INTRODUCCIÓN A MALAQUIAS
Paternidad y fecha de Malaquías
El autor se llama simplemente Malaquías, sin información adicional (1.1). El nombre Malaquías significa “mi
mensajero”, y esto ha llevado a algunos a pensar Que. no se trata de un nombre propio sino simplemente
de un título para la profecía. Pero lo mas probable es Que. sea un nombre propio, por cuanto sería insólito
Que. este libro fuese preservado sin dar el nombre el autor. Malaquías fue el último de los profetas
enviados al remanente de Jerusalén. La tradición afirma Que. era miembro de la Gran Sinagoga
organizada por Nehemías.
En contraste con Hageo y Zacarías, Malaquías no nos da la fecha de su profecía. Pero unas ciertas
evidencias internas nos ayudan a llegar a una fecha de alrededor del 430 a.C. Probablemente, Malaquías
ejerció su ministerio al mismo tiempo tiempo Que. Nehemías. Hicieron frente a cuestiones similares. Por
ejemplo, el templo estaba construido, pero se usaba mal (Mal.1.7-2.9 con Neh.13.1-9); Había matrimonios
mixtos con los paganos (Mal.2.11-16 con Neh. 13.23-28), y había descuido de las ofrendas de Dios
(Mal.3.8-12 con Neh. 13.10-13). El ministerio de Malaquías hubiera concordado muy bién en la época justo
posterior a la de Nehemías, o quizá en la época en Que. Nehemías estuvo ausente de Jerusalén por un
breve período. (cp.Neh.13.6)
Propósito de Malaquías
Malaquías habló a los sacerdotes, príncipes y pueblo Que. vivían en Jerusalén. Aunque su interés primario
se centraba en ellos probablemente hubo un mayor círculo de gente influenciada por su mensaje. La gran
carga de Malaquías era un concepto recto de Dios. Si el pueblo se tomaba en serio a Dios, serían
corregidos sus caminos pecaminosos.
Bosquejo básico de Malaquías
I. La declaración de amor de Dios (1.1-5)
II. La reprensión a los sacerdotes infieles (1.6-2.9)
III. La denuncia contra un pueblo recaído (2.10-4.3)
IV. La declaración de la advertencia final (4.1-6)
Datos importantes acerca de Malaquías
1. Palabra clave: el temor de Jehová
2. Capítulo clave: 1, denuncia de la irreverencia
3. Versículo clave: 1.6-13
4. Personajes clave: Los sacerdotes y el pueblo de Judá
5. Significado de “Malaquías”: tomado del nombre del profeta- autor
6. Geografía de Malaquías: Judá
Consideraciones especiales acerca de Malaquías
El libro fue escrito en tiempos postexílicos cuando Isarel había estado de vuelta en la tierra alrededor de
cien años. La gente de los tiempos de Hageo y la de los tiempos de Malaquías eran espiritualmente muy
diferentes. Hageo ejerció su ministerio entre un pueblo mas receptivo a las cosas del Señor. Durante
aquellas cien años, Israel había vuelto a iniciar una recaída. Exteriormente, Israel parecía ir bien en lo
espiritual, pero interiormente estaba largando las amarras espirituales. Malaquías llegó con la última voz de
Dios antes de siglos de silencio. Sus reprensiones feuron específicas y directas.
Resumen de Malaquías
La primera sección de la profecía de Malaquías es una declaración del amor de Dios por Israel (1.1-5). El
mensaje de Malaquías comienza con la palabra “profecía (carga) de la palabra de Jehová” (1.1). Este título
revela de inmediato Que. se trata de un mensaje Que. constituye una carga, no un mensaje de
consolación. Dios le recuerda a Israel Que. la ama, y este amor se mostraba en Que. había escogido y
preservado a Israel para sí.
