna
tu
amorosa
protección.
Te
recomiendo
las
necesidades
de
nuestro
Santísimo
Padre,
el
Papa,
y
las
de
la
Iglesia
Católica,
nuestra
Madre,
así
como
las
de
mi
nación
y
las
de
todo
el
mundo,
las
mías
propias
y
las
de
mis
parientes
y
amigos.
Mira
con
ojos
de
compasión
a
tantos
pobres
pecadores,
herejes
y
cismáticos
como
ofenden
a
tu
divino
Hijo,
y
a
tantos
infieles
como
gimen
en
las
tinieblas
del
paganismo.
Que
todos
se
conviertan
y
te
amen,
Madre
mía,
como
yo
deseo
amarte
ahora
y
por
toda
la
eternidad.
Así
sea.
NOVENA
EN
HONOR
DE
SAN
JOSÉ
ORACIÓN
PREPARATORIA
Por
la
señal,
etc.
Señor
mío
Jesucristo,
etc.
Oh
gloriosísimo
Padre
de
Jesús,
Esposo
de
María.
Patriarca
y
Protector
de
la
Santa
Iglesia,
a
quien
el
Padre
Eterno
confió
el
cuidado
de
gobernar,
regir
y
defender
en
la
tierra
la
Sagrada
Familia;
protégenos
también
a
nosotros,
que
pertenecemos,
como
fieles
católicos.
a
la
santa
familia
de
tu
Hijo
que
es
la
Iglesia,
y
alcánzanos
los
bienes
necesarios
de
esta
vida,
y
sobre
todo
los
auxilios
espirituales
para
la
vida
eterna.
Alcánzanos
especialmente
estas
tres
gracias,
la
de
no
cometer
jamás
ningún
pecado
mortal,
principalmente
contra
la
castidad;
la
de
un
sincero
amor
y
devoción
a
Jesús
y
María,
y
la
de
una
buena
muerte,
recibiendo
bien
los
últimos
Sacramentos.
Concédenos
además
la
gracia
especial
que
te
pedimos
cada
uno
en
esta
novena.
Pídase
con
fervor
y
confianza
la
gracia
que
se
desea
obtener.
A
continuación
rezar
la
oración
del
día
que
corresponda:
DÍA
PRIMERO
Oh
benignísimo
Jesús
así
como
consolaste
a
tu
padre
amado
en
las
perplejidades
e
incertidumbres
que
tuvo,
dudando
si
abandonar
a
tu
Santísima
Madre
su
esposa,
así
te
suplicamos
humildemente
por
intercesión
de
San
José
nos
concedas
mucha
prudencia
y
acierto
en
todos
los
casos
dudosos
y
angustias
de
nuestra
vida,
para
que
siempre
acertemos
con
tu
santísima
voluntad.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
Oh
benignísimo
Jesús,
así
como
consolaste
a
tu
padre
amado
en
la
pobreza
y
desamparo
de
Belén,
con
tu
nacimiento,
y
con
los
cánticos
de
los
Ángeles
y
visitas
de
los
pastores,
así
también
te
suplicamos
humildemente
por
intercesión
de
San
José,
que
nos
concedas
llevar
con
paciencia
nuestra
pobreza
y
desamparo
en
esta
vida,
y
que
alegres
nuestro
espíritu
con
tu
presencia
y
tu
gracia,
y
la
esperanza
de
la
gloria.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
Oh
benignísimo
Jesús,
así
como
consolaste
a
tu
amado
padre
en
el
doloroso
misterio
de
la
Circuncisión,
recibiendo
de
él
el
dulce
nombre
de
Jesús,
así
te
suplicamos
humildemente,
por
intercesión
de
San
José,
nos
concedas
pronunciar
siempre
con
amor
y
respeto
tu
santísimo
nombre,
llevarlo
en
el
corazón,
honrarlo
en
la
vida,
y
profesar
con
obras
y
palabras
que
tú
fuiste
nuestro
Salvador
y
Jesús.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
Oh
benignísimo
Jesús,
así
como
consolaste
a
tu
padre
amado
de
la
pena
que
le
causó
la
profecía
de
Simeón,
mostrándole
el
innumerable
coro
de
los
Santos,
así
te
suplicamos
humildemente,
por
intercesión
de
San
José
que
nos
concedas
la
gracia
de
ser
de
aquellos
para
quienes
tu
sirves,
no
de
ruina,
sino
de
resurrección,
y
que
correspondamos
fielmente
a
tu
gracia
para
que
vayamos
a
tu
gloria.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
Oh
benignísimo
Jesús,
así
como
tu
amado
padre
te
condujo
de
Belén
a
Egipto
para
librarte
del
tirano
Herodes,
así
te
suplicamos
humildemente,
por
intercesión
de
San
José,
que
nos
libres
de
los
que
quieren
dañar
nuestras
almas
o
nuestros
cuerpos,
nos
des
fortaleza
y
salvación
en
nuestras
persecuciones,
y
en
medio
del
destierro
de
esta
vida
nos
protejas
hasta
que
volemos
a
la
patria
celestial.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
Oh
benignísimo
Jesús
así
como
tu
padre
amado
te
sustentó
en
Nazaret,
y
en
cambio
tú
le
premiaste
en
tu
santísima
compañía
tantos
años,
con
tu
doctrina
y
tu
dulce
conversación,
así
te
rogamos
humildemente,
por
intercesión
de
San
José
nos
concedas
el
sustento
espiritual
de
tu
gracia,
y
de
tu
santa
comunión,
y
que
vivamos
santa
y
modestamente,
como
tú
en
Nazaret.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
Oh
benignísimo
Jesús,
así
como
por
seguir
la
voluntad
de
tu
padre
celestial
permitiste
que
tu
amado
padre
en
la
tierra
padeciese
el
vehementísimo
dolor
de
perderte
por
tres
días,
así
te
suplicamos
humildemente,
por
intercesión
de
San
José,
que
antes
queramos
perder
todas
las
cosas
y
disgustar
a
cualquier
amigo,
que
dejar
de
hacer
tu
voluntad;
que
jamás
te
perdamos
a
ti
por
el
pecado
mortal,
o
que
si
por
desgracia
te
perdiésemos
te
hallemos
mediante
una
buena
confesión.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
Oh
benignísimo
Jesús,
que
en
la
hora
de
su
muerte
consolaste
a
tu
glorioso
padre,
asistiendo
juntamente
con
tu
Madre
su
esposa
a
su
última
agonía,
te
suplicamos
humildemente,
por
intercesión
de
San
José,
que
nos
concedas
una
muerte
semejante
a
la
suya
asistido
de
tu
bondad,
de
tu
Santísima
Madre
y
del
mismo
glorioso
Patriarca
protector
de
los
moribundos,
pronunciando
al
morir
vuestros
santísimos
nombres,
Jesús,
María
y
José.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
Oh
benignísimo
Jesús,
así
como
has
elegido
por
medio
de
tu
Vicario
en
la
tierra
a
tu
amado
padre
para
protector
de
tu
Santa
Iglesia
Católica,
así
te
suplicamos
humildemente
por
intercesión
de
San
José,
nos
concedas
el
que
seamos
verdaderos
y
sinceros
católicos,
que
profesemos
sin
error
la
fe
católica,
que
vivamos
sin
miedo
una
vida
digna
de
la
fe
que
profesamos,
y
que
jamás
puedan
los
enemigos
ni
aterrarnos
con
persecuciones,
ni
con
engaños
seducirnos
y
apartamos
de
la
única
y
verdadera
religión
que
es
la
Católica.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
ORACIÓN
FINAL
(para
todos
los
días)
Oh
custodio
y
padre
de
Vírgenes
San
José
a
cuya
fiel
custodia
fueron
encomendadas
la
misma
inocencia
de
Cristo
Jesús
y
la
Virgen
de
las
vírgenes
María;
por
estas
dos
queridísimas
prendas
Jesús
y
María,
te
ruego
y
suplico
me
alcances,
que
preservado
yo
de
toda
impureza,
sirva
siempre
castísimamente
con
alma
limpia,
corazón
puro
y
cuerpo
casto
a
Jesús
y
a
María.
Amén.
Jesús,
José
y
María,
os
doy
mi
corazón
y
el
alma
mía
Jesús,
José
y
María,
asistidme
en
mi
última
agonía.
Jesús,
José
y
María,
con
Vos
descanse
en
paz
el
alma
mía.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
Antífona.
Tenía
el
mismo
Jesús,
al
empezar
su
vida
pública,
cerca
de
treinta
años,
hijo,
según
se
pensaba
de
José.
V.
San
José,
ruega
por
nosotros.
R.
Para
que
seamos
dignos
de
alcanzar
las
promesas
de
Jesucristo.
Oración.
Oh
Dios
que
con
inefable
providencia
te
dignaste
escoger
al
bienaventurado
José
por
Esposo
de
tu
Madre
Santísima;
concédenos
que,
pues
le
veneramos
como
protector
en
la
tierra,
merezcamos
tenerle
como
protector
en
los
cielos.
Oh
Dios
que
vives
y
reinas
en
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
NOVENA
A
SAN
MIGUEL
ARCÁNGEL
ORACIONES
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Yo
confieso
ante
Dios
todopoderoso,
y
ante
ustedes
hermanos,
que
he
pecado
mucho
de
pensamiento,
palabra,
obra
y
omisión.
Por
mi
culpa,
por
mi
culpa,
por
mi
gran
culpa.
Por
eso
ruego
a
Santa
María
siempre
Virgen,
a
los
ángeles,
a
los
santos
y
a
ustedes
hermanos
que
intercedan
por
mi
ante
Dios,
Nuestro
Señor.
San
Miguel,
Primado
entre
los
Príncipes
del
Cielo,
os
ofrezco
mis
alabanzas
y
devoción,
porque
Dios
os
ha
creado
tan
excelente
y
tan
perfecto
y
os
ha
dotado
de
un
celo
tan
grande
por
su
gloria
y
de
una
sumisión
tan
admirable
a
sus
divinos
decretos.
San
Miguel
Arcángel,
defiéndenos
en
la
lucha.
Sé
nuestro
amparo
contra
la
perversidad
y
acechanzas
del
demonio.
Que
Dios
manifieste
sobre
él
su
poder,
es
nuestra
humilde
súplica.
Y
tú,
oh
Príncipe
de
la
Milicia
Celestial,
con
el
poder
que
Dios
te
ha
conferido,
arroja
al
infierno
a
Satanás,
y
a
los
demás
espíritus
malignos
que
vagan
por
el
mundo
para
la
perdición
de
las
almas.
Amén.
Celestial
y
purísimo
Mensajero
de
Dios,
dignaos
alcanzarme
de
los
Sagrados
Corazones
de
Jesús
y
María
un
verdadero
amor
por
Ellos,
la
sumisión
a
la
divina
Voluntad
y
la
gracia
de…
(Hágase
aquí
la
petición
que
se
desea
obtener
con
la
novena).
Rezar
un
Padrenuestro,
tres
Avemarías
y
Gloria.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
venga
a
nosotros
Tu
reino.
Bendito
y
alabado
sea
el
Santísimo
Sacramento
del
Altar,
la
Inmaculada
Concepción
de
la
Virgen
María,
Madre
de
Dios
y
Madre
nuestra.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda.
DÍA
PRIMERO
María
Inmaculada,
Madre
y
dulce
Medianera,
Reina
de
los
Cielos,
humildemente
os
suplicamos
intercedáis
por
nosotros.
Ruega
a
Dios
que
envíe
a
San
Miguel
y
a
sus
ángeles
para
apartar
los
obstáculos
que
se
oponen
al
reinado
del
Sagrado
Corazón
en
el
mundo.
DÍA
SEGUNDO
San
Miguel,
Ángel
de
los
Santos
combates,
os
ofrezco
mis
alabanzas
y
devoción
por
la
inefable
complacencia
con
que
Dios
os
mira
como
defensor
de
su
gloria.
DÍA
TERCERO
San
Miguel,
Ángel
de
la
Victoria,
con
devoción
os
alabo
por
la
alegría
con
que
Nuestro
Señor
Jesucristo
os
ve
como
celoso
defensor
de
su
divinidad
y
las
victorias
que
conseguís
sobre
los
enemigos
de
nuestras
almas.
DÍA
CUARTO
San
Miguel,
Ministro
del
Altísimo,
con
devoción
os
alabo
por
la
ternura
con
que
os
mira
la
Santísima
Virgen
viendo
los
combates
que
habéis
librado
y
libráis
sin
cesar
para
establecer
el
reinado
de
su
amado
Hijo,
Dios
y
Redentor
nuestro,
en
el
mundo.
DÍA
QUINTO
San
Miguel,
Guardián
del
Cielo,
os
alabo
con
devoción
por
la
veneración,
el
amor
y
el
honor
que
os
rinden
las
jerarquías
celestiales
de
las
cuales
sois
augusto
Príncipe.
DÍA
SEXTO
San
Miguel,
Ángel
del
Santo
Sacrificio,
os
alabo
con
devoción
por
el
honor
que
os
ha
hecho
nuestro
Señor
Jesucristo
confiándoos
la
custodia
de
la
Iglesia,
su
querida
esposa
y
os
ofrezco
el
reconocimiento
y
amor
que
la
Santa
Iglesia
os
profesa.
DÍA
SÉPTIMO
San
Miguel,
Portador
del
estandarte
de
salvación,
os
ofrezco
mis
alabanzas
con
devoción
por
la
importante
misión
que
Dios
os
ha
dado
al
confiaros
las
almas
de
todos
los
predestinados,
defendiéndolas
en
la
hora
de
la
muerte
de
los
asaltos
del
infierno,
presentándolas
ante
Dios
enteramente
puras.
DÍA
OCTAVO
San
Miguel,
Ángel
de
la
Paz,
os
alabo
con
devoción
por
toda
la
fuerza,
la
dulzura
y
suavidad
encerradas
en
vuestro
santo
nombre,
delicia
de
vuestros
verdaderos
devotos.
DÍA
NOVENO
San
Miguel,
Ángel
del
Perdón,
os
alabo
con
devoción
por
los
inmensos
beneficios
que
habéis
derramado
sobre
nuestra
Patria,
siempre
que
ésta
ha
sido
fiel
a
Dios,
así
como
por
la
abnegación,
reconocimiento
y
amor
que
os
rinden
vuestros
servidores.
Dignaos,
os
suplicamos,
obtener
de
los
Corazones
de
Jesús
y
de
María
aumenten
vuestros
devotos
para
obtener
la
salvación
NOVENA
DE
CONFIANZA
AL
SAGRADO
CORAZÓN
Oh
Señor
Jesús,
a
tu
Sagrado
Corazón
yo
confío
esta
intención...
Solo
mírame,
entonces
haz
conmigo
lo
que
tu
Corazón
indique.
Deja
que
tu
Sagrado
Corazón
decida...Yo
confío
en
ti...
Me
abandono
en
tu
Misericordia,
Señor
Jesús!
Ella
no
me
fallará.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
en
ti
confío.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
creo
en
tu
amor
por
mi.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
que
venga
tu
Reino.
Oh
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
te
he
pedido
por
tantos
favores,
pero
con
ansias
te
imploro
por
esta
petición.
Tómala,
ponla
en
tu
abierto
y
roto
corazón,
y
cuando
el
Padre
Eterno
la
mire,
cubierta
por
tu
Preciosa
Sangre,
no
podrá
rehusarla.
Ya
no
sera
mas
mi
oración,
sino
la
tuya,
Oh
Jesús.
Oh
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
pongo
toda
mi
confianza
en
Ti.
Nunca
permitas
que
me
confunda...
Amén
NOVENA
AL
SAGRADO
CORAZÓN
DE
JESÚS
I
Oh,
Jesús
mío,
que
dijiste:
"En
verdad
os
digo,
pedid
y
obtendréis,
buscad
y
encontrareis,
llama
y
os
abrirán"
-‐He
ahí
porque
yo
llamo,
yo
busco,
yo
pido
la
gracia:
(mencione
el
favor
que
desea)
Padre
Nuestro,
Ave
María
y
Gloria.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
confío
en
Ti.
II
Oh,
Jesús
mío,
que
dijiste:
"En
verdad
os
dijo
todo
aquello
que
pidiereis
en
mi
nombre
a
mi
Padre,
El
os
lo
concederá"
-‐
He
ahí
porque
al
Eterno
Padre,
en
Tu
nombre,
yo
pido
la
gracia...
Padre
Nuestro,
Ave
María
y
Gloria.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
confío
en
Ti.
III
Oh,
Jesús
mío,
que
dijiste:
"En
verdad
os
digo,
pasarán
los
cielos
y
la
tierra,
pero
mis
palabras
jamas"
-‐He
ahí
que
basándome
en
la
infalibilidad
de
tus
santas
palabras,
yo
pido
la
gracia...
Padre
Nuestro,
Ave
María
y
Gloria.
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
confío
en
Ti.
Oración
final
Oh,
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
al
cual
es
imposible
no
sentir
compasión
por
los
infelices,
ten
piedad
de
nosotros
pobres
pecadores
y
concédenos
las
gracias
que
pedimos
por
medio
del
inmaculado,
Corazón
de
María,
tu
y
nuestra
tierna
Madre.
San
José,
Padre
Putativo
del
Sagrado
Corazón
de
Jesús,
ruega
por
nosotros.
Dios
te
salve...
ACORDAOS
Acordaos
¡oh
sagrado
Corazón
de
Jesús!
de
todo
lo
que
habéis
hecho
por
salvar
nuestras
almas,
y
no
las
dejéis
perecer.
Acordaos
del
eterno
e
inmenso
amor
que
habéis
tenido
por
ellas;
no
rechacéis
estas
almas
que
vienen
a
Vos,
agobiadas
bajo
el
peso
de
sus
miserias
oprimidas
bajo
el
de
tantos
dolores.
Conmoveos
a
la
vista
de
nuestra
debilidad,
de
los
peligros
que
nos
rodean
por
todas
partes,
de
los
males
que
nos
hacen
suspirar
y
gemir.
Llenas
de
confianza
y
amor,
venimos
a
vuestro
Corazón,
corno
el
corazón
del
mejor
de
los
padres,
del
más
tierno
y
más
compasivo
amigo.
Recibidnos,
¡oh
Corazón
sagrado!
en
vuestra
infinita
ternura;
hacednos
sentir
los
efectos
de
vuestra
compasión
y
de
nuestro
amor;
sed
nuestro
apoyo,
nuestro
mediador
cerca
de
vuestro
Padre,
y
en
nombre
de
vuestra
preciosa
sangre
y
de
vuestros
méritos,
concedednos
la
fuerza
en
nuestras
debilidades,
consuelo
en
nuestras
penas,
y
la
gracia
de
amaros
en
el
tiempo
y
de
poseeros
en
la
eternidad.
Corazón
de
Jesús,
yo
vengo
a
Vos
porque
sois
mi
único
refugio,
mi
sola
pero
cierta
esperanza;
Vos
sois
el
remedio
de
todos
mis
males,
el
alivio
de
todas
mis
miserias,
la
reparación
de
todas
mis
faltas,
la
seguridad
de
todas
mis
peticiones,
la
fuente
infalible
e
inagotable
para
mi,
y
para
todos
la
luz,
fuerza,
constancia,
paz
y
bendición.
Estoy
seguro
que
no
os
cansaréis
de
mí
y
que
no
cesaréis
de
amarme,
protegerme
y
ayudarme,
porque
me
amáis
con
un
amor
infinito.
Tened
piedad
de
mi,
según
vuestra
gran
misericordia,
y
haced
de
mí,
por
mi,
y
en
mí
todo
lo
que
queráis,
porque
yo
me
abandono
a
Vos
con
una
entera
confianza
de
que
Vos
no
me
abandonaréis
jamás.
Así
sea.
NOVENA
AL
SAGRADO
CORAZÓN
DE
JESÚS
Por
la
señal
de
la
santa
Cruz,
etc.
Señor
mío
Jesucristo,
etc.
ORACIÓN
PREPARATORIA
¡Oh
Corazón
divinísimo
de
mi
amado
Jesús,
en
quien
la
Santísima
Trinidad
depositó
tesoros
inmensos
de
celestiales
gracias!
Concededme
un
corazón
semejante
a
vos
mismo,
y
la
gracia
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
vuestro
sagrado
culto
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda
DÍA
PRIMERO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
sacratísimo
y
melifluo
de
Jesús,
que,
con
ferventísimos
deseos
y
ardentísimo
amor,
deseáis
corregir
y
desterrar
la
sequedad
y
tibieza
de
nuestros
corazones!
Inflamad
y
consumid
las
maldades
e
imperfecciones
del
mío,
para
que
se
abrase
en
vuestro
amor;
dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amantísimo
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Tres
Padrenuestros,
tres
Avemarías,
en
reverencia
de
las
tres
insignias
de
la
Pasión
con
que
se
mostró
el
divino
Corazón
a
Santa
Margarita
de
Alacoque.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
SEGUNDO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
amabilísimo
de
Jesús,
celestial
puerta
por
donde
nos
llegamos
a
Dios
y
Dios
viene
a
nosotros!
Dignaos
estar
patente
a
nuestros
deseos
y
amorosos
suspiros,
para
que,
entrando
por
vos
a
vuestro
Eterno
Padre,
recibamos
sus
celestiales
bendiciones
y
copiosas
gracias
para
amaros.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
sí
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
TERCERO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
Santísimo
de
Jesús,
camino
para
la
mansión
eterna
y
fuente
de
aguas
vivas!
Concededme
que
siga
vuestras
sendas
rectísimas
para
la
perfección
y
para
el
cielo,
y
que
beba
de
vos
el
agua
dulce
y
saludable
de
la
verdadera
virtud
y
devoción,
que
apaga
la
sed
de
todas
las
cosas
temporales.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
CUARTO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
purísimo
de
Jesús,
espejo
cristalino
en
quien
resplandece
toda
la
perfección!
Concededme
que
yo
pueda
contemplaros
perfectamente,
para
que
aspire
a
formar
mi
corazón
a
vuestra
semejanza,
en
la
oración,
en
la
acción
y
en
todos
mis
pensamientos,
palabras
y
obras.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
con-‐
tra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
QUINTO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
dulcísimo
de
Jesús,
órgano
de
la
Trinidad
venerada,
por
quien
se
perfeccionan
todas
nuestras
obras!
Yo
os
ofrezco
las
mías,
aunque
tan
imperfectas,
para
que
supliendo
vos
mi
negligencia,
puedan
aparecer
muy
perfectas
y
agradables
ante
el
divino
acatamiento.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
SEXTO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
amplísimo
de
Jesús,
templo
sagrado
donde
me
mandáis
habite
con
toda
mi
alma,
potencias
y
sentidos!
Gracias
os
doy
por
la
inexplicable
quietud.
sosiego
y
gozo
que
yo
he
hallado
en
este
templo
hermoso
de
la
paz,
donde
descansaré
gustoso
eternamente.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
SÉPTIMO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
clementísimo
de
Jesús!,
divino
propiciatorio,
por
el
cual
ofreció
el
Eterno
Padre
que
oiría
siempre
nuestras
oraciones,
diciendo:
"Pídeme
por
el
Corazón
de
mi
amantísimo
Hijo
Jesús;
por
este
Corazón
te
oiré,
y
alcanzarás
cuanto
me
pides".
Presento
sobre
vos
a
vuestro
Eterno
Padre
todas
mis
peticiones,
para
conseguir
el
fruto
que
deseo.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
OCTAVO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
amantísimo
de
Jesús,
trono
ígneo
y
lucidísimo,
inflamado
en
el
amor
de
los
hombres,
a
quienes
deseáis
abrasados
mutuamente
en
vuestro
amor!
Yo
deseo
vivir
siempre
respirando
llamas
de
amor
divino
en
que
me
abrase,
y
con
que
encienda
a
todo
el
mundo,
para
que
os
corresponda
amante
y
obsequioso.
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
¡oh
amante
Corazón!,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
DÍA
NOVENO
Acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Oración.
¡Oh
Corazón
dolorosísimo
de
Jesús,
que
para
ablandar
nuestra
dureza
y
hacer
más
patente
el
amor
con
que
padecisteis
tantos
dolores
y
penas
para
salvarnos,
los
quisisteis
representar
en
la
cruz,
corona
de
espinas
y
herida
de
la
lanza,
con
que
os
manifestasteis
paciente
y
amante
al
mismo
tiempo!
Dadme
la
gracia
de
resarcir
las
injurias
e
ingratitudes
hechas
contra
vos,
correspondiendo
agradecido
a
vuestro
amor,
y
la
que
os
pido
en
esta
novena,
si
es
para
mayor
gloria
de
Dios,
culto
vuestro
y
bien
de
mi
alma.
Amén.
Tres
Padrenuestros
y
Avemarías.
Oraciones
finales.
ORACIÓN
AL
PADRE
ETERNO.
¡Oh
Padre
Eterno!
Por
medio
del
Corazón
de
Jesús,
mi
vida,
mi
verdad
y
mi
camino,
llego
a
Vuestra
Majestad;
por
medio
de
este
adorable
Corazón,
os
adoro
por
todos
los
hombres
que
no
os
adoran;
os
amo
por
todos
los
que
no
os
aman;
os
conozco
por
todos
los
que,
voluntariamente
ciegos,
no
quieren
conoceros.
Por
este
divinísimo
Corazón
deseo
satisfacer
a
Vuestra
Majestad
todas
las
obligaciones
que
os
tienen
todos
los
hombres;
os
ofrezco
todas
las
almas
redimidas
con
la
preciosa
sangre
de
vuestro
divino
Hijo,
y
os
pido
humildemente
la
conversión
de
todas
por
el
mismo
suavísimo
Corazón.
No
permitáis
que
sea
por
más
tiempo
ignorado
de
ellas
mi
amado
Jesús;
haced
que
vivan
por
Jesús,
que
murió
por
todas.
Presento
también
a
Vuestra
Majestad,
sobre
este
santísimo
Corazón,
a
vuestros
siervos,
mis
amigos,
y
os
pido
los
llenéis
de
su
espíritu,
para
que,
siendo
su
protector
el
mismo
deífico
Corazón,
merezcan
estar
con
vos
eternamente.
Amén.
Hacer
aquí
la
petición
que
se
desea
obtener
con
esta
novena
ORACIÓN.
¡Oh
Corazón
divinísimo
de
Jesús,
dignísimo
de
la
adoración
de
los
hombres
y
de
los
ángeles!
¡Oh
Corazón
inefable
y
verdaderamente
amable,
digno
de
ser
adorado
con
infinitas
alabanzas,
por
ser
fuente
de
todos
los
bienes,
por
ser
origen
de
todas
las
virtudes,
por
ser
el
objeto
en
quien
más
se
agrada
toda
la
Santísima
Trinidad
entre
todas
las
criaturas!
¡Oh
Corazón
dulcísimo
de
Jesús!
Yo
profundísimamente
os
adoro
con
todos
los
espíritus
de
mi
pobre
corazón,
yo
os
alabo,
yo
os
ofrezco
las
alabanzas
todas
de
los
más
amantes
serafines
y
de
toda
vuestra
corte
celestial
y
todas
las
que
os
puede
dar
el
Corazón
de
vuestra
Madre
Santísima.
Amén.
NOVENA
A
LA
DIVINA
MISERICORDIA
DÍA
PRIMERO
Por
todo
el
género
humano,
especialmente
por
los
pecadores
Misericordiosísimo
Jesús,
cuya
prerrogativa
es
tener
compasión
de
nosotros
y
perdonarnos,
no
mires
nuestros
pecados,
sino
la
confianza
que
depositamos
en
Tu
bondad
infinita.
Acógenos
en
la
morada
de
Tu
Piadosísimo
Corazón
y
no
permitas
que
salgamos
jamás
de
él.
Te
lo
pedimos
por
el
amor
que
te
une
al
Padre
y
al
Espíritu
Santo.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
compasiva
mirada
hacia
todo
el
género
humano
y
en
especial
hacia
los
pecadores,
todos
unidos
en
el
Piadosísimo
Corazón
de
Jesús.
Por
los
méritos
de
Su
Pasión,
muéstranos
Tu
misericordia,
para
que
alabemos
la
omnipotencia
de
Tu
misericordia,
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amen.
JACULATORIA:
Oh,
sangre
y
agua
que
brotasteis
del
Sagrado
Corazón
de
Jesús
como
una
fuente
de
misericordia
para
nosotros,
yo
confío
en
Vos.
DÍA
SEGUNDO
Por
las
almas
de
los
sacerdotes
y
religiosos
Misericordiosísimo
Jesús,
de
quien
procede
toda
bondad,
multiplica
Tus
gracias
sobre
las
religiosas
consagradas
a
Tu
servicio,
para
que
puedan
hacer
obras
dignas
de
misericordia;
y
que
todos
aquellos
que
la
vean,
glorifiquen
al
Padre
de
Misericordia
que
está
en
el
cielo.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
mirada
misericordiosa
hacia
el
grupo
elegido
de
Tu
viña
(hacia
las
almas
de
sacerdotes
y
religiosos);
dótalos
con
la
fortaleza
de
Tus
bendiciones.
Por
el
amor
del
Corazón
de
Tu
Hijo,
en
el
cual
están
unidos,
impárteles
Tu
poder
y
Tu
luz,
para
que
guíen
a
otros
en
el
camino
de
la
salvación
y
con
una
sola
voz
canten
alabanzas
a
tu
misericordia
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
TERCERO
Por
todas
las
almas
devotas
y
fieles
Misericordiosísimo
Jesús,
del
tesoro
de
Tu
misericordia
distribuye
Tus
gracias
a
raudales
entre
todos
y
cada
uno
de
nosotros.
Acógenos
en
el
seno
de
Tu
Compasivísimo
Corazón
y
no
permitas
que
salgamos
nunca.
Te
imploramos
esta
gracia
en
virtud
del
más
excelso
de
los
amores;
aquel
con
el
que
Tu
corazón
arde
tan
fervorosamente
por
el
Padre
Celestial.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
piadosa
mirada
hacia
las
almas
fieles,
pues
que
guardan
el
legado
de
Tu
Hijo.
Por
los
méritos
y
dolores
de
Su
Pasión,
concédeles
Tu
bendición
y
tenlos
siempre
bajo
Tu
tutela.
Que
nunca
claudiquen
su
amor
o
pierdan
el
tesoro
de
nuestra
santa
fe,
sino
que,
con
todos
los
Ángeles
y
Santos,
glorifiquen
tu
misericordia
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
CUARTO
Por
los
que
no
creen
y
todavía
no
conocen
la
Divina
Misericordia.
Piadosísimo
Jesús,
Tú
que
eres
Luz
del
género
humano,
recibe
en
la
morada
de
Tu
corazón
lleno
de
compasión,
las
almas
de
aquellos
que
todavía
no
creen
en
Ti,
o
que
no
te
conocen.
Que
los
rayos
de
Tu
gracia
los
iluminen
para
que
también,
unidos
a
nosotros,
ensalcen
tu
maravillosa
misericordia;
y
no
los
dejes
salir
de
la
morada
de
Tu
corazón
desbordante
de
piedad.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
piadosa
mirada
a
las
almas
de
aquellos
que
no
creen
en
Tu
Hijo,
y
a
las
de
aquellos
que
todavía
no
te
conocen,
pero
anidan
en
el
Compasivo
Corazón
de
Jesús.
Aproxímalos
a
la
luz
del
Evangelio.
Estas
almas
desconocen
la
gran
felicidad
que
es
amarte.
Concédeles
que
también
ellos
ensalcen
la
generosidad
de
Tu
misericordia
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
QUINTO
Por
las
almas
de
nuestros
hermanos
separados
Misericordiosísimo
Jesús,
que
eres
la
Bondad
misma,
no
niegues
la
luz
a
aquellos
que
Te
buscan.
Recibe
en
el
seno
de
Tu
Corazón
desbordante
de
piedad
las
almas
de
nuestros
hermanos
separados.
Encamínalos,
con
la
ayuda
de
Tu
luz,
a
la
unidad
de
la
Iglesia,
y
no
los
dejes
marchar
del
cobijo
de
Tu
Compasivo
Corazón,
todo
amor;
haz
que
también
ellos
lleguen
a
glorificar
la
generosidad
de
tu
misericordia.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
piadosa
mirada
hacia
las
almas
de
nuestros
hermanos
separados,
especialmente
hacia
las
almas
de
aquellos
que
han
malgastado
Tus
bendiciones
y
abusado
de
Tus
gracias,
manteniéndose
obstinadamente
en
el
error.
También
a
ellos
da
cobijo
el
Corazón
misericordioso
de
Jesús;
no
mires
sus
errores,
sino
el
amor
de
Tu
Hijo
y
los
dolores
de
la
Pasión
que
sufrió
y
que
aceptó
por
su
bien.
Haz
que
glorifiquen
Tu
gran
Misericordia
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amen.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
SEXTO
Por
las
almas
mansas
y
humildes
y
las
de
los
niños
pequeños
Misericordiosísimo
Jesús
que
dijiste:
"aprended
de
Mí,
que
soy
manso
y
humilde
de
corazón",
acoge
en
Tu
Corazón
desbordante
de
piedad
a
todas
las
almas
mansas
y
humildes,
y
las
de
los
niños
pequeños.
Estas
almas
son
la
delicia
de
las
regiones
celestiales
y
las
preferidas
del
Padre
Eterno,
pues
se
recrea
en
ellas
muy
particularmente.