La segunda parte de la profecía se centra en los sacerdotes infieles (1.6-2.9).Los sacerdotes debían
procurar Que. la gente se acercara más a Dios; pero en lugar de eso, ellos mismos eran culpables de
graves pecados. Estaban llevando a Dios ofrendas con defectos (1.6-9 con Dt.15.21), encendiendo fuego
extraño (1.10), profanando el nombre de Jehová ante los gentiles (1.11-14) e ignorando la ley de Dios (2.1-
9)
En la tercera división del libro, Malaquías contempla al pueblo descarriado (2.10-4.3). Eran culpables de
pecados como divorciarse de sus esposas judías para casarse con mujeres extranjeras y rehusar pagar
sus diezmos. Pero la clave para comprender el mensaje de Malaquías es ver la causa subyacente de la
maldad de Israel: había perdido su temor a Dios y su reverencia a Él. El temor de Jehová involucraba
maravillas ante el Señor y consagración a Él. Incluía obediencia, amor, lealtad. En las Escrituras, el temor
de Dios se considera un freno importante frente al pecado (cp.Ex.20.20; pr.16.6). Se usa temor siete veces
ene este libro (1.6; 2.5; 3.5; 4.2).
Antes que Malaquías concluya su mensaje informa a Israel Que. Dios enviaría a su mensajero para
preparar la venida del Mesías (cp. 3.1-3; 4.4-6). Con la promesa de un futuro mensajero se cierra el Antiguo
Testamento, y la voz de Dios calla durante 400 años. Este silencio se quebraría cuando el ángel Gabriel
anunciase a un anciano sacerdote llamado Zacarías Que. sería padre de un hijo: un hijo Que. cumpliría la
promesa de Malaquías (cp.Lc.1.13-16)
UN RESUMEN
- Primero: “Decide de corazón dar gloria a mi nombre.}
- Segundo: “guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales”.
- Tercero: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros”.
- Cuarto: “Traed todos los diezmos al alfolí y hay alimento en mi casa; Y probadme ahora en esto, dice
Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros
bendición hasta que sobre abunde. “medita sobre esta verdad: “yo Jehová no cambio”.
Este es el Dios ante quien tenemos Que. responder. El cierra el libro de Malaquías diciéndonos Que.
esperemos pacientemente por su pronto retorno. El mismo es quien cierra el antiguo testamento diciendo,
“toma en serio mis palabras y tu vida tendrá más sentido. Yo el Señor, te lo prometo.
MALAQUÍAS, LIBRO DE (mi mensajero o mensajero de Jehová). Duodécimo y último de los Profetas
Menores, escrito para condenar la baja condición moral y religiosa entre los judíos, condición que era
parecida a las situaciones que Esdras y Nehemías atacaron.
Estructura Del Libro
El libro se puede dividir en tres partes. La primera (1.1–5) es una reprensión a Israel por la falta de
gratitud a Dios por haberlo escogido como pueblo (1.1–5; cf. Ro 9.13).
La segunda parte (1.6–3.15) habla de contaminación religiosa en Israel. Se ha deshonrado el nombre
de Dios con ofrendas inaceptables (1.6–9, 13, 14) y al conceptuar el culto como carga pesada (1.10–12).
Los que tienen mayor responsabilidad son los líderes espirituales (2.1, 7). La advertencia del castigo como
resultado de estas condiciones es clara (2.2–9). Los matrimonios mixtos con los que no son judíos profanan
el pacto con Dios, puesto que Israel es pueblo apartado (2.10–14). Dios aborrece la infidelidad conyugal
que había llegado a ser común (2.15–17).
En la tercera parte el profeta presenta promesas a Israel (3.16–4.6). El profeta prevé las dos venidas
del Mesías. Con relación a la primera, anuncia la venida del precursor Juan Bautista (3.1), y con relación a
la segunda anuncia el juicio venidero (3.2–5). Luego hace un llamado al arrepentimiento y condena el robo
que cometen los judíos al no dar los diezmos y ofrendas (3.6–12). Pero siempre hay un remanente de fieles
y Dios los reconoce. Para ellos hay promesas especiales (3.13–4.3).