Son
como
un
ramillete
de
florecillas
que
despidieran
su
perfume
ante
el
trono
de
Dios.
El
mismo
Dios
se
embriaga
con
su
fragancia.
Ellas
encuentran
abrigo
en
Tu
Piadosísimo
Corazón,
oh
Jesús
y
entonan
incesantemente
himnos
de
amor
y
de
gloria.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
mirada
llena
de
misericordia
hacía
estas
almas
mansas,
hacia
estas
almas
humildes
y
hacia
los
niños
pequeños
acurrucados
en
el
seno
del
corazón
desbordante
de
piedad
de
Jesús.
Estas
almas
se
asemejan
más
a
Tu
Hijo.
Su
fragancia
asciende
desde
la
tierra
hasta
alcanzar
Tu
Trono,
Señor.
Padre
de
misericordia
y
bondad
suma,
Te
suplico,
por
el
amor
que
Te
inspiran
estas
almas
y
el
gozo
que
Te
proporcionan:
bendice
a
todo
el
género
humano,
para
que
todas
las
almas
a
la
par
entonen
las
alabanzas
que
a
Tu
misericordia
se
deben
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
SÉPTIMO
Por
las
almas
que
veneran
especialmente
la
Misericordia
Divina
Misericordiosísimo
Jesús,
cuyo
Corazón
es
el
Amor
mismo,
recibe
en
Tu
Corazón
piadosísimo
las
almas
de
aquellos
que
de
una
manera
especial
alaban
y
honran
la
grandeza
de
Tu
misericordia.
Son
poderosas
con
el
poder
de
Dios
mismo.
En
medio
de
las
dificultades
y
aflicciones
siguen
adelante,
confiadas
en
Tu
misericordia;
y
unidas
a
Ti,
oh
Jesús,
portan
sobre
sus
hombros
a
todo
el
género
humano;
por
ello
no
serán
juzgadas
con
severidad,
sino
que
Tu
misericordia
las
acogerá
cuando
llegue
el
momento
de
partir
de
esta
vida.
Padre
Eterno,
vuelve
Tu
mirada
sobre
las
almas
que
alaban
y
honran
Tu
Atributo
Supremo,
Tu
misericordia
infinita,
guarecidas
en
el
Piadosísimo
Corazón
de
Jesús.
Estas
almas
viven
el
Evangelio
con
sus
manos
rebosantes
de
obras
de
misericordia,
y
su
corazón,
desbordante
de
alegría,
entona
cánticos
de
alabanza
a
Ti,
Altísimo
Señor,
exaltando
Tu
misericordia.
Te
lo
suplico
Señor:
muéstrales
Tu
misericordia,
de
acuerdo
con
la
esperanza
y
confianza
en
Ti
depositada.
Que
se
cumpla
en
ellos
la
promesa
hecha
por
Jesús,
al
expresarles
que
durante
su
vida,
pero
sobre
todo
a
la
hora
de
la
muerte,
aquellas
almas
que
veneraron
Su
infinita
misericordia,
serían
asistidas
por
El,
pues
ellas
son
su
gloria.
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
OCTAVO
Por
las
almas
que
estén
en
el
purgatorio
Misericordiosísimo
Jesús,
que
exclamaste
¡misericordia!,
introduzco
ahora
en
el
seno
de
Tu
Corazón
desbordante
de
misericordia
las
almas
del
purgatorio,
almas
que
tanto
aprecias
pero
que,
no
obstante,
han
de
pagar
su
culpa.
Que
el
manantial
de
Sangre
y
Agua
que
brotó
de
Tu
Corazón
apague
las
llamas
purificadoras
para
que,
también
allí,
el
poder
de
Tu
misericordia,
sea
glorificado.
Padre
eterno,
mira
con
ojos
misericordiosos
a
estas
almas
que
padecen
en
el
purgatorio
y
que
Jesús
acoge
en
Su
Corazón,
desbordante
de
piedad.
Te
suplico,
por
la
dolorosa
Pasión
que
sufrió
Tu
Hijo,
y
por
toda
la
amargura
que
anegó
Su
sacratísima
alma:
muéstrate
misericordioso
con
las
almas
que
se
hallan
bajo
Tu
justiciera
mirada.
No
los
mires
de
otro
modo,
sino
sólo
a
través
de
las
heridas
de
Jesús,
Tu
Hijo
bien
amado;
porque
creemos
firmemente
que
Tu
bondad
y
compasión
son
infinitas.
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
DÍA
NOVENO
Por
las
almas
tibias
Piadosísimo
Jesús,
que
eres
la
Piedad
misma.
Traigo
hoy
al
seno
de
Tu
Compasivo
Corazón
a
las
almas
enfermas
de
tibieza.
Que
el
puro
amor
que
Te
inflama
encienda
en
ellas,
de
nuevo,
la
llama
de
tu
amor,
y
no
vuelva
el
peso
muerto
de
su
indiferencia
a
abrumante
con
su
carga.
¡Oh,
Jesús!,
todo
compasión,
ejerce
la
omnipotencia
de
Tu
Misericordia,
y
atráelas
a
Ti,
que
eres
llama
de
amor
viva
y
haz
que
ardan
con
santo
fervor,
porque
Tú
todo
lo
puedes.
Padre
Eterno,
mira
con
ojos
misericordiosos
a
estas
almas
que,
a
pesar
de
todo,
Jesús
cobija
en
el
seno
de
su
Corazón
lleno
de
piedad.
Padre
de
Misericordia,
te
ruego,
por
los
sufrimientos
que
Tu
Hijo
padeció,
y
por
sus
tres
largas
horas
de
agonía
en
la
Cruz,
que
ellas
también
glorifiquen
en
el
mar
sin
fondo
de
Tu
misericordia,
Amén.
Terminar
con
la
jaculatoria
del
primer
día.
NOVENA
DE
LA
NATIVIDAD
En
el
nombre
del
Padre...
Rezar
a
continuación
las
siguientes
oraciones
durante
nueve
días
consecutivos:
I.
Ofrecimiento.
Oh
Padre
eterno,
os
ofrezco
a
honra
y
gloria
vuestra,
y
por
mi
salvación
y
la
de
todo
el
mundo,
el
misterio
del
Nacimiento
de
nuestro
divino
Redentor.
Gloria,
padrenuestro
y
avemaría.
II.
Ofrecimiento.
Oh
Padre
eterno,
os
ofrezco
a
honra
y
gloria
vuestra,
y
por
mi
eterna
salvación,
los
sufrimientos
de
la
Virgen
santísima
y
de
san
José
en
aquel
largo
y
penoso
viaje
de
Nazaret
a
Belén,
y
las
angustias
de
su
corazón
por
no
encontrar
lugar
donde
ponerse
a
cubierto
cuando
estaba
para
nacer
el
Salvador
del
mundo.
Gloria,
padrenuestro
y
avemaría.
III.
Ofrecimiento.
Oh
Padre
eterno,
os
ofrezco
a
honra
y
gloria
vuestra,
y
por
mi
eterna
salvación,
el
pesebre
donde
nació
Jesús,
el
duro
heno
que
le
sirvió
de
cama,
el
frío
que
sufrió,
los
pañales
en
que
fue
envuelto,
las
lágrimas
que
derramó
y
sus
tiernos
gemidos.
Gloria,
padrenuestro
y
avemaría.
IV.
Ofrecimiento.
Oh
Padre
eterno,
os
ofrezco
a
honra
y
gloria
vuestra,
y
por
mi
eterna
salvación,
el
dolor
que
sufrió
el
divino
niño
Jesús
en
su
tierno
cuerpecito,
cuando
se
sujetó
a
la
cruel
circuncisión;
os
ofrezco
aquella
preciosísima
sangre,
que
entonces
derramó
por
primera
vez
para
la
salvación
de
todo
el
género
humano.
Gloria,
padrenuestro
y
avemaría.
V.
Ofrecimiento.
Oh
Padre
eterno,
os
ofrezco
a
mayor
honra
y
gloria
vuestra,
y
por
mi
eterna
salvación,
la
humildad,
la
mortificación,
la
paciencia
la
caridad,
y
todas
las
virtudes
del
niño
Jesús,
y
os
doy
gracias,
os
amo
y
os
bendigo
infinitamente
por
este
inefable
misterio
de
la
Encarnación
del
Verbo
divino.
Gloria,
padrenuestro
y
avemaría.
NOVENA
A
LA
SANTA
FAZ
Por
la
señal...
Señor
mio
Jesucristo,
Dios
y
hombre
verdadero,
me
pesa
de
todo
corazón
de
haber
pecado,
porque
he
merecido
el
infierno
y
he
perdido
el
cielo,
pero
sobre
todo
porque
te
ofendí
a
ti,
que
eres
bondad
infinita,
a
quien
amo
sobre
todas
las
cosas.
Propongo
firmemente,
con
tu
gracia,
enmendar
y
evitar
las
ocasiones
próximas
de
pecado,
confesarme
y
cumplir
la
penitencia.
Confío
en
que
me
perdonarás,
por
tu
infinita
misericordia.
Amén.
ORACIÓN
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Te
adoro,
oh
Jesús
mío,
hijo
de
Dios
vivo
y
de
María
Virgen,
que
por
mi
amor
diste
la
vida
en
el
ara
de
la
cruz.
A
ti
me
consagro
con
todo
mi
corazón,
suplicando
humildemente
que
te
dignes
imprimir
en
mi
alma
la
imagen
de
tu
Rostro
adorable.
¡Oh
Padre
Eterno!
Mira
la
Faz
de
tu
Cristo
y
por
sus
méritos
infinitos
concédeme
un
ardiente
deseo
de
reparar
las
injurias
hechas
a
tu
Divina
Majestad
y
la
gracia
que
deseo
obtener
en
esta
novena.
Así
sea.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda.
DÍA
PRIMERO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
amorosísimo
Jesús!
No
sólo
tu
palabra,
sino
también
la
expresión
de
tu
Faz
abrasada
en
amor
nos
revelaron,
en
el
Cenáculo,
la
vehemencia
con
que
habías
ansiado
la
hora
de
quedarte
con
nosotros
en
la
Eucaristía.
Enciende
en
mi
corazón
vivos
anhelos
de
visitarte
y
recibirte
frecuentemente
con
la
pureza
de
los
ángeles.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
víctima
divina,
mi
buen
Jesús!
Tu
Faz
venerable
pegada
al
suelo
de
Getsemaní
y
bañada
en
copioso
sudor
de
sangre,
me
descubre
la
grandeza
de
tus
dolores
y
la
gravedad
de
mis
pecados.
Dame
a
mi
y
a
todos
los
pecadores
un
sincero
arrepentimiento
con
firmísimo
propósito
de
nunca
más
pecar.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
amabilísimo
Jesús!
Tu
augusta
y
serena
Faz
quedó
sombreada
con
inmensa
tristeza
al
recibir
en
tu
frente
el
beso
del
traidor
Judas.
Hazme,
te
suplico,
participante
de
tu
íntima
aflicción
por
tantos
sacrilegios
como
cometen
los
que
se
acercan
a
recibirte
en
pecado
mortal.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
mansísimo
Jesús!
Tu
Faz
de
infinita
bondad
es
objeto
del
más
vil
insulto
inferido
por
la
cruel
mano
de
un
criado
en
casa
de
Anás.
Te
hieren,
Salvador
mío,
porque
aborrecen
tus
palabras
de
justicia
y
de
caridad
sin
límites.
No
permitas
que
jamás
tome
yo
venganza
de
mis
enemigos,
antes
bien
les
perdone
siempre
de
todo
corazón.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
pacientísimo
Jesús!
En
la
noche
oscura
de
tu
Pasión,
tu
Faz
sacrosanta
pareció
semejante
a
la
de
un
leproso.
Desprecios,
salivazos,
bofetadas
e
injurias
sin
número
afearon
tu
hermosísimo
Rostro.
Perdona,
Señor,
a
tu
pueblo
ingrato
que
todavía
afrenta
con
su
irreligiosidad
y
blasfemias
tu
santísimo
Nombre.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
soberano
rey
Jesús!
La
majestuosa
dignidad
de
tu
Faz
vilipendiada
y
coronada
de
espinas
proclamó
solemnemente
tu
realeza
sobre
las
naciones,
confirmada
por
la
profética
voz
de
Pilatos
ante
el
pueblo
judío
al
decirle:
"He
aquí
vuestro
Rey".
Concédeme,
oh
Rey
de
la
gloria,
un
ardoroso
celo
de
propagar
tu
Reino
aun
a
costa
de
mi
propia
sangre.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
generosísimo
Jesús!
Tu
Faz
de
Dios-‐Hombre
se
iluminó
súbitamente
con
los
resplandores
de
un
santo
gozo
al
estrechar
entre
tus
brazos
la
suspirada
cruz.
Dame
aliento
para
tomar
resueltamente
mi
Cruz
y
seguirte
con
ánimo
constante
y
generoso
hasta
el
fin
de
mi
vida.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
Comenzar
con
a
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Oh
tiernísimo
Jesús!
¡Cuál
debió
de
ser
la
bondad
de
tu
Faz
cuando
la
Verónica
con
blanco
sudario
la
limpiaba!
¡Con
qué
amorosa
gratitud
la
miraste,
y
cuál
no
sería
su
asombro
al
hallar
impreso
en
su
lienzo
tu
santísimo
Rostro!
Haz
que
contemple,
Redentor
mío,
tu
pasión
con
tanto
amor
y
ternura
que
los
rasgos
purísimos
de
tu
Faz
queden
grabados
en
mi
corazón.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración.
¡Santísimo
Jesús!
Tu
Faz
de
reparador
divino,
cubierta
con
las
sombras
de
la
muerte,
aplacó
la
Justicia
del
Padre,
y
tus
últimas
palabras
fueron
prenda
segura
de
eterna
felicidad.
Sean,
oh
Salvador
mío,
mi
vida
y
mi
muerte,
una
continua
reparación,
unida
a
la
tuya
y
a
la
de
tu
Madre
Santísima,
a
quien
yo
también
invocaré
siempre,
con
el
dulcísimo
nombre
de
Madre.
Hacer
la
petición
y
rezar
un
padrenuestro
en
honor
de
la
Santa
Faz.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Jaculatoria.
¡Muéstranos,
Señor,
tu
Faz
y
seremos
salvos!
Oración.
Oh
Dios
omnipotente
y
misericordioso,
concede,
te
pedimos,
que
cuantos
veneramos
la
Faz
de
tu
Cristo,
desfigurada
en
la
Pasión
a
causa
de
nuestros
pecados,
merezcamos
contemplarla
eternamente
en
el
resplandor
de
la
gloria
celestial.
Amén
ORACIÓN
DE
CONSAGRACIÓN
¡Oh
Faz
amabilísima
de
Jesús!;
Aquí
vengo,
atraído
por
tu
dulce
mirada,
que
como
divino
imán,
arrebata
mi
corazón
aunque
pobre
y
pecador!
¡Oh
Jesús!,
quisiera
enjugar
tu
adorable
Faz
y
consolarte
de
las
injurias
y
olvido
de
los
pecadores.
¡Oh
Rostro
hermosísimo!,
las
lágrimas
que
brotan
de
tus
ojos
me
parecen
diamantes,
que
quiero
recoger
para
comprar
con
ellos
las
almas
de
mis
hermanos.
¡Oh
amado
Jesús!,
si
yo
tuviera
el
amor
de
todos
los
corazones,
todo
sería
para
Ti.
Envía,
Señor,
almas,
sobre
todo
almas
de
apóstoles
y
de
mártires
para
abrasar
en
tu
amor
a
la
multitud
de
los
desgraciados
pecadores.
¡Oh
adorable
Jesús!,
mientras
aguardo
el
día
eterno
en
que
contemplaré
tu
gloria
infinita,
mi
único
deseo
es
venerar
tu
Faz
santísima,
a
la
cual
consagro
desde
ahora
para
siempre
mi
alma
con
sus
potencias
y
mi
cuerpo
con
sus
sentidos.
¡Oh
mi
Jesús!,
haz
que
tu
Rostro
lastimado
sea
aquí
abajo
mi
encanto
y
mi
cielo.
NOVENA
BREVE
A
JESÚS
NAZARENO
Por
la
señal.
Señor
mio
Jesucristo,
Dios
y
hombre
verdadero,
me
pesa
de
todo
corazón
de
haber
pecado,
porque
he
merecido
el
infierno
y
he
perdido
el
cielo,
pero
sobre
todo
porque
te
ofendí
a
ti,
que
eres
bondad
infinita,
a
quien
amo
sobre
todas
las
cosas.
Propongo
firmemente,
con
tu
gracia,
enmendar
y
evitar
las
ocasiones
próximas
de
pecado,
confesarme
y
cumplir
la
penitencia.