Al final, Malaquías anuncia que el profeta ® ELÍAS aparecerá «antes que venga el día de Jehová» y
habrá un verdadero avivamiento (4.4–6). Según Mt 17.10–13, «Elías ya vino» (Juan el Bautista).
MALAQUÍAS:
I. El privilegio de la nación 1.1–5
II. La contaminación de la nación 1.6—3.15
Un bosquejo para el estudio y la enseñanza
A. El pecado de los sacerdotes de Israel 1.6—2.9
1. Los sacerdotes desprecian el nombre del Señor 1.6–14
2. El Señor maldice a los sacerdotes 2.1–9
B. El pecado del pueblo de Israel 2.10—3.15
1. El pueblo practica idolatría2.10–12
2. El pueblo se divorcia 2.13–16
3. El Señor juzgará en Su venida 2.17—3.7
4. El pueblo le roba a Dios 3.8–12
5. El pueblo duda del carácter de Dios 3.13–15
III. Las promesas a la nación 3.16—4.6
A. Las recompensas del Libro de memoria 3.16–18
B. Las recompensas de la venida de Cristo 4.1–3
C. La profecía de la venida de Elías 4.4–6
Autor Y Fecha
La Biblia no consigna datos personales en cuanto al autor, ni siquiera en su propia profecía. Ni aun se
puede asegurar con certeza que hubiera un profeta de este nombre, ya que «Malaquías» bien podría ser el
título (3.1) del profeta, como lo indica la Septuaginta.
En cuanto a la fecha de la escritura de la profecía de Malaquías, el texto indica que el templo ya había
sido reconstruido y se ofrecían sacrificios (1.7, 10; 3.1). Además, había un gobernador persa (1.8 TM). Así
que Malaquías pudo haber escrito durante el tiempo en que Nehemías salió de Jerusalén y estuvo
nuevamente con Artajerjes (Neh 13.6), cerca del 435 a.C. Sin embargo, es más común sugerir una fecha
anterior a ® ESDRAS y Nehemías, como el 450 a.C.
Marco Histórico
El libro de Malaquías está dirigido a la nación de Judá casi cien años después de su regreso del
cautiverio en Babilonia. Al principio la gente había tenido entusiasmo en cuanto a la reconstrucción de
Jerusalén y el templo y la restauración del culto. Pero ese entusiasmo había comenzado a desvanecerse.
Empezaron a dudar del amor de Dios hacia el pueblo escogido. Este ya no vacilaba en sacrificar animales
con defectos ni en retener sus diezmos y ofrendas. Malaquías es un llamado a una adoración genuina y
sincera.
Aporte a La Teología
La profecía de Malaquías se caracteriza por la manera vívida en que expresa el amor y el poder de
Dios. Israel necesitaba que se le recordaran estas verdades en momentos como aquellos en que la duda
generalizada había causado desánimo en cuanto a la expectativa de la llegada del Mesías.
Otros Puntos Importantes
Malaquías nos deja con la impresión de que la historia no ha terminado, que la promesa de Dios se
cumplirá un día. Es bien interesante que el Antiguo Testamento concluya con la profecía del Mesías y su
mensajero, y que después de cuatrocientos largos años de silencio, el Nuevo Testamento comience con el
cumplimiento de esa profecía.
Malaquías
Sabemos muy poco respecto a este penúltimo de los profetas del AT (Juan el Bautista fue el último; Mal 3.1
y 4.5–6, con Mt 11.10–15; Mc 1.2; y Lc 1.17). Ministró a la restaurada nación judía alrededor de
cuatrocientos años antes de Cristo. Los pecados descritos en este libro se hallan en Nehemías 13.10–30.
Malaquías dirige su primer mensaje a los sacerdotes y luego se vuelve al pueblo en general: «De tal
pueblo, tal sacerdote». Conforme el profeta entrega la Palabra de Dios, el pueblo responde discutiendo.
Nótese la repetición de «¿en qué?» (1.2, 6–7; 2.17; 3.7–8, 13). Es peligroso cuando el pueblo discute con
Dios y trata de defender sus caminos pecaminosos.