Confío
en
que
me
perdonarás,
por
tu
infinita
misericordia.
Amén.
ORACIÓN
PREPARATORIA
¡Dulcísimo
Jesús
Nazareno!
Postrado
a
vuestros
pies,
reconozco
mis
ingratitudes
para
con
Vos,
y,
arrepentido
de
mis
pecados,
propongo,
con
vuestra
ayuda,
no
volver
a
ofenderos.
Animado
por
vuestra
infinita
bondad
y
por
los
muchos
favores
que
otorgáis
a
los
que
imploran
ante
vuestra
imagen
misericordia
y
perdón,
os
pido,
¡oh
mi
buen
Jesús!,
que,
en
memoria
de
vuestra
Pasión,
atendáis
mis
súplicas
en
esta
novena,
si
son
de
vuestro
agrado
y
para
provecho
de
mi
alma.
Amén.
(Pídase
la
gracia
que
se
desee
conseguir.)
INVOCACIONES
Jesús
Nazareno,
por
vuestra
Pasión,
tened
misericordia
de
nosotros.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
Jesús
Nazareno,
encended
en
vuestro
amor
nuestros
corazones.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
Jesús
Nazareno,
salvad
nuestras
almas
redimidas
con
vuestra
sangre.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
ORACIÓN
FINAL
¡Padre
nuestro
Jesús
Nazareno!
Al
considerar
vuestra
bondad
y
vuestro
amor
para
conmigo,
un
grito
de
gratitud
sale
de
más
labios,
diciéndoos:
¡Jesús
mío,
os
amo!
Por
nuestro
amor
bajasteis
a
la
tierra
y
sufristeis
dolores
acerbísimos,
muriendo
clavado
en
una
cruz;
por
nuestro
amor
os
disteis,
como
manjar,
en
el
Sacramento
de
nuestros
altares;
por
nuestro
amor
os
manifestáis
en
esa
Imagen
bendita,
coronado
de
espinas,
con
los
ojos
lánguidos
y
el
rostro
dolorido,
símbolo
de
vuestro
sufrimiento.
¡Gracias,
Señor!
Y
para
corresponder
a
tantos
favores
os
pido
la
gracia
de
cumplir
siempre
vuestra
ley
santa
y
de
morir
en
vuestro
amor.
Amén.
NOVENA
A
JESÚS
NAZARENO
Por
la
señal.
Señor
mio
Jesucristo,
Dios
y
hombre
verdadero,
me
pesa
de
todo
corazón
de
haber
pecado,
porque
he
merecido
el
infierno
y
he
perdido
el
cielo,
pero
sobre
todo
porque
te
ofendí
a
ti,
que
eres
bondad
infinita,
a
quien
amo
sobre
todas
las
cosas.
Propongo
firmemente,
con
tu
gracia,
enmendar
y
evitar
las
ocasiones
próximas
de
pecado,
confesarme
y
cumplir
la
penitencia.
Confío
en
que
me
perdonarás,
por
tu
infinita
misericordia.
Amén.
ORACIÓN
PREPARATORIA
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
¡Oh,
Señor
y
Dios
mío!
Animado
por
vuestra
infinita
bondad
y
por
los
continuos
favores
que
otorgáis
a
los
que
imploran
delante
de
vuestra
Imagen,
misericordia
y
perdón,
a
Vos
acudo,
oh
Padre
mío,
Jesús
Nazareno,
para
ofreceros
mis
humildes
obsequios
y
presentaros
las
necesidades
de
mi
pobre
alma.
Confieso
que
os
he
ofendido
con
grandes
faltas,
que
he
repetido
sin
cesar;
pero
ya
arrepentido,
las
detesto
de
veras
y
propongo
ayudado
de
nuestra
gracia
enmendarme
en
lo
venidero.
Movido,
pues,
de
estos
sentimientos,
os
ruego,
¡oh
mi
buen
Jesús!,
que,
por
los
dolores
de
vuestra
Pasión,
atendáis
las
súplicas
que
os
dirijo
en
esta
novena,
si
son
de
vuestro
agrado
y
de
provecho
para
mi
alma.
Amén.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda:
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
¡Oh,
dulce
y
amado
Padre
mío,
Jesús
Nazareno!
Al
considerar
vuestro
amor
y
la
bondad
con
que
me
habéis
acogido
en
este
día,
un
grito
de
gratitud
se
escapa
de
mis
labios
y
el
recuerdo
de
vuestras
misericordias
embarga
mi
alma.
Por
ganar
mi
amor
bajasteis
a
la
tierra
y
sufristeis
toda
clase
de
penas
y
trabajos
y
muerte
de
cruz.
Por
mí
también,
llegando
al
colmo
de
todas
las
bondades,
os
quedasteis
en
el
Sacramento
del
altar,
queriendo
ser
nuestro
manjar,
consuelo
y
perpetuo
compañero.
¿Qué
más?
Por
nuestro
amor
os
presentáis
en
esa
Imagen
coronada
de
espinas,
atado
con
duros
cordeles
y
vestido
con
hábito
de
humildad
y
de
paciencia.
¡Gracias,
Señor,
por
todo!,
y
a
fin
de
corresponder
a
vuestros
favores,
os
pido
la
gracia
de
cumplir
siempre
vuestra
ley,
imitar
vuestras
virtudes
y
vivir
y
morir
en
vuestro
amor.
Amén.
DÍA
PRIMERO
MEDITACIÓN
La
hora
de
la
Pasión
ha
llegado.
Jesús
se
dirige
con
sus
discípulos
al
Huerto
de
los
Olivos,
y
allí,
de
rodillas,
ora
y
ofrece
a
su
eterno
Padre
sus
dolores.
La
vista
de
las
afrentas
y
muerte
próxima
es
tan
horrible,
que
le
hace
desfallecer
hasta
sudar
sangre.
Sólo
le
anima
el
pensamiento
de
que
cumple
la
voluntad
de
su
Padre
y
que
de
su
muerte
de
cruz
dependía
nuestra
salvación.
Haced,
Jesús
mío,
que
enjugue
vuestro
sudor,
detestando
mis
pecados,
causa
de
vuestra
pasión
y
muerte.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
MEDITACIÓN
Judas
llega
con
sus
soldados
a
prender
a
Jesús.
Este
sale
a
su
encuentro,
y
al
recibir
el
beso
del
traidor
discípulo,
los
judíos
caen
sobre
Jesús,
como
lobos
sobre
un
manso
cordero.
Preso,
pues,
con
gruesos
cordeles,
Jesús
es
llevado,
entre
insultos
y
golpes,
como
un
facineroso,
a
presencia
del
Sumo
Sacerdote.
Concédeme,
Jesús
mío,
que
yo
sea
manso
y
humilde
como
Vos,
sufriendo
los
desprecios
de
mis
prójimos.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
MEDITACIÓN
Quién
podrá
declarar
lo
que
Jesús
padeció
de
parte
de
los
judíos?
Un
vil
criado
del
Pontífice
le
abofetea,
y
Caifás
y
los
príncipes
del
pueblo
le
declaran
reo
de
muerte.
Los
ministros
del
Sanedrín
pasan
la
noche
injuriándole
y
maltratándole
ignominiosamente,
algunos
le
escupen
en
el
rostro
y
Herodes
le
desprecia
por
loco.
Hasta
Pedro,
su
fiel
discípulo,
se
avergonzó
de
conocerle.
Y
¿me
quejaré
yo
de
las
penas
que
he
merecido
por
mis
pecados?
Señor,
quiero
sufrir
algo
por
vuestro
amor.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
MEDITACIÓN
Los
judíos
piden
a
gritos
la
muerte
de
cruz
para
el
Salvador.
Pilatos,
temiendo
las
amenazas
del
pueblo,
cree
que
podrá
aplacarle
si
mandan
castigar
a
Jesús.
Atado,
pues,
a
una
columna
el
divino
Maestro
es
azotado
tan
bárbaramente
por
los
sayones
que
su
cuerpo
es
del
todo
desgarrado
y
cubierto
de
llagas
y
de
sangre.
Oh,
divino
Redentor,
haced
que
yo
ame
la
mortificación,
que
necesito
para
borrar
mis
pecados.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
MEDITACIÓN
Como
Jesús
habla
afirmado
que
era
Rey,
los
soldados
de
Pilatos
quisieron
burlarse
de
su
realeza.
Para
eso
mandan
sentar
a
Jesús;
echan
sobre
sus
desnudas
espaldas
un
manto
viejo
de
púrpura,
clavan
en
su
cabeza
una
corona
de
punzantes
espinas,
y
en
sus
manos
ponen
una
caña
a
modo
de
cetro.
Unos
de
rodillas
le
encarnecen
vilmente,
otros
le
llenan
de
saliva,
y,
cogiéndole
la
caña,
le
golpean
con
ella
la
cabeza,
hincándole
más
y
más
las
espinas.
Y
yo,
ante
esta
escena
tristísima,
¿no
aprenderé
a
tener
paciencia,
sufriendo
por
quien
tanto
sufrió
por
mi?
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
MEDITACIÓN
Pilatos,
al
ver
la
figura
lastimosa
que
presentaba
Jesús
después
de
la
coronación
de
espinas,
creyó
que
los
judíos
se
conmoverían
con
sólo
verle.
Lo
sacó
en
público
y
dijo:
Ecce
Homo:
Ved
aquí
al
hombre;
yo
no
encuentro
en
El
causa
de
muerte.
Pero
los
judíos,
al
ver
a
Jesús
y
oír
las
palabras
del
Presidente,
contestaron
a
gritos:
"Crucifícale,
crucifícale".
Oh,
Jesús
mío,
al
oír
los
desprecios
de
los
judíos
y
las
blasfemias
de
muchos
cristianos,
protestaré
en
mi
corazón
diciendo
"Viva
Jesús!"
"Bendito
sea
su
santo
Nombre!".
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
MEDITACIÓN
Dada
por
Pilatos
sentencia
de
muerte
contra
Jesús,
los
judíos
se
apresuraron
a
ponerla
en
ejecución.
Visten
de
nuevo
a
Jesús
con
su
túnica,
cargan
sobre
sus
hombros
una
pesada
cruz,
y
le
obligan
a
caminar
así
por
las
calles
de
Jerusalén.
La
turba
corre
tras
de
Jesús,
ansiosa
de
llenarle
de
insultos.
Iba
el
Salvador
tan
fatigado,
que
varias
veces
cayó
en
tierra,
y
temiendo
los
soldados
que
desfalleciese
en
el
camino,
obligaron
al
Cirineo
a
que
le
ayudara
hasta
el
Calvario.
Hacer,
Jesús
mío,
que
Yo
sea
vuestro
cirineo,
llevando
gustoso
la
cruz
que
me
queráis
enviar.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
MEDITACIÓN
Casi
sin
vida
llegó
Jesús
al
Calvario,
y
los
crueles
sayones
al
punto
lo
clavaron
en
la
cruz
con
gruesos
clavos.
Entre
gritos
e
insultos,
lo
levantaron
después
en
alto,
quedando
Jesús
en
el
más
horrible
suplicio.
Al
oír
las
injurias
de
sus
enemigos,
levantó
el
Salvador
la
voz
y
pidió
para
ellos
el
perdón
y
para
nosotros
la
salvación.
No
fueron
los
judíos,
oh
paciente
Jesús
mío,
los
que
os
crucificaron,
sino
mis
pecados.
Por
eso
diré
de
continuo:
Jesús
mío,
misericordia.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
MEDITACIÓN
Oh,
mi
amado
Jesús!
¡Qué
bien
representa
esa
vuestra
Imagen
de
Nazareno
lo
mucho
que
hicisteis
y
sufristeis
por
nosotros!
Cautivo
de
los
moros
que
tanto
os
injuriaron
y
maltrataron,
nos
disteis
ejemplo
de
paciencia
invencible.
Con
los
cristianos,
que
os
rescataron
fuisteis
el
Dios
de
los
consuelos;
y
aquí
en
Madrid,
donde
entrasteis
como
Rey
de
amor,
regís
y
gobernáis
desde
ese
trono
los
corazones
de
vuestros
esclavos
y
devotos.
¡Oh,
buen
Jesús!
Regid
y
gobernad
los
afectos
de
mi
corazón,
para
que
os
sirva
como
a
mi
Dios
y
Señor.
Amén.
Medítese,
pídase
la
gracia
que
se
desea
conseguir
y
récense
tres
Padrenuestros,
Avemarías
y
Glorias.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
NOVENA
A
CRISTO
DE
LA
VICTORIA
ORACIÓN
PREPARATORIA
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
En
el
nombre
del
Padre
y
del
Hijo
y
del
Espíritu
Santo.
Amén.
ACTO
DE
CONTRICIÓN
Señor
mío
Jesucristo,
mi
Dios,
mi
Padre
y
Redentor:
Por
ser
Vos
quien
sois,
y
porque
os
amo
como
a
Bondad
infinita,
sobre
todas
las
cosas,
me
pesa
de
haberos
ofendido,
y
con
vuestra
gracia
propongo
confesarme
y
huir
de
las
ocasiones
de
pecar.
Por
la
victoria
que
en
la
Cruz
alcanzasteis
contra
el
demonio,
el
pecado
y
la
muerte,
os
suplico,
Señor,
me
concedáis
en
esta
vida,
para
gloria
vuestra,
la
victoria
sobre
todas
mis
pasiones,
a
fin
de
que
pueda
lograr
una
santa
muerte.
Amén.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda:
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Pacientísimo
Dios
mío:
Yo
adoro
vuestro
amantísimo
Corazón,
en
compañía
de
vuestra
santísima
Madre
y
de
todos
los
ángeles
y
santos,
especialmente
de
los
que
han
sido
más
devotos
de
vuestra
Pasión;
y
os
suplico
me
concedáis
por
los
dolores
que
por
mí
padecisteis,
la
gracia
que
os
pido
en
esta
Novena,
si
ha
de
ser
para
gloria
vuestra
y
bien
de
mi
alma.
¡Oh,
santísima
Madre
de
Dios!
Alcanzadme
el
amor
de
vuestro
divino
Hijo
para
amarle,
imitarle
y
seguirle
en
esta
vida
y
gozar
de
El
en
el
Cielo.
Amén.
DÍA
PRIMERO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
la
punzante
corona
de
espinas
que
atormentó
vuestra
divina
cabeza,
os
suplico
me
concedáis
el
perdón
de
todos
mis
pecados
de
pensamiento,
y
me
fortalezcáis
con
vuestra
gracia
para
que
toda
mi
mente
os
ame
y
os
glorifique.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
la
dolorosísima
flagelación
que
quisisteis
padecer
en
todo
vuestro
santísimo
cuerpo
para
expiar
mis
pecados,
os
suplico
me
concedáis
la
gracia
de
no
ofenderos
más
con
mi
cuerpo,
sino
que
sepa
hacer
de
él
templo
vivo
del
Espíritu
Santo.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
la
profunda
y
dolorosa
llaga
de
vuestro
hombro,
marcada
con
la
cruz
de
mis
pecados,
os
suplico
me
concedáis
la
gracia
de
abrazar
con
fe
y
amor
la
cruz
de
cada
día,
para
expiar
mis
propios
desvíos
y
los
de
toda
la
humanidad
pecadora.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
las
heridas
y
abundante
sangre
que
derramasteis
por
vuestras
rodillas,
al
caer
tres
veces
en
el
camino
del
Calvario,
os
suplico
me
concedáis
la
gracia
de
levantarme
siempre
de
mis
caídas
y
recaídas
en
el
pecado,
haciendo
una
buena
confesión
y
esforzándome
en
vivir
en
vuestra
gracia
y
amistad.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
la
profunda
llaga
de
vuestra
mano
izquierda
y
por
el
acerbo
dolor
que
padecisteis
al
ser
clavada
en
la
Cruz,
os
suplico
me
perdonéis
todo
cuanto
os
ofendí
con
mis
manos,
y
me
concedáis
la
gracia
de
emplearlas
en
obras
de
caridad
y
en
hacer
todo
lo
que
es
bueno
y
recto
ante
vuestros
ojos.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
la
dolorosísima
llaga
de
vuestra
mano
derecha
y
por
el
tormento
que
sufristeis
al
ser
clavada
en
la
Cruz,
os
suplico
me
perdonéis
todos
mis
pecados
de
omisión,
todo
el
bien
que
dejé
de
hacer
por
pereza
o
respetos
humanos,
y
me
concedáis
la
gracia
de
hacer
todo
el
bien
posible
a
los
demás,
para
imitaros
a
Vos.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
ha
Victoria:
Por
las
profundas
llagas
y
abundante
sangre
que
manaron
vuestros
pies
divinos,
al
ser
clavados
en
la
Cruz,
os
suplico
me
perdonéis
todo
cuanto
os
ofendí
caminando
por
caminos
de
error
y
de
pecado,
y
me
concedáis
la
gracia
de
no
separarme
en
adelante
del
sendero
recto
de
vuestra
Santísima
Voluntad.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
vuestra
dolorosísima
agonía
en
la
Cruz
y
por
el
desamparo
en
que
os
dejó
vuestro
Padre
Celestial
en
aquella
hora
suprema,
os
pido
la
gracia
de
una
santa
muerte,
acompañado
por
Vos
y
por
vuestra
Madre
santísima
y
Madre
nuestra,
mereciendo
por
vuestros
méritos
infinitos
y
por
su
intercesión
maternal,
morar
para
siempre
en
el
Cielo.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
Comenzar
con
la
oración
preparatoria
para
todos
los
días.
Santísimo
Cristo
de
la
Victoria:
Por
la
profunda
lanzada
con
que
fue
atravesado
vuestro
costado
y
Sagrado
Corazón,
después
de
morir
en
ha
Cruz,
y
por
ha
fuente
de
sangre
y
agua
que
brotó
de
esa
bendita
llaga,
os
suplico
lavéis
mi
alma,
mi
cuerpo,
mi
vida
y
todo
mi
ser,
y
me
revistáis
del
hombre
nuevo,
a
vuestra
imagen
y
semejanza,
para
que
pueda
amaros
y
serviros
fielmente
toda
mi
vida,
buscando
vuestra
mayor
gloria
y
la
salvación
de
mi
alma.
Amén.
Pedir
las
gracias
que
se
deseen
alcanzar
con
esta
novena.
Terminar
con
un
Padrenuestro,
un
Avemaría,
tres
Glorias
y
la
oración
final
para
todos
los
días.
NOVENA
DE
CONFIANZA
INFANTIL
(Esta
novena
se
reza
cada
hora
por
nueve
horas
consecutivas
en
el
mismo
día.)
Oh
Jesús,
que
habéis
dicho
"Pedid
y
se
os
dará,
buscad
y
hallareis,
llamad
y
se
os
abrirá,"
por
la
intercesión
de
María
Vuestra
Santísima
Madre,
yo
llamo,
yo
busco,
yo
os
pido
que
me
concedáis
esta
gracia.
(Petición.)
Oh
Jesús,
que
habéis
dicho
"Cualquier
cosa
que
pidierais
al
Padre
en
Mi
Nombre
os
la
concederá"
por
intercesión
de
María,
Vuestra
Santísima.
Madre,
humildemente
y
urgentemente
suplico
a
Vuestro
Padre
en
Vuestro
Nombre
que
me
concedáis
esta
gracia.
(Petición.)
Oh
Jesús,
que
habéis
dicho
"Cielo
y
Tierra
pasarán,
pero
mi
palabra
no
pasará"
por
intercesión
de
María,
Vuestra
Santísima
Madre,
siento
confianza
que
mi
súplica
será
concedida.
(Petición.)
NOVENA
AL
SANTO
NIÑO
JESÚS
DE
PRAGA
ACTO
DE
CONTRICIÓN.
Señor
mío
Jesucristo,
yo
me
arrepiento
sinceramente
de
haberos
ofendido
porque
sois
infinitamente
bueno
y
digno
de
ser
amado
sobre
todas
las
cosas,
y
porque
aborrecéis
el
pecado;
yo
tomo
la
firme
resolución,
con
la
ayuda
de
vuestra
gracia,
que
no
dudo
me
concederéis,
de
no
volver
a
cometer
en
lo
sucesivo
ningún
pecado
mortal
ni
aún
venial
consentido;
de
conformar
todas
mis
acciones
y
deseos
a
vuestra
voluntad
santísima;
de
confesar
todas
mis
culpas
y
de
satisfacer
vuestra
divina
justicia
por
medio
de
una
saludable
penitencia.
Haced
¡oh
Dios
mío
y
Señor
mío!
que
así
lo
haga.
Amén.
ORACIÓN
PARA
TODOS
LOS
DÍAS.
¡Oh
Verbo
divino,
soberano
Señor
y
Rey
de
reyes!
!Oh
digno
descendiente
de
Jessé,
llave
misteriosa
de
David
y
cetro
dominador
del
pueblo
de
Israel!
¡Oh
Emmanuel
y
legislador
supremo,
dulcísimo
Niño
Jesús
de
Praga,
esposo
de
las
almas,
que
por
redimirlas
y
salvarlas
habéis
querido
descender
del
seno
de
vuestro
Eterno
Padre
a
las
entrañas
de
una
Virgen
purísima!
A
vuestros
sacratísimos
pies
me
arrojo,
divino
y
hermosísimo
Niño,
y
os
adoro
con
el
más
profundo
anonadamiento,
con
aquella
fe
con
que
antes
lo
hicieron
los
pastores
y
los
magos
en
Belén:
imprimid
en
mi
alma
las
disposiciones
de
fe,
de
amor,
de
reconocimiento
y
generosidad
con
las
cuales
debo
practicar
esta
devota
Novena,
consagrada
a
vuestra
honra
y
gloria,
y
dignaos
concederme,
por
la
intercesión
poderosa
de
la
Sacratísima
Virgen
María,
vuestra
Madre,
y
del
bondadoso
Patriarca
San
José,
vuestro
padre
nutricio,
el
que
mi
alma
sea
purificada
de
todos
sus
pecados
y
afirmada
más
y
más
en
vuestro
divino
servicio;
otorgadme
también,
Niño
amabilísimo,
la
gracia
particular
que
imploro
de
vuestro
generoso
Corazón.
Os
lo
pido
por
esta
sagrada
y
milagrosa
imagen
vuestra,
en
la
cual
tanto
os
complacéis
según
lo
demuestran
las
innumerables
gracias
y
continuos
beneficios
de
todo
género,
que
tan
abundantemente
derramáis
por
medio
de
ella,
no
sólo
sobre
los
felices
habitantes
de
Praga,
sino
sobre
los
fieles
todos
del
mundo
entero
donde
es
honrada
y
venerada.
No
desoigáis,
Señor,
mis
súplicas,
antes
bien
atendedlas
y
despachadlas
favorablemente.
Amén.
ACTO
DE
CONTRICIÓN.
Dios
mío
y
Padre
mío,
que
sois
infinitamente
bueno,
os
amo
con
todo
mi
corazón,
y
por
lo
mucho
que
os
amo,
me
pesa
de
haberos
ofendido.
ORACIÓN
PARA
TODOS
LOS
DÍAS.
Omnipotente
y
sempiterno
Dios,
que
quisisteis
restaurar
en
vuestro
querido
Hijo,
Rey
del
Universo,
todas
las
cosas,
concédenos
que
todas
las
familias
de
las
Gentes
disgregadas
por
la
herida
del
pecado
se
sometan
a
su
suavísimo
imperio.
Que
con
Vos
y
el
Espíritu
Santo
vive
y
reina
Dios
por
todos
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Rezar
la
oración
del
día
de
la
Novena
que
corresponda.
DÍA
PRIMERO
"¿A
quién
buscáis?-‐¿A
Jesús
Nazareno?
Yo
soy".
Señor
y
Rey
nuestro:
siempre
dejas
que
te
descubra
tu
amor,
aun
cuando
tus
criaturas
tan
amadas
por
Ti,
te
busquen
para
martirizarte.
Sabiendo
que
Tú
eres
Jesús
Nazareno,
te
buscamos
hoy
de
nuevo
para
prenderte
otra
vez,
mas
no
con
cadenas
y
cuerdas,
sino
con
nuestras
miserias
y
nuestros
amores,
pues
sabemos
es
lo
que
más
ata
y
sujeta
tu
misericordioso
y
amante
Corazón,
y
así
preso
por
amor,
conducirte
en
triunfo
al
trono
que
te
han
formado
los
corazones
amantes,
para
que
empieces
tu
reinado
de
misericordia
y
amor
en
la
tierra.
Amén.
Obsequio.
Cumplir
con
fidelidad
mis
obligaciones
por
ser
lazos
de
amor
que
me
unen
con
Jesús.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
Eterno
Padre,
derrama
tus
misericordias
sobre
toda
la
tierra,
reino
de
tu
Hijo
Jesús.
Amén.
¡Oh
Cristo
Rey!,
establece
tu
paz
en
tu
reino.
Amén.
Espíritu
Santo,
abrasa
al
mundo
en
tu
purísima
y
ardiente
amor.
Amén.
Madre
querida,
une
cada
vez
más
y
más
a
tu
Hijo
Divino,
todo
misericordia,
con
tus
hijos,
todo
miseria.
Amén.
San
José,
enséñanos
a
amar
a
Jesús
y
a
María.
Amén.
DÍA
SEGUNDO
"Cristo,
adivina
quién
te
ha
herido".
¡Oh
Jesús
amante
y
bueno!,
aquella
noche
triste
de
tu
Pasión
tus
ojos
divinos
veían
a
través
de
los
siglos
todos
nuestros
pecados
y
olvidos
que
tan
dolorosamente
herían
tu
divino
Corazón,
tanto,
que
para
que
tu
pureza
no
te
hiciese
huir
de
nosotros,
no
tus
verdugos,
sino
el
amor
vendó
tus
ojos,
a
fin
de
que
no
vieses
más
que
almas
que
se
perdían
si
Tú
las
dejabas.
Haz
que
esas
almas
a
las
que
tu
sangre
y
tus
lágrimas
han
lavado
y
purificado
lleguen
a
amarte
con
tanto
entusiasmo,
que
se
cierren
sus
ojos
a
todo
lo
que
no
seas
Tú,
Rey
de
sus
amores.
Haz,
Señor,
que
los
hombres
te
conozcan
y
te
amen.
Amén.
Obsequio.
Cerrar
los
ojos
a
todo
lo
que
no
sea
Jesús.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
TERCERO
"Luego
Tú
eres
Rey?
-‐
Bien
dices:
Yo
soy
Rey.-‐Yo
he
venido
al
mundo
para
dar
testimonio
de
la
verdad.-‐¿Y
qué
es
la
verdad?".
Dios
Nuestro
Señor
es
la
verdad
por
esencia,
y
es
verdad
encantadora,
es
verdad
que
entusiasma
el
corazón;
que
este
Dios
Omnipotente
se
hizo
hombre
por
mí,
y
me
amó
entre
desprecios,
entre
burlas,
entre
toda
clase
de
sufrimientos,
y
no
por
ser
necesario
para
salvarme,
pues
unas
gotas
de
su
sangre
bastaban
para
eso,
sino
por
ser
necesario
al
amor
grande
e
infinito
que
ardía
en
su
Corazón
por
las
almas.
Señor,
y
Rey
nuestro:
enséñanos
a
amar
como
Tú,
sin
retroceder
ante
el
sacrificio
y
el
dolor,
pues
queremos
sufrir
y
amar,
para
que
ni
un
solo
corazón
deje
de
amarte;
hazlos
todos
tuyos.-‐Amén.
Obsequio.
Abrasarme
con
lo
que
me
haga
sufrir.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
CUARTO
"Desprecióle
Herodes
con
todo
su
ejército
y
vistiéndole
una
ropa
blanca,
se
burló
y
le
remitió
a
Pilatos.".
¡Oh
Jesús
divino
Rey
nuestro!,
cuán
grande
ha
de
ser
nuestro
amor
hacia
Ti,
que
por
el
nuestro
quisiste
ser
burlado
y
tenido
por
loco,
y
en
verdad,
Jesús
mío,
locura
de
amor
parece,
el
que
la
grandeza
de
Dios
se
encierre
en
el
cuerpecillo
de
un
Niño,
que
el
poder
de
Dios
esté
sujeto
con
clavos,
que
este
mismo
Dios
y
Hombre
se
esconda
en
una
pequeña
Hostia,
y
enamorado
venga
buscando
la
intimidad
de
nuestros
corazones,
para
tener
en
ellos
sus
delicias;
Jesús
amante
y
bueno,
que
el
fuego
de
tu
amor
nos
convierta
también
en
pequeñas
hostias,
que
escondidas
en
tu
Corazón
se
pierdan
a
todas
las
miradas,
para
que
Tú
seas
conocido
y
amado.
Obsequio.
Huir
de
todo
lo
que
me
pueda
hacer
apreciar.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
QUINTO
"Vamos
a
coronarle
de
Rey.-‐Salve,
Rey
de
los
judíos,
y
escupiéndole
le
tomaban
su
cofia
y
le
herían
su
cabeza
y
le
daban
bofetadas."
¿Qué
pensabas
Jesús
mío
en
aquella
triste
prisión?
¿Qué
deseabas
cuando
eras
coronado
de
espinas,
cuando
eras
maltratado?
Sólo
dos
cosas,
¡oh
sabiduría
y
amor
infinitos!:
que
tu
Eterno
Padre
fuese
glorificado,
que
las
almas
se
salvasen;
¿y
podremos
pensar
las
almas
en
otra
cosa
que
en
Ti?
¿Podrán
nuestros
corazones
desear
otra
cosa
que
el
que
se
repitan
por
amor
aquellas
palabras
«Salve
Rey»,
pero
no
sólo
de
los
judíos,
sino
de
todas
las
naciones
de
la
tierra
conquistadas
con
tus
sufrimientos
y
tu
muerte?
Que
el
grito
«¡Vamos
a
coronarle
por
Rey!
»
resuene
por
amor
en
toda
la
tierra,
¡oh
Dios
mío!.
Amén.
Obsequio.
Apartar
mi
pensamiento
lo
que
no
sea
Dios.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
SEXTO
"Ecce
Homo
.-‐He
aquí
a
vuestro
Rey."
¡Oh
divino
Jesús!,
cómo
te
presentan
por
Rey,
coronada
de
espinas
tu
cabeza,
tu
cuerpo
cubierto
de
heridas,
llenos
de
lágrimas
tus
ojos;
pero
era
preciso
que
ésa
fuese
tu
presentación,
pues
no
sólo
eres
nuestro
Rey,
sino
nuestro
modelo,
y
nunca
mejor
que
entonces
podías
decir:
"Aprended
de
Mi
que
soy
manso
y
humilde
de
corazón.".
Caigan,
Señor,
en
presencia
de
tanta
grandeza,
de
tanta
humildad,
de
tanto
amor,
todos
los
idolillos
que
queden
en
nuestros
corazones.
Déjanos
recoger
tu
sangre
y
tus
lágrimas,
para
que
derramándolas
sobre
los
corazones
de
todas
las
criaturas
seamos
de
nuevo
purificados
y
envueltos
en
el
amor.
Amén.
Obsequio.
Procurar
con
empeño
la
humildad.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
SÉPTIMO
"Señor,
acuérdate
de
mí
cuando
vengas
a
tu
reino.-‐En
verdad
te
digo
que
hoy
estarás
conmigo
en
el
paraíso."
Quisiéramos,
Señor,
presentarte
en
el
día
de
tu
fiesta
los
corazones
de
todos
los
hombres
rendidos
a
tu
amor;
pero
mira,
Rey
nuestro,
cuántos
millones
de
ellos
están
envueltos
en
las
tinieblas
de
la
muerte
y
del
pecado
y
no
te
conocen;
por
ellos
te
pedimos
nosotros
que
tenemos
la
dicha
de
conocer
tu
Corazón,
todo
misericordia.
"Señor,
acuérdate
de
estos
desgraciados
cuando
estés
en
tu
Reino",
haznos,
Señor,
oir:
"pronto,
muy
pronto
estarán
conmigo
en
el
paraíso".
Amén.
Obsequio.
Actos
de
fe,
esperanza
y
caridad.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
OCTAVO
"Mujer,
he
ahí
tu
hijo."
"He
ahí
tu
Madre."
Mas
uno
de
los
soldados
le
abrió
el
costado
con
una
lanza
y
salió
de
él
sangre
y
agua.
¡La
Madre
de
nuestro
Dios
es
nuestra
Madre
querida!
¡Qué
felicidad
y
qué
confianza!
El
Corazón
de
nuestro
Dios
es
nuestro
Cielo,
nuestro
tesoro.
Madre
bendita,
queremos
amarte
como
te
amaba
Jesús,
y
a
El,
como
Tú
le
amabas;
enséñanos
las
delicadezas
del
amor,
la
felicidad
de
la
vida
de
unión,
de
unión
íntima,
confiada,
amorosa;
haznos
chiquitos,
muy
chiquitos,
para
poder
entrar
y
perdernos
en
el
Corazón
de
Jesús,
sin
tener
más
móvil
ni
deseo
que
amaros
y
haceros
amar.
Amén.
Obsequio.-‐Consagrarme
de
todo
corazón
a
la
Santísima
Virgen.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
DÍA
NOVENO
"Jesús
Nazareno,
Rey
de
los
judíos."
"Regnavit
a
ligno
Deus"
"Y
al
nombre
de
Jesús
doblarán
la
rodilla
en
el
Cielo,
en
la
tierra
y
en
los
infiernos."