Malaquías recalca los terribles pecados del pueblo y de los sacerdotes.
I. Dudaban de su amor (1.1–5)
«Te he amado», dice Dios a su pueblo. «¿Ajá?», respondieron ellos, «¿en qué nos has amado?
¡Demuéstralo!» Dudar del amor de Dios es el principio de la incredulidad y la desobediencia. Eva dudó del
amor de Dios y comió del árbol prohibido; pensó que Dios le privaba de algo. Satanás quiere que nos
sintamos abandonados por Dios. «Miren a sus circunstancias difíciles», le dijo al remanente judío. «¿Dónde
están sus cosechas? ¿Por qué Dios no los cuida?»
Dios demostró su amor a su pueblo de dos maneras: (1) En su gracia escogió a Jacob, su padre, y
rechazó a Esaú, quien de muchas maneras era un mejor hombre; y (2) juzgó a los edomitas (los
descendientes de Esaú) y le dio a Israel la mejor de las tierras. Le prometió a Israel una tierra que fluía
leche y miel, pero, trágicamente, sus pecados contaminaron la tierra. Incluso entonces, Él en su gracia los
restauró a su tierra y los libró del cautiverio.
II. Menospreciaban su nombre (1.6–14)
Ahora Dios se vuelve a los sacerdotes, quienes deberían haber sido los líderes espirituales de la tierra.
Los sacerdotes no honraban el nombre de Dios; tomaban lo mejor para sí mismos. No valoraban los
privilegios espirituales que Dios les dio: servir al altar, quemar incienso y comer del pan consagrado de la
proposición. Y no traían lo mejor para los sacrificios: traían lo peor de los animales (cf Dt 15.21). Dios les
dio lo mejor y a su vez pedía lo mejor, pero ellos no querían obedecerle.
El versículo 10 debería decir: «¿Quién es lo suficiente espiritual como para cerrar las puertas del templo
y acabar con esta hipocresía?» Dios prefería ver el templo cerrado antes que tener al pueblo y a los
sacerdotes «jugando a la religión» y guardándose lo mejor para sí mismos. Los sacerdotes ni siquiera
aceptaban un sacrificio si antes no recibían su porción. Era esta clase de pecado lo que llevó a la derrota a
Israel en los días de Elí (1 S 2.12–17 y 4.1–18). El versículo 11 indica que los gentiles paganos ofrecían
mejores sacrificios al Señor que su propio pueblo. Es muy malo que los inconversos sacrifiquen más para
su religión que los que conocen de verdad al Señor.
Somos sacerdotes mediante Cristo y nosotros también debemos traerle «sacrificios espirituales» (1 P
2.5). ¿Cuáles son estos sacrificios? Nuestros cuerpos (Ro 12.1–2); nuestras ofrendas (Flp 4.14–18);
alabanza (Heb 13.15); buenas obras (Heb 13.16); almas que hemos ganado para Cristo (Ro 15.16).
¿Estamos dándole lo mejor o sólo lo que nos conviene?
III. Profanaban su pacto (2.1–17)
No era cosa liviana ser sacerdote, porque esto era un don de la gracia de Dios mediante su pacto con
Leví. Los versículos 5–7 describen al sacerdote ideal: teme al Señor y le obedece; recibe la Palabra y la
enseña; vive lo que enseña; procura alejar a otros del pecado. Pero los sacerdotes en los días de
Malaquías en realidad hacían descarriar al pueblo (2.8) y profanaban el santo pacto.
¿Qué les haría Dios? «Maldeciré vuestras bendiciones». Esto se relaciona con 3.9 y la falta de diezmos
y ofrendas. Dios maldijo las cosechas; el pueblo estaba pobre; no traían las ofrendas a los sacerdotes y por
tanto estos padecían hambre. Al pecar contra el pacto de Dios estaban simplemente dañándose a sí
mismos. Pero los versículos 10–16 destacan otro terrible pecado de los sacerdotes: se divorciaban de sus
esposas judías y se casaban con mujeres paganas. Traicionaban sus mujeres y sus familias; véanse Éxodo
34.10–17, Esdras 9.1–4, Nehemías 13.23–31. Todo su llanto sobre el altar (2.13) no cambiaría las cosas;
tenían que dejar sus pecados. Léase el versículo 15 así: «¿No hizo el Señor uno al esposo y la esposa?