¡Oh
Rey
divino!,
al
presentarte
en
este
día
bendito
nuestras
adoraciones,
te
ofrecemos
cuanto
somos,
tenemos
y
deseamos;
no
nos
detiene
nuestra
miseria,
pues
eres
todo
misericordia;
confiamos
conseguir
todas
nuestras
peticiones,
pues
eres
todo
amor
y
el
amor
atiende
siempre,
y
te
lo
pedimos
en
unión
de
nuestra
Reina
y
Madre
Inmaculada
y
de
los
ángeles
custodios
de
todas
las
almas.
¡Señor!,
arroja
de
tu
reino
a
los
demonios
y
a
todos
tus
enemigos
y
concede
a
la
Iglesia
una
era
de
paz.
Lleva
a
Ti
en
este
día
a
las
almas
del
Purgatorio,
un
perdón
general
a
todos
los
pecadores
y
poniendo
luz
en
sus
inteligencias
y
amor
en
sus
corazones,
prueba
una
vez
más
que
es
más
grande
tu
misericordia
que
nuestra
malicia
y
miseria.
Llena
de
amor
y
pureza
a
los
sacerdotes,
a
los
niños
y
a
las
almas
a
Ti
consagradas,
formando
de
ellas
esas
legiones
de
almas
puras,
humildes
y
amantes
que
Tú
deseas:
almas
pequeñitas
que
como
granos
de
trigo,
formen
todas
en
una
perfecta
unión
de
intenciones
y
corazones
con
la
Víctima
divina
del
Calvario
y
del
altar
una
Hostia
que
aplaque
al
Cielo
por
los
pecados
de
la
tierra
y
haga
descender
sobre
ella
perdón
y
misericordia
para
los
desgraciados
pobres
pecadores,
de
esas
almas
que
quieres
sean
las
delicias
de
tu
Corazón
en
la
tierra
y
tu
corte
de
amor
en
el
Cielo.
Obsequio.
Abandonarme
en
el
Corazón
de
Dios.
Uniendo
mi
corazón
al
Corazón
de
Cristo
Rey
y
mis
intenciones
a
las
suyas,
rezaré:
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
NOVENA
EN
HONOR
DE
LA
VIRGEN
MARÍA
ORACIONES
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Por
la
señal,
etc.
ORACIÓN
DE
SAN
BERNARDO
PARA
EMPEZAR
TODOS
LOS
DÍAS.
Acordaos,
oh
piadosísima
Virgen
María,
que
jamás
se
ha
oído
decir
que
uno
solo
de
cuantos
han
acudido
a
vuestra
protección
e
implorado
vuestro
socorro,
haya
sido
desamparado.
Yo,
pecador,
animado
con
tal
confianza,
acudo
a
vos
oh
Madre,
Virgen
de
las
vírgenes:
a
vos
vengo,
delante
de
vos
me
presento
gimiendo.
No
queráis,
oh
Madre
del
Verbo,
despreciar
mis
palabras;
antes
bien,
oídlas
benignamente
y
cumplidlas.
Amén.
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS
LOS
DÍAS.
¡Oh
santísima
Señora,
excelentísima
Madre
de
Dios
y
piadosísima
Madre
de
los
hombres!
Después
de
Dios,
tú
eres
la
única
esperanza
de
los
pecadores
y
la
mayor
confianza
de
los
justos.
La
Iglesia
te
llama
vida,
dulzura
y
esperanza
nuestra,
y
todos
los
pueblos
ponen
en
ti
sus
ojos,
esperando
de
ti
todas
las
gracias.
Nosotros
también,
dulce
abogada,
acudimos
a
ti
en
estos
días,
instándote
para
que
nos
oigas
y
concedas
las
gracias
que
te
pedimos.
Danos,
en
primer
lugar,
un
amor
sincero
a
tu
divino
Hijo,
observando
su
santa
ley
cristiana;
alcánzanos
también
la
salud
del
cuerpo
y
la
serenidad
del
espíritu,
la
paz
en
la
familia
y
la
suficiencia
de
medios
para
la
vida;
concédenos,
en
fin,
una
santa
muerte
en
la
santa
Iglesia
católica.
¡Oh
Virgen,
que
superas
toda
alabanza!
Todo
lo
que
tú
quieres,
lo
puedes
ante
Dios,
de
quien
eres
Madre;
y,
aun
cuando
nosotros
somos
pecadores,
tú
eres
dulce
madre
del
Redentor
y
dulce
madre
nuestra,
y
puedes
abogar
por
tus
hijos
pequeños
y
pecadores
ante
tu
Hijo
altísimo
y
redentor;
a
tu
nombre
se
abren
las
puertas
del
cielo;
en
tus
manos
están
todos
los
tesoros
de
la
divina
misericordia;
óyenos,
oh
plácida
Virgen
y
Madre,
y,
si
nos
conviene,
concédenos
las
gracias
que
te
pedimos
en
esta
novena.
Petición.
Santa
María,
socorre
a
los
desgraciados,
ayuda
a
los
pusilánimes,
reanima
a
los
que
lloran,
ora
por
el
pueblo,
intervén
por
el
clero,
intercede
por
las
mujeres
consagradas,
sientan
tu
auxilio
todos
los
que
celebran
tu
santa
festividad.
Ruega
por
nosotros,
Santa
Madre
de
Dios.
Para
que
seamos
dignos
de
alcanzar
las
promesas
de
Jesucristo.
Oración.
Concédenos,
por
favor,
Señor
Dios,
que
nosotros,
tus
siervos,
gocemos
de
continua
salud
de
alma
y
cuerpo
y,
por
la
gloriosa
intercesión
de
la
bienaventurada
siempre
Virgen
María,
seamos
libres
de
las
tristezas
de
la
vida
presente
y
disfrutemos
de
las
alegrías
de
la
vida
eterna.
Por
Jesucristo
nuestro
Señor.
Amén.
DÍA
PRIMERO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
Santo
Tomás
de
Aquino
(1225-‐1274).
Doctor
de
la
Iglesia.
Concededme,
oh
Reina
del
cielo,
que
nunca
se
aparten
de
mi
corazón
el
temor
y
el
amor
de
tu
Hijo
santísimo;
que
por
tantos
beneficios
recibidos,
no
por
mis
méritos,
sino
por
la
largueza
de
su
piedad,
no
cese
de
alabarle
con
humildes
acciones
de
gracias;
que
a
las
innumerables
culpas
cometidas
suceda
una
leal
y
sincera
confesión
y
un
firmísimo
y
doloroso
arrepentimiento,
y,
finalmente,
que
logre
merecer
su
gracia
y
su
misericordia.
Suplico
también,
oh
puerta
del
cielo
y
abogada
de
pecadores,
no
consientas
que
jamás
se
aparte
ni
desvíe
este
siervo
tuyo
de
la
fe,
pero
particularmente
que
en
la
hora
postrera
me
mantenga
con
ella
abrazado;
si
el
enemigo
esforzare
sus
astucias,
no
me
abandone
tu
misericordia
y
tu
gran
piedad.
Por
la
confianza
que
tengo
en
ti
puesta,
alcánzame
de
tu
santísimo
Hijo
el
perdón
de
todos
mis
pecados
y
que
viva
y
muera
gustando
las
delicias
de
tu
santo
amor.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Atanasio
de
Alejandría
(295-‐373).
Doctor
de
la
Iglesia.
Propio
es
de
ti,
Señora,
que
siendo
tú,
al
mismo
tiempo
que
esclava
del
Señor,
Madre
de
Dios,
Reina
y
Señora,
pues
Dios
quiso
también
ser
Hijo
tuyo,
no
apartes
de
nosotros
tu
memoria,
habiendo
de
presentarnos
ante
el
soberano
e
inexorable
Juez,
que,
si
a
nosotros
nos
infunde
pavor,
es
para
contigo
sobremanera
amable
y
te
otorga
cuantas
gracias
le
pides,
pues
eres
llamada
llena
de
gracia
y
de
alegría
por
haber
sobrevenido
en
ti
el
Espíritu
Santo.
Por
esto,
aun
los
ricos
de
la
nación,
los
más
favorecidos
en
justicia
y
santidad,
claman
a
ti
e
invocan
tu
protección.
No
nos
cierres
las
puertas
de
tu
pecho,
y
deja
que
fluya
sobre
nosotros
el
mar
de
gracias
que
encierra.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Anselmo
(1033-‐1109).
Doctor
de
la
Iglesia.
No
son
para
contar,
Reina
clementísima,
los
que,
habiendo
invocado
tu
nombre,
han
conseguido
la
eterna
salvación;
¿y
quieres
que,
invocándote
yo,
sea
defraudado
en
mis
esperanzas?
Tal
vez
no
oyes
mis
clamores
en
razón
de
mi
gran
maldad;
pero,
aun
así,
no
dejaré
de
llamarte
y
de
decirte
con
toda
el
alma:
pues
eres
tan
noble
y
benigna
de
condición,
da
oídos
a
quien
humildemente
llama
a
tus
puertas
y
no
le
desatiendas
en
sus
esperanzas,
ni
le
abandones
en
su
tribulación,
ni
le
dejes
sin
una
palabra
de
perdón
en
medio
de
su
pecado.
Sana
con
tus
celestiales
medicinas
las
profundas
heridas
en
mi
alma
abiertas,
desátame
de
los
carnales
lazos
que
me
aprisionan
en
la
tierra
y
abrígame
siquiera
con
un
jirón
del
espléndido
manto
de
tu
gloria.
Amén.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
antigua
de
autor
anónimo.
Ven,
oh
gloriosa
Reina
María;
ven
y
visítanos;
ilumina
nuestras
almas
dolientes
y
danos
el
vivir
santamente.
Ven,
salud
del
mundo,
a
lavar
tantas
manchas
que
nos
afean,
a
disipar
tantas
tinieblas
que
nos
envuelven.
Ven,
Señora
de
los
pueblos,
y
apaga
estas
llamas
de
concupiscencia
que
nos
abrasan,
arrójanos
el
manto
de
tu
pureza
y
señala
el
seguro
camino
que
nos
ha
de
llevar
al
puerto.
Ven
a
visitar
a
los
enfermos,
a
fortalecer
a
los
débiles,
a
dar
firmeza
a
los
que
fluctúan
entre
mares
de
dudas.
Ven,
estrella,
luz
de
los
mares,
e
infúndenos
paz,
gozo
y
devoción.
Ven,
oh
cetro
de
reyes,
poderío
de
las
naciones,
y
vuelve
al
seno
de
la
fe,
al
amor
y
vida
de
su
unidad,
a
las
muchedumbres
extraviadas
que
no
conocen
lo
que
conviene
a
su
salud.
Ven,
trayéndonos
en
tus
manos
los
dones
de
tu
casto,
eterno
esposo,
el
Espíritu
Santo,
para
que
vivamos
por
su
lumbre
y
calor,
y
sean
nuestro
sustento
aquellos
frutos
eternos
que
nos
han
de
merecer
entrar
en
la
unidad
de
la
vida
bienaventurada.
Amén.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Sofronio
(siglo
VII).
Patriarca
de
Jerusalén.
Amansa,
oh
piadosa
Madre,
las
olas
de
tristeza
y
de
congoja
que
combaten
mí
corazón;
apaga
las
llamas
enemigas
que
me
cercan;
embota
los
dardos
que
manos
crueles
vienen
arrojando
contra
mi
alma,
amenazando
atravesarla
y
envenenarla
y
meter
en
ella
la
muerte.
Oh
alegría
bienaventurada,
oh
paz,
oh
serenidad
de
los
que
te
invocan,
oh
escudo
y
fortaleza
de
tus
fieles
servidores,
ven
y
tiende
tu
mano
sobre
las
llagas
recibidas
y
sobre
las
angustias
que
me
atormentan;
da
suavidad
y
paz
a
mi
entendimiento,
para
que
mi
lengua
engrandezca
siempre
la
alteza
de
la
merced
recibida.
Devuélvenos
en
lluvias
de
gracias
las
alabanzas
que
te
dirigimos;
abre
ese
manantial
de
gracias
que
por
nosotros
quiso
encerrarse
en
ti
y
no
vivamos
ya
entre
noches,
incertidumbres
y
temores;
a
ti
seremos
deudores
de
mercedes
que
jamás
labios
humanos
podrán
agradecer
ni
ponderar.
Amén.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Ildefonso
(siglo
VII).
Arzobispo
de
Toledo.
Oh
clementísima
Virgen,
que
con
mano
piadosa
repartes
vida
a
los
muertos,
salud
a
los
enfermos,
luz
a
los
ciegos,
solaz
a
los
desesperados
y
consuelo
a
los
que
lloran.
Saca
de
los
tesoros
de
tu
misericordia
refrigerio
para
mi
ánimo
quebrantado,
alegría
para
mi
entendimiento
y
llamas
de
caridad
para
mi
durísimo
pecho.
Sé
vida
y
salud
de
mi
alma,
dulzura
y
paz
de
mi
corazón
y
suavidad
y
regocijo
de
mi
espíritu.
Y,
pues,
tú
eres
estrella
clarísima
del
mar,
madre
llena
de
compasión,
endereza
mis
pasos,
defiéndeme
de
riesgos
de
enemigos,
hasta
aquella
postrera
y
suspirada
hora
en
la
cual,
asistido
de
tu
auxilio,
enriquecido
con
tu
gracia,
vencidas
las
enemistades
del
infernal
dragón,
salga
de
este
mundo
para
los
eternos
y
seguros
gozos
de
la
vida
bienaventurada.
Amén.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Juan
Damasceno
(649-‐749)
Doctor
de
la
Iglesia.
Nadie
está
en
el
cielo
más
cerca
de
la
Divinidad
simplicísima
que
tú,
que
tienes
asiento
sobre
la
cumbre
de
los
querubines
y
sobre
todos
los
ejércitos
de
los
serafines,
y
por
esto
no
es
posible
que
tu
intercesión
sufra
repulsa,
ni
que
sean
desatendidos
tus
ruegos.
No
nos
falte
tu
auxilio
mientras
vivamos
en
este
mundo
perecedero;
alárganos
tu
mano,
para
que,
obrando
las
obras
de
salud
y
huyendo
de
los
caminos
del
mal,
demos
seguro
el
paso
de
la
eternidad.
Por
ti
esperamos
que,
al
cerrar
a
este
destierro
los
ojos
de
la
carne,
se
abrirán
los
del
alma
para
anegarse
en
aquel
piélago
de
soberana
hermosura,
de
suavísimos
deleites,
por
el
cual
ansiosamente
suspiran
las
almas
regeneradas
y
que
nos
anunció
y
mereció
Cristo
Señor
nuestro
haciéndonos
ricos
y
salvos.
A
El
por
ti,
Señora,
rendimos
gloria
y
alabanza,
con
el
Padre
y
el
Espíritu
Santo,
ahora
y
siempre
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Efrén
de
Siria
(306-‐373).
Doctor
de
la
Iglesia.
Oh
Virgen
purísima,
Madre
de
Dios,
Reina
de
todo
lo
criado,
levantada
sobre
todos
los
cortesanos
del
cielo
y
más
resplandeciente
y
pura
que
los
rayos
del
sol:
tú
eres
más
gloriosa
que
los
querubines,
más
santa
que
los
serafines
y
sin
comparación
más
sublime
y
aventajada
que
todos
los
ejércitos
del
cielo.
Tú
eres
la
esperanza
de
los
patriarcas,
la
gloria
de
los
profetas,
la
alabanza
de
los
apóstoles,
honra
de
los
mártires,
alegría
de
los
santos,
ornamento
de
las
sagradas
jerarquías,
corona
de
las
vírgenes,
inaccesible
por
tu
inmensa
claridad,
princesa
y
guía
de
todos
y
doncella
sacratísima;
por
ti
somos
reconciliados
con
Cristo
mi
Señor.
Guardame
debajo
de
tus
alas;
y
apiádate
de
mí,
que
estoy
sucio
con
mis
pasiones
y
manchado
con
los
innumerables
males
que
he
cometido
contra
mi
Juez
y
Criador.
No
tengo
otra
confianza
sino
en
ti,
que
eres
el
áncora
de
mi
esperanza,
el
puerto
de
mi
salud
y
socorro
oportuno
en
la
tribulación.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Oración
de
San
Germán
(496-‐576).
Obispo
de
París.
Ninguno
se
salva
sino
por
ti,
oh
Virgen
Santísima.'Ninguno
se
libra
de
males
sino
por
ti,
oh
Virgen
purísima.
Ninguno
recibe
gracias
de
Dios
sino
por
ti,
oh
Virgen
castísima.
Ninguno
obtiene
misericordia
sino
por
ti,
oh
Virgen
venerabilísima.
¿Quién,
después
de
tu
bendito
Hijo,
tiene
tanto
cuidado
del
linaje
humano
como
tú?
¿Quién
así
nos
defiende
en
nuestras
tribulaciones?
¿Quién
tan
presto
nos
socorre
y
nos
libra
de
las
tentaciones
que
nos
acosan
y
persiguen?
¿Quién,
con
sus
piadosos
ruegos,
intercede
por
los
pecadores
y
los
libra
de
las
penas
que
por
sus
pecados
merecen?
Por
esto
recurrimos
a
ti,
oh
purísima
y
dignísima
de
toda
alabanza
y
de
todo
obsequio.
Haz
que,
por
medio
de
tus
oraciones,
que
tanto
pueden
con
el
Señor,
las
cosas
eclesiásticas
sean
bien
gobernadas
y
tú
misma
las
conduzcas
a
puerto
seguro.
Viste
ricamente
a
los
sacerdotes
de
justicia
y
de
la
gloria
de
la
fe
probada,
inmaculada
y
sincera.
Dirige
en
estado
próspero
y
tranquilo
los
cetros
de
los
soberanos
cristianos.
Sé,
en
tiempo
de
guerra,
la
protección
del
ejército,
que
siempre
milita
bajo
tu
amparo,
y
confirma
al
pueblo
para
que,
conforme
Dios
lo
tiene
mandado,
persevere
en
el
obsequio
suave
de
la
obediencia.
Sé
el
muro
inexpugnable
de
este
pueblo
que
te
tiene
a
ti
como
a
torre
de
refugio
y
cimiento
que
la
sostiene.
Preserva
la
habitación
de
Dios
y
el
decoro
del
templo
de
todo
mal;
libra
a
cuantos
te
alaban,
da
redención
a
los
cautivos
y
sé
refugio
para
el
peregrino
y
consuelo
para
el
desamparado.
Extiende,
por
fin,
a
todo
el
orbe
tu
mano
auxiliadora,
para
que,
así
como
celebramos
con
alegría
esta
festividad,
celebremos
también
todas
las
demás
que
te
dedicamos,
en
Cristo
Jesús,
Rey
de
todas
las
cosas
y
verdadero
Dios
nuestro;
a
quien
sea
la
gloria
y
la
fortaleza,
junto
con
el
Padre
Eterno,
que
es
principio
de
la
vida,
y
con
el
Espíritu
coeterno,
consubstancial,
y
que
reina
con
los
dos,
ahora
y
siempre
y
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Terminar
con
la
oración
final
de
todos
los
días.
NOVENA
AL
SAGRADO
CORAZÓN
DE
MARÍA
ORACIÓN
PREPARATORIA
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
Dios
y
Señor
mío,
dignaos
aceptar
esta
Novena
que
hago
al
Corazón
de
María,
vuestra
celestial
Madre;
y
Vos,
Virgen
Santa,
alcanzadme
la
gracia
necesaria.
Amén.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda:
DÍA
PRIMERO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Madre
de
Dios,
os
venero
y
bendigo
por
esta
excelsa
prerrogativa,
que
os
ensalza
sobre
todos
los
hombres
y
ángeles.
Por
ella
os
pido
que
os
compadezcáis
de
mí
en
mis
necesidades.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
SEGUNDO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Madre
nuestra;
acordaos
que
Jesús,
pendiente
de
la
Cruz,
os
constituyó
Madre
de
los
hombres
y
nos
puso
bajo
vuestro
cuidado.
Mostrad
ser
nuestra
Madre.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
TERCERO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Reina
de
cielos
y
tierra,
manifestad
en
favor
nuestro
el
grande
poder
que
Dios
os
ha
concedido;
y
os
pido
que
me
defendáis
en
todas
las
tentaciones
del
enemigo
de
mi
alma.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
CUARTO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Medianera
de
todas
las
gracias,
ya
que
Dios
ha
dispuesto
que
las
recibamos
todas
de
vuestra
mano,
alcanzadme
las
que
más
necesito
para
la
salvación
de
mi
alma.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
QUINTO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Virgen
purísima
y
sin
mancha,
alcanzadnos
la
gracia
de
pasar
por
este
mundo
tan
lleno
de
pecados,
de
manera
que
nos
conservemos
puros
del
lodo
de
tanta
sensualidad.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
SEXTO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Abogada
y
Protectora
de
los
hombres,
a
Vos
acudimos
en
todos
los
peligros,
y
os
pedimos
que
nos
protejáis
durante
la
vida,
pero
sobre
todo
en
el
instante
de
nuestra
muerte.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
SÉPTIMO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Maestra
y
guía
de
los
hombres,
iluminadnos
con
divina
luz
para
conocer
la
vanidad
de
las
cosas
terrenas
y
la
suprema
realidad
de
las
cosas
celestiales
y
eternas.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
OCTAVO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Mártir
y
Reina
de
los
Mártires,
por
lo
mucho
que
padecisteis
en
este
mundo,
os
pido
me
alcancéis
paciencia
y
conformidad
en
los
trabajos
de
esta
miserable
vida.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DÍA
NOVENO
Por
la
señal,
acto
de
contrición
y
oración
preparatoria.
Corazón
Inmaculado
de
María,
Celadora
de
la
gloria
de
Dios
y
de
la
salvación
de
las
almas,
haced
que
imitemos
vuestras
virtudes
en
la
tierra
y
que
podamos
acompañaros
en
la
gloria
del
cielo.
Amén.
Concluir
con
cinco
avemarías,
las
deprecaciones
y
oración
final.
DEPRECACIONES
1.
Oh
Corazón
de
María,
compadeceos
de
los
incrédulos;
despertad
a
los
indiferentes;
dad
la
mano
a
los
desesperados;
convertid
a
los
blasfemos
y
profanadores
de
los
días
del
Señor.
Avemaría.
2.
Oh
Corazón
de
María,
aumentad
la
fe
de
los
pueblos;
fomentad
la
piedad;
sostened
las
familias
verdaderamente
católicas;
apagad
los
odios
y
venganzas
en
que
se
abrasa
el
mundo.
Avemaría.
3.
Oh
Corazón
de
María,
salvad
a
los
mundanos,
purificad
a
los
deshonestos,
volved
al
buen
camino
a
tantas
víctimas
del
vicio
y
del
error.
Avemaría.
4.
Oh
Corazón
de
María,
convertid
a
todos
los
pecadores
de
la
Iglesia;
dirigid
a
patronos
y
obreros;
iluminad
con
luz
celestial
a
los
malos
escritores
y
gobernantes;
santificad
a
los
malos
católicos.
Avemaría.
5.
Oh
Corazón
de
María,
suscitad
muchos
y
santos
Sacerdotes
y
Misioneros
que
trabajen
en
la
conversión
de
los
pecadores
y
en
la
salvación
de
las
almas
de
todo
el
mundo,
y
dadnos
a
todos
la
perseverancia
final
en
el
santo
amor
y
temor
de
Dios.
Así
sea.
Avemaría.
ORACIÓN
FINAL.
Oh
Inmaculado
Corazón
de
María,
en
Vos
confiamos;
no
nos
dejáis
en
este
valle
de
lágrimas
hasta
vernos
seguros
junto
a
Vos
en
el
cielo.
Así
sea.
NOVENA
A
LA
VIRGEN
NIÑA
ORACIÓN
INICIAL.
¡Oh
María
santísima!
elegida
y
destinada
ab
eterno
por
la
augustísima
Trinidad
para
Madre
del
unigénito
Hijo
del
Padre,
anunciada
por
los
Profetas,
esperada
de
los
Patriarcas,
y
deseada
de
todas
las
gentes;
sagrario
y
templo
vivo
del
Espíritu
Santo,
sol
sin
mancha,
porque
fuisteis
concebida
sin
pecado
original,
Señora
del
cielo
y
de
la
tierra,
Reina
de
los
Ángeles;
nosotros
humildemente
postrados
os
veneramos,
y
nos
alegramos
de
la
solemne
conmemoración
anual
de
vuestro
felicísimo
Nacimiento;
y
de
lo
mas
íntimo
de
nuestro
corazón
os
suplicamos
que
os
dignéis
benigna
venir
a
nacer
espiritualmente
en
nuestras
almas,
para
que
cautivadas
estas
por
vuestra
amabilidad
y
dulzura,
vivan
siempre
unidas
a
vuestro
dulcísimo
y
amabilísimo
Corazón.
Ahora
con
nueve
distintas
salutaciones
contemplaremos
los
nueve
meses
que
estuvisteis
encerrada
en
el
seno
materno;
diciéndoos
que
oriunda
de
la
Real
prosapia
de
David,
salisteis
con
grande
honor
a
luz
de
las
entrañas
de
santa
Ana
vuestra
afortunadísima
madre.
Avemaría
II.
Os
saludamos,
oh
Niña
celestial,
paloma
candidísima
de
pureza,
que
a
despecho
del
infernal
dragón
fuisteis
concebida
sin
pecado
original.
Avemaría
III.
Os
saludamos,
oh
Aurora
brillantísisima,
que
como
precursora
del
Sol
de
justicia,
trajisteis
la
primera
luz
al
mundo.
Avemaría
IV.
Os
saludamos,
oh
Elegida,
que,
cual
sol
sin
mancha
alguna,
despuntasteis
en
la
noche
más
tenebrosa
del
pecado.
Avemaría
V.
Os
saludamos,
oh
bellísima
Luna,
que
iluminasteis
al
mundo
envuelto
en
las
más
densas
tinieblas
del
gentilismo.
Avemaría.
VI.
Os
saludamos
como
a
esforzada
amazona,
que
sola,
a
manera
de
un
numeroso
ejército,
pusisteis
en
fuga
a
todo
el
infierno.
Avemaría
VII.
Os
saludamos,
oh
hermosa
alma
de
María,
a
quien
Dios
poseyó
desde
la
eternidad.
Avemaría
VIII.
Os
saludamos,
oh
amada
Niña,
y
veneramos
vuestro
santísimo
cuerpecito,
los
sagrados
pañales
en
que
fuisteis
envuelta,
y
la
sagrada
cuna
en
que
estuvisteis
acostada,
y
bendecimos
el
punto
y
momento
en
que
nacisteis.
Avemaría
XI.
Os
saludamos
finalmente,
oh
amada
Niña,
como
adornada
de
todas
las
virtudes
en
grado
inmensamente
mas
elevado
que
los
otros
Santos,
y
que,
hecha
digna
Madre
del
Salvador,
y
habiendo
concebido
por
virtud
del
Espíritu
Santo,
paristeis
al
Verbo
encarnado.
Avemaría
ORACIÓN
FINAL.
¡Oh
graciosísima
Niña!
que
con
vuestro
feliz
nacimiento
habéis
consolado
al
mundo,
alegrado
al
cielo
y
aterrado
al
infierno;
habéis
dado
ayuda
a
los
caídos,
consuelo
a
los
tristes,
salud
a
los
enfermos
y
alegría
a
todos;
os
suplicamos
con
los
mas
fervorosos
afectos
que
renazcáis
espiritualmente
con
vuestro
santo
amor
en
nuestras
almas;
renovad
nuestro
espíritu
para
que
os
sirvamos,
encended
de
nuevo
nuestro
corazón
para
que
os
amemos;
y
haced
florecer
en
nosotros
aquellas
virtudes
con
las
que
podamos
hacernos
siempre
mas
agradables
a
vuestros
benignísimos
ojos.
¡Oh
María!
Sed
para
nosotros
María,
haciéndonos
experimentar
los
saludables
efectos
de
vuestro
suavísimo
Nombre;
sírvanos
la
invocación
de
este
Nombre
de
alivio
en
los
trabajos,
de
esperanza
en
los
peligros,
de
escudo
en
las
tentaciones,
de
aliento
en
la
muerte.
Sea
el
Nombre
de
María
como
la
miel
en
la
boca,
la
melodía
en
el
oído,
y
el
júbilo
en
el
corazón.
Así
sea.
NOVENA
DE
SAN
AGUSTÍN
Por
la
señal…
Señor
mío
Jesucristo…
ORACIÓN
PARA
TODOS
LOS
DÍAS.
Peregrino
y
enfermo,
vuelvo
a
Ti,
Dios
mío,
cansado
de
peregrinar
fuera
de
Ti,
y
agobiado
por
el
grave
peso
de
mis
males.
Lo
he
visto;
lo
he
experimentado:
lejos
de
Ti
no
hay
abrigo,
ni
hartura,
ni
descanso,
ni
bien
alguno
que
sacie
los
deseos
del
alma
que
creaste.
Heme,
pues,
aquí,
desnudo
y
hambriento
y
miserable,
¡oh
Dios
de
mi
salud!
Ábreme
las
deseadas
puertas
de
tu
casa;
perdóname;
recíbeme;
sáname
de
todas
mis
enfermedades;
úngeme
con
el
óleo
de
tu
gracia,
y
dame
el
ósculo
de
paz
que
prometiste
al
pecador
contrito
y
humillado.
¿A
quién,
sino
a
Ti,
clamaré,
desde
el
profundo
abismo
de
mis
males,
oh
Dios
mío
y
Misericordia
mía?
Como
el
ciervo
herido
desea
la
corriente
de
las
aguas,
así
mi
alma
corre
a
Ti,
sedienta
de
tu
amor,
y
desea
tu
rostro
amabilísimo.
¡Oh
Verdad!
¡Oh
Belleza
infinitamente
amable
de
Dios!
¡
Cuán
tarde
te
amé!,
¡cuán
tarde
te
conocí!
y
¡cuán
desdichado
fue
el
tiempo
en
que
no
te
amé
ni
conocí!
Mis
delitos
me
han
envejecido;
mis
culpas
me
han
afeado;
mis
iniquidades
han
sobrepujado,
como
las
olas
del
mar,
por
encima
de
mi
cabeza.
¡Quién
me
diera,
Dios
mío,
un
amor
infinito
para
amarte,
y
un
dolor
infinito
para
arrepentirme
del
tiempo
en
que
no
te
amé
corno
debía!
Mas,
al
fin,
te
amo
y
te
conozco,
Bien
sumo
y
Verdad
suma,
y
con
la
luz
que
Tú
me
das
me
conozco
y
me
aborrezco,
pues
yo
he
sido
el
principio
y
la
causa
toda
de
mis
males.
¡Conózcate
yo,
Dios
mío,
de
modo
que
te
ame
y
no
te
pierda!
¡Conózcame
a
mí,
de
suerte
que
sepa
aborrecerme
y
no
me
busque
vanamente
en
cosa
alguna!
¡Amete
yo,
mi
Dios,
y
suma
Riqueza
de
mi
alma,
de
modo
que
merezca
poseerte!
¡Y
aborrézcame
a
mí
de
modo
tal
que
me
vea
libre
de
la
gran
miseria
de
mí
mismo!
¡Muera
yo
a
mí,
que
soy
causa
de
mi
muerte,
para
no
morir
con
muerte
sempiterna!
¡Y
viva
yo
para
Ti,
Dios
mío
y
Vida
mía,
de
modo
que
Tú
seas
mi
verdadera
vida
y
mi
salud
perfecta
para
siempre!
Amén.
Rezar
la
oración
correspondiente
al
día:
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS
LOS
DÍAS.
¡Gloríosísimo
Padre
San
Agustín,
Doctor
sapientísimo
de
la
gracia,
Custodio
fidelísimo
de
la
fe,
Patriarca
dichosísimo
de
la
gran
familia
agustiniana
y
de
tantas
familias
religiosas
que
abrazaron
vuestra
apostólica
Regla,
como
amplísimo
camino
de
perfección
y
santidad!
Acordaos,
en
la
abundancia
de
vuestra
gloria
y
en
las
eternas
alegrías
de
la
patria,
de
los
que
todavía
gemimos
en
la
tribulación
y
en
el
destierro;
no
os
olvidéis
en
vuestro
corazón,
lleno
ya
de
los
deleites
de
Dios,
de
los
hijos,
de
los
amigos,
de
los
pecadores,
que
os
llaman
y
buscan
como
a
Padre,
como
a
Amigo.
como
a
poderoso
Mediador
ante
el
Dios
de
las
misericordias
y
de
las
justicias
sempiternas.
¡Volver
a
tratar
de
la
santidad
con
el
impío,
de
la
justicia
con
el
injusto,
del
orden
y
de
la
paz
con
los
que
imperan
y
gobiernan,
del
salario
de
la
eternidad
con
los
obreros
del
tiempo,
del
gozo
y
de
la
posesión
del
sumo
Bien
con
todos
los
hijos
del
dolor
y
del
trabajo.
¡Vuelva
a
caer
sobre
la
tierra
el
rocío
de
vuestra
palabra!
¡Vuelvan
a
florecer
las
soledades
y
los
claustros
de
la
santidad
de
vuestros
monjes
y
de
vuestras
vírgenes!
¡Vuelva,
como
en
días
de
triunfo,
a
respirar
con
alegría
la
militante
Iglesia
bajo
la
sombra
de
vuestro
báculo!