¿Para qué? Para que establecieran una familia piadosa». En realidad la liviandad de la nación respecto al
divorcio ponía en peligro la promesa de la Simiente, Cristo. Dios aborrece el divorcio; es el rompimiento del
pacto entre esposo y esposa y entre ellos y Dios.
IV. Desobedecían su Palabra (3.1–15)
En 2.17 el pueblo preguntó con sorna: «¿Nos castigará Dios por nuestros pecados? ¿Realmente le
importa?» Dios responde prometiéndole enviarles a su mensajero (Juan el Bautista), el cual anunciaría al
Mensajero del pacto (Jesucristo). Jesús, en efecto, vino al templo y descubrió sus pecados y purificó sus
atrios. En su ministerio reveló los pecados de los líderes religiosos, tanto, que ellos al final le crucificaron.
Por supuesto, hay una aplicación futura aquí, cuando el Día de Jehová refine a Israel y separe a lo
verdadero de lo falso. ¿Por qué Dios no abandona a su pueblo rebelde? El versículo 6 es la respuesta: Él
no cambia y debe ser fiel a sus promesas (Lm 3.22).
El pueblo desobedeció a Dios robándole los diezmos y las ofrendas. En realidad, cuando el pueblo de
Dios no es fiel en sus ofrendas, no sólo le roban a Dios, sino que se roban a sí mismos. Dios cerró la lluvia
y arruinó las cosechas debido al egoísmo de su pueblo. Diezmar, por supuesto, no es «regatear con Dios»;
sino que Dios promete bendecir y cuidar a quienes son fieles en su mayordomía (Flp 4.10–19). Dios no
está en bancarrota; Él quiere nuestros diezmos y ofrendas como expresiones de nuestra fe y amor. Cuando
el amor de un creyente hacia Cristo se enfría, por lo general lo demuestra en el área de la mayordomía. Si
cada miembro de la iglesia trajera al Señor lo que le corresponde (el diez por ciento de los ingresos, el
diezmo) y luego añadiera las ofrendas (como expresión de gratitud), nuestras iglesias locales tendrían más
que suficiente para sus ministerios. Y podrían dar con generosidad a muchos otros buenos ministerios que
merecen respaldo.
Malaquías concluye su mensaje con algunas maravillosas promesas a los fieles (3.16–4.6). En esa
época había ese fiel remanente que no olvidaba la casa de Dios, pero que se congregaba para bendición
(3.16–18; véase Heb 10.25). «Son mis tesoros», dice el Señor. Qué hermoso cuadro del creyente fiel. Las
joyas son preciosas y nosotros somos preciosos a los ojos de Dios. Él nos compró con su sangre. Nos está
puliendo con pruebas y aflicciones; y un día en gloria brillaremos con belleza y esplendor.
A Cristo se le describe como el Sol de Justicia. Para la Iglesia Él es «la estrella resplandeciente de la
mañana» (Ap 22.16; 2.28), porque aparecerá cuando la hora es más oscura y llevará a la Iglesia a su
hogar. Pero para Israel Él es el Sol que trae el «Día de Jehová», un día que significará ardor para los
perdidos, pero sanidad para los judíos y gentiles salvos. «Elías» en 4.5–6 se refiere a Juan el Bautista (Mt
17.10–13; Mc 9.11–13), pero tiene una referencia también a uno de los dos testigos del que se habla en
Apocalipsis 11. La última palabra en nuestra versión castellana del AT es «maldición». Al final del NT
leemos: «Y no habrá más maldición» (Ap 22.3). ¿La diferencia? Jesucristo.