Padre
y
Pastor
amantísimo,
que
no
queríais
vuestra
salvación
sino
salvando
a
vuestro
pueblo:
no
os
olvidéis
ahora,
que
estáis
en
el
lugar
seguro,
de
los
que
nos
hallamos
todavía
en
medio
de
la
batalla
y
del
peligro;
cobijadnos
a
todos
bajo
las
alas
de
vuestra
caridad
y
vuestro
celo;
guardadnos
a
todos
en
el
redil
del
Divino
Pastor,
Cristo;
conducidnos
por
la
senda
dichosa
de
su
Ley,
y
llevadnos
con
vos
a
los
eternos
pasos
de
su
gloria,
donde
juntamente
con
vos
le
veamos
en
la
inefable
compañía
del
Padre
y
del
Espíritu
Santo,
y
Él
sea
nuestro
Dios,
y
nosotros
seamos
su
pueblo
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
DÍA
PRIMERO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Vocación
divina.
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que
por
divina
dispensación
fuisteis
llamado
de
las
tinieblas
de
la
gentilidad
y
de
los
caminos
del
error
y
de
la
culpa
a
la
admirable
luz
del
Evangelio
y
a
los
rectísimos
caminos
de
la
gracia
y
de
la
justificación
para
ser
ante
los
hombres
vaso
de
predilección
divina
y
brillar
en
días
calamitosos
para
la
Iglesia,
como
estrella
de
la
mañana
entre
las
tinieblas
de
la
noche:
alcanzadnos
del
Dios
de
toda
consolación
y
misericordia
el
ser
llamados
y
predestinados,
como
Vos
lo
fuisteis,
a
la
vida
de
la
gracia
y
a
la
gracia
de
la
eterna
vida,
donde
juntamente
con
Vos
cantemos
las
misericordias
del
Señor
y
gocemos
la
suerte
de
los
elegidos
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEGUNDO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Conversión
a
Dios.
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que
en
la
hora
dichosa
de
vuestra
conversión
a
Dios
fuisteis
iluminado
de
tal
modo
por
la
luz
de
la
verdad
divinamente
revelada,
que
en
vuestra
inteligencia
no
quedó
lugar
alguno
para
las
tinieblas
que
la
oscurecían,
ni
en
vuestro
corazón
escoria
alguna
de
los
amores
de
la
tierra,
y
en
aquel
punto
quedasteis
hecho
Doctor
y
Maestro
de
una
ciencia
divina
que
antes
no
comprendíais,
y
antorcha
resplandeciente
de
una
caridad
tan
nueva
y
tan
divina
que
os
hizo
aborrecer
todo
lo
que
antes
amabais:
alcanzadnos
del
Dios
de
toda
piedad
y
misericordia
la
gracia
de
convertirnos
a
Él
de
tal
manera
que
no
habite
jamás
en
nosotros
la
ceguedad
y
corrupción
del
hombre
viejo,
y
seamos
vestidos
totalmente
de
luz
y
de
la
gracia
del
nuevo
Adán,
Jesucristo
Señor
nuestro,
el
cual
sea
nuestra
vida
y
nuestro
amor
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
TERCERO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Perseverancia.
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que
desde
el
día
dichoso
de
vuestra
conversión
supisteis
ya
correr
y
saltar
con
alegría
por
los
caminos
del
temor
del
Señor,
sin
desfallecer
jamás,
ni
volver
los
ojos
a
las
antiguas
sendas
de
vuestra
juventud,
porque
en
la
escuela
de
aquel
santo
temor
aprendisteis
la
sabiduría,
la
disciplina,
la
justicia
y
la
equidad,
que
fueron
corona
de
gracias
para
vuestra
cabeza
y
collar
de
perlas
preciosas
para
vuestro
cuello:
alcanzádnos
del
Dios
de
toda
providencia
y
sabiduría
aquella
sagacidad
que
hace
sabios
a
los
niños,
y
aquel
entendimiento
que
da
prudencia
a
los
adultos,
para
que
sepamos
volar
en
pos
de
vuestros
altísimos
ejemplos,
como
en
pos
del
águila
sus
hijuelos,
hasta
conseguir,
como
Vos,
el
premio
de
los
que
vencen
y
la
corona
de
los
que
triunfan
en
Jesucristo
Nuestro
Señor
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
CUARTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Castidad.
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que,
desde
el
día
en
que
felizmente
rompisteis
las
cadenas
de
la
antigua
servidumbre
del
pecado,
de
tal
modo
os
consagrasteis
a
Dios
y
al
estudio
de
la
verdadera
sabiduría,
que
no
quisisteis
otra
esposa
que
la
excelsa
virtud
de
la
castidad,
y
en
ella
supisteis
encontrar
la
vena
del
contento
y
de
la
alegría
de
vuestro
corazón,
aborreciendo
para
siempre
las
turbias
y
corrompidas
aguas
de
las
cisternas
de
la
tierra:
alcanzadnos
del
Dios
poderoso
de
las
virtudes
la
gracia
de
saber
desatarnos
de
todo
vínculo,
no
santo,
de
carne
y
sangre,
de
modo
que
permanezcamos
libres,
puros
y
castos,
como
ángeles
de
Dios,
sobre
la
tierra,
para
que
seamos
dignos,
un
día,
de
alcanzar,
como
vos,
el
premio
de
los
limpios
de
corazón,
que
es
ver
a
Dios,
cara
a
cara,
entre
los
increados
resplandores
de
su
gloria
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
QUINTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Pobreza
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que,
al
sumergiros
en
las
aguas
purificadoras
del
Bautismo,
de
tal
modo
os
desnudasteis,
en
aquel
instante,
del
afecto
a
las
cosas
de
la
tierra,
que
ya
no
pensasteis
sino
en
abrazaros
con
la
apostólica
virtud
de
la
pobreza,
y
no
contento
con
abrazarla
vos
y
practicarla,
con
la
increíble
estimación
de
su
hermosura,
la
persuadisteis
a
muchos
y
sobre
ella
fundasteis
el
edificio
inmenso
de
vuestra
admirable
y
Santa
Religión:
alcanzadnos,
del
Dios
que
os
inspiró
tanto
amor
a
la
perfectísima
pobreza,
la
gracia
de
vivir
y
morir,
como
verdaderos
pobres
de
Cristo,
desposeídos
de
todo
apego
a
las
cosas
perecederas
de
acá
abajo,
y
fijo
siempre
el
corazón
y
el
pensamiento
en
los
bienes
eternos
de
allá
arriba,
para
que,
libres
del
peso
inútil
de
aquellas,
merezcamos,
como
vos,
la
posesión
dichosa
de
éstos
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SEXTO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Obediencia
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que,
desde
el
día
para
siempre
memorable
en
que
os
incorporasteis
a
la
Iglesia
de
Cristo,
de
tal
modo
reconocisteis
su
divina
autoridad
sobre
los
hombres,
que
confesabais
no
poder
ser
hijo
de
la
Fe
si
no
lo
fuerais
antes
de
la
Iglesia,
y
con
la
palabra
y
el
ejemplo
confirmasteis
a
los
fieles
en
la
universal
y
absoluta
sumisión
a
la
cátedra
de
San
Pedro:
alcanzadnos,
del
Dios
que
se
hizo
a
sí
mismo
obediente
hasta
la
muerte,
la
gracia
de
no
separarnos
jamás
de
la
unidad
santa
de
su
Iglesia
y
de
rendir
nuestro
juicio
y
voluntad
a
los
Prelados
que
en
nombre
de
la
Iglesia
nos
gobiernen,
con
aquella
docilidad
que
es
puerta
infalible
de
la
eterna
vida,
a
fin
de
que
merezcamos,
un
día,
las
victorias
de
los
que
dignamente
obedecen
y
la
gloria
inmarcesible
de
los
que
sabiamente
se
humillan
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
SÉPTIMO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Humildad
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
que,
desde
la
cumbre
misma
de
la
santidad,
y
rodeado
de
los
esplendores
de
la
dignidad
altísima
de
que
os
hallabais
investido
en
la
Iglesia
de
Dios,
no
os
olvidasteis
de
mirar
al
abismo
de
la
humana
fragilidad
y
miseria,
y,
embriagado
del
vino
generoso
de
la
compunción
por
los
pasados
extravíos
de
vuestra
juventud,
los
confesasteis
a
la
faz
del
mundo,
para
vuestra
humillación
y
justísima
alabanza
y
glorificación
de
la
gracia
y
de
las
grandes
misericordias
del
Señor:
alcanzadnos
del
Dios
justísimo
y
misericordiosísimo,
que
abate
hasta
el
infierno
a
los
soberbios
y
ensalza
hasta
su
gloria
a
los
humildes,
la
gracia
de
adorar
con
reverencia
sus
tremendos
juicios,
reconociendo
con
verdadera
luz
nuestros
pecados,
y
confesando
con
amor
sus
divinas
misericordias,
para
que,
libres
de
la
confusión
e
ignominia
de
los
soberbios.
merezcamos,
un
día,
ser
ensalzados
como
los
humildes,
entre
los
verdaderos
hijos
de
Dios,
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
OCTAVO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Santidad
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
«bello
sol»
entre
los
Doctores
de
la
Iglesia;
«luna
llena»
entre
los
sabios
de
todos
los
tiempos,
que
de
vos
toman
la
lumbre
de
la
sabiduría;
«alto
ciprés»
entre
los
confesores,
por
vuestra
magnanimidad
y
fortaleza;
«fresco
y
fragantísimo
lirio»
entre
los
castos
e
inocentes,
que
no
habéis
manchado
nunca
la
blanca
estola
del
Bautismo
que
una
vez
recibisteis;
«árbol
de
oloroso
incienso»
por
la
devoción
y
contemplación
con
que
penetrasteis
los
misterios
divinos;
«arco
iris»
de
paz
entre
Dios
y
los
hombres
en
días
calamitosos
y
terribles
para
todo
el
mundo;
«hermosísima
palmera,
rodeada
de
renuevos
y
cargada
de
preciosísimos
racimos»,
como
Padre
y
Patriarca
de
una
gran
familia
de
monjes
y
de
vírgenes;
«rico
vaso
de
oro,
guarnecido
de
piedras
preciosas»,
porque
resplandecéis
entre
los
Santos
por
la
hermosura
y
variedad
de
vuestras
virtudes
y
por
el
brillo
de
vuestra
caridad
indeficiente:
alcanzadnos
del
Dios
tres
veces
Santo
y
Amador
de
toda
santidad
la
gracia
de
ser,
a
semejanza
vuestra,
sabios
en
la
doctrina,
magnánimos
en
la
fortaleza,
inmaculados
en
las
costumbres,
amantes
de
la
oración
y
del
retiro,
pacíficos
con
todos
nuestros
hermanos,
resplandecientes
con
la
luz
del
buen
ejemplo,
y
en
toda
virtud
ricos,
llenos
y
perfectos,
conforme
a
nuestra
vocación
y
estado,
de
modo
que
merezcamos,
algún
día,
estar
en
donde
vos
estáis
y
reinar
con
vos
entre
los
santos
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
DÍA
NOVENO
Comenzar
con
la
oración
de
todos
los
días.
Celo
Gloriosísimo
Padre
San
Agustín,
celosísimo
defensor
de
la
honra
del
Altísimo,
que,
inflamado
en
la
llama
de
un
celo
abrasador
y
divino,
quitasteis
de
la
tierra
las
abominaciones
de
la
impiedad;
procurasteis
de
mil
modos
la
salud
de
todas
las
gentes,
y
velasteis
por
la
gloria
del
Señor,
por
el
decoro
de
su
templo
y
la
santidad
de
sus
sacerdotes:
alcanzadnos
del
Dios
santísimo
y
celosísimo
de
la
gloria
de
su
nombre,
y
que
tiene
por
nombre
«fuego
abrasador»,
que
se
digne
encender
en
nuestros
corazones
aquel
sagrado
fuego
que
abrasaba
el
vuestro,
a
fin
de
que
arda
siempre
en
nosotros
aquel
celo
que
purifica
y
no
destruye,
que
corrige
y
no
afrenta,
que
todo
lo
repara
y
edifica,
mas
nunca
se
envanece
con
el
triunfo,
porque
da
toda
la
gloria
a
solo
Dios,
a
quien
solamente
se
debe
y
a
quien
sea
todo
honor
y
toda
la
gloria
por
los
siglos
de
los
siglos.
Amén.
Meditemos
unos
instantes
y
pidamos
la
gracia
que
deseamos
conseguir
en
esta
Novena.
Tres
Padrenuestros,
Avemaría
y
Glorias
a
la
Santísima
Trinidad,
en
memoria
de
la
devoción
con
que
veneró
este
Misterio
el
gran
Padre
y
Doctor
de
la
Iglesia
San
Agustín.
Terminar
con
la
oración
final
para
todos
los
días.
NOVENA
EN
HONOR
A
SAN
JUDAS
TADEO
ORACIÓN
PREPARATORIA
Bendito
Apóstol,
San
Judas
Tadeo,
Cristo
te
concedió
poder
para
obrar
maravillas
conducentes
al
bien
espiritual
de
los
hombres:
presenta
al
Señor
mi
oración
y
si
es
de
su
agrado,
haz
que
logre
la
gracia
que
solicito
de
su
misericordia.
Se
pide
la
gracia
que
se
desea
obtener
y
a
continuación
se
reza
la
oración
del
día
correspondiente.
Rezar
a
continuación
la
oración
del
día
que
corresponda:
ORACIONES
FINALES
PARA
TODOS
LOS
DÍAS
San
Judas
Tadeo,
ruega
por
mí
y
por
todos
los
que
piden
tu
protección.
Padrenuestro,
Avemaría
y
Gloria.
V.
San
Judas
Tadeo,
Apóstol
glorioso.
R.
Haz
que
mis
penas
se
vuelvan
en
gozo.
Oración.
Glorioso
Apóstol,
San
Judas
Tadeo,
por
amor
de
Jesús
y
María,
escucha
mi
oración
y
protege
a
cuantos
con
fervor
te
invocan.
Amén.
DÍA
PRIMERO
San
Judas
Tadeo,
El
Señor
te
llamó
a
la
gracia
del
apostolado,
y
tú
correspondiste
hasta
dar
la
vida
por
Él.
Consígueme
del
Señor
que
yo
también
sea
fiel
en
el
cumplimiento
de
su
voluntad.
DÍA
SEGUNDO
San
Judas
Tadeo,
tú
aprendiste
de
Jesús
el
amor
que
te
llevó
al
martirio.
Consígueme
del
Señor
que
yo
también
le
ame
con
un
amor
de
preferencia.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
TERCERO
San
Judas
Tadeo,
tan
grande
fue
tu
amor
al
prójimo
que
no
te
perdonaste
trabajo
alguno
para
atraerlos
a
Dios.
Consígueme
del
Señor
que
yo
posponga
mis
intereses
por
la
gloria
de
Dios
y
por
el
bien
de
mi
prójimo.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
CUARTO
San
Judas
Tadeo,
fue
tanta
tu
abnegación
que
desterraste
el
hombre
viejo
de
pecado
para
que
Cristo
viviera
en
ti.
Consígueme
del
Señor,
que
mortificando
mis
pasiones,
viva
sólo
para
Él.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
QUINTO
San
Judas
Tadeo,
tú
detestaste
la
gloria
y
ostentación
del
mundo
para
implantar
la
Cruz
y
el
Evangelio.
Consígueme
del
Señor
que
yo
sólo
me
gloríe
en
la
Cruz
de
Cristo
viviendo
conforme
al
Evangelio.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
SEXTO
San
Judas
Tadeo,
tu
dejaste
todo
para
seguir
al
Maestro.
Consígueme
del
Señor
que
yo
esté
pronto
a
sacrificar
por
Dios
aún
mi
propio
interés.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
SÉPTIMO
San
Judas
Tadeo,
tan
grande
fue
tu
celo
santo
que
hiciste
salir
de
los
ídolos
a
los
demonios.
Consígueme
del
Señor,
que
detestando
los
ídolos
que
me
dominan,
adore
sólo
a
mi
Dios.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
OCTAVO
San
Judas
Tadeo,
entregando
tu
vida
y
tu
sangre
diste
valeroso
testimonio
de
fe.
Consígueme
del
Señor
que,
detestando
todo
temor,
sepa
dar
testimonio
de
Cristo
ante
los
hombres.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.
DÍA
NOVENO
San
Judas
Tadeo,
habiendo
recibido
el
premio
y
la
corona
has
hecho
evidente
tu
protección
obrando
prodigios
y
maravillas
con
tus
devotos.
Consígueme
del
Señor
que
yo
sienta
tu
protección
para
que
pueda
cantar
eternamente
sus
maravillas.
Terminar
con
las
oraciones
finales
del
día
primero.